Categoría: Torá

  • Resumen parashat Pinjás 5782

    El relato del inicio de la parashá Pinjas tiene lugar al otro lado del Jordán, en vísperas de la entrada de los hijos de Israel en la Tierra de Israel. Como leímos al final de la parashá anterior, Pinjás realizó un acto violento, llevado por su celo hacia Dios. En este momento, el Eterno le bendice con el ingreso al servicio como cohén, hasta entonces él no era considerado apto para tal servicio sagrado. Asimismo, es sellada con él una alianza de shalom, para que pueda dominar su impulso destructivo, sea éste con una buena intención o no, y de esta manera poder realizar la obra de Dios a través de canales más armoniosos.
    Es decir, que su ímpetu poderoso que lo impulsaba a actos impulsivos violentos, pueda transformarse en energía de transformación positiva.

    Continúa la parashá, ahora concentrándose en la tarea de ingresar al país, que no es sencilla, y hay que prepararse bien para ello. Primero, debemos verificar el tamaño del ejército israelí. Con este fin, se realizó un gran censo de todos los hombres mayores de 20 años en todas las tribus de Israel. Los enviados pasan e inspeccionan cada familia y cada tribu y finalmente resumen todo el censo. A disposición de los hijos de Israel hay 600.730 hombres mayores de 20 años.

    Luego, Dios instruye a Moisés cómo se dividirá la tierra entre las tribus de Israel: cada tribu recibirá una herencia de acuerdo con su tamaño, pero la ubicación de la propiedad se determinará por sorteo.
    Queda sin asignar una propiedad para el nombre de Tzelofejad en la Tierra de Israel, pues murió en el desierto, y no a causa del pecado de los exploradores, dejando tras de sí a cinco hijas, sin haber ningún varón.
    Es por esto que las cinco damas elevan su petición a Moshé, solicitando que se les confiera el terreno que iba a corresponder a su padre.
    Entendamos que hasta ese momento las mujeres no eran pasibles de heredar, solamente los varones.
    Moisés escucha su petición, y por mandato de Dios acepta el reclamo de las damas de heredar la hacienda de su padre y añade, que esta no es una instrucción especial sólo para este caso, sino una ley para todo el pueblo – un hombre que muere sin hijos, la herencia pasa a sus hijas. ¡Si es así la osadía de unas muchachas lograron cambiar una ley de las leyes de la Torá!
    Tal vez para nosotros, lectores en esta generación, estas circunstancias nos puedan resultar extrañas, y no pocos correrán a denunciar machismos y patriarcados en el asunto. Sin embargo, la Torá nos narra con autenticidad los acontecimientos, de acuerdo a lo que se vivía en la época, tal cual eran las costumbres imperantes. Al mismo tiempo, va dando pasos para que se eliminen barreras artificiales y se vaya consiguiendo eventualmente sociedades más pacíficas, justas e integradas.
    Propone una evolución paulatina, y no una revolución atolondrada.
    Ahora bien, la decisión de que las mujeres hereden podría haber surgido directamente de la Torá, o de Moshé, sin haberse tenido que esperar que las hijas sin herencia reclamaran su justa parte. Si ellas no actuaban, no sabemos qué hubiera pasado. ¿Se hubiese instruido la herencia también por parte de las damas? ¿Se habría tardado más o menos tiempo en conseguir ese derecho para las mujeres? No lo podemos saber. Pero lo que sí queda claro es que las mujeres tenían voz y presencia en la sociedad israelita, y tal vez adrede Dios quiso que las hijas de Tzelofjad actuaran y como consecuencia de ello se lograra el cambio necesario en la ley. Quizás para enseñarnos algo más acerca de los derechos de herencia, tal vez, acerca de que no tenemos que esperar que se nos den nuestros derechos, sino trabajar por adquirirlos cuando las condiciones así lo exigen.

    Más adelante en la parashá. Moshé se prepara para la entrada de Israel en la tierra, pero sabe que a él mismo no se le permitirá hacerlo. Es por eso que necesitamos nombrar un reemplazo para Moisés, encontrar un líder que guiará a los hijos de Israel cuando entren a la tierra. Dios elige a Josué hijo de Nun como siervo y discípulo de Moisés para ser el próximo líder, luego Moisés reúne a todo el pueblo y ante los ojos de todos confía en Josué como el próximo líder.

    Aunque Moisés no puede entrar, puede ver la tierra, para lo cual, sube al monte Abarim, uno de los montes altos en su lado oriental y desde allí observa y ve la deseada y no alcanzada tierra de la promisión.

    La parashá termina con una larga sección que describe las ofrendas que se dedican en las convocatorias sagradas de la Torá.

    Puedes tener una ampliación de este texto en el siguiente video:

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  • Armar tu realidad y que sea buena

    « וְשָׁ֣ם רָאִ֗ינוּ אֶת־הַנְּפִילִ֛ים בְּנֵ֥י עֲנָ֖ק מִן־הַנְּפִלִ֑ים וַנְּהִ֤י בְעֵינֵ֨ינוּ֙ כַּֽחֲגָבִ֔ים וְכֵ֥ן הָיִ֖ינוּ בְּעֵֽינֵיהֶֽם:
    También vimos allí a los Nefilim, hijos de Anac de la estirpe de Nefilim. Nosotros, a nuestros propios ojos, parecíamos langostas; y así parecíamos a sus ojos.»
    (Bemidbar/Números 13:33)

    Los filósofos y pensadores a veces no se ponen de acuerdo en si la realidad existe o no.
    Como no me interesa divagar, no entraré en esas cuestiones.
    Solo te comento que entre los Maestros están aquellos que dicen que:

    • solo el Eterno es real y el resto es ilusión (sí, tú y yo somos espejismos en la Mente del Divino);
    • el Eterno hizo lugar para que existiera la creación, como si hubiera dejado un espacio vacío que cubrió con el universo;
    • Elohim está en todo lo creado, sin que por ello identifiquemos creación con Él;
    • Elohim es indistinto a su creación.

    Como te dije, no vamos a resolver esta cuestión, ni siquiera vamos a pensar en ella.
    Ni tan siquiera sé si hemos compartido todas las opciones que al respecto los Maestros enseñan.

    Simplemente te pido que nos enfoquemos en un tema que resulta absolutamente práctico, útil para el mejoramiento de nuestra vida cotidiana.

    Lo que importa establecer es cómo eso que percibimos como realidad nos impacta.
    Dependiendo de cómo interpretas lo que te está pasando, es cómo construyes tu percepción de aquello que percibes como la realidad.
    Ésta puede existir o no, ser independiente de ti o no, ser parte del Creador o una ilusión, esto o aquello; nada de eso modifica el hecho de que lo que tú armas en tu mente y por ello reaccionas, es lo importante.

