Categoría: Parashot Especiales

  • Reseña de la Parashá Pará: Purificación y Preparación para la Redención

    La parashá Pará (פרה), que significa «vaca», toma su nombre del tema central que aborda: la ley de la pará adumá (פרה אדומה), la vaca roja. Esta parashá, que se encuentra en el libro de Bamidbar (Números 19:1-22), describe el ritual único y misterioso de la purificación de aquellos que se habían vuelto ritualmente impuros por contacto con un cadáver.

    El Ritual de la Vaca Roja:

    La Torá detalla un proceso complejo en el que una vaca roja perfecta, sin manchas ni defectos y que nunca haya llevado yugo, era sacrificada fuera del campamento. Su sangre era rociada siete veces hacia la entrada del Tabernáculo. Luego, la vaca entera, incluyendo su piel, carne y sangre, era quemada junto con madera de cedro, hisopo y lana escarlata. Las cenizas resultantes se mezclaban con agua viva para crear las «aguas de purificación» (mei nidá).

    Estas aguas se utilizaban para purificar a las personas que habían estado en contacto con un cuerpo muerto. Un hombre puro rociaba al impuro en el tercer y séptimo día de su impureza. Sin este proceso, la persona no podía participar plenamente en la vida ritual del campamento, incluyendo la entrada al Mishkán (Tabernáculo).

    ¿Por qué se Lee como Parashá Especial?

    La parashá Pará se lee como una parashá especial (una de las cuatro del año) en las semanas previas a la festividad de Pésaj. Su inclusión en este momento tiene un propósito crucial: preparar al pueblo para la redención y la celebración de la libertad.

    Pésaj conmemora la salida de Egipto, un evento fundamental de liberación y el nacimiento de la nación israelita. Para participar plenamente en los rituales sagrados de Pésaj, particularmente el sacrificio del cordero pascual en el Templo, era esencial estar ritualmente puro. La lectura de Pará recordaba al pueblo la importancia de la purificación y les proporcionaba la comprensión del proceso necesario para alcanzarla.

    Incluso en la actualidad, sin el Templo, la lectura de Pará sirve como un recordatorio simbólico de la necesidad de purificarnos internamente, de despojarnos de las impurezas espirituales que puedan obstaculizar nuestra conexión con lo sagrado y nuestra preparación para la renovación espiritual que trae Pésaj.

    Enseñanzas Espirituales de la Parashá Pará:

    La ley de la vaca roja es quizás una de las mitzvot (mandamientos) más enigmáticas de la Torá. Su lógica nos resulta esquiva, y los Sabios a menudo la describen como un decreto divino que está más allá de la plena comprensión humana. A pesar de su misterio, la parashá Pará ofrece valiosas enseñanzas espirituales:

    • La Necesidad de Purificación: La parashá subraya la importancia de la purificación, tanto física como espiritual. Nos enseña que para acercarnos a lo sagrado y participar plenamente en la vida espiritual, debemos esforzarnos por liberarnos de las impurezas que nos alejan de la santidad.

    • La Naturaleza Paradoxal de la Purificación: El ritual mismo presenta una paradoja intrigante: algo que causa impureza (el contacto con un cadáver) requiere un proceso que también implica la muerte (el sacrificio de la vaca) para lograr la purificación. Esto nos enseña que a veces, el camino hacia la sanación y la renovación puede involucrar enfrentar lo que nos causa dolor o impureza.

    • La Obediencia Más Allá de la Razón: Dado el carácter incomprensible de la ley, la parashá enfatiza la importancia de la emuná (traducida como fe) y la obediencia a los mandamientos de Dios, incluso cuando la lógica humana no puede comprenderlos completamente. Reconocemos la sabiduría divina que trasciende nuestra comprensión limitada.

    • La Preparación para la Redención: En el contexto de Pésaj, la parashá nos recuerda que la redención requiere preparación. No podemos simplemente ser liberados externamente; también debemos trabajar en nuestra purificación interna para estar verdaderamente listos para la libertad y para servir a Dios con un corazón puro.

    • La Unidad y la Participación Comunitaria: El proceso de la vaca roja involucraba a varias personas con diferentes roles, destacando la importancia de la colaboración y la participación comunitaria en los procesos espirituales.

    Tenemos, pues que, la parashá Pará, a través del misterioso ritual de la vaca roja, nos invita a reflexionar sobre la necesidad de purificación, la naturaleza a veces paradójica del crecimiento espiritual, la importancia de la emuná y la obediencia, y la preparación esencial para la redención y la conexión con lo sagrado. Su lectura especial antes de Pésaj nos recuerda la importancia de limpiarnos interna y externamente para abrazar plenamente la libertad y la renovación que esta festividad representa.

    Comparte este mensaje con tus allegados y anímalos a reflexionar sobre estos importantes temas. Involúcrate en iniciativas que promuevan la construcción de Shalom.

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  • Shekalim: Un llamado a la responsabilidad y la acción

    Shabat Shekalim nos recuerda la importancia de la responsabilidad individual y colectiva dentro de la comunidad. La entrega del medio shekel por parte de cada israelita simbolizaba su compromiso con el bienestar común y la construcción del Mishkán, un espacio sagrado para el servicio sagrado y la unidad de la persona con Dios y del pueblo judío entre sí.

