Categoría: 01 Bereshit

Las primeras palabras que describen la Creación refieren a luz, en lugar de hacer énfasis en el vacío, la oscuridad y la nada.
¿Por qué?
Uno de los motivos,
para que aprendamos a aplicarnos en construir…

  • Preg. 5561 – La serpiente del Cap. 3 de Gen.

    Bendito el que viene en el Nombre del Eterno. Bendiciones
    Mi pregunta es: A donde se fue este individuo satan, serpiente, o angel ,que ya no se le menciona mas despues de proclamar maldicion sobre el. gracias.

    Yitzack Santiago, 48 años, Asistente Tiendas, San Juan , Puerto Rico

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  • Tú decides

    A la zorra cada día se le dificultaba más encontrar algo con lo que pudiera alimentarse. Un día, descubrió en el interior de un tronco caído una abundante cantidad de manjares que alguien había dejado allí. La zorra entró en el tronco y tragó todo con rapidez, sin dejar siquiera una miguita. Quiso salir, pero tan abultado estaba su abdomen que no cabía por el agujero que había usado para entrar. Impotente ante esta situación, comenzó a lanzar gritos de auxilio, con la esperanza de que alguien pudiera rescatarla de tan penosa situación.
    Al rato apareció un lobo, que atraído por sus gritos se acercó a conocer el porqué de tanto lamento. Cuando le contó lo sucedido, le dijo: -Yo no me preocuparía por ello, ni gastaría tiempo en lamentarme. Lo único que necesitas es esperar a que tu barriga vuelva a estar como antes y seguro que podrás salir sin problema.
    La zorra agradeció el consejo y esperó, esperó y esperó, no una hora o dos, sino algunos días de encierro y ayuno obligado, hasta que pudo salir, con más hambre que antes y mucho malhumor.
    Por una de esas casualidades, días más tarde se cruzó con el lobo al cual increpó por el consejo que le había dado. Él respondió: -En lugar de quejarte, agradece que el dueño de la comida no volvió y por ello no te castigó por tu imprudencia y maldad.

    ¿Cuál crees que podrían ser las moralejas de esta narración?
    ¿Respetar el entorno? ¿No quebrar los límites? ¿Medir las consecuencias de nuestros actos antes de realizarlos? ¿El tiempo todo lo resuelve? ¿Si uno tiene paciencia las cosas se arreglan? ¿Es fácil dar consejos? ¿No quejarse sino hacer? ¿Hacer lo posible para mantener la homeostasis? ¿No dejar comida olvidada dentro de un tronco hueco? ¿No ser glotón?
    ¿Tú qué opinas?

    Déjame compartir contigo lo que pensé.
    Como la zorra de la fábula, estamos en este mundo y podemos disfrutar de lo que en él hay. Pero, cuando nos excedemos, cuando hacemos cosas incorrectas, a pesar de creer que estamos obteniendo ventajas, realmente nos estamos metiendo en problemas. Al final, no nos llevamos nada y hasta terminamos peor de lo que comenzamos.
    Una opción más saludable y lógica es disfrutar de aquello que nos es permitido y aportar para que la armonía (interna y externa) sea mantenida.
    Si aprendemos para conocer, si tomamos conciencia, si planificamos lo que haremos, si actuamos con mesura, probablemente estaremos en un estado mejor que si nos dejamos llevar por la ignorancia, el preconcepto, la superstición, el apuro, el egoísmo, etc.
    ¿Tú qué opinas?

    Lo cierto es que en varias ocasiones la humanidad, a causa del egoísmo y la maldad, no supo cuidar el delicado equilibrio de la naturaleza y de la sociedad, por lo que sucedieron catástrofes que pudieron haber sido evitadas. Por supuesto que hay eventos naturales que no tenemos (todavía) injerencia, pero en otros somos directos responsables. Y no que hablar de las noxas sociales, tales como guerra, desigualdad social, pobreza, discriminación, entre otras. ¡Cuanto mejor viviríamos si hiciéramos menos como la zorra!

    Al respecto, mira lo que nos relata la Torá: "El Eterno vio que la maldad del hombre era mucha en la tierra, y que toda tendencia de los pensamientos de su corazón era de continuo sólo al mal… La tierra estaba corrompida delante de Elokim; estaba llena de violencia. Elokim miró la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra…" pero "…Noaj [Noé] era un hombre justo y cabal en su generación; Noaj caminaba con Elokim." (Bereshit / Génesis 6:5, 11, 12, 9).
    En una generación sumergida en el egoísmo y el mal, alguien pudo sobresalir, un hombre hizo la diferencia.
    Todos podemos ser ese hombre, aquel que desequilibra la balanza hacia el lado del bien, como dijeron nuestros Sabios: “en el lugar donde no hay hombres, esfuérzate en ser hombre” (Pirkei Avot 2:5).
    Como enseñara Maimónides: “la persona debe verse a sí misma y su relación con el mundo entero como si sus actos buenos y sus actos malos estuviesen en una balanza. Si comete un pecado, inclina su balanza y la del mundo entero al lado culpable, atrayendo la consecuencia negativa hacia sí y hacia el todo el mundo.
    Por el contrario, si cumple un precepto inclina la balanza de todo el mundo hacia el lado del mérito, atrayendo la redención y liberación hacia sí y hacia otros, como está escrito: “Un justo es el fundamento del mundo”
    (Mishlei/Proverbios 10:25), lo que quiere decir que la persona que actúa de forma virtuosa, inclina la escala de todo el mundo hacia el lado del mérito, y lo salva. Es, por lo tanto, la costumbre de todo Israel aumentar su tzedaká, realizar buenas acciones y arrepentirse…” (Mishné Torá, Leyes de Arrepentimiento).

    Cada uno es importante, tú lo eres, depende de lo que hagas.
    Podemos actuar en armonía interna y externa, o no.
    Desde el comienzo de la humanidad tenemos la orientación correcta, que luego fue plasmada en la Torá. Es bueno conocerla, estudiarla, aprender de sus valores y practicarlos, todo de acuerdo a las reales posibilidades de cada uno.

    Resumen de la parashá Noaj ("Noé")
    Sidrá 2ª de la Torá, 2ª del sefer Bereshit. Entre versículos 6:9 y 11:32.
    Haftará en Ieshaiá 54:1 – 55:5.
    El mundo se ha corrompido a causa del hombre y lentamente va rumbo a una gran catástrofe natural. Solamente un hombre, Noaj, con su familia logra salvarse. También se encargan de rescatar a los diversos animales.
    A partir de ese momento el Eterno hace un pacto con la humanidad, que se mantiene hasta la actualidad. Es el pacto de los Benei Noaj, los noájidas o naciones de la tierra, que consta de siete mandamientos:

    1. No adorar a dioses falsos.
    2. No maldecir al Eterno.
    3. No asesinar.
    4. No mantener relaciones sexuales prohibidas.
    5. No robar.
    6. No comer carne de un animal con vida.
    7. Instituir un Sistema Legal.

    Estos siete mandamientos se simbolizan con el arcoíris, cada color representa un mandamiento. Por ello, muchas personas que actualmente conocen este pacto y viven de acuerdo a él, lo usan como emblema. Se supone que este código legal sagrado es base para el sano desarrollo de la persona y la sociedad, en todas sus dimensiones.
    En cuanto al contenido la parashá, de a poco la humanidad va creciendo y ocupando más territorios mientras mantenía su centro en el valle de Shinar, donde decidieron construir una torre que les sirviera de protección ante nuevos desastres. Sin embargo, el motivo por detrás era rebelarse contra el Eterno, ya al poco tiempo de haber atestiguado a qué conduce la maldad. Finalmente, se generan conflictos, la gente se expresa pero no se comunica, ya no se entienden unos a otros, han dejado de hablar el mismo idioma. Así pues, se dispersan y se fragmenta la sociedad.
    Finalmente se enuncia la genealogía de diez generaciones que va desde Noaj hasta Avram, y se introduce a éste y su familia en el relato bíblico.

  • Excusas

    Hay un arte que solemos ir perfeccionando por su uso cotidiano: el inventar excusas.

    Como a veces nos parece conocer el significado de una palabra, pero no sabemos expresarlo, comparto contigo lo que el diccionario trae: “Motivo o pretexto para eludir una obligación o disculpar alguna omisión” (Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe).
    La definición es clara, entendemos que la excusa se usa para no hacer algo o porque no hicimos algo.
    Lo sabemos sin recurrir al diccionario, por experiencia propia ya que la hemos empleado en mil ocasiones durante la última semana, así como la usaron con nosotros en otras tantas.
    Desde las cuestiones banales hasta las trascendentales, sea hacia otros o hacia uno mismo, no tarda en aparecer la excusa.
    ¿Estás de acuerdo o tienes alguna excusa para darme/darte?

    De acuerdo a lo que venimos aprendiendo, la excusa se basa en la herramienta pasiva del EGO (desconexión de la realidad), la cual se emplea para evitar el sentimiento de impotencia y, probablemente, conseguir manipular a otros para obtener algún beneficio por medio de un poder-falso.

    En el primer diálogo registrado de la humanidad, el de Serpiente con Javá/Eva ya encontramos la primer excusa.
    Fue una que Eva pensó para habilitarse a disfrutar de algo que tenía prohibido.
    Ella tuvo el deseo, luego el ingenio para inventar la excusa, y entonces obtuvo “misteriosamente” el permiso para hacer lo que no debía hacer.
    Presta atención:

    "Entonces la mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era atractivo a la vista y que era árbol codiciable para alcanzar sabiduría. Tomó, pues, de su fruto y comió. Y también dio a su marido que estaba con ella, y él comió."
    (Bereshit / Génesis 3:6)

    Un instante antes ella había expresado:

    "-Podemos comer del fruto de los árboles del jardín.
    Pero del fruto del árbol que está dentro del jardín ha dicho Elokim: ‘No comáis de él, ni lo toquéis, no sea que muráis.’"
    (Bereshit / Génesis 3:2-3)

    ¿Qué pasó para que de repente se olvidara lo que ella misma había dicho?
    ¿Cómo fue que se atrevió a traspasar un límite claramente impuesto por el Todopoderoso?
    La respuesta: porque supo idear una excusa y creer en ella.
    El árbol era bueno para comer, que era vistoso, y seguramente daría a quien lo probara conocimientos inaccesibles de otra forma.
    Sí, probablemente el árbol era bonito de ver, ¿pero ello significaba que era “bueno para comer”?
    (En un aparte, ¿no debiera ser el fruto bueno para comer y no el árbol? Cerramos el aparte).
    Y si realmente con su vista uno descubría su sabor, ¿eso significaba que daría conocimiento a quien lo probara?

    Ella quiso, ella deseó, ella inventó una excusa para hacer lo que no debía.
    ¿Cuál fue su sentimiento de impotencia?
    El desear y saber que no debía consumar aquello que deseaba.
    Alguien le había impuesto un límite, le había marcado un tajante “no”.
    No era cualquier “alguien”, sino el Rey de reyes, el Creador de Todo, la Ley en Sí mismo.
    Aquel que es TODOPODEROSO, por tanto no experimenta la impotencia.
    Ese “alguien” dijo “no”, y ponía a Eva en situación de real impotencia, de no poder.
    Entonces, el EGO, el viejo y perpetuo EGO le susurró la idea genial, la excusa por medio de la cual se degradaba el no hasta hacerlo un extraño “sí”.
    Si ella hubiera sido firme a la Ley, a la consigna, sin dar vueltas innecesarias se habría ahorrado la acción prohibida, pero prefirió hacer de cuenta que tenía poder allí en donde en verdad era impotente. Se inventó la excusa para estar desconectada de la realidad y actuar según su deseo, en este caso idéntico a su EGO.
    Como suele ocurrir, las consecuencias negativas se producen por la acción u omisión producto de la excusa, porque por más que uno pretende que la realidad es otra, igualmente la realidad se impone y sucede lo que tiene que suceder.

    ¿Cuál hubiera sido la mejor opción para Eva?
    ¿Qué hacer en lugar de excusarse?

    Podemos señalar que cuando dejamos de inventar excusas y afrontamos los eventos de nuestra vida con compromiso y responsabilidad, posiblemente estaremos dando pasos firmes para el crecimiento, la unificación, la armonización, la construcción de shalom (interna y luego externa).
    Piénsalo.
    Toda vez que diste una excusa, a ti o a otros, lo hacías para escapar de tu obligación. Esto puede salvarte momentáneamente de “pagar los platos rotos”, pero tarde o temprano se cumple aquello de que “nada es gratis en la vida”. De una u otra forma deberás pagar, hacerte cargo. Quizás no de la manera que crees, tal vez te parezca que se puede vivir zafando, pero el universo se encarga de acomodar las cosas (hay algo que se llama Justicia Divina, ante la cual todos rendimos cuentas finalmente).
    Por ello, las excusas que parecen una salida fácil y elegante, son profundizar los problemas, diversificarlos, complicarse para dentro de un rato.
    Sería más satisfactorio comportarse con asertividad y ánimo resolutivo, que incluye aceptar las consecuencias negativas cuando las hubiere, así como pedir perdón, solucionar lo que se ha estropeado, etc.

    En ocasiones las excusas son extremadamente insidiosas, aparentemente espirituales y de contenido sacro, pero que no dejan de ser terribles escollos para el bienestar de la persona y su medio.
    Mira la mentira que Serpiente dijo a la mujer para que se atreva a oponerse a la Ley del Eterno:

    "Es que Elokim sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Elokim, conocedores del bien y mal."
    (Bereshit / Génesis 3:5)

    Sí, es otra excusa, que está montada en una mentira (¿o no lo es?).
    Serpiente quiere que la mujer coma del fruto del árbol que tiene prohibido, para lo cual la lleva por caminos extraños. Le habla con insistencia, le hace fortalecer el deseo, razona con ella para que no tema, explica que no hay ninguna consecuencia negativa, que la prohibición se debe a un temor del Dios porque Él no quiere que las personas adquieran una virtud propia de Él. El fruto da poder, esa es la idea. Un poder digno de un dios. Algo que la Ley veda para que las personas no alcancen un grado de divinidad, de ausencia de impotencia. Susurra Serpiente con habilidad, promete poder, el fin del sentimiento de impotencia.
    Sí, es una excusa “sagrada”, hacer de la persona una divinidad, ponerla a la altura de Dios.

