Parashat Vaiakel comienza con la orden de Dios a Moisés de reunir a todos los hijos de Israel y ordenarles varios mandamientos.
El primero de ellos se trata de que los israelitas deben de guardar el día de Shabat, es decir, hacer del sábado un día de abstención de melajá, que podemos traducir como actividad creativa. Dios también prohíbe explícitamente encender fuego en Shabat.
En la continuación de la parashá, Dios continúa con una mitzvá: Todos los hijos de Israel deben hacer una contribución para la construcción del Tabernáculo. Se les pidió que donaran principalmente materiales costosos como: oro y plata y cobre, diferentes tipos de colorantes, lienzos que cubrirán el tabernáculo, madera de árbol de acacia, aceite y perfume que se usaron para alumbrar y aromatizar, y piedras preciosas para las diversas vestiduras sacerdotales.
¿Quién fabricará todos los artefactos y utensilios del santuario? Se les pide a los artistas que vengan y los creen de acuerdo con las pautas que les serán suministradas.
¿De dónde tendrían los israelitas conocimientos de orfebrería, carpintería, joyería, etc.? Eran artistas y artesanos que aprendieron su oficio en Egipto, trabajando para los patrones que dispensaban gran importancia a sus ropas, viviendas, templos, ornamentos, etc.
Estos expertos se presentaron de manera voluntaria, hombres y mujeres, para dedicar su tiempo, conocimiento, experiencia, experiencia y otros recursos colaborando en la fabricación y edificación del santuario y sus objetos sagrados.
Tras las órdenes vertidas por Moshé, de acuerdo al mandato del Eterno, se comenzó la operación de movilización general para la construcción del Mishkán: los hombres y mujeres donaron el oro que tenían, con gran generosidad hasta se desprendían de sus joyas personales para participar en esta campaña sagrada. Proveyeron los materiales necesarios, mientras los presidentes y líderes de la multitud traían el aceite, las especias y las piedras preciosas más sofisticadas.
El director general de la obra fue escogido por Dios, quien seleccionó a Betzalel hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Yehudá , pues: «el Espíritu de Dios lo llenaba de sabiduría, dándole inteligencia, ciencia y destreza en todo arte».
A su lado trabajaban personas con grandes talentos, muchos de los cuales estaban siendo iluminados por la sabiduría del Eterno para realizar estas tareas. Así pues, lo que aprendieron en Egipto, más la inspiración celestial dotaban a los encargados de la manufactura de una capacidad increíble para conseguir concretar el diseño artístico Divino.
Moshé instruye a los artistas para que comiencen a trabajar. Primero, se prepararon las láminas que cubrían el tabernáculo y se conectaron entre sí. Posteriormente, se hicieron los tablones y los antepechos que los conectaban. Luego el Parojet, la cortina que separaba el Lugar Santísimo del resto del Tabernáculo. En este punto llegó el turno de construir los artefactos sagrados: el arca, la mesa, el candelabro, el altar del incienso, el altar ascendente en el que se ofrecían los sacrificios y el lavatorio. El final de la construcción se dedicó a la preparación del atrio que rodeaba el tabernáculo: las columnas, clavijas, antepechos y paredes.
Podemos encontrar los siguientes temas en nuestra parashá, Nasó:
Se continúa señalando las tareas de algunos miembros de la tribu de Leví en el servicio del Mishkán (Santuario), tema que ya había comenzando en la parashá previa.
Se ordenan algunos procedimientos respecto a las personas en estado de impureza ritual y que por lo tanto no deben tomar contacto con lo sagrado.
Se dan reglas para devolver objetos que no están en posesión de sus dueños.
Se indica el procedimiento a hacerse ante la presunción de la infidelidad conyugal de una mujer casada, la que es denominada “sotá”.
Se señalan los votos de un nazir (lo que podemos traducir como nazareno), así como el ritual al finalizar el período correspondiente a sus prohibiciones.
Está expresado el texto de la bircat cohanim (bendición sacerdotal), que es la fórmula tradicional con la cual los cohanim bendicen al pueblo. Estas mismas palabras son las que se han impuesto como la bendición que acostumbran a hacer los padres por los hijos en momentos solemnes y festivos, tales como por ejemplo antes del kidush cada viernes por la noche, o en las ceremonias de bar/bat mitzvá. Es breve pero muy profunda y poderosa, si quisiéramos resumirla en una palabra, ésta sería SHALOM, que se puede traducir como paz, estado de completud, armonía.
Se enumeran las ofrendas presentadas por los líderes de cada una de las tribus al momento de inaugurarse el Santuario en el desierto.
Mencionamos la birkat cohanim (Bemidbar / Números 6:22-26):
Aquí está la traducción de su texto y de la breve introducción con la cual la Torá nos la presenta:
«El Eterno habló a Moshé [Moisés] diciendo:
‘Habla a Aarón y a sus hijos y diles que así bendecirán a los Hijos de Israel. Díganles: ‘El Eterno te bendiga y te guarde.
El Eterno haga resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia.
El Eterno levante hacia ti Su rostro, y ponga en ti paz.’«
Cuando analizamos esta especial bendición en el contexto de la parashá, nos encontramos que hay al menos tres anillos concéntricos de shalom:
Interno: que corresponde a cada persona en particular. Cuando uno puede estar en paz consigo mismo, en un estado de equilibrio, donde sus emociones y pensamientos no representan un conflicto que obstaculice las experiencias de la vida. Disfrutar de esta sensación de bienestar, de estar a gusto con la propia existencia, alejando las malas ideas y no cayendo en conductas perjudiciales tales como la envidia, la habladuría, el engaño, el pesimismo, etc.
Relaciones con el prójimo: cuando se puede compartir con el otro. Es evidente que hay vaivenes, como es lógico que suceda en todas las relaciones, porque ocurren dificultades en la comunicación, o hay competencias innecesarias, o estilos que no se coordinan. Pero cuando se anteponen los valores positivos a cualquier otra consideración, se construye el shalom, se lo comparte, se crece junto al otro. Las desavenencias no separan, sino que unen.
Social: se han logrado tejer redes de concordia entre los individuos y se encontró la manera de que la solidaridad venza al egoísmo. Por supuesto que es necesario sostener este entramado social que depende en gran medida del shalom interno de los que lo forman.
Cuando logramos alcanzar esta situación de shalom interno-externo, se dice que vivimos en la Era Mesiánica. Hasta ahora es un ideal, una meta a la cual el judaísmo aspira que algún día lleguemos todos los habitantes del planeta, todas las naciones de la tierra. Al lograrlo, también se encuentra la manera armoniosa de vivir con toda la creación. Tengamos en cuenta que no depende de milagros, ni tampoco de bendiciones solamente, sino de educarnos en buenos valores y vivir de acuerdo a ellos.
¡Les deseo a ustedes y familias un Shabbat Shalom umboraj!
