Categoría: CTerapia

  • El trabajo duro versus el duro trabajo

    Louis Leo Holtz (nacido 1937) es autor, comentarista de televisión, motivador y fue entrenador en jefe en la liga universitaria de futbol americano y de la liga de futbol americano profesional.

    Holtz es el único entrenador en la historia de la liga universitaria en dirigir seis diferentes programas de fútbol americano universitario y llevarlos a bowls y el único que ha logrado ubicar a cuatro equipos en el top 20 final. Ha ganado en múltiples ocasiones el reconocimiento del entrenador del año. Holtz es también conocido por su habilidad para inspirar a sus jugadores.
    Todo esto tomado de la Wikipedia.

    Ahora, una de sus frases:

    “Los ganadores abrazan el trabajo duro. A ellos les encanta la disciplina ya que es lo que les permite ganar. Los perdedores por otro lado, lo ven como un castigo [al trabajo duro]. Y esa es la diferencia.”

    Por su parte, muchos siglos antes, en nuestra Tradición encontramos:

    «lo aleja hamelaja ligmor,
    velo ata ben jorin livatel mimena

    No es tu responsabilidad completar la tarea,
    pero tampoco eres libre de no hacer la parte que te corresponde de ella
    «.
    (Avot 2:16)

    Cada uno tiene ante si una parte de la tarea para realizar, que solamente uno es el responsable de hacerla.
    Por ello, podemos rezar y pedir ayuda de Dios, pero no tenemos derecho a esperar que Él nos haga los recados. Él tiene Su parte para hacer, y cada uno de nosotros tenemos la propia.
    A veces nos puede resultar muy fatigosa la tarea, por lo que estaremos dispuestos a inventar alguna excusa para libranos de ella.
    Sin embargo, tenemos que tener la conciencia de que es nuestra parte de la gran obra, que si no la hacemos, ¡nadie más la hará!
    Entonces, hay que pensar y actuar como verdaderos ganadores, ser disciplinados y meter para adelante. Cuando sea el momento en que realmente no podamos continuar, ya la realidad se encargará de que lo sepamos, no precisaremos de excusas.
    Eso no es un castigo, sino que es el camino del triunfador. Resulta en méritos y prosperidad.

    Está en cada uno hacer su parte, sabiendo que el resultado final no depende de uno solamente. Existen multitud de parámetros que están en juego, por lo que no tenemos el dominio del resultado, pero sí lo tenemos de la elección que hacemos a cada momento.
    ¿Seremos capaces de seguir en la tarea o de abandonarla al primer contratiempo?

    En la parashá de la semana, Vaietzé, encontramos varias anécdotas que nos pueden ilustrar de esto, pues el personaje principal es Iaacov, cuando se convirtió finalmente en el patriarca Iaacov.
    Como digno nieto e hijo de sus abuelos y padres, tenía clara conciencia de que la vida del triunfador no suele estar envuelta entre algodones, que los conflictos y esfuerzos son parte irrenunciable del camino. Por tanto, los encaraba con entereza, con una mirada desde la inteligencia espiritual. Siendo equilibrado y disciplinado, poniendo en claro sus metas y haciendo lo necesario para llegar a ellas. Por supuesto que siempre desde la legalidad y lo que es ético, aunque tuviera que recibir innumerables ofensas y ser estafado en varias ocasiones. Él se recuperaba y continuaba su andar, paciente, constante, mesurado.

    Si bien los tropiezos fueron habituales, padeció muchísimo desde la infancia hasta su vejez. Sí, se sintió angustiado y desanimado, pero supo salir adelante y crecer en cada circunstancia.
    Es por ello que eventualmente dejó de ser Iaacov, para ser Israel, nombre que le confirió Dios y que representa su poder de luchar y triunfar.
    Podemos tomarlo como ejemplo y saber que el trabajo y la constancia son claves, junto a hablar con Dios y que Él nos ayude a clarificar nuestra mente, boca, corazón y mano.

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  • Tres conductas claves para el éxito

    Hay tres conductas que debemos practicar constantemente para que logremos construir una personalidad mucho más equilibrada y feliz.
    Son sencillas, al alcance de todas las personas y que tristemente suelen dejarse de lado.
    Te las diré, sin más vueltas:

    1. Agradecer
    2. Ser flexible
    3. Postura

    Y ahora una breve explicación de cada una.
    Agradecer es reconocer en donde uno está parado y ver cuánto ha recorrido, esa es la forma de saber hacia donde avanzar y cuánto falta.
    Es también apreciar el apoyo de los demás y estar dispuesto a dar una mano generosa, sin esperar con ello retribución alguna.
    Agradecer nos fortalece en la virtud de la humildad, que significa tener una excelente autoestima y contemplar con respeto nuestras virtudes así como nuestros defectos, sin creernos ni más ni menos de lo que estamos siendo.
    Agradecer es sabernos parte de una red infinita y estar conscientes de que somos valiosos.
    Cuando agradecemos nada perdemos y mucho ganamos. Además de fortalecer nuestros vínculos y empoderar a quienes nos rodean.0

    El ser flexible se aplica al poder ser creativo, a no encerrarse en una cajita y creer que no hay opciones.
    La flexibilidad nos abre la mente y el corazón para elaborar alternativas, o encontrarlas allí en donde no habíamos buscado.
    Cuando somos flexibles evitamos quebrarnos con asuntos de poca importancia y somos capaces de permitir que la tormenta poderosa nos rodee sin destruirnos.
    Con la flexibilidad viene la compasión y la comprensión, pues apreciamos a los demás y no esperamos perfección, pero tampoco pereza.
    Con esta habilidad somos originales y no caemos en la tentación de creernos los que todo sabemos y todo podemos.

