Ietzer haRá, el Satán, el EGO

Hay una tensión constante y normal en el hombre provocada por el balanceo entre su parte instintiva y la racional que desea estar apegada a la guía espiritual.

Lo instintivo reacciona a los estímulos según su propia irracional lógica, sin medir consecuencias, persiguiendo cumplir su tarea automáticamente. En ocasiones se infiltra y secuestra funciones mentales, poniendo a trabajar la mente del individuo para sus propios fines.

No es una fuerza malvada, ni un ángel caído, sino simplemente nuestra naturaleza actuando tal y como el Creador la ha diseñado.

Sin embargo, por su propia esencia puede desembocar en acciones perjudiciales, en causar daño y hasta la muerte. Por esto se la asocia con lo malo, porque más de una vez hace sentir mal, provoca sufrimiento, golpea, etc.

En el núcleo de esta tendencia ubicamos al que llamamos EGO, más conocido en la Tradición como יצר הרע (Ietzer haRá). La tendencia a lo malo, o también la fuerza constructiva que proviene de la naturaleza material. Su misión fundamental es rescatarnos de situaciones de impotencia, cuando estamos en riesgo real y es imprescindible la rápida reacción automática, que no pierde tiempo ni energía en vacilaciones y cálculos para lograr su objetivo. Precisamente esta cualidad esencial para rescatarnos es el núcleo de los problemas que genera cuando se pone a funcionar en situaciones en las que no es necesaria su participación. Pero, desde el nacimiento va usurpan territorios mentales, capturando el manejo de las emociones, dejando a la persona bajo su mando. Como lo hemos enseñado en decenas de oportunidades, no abundaré ahora.

(Antes de continuar, le recomiendo que lea el texto que se abre haciendo clic aquí).

En su contracara se encuentra el יצר הטוב (Ietzer haTov), ​​la inclinación al bien, la fuerza constructiva que es orientada por la NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina).

Regido por el código de ética/espiritual, incorporado al ADN de nuestra NESHAMÁ, su función es que seamos conscientes de nuestra unidad fundamental entre todas las criaturas y con nuestro Creador. Romper el imperio imaginario de la separatividad, producto de existir en un mundo material y con indispensables contrastes que nos ubican en tiempo y espacio. Porque para la NESHAMÁ no hay ni tiempo ni espacio, no hay separación, todo es unidad. Por tanto, no hay luchas, ni competencias, ni estrategias para sobrevivir, ni mecanismos para eludir riesgos reales, ni impotencia. La NESHAMÁ es chispa de la Divinidad, y por tanto por fuera de nuestra limitada comprensión.

Imagina entonces el conflicto al que estamos enfrentados de manera constante, entre las dos tendencias tan divergentes y tan necesarias.

Ambas inclinaciones son necesarias en nuestra vida terrenal, con la condición de que estén en equilibrio.

Porque la fuerza constructora del EGO desatada provoca caos, destrucción, toda forma de amargura. A pesar de ser constructiva la tendencia, por su falta de control y permanecer fuera de límites éticos, necesariamente entra en conflictos, competencias, luchas de fuerza.

En tanto que la fuerza constructiva orientada por la NESHAMÁ es insuficiente para obtener los recursos indispensables para sobrevivir en este mundo.

Es por ello que los Sabios nos han instruido a mantener el equilibrio entre ambas tendencias, sin desear la desaparición o extinción de ninguna de ellas:

“…יצר הרע לא בנה אדם בית ולא נשא אשה ולא הוליד בנים …»

«… el Ietzer Hará también es «muy bueno», pues, si no hubiera Ietzer HaRá el hombre no construiría hogar, ni desposaría mujer, y no engendraría, y no se preocuparía en asuntos terrenales tales como negocios…«

(Bereshit Rabá 9:7)

En palabras modernas, el Ietzer Hará son tus deseos, sus pasiones, tus sentimientos más primitivos, tus instintos. No son malos en sí mismos, evidentemente, pero se transforman en malos cuando quedan fuera de los límites que imponen las normas éticas/espirituales y las reglas morales acordes a la espiritualidad.

El mal se desata cuando el EGO comanda y la parte racional de la persona no mide responsabilidad o descarta el llamado ético que proviene de la espiritualidad.

Y sin embargo, sin el EGO no habría vida (al menos consciente) en el plano terrenal.

No tendríamos herramientas básicas para la supervivencia, ni el ingenio animal para obtener recursos vitales, ni el anhelo intenso por satisfacer las necesidades vitales.

