Nos sigue instruyendo el profeta Jeremías

«וַֽיַּדְרְכ֤וּ אֶת־לְשׁוֹנָם֙ קַשְׁתָּ֣ם שֶׁ֔קֶר וְלֹ֥א לֶֽאֱמוּנָ֖ה גָּֽבְר֣וּ בָאָ֑רֶץ כִּי֩ מֵֽרָעָ֨ה אֶל־רָעָ֧ה ׀ יָצָ֛אוּ וְאֹתִ֥י לֹֽא־יָדָ֖עוּ נְאֻם־ה :
Dispusieron sus lenguas como arcos [que disparan] mentira; no para ser confiables se fortalecieron en la tierra. ‘Porque mal tras mal procedieron y no me han conocido, dice el Eterno.»
(Irmiá/Jeremías 9:2)

Tras el nacimiento, de manera natural y saludable, estamos en manos del EGO para cuando la impotencia nos acecha (cosa que suele ser demasiado frecuente).
Por tanto, nuestros primeros mecanismos para comunicarnos con el entorno son muy primitivos, dictados por el instinto.
Así mostramos nuestra impotencia y necesidad de salvación por medio del llanto, con el grito y con el pataleo.
Ese es el programa que traemos de fábrica para alertar a los que debieran cuidarnos de que estamos padeciendo de alguna impotencia y requerimos de su asistencia.
Si se dan cuenta, nos alimentarán, cambiarán el pañal, divertirán, mimarán, pasearán, mecerán o lo que fuera que nos satisfaga y haga sentir placer por sobre la impotencia.
En caso de que no obtengamos resolución, el mismo EGO se encarga de desconectarnos de la realidad (por lo común será dormir, en esa etapa de vida) como un instrumento muy eficiente para preservar energía.

Esas conductas se repiten miles de veces y se van grabando hasta convertirse en hábito, es decir, una respuesta artificial automática que recubre la reacción natural.
Esto también es parte de eso que dimos en llamar EGO, también conocido como IETZER HARÁ.
Por lo cual, ante la sensación de impotencia se dispará la reacción automática, sea la instintiva primaria o la que se le asemeja pero fue aprendida.
Lloramos, gritamos, pataleamos y/o nos desconectamos de la realidad, esperando que de esa manera mágicamente nuestro sentimiento de minusvalía sea resuelto y obtengamos satisfacción.
¿Te suena conocido en ti o en gente con la cual interactúas?

Para complicar aún más nuestra estadía terrenal, por sobre estas conductas naturales se van formando derivadas, que mantienen su meta (satisfacción mágica de alguna necesidad nacida en alguna sensación de impotencia), así como su proceder (llamar la atención, manipular, maltratar).
Quejas, insultos, protestas, amenazas, golpes, portazos, piñas, mordidas, escupitajos, malos modos, mentiras, engaños, habladurías, provocar sentimiento de culpa, palabrotas, drogarse, emborracharse, son algunas de las formaciones posteriores que quedan incluidas en el complejo llamado EGO.

Nos enseñan y aprendemos solitos a usar nuestras comunicación para no comunicar, sino para estafarnos y estafar.
Nos vamos haciendo expertos en manipular, en provocar, en agredir.
Nos hacemos fuertes, pero con el poder superficial y no verdadero (ya que el verdadero poder es reconocer al EGO y no permitir que nos someta).
Abundamos y desplegamos nuestras tácticas y estrategias de terror nacido en el EGO.
Hacemos mal, incluso aunque no tengamos malas intenciones.
Adoramos falsos dioses, todos ellos a imagen y semejanza del EGO.
Creamos sistemas de opresión, como por ejemplo todas las religiones.
Corrompemos el entorno, social y natural, llevando al mundo al caos y desastre.
Vivimos en angustia y desconcierto.
El EGO reina, y lo llamamos dios y salvador; ocultando así al verdadero Dios, Uno y Único.
Nos disfrazamos con un Yo Vivido mentiroso, que no representa a nuestra NESHAMÁ (espíritu o Yo Esencial).
Dictamos leyes que no están bajo la cobertura de la ética (ley espiritual).
Aborrecemos aquello que nos hace tomar conciencia de la falta de LUZ en nuestra individualidad y colectividad.

Repito, no siempre porque seamos mala gente; simplemente somos eso que estamos siendo, desgraciadamente.
La solución está al alcance de la mano, para todos y cada uno.
Construir SHALOM: http://serjudio.com/personas/crecimiento/si-lo-dice-jeremas-tampoco-sirve

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