Categoría: Creencias

  • La Fe del EGO

    Intentaremos ver en este artículo la vacuidad y ceguera de la persona de fe.

    Imagina que estás colgado en el aire, atrapado dentro de una red de pescador.
    Mira en tu mente cómo tratas desesperadamente por zafar, como sacas un dedo, una mano, pero igualmente estás apresado.
    Observa como te contorneas, haces giros, procuras eludir la soga mortal que te aprisiona, que te esclaviza, pero no haces más que dar vueltas, una y otra vez encarcelado por esas finas mallas que te cercan, que te niegan tu libertad.
    Atiende bien a esa imagen, observa como eres impotente para salir, para construir otra realidad, porque estás atrapado, eres esclavo de la red.
    Por más que tratas, nada puedes.
    Te cansas, te agotas, te desanimas, pierdes la esperanzas, se te escapan las energías, todo parece ya perdido, a pesar de que estás casi al contacto con la libertad, sigues preso y sin poder salir.

    Una imagen verídica de la fe, es la red de pescador que te atrapa, te inmoviliza y termina por provocarte la muerte; mientras insensiblemente miras sin ver el mundo allí al lado, tan cercano y vital, pero tan (aparentemente) imposible de alcanzar y de vivir.
    Envuelto por la red de fe, el hombre de fe es indiferente al mundo, que supone que le es indiferente.
    La red te rodea por todos lados, te hace sentir su opresión, te inmoviliza, te niega la posibilidad de ser libre, te atrapa, te lleva a la muerte.
    La red, tan sutil y delicada, tan llena de espacios vacíos, pero al mismo tiempo tan fuerte en su misión de prohibirte ser tú mismo.

    Esa imagen tormentosa, esa pesadilla terrible, es como podemos visualizar el poder que la fe tiene sobre la persona.
    Sí, muchos consideran a la fe como algo positivo, un valor loable, un motor de vida, pero cuando nos detenemos un instante a pensar seriamente y con fundamentos, terminamos por reconocer que la fe es una densa red, que esclaviza, que niega la vida.

    Veamos juntos cómo entenderlo.

    Fe es suspensión de la razón.
    Fe es desarticular la propia voluntad para depender de imaginarios poderes superiores.
    Fe es admitir el absurdo aún a costa del sacrificio innecesario.

    ¿Por qué es así?
    ¿Por qué la costumbre de repetir la verdad de otros?
    ¿Por qué la necesidad de hallar sentimientos de seguridad en aquello que es mortal?
    ¿Por qué permitir hundirse en el vacío del sin sentido, teniendo la capacidad potencial de construir un mundo con sentidos?

    Para comprender el poder negativo de la fe, tienes que advertir que sus raíces se sumergen en la oscuridad de los más primitivo del ser humano.
    Allí, en nuestro origen a la vida en este mundo, en el momento del nacimiento, nos vemos sometidos a una espantosa tortura sensorial, somos víctimas impotentes de la avalancha de sensaciones desconocidas y desagradables, imposibilitados de reaccionar de cualquier forma asertiva, incapaces de dar sentido a las cosas, impedidos de organizar esa espantosa pesadilla caótica que es nuestro ingreso a este mundo.
    Si bien la memoria “evolucionada” del hombre no está formada, sí contamos con otro tipo de memoria, pues en las bases más rudimentarias del cerebro primario, e incluso en la memoria somática, queda impreso el terror original, el sometimiento a la más fantástica vivencia de pavor impotente que podamos jamás volver a revivir.
    Es ese momento espantoso el trauma original que marca el resto de la existencia.
    Cada uno de los miedos, de las dudas, de las fantasías de esperanza, se vinculan con el terror primordial, con la impotencia original.
    Así como también se reiteran los mecanismos originales de supervivencia: llanto, grito, pataleo, escape de la realidad. Todos ellos inconscientes, sin premeditación, involuntarios, pero programados en nuestro ser, en nuestro instinto de supervivencia.
    Son estas herramientas primitivas las que dan origen a nuestro EGO, a nuestra forma de ser en el mundo.
    A partir de allí nos vamos llenando de cáscaras y máscaras, vivimos de tal manera que creemos ser una o más personas, cuando en realidad estamos llamando “yo” a lo que es un personaje que nos sirve para ir sobreviviendo.

    Para el recién nacido no hay orden, ni experiencias, ni lenguaje, ni historia, ni futuro, ni tiempo, ni recuerdos, ni otros, ni yo.
    Hay dolor, puro dolor, dolor multidimensional.
    Y hay recursos muy limitados, pobrísimos, pero que sirven al propósito de mantenerlo con vida al llamar la atención de algún otro que lo provea. Sin saberlo debe manipular a otro para no perderse en esa pesadilla que ni siquiera puede registrar o valorar o mitigar con “esperanza” o “fe”.

    Allí nace el EGO, a lo que llamamos yo.
    Allí nace la creencia en una deidad salvadora, a la cual someterse, a la cual esclavizarse, porque de no hacerlo, de tratar de vivir libre, entonces se volvería al abismo del dolor sin razón, a la muerte espantosa en vida.
    Todas las religiones son subproductos del EGO.
    Todas las religiones hacen suya y propia esa imagen interna de un dios salvador, del EGO que rescata de la impotencia torturante del comienzo. Cada dios, cada santo, cada mediador, cada ángel guardián, no es más que una representación externa y cultural de ese dios interno, de ese salvador mítico, del EGO al que se siente como el que ha rescatado al hombre de la impotencia, del infierno.

    Por supuesto que Dios, el Uno y Único, NO es una de esas imágenes externas del EGO.
    Pero, los que son religiosos se las arreglan para vestir sus creencias de EGO.
    Son religiosos porque no son espirituales en su vida.

    Entonces, toda religión, toda creencia religiosa, todo ateísmo religioso, tiene su base en el terror original, en la impotencia traumática del nacimiento, y en el EGO que aparece como salvador sin el cual la vida es imposible.
    El EGO, con sus menoscabadas herramientas: llorar, gritar, patalear, escapar de la realidad. Con el paso del tiempo y las experiencias varía estas formas, pero no las abandona ni se aparta demasiado de ellas.
    Entonces, no es extraño que en las religiones (deístas, teístas, ateístas, poli o monoteístas) se manipule a la gente, se pretenda modificar la realidad de acuerdo a las propias creencias, se violente, se amenace, se presione, se prometa infiernos a los pecadores y salvación especial a los que se someten al poder del dios salvador.

    La religión hará cualquier cosa para seguir manteniendo la ilusión de poder, tal como el EGO hace desde el interior del ser.
    Ni la religión ni el EGO salvan.
    Ni uno ni otro tienen real poder, pero les damos poder al someternos a sus manipulaciones.
    Ambos son impotentes, solamente capaces de reaccionas primarias, fácilmente eludibles por una persona organizada y equilibrada, pero sin embargo siguen prevaleciendo.
    La mente se nubla, el corazón trastabilla, la palabra enmudece, el hombre es derrotado por sus dioses, por esos falsos dioses que no le permiten entrar en contacto con su esencia sagrada ni en conocimiento de que mantiene un vínculo constante con el Eterno.
    La religión bloquea al hombre de reconocer su vínculo con Dios.
    El EGO bloquea al hombre de reconocer su Yo Auténtico.

    No te pido que me creas, menos que tomes mis palabras como verdaderas, pero te pido que tomes tu tiempo para reflexionar con seriedad, para releer, para evaluar estas palabras con lo que puedes constatar en los hechos.
    Si ves que me equivoco, si te das cuenta de que acaso te quiero manipular, dímelo, lo aceptaré si es que lo demuestras con evidencias concretas.
    Pero, si te das cuenta de que te estoy describiendo hechos, si te estoy alumbrando lo que sucede, también dímelo, y juntos veamos qué podríamos hacer para mejorar y mejorar a nuestro mundo.
    ¿Te animas a reflexionar ahora y a no seguir adelante hasta llegar a una idea más acabada a partir de lo que te estoy describiendo?
    Gracias.
    Porque no somos una secta, porque no nos interesa ser religiosos, porque no pretendemos dominarte, porque no queremos nada de ti para nosotros, es que somos libres de ponernos en el sitio de los que deben ser juzgados, para que aceptes porque compartes y no porque te sometes porque te estamos manipulando.