    Vivimos en un mundo donde la indiferencia y el nefasto individualismo parecen estar en aumento. La guerra y el conflicto, que parecía ser un mal recuerdo de un pasado que no volvería, está nuevamente campando a sus anchas.
    El odio, estupidamente irracional y pernicioso como todo odio, contra los judíos, a veces mal maquillado como «defensa de los pobrecitos palestinitos», pulula con su hedor de muerte y corrupción hasta en rincones insospechados.
    Ees por ello que, en la actualidad, el mensaje de Shekalim sigue resonando con fuerza. La Parashá nos enseña que no podemos ser islas desconectadas y de espaldas al mar. Somos parte de una comunidad, y nuestro bienestar está ligado al de los demás.
    Seguimos siendo llamados para construir juntos espacios de encuentro que nos hagan conscientes de nuestro vínculo indisoluble con la trascendencia, nuestro rol sagrado de atraer bendición al mundo.

    ¿Cómo podemos aplicar este mensaje a nuestras vidas?

    • Comprometiéndonos con nuestra comunidad. Ya sea a través de nuestro tiempo, talento o recursos, todos tenemos algo que ofrecer. Busca oportunidades para ayudar a los demás y contribuir al bienestar de tu comunidad.
    • Promoviendo la unidad y la colaboración. La construcción del Mishkán solo fue posible gracias al esfuerzo conjunto de todo el pueblo. Trabaja en conjunto con los demás para construir un mundo mejor para todos.
    • Cultivando la responsabilidad individual. Cada uno de nosotros tiene un papel que jugar en el mundo. Sé consciente de tus acciones y toma decisiones que beneficien a la comunidad.
    • Fórmate e infórmate. Depende de cada uno de nosotros conocer exactamente qué debemos responder a los incrédulos, a los malvados, a los ignorantes, en cuanto a la situación real en Israel y los impresionantes esfuerzos positivos que hace el Estado y su gente para vivir en paz y ayudar a que los enemigos se transformen en aliados de una causa beneficiosa para todos.

    Shabat Shekalim es un momento para reflexionar sobre nuestro compromiso con la comunidad y tomar acción. Hagamos un esfuerzo por construir un mundo más justo, compasivo y solidario, donde cada persona se sienta valorada y tenga la oportunidad de prosperar.

    ¡Shabat Shalom!

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  • Vaiakel: Un llamado a la acción y la unidad

    La Parashá Vaiakel nos invita a reflexionar sobre dos pilares fundamentales de la vida judía: la acción y la unidad. Moisés, al reunir al pueblo, no solo les recuerda la importancia del Shabat, sino que también les encomienda la construcción del Mishkán (Tabernáculo, templo portátil), un proyecto monumental que requería del esfuerzo y la colaboración de todos.

    El Mishkán, más que un lugar físico, era un símbolo de la presencia divina entre el pueblo. Su construcción nos enseña que cuando unimos nuestras fuerzas y talentos, somos capaces de crear algo grandioso y significativo. Cada pieza, cada detalle, era importante para la construcción del Tabernáculo, al igual que cada uno de nosotros tiene un rol vital que cumplir en la comunidad.

    La nube que cubría el Mishkán no solo era una señal de la presencia divina, sino también un recordatorio de la responsabilidad que conlleva. Ser parte de una comunidad significa cuidar de ella, trabajar por su bienestar y mantener viva la llama de la fe.

    Enseñanza para la vida cotidiana:

    En el ajetreo del día a día, podemos perder de vista la importancia de la acción y la unidad. La Parashá Vaiakel nos recuerda que no es frecuente que podamos lograr grandes cosas solos. Debemos unir nuestras fuerzas, trabajar juntos y aportar nuestro granito de arena para construir un mundo mejor.

    Al igual que en la construcción del Mishkán, cada uno de nosotros tiene un papel que jugar. No importa cuán pequeño o grande parezca, cada acción cuenta. Hagamos un esfuerzo por conectar con nuestra comunidad, por colaborar con los demás y por construir un futuro más brillante para todos.

    Antes de concluir, mencionemos que éste es el primero de los cuatro shabatot especiales en el año, llamado tradicionalmente “Shekalim”, pues se saca un segundo sefer Torá del cual leemos una sección denominada con ese nombre.
    Esta porción se encuentra al comienzo de la parashá que leímos la semana pasada, menciona la entrega del medio shekel que cada israelita debía donar para el mantenimiento del Mishkán. En la actualidad, es costumbre realizar una colecta simbólica para apoyar a la comunidad de la cual uno forma parte.

    Recuerda:

    • La acción y la unidad son claves para alcanzar metas trascendentales.
    • Cada uno de nosotros tiene un rol vital que cumplir en la comunidad.
    • Juntos, podemos construir un mundo mejor.

    ¡Shabat Shalom!

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  • Shabat Shuva, el Shabat de la Teshuvá

    El Shabat Shuvá, también conocido como el «Shabat del Retorno», es el Shabat que cae durante los Aseret Iemei Teshuvá, los Diez Días de Arrepentimiento. Este Shabat ocurre entre Rosh Hashaná y Yom Kipur y tiene una importancia especial en el calendario judío.