    Te cuento algo que quizás no te habías dado cuenta.
    Eso mismo suelen hacer las personas a menudo, en todas las épocas y lugares.
    Cuando rezan y esperan que Dios les sirva, que les cumpla sus antojos. Porque el rezo es visto como una especie de control remoto que somete a Dios, lo obliga a trabajar en provecho del que reza. Cual genio de la lámpara, que espera satisfacer el deseo del orante. ¿No te ha pasado alguna vez? ¿Tal vez hoy mismo, si es que has rezado?
    Desde nuestra honda impotencia queremos que el Todopoderoso haga lo que nosotros no podemos o no queremos hacer.
    ¡Dios, dame trabajo! Pero no salgo a buscarlo.
    ¡Dios, dame dinero! Pero no trabajo.
    ¡Dios, dame sanidad! Pero no me cuido ni visito al médico.
    ¡Dios, dame una esposa! Pero me quedo encerrado en mi pequeño círculo.
    ¡Dios, dame, dame, dame! Porque, ¿no está Dios acaso para proveernos de satisfacción a cambio de algún ritual o de algún canto?
    Es triste, es lamentable, es común.
    Creo, pero no estoy seguro, que hasta incluso es blasfemo.
    Y se acrecienta con todas esas supersticiones que a tontas y locas la gente añade a su vida, y hasta le dan estatus de santidad porque algún sujeto con supuesta autoridad las avala (vaya uno a saber el motivo egoísta, in-excusable, para hacerlo). Cintas rojas, manitos, ojitos, libritos, cartelitos, fotitos, piedritas, cartitas, aritos, anillitos, pancitos con formitas, migajas que sobran del menú de una supuesta autoridad, etc. varios que llegan incluso a tomar algunos preceptos para efectos mágicos (ejemplos: mezuzá para protección de casas, tzedaká para obtener ganancias económicas, honrar a los padres para llevar una larga vida, cumplir para hacerse un lugarcito privilegiado en el paraíso, entre otras).
    Y cada una de las abominaciones supersticiosas vienen certificadas por excusas que convierten al Todopoderoso en un títere mojigato, que solamente debe cumplir lo que el supersticioso reclama.

    En lo personal, y te pido perdón por darte mi humilde opinión, es más de lo mismo que Serpiente dijera en el primer diálogo registrado de la humanidad.
    Queremos obtener el poder de dioses, ser una deidad, o manejar a nuestro capricho a Dios.
    Entonces, con aires de religiosa piedad nos imaginamos que cada una de nuestras conductas tienen una pátina sagrada, que imponen sobre la realidad nuestro deseo.
    Y no nos damos cuenta que seguimos cometiendo una y otra vez el mismo error, quebrantar la Ley con la supuesta convicción de cumplirla.
    Seguimos comiendo del fruto del árbol prohibido, mezclando el bien con el mal, pintando de bueno aquello que no lo es.

    Oh sí, las excusas están por todas partes.
    Ahora mismo estás pensando alguna para no seguir leyendo, para declarar que estás en contra, para enojarte…

    Otro ejemplo de insidiosa excusa de perfil religioso es la que afirma que “todo es para bien”, con la creencia de que efectivamente lo malo también es bueno, puesto que se cree que todo viene de parte del Creador y Él no es injusto ni provoca daños sin motivo bondadoso. Si bien es una poética poderosa, un estupendo argumento del EGO, no deja de ser una excusa para vivir fantaseando, negando la realidad de mal, lo que cada uno tiene para hacer para corregir su propia personalidad y así contribuir al “tikún olam”, que es la corrección del mundo.
    La maldad, el daño sin sentido, la injusticia, lo dañino son reales y son malos, no es negando su presencia como mejor construiremos shalom (interno y externo).
    Lo cierto es que si cuando acontece algo malo damos la excusa de que todo es de Dios, así que eso no es malo, nos desviamos de la buena senda. Lo mejor sería encontrar qué podemos aprender del suceso adverso, cómo elaborar a partir de ello algún sentido trascendente, qué podemos hacer para corregirnos y corregir al mundo. Así, afrontando con responsabilidad y compromiso la realidad, no andamos trastabillando con excusas mágicas y por el contrario realmente empleamos el pensamiento positivo y la confianza en que Dios es bueno Y justo.

    Otra del grupo insidioso espiritual es la que encuentra en las dificultades pruebas de Dios, castigos divinos, resultados de pecados y por tanto no emprende acciones realmente reparatorias, de modificación de conductas o actitudes. Se deja en esa vaga dimensión religiosa el motivo para los pesares y así no crecer y desarrollarse.
    ¿No es una manera de echar la culpa a Dios (dios, dioses, destino, karma, suerte, etc.) y así mantenerse en estado de impotencia, a merced del EGO?

    Es que, echar culpas es uno de los cantos favoritos entre las excusas.
    Que fue como me educaron, que son los políticos, que el país está a la miseria, que la situación internacional, que los masones-judíos-sionistas-comunistas-fascistas-etc., que yo hago todo lo posible pero mi esposa es necia, que mis hijos están en malos ambientes, que la TV-internet-video juegos son los grandes males del siglo, que aquel y ese otro también, todos tienen su parte de la culpa y por eso ahora yo me excuso y evado mi responsabilidad y compromiso.

    Por supuesto que las excusas no se dan solo en el ámbito de lo espiritual, o religioso (que es absolutamente otra cosa), sino en cada uno de los planos de existencia. Remarcamos en este momento con algunos ejemplos que aplican al ámbito de lo espiritual, o religioso, pero tú sabes bien que las excusas van y vienen en casi cualquier momento del día por casi cualquier cosa. Sea hacia uno mismo, para otro, en lo grande y pequeño.

    Recuerda que tienes control sobre un número limitado de cosas, puedes procurar un sano control sobre otras, pero la vasta mayoría queda por fuera de tu área de dominio.
    No tienes cómo reformar tu pasado, por más que culpes y lamentes, es inamovible. Pero tienes el poder de darle un sentido diferente, que apunte a lo saludable, aquí y ahora. Uno de los instrumentos poderosos es el arrepentimiento sincero, en caso de que tuvieras tú parte de la responsabilidad de haberte salido del buen camino. Esto no cambia el pasado, pero te permite hacer lo que está a tu alcance para vivir mejor el aquí y ahora.
    No tienes forma de marcar a tu antojo el futuro, por más que te angusties y estés ansioso, aunque hagas extraños pactos con dioses y fuerzas ocultas, el futuro es inexistente. Pero tienes el poder de arar, abonar, irrigar, sembrar, cuidar para que eventualmente en el futuro puedas recoger tu cosecha. Si te limitas a vivir el presente, con la excusa de que es el único tiempo que existe (lo cual es cierto), estás solamente haciendo eso… dando una excusa. El futuro está cimentado en el presente, que para él es pasado. Tus decisiones, acciones, conductas, actitudes, omisiones de hoy necesariamente tendrán efectos en la posteridad. Entonces, puedes planear hacia dónde quieres dirigirte y caminar hacia allá. Porque es este momento, aquí y ahora lo que te dará la oportunidad de realizar un futuro más satisfactorio.
    No tienes cómo controlar a otra persona, puedes emplear la manipulación, ejercer el autoritarismo, privar de libertad, hacer de cuenta que realmente tienes poder sobre la otra persona, pero supongo que tú no eres un sádico, malvado, abusador, sicópata, por lo que no te entregas a esos terribles “juegos” de falso poder. Por lo cual, el otro finalmente no está bajo tu control. Pueden coexistir, negociar, vencer y ser vencidos, pero el otro es otro y su decisión no depende de tu control. Aunque sea tu hijo, padre, esposo, mejor amigo, la persona que tú crees conocer y manejar, no está bajo tu dominio.

    Es necesario cuestionar tu sistema de creencias, ver en dónde te dejan en estado de impotencia (real o sentida), darte cuenta de las excusas que inventas, asumir el poder allí en donde estás habilitado a ejercerlo. No eres hereje por usar tus capacidades para preguntar, para aventurarte a pensar diferente, para actuar dentro del marco de la ética en procura de mejorar tu existencia y la del entorno.
    Las excusas religiosas, con fanatismos y hacerse la víctima son solo eso, excusas.

    Como ser multidimensional (espiritual, intelectual, social, emocional y físico) puedes y debes desarrollar tus potencialidades para disfrutar de lo que es lícito y permitido. Encontrar tu poder y usar de él, para tu beneficio sin que por ello perjudiques a otro.

    Deja de lado las excusas, porque la excusa surge por un sentimiento de impotencia e inmoviliza en la impotencia.
    Puede venderse como una respuesta, una solución, pero es el problema y su profundización.

    Vive aquí y ahora, conoce tus limitaciones y acepta las que no puedas modificar, y trabaja con paciencia, amor, respeto, lealtad, constancia, bondad y justicia para mejorar aquello que es perfectible.
    No precisas de las excusas, sino del AMOR.

    En estos días que van de Rosh haShaná a Kipur me parece necesario tener en cuenta esta enseñanza, sea para corregirla o para corregirnos.
    Te deseo lo mejor y que puedas disfrutarlo.

  • Resp. 4528 – Se arrepintio Dios?

    Alexander nos consulta:

    Shalom.
    More me gustaria que por favor me diera claridad hacerca del texto biblico que dice "y se arrepintio Dios de haber creado al hombre y le dolio en su corazón".
    Alexander Victoria,34,agente inmobiliario,Cali,Colombia.

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  • La edad del universo y la del hombre

    Sabios de diversas épocas han mostrado que el universo tiene bastante más que 5773 años de existencia (al día de la fecha).
    Sin embargo, hay personas que se siguen aferrando a un literalismo (poco literal) del texto de la Torá y hacen de la juventud del mundo un “principio de fe” al que se niegan a renunciar.
    Diversas y elucubradas soluciones presentan para desestimar las evidencias que aportan las ciencias, así como la racionalidad; como si la antigüedad del mundo pudiera afectar en algo la grandeza del Eterno o lo majestuoso de su acto de continua creación.
    Veamos algunas de las referencias de los sabios.

    Ibn Ezra, en su comentario a Vaikrá/Levítico 25:2, al discutir sobre la Shemitá como ciclo sabático, cuando la Torá dice “reposo (Shabat) para el Eterno", el sabio explica: “Es un secreto acerca de la edad del universo que está aludido aquí”.
    Aunque en el mismo sitio, el Ramban, comenta que el secreto está relacionado a cómo guardar el precepto de Shemitá refuerza la confianza de la persona en el Eterno y en Su poder. Tal sería ese secreto y no algo relacionado con la cuenta del tiempo de la creación. Sin embargo, el mismo Ramban en su comentario a Shemot/Éxodo 21:2, (donde también se trata el mandamiento de Shemitá y el significado de los siete ciclos), dice: “Y el siete fue elegido para días, para años y para Shemitá pero todo ello trata de otro asunto, el cual es el secreto de la edad del universo”, del tiempo transcurrido entre lo que se relata desde “Bereshit” hasta el pasaje del “Vaijulu”.
    Entonces pues, hay algún asunto que permanece velado y que refiere a la edad del universo.
    Probablemente sepamos darnos cuenta de que el mundo es muchísimo más antiguo que 5773 si reconocemos cuánto tiempo pasó durante el trabajo de la creación.

    ¿Cuánto tiempo representan esos seis “días”? 
    Atendamos a este pasaje del Talmud(TB Sanhedrín 38b), en donde el  Rabbí Iojanán bar Jananiá dice que el sexto día de la Creción estuvo dividido en doce etapas, entre las cuales: "… séptima: se emparejó con Javá; octava: dos fueron a la cama y cuatro salieron; novena: le fue ordenado no ingerir del árbol; décima: pecó; undécima: fue juzgado: duodécima: fue echado". Ciertamente, no eran días “normales”, pues se nacía, apareaba, procreaba, se desplegaba vidas enteras en un solo “día”.
    Ciertamente, no eran de 24 horas en el relato de la creación.
    Así, aquella semana es un período mucho más extenso, que incluso puede tener la duración que hace encajar perfectamente los números que da la Torá y que brindas los estudios científicos modernos, como ya veremos.
    Sin dudas que no fueron 24 horas por jornada, como bien informa el mismo Ramban, en su comentario a Bereshit/Génesis 2:3, donde asimila cada día de la creación a ese tiempo milenario que menciona el salmista en la contabilidad divina: "Pues mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó" (Tehilim / Salmos 90:4). Sabemos que mil años, al igual que cuando se menciona, por ejemplo, “siete veces setenta”, o incluso solamente “siete”, no siempre es literal, sino una forma de expresar una gran cantidad.

    Atendamos al sabio rabino Aryeh Kaplan (comentario al “Sefer Yetzirah”, publicado por Weiser, 1997, page 186): “De acuerdo al maestro cabalista, Rabí Isaac de Acco, cuando son contados los años de ese ciclo, uno no debe usar el año físico ordinario, sin el año divino (Otzar Jaim 86b). El Midrash (Bereshit Rabbah 8:2, Zohar 2: 145b, Sanhedrin 97a) dice que cada día divino es de mil años, basado en el verso “pues mil años son delante de tus ojos como el día de ayer”. Dado que cada año contiene 365,25 días, un año divino sería de 365,250 años de extensión. De acuerdo a esto, cada ciclo de siete mil años divinos debería consistir en 2,556,750,000 años terrestres. Esta cifra de 2,5 mil millones de años es bastante cercana a la que los científicos estiman es la extensión de la vida en la tierra. Si asumimos que el ciclo de siete años comienza con el relato de la creación de la Torá, entonces el comienzo fue hace unos 15,340,500,000 años atrás. Esta es una cifra muy cercana a la que los científicos estiman que dio comienzo a la expansión del universo, hace 15 mil millones de años atrás”.

