Categoría: Torá

  • Sabiduría de la parashá Mishpatim

    La Parashá Mishpatim es una sección de la Torá que en su casi totalidad incluye leyes y regulaciones sobre diversos temas, desde tratos justos con los esclavos hasta la protección de los animales. Aunque estas leyes pueden parecer secas y legales, en realidad contienen mensajes profundos y transformadores para nuestra vida emocional y espiritual.

    Un mensaje clave de Mishpatim es la importancia de tratar a los demás con justicia y compasión. Esto incluye no solo cumplir con las leyes y normas, sino también actuar con bondad y empatía hacia los demás. Al hacerlo, estamos construyendo una sociedad más justa y equitativa, y también estamos cultivando nuestra propia humildad y compasión.
    Como fuera el camino del patriarca Abraham, y el cual legara a sus descendientes, construir SHALOM a través de pensamientos, palabras y especialmente acciones de bondad Y justicia.
    Lejos de ser una lápida legalista, el tener un código de leyes, el conocer las reglas, el vivir de acuerdo a ellas, el tener mecanismos dentro de la norma para perfeccionar las leyes, es un mecanismo fundamental para la superación del ser humano. Nos brinda instrumentos para permitir que nuestra vida se asemeje mucho más a aquello que en verdad somos, que es la NESHAMÁ, es decir, el espíritu, la chispa de la Divinidad.
    Por tanto, las leyes nos liberan y fortalecen en mejorar nuestra vida, siempre y cuando no hagamos de ellas un ídolo, una excusa para esclavizarnos al EGO.

    Por si no fuera suficiente, Mishpatim nos enseña la importancia de ser conscientes de nuestras acciones y de cómo afectan a los demás. Al tomar responsabilidad por nuestra conducta, estamos creciendo como personas y fortaleciendo nuestro carácter.

    En resumen, la Parashá Mishpatim, que en principio es un monolito aburrido de leyes, en verdad es una invitación a crecer emocionalmente y a desarrollar una conciencia más profunda de nuestras acciones y sus efectos en los demás. Al tratar a los demás con justicia y compasión, estamos construyendo un mundo más justo y estamos creciendo como seres humanos.

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  • Parashat Itró en breve

    La Parashá Itró se encuentra mediando el libro de Shemot/Éxodo.
    Nuestra parashá contiene temas como la revelación divina, la entrega de un camino de vida sagrado para los israelitas por parte de Dios, la justicia, el liderazgo sabio y la formación de la identidad espiritual judía.

    Narra la llegada de Itró, el suegro de Moisés, al campamento de los israelitas y, de acuerdo a una versión del midrash, su posterior conversión al judaísmo. Bajo su consejo y tutela, se organiza y forma el primer sistema judicial israelita.
    También describe la parashá el encuentro único e irrepetible de toda la nación de Israel con Dios, con la consiguiente recepción por parte de Moisés, para entregar al pueblo de Israel, el Decálogo (las diez frases), comúnmente mal llamados los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí.
    Un hecho jamás vuelto a suceder, y que la propia Torá se encarga de aclarar que nunca más ocurrirá a ninguna nación en el mundo.

    En la parashá se destaca la importancia de tener líderes sabios y justos que puedan guiar y ayudar al pueblo en su camino hacia la libertad y la promoción de la justicia. En este relato, el sabio y experimentado Itró juega un papel importante en ayudar a Moisés a establecer un sistema de justicia efectivo para el pueblo de Israel. La humildad de Moshé le permitió aceptar esa guía, en lugar de rechazarla escudándose en su rol crucial en la obra de Dios, su antigua posición principesca en egipcio, o su jefatura sobre el pueblo judío.

    Encontramos, pues, un relato clave en la historia de la liberación de los israelitas de Egipto y en la formación de la nación de Israel, pues la libertad física que fuera obtenida en la parashá anterior no alcanza y hasta no sirve, si no se complementa con la libertad de la mente y el corazón.

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  • Paralizarte con la oscuridad… o triunfar?

    Parashat Bo, que leemos esta semana, incluye la plaga de oscuridad paralizante. Se nos dice en la Torá que los egipcios estaban envueltos en una oscuridad donde “…una persona no podía ver a su amigo y nadie podía levantarse de donde estaban” (Éxodo 10:23). Puede considerarse que era una niebla tan espesa que afectaba la movilidad, o quizás eran terrores nocturnos que los paralizaban emocionalmente.

    El rabino Harold Kushner escribe en su comentario a este pasaje: “Quizás los egipcios estaban deprimidos por la serie de calamidades que los habían golpeado” (Etz Hayim, p. 377).

    Kushner continúa especulando que los egipcios podrían haber estado deprimidos ‘al darse cuenta de cuánto dependía su propia comodidad, de la esclavitud de los demás’.
    Con el paso de los milenios, la enseñanza del judaísmo fue llegando a más y más lugares, haciendo que más conciencias despierten y se entienda que todos somos criaturas de origen divino y que tenemos derechos. No podemos estar indiferentes al sufrimiento del prójimo, al que debemos de amar como a nosotros mismos.
    Sin embargo, es fácil comprender que ante la injusticia, podemos deprimirnos y, por lo tanto, quedarnos inmovilizados por la oscuridad que nos rodea.

    Sin embargo, Kushner nos da una interpretación de una historia del Talmud que apunta a una salida. En Berajot 9b, encontramos un debate talmúdico sobre cuándo amanece. ¿Es cuando podemos distinguir entre un trozo de tela azul y un trozo de tela blanca? ¿Entre un lobo y un perro? ¿Un burro domesticado y uno salvaje?
    El Talmud concluye que es cuando hay la claridad suficiente como para que podamos reconocer el rostro de un amigo a unos pasos de distancia.
    Kushner amplía y profundiza esto para decir que llega el alba cuando podemos reconocer a cualquier ser humano como amigo.

