No está bien lo que haces, le dijeron a Moshé

« Entonces el suegro de Moshé le dijo: –No está bien lo que haces.»
(Shemot/Éxodo 18:17)

Moshé había sido educado para ser un dirigente de alto rango egipcio. Era diestro en artes y ciencias, experto en todo tipo de conocimientos y experiencias, conocedor y destacado practicante de lo más encumbrado de la mejor cultura de su época.
Luego había llevado una vida intensa, ya alejado del palacio real faraónico, participó en campañas militares, conquistas, amoríos, dirigencia de naciones, filosofía, y qué no.
Más tarde llevó una vida mucho más reposada, pero igualmente profunda, con tiempo para meditar y oportunidades para ejercer el liderazgo.
Por si fuera poco, fue el escogido del Creador para confrontar al hombre más poderoso de su época, al mismísimo faraón. Él canalizó los portentos y maravillas que el Eterno hizo caer sobre Egipto y los egipcios. Comandó la salida de Egipto, se puso el pueblo sobre sus hombros y cargó esa pesada carga. Estuvo ante el Eterno en la Revelación en Sinaí, en un grado de profecía que ningún otro humano pudo alcanzar hasta ahora. Era el profeta del Dios.
Tenía motivos para considerarse poderoso, sabio, entrenado, seguro, confiado y no tenía porqué admitir ese trato que su suegro le había dispensado.
¿¡Cómo se atrevió su suegro a corregirlo y decirle que no estaba bien lo que estaba haciendo!?

Otra persona en su lugar probablemente hubiera sufrido un arrebato de cólera, y con toda la rabia le hubiera demostrado a su suegro quién estaba a cargo, quién mandaba.
Otro quizás le hubiera hecho callar de malos modos o dado una paliza de magnitudes bíblicas.
Otro, quizás, se hubiera puesto a llorar y a mortificarse por haber sido corregido de forma tan humillante.
¡Vaya uno a saber cómo se manifiesta la reacción del EGO cuando lo ponen a uno en situación de impotencia!

Pero en el caso de Moshé el EGO no tenía cabida, porque él era realmente poderoso y por tanto tenía la verdadera capacidad para la humildad.
En lugar de permitir la reacción destemplada del EGO, Moshé respondió desde la NESHAMÁ.
Por ello aceptó el consejo, no pedido, ya que lo valoró positivo y adecuado.
Implementó las ideas de organizar el sistema de justicia que le había dado su suegro, con lo cual logró una mejoría para el pueblo y para sí mismo.

De lo cual podemos aprender al menos 6 cosas muy importantes para nuestra vida cotidiana:

1- Ninguno de nosotros es demasiado viejo o sabio como para no aceptar buenos consejos, aunque no los hayamos pedido.

2- Ninguno de nosotros es demasiado viejo o sabio como para no cambiar positivamente cuando es necesario hacerlo.

3- Ninguno de nosotros es demasiado viejo o sabio como para no aprender algo cada día.

4- Ninguno de nosotros es demasiado viejo o sabio como para no delegar tareas en otros y confiar en que cada uno sabrá hacer su parte satisfactoriamente.

5- Hay sabiduría en los pueblos, aunque la sabiduría de la Torá es propiedad del pueblo judío.

6- El verdadero líder no es aquel que manda abusando de la fuerza del autoritarismo, sino el que logra motivar a sus seguidores a través del ejercicio de la autoridad; para lo cual se debe estar abierto y ser receptivo al otro pero también a sí mismo. El verdadero líder está orientado por su NESHAMÁ, en tanto que el líder insalubre es prisionero de su EGO.

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