    Ahora, sigamos.

    La oscuridad, la falsedad, la ilusión es el campo de la fe.
    Ya lo había advertido el profeta hace como 2500 años atrás: «¡Ay de los que se esconden del Eterno en lo profundo, encubriendo los planes! Realizan sus obras en las tinieblas, diciendo: »¿Quién nos ve?» y »¿Quién nos conoce?»» (Ieshaiá / Isaías 29:15).
    Esos son los forjadores de la fe y sus esclavos.

    A partir de estas raíces, la fe emplea los recursos más elementales y menos espirituales para proveerse de energías y herramientas de dominio.
    Desde esa elementalidad salvaje despliega sus ramas, extiende sus hojas, se reproduce y domina.
    Y promete, y hace creer, y se rebusca para afirmar que las necesidades primitivas están siendo mágica (milagrosamente) y omnipotentemente satisfechas.
    El hombre de fe siente que su vida es plena, siendo que su plenitud radica en su imaginación y no en lo que los hechos demuestran. Siente que su hambre (de alimentos, o de espiritualidad) es saciada, pero es sólo un sentir vacío de contenido. (Aquí tienes el vacío de la fe: promesas e imaginación, nada más. Carencia de pensamiento pensante, de contenido trascendente, de respuestas coherentes, de preguntas adecuadas. Vacío de vida, de emotividad surgida del ser, de amor por el prójimo, de estima por uno mismo. Vacía de posibilidades, de alternativas, de descubrimientos, de acciones constructivas y renovadores.).

    Paradójicamente siente que su natural hambre de Dios es saciada, pues la fe le impone falsos alimentos espirituales, le da ilusiones de santidad, le llena la vida de imágenes de lo sagrado, cantos de alabanza, rituales de purificación, señales para identificar a la hermandad de fieles, promesas de paraísos, relatos de milagros y amenazas de infiernos…
    Con estas golosinas para el espíritu, el hambre de Dios es engañada, y el hombre de fe se siente satisfecho, repleto de gozo sagrado; y pobre… está tan desfalleciente de hambre que ni se percata de su situación mortal…
    En tanto, algunos hombres de fe fanatizados o aprovechadores se encargan de silenciar brutalmente las voces que pueden despertar la conciencia del dolor, de la angustia, del vacío, de la soledad, de estar siendo abusados…
    (Es cuestión de mirar a nuestro alrededor, la historia, quizás a nosotros y nuestros vecinos, y veremos -si podemos- tanto dolor que emerge de la fe…)

    Es precaria la situación de la fe, ya que se sostiene en lo primitivo, y se apoya en las distracciones y máscaras.
    Por lo cual, cuando surge alguna disensión, algo que pueda señalar la falsedad fáctica de la fe, ésta responde con un movimiento agresor que intenta extirpar aquello que demuestra su condición miserable.
    Recuerda: el grito, el pataleo, la agresión pasiva, la huida de la realidad son sus herramientas básicas, así como las conductas perniciosas que se derivan de ellas.
    Así verás que para tener fe es imprescindible amortiguar la reflexión, silenciar la duda, sepultar el raciocinio, acostumbrarse a andar hacia donde otro u otros señalan, mantenerse dentro de los marcos de la unidad de grupo, eliminar a lo distinto y distintivo, expulsar la idea de superación.

    Evidentemente que hay personas intelectualmente brillantes que están sumergidos en la fe, en la idolatría, pero resulta que la superioridad intelectual no aplicada a criticar la propia fe, es un desperdicio de talento divino. Los que cultivan el intelecto así como la verdadera espiritualidad no temen en preguntar, cuestionar, dudar, criticar duramente. Te pido que leas cualquier página del Talmud, y comprueba si no encuentras alguna pregunta en esa página. El Talmud, que es fundamental en el judaísmo, se construyó con preguntas que respondían a otras preguntas, y así hasta llegar al límite de la capacidad humana para preguntar-respondiendo. Otro ejemplo lo tienes con Avraham, que fue el primer opositor a la fe; quien no hesitó en confrontar personalmente a Dios, en defensa de lo que él consideraba justo.

    La fe es quietud, petrificación, la tranquilidad del cementerio.
    La sonrisa inmutable de la estatua, el gesto inamovible del ídolo.
    La fe es idolatría, pues es asumir que lo pasajero es eterno, y que lo falso suple con creces a la Verdad.
    La fe habla el lenguaje de la culpa, pues aquel que no está con ella, es acusado de cargar un estigma que lo condena, que lo expulsa.
    La fe habla el lenguaje de la falsa esperanza, de la ilusión, de la salvación mágica.
    La fe habla el lenguaje de la amenaza, del infierno, del escarnio, de la presión, de la manipulación.

    Piensa unos momentos en personas de mucha fe, esos que son fieles irrestrictos de alguna religión, secta, tendencia política, etc. ¿Son capaces de manifestar dudas acerca de las doctrinas de su fe? ¿Se atreven a plantear críticas a lo que es sostenido religiosamente como verdad? ¿Indagan por los motivos y finalidades de sus dogmas? ¿Se atreven a romper con la costumbre establecida? ¿Aceptan las divergencias? ¿Confrontan sus verdades con sus propios oídos, propios ojos, propios pensamientos, propias inseguridades? ¿Prometen la salvación eterna para los fieles y la total destrucción para los que no lo son?
    Obsérvalos por favor, y verás que realmente están ciegos a todo lo que es ajeno a su fe, y ciegos ante su enorme ceguera.

    Una cosa es la fe, que es ciega, que admite el absurdo, que manipula;
    otra muy distinta es la creencia, el entrenamiento hasta alcanzar la convicción, el pensamiento balanceado por la emoción, el reconocimiento de las propias limitaciones, la aceptación del misterio que rodea a la divinidad.
    Pero cuidado, que no se confunda fe con creencia.

    Veamos un ejemplo en la Torá acerca de personas de mucha fe:

    «Toda la tierra tenía un solo idioma y las mismas palabras.

    Y dijeron: »Venid, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo. Hagámonos un nombre, no sea que nos dispersemos sobre la faz de toda la tierra.»
    »
    (Bereshit / Génesis 11:1, 4)

    Un mismo pensamiento.
    Un mismo lema.
    Un mismo motivo.
    Un mismo cometido.
    Unidad sin disputa.
    Y, el miedo a desaparecer.
    Y el miedo a dejar de ser.
    Y el miedo que los mueve a actuar, a atacar.
    Es la impotencia que está detrás de todo esto.
    Es el EGO que se presenta como el único salvador.
    Es el EGO que se hace religión.
    Por lo cual, quieren elevarse por sobre su miedo construyendo una torre.
    Una que sea tan poderosa y alta que les sirva de recuerdo, de lazo, de pegamento.
    Una que alcance los cielos y desplace lo que allí tiene su lugar (en el pensamiento primitivo/infantil/alegórico el cielo es morada de Dios).
    Una torre que se afiance en la tierra, en lo más bajo y erradique lo que es trascendente, superior.
    En lugar de escribir libros, de promover la cultura, de entrenar personas en los caminos de la corrección; se recurrió al expediente de elevar piedras a los cielos, de erigir catedrales, de aquietar la vitalidad…
    En lugar de atraer el Cielo a la tierra (elevándola, sublimándola, santificándola), se quiso conquistar los cielos y poblarlos con tierra…

    En este breve relato encontramos a lo que la fe más teme, y desea hacer desaparecer de las conciencias: a Dios y por consiguiente a la espiritualidad, que es la búsqueda humana de Dios.
    La espiritualidad es el polo opuesto a la fe, ya que la energía de la espiritualidad proviene de los más altos planos humanos, de aquello que lo conecta directamente con la eternidad.
    ¿Y qué es esto?
    Pues, digamos que son tres elementos (que los podemos aprender del primer capítulo de Bereshit/Génesis):

    • Libre albedrío.
    • Creatividad.
    • Control y sublimación de los aspectos primitivos interiores.