Este es un estudio dedicado para la elevación del espíritu de la señora Ocotlán bat Candelaria, ofrecido por su amorosa hija Sandra merced a su Tzedaká que nos hizo llegar amablemente.
Que el espíritu de la dama esté en el Gan Eden junto a los justos. Que todos sus descendientes sean benditos en su nombre y por sus acciones.
Si quieres puedes hacernos una donación para que escribamos estudios de Torá y recemos por salud, bienestar, prosperidad tuya y de personas que tu amas. También por la ilui nishmat de seres queridos.
Compartes de tu mundo material para que compartamos de nuestro mundo espiritual.
Gracias: https://serjudio.com/apoyo
Pasemos al estudio.
«Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto.»
(Shemot / Éxodo 7:3)
Ante todo sepamos que en el idioma de la Torá, y de acuerdo al contexto, la palabra “corazón” se debe entender aquí como el órgano dedicado a los procesos mentales, en particular el pensamiento.
Si se hubiera entregado la Torá en la actualidad estaría escrito “cerebro”.
En tanto que “endurecer” hoy sería “entorpecer”, “enlentecer”, “limitar”.
Por lo cual, el versículo nos está diciendo que faraón tendría alteradas sus funciones mentales, más propiamente su capacidad de razonar.
El Eterno NO está diciendo que Él tomaría las decisiones en lugar del faraón, sino que intervendría para encaminar de cierta forma al faraón en sus elecciones.
Limitando su capacidad de razonamiento, obligándolo de cierta forma a mantenerse dentro de la celdita mental (que cada uno de nosotros también padece), sin atreverse (o sin poder) dar pasitos fuera de su zonita de confort (falsa comodidad, porque en verdad es angustia y miseria pero que se elige en vez de aventurarse allá donde el miedo nos espanta).
Esto NO es quitarle a aquel rey su libertad de elegir entre hacer lo bueno y hacer lo malo, ni hacer de él una marioneta que no pesa sobre ella ni culpa ni responsabilidad.
El hombre sigue tomando sus decisiones, como puede, dentro de sus limitaciones… ¡precisamente allí es donde estaría la intervención Divina! Abultando el peso de las limitaciones, reduciendo las posibilidades para el faraón, pero sin por ello quitarle su potestad a ser quien elige entre lo bueno y lo malo.
Queda bien en claro quién está decidiendo un accionar duro:
«Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Hashem había dicho.»
(Shemot / Éxodo 7:13)
Es el propio faraón el que escoge su senda brutal.
Es él quien con crueldad maltrató a los judíos, asesinó niños, persiguió indefensos, postergó lo inevitable, llevó a gran sufrimiento a su pueblo.
Fue el faraón, y eventualmente el resto de los egipcios, quienes paralizaron su voluntad, restringieron su mente, se aferraron violentamente a sus celditas mentales.
Porque precisamente esto es lo que está contado en esta parte de la Torá: la fiera esclavitud del hombre a su celdita mental, su derrota ante el Sistema de Creencias, su decantarse por lo que es malo por no atreverse a ser mejores.
Lo que pasaba al faraón y su gente, no es algo ajeno a lo que nos pasa a cada uno de nosotros.
Solamente que en el caso del rey, Dios estaba interviniendo directamente para limitar lo ya de por sí limitado que era el espectro de alternativas para el faraón.
Tal como enseñan los Sabios: “por donde el hombre quiere ir, Dios le acompaña”; en este caso, el faraón decidió andar por caminos de horror y oscuridad, entonces Dios le ayudó a ahogarse más profundamente en eso.
Esto es endurecer el corazón, cuando se le acompaña en sus malas decisiones, porque Dios nos autorizó a tomar malas decisiones. Él no quiere que lo hagamos, nos prohibió hacer daño, pero si optamos por lo malo… estamos en nuestro derecho.
Pero después se pagan las consecuencias, siempre. Sea en este mundo o en el venidero, todo pasa por caja… para bien, para mal.
Con este acompañamiento de Dios a que faraón transitara lo más putrefacto de su ser, Dios estaba permitiendo que faraón se enredara cada vez más con las partes más oscuras y sádicas de su Sistema de Creencias, lo que haría en un primer momento que esas creencias terribles se vieran reforzadas, endurecidas, sobredimensionadas (para después desmoronarse).
Y estamos hablando de faraón, el hombre más poderoso de su época. Como sabemos, cuanto más poder se tiene, más graves son las consecuencias de las acciones o de las omisiones.
Por lo cual, cada mala decisión del faraón, cada paso en falso, cada puerta que se cerraba, estaba generando un caos mayor, un disturbio más violento.
Debe quedar bien claro lo que estamos enseñando.
Fueron las decisiones de faraón y de sus seguidores las que fueron fortaleciendo los barrotes de su celdita mental. Ellos se adentraban más y más en esa prisión, por propia voluntad.
Con cada elección que hacían, menos libertad se estaban permitiendo.
Cada vez más eran más presos de ellos mismos, cortando los lazos con la creatividad, con el pensamiento flexible, con la generación de alternativas.
Se estaba endureciendo el corazón del faraón y Dios lo permitía, Él decía “¡amén!».
Pero, por si fuera poco, el Creador organizó un contexto en el cual el proceso mental del faraón estaría reducido, endurecido mucho más que lo habitual.
¿Cómo?
Quitando opciones a su alcance.
Dios no tocó una pizca de la libertad de pensamiento y elección del egipcio, pero sustrajo de su entorno senderos alternativos. Le fue cerrando puertas y tapiando ventanas.
Es como si faraón se hubiera lanzado dentro de un embudo que llevaba a una picadora de carne, y hasta hiciera fuerza para ayudar a la gravedad a ser molido él con su pueblo.
Y pudiendo Dios haber abierto algún sendero que lo sacara del problema, Él no lo hizo.
Bueno, en realidad sí le dio muchas opciones para que faraón optara por salir del embudo, por hacer TESHUVÁ, por cambiar el horrible “destino” que le estaba cayendo encima. Pero tercamente faraón se negó una y otra vez, (al menos cinco veces destaca la Torá, pero creo que pueden ser encontradas muchas más). Entonces, si el faraón se negó a todas las alternativas que le había regalado Dios… ¿quién era Dios para decirle otra cosa?
De cierta forma el hábito fabricado por las frecuentes conductas repetidas del faraón se habían adueñado de él.
Su Yo Vivido estaba profundamente atascado en esa segunda naturaleza artificial (el hábito), lo cual lo mantenía en constante disonancia con su Yo Esencial (NESHAMÁ, Chispa Divina).
El Creador hizo maravillas y portentos, manifestó Su Presencia y Poder, y sin embargo parece que no fue lo que precisaba Egipto para salvarse de sí mismo.
¿Entendiste?
Recuerda, esto pasó con faraón y su gente, pero estamos describiendo mecanismos emocionales/mentales/sociales que padecemos nosotros a diario.
