Categoría: Torá

  • Parashat Beshalaj resumida 5782

    Los hijos de Israel salieron de Egipto y ahora se están preparando para un arduo viaje a través del desierto del Sinaí, para llegar a la Tierra Prometida, la tierra de Canaán. No recorren el camino más corto, ya que este pasa por territorios enemigos. Los hijos de Israel, que hasta hace poco eran esclavos, aún no están maduros para luchar por sus vidas. El viaje será difícil y arduo porque no es fácil andar por el desierto y llegar al destino de manera eficiente y segura. Sí, ellos tenían a Dios de su lado, quien les cuidaba y guiaba, pero la idea era irlos preparando rápidamente para que fueran un pueblo independiente y servidor del Eterno, y no de mantenidos e ineptos a la sombra de un Dios milagrero.
    Sí, Dios tenía planificados milagros para ellos, pero la idea era que estos fueran los mínimos indispensables, cuando no hubiera otra alternativa; pero que el entrenamiento para la independencia y actividad constructora debía hacerse.

    Acamparon en el desierto, a orillas del Iam Suf, que es el Mar de las Cañas, pero se traduce generalmente como Mar Rojo (no sé el motivo para identificarlo con ese mar).
    No tenían para donde moverse, pues al frente el mar, a los costados montañas escarpadas y detrás… detrás, el faraón junto a lo más escogido de sus soldados quienes venían a capturar a los hebreos. Pareciera como si se hubiera olvidado de todas las plagas, incluso la de los primogénitos que se llevó a su hijo, y decidió enviar a su ejército para devolver a los esclavos a trabajos forzados.

    El pueblo entonces se divide en cuatro grupos, los que quieren volver gustosos a la esclavitud, los que quieren pelear hasta las últimas consecuencias, aquellos que quieren cometer suicidio entrando a las aguas y hundirse en ellas, y los que claman a Dios por una salvación milagrosa.
    Entonces, Moisés pregunta  a Dios: “¿Por qué nos sacaste de Egipto? ¡Los egipcios nos matarán!».
    El Todopoderoso le dice que no se preocupe, que la salvación ya estaba al alcance de ellos, pero que ellos tenían que hacer su parte.

    Entonces viento muy fuerte sopló hacia el mar durante toda la noche, mientras una cortina de fuego detenía al faraón y sus huestes a las espaldas del pueblo. Luego de lo cual, alguno de los israelitas (Najshon ben Aminadab, según ciertas fuentes, la tribu de Biniamín según otras) hizo lo que tenía que ser hecho, es decir, confiar en Dios y meterse a las aguas, las cuales se partieron cuando rebalsaron las narices del intrépido. Tras lo cual, los hijos de Israel entraron en medio del mar en seco, siendo las aguas un muro a su derecha e izquierda (Éxodo 14:21). La cortina de fuego que contenía a los egipcios cesó, por ello, persiguieron a los hijos de Israel hasta el mar, tras cruzar el último de los israelitas, Moisés cruzó y levantó las manos hacia el mar y éste se desplomó atronadoramente sobre faraón y su élite de destrucción.

    Los hijos de Israel, que vieron el milagro, se regocijaron mucho y cantaron el cántico del mar en señal de gratitud. Miriam, la hermana de Moshé y Aharón, se unió a la alegría, agarró un instrumento musical y se llevó a todas las mujeres que salieron a bailar para celebrar el gran rescate.
    Las voces de los celebrantes todavía se escuchaban como ecos cercanos, pero pronto los hijos de Israel ya estaban muy tristes, porque al tercer día de agotadora travesía, no tenían agua para beber. Cuando llegaron a una gran masa de agua, la cual no era apta para beber. Tras la oración de Moisés, Dios produjo un nuevo evento sorprendente, pues el agua amarga se convirtió en agua dulce.

    Pero ahora falta comida, y los hijos de Israel continuaron discutiendo, reclamando, quejándose contra Moisés y Dios.
    Como respuesta, por la tarde los hijos de Israel recibieron la visita de deliciosas aves codornices y por la mañana apareció un estupendo y maravilloso alimento, que nadie conocía, por lo cual le pusieron el nombre de «Man» (el famoso maná), ya que se preguntaban: «Manhu» – «¿Qué es esto?».

    Nuevamente, hubo falta de agua, a pedido de Dios Moisés golpeó una roca de la que salió agua.


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  • Parashat Bó resumida 5782

    En la parashá anterior vimos como padecieron los egipcios de sangre, rana, piojos, bestias depredadoras, peste en los animales, pústulos sarnosas en ellos y de bolas de hielo y fuego que vertía el cielo sobre ellos. Con todo, el faraón no debaja salir al pueblo hebreo a la libertad.
    ¡Qué duro el EGO con aquel que es su esclavo!

    En nuestra parashá nos encontraremos con las últimas tres plagas que atormentaron a los egipcios, su tierra y sus creencias (dioses y supersticiones), hasta que el faraón finalmente accedió a liberar a los hijos de Israel. Después de la tormenta de granizo no quedaron demasiadas frutas y verduras en los campos de los egipcios, y les resultó difícil sobrevivir. Moisés y Aarón vuelven a plantear la demanda: ‘Deja salir a mi pueblo y me servirán’, si faraón se obstina, entonces vendrá la plaga de langostas, de una magnitud nunca antes sufrida en la región. Pero el faraón seguía obstinado y con el corazón endurecido, a pesar de que sus siervos le rogaron que los soltara ya.

    Debido a la negativa de Faraón, Dios inflige un golpe a los egipcios con legiones de langostas, una especie de saltamontes voladores, que llegaron a Egipto para sumergirlo en la devastación, ya que destruyeron los árboles y las plantas que aún permanecían en pie. A Egipto no le quedaba nada para comer.

    Cuando el Faraón ya no pudo resistir, llamó a Moisés y Aarón y suplicó que cesara la plaga, a lo cual Dios accedió, sin embargo, el faraón continúa sin liberar al pueblo.

    Luego sobreviene la novena plaga, con sus tres días de espesa oscuridad. Era tanta la oscuridad, que todo movimiento se detuvo. Incluso, se podía llegar a tocar esa oscuridad. Sin embargo, para los hijos de Israel había luz, en su lugar de morada.

    Entonces, faraón dice que está listo para que vayan a adorar a su Dios, ¡pero deben dejar a sus animales!.
    Moisés rechaza esa propuesta, entonces creció la ira de Faraón y nuevamente se negó a liberar a los hijos de Israel.

    Luego, en el punto álgido de la tensión, Dios le dijo a Moisés: “Golpearé a los egipcios una vez más, y luego los liberarán. En medio de la noche, todos los hijos primogénitos en Egipto, de la gente y los animales morirán, pero entre los hijos de Israel no ocurrirá, siempre y cuando marquen las entradas de sus casas con la sangre de cordero que matarán y comerán la noche del 14 al 15 del mes primero.

    Los israelitas que confiaban en el Eterno, tomaron un corderito por familia, lo tuvieron atado a la pata de la cama por varios días, hasta que finalmente cada grupo familiar lo faenó para comerlo asado, junto a matzot y hierbas amargas, preparados para salir de la esclavitud. Siempre y cuando, pusieran la señal ordenada por Dios en sus entradas.
    En medio de la noche murieron todos los primogénitos en la tierra de Egipto. Faraón y los egipcios llamaron a Moisés y Aarón y les gritaron: “¡Salid! ¡Fuera de Egipto ya!».
    Los hijos de Israel no esperaron, tomaron a los niños, los animales y las pertenencias que acopiaron y se apresuraron a marcharse.
    Se fueron rápidamente, antes de que el faraón cambiara de opinión, por lo que no tuvieron tiempo de prepararse el pan como un viaje adicional. La masa ni siquiera leudó.

    Para conmemorar el Éxodo, Dios ordenó celebrar la festividad de Pésaj, todos los años. Y tú, ¿cómo la celebras?



