Categoría: Torá

  • Parashá Metzorá 5782

    Esta parashá es una continuación de la que leímos la semana pasada (Tazría, y en ciertos años se leen juntas el mismo Shabat). Por esto, sería conveniente  repasar  aquella parashá para luego profundizar en lo que refiere a la persona afectada por el  nega tzaraat, dolencia que  se suele traducir como lepra, aunque sea una enfermedad diferente.

    En parashat Metzorá, nos encontramos que el nega tzaraat afectaba a ciertas personas, pero no se indica las causas. Sin embargo, la Torá Oral (Vaikrá Rabá 17:3) nos trae una lista de pecados que pudieran ser los causantes de la misma: (1) adoración de ídolos, (2) falta de castidad, (3) derramamiento de sangre, (4) profanación del Nombre Divino, (5) blasfemia del Nombre Divino, (6) robo de lo público, (7) usurpación de una dignidad sobre la cual no se tiene derecho, (8) soberbia arrogante, (9)  lashón hará (habladurías innecesarias), y (10) mal ojo.

    Por alguna razón, el pecado que más se recuerda es el de  lashón hará, pero encontramos que no es el único.
    Como así tampoco esta lista que compartimos es la única que la Torá Oral trae como causas del nega tzaraat, pues los sabios han ofrecido diversas consideraciones al respecto.

    Es interesante notar que, de acuerdo a la Torá, primero surgían unas manchas en las paredes de la casa, luego en la ropa, más tarde es en el cabello o en la piel. En el cuerpo se presentaban como brotes cutáneos, abundantes y a veces llamativamente repugnantes.

    La persona afectada tenía oportunidad tanto de advertir que algo está ocurriendo y cambiar de conducta, como también tenía la ocasión como para ocultar las evidencias de lo que estaba pasando.  Nadie tenía porqué enterarse a no ser que la persona fuera por propia voluntad a solicitar asistencia del cohén. Lo curioso es que hubiera enfermos dispuestos a exponerse yendo a consultar con el cohén.

    El cohén, no era médico, ni un chamán, ni siquiera quizás fuera una persona demasiado instruida en cuestiones legales o de sanidad.
    Sin embargo, de acuerdo a la Torá, era el encargado de evaluar la situación,  lo cual resulta bastante llamativo.
    ¿Por qué consultar con alguien que tal vez no tuviera conocimiento médico?
    ¿Por qué iría el enfermo a exponerse a las consecuencias de ser declarado metzorá, si bien podía esconderse y pasar desapercibido?

    Éstas son algunas de las preguntas que se han hecho al respecto, sería bueno que pudiéramos tomarnos unos minutos para reflexionar al respecto y encontrar alguna enseñanza que nos fuera provechosa actualmente.

    Para la primera pregunta, solamente quiero aportar una idea, que no es una respuesta.
    El trabajo de los cohanim debía hacerse siempre con amor, es decir, de manera genuina, desinteresada, buscando el bienestar auténtico de la otra persona.
    Fuera en su servicio en el templo, o bendiciendo a los israelitas, o haciendo las tareas que requerían relacionarse con el resto de las personas del pueblo, siempre el amor debía estar siendo el motor de la actividad sagrada del cohén.
    Ahora, quizás pudiéramos elaborar alguna respuesta a ambas preguntas que compartí líneas arriba.

    Regresando a la parashá, el cohén al identificar las manchas como tzaraat, es responsable de declarar que la persona está enferma e impura, así como indicarle que se retirara fuera del campamento y viviera en soledad, ni siquiera juntándose a otros enfermos.
    Pero, el cohén también es responsable de ayudarlo a eliminar su enfermedad y que vuelva al estado de pureza.

    Cuando el metzorá se recupera de su enfermedad, debe someterse a una ceremonia de purificación.  La ceremonia incluye traer una ofrenda, lavar la ropa, esperar una semana y traer otra ofrenda al octavo día.

    En la parashá son discutidos otros tipos de impurezas, así como se brindan detalles para proceder con los muros y ropas que se han afectado con el nega tzaraat.

    Recordemos que nos encontramos en el shabat previo a Pésaj, puesto que el shabat que viene ya es el primer día de esta festividad este año.
    Es tiempo de aprender más de Pesaj y culminar los preparativos para celebrar con shalom este tiempo de libertad.

    ¡Shabat Shalom! ¡Jag Pesaj Kasher veSameaj!



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  • Tres señales de lo Alto

    Las tres señales que da el Eterno a Moshé para presentarse ante Faraón son:

    • el bastón que se convierte en serpiente y vuelve a ser vara al ser recogido,

    • la mano que enferma de “lepra” y luego vuelva a su estado previo,

    • el agua que derramada se transforma en sangre.

    Por supuesto que los sabios de todas las épocas han compartido enseñanzas respecto a la elección de estos tres portentos por parte del Creador.
    Grandes enseñanzas se obtienen de ellas.
    Pero no nos dedicaremos a esto ahora, sino a hacer una simple pregunta que tratemos de responder para alcanzar instrucción, para poner en práctica.

    Si lo que se pretendía era demostrar el poder sobrenatural del Creador,
    si lo que se buscaba era dejar en claro que el Señor de señores era quien enviaba a Moshé,
    si se quería que faraón y sus secuaces bajaran el pescuezo y se sometieran al Rey de reyes,
    si todo esto era una estrategia para lograr la liberación de los judíos, la humillación de faraón, doblegar al imperio egipcio, manifestar públicamente el hecho inigualable de Dios rescatando a SU pueblo:
    ¿no hubiera sido mejor tener a mano actos más portentosos, realmente inigualables, pero especialmente que demostrarán positivamente el poder y Presencia de Dios?
    Porque estos actos podían ser copiados por los brujos e ilusionistas.
    Porque trucos de magia se conocían y eran comunes en Egipto.
    Porque ninguno de estos tres en realidad consiguió asentar ninguna verdad ni acumular adhesiones al Eterno.
    Y especialmente, porque estos tres eran hechos negativos, no edificaban, no añadían, no multiplicaban, no restauraban (en principio). Más bien eran bastante destructivos.

    ¿Un bastón hecho serpiente o cocodrilo?
    ¡Un espanto!
    ¿No era mejor idea transformarlo en un árbol que diera frutos instantáneamente?
    ¿O que al ser tocado curara de enfermedades?
    ¿O quien se sentara sobre él pudiera teletransportarte por el espacio/tiempo?
    Pero… ¡no!
    Un truco fácilmente copiable por los ilusionistas y mercachifles de poca monta egipcios.
    ¡Hasta los niños en el jardín de infantes aprendían eso!

    ¿Una mano “leprosa” al sacarla de debajo del sobaco?
    ¡Un horror!
    ¿No era más provechoso que al pasar la mano sobre cualquier parte del cuerpo, ésta fuera restaurada de daños y enfermedades? (Algo como Reiki pero verdadero, no la fantochada que es comprada actualmente).
    O que lo puesto bajo de la axila se transformara en oro.
    ¡O qué se yo!
    Para pedir magia al Todopoderoso, todo es pasible de ser pedido.
    Pero no. Al Omnisciente se le ocurre que enfermar una mano con esa espantosa dolencia era una preciosa demostración de Su infinito poder.

