Publiqué un artículo que vinculaba Januca con magia, lo puedes leer haciendo clic aquí.
Al poco rato, una atenta y sagaz dama lectora planteo las siguientes interrogantes al respecto:
¿Y qué hace que la magia suceda, son solo los actos de una persona justa?
¿la magia existe para revelar que hay algo más que este mundo físico?
En verdad, no soy experto en magia, ni siquiera sé algo del tema.
Por tanto, no considero ser el más adecuado para responder.
Sin embargo, me permito hacer un ejercicio mental para elaborar algún pensamiento.
Tipo 1.
Existe esa magia que realizan los artistas, que son ilusionistas, prestidigitadores, mentalistas y hasta a veces también hipnotistas. En estos actos no se produce un cambio excepcional en el mundo físico. Es un entretenimiento que a veces nos maravilla, nos ilusiona, nos divierte, nos hace cuestionarnos el cómo lo hacen, pero no debemos esperar algo sobrenatural.
Tipo 2.
Luego está eso que llaman magia y no es otra cosa que manipulación emocional que lleva a que el receptor sea sugestionado y entonces crea, vea, sienta, actúe como si el mago tuviera realmente poderes inaccesibles por el común de los mortales. Tal tipo de trucos son moneda frecuente en determinadas sectas y supersticiones, acompañadas por toda una tramoya que pretende dominar la mente de los participantes.
Pastores carismáticos, todo tipo de chanta religioso, los santurrones de la India, entre otros pelafustanes que se aprovechan de la ignorancia, el deseo de magia, la esclavitud al EGO de sus adherentes.
Tipo 3.
Esta esa otra magia en donde ocurre un hecho que quiebra a priori lo normal y suelen fallar las explicaciones racionales y no se encuentran causas científicamente comprobables. Cuando esto pone en evidencia la intervención divina, se le suele llamar milagro.
El gran problema, enorme, es que suele pasar que la gente termina diciendo que algo ha sido un milagro cuando probablemente haya otra explicación más llana y confiable.
Ejemplos: una cura repentina de una enfermedad para la cual los expertos ya no tenían recursos; un cambio de rumbo que evita por poco una catástrofe; ser parte de un terrible accidente y resultar ileso; un mensaje salvador a último momento que permitió salir de la indigencia a una familia al borde de la inanición, etc.
Por supuesto que un milagro verdadero, es decir, la intervención del Creador salteando Sus leyes físicas no debe caer en la bolsa de lo mágico…
Tipo 4.
Dicen que existen mecanismos no conocidos aún por la ciencia, que mueven hilos en dimensiones paralelas a la nuestra y que resultan en eventos en nuestra realidad. Yo en lo personal no he tengo conocimiento de que esto ocurra en realidad, porque las brujas no existen, pero dicen que las hay.
Por supuesto que no solamente servidores del lado oscuro manipulan estos entramados de fuera de nuestra dimensión, también estarían los que se conectan con el lado luminoso de “la fuerza”.
Realmente… ¡qué se yo!
Tenemos a los Jedis, los Sith, los personajes mágicos de Harry Potter, Merlín, Paracelso, el Baal Shem Tov, Jesús, Simón el mago, Sabrina la bruja adolescente, Willow la compañera de Buffy, los cuentos de hadas, pais y mais de santos, practicantes de vudú, Gandalf, santos cristianos, rabinos maravillosos, cabalistas prácticos, alquimistas y una larga lista, infinita lista…
Tipo 5.
Está la magia más prosaica, de aquellos que estudian, se esfuerza, trabajan, intentan, se tropiezan y se levantan, ponen actitud necesaria, no se dejan doblegar por las trampas del EGO.
En gran medida es la que podemos hacer a diario cada uno de nosotros y que tristemente no la llamamos magia… porque sentimos que magia es algo que rompe las reglas del juego que el Creador ha establecido.
Para resumir un poco, un gran axioma: “La gente quiere magia”.
Que se complemente con: “Que sea ahora y gratis”.
Y un apéndice: “Si hay que pagarlo, se hará aunque sea carísimo en dinero, salud, libertad o lo que fuera”.
Ahora supongo que con esto así planteado la autora de las preguntas que dieron pie a este post podrá manejar sus propias respuestas.
Eso espero.
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La Torá, en el inicio de la parashá Ki Tavó, indica que sean llevados al Templo del Todopoderoso en Jerusalén, los mejores frutos de la primera cosecha que se cultiva en la tierra de Israel.
Estos frutos son los llamados BIKURIM, que se traduce como las primicias.
En el Beit haMikdash se realizaba una festiva y significativa ceremonia, en la cual el agricultor reconocía la bondad del Eterno, pero también se hacía énfasis en recordar las dificultades que se presentan en la vida y sin embargo salimos adelante.
No nos quedamos amargados imaginando los fracasos, ni hacemos de los obstáculos el foco de nuestra atención, simplemente los admitimos, tratamos de aprender para el futuro y seguimos adelante.
Luego, los ricos frutos eran compartidos con el resto de los asistentes y se tenía especial atención para que también el beneficio alcanzara a los que no son de la parentela. Así la fiesta se generalizaba por toda la ciudad y se difundía al resto del país.
Con la alegría de estar en comunidad, compartiendo, disfrutando, rezando, cantando, aprendiendo.
De esto trata el meollo de la alegría, y no de la posesión egoísta de las cosas.
Al menos, así nos lo enseña la Sabiduría cuyo origen es el Creador.
No es casualidad que el Midrash dice que el mundo entero fue creado para la energía que se libera con estos primeros frutos.
Desde un punto de vista cabalístico, esta enseñanza se explica diciendo que, mientras estamos en este mundo tenemos trabajo para hacer, esforzarnos para que nuestros proyectos den frutos. Habrá obstáculos, no faltarán los contratiempos, pero no debemos rendirnos, sino seguir en nuestra tarea.
Porque de últimas, hay un Dios que está al tanto de todo y conoce nuestros méritos y oportunamente paga según nuestro trabajo y no de acuerdo al resultado final.
Porque Dios valora el proceso, el camino que andamos, el esfuerzo genuino dedicado y el estudio aplicado; luego, lo que sale finalmente no depende de nosotros, sino de una infinidad de factores.
Por tanto, el mérito está en hacer a pleno nuestra parte y no creernos los responsables de toda la creación.
Con nuestra labor conseguimos que de la tierra broten los primeros frutos y luego no debemos hacer acopio de ellos, no debemos esclavizarnos al deseo de recibir, sino abrirnos con generosidad y sabiduría al prójimo, para que podamos dominar nuestro egoísmo y transformarnos en seres de luz en este mundo.
Ahí está la clave de la alegría, saber que somos parte de una comunidad, que no estamos solos, que no vivimos para competir y sacarnos los ojos por cuestiones que son pasajeras.
Sino cada uno hacer su parte y entre todos llegar a una convivencia mucho más feliz y armoniosa.
Suena a una utopía, pero es la que propone la Torá para nuestras vidas y que desde hace siglos conocemos por el nombre de Era Mesiánica, pues eso es lo que esperamos en verdad que suceda cuando venga el Mashiaj.
Que el mundo mejore, pero no solamente en lo material, sino en todos los aspectos, permitiendo que el egoísmo cumpla su limitado rol y nos deje en paz para vivir prósperos, saludables y felices.
Que lo podamos hacer y experimentar.
Shabat shalom y plenitud de bendición para todos nosotros.
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El Talmud, en Bava Metziá 84a nos trae esta interesante descripción.
El rabino Shimon ben Lakish, mejor conocido como Reish Lakish, murió. El rabino Yoḥanan estaba muy dolido por perderlo, pues Reish Lakish había sido su alumno, su cuñado, su compañero de estudios personal (lo que se conoce como su javruta).