    Esto nos señala una salida de la oscuridad y el aislamiento que genera la negación del otro. Y, de hecho, muchos egipcios pudieron hacer esta transición dando a los israelitas regalos de oro y plata cuando salían de Egipto (Éxodo 12:35-36). Al compartir su riqueza con una población previamente esclavizada, crearon la base material para que esa gente sobreviviera en su inminente salida de Egipto rumbo a la libertad. Era también una manera de expiar por sus culpas y humillaciones de tantas décadas de maltratar a los hebreos.

    Hay otro grupo de egipcios que van más allá. De hecho, se unen a los israelitas en su salida de Egipto. En la Torá se los menciona como “erev rav”, que se traduce generalmente como “una multitud mixta” (Éxodo 12:38).
    Podemos especular que los egipcios que se unieron a los israelitas también tenían sed de libertad. Incluso, la tradición se menciona que la madre adoptiva de Moisés, la hija de Faraón, estaba entre los que salían junto a los israelitas. De hecho, hasta se dice que se convirtió al judaísmo, tomando entonces el nombre de Bitia o Batia.

    Lo que nos sirve de ejemplo de aquellos que no solo se dan cuenta del prójimo, de sus necesidades, y los auxilian; sino de los que se identifican con el otro, con plena empatía y conectan para crear juntos una sociedad mucho más justa, digna, llena de Shalom.

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  • Hablar, para que se entienda

    Así como es una mitzvá que una persona entregue un mensaje que será escuchado, también es una mitzvá que una persona no entregue un mensaje que no será escuchado”. (Talmud de Babilonia, Ievamot, 65b).

    Esta declaración, atribuida al rabino Elazar ben Shimon, a menudo es un desafío para los activistas y cualquier persona con opiniones firmes. El Talmud, básicamente, nos dice que incluso si sabes que tienes razón, a veces, probablemente con más frecuencia de lo que piensas, no tiene sentido abrir la boca. Cuando te enfrentas a personas que no tienen intención de escuchar, es preferible permanecer en silencio en lugar de causar más antagonismo hacia tu causa. La opinión es importante, nos dicen los rabinos, pero es igualmente importante saber cuándo, dónde y cómo darla.

    Al comienzo de la parashá, Dios le dice a Moisés que vaya a los israelitas y les recuerde la promesa hecha a sus antepasados: Dios los liberará de la esclavitud de los egipcios y los llevará a la Tierra prometida a Abraham, Itzjac y Iaacob,
    Moisés hace lo que se le dijo y pasa a entregar el mensaje a los israelitas. Sin embargo, a pesar de que esto debería haber sido una noticia alegre y prometedora de un cambio real, sus palabras no son escuchadas; los israelitas lo ignoran.

    La Torá no nos deja a oscuras respecto a la razón de la falta de éxito de Moisés, diciéndonos que los israelitas no escucharon debido a “kotser ruaj v’avoda kasha”, que se puede traducir como “a causa de sus espíritus aplastados por servidumbre cruel” (Exodo 6:9).
    Pero, hay una traducción más directa, que sería ‘debido a su impaciencia causada por el trabajo duro’.
    Rashi, el comentarista bíblico del siglo XI, va aún más allá e interpreta la frase ‘kotser ruaj’ como literalmente ‘falta de aliento’. Los israelitas trabajaron tan duro, nos dice, que simplemente no podían respirar.
    Es decir, estaban tan agotados y tan angustiados, que no se podía esperar que alguno se tomará el tiempo de escuchar su mensaje, negativo o positivo, cuando literalmente están sin aliento.

    Todos sabemos que Moisés tiene en mente los mejores intereses de los israelitas. Todos sabemos que él mismo es un israelita. Pero en lo que se refiere a los esclavos hebreos, él es un extraño; un príncipe ‘funcionalmente egipcio’ que creció en el palacio del faraón con una cuchara de plata en la boca. Puede que tenga sangre hebrea corriendo por sus venas, pero al final del día, creció beneficiándose del arduo trabajo y el espíritu aplastado de sus compañeros de tribu. Puede que tenga muchas buenas intenciones, pero no es él quien está sin aliento.

    Solo cuatro versículos después (Éxodo 6:13), Dios ordena una vez más a Moisés y Aarón que se acerquen a los israelitas, así como a Faraón, y les digan que Dios los librará de Egipto.
    ¿Qué cambió?
    ¿Por qué molestarse en repetir un mensaje cuando ya fue rechazado?

    El rabino Meir Simja de Dvinsk (muerto en 1926) intenta resolver esto al notar ligeras variaciones entre los versículos, lo que sugiere que el mensaje de Moisés fue alterado radicalmente la segunda vez (Meshej Jojmah, Vaera, 9).

    El primer mensaje de Moisés se centró en la promesa Divina de una redención completa en la Tierra Prometida, mientras que su segundo mensaje se centró en una necesidad urgente: salir de Egipto.
    ¡Sí!, el primer mensaje de Moisés sonaba fantástico, pero para un pueblo esclavizado, luchando para dar una bocanda de aire a su alma, sonaba como una fantasía. Algo que solo puede preocupar a uno que está en una situación cómoda, sin problemas de supervivencia acuciantes, con contactos en el palacio.
    Cuando Moisés se enfocó en su lucha inmediata, sonó menos privilegiado y arrogante, y más comprensivo de las necesidades urgentes del pueblo.