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  • ¿Cómo se endurece el corazón?

    Este es un estudio dedicado para la elevación del espíritu de la señora Ocotlán bat Candelaria, ofrecido por su amorosa hija Sandra merced a su Tzedaká que nos hizo llegar amablemente.
    Que el espíritu de la dama esté en el Gan Eden junto a los justos. Que todos sus descendientes sean benditos en su nombre y por sus acciones.

    Publicado originalmente en belev.me (Z»L) en el año 2019.

    Si quieres puedes hacernos una donación para que escribamos estudios de Torá y recemos por salud, bienestar, prosperidad tuya y de personas que tu amas. También por la ilui nishmat de seres queridos.
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    Pasemos al estudio.

    «Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto.»
    (Shemot / Éxodo 7:3)

    Ante todo sepamos que en el idioma de la Torá, y de acuerdo al contexto, la palabra “corazón” se debe entender aquí como el órgano dedicado a los procesos mentales, en particular el pensamiento.
    Si se hubiera entregado la Torá en la actualidad estaría escrito “cerebro”.
    En tanto que “endurecer” hoy sería “entorpecer”, “enlentecer”, “limitar”.
    Por lo cual, el versículo nos está diciendo que faraón tendría alteradas sus funciones mentales, más propiamente su capacidad de razonar.

    El Eterno NO está diciendo que Él tomaría las decisiones en lugar del faraón, sino que intervendría para encaminar de cierta forma al faraón en sus elecciones.
    Limitando su capacidad de razonamiento, obligándolo de cierta forma a mantenerse dentro de la celdita mental (que cada uno de nosotros también padece), sin atreverse (o sin poder) dar pasitos fuera de su zonita de confort (falsa comodidad, porque en verdad es angustia y miseria pero que se elige en vez de aventurarse allá donde el miedo nos espanta).

    Esto NO es quitarle a aquel rey su libertad de elegir entre hacer lo bueno y hacer lo malo, ni hacer de él una marioneta que no pesa sobre ella ni culpa ni responsabilidad.
    El hombre sigue tomando sus decisiones, como puede, dentro de sus limitaciones… ¡precisamente allí es donde estaría la intervención Divina! Abultando el peso de las limitaciones, reduciendo las posibilidades para el faraón, pero sin por ello quitarle su potestad a ser quien elige entre lo bueno y lo malo.

    Queda bien en claro quién está decidiendo un accionar duro:

    «Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Hashem había dicho.»
    (Shemot / Éxodo 7:13)

    Es el propio faraón el que escoge su senda brutal.
    Es él quien con crueldad maltrató a los judíos, asesinó niños, persiguió indefensos, postergó lo inevitable, llevó a gran sufrimiento a su pueblo.
    Fue el faraón, y eventualmente el resto de los egipcios, quienes paralizaron su voluntad, restringieron su mente, se aferraron violentamente a sus celditas mentales.
    Porque precisamente esto es lo que está contado en esta parte de la Torá: la fiera esclavitud del hombre a su celdita mental, su derrota ante el Sistema de Creencias, su decantarse por lo que es malo por no atreverse a ser mejores.
    Lo que pasaba al faraón y su gente, no es algo ajeno a lo que nos pasa a cada uno de nosotros.
    Solamente que en el caso del rey, Dios estaba interviniendo directamente para limitar lo ya de por sí limitado que era el espectro de alternativas para el faraón.

    Tal como enseñan los Sabios: “por donde el hombre quiere ir, Dios le acompaña”; en este caso, el faraón decidió andar por caminos de horror y oscuridad, entonces Dios le ayudó a ahogarse más profundamente en eso.
    Esto es endurecer el corazón, cuando se le acompaña en sus malas decisiones, porque Dios nos autorizó a tomar malas decisiones. Él no quiere que lo hagamos, nos prohibió hacer daño, pero si optamos por lo malo… estamos en nuestro derecho.
    Pero después se pagan las consecuencias, siempre. Sea en este mundo o en el venidero, todo pasa por caja… para bien, para mal.

    Con este acompañamiento de Dios a que faraón transitara lo más putrefacto de su ser, Dios estaba permitiendo que faraón se enredara cada vez más con las partes más oscuras y sádicas de su Sistema de Creencias, lo que haría en un primer momento que esas creencias terribles se vieran reforzadas, endurecidas, sobredimensionadas (para después desmoronarse).
    Y estamos hablando de faraón, el hombre más poderoso de su época. Como sabemos, cuanto más poder se tiene, más graves son las consecuencias de las acciones o de las omisiones.
    Por lo cual, cada mala decisión del faraón, cada paso en falso, cada puerta que se cerraba, estaba generando un caos mayor, un disturbio más violento.

    Debe quedar bien claro lo que estamos enseñando.
    Fueron las decisiones de faraón y de sus seguidores las que fueron fortaleciendo los barrotes de su celdita mental. Ellos se adentraban más y más en esa prisión, por propia voluntad.
    Con cada elección que hacían, menos libertad se estaban permitiendo.
    Cada vez más eran más presos de ellos mismos, cortando los lazos con la creatividad, con el pensamiento flexible, con la generación de alternativas.
    Se estaba endureciendo el corazón del faraón y Dios lo permitía, Él decía “¡amén!».

    Pero, por si fuera poco, el Creador organizó un contexto en el cual el proceso mental del faraón estaría reducido, endurecido mucho más que lo habitual.
    ¿Cómo?
    Quitando opciones a su alcance.
    Dios no tocó una pizca de la libertad de pensamiento y elección del egipcio, pero sustrajo de su entorno senderos alternativos. Le fue cerrando puertas y tapiando ventanas.
    Es como si faraón se hubiera lanzado dentro de un embudo que llevaba a una picadora de carne, y hasta hiciera fuerza para ayudar a la gravedad a ser molido él con su pueblo.
    Y pudiendo Dios haber abierto algún sendero que lo sacara del problema, Él no lo hizo.
    Bueno, en realidad sí le dio muchas opciones para que faraón optara por salir del embudo, por hacer TESHUVÁ, por cambiar el horrible “destino” que le estaba cayendo encima. Pero tercamente faraón se negó una y otra vez, (al menos cinco veces destaca la Torá, pero creo que pueden ser encontradas muchas más). Entonces, si el faraón se negó a todas las alternativas que le había regalado Dios… ¿quién era Dios para decirle otra cosa?

    De cierta forma el hábito fabricado por las frecuentes conductas repetidas del faraón se habían adueñado de él.
    Su Yo Vivido estaba profundamente atascado en esa segunda naturaleza artificial (el hábito), lo cual lo mantenía en constante disonancia con su Yo Esencial (NESHAMÁ, Chispa Divina).
    El Creador hizo maravillas y portentos, manifestó Su Presencia y Poder, y sin embargo parece que no fue lo que precisaba Egipto para salvarse de sí mismo.
    ¿Entendiste?

    Recuerda, esto pasó con faraón y su gente, pero estamos describiendo mecanismos emocionales/mentales/sociales que padecemos nosotros a diario.
    La celdita mental, la zona de confort, el Sistema de Creencias, el EGO no son mitos ni fantasías, son realidades de cada día (lo sepamos o no, lo creamos o no, los confrontemos o no).

    Trataré de aclarar con unos ejemplos, que es mucho más fácil de comprender y de explicar.

    Tienes el dinero que corresponde para los necesitados en tu mano, pero, por una de esas cosas de la vida, justamente hoy no se te cruza ningún mendigo.
    No están los pibes en la esquina limpiando vidrios.
    Ni la dama anciana y sin familia en la puerta del súper.
    Nada, como si estuvieras en Dubái y cero pobres a la vista.
    Vas a la sinagoga para depositar la platita en la alcancía destinada a los necesitados, pero está cerrada.
    Dentro de una hora sale tu bus y luego será Shabat, y no tienes opciones a la vista para cumplimentar con tu tzedaká ese día.
    Realmente tenías alternativas entre hacer lo bueno y no hacerlo, entre hacer lo malo y no hacerlo.
    Pero estabas tan limitado que no se te ocurrió qué hacer.
    (De paso te cuento, exactamente esto le pasó hace unos años a un conocido).