    Las percepciones no se dan fuera de un contexto, ya que tú interpretas a partir de tu Sistema de Creencias.
    Por tanto, la realidad se arma en tu mente de acuerdo a quien estás siendo, a lo que crees, a lo que te inculcaron, a lo que admites o de lo que reniegas.

    Por supuesto que no tenemos ni control ni responsabilidad por gran parte de lo que es nuestro Sistema de Creencias. Éste se fue formando desde el nacimiento, a instancias de los adultos que estaban influenciando en tu crianza. Está lleno de prejuicios sociales, de normas morales, de pautas implantadas por presión social.
    Se esconde en lo más profundo e inaccesible de tu memoria corporal, más allá de cualquier razonamiento o palabra. Guarda multitud de pesadillas y deseos, reglas y convenciones, recuerdos y heridas.
    Ese caudal misterioso y oscuro es el que te marca la manera en que interpretas lo que estás vivenciado, te obliga a percibir, te estructura tu imagen de la realidad.

    Planteado de esta manera podría parecer que no tenemos responsabilidad por nuestra conducta y por tanto cualquier pecado o inconducta está disculpado puesto que somos víctimas de ese tenebroso Sistema de Creencias.
    Sin embargo, por sobre el Sistema de Creencias tenemos el poder de elegir nuestra conducta, de entrenarnos para no reaccionar por impulsos inconscientes e instintivos, sino educarnos para controlar el alcance del Sistema de Creencias y por tanto desarrollar una vida más coherente, sincronizada con el código de ética/espiritual.

    Ahí está el famoso libre albedrío, que es el poder optar por actuar siguiendo el camino de la ética o no hacerlo.
    Por un lado está dejarnos llevar por el Sistema de Creencias y los impulsos, y por el otro adquirir poder al controlarnos y dar respuestas, en lugar de meramente reaccionar.

    Cuando crecemos en poder, cuando limitamos el influjo de las partes irracionales de nuestro ser, entonces estamos pudiendo armar una interpretación de la realidad mucho más saludable.

    ¿Y por qué sería más saludable si aplicamos el razonamiento, el acercarnos según podamos a la objetividad?
    Una respuesta es: porque tratamos de medir las consecuencias de nuestras acciones y por tanto (se supone) que estaremos limitando el perjuicio que causaremos, cosa que indudablemente no ocurre cuando reaccionamos desde la inconsciencia.
    Segunda respuesta: porque ponemos a funcionar partes más humanas de nuestra personalidad, las que cooperan con nuestra NESHAMÁ para manifestar el espíritu en el mundo, en lugar de permitir que nuestra natural animalidad se explaye sin contención.
    Tercer respuesta: porque generamos (en lo posible) un ambiente de comunicación, de negociación y no simplemente la explosión del EGO y de lo que esto conlleva.

    Sin embargo, si eres atento en la lectura y comprensión, bien podrías criticar este planteo diciendo: ¿acaso la racionalidad no está también saturada del Sistema de Creencias?
    Y la sincera respuesta es que nada de lo que hagamos puede estar esterilizado de ese Sistema, que opera en todo momento y contiene porciones absolutamente inaccesibles por el pensamiento racional. Sin embargo, cuando vamos coordinando nuestro Yo Vivido con el Yo Esencial, cuando quitamos influencia al aspecto animal (sin negarlo ni estigmatizarlo, sino limitándolo) estamos permitiendo desplegar el mayor potencial de nuestra personalidad divina.

    No sé si he podido expresar con claridad las ideas, quedo a las órdenes para acompañarte en tu aprendizaje.

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  • Orden y progreso

    Diversos estudios científicos han venido demostrando que vivir rodeados de desorden suele producir efectos negativos en la salud de la persona, a nivel físico, emocional, social y mental.
    Por ejemplo, el ruido del tránsito pesado suele relacionarse con alta presión, obesidad, diabetes adquirida, cardiopatía isquémica, mal humor, problemas para conciliar el sueño, entre otras. Y estamos hablando solamente del ruido del tránsito y no de tener que padecerlo de cuerpo y alma.

    Aquellos que pasan mucho tiempo en ambientes llenos de objetos y en estado caótico, se vuelven más vulnerables al consumo excesivo de calorías, a buscar alimentos poco saludables, a la falta de concentración, al desánimo, entre otras.

    Encontrarse en lugares de trabajo desarreglados, lleva como consecuencia el descenso del nivel cognitivo, distracciones, pereza, a la que se suman otras más que no favorecen el clima laboral ni las sanas relaciones interpersonales.

    Cuando el caos queda por fuera de nuestro poder de resolución, es decir, cuando carecemos del control sobre el entorno inmediato, entonces los efectos tienden a ser aún más aplastantes y siniestros.

    Por último, estar en contacto con personas tóxicas, que nos trastornan la estabilidad emocional, que nos perturban el orden mental, que hacen zozobrar nuestra integridad social, que nos consumen energía vital, que nos hacen peligrar la integridad física/material, que nos ponen y sostienen en estado de tensión, que nos hacen experimentar un caos existencial aparentemente incontrolable, ¿acaso no demuestran que esto es un mal que hay que evitar o extirpar de nuestras vidas?

    Estos han sido unos pocos ejemplos de diversas publicaciones científicas que hemos ido encontrando y apilando en nuestra memoria para comentar aquí.

    Como contraparte, otros estudios nos indican que lugares ordenados, limpios, frescos, asoleados, con vistas despejadas, el contacto con la naturaleza, la presencia de plantas, el ver paisajes naturales aunque fuera en pinturas o videos, la amabilidad, el respeto, el cuidado por el otro nos llevan a vidas plácidas, realmente cómodas, enfocadas, nutritivas, saludables.

    Creo que está demás concluir con un consejo, puesto que los datos hablan por sí solos.

    Para finalizar este estudio, recordemos lo que nos enseñan los Sabios al respecto de relacionarnos con personas tóxicas, precisamente en la parashá de esta semana (Koraj):

    ¡Ay de un hombre malo, ay de su vecino! – אוי לרשע אוי לשכינו
    (Tanjuma 4)

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  • Controversia y debate

    En el Pirkei Avot (5:17) se nos enseña que hay dos tipos de controversias:

    • leshem shamaim – con una finalidad trascendente, elevada, motivadora de crecimiento, encuentro con la verdad; cuyo ejemplo son los debates entre las Shamai e Hilel;
    • shelo leshem shamaim – con una finalidad egoísta, mediocre, luchando para demostrar que se está por encima del contrincante, soberbia, disfrazada de intelecto; el ejemplo es la disputa de Koraj y su banda.