    El libre albedrío es el fundamento de toda duda, pues sólo aquel que tiene opción de elegir libremente entre lo bueno y lo malo, puede dudar. (Un perro salvaje no duda en robar un pedazo de carne, en comerse un niño. No duda, pues no está capacitado para elegir, ni ha sido condicionado para temer las consecuencias de sus acciones. Por su parte, el humano nace dotado con el potencial de elegir libremente, sólo que es común que la tenaz cultura lo entrene en acodarse tranquilamente en los establos de la fe.)
    Al haber espacio para la duda, hay lugar para la creación, ya no es la reiteración la única respuesta.
    Aquel que duda, crea.
    Y cuando crea (o re-crea) está dominando su dimensión animal, y elevándola hacia el plano de lo espiritual. En lugar de que lo primitivo domine a la persona, enmascarándose como superioridad de la fe; lo trascendente eleva a lo inferior hacia más desarrolladas dimensiones. Cuando no es la fe la que conduce a la persona, lo primitivo es usado como combustible que eleva y perfecciona. Esto precisamente es trascender, hacer que lo inferior sea elevado, superar lo natural para pasar a un estrato más allá, estar a la búsqueda del Eterno en cada acto y situación.

    Estas tres son facetas de una misma realidad, la espiritual, que es conectar nuestra esencia con la Voluntad de Dios.
    Es hacer emerger la esencia espiritual que somos en cada acto de nuestra vida.
    No son ritos ni lemas, no son palabras gastadas e incomprensibles, no son acciones carentes de razón, sino que es la manifestación de lo más sagrado que somos y que nos enlaza constantemente con Dios.

    Para ayudarnos en la tarea de limar nuestras rudezas y construirnos como personas, el Eterno nos ha provisto de una guía insuperable denominada Torá (una para judíos y otra para gentiles), y de unos utensilios refinados denominados mandamientos (7 para los gentiles y otros 613 para el pueblo judío).
    Y es nuestro deber ser fieles a la Torá, a la que nos compete sea como gentiles o judíos, así como ser cumplidores de los preceptos que Dios nos ha marcado como propios.

    Pero, el mismo Dios que nos exige obediencia, nos ha otorgado libertad, y nos permite dudar, y nos insta a elegir razonadamente y no guiados por la confusión de la fe. Presta atención:

    «Llamo hoy por testigos contra vosotros a los cielos y a la tierra, de que he puesto delante de vosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tus descendientes, amando al Eterno tu Elokim, escuchando Su voz y siéndoLe fiel…»
    (Devarim / Deuteronomio 30:19-20)

    Dios ha puesto como testigos tanto lo más bajo como lo más alto, lo material y lo espiritual.
    Y Dios ha puesto ante nosotros dos caminos, el correcto y el que no lo es.
    Y Dios nos ha puesto a nosotros en la disyuntiva, ¿por dónde ir?
    Y Dios nos exige que escojamos, que no nos aferremos a lo preconcebido, que no seamos ciegos y vacíos, sino atentos y constructores de sentido.
    Y la preferencia de Dios es que escojamos el bien, que lo escojamos, no que lo heredemos y lo continuemos insensiblemente (pues la insensibilidad al bien, es indiferencia al mal).
    Cuando escogemos correctamente, y cuando nos esforzamos para hacer prevalecer la bendición, estamos dando vida a la creencia, que en hebreo es emuná. Emuná es una palabra asociada a entrenamiento, crianza, perfeccionamiento a base del esfuerzo y dedicación.

    Incluso el hombre de fe debe escoger, sólo que escoge pasivamente, elige sin elegir el ser llevado por la corriente, por la opinión de otros. Y entonces reza palabras de otros, canta cantos de otros, ama amores de otros, vive una vida ajena.
    Y al final, tanto el hombre de fe como el creyente son enfrentados al Supremo Tribunal, y cada acto recibe su correspondiente retribución, de cada semilla se cosecha su fruto.
    ¿Cuál crees que será la cosecha del hombre de fe?
    ¿Cuál crees que será la declaración que su espíritu impoluto dará cuando el divino Juez la pida?

    Ahora puedes apreciar cuán diferentes son la fe de piedra a la creencia constructora.
    La creencia, como habrás captado, si bien suele ser confundida con la fe, realmente es su antítesis; pues una es la estatua y la otra la persona.
    Una se mueve en el plano de las necesidades y la culpa; la otra se mueve en el plano de la trascendencia y la responsabilidad.
    Una promete seguridad y mata por conseguirla; la otra es ejercicio de la libertad, y por lo tanto es campo para la inseguridad creativa.

    Hemos explicado en otra oportunidad que por comodidad del lenguaje, o por no captar profundamente la esencia de los conceptos, a veces personas sabias en judaísmo utilizan como sinónimo fe y creencia. Es mejor no confundirlas. Tristemente algunos judíos caen ellos también en el equívoco de la fe, incluso en nombre de la Torá, de las mitzvot, de Hashem, Otros en nombre del progreso, la moda, la evolución. El judaísmo no está en esas corrientes corrientes. El judaísmo se expresa en el respeto y la oposición, en la solidaridad del individuo, en las preguntas que forman nuevas preguntas. La creencia está en la pureza de la búsqueda, en la convicción del sembrar, en la dialéctica que corre entre Tradición y Desarrollo.

    Ser una persona completa, integral, plena, es algo más que cumplir mandamientos, que vivir una vida prefabricada y ritualista; es más bien construir Shalom.
    Hacer que la Voluntad de Dios sea nuestra voluntad.
    Extirpar al EGO para que brille la Luz del Eterno.
    Erradicar la religión para que prospere la espiritualidad.

    Ya lo enseña el salmista:

    «¿Por qué han de decir las naciones: »¿Dónde está su Elokim?»
    ¡Nuestro Elokim está en los cielos! ¡Ha hecho todo lo que ha querido!
    Los ídolos de ellos son de plata y oro, obra de manos de hombres.
    Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven; tienen orejas, pero no oyen; tienen nariz, pero no huelen; tienen manos, pero no palpan; tienen pies, pero no andan; no emiten sonido con sus gargantas.
    Como ellos, son los que los hacen y todos los que en ellos tienen fe.
    ¡Oh Israel, confía en el Eterno! Él es su ayuda y su escudo.
    »
    (Tehilim / Salmos 115:2-9)

    Cuando el hombre de fe (sea la fe del ateo, del pagano, del que se cree monoteísta, del científico, del agnóstico de cualquier hombre de fe) te increpa: ‘¿Dónde está tu Dios?
    Tú, ¿qué le respondes?

  • IOM KIPUR – יום כפור

    ¿Sabrías responder a lo siguiente?

    1. ¿Es correcto decir que Iom Kipur es una fiesta judía?

    2. ¿Cómo se vinculan las Lujot HaBrit -Tablas del Pacto- con Iom Kipur?

    3. ¿Por qué se le llama “Día del Perdón”, si la voz “kipur” no quiere decir “perdón”?

    4. ¿Es el ayuno de este día para causar pena y amargura?

    5. ¿Cuál es el mensaje de esperanza y alegría de este día sagrado?

    Iom Kipur es conocido como el Día del Perdón, aunque más precisamente debiéramos traducirlo como Día de Expiación.
    Expiar significa: “Borrar las culpas, purificarse de ellas por medio de algún sacrificio”, también: “Purificar algo profanado”; ambas tomadas del diccionario de la RAE online. No es sinónimo de perdonar, ni en hebreo, ni en español.
    Entonces, ¿es correcto decirle Día del Perdón o no? Y si es no lo es, ¿por qué es el nombre más corriente?