La celdita mental, la zona de confort, el Sistema de Creencias, el EGO no son mitos ni fantasías, son realidades de cada día (lo sepamos o no, lo creamos o no, los confrontemos o no).
Trataré de aclarar con unos ejemplos, que es mucho más fácil de comprender y de explicar.
Tienes el dinero que corresponde para los necesitados en tu mano, pero, por una de esas cosas de la vida, justamente hoy no se te cruza ningún mendigo.
No están los pibes en la esquina limpiando vidrios.
Ni la dama anciana y sin familia en la puerta del súper.
Nada, como si estuvieras en Dubái y cero pobres a la vista.
Vas a la sinagoga para depositar la platita en la alcancía destinada a los necesitados, pero está cerrada.
Dentro de una hora sale tu bus y luego será Shabat, y no tienes opciones a la vista para cumplimentar con tu tzedaká ese día.
Realmente tenías alternativas entre hacer lo bueno y no hacerlo, entre hacer lo malo y no hacerlo.
Pero estabas tan limitado que no se te ocurrió qué hacer.
(De paso te cuento, exactamente esto le pasó hace unos años a un conocido).
Otro ejemplo, en este caso de otro amigo y también hace un tiempo atrás.
Tienes un hijo al que la madre, que ahora es tu ex, te dejaba verlo, pero un buen día lo prohíbe.
Intentas negociar amistosamente para verlo, pero resulta imposible porque chocas con una barrera de incomprensión, mercantilismo, manipulación.
Entonces, no ves más salida que ir a los juzgados. Contratas a un abogado para que lleves el asunto y te encarece tu causa; presentan las demandas legales para ver al hijo, la madre contrata a otro abogado y el asunto tras de encarecerse, se alarga.
En medio se meten otros familiares y conocidos a opinar, a provocar, a inventar historias que van perjudicando todo el asunto y pareciera que muchos de los que se involucran pierden de vista lo más importante: el bienestar del chico.
Toda estas personas pueden optar por buscar un camino de concordia, de equilibrio, pero una decisión acá, un enojo allá, un derecho más allá, el EGO por doquier, y de pronto están metidos en una montaña rusa en donde pareciera que no tienen el control de los sucesos. Van corriendo como si fueran empujados por fuerzas misteriosas, como si tuvieran endurecido el pensamiento y no consiguieran ser dueños de sus vidas.
¿Acaso es un perverso dios que juega con ellos a una partida de simulación?
Y un último ejemplo.
La jovencita que comienza a fumar y beber alcohol por la presión de sus “amigas”.
Para no perder su “amistad”, para no ser abochornada, por ilusionarse con parecer mayor, por posar de superada, por lo que sea menos una esclarecida decisión esta chica se introduce en un mundo oscuro de vicios socialmente aceptados pero igualmente de esclavizantes y enfermantes.
Podríamos proponer multitud de otras anécdotas para hacernos comprender, pero creo que ya está aclarado el aspecto.
Poniéndolo en el caso del faraón, podemos decir que el sistema de gobierno, la presión de su pueblo, la posición ante el juicio de otros imperios, la imprudencia del egocentrismo, la altanería, su propio relato de poderío para defenderse de sentir impotencia, sus pasadas decisiones que ahora debía seguir apoyando aunque se diera cuenta de lo erróneo del asunto, la disonancia cognitiva, entre otras cuestiones tenían encerrado a faraón en una elección limitada de opciones.
Igualmente libre para decidir, pero con muchas menos alternativas que consideraba viables.
Por último, añadamos que también es posible endurecer la toma de decisión de alguien, obstaculizarla, cuando se anestesia su sensibilidad y se entorpece su empatía.
Es como alguien que no siente que se está quemando y por ello sigue con la mano apoyada sobre el fuego. Hasta que no huele a carne chamuscada, no advierte el daño que se ha estado ocasionando por su incapacidad para sentir.
Esto perfectamente pudo haber hecho el Creador con el faraón, embotarle su percepción para que siguiere empedernido en sus malas decisiones, las cuales tomaba con absoluta libertad pero en condiciones desfavorables.
Y también, llenarle de miedos. Hacer que su mente fuera invadida por malos pensamientos, molestas fantasías de impotencia que mantienen a la persona paralizada en una situación dolorosa pero sin respuesta para mejorar. ¿Qué si no estaban causando las terribles plagas, aparte de daños materiales constatables?
Estaban provocando el derrumbe de la ideología Egipcia, la alteración fundamental de los basamentos del Sistema de Creencias común para ellos.
Era un revolución profunda y que causaba estragos terribles, limitando a los egipcios en sus opciones.
En resumen, tenemos como siempre mucho para aprender, otro tanto para desaprender, y necesariamente que aplicar para llevar una mejor vida.
En especial atendamos el tema de la celdita mental, que tanto daño y sufrimiento nos ocasiona; porque es otra manera de llamar a la “dureza de corazón”.
Al releer este estudio encuentro que me quedé corto, porque hay mucha información que deje afuera. Al mismo tiempo veo que está demasiado complejo y muchos podrían confundirse o perderse en el hilo.
Hacemos lo posible…
El famoso Decálogo, más conocido como “los diez mandamientos”, comienza con Dios presentándose ante el pueblo de Israel, afirmando que ellos lo conocían desde que estuvieron en Egipto y que fue el autor de su liberación. Luego continúa con la segunda de las frases, con el mandamiento que dice que no debemos tener otro dios aparte de Él.
Resulta como innecesaria la segunda frase, porque, veámoslo bien: después de que el Todopoderoso se presenta que Él es Dios, que hizo milagros, que nos rescató de una tortura sin fin, que se hizo cargo de nosotros, entonces, ¿cómo se nos ocurriría suponer que hay otros dioses y adorarlos en su lugar, o además de Él
¿Se entiende la pregunta?
¿A quién se le ocurriría semejante tontería, de dar la espalda al Dios verdadero para correr a abrazar dioses que son solo fantasía y no poseen ningún poder?
Entonces, ¿qué necesidad de esa advertencia justamente después de que el Eterno se manifestara y se diera a conocer, nuevamente y sin dudas?
Vamos a intentar una respuesta, siguiendo las enseñanzas de comentaristas clásicos.
Estos maestros nos explican que las diez frases, con sus 14 mandamientos, en realidad son como el encabezamiento y no la obra entera.
Porque, recordemos, el pueblo judíos no recibió solamente 10 mandamientos, o 14, sino 613.
SEISCIENTOS TRECE.
Clásicamente se categorizan como mandamientos positivos, es decir, de accionar de alguna forma; y mandamientos negativos, o sea, de dejar de realizar alguna acción.
Así pues, existe el mandamiento de procrear, de traer hijos a este mundo y de criarlos, el cual es uno de carácter positivo.
Al mismo tiempo tenemos uno que nos dice que está prohibido asesinar.
Nos damos cuenta de que son parte de una misma idea: el valor inmenso de la vida humana, creada a imagen y semejanza espirituales del Creador.