Los rabinos estaban preocupados por el bienestar emocional de su colega, por tanto entre ellos dijeron: ¿Quién irá a calmar la mente del rabino Yoḥanan y consolarlo por su pérdida?
Decidieron entonces: Que vaya el rabino Elazar ben Pedat, ya que sus declaraciones son claras, es decir, es inteligente y podrá servir como sustituto de Reish Lakish.
El rabino Elazar ben Pedat fue y se sentó ante el rabino Yoḥanan, tal como se supone hacen los javrutot, enfrentados para sacarse chispas a la hora del estudio pero muy unidos espiritualmente, porque no es una disputa para ver quien gana, sino para encontrar entrambos mayor conocimiento, comprensión, alcance en su saber.
Con respecto a todos los asuntos que planteaba el rabino Yoḥanan, de inmediato el rabino Elazar ben Pedat decía: hay una decisión que se enseña en una baraita que respalda su opinión. Es decir, usaba su inteligencia y excelente memoria para hallar piezas de evidencia en la Tradición que aprobaran el planteo del rabino más anciano y respetado.
Era como una biblioteca andante, atento y disponible para cotejar piezas de información y exponer los resultados de la búsqueda, un Google con vida, siempre dispuesto a aprobar las palabras de rabí Yoḥanan.
Así surgiría una halajá, sin debate, sin contrapropuestas, sin ver las cosas desde diversas perspectivas para traer claridad y solidez.
Luego de un rato, éste le dijo: ¿Eres comparable al hijo de Lakish? En mis conversaciones con el hijo de Lakish, cuando yo planteaba algún asunto, él exponía enseguida veinticuatro dificultades contra mi idea, en un intento de refutar mi reclamo, y yo le respondía a mi vez con veinticuatro respuestas, finalmente la halajá brotaba por sí misma, al ensancharse y aclararse nuestra comprensión del asunto tratado. Y, sin embargo, me dices: hay una decisión que se enseña en una baraita que respalda tu opinión. ¿Acaso yo no sé que lo que digo es bueno, que preciso que me respondas con un texto anterior aprobando mi idea?
Ser refutado por Reish Lakish cumplió un propósito sagrado; tu aprobación sumisa de mis declaraciones NO lo hace.
El rabino Yoḥanan dio la vuelta, desgarrando su ropa, llorando y diciendo: ¿Dónde estás, hijo de Lakish? ¿Dónde estás, hijo de Lakish?
El rabino Yoḥanan gritó hasta que perdió la cordura.
Los rabinos oraron y le pidieron a Dios que se apiade de él y se llevara su alma, y el rabino Yoḥanan murió.
Más allá de la interesante anécdota, tenemos algunas grandes enseñanzas para tomar para nuestras vidas y mejorarlas.
Te comparto en titulares solamente unas pocas:
Los opuestos se complementan y suplementan.
Hay que amar el debate, pero detestar la disputa.
Con un contrincante respetuoso y poderoso, uno se tiene que esforzar para superarse a sí mismo, y quizás de forma secundaria al otro.
No quedarse con lo que recibiste, mucho menos con lo que te parece, sino trabajar con empeño para ver opciones y finalmente quizás coincidas con lo que originalmente creías.
Desarrolla tu creatividad para fabricar opciones, tener alternativas, no solamente quedarte en la comodidad de lo que ya tienes a mano.
Aprende a controlar tus emociones, porque si no lo haces, ellas terminan por dominarte a ti.
La gran inteligencia intelectual queda tocada sin el desarrollo de la inteligencia emocional.
Consigue un maestro y ten un amigo de estudios que sean idóneos.
No tengas miedo de preguntar, con respeto y altura.
No tengas miedo de responder, con respeto y altura.
El psicológicamente flexible es mucho más poderoso que el rígido.
Pensar “fuera de la caja” no es un invento moderno, los sabios del Talmud ya lo practicaban de manera diaria.
No te creas tu propia grandeza, tampoco tu pequeñez.
Pide ayuda cuando sientas que no puedes.
Debate para acercarte a la verdad junto al otro, no para ver quien manda o tiene la última palabra.
En las discusiones colapsadas por la emoción, el que tiene la última palabra no suele ser el que tiene más razón.
Las emociones son un importante combustible, pero de modo alguno son el timón que conduce tu vida.
Una espectacular memoria y el acceso a la información son una pieza del poder, pero saber analizar, usar y crear dan incluso mucho más poder.
Deja ir a los muertos en paz, porque si no lo haces, te vas con ellos en traumas.
De nada sirve lamentarse por lo que ya fue y no tiene reparación, mejor rearmar con las piezas actuales un presente sólido.
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Llegamos a la quinta sidrá de la Torá, continuamos en el sefer Bereshit, entre versos 23:1 y 25:18. La lectura es acompañada por la Haftará, en esta ocasión el primer libro de Melajim, en su primer capítulo, desde el 1 al 31.
Comienza la parashá con el deceso de la primera de las matriarcas de nuestro pueblo, Sará, quien fallece a la edad de ciento veintisiete años. Avraham, su marido, se encarga de los trámites y preparativos para su sepelio, para tal fin negocia con Efrón el Hitita, y adquiere a gran precio la cueva de Majpelá, y la tierra de los alrededores, lo que hoy en día se encuentra en Jebrón.
A pesar de que la tierra la fuera prometida por Dios, el patriarca escoge hacer la compra, aunque estuviera pagando un precio exorbitante. Eso mismo hemos continuado haciendo sus herederos, por ejemplo, a fines del siglo XIX y durante el siglo XX, cuando había fondos judíos adquiriendo nuestra tierra de los usurpadores extranjeros. Esos extranjeros que no tenían, ni tienen, vínculo con esa tierra sagrada, ni mérito alguno; pero, a los que igualmente se les ha dado dinero, bienestar y oportunidades de progresar en la vida, y, sin embargo, pagan con odio, mentiras, rencor, crimen, etc.
Dios quiera que pronto se cumpla definitivamente la promesa, de tener la tierra prometida en paz y tranquilidad para todos sus habitantes, con bienestar pleno, bajo el gobierno judío y con la guía espiritual adecuada.
Regresando a la parashá, pudiera parecer irónico que la tierra destinada a albergar a la nación judía tuviera su primera compra para esa estirpe con motivo de enterrar a alguien en ella. Es la tierra para vivir, para la santidad, para desarrollar los valores e ideales espirituales, pero, al patriarca le pareció necesario hacer esa transacción y que quedara debidamente certificada y testimoniada. Entre otras cosas, para que nos sirva de enseñanza, de que si bien la Torá es de vida, nuestro lazo con los familiares difuntos no terminan con la muerte. Sino que se continúa, y está en nosotros preservar ese vínculo, por ejemplo, al enterrar al familiar en un cementerio judío y hacer los rituales correspondientes a la muerte.
Al concluir el duelo por su querida esposa, no terminan las preocupaciones para el patriarca. Tiene muchos años por delante, y tarea para cumplir. Entre preocupaciones del diario vivir, encuentra que ha llegado el momento de casar a su hijo Itzjak. Hasta ahora este importante paso se ha dilatado. Muchas pudieran ser las causas, una de las cuales es que Avraham esperaba tener una esposa digna para su hijo, una que pudiera ser la segunda matriarca del pueblo judío. Por ello, hubo que esperar a que en la familia, que había quedado en Aram naciera la mujer idónea para su hijo.
Ahora, encarga a su siervo de mayor confianza que viaje hasta su tierra natal, y de entre las muchachas del lugar consiga la más adecuada para continuar la saga familiar.