    No es que hubiera un error en su primer mensaje, pues era verdadero y esperanzador, pero no apuntaba al corazón de aquellos a quienes debía llegar.
    Por tanto, al reconsiderar el mensaje y entregar lo que podía ser atendido, Moshé dio un paso enorme para empatizar con los israelitas y lograr así ser un verdadero líder.

    ¿Cuál es la enseñanza para nuestra vida cotidiana?
    Tengamos la inteligencia como para considerar nuestros mensajes, seamos receptivos a los otros, establezcamos puentes de entendimiento, comuniquémonos auténticamente mucho más.
    Con ello lograremos más shalom en nuestras vidas.

    En resumen: «hablar para que se entienda, pero que nos atiendan».

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  • Parashat Vaerá, 5783

    Vaerá («Aparecí»), es la sidrá 14ª de la Torá; 2ª del sefer Shemot. Entre 6:2 y 9:35. Se acostumbra acompañar por la lectura del profeta Iejezkel (28:25 – 29:21).
    Continúa narrando la historia de Moisés y su misión de liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto.

    Veamos su contenido.

    Se nos dice que Dios recuerda el pacto realizado con los patriarcas, y presta atención al sufrimiento de los israelitas. Por supuesto que es un lenguaje metafórico, usado para que podamos entender que recién en este momento Dios ha manifestado Su plan de redención de los israelitas.
    Es evidente que Él sabe todo, conoce todo, atiende todo, y en especial las penurias de los israelitas; sin embargo, desde el punto de vista de los israelitas, Dios había desaparecido del mapa. Solo en esta oportunidad, con el comienzo del trabajo de Moshé, se enteran de que Dios está trabajando para darles libertad y llevarlos a la tierra de los patriarcas.
    Así pues, Dios envía a Moshé para que comunique a los Hijos de Israel que Él los sacará de Mitzraim y se transformará en su Dios.
    Sin embargo, ellos no escuchan.
    ¿Será que no confiaban en el ex príncipe egipcio, devenido ahora en salvador de judíos?
    ¿Tal vez están embrutecidos por la angustia y la ignorancia, y no creen que es posible que Dios los venga a rescatar?
    ¿Quizás quieren hechos concretos, mensurables, y no solamente lindas promesas que nunca se han cumplido?

    Cualquiera sea la razón de su falta de escucha, Dios ordena a Moshé que se presente ante Faraón para pedirle la libertad de los Hijos de Israel. Moshé se resiste, pretendiendo ser torpe para hablar, pero la orden de Dios es inamovible, y es reiterada.
    Además, Dios le dice a Moshé que ahora podrán ver actuar a la faceta de Él, a la que nosotros conocemos como «Adonai», la que se escribe con la yud he la vav y la he.

    Moisés se presenta ante los líderes de Israel y les cuenta lo que Dios le ha dicho, pero ellos no le creen. Moisés se presenta ante el faraón y le ordena que deje salir al pueblo de Israel, pero el faraón se niega.

    En el capítulo 7,  encontramos que Aarón (de ochenta y tres años) es el encargado de hablar frente a Faraón, por orden del Eterno, y va junto a su hermano (Moshé, de ochenta años de edad)) sabiendo que sus ruegos frente al dignatario serán desatendidos, y que pronto H’ demostrará su inmenso poder sobre Mitzraim. Tal como fuera advertido, a pesar de que frente a Faraón hacen maravillas (el bastón se convierte en serpiente y viceversa), los magos de Faraón duplican la señal, de esa forma pretenden demostrar el poco poder del Dios de los israelitas. La serpiente – vara de Aarón devora a la de los brujos, demostrando que el poder de los enviados de H’ es real y no simples estratagemas o magia de salón.

    Ante la negativa de faraón, Dios comienza a enviar las primeras plagas sobre Egipto como aliciente para que el ánimo de faraón y su pueblo quede abatido, entonces quiera dejar salir al pueblo de Israel.
    Pero, el faraón se niega a cambiar su decisión, a pesar de que las aguas de Mitzraim para los que no eran hebreos se transformaron en sangre, inútil para beber, lavar, etc. Dios ya había anunciado la renuencia de faraón, la dureza de su corazón, por lo que continuará enviando más plagas sobre Egipto.

    Llegados al capítulo 8, encontramos que sobrevino la plaga de la rana.
    Los magos pudieron imitar ambas plagas, haciendo con sus trucos e ilusiones, que nuevamente faraón haga oídos sordos a los requerimientos de Moshé.

    Sin embargo, con la llegada de la tercera plaga, la de los piojos, los brujos egipcios tuvieron que conceder que un poder muy superior al de ellos era el único que podía hacer esto. Pero, el corazón de Faraón estaba endurecido y no se percataba de los males que estaba atrayendo sobre sí y su pueblo.

    En el noveno capítulo encontramos que, las plagas no afectan a los israelitas en Goshen, en tanto el resto de la población cada vez sufre más.
    Dios envía luego las plagas de animales salvajes, peste y granizo. Antes de cada una, Moshé exhorta a Faraón a tomar consciencia de lo que está sucediendo, y que acepte dejar salir a los israelitas, pues no quiere el sufrimiento de los egipcios. Sin embargo, el Faraón no escucha y persiste en su posición negativa.

    Luego de cada plaga, Moshé regresa a solicitar la libertad para su pueblo, y así detener el sufrimiento de Mitzraim, pero el Faraón sigue siendo intransigente.

    Preguntas:

    1. ¿Qué plagas son mencionadas en esta sidrá?

    2. ¿Cuándo los brujos egipcios reconocieron su impotencia y el poder de H’?

    3. ¿Quién no sufre de las plagas?

    4. ¿Quién tenía su corazón endurecido? ¿Por qué es así?