    ¿Agua que al ser lanzada troca en sangre?
    ¡Pesadillesco!
    Que la sangre se quede paseando por los conductos que le son naturales, esa es la idea… ¿no?
    ¡Qué necesidad de hacer una película Gore antes de que el género fuera creado milenios más adelante!
    Hubiera sido lindo que la arena del desierto arrojada al suelo se convirtiera en agua. ¡Eso sí!
    O que al trasvasar de una jarra a la otra se convirtiera en vino (como los cabalistas prácticos pueden hacer, y como algunos payasos de circo antiguo hacían trucos para convencer al público de que realmente realizaban esta transformación).

    Ahora la enseñanza.
    Los israelitas habían caído bajo en su estadía en Egipto.
    Estaban en el grado más lejano posible de la santidad.
    Se encontraban a un pasito de perderse para no retornar.
    Estaban viviendo como la serpiente, símbolo del mal, ejemplo de traición.
    Parecían como la mano “leprosa”, echada a perder, viva pero en estado de pudrición.
    Podían ser confundidos con la sangre derramada, como evidencia de vida arrancada, de muerte presente, de falta de la vitalidad que es el agua.
    Todo esto era cierto, porque así se encontraban aquellos israelitas a causa de la esclavitud, de la asimilación a la cultura egipcia, del predominio del EGO por sobre la NESHAMÁ.

    Sin embargo, Dios estaba declarando que para Él ellos seguían siendo Su pueblo.
    Que desde lo más profundo del lado oscuro serían rescatados.
    Que lo que tenía apariencia de muerte cobraría nueva vitalidad, se llenaría de energía, crecería y alcanzaría el esplendor.
    El Eterno quería que esto fuera evidente para todos, ajenos y propios.
    Que nadie se atreviera a dudar en el rescate que Él estaba haciendo para el pueblo judío.
    Cuando las esperanzas estaban perdidas, las promesas seguían incumplidas, la libertad ni siquiera era soñada… incluso en la más horrible de las pesadillas, Dios salvaría a Su pueblo.

    Por eso la serpiente dejó paso nuevamente a la vara (originada en Edén, obra del mismísimo Dios).
    La mano quedó restaurada y en mejor estado.
    Esto como señal inapelable de que la intervención del Creador quitaría el oprobio de los egipcios de Israel. Él manifestaría Su eternidad en el pueblo judío. Lo imposible ocurriría para bienestar y bendición.

    Pero de la sangre no escuchamos que retornara a ser agua.
    Por lo que debemos suponer que siguió siendo sangre mezclada con el polvo de la tierra.
    Quizás como señal de que la muerte seguiría existiendo en el mundo material, de que los milagros ocurren, pero no significa un quebranto de las leyes naturales que el Creador dictó. Sino tan solo una variación de las mismas, un impasse planificado desde el origen, una coincidencia necesaria e inesperada; pero nunca la ruptura del orden por sobre el caos.

    Sí, son muchas y buenas las enseñanzas cuando nos atrevemos a romper las cadenas de la celdita mental, cuando nos animamos a caminar de la mano de los Aprendices de Sabios (talmidei jajamim) para pensar realmente y no solamente repetir lemas y creencias que siempre adoran al EGO.

    En la práctica esto que estamos aprendiendo ahora es relevante porque…



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  • La traición de la traducción

    Un atento lector me hizo una consulta a partir de este texto reciente de mi autoría: https://serjudio.com/tora/talmud/el-segundo-da-del-becerro-de-oro
    Y la cuestión era: “¿por que el hecho de la traducción de la Torá fue un día nefasto también?”.

    Una muy interesante pregunta que nos sirve para aprender y profundizar.
    Una respuesta es la que sigue.

    Cuando en el mismo idioma usamos sinónimos, 100% de las veces estamos cambiando el texto.
    ¿Por qué?
    Porque una palabra tal vez tenga otros sentidos que no contemple su sinónimo, y entonces al cambiar una palabra por otra estamos necesariamente inventando un nuevo texto.
    ¡Por una sola palabra diferente y en el mismo idioma!
    Ejemplo: depresión es un sinónimo válido para pozo, pero no da lo mismo decir “cayó en un pozo” que “cayó en una depresión”.

    Un sinónimo necesariamente está compuesto por otras palabras, y por ello suena diferente.
    Quizás no lo parezca, pero el sonido de las palabras y cómo se anudan en la frase tienen un gran poder emocional.
    Ejemplo: “pasar a través del revés” no impacta igual que “pasar a través del hundimiento”.
    ¿No?

    Cada palabra guarda un valor simbólico, estético, particular, además de una especial relación con su contexto histórico y social.
    No es lo mismo decir “esa mujer obesa” que “esa tipa gorda”.
    No dudo que no te da lo mismo una frase que la otra, aunque el sentido general pudiera ser igual, o al menos parecido.

    Ahora escala toda esta información para  la tarea de traducir un texto a otro idioma, en otra época, en otra cultura, con otros referentes y te darás cuenta de que toda traducción termina siendo una absoluta invención.
    Es una nueva obra, que probablemente esté basada en el texto anterior, que guarde algunas similitudes, que con mucho esfuerzo y estudio, además de la estricta instrucción de maestros que dominen ambos idiomas y culturas, se podría llegar a comprender más o menos cabalmente.
    ¿Entendiste?
    Traducción es traición, porque se hace pasar por el original, pero no sabemos qué tanto dista del mismo.

    Ahora, aplica toda esta información a la traducción de la Palabra Revelada, del infinito que se limitó para poder caber en unas 600.000 letras en hebreo de hace 33 siglos.
    Sin dudas que hasta el más fiel, inteligente, aplicado, inspirado, dedicado traductor cometerá traiciones al texto, lo cual termina provocando quiebres en la pureza del mismo.

    Por tanto, con gran sabiduría nuestros Sabios nos enseñaron que el día en que la Torá fue traducida, fue tan trágico como el del becerro de oro.
    Cuando se interpuso una estatua entre las criaturas y su Creador, una invención pretendiendo reemplazar al original.

    ¿Ha quedado claro?
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  • Puro e impuro, de vida y muerte en la parashá Tazría 5782

    En la parashá Tazría aparecen dos temas principales: reglas al respecto de la mujer que concibe y da a luz e instrucciones acerca ley de la (erróneamente llamada en muchas traducciones) lepra (que es la dolencia de TZARAAT).
    Los conceptos que maneja la Torá en estos casos resultan muy alejados de nuestro mundo moderno, para la mayoría de nosotros viviendo vidas muy diferentes a las que llevaban nuestros antepasados hace 3300 años, allá en el desierto de la frontera entre Asia y África.
    Aun así, encontramos enseñanzas que pueden dar luz sobre nuestras vidas.
    Veamos entonces un poco de lo mucho para aprender.