    Veamos. Es una fiesta muy antigua del calendario judío, tiene entre nosotros unos 3320 años.
    Su origen es conocido desde el texto sagrado de la Torá.
    Pongámonos en contexto: estamos a pocos meses luego de la Salida de Egipto. Desde aquella espectacular jornada de liberación hasta el día de hoy han pasado muchas cosas. Por ejemplo, nos fue entregada la Torá en el monte Sinaí, fuimos llevados entre nubes de gloria por el desierto, desde lo Alto se nos alimenta a diario con el nutritivo maná, nuestro nombre es repetido entre las naciones a causa de las maravillas que Dios hizo por nosotros ante la vista de los poderosos de la tierra. Estamos yendo rumbo a la Tierra de Promisión, en un viaje lento pero seguro, cargado de vivencias, de pasos de liberación, de santidad.
    Pareciera que todo es muy bello, pero… también tuvimos nuestros tropiezos durante este camino.
    Uno de ellos, quizás el más severo ocurrió a las pocas semanas de haber sido testigos privilegiados de la Revelación de Dios en Sinaí, a poco de haber escuchado y afirmado que no tendríamos otros dioses delante de Dios. Según comprobamos en Shemot/Éxodo 32, una parte mínima del pueblo se dejó convencer por un grupo extranjero y revoltoso (el “erev rav”), en la confusión este pequeño grupo organizó una insurgencia con apariencia de “santidad”. Ellos hicieron fabricar un nuevo líder, para que reemplazara a Moshé/Moisés; presionaron para que se hiciera una deidad intermediaria entre los hombres y Dios; fueron ellos los que, a pesar de los milagros y hechos maravillosos, llevaron a la elaboración y erección del Becerro Dorado. Alrededor de él prepararon festines y sacrificios, festejaron a la usanza más perversa del momento. Por supuesto que se justificaban con sus “buenas intenciones”, ya que no proponían la rebelión directa, ni la herejía abierta, ni el repudio de Dios y Sus mandamientos. No, ellos no eran extremistas revolucionarios que se oponían de malos modos a Dios. Ellos eran personas “bien intencionadas” pero que adrede rechazaban los mandamientos para escoger lo que a ellos les parecía lo mejor, lo religioso, lo que les daría una buena vida en todas las dimensiones del ser.
    Así que festejaban alrededor de su Becerro Dorado, con todo tipo de placeres para los cuerpos, con muchos lemas positivos, pero sin lealtad hacia Dios y el pacto que el pueblo judío había recién sellado para siempre con Él.
    Repito, no fueron judíos los que iniciaron este descalabro, ni fueron judíos los que entraron por multitudes a adorar la falsedad. Fue la muchedumbre que salió junto a los judíos de Egipto los que hicieron esto, más un porcentaje pequeño de judíos atribulados. El resto, la enorme mayoría presenciaba en silencio, atónitos, sin saber o poder responder, sin reaccionar positivamente para corregir el desvío, sin enmendar las cosas, sin llevar a buen término lo que se estaba torciendo.
    Esa especie de complicidad por el silencio, no fue buena. La inmensa mayoría no pecó por adorar un ídolo, no se apartaron del Eterno, no se involucraron en malas acciones, pero fueron pasivos.
    El resultado fue lamentable.
    Al descender Moshé del monte Sinaí vio el gran pecado de esa muchedumbre y, por uno u otro motivo, las Lujot HaBrit –Tablas del Pacto- terminaron destrozadas en el piso. Luego él procuró ordenar las cosas, poner en su sitio a los pecadores, encaminar a los que se habían descarriado, amonestar a los que pasivamente dejaron suceder las cosas, en resumen, había mucho que solucionar, mucho por des-aprender para estar capacitados para aprender y aplicar en la construcción de individuos saludables y una comunidad santa.
    De parte de Dios también hubo que requerir el perdón, conciliar los corazones y las mentes con Él.
    Moshé condujo al pueblo a un estado de reencuentro, de reflexión, de reparación (ver Shemot/Éxodo 34). Hubo tefilá, hubo buenas obras, hubo arrepentimiento, era necesario llevar la situación por el cauce correcto.
    Este proceso de reconciliación, de abandono del mal y aplicarse al bien duró unos pocos meses.
    Desde el 17 de Tammuz hasta el 10 de Tishrei.
    En este último día Moshé descendió nuevamente del monte Sinaí, traía dones de parte del Eterno, las segundas tablas de piedra, pero no solamente éstas, también el perdón.
    El Eterno dijo y afirmó que en este día:

    ויאמר ה῾סלחתי כדברך” – “Los he perdonado según tu palabra” (Bemidbar/Números 14:20).

    Así pues, día de doble fiesta para Israel es el Día de Kipur.
    Por una parte, retornamos a la vida correcta, recibimos el perdón divino, se demostró que el pacto entre Dios e Israel es eterno, que no hay pecado que lo quiebre, siempre y cuando el hombre retorne Dios está ahí para recibirlo. Siempre.
    Por otra parte, obtuvimos nuevamente las Tablas del Pacto, el contrato visible de la alianza entre Dios e Israel.
    Doble motivo de alegría, de bienestar. Pero no del tipo de alegría que se rodea de comidas y bebidas, ni de otros deleites para el cuerpo. Sino de una alegría que nace desde lo profundo, que llena todas las dimensiones con un sentido de grandeza y de restitución.
    La vida tiene sentido, la de cada uno. La vida de cada uno, el sentido de cada uno.
    No es un pasaje desde las sombras a las sombras, con dolor y dudas en medio.
    Sino que es un paisaje pleno de valles y alturas, con luces y sombras, con caídas y elevaciones, con cantos y llantos, un paisaje que en su complejidad manifiesta la grandeza de la simpleza.
    Por ello Iom HaKipurim es considerado el día más sagrado del año para los judíos.
    El ayuno de comida y bebida es uno de sus mandamientos básicos para este día, que se entiende no como una necesidad de sufrir, no para privarse de alegría, sino para darse cuenta de que estamos formados de eternidad, nuestro código genético también es espiritual, somos hijos de Dios y cada día es bueno para vivirlo a pleno.

    Por ello Dios lo marcó como día especial en nuestro calendario judío, para que sea de expiación, para ordenar los cajones internos, para reencontrarnos con el prójimo, para aprender a conocernos y por tanto a amarnos:

    והיתה־זאת לכם לחקת עולם לכפר על־בני ישׂראל מכל־חטאתם אחת בשׁנה
    "Ustedes tendrán esto por estatuto perpetuo para hacer expiación por los Israelitas, por todos sus pecados, una vez cada año." (Vaikrá/Levítico 16:34).

    Festejemos con la alegría simple, con la seriedad necesaria, con armonía.
    Es tiempo de reencuentro, de crecimiento, de deleite sincero.
    Es hora de encontrar lo que es importante y trascendente y darle una oportunidad de tocar nuestra vida para hacerla brillar a plenitud.

    Gmar jatima tová – Que seamos inscriptos y sellados en el libro de la vida.
    ¡Shabat Shalom!

    Moré Yehuda Ribco

  • Psicosomática

    Una bella amiga del Facebook publicó esto hace un rato:

    “El Cuerpo grita …. Lo que la boca calla. La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma . Muchas veces …… El resfrió "chorrea" cuando el cuerpo no llora … El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones . El estomago arde cuando las rabias no consiguen salir … La diabetes invade cuando la soledad duele . El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta. El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan. El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar. La alergia aparece cuando el perfeccionismo esta intolerable. Las uñas se quiebran cuando el orgullo esclaviza. La presión sube cuando el miedo aprisiona . Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza …. La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad . Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega. Y tus dolores callados ? …. Como hablan en tu cuerpo ? La Enfermedad no es mala…… Te avisa que te estas equivocando de camino . “

    No tengo idea a quien se lo copió ella, de quien tomó la idea, de qué libro o blog salió originalmente, aunque no es de por sí una idea original, sino una que lleva bastante tiempo dando vueltas y siendo afirmada por multitudes.
    (Si te interesa, ve: http://es.wikipedia.org/wiki/Afecciones_psicosom%C3%A1ticas)

    Un comentario antes de continuar, no seamos tan estrictos esperando que estas relaciones sean tan exactas en su linealidad. No siempre que duele la garganta es porque algo no se dice aquello que está lastimando desde dentro. No siempre las rodillas se debilitan por un orgullo imperturbable. No siempre con todo. No es una receta mágica, no es un comprobado causa-efecto unívoco, pero sí una interesante forma de ver la exquisita relación de las dimensiones del ser humano.