    Otro ejemplo, en este caso de otro amigo y también hace un tiempo atrás.
    Tienes un hijo al que la madre, que ahora es tu ex, te dejaba verlo, pero un buen día lo prohíbe.
    Intentas negociar amistosamente para verlo, pero resulta imposible porque chocas con una barrera de incomprensión, mercantilismo, manipulación.
    Entonces, no ves más salida que ir a los juzgados. Contratas a un abogado para que lleves el asunto y te encarece tu causa; presentan las demandas legales para ver al hijo, la madre contrata a otro abogado y el asunto tras de encarecerse, se alarga.
    En medio se meten otros familiares y conocidos a opinar, a provocar, a inventar historias que van perjudicando todo el asunto y pareciera que muchos de los que se involucran pierden de vista lo más importante: el bienestar del chico.
    Toda estas personas pueden optar por buscar un camino de concordia, de equilibrio, pero una decisión acá, un enojo allá, un derecho más allá, el EGO por doquier, y de pronto están metidos en una montaña rusa en donde pareciera que no tienen el control de los sucesos. Van corriendo como si fueran empujados por fuerzas misteriosas, como si tuvieran endurecido el pensamiento y no consiguieran ser dueños de sus vidas.
    ¿Acaso es un perverso dios que juega con ellos a una partida de simulación?

    Y un último ejemplo.
    La jovencita que comienza a fumar y beber alcohol por la presión de sus “amigas”.
    Para no perder su “amistad”, para no ser abochornada, por ilusionarse con parecer mayor, por posar de superada, por lo que sea menos una esclarecida decisión esta chica se introduce en un mundo oscuro de vicios socialmente aceptados pero igualmente de esclavizantes y enfermantes.

    Podríamos proponer multitud de otras anécdotas para hacernos comprender, pero creo que ya está aclarado el aspecto.

    Poniéndolo en el caso del faraón, podemos decir que el sistema de gobierno, la presión de su pueblo, la posición ante el juicio de otros imperios, la imprudencia del egocentrismo, la altanería, su propio relato de poderío para defenderse de sentir impotencia, sus pasadas decisiones que ahora debía seguir apoyando aunque se diera cuenta de lo erróneo del asunto, la disonancia cognitiva, entre otras cuestiones tenían encerrado a faraón en una elección limitada de opciones.
    Igualmente libre para decidir, pero con muchas menos alternativas que consideraba viables.

    Por último, añadamos que también es posible endurecer la toma de decisión de alguien, obstaculizarla, cuando se anestesia su sensibilidad y se entorpece su empatía.
    Es como alguien que no siente que se está quemando y por ello sigue con la mano apoyada sobre el fuego. Hasta que no huele a carne chamuscada, no advierte el daño que se ha estado ocasionando por su incapacidad para sentir.
    Esto perfectamente pudo haber hecho el Creador con el faraón, embotarle su percepción para que siguiere empedernido en sus malas decisiones, las cuales tomaba con absoluta libertad pero en condiciones desfavorables.
    Y también, llenarle de miedos. Hacer que su mente fuera invadida por malos pensamientos, molestas fantasías de impotencia que mantienen a la persona paralizada en una situación dolorosa pero sin respuesta para mejorar. ¿Qué si no estaban causando las terribles plagas, aparte de daños materiales constatables?
    Estaban provocando el derrumbe de la ideología Egipcia, la alteración fundamental de los basamentos del Sistema de Creencias común para ellos.
    Era un revolución profunda y que causaba estragos terribles, limitando a los egipcios en sus opciones.

    En resumen, tenemos como siempre mucho para aprender, otro tanto para desaprender, y necesariamente que aplicar para llevar una mejor vida.
    En especial atendamos el tema de la celdita mental, que tanto daño y sufrimiento nos ocasiona; porque es otra manera de llamar a la “dureza de corazón”.

    Al releer este estudio encuentro que me quedé corto, porque hay mucha información que deje afuera. Al mismo tiempo veo que está demasiado complejo y muchos podrían confundirse o perderse en el hilo.
    Hacemos lo posible…

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  • Parashat Shemot 5782

    Como una bola de nieve, comenzó todo por un pequeño problema, uno que parecía inexistente, pero luego la cuestión fue rodando y agrandándose y finalmente ya no se podía tener el control de los acontecimientos.
    ¿Cuándo fue que la simpática bolita de nieve se transformó en un monstruo destructor?
    Creo que nadie puede saberlo, porque es parte de un proceso lleno de incógnitas y apariencias.
    El hecho cierto es que aquel faraón que había entronado a Iosef murió, aunque algunas leyendas nos dicen que en realidad siguió siendo el mismo, pero lo que murió fue su agradecimiento y honestidad con respecto al hebreo y los derechos que habían adquirido su familia.
    Como sea, hay un nuevo faraón al mando, el cual rechaza la figura de Iosef. Llevado vaya uno a saber por cuál fantasía que produce el EGO, el nuevo rey temía al pueblo que crecía entre ellos y planificó una estrategia vil para obtener la supremacía. Por ello, aquel cálido vínculo de los miembros de la familia de Israel con el rey de Egipto se convirtió en una seca fricción, luego en pesadas imposiciones, más tarde en terrible esclavitud y se continuó de formas poco amables hacia los israelitas, quienes fueron considerados parte de supuestos enemigos extranjeros.

    Sus maquinaciones y castigos quitaron a los hebreos sus derechos, doblegaron sus cuerpos y muchas veces sus almas, no obstante no reducía su número, porque el pueblo de Israel estaba creciendo de todos modos. El rey estaba enojado, viéndose impotente, lo cual se agravó cuando sus adivinos y otros seudo sabios le dijeron que iba a nacer o había nacido un varón que salvaría a los hebreos y demolería el reino de faraón.
    Por lo cual, el rey decidió empeorar las cosas: las parteras hebreas recibieron una instrucción clara: ‘Si los israelitas tienen un hijo, ¡mátenlo inmediatamente!’.
    Con gran valentía, las parteras no guardaron la terrible ley, por lo que, el pueblo siguió sumando nuevos miembros.

    Entonces, el rey decide que sean los egipcios quienes se hagan cargo de la cuestión, ya que les ordenó lanzar a los bebes judíos al río, para que murieran allí. Esto fue así porque siguió nuevamente el consejo de sus brujos, quienes dijeron que el salvador de los hebreos fracasaría a causa del agua, ellos no sabían bien el cómo o el porqué, pero veían en sus vanas predicciones el agua.
    Los egipcios se apuraron a denunciar a las hebreas que habían parido en los últimos tiempos, para que sus hijos fueran masacrados.
    Era un espantoso momento para la incipiente nación israelita, y parecía que no habría pronto final a sus angustias.

    La cosa tuvo un inesperado revés, cuando los adivinos dijeron al faraón que el bebé que ellos pronosticaban quizás fuera egipcio, ahora sus artes mediocres les mostraban eso. Por lo cual, el faraón ordenó que todos los varones egipcios nacidos en los últimos meses corrieran el mismo destino que aquellos pobres bebés judíos asesinados. Las madres egipcias que hasta ayer saltaban y cantaban de alegría al ver ahogarse a los judíos y sufrir sin consuelo a las hebreas, ahora caían ellas mismas en esas y peores tribulaciones.

    Entonces, en una familia de la tribu de Leví nace un pequeño. De manera milagrosa se salva de las requisas policiales y es mantenido a cubierto tres meses. Al cabo de este tiempo, su madre, Iojeved, temió por su seguridad y lo colocó en el agua del río (el Nilo), dentro de una canasta flotante y protegida. La hermana del niño, Miriam, fue enviada a rastrear la canasta, para ver qué le pasaría. Un nuevo milagro acontece, pues, la hija de faraón que estaba tomando un baño, oyó el llanto, salvó al bebé y lo llamó Moshé (que en egipcio quiere decir «hijo de» y en hebreo se interpreta como «porque fue sacado del agua»).

