Categoría: Torá

  • La escala de Iaacov

    La vida es una escalera, tal como la percibiera en su sueño profético el joven Iaacov.
    Con sus pies apoyados sobre la tierra y su cabeza en los cielos.
    Puede ser larga o corta, según el tiempo destinado a cada uno. No está en la extensión su secreto, sino en cómo la vivimos.
    Por ella a veces bajamos, otras ascendemos.
    Pero es imposible estar en un mismo peldaño más que un instante que vuela veloz.
    Cada escalón es un desafío, hasta aquel que parece ser tranquilo y sin complicaciones. Su reto está precisamente en superar la pereza, la comodidad, el hábito. También en la riqueza está el desafío, no solamente en la pobreza. En la salud, tal como en la enfermedad. Cada momento trae su lucha.
    Podemos reaccionar, dejándonos llevar por automatismos e irracionalidad. O podemos responder, asumiendo con inteligencia y moderación las cuestiones.
    Podemos aumentar la oscuridad que rodea a nuestra NESHAMÁ, y por tanto obstruirnos más la irradiación de su permanente LUZ. O podemos doblegar al EGO, domesticarlo, ubicarlo en el rol para el cual fue creado, y entonces comportarnos de acuerdo al código ético/espiritual que se encuentra en el ADN de nuestra existencia.
    Aceptemos el desafío, mantengamos el equilibrio, avancemos en conocimiento y conciencia, construyamos SHALOM con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.
    Tendamos puentes solidarios, de AMOR, con el prójimo, para de esa manera manifestar la unidad esencial espiritual también en este mundo.

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  • Parashat Vaieshev, 5783

    La parashá Vaieshev («Se asentó»), es la novena de la Torá; se encuentra en el sefer Bereshit, entre 37:1 y 40:23. La acompaña la lectura del profeta Amós (2:6 – 3:8), aunque puede variar si ya estamos celebrando Januca.

    Comencemos la breve síntesis de la sidrá.

    Iaacov, finalmente, se radicó en la tierra que le fuera prometida a su familia y él personalmente.
    Hasta ahora, no había disfrutado de algún tiempo prolongado de calma en su vida, quizás podría en esta ocasión hacerlo, aunque seguía su corazón apretado por la congoja provocada por la repentina e inesperada muerte de su más amada esposa, Rajel.

    Quizás por ello, o tal vez por algún otro motivo, él manifestaba evidente preferencia por uno de sus hijos, Iosef, que era el primogénito de su bienamada Rajel.
    Esta conducta arbitraria, y a la vista injusta para con los otros hijos, venía incentivando que se intensificaran las disputas familiares, a causa del intenso malestar y odio entre los hermanos. A esto se sumaba, entre otras cosas, que Iosef actuaba también de forma orgullosa, poniendo a la vista que de buen gusto seguía la corriente a la elección de su padre.
    Por ejemplo, con gran placer recibió esa muestra de favoritismo, como lo fuera el regalo de la túnica multicolor, la prenda de vestir propia de príncipes de la época. Se pavoneaba con ella delante de todos, pero en particular de sus hermanos, lo cual incrementaba la irritación de ellos.
    Pero, además, corría a su padre con cuentos acerca de lo que hacían sus hermanos, dejándolos siempre mal parados.
    También, cuando presuroso, pasaba a narrarles sus sueños, en los cuales se representaba como un poderoso señor que comandaba sobre sus hermanos y familia, e incluso tenía un poder cósmico.
    El padre, los hermanos, y el propio Iosef consideraban estos sueños, en cierta medida, como premonitorios.

    Un día, Iosef es enviado por su padre al sitio donde sus hermanos pastorean el ganado, lejos del hogar.
    Iba con su ropaje de príncipe, tan poco apropiado para la tarea, y tan punzante para el ánimo de los hermanos, lo cuales al distinguirlo desde lejos, deciden darle lo que ellos consideran el justo escarmiento: la muerte por soñar sueños.
    Le pegan y le destrozan la odiada túnica, pero no lo matan, sino que, siguiendo el consejo del primogénito, Reuben, deciden echarlo a un pozo seco en medio del desierto, para decidir qué hacer con él. Reuben tenía la secreta intención de rescatarlo y de esa forma volver a ser bien considerado por el padre, quien le había quitado el derecho al primogénito por un asunto ocurrido tiempo atrás, que se narra en la parashá anterior.
    Por su parte, Yehudá, quien era el verdadero líder en la familia, convence a los hermanos para que lo vendan a una caravana de mercaderes y esclavistas Ismaelitas que acertaban a pasar por ahí; de esa manera procuraba salvarle la vida, aun a costa de la esclavitud forzosa. Sin embargo, sin ellos saberlo, otro grupo de esclavistas ya había sacado a Iosef del pozo y lo había apresado, para llevarlo a Egipto para ser vendido allí.
    A la noche, oculto por las sombras, Reuben vuelve al pozo para rescatar en secreto a su hermano y llevarlo al padre, pero encuentra que el pozo está vacío.
    Los hermanos manchan la túnica de Iosef con la sangre de un cabrito y se la envían a Iaacov, quien al ver los jirones de tela, los reconoce y supone que Iosef fue asesinado por bestias salvajes. Desde entonces Iaacov se autoimpone cruel luto y no halla consuelo en esta vida.

    En tanto, Iosef que ha llegado a Egipto, es vendido como esclavo a Potifar, el jefe de cocineros o verdugos del Faraón.

    La parashá entonces, hace un salto de locación, porque nos cuenta una historia que no está directamente vinculada con lo que venía narrando. Encontramos que muere Er, hijo de Yehudá, quedando viuda Tamar, sin haber tenido hijos. Siguiendo la antigua costumbre del levirato, ella debía concebir un hijo con el hermano del difunto, Onán, quien también fallece sin haberle dado descendencia a Tamar, y con ello no habiendo preservado el nombre de su hermano muerto.
    Tamar debía ser desposada por el tercer hijo de Yehudá, pero éste le dice a Tamar que espere, pues el niño es muy joven y no está en condiciones de cumplir con la costumbre. En verdad, Yehudá no pretendía poner en riesgo a su hijo sobreviviente. Pasaba el tiempo y Tamar comprendió la estrategia de su suegro, por lo que actuó al quedar éste viudo. Se disfrazó como prostituta y tuvo relaciones íntimas con su suegro, sin que él supiera su identidad. De esta unión nació el hijo del cual proviene la estirpe real de David, y, por tanto, del esperado Mashiaj.

    Regresa el relato a Egipto, a las penurias de Iosef como esclavo. Sin embargo, gracias a sus habilidades y por la gracia de Dios, él es elevado de condición de simple esclavo a jefe de casa, es quien administra y tiene poder en la propiedad del poderoso amo.
    Debido a sus dotes, la esposa de su amo se enamora de él y trata de seducirlo repetidamente.  Pero, aunque Iosef se siente tentado y a punto de caer bajo el influjo de la hermosa señora, se mantiene leal a su jefe, y a lo que había aprendido acerca de las leyes noájicas. Ella, al sentirse menospreciada, lo acusa falsamente de intentar violarla y de ser un hebreo (es decir: malvado según el pensamiento egipcio) y es encarcelado. Nuevamente de forma sorpresiva e injustificada, Iosef cae de su posición social, rumbo a la noche y el sufrimiento. Sin embargo, en prisión, Iosef nuevamente tiene éxito en sus acciones y es destacado, seguirá siendo un extranjero, esclavo y prisionero, pero estará a cargo de la prisión como el administrador.

    Eventualmente, quedan encarcelados allí el ministro de copas y el de panificados, quienes fueron condenados por conductas indignas contra el Faraón.
    Iosef es el encargado de proveer lo que necesiten para su estadía en cárcel estos importantes personajes. Una mañana nota que tiene cara de preocupación ambos, al indagar se entera que es por un sueño que tuvo cada uno de ellos. Por lo cual, él interpreta esos sueños. Al ministro de bebidas le interpreta que será devuelto a sus relevantes actividades en Palacio, mientras que al ministro de panificados le predice que será colgado por Faraón. Todo ello en tres días. Efectivamente, eso fue lo que sucedió.
    Al irse de la cárcel, el ministro copero le juró varias veces que lo rescataría de allí, ya que Iosef le insistió para que lo recuerde y lo salve.
    Sin embargo, olvida a Iosef.

    Preguntas

    1. ¿Quién era el hijo preferido de Iaacov?

    2. ¿Cómo sabemos que tener preferencias entre los hijos provoca situaciones desagradables?

    3. ¿Cómo se enteró Iaacov de la «muerte» de su hijo?

    4. ¿Qué dos planes existieron por separado para salvar a Iosef?

    5. ¿Por qué triunfaba Iosef en Mitzraim?

    6. En esta parashá, ¿quiénes soñaron?

    7. ¿Qué pecado cometieron los hijos de Yehudá?