    La Torá declara que una mujer que ha dado a luz pasa a estar en estado de «impura».
    Comprendamos bien que NO ES impuro.
    TAMÉ (impuro), TMEÁ (impura) NO significa algo sucio, enfermo, pecaminoso, abominable, despreciable o adjetivos similares.
    Impuro es aquello que de alguna forma ha sido desconectado de la vida.
    Por ello, el cadáver de una persona muerta es el objeto más impuro que hay, ya que el contacto con él nos pone ante la ausencia completa de vida.
    Luego, hay otros estados de menor impureza, dependiendo de cuánto se ha desconectado de la vida el objeto o la persona impuros, que transmiten impureza.
    Quizás cuesta entenderlo, porque no es un concepto moderno, cotidiano, que podamos ver y tocar; así que tenemos que hacer el esfuerzo por no juzgar con los preconceptos y permitirnos aprender lo que se nos está enseñando. Un concepto que para la mayoría de nosotros no tiene implicancias directas actualmente, no nos modifica en nada, no nos perjudica en nada, pero es necesario hacer el esfuerzo por aprender y comprender, porque eso es lo correcto y porque quizás algún día tengamos que hacer uso de este conocimiento.

    En síntesis: TAHOR (puro) conectado a la vida; TAMÉ (impuro) desconectado de la vida.
    En medio, un gradiente de niveles de pureza/impureza.

    El contacto con un cadáver, probablemente lo entendemos.
    También si estamos en la cercanía del mismo, o bajo el mismo techo (aunque ya cueste un poco más la comprensión del asunto).
    Pero, según la parashá una mujer que pare se considera impura, ¿cómo puede ser esto?
    ¿No es justamente lo contrario, pues ha traído una nueva vida al mundo?
    La respuesta es más sencilla de lo que parece.
    Durante el tiempo de gestación la mujer estaba unida íntimamente a otra vida, había dos vidas compartiendo el espacio. Una de esas vidas dependía por completo de la otra, todo el tiempo.
    Al momento de parir, la mujer trae esa otra vida al mundo, pero ha perdido la conexión directa, única. Ha sufrido una desconexión de vida, por tanto, ha entrado en un estado de impureza.
    Que repito, no tiene nada de sucio, malo, enfermo, pecaminoso, ruin, infernal o cualquier otra consideración negativa.
    En este caso, un evento natural (como la muerte, o los otros plasmados en la rústica gráfica que acompaña este texto) ha ocasionado una ruptura más o menos profunda con la vida, lo cual implica impureza.
    Espero haya quedado claro el concepto.

    La persona impura no puede entrar al monte del Templo, no puede participar de los rituales sagrados en el mismo, ni comer de las ofrendas elevadas en honor al Altísimo.
    Por ello era sumamente importante en remotas épocas tener bien en claro este asunto, para ahí sí, no incurrir en pecado al profanar lo santo estando en estado de impureza.

    Vemos que la Torá especifica que hay un grado diferente impureza según el sexo del recién nacido: una mujer que da a luz a un niño varón está impura durante siete días, y al octavo día se realiza la circuncisión de su hijo. Pero, eso no corta su estado de TMEÁ, pues continúa por un total de 33 días.
    Sin embargo, una madre que da a luz a una hija es impura durante 66 días.
    Antes de que se levanten las protestas y enojos, veamos que es muy fácil entender esta diferencia.
    Si impuro es haber perdido contacto con la vida, cuando la mujer pare a una niña está desconectándose doblemente de la vida, pues esa niña eventualmente cargará en su seno una vida.
    Es decir, el imán de pureza es mayor en las mujeres que en los hombres, de manera natural.
    ¿Se ha entendido?

    Pasado el tiempo de impureza por el nacimiento, la madre eleva dos ofrendas en el templo, uno por el pecado, el otro de gratitud por el milagro del nacimiento que transcurrió en paz y por el nacimiento de un hijo/hija sano y completo.
    Pero, ¿por qué por el pecado? ¿En qué ha pecado?
    Según explican los sabios, muchas mujeres en un estado de semi inconsciencia prometen no pasar nunca más por el esfuerzo y dolor del parto mientras están en el trabajo del mismo. Es tanto el sufrimiento que desde el fondo del alma quieren no volver a pasar por algo similar.
    Pero luego, o se han olvidado de esa promesa, o se han arrepentido.
    A veces incluso, por el estrés y dolor del parto, puede ser que de cierta forma renieguen de su hijo/hija, o hasta pronuncien alguna cosa que mejor ni siquiera mencionar en voz alta.
    Recordemos que no había anestesia ni maneras modernas de aliviar tensiones y dolores físicos, por lo que se hace aún más comprensible la angustia y malestar de las madres parturientas.
    Por ello, han de llevar esa ofrenda por el pecado.
    Y si una dama en particular no ha hecho nada de esto, igualmente debe traer la ofrenda, para que las que sí lo hicieron no sean discriminadas negativamente.

    La parashá continúa con el siguiente de sus temas, el del TZARAAT, una enfermedad de la piel, pero no solamente, ya que también afectaba prendas de vestir y muros de las casas. Quizás haya sido una especie de hongo que producía manchas superficiales en tejidos orgánicos, pero que podía agravarse y comenzar a raer la carne también. Hasta donde se sabe, era prevalente en épocas del TANAJ.
    Por algunas de sus características, por su rareza, y su no continuidad, es que los traductores la han llamado «lepra», pero no lo es.

    De acuerdo a nuestros sabios, uno de los factores claves para desarrollarla era el LASHÓN HARÁ, la calumnia, el chisme, la habladuría.
    Pero, si Dios quiere (y la memoria no nos traiciona), de esto hablaremos en la próxima parashá.

    El «leproso» (en realidad, METOZRÁ),  tenía que acudir al cohén para recibir sus instrucciones, que podía incluir la de salir del campamento y ser limpiado.
    Había procedimientos también para las vestimentas y muros contaminados.
    Sin embargo, lo relevante del asunto es cómo nuestra salud no es solamente cuestión orgánica, y podemos comprobar que nuestra conducta afecta diferentes dimensiones de nuestra existencia.



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  • Parashat Sheminí resumida 5782

    El Mishkán (Tabernáculo) fue laboriosamente construido por los hijos de Israel en el desierto del Sinaí, lo que veníamos siguiendo a través de las cinco parshiot conclusivas del libro Shemot/Éxodo.
    Tras el esfuerzo y dedicación voluntaria, encontrábamos en la parashá anterior que se inauguraba en un solemne acto festivo.
    Ahora,  en nuestra parashá, se resumen las celebraciones de su inauguración.
    Como parte de las mismas, Aarón haCohén y sus hijos hicieron korbanot (ofrendas) especiales en honor a Dios y en honor a la feliz instancia. Aarón bendijo al pueblo con una bendición especial, tras lo cual, descendió fuego del cielo y quemó las ofrendas que estaban sobre el altar, como prueba de que eran bien recibidos por el Creador.
    Un momento espléndido, de conexión, de trascendencia, de sana algarabía, de ánimo rebosante y espiritualidad sincera.
    Un recuerdo que debiera permanecer imborrable en la memoria colectiva, con la mejor de las huellas en un camino sagrado comunitario.