Y advierte encarecidamente que no sea tomada por esposa para Itzjak una de las hijas de la tierra de Canaan, pues no eran de correcto proceder.
El mayordomo llega hasta el país de los arameos, Aram Naharaim, a la ciudad cuna de Najor y entonces se dirige al Eterno para que sea Éste el que le procure, por medio de una señal, la mejor esposa para Itzjak.
Al caer la tarde, el siervo con sus camellos llega al abrevadero de la localidad, justo cuando Rivká se encuentra allí. Le solicita agua para saciar su sed. Diligente, Rivká le da agua, y además extrae del pozo suficiente agua para sus sedientos camellos. Esta muestra de humildad y generosidad, sirven como señal para el siervo, quien se percata que rápidamente ha hallado lo que venía a buscar.
Al ser presentado a la familia de la joven, expresa su misión y pide autorización para que Rivká se convierta en esposa de Itzjak. El hermano mayor y el padre, seducidos por los numerosos y costosos regalos que había traído el mayordomo, rápidamente aceptan, pero, igualmente, piden la opinión de la joven. Ella quiere dar ese importante paso en su vida, por lo que, emprende el viaje hacia la tierra de los hebreos.
Itzjak al conocer a Rivká, la lleva a residir al alojamiento de su madre, luego la desposa.
El amor que siente por esta mujer, en parte, palia la falta de su madre.
Más tarde, Avraham contrae enlace nuevamente, ahora con una mujer llamada Ketura. De esta unión nacen seis hijos, a los que Avraham envía al Este colmados de riquezas, con la enseñanza del monoteísmo y del camino de bondad y justicia, sabiendo que ellos no son los herederos principales, sino Itzjac y su prole.
Avraham fallece a la edad de ciento setenta y cinco años, luego de una vida plena, siendo sepultado por sus dos hijos mayores en la cueva de Majpelá, junto a su mujer Sará.
Finaliza la parashá mencionando los doce hijos de Ishmael.
Preguntas:
¿Qué zona de la Tierra Prometida fue adquirida a un precio excesivo por Avraham?
¿Dónde se hallan sepultados Avraham y Sará?
¿Cuántas esposas le conocemos a Avraham?
¿Quién fue Ketura?
¿Quiénes contraen matrimonio en esta sidrá?
¿Quiénes fallecen en esta sidrá?
¿Qué sirvió a Itzjak para reconfortarse por la triste pérdida de su madre?
¿Cómo Itzjak encontró esposa?
De acuerdo al relato de la sidrá, ¿cómo deducimos que Avraham era una influencia positiva para aquellos que convivían con él?
¿Cuál fue la señal, por intermedio de la cual el mayordomo vio coronada su misión en la tierra de Aram?
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Queda la impresión, cuando no se estudia cabalmente, que el patriarca Itzjac queda a la sombra de su enorme padre Avraham.
Como que es muy difícil tener su propia luz ante la imponente presencia radiante del primer patriarca.
De hecho, son escasas las narraciones acerca del patriarca intermedio, generalmente opacado por su padre y su hijo.
Al respecto, si tomamos un párrafo parecerá confirmarse:
«Itzjac volvió a abrir los pozos de agua que habían abierto en los días de Avraham su padre y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Avraham. Y él los llamó con los mismos nombres con que su padre los había llamado.» (Bereshit/Génesis 26:18)
Cava en los mismos lugares, encuentra los mismos pozos, los llama de la misma manera.
Es decir, un calco insulso de lo que ya había sido y dejó de ser.
Como si no hubiera otra iniciativa que la de ser un repetidor, sin agregar, sin innovar.
Y ahí se queda la mayoría de los superficiales eruditos bíblicos.
Sin embargo:
«Después los siervos de Itzjac cavaron en el valle y descubrieron un pozo de aguas vivas. Y los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Itzjac, diciendo: –El agua es nuestra. Por eso llamó al pozo Esec, porque allí riñeron con él.
Abrieron otro pozo, y también contendieron por él. Y llamó su nombre Sitna.
Se alejó de allí y abrió otro pozo, y no contendieron por él. Él llamó su nombre Rejobot diciendo: –Porque ahora el Eterno nos ha hecho ensanchar, y seremos fecundos en la tierra.
De allí fue a Beer Sheva. Y aquella noche se le apareció el Eterno y le dijo: –Yo soy el Elohim de tu padre Avraham; no temas, porque Yo estoy contigo. Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de Mi siervo Avraham.
Él edificó allí un altar, invocó el nombre del Eterno e instaló allí su tienda. También allí los siervos de Itzjac excavaron un pozo.» (Bereshit/Génesis 26:19-25)
Itzjac siguió su propio camino y en él iba abriendo nuevos pozos que contenían “aguas vivas”.
Es decir, aguas de vida, aguas nuevas, aguas que no habían sido conocidas anteriormente.
Usando a su padre como plataforma de lanzamiento el segundo patriarca inauguraba otras maneras de comprender el mundo y de relacionarse con él.
Avraham era el gran disertante, el conferencista que motivaba con su genialidad, el promotor de ideas y palabras de liberación.
Cuando falleció la idea se fue marchitando, los allegados devolviéndose a la confusión.
Por su parte Itzjac estaba más a gusto con el diálogo entre pares y especialmente con la acción concreta, sin tanta doctrina vociferada.
Su obra iba por ese lado, pasito a paso, haciendo pequeños adelantos que permitirían consolidar un cambio verdadero.
No luchaba contra la figura poderosa de su antecesor, sino que la superaba siguiendo su propio estilo.
Por lo pronto, para los eruditos escasos de saber, la presencia de Itzjac es tímida y apocada. Pero para los que han bebido de las fuentes sagradas y ricas de la Tradición, queda bien claro su rol fundamental en la creación de la nación de Israel.
Ambos patriarcas, así como el tercero del cual Dios mediante ya hablaremos, son excelentes modelos de vida para quien quiera atender.
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Vaierá, «Y se presentó», es la cuarta sidrá de la Torá, la podemos encontrar entre los versículos 18:1 y 22:24.
Suele ser acompañada por la lectura profética en 2 Melajim 4:1-37.
Avraham Avinu, a la sazón de 99 años, está en su tercer día posterior a su circuncisión. Sufre por la dolorosa intervención quirúrgica, pero también por no estar siendo activo en la recepción de huéspedes, tarea a la que se había dedicado con esmero desde mucho tiempo atrás.
En lo más caluroso y sofocante de la jornada, levanta su mirada y ve a tres beduinos viniendo por el sendero, él no lo sabe, pero son enviados de Dios.
De inmediato se incorpora y corre hacia ellos, para atenderlos muy generosamente, aunque hasta hace un instante atrás estaba postrado de dolor. Sin embargo, la dedicación a ser generoso hace que Avraham olvide su dolor, hasta que éste desaparece.
Es que, la mitzvá de Ajnasat Orjim, hospitalidad, aun con tres vagabundos desconocidos, tiene positivos efectos poderosos que son insospechados. Quizás, el hecho de que Avraham demuestre su total y completa falta de interés en obtener ganancia de su buena acción, es lo que repercute positivamente en los efectos en su vida. Es decir, si somos genuinamente generosos, la retribución divina estará en nuestas vida, aunque tal vez no lleguemos a percatarnos de ello.
Si continuamos con el resumen, los visitantes dicen a Avraham que al año siguiente tendrá un hijo con su esposa Sará, ella, que se encuentra detrás de las cortinas, se ríe, pero no de sorprendida alegría, sino desconsoladamente, porque ella hace rato sabe que no puede concebir, pues, fue estéril toda su vida y para completar la imposibilidad, ahora tiene 89 años, muy lejos de poder tener hijos propios.