    Somos multidimensionales, por tanto nuestra salud y nuestra enfermedad lo son.
    Las enfermedades suelen ser multifactoriales, no solamente “a” produce “b”, sino que se precisa que exista un entorno “c”, una variable “d”, un factor “e”, y sucesivamente hasta lo impensado.
    ¿Estás resfriado?
    Qué bien, te deseo que te mejores pronto.
    Pero seguramente no es porque no has llorado tus dolores y los ocultas dentro de sí, entones ellos encuentran el mágico camino del resfrío para que llores mocos.
    Aunque es simpática la idea, aunque es poética, aunque a la mente infantil que nos suele gobernar le guste esta todopoderosa receta encubridora-descubridora, realmente no es tan así.

    ¿Qué podemos hacer nosotros?
    Recordar que somos multidimensionales, conoceros, amarnos, perfeccionarnos, corregirnos, respetarnos, vincularnos, armonizarnos, establecer un estilo de vida saludable, perdonar, pedir perdón, nutrirnos satisfactoriamente, recrearnos, descansar, trabajar, crear, rechazar el mal, negar la religión… tantas cosas influyen positivamente y tantas otras negativamente… ¡tantas!

    Es cierto, el efecto placebo y su hermano gemelo, el nocebo, existen, funcionan, aunque no se sepa exactamente cómo, porqué, pero están ahí.
    Es cierto, nuestra mente juega un papel interesante tanto en la enfermedad, como en la recuperación, como en la prevención, como en el estado de salud.
    Es cierto, el pensamiento puede canalizar energías para el bien y para el mal.
    Es cierto, vivir en armonía multidimensional es un gran consejo.

    Ahora, a estudiar, a aplicar, a compartir, a vivir a pleno.

  • Pasión deportiva

    Confieso, no soy fanático de ver deportes, aunque sí de dedicar bastante tiempo al ejercicio físico (integral).
    Alguna que otra vez fui a partidos de fútbol, también de básquet, creo que no más… ¿algún tramo de Fórmula 1 por TV?… sí, en un par de ocasiones concurrí al espectáculo de los Harlem Globetrotters.
    Me resulta insufrible ver partidos de fútbol en la TV, cuando en los noticieros se pasan minutos y más minutos con los deportes me duermo…
    En fin… creo que se comprende el punto.

    A mí me cuesta bastante ponerme en el lugar de los que están sumergidos en ver partidos de fútbol, cada canal deportivo, revistas, suplementos de diarios, programas radiales, controversias en bares, apuestas, me cuesta bastante…
    Ese fanatismo, esa dedicación, esa inmersión por completo en la pantalla constantemente verde de sus televisores, los relatos afónicos de partidos de países desconocidos, cuadros ignorados, nombres imposibles de pronunciar…
    Se saben quién, en cuál cancha, de tantos goles, la delantera y la mejor defensa, el DT, etc., y me cuesta tanto entenderlo…

    Navegan por la Red buscando goles, resultados, tarjetas, expulsados, contratados. Goles en Youtube, pases extraños, anécdotas, viejas glorias, golpizas, llantos, sublevaciones, victorias heroicas, pasan días y días y días consumiendo con pasión eso que para ellos, los fanáticos, es tan importante, incluso pareciera más que la vida, que su familia, que sus tareas, que cualquier otra cosa.

    ¿Eres tú uno de ellos?
    ¿Es alguno de tu familia o amigos?
    ¿Los conoces?
    ¿Los padeces?
    ¿Los disfrutas?

    Esos simpáticos, o insoportables, Homeros Simpson, que se la pasan consumiendo deporte a la par de cervezas, bocaditos, golosinas, sofás, tiempo que desaparece en la nada misma…

    Alguna vez le dije a alguno de estos consumidores deportivos que llegado el momento, cuando pasase a mejor vida, que no estaría picado y molesto por no saber quien ganaría el próximo mundial, ni sería relevante quién jugó en la delantera de Peñarol del ‘66, ni el nombre de la abuela de Cascarilla Morales. Tristemente me equivoqué… pues uno de aquellos fanáticos murió a muy joven edad, de una terrible enfermedad, y en su lecho agonizante aún conversaba con pasión –la escasa que su cuerpo consumido le permitía- de viejas historias y anécdotas de fútbol…
    Se fue, al próximo mundo (o a la nada, según él), se fue y en su corazón aún ardía la llama –para él sagrada- del fútbol…
    ¿Cómo entenderlo?

    Por otro lado, están los que durante 3 días se desconectaron por completo de estas distracciones banales.
    Desde un poco antes de la puesta del sol que daba fin al año 5771 hasta la aparición de las tres primeras estrellas medias del sábado siguiente, por Rosh HaShaná y el Shabbat subsiguiente, no se conectaron a internet, no vieron TV, no leyeron diarios, no escucharon radios, no fueron a bares, no fueron al trabajo, no fueron a canchas, nada de eso.
    Como si el mundo se hubiera convertido en un lugar lejano, al mismo tiempo que pleno.
    Se dejó de lado todo lo que no fuera la santidad de estos días, el momento del juicio, cuando se presentan balances, cuando se proponen objetivos, cuando se decreta en lo Alto acerca del año que comienza.
    Si las bombas no caen sobre uno, podría haber empezado la Guerra Mundial Final, pero ni se enterarían.
    Fue el Iom HaDin, el Día del Juicio, ¿qué le importaba al inmerso en su significado si Nacional ganó o sigue de mala racha, si el Barcelona contrató a Forlán o no, etc?
    Son días tremendos, llenos de plenitud para el que está interiorizado en ellos: la vida o la muerte, la pobreza o la riqueza, la salud o enfermedad, el sosiego o la ruina, cosas en verdad fundamentales son las que están en “juego” en el día del Juicio, es lo que se estaba decidiendo, ¿quién puede tener tiempo o energía para pensar acerca de una pelota y unos tipos correteando detrás?
    De hecho, no importaba, cuando usted realmente piensa que el fútbol es una tontería, es un juego que en realidad no tiene ningún valor intrínseco.
    Aunque los enfermos por la afición me contradigan, aunque con un pie en la tumba sigan aferrados a su ídolo querido, aunque la FIFA y sus similares sigan siendo multinacionales súper poderosas, en los hechos, eso es nada, aire, sobras, sombras, falsedad…

    Si, como aquel amigo mío creía, al morir volvemos a la tierra y no existe de nosotros más nada: ¿de qué valió el tiempo y energías consumidos por la pasión?
    Si en verdad vamos a otro mundo, uno en el cual impera la verdad: ¿cuál es el valor del tiempo y energía desperdiciados en esta pasión?

    Claro que si lo tomamos como pasatiempo, si nos ayuda a relajarnos y aliviar un poco la tensión, entonces está bien, es positivo, está en función de un objetivo final elevado y trascendente.
    Si somos nosotros los que practicamos el deporte, excelente, es bueno para la salud multidimensional.
    Si lo hacemos para compartir con otros, de manera divertida, respetuosa, etc., bienvenido sea.
    Si es un hobby que no nos consume en vida, perfecto.
    Pero cuando se enajena la vida por esta pasión, cuando se vuelve importante en sí mismo, creo que es hora de respirar profundo y tomarse un descanso.
    Evaluar qué es lo que estamos haciendo, y que nos estamos perdiendo.
    Cuántos desperdiciamos en esta pasión y qué cosas realmente valiosas estamos degradando por ella.

    Es muy fácil dejarse atrapar por el deporte profesional y es un negocio que mueve miles de millones de dólares, por lo que los “dueños” lo toman muy en serio.
    Sabemos que hay personas que, literalmente, viven y son capaces de morir y matar por sus equipos.
    Es una poderosa industria, que crea sus recursos para continuar enviciando a más y más, para de esa forma seguir generando millones en dividendos por segundo.

    ¿No sería muy bueno tomarse tres días para desconectarse de estas pasiones?
    ¿Tú qué crees?

  • ¿Tú mandas en tu mente?