    Moshé creció en la casa de Faraón, pero según nos refieren los midrashim, tenía referencias de que era israelita. Algo en su subconsciente le hacía recordar su tierna infancia, la señora que lo amamantó, que era su verdadera madre contratada por la hija de faraón para tal tarea.
    Cuando Moshé creció, un día vio a un egipcio con la intención de asesinar a un judío. Mató al egipcio y salvó al judío. Al otro día, el mismo hebreo estaba riñendo con otro hebreo, y al querer intervenir Moshé, aquel que había salvado le insultó, para luego ir a denunciarlo por la muerte del egipcio. El faraón se enteró de esto y Moisés se vio obligado a huir a una tierra vecina: Madián.
    Allí, Moisés ayudó a las hijas de Itró, un clérigo madianita, rescatándolas de las manos de los pastores varones que estaban acosándolas. Itró se enteró de los hechos de Moshé, lo invitó a su casa, le ofreció un trabajo como pastor. Más tarde se casó con Moshé con una de sus hijas: Tzipora.

    Pasaron varias décadas y ya parecía que Moshé terminaría su vida tranquilamente en Madián.
    En eso, el malvado Faraón murió, y los hijos de Israel le rogaron a Dios que los salvara de la sentencia de muerte y del arduo trabajo. Dios les escuchó, por lo cual, convocó a Mohsé, a través de un ángel revelado en una zarza ardiente, mientras Moshé pastaba el rebaño. Moshé tenía curiosidad por ver por qué la zarza ardía, pero no se consumía. Al acercarse escuchó a Dios hablarle, entre otras cosas le dijo que él era quien salvaría al pueblo de Israel de los egipcios, y también llevaría al pueblo a la Tierra de Israel.

    Moshé intenta esquivar de varias formas esta misión, peligrosa y suicida.
    Argumentó diciendo: ‘¿Quién soy yo de todos modos?’.
    También dijo: ‘¡Soy de habla tardía!’.
    Además: ‘¡¿Quién me escuchará?!’.
    No se sentía como un líder, ni con los instrumentos suficientes para enfrentar la enorme e imposible tarea que le estaba planteando el Creador.
    Pero también, ¿qué tenía que ver Moshé con ese pueblo abrumado y lejano?
    Sin embargo, Dios insistió y le dio a Moshé algunas señales que él podía mostrar y probar que estaba actuando en representación de la deidad.
    Además,  le instruyó a cooperar con su hermano, Aarón, quien actuaría como su portavoz.

    A regañadientes, Moshé aceptó la misión, se separó de Itró y se llevó a su familia de regreso a Egipto. Cuando llegó a Egipto, Moshé se encontró con su hermano Aarón y juntos comenzaron a actuar en la misión de Dios. Moshé y Aarón descubrieron que el nuevo Faraón también era enemigo de los hijos de Israel, y no estaba dispuesto en lo más mínimo para liberarlos de Egipto. Le pidieron que dejara salir a los hijos de Israel de Egipto durante tres días para orar a Dios, pero el faraón se negó. De hecho, añadió mayores cargas y castigos en contra de los hebreos.

    Los hijos de Israel, cuyo trabajo se volvió insoportable, se enojaron con Moshé y Aarón. Moshé lo entendió y se quejó al Señor. Pero Dios tranquilizó a Moshé y le prometió: ‘Faraón no solo librará al pueblo de Israel, sino que hará todo lo que pueda para sacarte de Egipto’.

    La historia continúa en las siguientes parashot.

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  • Parashat Vaijí 5782

    Parashat Vaijí concluye el libro del Génesis y describe el final de la vida de Iaakov y su hijo Iosef.
    El anciano patriarca sintió que su tiempo en la tierra se acortaba y que sus días estaban llegando a su fin, por ello, convoca a su hijo Iosef y le hace jurar que lo enterrará en la tierra de Canaán. Su hijo jura y más adelante, llegado el momento, lo cumple.
    Acá podríamos preguntarnos, entre otras, cosas: ¿qué necesidad de hacerlo jurar, con pedirlo no era suficiente?
    Te dejo para que lo reflexiones y si deseas me envíes en los comentarios tus ideas.

    Cuando Iosef se entera de que los días de su padre están contados, lo visita y trae consigo a sus dos hijos, Efráim y Menashe. Cuando el anciano y enfermo Iaacov se entera de que José ha venido a visitarlo, se fortalece, se sienta en la cama y le cuenta a su hijo la historia de su vida. Por primera vez desde su muerte, Iaacov menciona a Rajel, la madre y amada esposa de Iosef.
    Luego, bendice a Iosef y a los nietos, cuando ocurre un hecho que nos detalla la parashá, que pareciera muy extraño, ya que de cierta manera Iaacov mezcla su historia personal con la vida de sus nietos. Resulta que Menashe es el mayor y Efráim es el menor, debiendo recibir la bendición del primogénito quien lo era. Pero, resulta que el anciano abuelo puso su mano derecha sobre la cabeza de Efráim, el menor, y su mano izquierda, sobre la cabeza de Menashe, el mayor. Es decir, estaba cambiando la bendición, tal como él había logrado que sucediera en su propio caso, cuando su padre Itzjac le bendijo a él con los derechos del primogénito en reemplazo de Esav.
    Entonces, Iosef interviene, tratando de mover la mano derecha de Iaacov para que se posara sobre la de Menashé. Sin embargo, Iaacov insiste en cruzar las manos, y le dice a su hijo que él sabe que en el futuro el menor sobrepasará al mayor, convirtiéndose en la cabeza de la línea familiar.

    Más tarde, uno por uno, Iaacov llama a todos sus hijos y los bendice. Las bendiciones son simbólicas: elige un animal u objeto cuyas características son similares a las del hijo, de modo tal de hacer una bendición que resulta en también en un vistazo al futuro de la tribu. Así pues, a Yehudá vislumbra como un líder, al igual que un león guía a los animales. Isajar es comparado con un burro que lleva cargas pesadas cuando necesita trabajar, y cuando no hay trabajo, descansa y disfruta tirado en el suelo. De este modo con casi todos los hijos, hasta que llega a los que tuvieron conductas bastante reprochables.

    Por ello, Shimón y Leví escuchan palabras duras de su padre, al igual que Reubén, quien también recibe una ducha fría de su padre. Pierde el derecho a la primogenitura y no será líder por su comportamiento pasado.
    En tanto que Iosef recibe la bendición de la riqueza y también la bendición del liderazgo, en otro plano en el cual ejercerá Yehudá.

    Al finalizar su discurso, Iaacov muere, y Iosef y los hermanos cumplen la petición de Iaacov, enterrándolo en la Cueva de los Patriarcas.
    Iosef también está envejeciendo y a la edad de ciento diez años está a punto de morir. Entonces, hace jurar a su familia que traerán sus huesos a la tierra prometida, que no lo dejen indefinidamente en Egipto. Además, predice a sus hermanos que sus descendientes regresarán a Canaán. Después de esto, falleció, siendo momificado y puesto en un sarcófago que sumergieron en el río en Egipto.

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  • Resp. 6180 – La decisión de faraón?

    Luis nos pregunta:

    1- No me explico el porqué el faraón le creyó al judio: Judio, reo, preso, delincuente sexual, sin familiares qie lo visiten en en la cárcel, y tras de eso extranjero.
    2- Es como si un argentino cayera preso en uruguay y lo nombren ministro de economía.
    3- No es muy confiable ni creíble el buen muchacho.
    4- El faraón le dio el beneficio de la duda.
    5- Seguro no por sus “facultades psicoanalíticas”. Sino por otras razones.
    6- Seguro porque sabía que había hecho una injusticia.
    7- Y podía poner en peligro la estabilidad del faraonasgo si política o judicialmente se hacía público.
    8- El más probable pensar que el ascenso del judio en la política pública se haya dado por razones de conveniencia pública, que de sus habilidades patriarcales

    (más…)

  • Resp. 6179 – El don de la interpretación de sueños?