    Aquí tienes un resumen de las principales características del Shabat Shuvá:

    1. Tema central: El Shabat Shuvá se centra en el tema del arrepentimiento y el retorno a Dios. Es un momento para reflexionar sobre nuestras acciones del pasado, evaluar nuestras vidas y buscar la reconciliación con lo divino.

    2. Lectura de la Torá: Durante el Shabat Shuvá, se lee una porción específica de la Torá llamada Haazinu, que significa «Escucha». Este pasaje destaca la importancia de escuchar y prestar atención a las enseñanzas divinas, y nos llama a reflexionar sobre nuestras acciones y elecciones.

    3. Sermones y enseñanzas: En las sinagogas y comunidades judías, se suelen ofrecer sermones y enseñanzas especiales durante el Shabat Shuvá. Estas charlas se centran en el tema del arrepentimiento, la reconciliación y la renovación espiritual, y brindan orientación y reflexiones para el proceso de teshuvá.

    4. Oración y liturgia: Durante el Shabat Shuvá, se incorporan plegarias y liturgias especiales que reflejan el tema del arrepentimiento y el retorno. Se enfatiza la necesidad de una introspección profunda, la búsqueda del perdón y el compromiso de llevar a cabo cambios positivos en nuestras vidas. Algunas son propias del resto de los días sagrados que comenzaron en Rosh Hashná y continuán hasta Yom Kipur, otras, como la HAFTARÁ que da el nombre a este Shabat, son propias de este día en particular.
      ¿No sabes que es la haftará? Te invito a buscar en este sitio, serjudio.com, porque encontrarás mucha información al respecto.

    5. Preparación para Yom Kipur: El Shabat Shuvá actúa como un puente entre Rosh Hashaná y Yom Kipur. Nos permite reflexionar sobre nuestras acciones y prepararnos espiritualmente para el Día del Perdón. Durante este Shabat, se nos recuerda la importancia de realizar una teshuvá sincera y de buscar la reconciliación con Dios y con nuestros semejantes.

    En resumen, el Shabat Shuvá es un momento sagrado en el calendario judío que nos invita a reflexionar, arrepentirnos y buscar la reconciliación con lo divino. A través de las lecturas, enseñanzas y prácticas especiales, se nos anima a examinar nuestras vidas y emprender un camino de retorno espiritual durante los Aseret Iemei Teshuvá.

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  • Parashiot Vaiakel – Pekudé y haJodesh

    Esta semana culminamos la lectura del sefer Shemot/Éxodo, leyendo sus dos últimas parshiot juntas, además sacamos un segundo libro de Torá para leer del mismo la sección llamada “haJodesh”, anunciando el próximo comienzo del mes de la libertad, jodesh Nisán.

    Vamos a estudiar un poco de ellas.

    וַיַּקְהֵ֣ל 

    La parashá Vaiakel es la vigésima segunda porción semanal de la Torá que se lee en el libro de Éxodo (Shemot), del capítulo 35 al 38. Algunos de los temas que trata son:

    • La prohibición de trabajar en Shabat y la importancia de santificarlo.

    • La construcción del Mishkán (Tabernáculo) y los materiales que se usaron para ello, como lana, pieles, madera, aceite y piedras preciosas, entre otros.

    • El nombramiento de Betzalel y Aholiav como los artesanos principales del Mishkán y los dones que recibieron del Eterno para realizar su obra.

    • La generosidad y el entusiasmo del pueblo de Israel para contribuir con sus ofrendas al Mishkán.

    פְקוּדֵ֤י

    La parashá Pekudé es la vigésima tercera y última porción semanal de la Torá que se lee en el libro de Éxodo, del capítulo 38 al 40. Algunos de los temas que trata son:

    • El recuento de los materiales que se usaron para el Mishkán y el cálculo del peso del oro, la plata y el cobre que se donaron.

    • La entrega de las vestiduras sacerdotales a Moshé y la bendición que les dio a los artesanos Betzalel y Aholiav por su trabajo.

    • La instalación del Mishkán y sus utensilios en el primer día del mes de Nisán, un año después de la salida de Egipto.

    • La presencia de la gloria del Eterno que llenó el Mishkán y lo acompañó durante todo el viaje por el desierto.

    הַחֹ֧דֶשׁ

    Parashat haJodesh es la sección adicional (Éxodo 12:1-20) que se lee en el Shabat que cae en primero de Nisán o el anterior a él. Relata las palabras de Dios a Moisés en Egipto dos semanas antes del Éxodo, instruyéndole la creación del calendario judío, estipulando al mes de Nisán como el primer mes del año. También contiene las leyes sobre el sacrificio del cordero pascual y la celebración del primer Pésaj, aquel que ocurrió en Egipto.

    Si tienes alguna pregunta o comentario sobre esta parashá o cualquier otro tema, puedes consultar.