    El rabino erudito Samson Rafael Hirsch (Collected Writing, volume 7 (New York: Feldheim, 1992), page 57), nos enseña: “La Torá no describe cosas en términos de verdad objetiva, que es conocida solamente por Dios, sino en términos comprensibles por el hombre… La Torá emplea el lenguaje humano cuando habla de “que el sol se eleva o baja” y no de la rotación de la tierra, tal como Copérnico, Kepler, y otros científicos del estilo, en sus palabras y escritos hablan de la ascensión y descenso del sol sino por ello contradecir verdades que ellos derivan de sus propias conclusiones científicas. El lengua del hombre, que es el lenguaje de la Torá, describe los procesos y fenómenos de la naturaleza en términos de la impresión que causan en los sentidos humanos, sin por ello perjudicar en modo alguno los descubrimientos de investigaciones científicas.”
    Dicho en breve, la Torá no pretenda ni intenta ofrecer conocimiento objetivos, exactos, de referencia científica, sino expresar ideas espirituales, indicar modos de vida correctos, para lo cual emplea el lenguaje cotidiano y con nociones acordes a los conocimientos y creencias de aquellos que fueron sus receptos originales.
    De poco o nada le hubiera servido a los antepasados judíos bajo el monte Sinaí ser sumergidos en un océano de conceptos y datos científicos que para ellos eran irrelevantes e incomprensibles, más bien precisaban que el mensaje fuera claro y les hablará a su corazones directamente.
    Así pues, es correcto decir que el sol gira alrededor de la tierra, por supuesto que no desde el punto de vista de la ciencia tal como la conocemos, sino desde el punto de vista del observador. Es correcto decir que el mundo tiene 5773 años, si allí se encuentra el primer ser realmente humano, es decir, un ser vivo dotado de la dimensión espiritual, aunque el hecho cierto es que el universo tenga decenas de miles de millones de años. Es el Midrash, Vaikrá Rabbah 29:1 quien nos testimonia que Rosh HaShaná es el cumpleaños del hombre y no del universo, cuando describe las “doce horas” en las cuales el primer humano fue creado, desde que fue una idea en la “mente del Eterno” hasta que fue expulsado del Edén. Todo ello en aquel primer Rosh HaShaná, con el universo ya en existencia hacía mucho.

    ¿Te das cuenta que esto también explica la presencia de especies similares al ser humano, pero diferentes en un aspecto fundamental: el espíritu?
    Atiende a las palabras del enorme Maimónides: “Tú sabes que cualquiera que no tenga esta forma (espíritu) que describimos no es un hombre, sino un animal con la forma y apariencia de un hombre, pero dotado de la facultad, que no tienen los demás animales, de causar toda clase de daños y males; porque el intelecto y la razón que le estaban destinados para alcanzar una perfección que le ha sido inasequible, los emplea para omnímodas maquinaciones malignas, resultando, en consecuencia, algo semejante al hombre o su parodia.” (Moré Nebujim 1:7).
    Así pues, podemos reconocer que ambas cuentas son correctas.
    La tradicional que reconoce solamente 5773 desde la aparición del hombre como tal, y no desde el punto cero de la creación; y los miles de millones de años que refieren a la edad real de nuestro universo.
    No se contradicen, no se contraponen, no se choca la Torá con la ciencia, sino que se complementan.

    Pero, no nos quedemos solo con esto. El Talmud (Shabbat 88b) nos informa que “la Torá estuvo resguardada por 974 generaciones antes de que el mundo fuera creado”. Es decir, existió un tiempo muy extenso antes de este mundo que nosotros habitamos. Es un hecho físico que el tiempo solamente existe cuando existe espacio, ambos son inseparables. Por tanto, antes de que este universo existiera, ya existió al menos otro anterior. Lo que indudablemente dará a la creación del Eterno un lapso inmensamente mayor a casi 6000 años. Una idea similar queda expresada en otra porción del Talmud, Jaguigá 13ab, pero allí se da a entender que existieron seres vivos, incluso quizás poseedores de neshamá, tales como solamente los humanos tienen en el mundo.

    Presta atención al Midrash nuevamente (Bereshit Rabbah 3:7): “Órdenes de tiempo existieron antes de la creación. Rabbí Abahu decía: “Dios creó mundos y los destruyó, hasta que Él creó este mundo y dijo que era “muy bueno””. Al respecto el Oraj Jaim (Rab Israel Lipschutz) dijo al respecto de hallazgos paleontológicos (restos de bestias prehistóricas gigantes): “…de todas estas evidencias es claro (y cita cabalistas, el Talmud, rabeinu Bejaie, Ramban, Ibn Ezra) que el mundo fue destruido y renovado una y otra vez, al menos cuatro veces…”.

    Sí, sin dudas podemos coincidir con aquellos exégetas mencionados al comienzo del texto, hay cuestiones secretas, que no han llegado con claridad a nuestro conocimiento, pero que gracias a rastros en la Tradición, así como gracias a los descubrimientos de la ciencia, ahora es posible ir develando. No son secretos que en la práctica cambien un ápice nuestra vida.

  • Excusas que empequeñecen tu vida

    El EGO cuenta con una herramienta muy útil para manipular, procrastinar (dejas las cosas para después), engañarse, negar las evidencias, sumergir en vapores de fe y falsas esperanzas y limitar el desarrollo multidimensional de la persona; es la desconexión de la realidad, en cualquiera de sus vertientes y matices.

    La persona genera excusas para eludir obligaciones o disculpar omisiones, como la invención de una “realidad” alternativa y paralela, en la cual uno queda de cierta forma liberado de sus deberes o de hacerse cargo por sus errores.

    Esto no es nada nuevo, todo lo contrario.
    Desde el primer hombre hasta la fecha así nos hemos querido quitar de encima la responsabilidad por nuestras acciones y omisiones.
    Mira:

    "Le preguntó Elokim: -¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te mandé que no comieses?
    El hombre respondió: -La mujer que me diste por compañera, ella me dio del árbol, y yo comí."
    (Bereshit / Génesis 3:11-12)

    Yo comí del árbol que Tú me habías prohibido, pero esa no es mi culpa, es TU culpa Dios, sí, Tuya. Sí Dios, a Ti te estoy acusando, porque la mujer que me diste es la que me hizo comer de él. Así que si quieres acusar a alguien, acúsate a Ti, pues, ¿quién te mandó darme una compañera fallada y que me hiciera errar? Si Tú hubieras hecho bien las cosas, Dios, entonces yo no estaría en esta situación tan extraña.”
    Algo así es la desvergonzada acusación con la cual el primer hombre se quiso excusar de no haber respetado el mandamiento particular que había recibido del Eterno.
    Excusas groseras, violentas, fraudulentas, nocivas. Actitudes que mantienen y aumentan el daño y no aportan elementos para la recuperación y el restablecimiento.

    A todo esto, ¿la primer mujer actuó mejor?
    Atiende:

    "Entonces el Eterno Elokim dijo a la mujer: -¿Por qué has hecho esto?
    La mujer dijo: El serpiente me engañó, y comí."
    (Bereshit / Génesis 3:13)

    Yo tampoco tengo culpa, Dios mío, yo soy una víctima en todo esto. No entiendo porqué mi marido me acusa de algo que no hice, ni porqué él te agrede a Ti. Es evidente que toda la culpa la tiene ese sujeto, tan simpático y ameno, el serpiente es el que debe pagar los platos rotos. Él me hizo trampas, me hizo el cuento del tío y yo compré un buzón. ¿Es mi culpa acaso? Vamos Dios, Tú sabes que el culpable es el serpiente. Castígalo a él, o si quieres a mi marido, pero a mí… ¡déjame en paz!”.

    Si nos lo permitieran los demás, podríamos dar excusas de forma casi indefinida, que es como si dejáramos que la vida sea manejada por “el destino”, por las pasiones del momento, por otros, por deidades paganas, por cuestiones de la suerte o casualidad, por el EGO, en una aparente falta de responsabilidad, sin hacerse cargo de las cosas, en un falso fluir con los acontecimientos. Ciertamente que esto también es una decisión que hemos tomado, una claramente errónea, negativa, que conduce al dolor y el malestar. Sí, cuando soltamos las riendas y dejamos que las cosas sean llevadas por los vientos y las corrientes, sin control, también somos responsables de los desastres que se acumulen en nuestra existencia y de los que nos rodean.
    El no querer decidir, ya es en sí misma una decisión.
    El escapar hacia el mundo de la irrealidad, sea en forma de sueños, drogas, fantasías, excusas, engaños, negaciones, fanatismo, necedad, lo que fuera, es un escape ilusorio, porque seguimos estando allí, en medio de los problemas, aumentando el caos en vez de colaborar para establecer el orden y el flujo de la energía.

    Lavarse las manos, mirar para otro lado, esconder la mugre debajo de la alfombra, tapar la mancha de humedad con un cuadro, echar culpas, maldecir, invocar dioses y demonios, posponer la asunción de la responsabilidad y actuar en consonancia, está como factor que obstaculiza la paz y no como promotor de estabilidad.

    Entonces, si en vez de involucrar a otros en nuestras equivocaciones,
    si en lugar de esperar que vengan poderosos milagrosos a resolver los conflictos,
    si no decimos que “el tiempo todo lo cura”,
    si dejamos de pretender manipular a Dios con rezos y negociaciones,
    si no nos hacemos más los desentendidos 
    y nos hacemos cargo de lo que nos corresponde, por lo cual emprendemos el camino de la restauración,
    seguramente que haremos grandes avances y encontraremos más disfrute.

    Por ello la pregunta del Eterno hacia Adam no fue una acusación, ni siquiera una amenaza de castigo, sino una invitación a la reflexión, a que tras el error tome la decisión correcta y se haga responsable. Que el hombre responda por su error, por lo cual haría un proceso de TESHUVÁ, sincero y completo arrepentimiento o reparación.
    Mira:

    "el Eterno Elokim llamó al hombre y le preguntó: -¿Dónde estás tú?"
    (Bereshit / Génesis 3:9)

    ¿Dónde estás tú?
    En todo este lío que armaste, ¿dónde estás?
    ¿Estás escondido detrás de máscaras, de muecas del Yo Vivido, de malabarismos del EGO?
    ¿O te presentarás realmente TÚ, desde tu Yo Esencial, para tomar las riendas y corregir el asunto?
    ¿Dónde estás Tú y no dónde están tus excusas y justificaciones?
    Para que desde el error pueda emerger lo mejor de ti, porque también en el momento oscuro es tiempo para que alumbre la Luz, aunque parezca más tenue y lejana.
    Eso quería el Eterno, y si así hubiera sido la respuesta del hombre y de la mujer, seguramente que otra hubiera sido la conclusión del episodio.
    Pero ellos prefirieron seguir jugando a las escondidas, a las excusas, a las acusaciones, a la falta de respuesta sincera y real… y así les fue.

    A Caín, su hijo primogénito, el inventor de la proto-religión y del asesinato, no le fue mejor:

    "Entonces el Eterno preguntó a Caín: -¿Dónde está tu hermano Abel?
    Y respondió: -No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?"
    (Bereshit / Génesis 4:9)

    Acababa de asesinar a su hermano pero responde que no sabe, además se desentiende y de cierta forma agrede al Eterno con su respuesta.
    ¿Qué te piensas que soy, Dios, el guardián de mi hermano? ¿Qué te hace suponer que yo puedo saber dónde está o qué es de su vida? ¿Cómo te atreves a preguntarme a mí? ¿De qué me acusas?’. Caín no tiene la culpa, la tiene otro, quizás el propio Dios por molestarlo con cuestiones.

    Quizás te has dado cuenta de que cuando pones excusas y ellas implican el echar culpas a otros (que a veces hasta son inocentes), estás aumentando el alcance del daño que provocas, pues perjudicas a los que no tienen parte, no haces nada para resolver o mitigar la situación y para peor sigues perturbando el flujo saludable de la corriente energética.
    Esto corre también cuando al que se culpa es a Dios (o a cualquiera de los dioses inexistentes en los que puedes creer).

    Por supuesto que para el idólatra es más simple culpar a alguna de sus deidades, o a su deidad única. Esto es así pues bien en el fondo sabe que esa o esas deidades no tienen existencia real. Sabe que todos esos dioses y todas las religiones son productos del EGO. En ese lugar de pureza intachable que nos conecta al Uno no hay lugar para la mentira, la idolatría pierde todo su encanto, los dioses son lo que son: nada. En ese lugar de pureza, de comunión, de unidad, de conexión, en nuestro Yo Esencial es sabido que los dioses no existen, solamente son imágenes del EGO, representaciones mentales, creencias basados en emociones, confusión, excusas. Se sabe, pero para que el rayo de Luz alcance la conciencia, es preciso correr las numerosas capas que hemos ido acumulando encima de nuestra esencia espiritual. Es necesario destapar los oídos para percibir la suave vos del Eterno que nos habla desde el interior de nuestro ser. Sin embargo, esa convicción está allí, la que afirma que todos los dioses son nada, pero el Eterno hizo el universo.
    Por ello, es muy diferente cuando del Uno y Único se trata, pues tu Yo Esencial está ligado a Él. Allí, bien oculto en ti está esa Luz brillando, que proviene directamente de Dios y se mantiene encendida en ti por Su Voluntad. El Yo Esencial que no puede ser dañado ni modificado por el EGO, que nada lo perturba. Ese Yo Esencial tiene plena conciencia de Dios así como de lo que acontece.
    Es el EGO el que interpone a los falsos dioses, a esos supuestos salvadores y redentores, quien comulga en religiones y te envuelve en rituales y dogmas.
    Es el mismo EGO que usa a los dioses y las doctrinas como excusados para las excusas, o infernales acusadores que te someten a sentimientos tenebrosos de impotencia.
    Allí donde está el EGO se encuentra la impotencia, recuérdalo, y está la violencia en alguna de sus formas, sea activa o pasiva, hacia fuera o hacia dentro.

    Allí donde hay excusas, sin dudas hay una situación de impotencia (real o percibida) que no ha sido resuelta.
    Donde hay impotencia, la respuesta automática es el EGO.
    Queremos encontrar un ilusorio poder a través de la desconexión de la realidad, o atenuar el impacto que el sentimiento de impotencia nos genera.
    Como fuera, al desconectarnos a causa del EGO, estamos limitando nuestra existencia, perjudicando las alternativas para recomponer las circunstancias, evitando reponer lo que hemos dañado.

