Esta semana corresponde leer la parashá llamada Vaetjanán ("E imploré") que es la segunda del quinto tomo de la Torá, el sefer Devarim, conocido en español como "Deuteronomio".
Moshé está al final de sus largos y agitados dÃas.
Ya cuenta con ciento veinte años y ha sabido crecer hasta llegar a ser:
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el más grande de los profetas de todas las generaciones,
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el más noble y leal siervo de Dios,
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el mejor ejemplo de lo que un amoroso maestro de Torá debe hacer y ser,
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el más humilde de los hijos de mujer jamás nacido,
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el más paciente y confiable de los padres de una nación,
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el que tuvo el mérito insuperable de ser el medio por el cual Dios trasmitió su perfecta e incambiable Torá a las personas,
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el perpetuo rabino de la congregación de Israel.
Y sin embargo, no tiene inconvenientes en declarar honestamente:
"Oh Señor Elokim,
Tú has comenzado a mostrar
a Tu siervo
Tu grandeza y Tu mano poderosa."
(Devarim / Deuteronomio 3:24)
Reconoce que a pesar de todos sus méritos incomparables, ¡recién está en el comienzo de lo que es el conocimiento del Eterno!
Reconoce que él y todo su esplendor es como si fuera nada delante de la grandeza infinita de Dios.
¿No deberÃamos aprender todos de su ejemplo?
¡Les deseo Shabbat Shalom UMevoraj!
Moré Yehuda Ribco
Relato
Una familia muy pobre vivÃa al lado de un hombre, que habiendo sido extremadamente pobre desgraciado, habÃa llegado a estar en una situación en la cual no le faltaba de nada.
La vecina envidiosa y desesperada tenÃa por fea costumbre fisgonear para descubrir el secreto de la prosperidad del vecino.
Hasta que un dÃa éste, cansado de verse espiado constantemente, enfrentó a la mujer, y la interrogó acerca de su conducta.
La mujer, habiendo sido sorprendida, no supo qué inventar como excusa, por lo que espetó la verdad: querÃa conocer el secreto de la prosperidad del vecino.
Y él, amablemente la hizo pasar a la sala de su casa, para mostrarle un bellÃsimo jarrón.
A continuación explicó: ‘Dentro de este jarrón vive un genio, el cual cumple tus deseos, tal y como tú le pidas. La única desventaja es que es ser impaciente y malhumorado. Si no tiene lo qué hacer, pasa a ponerse cada vez más verde, hasta que por fin empieza a destruir aquello que está en su camino. Y después es difÃcil de dominar.’
La mujer envidiosa, presa de su ambición, exclamó sin meditarlo: ‘Quisiera yo tener en mi poder a ese genio… ¡ya verÃas como yo sabrÃa manejarlo! Jamás le darÃa un descanso como para que se enfurezca y rompa cosas… tantas cosas le puedo pedir y ordenar…’
El vecino le respondió: ‘Pues, entonces lleva el jarrón a tu casa. Palmea sobre él y tendrás fuera y a tu disposición al genio. A partir de ahora es tu responsabilidad.’
Llegada a su casa, palmeó sobre el jarrón y como una ráfaga apareció un nebuloso y enorme genio, el cual dijo: ‘Ordena y te daré’.
Y la mujer con su esposo pidieron un cofre con monedas de oro, lo cual tuvieron de inmediato gracias al genio.
Y enseguida una mansión.
Y luego los muebles.
Y adornos valiosÃsimos.
Y un jardÃn esplendido.
Y una mesa repleta de manjares.
Y ropas carÃsimas.
Y carruajes dignos de un monarca.
Y pidieron y pidieron durante más o menos una hora.
Y el genio obedecÃa al instante, sin replicar, sin inmutarse, sin mostrar ninguna fatiga.
Pasada esa hora, le mujer con su esposo ya no supieron lo que pedir.
Y pasó un minuto, y dos, y tres, cuando reconocieron un tinte verdoso en el rostro del genio.