  • Vaikrá- Rosh Jodesh-haJodesh 5778

    Este shabat es una de las poquísimas ocasiones en el cual se extraen tres libros para ser leídos públicamente en la misma ocasión. En el primero leemos el comienzo del tercer libro de la Torá, Vaikrá/Levítico; además, por ser rosh jodesh (principio de mes), sacamos otro sefer más, para leer la sección que corresponde al principio del mes hebreo. De un tercer sefer Torá leeremos una porción especial, pues es el Shabat haJodesh, es decir, el que está antes del inicio del mes de Nisán, o coincide con el primer día del mes.

    En la parashá Vaikrá nos encontramos con que Dios instruye a Moisés sobre cinco diferentes tipos de korbanot (sacrificios) que se iban a ofrecer en el santuario:

    1. Olá («holocausto»), era un sacrificio voluntario que tenía un alto grado de santidad y era considerado como la ofrenda estándar. El animal entero, a excepción de su piel, era quemado en el altar (1:1-17).

    2. Minjá («ofrenda dadivosa»), era un sacrificio hecho de harina, aceite, sal e incienso que se quemaba parcialmente en el altar y se daba en parte a los sacerdotes para que comieran (2:1-16).

    3. Zevaj sh’lamim («sacrificio de apaciguamiento»), era una ofrenda voluntaria de animales de la propia manada, a veces llevada para cumplir un voto (3:1-17).

    4. Jatat («ofrenda por el pecado»), era un sacrificio obligatorio que se ofrecía para expiar los pecados no intencionales. Esta ofrenda difiere de las demás en el tratamiento especial que se hacía con la sangre del animal luego de degollado (4:1-5:13).

    5. Asham («ofrenda de culpa»), era un sacrificio obligatorio de un carnero que se requería principalmente de alguien que había actuado con mala intención y pretendía enmendar su accionar (5:1-26).

    Es frecuente  que cuando contemplamos este tema nos asalte la extrañeza, pues resulta absolutamente alejado de lo que es nuestra manera de vida actual, en realidad desde hace muchos siglos. En nuestro pueblo desde hace casi dos milenios ya no se practica los sacrificios de animales, habiendo quedado como relato de prácticas antiguas y para algunos pocos como una esperanza de que retornarán con la restauración del sagrado Templo en Ierushalaim, en la época mesiánica.
    Para el común de nosotros, nos cuesta entender muchísimo esta dedicación que tenían los antiguos, y no solo de Israel, hacia el sacrificio de animales. Cómo mantenían una especie de obsesión con el derramamiento de sangre de víctimas inocentes con fines rituales, como si con ello encontraran grandes alturas espirituales. Como si en verdad el Creador se deleitara con estas cuestiones y hallara un placer extraño en el sufrimiento del pobre animal sacrificado y su elevación como asado con fines sagrados.
    Parece ciertamente mucho más evolucionado y santo el procedimiento que tenemos nosotros, el del rezo, el de la comunicación franca, profunda, auténtica a través de la plegaria preestablecida así como de las que surgen de nuestro corazón. ¿Con qué necesidad, y bajo qué justificativo, se nos ocurriría matar a un pobre animal para con ello encontrar una conexión con el Creador?
    Pero, los antiguos no creían, ni pensaban, ni sentían, ni actuaban exactamente como nosotros. Si bien el judaísmo mantiene costumbres, creencias, ideas, preceptos casi inalterados con el paso de los siglos, el hecho es que estamos en un contexto completamente diferente al de los antepasados. La sociedad ha cambiado, así como el mundo interno del ser humano. Entonces, nos parece fuera de todo foco el siquiera pensar que es apropiado el sacrificio de animales para adorar a Dios, o para hallar el camino del arrepentimiento o el perfeccionamiento personal y colectivo.
    Pero, ¿por qué si era tan central para los antiguos?
    Voy a compartir contigo un par de respuestas, informándote que quedan algunas sin decirse ahora.
    Algunos maestros enseñan que en verdad el sacrificar un animal, con toda la crueldad que implica, también representa una bondad hacia él; ya que, a través del sacrificio y elevación en el altar, el alma del animal contribuye a elevar el nivel espiritual del universo completo. Si no es usado como sacrificio, simplemente lleva una vida limitada, apenas poderosa en el ecosistema. Pero, como sacrificio una chispa de Luz Divina pasa a iluminar con poder a todo lo existente. Sí, suena muy raro y cuesta entenderlo, por eso lo dejo por aquí.
    Otro motivo de la importancia del sacrificio animal, es que el hombre hace el esfuerzo de desprenderse de algo suyo, no simplemente dedica un ratito a rezar o dice unas cuantas palabras. Con el sacrificio el hombre en verdad manifiesta su voluntad para ser parte de algo mayor, como por ejemplo el mejoramiento del mundo. Así pues, el sacrificio es un acto noble, generoso, comprometido y el animal no es una víctima, sino un socio que contribuye con su vida para el bienestar del universo.
    ¿Es también difícil de entender?
    ¡Somos dos!

  • Vaiakel-Pekudei y Pará 5778

    Este shabat vamos a terminar la lectura pública del segundo libro de la Torá, Shemot/Éxodo, con sus dos últimas parshiot, que son Vaiakel y Pekudei. Asimismo sacamos un rollo extra del Arón Kodesh para la lectura de una parashá especial, la llamada “Pará”, que suele hacerse el Shabat que sucede a Purim, para irnos preparando para el comienzo del mes de Nisán y la celebración de Pesaj.
    Compartamos un brevísimo sumario del fin del sefer Shemot:

    • Moshé enseña algunas importantes reglas del Shabat  (35:1-3).

