El poder de la palabra

Esta semana se lee la parashá Tetzavé y resulta llamativo que no se menciona a Moshé en ningún momento de la misma. Se lo alude, pero implícitamente, nunca de manera explícita.
Obviamente que los comentaristas de todas las épocas lo han advertido y nos han regalado bien pronto una interesante explicación para esta aparente omisión.
Lo relacionan con el triste evento del Becerro de Oro, que está narrado en la parashá siguiente. Tras ese espantoso suceso, cuando la ira del Señor estaba a pleno y se venía el castigo sobre los pecadores, Moshé amaga una defensa y propone:

«Pero ahora perdona su pecado; y si no, por favor, bórrame de Tu libro que has escrito.»
(Shemot/Éxodo 32:32)

En su negociación se ofrece como un reemplazo que cargue con el pecado de los otros.
Sabemos que así no funciona la justicia y mucho menos la Divina.
Para la justa justicia del Todopoderoso es aquel que peca quien se debe de hacer cargo de las consecuencias de sus actos, nadie más.
Ni siquiera los hijos pagan por el pecado de los padres, ni los padres por el de los hijos.
Cada uno que se haga responsable y pague lo que adeuda.
O, que ande por el camino de la Teshuvá, lo que podemos traducir como proceso de completo arrepentimiento, y por tanto el castigo se diluye al ser reemplazado por una nueva conducta mucho más beneficioso y provechosa para el Cosmos… aunque igualmente el que se arrepiente debe pagar por aquello que está adeudando, porque el arrepentimiento no cancela las deudas contraídas con el prójimo ni arregla mágicamente lo que se ha roto por causa del pecado.
En resumen, el ofrecimiento de Moshé a Dios en verdad no era que Él lo castigara por lo hecho por aquellos que pecaron con el becerro, sino que estaba negociando otro tipo de salida.
El hecho concreto es que como parte de esa propuesta Moshé aventuró a que su nombre no esté en la Torá.
Y hay un principio esencial en la Tradición que nos enseña que tengamos mucho cuidado con lo que sale de nuestra boca, porque tal vez Dios nos diga “así será” y entonces suceda lo que sin mucha consciencia dijimos.
Ya le había pasado al patriarca Iaacov cuando dijo que aquel que se había llevado los terafim de Lot muera, sin saber que era su querida esposa Rajel la que se los había llevado. Poco rato después, ella muere de forma terrible y prematura. ¿Habrá sido como cumplimiento de las palabras inconscientes de su marido? Los Sabios dicen que sí… ¡así que tú verás qué harás a partir de ahora!

Como conclusión, es de sabios, prudentes y amantes de la vida y lo bueno cuidar nuestras palabras. Que no salgan maldiciones de nuestra boca. Que no atraigamos el mal, aunque no sea querido. Que evitemos manchar nuestra parla con cuestiones que luego pudieran amargarnos la vida.
Llenémonos de bendiciones, de declaraciones positivas, de bueno mensajes de ánimo.
Para que no nos pase como al patriarca con su esposa; para que no ocurra como con el maestro Moshé, el cual fue borrado del Libro por un rato.
Tengamos la virtud en nuestra mente, boca y manos.

Shabat Shalom.

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