    Un amable lector del sitio comentó: «Está claro que José estaba poseído por el don divino de la interpretacion de sueños. Gracias a él, Dios hizo entrar en Egipto a los hebreos donde serían esclavizados durante más de 400 años para cumplir así con lo profetizado a Abraham sobre su descendencia.»
    Es un comentario en el interesante post: https://serjudio.com/tora/bereshit/10miketz/parasha-miketz-5782

    Quisiera explicar algunas cuestiones que resultan fundamentales para comprender el asunto de la interpretación de sueños, y desterrar creencias del mundo de la magia y de la idolatría.
    Con vuestro permiso.

    Podemos mencionar cuatro clases de sueños:

    1. De inspiración espiritual.
    2. Motivados por causa físicas/materiales actuales.
    3. Residuos mentales.
    4. De origen emocional.

    Los explicaré muy rápidamente.

    1. Son sueños que se componen con retazos de información de la red de información cósmica, es decir, del plano espiritual, que son percibidos por la mente inconsciente y sirven como bloques de construcción junto a elementos propios.
      El canal de información cósmica lo tenemos cerrado, por decisión de Dios, desde hace unos 2500 años. Cuando Dios eligió que no tuviéramos más profecía ni otros aspectos que potenciaban la mente humana en aquellas épocas antiguas. Este canal volverá a ser usado hasta grados inusitados en la Era Mesiánica. Mientras tanto, solamente se pueden percibir confusos retazos de información, girones sin elaboración, imágenes que no guardan alguna coherencia. Es la mente inconsciente la que se encarga de armar luego como una especie de representación, por lo que no debe ser asumido como una profecía o visión de eventos lejanos (en tiempo o espacio).
      En el pasado, Dios habilitaba que ciertas personas pudieran tener visiones realmente proféticas, de mayor o menor cualidad.
      Probablemente los dos sueños del faraón, que narra la parashá Miketz, tengan un gran componente de esta clase de sueño, pues Dios quería que faraón estuviera al tanto de lo que estaba por suceder y de esa forma organizar la salvación de gran cantidad de la población de su época, a la vez que dar paso a la inmigración israelita a su país.
      Sin embargo, veremos en la clase tres y cuatro que ahí también pudiera estar el origen de sus sueños.

    2. Ocurre algo en el momento presente que no es captado por el que está soñando de manera consciente, pues está durmiendo y su consciencia está apocada. Pero, su mente inconsciente registra esos estímulos y elabora con ellos algún relato, un sueño. Por ejemplo, suena el timbre de la casa mientras está durmiendo, la mente inconsciente recibe esa información y la transforma en una escena onírica, que mantiene al durmiente sumido en su sueño.

    3. Asuntos de la jornada quedaron enganchados en la mente del soñador, quizás tuvieran algún impacto particular estando despierto, o simplemente fueron elementos que no llegaron a extirparse de la mente. Como fue dicho, puede tener algún interés especial el soñador en estos asuntos, o ser meramente restos que no pudieron quitarse, sin más.
      Ejemplo: se enteró de la muerte de un personaje famoso, que no le es relevante en su vida, pero a la noche sueña a partir de esta noticia que pasó sin pena ni gloria durante su estado de vigilia, pero que genera un sueño estando dormido. Tal vez esta noticia se anuda con alguna cuestión que sí impacta en lo emocional, o de alguna otra forma en su vida; si continuamos con el ejemplo del famoso, por ahí esa persona no le interesa, ni le produce ninguna emoción, pero le activa la angustia de perder a un familiar cercano, o de su propia muerte.

    4. Deseos o miedos, elementos que pueden angustiar y no han sido elaborados conscientemente y que reclaman ser atendidos. En el caso del faraón bien pudieran haber sido datos que recibió de perturbaciones en las corrientes del río Nilo, o cuestiones por el estilo.

    Tenemos entonces al faraón que sueña, tal vez con influjo de la fuente espiritual, probablemente con angustias que están en su corazón acerca de mantener el poder en su país, cuestión que dependía grandemente de que siguiera haciendo la pantomima de que era un dios y que tenía el control sobre las corrientes del río Nilo. Tal vez se estuvo debatiendo en esos días de hambrunas en otras regiones, o de perturbaciones políticas y sociales en otros reinos e imperios. Lo cual creaba el caldo de cultivo ideal para que tuviera los sueños que tuvo, el de las vacas y las espigas.

    Como sea, Iosef había aprendido el arte de interpretar sueños en su casa, con su padre, un famoso soñador y también intérprete. Esa era una costumbre arraigada en su familia, y él se había vuelto experto. Que pudiera tener ayuda del Divino, es muy probable. Pero, no debemos confundir esto con una especie de «don celestial», o alguna portentosa cualidad extrasensorial.
    Iosef solamente era ducho en el fino y complejo arte de interpretar sueños, para lo cual se requiere estudio, sabiduría, empatía, sensibilidad, agudeza, comunicación con el que ha soñado, conocimiento del que ha soñado y no factores mágicos o místicos que le den poderes sobrenaturales.
    Es un arte que podemos aprender, pero que debemos aprender también a desarrollar y no estancarnos con recetas de traducciones inmediatas, como hacen algunos poco hábiles queriendo demostrar sus pocas luces. Al caso, cuando dicen: «en el Talmud está dicho que la caída de dientes en sueños significa X, por tanto, tu sueño quiere decir precisamente X». Esa precisamente es una farsa de interpretación, pues no inicio siquiera un paso en el verdadero arte de realizarlo.

    Se puede objetar, a favor del don divino, que Iosef dijo: «Iosef respondió al faraón diciendo: –No está en mí. Elohim responderá para el bienestar del faraón.» (Bereshit/Génesis 41:16).
    ¿No está indicando claramente que él es solamente un canal para la mensajería de Dios?

    Veamos la correcta interpretación del versículo.
    Primero del sabio y maestro de generaciones, el Jatam Sofer:

    בלעדי אלקים יענה את שלום פרעה, לא רצה שיקנאו בו חכמי פרעה ואחכז»ל חכם עדיף מנביא אלא שהמובן אין נביא אא»כ הוא חכם אבל לעולם מה שמשיג בחכמה עדיף ממה שמשיג בנבואה, על כן אמר יוסף בלעדי שאינו מחכמתי אלא אלקים יענה בדרך נבואה,

    En resumen dice que Iosef declaró que era de parte de Dios para que no le celaran los consejeros del faraón y le desearan hacer el mal. Ponía el asunto en manos de la divinidad, para prevenir así que le dañaran. Es decir, estaba atribuyendo la interpretación a Dios, para quitar de sí cualquier relevancia. Una hábil estrategia de supervivencia.

    El gran maestro Malbim explica:

    בלעדי. ר»ל החלום הוא הודעה השגחיית מאלהים, וה’ אשר שלח לך את ההודעה להודיע שלומך בחלום טוב, כן יודיע פתרונו להפותר יהיה מי שיהיה, ואם לא תהיה ההודעה על ידי תהיה ע»י אחרים, כי גם בלעדי בהכרח שאלהים בעצמו יענה את שלום פרע, להודיעהו את ההודעה משלומו שבקש להודיעהו:

    Que significa que Iosef está abriendo el paraguas, diciendo que tal vez él no pudiera interpretar el sueño, pero que ya Dios se encargaría de que el faraón tuviera quien lo hiciera. Una nueva manera inteligente para cuidarse, en caso de que no supiera que interpretar, o lo que tuviera para decir pudiera molestar al faraón. De esta forma, podía callar sin ser acusado de inepto, o hasta de equivocarse, pero él ya había deslindado responsabilidades.