    • Moshé invita a los israelitas a que donen de acuerdo a su voluntad para el templo y pide de aquellos que son hábiles que colaboren en la construcción del Mishkan [Tabernáculo], bajo la dirección de Betzalel y Oholiab (35: 4-38: 20).

    • Se registran minuciosamente los materiales utilizados para el Tabernáculo y las prendas sacerdotales. Moshé bendice a los israelitas por el trabajo realizado en la construcción del templo portátil (38: 21-39: 42).

    • Siguiendo las instrucciones de Dios, Moshé establece el Mishkán y los cohanim (sacerdotes) son ungidos y consagrados para servir allí (40: 1-33).

    • Una nube cubre el Mishkan durante el día y un fuego arde encima por la noche, indicando la presencia de Dios en él (40: 33-38).

    Como podemos comprobar, lentamente nos fuimos introduciendo en el ambiente y temática del tercer libro de la Torá, Vaikrá/Levítico, que está centrado en prácticas y cuestiones relacionadas con el Templo, así como con las tareas sagradas que competen a los cohanim.
    Era fundamental estar en estado de tahorá (pureza), para que ellos pudieran ejercer sus labores en el santuario y, de hecho, era un requerimiento indispensable dicho estado para cualquiera que quisiera estar en el entorno del Templo.
    La parashá que da nombre a este Shabat (Pará), es una porción de la parashá Jukat (en Bemidbar/Números) que en esencia trata de un procedimiento ritual para que ciertas personas impuras reencuentren el estado de pureza. En un intrincado ritual el sacerdote procedía a purificar a aquellos que se impurificaron a causa del contacto con una persona fallecida u objetos que trasladaban esa impureza específica.
    Es por esto que se estableció que fuera leída antes de comenzar Nisán, para que la gente lo tome en consideración y se prepare como corresponde para la importante fiesta de peregrinación a Ierushalaim bien pronto, en Pesaj.
    Recordemos que, en épocas del Beit haMikdash, era parte fundamental del jag ir hasta Ierushalaim y participar de las actividades que allí se realizaban. En especial para Pesaj, cuando el día anterior se elevaba el Korbán Pesaj, el sacrificio pascual.
    A todo esto, ¿qué será pureza?
    De acuerdo al marco del judaísmo clásico, lo puro es aquello que está conectado a la vida; en tanto que impuro es lo que sufre de algún grado de desconexión de ella. Es evidente que la muerte es la mayor de las desconexiones posibles, por ello la importancia de la parashá de esta semana, que indica cómo restablecer ese estado ideal.
    Una de las cuestiones extrañas del asunto es que, entre otras cosas, se requiere matar a una vaca totalmente roja, que nunca haya sido usada para trabajar, que esté llena de vitalidad a la hora de su muerte. Luego se incinera por completo para hacer una mezcla de esas cenizas con otros ingredientes, la cual se esparce encima de la persona que está para purificarse. A esto se le suman otros procedimientos que no detallamos ahora.
    ¿Cómo se explica que, para reconectar con la vida a la persona impurificada por contacto con un difunto, sea preciso matar y hacer cenizas a un ser vivo en su plenitud (la vaca roja)?
    Te dejo planteada la interrogante, por si te interesa encontrar alguna respuesta.
    Como una posible ayuda comparto contigo una frase al respecto, que está en el midrash Bemidbar Rabá 19:8: “No es el difunto que impurifica ni las aguas las que purifican, sino que Dios ha dicho: ‘Un decreto he decretado, ¿te atreves a incumplirlo?’”.
    Y otra pregunta más para que pensemos: ya que todos estos rituales no se practican hoy en día, ¿qué tenemos para hacer nosotros para manifestar nuestra conexión con la vida?

    ¡SHABAT SHALOM UMVORAJ!
    ¡Que disfruten a pleno de este Shabat tan especial!

  • Estar pre-parado

    Este Shabat leemos de dos sifrei Torá, en el primero la parashá SHEMINÍ según corresponde al ciclo anual de lectura público; en el segundo la porción denominada PARÁ.

    La lectura especial se refiere al complejo ritual para purificarse cuando se está impuro de muerte.
    Con gran inteligencia se postuló añadir esta porción en el Shabat que antecede al comienzo del mes de Nisán, para que las personas recuerden que en poco tiempo deberán peregrinar al Templo en Ierushalaim, para realizar el sacrificio Pesaj, por lo cual debían estar en estado de pureza.

    De cierta manera esto es un vínculo muy fuerte con la parashá semanal.
    Se trata de la inauguración del Mishcán, el Templo portátil empleado originalmente en el desierto; que fue continuado luego por el Beit HaMikdash de Ierushalaim.
    La lectura es previa a Nisán, siendo que el Mishcán fue inaugurado el primero de ese mes.
    Hay involucrados sacrificios en honor al Eterno en ambas secciones.
    Pero, especialmente en las dos se trata de preparativos.