Entonces, Dios les pregunta si hay algo que Él no pueda hacer.
Luego, cuando los visitantes están partiendo, Dios revela a Avraham que destruirá las malignas ciudades de Sedom, Amorá, Adma y Tzevoim.
Avraham los padecía como molestos vecinos, sin embargo, trata desesperadamente de interceder en favor de esas ciudades para que la catástrofe divinamente decretada no ocurra.
Es así que se produce un breve pero intenso intercambio entre Avraham y Dios, donde el patriarca intercede y regatea para salvar las vidas de los malvados. Dios acepta perdonar a las ciudades si hubiera en ellas al menos diez personas justas, pero ni siquiera ese número llegaba a haber en esa urbanización sumida en el egoísmo y la negación de la bondad. Si te interesa conocer exactamente cuál fue el pecado de Sodoma, te invito a que busques en el nuestro sitio, que es serjudio.com, pues encontrarás información valiosa y relevante.
Solamente Lot (el sobrino de Avraham), su mujer y sus hijas serán salvados, a pesar de haber vivido mucho tiempo entre los ruines, aún hay esperanza de que no estén completamente perdidos en el mal. Los dos enviados de Dios están a punto de ser torturados y vejados por los malignos ciudadanos, Lot los defiende, aun entregando a sus hijas en lugar de sus invitados y protegidos. A último momento, ocurre un hecho misterioso, que lacera y perturba a los que intentaban violar a los emisarios celestiales, terminando el confuso episodio con la huida de Lot, su esposa y dos de sus hijas. Las otras hijas y familia escogieron quedarse en el espléndido y millonario entorno de Sodoma, sin comprender que ya no habría más abundancia y riqueza, cuando esa noche fuera la feroz catástrofe.
Mientras, una lluvia de azufre y fuego destruye las perversas ciudades. Lot y los suyos tenían prohibido mirar para atrás; sin embargo, la mujer de Lot gira su cabeza para mirar la masacre y queda transformada en estatua de sal.
Las hijas de Lot, que están guarecidas en una cueva con su padre, suponen que todo el mundo está destruido y que es su deber repoblar la tierra, entonces emborrachan a su padre y mantienen relaciones ilícitas con él. De la hija mayor nace Moav y de la menor Ammon, de los que saldrían pueblos famosos de la época y con interrelaciones muy conocidas posteriormente con el pueblo de Israel. Digamos, como comentario al margen, que el Mashiaj es descendiente de esta relación ilícita de Lot con su hija, pues una parte de su simiente proviene de Moav.
Avraham, más tarde, se muda a Guerar donde Avimelej, rey de aquel lugar, le arrebata a Sará.
Después de que Dios increpa al rey en sueños, la libera, e intenta amigarse con el poderoso Avraham.
Luego la parashá nos relata que, tal como les fuera prometido, Avraham y Sará tienen un hijo en su ancianidad, y lo nombraron Itzjak, voz del verbo “reír” o ‘burlar’, ya que la gente se reía ante esta situación extraña, dos viejos con un hijo recién nacido.
Avraham celebra grandemente el día que Itzjak es destetado.
Pasados unos años, su esposa la pide a su marido que eche a la esclava y concubina Agar y a su hijo Ishmael de la casa, porque la conducta e influencia de Ishmael perjudica grandemente el sano desarrollo de su hijo Itzjak. Avraham se apena de tener que echar a su otro hijo de su lado, pero Dios le había dicho que debe escuchar a su esposa en todo lo que ella le diga, especialmente referido a la correcta crianza de su anhelado hijo, aquel del cual proviene el linaje sagrado de Israel.
Avraham los insta a abandonar la casa, pero les da lo suficiente para que lleguen a otra ciudad, en donde podrán vivir con holgura y en contacto con el patriarca. Sin embargo, Agar tuerce el camino, buscando hacer su propio interés, pero pierde el sendero y termina al borde de la muerte en el desierto.
Ishmael estaba agonizando por la sed, entonces, Agar llora y ruega a Dios. Él envía un ángel que le muestra a la mujer un manantial que fluía ahí, frente a ella. Además, le augura un futuro de poder para su hijo y su descendencia, quienes estarán siempre a la sombra del linaje de Sará, herederos materiales y espirituales de los bienes dados por Dios al patriarca.
Continúa la parashá contándonos que Avimelej se da cuenta de que Dios prospera a Avraham, por lo cual sella un pacto con él.
Pasan los años, y Dios pone la última y más terrible prueba a Avraham, ya que le ordena que Le eleve a su hijo Itzjak, quien actualmente cuenta con 37 años de edad.
Avraham obedece de inmediato lo que él entendió fue la orden de Dios: sacrificar a su hijo.
Estaba dispuesto a ello, por más que moralmente no concordaba y le representaba una pérdida irreparable, puesto que, iba a matar a su hijo y además, le fue prometida abundante descendencia a través de él.
A pesar de que Avraham se obstinaba en contra de los sacrificios humanos, tan comunes en aquellas épocas, ahora iba a cumplir lo que él entendió era la orden de Dios.
La parashá nos relata cómo llegaron al sitio del sacrificio, el diálogo entre padre e hijo, la preparación, hasta que Avraham ató a su hijo al lugar del sacrificio, elevó el cuchillo para matarlo, cuando un ángel lo detiene, pues, ha pasado certeramente la dura prueba de fidelidad.
Por su confianza en el Eterno, Éste promete a Avraham que aunque los descendientes pequen, siempre podrán retornar a Dios y salvarse de sus enemigos.
Avraham hace sonar el Shofar, extraído del animal que sacrificó en lugar de su hijo.
Finalmente, la parashá trae la lista de la genealogía de la familia cercana de Avraham, que incluye el nacimiento de Rivka.
Preguntas:
1. ¿Qué mitzvá provocó que se aliviara el dolor de Avraham?
2. ¿Por quiénes regateó Avraham y qué podemos aprender de esto?
3. ¿Qué había de cómico en la situación de ver a Sara amamantando a su hijo?
4. ¿Por qué fueron echados Agar e Ishmael de casa de Avraham?
5. ¿Cuál fue la más dura prueba para Avraham?
6. ¿Cómo aprendemos de esta parashá que la Torá no predica el machismo?
7. ¿Cómo aprendemos que las malas compañías envician a las personas?
8. ¿En qué fecha se supone se llevó a cabo el sacrificio de Itzjak? ¿Cómo lo sabemos?
9. ¿Qué otras pruebas atravesó Avraham en su vida? (Algunas se hallan presentes en este resumen)
10. ¿Quién fue Rivka y por qué nos interesa su procedencia?
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Hemos llegado a la tercera sidrá de la Torá, que se encuentre en el sefer Bereshit, entre los versos 12:1 y 17:27.
Es tradicional acompañar la lectura pública de esta porción con el texto del profeta Isaías/Ieshaiá, entre los versos 40:27 al 41:16.
Veamos un brevísimo resumen del contenido de nuestra parashá siguiendo cada capítulo, e iremos intercalando midrashim, enseñanzas, sugerencias, comentarios para enriquecer nuestro encuentro con la parashá.
Capítulo 12: Sin preámbulos, sin diálogos ni narración de acciones previas, el Eterno ordena a Avram que abandone su país, su medio ambiente familiar y su familia originaria, para marchar hacia un país extraño, que le será indicado por el Eterno. Nosotros sabemos que el destino es la que entonces era conocida como tierra de Canaan, pero que los antiguos la recordaban por su nombre original: la tierra de Heber.