    Cuando estamos ante las confrontaciones del EGO, las del segundo tipo, entonces no se está colaborando con el adversario, sino peleando en su contra.
    El aprendizaje es irrelevante, el acuerdo es superfluo, la mediación para acordar en beneficio de ambas partes es inexistente.
    Se pelea para destruir.
    Se destruye para sentirse un poco poderoso, porque de no conseguir esa escasa victoria, entonces el sentimiento de impotencia es tan terrible que succiona hacia el abismo.
    Se está tironeado entre hundirse en la desesperación y quedar en un estado de parálisis mental/emocional, o podría excitarse negativamente de tal modo que ardería en llamas de ira, deseos de venganza y otras cosas por el estilo.
    Tal como ocurría con las discordias de Koraj y su pandilla.
    Notemos, que interesante detalle que suele pasar inadvertido, que la Mishná no dice que era un conflicto de Koraj y sus seguidores en contra de Moshé y Aarón, pues tal sería lo que lógicamente habría que haber planteado. Porque el texto de la Torá deja bien en evidencia que había tres grupos discordes que se juntaron para desestabilizar el gobierno de Moshé y el liderazgo espiritual de Aarón. Estaban los siempre destructivos Datán y Aviram, gente que amaba el odio, que estaban enviciados con la malicia, que adoraban al EGO a tal punto que era irreconciliable cualquier TESHUVÁ con ellos. El otro grupo lo formaban los jefes comunitarios que estaban buscan posiciones de mayor relevancia, aproximarse más al servicio Divino, aunque empleando para ellos métodos fraudulentos y rivales de la espiritualidad. Recordemos que en la Tradición NO ES correcto afirmar que “el fin justifica los medios”. Y estaba el tercer grupo de resentidos o disconformes, formado básicamente por Koraj, el cual tenía reclamos en apariencia justos, que se sentía injustamente desplazado de su rango, pero que además estaba cargado de orgullo, resentimiento y otros sentimientos que son malos referentes para navegar éticamente las aguas de la existencia. Estos tres grupos disparejos estaban aunados para derrocar el gobierno emplazado por el Creador. Su desavenencia los unía, pero entre ellos estaban también en conflicto. Es por ello que la Mishná con gran sabiduría nos señala que Koraj estaba en rencillas con sus propios “seguidores”, quienes estaban siguiéndolo, pero causándole todo tipo de disturbios. En resumen, el caos reinaba en el interior de cada uno y por ello sembraban la confusión por donde iban.

    Por otra parte, está la otra desavenencia, que es aquella que expone las diferencias, marca límites, muestra perspectivas alternativas, presenta justos planteos contradictorios y que tienen como finalidad encontrar el acuerdo, llegar a una negociación que brinde resultado ganador-ganador.
    Habría mucho que estudiar sobre esto, pero solamente expondremos con suma brevedad los cuatros aspectos que la Universidad de Harvard indica para llevar negociaciones exitosas:

    1. Separar a la persona del problema.
    2. Concentrarse en los intereses y no en las posiciones.
    3. Inventar opciones de mutuo beneficio.
    4. Insistir en la aplicación de criterios objetivos.

    En los años de enseñanza y aplicación de nuestro propio método de Coaching Espiritual basado nuclearmente en la Tradición (Kabbalah), hemos ido exponiendo principios de acuerdo, de una buena negociación.
    No los repetiremos aquí ahora, simplemente te invito a que busques en lo que hemos publicado y te invito a que si quieres profundizar más, llevarlo a tu vida cotidiana, para mejorar tu relación familiar, de pareja, en el trabajo, con amigos, en el estudio, con vecinos o lo que fuera que te interese

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  • Poderoso secreto revelado para tu felicidad

    Te voy a revelar un gran secreto que explica muchas de las conductas humanas.

    Debes saber que es corriente que el Sistema de Creencias esté saturado de mensajes nacidos en el Ietzer haRá.
    Esto lleva a que muchas personas interpreten, sientan y actúen de forma propia de gente débil, indefensa, inepta, impotente.

    Se llenan de seudo pensamientos, en verdad son ideas, llenas de negatividad.
    Afirman y viven con estas frases: no puedo, soy idiota, nadie me quiere, hago todo mal, siempre me sale al revés de lo que quiero, no tengo suerte, mi destino es horrible, soy un fracasado, Dios me detesta, merezco ser castigado, soy enfermo, algún terrible pecado me lleva a estar en esta situación, el cambio para bien es imposible, el perdón no existe para alguien como yo, desde antes de nacer ya estoy fallado, alguna encarnación anterior fue espantosamente malvada y cosas por el estilo.

    Por supuesto que con esas afirmaciones atroces no se puede esperar que disfruten de la vida, que estén libres de angustias, que no se vivan escondiendo de terrores, que sean emprendedores, que sean atrevidos ante los retos que se les presentan, que tengan confianza en el Creador y en sí mismos.
    Más bien se hunden y cada ocasión es la oportunidad para demostrar que sus creencias horribles son ciertas y que no merecen ni el aire que están respirando.

    El Ietzer haRá los sumerge en el fango, los esclaviza, los mantiene en la impotencia de pensamiento, palabra, sentimiento y acción.
    Porque así puede reinar en sus vidas, decretar lo que experimentarán.

    Sin dudas, una vida oscura y dolorosa, plagada de sufrimiento y falta de EMUNÁ.
    Aunque a veces se usen fórmulas mágicas mal enseñadas y peor aprendidas como “todo es para bien”*, para continuar arrastrándose por la vida, para no morir inmediatamente.
    Porque, como todo parásito astuto el Ietzer hará no busca exterminar a la persona, porque también moriría él.
    Pero sí quiere que la persona siga bajo su poder, enferma, incapaz, falta de incitativa y herramientas para liberarse y disfrutar de la bendición del Padre que a cada rato llueve sobre nuestras cabezas.

    Entonces, mensajes de impotencia son repetidos por el Ietzer haRá y usadas por sus adoradores, para que la gente esté alejada de su verdadera identidad sagrada y en lejanía con el Creador.
    Mensajes que son más terriblemente siniestros cuanto más se dibujan entre risas y abrazos, como esperanza y fe, como cosa sagrada.
    Porque… ¿no es más peligroso un estafador cuanto más esconde sus intenciones de sus víctimas?
    Como el Ietzer haRá es el astuto de la antigüedad, así son sus adoradores, por lo que se perfeccionan en el oscuro arte de la estafa y el engaño.
    Usurpando la espiritualidad para vender religión y apoderarse de los bienes y vidas de sus seguidores.
    Manada que se mantiene en impotencia, adormecida, idiotizada, manipulada.