Otro ejemplo.
El mandamiento positivo de honrar y respetar grandemente a los padres y maestros, que se complementa con el precepto negativo de no maltratarlos de ninguna forma.
Así podemos contemplar que esos binomios se encuentran en multitud de oportunidades.
Entonces, ante el claro saber y darnos cuenta de que solamente hay un Dios, al cual le debemos todo, lo complementamos con no permitirnos caer en la idolatría, que es adorar cosas existentes o irreales a las cuales les asignamos nosotros la cualidad de ser una deidad.
Vamos a llevar a la práctica este binomio que inicia el Decálogo.
Hay personas, que por diversas causas, que no pueden llegar al nivel de comprender que Dios es la realidad y que nos debemos a Él. Estas personas no están en condiciones, al menos por el momento, de cumplir con el precepto de saber que Dios existe y participa de nuestras vidas.
Pero, al menos tienen la oportunidad de no ir detrás de dioses falsos, de ideologías que alejan a la persona del buen sendero espiritual. Que no adore dioses extraños, que no los interponga en su relación existente o no, con el Todopoderoso.
También ocurre que algunas personas niegan a Dios, o su vínculo presente con nuestra realidad, como una forma de permitirse ciertas cosas que Dios no desea que hagamos.
Entonces, se niega a Dios, para de esa forma rechazar Su autoridad y hacer lo que venga en gana y complacer con ello al EGO.
Entonces, nos recuerda la Torá que no se vale hacer trampas al solitario, que por más que rechacemos a Dios, Él seguirá estando y siendo el Rey del universo. Por tanto, que seamos cuidadosos y no profanemos sus cosas sagradas, ya que si no podemos ser activos en construir un mundo terrenal que refleje el espiritual, al menos no destruyamos este mundo y nuestra oportunidad para encontrar nuestra verdadera identidad espiritual, eventualmente.
Esta enseñanza va más allá que de cuestiones teológicas, de creencias, de conexión con Dios; porque se aplica a todos las cuestiones de nuestra vida.
Un solo ejemplo, si no podemos hoy ayudar al prójimo, al menos no hagamos nada en su detrimento.
La parashá Ki Tisá comienza con la instrucción de Dios de contar a los varones mayores de edad del pueblo de Israel. El conteo se realiza recogiendo una donación de medio siclo de cualquier persona mayor de veinte años. La instrucción es clara: ‘Los ricos no dará de más y los pobres no disminuirán’. Este es el famoso párrafo que volveremos a leer nuevamente pronto, cuando sea el Shabat conocido como «Shekalim».
Dios instruye a Moisés: «Toma el dinero recogido en el censo, y dáselo para el servicio del tabernáculo de reunión», porque comprendemos que este dinero tenía múltiples propósitos, no solamente censar a parte del pueblo, sino también que ese hecho que podría ser administrativo tuviera más implicancias. Entre otras, el mantenimiento del templo; pero no solamente esto.
En el resto de la parashá, Dios instruye a Moisés a santificar los utensilios del templo y los materiales usados por los sacerdotes, e incluso a los mismos sacerdotes para que estén en condiciones espirituales como para trabajar en el tabernáculo.
Luego, encontramos a Betzalel hijo de Uri, el artista que diseñará y preparará los vasos del templo (lámpara, fregadero, etc.), de quien dice el Eterno: «Junto a él trabajará otro artista llamado Aholiav… quienes tienen que preparar las vestiduras para Aarón hacohén y las vestiduras de sus hijos para el sacerdocio».
Esta parashá también describe uno de los momentos más conocidos, terribles e impactantes de la historia del naciente pueblo, cuando un sector del mismo participó del pecado del becerro, que fuera incitado por los Erev Rav.
Repasemos rápidamente, Moisés ha estado en el monte Sinaí durante cuarenta días, y el pueblo lo está esperando abajo. La expectativa es difícil para los hijos de Israel, pero mucho mayor para la muchedumbre de gentiles que ha salido de Egipto acompañándolos. Ellos no tienen el aval de Dios, sino solamente el amparo de Moshé, el cual se constituyó por propia voluntad en su líder y protector. Cuando vieron que Moisés no descendió al tiempo especificado, según ellos lo estaban computando, se volvieron hacia Aarón y le dijeron: ‘Levántate, haznos un dios’. Ya antes habían amenazado y luego despedazado a su sobrino, quien se había negado a hacerles caso a tan pecaminosa solicitud. Aarón quería hacer tiempo, para que Moshé retornara y las cosas se calmaran, por ello les ordenó juntar sus joyas y todo el oro que tenían. Esperaba que esa tarea les consumiera más de un día, pero en pocos minutos regresaron cargados de oro. No tuvo más remedio que fundirlo y procedió a elaborar la estatua de un becerro. Los Erev Rav se volvieron hacia el becerro, y proclamaron: «Estos son tus dioses, oh Israel, que te subieron de la tierra de Egipto” (Levítico 4:4).
Luego se lanzaron a festejar con todo tipo de desenfreno carnal. Esto llamó la atención de un puñado considerable de israelitas, quienes se sumaron a la pagana festividad. La inmensa mayoría de los israelitas estaban anonadados, no sabían cómo responder a lo que estaba sucediendo.
Mientras tanto, Dios vio lo que estaba pasando y con ira quiso destruir a los celebrantes. Moisés lo tranquilizó y le recordó su promesa al pueblo de Israel y Dios le ordenó que bajara y se hiciera cargo del asunto. Moisés bajó de la montaña, vio la gran celebración del becerro, y arrojó las Tablas de la Ley de su mano, y las partió. Luego, tomó el becerro que habían hecho y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta que quedó hecho polvo, el cual en el agua, la cual asperjó sobre los hijos de Israel.
El castigo fue duro, pues Moisés ordenó a sus hombres que mataran a los responsables, y ese día murieron tres mil personas. Entonces Moisés pidió perdón a Dios. Esta vez, también, Dios perdonó a los hijos de Israel, les prometió la tierra de Canaán, que es una tierra que mana leche y miel, e hizo un pacto con el pueblo.
En la parashá también encontramos la reafirmación del pacto sagrado entre Dios e Israel, que es inquebrantable. La importancia del Shabat. Las festividades del pueblo judío, entre otros temas que te invito a conocer más allá de este breve resumen.
Abraham Lincoln es conocido por haber sido presidente de los Estados Unidos, por haber liderado una gesta para conseguir la libertad de todas las personas en su país.
Sin embargo, su camino no fue sencillo, por el contrario, experimentó múltiples fracasos, uno tras otro antes de llegar al éxito.
Con 35 años estaba arruinado. Más tarde, tras recuperarse de una severa crisis nerviosa, intentó ser elegido a la Cámara de Representantes, pero perdió. Sin embargo, no se daba por vencido y en 1848 perdió su segunda nominación al Congreso. Luego perdió su postulación al Senado en 1854. En los dos años siguientes perdió la nominación para la vicepresidencia y fracasó de nuevo para ser senador en 1858.