    5. ¿Dónde vivían los israelitas?

    6. ¿Por qué los israelitas no escucharon a Moshé con sus promesas de Libertad?

    7. ¿Por qué no lo escuchó el Faraón?

    8. ¿Quién era el encargado de «Relaciones Públicas» de Moshé?

    9. ¿Qué pedía Moshé siempre?

    10. ¿Cómo vemos la bondad de H’ a pesar de las plagas que envía?

     

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  • De la noche a la luz en la Parashat Shemot, 5783

    La parashá Shemot es la primera sección del libro del Shemot/Éxodo en la Torá.
    Se centra en la historia de la esclavitud de los hebreos en Egipto y en la vida de Moisés.

    Comienza con la historia de los hebreos viviendo en Egipto bajo el mandato del faraón, que temía que el pueblo hebreo se volviera demasiado poderoso y decidió oprimirlos y esclavizarlos. Pero a pesar del yugo y el sufrimiento, los hebreos siguieron siendo fieles a Dios y se multiplicaron.

    El faraón, temiendo aún más el poderío del pueblo hebreo, ordenó que todos los niños hebreos recién nacidos fueran arrojados al Nilo, así esperaba liquidar al salvador de los hebreos que sus sabios habían predicho que nacería por estas fechas. Pero Iojebed, la madre de Moshé/Moisés, escondió a su hijo recién nacido durante tres meses y, cuando ya no pudo esconderlo más, lo puso en una cesta y lo dejó flotar en el Nilo, confiando en que Dios lo salvaría. La hija del faraón encontró a Moisés y decidió criarlo como su propio hijo.

    Cuando Moisés creció, supo que era hebreo y defendió los derechos de uno que estaba siendo molido a palos por un capataz egipcio. Como consecuencia, se vio obligado a escapar y finalmente terminó radicado en la tierra de los midianitas. Allí desposó a Tziporá, la hija del sumo sacerdote de Midián, al que conocemos como Itró.
    Pasaron varios años, hasta que Dios le habló a través de una llama en una zarza y le encomendó la tarea de liderar a su pueblo fuera de la esclavitud en Egipto y hacia la Tierra Prometida. Moisés se negó al principio, argumentando que no tenía la habilidad necesaria para afrontar toda esa inmensa tarea. En una larga discusión, finalmente Dios le dio la seguridad de que estaría con él y le daría las palabras para decir, tras lo cual, sin más diálogo, le ordenó ir.

    Moisés fue a ver al faraón y le exigió que dejara ir al pueblo hebreo, pero el faraón se negó. Dios entonces envió diez plagas sobre Egipto, incluyendo la muerte de todos los primogénitos egipcios y el paso del Mar Rojo, para demostrar su poder y convencer al faraón de que dejara ir al pueblo hebreo. Finalmente, el faraón cedió y permitió que los hebreos se fueran. Sin embargo, nos hemos adelantado mucho a la historia, pues todo esto ya no corresponde a la parashá de la semana.

    Podemos encontrar mensajes de esperanza en Shemot, uno de los cuales es que: aunque podemos enfrentar momentos difíciles y opresión, Dios está siempre con nosotros y nos da la fuerza y la guía que necesitamos para superar los obstáculos y alcanzar la libertad. También nos muestra que Dios está dispuesto a hacer lo que sea necesario para protegernos y cuidar de nosotros, incluso cuando no somos conscientes de Su presencia. Y nos recuerda que, a pesar de las dificultades que podamos padecer, Dios siempre tiene un plan para nosotros y nos da la oportunidad de alcanzar nuestro potencial y nuestra verdadera identidad. Así que aunque la vida puede ser difícil a veces, podemos tener esperanza en que Dios está con nosotros y nos guiará hacia un futuro mejor.
    Al mismo tiempo, recordar que somos seres limitados durante nuestro pasaje por este mundo, lleno de limitaciones. Por tanto, aunque Dios es Todopoderoso y Su amor es infinito, no siempre saldremos airosos de los eventos, ni estaremos resguardados de sufrimiento y roturas. Sin embargo, la NESHAMÁ, el espíritu que es lo que realmente somos, no se quiebra, no se lastima, sino que incorpora conocimiento y con ello perfeccionamos nuestro gozo en la eternidad.

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  • La vida y bendición en parashat Vaiejí

    Desde la época de los patriarcas se entendió que es muy importante para los judíos el lugar donde son sepultados los familiares, no solamente por una cuestión mística, sino también por un asunto de identidad y de continuidad de la familia.
    Es por ello que la Torá no se dedica ni un instante a mencionar el mundo venidero, la vida espiritual, o cosas similares, pero hace énfasis en la sepultura de los seres queridos, el punto elegido para ello, cómo se hacía para remarcar el sitio, etc.
    Para que nos ocupemos de estos trámites, que no son menores, pues revelan el respeto, cariño y aprecio por nuestro familiar que partió de esta vida, así como por todos aquellos que continúan aquí. Es una manera de ejercitar y valorar nuestra identidad y de compartirla con aquellos que estén interesados en conocerla.

    Un segundo pensamiento que surge de la parashá es que, no hay que esperar a grandes momentos para bendecir con las palabras, y especialmente con nuestras acciones, a aquellos que están a nuestro alrededor y que queremos.
    Sino que, hay que aprovechar todos los días, a cada instante, para que nuestras acciones y nuestras palabras demuestren la bendición que queremos manifestar en la vida de todos ellos.
    ¿Por qué aguardar a una festividad, a celebrar el shabat, a un evento en el ciclo de vida, o a que algún acontecimiento traumático nos haga despertar el deseo de bendecir?