    Pero, no te pienses que los piratas que obtienen ganancias con la sumisión y prisión de la manada están más libres de las garras del Ietzer haRá.
    Ellos también son esclavos, también se andan arrastrando en sus cuevas llenas de inmundicias.
    Sin embargo, logran abusar de la fuerza, con apariencia de poder.
    Son como déspotas, que como no tienen poder usan la fuerza abusivamente.
    Están los dictadores amables y están los sádicos, lo cual no quita que los dos tipos son despreciables y provocan multitud de daños.
    Lo cual no borra el hecho de que ellos también son seres impotentes narcotizados a la sombra del Ietzer haRá.
    Con sus armas sanguinarias e hirientes, o con sus trampas chistosas y de poderosa religión; con cualquiera de las versiones, estarán para aprovecharse de la manada, para someterla, para tenerla en impotencia. Con chistes o insultos, con golpes o abrazos, con escarmientos o bailecitos, con lemas de horror o salmos de gloria, con desesperanza o fe, de una y otra forma están para esclavizar a quienes le prestan atención.

    Te podría dar nombres de unos y otros de estos déspotas, gentes con muchos seguidores y aplaudidores en la Red o fuera de ella.
    Gente muy agradable, carismática, que promete fantasías y todo tipo de glorias, que no son otra cosa que cadenas muy pesadas, negación del Creador, burla a la vida, e impotencia horrenda camuflada de alegría.
    Pero… no… hoy no es el día para seguir por aquí…

    Los esclavos de la manada podrían salir de su Egipto, ser llevados a la Redención y la Tierra Prometida.
    Pero, no hay –casi- manera de demostrarles que están equivocados en sus creencias oscuras. No pueden aceptar que todos esos mensajes negativos que creen en verdad son mentira.
    Escapan al escuchar que en verdad son hijos de Dios y se merecen respeto, honra, alegría, placer, disfrute, bienestar y conexión consciente con el Padre y todo lo creado.
    Es más, parecen luchar en contra de aquel que viene a ayudarles a salir de esa esclavitud.
    Lo detestan, lo desprecian, se burlan, lo echan, lo amenazan, lo repudian, y si pueden lo eliminan.

    ¿Suena paradójico?
    Sí, claro que suena así, por eso te estoy revelando un poderoso secreto.

    Entonces, podemos preguntarnos ¿qué lleva a la gente esclavizada a rehusar salir de su celdita mental?
    ¿Acaso en la esclavitud de su Egipto la pasan mejor que en la Tierra Prometida?
    ¿Será que toda la miseria infernal que padecen es más disfrutable que la independencia, responsabilidad, y conexión consciente con el Creador y Sus criaturas?

    El secreto es que saberse poderoso implica muchísima angustia.
    Al punto tal que inconscientemente se elige el camino de la muerte y la impotencia, en lugar de el de la vida y la bendición.

    Porque si uno se sabe en cierta medida poderoso, quiere decir que uno es responsable por su vida.
    Que hay que dar cuenta de lo que se hace o no se hace.
    Que no hay un dios malvado castigando porque sí.
    Que el destino, como fuerza mágica, no existe.
    Que quizás “todo es para bien” en realidad no es como los payasos religiosos hacen creer y hay sufrimiento, y pasan cosas malas y uno puede verse de pronto desprovisto de ese poder que uno sabe que tiene pero ahora ya no está.
    Porque significa que tal vez no hay magia después de todo, y es uno el que tiene que hacerla.
    Todo esto duele, y mucho.
    Nos deja como en el vacío, como en una situación en donde parece que encerrarse en Egipto es mejor que sembrar con pena para cosechar con inmensa alegría en la Tierra Prometida.
    Pareciera como que saberse esclavo, creerse impotente, no levantar la cabeza de la miseria fuera una alternativa mucho mejor que estar arriesgándose a ser libre, poderoso y tal vez tropezar y romperse alguna cosa.

    Esto, por supuesto, es otra trampa del Ietzer haRá, que hábilmente envuelve en su tela de araña a la persona para tenerla sometida.
    Es más, cuanto más poderosa es en potencia la persona, mayor miedo le meterá el Ietzer haRá, más le forzará con creencias aterradoras y angustiantes a asilarse en la oscuridad terrible de la impotencia y esclavitud.

    Ya te revele al menos un intenso secreto, quizás hasta más de uno en esta enseñanza.
    Suficiente por hoy.

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    Sé de los levitas que sostenían a Moshé, no de Koraj/Koré y su congregación de religiosos mercaderes de la fe.

    Gracias.——————-

    • “Todo es para bien” tiene un sentido trascendente dentro de la Tradición sagrada, pero es pésimamente enseñado por mercaderes de la fe, que son adoradores del Ietzer haRá, que con malas enseñanzas y otras tácticas siniestras obtienen ventajas materiales sobre aquellos que les siguen como manada. En otra ocasión quizás enseñe la profundidad altísima de esta frase.
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  • Koraj resumida 5782

    Cuarenta años los hijos de Israel estuvieron en el desierto, muchas experiencias pasaron en esos años, y la historia de estos apenas es contada en la Torá. Tenemos narraciones de sucesos del primer año, luego algunas que acontecieron durante el segundo año. Más tarde, un largo silencio de 38 años, hasta que se retoma la narrativa en el año final, previo al ingreso a la tierra de la promisión.

    La conocida historia de nuestra parashá, Koraj, se suele ubicar en el imaginario popular como casi inmediatamente posterior al suceso de los exploradores, que fuera contado en la parashá anterior. Como si un acontecimiento estuviera encadenado al siguiente.
    Pero, adrede, la Torá guarda el secreto y no lo revela.
    Es por ello que hay diferentes visiones de exégetas, algunas ubicando esta dramática contienda en ese momento, otros antes del envío de los exploradores y otros más casi al final de la estancia en el desierto.

    Quizás la intención del sagrado Autor sea indicarnos la atemporalidad del relato, de la vigencia constante de lo ocurrido.
    Tal como si las exasperaciones que provoca la política y el EGO pudiera ocurrir en cualquier momento, en todo lugar.
    Cosa que, evidentemente, es muy cierto.

    Nuestra parashá describe una lucha por el liderazgo del pueblo. Varios grupos se confabularon para hacer un golpe de Estado y tomar el poder político y espiritual del pueblo judío.

    ¿Quiénes fueron esos confabulados en la rebeldía?
    Podemos distinguir tres facciones participantes en la insurgencia:

    Por una parte, Koraj, el cabecilla de la revuelta, un distinguido miembro de la tribu de Leví, primo de Moshé, que era seguido por su parentela más próxima.
    En segundo término, los líderes de la tribu de Rubén: Datán, Aviram y On Ben Pelet.
    Finalmente, 250 de las personas más importantes de Israel.