    Postura, eso refiere a usar un lenguaje corporal de poder, de seguridad, de confianza.
    Poner un gesto de equilibrio y la sonrisa en nuestra boca.
    Porque la mente percibe nuestro gesto, se da cuenta de como estamos parados y forma sus pensamientos a partir de esos datos.
    Por tanto, un lenguaje corporal derrotista, de pobreza, de sufrimiento, necesariamente será sintonizado por la mente como que estamos mal y sin perspectivas de mejorar, por tanto obturará la creatividad y amargará la gratitud. Eso nos llevará a padecer realmente, a sofocarnos sin haber tenido la oportunidad de disfrutar la bendición constante que llueve sobre nosotros.
    Cuando la mente percibe el gesto sufrido, lo traduce como que estamos sufriendo y que nos merecemos esa sensación. Por tanto, apartará los pensamientos gloriosos y de placer, nos abrumará con obsesiones negativas, nos llenará de miedo.
    Pero, si aprendemos a impostar nuestro cuerpo, rostro y voz, la mente será una poderosa aliada para nuestro éxito, o al menos pasarla bien aunque el mundo se caiga a nuestro alrededor.

    Pruébalas con constancia y luego verás resultados milagrosos.

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  • Para convertir el conflicto en entendimiento: Aikido

    El conflicto es una parte inseparable de la vida en este mundo.
    Somos seres de conflicto, lo cual puede llevar a varias consecuencias desagradables y dañinas.
    Por eso resulta importante no olvidar este dato, no negar la realidad del conflicto que es parte sustancial de lo que estamos siendo en cuanto seres encarnados en este mundo.
    Así mismo, es de sumo valor aprender a convertir el conflicto en entendimiento.
    Entiéndase bien: entendimiento, que no es lo mismo que aceptación sumisa y pasiva de las cosas.

    Ahora bien ¿qué se necesita para trascender auténticamente el conflicto?

    Como primer elemento sin duda que debemos tener el deseo de transformarlo.
    Si no conectamos con ese deseo, que proviene de lo más alto de nuestra personalidad espiritual, entonces difícilmente nos abocaremos en ninguna tarea de manera auténtica.
    Así pues, conocer la existencia constante del conflicto y desear  convertirlo en entendimiento.

    Como segundo elemento, también supra-racional encontramos la voluntad, en este caso de estar abierto a recibir lo que está sucediendo y no estar fijo o apegado a su posición.
    Es decir, evitar el control del EGO que nos posiciona como los que debemos dominar, no ser o parecer impotentes, tener la última palabra, ser los que tenemos la razón.
    Cuando trabajamos la voluntad para la apertura, para no apegarnos a nuestro Sistema de Creencias, a no pretender ser los que dominan, entonces estamos en proceso de entendimiento.

    Luego es necesario permanecer centrado y conectado. Esto significa enfocar nuestra mente en lo que «el oponente» está proponiendo, presentando, activando y no escapar a esto. Visualizarlo, contemplarlo, recibirlo, pero no asumir el impacto.
    No doblegarnos ante su energía, sino recibirla estando enfocados y centrados en nosotros mismos.
    No para responder, no para prevalecer, no para conseguir la victoria, sino para compenetrarnos realmente en lo que el otro está ofreciendo, y de esa forma poder extraer la energía además del contenido y enriquecernos con ello.
    Pongamos por ejemplo una discusión. Si estamos cerrados a nuestra posición, empeñados en tener razón, sordos a lo que el otro ofrece, entonces estaremos malgastando nuestra energía agrediendo, repeliendo, insultado, ofendiéndonos y un montón de otras conductas poco eficientes. Si alguno de los dos debatientes cede, será con un sentimiento de pérdida, viéndose consciente o inconscientemente como rechazados, abrumados, abatidos y probablemente con ánimo para la venganza o el rencor.
    Pero, si el otro expone su parte, la atendemos realmente, con apertura de mente y corazón, no husmeando para debatir sino para comprender y asimilar, entonces el otro no tiene motivo para quejarse ni sentirse humillado y lastimado.
    Luego de recibir y analizar el contenido, y de hacernos con la energía, que lo acompaña, en tanto permanecemos centrados y conectados estaremos en posición de tomar una posición favorable.

    Es por ello importante permanecer en estado de flujo, no apegados ni encerrados, sino abrazando y usando la energía dada.
    Nos movemos en dirección de la energía recibida, como hacen los maestros del Aikido, permitiendo que sea el oponente quien se derribe a sí mismo.
    No queremos vencer, pero tampoco ser derrotados.
    Queremos entender y salir ganando del conflicto, sin que por eso el otro salga perdiendo de manera agresiva.

    Es llegado el momento para redirigir la energía en la relación hacia la armonía y una conciencia de elección.
    Por lo cual, elegimos la respuesta, aquella que provea una resolución pacífica, en la medida de lo posible.
    Por supuesto, que si el otro no está en nuestra sintonía, sino que labora desde el EGO, entonces podrá reaccionar de manera dramática, combativa, erosiva. Lo nuestro está hecho, no podemos decidir por el otro ni hacer lo que el otro tiene que hacer.