    8. ¿Quién se olvidó de sus promesas? ¿Por qué?

    9. ¿Por qué fue enviado a la cárcel Iosef?

    10. ¿Cómo molestaba Iosef a sus hermanos?

    11. ¿Por qué Iosef era tan molesto con su familia?

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  • Parashat Vaishlaj 5783

    La parashá Vaishlaj, podemos traducirla como «Envió», es la octava sidrá de la Torá; la podemos leer en el sefer Bereshit, entre 32:4 y 36:43. Suele ser acompañada por la lectura de la haftará que se toma del profeta Hoshéa/Oseas, desde 11:7 al 12:12.
    Veamos un breve resumen de la misma.

    Iaacov retorna a Eretz Eber, la tierra del ancestro Eber, la que conocemos nosotros como Eretz Israel, tras más de veinte años de exilio en casa de Labán. Como sabemos, allí formó una familia junto a sus esposas y concubinas. Además, trae abundante rebaño, trabajadores y sus familias. Por tanto, su regreso es bastante más ostentoso que aquella veloz huida, cuando partió solo rumbo a Jarán, para salvarse de la furia de su hermano Esav.
    Ahora, a pesar del tiempo y las aventuras que han transcurrido, igualmente teme enfrentarse con su vengativo hermano, por lo cual se prepara de tres maneras, para evitar que haya derramamiento de sangre:

    1. manda mensajeros con regalos que tienen la intención de apaciguarlo, ellos le dirán palabras amables, pero también observarán el campamento que lo acompaña;
    2. Iaacov reza, para no tener que lastimar, ni que ninguno de los suyos salga lastimado;
    3. se prepara para la batalla, en caso de que sea necesario.

    Los enviados le informan que su hermano está acompañado por un ejército de cuatrocientos hombres, por lo cual, Iaacov su campamento familiar, para que, en caso de que la paz no prospere, el daño a su familia sea menor.
    La víspera de su encuentro, Iaacov lucha contra un misterioso personaje, que no se conoce a ciencia cierta su procedencia o sus características, la Torá lo denomina «Ish», que significa hombre.
    Se han dado muchísimos comentarios y enseñanzas al respecto, como que era el ángel personal de Esav, como que era el Satán, o un espía de carne y hueso, o un mítico personaje al estilo de Drácula, o la conciencia del propio patriarca Iaacov, o su EGO, o todo el episodio fue un sueño, entre otras.
    Pero, lo único que sabemos es que ambos contendientes terminan agotados y empatados tras el fragor de batallar hasta el alba.
    Como el extraño implora por retirarse antes de que el sol se eleve, Iaacov le demanda que le bendiga. El misterioso personaje le informa que Iaacov se ha hecho acreedor de un premio, su nombre ya no será Iaacov (posible significado: el torcido; o también el aferrado al tobillo), sino Israel (posible significado: el que venció al hombre y a poderosos; o también la persona recta).
    Más adelante, este nombre que demuestra un crecimiento espiritual de Iaacov será puesto por el propio Dios.
    Nuestro patriarca no había notado hasta pasado el efecto de la adrenalina que estaba herido en el muslo de la pierna izquierda, por esto, desde épocas antiguas quedó prohibido a sus descendientes ingerir el nervio ciático de un animal kasher.

    Luego, fue el reencuentro, que no estuvo teñido de sangre, sino que los hermanos se reconcilian, se besan, se abrazan, y lloran.
    El texto de la Torá es breve, y parece ser que da una perspectiva amable acerca de Esav, cosa que es justamente lo contrario a lo que encontramos en las explicaciones que emanan de la Torá Oral.
    Luego del emotivo encuentro, se separan, cada uno continúa su vida por su lado.
    El patriarca comienza a desplegarse por el territorio de la Tierra Prometida, y a entrar en contacto con sus habitantes.

    En una de esas aproximaciones a los habitantes de la tierra, Dina, la joven hija de Iaacov, es seducida por Shejem hijo de Jamor, un príncipe cananeo.
    Shimón y Leví, dos de los hijos de Iaacov, no aceptan este suceso, pareciéndoles contrario a lo que debiera ser la conducta de los integrantes de la casa de Iaacov. Por ello, negocian con Jamor para que todos los varones de su poblado se circunciden, entonces podrán tener vínculos familiares entre ambas poblaciones. Pero, Shimón y Leví, aniquilan a todos, como venganza por la conducta indigna hacia su hermana. Fue un episodio cargado de nubarrones, que Iaacov al enterarse reprobó, además de sentir que se habían expuesto a ser ahora atacados por el resto de las poblaciones cananeas, quienes los percibirían como hostiles advenedizos.

    Más adelante, en la parashá, Iaacov recibe la orden del Eterno para ir a Beit El y erigir allí un altar. Luego, Dios le reitera a Iaacov su nuevo nombre: Israel.
    Estando aún de travesía, Rajel, la esposa más amada de Iaacov pare por segunda vez, dando a luz a Binamin, y muere, siendo enterrada en Beit Lejem.
    Iaacov erigió un monumento recordatorio sobre su tumba que perdura hasta nuestros días y puede ser visitado.

    La parashá continúa informándonos que Itzjak muere a la edad de ciento ochenta años, y sus hijos le entierran.
    Finaliza la parashá con la enumeración de líderes entre los descendientes de Esav.

    Preguntas

    1. ¿Cómo se prepara Iaacov para el encuentro con su hermano?

    2. ¿Qué diferencia al nombre Iaacov de Israel?

    3. ¿Qué está prohibido comer a raíz de un suceso de esta sidrá?

    4. ¿Por qué lloró Iaacov en el reencuentro con su hermano?

    5. ¿Cómo se vengaron los hermanos por la seducción de su hermana?

    6. ¿Quién muere en esta parashá?

    7. ¿Convivieron Esav y Iaacov luego del reencuentro?

    8. ¿Quién fue el último hijo de Iaacov?

    9. ¿Por qué supones que ocurrió esa misteriosa lucha la noche anterior al reencuentro de los hermanos?

    10. ¿A quién venció Iaacov?

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  • Síntesis parashat Vaietzé

    En su camino hacia la casa de su tío Labán, en la lejana tierra de los arameos, Iaacov sueña con una escalera que conecta la tierra con el cielo, ángeles suben y bajan por ella. En la misma visión, Dios está encima de Iaacov y dice: “Yo soy Dios, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de tu padre Itzjac. Te daré a ti y a tu descendencia la tierra donde duermes. Y tu simiente será como polvo de la tierra y se extenderá en todas las direcciones, y a través de ti serán bendecidas todas las familias en la tierra. Estoy contigo y te protegeré. No te dejaré hasta que haya cumplido lo que prometí.”
    Al despertar Iaacov comprende que está en un lugar especial: una puerta a los Cielos. Impresionado por la revelación, hace una promesa unida a una petición al Eterno, porque sabe que su futuro es incierto, habrá muchas aventuras y contar con la ayuda de Dios es un bien insustituible.
    Luego sigue viaje hasta Jarán y se dirige al pozo de agua, que era el lugar central de las poblaciones, tanto porque proveía el indispensable líquido como también era el punto de reunión y para socializar, comerciar, etc. De inmediato, como si fuera por casualidad, conoce a su prima Rajel y queda enamorado de ella. Un amor a primera vista, algo no muy frecuente en aquellas épocas donde la cultura imponía ciertos procedimientos para que los futuros novios se conocieran. Pero, pudo más el enamoramiento que la prudencia; ¿o quizás la conexión espiritual que había entre ellos de alguna forma se hizo sentir y por ello el joven actuó como lo hizo?
    El hecho es que Rajel lo llevó a su casa, pues Iaacov no tenía dinero para pagar albergue y tampoco conocía a nadie allí. Fue bien recibido por la familia, quienes recordaban el excelente “trato” que habían realizado cuando comprometieron a Rivcá para ser esposa de Itzjac. Iaacov era uno de los dos hijos de aquella pareja, por tanto en la casa de su madre, en el hogar de su tío Labán y su prima Rajel, fue recibido con genuino cariño pero también con verdadero interés (porque suponían que el joven de familia acaudalada pagaría una gran suma para contraer matrimonio con alguna de las hijas de Labán).
    Pero, el joven Iaacov no tenía plata, ni posesiones de algún valor. Se tenía a sí mismo, su confianza en poder. Se ofreció a trabajar, con dedicación y sacrificio, por siete años para obtener la autorización de Labán para contraer matrimonio con Rajel.
    Cuando los años de duro trabajo terminaron, Iaacov solicitó la mano de su amada. Al poco rato se organizó la boda. Al día siguiente Iaacov descubrió que había sido engañado, pues su joven esposa no era su querida Rajel, sino su hermana mayor, Lea.
    Cuando reclamó a Labán por esta trampa, éste le dijo que así era como se acostumbraba en su cultura, primero se casa la mayor. Astutamente le propuso que trabaje otros siete años para adquirir el derecho a casarse con Rajel. Iaacov aceptó y finalmente quedó en matrimonio con ambas hermanas y tiempo más tarde le fueron otorgadas como concubinas dos medio hermanas de las chicas.
    El tiempo pasa y Lea va teniendo hijos de Iaacov, sin embargo la esposa más amada, Rajel, era estéril. También las concubinas tuvieron hijos del patriarca.
    Finalmente, y tras muchas zozobras personales y familiares, Rajel pudo concebir y tuvo a su primer hijo, Iosef.
    Mientras tanto, Iaacov iba enriqueciéndose, pues a pesar de tener que soportar más engaños y maltratos de Labán y sus hijos, Hashem le había bendecido y gracias a su trabajo fue adquiriendo mucho ganado y posesiones.
    Entonces llegó el momento de retornar a la tierra de los antepasados y continuar la saga de la familia de Avraham en la tierra que Dios les había prometido.
    Para evitar más conflictos y con el consentimiento de sus esposas, Iaacov y familia se fueron llevándose todas sus posesiones, pero sin dar aviso a nadie en la casa de Labán.
    Éste al enterarse se sintió defraudado, aunque nada de lo suyo le habían quitado, a excepción de unas estatuas que él adoraba, puesto que Rajel se las había llevado sin su permiso.
    Labán sale enfurecido a perseguir a Iaacov y familia, iba acompañado de muchos hombres dispuestos a usar la violencia. Pero Hashem aparece en sueños y le prohíbe que haga cualquier daño al patriarca de los hebreos o a alguno de su familia. Por lo cual, al alcanzarlos refrena su agresividad pero reclama por la devolución de sus ídolos. Iaacov sin saber qué había sucedido se proclama inocente y está tan seguro de la repulsión de su familia por la idolatría que dice que si alguno de ellos en verdad las tomó, sería maldito y su vida acortada. ¡No sabía que su amada Rajel, embarazada de su segundo hijo, se había llevado los ídolos!
    Finalmente hacen un pacto de no agresión luego se despiden para no volver más a encontrarse.
    Ahora, un nuevo desafío se perfilaba en la vida del tercer patriarca y su familia: el reencuentro con el hermano Esav; pero esto es tema para la siguiente parashá…
    ¿Cómo sintetizarías en siete palabras el contenido de parashat Vaietzé?