Aquella era la parcela que correspondía por derecho de herencia a la familia de Avram, pues ellos eran los descendientes de Heber. De hecho, el padre de Avram había emprendido muchos años atrás el retorno hacia aquella tierra que les pertenecía, habiendo abandonado las provincias caldeas en las que estaban habitando. Distintos eventos en el camino retrasaron y luego impidieron que Teraj alcanzara su destino, sin embargo, ahora Dios era quien ponía nuevamente en marcha el proceso de restauración.
Sin embargo, no había esclarecido Dios hacia dónde debía dirigirse Avram, sino que solamente le indicó que se fuera y dejara todo, incluso a su familia, y especialmente la cultura en la cual se había criado.
Avram, de 75 años en ese entonces, hizo caso a la voz que desde ninguna parte le hablaba, emprendiendo en soledad el camino hacia lo desconocido. Pero, al rato, regresó para llevar consigo a su esposa Sarai, a su sobrino Lot, y a las personas que le tenían como su líder, pues él, desde hacía muchos años, había roto con las creencias idolátricas para retornar hacia un monoteísmo agnóstico, pues había entendido que los dioses eran fantasías de los hombres, pero que el universo tenía un dios que lo controlaba todo. Ese Dios es el que se comunicó con él en esta oportunidad, dando por valioso el esfuerzo de este hombre por reencontrar la comunicación con su Creador. Recordemos que NO fue Avram el primer monoteísta, ¡la humanidad nación siéndolo! Pero Avram sí fue el primero que quiso retornar al dios único, sin tener la guía y el conocimiento de sus ancestros, sin embargo, consiguió salir por su propio esfuerzo de la cárcel de la idolatría y con ello encontrarse en su camino con el Creador.
Ahora, no solamente el Dios se había comunicado con él, sino que también le había dado sentido a su vida, y la promesa de ser bendición para todas las naciones de la Tierra, y de ser el iniciador, el padre de una gran nación. Esta bendición para las otras naciones implicaba que la gente podría recuperar la pureza de pensamiento, gracias a la influencia de Avram y su familia, quienes estarían abocados a vivir con fidelidad hacia el uno y único Dios y de esa forma servirían de ejemplo para las otras familias de la tierra. No había magia, ni mística, ni promesas de que se convertiría en el origen de una religión, sino en el padre de una enorme familia, el patriarca de una nación. Una nación compuesta por sus descendientes, los cuales vivirían en su tierra, aquella a la que estaba yendo. Es así que, al arribar a la tierra de Canaan, El Eterno revela a Avram que esta será la tierra heredad de sus descendientes. Tras lo cual, Avram se radica allí, para establecerla como su patria, sin embargo, las circunstancias lo obligaran a emigrar temporalmente.
Capítulo 13: Una feroz hambruna castiga la tierra de Canaan, por lo cual Avram y sus allegados viajan hacia la siempre abundante tierra de Mitzraim (Egipto).
Ya llegando, se percata de la extrema belleza de su esposa, y conociendo la violencia de los egipcios, le pide que se presente como su hermana, para salvar de ese modo su vida.
Muchas han sido las críticas a esta acción, tildarlo de machista y cobarde suele ser lo menos agraviante que he escuchado al respecto. Desde el mismo instante del suceso tenemos explicaciones y aclaraciones, que quitan de cierta forma el dedo acusador sobre el patriarca; como, por ejemplo, que es cierto que probablemente lo hubieran asesinado de inmediato para que alguno de los egipcios tome a Sarai como mujer, pero, al presentarse como hermano, le daban la oportunidad de negociar, de salvar su vida y hasta de proteger la integridad moral de Sarai. Invito a estudiar y profundizar, con la sabia guía de un maestro de Torá, que pueda prevenir de creencias extrañas y conclusiones erróneas.
Retornando al relato, el faraón queda absorto por la belleza de Sarai, por lo cual, la lleva a su palacio. Pero, Dios hostiga al Faraón y a su corte con terribles tormentos, forzando de ese modo a que Sarai sea respetada y se le permitiera volver junto a su familia, además le fueron dadas inmensas riquezas como compensación.
Pasadas las penurias en Canaan, Avram y los suyos retornan.
Al ingresar a la tierra prometida, surge un conflicto inesperado. Resulta que tenía mucho ganado, al igual que su sobrino Lot. Ambos también tenían empleados, encargados de cuidar dichos rebaños. La cercanía y la competencia por los recursos, y vaya a saber qué otros conflictos secretos, llevan a que sus pastores y los de su sobrino Lot peleen de continuo.
La cuestión se va agravando, por lo que, para preservar la paz, Avram propone que se separen, y le da a su sobrino la preferencia para que escoja dónde elige ir a vivir. Lot prefiere la zona fértil, ideal para la cría de animales, dejando para Avram la parte más árida y con menos posibilidad para el desarrollo. Sin embargo, esa rica zona elegida por Lot, también estaba poblada por personas en extremo corruptas, siendo los más famosos los ciudadanos de Sodoma, en valle del Jordán, que hoy conocemos como Mar Muerto. Parece increíble, pero hace más de 3600 años atrás, lo que hoy es un sitio desértico, en aquel entonces era asemejado al jardín del Edén.
Capítulo 14: Lot es llevado prisionero, tras una guerra entre los reyes de la zona y otros venidos desde muy lejos. Avram se entera del asunto, y a pesar de ser un hombre de paz, se dirige de inmediato a una misión de rescate, acompañado por alguno de sus empleados y allegados. Ese puñado de valientes logra vencer a los poderosos reyes, rescatan a Lot y liberan a los que habían sido tomados cautivos.
De camino de regreso, se encuentra con su ancestro Shem, el cual a pesar de su centenaria edad, seguía en funciones como rey de la ciudad de Shalem, además de servir como sacerdote para el Dios Altísimo. Podríamos estar horas explicando este encuentro, el motivo por el cual Shem y Noaj no se atrevían a enfrentar la idolatría imperante, y otros asuntos muy interesantes, pero tratamos de exponer un resumen y convidar a quien quiera, profundice, junto a maestros de Torá que tengan la clave correcta de su interpretación.
En este capítulo Avram deja bien en claro que su lucha no fue por fama, dinero o poder, ya que afirma que para sí no toma del botín ni siquiera el cordón de un zapato.
Capítulo 15: Los años pasaban y Avram estaba preocupado por saber cómo se cumplirían las promesas de Dios hacia él, pues no tenía ni siquiera un hijo, y, por tanto, no habría una numerosa descendencia, ni ella sería la legítima propietaria de la tierra de Heber.
Luego de un misterioso ritual, Dios sella el pacto de «Bein HaBetarim», por el medio del cual reafirma las promesas que hiciera a Avram acerca de su numerosa descendencia, y de la posesión de esta tierra. Sin embargo, también le anuncia Dios que sus descendientes serán esclavos en tierra extranjera durante 400 años, tras lo cual serán liberados con grandes riquezas, para retornar a la Tierra Prometida, que es la eterna herencia de los legítimos descendientes del patriarca.
Capítulo 16: Sarai es estéril, por lo cual le ofrece a Avram que tome a su sierva egipcia Hagar como concubina, luego ella adoptará al hijo nacido de esa relación como propio. Pero, la sierva, quien era la hija del faraón de Egipto, quiere ocupar el lugar de Sarai. Por ello, ni bien quedó encinta, le comenzó a hacer la vida imposible a Sarai. La relación se tensa por demás, lo que provoca que Hagar huya, pero luego, a instancias de un ángel que la encuentra en el camino, retorna y se tranquiliza, respetando a su patrona. Llegado el tiempo, pare al primer hijo de Avram, quien fue llamado Ishmael, tal como le dijera el ángel que hiciera.