    ¡Entonces ocurre un cambio dramático!
    ¡En medio de las festividades, en el corazón de la alegría, los hijos de Aarón, Nadav y Avihu, cometieron un grave error! Uno que les costó la vida, que les fue arrancada de forma súbita e inmediata.
    Quizás, viéndolo en perspectiva no era una acción tan crasa en la que incurrieron, pero ante las consecuencias, podemos deducir que fue algo muy grave.
    Expliquemos.
    Los cohanim debían actuar en las cuestiones del templo exactamente de acuerdo con las instrucciones de Dios. De una manera estricta y puntillosa, atendiendo a cada detalle.
    Las ofrendas tenían que hacerse de acuerdo al plan dictado por el manual para los mismos, y solo ofrecer aquello que el Eterno ordenó hacer. En sus tiempos y modo.
    Pero, Nadav y Avihu quemaron (elevaron) incienso en honor a Dios, que este no les ordenó quemar.
    Esto es un considerado por la Torá como: ‘fuego extranjero’, y por eso fueron castigados.
    Un fuego salió lanzado hacia ellos que los incineró de inmediato, quedando sus cuerpos calcinados allá, en el lugar santo.

    Sí, tal cual lo has leído.
    Ellos ofrecieron incienso en sus sartenes, vaya uno a saber exactamente el motivo para esta acción.
    Pero la consecuencia fue inmediata y evidente, lo que ponía de manifiesto el desagrado del Eterno hacia esa ofrenda aromática.
    Varios han sido los intentos por explicar qué los llevó a esa conducta, desde los que contemplan una voluntad sagrada, absolutamente dedicada a honrar al Creador; como los que lo consideran un vil atropello, en un intento por sobresalir y adquirir una relevancia que no les pertenecía en ese momento. En el medio están los que comentan que habían bebido alcohol y que no estaban demasiado conscientes de sus actos, entre otras explicaciones.
    Como sea, por algo que de buenas y primeras parece algo nimio, el resultado fue catastrófico para ellos, para el pueblo, para la celebración en honor al nuevo templo.

    ¡Qué desastre! Una gran tristeza desciende sobre todos e interrumpe instantáneamente las festividades.
    Luego, algo todavía más desconcertante, Dios le ordena a Aarón y a sus hijos restantes que no practiquen leyes de luto por los difuntos.
    Siguiendo esta instrucción aparece en la Torá la prohibición de beber vino y licor a los sacerdotes que tienen que oficiar en el templo, es por ello que algunos de los comentaristas vinculan esta orden con el evento, y concluyen que los sacerdotes estaban alcoholizados y por ello cometieron alguna infracción que les costó sus vidas.

    Más adelante, la parashá narra que Moisés estaba enojado con Aarón y sus hijos restantes por no comer la carne de la ofrenda por el pecado, tal como los sacerdotes debían hacer.
    Aarón respondió que lo hizo por la muerte de sus hijos.

    Finaliza la parashá con los signos que hacen kasher a  diversos animales, por lo que se permite comer de ellos o no.



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  • Resp. 6182 – Mentira necesaria

    Shalom Moré
    Tengo una interrogante, ¿ se puede mentir en una situación de peligro? por ejemplo cuando la persecución de los judíos que se les perseguía por motivos de discriminación para llevarlos a campos de exterminio. Hago referencia a esto para dar un ejemplo, pero claro son muchas las situaciones de peligro de las que pudiéramos librarnos con una mentira. Gracias
    Saludos

    (más…)

  • Parashá Tzav resumida 5782

    Parashat Tzav continúa directamente con la parashá anterior, Vaikrá; pues refiere acerca de las ofrendas, que también se suelen denominar (no muy correctamente), como sacrificios.
    En hebreo se les llama korbanot (singular: korbán), que no hace referencia ni al concepto ofrendar, así como tampoco al de sacrificar.
    Su sentido es muy diferente, pues se vincula con el acercarse.
    Porque, precisamente esa era la función que tenían los korbanot, en la cultura judía bíblica: ser un vehículo mental y emocional para que aquel que ofrecía el korbán pudiera experimentar, de alguna manera significativa para él, su acercamiento a la divinidad.
    Probablemente, a nosotros, que no vivimos de acuerdo a los parámetros de esa cultura tan antigua, nos pueda resultar extraño este sentido de trascendencia a través de matar a un animal inocente y asarlo en busca de acercarse a Dios. Para nosotros quizás sea más habitual hacerlo a través de plegarias, alabanzas al Eterno, bendiciones o cuestiones similares. Sin embargo, si pudiéramos viajar al pasado y contarle a aquellos ancestros nuestros que nosotros hacemos tefilá, que leemos tehilim (salmos), que halagamos a Dios con palabras; seguramente nos verían sin entender nada de lo que les contamos. Porque para ellos, de manera acostumbrada, la proximidad con la divinidad requería de los korbanot, de estar en el templo, de los rituales que fueron consagrados por la Torá. Podríamos analizar que motivaba a nuestros antepasados a tener que vivienciar lo sagrado de esta manera, pero nos iríamos por las ramas en esta oportunidad.
    En síntesis, debe quedarnos claro que, cuando usamos la palabra ofrenda o sacrificio, lo hacemos porque es lo que se estila, porque las traducciones encontraron esas palabras en español, pero debiéramos tomar en cuenta que esas palabras en verdad no están haciendo referencia a lo que implica el korbán.
    Esto ocurre con muchísimas otras palabras/conceptos del Tanaj, del judaísmo en general, como por ejemplo cohén, que se traduce como sacerdote y que es un vocablo que aparece montón de veces en este libro de la Torá.

    En nuestra parashá Dios le dice a Moisés que se dirija a los cohanim y les dé instrucciones precisas sobre cómo se deben ofrecer los diversos sacrificios, cuál debe ser el procedimiento requerido de los cohanim en el tabernáculo construido para Dios. Este episodio, a diferencia del anterior, está destinado a un público objetivo específico: a los sacerdotes, pues les brinda un plan de trabajo.

    El primer sacrificio que aparece en la parashá es el OLÁ, ‘sacrificio ascendente’: El sacrificio se llama así porque toda la carne de la bestia sube en forma de humo, cuando se quema sobre el altar, y los sacerdotes no comen de ella en absoluto.
    Como se puede ver en otros lugares de la Torá, el korbán olá era la ofrenda más frecuente, ya que se hacía a diario. Este sacrificio diario se llama OLAT TAMID «Ascensión Perpetua», y se ofrecía dos veces al día, todos los días: por la mañana y por la tarde.
    Esta ofrenda es también la razón de otro fenómeno interesante en el templo: ¡siempre hay un fuego en el altar, todos los días y en cualquier momento! Piensa en la cantidad de animales y de árboles que se necesitaban quemar para cumplir el mandamiento del sacrificio ascendente.

    El segundo korbán es el MINJÁ, éste es único porque todos sus componentes provienen de vegetales: está hecho de sémola, aceite e incienso. De todos estos el sacerdote toma un puñado y los lanza sobre el altar. La ofrenda de minjá se acompaña por la prohibición de cocinarlo con jametz (harina de las gramíneas que han leudado), tal como la prohibición de la próxima festividad de Pesaj.