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  • El deseo de recibir desde el punto de vista cabalístico

    La Tradición nos enseña que todas las criaturas tenemos un instinto básico que denomina “deseo de recibir”, que es la búsqueda de conexión con la fuente de energía, es decir, el Creador. En principio es un deseo irracional, inconsciente, que viene incorporado a la naturaleza de las criaturas. No es algo aprendido, ni tampoco necesariamente se es consciente de él. Es en el ser humano donde este deseo puede ser descrito, pensado, hecho consciente. Por ello hay personas que adrede buscan esa conexión, aunque no tenemos que hacer nada para estar conectados con Él.
    En verdad no existe desconexión entre lo creado y el Creador, porque cada instante de existencia es posible únicamente si Él provee de energía, ya que si estuviéramos una milésima de segundo sin conexión, automáticamente dejaríamos de existir.
    Esta misma dependencia absoluta hace que tengamos el deseo de recibir, que se manifiesta como instinto de supervivencia entre los animales, entre los cuales está el ser humano, y que se pone en evidencia cuando el objetivo de nuestra conducta es proveernos de bienestar material, seguridad, procrear, entre otros.
    Otra muestra de este deseo es también el anhelo de placer. Otra manifestación es la apetencia de poder. Todo esto son formas de concretarse el deseo de recibir. Pero, cuando profundizamos nos damos cuenta de que a fin de cuentas, todo este deseo no es más que apetito de obtener poder del Todopoderoso para estar con poder en lo personal. El deseo de poder, el uso del poder, el poder es lo que mueve la existencia (al menos en los humanos).

    Un grado inferior del deseo de recibir se puede expresar como un rechazo a lo que provoca impotencia. Entonces, no se desea prevalecer sobre el enemigo, sino huir de lo que daña o mata. No se busca placer, sino alejarse del displacer. No se busca demostrar poder, sino rechazar el sentir la impotencia (sea ésta real o imaginaria).
    Por supuesto que este modo de conducirse, repeliendo la impotencia en lugar de demostrando poder, es síntoma de desequilibrio, una clara muestra de que la impotencia está ejerciendo control sobre la persona. Por tanto, de cierta forma se duda de la conexión con el Todopoderoso, se siente como desconectado de la Fuente de todo poder.

    En el lenguaje clásico cabalístico a las criaturas se las denomina como “vasijas” que están recibiendo “luz” de parte del Creador.
    El Creador nada precisa recibir pero todo lo da.
    Nosotros somos todo receptores, ya que no existiríamos si no estuviéramos relacionados con el el Creador y con el ecosistema. Él brinda esa “luz”, que es energía, directamente a cada criatura y también indirectamente a través de los elementos con los cuales nos interrelacionamos y que forman parte del ecosistema.
    Entonces, estamos recibiendo constantemente energía que nos permite la existencia y luego depende de nuestra decisión si recibiremos para compartir, para construir una realidad mucho más perfeccionado, o si habremos de recibir para nosotros mismos y así solamente alimentar el ego.

    A uno se le llama “deseo de recibir para compartir” al otro se le denomina “deseo de recibir para sí mismo”. Evidentemente el primero nos hace solidarios en tanto que el segundo es egoísmo.

    Dijimos que no hay que hacer nada para estar conectados con el Creador, no se rompe lo que nos liga, y por tanto es ridículo que precisemos de religiones, o sea, de inventos humanos que quieren re-ligar, volver a conectar lo que suponen desconectado.
    La conexión es constante, seamos conscientes de ello o no.
    Sin embargo cuando buscamos conscientemente la conexión, cuando revelamos nuestro lazo sagrado con el Creador y descubrimos lo que Él quiere de nosotros, podemos perfeccionar la calidad de nuestra conexión y así revelar más luz y emplearla con mayor poder.

    El rabino Áshlag enseña que hay tres niveles de deseo:
    – poder (que incluye satisfacción) en el plano físico/material y emocional: abrigo, nutrición, procreación, seguridad, etc.
    – poder en el plano social: honor, fama, riqueza, etc.
    – poder en el plano mental: sabiduría, conocimiento, etc.
    Piensa estos tres niveles y cómo los estás energizando.
    Date cuenta de si estás empleando tu deseo de recibir para llenar tu ego o para compartir.
    Revela lo que te retiene en niveles bajos del deseo de recibir, entonces podrás liberarte de cargas y ser una vasija brillante.

    Los que están atrapados por su deseo para recibir para sí mismos, usarán todos los poderes a disposición para obtener provecho propio, aunque con ello perjudiquen a otros, aunque con su avance en posiciones en este mundo pierdan de vista las reglas éticas/espirituales.
    En tanto que aquellos que usan su deseo de recibir para beneficiarse y con ello beneficiar a otros, disfrutan de los bienes de este mundo así como están sembrando bienestar para su existencia en el más allá.

    En la parashá Toldot nos encontramos con los ejemplos de ambos deseos: el egoísta Esav y el íntegro Iaacov.
    Ahora, con la larga introducción que presentamos acerca del deseo de recibir, toca leer la parashá completa y comenzar a verla con otros ojos.

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  • Piensa bien para que vaya mejor

    Tradicionalmente el apelativo de Iosef/José el hijo de Iaacov, es haTzadik, que significa “el justo”.
    Nuestra Tradición nos enseña que no fue un derecho de nacimiento, ni una gracia celestial, ni una cualidad natural en él esa tendencia a ser tzadik; sino que lo adquirió a través del aprendizaje, lo reforzó con el entrenamiento de las cualidades del justo y luego, porque cuando hubo que ponerlas en práctica en lo momentos necesarios, ¡lo hizo!
    Es decir, no era un justo porque sí, ni por obra milagrosa, sino por su esfuerzo y dedicación, por su entrega a una misión en particular, la de ser justo.

    Entre las cualidades que tuvo que cultivar se encontraba la de tomar conciencia de sus deseos.
    Esto es, trataba de filtrar sus creencias, tomar en consideración sus sentimientos, detener sus reacciones para poder mediarlas con el razonamiento y la creatividad, en lugar de ser esclavo de su Sistema de Creencias. Así iba tomando conciencia de sus deseos, y por ello era amo de su conducta (hasta donde la limitación inherente a ser humano nos permite).

    Te repito que no le salía de forma natural, no nació con dotes sobrenaturales, sino que fue aprendiendo, haciendo su camino y las circunstancias de la vida le fueron dando chances para sobrepasar sus límites.
    Entre esas circunstancias se pueden enumerar muchas dramáticas, de oscuridad tremenda.
    Fue allí donde tuvo que cultivar otra cualidad, la de la confianza en sí mismo y en el Eterno.