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  • Parashat Vaiejí, 5783

    La parasha final del libro de Bereshit (Génesis) se llama ויחי en hebreo y «Vaiejí» o «Vayejí» en español. Es la parasha número 12 del libro de Génesis, de un total de 54 parashot en la Torá. Cada parasha es una sección de la Torá (Pentateuco) que se lee durante los servicios litúrgicos judíos cada semana, siguiendo un ciclo anual.

    Nuestra parasha incluye el relato de la muerte de Iaacov y la bendición que él da a sus hijos y a dos de sus nietos.
    Esta última es la que traemos a colación cada vez que bendecimos a nuestros hijos, recordando que sean como Efraim y Menashé.
    Por su parte, las bendiciones a los hijos son una especie de visión sobre el futuro de cada una de las tribus de Israel.

    Iaacov estando enfermo y sabiendo que estaba llegando al fin de sus días en esta tierra, da instrucciones a Iosef, y con él al resto de sus descendientes, para que lo lleven a la tierra prometida, para estar sepultado allí, junto con sus antepasados. Iosef obedece a su padre y lo lleva de Egipto, donde Jacob muere, para que repose su cuerpo en la tumba de los patriarcas, en Hebrón-Israel.

    Después de la muerte del patriarca, los hermanos de José se preocupan de que él pueda vengarse de ellos por haberlo maltratado años atrás. Temían que él hubiera guardado su venganza a que el padre muriera, para así poder desatar su ira con mayor virulencia. Sin embargo, José les asegura que no tiene ningún rencor hacia ellos y que todo lo que ha sucedido es parte de un plan divino para salvar a muchas personas de la hambruna. José les dice que Dios los ha traído a Egipto para protegerlos y prosperar allí, y les hace prometer que llevarán su cuerpo de vuelta a la tierra de Canaán cuando él muera.

    Luego, la parashá incluye también la historia del fallecimiento de Iosef y la visión que él les brindó acerca de la larga diáspora que vendrá, una época de tribulaciones y el posterior regreso de los israelitas a la tierra de Israel. Les dice que su linaje se multiplicará y se convertirá en una nación poderosa, y que Dios siempre estará con ellos y los protegerá. Con esta profecía, la parashá llega a su fin y concluye el libro de Génesis.

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  • Reconciliacion sanadora

    La parashá Vaigash es considerada a menudo como la más emotiva, en el aspecto personal y familiar, de toda la Torá.
    Es que, no trata de grandes historias, sino del reencuentro, del perdón, de la aceptación, de mejorar la vida en lugar de vivir amargándonos.

    A veces hay conflictos o distanciamiento entre dos (o más) personas, y puede ser difícil encontrar la manera de arreglar las cosas. Pero si hay voluntad por ambas partes, es posible trabajar juntos para superar las diferencias y reconstruir una relación más fuerte. Esto requerirá disposición para perdonar y dejar atrás el dolor del pasado, pero puede valer la pena el esfuerzo si significa tener una relación más cercana y más armoniosa. Como dijo el rabino Hillel: ‘Si no soy para mí, ¿quién será para mí? Y si soy solamente para mí, ¿qué soy? Y si no es ahora, ¿cuándo será?’».

    Hillel fue un sabio y líder judío que vivió décadas antes de la Era Común y es conocido por sus enseñanzas y por ser uno de los fundamentos de la Torá Oral. Su cita es muy conocida y se usa a menudo para reflexionar sobre la importancia de ser responsables por uno mismo y de tomar el tiempo para hacer las cosas que son importantes para nosotros.
    En este caso, la cita de Hillel se refiere a la importancia de ser responsables por uno mismo y de tomar el tiempo para hacer las cosas que son valiosas para nosotros. En el contexto de la reconciliación y el reencuentro, podemos ver esto como una llamada a ser responsables de nuestras propias acciones y de nuestra propia parte en los conflictos que puedan haber surgido en una relación. Por lo cual, reconocer aquello que no estuvo bien, darnos cuenta que podemos hacer algo para corregirnos, pedir perdón sinceramente, ofrecer nuestra mano al prójimo al que hemos lastimado, entre otras cosas. Si hemos sido la parte que lastimada de la relación, es menester reconocer en qué hemos sido débiles, ofrecer nuestro perdón a aquel que sinceramente se ha arrepentido, tender puentes de entendimiento, no permitir que la corrosión de la mala emoción nos destruya por dentro, impulsar el establecimiento de la justicia, entre otras cosas.

    Cuando dos personas trabajan juntas para superar las diferencias y reconstruir una relación más fuerte, es importante que ambas asuman la responsabilidad de sus propias acciones y se esfuercen por entender el punto de vista de la otra persona. Esto puede ser difícil, pero es un paso esencial para lograr la paz y la armonía en la relación.

    Tomemos un ejemplo de la historia. En los años 70, del siglo pasado, Nelson Mandela y F.W. de Klerk eran líderes políticos rivales en Sudáfrica. Mandela lideraba el Congreso Nacional Africano (ANC), una organización de lucha contra el régimen del apartheid, mientras que de Klerk era el presidente del país y defensor de dicho sistema de discriminación contra los negros. A pesar de sus diferencias políticas e ideológicas profundas entre ambos hombres, lograron sentarse a la mesa y negociar un fin al régimen del apartheid y el inicio de una transición hacia la democracia. La reconciliación entre ambos fue crucial para la pacificación y la estabilidad del país y llevó a la elección de Mandela como el primer presidente negro de Sudáfrica en 1994. Desde entonces, Mandela y de Klerk han sido recordados como dos líderes que lograron trabajar juntos para construir un futuro más justo y pacífico para su país. ¿Ha logrado saldar esto todas las deudas del pasado, zurcir todas las heridas que fueron abiertas? Supongo que no, pero son pasos que hay que dar para conseguir una vivencia de mayor plenitud,

    Este es un ejemplo de cómo la reconciliación puede tener resultados positivos y llevar a un cambio positivo en la sociedad. A veces puede ser difícil superar las diferencias y hacer las paces con alguien, especialmente cuando hay tensiones políticas o ideológicas profundas, pero el esfuerzo puede valer la pena si significa tener una sociedad más armoniosa y justa.