Esto no hizo que declinara su trabajo y perdiera la esperanza, por el contrario, lo fortaleció hasta que en 1860 fue electo presidente de los Estados Unidos.
Su paso como tal ha dejado enorme impacto en la cultura de su país y en el mundo.
¿Acaso alguno de nosotros no sabría identificar su imagen, su eminente figura?
¿Recuerdas en que billete se encuentra su rostro?
Probablemente, incluso sabríamos alguno de los datos de su biografía, pues es una personalidad famosa y destacada.
Es un ejemplo de vale la pena esforzarse para alcanzar las metas.
Sin importar las veces que uno caiga, levantarse y continuar. Los fracasados son los que ya no lo intentan. También fracasados son los que intentan seguir un mal camino, uno que los aparta de su esencia espiritual, de ser la mejor versión de ellos mismos.
Al respecto, en la parashá encontramos el siguiente pasaje:
«וְעָשִׂ֥יתָ בִגְדֵי־קֹ֖דֶשׁ לְאַֽהֲרֹ֣ן אָחִ֑יךָ לְכָב֖וֹד וּלְתִפְאָֽרֶת:
Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y esplendor.» (Shemot/Éxodo 28:2)
Hay una diferencia entre “gloria” y “esplendor”, el honor se recibe por las cualidades naturales de la persona, en tanto que el esplendor solo se alcanzará debido a la calidad de sus elecciones.
Gloria, entonces puede deberse al linaje, a los atributos de la familia, pero muy especialmente a esa NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina) que cada uno de nosotros es.
No hacemos nada para merecer ese KABOD, ese respeto, tan solo por el hecho de haber nacido, de ser parte de una familia, de ser humanos, etc.
No depende de ninguna de nuestras decisiones o acciones.
En tanto que el TIFERET, la luz y el esplendor es consecuencia del arduo trabajo personal, de las elecciones y lo que se hace con ellas.
No importa quién es mi padre o madre, ni a qué pueblo pertenezco, sino lo que yo hago con mi vida.
No solamente en las decisiones enormes, esas que parecieran ser las de peso; sino en las cotidianas, las del día a día, las que pudieran ser de poca importancia, pero que en verdad resultan de tremendo poder.
Ambas cualidades deben estar incluidas en las vestiduras de santidad que Moshé hará para que use el Sumo Sacerdote a la hora de ejercer su trabajo sagrado.
Según el sabio que conocemos como el Malbim, se les debía instruir a los cohanim acerca del valor de estas vestimentas y de que no eran meros elementos decorativos, o que tenían solamente una función práctica, sino que eran también un vehículo para tomar consciencia de nuestra doble cualidad: espíritu que habita en el mundo físico.
Porque la tarea principal del cohén, del sacerdote judío, no trataba de rituales en el templo, o de cuestiones religiosas; sino de mostrar el camino de la espiritualidad a la congregación. De vivir de tal manera que lo espiritual sea parte de lo cotidiano, y que lo más corriente esté vibrante de conexión espiritual.
La idea es que todos nos percatemos que somos esa NESHAMÁ, esa parte del Dios Todopoderoso y nos sintamos llenos de gloria. Al mismo tiempo que brindemos honra y honor al prójimo, pues también es parte de ese mismo infinito que nos crea y une.
Pero, no es suficiente quedarse con esa imagen, sino que Dios nos impulsa a que desarrollemos nuestra personalidad terrenal, que lleguemos a la mejor versión de nosotros mismos en esta vida terrenal. Entonces es cuando brillamos con esplendor.
Advertir el potencial que tenemos y hacer lo que está a nuestro alcance para manifestarlo, esa es la tarea.
Por supuesto que hay personas que consiguen esplendor material, desarrollo de las cosas terrenales sin tomar consciencia de su identidad espiritual, sin tener noción de su parte en la eternidad.
Se quedan entonces sin ser referentes de la gloria, que es la chispa Divina que somos.
Así como hay personas espléndidas en lo que a espiritual se refiere, pero no se animan a desarrollar sus facetas en este mundo, perdiendo así la oportunidad de brillar con esplendor.
Lo que la Torá pide es que ambas cuestiones estén conjugadas y en armonioso funcionamiento.
Pero, ¿cómo hacerlo?
¿Cómo conjugar nuestra espiritualidad con nuestra materialidad, para manifestar gloria y esplendor?
Una manera simple pero poderosa, que nos brinda nuestra tradición consiste en tomarse un poco de tiempo cada día y hacer las siguientes cosas:
1) Escribe tres cosas por las que te sientas agradecido (con Dios y/o con personas).
2) Escribe dos cosas que sientas has realizado y te dan bienestar.
3) Escribe tres cosas que quisieras hacer mañana para mejorar tu vida y la de tu alrededor.
No te olvides de poner la fecha de esa anotación.
Luego, cada viernes a la tarde, si tienes un momento para hacerlo, sino un sábado a la noche, o cuando quieras, lee la lista de la semana.
Repasa lo que has escrito y comprueba si estás de acuerdo con lo que en ella dice.
Te servirá para reconocer lo que Dios está haciendo por ti y te abre a mayores logros. Así como te da consciencia de lo que otros hacen por lo cual te beneficias.
Luego, al enumerar tus logros estás afirmando tu esfuerzo, dejando de lado la necesidad del aplauso ajeno.
Por último, al proponer nuevos desafíos, estás planteando el paso siguiente en tu construcción, no le estás dando las riendas al EGO para que controle tu vida.
Eventualmente, podrás percibir que tú también estás llevando esas ropas de gloria y esplendor, que son la manera espiritualmente terrenal que estás viviendo.
Supongo que han oído hablar de la película “Ciudadano Kane”, catalogada como una de las mejores películas, sino la mejor, de toda la historia del cine.
Co-escrita, dirigida, producida y protagonizada por Orson Wells, aquel que se hiciera famoso por la transmisión radial de la guerra de los mundos.
La película de 1941, es una especie de biografía post mortem de un hombre rico y exitoso, del Citizen Kane.
Después de dar una visión general de la magnitud de su inmenso patrimonio y el alcance de su tremendo poder, la cámara se acerca a los últimos momentos de su vida. Allí yacía respirando por última vez y cuando expira pronuncia, ‘Rosebud’ y luego una bola de cristal lleno de copos de nieve cae de su mano y se rompe.
La siguiente parte comienza con algunos reporteros curiosos que están decididos a descubrir quién fue esta misteriosa mujer en su vida llamada Rosebud. Luego, la película muestra retrospectivamente a un niño y su madre que viven en una pequeña choza, en un barrio pobre, donde es feroz la lucha de esta madre soltera para proveer lo básico para su hijo.
En una escena crítica, el niño está feliz, en su ingenuidad, en su simpleza, en su belleza sin preconceptos, en su trineo disfrutando de la espesa nieve, cuando aparecen dos hombres y le explican algo a la madre en voz baja. Ella les concede permiso a regañadientes para algo.