    En vez de dejarse tragar por la oscuridad y entonces abandonarse, destruirse, o quejarse y echar culpas, él escogió otra manera de responder: la asertividad.
    Es decir, el verdadero pensamiento positivo.
    No el que nos llena de delirios de poderes mágicos, como si pudiéramos controlar el universo con nuestra imaginación, sino el que trata de ver qué nos está enseñando este momento; también, cómo podemos obtener alguna ventaja incluso allí en donde solo se ve fracaso; también, el saber que existe un Dios que nos permite el libre albedrío pero que finalmente Él se encarga de valorar nuestra conducta y nada pasa desapercibido ni es menospreciado a Su escrutinio.

    En Iosef, su trabajo de desarrollo personal lo llevó a crecer cuando todas las cartas parecían estar en su contra.
    Había sido repudiado por sus hermanos, vendido como esclavo, estaba muy lejos de su hogar y patria, no tenía amigos ni contactos, la gente rechazaba a los de su etnia, había sido acusado injustamente de violador y por eso terminado en una terrible prisión, no había ninguna luz en esa oscuridad cada vez más intensa.
    Sin embargo, seguía estando firme en su convicción, en su confianza.
    Estaba entrenando su pensamiento positivo.
    Tomaba conciencia de sus deseos.
    No se dejaba caer por el abismo, sino que con aquello que tenía al alcance hacía lo mejor que podía en ese determinado momento.

    Así llegó a tener gran poder, influencia, éxitos y ser distribuidor de la bendición y el sustento.
    Fue muy duro su camino, pero la meta victoriosa había sido alcanzada.
    Se transformó en el shalit –gobernante- de Egipto y mashbir –proveedor, canal de bendición y sustento- para toda la zona de influencia de Egipto.
    Pasó del pozo más hondo y aterrador a la cumbre más luminosa y espléndida.

    Por ello no resulta casual que sea esta parashá, Miketz, la que siempre acompaña a Januca.
    Porque tienen ambas el mismo trasfondo en común: podemos vencer a la oscuridad cuando no nos dejamos vencer por ella.
    La LUZ del Eterno siempre está con nosotros, somos nosotros los que tenemos que desarrollar instrumentos para permitir que alumbre y nos fortalezca.

    En lo material estaremos siempre limitados, es condición necesaria de la materialidad.
    Pero en lo espiritual, somos parte del Eterno, por tanto unidos e ilimitados.
    Al poblar de espiritualidad nuestra vida terrenal, estamos revelando la luz de las llamas de vida eterna en nuestra existencia.
    Al ver los desafíos y no tropezar con ellos, ni sentir que estamos destruidos y colaborar en nuestra destrucción. Ser como Iosef, ser como los macabeos, transformar la oscuridad en parte de la Luz Oculta para revelar la LUZ.

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  • Para ser bendito en todo

    Dice la parashá Jaié Sará:

    «Avraham era anciano y muy venido en días, y el Eterno había bendecido a Avraham en todo.»
    (Bereshit/Génesis 24:1)

    ¿Qué es ser bendecido en todo?

    Veamos una de las formas de responder a esta pregunta.
    Es trabajar nuestra mente y emoción para que de a poco vayamos alcanzando un estado de conciencia tal que comprendamos que todo trabajaba para reportarnos bendición.
    Todo, incluso los momentos amargos, las desgracias, todo aquello que no se percibe como bendición en verdad sí es una bendición. Es una dádiva del Cielo para que estemos bien.
    Pero, ojo: ¡no quiere decir que todo sea bueno!
    Porque hasta el propio Creador ha dejado asentado para que lo tengamos bien en claro que hay cosas que definitivamente no son buenas.
    Pero sí que podemos desarrollar una visión espiritual de las cosas, por medio de la cual relativizamos todo lo que sucede en este mundo para de esa manera hallar la ganancia incluso en la pérdida.
    Entiéndelo: puede que haya una pérdida, la cuestión está en sobreponerse a ella y descubrir o elaborar una ganancia a pesar, o gracias a, la pérdida.
    No es fácil, no siempre es comprensible de buenas a primeras, por ello decimos que es necesario alcanzar ese estado de conciencia, trabajar para ir creciendo por sobre lo obvio, despegarnos del razonamiento materialista y avanzar en la sincronización de nuestra vida material con nuestra esencia espiritual.
    Entonces, cuando a través de lo que nos pasa vamos revelando la Luz espiritual, hacemos conexiones, aprendemos algo, nos fortalecemos en cierto aspecto, logramos reconocer la bendición en todo, también en lo que materialmente es un fracaso.
    Sería maravilloso pasar por esta vida sin sufrir, y así decir que la bendición, el bienestar está en todo de manera simple y evidente. Pero eso es imposible. El mundo fue diseñado y elaborado por el Todopoderoso para que estemos sometidos a frecuentes, sino constantes, situaciones de impotencia. El Creador ha puesto en este mundo imperfecciones, limitaciones, todo tipo de contrariedades, y hasta incluso nos dio un EGO que nos provoca abundante malestar. Sin embargo, también esas pesadas cargas sirven para que revelemos la Luz espiritual, para que sean usadas en encontrar la bendición en todo.

    El inspirado rey salmista lo plantea en pocas palabras:

    «Bueno me es haber sido afligido, para que aprendiera Tus decretos.»
    (Tehilim/Salmos 119:71)

    La pasaban cosas terribles al rey David, sentía miedo, dolor, impotencia, todo tipo de maltratos.
    Pero aprendió a no hundirse en la oscuridad, no se esclavizó a la desesperación, no sumó el rencor al fracaso.
    Por el contrarío, de los frutos secos y quebrados encontraba la forma de extraer un rico sumo vivificante.
    Revelaba la chispa del Divino, incluso en lo más aterrador que le acontecía.
    ¡Y mira que no pocas amarguras tuvo que sufrir David desde incluso antes de nacer y hasta el último momento de su vida!

    Te daré un ejemplo de la vida real.
    Un amigo sufría tremendos dolores en su vientre, al punto que un día quedó paralizado.
    En la urgencia del sanatorio le dijeron que podía ser algo muy grave.
    Luego de los inmediatos estudios se confirmó que no era un mero dolor de panza, había que ir ya a cirugía.
    Finalmente fue operado y a su debido tiempo recobró la salud.
    Todo esto le sirvió como enseñanza, en varios aspectos.
    Así tomó conciencia de que debía cambiar su dieta, volver a ejercitar, no dar nada por seguro y muy especialmente a valorar cada minuto con su familia y a no descuidarla por asuntos que pudieran parecer importantes pero en verdad no son más que vanidades.
    ¿La pasó fácil?
    ¡Seguro que no!
    ¿Hubiera querido evitarlo a toda costa?
    ¡Seguramente que sí!
    Supo aprovechar la situación para que la limitación no se convirtiera en una fosa insalvable, sino en una escalera para trepar a una nueva perspectiva.
    Además, nos sirve de ejemplo a nosotros… ¿quién sabe cuánto se gana cuando parece que tanto se pierde?
    Cada situación de impotencia es una oportunidad para aprender y crecer, por sobre lo que pueda haberse perdido.
    Cada momento de triunfo, donde resplandece nuestro poder, es también una chance que nos da la vida para demostrar qué tanto podemos agradecer al Creador, ser humildes, tomar en consideración a los demás, etc.

    Pero, por lo general todo se pierde cuando uno se victimiza, solamente se queja, llora, patalea, insulta, echa culpas, se resiste a lo que no puede ser cambiado.
    Mejor es aceptar cuando se ha perdido, si es que realmente se ha perdido, y desde allí crecer con la certeza de que solamente queda crecer de ahora en más.

    No es casualidad que la parashá sea acompañada por la haftará correspondiente, en la cual encontramos este pasaje:

    «¡Vive el Eterno que rescató mi alma de toda adversidad!»
    (1 Melajim/I Reyes 1:29)

    Estaba confirmando el viejo David, ya en sus últimos días, que tuvo adversidades en su vida. No se mentía diciendo que todo fue bueno, que su existencia fue maravillosa y color de rosa.
    Y también exclamaba que no dejó que el fracaso material le llevara al fracaso en revelar chispas de la Divinidad en todo.
    Por el contrario, usaba los malos tragos para crecer gracias a ellos.

    ¡Que no sea el triunfo del miedo y la angustia!
    ¡Que no sea el EGO el que controle tu existencia!
    Sino que puedas hacer consciente tu esencia espiritual, que entiendas que estamos de paso por este mundo y que no es lo más importante lo que pasa acá, ni lo bueno ni lo malo, aunque sea muy importante.
    Simplemente son motivos para experimentar, para entrenarnos en fortalecernos en conectarnos con nuestra espiritualidad.