    Imagina a un elefante rosado con un hombre ebrio encima.
    Visualízalo bien, con detalles.
    Repite mientras lo haces: “Veo un elefante rosado con un hombre ebrio encima”.
    Velo pero favor, encuentra los detalles de esa imagen.
    Hazlo hasta que lo tengas definido claramente en tu mente, luego continúa leyendo.
    Gracias.

    Ahora, tómate un par de minutos de descanso, haz otra cosa, no sigas leyendo esto, ocúpate en algo, solo un par de minutos y luego continúa leyendo lo siguiente.

    Siéntate en algún sitio tranquilo ten a mano papel y lápiz.
    Ordénate que por los siguientes cinco minutos por tu mente no cruce la imagen de un elefante rosado con un hombre ebrio encima.
    Quédate ahí sentado, sin hacer nada, solamente viendo el reloj hasta que pasen los cinco minutos que te he pedido.
    Recuerda, no pienses en el elefante rosado con un hombre ebrio encima.
    Si pasa por tu mente, aunque solo sea fugazmente, haz una marca con tu lápiz en el papel que tienes a mano.
    Con que aparezca alguno de los elementos de la imagen, o alguna de las palabras asociadas directamente, ya es suficiente para rayar una marca en el papel.
    Gracias.

    Ahora, ya han pasado los cinco minutos.
    Quisiera que contaras cuantas veces pasó por tu mente la imagen que debías no recordar, no visualizar.
    ¿Puedes hacerlo y luego compartir con nosotros el número? Aquí debajo, en la zona de comentarios, tienes para hacerlo. Gracias.

    Supongo, pues es lo que los estudios científicos (Wegner et al., 1987) indican, que tienes más de una marca en tu papel.
    ¿No es así?
    Sí, seguramente que sí, son pocos los que logran expulsar de su mente la imagen que debe ser bloqueada.
    Pero… ¿cómo puede ser, cómo se atrevió a aparecer ese oso payaso en tu hogar si te ordenaste no pensar en ello?
    Qué… ¿acaso no eres el dueño de tu mente, de ti mismo, que no puedes poner un poco de orden en tus pensamientos por cinco minutitos?
    Vamos… intenta dar justificaciones… por favor, déjate llevar por tu impulso “natural” de elaborar alguna excusa. Está bien, quisiera que la compartieras como comentarios aquí debajo. Vamos… justifica que el intruso cruzó por tu mente, fugaz o persistentemente, y tú no tenías poder para someterlo a tus órdenes.

    Si eres de los pocos, poquísimos, afortunados que REALMENTE expulsaron la imagen intrusa de su mente, te pido que por favor también nos lo compartas y si quieres nos dices cómo lo lograste, qué método o técnica usaste para ello. Gracias.

    Ahora, dejemos a un costado esta experiencia y veamos juntos un poquito qué puede haber sucedido y de paso responder a sí eres tú quien manda en tu mente.
    Acompáñame.

    Es frecuente que quieras despejar tu mente de ciertos recuerdos o pensamientos, por ejemplo cuando giras en tu cama sin poder dormir porque aparecen una y otra vez pensamientos intrusos. O cuando no te puedes despegar de ciertas imágenes que te desagradan, aunque haces el esfuerzo para borrarlas de tu pantalla mental. O aquellas veces que te salta la duda de si apagaste la cocina, cerraste la puerta, dejaste todo limpio, etc. y no puedes relajarte y enfocarte en otra cosa hasta que vas y compruebas una y otra vez lo que te pone dudoso. O tal vez sean esas creencias que desde muy pequeño te han inculcado, sobre dioses, salvadores, infiernos, maldiciones, moralina, etc., que ahora vez claramente que no son más que un cuento espantoso y manipulador, pero que sin embargo te siguen persiguiendo y acosando como si fueran poderosos y reales. O cuando te propones hacer tal o cual dieta para bajar de peso, y no paras de suspirar por esos postres, anhelar esas golosinas, soñar despierto por aquellos bocadillos, te invaden los pensamientos y deseos por comida, justo ahora que estás en medio de una simpática dieta para dejar de ser gordo.

    Esta disputa mental, entre pretender bloquear un contenido y su insurgencia, no es un hecho trivial, inocuo, sino que puede incluso emporar la situación que se intenta evitar recordar, pensar, fantasear, etc.
    En parte por la ansiedad y/o angustia de vernos sometidos a la impotencia de ni siquiera tener el mando sobre nuestra mente, sobre nosotros mismos.
    En parte por desgastarnos en combates que resultan en fracasos, que consumen energía, recursos, que podrían ser empleados en direcciones más beneficiosas.
    En parte porque el motivo que nos llevó a querer bloquear esa imagen sigue latente, operando, vigente, trayendo a la mente contenido que nos resulta ingrato, el cual tememos o repudiamos o simplemente queremos mantener por fuera de nuestra vida.
    Todas estas, entre otras causas, son las que van engrosando el sentimiento de fatiga, de falta de éxito, de pesar, etc.

    Resulta paradójico quizás, pero las personas que no hicieron esfuerzos para evitar las imágenes, fueron atravesados por ellas en menos oportunidades, con menos rigor e intensidad.
    Es como si la batalla por suprimirlas hiciera que se fortalecieran.
    De hecho, así lo indican los estudios científicos al respecto.
    Cuanto más luchas por ocultarlos, por hacerlos invisibles, más poder tienen, con más frecuencia se introducen, más difícil es alcanzar el “control”.

    Profundizando más, se constata que son las imágenes cargadas emocionalmente las que más empujan por sobresalir a los intentos por bloquearlas mentalmente.
    Como si en la batalla de emociones censuradas y pensamientos censuradores, éstos últimos tuvieran las de perder.
    Podría parecer sorprendente, pero luego de tantos años de compartir juntos nuestros conocimiento de CabalaTerapia, no lo es tanto.
    Las emociones son el motor, el pensamiento el timonel.
    Pensamiento sin emoción, es quietud de muerte, petrificarse, rigidez, actitud estática, silencio de sepulcro.
    Emoción sin pensamiento, es caos, movimiento sin dirección, agitación, barullo, una multicolor feria desordenada.
    Necesariamente la persona debe encontrar la armonía entre sus dimensiones, dejar de luchar entre sí, descubrir que es imposible controlar todo y que al desesperarse por controlar todo más se hunde en el descontrol. Ni una punta, ni la otra, la armonización, el aceptar el surgimiento de recuerdos o imágenes molestas o pesarosas sin desmoronarse por ello, aceptando, fluyendo con la corriente que pasa y no puede ser detenida.

    La buena noticia es que cuanto más se consigue evitar enredarse con los pensamientos intrusos, cuanto menos se pelea, cuanto más uno se entrena a “dejar ser” sin ponerse en pie de guerra para evitarlo, entonces resulta que la imagen intruso se va descolorando, se va desvaneciendo, va quedando en el olvido (Trinder y Salkovskis, 1994).

    ¿Extraño?
    Cuanto más te esfuerzas por vencer, más energía gastas en taparlo debajo de la alfombra, entonces menos triunfas.
    Cuanto menos energía le dedicas a negar su existencia, sino simplemente lo ves, lo pones en su cajoncito, sigues en lo tuyo, entonces más triunfas en evaporar lo que te hace daño desde dentro.

    Vamos, si dejas la basura tirada en el piso, te tropiezas con ella a cada instante.
    Si la metes debajo de la alfombra, allí abulta y no la puedes perder de vista, y te tropiezas con ella nuevamente.
    Si sueñas con ordenar tu casa, fantaseas con un hogar pulcro, prometes que el lunes harás la limpieza general, pero no te quedas más que en palabras vacías, la mugre seguirá acosándote.
    Pero si te tomas el mínimo esfuerzo de barrerla y colocarla en el tacho de desperdicios, deja de ser un problema palpitante y se diluye.
    Un mínimo de energía constructivamente empleada es lo que se requiere para que el monstruo deje de entrometerse sin permiso y deje de provocar desbarajustes cada vez peores.
    Es decir, no luches, no te concentres en olvidar, no huyas de reconocer que allí está, porque no consigues perderlo en el camino si haces cualquiera de estas cosas. Date cuenta, ubícalo en su cajoncito, dedícate a vivir, listo.