    El tercer korbán es el JATAT, es una ofrenda para ayudar a expiar los pecados de las personas.

    El cuarto es el ASHAM, una ofrenda que sirve para ayudar a expiar cuatro pecados específicos:

    «’Cuando una persona peque porque, habiendo oído la advertencia del juramento y siendo ella testigo que lo vio o lo supo, no lo denuncie, será considerada culpable. De la misma manera, el que haya tocado cualquier cosa impura, sea el cadáver de un animal impuro no doméstico, o el cadáver de un animal doméstico impuro, o el cadáver de un reptil impuro, aunque no se haya dado cuenta de ello, será impuro y culpable. Si alguien, sin darse cuenta, toca alguna impureza humana, sea cual sea la impureza con que se contamine, aunque no se haya dado cuenta de ello, cuando llegue a saberlo, será culpable. También la persona que descuidadamente jura hacer algo, sea malo o bueno, respecto a cualquier asunto por el cual se jura, como se acostumbra a jurar sin pensar, cuando llegue a saberlo, será culpable por cada una de estas cosas. ‘Y sucederá que cuando alguien peque respecto a cualquiera de estas cosas, confesará aquello en que pecó, y traerá al Eterno como su sacrificio por la culpa, por su pecado cometido, una hembra del rebaño, sea oveja o cabra, como sacrificio por el pecado. El sacerdote le hará expiación por su pecado…»
    (Vaikrá/Levítico 5:1-6)

    Recordemos que los sacrificios por sí solos NO expían, no perdonan, no disculpan, no lavan del efecto negativo del pecado cometido.
    Como mencionamos antes, el korbán sirve para que el oferente experimente cercanía con Dios, entre otras sensaciones profundas. Es esto un movilizador para que comprenda lo terrible del pecado y realice TESHUVÁ de forma más completa.
    El derramar sangre de un ser inocente, NO brinda ningún perdón a ojos de Dios.

    Luego la parashá nos trae el quinto korbán, el SHELAMIM, que es ofrecido por una persona que quiere agradecer a Dios por cierta cosa y en los casos en que la persona ha hecho voto de traer un sacrificio, o ha decidido dar un sacrificio como caridad. Lo que tiene de especial es que también lo comen quienes lo sacrifican y no únicamente los sacerdotes.

    Termina la parashá con la dedicación del Mishkán, un evento festivo y emocionante en el que se inauguró el santuario portátil y comienza el trabajo ritual en él de los sacerdotes.
    La inauguración del Mishkán es celebrada por los hijos de Israel durante ocho días que son llamados los ‘días de reserva’ al final de los cuales los sacerdotes ‘llenan sus manos’, es decir, se convierten en sacerdotes reales, que realizan la obra del Templo.



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  • El consejo de la reina Ester para que seas poderoso

    El terrible decreto de aniquilación del pueblo sagrado ya estaba en marcha.
    La sanguinaria maquinaria despiadada de los que odian a Dios, y por eso odian a los judíos/judaísmo, se puso a funcionar.
    Ante la tremenda impotencia pasó que:

     

    «Mordejai [Mardoqueo] supo todo lo que se había hecho. Entonces Mordejai [Mardoqueo] rasgó sus vestiduras, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad gritando con fuerza y amargura.»
    (Ester/Esther 4:1)

    Parece una actitud normal, apropiada ante tamaña amenaza que estaba pendiendo sobre la cabeza de todo el pueblo de Dios.
    El llanto, la amargura, el grito desgarrador, el entrar en estado de duelo, la angustia, el despojarse de los atuendos corrientes para mostrar al mundo la feroz impotencia que le consumía.
    Digamos, mecanismos propios del EGO, que en su momento y lugar son apropiados, pues ante la impotencia real es el EGO el encargado de la primera, veloz y automática reacción.
    Tal como lo comprobamos que ocurrió con el gran Mordejai, el cual hundido en la desesperación de la monumental impotencia, reaccionaba irracionalmente desde el EGO. En todo correcto su accionar, para nada fuera de lugar. Por ello muchísimos judíos actuaron de manera parecida, allí donde se encontraban en el gran imperio, al escuchar la orden malvado de exterminio que se cumpliría en unos meses en su contra.

    Sin estar en comunicación directa, cada uno reaccionó de la manera natural, instintiva, desde el EGO.
    Con manifestaciones propias de su cultura, pero simplemente desde la reacción del EGO a la impotencia.
    ¿Y qué otra cosa podría hacer el judío y entre ellos Mordejai?

    Y sin embargo, su prima y exesposa, la actual reina de Persia tuvo la siguiente acción:

    «Las jóvenes de Ester y sus eunucos fueron y se lo contaron, y la reina se estremeció muchísimo. Ella envió ropa para vestir a Mordejai [Mardoqueo] y quitarle de encima el cilicio; pero él no la aceptó.»
    (Ester/Esther 4:4)

    ¿Tan banal y superficial era la reina Ester que lo que le importó fue enviarle ropa para que se cambiara el atuendo de duelo e impotencia por uno de gloria y poder?
    ¿Es que era la ropa la prioridad para la reina, en lugar de empatizar con el sufrimiento y mover las piezas en el ajedrez del palacio para conseguir la salvación de los judíos, o al menos de su primo?
    ¡Ropa, fue la respuesta!

    Obviamente que esta incongruencia no ha pasado desapercibida y han sido muchas las explicaciones.
    Comparto contigo una.

    Ester le estaba enviando un importante mensaje a su primo.
    Le estaba diciendo que está bien que el EGO reaccione, que sintamos la impotencia y por consiguiente se nos despierte automáticamente el sentimiento ligado a la misma.
    Llorar, gritar, patalear, desconectarse de la realidad son las reacciones naturales y necesarias del EGO ante la impotencia real. Pero en muy pocas ocasiones deben ser convertidas en acciones, porque no llevan a la resolución y a la toma de poder, sino a ahondar la impotencia y complicar las cosas en vez de solucionarlas.

    Sentir esa rabia es normal y necesario, pero actuar la rabia no es prudente en la inmensa mayoría de los casos.
    Romper los nexos con lo que está haciéndonos sufrir, puede ser muy útil en ocasiones de verdadera impotencia tremenda, para la cual no hay solución posible. Por ejemplo, si se ha desplomado un edificio encima nuestro y no tenemos más qué hacer, sino solamente esperar la muerte segura; en ese momento cortar la conexión con la realidad tiene un valor positivo. Pero si en el trabajo algo nos estresa sobremanera, no es bloqueando la mente y negándonos a actuar desde el razonamiento lo que nos mitigará el padecer. ¿Se entiende?

    En el caso de Estar, le está queriendo decir a su primo que hundirse en la desesperación y malgastar la energía en amargura, reproche, culpas, angustias, pensamientos negativos en NADA serviría para acercar la salvación de los judíos.
    Es tiempo de actuar proactivamente, no desde la reacción del EGO.
    Ya basta de llorar y esperar la muerte, o estar como mendigo incapacitado esperando algún milagro o una salvación mágica.
    Es el momento de vestirse con poder, es decir, ponerse ropas de poderoso y actuar como si uno fuera poderoso, aunque por dentro se sienta quebrado y en desgracia.
    No aferrarse al pensamiento negativo, no dejarse arrastrar por la emoción oscuro, no dar el dominio al EGO.
    Sino tener una conducta de poder, aunque no se la sienta.
    Porque cuando uno se reviste de poder y actúa en consecuencia, finalmente la mente encuentra canales para desarrollar el poder que se tiene a disposición, incluso en formas que ni siquiera se imaginan al principio.