    Igualmente, hay que pedir al Eterno para que no nos haga aprender de esta manera.
    Que no tengamos que estar sufriendo para revelar la Luz.
    Sino desarrollar la visión espiritual desde la paz, desde el reposo, sin tener que atravesar tormentos para crecer.
    Es decir, estar preparados para hacernos más poderosos en el fracaso, pero no esperar al traspié para conectarnos con la espiritualidad.
    Sino que en todo momento saber que estamos siendo benditos en todo.
    De esa forma podemos cantar junto al rey:

    «¡Alabad al Eterno, porque es bueno; porque para siempre es Su misericordia!»
    (Tehilim/Salmos 118:29)

    Encontrar las bondades del Eterno a cada rato, no a través del dolor sino del gozo.

    Como hizo Avraham, que estuvo gestionando su vida para descubrir al Creador y servirLo.
    Que las innumerables tragedias no lo achicaron.
    Que no se dejó corromper, ni angustiar por las incesantes contrariedades que se cruzaban en su camino.
    Más bien, revelaba la Luz en todo.
    Es una cuestión de actitud, mirar desde la perspectiva espiritual y no desde el ojo de la limitación.
    Sobrepasar nuestra impotencia y revelar nuestra esencia eterna.

    Que todo lo negativo sea tomado como un desafío que está ahí para fortalecernos, y encontrar la bendición a pesar del golpe.
    Que todo lo positivo llegue, sin necesidades ni padecimientos.

    Entonces, ¿podemos cada uno de nosotros llegar a ese nivel de bendición celestial?

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  • Vaietzé 5783, resumen

     

     

    Vaietzé («Salió…»), es la séptima sidrá de la Torá; está en el sefer Bereshit, entre los versos 28:10 al 32:3. Se acostumbra a acompañar su lectura público con la porción del profeta Hoshéa/Oseas, versos 12:13 al 14:10.

    Comienza la parashá con la salida de Iaacov de Beer Sheva para ir a Jarán, huye de la furia de su hermano Esav, por lo que va a buscar refugio con su familia materna en la lejana tierra aramea. Probablemente, tiene intención de encontrar esposa allí, siguiendo el pedido de sus padres, y formar su propia familia, para eventualmente regresar a la patria, en la tierra de Heber, aquella que nosotros llamamos de Israel.
    Por ahora, el futuro es incierto, y el presente se siente complejo.
    Por delante está el camino, lleno de incertidumbres.

    Nos cuenta la Torá que Iaacov es sorprendido por el ocaso en el «lugar», así es llamado ese sitio. Según la tradición, sería el monte Moriá, el paraje donde Abraham Abinu amarró a Itzjak, dispuesto a sacrificarlo en respuesta al pedido de Dios. Es el mismo punto donde en el futuro sería construido el Beit haMikdash.
    Todo esto lo sabemos nosotros, pero no estaba en la mente de Iaacov, quien solamente preparó una tosca cama y se acostó a dormir, por lo que soñó. Entonces, en sueños, vio ángeles que ascendían y descendían una escalera que unía el cielo a la tierra. Percibió la presencia de Dios en la cabeza de la escala, y escuchó proféticamente que Él le prometió darle la tierra de Israel y también que sus descendientes serían una gran nación. Como los anteriores patriarcas, él también estaba recibiendo tales promesas. Ahora, además, le aseguró Dios, que le acompañaría Su protección.
    Iaacov despierta y promete ser creyente en el Eterno, en tanto reciba de Él socorro en su travesía, y que al volver sano y pudiente, ofrendaría al Eterno un décimo de sus riquezas.
    Sabiendo que había encontrado un portal al cielo, llamó a aquel sitio Bet-El, casa de Dios.

    Continúa su viaje y alcanza la ciudad de Jarán, como de costumbre en aquellas culturas, se dirige al pozo de agua, para sociabilizar. Al poco rato, aparece su prima Rajel, de la cual queda enamorado de inmediato. Saluda a su prima y es invitado a la casa familiar. Tras unos días, Iaacov solicita a su tío, Lavan, permiso para desposar a Rajel. Como era habitual, la familia recibía alguna retribución del marido, como Iaacov no tenía nada material que ofrecer, trabajó arduamente siete años para Laván.
    Tras los prometidos siete años, Laván lo engaña y le entrega a su hija mayor, Lea, en lugar de la querida por Iaacov, Rajel.
    Luego de reclamar a su tío y suegro, se compromete a trabajar otros siete años por Rajel, lo cual hace fielmente.
    Nos sigue contando la parashá que Iaacov y Lea tienen cuatro hijos: Reuven, Shimon, Leví y Yehudá. En tanto que, Rajel, la esposa más amada, es estéril y cela a su hermana abundante en hijos, por lo cual le entrega a su marido como concubina a su sierva Zilpá, la cual concibe a Gad y a Asher.
    Tras esto, Lea vuelve a parir, naciendo ahora: Issajar, Zevulun y una hija, Dina.
    Entonces, Dios quita la imposibilidad de engendrar a Rajel, por lo que junto a su marido tienen a Iosef.
    En el ínterin, han pasado otros seis años más con Lavan, para hacerse con alguna estabilidad económica, de cierta riqueza.
    Hace tiempo sabe que las relaciones con su tío/ suegro no son cordiales, y que se han venido agraviando cada vez más, por lo que, decide regresar a su hogar, luego de sortear un nuevo engaño (esta vez económico) que Laván intentó en su contra. En un interesante episodio, la Torá nos relata las estrategias de Iaacov para no caer en las trampas del tío, y lograr enriquecerse en lugar de lo contrario.
    Sumándose a esta tirantez, un nuevo sueño profético le insta a retornar a la tierra de los antepasados, a continuar su camino allá. Por lo cual, Iaacov aprovecha una ausencia de Laván para marcharse de la casa, yéndose con toda su familia y los bienes que ganó en su prolongada estadía en Jaran. Al huir, Rajel roba los ídolos de su padre, escondiéndolos entre sus pertenencias que acarrea hacia su nuevo hogar.
    Al enterarse de lo sucedido, pero en particular de la sustracción de sus terafim, Laván los persigue, pero Dios le advierte que los deje en paz. Laván los alcanza y acusa a Iaacov de haberse escapado con todo lo que le pertenecía a él, pero en especial por llevarse sus dioses. A lo cual Iaacov jura que no los tiene, y que nadie de los suyos puede tenerlos, y maldice con la muerte a quien los tenga, sin estar consciente que es su amada esposa quien los robó. Laván busca entre las pertenencias de todos, también de Rajel, pero no los encuentra, ya que ella aprovechó a que estaba embarazada para ocultarlos y no moverse del sitio del escondite.

    Laván y su yerno firman un pacto de paz, tras lo cual el primero regresa a su casa.
    Iaacov continua su viaje, hallando un campamento de ángeles en el límite, entrando en la tierra prometida.

    Preguntas:

    1. ¿Quién huye en esta parashá?
    2. ¿Cuáles son los sueños en la parashá?
    3. ¿Quién tenía celos de su hermana y el motivo para ellos?
    4. ¿Cuáles fraudes son mencionados?
    5. ¿Qué relacionaba a Lavan con Iaacov?
    6. ¿Por qué Iaacov desposó a quien no amaba?
    7. ¿Cuántos años trabajó Iaacov por amor?
    8. ¿Quién robó ídolos y que castigo recaería sobre esa persona?
    9. ¿Qué prometió Dios a Iaacov? ¿Y viceversa?
    10. ¿Dónde se relatan hechos con ángeles?

     

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  • Negociación con base espiritual

    Expusimos ayer el Método abrahámico de negociación, que puedes encontrar en este link: https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/el-metodo-abrahamico-de-negociacion.