Capítulo 17: Dios le ordena a Avram que él y todos sus descendientes deben circuncidarse, acto que sirve como señal del pacto eterno que hay entre Dios y la simiente de Avram.
A partir de ese momento, los nacidos en la familia de Avram deberán ser circuncidados al octavo día de nacidos.
Más tarde, El Eterno cambia el nombre a Avram y a Sarai, pasándose a llamar Abraham y Sará. Con esto, nuevamente reitera la promesa de que nacerá el tan esperado y anhelado hijo de la pareja, incluso dice Dios que le pondrán por nombre Itzjac. También anuncia el futuro que espera a Ishmael y su descendencia, quienes son de la simiente de Avram, pero no de Abraham y Sará, por lo que no son los destinados a recibir y transmitir la herencia espiritual y material del patriarca.
Abraham, siendo de 99 años, se circuncida, circuncida a Ishmael de trece años, y a todos hombres los que viven en su casa.
Preguntas:
¿Qué mitzvá es ordenada en esta parashá?
¿Cómo sabemos que Avram era una persona noble, generosa, dispuesta a hacer el bien al prójimo? Al menos dos ejemplos de la parashá.
¿Quién fue el primer hijo de Abraham? Atención a la pregunta, puede contener alguna trampa.
¿Quién sería esclavo durante cientos de años? ¿Cómo se cumplió esa profecía?
Buscar cuáles son las diez pruebas con las que Dios examinó a Abraham. ¿Cuáles de ellas se relatan en esta parashá?
¿Dónde podemos apreciar la fe de Dios en Abraham?
¿Cómo compensa el Midrash el silencio de la Torá acerca de la infancia de Avram?
¿Cuál es el significado de los nombres Avram y Abraham?
¿Qué significa el nombre Ishmael?
¿Cómo es descrita la descendencia de Ishamel en la parashá?
¿Cuál fue la entrega de Ishmael, por la cual Dios le dio permiso para gobernar sobre el monte del Templo por un cierto período de tiempo?
¿Por qué Avraham es denominado Abinu?
¿Qué prometió Dios a Abraham? ¿Cómo se ha cumplido?
¿Qué hace ruido del acontecimiento a la llegada a Egipto de Avram y su familia? Pueden ser varias cosas.
¿Qué podemos aprender de la elección de Lot, por la buena tierra para sus emprendimientos comerciales, pero pésima sociedad para cultivar las cualidades éticas?
¿Cómo hubieras resuelto tú la disputa entre tus pastores y los de tu sobrino?
¿Cómo explicar que Avram llegó a la conclusión de ser agnóstico en su juventud, acaso no contradice que era monoteísta y creía en Dios?
¿Qué harías tú si una voz te habla en tu cabeza, cuando tienes 75 años, y te pide que abandones todo lo que tienes y te vayas a un sitio lejano y desconocido?
¿Cuáles son los temas centrales que presenta la haftará?
¿Qué relación tuvo Avram con la torre de Babel?
¿Qué papel jugó el rey Nimrod en la historia de Avram?
¿Cómo es el famoso midrash de Avram destruyendo los ídolos del padre?
¿Cómo es el famoso midrash de Avram siendo lanzado al horno?
¿Qué dice Maimónides acerca de creer como realidades materiales en lo que está narrado en los midrashim?
¿Cómo molesta a los árabes y musulmanes esta parashá?
¿Cuál es la controversia que se genera con la cantidad de años de esclavitud de los descendientes de Abraham, respecto a lo que Dios le comunica en la parashá y lo que luego está contado en la salida de Egipto?
¿Cómo se resuelve la controversia anterior?
¿Cómo reciben bendición las familias de la tierra a través de los descendientes de Abraham?
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« En toda la angustia de ellos, Él fue angustiado» (Ieshaiá/Isaías 63:9)
(Leído también como parte de la haftará de Nitzavim).
Es probable que para el que no cuenta con suficiente conocimiento en los caminos espirituales, pero sí haya sido sumergido en el fango de la religión, que este póster que compartimos pueda parecer de origen pagano, un tanto alejado de la tradición del judaísmo (y noajismo).
Porque seguramente sonará chocante la figura del “Dios sufriente”, tan típica de algunas religiones y tan lejana (en apariencia) de la concepción judaica.
Y, sin embargo, encontramos que por ejemplo el profeta Ieshaiá/Isaías, manifestando la Palabra del Eterno, explícitamente señala que Dios padece por el padecimiento de Sus hijos.
Difícilmente podamos acusar al venerable profeta de idólatra o de haber consumido el pan podrido de la creencia ajena y enferma.
Por tanto, está demostrado que la imagen del Todopoderoso sufriendo por las angustias de Sus hijos, es parte de la sacra Tradición (dejo este link a un sitio web y este otro con decenas de comentarios de sabios explicándolo, está mayormente en hebreo).
Por supuesto que en la Tradición sagrada, que no es la de la cruz, este concepto de “Dios sufriente” es metafórico, un lenguaje poético, una figuración de lo que es inimaginable.
Porque en los hechos Dios no sufre, ni se enoja, ni se alegra, ni se complace, ni ama, ni se deleita, ni se altera, ni tiene piedad, ni tiene celo, ni… nada de lo que sucede con las limitadas criaturas. Y, sin embargo, abundan las expresiones simbólicas similares a lo largo de todo el TANAJ.
Recordemos que la Palabra verdadera de Dios, expresada por medio de Sus profetas, está pronunciada con la intención de que las personas la comprendan, particularmente aquellos que la recibieron de primera mano.
Por eso es clásico el dicho de los sabios: “la Torá habla el idioma de la gente”; ya que no está interesada en filosofar, ni abundar en metafísica, ni pronunciar discursos místicos, ni confundir con palabrería, ni demostrar una clase superior. ¡No! Sino que el mensaje Divino sea recibido, entendido y llevado sanamente a la práctica.
Por lo cual, no es extraño encontrar “ojos”, “manos”, “andar”, “hablar”, “oír”, y sentimientos en los pasajes del TANAJ.
Para que el receptor reciba y pueda comprender.
En cuanto al mensaje del póster: “Imagina el dolor de Dios al ver que Sus hijos llaman dios a lo que no lo es. Y más dolor cuando eso lleva al hombre a sufrir, porque aunque errados siguen siendo Sus hijos”.
Evidentemente, es sentido figurado, pero muy poderoso.
No tiene nada de paganismo, nada de religiones, simplemente realidad espiritual, como es todo lo que compartimos modestamente en este hogar (BELEV.ME) y en serjudio.com y fulvida.com.
De hecho, está basado completamente en otro profeta de la Verdad, como por ejemplo el capítulo 3 de Irmiá/Jeremías o todo el libro de Hoshea/Oseas.
Dios sufre porque Sus hijos se esclavizan a la falsedad, que los lleva a todo tipo de angustias.
Esto es terriblemente malo, pero se multiplica cuando las personas inventando excusas niegan estar en el error y endiosan a sus ídolos. De esta manera quitan la oportunidad de despertar, de hacer TESHUVÁ, porque no tienen manera de darse cuenta de que es malo su andar, ni entienden que sus dioses son no-Dios.
Sin embargo, siguen siendo hijos de Dios.
Por más lejanos que estén y adulterada su relación, la chispa Divina continúa encendida en su ser.
Es por ello que el Eterno sufre y aguarda, por el despertar de Sus hijos y su retorno.
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El pueblo judío ha guardado la memoria del pacto eterno que los gentiles tienen con el Creador.
Porque Dios selló una alianza perpetua con toda la humanidad, desde Adam en adelante.