    Vestirse con confianza en el Eterno y en las propias posibilidades.
    Abandonar la ropa del fracaso, dejar de quejarse, no buscar culpables, no fabricar excusas, dejar de reaccionar desde el EGO para empezar a andar con poder.
    Quizás poco al principio, lento, arrastrando la desconfianza; pero no siendo servil a la impotencia sino un poderoso despertando a su poder.

    Hacer tu parte, aunque te parezca poca y no muy salvadora; porque es probable que tenga efectos positivos y la ficha del domino que dejaste caer pronto hará caer otras teniendo resultados inimaginados y sorprendentes.
    Sí, actuar como si estuvieras seguro y fueras un superhéroe, porque al final tendrás dominio y control. Verás que más shalom ocupa tu mente y menos angustias.

    Pero claro, uno tiene que aceptar vestirse con las ropas del poder y especialmente a personificar el papel de ser poderoso.
    Porque si uno se niega a estos primeros pasitos, difícilmente encuentre el poder y la resolución.
    Sino que solamente se verá más y más envuelto en la telaraña de muerte y desolación.

    Depende de ti tomar el consejo de la reina Ester para vencer las trampas del EGO.
    Mordejai en ese momento no lo hizo.
    Quizás eso atrasó un poco la salvación…

    En resumen, quita la máscara de la amargura y ponte el disfraz de superhéroe, que con ello te pondrás en el camino del éxito.



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  • Vaikrá una parashá para el 5782

    Damos comienzo al libro de Vaikrá, el tercero de la Torá.
    Literalmente «vaikrá» significa: «llamó», «convocó»; es la primera palabra significativa de la parashá, por ello es usada para nombrarla.
    Pero, los traductores al español de la Biblia decidieron que se llamara «Levítico», pues contemplaron el tema recurrente, principal, del libro, y encontraron que entre sus muchas y variadas temáticas lo que resaltaba sobremanera eran reglas dedicadas a los cohanim, los mal llamados «sacerdotes», pertenecientes a la tribu de Leví. De ahí, el nombre Levítico.
    Este nombramiento en realidad no fue muy original, pues ya en nuestra tradición se lo conoce como «Torat haCohanim», es decir «Instrucción para los sacerdotes».
    Encontraremos que el libro trata principalmente de reglas de los sacrificios/ofrendas y de los sacerdotes que sirven en el Mishkán.
    Entre las ofrendas, encontraremos aquellas que son obligatorias, otras que son voluntarias, de acuerdo a la voluntad del oferente y sus necesidades.
    ¿Acaso es Dios el que precisa de esas ofrendas y de los rituales?
    La respuesta es evidente: no, enfáticamente no.
    Pero son, o eran, aquellas personas las que estaban requiriendo de templo, servicio «religioso», actividades rituales, sacrificios de animales o vegetales, presentar la sangre de animales sacrificados ante el altar y otros asuntos que a la mayoría de nosotros en la actualidad nos resultan incomprensibles y hasta ajenos a la sensibilidad espiritual.
    Dios que esto lo sabía, ordenó entonces lo que los antepasados nuestros precisaban. Ordenó en los dos sentidos de la palabra: dar órdenes, mandatos, reglas; y poner las cosas en una disposición, concertación.
    Notemos, de paso, que son los mandatos, las instrucciones, la precisión en su expresión y el detalle en su cumplimiento lo que favorece grandemente que haya orden.

    Recordemos que todo el libro de Levítico transcurre en el viaje de los hijos de Israel por el desierto del Sinaí. Después del Éxodo de Egipto y el pecado de los espías, el pueblo de Israel fue castigado con una estancia de 40 años en el desierto hasta su entrada en la tierra de Canaán (la Tierra de Israel).
    Durante su estadía en el desierto, Dios ordena a los hijos de Israel a través de Moisés, el líder, que establezcan un lugar santo que los conecte con Dios. Este sitio se llama Mishkán,  el Tabernáculo, es decir, el templo portátil. Del cual hemos venido compartiendo enseñanzas en las cinco parshiot previas, que invito a ver los videos en el canal de Youtube o leer acá, en serjudio.com acerca de las mismas.

    De los relatos en la Torá podemos ver que el Mishkán se utiliza para dos propósitos principales:
    El primero: la comunicación de Moisés con Dios.
    El segundo: lugar para realizar rituales, entre los cuales estaban las ofrendas de animales, y principalmente para expiar los pecados.

    ¿Acaso Moshé no se podía comunicar con Dios en cualquier sitio?
    Pues, es evidente que sí.
    Entonces, ¿por qué Dios declaró que fuera hecho específicamente en la Tienda de Reunión?
    Una respuesta, también evidente: para que todos los presentes entendieran y contemplaran que no era Moshé el que inventaba que tenía profecía, sino que hubiera manifestaciones palpables de la Presencia de Dios actuando y comunicando Su Voluntad a través de Su siervo Moshé.
    Porque, todo el pueblo veía la nube cubriendo el santuario, y los eventos sobrenaturales acompañaban lo que ocurría en el Mishkán.
    Así pues, nuevamente era para beneficiar a las personas, no porque Dios tuviera necesidad de un sitio en particular para hacer la comunicación con Moshé.

    ¿Acaso Dios precisaba de los rituales y sacrificios, sangre de animales derramada y toda la parafernalia ritualista del templo?
    Como ya vimos más arriba: no, enfáticamente no.
    Pero, la gente estaba acostumbrada a eso.
    La debilidad de su Sistema de Creencias obligaba a que se tuviera que hacer uso de todo lo concerniente al templo.
    ¿Eso quiere decir que no precisaremos del profetizado Tercer Templo, que estará pronto en lugar de la cúpula dorada que usurpa su locación?
    Supongo que mucha gente todavía está precisando de cuestiones materiales que les reafirmen en su manera de vivir la espiritualidad, por tanto, el Templo tendrá su importancia.
    Es más, si pensamos que la idolatría sigue operando en el mundo, que los eventos rituales religiosos siguen teniendo una fuerza pesada; sin dudas que habrá un uso intensivo del Templo, al menos en los primeros tiempos de su reedificación.
    Luego, ¡vaya uno a saber!

