El Shabat entre Rosh haShaná y Iom Kipur se llama Shabat SHUVA, algunos le dicen TSHUVÁ.
Shuva, significa “retorna” y es la primera palabra de la haftará, que incluye los siguientes textos del TANAJ: Hoshea (Oseas) 14:2-10, Mijá (Miqueas) 7:18-20.
En la misma, el profeta Hoshea pide que los judíos retornen a la buena senda y si ya están en ella, que fortalezcan sus pasos, porque tal es la idea de la TESHUVÁ.
Éste es un concepto clave todo el año, pero en especial desde el comienzo del mes de Elul y hasta Iom Kipur.
Podemos entender la teshuvá como regresar a la mejor versión de nosotros mismos, poner en sintonía nuestra conducta y personalidad con la dimensión espiritual y no quedarnos conformes con menos que ello.
En realidad, no hay límite en nuestro trabajo de perfeccionamiento, porque nuestra NESHAMÁ (espíritu) es una chispa de Dios, por tanto parte del infinito.
La Tradición nos hace tomar mayor conciencia de esto durante los días tan sagrados de los Aseret Iemei Teshuvá que estamos transitando ahora. Así llegamos al Iom haDin, el Día del Juicio, preparados y nos alistamos para el veredicto que nos dará el Juez en Iom Kipur.
Pero no hay que pensar en teshuvá solamente como la respuesta ante el pecado, sino como una oportunidad, un regalo que nos da Dios, ya que nos permite tomar nuestra personalidad y modelarla para llevarnos a una vida mucho más armoniosa.
Porque tenemos libre albedrío, capacidad para discernir y escoger entre hacer el bien o no hacerlo, es que también somos merecedores de la teshuvá. No es un concepto religioso ni tampoco está ligado exclusivamente a asuntos espirituales, sino que es posible aplicarlo a cada área de nuestra existencia.
Por ejemplo, cuando decidimos hacer lo posible de nuestra parte para llevarnos bien con personas con las que estamos en conflicto, eso es teshuvá.
Cuando nos damos cuenta de que no estamos dedicados seriamente al estudio, y ésta nuestra responsabilidad principal, entonces teshuvá es admitirlo y dejar de inventar excusas para ponernos las pilas y estudiar lo mejor que podamos.
Cuando hace rato no colaboramos con el prójimo, sea con dinero (haciendo tzedaká) o con acciones bondadosas (haciendo guemilut jasadim), la teshuvá es despertar nuestro lado generoso y de justicia y dar una mano al necesitado, hacer lo que podamos para que todos estemos materialmente mejor.
En cuanto a la parashá Vaielej, nos encontramos con un recuento de los eventos del último día de Moshé. Es cuando transfiere el liderazgo a Ieoshúa y también concluye la escritura de la Torá original. Ese rollo lo deja en manos de los levitas y sería depositado el Arca de la Alianza, o un lado del mismo.
La Torá marca la mitzvá de hakel (reunir) al pueblo judío cada siete años, durante la festividad de Sucot del primer año del ciclo de Shemitá (año sabático). Todo el pueblo judío debe reunirse en el Templo del Eterno en Ierushalaim, para que el rey de Israel debe les lea de la Torá.
La parashá finalmente anuncia que llegará un tiempo en que el pueblo judío se apartaría del camino de Dios y por ello se sentirían como desamparados, sin percibir que Dios los acompaña a cada instante.
Sin embargo la Torá confirma que la conexión no puede ser quebrada, puede estar debilitada, ellos pueden no sentirse conectados, pero en verdad la conexión es irrevocable. Por ello, continúa informando la parashá, es que cuando el pueblo escoja cambiar de conducta y hacer teshuvá, entonces será restablecido y conseguirá la paz.
Y aquí encontramos otro de los sentidos de la palabra teshuvá, según la usa la Torá, y corresponde al retorno del pueblo de Israel a su tierra. A causa de múltiples factores, entre los que se incluyen los errores/pecados, la Torá anunció mucho tiempo antes de que pasara, que el pueblo de Israel sería expulsado de su tierra y viviría en una dolorosa diáspora. Esto ya pasó, la más grave expulsión y exilio fue sufrida por casi dos mil años, hasta que por fin se inició el retorno, la teshuvá. Con ella se reinauguró un Estado libre e independiente, que según los sabios actuales es definido como “reshit tzemijat geulatenu”: el comienzo del crecimiento de nuestra redención.
Estamos en un proceso que gradualmente será reconocido como la Era Mesiánica, con toda su paz, prosperidad, estabilidad, bienestar.

En la Diáspora este shabat leemos Bejucotai, que es la última parashá del tercer libro de la Torá, Vaikrá/Levítico; en tanto que en Israel leerán el comienzo del cuarto libro, Bemidbar/Números. Nos encontramos desfasados porque en Israel, la festividad de Pesaj terminó un viernes de Abril, mientras que en el resto del mundo la misma duró un día más, por lo cual ese shabat en Israel continuaron con el ciclo regular de la Torá (y podían comer jametz), mientras que a nosotros nos tocó leer la porción correspondiente al octavo día de Pesaj (y seguían vigentes las reglas de la festividad).
Uno de los relatos más famosos de la humanidad lo encontramos en la parashá de esta semana, Vaishlaj, cuando el patriarca Iaacov pelea con un ángel. Como resultado de esa contienda el patriarca es bendecido y recibe un nuevo nombre, que refleja con más claridad su nueva personalidad: ISRAEL.
El árbol se encuentra potencialmente en la semilla, sin embargo, la semilla debe de morir como tal para que pueda surgir el árbol.
¡Has llegado a la última parashá del Libro Vaikrá/Levítico!
La parashá se llama «Behar”, que significa en el monte, aunque también se la llama «Behar Sinaí», porque indica con precisión de que monte estamos hablando. Al tener en cuenta el lugar, también sabemos cuando ocurre lo que se narra, es decir, durante los cuarenta días con sus noches en los cuales Moshé estuvo recibiendo la Torá del Todopoderoso para Israel.
Iosef fue echado al pozo por sus hermanos.
La parashá trata extensamente los conceptos de impureza y pureza. Estas ideas se suelen comprender habitualmente de manera errónea, pues hemos estado inmersos en un océano de información ajena al mundo espiritual, que se ha introducido en nuestro pensamiento y lenguaje. Creencias que vienen del cristianismo, por ejemplo, se colaron en nuestro diario vivir y a veces pueden llevarnos a confundir conceptos que son propios de la espiritualidad, del judaísmo.
En la perashá de esta semana nos encontramos con dos relatos de terribles cataclismos que sacudieron a la humanidad: el Diluvio y la Torre de Babel.
Cada persona, tal como cada nación, tiene una visión de su destino. Forja la idea de un propósito, que le da sentido a su existencia, que le impulsa a andar para adquirir esa plenitud imaginada.
El nombre de la parashá se traduce como: “después de la muerte” y hace referencia al trágico suceso que fue narrado en una parashá anterior, Sheminí, acerca del deceso de dos de los hijos de Aarón haCohén.
Eliahu haNAvi es uno de los invitados a nuestra mesa de Pésaj, quiero compartir contigo un par de anécdotas y algunos datos.