Entonces los dos hombres se acercan al niño y en la lucha por el control toman su trineo y lo arrojan con fuerza al suelo. Aparentemente, su tío rico había muerto dejándolo como el único heredero y dueño de una gran industria. La madre no pudo resistir la tentación de enviarlo, aun en contra de su voluntad, para que tuviera la oportunidad de una “vida mejor”.
La narrativa lo sigue a través de las vicisitudes de su vida empresarial y personal. A medida que pasa el tiempo, su éxito financiero y su influencia se expanden más allá de la imaginación, mientras que su vida privada es una serie de relaciones rotas y fracasos. Al final, muere como un hombre solitario con una bola de cristal nevada agarrada con fuerza en la mano y ‘Rosebud’ en los labios. En la escena final, estos dos reporteros fatigados parados allí en la mansión, después de haber revisado a fondo toda su vida, expresan su frustración y desesperación por saber algo de Rosebud.
La cámara ahora enfoca a un grupo de trabajadores que están ocupados arrojando artículos de poco valor de la finca a una gran hoguera. Como el reportero acababa de decir: “Bueno, ¡supongo que nunca sabremos quién era realmente esa mujer, Rosebud!”. La cámara enfoca cuando es arrojado un trineo al infierno y allí, pintadas en letras rojas brillantes, está la palabra ‘Rosebud’. ¡Mientras el trineo arde, las letras se cuajan y los créditos ruedan!
El mensaje ha sido desoladoramente claro, el hombre poderoso reconoce al momento de su muerte que en realidad era un pobre niño temeroso, angustiado y añorando aquella vida de sencillez y estrechez material, pero enorme alegría y satisfacción.
Pero, ¿qué relación guarda esta historia y su moraleja con la parashá?
Veámoslo.
En la parashá se menciona la construcción de la tapa de oro que iba a cubrir el arca del pacto, allí en donde se guardaban celosamente las tablas de la alianza.
Por encima de la tapa estaban esculpidas dos figuras, la de dos querubines, que son unos ángeles.
De acuerdo a nuestra tradición, las caras de estos seres corresponden a la de un niño y una niña.
Es realmente bastante sorprendente e incluso alarmante en algún nivel. Dentro del Kodesh Kodashim, el Lugar Santísimo, el Corazón del Corazón del Mishkán, se encontraban dos figuras de querubines dorados, como niños. ¡A través de ellos se transmitiría la profecía! ¡¿De qué va todo eso?!
Propongo que nos enfoquemos en los rostros de estos dos niños.
¿Por qué eligió Dios que sean niños y en número de dos para cubrir el objeto más sagrado?
Debemos hacer una gran distinción entre ser ‘infantil’ en el sentido de ingenuo, fresco, inquieto, vivaz, e ‘infantil’, en el sentido de inmaduro, pueril, inconsciente.
A menudo ser niño, es sinónimo de bondad sin esperar nada a cambio, de pureza e inocencia.
Para los niños es natural ser felices sin complicarse mucho, como cuando se les da un caro regalo y se quedan jugando con la caja o el moño que lo envuelve, en lugar de concentrarse en el caro objeto que el adulto compró.
Los niños son infinitamente curiosos, llenos de asombro y refrescantemente transparentes.
Ésta es la faceta maravillosa de ser infantil, de dejarse cautivar por lo nuevo, de atreverse a avanzar sin preconceptos, a no prejuzgar.
Por supuesto que la instrucción que van recibiendo de parte del mundo que los rodea va poniendo todo tipo de condicionamientos y trabas a esa pureza que no conoce de barreras mentales.
Las limitaciones se las pone la realidad y las más de las veces, los mayores con sus mentes programadas y encerradas dentro de panfletos que quieren que sus niños aprendan y reproduzcan.
Pero, está la otra cara de la palabra “infantil”, que es la que trata de la persona adulta, pero que no ha madurado. La palabra correcta es: pueril.
Recordemos que alguien dijo una vez que si un niño no rompe los platos cuando es pequeño, lo hará cuando sea mayor. Si esta crisis de identidad no se cura finalmente, dará lugar a una adolescencia prolongada y, después de eso, puede transformarse en un caso de crisis de la mediana edad. La puerilidad nace de la búsqueda de un niño interior que lleva a la persona a una búsqueda interminable y sedienta de validación y atención externas. Es un niño que no pudo ser feliz, y que por ello no ha madurado, sigue anidado en el interior de la persona grande, pero que no adulta.
El ciudadano Kane se comportaba como una persona pueril e insatisfecha, luchando contra fantasmas de su pasado y sin poder establecer un presento pleno.
Su puerilidad invalidaba cualquier intento por cosechar con satisfacción de las muchas riquezas de su presente.
Es que, había sido arrancado de crío de su mundo de ingenuidad y arrastrado a un mundo voraz y cruel, en donde su niño interior tuvo que esconderse y ahogarse para salir a respirar como pudiera a lo largo de su vida.
El ciudadano Kane se dio cuenta de que nada de su inmenso imperio valía tanto como esa libertad simple y pura de estar montado sobre su trineo humilde y disfrutar de las cosas sencillas de este mundo.
El mensaje de la parashá entonces sería que: podemos acercarnos a la Torá desde una perspectiva pura, ingenua, agradecida, de interés por conocer, de descubrimiento; o podemos convertirnos en seres amargos, adormecidos, que hacen del legalismo una prisión que asfixia la espiritualidad.
Depende cómo elijamos experimentar nuestra conexión con la Torá, con el mensaje de Dios en nuestras vidas.
En la parashá anterior, los hijos de Israel debían donar materiales costosos para la construcción del Mishkán (el templo portátil dedicado al Eterno) y los elementos sagrados prescritos por el Eterno. Nuestra parashá es más inequívoca, pues ya no se trata de donaciones voluntarias y de aquello que uno quiera, sino que específicamente indica: ‘Y ordenarás a los hijos de Israel’ (Shemot/Éxodo 27:20).
En esta ocasión, hay un mandato para que la comunidad del Eterno provea de ‘aceite puro de oliva, para candelabro, para encender una lámpara de forma continua y para siempre’.
Esa llama perpetua siempre debe arder en el atrio del Tabernáculo, en lo que es un mandamiento de la Torá que no debe perderse, pues está dicho: «Éste es un estatuto perpetuo de los Hijos de Israel, a través de sus generaciones.» (Shemot/Éxodo 27:21).
Más adelante, la parashá pasa a hablar de la vestimenta de los sacerdotes y su función. Los sacerdotes serán vestidos con ropajes que destaquen las cualidades de honra y esplendor, de lo cual explicaremos con más detalle en otro texto que Dios mediante saldrá publicado esta semana en este mismo sitio. Te invito que entres a diario para conocer nuestras novedades y compartirlas con tus allegados, será de bendición.