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  • Parashá Vaigash, 5783

    La parashá Vaigash es la penúltima de Bereshit (Génesis).
    Se centra en continuar la historia de Iosef (José) y sus hermanos, que se reúnen después de muchos años de separación.

    Recordemos que, Iosef, hace rato que se ha convertido en el segundo hombre más poderoso en Egipto, solo faraón estaba por encima de él.
    Sus hermanos, que lo habían maltratado años atrás, han venido a Egipto a comprar alimentos durante la gran hambruna que azota a gran parte del mundo conocido por ellos.
    Iosef reconoce a sus hermanos, pero ellos no lo reconocen a él, debido a su elevado rango, a como ha cambiado a lo largo de los años, a que está “disfrazado” completamente de egipcio de la nobleza, pero principalmente, a que no hubieran imaginado ni siquiera en sueños que aquel hombre pudiera ser su desaparecido hermanito.

    Iosef había puesto a prueba a sus hermanos cuando los acusó falsamente de ser espías. Luego, fueron encarcelados, más tarde solo uno de ellos permanece en prisión, mientras el resto retornó a la tierra de los ancestros con alimentos.
    Más adelante, para demostrar que eran inocentes, trajeron con ellos a Biniamín, quien fue sumamente favorecido por Iosef, lo cual no generó ningún malestar en los hermanos.
    Y, finalizando la parashá anterior, Iosef nuevamente puso una trampa a sus hermanos, esta vez haciendo pasar a Biniamín por ladrón, por lo cual, como castigo, debería permanecer en Egipto como esclavo.

    En nuestra parashá, Yehuda se ofrece como rehén a cambio de la libertad de su hermano. Yehuda le cuenta a Iosef la historia de cómo vendieron a Iosef como esclavo y le pide que perdone a Biniamín, porque de lo contrario, causaría una angustia tremenda al padre, lo que le llevaría a la muerte.

    Esto hace comprender a Iosef que sus hermanos han cambiado para bien, y que su padre sufrió tantas décadas por su hijo predilecto que había desaparecido.
    En el fondo, Iosef estaba dudando si el padre no había conspirado para que le sucediera todo lo malo que le pasó, pero recién ahora tuvo la certeza de que el padre no solamente era inocente, sino una víctima también de haber perdido a su hijo de manera tan intempestiva.

    Finalmente, Iosef revela su verdadera identidad a sus hermanos y les dice que no tienen nada que temer de él, ya que, dice, ha sido todo parte de un plan de Dios. Los perdona y les da un lugar en Egipto para vivir durante la hambruna. La parashá termina con la reunión de Iosef con su padre Iaacov (Jacob) después de muchos años de separación.

    El corazón de esta parashá es el reencuentro, a través de la reconciliación y el perdón.
    Nos muestra la importancia de la familia y cómo, incluso después de mucho tiempo y muchas dificultades, es posible suturar heridas y generar una mejor realidad.

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  • El bíblico José, el que soñaba y conocía los sueños

    El libro Bereshit/Génesis trae numerosas historias que han pasado a ser parte del conocimiento de la humanidad, entre ellas, los relatos de Iosef/José, hijo de Iaacov.
    La historia se pone intensa cuando José tiene dos sueños en los que Dios le muestra que él será un líder importante y que sus hermanos y padres se inclinarán ante él. Estos sueños, junto a conductas altaneras de José y el favoritismo del padre por éste, enfurecen a sus hermanos, que lo tratan de matar, luego lo venden como esclavo a una caravana que se dirigía a Egipto. Sin embargo, fue capturado el chico por otros, quienes sin saber del trato hecho por los hermanos con otro grupo esclavista, lo llevaron a Egipto para venderlo allí.

    José es comprado por Potifar, un oficial del faraón. A pesar de que Potifar le confía una posición de responsabilidad en su hogar, José es acusado falsamente de intentar violar a la esposa de Potifar y es enviado a la cárcel. Mientras está en la cárcel, José demuestra tener un don para interpretar sueños y se le pide que interprete los sueños de dos ministros del faraón, que también estaban encarcelados. Años más tarde, es el faraón el que sueña, y queda perturbado por lo soñado. No sabe cuál es la interpretación, nada de lo que le dicen le despeja la duda y entonces, el ministro que fuera liberado recuerda a José, aquel que sabía leer el mensaje de los sueños. Por ello, es sacado presurosamente de la cárcel y llevado ante el faraón, ante quien interpreta correctamente los sueños del faraón, prediciendo siete años de abundancia, seguidos de siete años de terrible y mortal hambre. José aclara que es Dios el que revela los misterios, y él simplemente es un recipiente de la Divina Inteligencia.
    Dicho lo cual, además, propuso una astuta manera de aprovechar la riqueza para sobrellevar la época de amarguras y de paso, obtener mayores ganancias.
    Como recompensa por su presentación, el faraón pone a José al mando de la recolección y almacenamiento de alimentos durante los años de abundancia, para que puedan ser distribuidos durante los años de hambre.
    Así llega a una posición de poder, que días antes nadie hubiera podido imaginar, sin embargo, estuvo contenida en sus sueños, aquellos que había soñado décadas atrás, y que parecía imposible los pudiera realizar.