    Recordemos, como acotación al margen, que según los Sabios, todas las festividades que actualmente son centrales, perderán su relevancia, quedando solamente Purim como remarcada.
    No es casualidad…

    En resumen, las tareas que se hacían en el Mishkán y luego en el Templo en Ierushalaim, quienes participaban, qué se hacía, cuándo, etc.; son las cuestiones que preponderan en el libro Vaikrá.
    Todas estas instrucciones están escritas en el libro de Levítico y aparecen también en nuestra parashá, la que enumera diferentes tipos de ofrendas:

    • Korbán Olá (ascendente): un sacrificio que una persona trae voluntariamente, según su libre decisión, de ganado vacuno, ovino o de ave. Este sacrificio se quemaba entero sobre el altar y no quedaba nada más que cenizas de él. Se lo denomina «ascendente», porque ascendía por completo en las volutas de humo hacia los cielos, esta es una interpretación entre otras posibles.
    • Korbán Minjá (de regalo) – Sacrificio vegetariano. Para dar gracias y loas a Dios. Se une a otra ofrenda por lo general.
    • Korbán Shelamim (completo o de paz): una parte del sacrificio que se quema completamente en el altar, otra parte para alimento del cohén y otra parte para ser comido por el oferente.
    • Korbán Jatat (del pecado): un sacrificio que trae a cualquiera que haya pecado sin darse cuenta (sin querer). El propósito del sacrificio es ayudar a la persona expiar el pecado por medio de reflexionar de lo que hizo, de su falta de atención o conocimiento que lo llevó a transgredir los mandamientos y así aprenda.
    • Korbán Asham (del culpable) – Un sacrificio traído por quien pecó adrede que se arrepiente de sus obras, o personas que tienen dudas sobre si han pecado o no.

    Con las diferentes circunstancias que hemos ido viviendo como nación, con los aprendizajes que se fueron abriendo a nuestra conciencia, podemos encontrar otros mecanismos para realizar idénticas funciones que aquellas ofrendas de antaño.
    Sin embargo, puede haber gente que todavía precise recurrir a estos rituales y la simbología fuerte que los recubría.



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  • Socios de verdad

    El Mishkán, el templo portátil que construyeron los israelitas por orden de Dios, meses después de la salida de Egipto, finalmente estaba completo.
    La nación miró la magnífica obra de sus manos con gran alegría. Era su primera obra, su demostración de que podían realizar tareas creativas, con sentido y trascendencia.
    En tanto que Moshé estaba orgulloso por la entrega y actitud positiva del pueblo. Por eso, hizo algo que solo repetiría cuarenta años más tarde: bendecir a toda la nación. Si bien seguían las órdenes de Dios, y no su antojo, lo estaban haciendo con plena voluntad, porque así lo querían y deseaban. Era la confirmación de que estaban efectivamente en el proceso de ser libres, de ya no estar bajo el látigo de ningún opresor.
    Ellos estaban actuando como socios de Dios en la edificación de un mejor mundo, no como seres receptores sin capacidad de actuar, ni como marionetas de los deseos de otros.
    Por lo cual, esta alegría estaba realmente fundamentada en cuestiones de valor, no meramente en el placer momentáneo de sentirse con un poquito de poder.
    Para reafirmar esta alegría, estaba la bendición de Moshé, que, según nos cuenta Rashi , Moshé pasaba entre las personas, mientras le decía a cada uno: «Que Hashem descanse Su presencia en tu obra».

    En realidad, la edificación del santuario era bendición en sí misma, porque el Eterno había prometido a la nación judía que cuando el templo estuviera construido, Él habitaría en medio de cada judío, por consiguiente también en medio de la nación. El santuario era un medio, no una finalidad, y eso debía quedar expresamente claro, y Dios lo expresó claramente.
    En la entrega y el esfuerzo por construir el templo y en la dedicación por mantenerlo, de acuerdo a lo ordenado por Dios, estaba la bendición.
    Más allá de lo cual, Moshé sintió que él también debía manifestar una bendición. Aunque, ¿qué puede añadir realmente la bendición humana cuando Dios ya ha dado la Suya? Lo cierto es que, toda bendición procede de Dios, lo que nosotros hacemos cuando bendecimos es ser canales de Su presencia.
    Igualmente, Moshé bendijo al pueblo y esas palabras tuvieron poderoso efecto positivo.

    ¿Y esto por qué?
    Pues, porque es necesario que las cosas sean dichas, ya que lo que queda en el supuesto, en el debería saberse, y cosas por el estilo, pueden llevar a errores y malos entendidos.
    Hay que saber comunicar, manifestar, revelar aquello que tiene que estar a la luz.
    Así los empoderaba realmente, no con falacias, les mostraba el camino correcto de vida, que es seguir la brújula de la espiritualidad, cumplir la tarea de ser socios del Gran Socio.
    Con ello también evitaba que se autoengañaran, suponiendo que ellos por sí solos bastaban. Somos parte de la maquinaria universal, cada uno con su tarea para cumplir, teniendo cada quien su parte y no pudiendo hacer la que le toca a otro.

    Cuando le damos lugar a Dios en nuestra vida, es ahí que Él reposa en nuestro interior.
    A decir verdad, nunca deja de estarlo, la NESHAMÁ es chispa de Divinidad.
    Pero es en nuestra consciencia que debe estar presente esta realidad.
    Tener a Dios como un factor esencial, no meramente como un elemento religioso, uno más entre las creencias y fantasías de las personas.

    Esperemos que la Shejiná, la Divina presencia, repose en cada una de nuestras obras también.



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  • Parashat Pekudei resumida

    En el comienzo de nuestra parashá nos encontramos con el recuento de los artefactos del Mishkán, el templo portátil que los israelitas construyeron tras la salida de Egipto, y se hace mención de los nombres de los responsables del diseño del templo, aquellos que trabajaron detalladamente de acuerdo con las instrucciones de Dios.
    Este recuento de inventario es una lista que incluye materiales, dimensiones, cantidades y números de los elementos materiales que componían el santuario.

    La parashá continúa describiendo las diversas acciones de la creación de los elementos sagrados y enfatiza que todos los enseres deben hacerse exactamente de acuerdo con las instrucciones dadas por Moisés y de acuerdo con el mandamiento divino.
    Se nota la dedicada atención al detalle que se pone tanto en las órdenes para la construcción del templo, en su diseño, la recogida de los materiales, la administración de los mismos, la elaboración, la puesta a punto, la inauguración y acá vemos también en la presentación de las cuentas. Todo hecho de acuerdo a las reglas, con precisión, con dedicado esmero, sin escatimar ni corromper la misión para la cual estaban laborando.

    Más adelante encontramos la planificación de los preparativos para el gran día, el primero de Nisán, donde se llevará a cabo la ceremonia de dedicación del Tabernáculo. Después del mucho trabajo de los artesanos y constructores, Moisés se prepara para comenzar el servicio sagrado en el tabernáculo, y es mandado por Dios en una serie de órdenes, larga y compleja lista de acciones que debe realizar Moisés para inaugurar el templo y ponerlo en funcionamiento de allí en más.
    Nada estaba librado a la espontaneidad, ni a la improvisación, siendo detallado y estricto todo el programa dado por Dios a Moshé.