Lo confirmó con Noaj/Noé, haciendo especial hincapié en su importancia como mecanismo para desarrollar un Paraíso en la tierra y obtener méritos de gozo perpetuo en el mundo venidero.
Lo volvió a certificar cuando en el momento de cerrar el nuevo pacto con el pueblo judío, en el monte Sinaí hace 3334 años (en 2022), declaró que el pacto con el resto de la humanidad permanecía vigente, vital y en todos sus términos y condiciones.
Que no habría fuerza en el universo que invalidara el pacto que Él tiene con los gentiles.
Que ningún nuevo testamento usurparía ese documento de vida y eternidad.
Es una alianza esencial, que parece demasiado sencilla y básica, y, sin embargo, tiene la categoría de Divina, sagrada. Es la herramienta indispensable para conducirse con ética. Es la senda a la vida, la verdad, la trascendencia.
Se compone de Siete Mandamientos que cada una de las personas gentiles (no judías) debe conocer, aceptar y cumplir:
No servir dioses que no son el Creador.
No blasfemar; es decir, no maldecir al Eterno.
No asesinar; es decir, quitar la vida al humano inocente.
No mantener relaciones sexuales que han sido prohibidas.
No robar, nada, nunca.
No comer parte de un animal mientras esté con vida.
Encargarse de que cada poblado, región, sociedad, cuente con un sistema de justicia que sentencie justamente.
Este pacto sagrado para todos y cada uno de los gentiles no ha perdido el valor, no ha sido reemplazado, no se cambia por nadie.
Actualmente, se le conoce como NOAJISMO, es decir: HIJOS DE NOÉ.
Es hora de que los gentiles se apropien del recuerdo de SU pacto y le den vida: ¡NOAJISMO puro YA!
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Noaj, es la segunda sidrá de la Torá, la cual suele ser acompañada por la lectura de la haftará, tomada de Ieshaiá 54:1 a 55:5.
Es una de las porciones más famosas mundialmente por dos de sus relatos, ambos de catástrofes inmensas: el Diluvio y la torre de Babel.
Sin embargo, no son sus únicas temáticas, pues, a la confusión de las lenguas se le suma la división de la humanidad de acuerdo a sus familias y lenguas, la conquista de los continentes, el pacto eterno que hizo Dios con la humanidad y que se representa con el arcoíris (símbolo de los siete mandamientos que Él decretó como pan espiritual para los descendientes de Noaj), la aparición de la familia de Heber, de quien provenimos nosotros, los hebreos, entre otros temas. Sin dudas, todas las parshiot son para ser estudiadas y profundizar en ellas, pero esta tiene cualidades que la hacen particularmente interesante.
Volvamos al comienzo de la parashá, que es una directa continuación del final de parashat Bereshit, cuando la humanidad llegó a un nivel tan bajo de decadencia moral, con una intensa falta de respeto hacia la vida y hacia la propiedad ajena, que hasta la naturaleza fue notablemente perturbada.
Con cada generación que pasaba, desde Adam a Noaj, la situación empeoraba, generando hechos que desencadenaron que la Tierra fuera arrasada por el Diluvio, lo cual llevó a la casi completa extinción de la vida terrestre y área.
Los únicos sobrevivientes fueron Noaj y su familia, junto a los animales que fueron asilados en el arca que el Eterno le había ordenado construir como refugio y simiente de restauración de la vida sobre la Tierra.
Tras un año de devastación, pudieron pisar tierra firme y reiniciar la Creación sobre la tierra, que fue de cierta forma reseteada con este trágico episodio.
Por supuesto que con este resumen nos perdemos infinidad de relatos y enseñanzas, por lo que repito la invitación a leer e indagar para aprender.
La Torá continúa con su relato, el nacimiento de nuevas generaciones que llevaron a repoblar la tierra, con la particularidad de que aquella humanidad compartía una misma lengua y un mismo pensamiento. Es decir, se habían aferrado a la ideología que le transmitieron sus mayores, y a partir de ella interpretaban su realidad, creando con ello su propia versión de lo que sucedía.
Esta ideología llevó a generar una profunda crisis existencial, pues estaban absolutamente seguros de que una nueva tragedia mundial sobrevendría, acabando de manera cruel con sus vidas.
Sin embargo, habían aprendido una importante lección de los motivos del Diluvio, pues cundía la tolerancia entre ellos, ya no vivían en conflicto constante con el prójimo y la naturaleza; pero sí estaban seriamente afectados por el miedo y repudio hacia Dios.
Esta combinación de ideas, creencias, sentimientos, idiosincrasia, presunción, altanería, conflictos emocionales y capacidad tecnológica los llevó a una determinación: elevar una inmensa torre -la que se haría luego famosa como “de Babel”-, con la cual pretendían salvarse de cualquier desastre ambiental, a la par de alcanzar los cielos para destronar a Dios del mando del mundo.
Sus acciones ocasionaron la catástrofe, que esta vez afecta a la humanidad, no al ambiente y la vida animal, pues los humanos pierden su unidad, surgen diversos idiomas que se tornan barreras para comprensión, se bifurcan en ideologías, nace la competencia entre familias por el dominio social, crean tendencias antagónicas, lo cual termina provocando que se separen y muchas veces se detesten profundamente.
Sin embargo, la parashá finaliza con el amanecer de una esperanza para las personas, con una semilla de un futuro de paz y armonía: el nacimiento de Abraham, nuestro patriarca.
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¿Qué podemos aprender de los primeros párrafos de la Torá, donde leemos acerca de la creación del universo, de la aparición de la especie humana y de nuestro tosco primer pecado?
En breve: que nuestra vida tiene sentido, que hemos sido creados con intención, que cada uno de nosotros es valioso y que no estamos jamás abandonados de la Presencia de Dios.
Si estamos acá, es porque Dios quiere y para hacer que este tiempo valga la pena ser vivido.
Se cuenta la historia de una persona extraordinariamente rica, el Sr. Wunderbar. Quería irse de vacaciones exóticas, así que envió a un empleado en una misión para preparar el camino. Éste descubrió una isla ideal con un hotel de lujo. Al llegar, el empleado quedó impresionado con el espléndido vestíbulo donde fue recibido por el gerente del hotel. El emisario sugirió, ya que al Sr. Wunderbar le gusta muchísimo el color dorado, si pudieran decorar pomposamente el vestíbulo de acuerdo a esa predilección. El gerente estuvo de acuerdo: “Claro, ¿para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!’ Luego, el gerente abrió la suite real para mostrarla al empleado. El hombre quedó favorablemente impresionado, pero propuso al gerente que al Sr. Wunderbar le gustan bastante las cascadas interiores. “Si pudieran arreglar que hubiera una, el Sr. V. quedaría muy emocionado”. El gerente alegremente asintió y dijo: “¿Para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!». Luego fueron a inspeccionar la playa. La arena fina y las aguas azules estaban a la vista. El empleado del Sr. Wunderbar le informó nuevamente que a su jefe le gusta la arena fina y suave al tacto. Preguntó si podrían ocuparse para que eso fuera posible. El gerente respondió: “¿Para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!». Dirigiendo su atención al cielo azul claro y las condiciones climáticas ideales, el gerente se jactó: ‘¡Siempre es así!’»: “Al Sr. Wunderbar le gusta alguna nube en el cielo. ¿Hay algo que se pueda hacer?” Con todo el profesionalismo que pudo reunir, el gerente le aseguró: “¿Para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!».