    Usando los habituales trucos de la demagogia, criticaron a Moisés, denunciaban que él estaba ejerciendo un poder corrupto, que hacía nepotismo, que estaba torciendo la Voluntad de Dios.
    Argumentaban que todos los judíos somos santos, entonces, ¿por qué se eligieron levitas y sacerdotes de la tribu de Leví para participar en el trabajo del Mishkán y separarse del resto de la gente? ¡Todas las personas pueden estar en el estado de sacerdotes!
    Por supuesto que el cargo de líder debía estar en manos de Koraj, ese era parte del reclamo, ya que sería acorde a lo lógico, siguiendo las líneas de herencia, y sin dudas, Koraj tenía suficientes dotes y posesiones como para ser un mejor dirigente que Moshé.
    Además, ¿qué es eso de mantenerlos en el desierto y darles una instrucción (Torá) que nunca fue prometida? Ellos tenían la promesa dada a los patriarcas de la tierra de Eber, de asentarse allí y prosperar. Nunca nadie les dijo de hacerse cargo de unos mandamientos y rituales que les eran ajenos, desconocidos. Acá, seguramente, había algún negociado extraño fabricado por Moshé y sus parientes y allegados. Todo esto era parte del discurso revulsivo de Koraj y su troupe. Es por ello que atacaban repetidamente a Moshé, haciendo especial puntería en el cargo de Sumo Sacerdote que recibiera su hermano, como demostración de la corruptela y turbiedad del manejo mosaico.

    Moshé responde al reclamo y pide realizar una demostración de que él está actuando con justicia, siguiendo las órdenes directas del Creador, para lo cual, cada miembro de la pandilla de Koraj traerá su propio brasero al igual que Moshé y Aarón. Por la mañana, Dios marcará indudablemente cual partido toma, a quien ha elegido y así quedará públicamente probada Su preferencia.
    Por la mañana llega el comité de los revoltosos, cada uno con sus braseros de incienso en sus manos delante de la Tienda de la Reunión. Moisés y Aarón están delante de ellos, y todo el pueblo de Israel está de pie y observa.

    Dios le informa a Moisés que quiere hacer desaparecer a todos los hijos de Israel y dejar solo a Moisés y Aarón. Moisés y Aarón se oponen al castigo porque está dirigido a todo el pueblo en lugar del pequeño grupo de rebeldes y Dios acepta su opinión.
    Entonces, un fuego incinera a los 250 prominentes jerarcas, en tanto que la tierra abre su boca y se traga a Koraj, familias y propiedades. Los hijos de Koraj, a último momento habían repudiado las acciones de su padre, no se habían aglomerado con los revoltosos y por ello se salvaron. Al igual que On ben Pelet, el cual, haciendo caso a su esposa, desistió de su postura enardecida.
    Los israelitas espectadores se austan y huyen por miedo a que la tierra se los trague también a ellos.

    Así termina la rebelión de Koraj, pero Moshé y Aarón no están todavía seguros en su liderazgo, porque, una turba enardecida de energúmenos, quiere agredirlos y rechazar su rol a la cabeza del pueblo. Envía el Eterno una plaga que los detiene, siendo Aarón el encargado de apaciguar (metafóricamente) a Dios, trayendo el fin del castigo para los rebeldes.

    Entonces, Dios vuelve a intervenir y esta vez decide acabar definitivamente con las quejas de los hijos de Israel sobre la elección de Moisés y Aarón como líderes y realiza un nuevo tipo de experimento: se le pide a cada tribu que traiga el bastón de mando de su presidente. Las varas de mando se colocarán en el tabernáculo durante toda una noche y en la mañana una de las varas florecerá e indicará quién es la tribu escogida. Por la mañana, se revela que el de la tribu de Leví ha florecido, siendo un milagro, pues era una vara seca, un bastón sin vida, por lo que la conclusión es clara y obvia. Es Dios quien da autoridad a Moshé y ha designado a la familia de Aarón para dirigir en el Templo, siendo los levitas sus auxiliares.

    Nuestra parashá termina con un detalle de las ofrendas de los  cohanim, las ofrendas que se ordena a los hijos de Israel ofrecer de los sacrificios y de los productos agrícolas a los sacerdotes y levitas.

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  • Parashá Shelaj Lejá 5782

    Los hijos de Israel, que están llegando al final de su viaje por el desierto, se enfrentan al momento emocionante que han estado esperando desde su salida de Egipto: la entrada a la Tierra de Israel. Pero muchas preguntas surgen en la mente de los hijos de Israel: ¿Cómo es esa tierra? ¿Es similar al conocido Egipto al desierto? ¿Quiénes son las personas que viven allí? ¿Son agradables o dan miedo? ¿Será posible un asentamiento veloz y sin inconvenientes? ¿Hay ciudades fortificadas o cuentan con otro tipo de defensas? ¿Habrá lugar para todas las tribus? ¿Es como las viejas leyendas populares contaban? En fin, una larga lista de preguntas que es normal hacerse cuando se está a punto de iniciar una nueva aventura, una vida de independencia en un país nuevo, que ellos están llamados a construir y sostener.

    Para hacer frente a esta curiosidad, doce personas, un representante de cada tribu, son enviadas a una misión de recorrer la Tierra de Israel y tomar nota de lo que en ella acontece.
    No son convocados al azar, sino que son doce personajes poderosos de cada tribu. Se supone que cuentan con experiencia en el liderazgo, que son capaces de dialogar y administrar recursos, que están ejerciendo su rol con la intención de beneficiar a sus hermanos y no de obtener ventajas innobles.
    Ellos se embarcan en la misión de inspeccionar la tierra, o quizás de hacer espionaje, durante 40 días, recorrerán de norte a sur, de este a oeste, tomando nota de todo lo que les pueda ser útil informar a sus compatriotas que los esperan en la frontera.
    Durante el recorrido encuentran gigantes habitando en Hebrón, como también se tropezaron con frutos enormes, como el racimo de uvas que entre dos personas transportaron para mostrarles a sus hermanos a la vuelta.
    También vieron multitud de funerales de personas poderosas, que eran acompañados por muchísimas personas a sus entierros.
    Sacaron las medidas de las murallas, contaron las armas, revisaron todo lo que estaba a su alcance para tener un pormenorizado informe que presentar a Moshé y a los israelitas.