    Si hemos llegado aquí, habremos entendido la posición del otro, lo hemos dejado expresarse, mostrarse, sin que se sintiera juzgado, rechazado o negado. Pudimos tomar contacto con su mente y corazón, para luego analizar desde una posición de comprensión y compasión, no desde el EGO sino orientados por la NESHAMÁ.
    Nosotros hemos vencido, aunque no hayamos tenido la razón; o en caso de que sí, aunque el otro siga en su postura negadora y que no aviene al entendimiento.
    Repito, su reacción no está en nuestro control, no podemos hacernos cargo de sus conductas ni sentimientos.

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  • El constante trifunfador

    Hay una historia que suele perderse de vista, porque se encuentra en medio de otras anécdotas mucho más vistosas y conocidas.
    En nuestra parashá, el patriarca Itzjac debió emigrar a la tierra de Guerar, en lo que sería la actual zona de la franja de Gaza, donde años antes también se había radicado su padre.
    En ese peregrinaje volvió a abrir los pozos de agua que su padre había descubierto y que los poco amistosos filisteos cubrieron y pretendieron borrar de la memoria colectiva. Itjac llamó a los pozos con sus antiguos nombres, como forma de respetar y honrar a su padre y su espíritu pionero y emprendedor.
    Pero, nuevamente los celos y el mal ánimo expulsaron al hebreo, quien no se desanimó y buscó un nuevo lugar para perforar un nuevo pozo, dejando los anteriores en manos de sus enemigos.
    El nuevo pozo también fue reclamado por los envidiosos y poco laboriosos, así que lo tuvo que abandonar.
    Entonces fue a un tercer lugar donde abrió un nuevo pozo, el cual también fue secuestrado por los adversarios.
    Finalmente encontró un cuarto lugar, prospectó y abrió un nuevo pozo, el cual, esta vez, no fue boicoteado.
    A ese pozo lo llamó «Rejobot», que se puede traducir como el lugar ancho, pues comprendió que se abría por delante un futuro promisorio y de bendición para él y su familia.
    El famoso ​escritor, coacher y conferencista estadounidense, John C. Maxwell dice:
    «Las pequeñas disciplinas repetidas con consistencia todos los días conducen a grandes logros obtenidos lentamente con el tiempo»

    Que va en consonancia con una frase del conocido escritor francés Gustave Flaubert quien afirmó:

    «El talento no es sino una larga paciencia».

    Y ya lo sabemos del genial inventor, Edison, que entre otras cosas trajo al mundo la primera bombita incandescente funcional, del cual se dice que acuñó la memorable frase:

    «No fracasé 999 veces, sino que descubrí 999 maneras en que las cosas no se hacen».
    Hasta que finalmente en la número 1000, por poner un número redondo, encontró la solución que tanto estaba anhelando.

    Ya lo enseña hace milenios nuestra Tradición y o encontramos claramente en nuestra parashá con el patriarca Itjzac, una clave esencial para el éxito es hacer nuestro trabajo, siendo consistentes y constantes.
    Porque nadie se hizo maestro de nada si no es a través de la constancia.
    En ningún arte o ciencia se llega al conocimiento, a la destreza, sin que se entrene, repita, ejercite, repase, relea, se vuelva a explicar la lección, se interiorice con paciencia y humildad.

    Como conocimos en una famosa anécdota de Akiva, antes de ser el Rabi Akiva, la pequeña, pero empecinada gota es capaz de romper la roca cuando la golpea, una y otra vez.
    Sin embargo, cuando dejamos de intentar, cuando no nos dedicamos con pasión, cuando la derrota nos espanta, entonces finalmente hemos perdido la chance de alcanzar el éxito.

    La gran mayoría de habilidades valiosas suelen ser producto de una larga práctica.
    El triunfo no suele venir de la mano de una inspiración pasajera, ni tampoco de la pereza.

    Por ello, cuando elaboramos una meta, debemos de hacerlo contando con que habrá que comprometerse, dedicarse, esforzarse, aceptar los tropiezos, ante el desánimo llenarse de energías positivas y seguir dando la batalla. Finalmente el resultado final no depende de nosotros, pero en el camino que vayamos recorriendo está el éxito.

    Ser victoriosos es una decisión de cada momento, no una cuestión de suerte.

  • El pequeño gran paso del patriarca y nuestro

    Nos quedamos esperando a que todo se alinee para hacer el cambio, pero eso nunca sucede.
    Porque el momento perfecto, la situación perfecta, no existen.
    Por tanto, es una enorme excusa para quedarnos en la situación que estamos y que reconocemos como «no la mejor», ya que boqueamos diciendo que haremos el cambio… y sin embargo, nos gana la fuerza de la costumbre, nos vence la incomodidad de la zona del falso confort.

    Debemos entender que todo momento es el indicado para ser el inicio del cambio esperado.
    La Era Mesiánica comienza cuando nosotros declaramos que es así.
    La dieta saludable no debe esperar al lunes, o a después de la comilona del fin de semana; porque esto es sinónimo de que será una más de las dietas del fracaso.
    Aquí y ahora es la ocasión más propicia para romper con el esquema del pasado y comenzar la construcción del plan del futuro espléndido, o al menos mejor.