Dos semanas después llega el Sr. Wunderbar. Al entrar al vestíbulo, está deslumbrado por el dorado por doquier. En la suite de lujo, contempla con deleite la pura elegancia de la cascada interior. Caminando hacia la playa, sus pies se complacen con excelsa arena delicada. Se recuesta en la cómoda poltrona y contempla el profundo cielo azul, donde un avión acaba de fabricar una suave nube blanca. El Sr. Wunderbar exhala un profundo suspiro expresando su más sublime deleite y luego declara en voz alta: “Este lugar es tan exquisitamente hermoso. ¿Quién necesita dinero para ser feliz?”.
Nosotros, la humanidad, somos el Sr. Wunderbar, a quien llamaremos ahora Adam, el primer humano.
El gerente del hotel, que se ha encargado de que tengamos un mundo hermoso y agradable, es Dios.
Él hizo todo para nuestro bienestar, para que no tuviéramos que angustiarnos ni buscar el sustento.
Por supuesto que Dios lo hizo sin esfuerzo, con infinita sabiduría y bondad planificó y ejecutó la obra, nos la dio y solamente nos pidió que viviéramos en armonía, que cuidáramos nuestro ambiente, que hiciéramos lo posible para no destruir innecesariamente, y que disfrutemos de todo lo permitido.
Nos puso en este paraíso para que la neshamá que somos, el espíritu inimaginable que somos, pudiera aprender y experimentar lo que en estado de espíritu descarnado es imposible.
Como instrumento para este aprendizaje nos prohibió comer del árbol del conocimiento, del bien y del mal, porque a través de la limitación, ejerciendo el sano control, imponiéndonos por sobre nuestros deseos desbocados, es que conseguimos fortalecernos y empoderarnos.
Nos dejó todo maravillosamente preparado, pero no supimos aprovechar el regalo y lo echamos muy pronto a perder.
Adam comió del árbol prohibido, luego quiso esconder su error, más tarde echó la culpa a Dios de lo que había ocurrido y por si fuera poco, mostró una espantosa falta de agradecimiento.
Como consecuencia, el Sr. Adam Wunderbar de pronto perdió toda su riqueza, fue despojado de sus bienes, se le invitó a retirarse de la espléndida isla que estaba diseñada para su beneplácito y debió afrontar el camino del sufrimiento para adquirir el conocimiento y crecimiento espiritual.
Sin embargo, quedaba un tesoro que Dios mantuvo al alcance de su mano, que es la teshuvá, el arrepentimiento, el retorno al buen camino, el desarrollo de la mejor versión de uno mismo.
A través de la teshuvá se llega a descubrir que nuestra vida no es casualidad, que hay un Creador detrás de todo, que el universo tiene sentido y es nuestro deber, y recompensa, elaborar la conexión hacia ese sentido trascendente.
El rabino Ierujim Levovitz enseñó: “Tan pronto como comienzas a estudiar la Torá, desde el primer verso, te das cuenta de que hay un Creador y Gobernante del universo. Esta primera toma de conciencia ya hace un gran cambio en ti para el resto de tu vida. Te das cuenta de que hay una verdadera razón para todo. El mundo tiene significado y propósito”.
Ahora, es nuestra tarea saberlo y vivirlo a pleno, para que ese buen comienzo tenga una maravillosa continuidad.
Es posible recrear el paraíso en la tierra, así como está a nuestro alcance disfrutar de deleites sin igual en el paraíso celestial.
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Bereshit («En el comienzo») es la primera parashá del primer tomo de la Torá, el sefer Bereshit, conocido en español como «Génesis».
Es una porción riquísima y variada, que ha dado motivo para miles de libros, millones de artículos, infinidad de enseñanzas, ya que relata la visión espiritual del comienzo de nuestro universo, y en especial los inicios de la humanidad.
Para facilitar este encuentro, vamos a señalar las siguientes temáticas en ella:
Creación La Torá comienza con el relato del Creador creando todo lo existente, tanto en lo material como espiritual. De acuerdo a Su Voluntad fue una obra paulatina, originando el caos, introduciendo la energía y la materia, dando forma y orden, estableciendo leyes y dejando que la maquinaria infinitamente compleja continuara laborando y desarrollándose.
A esto lo conocemos como los seis días de la creación, que en realidad hace alusión a seis etapas de este proceso, que luego se continuó en un período especial al cual conocemos como «shabat», es decir, de cese de la actividad creativa del Creador.
Creación del ser humano y el árbol del Conocimiento del Bien y del mal Durante el sexto período/día, la Divina Voluntad forma al primer ser humano, que era al mismo tiempo varón y hembra en un solo ser, que es conocido como Adam.
Este ser, difícil de concebir por nuestra mente, en determinado momento reconoció su soledad, por ello buscó denodadamente compañía entre las otras criaturas vivientes, pero no la halló. Entonces, el Eterno continuó su trabajo de formación, ya que separó a Adam para transformarlo en dos individuos, el varón y la hembra, que al encontrarse se reconocieron como complementarios, y así formaron la primera pareja humana.
Ambos vivían en el Gan Eden, donde libremente comían de toda la inmensa abundancia vegetal que había, en armonía con todo lo creado. Sin embargo, el Eterno había establecido que el ser humano no comiera del árbol del Conocimiento, del bien y del mal, pues aún no era el momento para hacerlo. En un confuso incidente, la mujer, comió del fruto y luego dio de comer al varón. Como consecuencia de este acto, vieron afectada su estatura espiritual, por lo cual no pudieron morar más en el Paraíso. Hay mucho más que pudiéramos contar y comentar, pero nos extenderíamos demasiado. Invito a que estudien con ánimo y profundidad toda esta sección de la Torá.
Caín y Abel Adam y Java tuvieron muchos hijos e hijas. Los dos primeros varones fueron Caín y Abel. El primero se dedicó a la agricultura, el segundo al pastoreo. Caín sintió la necesidad de relacionarse con el Creador, aquel que había sido muy cercano a la experiencia de sus padres, pero que para él aparecía lejano, por lo cual, tuvo la idea de relacionarse con Él por medio de elevar aromas de alimentos quemados. Es el origen de lo que conocemos como korbanot, ofrendas o sacrificio. Así pues, fue el primero que se dedicó a lo que podríamos llamar «religión». Abel copió su idea, y la desarrolló hasta mejorarla, pues ofrendó un animalito sabroso en lugar de vegetales ya pasados, de acuerdo a lo que narra nuestra tradición. La ofrenda de Abel fue aceptada por el Creador, lo que vino a agravar rivalidades mutuas, que iban aumentando el enfado, que devino en agresiones físicas, hasta que finalmente Caín asesinó a Abel. El Eterno castigó a Caín por su acto sanguinario y por su indolencia para no sobreponerse a sus malos deseos, haciéndolo errante sobre la tierra.
Generaciones siguientes, la época ante-diluviana Los hijos e hijas de la primer pareja procrearon y la tierra se fue llenando de personas. Diez generaciones pasaron desde Adam hasta Noaj/Noé, en ellas ocurrieron muchas cosas, hubo avances en la cultura y la civilización, que son someramente contadas en breves líneas de la Tora.
Entre tantas personas, solamente hubo dos justos, Janoj/Enoc y Metushelaj/Matusalén. Con cada generación la humanidad iba perdiendo cada vez más el Norte espiritual, lo que aparejaba una degradación moral y física. Tanto era la corrupción que los hijos de la décima generación, desde Adam, llegaron a no vivir totalmente de acuerdo a las facultades inherentes a humanos. Sus actos plagados de maldad fueron llevando a la humanidad al desastre y al mundo a la corrupción, lo que provocó un descalabro ambiental que trajo como consecuencia el diluvio.
Sin embargo, Noaj/Noé se comportaba de tal modo que pudo obtener un juicio favorable por parte de Dios, lo cual continuaremos estudiando, si Dios quiere, en la parashá siguiente.
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