    Moshé se apresura a ejecutar las diversas acciones. Él erige el Tabernáculo según lo requerido, y sus acciones precisas se describen en una amplia variedad de verbos.
    Puede llamar la atención que resulta excesivo el detalle, así como la repetición de asuntos en estas cinco parshiot que tratan de la elaboración de los elementos sagrados y edificación del santuario. Es que Dios está dando a los israelitas lo que nuestros antepasados precisaban en ese momento: un lugar de culto, rituales acordes con la mentalidad y cultura de aquella época y lugar, una vivencia «religiosa» con los fastos y grandiosidad del Egipto del cual ellos habían salido, pero que aún no había salido de sus mentes y corazones.
    Sin dudas que aquellos antepasados nuestros precisaban de todo esto con poderosa necesidad, siendo que tal vez los judíos actuales pudiéramos sentir ajeno y extraño todo este aparatoso ritual y consagraciones de objetos y sitios para el culto. ¿O tal vez, sigue estando en nosotros la misma necesidad, pero recubierta con complejas excusas de supuesta iluminación posmodernista?

    El hecho es que para aquel pueblo de Israel había llegado el gran momento. Ahora que todos los preparativos se han completado y todas las acciones se han realizado exactamente de acuerdo con el mandamiento divino, se describe cómo la Presencia de Dios descendió, lo que quedó manifiesta cuando se cubrió el tabernáculo con una espesa nube.



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  • Tu aceite mantiene la LUZ

    Nos encontramos con una gran sorpresa… ¿o no tanto?
    Veremos.

    Al comienzo de la parashá TETZAVÉ encontramos:

    «וְאַתָּ֞ה תְּצַוֶּ֣ה ׀ אֶת־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֗ל וְיִקְח֨וּ אֵלֶ֜יךָ שֶׁ֣מֶן זַ֥יִת זָ֛ךְ כָּתִ֖ית לַמָּא֑וֹר לְהַֽעֲלֹ֥ת נֵ֖ר תָּמִֽיד:
    ‘Tú mandarás a los Hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro y puro para la iluminación, a fin de hacer arder continuamente las lámparas.»
    (Shemot/Éxodo 27:20)

    En tanto que en la parashá de la semana pasada, TERUMÁ, leemos:

    «דַּבֵּר֙ אֶל־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֔ל וְיִקְחוּ־לִ֖י תְּרוּמָ֑ה מֵאֵ֤ת כׇּל־אִישׁ֙ אֲשֶׁ֣ר יִדְּבֶ֣נּוּ לִבּ֔וֹ תִּקְח֖וּ אֶת־תְּרֽוּמָתִֽי:
    ‘Di a los Hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda.
    וְזֹאת֙ הַתְּרוּמָ֔ה אֲשֶׁ֥ר תִּקְח֖וּ מֵֽאִתָּ֑ם זָהָ֥ב וָכֶ֖סֶף וּנְחֹֽשֶׁת:
    Ésta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, bronce,
    וּתְכֵ֧לֶת וְאַרְגָּמָ֛ן וְתוֹלַ֥עַת שָׁנִ֖י וְשֵׁ֥שׁ וְעִזִּֽים:
    material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra,
    וְעֹרֹ֨ת אֵילִ֧ם מְאׇדָּמִ֛ים וְעֹרֹ֥ת תְּחָשִׁ֖ים וַֽעֲצֵ֥י שִׁטִּֽים:
    pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia,
    שֶׁ֖מֶן לַמָּאֹ֑ר בְּשָׂמִים֙ לְשֶׁ֣מֶן הַמִּשְׁחָ֔ה וְלִקְטֹ֖רֶת הַסַּמִּֽים:
    aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático,
    אַבְנֵי־שֹׁ֕הַם וְאַבְנֵ֖י מִלֻּאִ֑ים לָֽאֵפֹ֖ד וְלַחֹֽשֶׁן:
    piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.
    וְעָ֥שׂוּ לִ֖י מִקְדָּ֑שׁ וְשָֽׁכַנְתִּ֖י בְּתוֹכָֽם:
    Que Me hagan un santuario, y Yo habitaré dentro de ellos.»
    (Shemot/Éxodo 25:2-8)

    Para los materiales carísimos, tales como oro, plata, púrpura, madera de acacia, etc. Dios le dice a Moshé que hable con los judíos para que voluntariamente los traigan.
    Y os judíos respondieron inundando el tesoro del futuro santuario con todo lo pedido y mucho más, hasta el punto que Moshé tuvo que salir a pedirles que dejen de traer donaciones.
    Bastaba y sobraba con lo que generosamente habían colaborado.

    Pero resulta que para pedir el modesto aceite para la iluminación, Dios le dice que mande a los judíos traerlo.
    ¿Cómo es esto?
    ¿Cómo entender que para requerir materiales finos, suntuarios, de alto costo se pida la colaboración voluntaria y sin embargo para algo tan corriente como el aceite para usar a diario se precisaba de la orden, de la voz autoritaria reclamando la entrega?

    Nuestra Tradición aporta algunas respuestas para esta interesante cuestión, compartiré un par ahora contigo.

    La primera.
    Cuando se pide una donación por única vez para una finalidad importante, la gente puede estar reticente pero finalmente abrirá su bolsillo.
    Podrá dolerles el gasto, inversión o como le quieras decir, pero encontrarán argumentos para auto convencerse para realizarlo.
    Pero cuando se trata de un aporte cotidiano, diario o mensual, para sostener la carísima obra que ayudaron a levantar, entonces no habrá mucha simpatía.
    Por eso se precisa el mandato de parte del líder, que se entienda que acá no corre la bondad sino la justicia.
    Es tu deber aportar a la sagrada tarea y no dar excusas.
    La obra santa se realiza a diario, constantemente, por tanto no vale defenderte diciendo que aportaste una fortuna para levantar el templo, ahora debes seguir contribuyendo.
    De últimas, ¡es para tu beneficio!

    La segunda.
    Cuando hay muchos alrededor para realizar una tarea, uno confía en que le otro la hará y por tanto uno mismo no la hace.
    Es un hecho comprobado por la psicología.
    Por ejemplo, si estás en un camino apartado y escuchas gritos pidiendo auxilio, irás tú o llamarás al 911. Algo harás, porque te sientes directamente comprometido.
    Pero si los gritos son en una calle concurrida, con mucha gente, edificios, etc.; uno cree que otro se encargará, alguien ya llamó. Se diluye la responsabilidad en la creencia de que donde todos están nadie se hace cargo.
    Nos viene a enseñar la Torá que no te dejes descansar en que el otro hará tu parte. Tú haz lo que tienes que hacer sin tomar en cuenta si otro hará lo tuyo.
    A la hora de colaborar con la obra de Dios tampoco des excusas ni te confíes en que otros están haciendo. Es tu DEBER y responsabilidad tomar la tarea y hacer lo que te corresponde.

    Grandes enseñanzas que podemos tomar para nuestra vida.
    También para apoyar nuestra tarea de educación de espiritualidad, de difusión de valores sagrados.
    Porque, ¿tú has contribuido ya con nuestro trabajo?
    ¿Eres socio activo de esta gran obra sagrada o solamente un tomador de beneficios que escudado en el anonimato se llena egoístamente?

    Espero tu colaboración a través de http://serjudio.com/apoyo porque no hay excusas para no contribuir con el aceite que mantiene encendida la llama sagrada de este templo.
    Shabat Shalom



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