    El pequeñito primer paso, aunque sea leve y tenue, aunque parezca ser poca cosa, es el cambio necesario para promover el cambio esperado.
    Ese pasito es el que nos está sacando de la zona del falso confort y nos pone en una zona misteriosa, de riesgos, de aventuras, de posibilidades nuevas.
    No es poca cosa, aunque en los hechos sea un avance de pocos milímetros.
    Es un despegue, es una voluntad, es el primero de muchos pasos hacia el objetivo.

    Si seguimos esperando la temporada perfecta, nuestro estado de ánimo maravilloso, la conjunción astral ideal, seguiremos estando encerrados en la misma celdita mental, o quizás en una más oscura y dolorosa.
    Así como estamos siendo ahora, es suficiente para dar el pasito victorioso que nos mueve en la dirección correcta.
    Ten confianza en el Padre Celestial, ten confianza en ti, y da el pasito; si precisarás algo en el camino, ya lo irás adquiriendo.

    Como Iaacov, quien sería nuestro tercer patriarca.
    Así como era salió al camino, despegándose de su familia en Beer Sheva y avanzando hacia lo desconocido en Jarán, su meta.
    Por ello, no es casualidad lo que soñó en su viaje, aquella escalera que apoyada en tierra llegaba su cabecera a los cielos, y por ella ascendían y descendían emisarios celestiales.
    Una de las interpretaciones de la visión es precisamente esta que estamos compartiendo ahora.
    Partía de su suelo, de su zona de falso confort.
    Como los angelitos iba ascendiendo hacia la meta, allá lejos, en un lugar ignoto, pero que se sentía sería mejor.
    Veía angelitos venir, como afirmando que habría retorno, que no era un trayecto sin vuelta, pues, él no pretendía olvidar sus orígenes ni rechazar a sus padres. Tan solo estaba saliendo al mundo, despegando hacia una mejor vida para regresar eventualmente cargado de nuevos tesoros, entre las cuales se hallaría una mejor personalidad, un Yo Vivido que mejor reflejara a su NESHAMÁ (espíritu).

    El sueño también le mostraba a estar conectado, a no olvidar que somos seres de vínculos.
    También le estaba enseñando que no pretendamos solo lo material, ni solo lo espiritual, ya que somos multidimensionales y debemos atender a todas nuestras dimensiones y equilibrarnos.
    También le indicaba el sueño lo importante que es fluir, que es movernos, que es avanzar, porque si no vamos hacia donde pretendemos igualmente la corriente nos lleva hacia donde ella quiere.

    Muchas verdades para nuestra vida, que comienzan por ese pequeño primer paso.

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  • Tremendas enseñanzas del patriarca que nació Iaacov y que es Israel

    Iaacov, el hijo de la matriarca Rivcá y el patriarca Itzjac, desde muy pequeño tuvo que tomar conciencia de que la «realidad» muchas veces es una ilusión, algo así como un decorado en una obra de teatro. Que la gente te impone creencias, que la presión social te ordena cumplir ciertas pautas, que te estructuran para creer, suponer, sentir, hacer.
    Desde chico ya luchaba, como podía contra eso.
    Es que, era descendiente de Abraham y de Rivcá, ambos perpetuos luchadores contra las imposturas sociales, contra los regímenes establecidos, contra la ideología dominante que era la ideo-latría.
    Por tanto, tenía que estar atento a las oportunidades para evolucionar y fluir.
    La vida le mostró que no sería fácil, que tendía que luchar, que habría momentos de bajón y que el éxito es un placer que desaparece muy pronto.
    Pero él sentía ese llamado profundo para ser rebelde, para ser motor del cambio, para ser un luchador empedernido por lo que consideraba era lo mejor.
    Te aviso que no es una imagen idealizada que estoy retratando, sino la visión de lo que la Torá nos cuenta, paso a paso de lo que fue su vida, desde antes de su concepción incluso, al comienzo de la parashá Toledot y hasta el final del libro Bereshit/Génesis.
    Una vida de confrontación, de lucha de victorias.
    No en vano su nombre fue cambiado por orden Divina para convertirse en ISRAEL: aquel que lucha contra Dios, enviados de Dios, y personas y prevalece; según explicara el ángel que le asignó ese nombre.

    Encontramos en el relato sagrado que tuvo ocasiones para abrir el corazón y obligar a su mente a evaporar tonterías que rondaban en ella, partes pesadas y amargas del Sistema de Creencias que se había formado en su ser.
    Tenía que desaprender y cambiar de sintonía para ponerse en frecuencia constructiva, dejando de hacerse cargo de creencias que lo agobiaban y no eran suyas, quitándose disfraces que le hacían vivir una existencia que no estaba acorde a su NESHAMÁ.
    Es decir, estaba operando en su Yo Vivido para que fuera una mejor representación de su Yo Esencial.
    Iba soltando, despejando el terreno, quitando sombras para permitir que la LUZ le llenase.
    Estaba haciendo que el ominoso control del EGO se fuera desintegrando para que, poco a poco, ir confiando en un Plan mayor, íntimamente atado al Divino.
    Como dije, esto no lo vemos en una sola parashá del libro Bereshit, sino en varias, donde se va reconstruyendo Iaacov para ser Israel.
    No fue una tarea sencilla, ni libre de dolores y angustias.
    Y te confieso que el patriarca no la terminó, la dejó sin concluir, aunque hubiera avanzado quizás mucho más que la mayoría de los humanos que han vivido o lo hacen ahora.