    ¿Qué podemos hacer en lugar de esto?
    Cuando estamos ante la situación problemática, que siempre es de impotencia (real o percibida), hemos de tomar el control de la respuesta automática del EGO.
    Es decir, hacer un esfuerzo para lo que nuestro instinto dispara no se manifieste. Ni gritos, ni llantos, ni pataleo ni desconectarse de la realidad, como tampoco ninguno de sus derivados.
    Aunque sintamos que explotaremos en algunas de estas cosas, no permitirlo. Repito, hacer el esfuerzo de tomar el control de lo que es una respuesta automática. Se logra dominar la conducta, en estas situaciones, tras pocos segundos, puesto que las vías neuronales más evolucionadas tardan unos instantes más en funcionar que aquellas primitivas que corresponden al EGO.
    Por supuesto que serás más fácil si tenemos entrenamiento en el auto dominio, en ejercer el control de aquello que podemos controlar (dejando fluir aquello que no podemos controlar).
    Probablemente las primeras veces fracases en tu esfuerzo por dominar tu respuesta, lo cual conllevará que aumente tu sensación de impotencia. Es por ello necesario que sigas ejercitándote, entrenando tu voluntad, aprender a dejar fluir sin reaccionar desde el EGO pero convertirte en un ente indiferente y sin respuesta. El justo equilibrio, que promueve la paz interna, esa es la meta.

    En lugar de las reacciones automáticas tendrás ante ti alternativas que harás surgir a partir del análisis de la situación de impotencia que te provocó el malestar.
    Debes plantearte al menos tres alternativas, que sean todas ellas en la senda del bien y la justicia, del constructor de Shalom. Al menos tres, pero tampoco te desanimes si no alcanzas ese número, ni te esfuerces por demás en elaborar decenas y decenas de alternativas. Aprende a limitar tus energías hacia la construcción de Shalom y no hacia los malabarismos del EGO.

    En un paso inmediato, para el cual no debes consumir mucho tiempo, deberás decidir cuál de las alternativas escoges para realizar. Nuevamente, que sea hecho en base al bien y la justicia, no para obtener falsos éxitos, ni las victorias presumidas del EGO.
    Al tiempo que decides debes desechar dos cosas: las otras alternativas que te supiste plantear así como aquellas que no pensaste hasta ese momento y particularmente desecharás las reacciones del EGO ante la impotencia. Es decir, no te sumergirás en culpas, agresiones, victimización, reproches, miedos, dudas, obsesiones, excusas, fe, vanidad ni ninguna de las otras burlas que el EGO hace de ti.

    Y luego aplicarás aquellas alternativa que has escogido al tiempo que aprendes la lección que todo esto lleva encerrada para ti.

    Como ayuda para tu memoria, recuerda: IEADA.

    1. Impotencia.
    2. Ego.

    Hasta allí es lo típico, lo “natural”, lo que seguramente vienes haciendo. Entonces, en medio de ambas, quitando la “E”, haces que se realice:

    1. Alternativas, Análisis.
    2. Decisión, Desechar.
    3. Aplicar, Aprender.

    Por supuesto que para el que desconoce el funcionamiento del EGO, para aquel que no tiene noción de su verdadera identidad (Yo Esencial), para el que lleva una vida de rituales y religión, para quien es servil al EGO aunque le llame “Hashem”, todo esto es prácticamente imposible de realizar.
    Si bien es cierto no es necesaria una maestría en psicología multidimensional, en Cabalaterapia, ni ser experto en descubrir la presencia del EGO en nuestra vida cotidiana; también es cierto que al no tener idea de estos asuntos, es virtualmente imposible romper las cadenas del EGO.
    Por más buenas intenciones que se tengan, por más libros que se lean, por más palabras en hebreo que se repitan, por más disfraces de lo que se cree judío se usen, por más perorata anti misionera que se escupa, poco y nada puede la persona para quebrar el dominio del EGO sobre su vida.

    Es necesario el conocimiento en esta materia que lleve a una vida real de construcción de shalom, de plenitud, de gozo de la bendición, de bondad y justicia, de lealtad, de responsabilidad.

    Con humildad, que es el reconocimiento del lugar en el cual uno realmente está, sabiendo lo correcto e incorrecto que hacemos, sin engaños, sin excusas, con el compromiso por la construcción de shalom, es posible avanzar, ejercitarse en el perfeccionamiento integral de la personalidad y de ese modo perfeccionar la sociedad.

    ¿Te equivocaste? Pide disculpas sinceramente.
    ¿Rompiste algo? Trata de repararlo.
    ¿Robaste? Devuelve.
    ¿No fuiste promotor de la vida? Construye shalom.
    ¿Quieres controlar y predominar? Aprende a gozar de lo que tienes permitido y apártate de lo prohibido.
    ¿Sufres? Ve qué puedes hacer para que domines lo que está en ti dominar.
    ¿Quieres respeto? Respeta.
    ¿Quieres el poder? Controla tu EGO.

  • Jesús y nuestra sagrada relación con el Padre

    Cualquier lector promedio de la Biblia, sea judío o gentil, puede decir con cierta facilidad qué pidió el Creador, Padre Celestial, el Eterno, Dios de la humanidad al comienzo de la misma.

    Por supuesto la frase más evidente, aunque no del todo correcta, será algo así como: “no comas de ‘la manzana’ que tienes prohibida, porque si comes de ella morirás inmediatamente”.
    No es del todo correcta porque ciertamente:

    • NO ERA una manzana, sino el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal;
    • ni el que comiera del fruto prohibido moriría al instante, sino que se convertiría en mortal;
    • y no fue el primer pedido, o más bien orden, que Dios dio a la especie humana, ya que la primera fue:

    "Tomó, pues, el Eterno Elokim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase."
    (Bereshit / Génesis 2:15)

    Sí, trabajar y cuidar la tierra, con todo lo que había en ella, puesto que la había dado para que el Hombre pudiera disfrutar a plenitud y con bendición de la misma.
    El Padre ordenó esto al Hombre con “palabras dulces”, según es explicado en la Tradición, no al estilo del rigor de los reyes, ni con advertencias o severidad. Más bien, con la ternura del padre que encamina con firmeza pero dulzura a su amado hijo.
    ¿Cómo podría ser de otra manera, si recién había nacido la especie humana?
    Éramos nuevos en el mundo, con la conciencia recién despierta, sin conocimientos, sin experiencias memorizadas, sin códigos ancestrales, como bebes que han abierto hace un ratito los ojos a este mundo.
    Por ello el Padre nos ordenó esto, sin emplear la palabra dominante del Amo, sino la voz tierna del Padre.
    Aunque fuera pronunciada con ternura esta frase no deja de ser un mandamiento de Dios, una orden que el Hombre debía de asumir con integridad.

    Si el hombre cumplía como el Padre declaraba, por lo cual trabajaba y cuidaba la tierra, entonces:

    "el Eterno Elokim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás."
    (Bereshit / Génesis 2:16, 17)

    El “premio”, la consecuencia directa y lógica del cumplimiento del mandamiento de trabajar y cuidar de la tierra, sería que el Hombre estaría facultado para comer de todo lo que estuviera en el jardín, con la excepción del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.

    Preguntemos entonces: ¿qué pidió el Padre del Hombre?

    La respuesta es una y única: ¡Qué cumpla con Sus mandamientos!

    En este caso en concreto, trabajar y cuidar de la tierra lo que le daría como consecuencia la bendición en forma de abundancia de todo.
    Esa plenitud del bien estaría limitado por otro mandamiento de parte de Dios, del árbol que tenía prohibido no debería comer.
    Era un camino simple, sencillo, sagrado, completo, espiritual.

    Te cuento que nada ha cambiado desde entonces en la forma que tenemos para encontrarnos con el Padre.
    ¡Nada!
    Siguen siendo los mandamientos el camino para hallarLo en nuestra vida.

    Te podrás llevar una sorpresa si te digo que incluso tampoco los mandamientos han cambiado desde aquella primera formulación hasta el día de hoy, ya que para el 99,98% de la humanidad (que son los gentiles) sigue siendo el mismo código espiritual el que dirige la relación de los hombres con Dios.

    Según enseñan los Sabios, en este punto, en la orden de cuidar de nuestro mundo y trabajarlo, así como en el cuidar de no traspasar Su palabra es que se encuentra el origen de los Siete Mandamiento Universales, esos que siguen siendo el camino sagrado para todo gentil.
    Te lo explico muy brevemente (en otros posts de este sitio encontrarás más información al respecto).

    Si bien el Eterno explicitó a Adam solamente seis de los siete mandamientos, ya que no le declaró como orden el de no comer parte de animal con vida, porque el hombre era vegetariano y no había sentido de tal mandamiento. Cuando en la época posterior al Diluvio el hombre comenzó a comer carne, el Eterno reveló y ordenó este séptimo mandamiento que corresponde a las naciones.
    Entiéndase que no fue explicitado a Adam, pero estaba contenido en el código dado a él; un código que no está escrito en la Torá (judía y escrita), puesto que no todo está declarado en ella. Hay cosas que el Eterno dictó a Moshé/Moisés para que escribiera, otras que dijo para que sean transmitidas como sabiduría oral.
    Los Siete Mandamientos no forman parte de la ordenanza judía, sino de la gentil. Por lo cual no están codificados explícitamente en la Torá (judía). Los sabios judíos han preservado el recuerdo de este código, pero no son los creadores del mismo ni los responsables de su cumplimiento. Es cada uno de los gentiles del mundo quien debe conocer SU propio pacto sagrado y eterno con Dios, que se manifiesta por medio del conocimiento y cumplimiento de lo Siete Mandamientos Universales.
    Convido a estudiar el texto que se abre haciendo clic aquí, luego compartirlo, hacer que alcance cada rincón del mundo para que sea restablecida la Luz en el mundo.

    Como podemos corroborar, lo que el Padre dijo que quería del Hombre no era fe, ni sangre de sacrificios, no seguir líderes religiosos, ni ritual alguno, ni doctrinas religiosas, ni venerar personas o seres, tampoco peregrinaciones a lugar determinados, ni bailes, ni conocer algún idioma, ni difundir enseñanzas sectarias, ni convencer a nadie de nada, ni irse a la soledad para meditar, ni clamar a los cielos, ni predicar “su palabra”, en fin, nada de todo eso que hoy día encontramos en las religiones.

    ¿Qué fue explícitamente y sin dudas lo que Él pidió del Hombre?

    Lo vimos: que el hombre cumpla con los mandamientos que Él le ha dado para que cumpla.

    Si Dios hubiera querido la fe del Hombre, ¿no te parece que el mandamiento sería: “ten fe en mí”, en lugar de algo tan prosaico (vulgar) como “trabaja y cuida de la tierra”?
    ¿No crees que si el Padre pretendía que el Hombre viviera con alguna religión, eso hubiera Él declarado desde el comienzo?
    Él perfectamente está capacitado para decirle al Hombre: “mira, como mi criatura me debes todo, así que te debes pasar el día diciendoalelusha hermano”, y luego me repites lo que el rebe Najman dijo, más tarde te encierras a meditar y cantar oraciones que no entiendes adorando a mi hijo Jesús, para finalizar el día adoctrinando a otros con videos del rabino Jacobo o del doctor Michael o del cabalista Yehudah. No te olvides de congregarte con tus hermanos y estudiar libros mágicos que te darán súper poderes, porque eso es lo que a mí me agrada, quiero que haya mucha magia en tu vida, que hagas milagros, que vivas de la caridad (de hombres o celestial) y no te olvides de mantener con dinero y elogios a todos esos que dicen hablar en mi nombre y forman sus sectas. Eso es lo que quiero y te ordeno, porque soy tu Dios. Si te quedan dudas, pregunta a cualquier clérigo religioso, ellos tienen la palabra autorizada. Y si no, pues meditas y en un rayo te iluminaré con mis ideas geniales, que para algo soy Dios el que te digo cosas solo a ti. Ah, me olvidaba, acuérdate de bautizarte en agua y espíritu santo, de usar muchos amuletos y te repito, no te olvides de dar dinero a los que te venden cosas religiosas, te predican cosas que ellos llaman espirituales y espera sentado a que haga milagros para ti.”

    Sin embargo, en la realidad nada dijo de rituales, ni de misticismo extraño, ni de clérigos predicando sus doctrinas y exigiendo sus diezmos y contribuciones, ni tampoco habló nada el Padre de rezar tales salmos, o implorar a cuales seres celestiales.
    Por el contrario, Él fue muy claro cuando dijo que el Hombre disfrutara de todo aquello que había en la tierra para su deleite, pero se cuidara de lo que no le beneficiaba.
    En otras palabras, que son las que acostumbro a repetir humildemente: “goza de lo permitido y apártate de lo prohibido”.
    Si el Hombre viviera de esa manera, cumpliendo en verdad con los mandamientos y alejándose de lo que daña, entonces estaría en el Paraíso, consciente de su identidad espiritual que lo une constantemente al Eterno.
    Sería alumbrado a cada instante por la sagrada Luz del Padre, estaría en paz, gozando de la bendición que llueve en abundancia sobre él.
    Serías alumbrado por la Luz de la Presencia y gozarías de la bendición constante que llueve sobre ti.
    Mira lo que dijo Dios a través de su profeta:

    "¡Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno!
    ¿Qué requiere de ti el Eterno?
    Solamente hacer justicia,
    amar misericordia y
    caminar humildemente con tu Elokim."
    (Mijá / Miqueas 6:8)

    Porque, precisamente eso es lo que declaró el Eterno que el hombre hiciera: bondad, justicia y fidelidad.

    Exactamente el mismo núcleo, idéntica esencia a la de de aquel primer mandato suavemente pronunciado por el Padre a Adam.
    Él no habla en secretos, ni esconde lo que es necesario que el Hombre conozca para su vida aquí y en la eternidad.
    No juega Dios a las escondidas con lo que es fundamental para que todo hombre conozca.
    Según dice el Padre a través del profeta:

    "Desde el principio no he hablado en secreto; desde que las cosas sucedieron, allí he estado Yo"
    (Ieshaiá / Isaías 48:16)

    Para que la bondad sea buena,
    para que la justicia sea justa,
    para que la fidelidad sea fiel,
    es necesario que el Hombre cumpla con Sus mandamientos.
    Porque de otro modo se puede desviar y llamar bueno a lo que es malo,
    justo a lo que está corrompido
    y fiel a lo que se aparta de Dios.
    Sí, lo vemos a diario, en todos esos “religiosos” que actúan con malicia, desprecian la corrección y sirven al EGO en sus múltiples formas (Jesús, dioses, santos, tzadikim, rebes, maestros ascendidos, espíritus ancestrales, etc.).