Pasó otro minuto, y la piel del genio ya parecÃa el césped nuevo de la primavera.
Desesperados y aterrorizados los esposos se abrazaron, sin saber qué más podrÃan pedir.
Entonces la avara mujer tuvo una idea brillante, pedir nuevamente lo que ya habÃan pedido, pero más grande, mejor, más reluciente, etcétera.
Y con cada pedido el genio palidecÃa su tono verde, hasta volver a la coloración normal.
Pero, al cabo de media hora se acabó el repertorio de pedidos, por lo cual el genio enverdeció nuevamente.
Ahora el matrimonio pedÃa extravagancias, tonterÃas, objetos sin valor, naderÃas con la única finalidad de mantener en actividad al cumplidor y huraño genio.
Hasta que llegó la noche, primera en todas sus vidas que tenÃan lujos y comodidades sin lÃmites, sin embargo, no los podÃan disfrutar, de nada podÃan deleitarse, puesto que si se descansaban el genio cobraba verdoso color.
Y agotados, sin fuerzas para continuar, le ordenaron, le rogaron al genio que volviera a su jarrón, para que ellos pudieran descansar. Incluso le pidieron que si querÃa se llevara todas las riquezas que les habÃa concedido, pues un minuto de tranquilidad era más agradable que todas esas fortunas sin paz.
Pero por única respuesta el genio dijo: ‘Ordena que te daré’.
Y si no pedÃan, el genio se tornaba hosco y agresivo.
Esa noche se turnaron para dormir entrecortadamente, asà uno pedÃa al genio mientas el otro descansaba.
Claro, incluso asà el sueño y reposo eran cortados por el temor a la furia del exigente esclavo.
Y se lamentaban los esposos de su desgracia, que les daba tanta fortuna y lujosas posesiones.
Cuando ya estaban entregados al destino de morir a manos de su ambición fuera de control, unos de los hijos del matrimonio razonó: ‘Si el vecino tuvo al genio en su casa y alcanzó a vivir tranquilo y con ampulosidad, es que algo hay que puede detener el continuo pedir del genio. ¿Por qué no le pedimos al vecino su secreto?’.
El hijo fue e imploró ayuda, por lo cual el amable vecino les aconsejo: ‘Pidan del genio que tome un papel y comience a añadir rayitas consecutivas.’
Los avariciosos vecinos pensaron que el vecino era una persona despiadada y malvada por aconsejarles semejante tonterÃa, pero, como ya daban todo por perdido, le hicieron caso y pidieron del genio que marcara en un papel rayitas consecutivas.
Asà estuvo un buen rato el genio, rayita tras rayita, una hoja de papel tras de otra.
Al cabo de largas horas, el genio cansado pidió permiso para regresar a su jarrón.
Preguntas para meditar y profundizar:
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¿Cómo se puede relacionar este relato con el comentario que brindamos de la parashá?
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En nuestra vida cotidiana, ¿qué está ocupando el lugar del genio? ¿Y el de la mujer?
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Dice el profeta que: "dice el Eterno: Yo honraré a los que Me honran, pero los que Me desprecian serán tenidos en poco." (1 Shemuel / I Samuel 2:30 y ver Avot 4:1), ¿cuál es la enseñanza fundamental de este enunciado, y cómo se relaciona con la conducta de Moshé?
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En dos oportunidades en nuestra parashá se menciona que no hay otro poder aparte del de Dios:
"Reconoce, pues, hoy y considera en tu corazón que el Eterno es Elokim arriba en los cielos y abajo en la tierra, y no hay otro." (Devarim / Deuteronomio 4:39) y "A ti se te ha mostrado esto para que sepas que el Eterno es Elokim y que no hay otro aparte de Él." (Devarim / Deuteronomio 4:35).
Entonces, ¿acaso es posible suponer sin pecar gravemente, que existe un dios contrario a Dios (una dualidad de deidades antagónicas, al estilo del mazdeÃsmo o del cristianismo), o un dios asociado a Dios (como en el caso del politeÃsmo)?