    Tuvo que luchar con montón de enemigos, pero en especial con su EGO, aquel que a todos nos impide avanzar, pues nos confunde con miedos, dudas y expectativas. Nos llena de creencias y sentimientos. Confunde nuestra percepción y nos sumerge en fantasías que atesoramos como realidad. Nos embarulla con su tremendo ruido, que nos impide percibir con claridad la tenue voz de la NESHAMÁ que nos habla sin cesar en nuestro interior.
    Aprendamos a ir adorando menos al EGO y sus representaciones, como lo es la religión por ejemplo, para hacer nuestro camino de santidad y empoderamiento.
    Abandonemos la amargura, lo reproches, la queja, la impotencia, la tragedia para ir construyendo una más vigorosa y bendita personalidad llena de gratitud.

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  • Explora, sueña, descubre en el libro Bereshit

    «Dentro de veinte años a partir de ahora te arrepentirás de las cosas que no hiciste, así que suelta las amarras y navega fuera de tu zona de confort, busca el viento en tus velas. Explora, sueña, descubre.»
    Mark Twain

    La Torá te pide que dejes hoy esa zona de falso confort.
    Esa celdita mental en la cual estás prisionero.
    Los relatos de la Torá, pero con más énfasis en el libro Bereshit/Génesis están precisamente mostrando eso.
    En cada uno de las narraciones aparece este mismo tema, es solamente cuestión de tener la visión clara para reconocerlo.
    Porque la zona de falso confort es una obra del EGO, el cual al salirse de su función natural para la que fue creado, se convierte en la piedra de tropiezo de todas las personas.

    Por tanto, explora, sueña, descubre, en la parashá de la semana las enseñanzas que te liberan un poco de tu zona de falso confort.
    Te hará muy bien y te permitirá ser más leal a tu Padre Celestial.

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  • Menos estrés, más estés

    La ansiedad junto al miedo surgen por pretender anticipar el futuro.
    El remordimiento y la depresión (no la enfermedad siquiátrica, sino eso que la gente llama depresión)  aparecen por no hacer las pases con el pasado.
    En ambas situaciones vivimos escapando del presente, y por tanto derrochando la energía que tenemos en cosas que no existen.

    Así está la mente ocupándose de cosas que pasaron, o pudieron haber pasado; o se entretiene previendo cosas que no existen, ni existirán.
    Todo eso en lugar de enfocarse en el aquí y ahora y estar tonificada para resolver lo que es posible solucionar, o fluir cuando no tenemos herramientas para cambiar lo que sucede.

    Por supuesto que tener la mente entretenida es importante y útil, pero en los momentos que son de ocio, para el esparcimiento, para desconectarnos brevemente de la tensión y despejarnos además de revitalizarnos. Aflojar la mente, relajarla, es sumamente necesario.
    Caso contrario es estresarla con esas cosas que mencionamos más arriba, y hacerlo de manera obsesiva. Una y otra vez volver a imágenes del pasado, sin modificar nada con ello, sin corregir, sin diluir. O atorarnos con imaginaciones de catástrofes, impotencias, quebrantos que fantaseamos nos alcanzarán mañana. Este estrés es perjudicial, enferma.

    Nos perdemos en idealizar lo que no existe, o en denigrarnos, en vez de afrontar con toda nuestra capacidad lo que realmente sucede.
    Lo que realmente sucede… en realidad, lo que percibimos y la construcción que nos hacemos de lo que realmente sucede, debería haber escrito.

    Así, nos perdemos los mensajes del cuerpo, no atendemos la vocecita de la NESHAMÁ (Yo Esencial, espíritu, chispa Divina que somos), estamos ciegos a las claves que se presentan para resolver las cuestiones, no percibimos al otro ni a nosotros y con ellos dejamos pasar las oportunidades que surgen, perdemos de vista alternativas que pudiéramos crear, rechazamos soluciones que se nos presentan, los placeres y disfrutes posibles y permitidos.
    Todo en el vano intento de dominar aquello que no es posible dominar.
    O, peor aun, queriendo evitar aquello que no puede ser evitado.

    Por ello es tan valioso desaprender y volver a aprender, descontaminar en lo posible nuestro Sistema de Creencias, para valorar lo que SÍ hay, aquello que está a nuestro alcance para ser aprovechado aquí y ahora.
    En lugar de quedarnos en la queja, en la ansiedad, el miedo, el sentimiento de culpa, el echar culpas, la envidia, el enojo y todo las otras posturas negativas, sería imprescindible reeducarnos para que la mente viva el presente, construyendo SHALOM a cada momento.
    Con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia, hacia dentro y hacia fuera.

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  • Bendito en todo

    «וְאַבְרָהָ֣ם זָקֵ֔ן בָּ֖א בַּיָּמִ֑ים וַֽיהוָ֛ה בֵּרַ֥ךְ אֶת־אַבְרָהָ֖ם בַּכֹּֽל
    Avraham era anciano y muy venido en días, y el Eterno había bendecido a Avraham en todo. »
    (Bereshit/Génesis 24:1)

    «En todo» está escrito como «bakol».
    Muchas interpretaciones se han dado al respecto de esta palabra, pero quiero enfocarme en una en particular, que creo tiene un poderoso mensaje para que tengas una realidad mucho más radiante y de bendición.