    A los judíos se lo dijo claramente en la Torá de la siguiente manera:

    "Guarda Sus leyes y Sus mandamientos que yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y para que prolongues los días sobre la tierra que el Eterno tu Elokim te da para siempre.’"
    (Devarim / Deuteronomio 4:40)

    Sí, para conocer al Padre, para unificarnos con Él, para sentir Su Presencia, para recibir Su salvación, para estar en gozo, para convertir al mundo en un Paraíso, el camino está en el cumplimiento de los mandamientos que nos corresponde cumplir.
    No lo dice este modesto maestro, ni algún rabino, ni un grupo de “fariseos”, ni un profeta falso que clama en las aguas del Jordán, ni un líder sectario.
    Para quien considera que la Torá tiene origen divino, esto es lo que Dios ha dicho y desea.
    Cumple con los mandamientos que te corresponde, y entonces estarás en paz.
    Lo dice Dios, presta atención que es Dios el que habla:

    "Si andáis según Mis estatutos y guardáis Mis mandamientos, poniéndolos por obra… habitaréis seguros en vuestra tierra. Daré paz en la tierra; dormiréis, y no habrá quien os espante."
    (Vaikrá / Levítico 26:3-6)

    Tal es el camino para encontrar al Padre, la verdad, la vida, la salvación eterna, la respuesta a las dudas más terribles, la libertad y el gozo.
    Recuerda, lo dice Dios, nadie más, Él es quien te lo enseña y te muestra el camino por el cual debes ir.

    "Así ha dicho el Eterno, tu Redentor, el Santo de Israel: ‘Yo soy el Eterno tu Elokim que te enseña provechosamente, y que te conduce por el camino en que has de andar.
    ¡Oh, si hubieras estado atento a mis mandamientos! Tu paz habría sido como un río, y tu justicia como las ondas del mar.
    Tu descendencia sería como la arena, y los que salen de tus entrañas como sus granos. Su nombre nunca sería eliminado ni borrado de mi presencia."
    (Ieshaiá / Isaías 48:17-19)

    Si eres gentil, tienes tus Siete Mandamientos, no otros, no otra cosa. Ni religión, ni judaísmo y mucho menos doctrinas religiosas de la idolatría. Tampoco bailecitos jasídicos, ni aprender hebreo, ni vestirte como te parece que se viste un judío, ni convertirte en judío, ni repetir sin sentido lo que algún “rabino” expresa en internet. Nada de eso es tu camino espiritual, porque nada de eso corresponde a tu neshamá ni es lo que Dios te pide y quiere de ti.
    Recuerda, no es mi opinión, no es lo que me parece, es lo que explícitamente Dios ha dicho. Dios, no otro.

    Si eres judío, tienes en el conjunto de los 613 mandamientos aquellos que está en ti cumplir. Al igual que el gentil, no precisas de vestidos europeos o asiáticos añejos, ni aprender de memoria citas célebres de líderes de sectas, ni peregrinar a tumbas, ni asfixiarte con rituales oscuros y sin sentido real, mucho menos precisas abandonar tu propia senda para sumarte a los pasos de los que vagan en la oscuridad. Tienes todo lo que precisas al alcance de tu mano, cerca de ti.

    Entonces, un buen día, en el impero romano en decadencia a un grupo de astutos timadores a cargo del sostén del gobierno, se les ocurrió dictar estas ideas (libro de Juan, capítulo 14): “5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 6 Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. 8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. 12 De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”.

    Sabemos que Jesús no existió, pero hagamos de cuenta que sí.
    ¿No son estas palabras una clara rebelión en contra de lo que Dios declaró es el camino sagrado para toda persona?
    ¿No es esta una manifestación absoluta de idolatría, en forma de egolatría?
    ¿No es esto un poema a la blasfemia, insultar y maldecir a Dios?
    ¿No es este párrafo una terrible desviación que llevan al hombre hacia el abismo en lugar de hacia Dios?
    ¿Cómo alguien que pretende ser fiel a Dios, dice amarLe, quiere servirLe, anhela la “salvación” puede tomar estas palabras como brújula para su vida?
    ¿Acaso no es este Jesús una espantosa arena movediza que se nos interpone en el camino que Dios abre para nosotros hacia Él?

    Está claro que adorar a Jesús, tomarlo como modelo de vida, sembrar sus doctrinas, seguir a sus difusores, presentarlo como una opción espiritual válida, no son más que engaños, atentados letales contra la vida, la verdad y la unidad con el Padre.

    Ciertamente el Padre dijo:

    "si tu corazón se aparta y no obedeces; si te dejas arrastrar a inclinarte ante dioses ajenos y les rindes culto, yo os declaro hoy que de cierto pereceréis. No prolongaréis vuestros días en la tierra "
    (Devarim / Deuteronomio 30:17-18)

    Dios quiere obediencia a Sus mandamientos, no fe en ridículas doctrinas imperiales que someten al hombre al ilusorio poder del EGO.
    Es Dios quien declara que si ponemos a Jesús como socio de Dios, como Su hijo, como guía, nos estamos yendo a la muerte segura, al “infierno”.
    Jesús es un dios ajeno, no el que mandó a Adam que trabajara y cuidara la tierra, no el que mandó a Noaj/Noé y sus descendientes el pacto noájico, no el que dicto el Decálogo ante todo Israel en Sinai; sí, Jesús es un dios ajeno. Nunca fue mesías, nunca profeta, nunca rabino, nunca emisario de mensajes de paz o verdad, ni un “rebelde” con sentido positivo.

    Y dijo Dios:

    "No tendrás dioses ajenos delante de Mí."
    (Shemot / Éxodo 20:3)

    Si pones a Jesús en medio del Padre y tú, estás perdiendo tu vida, aquí y en la eternidad.
    Tal como si pones a cualquier otra falsa divinidad, emisario celestial, supuesto santo, “tzadik”, rabino, iluminado o lo que fuera.

    Tienes la posibilidad de encontrar al Padre a cada instante, haciendo lo que Él manda de ti.
    Eso es lo que Él dijo, no lo que te quieren convencer que creas.

    "Ciertamente muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas"
    (Devarim / Deuteronomio 30:14)

  • Noaj 5773–Un paraíso en la tierra

    Según comprendemos de la parashá anterior, Bereshit, Adam fue creado en un mundo regido por las leyes de la naturaleza. Existía un límite al caos, un orden que no deja nada a la casualidad. El mundo se estructura y sistematiza por medio de un código de leyes, las cuales el hombre ha venido descubriendo y comprendiendo a lo largo de los siglos (y esperemos que lo seguirá haciendo). 
    El Creador hizo el universo con todo lo que lo conforma, lo que incluye a las leyes que lo regulan. Son reglas firmes, que se cumplen, lo queramos o no, las conozcamos o no, estemos de acuerdo o no.
    Esto es, hoy día, evidente en el plano físico de la realidad, e incluso en el inmaterial que está compuesto por sueños, emociones, sentimientos, pensamientos, deseos, etc.
    En la antigüedad se pretendía dominar las reglas físicas por medio de lo que se llamaba brujería o magia, en todas sus versiones, desde las más circenses hasta las más estremecedoras y secretas. En la actualidad el mecanismo se desviste de fantasías y se llena de observación, análisis, conocimiento verificable, razonamiento, pues es campo de trabajo de las ciencias. Al conocer la leyes naturales estamos en mayor capacidad para cuidar mejor de nuestra salud, preservarnos de daños, hacer un uso provechoso y responsable de los recursos naturales, proveer de mayor bienestar, entre otras ventajas. Claro, el conocer las leyes no nos pone por encima de ellas, no nos convierte en amos de la realidad, no nos evita todo contratiempo, pero mejora en mucho nuestra existencia. No es casualidad que desde el desarrollo de la ciencia vivimos en mundo material de mayor bienestar para gran cantidad de personas.

    El mundo no está solamente construido con bloques de materia/energía, sino que existe también un componente invisible, intangible, que es imperceptible a través de los órganos de los sentidos físicos, que es el plano espiritual. Éste no es mensurable, no tiene espacio ni tiempo, ni forma ni materia, es absolutamente diferente a todo lo que conocemos, porque solamente conocemos aquello que ingresa por nuestros sentidos o se conecta con algo que alguna vez hayamos percibido por los sentidos (estos son temas muy complejos, que en estas breves líneas no pretendemos abarcar ni siquiera en una porción mínima). Como lo espiritual es totalmente indescriptible, a lo largo de las generaciones se han usado diversas metáforas, símiles, comparaciones, leyendas, para tratar de tener alguna idea o noción de aquello que es incomprensible. Por supuesto que todas ellas no llegan a definir y dar una idea acabada de lo que es el espíritu y la dimensión espiritual.
    Al ser ésta su realidad, queda por fuera del ámbito de estudio de la ciencia, si entendemos por ésta a “el conjunto de conocimientos sistemáticamente estructurados, y susceptibles de ser articulados unos con otros. La ciencia surge de la obtención del conocimiento mediante la observación de patrones regulares, de razonamientos y de experimentación en ámbitos específicos, a partir de los cuales se generan preguntas, se construyen hipótesis, se deducen principios y se elaboran leyes generales y sistemas metódicamente organizados…” (Wikipedia/Ciencia).

    De acuerdo a lo que sabemos por nuestra Tradición, también al mundo espiritual el Eterno le ha impuesto leyes, las leyes espirituales.
    Debemos saberlas, comprenderlas, aplicarlas, puesto que el ser humano es la criatura con mayor componente espiritual de este mundo. Al hombre, desde su origen el Eterno le ha impuesto mandamientos, los conocidos en aquel momento como Mandamientos Adámicos, que eran seis, según consta en nuestra Tradición: no asesinar, no maldecir a Dios, no adorar dioses que no son Dios, no robar, no a la infidelidad matrimonial y establecer sistemas de justicia social.
    El Eterno se los ordenó a Adam y comprometió a todas las futuras generaciones a conocerlos, aceptarlos y cumplirlos. El único beneficiario del acatamiento a este código es el hombre, puesto que la finalidad principal de estos mandamientos era posibilitar la armonía personal, colectiva, ambiental, tanto en lo espiritual como en lo material. Eran las leyes para permitir que el mundo fuera un paraíso terrenal, un pedazo del Cielo en la Tierra. Un código básico, simple, pero completo para cada una de las personas, sin distinción de origen, creencia, posición social, edad, o cualquier otra distinción. Eran (y siguen siendo) las reglas espirituales con las que el Eterno codificó el comportamiento de cada ser humano para llevarlo a la auto-realización integral, tanto en lo material como en lo espiritual.
    Pero el hombre no supo conservar la senda de la corrección y de a poco fue perdiendo su conexión espiritual, fue dejando de lado los Mandamientos Universales (hoy también conocidos como Mandamientos para las Naciones o para los Hijos de Noé o Noájidas).
    Hasta que la situación se hizo insostenible, según recalca la Torá en nuestra parashá: "La tierra estaba corrompida delante de Elokim; estaba llena de violencia." (Bereshit / Génesis 6:11).

    Sí, cuando el hombre repudia su identidad espiritual, se niega a vivir de acuerdo a las leyes espirituales, termina por llevar al mundo a la corrupción, a que se extienda la violencia en sus múltiples facetas. Sobre la violencia mencionada en el versículo quisiera mencionar un par de aspectos. La voz hebrea empleada en la Torá es “jamás”, que comúnmente se traduce como violencia, lo cual es correcto. Sin embargo, la Tradición nos refiere los detalles de esta violencia: robo, usura, tomar a la fuerza mujeres como esposas, injusticia e incluso agresiones físicas y asesinato. Tal como vemos en el profeta Iejezkel/Ezequiel (7:23): "Prepara cadenas, porque la tierra se ha llenado de juicios de sangre, y la ciudad se ha llenado de violencia.".
    Y ya por ese entonces las personas habían olvidado la unidad y unicidad del Eterno, se habían convertido en adictos a dioses y creencias extrañas; cuando alguno mentaba al Eterno, no faltaban los insultos y faltas de respeto hacia Él. En resumen, el mundo se llenó de depravación, falta de respeto, injusticia, corrupción, maldad, rebeldía. Era el anti-paraíso, es decir, no se cumplió el ideal para el mundo que pretendía el Eterno. Porque no se seguían los mandamientos básicos, porque el hombre escogió hacer el mal en lugar de un pequeño esfuerzo para construir un mundo de Shalom.
    Ya sabemos lo que pasó luego, sobrevino el Diluvio, la gran destrucción. Las acciones de los hombres provocaron un terrible caos que desembocó en una catástrofe dolorosa y espantosa, pero que fue el primer paso para borrar lo anterior y comenzar de nuevo. La intención del reinicio era hacer de este mundo un paraíso terrenal a través del código espiritual que ahora se conoce como Mandamientos Noájicos, los siete mandamientos que el Eterno dictó a Noaj/Noé para él y todas las generaciones siguientes. Una forma de vida sencilla pero pleno, sin asuntos extraños, sino simplemente el anhelo por vivir bien uno y en compañía del otro.

    ¿Cuál es la enseñanza para nosotros?
    ¿Qué es lo que en la práctica podemos aprender y emprender para mejorar nuestro entorno y sociedad?
    ¿Tiene la parashá algún mensaje para ti en particular?

    Espero que podamos seguir compartiendo juntos este emocionante camino de conocimiento y bendición.

    Antes de despedirnos, un cuento muy especial que quiero compartir contigo:

    El aguatero llevaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas sujetas a un gran madero que cargaba sobre sus espaldas.
    Una de las vasijas tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.
    Durante años el hombre hizo el mismo trayecto. La vasija íntegra estaba siempre muy orgullosa de su desempeño porque tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.
    Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él:
    -Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso, sólo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
    El hombre sonrió y le dijo:
    -Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino.
    Así lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
    -¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –comentó el hombre-. Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?