    Entonces, si quieres dejar de fumar, no te impongas el no pensar en cigarro, está demostrado que eso aumenta el deseo de fumar (Salkovkis & Reynolds, 1994).
    Piensa en fumar, si eso te viene a la mente, no luches contra la idea, no te sientas culpable por el surgimiento de tal idea, reconoce que allí está y que es normal (eres un adicto en proceso de recuperación), simplemente no lo hagas (no fumes).
    Lo mismo para la dieta para adelgazar, seguro te vendrá a la cabeza comida, comida, comida. No luches, no te desesperes, no dejes todo por un pensamiento o dos o mil que no te dejan en paz, simplemente tenlo en cuenta, sabe que eres un gordito que está en tratamiento de reducción de peso, ve a la imagen cruzar tu mente, pero no comas de más y sigue tu plan de ejercicios saludables.

    Otra cosa, pon las ideas en positivo, no en negativo.
    Más arriba, adrede había dicho del que quiere mantener su diera para no ser gordo, recién dije para adelgazar, pero también se podría decir “para estar en buen peso y saludable”.
    ¿Cuál te parece que es la expresión que más ayuda a tener el control apropiado (en lo que puedes) en tu pensamiento?

    A partir de las pautas anteriores:

    • no luchar,
    • prestar atención un momentito y luego guardar en el cajoncito,
    • proponer en positivo,

    agregamos:

    • enfócate en otras actividades.

    Si te quedas ocioso o en lucha interna contra un recuerdo/pensamiento insurgente, entonces estás dejando a disposición del enemigo mucha energía que se revertirá en tu contra.
    Pero cuidado, que no sea una trampa al solitario.
    Si uno trata de distraerse intencionadamente de un pensamiento intrusivo, para lo cual se llena conscientemente de otros pensamientos, está escondiendo la mugre bajo la alfombra.
    Esto provoca que el proceso inconsciente sea estar alerta, con un ojo puesto a ver si el método es efectivo o no, por lo cual, se está aguardando constantemente a que el pensamiento evitado reaparezca, por lo cual, aparece.

    Por ello, no es bueno para la meta deseada el negar la presencia de lo que está y no se desea que esté.
    Por más que hundamos con fuerza el pensamiento intrusivo, éste hará la fuerza para emerger más fuerte que antes.

    No luchemos, no protestemos, no nos amarguemos, no neguemos, no nos hagamos los distraídos.

    Entonces, tú que estás en camino de recuperación, de salir de la idolatría, de la droga, de la infidelidad, de la mentira, de la pereza, de lo que fuera, no pretendas ignorar las ideas que aparecen.
    Volverá a tu mente cosas como “en el nombre de Jesús”, te estremecerás al recordar tus tiempos en la congregación de idólatras, volverán a surgir cosas que no son positivas, no te desanimes, no te dejes caer en la desesperación, no regreses a la cueva de los ladrones de la fe, no te sientas infiel a Dios, no te creas malo, no pelees contra esos malos recuerdos… déjalos ser, ellos están ahí, y no sabemos cuánto tiempo seguirán estando. Lo que sí sabemos es que obtienen fuerza de tus esfuerzos por quitarlos de en medio. No luches, no les des energía.

    Espero tus comentarios, todo mi cariño para ti.
    A construir shalom siempre…

  • En tus ojos me veo

    En nuestra parashá, breve pero intensa, encontramos el siguiente pasaje:

    "Aplicad vuestro corazón a todas las palabras con que yo os advierto hoy, para que las encarguéis a vuestros hijos a fin de guardar y poner por obra todas las palabras de esta Torá.
    Porque no son palabras vanas; pues son vuestra vida, y a causa de estas palabras prolongaréis vuestros días
    "
    (Devarim / Deuteronomio 32:46-47)

    En el transcurso de nuestra vida terrenal vamos atravesando diversos desafíos que tienen el objetivo de revelar nuestra verdadera esencia, nuestro Yo Auténtico, nuestra fuerza espiritual.
    Por medio de estas pruebas estamos en condición de aprender acerca de nuestras prioridades e ir descubriendo los objetivos verdaderos de vida que nos permitan construir un sentido a nuestra existencia.
    Esos objetivos verdaderos necesariamente están ligados a nuestra faceta espiritual, a nuestra auténtica esencia, a aquello que nos trasciende y que al mismo tiempo es lo más íntimo que nos compone.

    Son variados los desafíos, de mayor o menor intensidad y duración, podemos tener más o menos conciencia de estar involucrados en uno, pero lo que permanece constante es que la prueba debe servirnos para crecer, para encontrarnos subiendo en la escala espiritual.

    La persona que está madurando espiritualmente reconoce en cada desafío un trampolín para saltar más alto en su carrera por el mejoramiento personal y general; en tanto que la persona inmadura solamente atina a sufrir y desplomarse ante las pruebas. En vez de hacer del desafío una oportunidad, lo convierte en un obstáculo infranqueable, en un pozo oscuro y sin sentido.

    A través del estudio de la Torá es como podemos percatarnos de que todo posee un sentido trascendente, que cada elemento y suceso nos puede servir para elevarnos por sobre nosotros mismos. Por medio del estudio encontramos el sentido trascendente de las experiencias, y también el modo adecuado para responder, el sendero para vivir incluso en dificultades y no a sucumbir por ellas.
    Por esto la Torá valoriza cada una de nuestras vivencias, sea para permitirlas o para prohibirlas, pues son nuestras vivencias, nuestras acciones, los senderos por los cuales podemos alcanzar la sintonía con el prójimo, con el cosmos y con el Todopoderoso.

    Así mismo, la persona cuanto mayor desarrollo espiritual va alcanzando, por medio de su estudio de Torá y de su cumplimiento cabal de los preceptos, más trasciende la percepción subjetiva de la realidad.
    Cuando esto sucede  va reconociendo el valor de la objetividad, que es lo dado por el Eterno.
    Pero también aprende el valor que tiene la intersubjetividad, aprende a apreciar intensamente el encuentro auténtico con el otro.
    Por tanto, la persona realmente motivada por lo espiritual es más responsable hacia sí mismo, el prójimo, la sociedad y el mundo.
    Cuanto más alto llegue en su desarrollo espiritual, más altruismo desplegará en su vida y menos el egoísmo lo constreñirá en sufrimientos.

    ¿Por qué?
    Pues, porque el egoísmo se basa en el subjetivismo, en el yoísmo por encima de todo y todos. Es "mi" punto de vista el único válido y aquello que no está en consonancia es un enemigo para desterrar de la conciencia/realidad. Al respecto se nos ha enseñado: "La envidia, la ambición desmedida y la búsqueda de honor sacan a la persona de este mundo" (Pirké Avot 4:28). El que vive viendo su ombligo solamente termina por vivir en una realidad que no es la compartida por la sociedad, termina solo, amargado, pobre en afectos y gozo.
    Pero, el altruismo se basa tanto en lo objetivo como en lo intersubjetivo, es decir, en acatar los preceptos y en la apertura generosa hacía el prójimo.
    Una persona así tiene abiertos los brazos hacia el mundo, y el mundo le abraza. Al respecto se nos ha enseñado: "Rabí Meir dice: Disminuye los negocios y ocúpate de la Torá, y sé de espíritu modesto frente a todo ser humano; y si descuidaste la Torá hay delante de ti un sinnúmero de excusas vacías; y si te ocupaste de la Torá, Él tiene abundante recompensa para otorgarte." (Pirké Avot 4:10).

    Si tenemos en claro esto, sabremos que podemos encontrar nuestro ser más auténtico en el camino del encuentro con el otro, con aquel que no soy yo, que se diferencia de mí en lo externo, pero que sin embargo está en cierta medida es idéntico a mí en lo interno.
    No es meramente con meditaciones o reflexiones intensas como se aprende a conocer el Yo Auténtico, sino que es imprescindible el contacto auténtico con el prójimo.

    Sea que nos estemos llevando adecuadamente con el otro, o no, estamos en situación de desafío, el desafío de comportarnos auténticamente con nosotros mismos y con el otro.