    Ahora vamos a verlo funcionar en la práctica.
    Para lo cual, copiaremos el pasaje correspondiente de la Torá:

    «Avraham se levantó de delante de su difunta y habló con los hijos de Jet, diciendo: –Yo soy forastero pero resido entre vosotros. Dadme entre vosotros una propiedad para sepultura, y que sepulte allí a mi difunta.
    Los hijos de Jet respondieron a Avraham diciéndole: –Escúchanos, mi señor: Tú eres un príncipe de Elohim entre nosotros, en el mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu difunta. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que sepultes a tu difunta.
    Avraham se levantó y se inclinó ante la gente de la tierra, los hijos de Jet y habló con ellos diciendo: –Si tenéis a bien que yo sepulte allí a mi difunta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón hijo de Tzojar,  para que me dé la cueva de Majpelá que está en el extremo de su campo. Que por el valor total me la dé como propiedad para sepultura en medio de vosotros.
    Efrón estaba sentado entre los hijos de Jet.
    Y Efrón el heteo respondió a Avraham en presencia de los hijos de Jet y de todos cuantos entraban por las puertas de la ciudad, diciendo:  –No, señor mío. Escúchame: Yo te doy el campo y te doy la cueva que hay en él. En presencia de los hijos de mi pueblo te lo doy; sepulta a tu difunta.
    Avraham se inclinó ante la gente de la tierra.
    Y habló a Efrón en presencia de la gente de la tierra, diciendo: –Pero, te pido que me escuches: Yo te daré dinero por el campo. Tómalo de mí para que yo sepulte allí a mi difunta.
    Efrón respondió a Avraham diciéndole: –Señor mío, escúchame: La tierra vale 400 siclos de plata. Entre tú y yo, ¿qué es esto? Sepulta, pues, a tu difunta.
    Escuchó Avraham a Efrón, y pesó para Efrón la plata que éste le dijo, a sabiendas de los hijos de Jet, 400 siclos de plata de curso mercantil.
    El campo de Efrón que estaba en Majpelá, frente a Mamré, tanto el campo, la cueva que había en él y todos los árboles que había dentro del límite del campo, pasó a ser propiedad de Avraham, teniendo como testigos a los hijos de Jet, de todos los que entraban por las puertas de su ciudad.»
    (Bereshit/Génesis 23:18)

    Los principios de la negociación abrahámica son:

    1. Enfocarse en el poder y no en la impotencia: separen a las personas del problema
    2. Fomentar el poder-potencial de los participantes: céntrense en los intereses, no en las posiciones
    3. Hacer uso práctico del poder sin caer en la fuerza: Propongan alternativas para beneficio mutuo
    4. Definir puntos de encuentro: usen criterios “objetivos”

    Desglosemos ahora.
    ¿Cuál serían los problemas que podría enfrentar Avraham con su solicitud?
    a. que los hijos de Jet no quisieran vender la tierra a uno que consideraran extranjero.
    b. que hubiera algún impedimento religioso o tradicional para la transacción
    c. que el dueño no estuviera interesado en la venta
    d. que lo estafaran
    e. que le pidieran un precio imposible de pagar

    Podría haber anticipado otros inconvenientes y obstáculos el patriarca, sin embargo el procedió a dialogar con los potenciales vendedores.
    Se expresó con amabilidad y cortesía, siendo atento y llenando de honor a su contraparte.
    No lastimaba la imagen que tenían los otros de sí mismos, sino que elogiaba con palabras y gestos, dando a entender la importancia y poder de sus interlocutores.
    Porque cuando hacemos sentir bien al otro, realmente y no con mentiras, lo más probable es que tengamos un buen retorno. Quizás no alcancemos nuestro objetivo comercial, pero dejaremos tendidos puentes que posibilitarán futuros intercambios o se aprovechará de alguna otra manera la buena relación construida. Es decir, se está invirtiendo para beneficio actual o futuro, no siendo en modo alguno un gasto o pérdida.

    Mencionó alguna de las probables dificultades, como por ejemplo “soy forastero”, pero de inmediato planteó la solución “pero resido entre ustedes”.
    Otro ejemplo de su habilidad negociadora es cuando les expresa directamente que ellos son los que tienen el poder, que intercedan por él, haciéndoles sentir en control y que no estaban siendo amenazados ni puestos en desventaja de ninguna manera.
    Porque su intención era adquirir el terreno lo antes posible para enterrar a su difunta esposa, en principio no estaba escondiendo ninguna otra intención.
    Por lo cual, no enfocarse en los problemas sino atender a las personas, centrarse en su interés y no en las peticiones en sí mismas.

    Miremos el extraño planteo de Efrón de darle gratis el terreno.
    Y repitió el asunto públicamente, asegurando que sería un traspaso sin costo.
    Esa fue su posición, lo que ventilaba explícitamente, ¿pero cuál era su interés?
    Pongámonos en la situación de Avraham: ¿acaso esa “generosa” propuesta realmente sería una adquisición o solamente un usufructo para él y su familia?
    Si la recibía gratuitamente: ¿a que riesgos futuros se podrían exponer él y su familia? Por ejemplo, que la tuvieran que devolver, que fueran acusados de intrusos, que tuvieran que pagar un precio aún más exorbitante que el que efectivamente pagó… los resultados podrían ser inimaginables.
    E incluso hay algo más, porque si leemos con atención Avraham estaba solicitando una cueva en específico, en tanto que le propietario quería venderle la tierra alrededor, la cual tendría un elevado precio.
    Efrón no quiere vender realmente una pequeña cueva al borde de su campo, por lo que expande la solicitud de Avraham de una cueva a todo el campo. Esto ahora es demasiado grande para aceptarlo como un regalo, un campo entero con árboles y una cueva es una parcela importante. Avraham sabe que Efrón lo está preparando para pagar más de lo que esperaba. porque estaría adquiriendo más de lo que inicialmente quería.

    Avraham quiere pagar el precio completo porque quiere ser un propietario legal entre ellos, una entidad políticamente reconocida, no un extranjero que pide prestado espacio para sus cementerios privados.
    Por tanto la alternativa resulta contra intuitiva: pagar el precio completo en lugar de recibir graciosamente la tierra.
    Aceptar la manipulación de Efrón sin contraofertas, sin regateos.

    Llegados a este punto, ¿por qué Avraham no siguió negociando para conseguir un mejor precio?
    Que él fuera rico no es una excusa para pagar más de lo objetivamente acertado.
    Que tuviera urgencia en enterrar a su difunta, tampoco resulta una justificación.
    ¿Por qué se detuvo allí?

    Una muy buena respuesta es que, los 400 siclos de plata, que resulta sumamente caro para la tierra, árboles y cueva; en este caso era un precio bajísimo. Porque en esa cueva estaban sepultados Adam y Javá (Adán y Eva), siendo un sitio muy especial, que irradiaba una energía sumamente poderosa.
    Viéndolo de esa forma, era una ganga que no había que perder por 10 siclos más o menos.

    Otra respuesta es que, Avraham había detectado la falsedad en la propuesta amable de Efrón, se dio cuenta de que ofrecerla de gratis tres veces en realidad era una estrategia oculta para conseguir ventajas a futuro.
    Así pues, Avraham no iba a dejarse atrapar por la falsa generosidad ni tampoco enemistarse con la gente del lugar por codicia.
    Por tanto, si 400 siclos era lo que se precisaba para obtener el título legal de posesión y además la paz con el sátrapa, ¡que así fuera!

    Otra respuesta es que, Avraham no quería que la gente desprestigiara a Sará, porque sabía que dirían que como él no la quería y no tenía valor es que la enterró en una cueva que recibió gratuitamente… ¡pudiendo pagarla!
    El qué dirán no es para tomar en consideración, pero evitar las murmuraciones llevando una determinada conducta socialmente aceptable y que no quebranta la ética es de persona prudente.

    Por último, uno de los criterios objetivos en esta negociación es que el pago fue realizado en siclos de plata de curso mercantil, usando una medida de valor estipulada socialmente.
    Hoy quizás nos puede parecer una obviedad, pero no en aquella época en la cual la moneda de curso legal aún no estaba extendida entre los pueblos y era escasamente conocida y empleada.

    Otro criterio objetivo fue llevar a cabo la negociación ante testigos, cumpliendo con los requerimientos legales del lugar.
    Que no quedara nada librado a la memoria, a la buena voluntad, a las buenas intenciones, a lo que puede cambiar antojadizamente. Que fuera todo certificado, legalizado, aprobado, refrendado para de esa manera evitar conflictos que pueden ser fácilmente evitados.

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  • El método ABRAHÁMICO de negociación

    Al comienzo de la parashá Jaié Sará encontramos al patriarca Avraham negociando para adquirir el terreno que el quería fuera lugar de sepultura para su recientemente difunta esposa Sará.
    A pesar de contar con la promesa Divina de poseer toda esa tierra, Avraham estaba dispuesto a negociar y hasta pagar un altísimo precio, porque todavía no era el tiempo de que la promesa celestial fuera cumplida.
    Por tanto, la negociación era el camino indispensable para adueñarse legalmente de la posesión que deseaba.

    Supongo que no será esta la razón por la cual se nos tilda a los judíos de negociantes, comerciantes, y cosas parecidas. ¡Todas ellas positivas y de alto valor social y ético!
    Pero, siendo muy cierto que desde entonces y hasta ahora hay muchos paisanos abocados a los negocios, veamos rápidamente unas pautas básicas para la negociación.
    Lo haremos repasando muy por arriba el método Harvard para negociaciones, pero con mayor entronque en lo que es la Tradición sagrada.

    Pero, antes de avanzar simplemente recordemos que negociar no es un intercambio comercial exclusivamente. Negociar excede en mucho el ámbito del mercado.
    El diccionario nos dice que negociar es: “Tratar un asunto para llegar a un acuerdo o solución.”
    Cualquier asunto, no solamente lo comercial.
    Cuando queremos ver qué hacemos esta noche con los amigos, uno de los métodos es la negociación.
    Para planificar las vacaciones familiares, también negociar.
    En un encontronazo con un colega, tratar de resolver la situación mediante el acuerdo, o sea, la negociación.
    Quedarse con la idea de que negociar es estrictamente lo comercial, es de mente pequeña.