  • Bereshit–Génesis 5773

    Es sabido que el relato de Bereshit presenta dos crónicas diferentes al respecto de la creación del ser humano. El primero en el primer capítulo, el segundo en el segundo. Presentan notorias disparidades, absolutamente evidentes y en modo alguno silenciadas u oscurecidas. A la vista están. Han sido comentadas y analizadas a lo largo de las generaciones.
    Ahora te presento unas pocas de ellas, no todas ni de modo exhaustivo, solo un puñado, simplemente como aperitivo, como una invitación para despertarte el deseo de conocer y que tomes el sagrado texto y busques tú más. Para eso están nuestros libros, para conocerlos, aventurarse en ellos, interrogarlos, obtener claridad a través de sus mensajes, quedarse con dudas que no encuentran respuesta, seguir estudiando, mantener la llama encendida a través de la conexión, etc.

    Tema

    Capítulo 1

    Capítulo 2

    Origen Dios dice y Adam es creado Dios hace una figura de arcilla y le infunde la energía de vida a través sus narices
    Género Adam es creado macho y hembra, se los nombra en plural y singular, pues es como un siamés, una persona que son dos personas Adam es varón
    Relación con Dios El Eterno bendice a Adam para que se multiplique, se reproduzca, colme la tierra y la conquiste El Eterno pone al hombre en el huerto del Edén para que lo trabaje y cuide, le permite alimentarse de todo árbol que guste, menos del árbol del conocimiento, del bien y del mal
    Ecosistema La creación va desarrollándose, evolucionando, hasta llegar al Hombre El hombre es puesto en el huerto del Edén y luego brotan
    Relación humana Varón y mujer son una unidad desde el comienzo El varón está solo y busca compañía entre los animales sin hallarla, hasta que Dios le presenta a la mujer, con la cual finalmente se une y empareja
    Nombre de Dios usado Elohim Hashem Elohim

    Aquellos que no aceptan la autoría única y divina del texto sagrado reconocen en estas discrepancias una evidencia de tradiciones provistas por distintas fuentes, que fueron plasmadas con sus divergencias y contradicciones a la hora de concretar el texto de la Torá. Entonces hablan acerca de la línea “elohista”, que es diferente a la “yahvista”; de las variaciones motivadas por la política del momento o las influencias del folclore dominante en la región, u otros factores. Cosas muy interesantes, por cierto, pero en nada acordes a la Tradición y el sentido habitual que se les ha dado durante milenios a los relatos de la Torá.
    Para los que no cuentan con herramientas intelectuales apropiadas ni el conocimiento necesario, estas especulaciones sesudas pudieran parecer verdades catastróficas, que borran de un saque la santidad de la Torá. Por ello muchos se embelesan con estas novedades y pierden la ruta trazada por el judaísmo., pero los adherentes a la divinidad de la Torá encuentran que no es necesario elaborar complejas teorías sobre muchos autores y numerosas fuentes para clarificar la doble exposición acerca del origen del Hombre. El judaísmo tiene varias respuestas apropiadas e idóneas, que brindan claridad al texto, y permiten ver que donde otros ven cuentitos mitológicos, realmente se encuentran enseñanzas sumamente profundas e intensas. Instrucciones para la vida cotidiana, para hacernos mejores personas, no meros malabarismos académicos de salón.

    Te presentaré brevemente ahora dos de las maneras de comprender el valor e importancia de estos dos relatos, en apariencia, diferentes del origen del Hombre.
    El Rav Josef Soloveitchik ztz»l, en su “La Soledad del Hombre Creyente”, armoniza la narrativa duplicada y divergente equiparándola a la identidad duplicada y divergente del ser humano. Somos al mismos tiempo espirituales y materiales; conectados al infinito, pero restringidos a un determinado espacio y tiempo; capaces de las mayores hazañas y novedades, como también de las ruindades y catástrofes; somos seres creados a imagen y semejanza del Eterno, pero moldeados con barro y perecederos. Sí, somos seres complejos, multidimensionales, uno pero múltiples. Tal como el relato de Bereshit nos representa. En el primer capítulo como obras celestiales, príncipes del Reino; en el segundo como insertos en el mundo, marcados por las vicisitudes de la existencia, por las necesidades.
    Otro sabio actual de poderosa impronta, el Rav Mordechai Breuer ztz”l, también nos muestra con múltiple facetas, no meramente sometidos a instintos, o a influjo del entorno, o a lo genético, o a mandatos sociales, o a una ética espiritual innata, sino como una combinación de todos estos factores y muchos más. Somos uno pero muchos, además de diferentes individuos pero siendo partes de una unidad sistémica y metafísica.
    En esta complejidad, atribuye la descripción del primer capítulo al nacimiento de la especia humana como tal y no de algún individuo en particular. No era Adam macho y hembra, sino que la especie humana sexuada fue creada. El Eterno no bendice a un hombre para que se reproduzca y conquiste la tierra, sino que brinda ese poder a la especie humana. En tanto que el segundo capítulo aterriza la reseña sobre el hombre en particular, Adam el primero de nuestra especie.
    Como notamos, evidentemente hay maneras de explicar satisfactoriamente la aparente dualidad de criterios o de historias narradas en la creación del Hombre.
    Proponemos una más. La primera aparición en la Torá es la que toma al hombre de manera natural, por lo que es, tal cual es, en su plenitud. La segunda es la que expresa el esfuerzo por superar sus limitaciones, por aprovechar sus potenciales. En el primer capítulo el hombre ya está completo, es como un ideal en un mundo controlado por la Voluntad de Dios; en tanto que en el segundo tiene que desarrollarse, cambiar, probar, equivocarse, corregirse, asumir compromisos, trabajar para perfeccionar, ser atento con el medio y mejorarlo, dialogar, negociar, fracasar, ser victorioso, en resumen, ser una persona real en un mundo real. No son dos relatos diferentes, son el mismo para un hombre que es complejo.

    Un pequeño y conocido relato para concluir.

    En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna.
    El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una noche soñó que había perdido todos los dientes. Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño.
    – ¡Qué desgracia mi Señor! – exclamó el sabio – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
    – ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
    Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
    – ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus parientes.
    Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado:
    – ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que la del primer sabio. No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes, mientras que a vos os premia con cien monedas de oro.
    – Recuerda bien amigo mío –respondió el segundo sabio– que todo depende de la forma en que se dicen las cosas… La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado…
    – No olvides mi querido amigo –continuó el sabio– que puedes comunicar una misma verdad de dos formas: la pesimista que sólo recalcará el lado negativo de esa verdad; o la optimista, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a la misma verdad».
    Dice el libro de los Mishlei/Proverbios (cap. 18) del sabio rey Shlomó/Salomón: «Las palabras del hombre son aguas profundas, río que corre, pozo de sabiduría… Con sus labios, el necio se mete en líos; con sus palabras precipitadas se busca buenos azotes… Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras. La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias«.

    Uno de los grandes desafíos de cada hombre y de toda la humanidad es aprender a comunicarse auténticamente.

  • ¿Quién te pide fe o sacrificios?

    El hombre sabio e inspirado por el Eterno nos aconseja:  "Cuando vayas a la casa de Elokim, guarda tu pie. Acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios, que no saben reparar el mal." (Kohelet / Predicador 4:17).

    El consejo aplicaba textualmente en épocas que el Templo del Eterno estaba en funciones en Ierushalaim, cuando las personas realizaban algún sacrificio (animal o vegetal) para acompañar al proceso de TESHUVÁ, arrepentimiento. (Había innumerables tipos de sacrificios, uno de los cuales era éste).
    Las palabras de Kohelet siguen en plena vigencia, y ya las analizaremos un poquito más en un rato, aunque los rituales de sacrificios desde hace milenios ya no se realizan.
    Es que, desde el comienzo del sistema ritual de sacrificios en el judaísmo, es totalmente sabido que estos son accesorios, complementarios y no lo principal, la TESHUVÁ va por sus sagrados carriles que pueden prescindir perfectamente de cualquier derramamiento de sangre, muerte de un ser vivo, o rituales “religiosos”. En su momento y lugar, en su contexto histórico y cultural, en su etapa en la evolución de la conciencia espiritual del hombre, los sacrificios rituales tenían un valor que para nosotros es incomprensible, pero no podemos juzgar al pasado desde el conocimiento y la conciencia del presente. Para ellos el sacrificio era un elemento sustancial, para nosotros el eje se ha corrido. Precisamente estamos enfocados mucho más en lo que el Kohelet señala en el versículo citado.
    Nosotros (nuestros maestros) proponemos que es mejor si nos concentramos en la reflexión, en el oír, en el aprender a reconocer nuestros errores, en reparar lo que es posible reparar, en perfeccionar nuestro mundo, en construir shalom, en llevar una vida de armonía interna-externa, en lo que tiene un valor trascendente y de cambio real.
    En vez de hacer como los necios, los de antaño y lo de todos los tiempos, que se despatarran por preparar sacrificios, creerse “salvos” a causa de alguna sangre derramada, que se sienten “de Dios” por malabarismos de la fe, cuando no viven haciendo lo bueno y apartándose de lo malo.
    Explica el rey Shlomó que ir a la casa de Elokim, tanto cuando existía y realmente se hacían sacrificios, como ahora, es tener una actitud y una conducta de constructor de shalom, de edificador de un mundo mejor y no tanto una visita académica, religiosa, ritualista, de fe.
    Es lo que dice, es lo que está claramente enseñado en el texto santo. Pero hay aún más.

    En masejet Berajot 23a, a partir de este versículo se enseña que el Eterno dice: “¡No seas como el tonto que peca y trae un sacrificio, pero sin tener conciencia de si lo hace por algo bueno o algo malo, porque son incapaces de diferenciar entre bien y mal, e incluso así traen sacrificios delante de Mí!”.
    Es de tonto pretender comprar la absolución del Eterno por medio de sacrificios, de la fe, de rituales, de pantomimas religiosas, de todo lo externo.
    Eso no agrada al Eterno ni colabora con el proceso de TESHUVÁ.
    La TESHUVÁ es un proceso interno, de cambio profundo, que tiene por supuesto repercusiones en el mundo externo.
    Pero, quedarse solo con el afuera, el disfraz, los gestos, es de tontos, de gente hueca, de gente que peca y con estos actos rituales o fe se están burlando del Eterno. El ritual no hace a la persona digna, no los justifica, no le brinda redención, porque es la reparación del mal lo que pretende el Eterno con la TESHUVÁ.

    La TESHUVÁ causada por amor al Eterno, logra transformar los pecados intencionales en méritos, sí, aunque suene muy extraño; pero, la TESHUVÁ causada por el miedo, solamente cambia el peso del pecado de intencional a no intencional, pero no logra la reparación interna, ni el crecimiento en la escala espiritual.
    (Recomiendo a los que comprenden hebreo el texto que se abre haciendo clic aquí.)
    ¿Cómo se define la TESHUVA causada por amor (meahava)?
    Cuando uno toma conciencia de la gravedad de lo realizado y no se justifica ni busca excusarse, sino que admite su acción y toma la determinación de reparar el daño (en la medida de lo posible) y no volver a cometerlo. De allí el simbolismo del sacrificio que se realizaba en el Templo, así como el animal muere y es quemado, debe suceder con la porción de EGO que nos ha llevado a cometer tal error. Que se extinga la negatividad, que resplandezca el bien, que el EGO sea usado por el hombre para la construcción de Shalom, y no el hombre sea esclavo de su EGO para la gratificación sin valor.
    La TESHUVÁ basada en amor, no se está pendiente de castigos o recompensas, no se hace “pactos” o “negocitos” con Dios para que se contente con el sacrificio y por ello perdone el pecado, no se trata de echar culpas o mitigar la propia responsabilidad, no es engordar a Dios con grasa o hacerle feliz con aromas de carnes asadas, tampoco es adorar por fe a salvadores o mediadores, porque entonces no sería arrepentimiento basado en amor sino en miedo.
    El arrepentimiento insincero, el que se maneja con negociaciones, toma al sacrificio tal como hacían los antiguos y los actuales paganos, quienes tienen la obligación de contentar a su dios (dioses) por medio de ofrendas, regalos, rituales, porque el dios (dioses) tiene necesidades que sus fieles deben satisfacer, de no hacerlo, el dios (dioses) montan en cólera y castigan.
    Pero, en la conciencia espiritual este manejo es contemplado como lo que es: EGO.

    Así pues, sacrificar, tener fe, ritualizar la vida, llenarse de prohibiciones que no tiene sentido, ser “religioso”, es seguir apegado a lo que no da vida, es seguir en la inconsciencia de lo que es bien y mal, es seguir cosificando a Dios, es seguir esclavo del EGO.

    Así se comprende aún mejor lo profetizado por el hombre de la Verdad:

    "Dice el Eterno: ‘¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del sebo de animales engordados. No deseo la sangre de toros, de corderos y de machos cabríos.
    Cuando venís a ver mi rostro, ¿quién pide esto de vuestras manos, para que pisoteéis mis atrios?
    No traigáis más ofrendas vanas. El incienso me es una abominación; también las lunas nuevas, los shabatot y el convocar asambleas. ¡No puedo soportar iniquidad con asamblea festiva!
    Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras festividades. Me son una carga; estoy cansado de soportarlas.
    Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, yo no escucharé. ¡Vuestras manos están llenas de sangre!
    ‘Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos. Dejad de hacer el mal.
    Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda."

    (Ieshaiá / Isaías 1:11-17)

    La base de la misión del hombre no está en adorar a un dios, ni en los rituales, ni en la fe, ni en mitos sobre sangres que salvan, ni en llevar una vida de complejidades “teológicas”, claramente lo que Dios desea del hombre es que ande por la vida como un constructor de Shalom, haciendo lo bueno, haciendo lo justo, apartándose del mal para gozar del bien.