Estaríamos poco tiempo en este mundo, mientras la inercia nos sostiene en la agonía veloz.

No sé si se llega a comprender el papel central en nuestra existencia del EGO, pero no me puedo extender más ahora.

Así pues, no es malo querer intimidad sexual, deseo que nace en el apetito del Ietzer haRá, pues nos rescata de la impotencia de llevar una vida limitada por la muerte. Es el mecanismo de la especie para su preservación, y del individuo para mantener  en este mundo rastros de su personalidad luego de la muerte física.

PERO, lo malo es violar, cometer adulterio, relaciones incestuosas, y otras alteraciones de las normas del código ético/espiritual.

De hecho, es un acto sagrado el coito, realizado dentro de las normas de dicho código.

Nace en nuestro EGO la instintiva búsqueda del sustento material, conseguir recursos naturales que nos provean de alimentación y nutrición.

PERO lo malo es alterar dicha tarea para robar, estafar, agobiarnos por la envidia o la avaricia, y otras rupturas del equilibrio provisto por el código ético/espiritual.

Querer una vida de espiritualidad es un deseo natural para el ser humano.

No surge del EGO, sino de la intuición inconsciente de que somos parte de la unidad universal y queremos reencontranos en ella.

PERO, el EGO se entromete en nuestra educación y queda nuestro Sistema de Creencias plagado de ideas erróneas, delirantes, disruptivas del orden dado por el Eterno y entonces dejarse extraviar por el canto de sirena de las religiones ajenas al Eterno, de las que por ejemplo endiosan hombres o mitos. Tenemos pues al Ietzer haRá haciendo lo que sabe hacer, trabajando para nuestra “salvación” pero impulsándonos hacia la zona oscura y dañina en extremo.

Entonces, el potencial del Ietzer HaRá es a-moral, neutral, depende de cómo es canalizado el adjetivo que adquirirá: si es usado para lo negativo, será malo; si es usado para lo acorde con la Torá, será bueno.

Si somos más finos con las palabras, Ietzer es familiar de ietzirá, de «creatividad», así pues, el Ietzer HaRá es «el deseo de crear cosas para la destrucción «.

Por ser una fuerza instintiva, salvaje, es poderosa, y en su estado puro es destructiva.

En realidad el egoísmo es autodestructivo, porque nadie crece si no sale de sí mismo.

Pero, cuando se la canaliza correctamente, cuando se la encamina ilustradamente, cuando se la toma fuertemente y se la conduce con riendas prudentes y firmes, el poder del Ietzer HaRá es de gran ayuda para alcanzar metas nobles, se subliman las energías en pos de una meta superior y trascendente.

Es por esto que los Sabios nos dejaron la gran enseñanza:

«כל הגדול מחבירו יצרו גדול הימנו”,

cuanto más grande es la persona, mayor es su Ietzer haRá

(TB Sucá 52a)

      Cuanto más alto ha llegado la persona en su perfeccionamiento personal, en su cumplimiento de preceptos y a fidelidad al Eterno, tanto más grande ha sido su lucha para contrarrestar la fuerza de su Ietzer HaRá, que sin embargo es usado para el Bien y no para lo malo.

      Es conocido el relato del joven que le dice a su Rebbe «Rebbe, quisiera su Ietzer HaRá«, y el maestro le reprende contestando «Jas veshalom – ¡Dios no permita!».

      Recuerda que una persona que no hace el mal porque no tiene el deseo de hacerlo, NO es buena, simplemente es pasiva.

      Sepamos esto para no condenar al que se equivoca, sino para ayudarlo a comprender los mecanismos del EGO y cómo evaporar su dominio sobre su vida.

      Que emplee la enorme energía de su interior dirigida hacia la construcción de SHALOM, a través del idioma de la NESHAMÁ con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.

      Entonces se aprecia en su real dimensión el valor del EGO:

  • Porque por una parte nos asiste en momentos de real impotencia, dotándonos de herramientas simples pero eficaces para sobrevivir.

  • También nos moviliza a expandirnos en el mundo material, conquistarlo, convertirlo en un hogar para la humanidad siguiendo el dictado del Creador cuando nos hizo. Pero hacerlo con el equilibrio necesario, con la orientación que proviene del plano espiritual, aplicando conscientemente los mandamientos del código de ética/espiritual (los Siete Mandamientos Universales para los gentiles, los 613 ,mandamientos de la Torá para el pueblo judío).