    Y Avraham era un excelente negociador.
    Porque conocía el método de Harvard miles de años antes que éste existiera; pero en realidad, podría decirse que usaba el “método abrahámico de negociación con orientación espiritual”.
    Vamos a aprender:

    1. Separen a las personas del problema

    La idea no es vencer al otro, ni tener razón en algo, ni tan siquiera obtener una ventaja a costa del otro.
    El otro es siempre un socio, aunque esté en el lado contrario del mostrador.
    El otro es una persona, tal como yo, que debe ser respetada.
    Si hay un conflicto, debemos evitar que el EGO se apodere del trámite y lo transforme en una batalla.
    No hay que demostrar el poder, sino ejercerlo en combinación con el otro.
    Por lo cual, el respeto es indispensable. La Comunicación Auténtica. El delimitar el problema que nos convoca a negociar, en lugar de la angustia que nos lleva a agredir.

    2. Céntrense en los intereses, no en las posiciones

    Todos queremos disfrutar del poder, no padecer de la impotencia.
    Por tanto, estaremos dando manotones para sobresalir a la inundación de impotencia. Por eso reaccionamos tan negativamente cuando no estamos entrenados en actuar orientados espiritualmente en lugar de reaccionar sometidos al EGO.
    Por lo cual, aprender a negociar mientras desarrollamos el verdadero poder será espléndido para los otros y especialmente para nosotros.
    Cuando identificamos la impotencia del otro, aquella que lo está llevando a plantear la posición que nos plantea, y entonces trabajamos para reducir la angustia de esa impotencia, le estamos dando algo que verdaderamente le satisfará. Entonces, dejará la confrontación y cooperará para que alcancemos el acuerdo.
    Pero si desconozco su impotencia y me quedo pegado a lo que propone, pierdo de vista la mejor clave para resolver el conflicto.
    Por otra parte, si no conozco qué debilidad me está impulsando a ponerme en determinada posición, estoy mal enfocado para negociar.
    Ejemplo, un amigo quiere que nos reunamos en una casa para celebrar determinada fiesta, pero otro insiste en que lo hagamos en un restorán; ¿qué impotencia tengo que identificar en cada uno para resolver esa pequeña contrariedad?
    Por ejemplo, el que quiere hacerlo en casa anda corto de recursos y sabe que la comida casera es más económica, solamente en bebidas ya habrá varios pesos de ahorro.
    El otro, quiere hacerlo afuera porque no tiene tiempo ni ganas de que le toque preparar algo, por tanto prefiere pagar un poco más.
    ¿Qué propones para negociar y destrabar la situación?

    3. Propongan alternativas para beneficio mutuo

    Para negociar no sirve, en principio, quedarse con un planteo, sino que es necesario explorar alternativas. Imaginar opciones, manejarlas, dibujarlas, encontrar nuevas maneras para destrabar los desacuerdos.
    Cuando permitimos que el EGO domine, probablemente no existan alternativas.
    Será aquello que me imponga por sobre el otro, sin dar ni siquiera un lugar a que pueda notarse mi impotencia.
    ¡Y esa es la peor manera de vencer a la impotencia!
    Sin embargo, cuando negociamos tomando en cuenta los principios espirituales, bien pronto nos damos cuenta de que el poder está en conceder, en elaborar propuestas de mutua ganancia. Porque cuando se oprime al contrincante, cuando no se lo transforme al oponente en socio, todos hemos perdido aunque hayamos conseguido alguna ventaja material o emocional pasajera.

    4. Usen criterios “objetivos”

    Para que la negociación se desarrolle será indispensable manejar criterios en común y atenerse a ellos.
    Por ejemplo, el de la Comunicación Auténtica.
    O que sean expertos los que diriman los procedimientos, o lo que sea necesario.
    Es decir, mantener un estándar básico por sobre el cual elaborar propuestas y acuerdos, todo orientado por el código ético/espiritual y no sometido a las reacciones desaforadas del EGO.

    Éste método no debe ser usado siempre, pues habrá situaciones en las cuales una negociación de tipo fuerte será la más indicada.
    Por tanto, es necesario evaluar cuando corresponde su uso y cuando alguna alternativa.
    Pero, en líneas generales será la opción más conveniente para las partes implicadas.
    Por ejemplo, en el caso que dos padres se enfrenten por la tenencia de un hijo, donde uno de los progenitores descuida al hijo, no llega al maltrato directo pero con la displicencia y abandono está perjudicando a la criatura, probablemente una postura firme y no conciliatoria de parte del otro progenitor en la corte será lo más apropiado por el bienestar del hijo.

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  • Parashá Toledot, 5783

    Toledot («Generaciones…»), es la sexta sidrá de la Torá;  la podemos encontrar en el sefer Bereshit, versos 25:19 al 28:9.
    La suele acompañar la lectura del profeta Malaji, desde 1:1 a 2:7.

    Nos encontramos que, tras las plegarias de Itzjak, y veinte años de estéril matrimonio, Rivka queda encinta. Ella siente que su embarazo es complicado, no entiende qué le pasa, por ello consulta a Dios, a través de su suegro Abraham. Éste le informa que carga mellizos, quienes son futuros padres de naciones. Ambos se enfrentan ya en el útero, pues uno anhela la vida espiritual, en tanto que el otro la desecha para afincarse en la pura materialidad. Ese enfrentamiento será milenario, aunque finalmente el mayor estará supeditado al menor, lo cual será el triunfo de la espiritualidad.
    Nace el primero, todo peludo, por lo que es llamado Esav, que da a entender que estaba ASUI, hecho, completo, sin posibilidad para el desarrollo. Es también una referencia a su tendencia materialista.
    Al rato, agarrado de su talón (akev), surge quien será llamado Iaacov. Este nombre proviene, precisamente, del hecho de haber estado asido al talón de su hermano; pero también indica que por un tiempo andará de manera AKUVÁ, torcida, falta de ordenamiento, hasta que por fin madure y se transforme, por mérito propio, en quien conocemos y respetamos como ISRAEL, nuestro tercer patriarca.

    Con el tiempo, Esav se dedica a la caza, a los placeres de la tierra, mientras, Iaacov era más bien reservado, tímido, que acostumbraba estar en el hogar y acompañar a su madre.

    En cierta oportunidad que Esav volvió famélico de la infructuosa caza, Iaacov se encontraba cocinando lentejas. De acuerdo a la tradición, fue el día de la muerte de su abuelo, nuestro patriarca Abraham; es entonces, una antigua costumbre judía ofrecer un potaje de lentejas a los que están de duelo para su primera comida luego del entierro de su familiar.
    Esav está fracturado del hambre, sin pensarlo y con su ímpetu desmedido habitual, reclama ser alimentado de «esa cosa roja». Entonces, en un rápido intercambio, Esav permutó sus derechos de primogenitura a cambio de un plato de lentejas.

    La parashá continúa contándonos que hubo otra época de terrible hambruna, por lo que Itzjac y familia emigran a la tierra de Grar, que queda dentro del territorio de Israel. Era sumamente acaudalado, por lo cual Avimelej, rey de la zona, por su seguridad le rogó que se fuera de allí. En verdad, detrás de esa orden había mucho de envidia y enojo, pues Avimelej había actuado de manera indecente en contra de la familia, pero Dios no le permitió continuar con sus planes. Por el contrario, tuvo que permitir a la familia residir en su territorio y ver como se enriquecían. Nuestro patrirca, entonces se muda. Llega a donde había residido antiguamente su padre, y excavó nuevamente los tres manantiales que habían sido abiertos en épocas de su padre, por los peones del mismo y que, vaya uno a saber por qué malicioso motivo, habían sido tapados. Ahora, nuevamente le tapan los pozos los siervos de Avimelej, pero Itzjac insiste, perforando nuevas fuentes de agua, las cuales, esta vez, no son obstruidas por los perversos.
    Avimelej, al percatarse de que Dios estaba con Iaacov, selló un pacto de paz con él.

    La parashá continúa contándonos aquel hecho, en el cual Rivcá ayudó a Iaacov para que tomara la bendición paterna, y la herencia material y espiritual, como le correspondía por derecho.
    El padre no sabía que Esav había vendido a su hermano los derechos de primogénito, y Esav tampoco se lo comunicaba ahora.
    Por lo que, Rivcá y Iaacov tuvieron que realizar la famosa y sagaz estratagema, de que Iaacov apareciera disfrazado como si fuera su hermano, para que así se hiciera justicia.
    Tras enterarse Itzjac de lo que había hecho su hijo menor, aprecia que la trampa en realidad sirvió para reconocer que el más adecuado para recibir la herencia familiar era Iaacov, a pesar de los métodos poco convencionales que utilizaba. Además… ¡estaba en su derecho!