    La historia de Iosef continúa, pero elegimos quedarnos acá, ya que hemos podido ver a Dios intervenir de diversas maneras en su vida, y con ello también la influencia que pequeños cambios pueden aparejar para el resto del entorno.
    Primero, Dios le da a José dos sueños proféticos que le muestran su destino como líder. ¿Había componentes de la personalidad de Iosef en estos sueños? Sin dudas, pero estaba también la previsión del futuro, lo que le marcaría quizás su manera de actuar, su destino anhelado. Algo así como que no es el destino marcado, sino aquel que trabajamos por alcanzar, más aquello que Dios interviene para que se logre alcanzarlo.

    Luego, a pesar de la adversidad que José enfrenta como esclavo y prisionero, Dios le acompaña y hace que sus obras sean exitosas, por más que el resultado termine siendo fatídico para él. Lo cual nos enseña que no debemos descansarnos en la victoria, ni apenarnos por demás por el fracaso, ya que somos muy limitados y estamos expuestos a montón de factores que no tenemos como controlar, por lo cual, las consecuencias finales nunca dependen por completo de nuestro buen o mal hacer.

    Entre los favores que le otorga Dios, está el don de interpretar sueños, lo cual le da la oportunidad de servir al faraón, salvar a Egipto y ayudar a su familia durante la hambruna.
    Sin embargo, no tenemos que ver esto como un regalo porque sí de parte del Divino, sino como que Él puso la semilla en el terreno que arduamente preparó Iosef, y luego, éste cuidó y siguió trabajando para que de la semilla brotara un árbol y se extendiera con sus beneficios.
    Así son los dones que relata el Tanaj, que precisan de la participación de las personas, porque no debemos vernos como receptores pasivos de Dios, sino Sus activos socios. Por supuesto que estamos hablando de una sociedad despareja, pero el Socio mayoritario permite que hagamos y sintamos como que somos los jefes de la empresa. De nosotros depende hacerlo sin caer en la vanidad del EGO, y posibles pecados consiguientes.

    También vemos a Dios protegiendo a José y bendiciéndolo mientras está en Egipto, permitiéndole prosperar y alcanzar una posición de poder y de influencia. Nuevamente decimos, no es que Iosef se sentó a esperar que del cielo le lloviera su prosperidad y crecimiento, porque si hubiera hecho así, continuaría en la cárcel como esclavo hasta el día de hoy.

    En resumen, la historia de Iosef nos muestra a Dios trabajando detrás de escena en su vida, guiando y protegiendo a su siervo, quien usó sus dones y habilidades para bendecir a su familia y generar un mejor estado para su entorno.

    Soñar y conocer como interpretar los sueños son enormes herramientas, pero que deben estar dentro de una caja de utensilios que debemos conocer y saber usar, para que en el conjunto tengamos la ocasión de ser buenos socios de nuestro Divino Socio.

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  • Parashat Miketz, 5783

    La parashá Miketz («Al cabo de») es la décima sidrá de la Torá; la encontramos en el sefer Bereshit (41:1 a 44:17). Suele caer en Januca, por lo cual, su haftará, que estaría en I Melajim 3:15: – 4:21, es  reemplazada por un texto acorde a la festividad.

    Nos encontramos que Iosef sigue en la cárcel.
    Ya han pasado dos años desde que fuera liberado el ministro de bebidas de Paró, y Iosef no ha tenido ninguna noticia de él.
    Grave desilusión por confiar en la generosidad y agradecimiento de ese hombre, corrompido por el EGO, advenedizo del poder.
    Hasta que ocurre un hecho singular, pues Faraón es perturbado por dos sueños una misma noche. Queda conmocionado, porque siente que tienen mensajes para revelar alguna importante cuestión, pero, no halla interpretación que le satisfaga.
    No logra conciliar la paz consigo mismo, por lo cual recurre al ministro de bebidas, a ver si algún elixir lo hace olvidar. Entonces, el malagradecido ministro recuerda al joven hebreo que en la cárcel le interpretó certeramente su sueño, así como el del otro ministro, aquel que fuera ejecutado, tal y como había revelado Iosef al descubrir el significado de sus sueños.

    Faraón ordena que Iosef sea traído de inmediato, sin dilación. Es así, que Iosef fue liberado de la prisión, le mejoraron su aspecto y luego lo llevaron ante el faraón. Éste le narra lo que recuerda de su sueño, aquellas famosas imágenes de las siete vacas rellenas comidas por las vacas famélicas, y las siete espigas regordetas que desaparecen dentro de siete espigas magras.
    Iosef se presenta como intermediario entre la narración de faraón y la interpretación que provendrá de Dios. Es decir, Iosef con mucha sapiencia, humildad y quizás picardía, no se erige como el que sabe y revela, sino como el que recibe de parte de un poder supremo aquello que tiene que ser dicho.

    La visión es que habrá siete años de abundancia intensa, pero inmediatamente vendrán siete años de hambre y miseria extrema, hasta límites nunca llegados antes.
    Tanto será el padecimiento, que ni siquiera quedará el recuerdo del derroche que ostentaban hasta el día anterior.
    Su trabajo estaba terminado, pues fue convocado para dar interpretación a lo soñado, sin embargo, se aventura a brindar un consejo al rey, le recomienda que consiga un hombre entendido y de confianza para que administre sabiamente la inmensa riqueza que vendrá, para que pueda resguardar y gestionar para los años de angustia.