    Si bien es cierto que el patriarca Avraham tenía muchas ventajas materiales, también es cierto que en su vida padeció de muchas contrariedades y ocasiones que a otra persona causarían angustias y tormentos.
    Para darte una idea, te contaré algunas de sus pruebas antes de llegar a la adolescencia.
    Fue perseguido por el rey cuando era pequeño.
    Sufría de la incomprensión de su familia.
    Lo intentaron asesinar a edad temprana.
    La gente lo veía raro y peligroso.
    Se sentía fuera de lugar, en donde fuera que estuviese y con quien estuviese.
    Asesinaron a un hermano y lo acusaban de ser el responsable, indirecto, de esa muerte.
    Sus familiares tuvieron que exiliarse a causa de sus ideas.

    De grande las cosas no fueron mucho mejor, pues tuvo que enfrentar hambrunas, emigraciones, disputas familiares, conflictos con sus esposas, echar a un hijo del hogar, estuvo a punto de sacrificar a su hijo más valioso, participó de guerras, le molestaban los envidiosos, se circuncidó a los 99 años de edad, y la lista podría continuar.

    Y sin embargo, la Torá afirma que su vida fue toda buena, por eso dice que era venido en días, lo cual se interpreta precisamente como que cada día, cada instante era valioso y fue atesorado.
    Y es por ello, también, que se nos dice que fue bendito en todo.
    Porque ya desde su más tierna infancia, que de tierna tuvo poco, ya que fue muy dura en realidad, él comprendió que todo es un aprendizaje para cosechar luego experiencias poderosas. Así, cuando llega el momento en el cual nos enfrentamos desnudos a la verdad, sin capacidad para engañarnos ni ocultar nada, es decir, cuando pasamos a residir en el Gan Edén como espíritus, entonces todo se ubica en su preciso lugar y podemos contemplar las cuestiones de una manera diferente. Aquello que nos hizo sufrir es reencuadrado y comprendemos su valor en la construcción de un bienestar mucho mayor.
    Esto no quiere decir que tenemos que usar el lema «todo es bueno», y tampoco el «todo es para bien»; si es que lo usamos como una muleta para no enfrentar los horrores de esta vida, para no hacernos cargo de mejorar la realidad. En este mundo hay muchas cosas que no son buenas y que deben ser denunciadas, combatidas, eliminadas, modificadas, o transformadas en aportes para el bien. Por eso, mentirnos y mentir diciendo que «todo es para bien», no es hacer lo que Dios quiere que hagamos, porque Él nos ordena que vivamos haciendo bondad y justicia.
    Sin embargo, cuando ya no dependemos de este cuerpo ni de las cosas materiales, cuando somos solamente espíritu, cada pieza encaja en el puzzle cósmico y nos damos cuenta de que aquello que nos hizo sufrir, y que era malo, tuvo algún aporte a forjar un bien mucho mayor, probablemente no personal sino colectivo.

    Intentemos vivir agradeciendo, aprovechando nuestros recursos, e incluso usando lo negativo para atraer más bendición a nuestra vida y la de nuestro prójimo.

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  • Cinco claves para mejorar tu realidad

    En la parashá de esta semana, Vaierá, nos encontramos con el mayordomo de la casa de Avraham yendo a cumplir una misión fundamental para el destino del pueblo judío.
    Iba a buscar una novia para el hijo del patrón, quien fuera nuestro segundo patriarca Itzjac.
    Muchas dudas surgen de este hecho, sería interesante estudiarlo y profundizar en ello, pero quisiera mencionar un aspecto solamente, que me parece relevante para nuestra vida cotidiana.
    El mayordomo estuvo muchas décadas cercano al patriarca, a su lado en las buenas y en las malas, por lo cual, algo podemos aprender de nuestro patriarca a través del relato de la conducta del siervo.
    Veamos 5 aspectos, que te repito, me parecen muy útiles para mejorar nuestra vida diaria, pues nos permiten impactar la realidad y transformarla para nuestro bien y el de quien nos rodea.

    1. Hablaba con Dios y de esa forma ponía en orden sus ideas y sentimientos, para poder realizar conductas mucho más eficientes.
      Su rezo no se quedaba en una experiencia religiosa, en el cumplimiento de algún ritual de estilo mágico, ni era un mecanismo sobrenatural para intentar controlar los acontecimientos. Muy por el contrario, era un tiempo de reflexión, de auto percepción, de auto conocimiento, de tomar conciencia de su entorno, de descubrir potencialidades y conflictos.
    2. Empleaba un lenguaje corporal que le empoderaba y servía para influir en su relación con el entorno. Si bien la palabra es importante, lo que la acompaña es aún mucho más. Por tanto, había aprendido posturas, gestos, movimientos que le daban sensación de control, de equilibrio, de paz interior y por tanto conseguía transmitir a los demás desde una posición de superioridad no ofensiva.
      Cuando se tenía que prosternar agradeciendo a Dios, lo hacía. Cuando tenía que estar parado firme, para demostrar que era un emisario de un señor poderoso, lo hacía. Cuando tenía que abrazar, lo hacía.
    3. No reaccionaba a los acontecimientos, sino que respondía desde la creatividad. Se daba su tiempo para concebir pensamientos, desarrollar alternativas, evaluar a su interlocutor, impregnarse del aquí y ahora, formarse una idea sólida y así promover sus planes, dar cumplimiento a sus iniciativas. Por tanto, tomaba decisiones y no meramente se dejaba llevar por los acontecimientos.
      Así, por ejemplo, pudo darse cuenta de los valores de la familia de Rivcá, que era gente consumida por la avidez, codiciosos, poco dados a los actos de generosidad, hipócritas y al saber esto pudo comunicarse en un idioma que ellos pudieran entender y aceptar.
    4. Era humilde, que significa conocer su poder y su limitación, tener noción de sus posibles debilidades así como de sus fortalezas y por tanto no asumirse ni como más ni como menos poderoso. Por ello podía estimular a los demás, promoviendo valores de respeto y confianza mutua en sus relaciones humanas. Así conseguía sacar lo mejor de sí y probablemente del otro. No se dejaba engañar por el EGO, cayendo en imposturas de ser menos o de ser más de lo que era. Cuando tuvo que alimentar personalmente a sus camellos, lo hizo; cuando tuvo que decir que era un siervo y no el amo, lo hizo; cuando tuvo que representar los intereses de su patrón con firmeza, como si fueran los suyos propios, lo hizo.
    5. Agradecimiento, porque reconocía aquello que había recibido y lo agradecía con sinceridad. Alguien que no es agradecido, suele ser una persona amarga, desconforme con la vida, insatisfecha y sin miras de encontrar el verdadero placer.

