Vaikrá una parashá para el 5782

Damos comienzo al libro de Vaikrá, el tercero de la Torá.
Literalmente «vaikrá» significa: «llamó», «convocó»; es la primera palabra significativa de la parashá, por ello es usada para nombrarla.
Pero, los traductores al español de la Biblia decidieron que se llamara «Levítico», pues contemplaron el tema recurrente, principal, del libro, y encontraron que entre sus muchas y variadas temáticas lo que resaltaba sobremanera eran reglas dedicadas a los cohanim, los mal llamados «sacerdotes», pertenecientes a la tribu de Leví. De ahí, el nombre Levítico.
Este nombramiento en realidad no fue muy original, pues ya en nuestra tradición se lo conoce como «Torat haCohanim», es decir «Instrucción para los sacerdotes».
Encontraremos que el libro trata principalmente de reglas de los sacrificios/ofrendas y de los sacerdotes que sirven en el Mishkán.
Entre las ofrendas, encontraremos aquellas que son obligatorias, otras que son voluntarias, de acuerdo a la voluntad del oferente y sus necesidades.
¿Acaso es Dios el que precisa de esas ofrendas y de los rituales?
La respuesta es evidente: no, enfáticamente no.
Pero son, o eran, aquellas personas las que estaban requiriendo de templo, servicio «religioso», actividades rituales, sacrificios de animales o vegetales, presentar la sangre de animales sacrificados ante el altar y otros asuntos que a la mayoría de nosotros en la actualidad nos resultan incomprensibles y hasta ajenos a la sensibilidad espiritual.
Dios que esto lo sabía, ordenó entonces lo que los antepasados nuestros precisaban. Ordenó en los dos sentidos de la palabra: dar órdenes, mandatos, reglas; y poner las cosas en una disposición, concertación.
Notemos, de paso, que son los mandatos, las instrucciones, la precisión en su expresión y el detalle en su cumplimiento lo que favorece grandemente que haya orden.

Recordemos que todo el libro de Levítico transcurre en el viaje de los hijos de Israel por el desierto del Sinaí. Después del Éxodo de Egipto y el pecado de los espías, el pueblo de Israel fue castigado con una estancia de 40 años en el desierto hasta su entrada en la tierra de Canaán (la Tierra de Israel).
Durante su estadía en el desierto, Dios ordena a los hijos de Israel a través de Moisés, el líder, que establezcan un lugar santo que los conecte con Dios. Este sitio se llama Mishkán,  el Tabernáculo, es decir, el templo portátil. Del cual hemos venido compartiendo enseñanzas en las cinco parshiot previas, que invito a ver los videos en el canal de Youtube o leer acá, en serjudio.com acerca de las mismas.

De los relatos en la Torá podemos ver que el Mishkán se utiliza para dos propósitos principales:
El primero: la comunicación de Moisés con Dios.
El segundo: lugar para realizar rituales, entre los cuales estaban las ofrendas de animales, y principalmente para expiar los pecados.

¿Acaso Moshé no se podía comunicar con Dios en cualquier sitio?
Pues, es evidente que sí.
Entonces, ¿por qué Dios declaró que fuera hecho específicamente en la Tienda de Reunión?
Una respuesta, también evidente: para que todos los presentes entendieran y contemplaran que no era Moshé el que inventaba que tenía profecía, sino que hubiera manifestaciones palpables de la Presencia de Dios actuando y comunicando Su Voluntad a través de Su siervo Moshé.
Porque, todo el pueblo veía la nube cubriendo el santuario, y los eventos sobrenaturales acompañaban lo que ocurría en el Mishkán.
Así pues, nuevamente era para beneficiar a las personas, no porque Dios tuviera necesidad de un sitio en particular para hacer la comunicación con Moshé.

¿Acaso Dios precisaba de los rituales y sacrificios, sangre de animales derramada y toda la parafernalia ritualista del templo?
Como ya vimos más arriba: no, enfáticamente no.
Pero, la gente estaba acostumbrada a eso.
La debilidad de su Sistema de Creencias obligaba a que se tuviera que hacer uso de todo lo concerniente al templo.
¿Eso quiere decir que no precisaremos del profetizado Tercer Templo, que estará pronto en lugar de la cúpula dorada que usurpa su locación?
Supongo que mucha gente todavía está precisando de cuestiones materiales que les reafirmen en su manera de vivir la espiritualidad, por tanto, el Templo tendrá su importancia.
Es más, si pensamos que la idolatría sigue operando en el mundo, que los eventos rituales religiosos siguen teniendo una fuerza pesada; sin dudas que habrá un uso intensivo del Templo, al menos en los primeros tiempos de su reedificación.
Luego, ¡vaya uno a saber!

Recordemos, como acotación al margen, que según los Sabios, todas las festividades que actualmente son centrales, perderán su relevancia, quedando solamente Purim como remarcada.
No es casualidad…

En resumen, las tareas que se hacían en el Mishkán y luego en el Templo en Ierushalaim, quienes participaban, qué se hacía, cuándo, etc.; son las cuestiones que preponderan en el libro Vaikrá.
Todas estas instrucciones están escritas en el libro de Levítico y aparecen también en nuestra parashá, la que enumera diferentes tipos de ofrendas:

  • Korbán Olá (ascendente): un sacrificio que una persona trae voluntariamente, según su libre decisión, de ganado vacuno, ovino o de ave. Este sacrificio se quemaba entero sobre el altar y no quedaba nada más que cenizas de él. Se lo denomina «ascendente», porque ascendía por completo en las volutas de humo hacia los cielos, esta es una interpretación entre otras posibles.
  • Korbán Minjá (de regalo) – Sacrificio vegetariano. Para dar gracias y loas a Dios. Se une a otra ofrenda por lo general.
  • Korbán Shelamim (completo o de paz): una parte del sacrificio que se quema completamente en el altar, otra parte para alimento del cohén y otra parte para ser comido por el oferente.
  • Korbán Jatat (del pecado): un sacrificio que trae a cualquiera que haya pecado sin darse cuenta (sin querer). El propósito del sacrificio es ayudar a la persona expiar el pecado por medio de reflexionar de lo que hizo, de su falta de atención o conocimiento que lo llevó a transgredir los mandamientos y así aprenda.
  • Korbán Asham (del culpable) – Un sacrificio traído por quien pecó adrede que se arrepiente de sus obras, o personas que tienen dudas sobre si han pecado o no.

Con las diferentes circunstancias que hemos ido viviendo como nación, con los aprendizajes que se fueron abriendo a nuestra conciencia, podemos encontrar otros mecanismos para realizar idénticas funciones que aquellas ofrendas de antaño.
Sin embargo, puede haber gente que todavía precise recurrir a estos rituales y la simbología fuerte que los recubría.



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