    Tal vez sea que la historia es muy conocida; quizás hemos progresado mucho conociendo acerca de sueños y economía; por ahí, la humanidad ha avanzado en muchos aspectos; pero realmente, no parece muy difícil de interpretar esos sueños, por alguien que sepa hacerlo, ni tan genial y extraordinario el consejo del hebreo.
    Sin embargo, el faraón queda extasiado por el análisis de Iosef, así como por su orientación y reconoce que una fuerza superior lo está guiando, quizás porque es sabio y prudente.
    Razona, el rey, que no hay persona más idónea para ocupar el importante cargo que le describió el hebreo, por lo cual lo designa como virrey, a partir de ese momento, no habrá en todo Egipto nadie superior a Iosef, excepto el rey.
    Faraón quiere dar una nueva vida a su nueva adquisición, entre los regalos que le da está el nombre «Tzafnat Paneaj», que en hebreo significa el que descifra misterios, aunque quizás estuviera dicho en idioma egipcio, o tal vez sonaba algo parecido a Tazfnat Paneaj con un sentido completamente diferente. Como el caso del nombre Moshé, que lo da la hija del faraón, mucho tiempo más tarde, pero ese ya, es otro tema.
    Iosef se casa con Asnat, la hija de Potifera, que según el midrash era su sobrina, la hija de Dina, que había sido raptada de chica.
    De este matrimonio nacen dos hijos famosos, Menashe y Efraim.
    La obra de Iosef es bendecida, administra con eficiencia y capacidad la riqueza, va preparando todo para la llegada de la hambruna. Gracias a su labor, Egipto pasa por uno de sus mejores momentos económicos, se consolida como imperio principal, mientras la región entera se debatirá en años de grave crisis junto al hambre más cruel.

    En la tierra prometida también padecen la escasez, por ello, Iaacov manda a sus diez hijos (excepto el menor, Biniamín) a comprar provisiones a Egipto. Iosef ya había previsto también esta posibilidad, por lo cual, había alertado a los guarda frontera para que trajera a los hebreos, ni bien llegaran a Egipto.
    Los hermanos son transportados ante Iosef, y se inclinan humildemente ante quienes ellos creen que es un importante dignatario egipcio.
    Ellos no lo reconocen, ha pasado mucho tiempo, Iosef ha cambiado, además de que en todo parece ser un noble egipcio, y seguramente, ni en sus peores pesadillas hubieran imaginado que estaría su hermano en ese lugar privilegiado. Ellos lo daban por desaparecido, probablemente muerto.
    Sin embargo, su hermano Iosef los reconoció y tiene un plan para ajustar las cuentas con ellos.

    El texto de la Torá narra que los trata con dureza desmesurada, llegando a acusarlos espías que quieren destruir el reino y su riqueza. Luego de un cruel interrogatorio, ellos declaran una y otra vez que son hermanos hijos de un mismo hombre, personas inocentes, habiendo quedado en el hogar otro hermano, el menor.
    Entonces les es vendida la comida que habían venido a buscar, pero, queda uno de los hermanos como rehén encarcelado en Egipto. Allí quedará Shimón, hasta que traigan a su hermano menor, Biniamín, como prueba de que son quienes dicen ser, y no malvados espías.
    A pesar de su actitud frente a ellos, Iosef ordena a sus criados que repongan el dinero pagado por los alimentos en las bolsas de comida que sus hermanos llevaban para el hogar. En el camino, cuando se aprestaban a alimentar a sus animales, descubren el dinero y temen por la reacción de ese despótico jefe egipcio, quizás todavía los acuse de haber robado la comida y el dinero.
    Pero, logran llegar a casa y compartir con la familia la provisión. Allí, cuentan al padre todo lo sucedido. Iaacov sufre, recuerda a su hijo querido Iosef desaparecido, ahora uno encarcelado en otro país, y ¿todavía quieren llevarse a Biniamín?

    Pasa el tiempo, el alimento importado escasea y el hambre castigaba. Ante la inminente debacle, con todo su pesar y teniendo el juramento de su hijo de Yehudá de proteger a Biniamín, lo deja marchar junto a sus hermanos, camino a Egipto.
    Esta vez el importante egipcio los recibe cordialmente, a diferencia de la primera ocasión, se interesa por su padre, y el bienestar del hogar. Cuando reconoce a su hermano menor, no puede contener su emoción y debe ir «a llorar al cuartito».
    Igualmente, sigue sin revelar su identidad, la farsa continuará hasta que logre sus cometidos, que no nos aclara la Torá cuáles son,

    Agasaja a sus hermanos y demuestra su predilección por Biniamín. Ahora, a diferencia de décadas atrás, los hermanos no se sienten ofendidos por el favoritismo de uno, por el contrario, demuestran camaradería y solidaridad. Por una parte, esto emociona favorablemente a Iosef, porque se da cuenta de que los hermanos han cambiado, que ahora la relación entre ellos hubiera sido distinta. Pero en el fondo, se siente dolido, porque quizás el problema lo tenían con él, algo de Iosef les molestaba, cosa que no sucedía con Biniamín. Es por ello que hará una nueva trampa, para revelar los caracteres de los hermanos.

    Iosef instruye a sus criados para que les dé sacos llenos de comida, y que introduzca el dinero dentro de ellas, como la vez anterior.
    Les dice, además, que pongan su copa personal dentro del saco de Biniamín. Obviamente, todo con mucha discreción, sin que nadie se alerte.
    La trampa está tendida, cuando los policías detienen a los hermanos kilómetros más adelante, descubren la copa, por lo que Biniamín es acusado como vil ladrón, como castigo deberá permanecer como esclavo de Iosef, mientras los otros hermanos pueden retornar al hogar en paz.

    Así finaliza la parashá, dejándonos con la tensión de cómo seguirá esta apasionante historia.

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