    Podríamos seguir, incluso con aquellos maestros que ciertamente avalan que fuera una intepretación dirigida por Dios, en este caso en particular, ya que tanta relevancia tendría sus efectos en la historia de la humanidad.

    En resumen, no esperemos magia con los sueños, sino un arte y trabajo de sabios, que contemplan el mensaje, al escribiente y al receptor, para formar un texto que tenga utilidad positiva.

    Le deseo lo mejor, shalom y bendiciones.

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  • El no victimismo de Iosef como modelo para el inicio de la Era Mesiánica

    Iosef es el personaje principal de las cuatro últimas parshiot de Bereshit.
    Desde su adolescencia conflictiva hasta su muerte en el esplendor del poder en Egipto.
    En el medio, no te lo referiré ahora, porque se supone que es ya conocida la historia, y si no la recuerdas, tienes los resúmenes publicados en este mismo sitio, así como montón de estudios que venimos publicando desde hace tres décadas.

    Varias cosas podemos decir de este personaje, pero hay una que no suele señalarse y que, no obstante, pudiera ser la más poderosa de todas.
    La capacidad de Iosef para no hacerse la víctima, incluso cuando lo estaba siendo efectiva y realmente.
    Esto puede resultar chocante, particulamente en esta época de gente de cristal, que se rompen o resquebrajan por cualquier cosa. Que todo les duele, les pesa y les es trabajoso. Que todo es sentido como bullying, que hasta una letra les infarta, y que conocen de supuestos derechos y reclamos pero que son ignorantes de responsabilidad, sacrificio y compromiso.
    Aun más grave, están los que se victimizan todo el tiempo, por lo general, sin razón real.
    Así pues, hay que tratar a esta gente con mucho cuidado y ternura, llevarlos en pañales y rodeados de algodoncitos, todo el tiempo y sin falta.
    Porque de lo contrario, se largan a llorar, a patalear, a berrear, a insultar, a demandar y… sí, también a ser violentos en grado sumo.

    Estamos en una época muy rara, que coincide con la descripción que habían dado los Sabios de la generación inmediatamente previa a la Era Mesiánica, llena de corrupción, de debilidad, de jueces que son juzgados, de indisciplina, de jutzpá, de desvergüenza, de caras de perro…
    Como vemos en el final de la mishná Sotá (9:15):

    בעקבות משיחא מה חוצפא יסגא, ויוקר יאמירמו.

    הגפן תיתן פריה והיין ביוקרמז, והמלכות תהפך למינות, ואין תוכחה.

    בית ועד יהיה לזנות, והגליל יחרב, והגבלן ישום, ואנשי הגבול יסובבו מעיר לעיר ולא יחוננו, וחכמת סופרים תסרח, ויראי חטא ימאסו, והאמת תהא נעדרת.

    נערים פני זקנים ילבינו, זקנים יעמדו מפני קטנים.

    (מיכה ז) בן מנבל אב, בת קמה באמה, כלה בחמותה, אויבי איש אנשי ביתו.

    פני הדור כפני הכלב, הבן אינו מתבייש מאביו.

    ועל מי יש לנו להשען? על אבינו שבשמים.

    En los tiempos del acercamiento del Mesías, la insolencia aumentará y se acumularán altos costos. Aunque la vid produzca su fruto, el vino será caro. Y la monarquía se convertirá en herejía, y no habrá nadie que reprenda por esto. El lugar de reunión de los Sabios se convertirá en un lugar de promiscuidad, y Galilea será destruida, y Gavlan será desolada, y los hombres de la frontera irán de ciudad en ciudad en busca de caridad, pero no encontrarán misericordia. . Y la sabiduría de los escribas se pudrirá, y los que temen el pecado serán llenos de repugnancia, y la verdad estará ausente. Los jóvenes avergonzarán el rostro de los ancianos, los ancianos estarán delante de los menores. Las relaciones familiares normales se arruinarán: un hijo deshonrará a un padre; una hija se levantará contra su madre, una nuera contra su suegra. Los enemigos de un hombre serán los miembros de su casa. El rostro de la generación será como el rostro de un perro; un hijo ya no se avergonzará de su padre. ¿Y en qué podemos confiar? Solo en nuestro Padre que está en los cielos.

    Quizás es hora de dejar de tomar el ejemplo de la mentalidad fracasada y comenzar a visualizar el éxito a través del modelo de Iosef.
    ¿Qué te parece?
    Hacer de este inicio de la Era Mesiánica algo saludable y no la trágica imagen que nos avizoró la mishná y pareciera que la generación actual está cumpliendo a rajatabla.

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  • Parashá Vaigash 5782

    En la parashá anterior Iosef organizó una trampa para que se pudiera acusar de ladrón a su pequeño hermano, Biniamín. ¡Justo a él! El que era inocente de haberlo maltratado, el único que le quería y respetaba, su hermano de padre y madre. Pero, Iosef tenía su plan tramado en el cual se incluía esta terrible acusación.
    Los comentaristas comparten varias ideas de cuáles pudieran haber sido sus motivaciones y qué esperaba obtener de la tramoya, pero realmente, él se llevó a la tumba lo que pasaba por su mente y corazón.

    El hecho cierto es que, ahora los hermanos deben accionar de alguna forma para que el asunto se resuelva.
    ¿Volverán a traicionar a un hermano, abandonando a Biniamín para que se pudra en la esclavitud?
    ¿Habrán aprendido la lección en todos estos años, por tanto lucharán por liberar a su hermano?
    ¿Surgirán conflictos entre ellos, porque habrá diferentes propuestas antagónicas?
    En verdad: ¿qué espera Iosef como respuesta para satisfacer su ánimo?

    El panorama pinta terrible, porque Iosef (que ellos no saben que es él) es el ministro más poderoso del gobierno egipcio, y ahora ellos están viendo como se llevan a su hermanito para ser esclavo.
    Nada de lo que puedan decir o hacer parece tener alguna influencia para cambiar la situación.

    Por ello, en un intento desesperado, con mucha potencia pero también con humildad, el hermano responsable, Yehuda se enfrenta a Iosef. Le pide que no dañe a Binamín, para ello, le cuenta la historia de lo que ocurrió a de su hermano Iosef, quien era el hijo de Raquel, la amada esposa de Jacob, quien fue asesinada por una bestia malvada, y cómo su padre todavía lo llora. Esta revelación abre una rendija enorme en el corazón de Iosef, pues le deja en claro qué fue lo que creyó el padre, se da cuenta de que él también fue maltratado por sus hijos, al mantenerlo engañado y en sufrimiento durante tantos años.
    Continúa Yehudá contando que Binamín es el único hijo que le queda a Jacob de Raquel, y que él es el hijo menor, y que Jacob no soportará la pérdida de ese hijo. Pide la misericordia de Iosef y le ofrece quedar él como esclavo en lugar del otro.

    Iosef no puede contener más el torrente emocional que lo está agarrotando, por ello, al escuchar la desgarradora historia con las revelaciones insospechadas, estalla en lágrimas. Pide a todos sus consejeros y a las personas en la sala que se vayan, y se queda solo con sus hermanos. Entonces les revela su identidad. Los hermanos están consternados por el descubrimiento y no saben qué decir. Iosef les pregunta: ‘¿Mi padre sigue vivo?’.
    Sus hermanos están asombrados por el descubrimiento y no saben qué decir. Temen que ahora que ha alcanzado la grandeza, se vengará de ellos por lo que le hicieron. Pero él los calma, les dice que todo esto es un plan de Dios y que ellos no tienen nada que temer. Les pide que vayan a buscar al padre y lo traigan a Egipto, con el resto de la familia, así se puede producir el reencuentro. Envía muchos regalos y comida a la familia.