  • Porque funciona como una pesa para entrenarnos en el desarrollo del músculo. Si todo nos fuera dado automáticamente, sin esfuerzo, sin doblegar nuestros obstáculos, sin imponernos por sobre nuestra impotencia, entonces estaríamos en el mínimo grado de poder y placer. Sin embargo, cuanto más nos esforzamos por adquirir nuestra porción de disfrute, cuanto menos recibimos por lástima y más obtenemos por mérito, entonces crecemos en poder y nos acercamos a la mejor versión posible de cada uno.

    Es la idea detrás de que el hombre poderoso necesariamente lucha contra un EGO inmenso.

  • Porque gozamos en verdad, ya que lo que se recibe gratis y sin esfuerzo puede satisfacer durante un breve tiempo, tras lo cual la sensación de impotencia nos invade y nos hace despreciar la dádiva y al dadivoso, porque nos avergonzamos de nuestra situación. Pero al conquistar nuestra porción, la valoramos y con ello nos valoramos a nosotros mismos.

  • Tenemos realmente «libre albedrío», ya que no somos tontitos o títeres que hacemos lo único que podemos hacer, programados para hacer el bien. Sino que podemos hacer tanto lo bueno como lo malo, y depende de nuestra libre elección la conducta que tomemos.

    Como puedes comprobar, el Ietzer haRá es un aliado más que un enemigo.

    Siempre y cuando no le permitamos usurpar el trono del gobernador de nuestra vida, sino que permanezca ejerciendo la función para la cual fue creado.

    Estará por siempre ligado a nosotros, desde el nacimiento hasta el día que partamos de este mundo; y es bueno y necesario que así sea.

    Rezar por eliminarlo, es un error fundamental, pero estudiar, rezar, aprender y entrenarnos a usarlo en nuestro beneficio es un enorme acierto y de segura satisfacción.

    Atendamos:

«El Santo, bendito sea, dijo a Israel: Mi hijo, he creado la tendencia negativa, y he creado la Torá, que es su antídoto/condimento. Si ustedes se sumergen en Torá, ustedes no serán llevados a manos de la tendencia negativa…«

(TB Kidushin 30b)

        Su gran poder cuando es conducido por nuestra tendencia positiva, la que emana de la verdadera espiritualidad (que es actuar de acuerdo al Deseo del Eterno; ver Mesilat Iesharim cap. 5), convierte al Ietzer HaRá en un útil aliado.

        Toma en cuenta que está traducido que la Torá es tanto su «antídoto», como su «condimento».

        Que la traducción sea antídoto, supongo que no debe llamar la atención.

        Pero seguramente que llama, y mucho, que sea su condimento.

        ¿Cómo es que las emociones y pasiones sean el «alimento», en tanto que la divina Torá es meramente un «condimento»?

        ¿Acaso es una blasfemia dentro del Talmud?

        Realmente no es una ofensa contra la Torá el que la reconozcamos como un «condimento» para nuestras humanas apetencias. No le diré ahora porqué… prefiero que lo pienses un poco, y que luego continúes leyendo.

        Ten en cuenta que el Rebbe Najman de Breslov enseñaba: «Si crees que puedes destruir, cree con la misma fuerza que puedes arreglar«.

        ¿No es un bello consejo para nuestra cotidiana faena?

        El Talmud (TB Berajot 5a) nos dice que cuando sentimos el picor del Ietzer HaRá debemos despertar nuestro Ietzer HaTov, hacer buenas acciones, construir en lugar de destruir. Pero si eso no funciona, y el deseo negativo persiste, entonces la persona debe abocarse al estudio de la Torá (de aquello que tiene permitido estudiar). Si esto tampoco alcanza, entonces hay que recitar y meditar en la recitación del Shemá con su explícita aceptación del yugo divino sobre nosotros. Y si esto tampoco alcanza, entonces la persona tiene que recordar el día de su muerte.

        Así pues, como último recurso, al tener presente nuestro finito tiempo de vida terrenal, surgiría un deseo de vida, es decir, opuesto al deseo hacia lo negativo.

        Sin embargo, si somos atentos, podemos reconocer cuatro reacciones negativas al recuerdo de la propia mortalidad:

    1. El que niega el hecho, y trata de demostrar una vida plena, poderosa y avasallante; para de ese modo mágicamente apartar la idea/sentimiento de la propia desaparición física/terrenal.