    Es algo muy importante a tomar en consideración: el estar preparado.
    Prepararse para lo esperable, pero también estar acondicionado y entrenado para lo inesperado.
    No siempre, pero es común, dedicar tiempo, esfuerzo, energía, voluntad disponiéndose para aquello que anhelamos, suponemos, queremos, esperamos. Vamos al gimnasio, hacemos dieta, tomamos medidas, coordinamos, planificamos, estudiamos, evaluamos, revisamos y un sinnúmero de acciones, físicas y mentales, que nos dejan dispuestos para aquello que estamos aguardando.
    Pero, es muy frecuente, no tomar en consideración formarse para responder creativa y provechosamente ante los imprevistos; por lo cual, estamos limitados en nuestras herramientas para obtener el mejor provecho de la repentina situación.

    Las dos parashiot nos indican a ser conscientes de lo esperable, pero sin dejar de prepararnos para lo inesperado.
    Nuestro dominio es limitado, por lo cual podremos hacer un número limitado de cosas, no estamos en condiciones de poder con todo. Pero, al entrenarnos, aprender, perfeccionarnos, mejorar, estudiar, ejercitar, capacitarnos, atrevernos fuera de la zonita de confort, admitir errores para pulirnos, ampliar nuestra mente y corazón, estamos posibilitándonos un mejor presente con un más satisfactorio futuro.

    Quiera el Eterno que tengamos siempre buenas noticias y sepamos estar a la altura de los acontecimientos.

  • Dios no es hombre

    En la mañana del shabat anterior a Purim, en las comunidades judías se sacan dos rollos de Torá para ser leídos, en el primero la parashá de la semana, en el segundo el párrafo “zajor”, en el cual se ordena la eliminación del recuerdo del malvado pueblo de Amalec.
    Acompaña la lectura la haftará correspondiente.
    Ésta relata la campaña que realizó el rey Shaúl, a instancias de Dios y del profeta Shmuel/Samuel, contra Amalec.
    Es un pasaje sumamente interesante, para ser estudiado con detenimiento.
    Tengamos en cuenta que en la escala profética, Shmuel está apenas un pasito por detrás del máximo de todos los profetas, Moshé. Su obra, legado y visión profética tiene un valor incalculable, y aunque es dejado de lado habitualmente, tenemos que mantenernos atentos para aprender de sus enseñanzas.

    Por ello, ahora quiero rescatar solamente una pequeña frase pero poderosa y de valor perpetuo:

    "la Gloria de Israel no mentirá ni se arrepentirá, porque él no es hombre para que se arrepienta."
    (1 Shemuel / I Samuel 15:29)

    Estamos en una época en la cual el enemigo de Dios, y de los judíos, es multiforme. Trae variados colores y disfraces. A veces parece amigo, otras neutral, incluso si hasta se quiere hacer pasar por uno de nosotros. El enemigo puede estar en nuestro interior, y suele ser el más difícil de identificar y extirpar.

    Por ello, a la hora de crecer, de despojarnos de Amalec, del EGO, tengamos presente que Dios NO ES hombre, ni lo fue, ni lo será.
    Él no cambia de opinión.
    Él no miente.
    Él no eligió al pueblo judío para luego dejarnos de lado.
    Él no entregó la Torá para reemplazarla por un nuevo testamento.
    Él no se hizo hombre para confundirnos con conceptos de idolatría y bajeza espiritual.
    Él no es el mesías.
    Él no pretende convertirnos en esclavos, sino darnos libertad y vida.
    Él sí nos ha otorgado un camino de vida, que se compone de acciones de bondad y justicia, para permitirnos construir shalom dentro y fuera.

    Y. así como es deber extirpar a Amalec, e incluso su memoria, es imprescindible sostener con firmeza y vigencia nuestra identidad, nuestra unidad.
    Pero, no es solamente el falso judío mesiánico (y similares) el problema, los que deifican hombres, o ideas, o hacen de Dios un viejo olvidadizo y pendenciero. Observemos con atención para descubrir aquellas cosas que no podemos permitir en nuestro seno, pues nos apartan del camino del bien y la justicia.

  • Shekel completo

    En la parashá Ki Tisá nos encontramos con una porción también conocida como Shekalim:

    "(12) ‘Cuando hagáis el censo para obtener el número de los Hijos de Israel, según los que sean contados de ellos, cada uno dará al Eterno el rescate por su persona. Así no habrá mortandad entre ellos, cuando hayan sido contados.
    (13) Esto dará todo el que sea contado: medio siclo conforme al siclo del santuario. El siclo tiene 20 geras. La mitad de un siclo será la ofrenda alzada para el Eterno.
    (14) Cada uno que sea contado, de veinte años para arriba, dará esta ofrenda alzada para el Eterno.
    (15) Al entregar la ofrenda alzada para el Eterno a fin de hacer expiación por vuestras personas, el rico no dará más, ni el pobre dará menos del medio siclo.
    (16) Tomarás de los Hijos de Israel el dinero de las expiaciones y lo darás para el servicio del tabernáculo de reunión. Ello será un memorial a los Hijos de Israel, delante del Eterno, para hacer expiación por vuestras personas.’"
    (Shemot / Éxodo 30:12-16)

    Se codifica como mandamiento, el numerado 105 en la cuenta del Sefer HaJinuj, que cada judío mayor de 20 años de edad, sin importar su condición económica o social, debía contribuir con un medio shekel, a ser entregado como aporte para las obras del servicio a Dios en el Templo dedicado a Él.
    Este mandamiento es de vigente obligación en tiempos del Templo, tanto para los judíos que habitaban Israel como para aquellos en el extranjero. 
    Actualmente que no tenemos el Templo, se recuerda este mandato sagrado por medio de la lectura de esta sección en la parashá de esta semana, así como lectura complementaria especial anual del shabbat que antecede el comienzo de Adar.