    El entusiasmado Iaacov y sus hijos, así como los demás miembros de la familia llegan a Egipto. Se nos describe el emocionante encuentro del padre con el hijo que nunca fue olvidado ni dado por perdido.
    Iosef cuida de su padre, hermanos y sus familias y, como son pastores, recibe el permiso del faraón para darles la ‘Tierra de Goshen’, que es una tierra buena para pastoreo.

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  • Parashá Miketz 5782

    Iosef continúa en la cárcel, por un crimen que no había cometido.
    El ministro de la bebida del faraón no cumplió con rescatarlo, y ya habían transcurrido dos años desde su propia liberación de la cárcel.
    Entonces, el faraón tuvo un sueño: siete vacas gordas, plétoras de carne hermosa y saludable pastando en el campo; pero luego vienen siete vacas muy magras y de mal aspecto. Éstas engullen a las primeras, sin que se note que se las comieron, pues quedaron tan escasas y terribles como antes de  haber devorado a las vacas gordas. Se levanta sobresaltado, luego vuelve a dormir y a soñar, entonces ve siete espigas de excelente aspecto que se yerguen en el campo, sin embargo, de inmediato aparecen del río siete espigas demacradas, que se tragan a las primeras, no obstante no cambian de aspecto, quedando tan pobres como al principio.
    Nuevamente, se despierta angustiado, y trata de encontrar alguien que le brinde una interpretación coherente de sus sueños.
    Ninguno de los sabios sacia su anhelo, hasta que el ministro de copas le cuenta que él tuvo un sueño estando en prisión y que fue correctamente decodificado por un joven hebreo que estaba preso allí.
    De manera veloz sacan a Iosef del pozo y lo llevan ante faraón, para que pueda interpretar sus sueños.
    Iosef lo hace, advirtiendo antes que todo estaba en manos del Eterno.
    Anuncia que es un sueño que penetra las sombras del tiempo y vislumbra que vienen siete años de estupenda riqueza, como nunca se vivió previamente. Pero esa holgura será rápidamente evaporada y olvidada cuando arranque un período de siete años de tremebunda escasez.
    Añade que sería muy sabio organizar en tiempos de prosperidad para tener almacenado y distribuido alimento para la época oscura, así se aprovecha el sueño para beneficio y no como mera curiosidad.
    Faraón piensa que Iosef es el más sabio y que él deberá ser el encargado de realizar ese plan de salvación, por lo cual lo nombra ministro con plenos poderes sobre Egipto.

    En su nuevo papel, José actúa de acuerdo con su comprensión trabaja de acuerdo a su visión de los sueños del faraón, que se hicieron realidad y después de siete años de abundancia, la hambruna llegó a Egipto. ¿Y qué hace la gente hambrienta? Fueron a quejarse ante el faraón. El faraón se los envía a Iosef, quien abre los graneros a la gente y los alimenta. Pero no es gratis, pues se van endeudando hasta convertirse todos en siervos de faraón.
    El rumor de la abundancia en Egipto llega hasta la tierra de Canaán, donde también había llegado la época de penurias.

    Iaacov se entera de la abundante comida que se encuentra en Egipto, por lo cual, envía a sus hijos a buscar comida allí. Deja a Biniamín, su hijo menor, a su lado porque teme que le ocurra un desastre en el camino y que se pierda, como se perdió su querido Iosef tanto tiempo atrás.
    Los hermanos llegan a Egipto, son llevados ante el poderoso ministro, a quien ellos no reconocen y se inclinan, tal como había anunciado un sueño de un adolescente Iosef. Él sí sabe quienes son, pero no da a conocer su identidad, por el contrario, lo trata con dureza, les pregunta de dónde vienen y los acusa de espionaje. Ellos responden que son inocentes, que solo vinieron a buscar comida, porque el hambre es intensa incluso en la tierra de Canaán.

    Iosef les pregunta por su familia, ellos responden que tenían dos hermanos más, uno se quedó con su padre en la tierra de Canaán, y el otro estaba perdido.
    Iosef los encarcela, pero al día siguiente solamente deja prisionero a Shimón, aquel que le hostigaba con más saña, en tanto envía a los otros de regreso con alimentos y una condición para regresar a buscar al hermano encarcelado y más comida: deberán traer a su hermano menor Benjamín.

    Los hermanos están asustados y sin otra opción regresan a casa, en el camino descubren que misteriosamente la plata con la que habían pagado la comida estaba en sus sacos de alimentos. Ellos temen ser acusados nuevamente por ese cruel ministro que los maltrató sin motivo. Se apresuran en volver a su casa. Iaacov se apena por la pérdida de otro hijo, y se opone con vehemencia a que se lleven a Binamín.
    Después de que Yehudá hubo logrado convencer a su padre que se opuso, regresan a Egipto.
    Esta vez Iosef es cordial y por medio de un mayordomo los invita amablemente a almorzar a su casa, donde Biniamín recibe todo tipo de privilegios, a diferencia de sus hermanos, quienes en la oportunidad no lo envidian ni desean el mal.
    Cuando ve a Binamín (su único hermano de su madre Raquel), está muy emocionado, sale a la habitación contigua y llora. A pesar de la emoción y el llanto, Iosef no de darles una lección a sus hermanos. Por ello, instruye a sus hombres a llenar los sacos de sus hermanos con comida y guarnición y esconder en la bolsa de Biniamín su copa personal de plata, con la que él decía que hacía magia.

    Los hermanos partieron, tras lo cual, Iosef envió a sus hombres para que le trajeran esclavo al hombre que le robó la copa. Los policías los detienen, ellos juran que no robaron nada, pero al revisar bolsa a bolsa, encuentren la copa en la de Binamín.
    Se lo llevan detenido para hacerlo esclavo, los hermanos no están de acuerdo y quieren luchar por liberarlo. Entonces, Yehudá toma una importante decisión.

    La historia continúa en la siguiente parashá.

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  • Parashat Vaieshev 5782

    Comienza la parashá presentándonos al adolescente Iosef (el hijo de Rajel) y su relación problemática con sus hermanos mayores.
    Resulta que el padre, Iaakov, lo amaba más que a cualquiera de sus hijos y no dudaba en manifestarlo de diversas maneras.
    Por ejemplo, en una oportunidad le dio una camisa especial a rayas (o con mangas), la que en aquella época y lugar era parte del vestuario habitual de los príncipes. Este regalo incentivaba las conductas conflictivas tanto de Iosef como de sus hermanos; el único que no participaba de esto era el pequeño Biniamín, pues era muy chico.
    Pero además, Iosef traía cuentos acerca de las acciones de sus hermanos, lo que provocaba mayores distanciamientos y sentimientos negativos. Había otras conductas y actitudes de todos que no conspiraban para la paz y el entendimiento, sino todo lo contrario.
    Por si todo esto no fuera suficiente, Iosef le cuenta a sus hermanos sus extraños sueños, en los que se ve como el regente por sobre su familia, e incluso ocupar un cargo de prestigio a nivel cósmico.
    Los sueños bien podrían estar desnudando sus deseos, pero también pudieran ser una visión profética, lo que significa poder acceder a otros tiempos y lugares y ser testigos de realidades que se perciben a través de los símbolos del sueño.
    En concreto, en su primer sueño, ve once gavillas de grano, que representan a sus once hermanos, inclinándose ante su gavilla. Por supuesto, los hermanos se enojan cuando escuchan que incluso en sus sueños él es importante y preferido, y todos los demás se inclinan ante él. En el sueño siguiente, está el sol, la luna y once estrellas que se inclinan ante él.
    En este punto, incluso su amado padre lo regaña, en tanto que los hermanos se sienten hastiados por el joven mimado y condescendiente.
    Nada bueno se está cocinando, y el padre que se percata (eso creemos) no realiza cambios en su actitud, ni convoca a una reconciliación familiar.

