Suena la alarma

Cuando estás ante una situación de no-poder, automáticamente se dispara una señal que lo indica.
Puede ser enojo, frustración, tristeza o cualquier otro sentimiento que te haga dar cuenta de tu posición de impotencia.
Esas señales de alarma son eso y no más, señales que alertan. Cuando se mantienen encendidas, perturban la existencia, confunden, llevan al error, desgastan, provocan mayores situaciones de impotencia.
Por tanto, lo más provechoso para tu existencia y los de tu entorno es que estés atento a las señales que te brindas y si descubres que te enojaste, te entristeciste o cualquier otra; ¡apaga la alarma!
No des de tu preciosa energía a aquello que ya no tiene mayor utilidad.
Luego, date cuenta qué es lo que te ha hecho sentir impotente, descúbrelo, dale nombre y definición. Entonces, mira si tienes lo qué hacer para sobreponerte a la impotencia. Sea que la resuelves, porque está en tu dominio hacerlo; o te das cuenta que no tienes qué hacer (en ese momento, o en cualquier otro) y entonces admite tu impotencia y pasa a otra cosa: fluye sin quedarte atrapado por lo que no te aporta beneficio.

Terrible papel haces cuando tu carácter está amargado, apabullado, iracundo, temeroso, ansioso, porque indica que equivocaste la funcionalidad de las señales convirtiéndolas en pautas de existencia.

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