    Podemos aprender muchas cosas, pero quiero enfocarme ahora en una, quizás luego en otra más.
    Se ordena que cada uno dé medio shekel.
    Ya sea pobre o rico, apegado a los mandamientos o no, quiera o no, cada uno tenía que contribuir con medio shekel.
    Podemos preguntarnos, ¿por qué medio shekel y no uno entero?
    Una respuesta es que así todos podían pagar.
    El pobre no tenía la excusa de su pobreza, el medio shekel anual era una suma accesible; en caso de no tenerlo, que pidiera prestado era su opción, su deber.
    Por su parte, al rico se le imponía un límite específico en este tributo en particular, si quería dar más dinero para las obras del Templo, podía hacer otros donativos, por fuera de este tributo.
    Aquel que no quería, igualmente debía, era un impuesto ordenado por la Torá, ley de la nación judía.
    Aquel que no era muy observante (aunque en la antigüedad era algo muy poco común encontrar judíos alejados del modo de vida de la Torá ), se le recalcaba que éste era un impuesto obligatorio, que tenía otros fines aparte de los rituales. Servía también como censo, para saber el número de judíos adultos integrantes de la nación (Shemot / Éxodo 38:26).
    Por este último aspecto, se codifica que era deber de todo judío adulto, cohén, leví e Israel; sea libre o liberto; sea judío de nacimiento o por conversión legal. Mujeres, siervos y niños estaban exentos, pero si uno de estos tres grupos quería entregar el medio shekel, se tomaba. Pero, en modo alguno se aceptaba de los gentiles, aunque fuera un noájida, no se aceptaba su contribución de medio shekel, pues era un tributo exclusivamente para los miembros de la nación de Israel, no para los gentiles.
    (Comentario aparte, vemos aquí otro de los mandamientos de la Torá que el noájida que quiere atribuirse por sobre sus Siete, no tiene derecho, ni debe hacerlo. Tal como lo es el Shabbat y festividades de la Torá, tal como los celebran los judíos, ni estudio de Torá como los judíos, ni tefílín, ni mezuzá, ni tzitzit, ni circuncisión, que han sido decretados por Dios como exclusivos de los judíos y no permitidos para los gentiles, aunque tengan la más noble y pura de las intenciones).

    Pues bien, medio shekel para que todos los que estaban obligados, puedan pagar.

    Pero, podemos encontrar otro motivo quizás.
    Podría ser, que esto nos enseña que todos somos parte de algo más grande. Algo que nos identifica, que nos es propio, pero que no somos nosotros.
    Es una identidad transpersonal, formada por mí JUNTO con otros.
    En este caso en particular, la identidad espiritual de pertenecer a Israel, al pueblo judío.
    (Obviemos ahora la aparente dificultad de que mujeres, niños y esclavos no estaban obligados a este mandamiento. Concentrémonos, por favor, en la enseñanza que aplica a toda persona ,sin distinción de género, secta, gremio, condición social, identidad espiritual).
    Cada uno tiene algo que aportar. Cada uno es parte, y si no cumple con la suya propia, el sistema completo está en falta.
    No somos perfectos, pero se quiere que seamos lo mejor que podemos ser, con uno mismo y con el prójimo.
    Por eso había que dar la mitad de un shekel, para que cada uno se sienta parte, para que entre hermanos se complementen.
    Tú no eres el encargado de todo, no se te exige que hagas todo, pero sí que te intereses en conocer lo que te corresponde y lo hagas.
    Medio shekel, no uno entero, porque el entero se consigue junto a los otros, a aquellos que tienen que construir contigo una mejor realidad.

    Una realidad que no es llana, unidimensional, sin texturas diversas.
    Es un multiverso, tal como el humano es multidimensional.
    Somos cuerpo, somos emociones, somos pensamiento, somos la sociedad, somos esa conexión infinita que es el espíritu. Todo ello somos.
    Somos uno, en la múltiple diversidad.
    Aprender a ser lo mejor que puedes ser: tú mismo, en tu multidimensionalidad, en la armonía de tus dimensiones.
    Ser tú y no un títere de los deseos de otros, o de las manipulaciones de tu EGO.
    Ser tú, que tu Yo Esencial guía a tu Yo Vivido y se coordinen, y formen una personalidad integrada, saludable, bendita y de bendición.
    Ser tú, no es la soledad, no en el exilio del ser, sino que formando parte de una comunidad de pares, de gente buena, justa, comprometida, leal. Una comunidad que si tú no estás, deja de existir como debe ser.