    Al terminar los 40 días, en la tarde del 8 del mes de av regresaron al campamento, donde estaban reunidos esperando impacientes para escuchar los resultados de su primera visita a la tierra. Los exploradores (o espías) cuentan sobre los asombrosos fenómenos que encontraron, muestran el enorme racimo de uvas y describen la Tierra de Israel como una tierra maravillosa. Sin embargo, después de presentar todos los detalles, agregan su propia interpretación, dejan correr su imaginación sin atenerse al relato objetivo de los datos. Por ello afirman que no hay posibilidad de que los israelitas logren conquistar la tierra. El pueblo que habita en esta tierra es un pueblo muy fuerte y los hijos de Israel no podrán heredar su tierra. De hecho, se comparan a sí mismos como pequeñas langostas, sin ningún poder ni oportunidad para vencer a los gigantes feroces que habitan en la tierra prometida.
    Esto produce una gran conmoción entre los varones adultos israelitas, quienes se asustan. Entonces, claman: ¿Hemos pasado por todo el gran viaje solo para llegar a una tierra a la que no se puede entrar? ¡Hubiéramos quedado en Egipto! ¡Mejor sería morir en el desierto que destruidos por esos feroces monstruos que nos aguardan para devorarnos!
    Mientras que algunas personas optan por quejarse y atacar a Moisés y Aarón, otras atacan a Dios y algunos de los hijos de Israel ya comienzan a planear su regreso a Egipto.
    Dos de los exploradores espías presentan un enfoque diferente, son Ioshúa hijo de Nun (el secretario y sucesor de Moisés) y Caleb hijo de Iefuné).

    Dios mismo está de acuerdo con estos dos y está muy enojado con los hijos de Israel por no creer en Su poder a pesar de todos los grandes milagros que Él realizó para ellos desde antes del éxodo de Egipto.
    Entonces, decide que se convierta en realidad el pedido de esos rebeldes hijos de Israel: si no quieren entrar en la tierra prometida, así será, hasta cumplir cuarenta años vagarán por el desierto donde morirán y serán sepultados. Este castigo terrible era para todo el pueblo, sin embargo, los que no podrían entrar eran los varones de 20 a 60 años, en tanto que los mayores o menores, así como las mujeres, entrarán al cabo del vagabundeo por el desierto.

    La parashá termina con el mandamiento de tzitzit, ocho hilos unidos a cada prenda de cuatro esquinas, lo que nosotros conocemos como talit en el que uno se envuelve en la sinagoga. Los tzitzit están para hacernos acordar de los mandamientos del Eterno y cumplir con ellos, así como recordar que fue Dios el que nos salvó de Egipto y nos llevó con paciencia y misericordia hasta la tierra de Israel para dárnosla como propiedad eterna.

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  • El canto testimonial

    La parashá Haazinu (Escucha) es, en su mayor parte, una poesía, un canto.
    Tiene un lenguaje muy oscuro, con muchísimo de simbolismo que no siempre es fácil de entender en su primera lectura.
    Pongámonos en situación, estamos ante los últimos párrafos de la despedida de Moshé de su querido pueblo, porque ya restan pocas horas para su defunción.
    La parashá está escrita en la Torá de una manera particular, en dos pequeñas columnas, para de esa manera mostrar gráficamente su naturaleza poética (puede haber otros motivos). Por esta razón es muy fácilmente distinguible en un rollo de Torá, cuando casi al final del mismo nos encontramos con esta disposición única.
    Otro canto también es tradicionalmente escrito en una configuración especial, aquel que entonó Moshé y los israelitas tras el milagro de la apertura del Iam Suf (al que tradujeron como Mar Rojo) y su salvación de la persecución de la elite egipcia; es la que se llama tradicionalmente como “Shirat haIam”.

    En este momento del relato de la Torá, nos encontramos con que la expectativa de todos está puesta en la entrada a la tierra de Israel, con los consiguientes retos que esto traerá para todos. Intuyen que habrá cambios, pues el estilo de vida será diferente al que estaban acostumbrados estas cuatro décadas en el desierto. Deberán tomar más protagonismo y no depender tanto de los hechos maravillosos que Dios hizo por ellos. Saben que Dios estará a su lado, que obrará milagros, pero a partir de ahora ellos serán los protagonistas en sus vidas.
    Sin embargo, Moshé no está preocupado en el tiempo cercano, sino que tiene una visión mucho más lejana, una perspectiva de cómo se irá desarrollando el futuro del pueblo. Por ello avisa que esta canción servirá como recordatorio para cuando las personas abandonen al Creador, porque se distraerán con supersticiones y otras banalidades que apartan de la claridad espiritual.

    Moshé sabe que eso ocurrirá y que tendrán que tener a mano señales que les recuerden su conexión con Dios, la santidad de sus vidas, el sendero de retorno a su verdadera identidad.
    Porque andarán perdidos, exiliados, en penumbras, su mente bloqueada con todo tipo de creencias en falsedades y precisarán una guía, algo que le sirva como un faro en una noche de tormenta que salva a los barcos de chocar con las rocas y naufragar.
    Para ello está Haazinu, este canto tan profundo y significativo.

    Según anuncia Moshé, el Creador parecerá ausentarse, no auxiliando al pueblo de Israel rodeado de enemigos. Sin embargo, Él no deja que se extinga la conexión, opera aunque no nos demos cuenta, o aunque Lo neguemos. Pero especialmente Él espera  a que Israel haga TESHUVÁ, que retorne a su esencia, que ande por los caminos que son de vida y bienestar.
    Finalmente, se producirá el retorno, tanto de los judíos a sus tradiciones como del pueblo a estar presente en su tierra y viviendo con independencia, armonía, prosperidad y shalom.
    Tales son las visiones que Moshé deja como señales en su canto, para que no las olvidemos, para que sepamos que hay oportunidad siempre de estar mejor.

    Al finalizar Moshé su canto, recibe la orden del Eterno para que suba al monte Nevó, en la margen oriental del Jordán, y mire desde allí a la tierra de Israel.
    Moshé sabe que ya dentro de unos instantes morirá allí, a solas con Dios, sin poder ingresar a la tierra de Eber (luego conocida como de Canaán, y más tarde como Israel).

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  • Behaalotejá 5782

    En la parashá, los hijos de Israel finalmente se embarcan en el gran viaje del desierto a la Tierra de Israel. Tocan los preparativos finales para esta aventura, los cuales comienzan en el Mishkán (Tabernáculo o templo portátil).
    Como recordarás, éste fue inaugurado en la parashá anterior, ahora toca conocer su funcionamiento. Es por ello que Aarón, hermano de Moisés, recibe el derecho de inaugurar el templo encendiendo la lámpara de oro de siete brazos. Más tarde se le unirán sus fieles asistentes, los levitas.

    Ya ha pasado un año desde que los hijos de Israel salieron de Egipto y llega Pésaj. Por ello, los hijos de Israel celebran esta festividad realizando el korbán Pésaj en el Tabernáculo.
    En la Torá quedan establecidas dos cuestiones: cada año se celebrará Pésaj y habrá también un segundo Pesaj, al mes siguiente. Ésta es una oportunidad que se le brinda a todos aquellos que no pudieron celebrar Pesaj a tiempo, sea porque estaban en estado de impureza o se encontraban en un lugar lejano, no pudiendo concurrir al templo para la ofrenda prescrita.