    Espero que estas claves te ayuden a encontrar una mejor forma de construir tu realidad.
    Le sirvieron a Eliezer, tal como a su maestro y patrón, nuestro patriarca Avraham.

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  • Claves para ser un triunfador

    Asertividad no aparece definida en el diccionario de la lengua española, aunque sí aparezca asertivo, como sinónimo de positivo.
    Nosotros podemos decir que la persona asertiva logra establecer una comunicación auténtica, expresando con ello sus pensamientos, intenciones, deseos, angustias, necesidades, así como también defender sus intereses, sin quedar sometido a la voluntad del interlocutor. Es capaz de preguntar para aprender, para entender, para considerar y por ello evita caer en acciones motivadas por el prejuicio.
    Esta postura de vida, que es mucho más amplia que el hecho de comunicarse, es un verdadero motor para salir adelante en las más diversas situaciones.

    Veamos algunas claves para aprender a ser asertivos.

    1. Paso a paso.
      Puede pasarte que te cueste plantear tu punto de vista, o te sientes inseguro de hacer un reclamo, o no te animas a dar un no como respuesta, entonces, entrénate en ser asertivo. Elige pequeñas situaciones potencialmente conflictivas para ir aprendiendo y tomando confianza en tu capacidad para expresar tu parecer sin sentirte avergonzado, ni huir para evitar el conflicto.
    2. Decir no.
      El asertivo es una persona positiva, pero curiosamente precisa saber decir que no, cuando eso es necesario.
      Por tanto, di no, cuando sabes que esa es la respuesta que deseas.
      Aunque te sientas ansioso, al entrenarte en el negarte a lo que no te conviene, finalmente se hará más fácil.
      Si el otro se molesta con tu decisión… ¡qué pena! Pero, tú no puedes hacerte cargo de las reacciones de los demás.
    3. No precisas dar explicaciones ni justificarte.
      A no ser que sea parte de un trabajo científico o una tarea escolar, no precisas justificar tu parecer.
      Si tú consideras que el otro puede entenderte mejor, o cambiar su idea por una más provechosa, entonces si quieres explicarte, hazlo. Pero que no sea para evitar el conflicto, sino para mejorar la relación.
    4. Ser simple y directo.
      Como parte de la comunicación auténtica, estos son pilares. No le des vueltas a los asuntos, sino que busca la manera más sencilla y clara de expresarte, de ayudar a que el otro pueda comprender tu mensaje.
    5. No hables del otro, habla de ti.
      Si tú no quieres algo, di sencillamente: no quiero, no me sirve, no estoy interesado, no estoy de acuerdo, etc.
    6. Disculparse cuando corresponda.
      No es necesario pedir disculpas por expresar tu interés, deseo, parecer, etc. Si al otro no le cae bien, es problema del otro.
      Por supuesto que eso no implica que seas un bruto y un insensible.
      Con la comunicación auténtica se trata de no agredir ni ser agredidos, pero también de ser capaces de ser honestos y no estar mendigando permiso para pensar, sentir o hacer lo que es de tu competencia.
      Pero, si metiste la pata, entonces está bien disculparse.
    7. El contenido textual es una parte pequeña del mensaje.
      Recuerda que comunicamos con el tono, la postura, la acentuación, los gestos, etc. Los expertos en comunicación nos dicen que el contenido textual es el que suele impactar menos en la comunicación.
    8. No eres una monedita de oro.
      Es decir, no todo el mundo te va a querer, no todos van a ser considerados contigo, no todos van a aceptar tus opiniones.
      Ellos están en su derecho de que no les caigas bien, o de no poder aceptar lo que tú propones.
      Tú estás en tu derecho de que ellos no te caigan bien y de no aceptar lo que te proponen.
    9. Alternativas.
      Busca al menos tres alternativas siempre y si fracasas en una, recurre a otra.  Mantén la mente abierta para jugar con nuevas posibilidades, cuando te topes con un muro real e infranqueable, ya te enterarás.
    10. Equilibrio.
      Sea cual sea la reacción del otro, tú debes mantener el equilibrio, la calma, la comunicación auténtica abierta.
      Son pocas las ocasiones en las cuales tendrás que repeler verdaderos ataques que buscan dañarte, física o moralmente. En esos casos, verás cuál es respuesta más apropiada. Pero, por lo general no estarás en situación de que otros quieran maltratarte, por tanto, una respuesta mesurada, asertiva, contundente pero amable, suele ser la mejor.
      Recuerda que l rechazo y el fracaso también son posibles, pero no por ello eres un perdedor.
    11. Conceder.
      Una gran herramienta para ser un triunfador es conceder al otro sus victorias y ventajas.
      A veces tenemos que perder un peón, y hasta la reina, para finalmente conseguir el jaque mate del interlocutor.
      Tenlo presente, pero igualmente también recuerda que no todo es confrontación, sino que es mucho más eficiente la colaboración.
    12. Respeto.
      Respeta los sentimientos de los otros y no trates de cambiárselos, pues eso es imposible.
      Mejor haz tu parte, lo mejor que puedas, y deja que el otro haga la suya.