    Un día, cuando los hermanos estaban pastando con sus rebaños lejos de casa, Iacov envió a Iosef a comprobar la situación de ellos y de sus rebaños. Cuando a lo lejos los hermanos lo ven venir, dicen burlonamente: “aquí viene este soñador, ¡vamos a ver qué será de sus sueños y lo que interpreta!”.
    Deciden que esta es la oportunidad de vengarse de él, lejos de casa y de los ojos de su padre. Urden un improvisado y siniestro plan: lo matarán, arrojarán su cuerpo a un pozo y le manifestarán a su padre que ha sido presa de una bestia malvada.

    Reuben, el hermano mayor, escucha el plan y ofrece un plan alternativo: arrojarlo al pozo sin matarlo, morirá allí solo. Quería dar la impresión de que deseaba una muerte más macabra para su hermanito, sin embargo, su idea era sacarlo de allí más tarde y devolvérselo a su padre; porque esperaba obtener nuevamente el visto bueno del padre, que lo había castigado por algunos hechos poco honorables ocurridos en la parashá anterior.
    Los hermanos rompieron la odiada camisa de Iosef, lo arrojaron al pozo y se sentaron a comer. De repente, un convoy de comerciantes pasa camino a Egipto y Yehudá (que también está tratando de evitar el asesinato de Iosef) convence a sus hermanos de que en lugar de matarlo lo venderán como esclavo a los comerciantes. Pensaba que esto le daría una chance a Iosef para sobrevivir y quizás regresar eventualmente al hogar.

    Reuben, que no estaba presente en el momento de la venta, se sorprende al saber que el niño ha sido vendido. Se rasga la ropa, en señal de dueño y dice: ¿qué le diré a papá ahora?
    Los hermanos pretenden escapar de las consecuencias de sus terribles acciones, por lo cual, mojan la camisa de José en la sangre de un animal y se la envían a su padre. Éste reconoce la ropa de su hijo, asume que fue muerto por una bestia salvaje, por ello también rasga su ropa, sentándose en duelo, amargo y sin vistas de cerrarse. Sus hijos intentan consolarlo, pero él se niega y llora a su hijo por muchos años más; tal vez negándose a asumir lo que el creía era una cruel realidad, o quizás porque sentía que su hijito del alma seguía vivo.

    La parashá cambia el foco de su relato y para a contarnos una confusa historia acontecida a la familia que había formado Yehudá.
    En pocas palabras, tras la muerte de dos de sus hijos y su esposa, Yehudá intima (sin saberlo) con su nuera, la que queda preñada y dará a luz a dos hijos. De uno de ellos se continuará la estirpe principal de la tribu, que desembocará en David y el inicio de la dinastía mesiánica de la familia de Ishai.

    Luego regresa el relato a Iosef, cuando es vendido como esclavo al cocinero del faraón, Potifar. De a poco va escalando posiciones en esa casa, porque demuestra su gran potencial y beneficia a su patrón, pero además porque tiene la bendición del Eterno que hace exitosas todas sus acciones. No obstante, la esposa del ministro quiere mantener un romance ilícito con él, a lo cual el hebreo se niega repetidamente. En una oportunidad, cuando estuvo dispuesto a someterse a los deseos de la esposa de Potifar, él se da cuenta de que está por cometer un acto prohibido y la rechaza. Ella, lastimada en su orgullo y llena de crueldad lo acusa de querer abusar de ella. Le miente a su esposo, quien se da cuenta de como había sido realmente el asunto, por ello ordena que Iosef sea encarcelado, aunque fuera inocente. En prisión por un crimen que no cometió, siendo extranjero, siendo esclavo, lejos de toda familia y amigos, igualmente va ascendiendo de jerarquía también en la cárcel, porque Dios no apartaba Su protección de él. Hasta que queda a cargo de administrar la prisión, Un día, faraón ordena que sean aprisionados el ministro de copas y el de panificados. Son recibidos por Iosef, quien los atiende y cuida. Hasta que una noche ambos ministros sueñan sueños, que fueron correctamente interpretados por Iosef.
    El de panificados es ajusticiado por faraón, en tanto que el de copas es puesto en libertad y retoma tareas en el palacio.
    Iosef le pide que no lo olvide, que recuerde lo que había hecho por él cuando nadie era su amigo ni le ayudaba.
    Pero, el repuesto ministro lo olvida, y ahí queda por dos años más preso Iosef

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  • Parashat Vaishlaj 5782

    Veinte años después de huir de su hermano Esav, Iaacov regresa a la tierra de Canaán. Ahora tiene una familia numerosa compuesta por cuatro esposas, once hijos y una hija. Además, cuenta con muchas propiedades, que incluyen ovejas y ganado. sin embargo, hay una cuenta pendiente que no lo deja dormir tranquilo, y estará a punto de confrontarla, pues le informan que su hermano Esav, aquel que dos décadas atrás juró asesinarlo, ahora viene a su encuentro y acompañado por muchos hombres armados.

    Iacoov quiere reconciliarse, pues sabe que ninguno saldría beneficiado de una contienda sangrienta.
    Para lo cual organiza dos instrumentos de pacificación, y una alternativa, en caso de que la propuesta de paz fracase.
    Ora al Eterno pidiendo por salvación y shalom, en tanto envía mensajeros con ricos regalos y palabras de elogio y bendición para su hermano.
    Pero también deja todo listo para defenderse y usar la fuerza física, en caso de ser necesario.
    Además separa a su familia y acompañantes en diferentes campamentos, de modo tal que si se produce la contienda algunos puedan salvarse.

    Mientras espera el temido encuentro, que se producirá a la mañana siguiente, se queda solo y la Torá describe un misterioso suceso, en el cual lucha toda la noche con un desconocido, el cual pareciera ser un ángel.
    Al amanecer, al no haber vencedor en la pelea cuerpo a cuerpo, el extraño pide para marcharse, no sin antes bendecir a Iaacov, diciendo que a partir de ahora también sería conocido como Israel, añadiendo que esto significa que tiene la capacidad para luchar contra Dios, ángeles y humanos y no ser vencido por ninguno de ellos.
    Del combate nocturno Iaacov-Israel ha quedado herido en su muslo, por lo que por un tiempo va rengueando, lo cual estableció una costumbre que se cumple hasta estos días, de que no es kasher el tendón del muslo de los animales aptos para consumo en la dieta judía.

    Entrado el día, Iaacov se encuentra con Esav, y se produce la inesperada reconciliación.
    Se abrazan, besan y lloran uno en brazos del otro, para finalmente separase en paz.

    Después de eso, Iaakov decide instalarse y para ello compra un terreno cerca de la ciudad de Shejem, la cual muchos siglos más tarde fue capital de la tribu de Efráim y hoy es conocida por el nombre de Nablus.
    Mientras reside allí con su familia ocurre un suceso trágico. El príncipe de la cercana ciudad seduce a Dina, hija de Iaacov y Lea. La ingenua joven no tiene conciencia de lo que sucede pero su padre y hermanos sí comprenden. Es por ello que un par de hijos de Iaacov, más precisamente Shimon y Leví, sin decir nada al padre o al resto de la familia, traman una venganza, que da como resultado la matanza de los habitantes de aquella ciudad que encubría facinerosos y abusadores.
    Al enterarse Iaacov los reprende, pues teme las represalias que podrían tomar los otros pueblos de la zona; además de considerar que los jóvenes hermanos se excedieron en su venganza, provocando daños a personas inocentes. ¡Esa no es la manera como ha de comportarse una persona que sigue el sendero del Creador!

    Luego, la parashá continúa contándonos que Dios le dice a Iaacov que suba a Bet-El. Allí el patriarca erige un monumento en honor al Eterno, y Dios confirma el cambio de su nombre para que sea conocido también como Israel.
    En el camino a Bet-El, Rajel da a luz a Benjamín y muere en ese proceso.
    Se cuenta también que tanto Itzjac como Esav murieron, siendo enterrados en la Cueva de los Patriarcas en Jebrón.

    La parashá finaliza con una descripción de la dinastía de Esav.

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