    Nos cuenta la Torá el método para anunciar cuándo debía partir el campamento y cuándo detenerse, cuándo comienza una fiesta o cómo se hacía para convocar a los jefes del pueblo a consulta. Para ello se fabrican dos grandes trompetas de plata y cada tipo de toque simboliza un mensaje diferente al pueblo. Vítores – comienzo de un viaje, soplo – reunión de todas las personas alrededor del Mishkán. Era una forma eficiente para hacer llegar mensajes clave a la gran masa de gente que componía el pueblo.

    Ahora realmente todo está listo para funcionar. Se oye un toque de trompeta y salen las tribus de Yehudá, Zebulún e Isajar. Los levitas desmantelan el Mishkán y también se ponen en marcha. Se oye un segundo toque y salen también las tribus de Rubén, Shimón y Gad. Tras dos trompeteos más, todas las tribus se unen al viaje.

    Sin embargo, Itró Cohén Midián, el suegro de Moshé, no quiere acompañar en su marcha a los israelitas, pues, prefiere regresar a su país. Moisés ruega que no los abandone, sino que vaya junto a los israelitas para recibir también él un lote de tierra en Israel como heredad.

    El viaje en el desierto no es fácil. El calor quema y los hijos de Israel empiezan a quejarse. Están enojados con Moisés y afirman que en Egipto fue mejor y más fácil para ellos. Moshé siente que no puede manejar las quejas solo. Para ayudarlo a lidiar con las demandas del pueblo, Dios ordena que 70 ancianos (sabios) se unan a Moisés en el Tabernáculo, para establecer un comité que acompañará a Moshé en la administración del pueblo.

    La inspiración divina alienta a los setenta ancianos y todos reciben el espíritu de profecía. Sin embargo, dos personas, Eldad y Meidad, que estaban en el campamento en ese momento, también profetizan dentro del campamento. Por lo cual, Ioshúa bin de Nun se sobresalta y le ofrece a Moisés que los encarcele, ya que se supone que no deben participar en profecías fuera de los límites del Tabernáculo,.
    Sin embargo, Moisés está realmente complacido con lo que aconteció con aquellos hombres y le dice que no se ponga celoso, sino que se alegre porque Dios vivifica el espíritu de más personas, para que sean muchos los que pueda dar testimonio de la presencia y poder del Creador.

    La historia que sella nuestra parashá resulta bastante desagradable, pues, Miriam y Aarón, los hermanos de Moshé, hablan acerca de la esposa kushita de Moshé. Los exégetas brindan diferentes versiones de cuál fue exactamente el tema que estaban comentando, no lo sabemos, pero sí se deduce que ellos sentían celos por el estatus especial de Moisés, como el profeta favorito de Dios.

    Dios amonesta y castiga a Miriam por esta conducta y hace que tenga manchas de tzaraat. Moisés que no guarda rencor, en lugar de enfadarse con su hermana, se pone de pie y ora por la curación de ella.
    La parashá termina con Miriam recuperándose de la dolencia, luego la nube le indica al pueblo de Israel que puede seguir adelante, y después de todas las penalidades el viaje vuelve a su curso.

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  • Abraham, el rebelde

    Nos cuenta el MIDRASH que, cuando faltaban muchas décadas para que Avram hijo de Téraj fuera Abraham, se dio cuenta de que ninguna mansión se construye por sí misma, ni por casualidad.
    Alguien tiene que encargarse de soñarla, idearla, planificarla, diseñarla, administrar los recursos, poner manos a la obra, edificarla, embellecerla para que finalmente pueda estar lista para ser habitada y ser realmente una mansión.
    Por tanto, el joven Avram se rebeló en contra de los dioses y otras creencias e imposiciones de su sociedad, negando el orden establecido para afirmar que esta mansión tiene un dueño, un amo, pero que ninguno es capaz de reconocerlo o señalarlo.
    Con ello, Avram se convirtió en el primer agnóstico de la historia, porque a diferencia de todos los humanos anteriores no adjudicaba divinidad a nada/nadie, ni tampoco aún conocía al Creador y Señor. Sin embargo, no era ateo, porque muy en su interior intuía, sentía, que existe un Arquitecto y Señor. Por tanto, era un agnóstico, porque no era ni ateo ni creyente, y aún tampoco sabedor del Eterno.

    Sus antepasados Noaj/Noé, Shem y Eber le confirman que es como el había teorizado, que en verdad existe un único Dios y que los dioses son inventos de los hombres. Noaj hasta le cuenta de aquellas viejas historias que lo tuvieron como héroe y desdichado, en las cuales Dios se dirigió personalmente a él.
    Pero nada en estas anécdotas le daban certeza y seguridad a Avram, pues podían ser desvaríos de esas viejas mentes cansadas, o tal vez otras imaginaciones fraudulentas del EGO poblando el mundo de dioses imaginarios.
    Por tanto, Avram no sabía y por ello andaba con su método de la duda para todas partes, por todos sus exilios.

    A la edad de 75 años recibe finalmente la revelación profética, cuando el Eterno se comunica con él para decirle que estaba en lo correcto, que no era un loco, que no era un rebelde sin sentido, que no era un banal filósofo lleno de aire en el cerebro, sino que efectivamente todo lo que el mundo llamaba dioses eran vanidades, sombras de reflejos de Él.
    Dios le afirmaba que era una presencia en este mundo y que intervenía o se ocultaba, pero nunca era indiferente a los aconteceres de la minúscula de nada cósmica que parece somos los humanos.

    Con la revelación también vienen las promesas, bendiciones y compromisos de difíciles tareas.
    Debía confrontar a los poderosos, a los amos del mundo.
    Debía caminar por la senda de la espiritualidad.
    Debía aprender a dominar el egoísmo y todas las otras incitaciones del EGO.
    Debía afincarse en la tierra de su antepasado Eber, ahora usurpada por los cananeos y otros arribistas.
    Debía formar una familia que se entrenara en la santidad y compatibilizar este mundo con la espiritualidad.
    Debía dar a conocer al Eterno.
    Debía luchar contra sus propios hábitos y tendencias, rearmar su personalidad para que estuviera más sintonizada con su Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu, chispa Divina).
    Debía difundir los Siete Mandamientos para las Naciones, el noajismo, para que la humanidad se encaminara hacia la meta correcta y no anduviera a los tumbos en la oscuridad.
    Debía y debía de hacer muchas otras cosas, todas formaban parte de su código de conducta basado en lo espiritual, porque era la manera de realizar su misión en esta vida.

     

    La vida que le esperaba era la de no estar satisfecho en ningún momento, porque ahora no solo intuía el infinito, sino que se sabía absolutamente parte de él.
    Ciertamente que sabía estar alegre con su porción material, pero nunca satisfecho.
    Por ello rompía límites, seguía quebrando los marcos establecidos, desatando las cadenas que nos retienen amargados y en penurias. No iba a permitir que el EGO siguiera gobernando nuestras vidas, pudiendo ser el Señor de señores quien lo hiciera.