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  • La bondad que se extiende y supera todo infierno

    Esta historia es parcialmente real, pero lo que importa es su mensaje.
    Es la leyenda acerca del Dr. Howard Kelly, uno de los fundadores del famoso hospital Johns Hopkins, en EUA.

    Allá, hacia fines del siglo XIX y principios del XX, él era un niño pobre que estaba vendiendo productos de puerta en puerta para pagar la escuela, la cual estaba con ganas de dejar, porque le era muy difícil continuar con sus estudios y trabajar para sostenerse con tantas penurias.
    Una tarde solo le quedaba una pequeña moneda de diez centavos y tenía hambre, ese día aún no había probado bocado. Decidió que pediría comida en la casa de al lado.
    Abrió la puerta una hermosa joven, y a él le dio mucha vergüenza, por ello pidió un vasito de agua. Ella lo vio hambriento y comprendió que sentía humillación de pedir, así que le trajo un gran vaso de leche y galletas. Ella le dijo que en su casa no se tomaba agua, sino leche, y con ella siempre se come unas galletas.
    Él estaba confundido pero se lo bebió muy despacio y luego preguntó: ¿Cuánto te debo?

    No me debes nada, -respondió- mi madre nos ha enseñado a no aceptar nunca un pago por una buena acción.

    Él dijo: Entonces te agradezco de todo corazón.
    Se alejó de allí sintiendo que estaba más fuerte físicamente, pero especialmente agradecido a Dios y con más confianza en que el ser humano puede ser bueno. Por ello estaba dispuesto a no darse por vencido ni a renunciar a sus estudios.

    Muchos años después, esa joven, ya madura enfermó de gravedad. Los médicos locales estaban desconcertados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad.

    El Dr. Howard Kelly fue llamado para la consulta. Cuando escuchó el nombre del pueblo de donde venía, una luz extraña llenó sus ojos.
    Inmediatamente se levantó y fue por el pasillo del hospital a su habitación.
    Vestido con su bata de médico, entró a verla. Los años habían pasado para todos, y la enfermedad había marcado ese bello rostro, pero él tenía bien grabada esa cara en su memoria y la reconoció de inmediato.
    Se hizo cargo del caso y después de una larga batalla, ella logró recuperarse.

    El Dr. Kelly solicitó a la oficina comercial que le pasara la factura final para su aprobación. Él lo miró, luego escribió algo en el borde y la factura fue enviada a su habitación.
    Ella temía abrirlo, porque estaba segura de que le llevaría el resto de su vida pagarlo todo. Finalmente miró y algo llamó su atención en el costado del billete. Ella leyó estas palabras: ‘Pagado en su totalidad con un vaso de leche y unas galletas’.

    (Firmado) Dr. Howard Kelly.

    Lágrimas de alegría inundaron sus ojos mientras su corazón feliz oraba: ‘Gracias, Dios, que tu amor se ha extendido por los corazones y las manos de los humanos’.

    No sabemos hasta dónde alcanza cualquiera de nuestras acciones, por tanto, la tarea es tratar de elegir siempre realizar buenas obras.
    En nuestra parashá lo demuestra Abraham Avinu.
    Estaba ardiendo de fiebre, porque era el tercer día desde que él mismo se circuncidó, siguiendo la orden de Dios.
    Ya tenía 99 años de edad y para colmo el calor era insoportable.
    Nadie se atrevía a andar por esa zona, cercana a lo que es el Mar Muerto, porque fue el día más caluroso de la historia.
    Sin embargo, ahí estaba nuestro patriarca, a la puerta de su carpa a la espera de algún viajero para recibirlo y convidarlo con agua y comida, sombra y descanso, y lo mejor con la presencia, alguien con quien conversar y ser escuchado.
    Porque para nuestro patriarca eso era mucho más importante que quedarse en la cama sufriendo y quejándose, encontrando excusas y no haciendo lo poco o mucho que podía hacer.
    Para él recibir huéspedes, atenderlos como si fueran príncipes y acompañarlos un rato tanto en la casa como por el camino para despedirlos, era maravilloso. Porque con ello hacía su parte para mejorar al mundo.
    Y realmente, hizo la gran diferencia para bien.

    Es un excelente modelo para todos nosotros.
    Como enseñó Maimónides: «Debemos considerarnos que el mundo está equilibrado entre el bien y el mal, será nuestra próxima acción la que determinará hacia que lado se moverá la balanza».