    La Torá escrita (Bereshit / Génesis 4:3) relata que el inventor del sistema de sacrificios fue Caín, el primer hombre nacido de padre y madre humanos, copiado inmediatamente luego por su hermano Abel.
    Ni uno ni otro fueron instruidos por el Eterno para hacer esto, sino que salió de su propia imaginación. Del primero porque quizás supuso que podía comprar el beneplácito del Dios por medio de una dádiva, como si Él la precisara… el segundo porque quizás no quiso ser menos que su hermano, no perder el favor de su Dios… ¡vaya uno a saber!
    Lo cierto es que este ritual no trajo paz al mundo, ni bendición, ni armonía, ni progreso, ni confraternidad, ni solidaridad, ni… ¡nada bueno! Este invento de la primer religión trajo violencia, enemistad y hasta el primer asesinato… ¡las cosas de la religión parece que no han cambiado!
    (Recordemos que ni judaísmo ni noajismo son religión, aunque hay algunos que viven su judaísmo y su noajismo como si de religión se tratase).
    Noaj al descender del arca, al ver la devastación tremenda, no tuvo mejor idea que matar animalitos para elevar sacrificios que nadie le pidió ni nadie quería, de esos mismos animalitos que Dios le había dicho que salvara para que se conservaran y proliferara. La respuesta del Eterno a ese “aroma grato”, no fue precisamente grata: "No volveré jamás a maldecir la tierra por causa del hombre, porque el instinto del corazón del hombre es malo desde su juventud. " (Bereshit / Génesis 8:21). Sí, ese ánimo de destruir y con la excusa de congraciarse con el Dios (dioses) no demuestra la nobleza de corazón del hombre, sino su EGO. Así somos, impotentes a pesar de ser poderosos; ridículos, a pesar de estar a la altura de casi ángeles. Porque nos sometemos al EGO y entonces vivimos haciendo payasadas aburridas y terribles, con muecas de alegría pero absoluto vacío y desesperación. Como dibujara el salmista con sus palabras: "¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos traman cosas vanas? Se presentan los reyes de la tierra, y los gobernantes consultan unidos contra el Eterno y su ungido, diciendo: ‘¡Rompamos Sus ataduras! ¡Echemos de nosotros Sus cuerdas!’. El que habita en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos." (Tehilim / Salmos 2:1-4). En nuestro delirio egotístico pretendemos cambiar a Dios, o comprarlo con nuestras vanas ofrendas y sanguinarios sacrificios, para manipularlo… como si pudiéramos… y Él, allí desde Su trono se burla de los que en impotencia se creen todopoderosos, de los que se creen reyes pero son monigotes del EGO. Se ríe Dios de ti y de mí, porque seguimos siendo payasos que en verdad no hacemos reír a nadie.
    A Él complace realmente la persona que vive en sintonía espiritual, sintonizado a la frecuencia divina: hacer lo bueno y justo, apartarse de lo que Él declara malo para hacer lo que Él distingue como bueno. El resto… el resto…
    ¡Pero cómo tiene “éxito” el resto!
    ¡Cómo triunfan en el mercado de las religiones los que ofrecen objetos a la venta, proponen escuelas de misticismos, centros de cabalistería, bailes mesiánicos, palabrejas en hebreo, pertenecer a sectas con más o menos renombre!
    ¡Qué buenas tajadas obtienen los traficantes de la fe con esos shows que arman para divertir a sus ovejitas!
    ¡Cómo se difunden por las redes sociales las palabras de los farsantes, de los religiosos, de los “poderosos”! Tienen un tremendo éxito, si lo medimos con la vara del materialismo sin ápice de espiritualidad.
    Esos que hacen de su secta la única salvación, de sus prédicas la única vedad, de sus odios la única razón de existencia, de sus mentiras la única senda para la “salvación”… ¡esos se enorgullecen de su éxito! Pero en realidad, son el más oscuro fracaso. Como Caín, religiosos y asesinos. Como Noaj al bajar del arca, religioso y patético. Como todos los que se escudan en rituales y diferentes supercherías, con trucos de feria barata, fracasados pero llenos de oro y fama.

    Mensajes de plenitud espiritual como este no son de los que atraen masas de gente, no lo consiguieron los profetas, tampoco los sabios, muchos menos este humilde maestro. Lo que a la gente atrapa es el show, los rituales, la pompa, los efectos especiales, la palabrería, el seudo misticismo, las supersticiones, los amuletos, las fantasías de otras vidas, el adquirir objetos, el bailotear como zombis, el seguir los dictados de un fantoche que se autoproclama líder de alguna secta, el vestir curioso, el disfrazarse de lo que uno no es, el sacrifico, todo lo externo y pasajero eso vende, eso cotiza, eso atrae… y es contra eso que los profetas y sabios se han levantado una y otra vez, para volver a ser silenciados por las hordas de adoradores de la vanidad.
    Lo que es el camino del Eterno, ese que El mismo ha proclamado y declarado, ese no cotiza. Es que al EGO no le sirve que la persona encuentre su libertad y completitud por el sencillo y perfecto camino de la bondad y la justicia. Entonces, le hace creer a la persona que es necesario hacer mil rituales, vestirse cómico, hablar raro, aprender de memoria palabras y frases con un cierto tinte de “magia”, ser ovejas de algún pastor, festejar fiestas incongruentes, vivir como supuestamente lo hacían los modelos del pasado, llevar una vida atrevida, lo que fuera, menos lo que realmente Dios ha declarado como EL camino a seguir.

    Como expresa el Eterno a través de Su profeta: "La Torá verdadera estuvo en su boca, y por eso: en sus labios no se halló malicia, en paz y en justicia anduvo Conmigo y a muchos apartó del pecado."
    (Malaji / Malaquías 2:6).
    Hay gente que se llena la boca de “Torá que no es verdadera”, es decir, de instrucciones que se hacen pasar por reveladas, sagradas, obligadas, cuando lo cierto es que son inventos, falsedades, farsa, producto del EGO. Pero el que tiene palabras de Torá verdadera, no precisa del disfraz, ni de engaño, ni de hacer piruetas para obtener ganancias o poder. Por el contrario, el que trae el Verbo del Eterno en su boca, el que lo hace carne con sus acciones, no habla malicia (mentiras, falsedad, engaño, religión, amenazas, maldiciones, injurias, difamaciones, perjuicios contra los inocentes), sino que habla lo necesario, lo que está en sintonía con su forma de vivir, que es de paz y justicia. Anda con el Eterno, no detrás de algún clérigo, del invento novedoso de algún “grande”, de lo que está de moda. Y con sus acciones de nobleza logra enseñar a los demás cual es el camino a seguir.
    Pero, lo repito, esta forma de vida, la realmente espiritual, no es la que consigue fans, seguidores, una hinchada impresionante ni estadios repletos. Porque a la gente le encanta que se les mienta, que se les haga creer que son poderosos, que se les haga suponer que tienen conexiones “interestelares”, cualquier cosa, con tal de mantenerlos prisioneros del EGO.

    Es sobre estos líderes corruptos y sus ovejas seguidoras que el profeta ha declarado en nombre del Eterno: "desde el menor hasta el mayor de ellos, cada uno persigue las ganancias deshonestas. Desde el profeta hasta el sacerdote, todos obran con engaño y curan con superficialidad el quebranto de mi pueblo, diciendo: ‘Paz, paz.’ ¡Pero no hay paz!
    ‘¿Acaso se han avergonzado de haber hecho abominación? ¡Ciertamente no se han avergonzado, ni han sabido humillarse! Por tanto, caerán entre los que caigan; en el tiempo en que yo los castigue, tropezarán’, ha dicho el Eterno."
    (Irmiá / Jeremías 6:13-15).
    ¡Oh sí! Estos pastores de religión, seudo rabinos, maestros del engaño, usurpadores predican sobre paz, hacen espectáculos de sanidad, de restaurar casas extraviadas, de devolver a los perdidos, de salvación, de conexión con el “sadik”, dicen hablar y actuar en nombre de Dios, pero no hay paz en lo que hacen ni dicen. Sus vidas son de vergüenza, y como ellos sus seguidores. Y sin embargo, siguen prosperando (materialmente, al menos), llenando sus recintos de adoración con más y más miembros. Reciben elogios y poderes, se les atiende como si proveyeran de bendición, no son humillados… pero hay un Juez y hay un tiempo para las consecuencias de cada acto.

    Entonces, regresando al comienzo, ¿de qué vale el sacrificio, la fe, la adoración, la adulación, el disfraz, la actuación, cuando lo que el Eterno demanda es otra cosa bien distinta?
    Presta el oído a las palabras, aprende a reparar el mal, ayuda a tu conciencia espiritual a despertar y luego no dejes que vuelva a dormir.
    Recuerda: "Harás lo recto y bueno ante los ojos del Eterno, a fin de que te vaya bien…" (Devarim / Deuteronomio 6:18), no hay más secretos, ni otro camino espiritual posible.

    Sé que algunas personas poco sensibles a lo espiritual me criticarán por repetir el tema, como que es muy insistente mi mensaje de construir shalom por medio del bien y la justicia, apartarse del mal para hacer el bien, los lazos del EGO, entre otras cosas… sí es cierto, estoy girando últimamente mucho sobre estas temáticas… ¡y así me parece que debe ser!
    Desde hace milenios el mensaje celestial no ha cambiado y como hemos visto es este y no otro, ¿por qué habríamos de modificarlo?
    Por otra parte, cada artículo contiene una nueva enseñanza, nueva por no estar publicado todavía, o por contener un giro más que clarifica aspectos, o por contener la misma idea pero expuesta de una manera más clara (al menos eso espero).
    Por ejemplo, hoy podemos decir que hemos aprendido que existen tipos de TESHUVÁ, alguna de las cuales se quedan a mitad de camino del ideal. De hecho, según expresan los Sabios, y hemos escrito más arriba, ni siquiera puede considerarse como una real TESHUVÁ, sino que a veces no es más que disfrazar el pecado con otro pecado.
    Es tan importante saber esto, y especialmente ahora que estamos en el mes de Elul, el que se destina a la reflexión, al perfeccionamiento del sí mismo, al retorno a lo mejor que hay en uno, al abrazo con el prójimo, al encuentro con el Rey que nos está esperando con paciencia y cariño.

    Así pues, estudiemos con humildad, vivamos con sentido, tratemos de hacer lo mejor de nuestra parte aunque no siempre podamos. Estamos limitados en muchos aspectos, pero tenemos la intención y la acción.

  • Tu poder MESIÁNICO

    Sentirse impotente, serlo, es una constante en nuestra existencia terrena.
    Realmente nuestro poder personal y colectivo es limitado.
    Somos dependientes, frágiles, minúsculas partículas de polvo estelar que a veces cobran conciencia.
    Somos infinitos espíritus pero reducidos a un pasar efímero, corto, pobre.

    Para irnos acomodando nos vamos probando máscaras, vistiendo uniformes, cosechando trofeos, poseyendo, teniendo, creyéndonos nuestros propios cuentos, sufriendo, reclamando, quejándonos, padeciendo, viviendo de lo externo porque tememos a aquello que está en lo profundo.
    Así vamos haciendo nuestra vida. Así dejamos correr el tiempo, hasta que llegamos a la tumba siendo desconocidos de aquel que está en el espejo.
    Sumergidos en el Yo Vivido, alejados de la conciencia de nuestro Yo Auténtico.
    Nos inventamos excusas, somos maestros en eludir, en negar, en olvidar, en imaginar alternativas que nos escondan a la conciencia de nuestro ser.
    Tal cual la primera pareja humana hiciera:

    «Cuando oyeron la voz del Eterno Elokim que se paseaba en el jardín en el fresco del día, el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Eterno Elokim entre el árbol del jardín.»
    (Bereshit / Génesis 3:8)

    Incapaces de confrontar su conciencia, hundidos en el miedo provocado por la impotencia, tras esclavizarse al EGO, así hicieron. Se ocultaron entre los árboles, se escondieron, trataron de no ser vistos, como si pudieran huir de Dios, como si los ropajes externos y las riquezas pudieran silenciar la voz sagrada de la conciencia que retumba en el interior de nuestro ser.
    Allí, en nosotros, como parte nuestra, en la parte más sana de nuestro ser, está la voz que constantemente nos habla, nos bendice, pero nosotros optamos por oír otras cosas, hacernos los distraídos, narcotizarnos, perdernos. Por ello, estamos en el exilio, en la diáspora, en el destierro, fuera de nuestro hogar.

    Estamos en exilio.
    Porque nos sentimos impotentes fue que marchamos al exilio.
    Nos mantenemos en el exilio porque hacemos esfuerzos para sentirnos en casa, cuando no lo estamos.

    Si aprendiéramos a conectarnos con nosotros mismos, a armonizar nuestras diferentes instancias, a que el Yo Vivido no estuviera chocando y negando al Yo Auténtico, si dejáramos de lado las excusas, si no tuviéramos más religiones sino espiritualidad, si… si esto ocurriera, sería el fin del exilio, el inicio de la Era Mesiánica, personal y colectiva.
    Porque, tenemos el poder.
    Dentro de nuestra limitada existencia, en la finita vida del hombre, éste ya tiene poder.
    Por supuesto que no el de Dios, ni de estar por encima de todo, ni de la auto suficiencia; somos y seremos dependientes, la cuestión no está en negarlo ni en fantasear con estados de existencia mágicos.
    Como ciertamente describe Maimónides para la Era Mesiánica:

    “No supongas que el Rey Mashiaj debe realizar milagros y maravillas, provocar nuevos fenómenos dentro del mundo, resucitar muertos, o realizar otros hechos similares… No debemos suponer que en los Días del Mashiaj (Era Mesiánica) se anulará algo de la naturaleza del mundo, o que habrá alguna innovación en la Obra de la Creación. Sino, el mundo continuará según su modelo… Nuestros sabios enseñaron: (Talmud Berajot 34B) no habrá ninguna diferencia entre el mundo actual y la era de Mashiaj excepto (nuestra emancipación de) la subyugación a las naciones. ”
    (Mishné Torá, Leyes de los Reyes, Cap. 11: Ley 3, Cap. 12: Ley 1, 2)

    Así pues, el fin del exilio, personal y colectivo, no conlleva cambios fuera de lo que es natural.
    Fuimos, somos y seremos dependientes, limitados, impotentes, es bueno saberlo, reconocerlo y no por ello hundirse en la desesperanza, escapar con el EGO hacia el exilio, tal como venimos haciendo.
    Solo Dios, repito, solo Dios es todopoderoso, independiente en absoluto.
    Hasta el esperado rey de Israel, el Mashiaj, será un hombre, restringido a su condición de tal. Poseerá capacidades exquisitas, será muy sabio, muy comprensivo, muy refinado, pero solo un hombre. Con mucho poder, la que da el liderazgo, la que brinda la inteligencia aplicada al bien, la de la Torá, pero también con las flaquezas de todo ser humano. Nacerá, llorará, tendrá apetito, padecerá frío, se quedará dormido, le dolerá quizás una muela, se enfermará… será un hombre, muy bueno, muy justo, muy sabio, muy leal, un ejemplo, pero un hombre.
    Lo dice claramente Maimónides, lo codificó como ley.