Los encargados de confeccionar esas vestiduras eran ‘todos los sabios de corazón que están llenos de espíritu de sabiduría’ (28:3), pues no eran meras telas juntadas de acuerdo a criterios de moda o estética simplemente, sino elementos para conectarnos con la espiritualidad.
La lista de prendas «el joshen/pectoral, el efod, la túnica, el vestido a cuadros, el turbante y el cinturón.» (Shemot/Éxodo 28:4).
El pectoral es una placa cuadrada con incrustaciones de 12 piedras preciosas en la que están grabados los nombres de las 12 tribus. El pectoral se adhiere al pecho del sumo sacerdote. El efod, es una especie de delantal/chaleco sobre el que se sujeta el peto.
Las vestiduras de los sacerdotes están hechas de los materiales más preciosos, porque la belleza y la estética nos sirven para conectarnos con la faceta espiritual. O bien, nos sirven para perdernos en un abismo de vanidad, depende el control que hayamos conseguido sobre las tentaciones que el EGO ejerce sobre nuestras mentes y corazones.
Siguiendo con lo oneroso de las prendas, es de merecido honor que aquellos que representan a Dios, y que representan a las personas ante Él, vistan con dignidad y esplendor. No porque la ropa haga a la persona, pero sí porque una de las funciones de la vestimenta es servir como símbolo, expresan cosas con su mera presencia o ausencia.
Continúa la parashá contándonos que, después de coser y bordar la ropa, se ha de realizar una sofisticada ceremonia de unción de los cohanim en honor a su entrada en el cargo. Entre otras cuestiones, Aarón, el sumo sacerdote, fue ungido con aceite como la coronación de un rey, pues de cierta forma el cohén gadol también tenía la autoridad y dignidad de un monarca, en determinados aspectos de la vida comunitaria.
De hecho, en la antigüedad no era extraño encontrar que los pontífices eran monarcas, o los monarcas ocupaban del servicio de los dioses. Es más, actualmente en Roma hay un Estado que tiene alcance mundial que se maneja de manera similar a aquellos modos del pasado.
No así en el pueblo judío, en donde Dios determinó que el rey no fuera sacerdote, ni el sacerdote fuera rey.
Cada uno en su campo de acción.
Continuando con la parashá, habría en la ceremonia inaugural de sus funciones muchas ofrendas de animales sacrificados, pues recordemos que esa era una costumbre muy extendida en el pasado y la Torá la acepta y adapta para la vida comunitaria del pueblo de Israel. Una gran parte de las tareas del templo rondaba precisamente alrededor de las ofrendas de animales sacrificados, como ya veremos en muchas parashiot que están pronto por venir.
La parashá resume el motivo medular de estas ceremonias y de la propia existencia de un templo del Eterno, en las palabras de Dios:
«Yo habitaré en medio de los Hijos de Israel, y seré su Elohim. Y conocerán que yo soy el Eterno su Elohim, que los saqué de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos. Yo soy el Eterno, su Elohim.»(Shemot/Éxodo 29:45-46)
La parashá Terumá comienza con el mandato del Eterno:
«Di a los Hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda.» (Shemot/Éxodo 25:2).
¿Te diste cuenta de que el Todopoderoso, el Creador, el Amo del universo, el Señor de señores, está pidiendo que la gente done para él objetos materiales y que esa contribución sea hecha de corazón, es decir, de manera genuina y sin esperar nada a cambio?
Tomando en consideración esta pregunta, dejo expuestos tres aspectos que son muy llamativos, y que pudiera haber más en este primer versículo:
Dios pide de los humanos donaciones materiales, en lugar de proveer Él milagrosamente, de manera sobrenatural, o de forma natural, pero sin intervención humana.
Él pide la donación de objetos materiales, o sea, no cánticos, plegarias, buena onda, fe, estudio, repetición de lemas y cosas inmateriales por el estilo; Él pide objetos materiales, que de paso te cuento, eran muchos de ellos bastante costosos, por no decir carísimos.
La donación debe ser hecha de manera desinteresada, o sea, sin esperar nada a cambio de parte de Dios ni de la sociedad.
¿No te da para pensar muchas cosas estas reflexiones tan poderosas?
A mí si, pero, como es solamente un resumen de la parashá, lo dejo por acá para seguir exponiendo el contenido de la misma de manera sucinta.
Las donaciones solicitadas incluyen los materiales más costosos:
«oro, plata, bronce, material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice y piedras de engaste…» (Shemot/Éxodo 25:3-7)
¿Y para qué deberían los hijos de Israel mostrar tanta generosidad?
Pues, Dios se encarga de decirlo:
«Que Me hagan un santuario, y Yo habitaré dentro de ellos.» (Shemot/Éxodo 25:8)
Te pido que prestes atención que no dice Dios que morará dentro del santuario, sino dentro de ellos, es decir, de los israelitas.
Otra vez, algo excesivamente llamativo en pocas líneas, que se traduce en un poderoso mensaje que atraviesa las generaciones, pero que, tristemente, los piratas de la fe han borroneado hasta que no se tiene clara consciencia de lo que pide Dios y cómo es nuestra relación con Él.
A tomar en cuenta, pero sigamos con el resumen.
Todas las materias primas preciosas se utilizarán para la construcción de un templo portátil, que se puede plegar y erigir durante los paseos que harán por el desierto.
Recuerda que el plan original era que los israelitas entraran pocos meses después de la salida de Egipto.
Lo que se retrasó a causa del becerro de oro hasta dos años; pero luego, por el pecado de los exploradores, la travesía se extendió hasta 40 años.
Durante ese tiempo Dios «habitaba», por decirlo de alguna manera, en ese santuario, en medio de los israelitas.
Es por ello que aquel santuario en hebreo se llama en hebreo ‘Mishkán’, que hace alusión a la Shejiná, a morar, a presencia. De allí que Shejiná sea la Divina Presencia.
¿Qué es y cómo ha de entenderse?
Pues, son ideas inconcebibles para quien no las ha vivido, podemos imaginar cosas, pero ciertamente no coincidirán con experimentar la Shejiná. Por tanto, lo mejor que podemos hacer es no tratar de describir, ni de teorizar, para que la fantasía no nos lleve hacia caminos erróneos, de idolatría y superstición; como tristemente pasa con tanta gente incluso hoy en día.
Dios le da a Moshé instrucciones precisas para la construcción, incluso le muestra en imágenes proféticas cómo deben ser los elementos, la disposición, la estructura, etc.
No queda librado al azar ni a la imaginación, sino al plan diseñado por Dios hasta en sus detalles.
Luego la parashá nos describe algunos de los elementos que constituirán el mobiliario sagrado del templo, los describe y presenta; así como también a diferentes estructuras de la edificación plegable que están dispuestos a construir.
En uno de los muchísimos mandamientos que nos trae está parashá encontramos uno quedice: Si ves el burro de tu enemigo tirado debajo de su carga, ¿te abstendrías de ayudarlo? Seguramente ayudarás junto con él.