    Es un modelo para que tomemos en cuenta.
    ¿Qué es lo que más te atrae de Abraham?

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  • Parashat Nasó 5782

    En nuestra parashá, continúan los últimos preparativos para la salida de los israelitas al gran viaje desde el desierto hasta la Tierra de Israel. En particular, se concentra alrededor del Mishkán (el templo móvil que el Eterno mandó construir a los hijos de Israel en el desierto).

    El comienzo de Nasó nos habla de la división de roles entre las familias de los levitas, y especifica de qué parte del Mishkán es responsable para transportar cada una de ellas.
    Tenemos que los miembros de la familia Kehat son responsables de las vasijas del Mishkán, de la mesa de los panes, de la menorá, etc…
    Los integrantes de la familia Gershón se hacen cargo de todas las telas, cortinas y revestimientos.
    En tanto que los pertenecientes a la familia Merarí estarán encargados de los enormes pilares de madera.

    Luego encontramos varios casos en los cuales los hijos de Israel necesitan la ayuda de los cohanim y del Templo.
    Tenemos aquellas ocasiones que son resultado de un acto negativo, como cuando una persona atenta contra el bienestar de otra, por ejemplo si ha robado o dañado su propiedad. Por supuesto, en la primera etapa debe pedir perdón al damnificado y pagar el daño, pero además también debe venir al Mishkán, hablar con el cohén y pedir perdón a Dios también.
    Por supuesto que no había que hacer una confesión ante el sacerdote, sino conversar con él para que ayudara a encontrar el camino del mejoramiento de la conducta. Como un asesor psicológico y espiritual, no como un mago que por medio de un ritual quita el pecado de la persona.

    Otro caso descrito en la parashá es, qué hacer en caso de que haya un marido celoso, que está agobiado porque supone que su esposa le es infiel y ella mantiene una conducta que tensa más la situación. La relación tóxica socava la continuidad del hogar. La mujer es llevada al cohén para realizar un ritual conocido como «Mei Sotá» y de esta manera quitar las sospechas y aclarar la amarga situación en beneficio de todos los involucrados.
    Puede resultarnos muy chocante lo que trae aquí la parashá, muy diferente a lo que sería lo corriente en nuestra sociedad, pero debemos comprenderlo en su contexto social e histórico y descubrir cuáles son las valiosas enseñanzas que hay para nosotros.

    El cohén también puede ser contactado en casos positivos. Tal es por ejemplo la historia del nazir. El nazir era una persona que decide que por un tiempo determinado se abstendrá de tres cosas: cortarse el pelo y afeitarse, beber vino o comer cualquier producto de la vid y no estará en cercanía con muertos. Sí, nos puede parecer muy extraño que alguien prometa esto como una manera de crecer en espiritualidad, pero en su época y lugar, parece que tenía mucho sentido.

    Al final del período de abstención que se impuso a sí mismo el nazir, éste viene al Templo para ofrecer un sacrificio, además se corta el pelo y por medio de los procedimientos rituales y las experiencias vividas se espera que haya alcanzado una mejor perspectiva espiritual de la vida cotidiana.

    En esta parashá encontramos también la «Birkat haCohanim», la bendición de los sacerdotes. Son las hermosas frases con las cuales los cohanim deben servir de canal de la bendición de Dios para nosotros. Esta bendición se sigue haciendo, según algunas costumbres a diario, según otros en shabat, otros en festividades y para muchos es la bendición que acompaña cada shabat a los padres con sus hijos.

    Nasó termina con una gran celebración: la inauguración del Mishkán. Después de muchos preparativos, el Mishkán está listo, los cohanim y leviim conocen su trabajo y la gente quiere celebrar el inicio de la actividad del Mishkán. En honor a las celebraciones cada tribu trerá un regalo al Mishkán, cada día una tribu diferente y así llegamos a 12 días de celebración y alegría en honor al Templo.

    Y en medio de todas las celebraciones, por supuesto, no hemos olvidado el gran viaje que les espera a los hijos de Israel. Los preparativos han terminado y finalmente es posible partir, ¡sobre eso en el próximo episodio!

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  • Parashat Bemidbar 5782

    Los hijos de Israel han estado en el desierto del Sinaí durante todo un año. Ellos lograron pasar por muchas experiencias, las cuales están contadas en los libros anteriores (Éxodo y Levítico) y ahora todo está listo y es hora de salir del desierto en dirección a su destino esperado: la Tierra de Israel.

    Pero no es tan sencillo emprender un viaje cuando se es un campamento tan grande, formado por muchas familias, niños, adultos y ancianos. Por lo tanto, debe organizarse bien y esto es exactamente lo que está sucediendo en nuestra parashá: comenzar a prepararse para el anhelado viaje. En primer lugar, se ha abierto un censo nacional, lo que significa conocer exactamente de cuántas personas se trata.

    Por supuesto, Moisés solo no podía contar a todo el pueblo de Israel (ya superaba los 80 años de edad en ese momento) y para ello contó con la ayuda de los presidentes de cada una de las 12 tribus de Israel. Ellos son los encargados de comprobar el tamaño de cada tribu y cómo se organizan de acuerdo a sus familias.

    Pero, resulta que este censo es únicamente de los hombres mayores de 20 años, las mujeres, los niños y los ancianos no se incluyen en el censo.
    Podríamos dar algunas ideas al respecto, pero no en esta ocasión.
    Quizás tú quisieras compartir alguna opinión o comentario.
    La parashá nos indica que fueron censados 603.550 hombres mayores de 20 años miembros del pueblo de Israel, con excepción de los levitas.

    Es que, más adelante, se enfoca la parashá en una tribu única y especial, la tribu de Leví. Esta tribu no está incluida en el censo general porque tiene una función especial: los levitas se dedican a trabajar en el Tabernáculo, su función es servir a Dios y trabajar como maestros de espiritualidad para el resto de los integrantes de la nación.

    Esta obra sagrada, en un principio estaba pensada para que la realizara todo primogénito del pueblo de Israel, pero en esta parashá se toma la decisión de que los primogénitos sean reemplazados por la tribu de Leví e incluso se realiza una pequeña ceremonia para conmemorar este reemplazo.

    Sabemos cuántas personas van de viaje, también sabemos quién está a cargo del Tabernáculo, solo queda organizar a toda esta gran gente. El movimiento en el desierto se hará regularmente, en el siguiente orden: la tribu de Leví se sienta en el centro del campamento y las otras tribus divididas en 4 grupos lo rodean de la siguiente manera: en el este – Yehudá, Issajar y Zebulún, en el sur – Ruben, Shimon y Gad en el oeste – Efraim, Biniamin y Menashe, en el norte Dan, Asher y Naftali.

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