    Otro aspecto de esta parashá.
    El acto de dar, tal como nos enseña este mandamiento para los judíos, es el que nos redime, expía por nuestras almas.
    ¿Cómo puede ser que tan poco dinero sea el necesario para expiar por las culpas?
    Hay una respuesta práctica, concreta. Ese dinero, el del medio shekel dedicado al Templo, era usado para comprar los animales y objetos necesarios para las ofrendas de expiación colectiva, entre otras cosas. Por tanto, como uno aportaba a eso, recibía el beneficio indirecto.
    Pero hay otra respuesta alternativa.
    La redención, la expiación, la “salvación” está en el acto generoso, en la apertura bondadosa hacia el prójimo, en la obra benéfica para la comunidad.
    No en un acto ritual, ni en palabrería sin sentido, ni en mística hueca, ni en doctrinas religiosas, ni en sacrificios de sangre, ni en la fe… en la obra de bien, en el acto de bondad, en la construcción de shalom en la realidad.
    Aquí vemos que no importa la cantidad, sino el hecho de dar.
    El ideal es dar de forma desinteresada, sin esperar NADA (pero realmente NADA) a cambio. Ni en esta vida, ni en otra vida. Ni del que ha recibido, ni del que te ha visto, ni de la caricia egoísta que uno mismo se regala por hacer bondades.
    Hacer el bien al prójimo simplemente porque uno hace bien al prójimo.
    Seguramente que los beneficios no tardan en llegar para el que tiene un estilo de vida generoso, pero se multiplican mucho más para el que da sin esperar nada a cambio.
    Por supuesto, el dar no es una receta mágica que te previene de desgracias, de enfermedades, de malicias de otros, de catástrofes, de accidentes… no querido amigo, el dar no es un hechizo que soluciona tu vida, como no lo es ningún cumplimiento de mandamiento, ni ningún rezo.
    Uno da, porque es bueno hacerlo, y si de ello se obtiene beneficio (cosa que ocurre), ¡qué bueno!
    Pero recuerda, medio shekel, no todo lo que tienes.
    Porque somos limitados, dependemos constantemente del medio, de la naturaleza, de otras personas. Si solamente damos, cosa que es una ilusión, y no recibimos, nos extinguimos velozmente, o llevamos una vida miserable, por completo falta de salud, por fuera del marco de vida que Dios pretende para Sus hijos humanos.

    ¿Te has dado cuenta de que es a través del EGO que te afectan las desgracias?
    Es el EGO el que nos hace inventar diferencias donde no están, conflictos donde no existen, quejas donde debiera haber agradecimiento.
    Es el EGO el que nos sumerge en el sentimiento de impotencia, de hastío, de desesperanza, de dolor, de sufrimiento. El EGO el que nos hace vivir de deseos, de vanidad, de fantasías. El EGO el que nos hace creer unidades, en lucha por la supervivencia, en la guerra por la supremacía del más apto.
    El EGO que nos inventa religiones, dioses, salvadores, necesidad de depender de aquello que es dispensable.
    Seguir por los caminos que te marca el EGO, no puede hacerte dichoso; sólo puede hacerte desgraciado.
    Si bien el EGO pretende la supervivencia, su funcionamiento sacado de su preciso contexto te lleva al constante sentimiento de amargura, de impotencia, de fracaso. Aún dentro del éxito, del aplauso, está la sombra del EGO, sus hambrientas fauces devorando tus carnes, corrompiendo tus pensamientos, destilando podredumbre en tus emociones, fantaseando poderes irreales con tal de suprimir tu vitalidad, de negarte tu realización, imposibilitar tu participación en la construcción de Shalom.
    El EGO es el infierno, aquí y en allá.
    Sabemos, lo repetimos, el EGO es una función natural, muy necesaria en su momento específico, parte de nuestro sistema de supervivencia básico. No es un ángel, ni un demonio, no es un espíritu maligno, ni un corruptor místico. Es parte de tu ser, es parte de tu naturaleza. Por tanto, no está en la mística, en conjuros, en rituales estrambóticos el poder librarte de sus mañas.
    Presta atención cuando sufras, es allí que debes tratar de observarte, de descubrir los movimientos del EGO, sus herramientas que son tan toscas en funcionamiento.
    Si haces bien la investigación, si puedes zafar de la emoción del momento, si tu pensamiento logra respirar un poco fuera de la celdita mental, entonces pronto descubrirás que de algún modo el EGO está detrás del sufrimiento.

    ¿Cómo se vincula el EGO con el tema que trajimos de la parashá Ki Tisá?
    ¿Cómo nos da poder sobre el EGO lo que aprendimos de la parashá Shekalim?

    Escucho tus respuestas.
    Gracias, por compartir este estudio conmigo.
    Has sido generoso con tu tiempo, que es tu vida, por haber llegado hasta aquí junto a mí.
    Ahora, sigamos elaborando conocimiento, comprensión, shalom con los comentarios, con las obras que apoyan a nuestra tarea de esclarecimiento, de redención.
    Hasta luego. Que pases el mejor día de tu vida.

  • Parashot especiales

    Lea lo que hemos publicado en la versión anterior del sitio sobre las parashot especiales:

    http://serjudio.com/parasha/index.htm