Suena bien, ¿no?
La Torá nos pide que actuemos con grandeza, incluso con nuestro adversario, o especialmente con él.
Y también nos solicita que tengamos consideración hacia un animal que sufre de manera injusta.
Ciertamente pareciera ser un camino muy adecuado para que haya shalom, entendimiento, paz, bienestar.
Sin embargo, hay un problema con la frase que tradujimos y compartimos, porque, allí donde pusimos “ayudarlo”, en hebreo dice “AZOV”, y resulta que azov generalmente se asocia con ‘abandono’.
Entonces, ¿por qué se traduce, y se entiende, como ayudar?
Pero además, la Torá no solamente dice AZOV, sino que dice AZOV TAZOV IMÓ.
Es decir, repite el verbo, tan extraño y fuera de lugar.
Sin dudas, algo habrá acá para aprender y alguna razón para que los sabios entiendan que se trata de auxiliar y no de abandonar.
Veamos con una anécdota.
En una mañana invernal, un bebé judío recibió su nombre hebreo, durante la ceremonia del brit milá. Fue nombrado en honor a un importante rabino de la ciudad, que había fallecido pocos meses antes. Varias personas famosas de la comunidad estaban presentes, gente muy renombrada y de alcurnia compartían ese importante evento familiar y personal. Terminado el ágape uno de los presentes se ofreció a llevar a uno de los más ancianos y sabios hombres del lugar. Montaron en el auto, pero en un momento éste se atascó a causa de la nieve. El conductor pidió disculpas al venerable anciano mientras giraba a su acompañante para pedirle que bajara del auto para empujar, así tratarían de desatascar la máquina.
¿Cuál no sería su sorpresa, al ver por el espejo retrovisor, que el anciano estaba ahí, hombro con hombro con el otro hombre, forcejeando con el auto para que lograra avanzar?
De inmediato se bajó el chofer para pedirle al maestro que volviera a entrar al auto, que estaba muy frío, que él era un hombre anciano, y especialmente que no era digno de su figura estar empujando un auto en medio de una calle agobiada por la nieve.
El anciano, con sus manos aún en el baúl del auto, repetía una y otra vez: AZOV TAZOV IMÓ.
Tal como si de este mandamiento de la Torá se estuviera tratando.
¿Cuál es entonces la enseñanza?
Que lo que hay que abandonar son las excusas, el egoísmo, todo aquello que no nos permite empatizar con el otro.
Que el otro sea nuestro adversario, que el otro por ahí no nos quiera, que la situación sea complicada, que tengamos algo más importante que hacer, que lo que está agobiado es un burro, que no es de nuestra categoría estar haciendo esto, etc. etc.
El EGO encuentra la forma de elaborar excusas, de ser muy inventivo para salirse con la suya.
Pero, ¿qué nos pide la Torá?
Que abandonemos eso, que seamos drásticos en abandonar los hábitos negativos para poder estar en buena sintonía con el otro y su sufrimiento.
Entonces allí podremos ayudarlo realmente y nos ayudaremos a nosotros mucho más.
Mishpatim son sentencias, lo que se entiende como leyes de naturaleza racional, accesibles a la comprensión por la mente humana.
En el caso de nuestra parashá, abundan los que entregó el Creador y en esta oportunidad tratan principalmente de leyes relacionadas con el orden social y la justicia para individuos y sociedades.
Al inicio de la parashá nos encontramos con reglas referidas a esclavos, porque recordemos que en el contexto que la Torá fue entregada y hasta muchos siglos más tarde, la esclavitud era una realidad presente.
Por ello, la Torá impone aquí su presencia, para poner límites a las pretenciones del «dueño», pero también a la del esclavo. Porque la Torá no solamente legisla, sino también educa.
En la parashá nos dice qué hacer con el esclavo hebreo, en diferentes situaciones. Según la Torá, un esclavo debe ser liberado después de seis años, a menos que se niegue a ser liberado. En ese caso, se le hace una perforación en una oreja.
Tras las leyes de la esclavitud, la Torá promulga muchas leyes relacionadas con la violencia entre seres humanos, para evitar que esos hechos lamentables sucedan, y en caso de ocurrir, cómo se debe proceder.
Como dijimos, tiene una intención que también es educativa, para ir corrigiendo a las personas y con ello a las sociedades, para hacernos evolucionar de manera activa, llevando nuestra existencia a que sea el mejor reflejo de nuestra NESHAMÁ (espíritu).
Con esa intención, entre otras reglas encontramos las penas para aquel que maldice a su padre y a su madre.
Posteriormente, se aprueba una disposición para discutir casos de negligencia, robo o casos en los que la intención maliciosa ha resultado en lesiones corporales o daños a la propiedad. Por ejemplo, ¿qué pasa si un ladrón roba una oveja y cómo se diferencia del robo de un toro? ¿Qué se hace cuando una persona quema fuego en el campo de un granjero inocente, o cuando alguien finge que un vecino no le dejó a su cuidado herramientas valiosas y comete esta forma de robo? Esto puesto como ejemplo, pues abundan las leyes y los detalles son innumerables. Libros enormes se han codificado luego a partir de las líneas de esta parashá.
Más allá de las leyes penales, encontramos también la preocupación por el indefenso social, el extranjero, la viudad, el huérfano, el levita, todo aquel que está empobrecido. Porque la espiritualidad requiere de acciones concretas y que éstas mejoren nuestra existencia y la de nuestro prójimo.
Itró, que da nombre a la parashá, es el suegro de Moshé, el padre de Tzipora, la esposa de nuestro maestro.
Itró, al enterarse de la milagrosa liberación de los hijos de Israel y su éxodo de Egipto, sale con Tzipora y los dos hijos de ella y Moshé para encontrarse con éste.
Moshé lo abraza y le cuenta todo lo que Dios ha hecho por los hijos de Israel.
Al día siguiente, Moshé se sienta como de costumbre para juzgar entre los hijos de Israel, desde la mañana hasta la tarde. Itró ve esto y se sorprende de que todo el trabajo duro recaiga solo sobre los hombros de Moshé, por ello le dice: Si sigues así, te derrumbarás y ya no podrás guiar al pueblo. Elige personas en las que confíes, aquellas que no sean codiciosas, personas honestas, y nómbralas como jueces. De esa forma podrás concentrarte en el liderazgo.
Moshé acepta el consejo y se despide de su suegro.
Luego la parashá pasa a describirnos los días previos y el momento más importante de la historia de la humanidad, cuando Dios se manifestó a todo el pueblo de Israel allí convocado y les hizo entrega de la Torá.
El pueblo en su totalidad presencio la manifestación única, jamás aconteció nada igual para ningún otro pueblo o cultura, y escuchó al propio Dios declarar el Decálogo, lo que mal se traduce como «los diez mandamientos».
Al respecto de estos, te dejo acá un link a un video que me parece muy interesante que veas y profundices