    2. Está el otro, aquel que se arriesga y parece desafiar la muerte con total premeditación y confianza. Cuando de hecho es su oculto temor a la muerte lo que lo impulsa a danzar seductoramente con ella.

    3. Está el que halla al reconocer su finitud un fuerte motivo para que decaiga su ánimo, abandone todo deseo por vivir, y muera muchísimo antes de dejar de vivir.

    4. Y está el que maníacamente pone por eslogan: «A gozar que se acaba el mundo», y entonces se dedica a los deleites corporales, a todo lo pasajero e intrascendente, como medio ilusorio de escapar a su mortalidad.

    Ninguna de estas cuatro reacciones motivadas en el miedo a la muerte conduce a algo positivo, de verdadera construcción. Solamente es positivo el recuerdo del día de la muerte que pone a la persona en el camino de la justicia, la misericordia, el respeto y comprensión trascendente de las cosas de la vida. Es decir, la construcción de SHALOM.

    El  Midrash interpreta el verso «Elohim vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno.» (Bereshit / Génesis 1:31), de la siguiente manera: ‘bueno’ refiere a vida; ‘muy bueno’ refiere a la muerte.

    Debemos recordar nuestra mortalidad para amar las cosas de Este Mundo en su justa medida, sabiendo que tarde o temprano ya no tendrán ninguna importancia para nosotros. De esta manera, no olvidaremos nuestra trascendencia y propósito. (Rav Itzjac ben Rav Shelomó en Pirkei Avot 3:1).

    Y si encuentras que aún así no tiene el coraje como para confrontar su tendencia negativa, para convertirla en su aliada en su crecimiento, entonces (o incluso antes) pida ayuda de expertos en la materia, por ejemplo rabinos, maestros de Torá o consejeros psicológicos que se fundamenten en la Tradición de Israel… y nunca dejes de dirigir tus plegarias directamente al Eterno, que Él es tu mejor amigo.

    No desesperes en tu intento por canalizar correctamente la fuerza del Ietzer HaRá, que no decaiga su ánimo, no atesore en su interior sentimientos dañinos que solamente sirven para dañarlo y perjudicar al prójimo, y no tema al Ietzer HaRá. La desesperación, el desánimo, el amontonar sentimientos lesivos, el miedo al pecado son tácticas diarias del Satán/Ietzer HaRá para quebrar tu ánimo y llevarte por el camino de destrucción (TB Sucá 52b).

    Es natural que así sea, ¡recuérdalo!

    Nada de inhumano, supernatural, infernal o extraterrestre hay en el Ietzer HaRá, ¡todo lo contrario!

    Es lo más humano y natural y terrenal que podemos hallar. Si sabe esto, entonces no temerá, ni se dejará conducir por caminos que no le son de bendición (sea porque adopta ideologías foráneas idolátricas, que endiosan a «Satanás», y hacen de la lucha contra «el demonio» una meta en sus vidas (por ejemplo, los que reverencian al ídolo crucificado y su banda de forajidos); o sea porque actúa conducido por su tendencia negativa en otros aspectos menos mitológicos, pero muy perjudiciales).

    Conoce esto porque es diario el trabajo por superarse, y por eso es diario el embate de la tendencia negativa. Solamente en nuestra tumba deja el Ietzer HaRá de golpear a nuestras mentes (TB Sotá 21a).

    Para concluir, un relato que ya habíamos traído a colación en otra ocasión:

      Una vez, al entrar Rabí Pinjás de Koretz a la casa de estudio, vio que sus discípulos que habían estado hablando vivamente, callaron de pronto y lo miraron. Él les preguntó: «¿De qué hablaban?»

      Ellos: «Rabí, hablábamos acerca del miedo que tenemos de que nos persiga la inclinación al mal, el Ietzer HaRá.»

      El les contestó: «No teman por eso. Ustedes no llegaron tan alto como para que el Ietzer HaRá los persiga. por ahora, son ustedes los que lo persiguen a él».

      (Tomado de Martin Buber, «Cuentos Jasídicos I»)

      «Cuando una persona teme algo, ya está subyugada a esa cosa. Si no le teme, está por encima de la cosa»

      (Rabí Pinjás de Koretz, en «Imrei Pinjas HaSholem»)

      Con mis pacientes yo hablo del «efecto tiburón»: aquel que huye conducido por su miedo al tiburón, de hecho, ya el tiburón se lo comió.

      El miedo es otro de los grandes temas que enseñamos a conocer y dominar, aquí nos tienes para darte una mano.

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