    Te repito, en nuestra acotada existencia, YA contamos con el poder.
    Tampoco es el ilusorio poder, la apariencia que brinda el EGO de dominar a los demás por medio de manipulación, ni el de la violencia, ni el de la imposición agresiva, ni el del autoritarismo en cualquiera de sus formas. Ya que este aparente dominio que surge del EGO no es poder, sino juego de poder, apariencia, delirio, enfermedad, impotencia trastornada en supuesto poder.

    Es bien otro el poder que está en ti.
    Es el de la conexión espiritual, el de tu ser esencial, el de tu espíritu.
    Es el que te conecta constantemente con Dios, y a través Suyo con todo lo existente, en todo tiempo y lugar.
    Es el poder de estar en paz contigo mismo y con el prójimo.
    Cuando aprendes a armonizar tu existencia, a ser uno contigo, estás en camino de ser uno con el otro, uno con Dios.
    Allí resplandece la Luz de Vida, el poder.
    Se expresa por medio de la conducta bondadosa y justa, cuando haces el bien a otra persona sin esperar nada a cambio.
    Cuando bendices en lugar de enfadarte, cuando le deseas buen día incluso a aquel que te molestó.
    Cuando te arrepientes y reparas el daño que has ocasionado, y llevas a reparar y al arrepentimiento al que te lesionó.
    Está aquí y ahora, que es el único tiempo y lugar que existe. No está en el pasado, ni tampoco en el futuro. No está en otro, ni siquiera en grandes sabios, sino en ti. Es TU esencia, tu conexión sagrada con Dios, que nadie más tiene, que nadie más puede hacer resplandecer. Es TU poder sagrado.
    Cuando escoges la vida, y actúas para promoverla.
    Cuando siembras alegría en otros, seguramente cosecharás alegría tú.

    Conoce tus máscaras, aprende a usarlas y no a que te usen.
    Toma conciencia del EGO actuar en tu vida, no te opongas a él, pero tampoco le sigas el paso.
    Deja fluir las insinuaciones del EGO, deja que te haga sentir impotente, no luches en vano.
    Enfócate en aquello que es bueno y justo puedes hacer.
    Encuentra tu ser, ámalo, cuídalo, estarás en la plenitud de tu poder.

    Para ayudarnos a comprender, compartir y experimentar esto, te pido que comentes, compartas con tus amigos y redes sociales, pero especialmente que lo lleves a la práctica.
    El que se beneficiará, eres tú.
    Puedes salir del exilio y ayudar a que el mundo avance hacia la Era Mesiánica.

  • Siempre presente

    Después de que se toma conciencia de la ubicua existencia del EGO y de sus modos de operar, y cuando se admite su presencia y no se reniega, es posible verlo en funcionamiento en casi cada acto humano, sea de la vida real o del mundo de las fantasías, sea en los hechos cotidianos o en historias pasadas. Allí lo podemos descubrir, en las sombras del inconsciente humano, siempre acechando, siempre tiranizando, manipulando para hacer sentir impotencia pero al mismo tiempo prometiendo el poder total. El EGO, que está anhelando la vida pero la termina corrompiendo.
    Ya te daré algunos breves ejemplos de la mismísima Torá, aunque pudieran ser tomados de cualquier otra fuente, real o imaginaria, actual o pasada, “sagrada” o profana, en el hogar o en el trabajo, en la relación conyugal o con el compañero de tareas, en el bus como pasajero y detrás del volante de tu auto, en un estadio o en la playa, en la sinagoga o en la iglesia, en cualquier sitio y situación, al estar atentos y conscientes allí lo descubriremos al EGO.

    Realmente, no es extraño que cuando en el pasado la gente percibió que una “fuerza oscura” actuaba en sus vidas, hayan inventado a “Satanás”, o dioses/ángeles/seres-metafísicos del estilo.
    Es comprensible, al menos para mí, que aquella gente haya concebido a un “Satanás” malévolo, siempre activo, siempre presente, provocador, instigador, seductor, príncipe del mal. Aunque no sea real, porque tal Satanás es una ilusión, ciertamente no resulta tan descabellado que aquellas personas lo inventaran y le tuvieran tanto rechazo, temor y al mismo tiempo deseo y amor. No por ser falsa la invención del tal Satanás, deja de tener algunas conexiones con la verdad.
    Es la forma que inventaron para tratar de comprender un poco al EGO, o al menos para explicar todo aquello tan insólito y espeluznante que sentían estaba pasando en sus vidas.
    Tengamos nosotros mucho cuidado y criterio de no convertir esta teoría explicativa en una nueva teología, en otra superstición más. Nuestra conceptualización del EGO es una herramientas de comprensión de la realidad humana, no una mística para esclavizar a la gente bajo la tiranía del EGO.

    Hemos de tener en claro que el EGO radica en el cerebro, en la parte más primitiva del mismo, en aquella que está por fuera del gobierno de intelecto superior. Sin embargo, muy pronto la persona supedita su intelecto al EGO. Entonces, esa dimensión superior y distintiva del humano suele trabajar –inconscientemente- para el EGO.
    ¿De qué modo?

    • Inventando excusas para no hacer lo correcto.
    • Justificando lo que no está bien.
    • Elaborando estrategias para mantenerse apegados a aquello que no nos permite crecer.
    • Ideando planes para someter a los demás y de ese modo pretender no sufrir del sentimiento de impotencia.
    • Distrayendo la conciencia y sumiendo a la persona en adicciones, anestesia, negaciones más o menos hábiles.
    • Fantaseando seres y mundos imaginarios, que evaden la realidad.

    Como te dijo, el EGO es omnipresente, porque está en nosotros.
    Allí donde estás, está tu EGO.
    Repito, no por ser un ángel o un demonio, pues no tiene una existencia separada a la nuestra, sino por ser una partecita de nuestro sistema nervioso.

    Ahora, un par de ejemplos del Tanaj, que es lo que erróneamente algunos denominan como “Antiguo Testamento”, que no es ni antiguo para ser reemplazado por otro, ni testamento, ni tampoco es en sí el Tanaj, pero bueno…
    Para hacerlo “más interesante”, no escogeré arbitrariamente narraciones que acomoden a lo que quiero mostrar, sino que abriré al azar en el TANAJ interactivo que he programado y traducido, allí en donde el cursor caiga copiaré y pegaré aquí.
    Vamos.
    Ejemplo 1:

    "(5)Así ha dicho el Eterno acerca de los profetas que hacen errar a Mi pueblo, que muerden con sus dientes y proclaman: ‘Paz’; y al que no les da de comer le declaran guerra.
    (6) Por tanto, habrá para vosotros noche sin visión y oscuridad sin predicción. Se pondrá el sol sobre los profetas, y el día se oscurecerá sobre ellos.
    (7) Serán avergonzados los videntes, y confundidos los adivinos. Todos ellos se cubrirán hasta sus labios, porque no habrá respuesta de Elokim."
    (Mijá / Miqueas 3:5-7)

    Bien, ni que lo hubiera buscado adrede…
    La simple lectura sin pesado análisis, pero siempre teniendo en cuenta las enseñanzas sobre el EGO, ya nos permiten ver su presencia y funcionamiento.
    Encontramos en el párrafo a falsos profetas, clérigos que vienen en nombre de Dios o dioses, que supuestamente hablan en nombre de la deidad y prometen paz, salvación, riquezas, poder. Dicen ser emisarios de Dios, casi todopoderosos, viven proclamando religión y aleluyas, pero sus dientes muerden porque no son sinceros, no son constructores de Shalom, no trabajan para Dios, sino para su dios, el EGO. Ya que cuando las ovejitas no les dan de comer, no les pagan diezmo, no contribuyen con la falsa “sedaká”, no les arrullan el ego (en minúsculas), no los apoyan ni aplauden, los contradicen de alguna manera, entonces en ese momento las ovejitas pasan a ser enemigos, amenazas, hijos de Satanás, manzana podrida, malditos, infernales, herejes, que salieron del camino, extraviados, malvados, pecadores. Oh sí, cuando alguien les tambalea aunque sea un poquito su ilusión de poder, entonces muestran quien son en realidad. Se deja de lado el amor y no juzgar, ya no hay otra mejilla, los modales quedan relegados, la paz… ¿qué es eso? Enseñan sus dientes, afilan sus garras, escupen veneno, atacan sin piedad.
    Usan las armas del EGO para manipular, agreden, insultan, maldicen, gimotean, se hacen las víctimas, amenazan, juegan con las emociones, declaran la guerra “santa”.
    Oh sí, esos profetas falsos, siguen existiendo. Son pastores, ministros, sacerdotes, algunos rabinos o presuntamente tales, caudillos políticos, jefecitos del trabajo, cualquiera que se pone a mandar y no lo hace desde el servicio sino desde el EGO.
    ¿Y qué anuncia Dios, el Uno y Único, para estos mercaderes de la fe?
    Oscuridad, inseguridad, caos, confusión, terror, vergüenza, descontrol, tal como existe ya en el interior de esta gente: EGO y más EGO.
    Y no habrá respuesta de Dios para ellos, porque ellos prefieren mantenerse desconectados de la línea de Luz para sorber del veneno de la oscuridad de sus EGOs.

    Veamos si ahora al azar encuentro una historia con acción.
    La mujer come del fruto del árbol prohibido y da de comer a su hombre. Ambos se ciñen hojas, para tapar su recién descubierta desnudez. Entonces:

    "(8) Cuando oyeron la voz del Eterno Elokim que se paseaba en el jardín en el fresco del día, el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del Eterno Elokim entre el árbol del jardín.
    (9) Pero el Eterno Elokim llamó al hombre y le preguntó: -¿Dónde estás tú?
    (10) Él respondió: -Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo. Por eso me escondí.
    (11) Le preguntó Elokim: -¿Quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que te mandé que no comieses?
    (12) El hombre respondió: -La mujer que me diste por compañera, ella me dio del árbol, y yo comí."
    (Bereshit / Génesis 3:8-12)

    Hicieron algo incorrecto y la reacción fue esconderse.
    Lo típico cuando se está bajo el comando del EGO. Se sigue al deseo, se quiebra el orden, se siente la culpa y en lugar de comenzar un proceso de restauración se corre hacia la mentira, el ocultamiento, la negación, el echar culpas al otro… típico, ¿no?
    La voz de la conciencia desde nuestro interior no duerme, no se deja engañar. Insiste en preguntarle a la persona: ¿Dónde estás?
    Puede esconderte, disfrazarte, huir, hacerte el distraído, drogarte, hacerte adicto a las religiones, llenarte de supersticiones, hacer piruetas rituales, pretender ser otro, convertirte en otro, pero la conciencia anidada en la esencia espiritual no se deja estafar ni corromper. No la compras con dinero, ni con elogios, ni con rezos, ni con insultos, ni con escapes, nada la corrompe pues está ligada a Dios en su propia esencia.
    Y te insiste en que te descubras, en que te veas tal como eres en realidad, que mires al espejo para encontrarte, amarte, cuidarte.
    No te dejará perder, ni admitirá que prefieras ser esclavo del EGO antes que libre y siervo de Dios.
    ¿Dónde estás?
    Una y otra vez te preguntará, hasta parecerte un tormento. Pero realmente lo que te tortura no es la conciencia, no es la silenciosa voz de Dios dentro de ti, sino que te hace sufrir tu vida engañosa, tus travesuras infantiles a edad adulta, tu esclavitud opresiva al EGO.
    Cuando no tienes más escape darás una respuesta, pero fastidiosa, mentirosa. Reconocerás alguna cosilla, pero nada grave, nada que te mueva al cambio positivo.
    Sí, ahí están las excusas.
    Cualquier cosa sirve para taparte.
    Por supuesto que el echar culpas es algo habitual, que mejor manera de zafar que haciéndose la víctima.

    Ya lo vimos en dos ejemplos tomados al azar.
    Ahora, puedes irlo reconociendo en todos, en cada momento.
    A veces puede estar más tapado, menos evidente, pero luego de un tiempo de entrenamiento sabrás verlo.
    En otros. Pero especialmente es importante que puedas verlo en ti.
    Saberlo, comprenderlo, tenerlo presente te permitirá manejarte de otra manera, si quieres y puedes.
    En lugar de desconectarte de la realidad, de manipular, de agredir, de corromper directa o indirectamente, podrás estar en condiciones para darte cuenta y detener el curso nefasto de acción.
    Es algo automático en ti, el EGO está ahí, es parte tuya, actúa lo quieras o no. Pero tienes el poder para darte cuenta, hacer una minúscula pausa y optar por no actuar el papel grotesco que el EGO ha escrito para ti como guión de vida.
    Precisas entrenarte, mucho, no te prometo que será fácil, pero si te aseguro que de a poco, si das los pasos correctos, tu vida irá mejorando en todos los aspectos.
    Alto, no reacciones, deja fluir al EGO, no te pongas a discutir, no quieras vencer, deja que corra, déjalo ser, así pierde su dominio sobre ti.
    Toma unos pocos segundos antes de responder, no te dejes llevar por el deseo de ser el triunfador de la batallita, sino que considera lo que estás por hacer y decide por la vida, por el bien.
    Es necesario repasar las lecciones, aprender a ver al EGO en operación, tener la valentía de reconocer que allí está, en nuestro ser, dominándonos casi a placer.
    Y luego, evapóralo, diluye su poder al no actuar bajo su mano, al no rebelarte con él, al no confrontar innecesariamente con otros simplemente por querer tener la razón o ser quien demuestra poder.

    Bien, hasta aquí este pequeño estudio.
    Te pediré que, si eres tan amable, escribas aquí debajo cuál es la enseñanza que adquiriste y cómo te puede ayudar para ser mejor persona, más feliz, alguien que disfruta un poco más la bendición constante que estás recibiendo de Dios.
    Si no aprendiste nada, si crees que hay algo erróneo, te solicito que también lo comentes aquí debajo, con la intención de aportar en encontrar una senda de Luz para transitar.