    Esav furioso, juró matar a su hermano, por lo cual, la madre se apresuró a enviar a su hijo preferido (Iaacov) a casa de su propio hermano, Labán, el cual continuaba viviendo en la tierra de los arameos.

    Antes de que partiera, Itzjak bendijo nuevamente a Iaacov y también le recomendó tomar el camino del exilio. Confiaba que allá obtendría protección y lograría encontrar quien pudiera ser digna esposa para la familia de Abraham.
    Viendo Esav como las hijas de Canaan desagradaban a sus padres, tomó esposas de entre ellas.

    Preguntas:

    1. ¿Qué particularidad tuvo el embarazo de Rivka?

    2. ¿Quién fue el primogénito real, y quién el moral?

    3. ¿En qué se diferenciaban los mellizos?

    4. ¿Cómo nos percatamos del odio hacia los hebreos que profesaba Avimelej?

    5. ¿De cuál de ellos provienen los judíos?

    6. ¿Por qué causas Rivka sugirió que Iaacov huyera a casa de Laban y no a otro sitio?

    7. ¿Cómo explicar que a pesar de la astucia de Iaacov, la primogenitura le pertenecía?

    8. ¿Por qué Rivka prefería a Iaacov?

    9. ¿Qué significa el nombre Iaacov?

    10. ¿Qué trampas suceden en esta parashá?

     

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  • La nulificación poderosa

    Shalom, espero que estés teniendo una semana de bendición.
    Antes de comenzar este estudio de la parashá esta semana, tengo un pedido particular.
    Te agradecería que hicieras llegar tus comentarios acerca de los estudios que estamos compartiendo de las diferentes parashot semanales. Con tu participación podemos ir mejorando nuestras entregas. Tienes los canales habituales de nuestra Comunidad para comunicarnos.

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    Muchas gracias.

    En esta parashá, Vaigash, luego de idas y venidas, tras décadas de sufrimiento y separación, después del exilio y la oscuridad, finalmente Iosef se revela a sus hermanos y explica que no hay lo qué temer, que él no los culpa por nada, que no quiere venganza, por el contrario está dispuesto a ayudarles en sus penurias y a cobijar a sus familias en el Egipto regido por él.

    ¿Qué fue lo que movió el corazón de Iosef para que esto sucediera?

    La respuesta literal la brinda la parashá desde su inicio y hasta que finaliza el capítulo 44 de Bereshit/Génesis. Allí Yehudá hace un breve racconto de lo que había sucedido, de cómo llegaron a estar en esta tensa situación actual, de la importancia de Biniamín para el padre, de las repercusiones terribles que Biniamín quedara esclavo de por vida podría causar al anciano padre.
    Entonces Yehudá pide a Iosef, a quien él consideraba el egipcio regente de Egipto:

    «permite ahora que tu siervo (es decir, el propio Yehudá que está hablando) quede como esclavo de mi señor (que es Iosef) en lugar del muchacho (que es Biniamín), y que el muchacho regrese con sus hermanos.»
    (Bereshit/Génesis 44:33)

    Inmediatamente después, se quiebra Iosef, se quita la máscara y se reconcilian los hermanos.

    El Sefat Emet, un famoso exégeta místico de la Torá, enseña que cada vez que la persona sienta que la impotencia le ha vencido, cuando el sufrimiento y la contrariedad sean ingobernables, entonces ha llegado el momento para  practicar lo que él llama bitul, que significa “renunciamiento”, “nulificación”. Esto, es aceptar la situación, fluir con los acontecimientos, no oponerse ni resistirse, dejar que las cosas sigan sucediendo puesto que no tenemos poder para cambiar nada.
    Renuncias a la pretensión de control.
    Te nulificas el EGO, para que tu Yo Superior pueda salir a relucir.

    Cuando tenemos el poder de controlar, hacerlo. Aunque sea en un pequeño margen, que lo poco que tenemos de poder se manifieste dándonos la chance de obtener más dominio, de intentar doblegar los hechos adversos por nuestros medios y sin dejarnos caer en la desesperación. Por ejemplo, alguien está muy enfermo, mucho, pero elige seguir cuidando de su aspecto, o leer alguna cosa trascendente, o fortalecer la comunicación con sus allegados, o seguir la terapia recomendada con firmeza. Pelea las batallas que están a su nivel. Hace todo lo que está bajo su control, sin doblegarse, sin entregarse al “destino”.
    Practicar el bitul en este caso sería muy sabio, pero solamente en aquellos aspectos en los que realmente estamos sin poder. No es saludable pelear contra molinos de viento, pero a veces sí lo es luchar contra verdaderos gigantes amenazantes.
    ¿Se comprende la idea?

    Pero, hay eventos que superan absolutamente nuestro poder, somos realmente impotentes en grado máximo. Es aquí donde el bitul es absolutamente necesario. Porque, ¿para qué oponerse a aquello que no tiene resolución con nuestra intervención?
    Mejor fluir con la corriente, sin oposición. No es una palabra que me guste, pero quizás es la que más acomode: resignarse. Aceptar la derrota pero no ser fracasados mentalmente, ya que seguimos en control de nuestra mente y por tanto de los sentimientos, y por ello practicamos el bitul, aceptando la realidad, no peleando en vano con aquello que no venceremos.
    Éste es el caso de la aceptación de Yehudá de los hechos en la parashá, de no continuar la lucha, sino entregarse y nulificar su orgullo. Dejar de pelear para comenzar a vencer.
    ¿Se entiende?

    Si es el sentimiento de impotencia el que está operando, no darle chance al EGO para hundirnos en la desesperación ni reaccionar desde lo irracional. Porque el sentimiento de impotencia no es la impotencia real, aunque puede muy fácilmente llevar a ella. Por ejemplo, si creemos que no podemos y ni siquiera lo hemos intentado, entonces termina siendo verdad que no podemos. La mente atrapada por la creencias de imposibilidad ha logrado materializar la imposibilidad. Cosa que es muy diferente si pensamos que es una tarea difícil, que las probabilidades juegan en nuestra contra, pero sin embargo no limitamos nuestro accionar y hacemos lo que está a nuestro real alcance.
    Todas las voces que en tu interior te dicen que no puedes, que no sirves, que siempre te irá mal, que ya lo hiciste y fracasaste, y cosas por el estilo, son esas imaginaciones de impotencia que te limitan, que te mantienen impotente sin que te animes a probar tu real poder.
    ¿Se comprende?

    Volvamos a la parashá, a Yehudá, quien se entregó a los eventos, ya no peleó más.
    Comprendió que no estaba en sus manos cambiar las cosas, por ello aceptó la derrota y se dejó llevar por la corriente de los acontecimientos.
    Se sabía que estaba en manos del Todopoderoso, y por tanto seguiría confiando en que la oscuridad contenía chispas de luz, que algo bueno habría para rescatar.
    No dependía de él cambiar las cosas, sino surfearlas con dignidad, con entereza, con confianza en el Creador.
    No daría al EGO una victoria, sino que sería exitoso por apegarse a la NESHAMÁ (espíritu).

    Entonces, la Luz fue revelada. La Luz que estaba velada por incontables máscaras y cáscaras que va poniendo el EGO en nuestra mente. Nos hace creer montón de creencias falsas, que nos alejan de la verdad, que nos hacen rechazar lo bueno y saludable.
    Es por ello que los cabalistas llaman a este mundo como el “de la mentira”, porque estamos conviviendo permanentemente con siluetas falsas sin lograr clarificar nuestra mente y contemplar la verdad.
    Pero en este momento en el relato de la parashá, el acto poderoso de conciencia y renunciamiento y confianza de Yehudá hizo una brecha en los velos de la oscuridad.
    Por ello, algo en el corazón de Iosef se movilizó, entonces pudo admitir antes sus hermanos su verdadera identidad. Con ello cambió por completo la situación que presagiaba terribles angustias y males. Ahora se avecinaba algo totalmente diferente, un tiempo de encuentro, de reencuentro, de paz, de crecimiento, de estabilidad.
    Que pudo materializarse gracias a que Yehudá tuvo el poder para reconocer su impotencia.
    Admitió su derrota, practicó el bitul.
    Al tomar conciencia de la situación y de su estado, y entonces confesar su impotencia y no luchar más, es que Yehudá generó una nueva realidad, para la cual él no tenía poderes para crearla.

    Entonces, hasta en la derrota podemos ser vencedores, ya que no hemos fracasado.
    Depende de las elecciones que hagamos a partir de la conciencia espiritual que desarrollemos.

    Si estás en Montevideo, puedes tener más enseñanzas, alegría, espiritualidad, encuentro al compartir compartir con nosotros cada viernes en nuestro Kabalat Shabat en el Centro Maimónides, a partir de las 19:30.
    ¡Shabat Shalom!

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