    Cuando nos encontramos auténticamente con el prójimo, y este encuentro está mediado por los preceptos de la Torá, estamos reencontrando nuestra propia identidad espiritual, nuestro Yo Auténtico.

    ¿Por qué es importante el encuentro auténtico con el otro para encontrar el Yo Auténtico?
    Vemos como la especie humana está basada en la diversidad: numerosas razas, ideas, lenguas, rostros, naciones, etc.; no hay una persona que sea totalmente idéntica a otra.
    A pesar de la pluralidad de seres y situaciones, a pesar de la imposibilidad de alcanzar la semejanza perfecta con algún otro, no obstante somos todos hijos del mismo padre, todos descendientes de Adam.
    De un molde original han salido camadas cuantiosas de seres que si bien son similares entre sí jamás son iguales en su aspecto físico.
    Si externamente somos tan diversos, tan dispares y distantes; ¿qué nos une además de un origen en común?
    Y la respuesta la reconocemos en las palabras metafóricas del midrash (Shemot Rabbá 40:3), cuando nos dice que todos los espíritus de futuros justos estaban englobados en el espíritu original de Adam HaRishón, cada uno ocupando un sitio, ejerciendo determinada función indispensable para el "todo"1. Era un solo espíritu original que albergaba, en cierta manera, todos los espíritus de sus sucesores.
    Así pues, nos une un origen espiritual común, que es una marca indeleble espiritual que hermana a toda la humanidad.

    Al momento que me vinculo auténticamente con el otro, cuando nuestras relaciones no solamente son sinceras sino también dentro del marco de los preceptos, entonces tenemos la ocasión de descubrir esa esencia espiritual en el otro, y de esa manera vernos reflejados en parte en el espejo de su espíritu.

    Al vernos, al reconocernos en nuestra relación auténtica con el otro, estamos ante la oportunidad de asumir nuestra verdadera identidad esencial, para de esa manera vivir con mayor gozo, el gozo que proviene del ser uno mismo.

    En estas horas de reflexión, entre los Iamim Noraim y Sucot estamos en un momento de particular intensidad espiritual que debiéramos aprovechar para ser más auténticos, más cordiales y próximos a nuestro prójimo… ¿qué podemos perder y cuánto para gozar?
    ¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
    Shaná Tová – Ketivá vaJatimá Tová
    ¡Qué sepamos construir shalom!

    Moré Yehuda Ribco

    Notas:

    1 El Arizal, en el "Shaar HaGuilgulim", Hakdamá 11, nos permite reconocer que todos los espíritus estaban englobados en el del Adam HaRishón.

     

    Preguntas y datos para meditar y profundizar:

    • Respeto en camino al amor
      "No hagas al prójimo lo que no quieras que te hagan a ti"
      (TB Shabbat 31)

      • ¿Qué debemos hacer para respetar al prójimo en verdad?

      • ¿Por qué es presentado el precepto de amar al prójimo en la faceta del respeto? ¿Acaso el amor no es más abarcativo que el respeto?

    • De acuerdo al nivel
      "Cuanto más elevada es una persona, más bajo puede caer"
      (Likutei Torá 2:34c)

      • ¿A quiénes corresponden mayores desafíos en su vida, a los más fuertes o a los más débiles?

      • ¿Cómo explicar que el que está más desarrollado espiritualmente están también en mayor riesgo que el menos desarrollado?

  • Confianza en el Eterno

    En nuestra parashá está testimoniado que el Eterno:

    "es un Elokim fiel, en quien no hay iniquidad; es justo y recto"
    (Devarim / Deuteronomio 32:4)

    El rabino Y. Neiman, ztz"l  una vez escuchó al Jazón Ish, ztz"l, hacer un paralelismo entre eventos incomprensibles y la labor de un sastre magistral que toma un trozo desprolijo de género y corta, alisa, plancha y cose para crear un hermosa pieza de tela. Uno puede estar seguro de que éste es parte de n proceso creativo mayor, que conducirá finalmente a una bella vestidura. Solamente un tonto puede dudar u oponerse a los motivos del sastre.
    De similar manera ocurre con las acciones del Gran Sastre.
    Nosotros generalmente no captamos por qué Él hace esos cortes, procede con incisiones, y raspaduras. No alcanzamos a ver el producto final, que siempre es excelente y precioso.
    Nosotros debemos admitir humildemente nuestra limitada capacidad para comprender.

    El hecho es que si no comprendemos las acciones de Él, no disminuye ni modifica en absolutamente nada la existencia de esas acciones y su finalidad.
    El Todopoderoso no existe porque nosotros creamos en Él, ni precisa de nuestra aprobación para ser y actuar.

    El anciano Rebbe de Yarislav una vez dijo que él tuvo el mérito de vivir largos años porque nunca cuestionó al Eterno. Más bien, él aceptó todo con amor.
    Él remarcaba que el temía que si él buscaba una respuesta, el Eterno podría decirle: "Si no entiendes, entonces ven al Cielo para que te explique todo lo que quieras saber".
    Como él no estaba dispuesto a aceptar tal invitación, a morir, él no hacía preguntas que superaran el razonamiento humano.
    No era un tonto, ni un inepto, todo lo contrario, era un hombre de profunda sabiduría y claro entendimiento, por esto mismo, no se amargaba preguntando lo que no es humanamente posible responder.

    Confiar en el Eterno significa,
    ser responsable por nuestros actos,
    colaborar para mejorar nuestra vida y la del prójimo,
    indagar para actuar con mayor bondad,
    buscar la verdad en donde puede ser hallada,
    hacer el esfuerzo por reconocer la parte del "gran traje" que estamos siendo
    y aceptar con humildad nuestras limitación humana de no poder comprender la Obra completa.

    Quiera el Eterno que el año que está comenzando sea pleno de confianza y dulzura.

    ¡Les deseo Shabbat Shalom UMevoraj!

    ¡Shaná tová umetucá!

    Moré Yehuda Ribco

    Relatos, anécdotas y enseñanzas

    Esta es una historia real.
    Se presentó una mujer estéril ante el Maguid de Chernobil, y le rogó por una bendición para que pudiera concebir.
    El rabino gimió y dijo: "Lo siento, mi querida hija, pero no hay nada que yo pueda hacer".
    La mujer que era persistente comentó: "Usted ha ayudado a tantos otros, ¿por qué dice que no puede ayudarme a mí?"
    El rabino inflexiblemente dijo: "Lo siento, no hay nada que yo pueda hacer".
    El secretario del Rebbe contemplaba atónito esta escena, pues, nunca antes había visto al maestro tan poco empático con un visitante.
    Viendo su cara, el rabino le dijo al secretario: "Espera, todo se aclarará pronto". Mientras tanto, la mujer iba hasta el vestíbulo a llorar amargamente. Y entre lágrimas decía: "Hashem, si el santo Rebbe no puede ayudarme, a Ti es al único a quien puedo recurrir. Por favor, ¡ayúdame! ¡Permite que tenga hijos!".
    Entonces, se abrió la puerta del estudio, y el maestro salió con una gran sonrisa y dijo tiernamente: "Ven conmigo, mi hija."
    Ya adentro agregó: "Hasta ahora era evidente que tú ponías tu confianza en mí, y no en Quien debes ponerla, que es Hashem. Ahora que has entendido que Él es a Quien debes dirigirte para pedir una bendición, pues de Él son las bendiciones y las respuestas verdaderas. Yo solamente puedo guiarte hacia Él, puedo enseñarte a rezar, pero nada más".

    Solamente cuando reconocemos que la salvación está en Sus manos, es que nos aproximamos a la salvación.

    Preguntas y datos para meditar y profundizar:

    • ¿Cómo se puede relacionar este relato con el comentario que brindamos de la parashá?

    • ¿Por qué el Rebbe tuvo que ser tan inflexiblemente duro con la señora sufriente?

    • Torá salvadora
      El inspirado salmista con sabiduría nos enseña: "Mira Eterno mi aflicción y líbrame, porque no me he olvidado de Tu Torá."
      (Tehilim / Salmos 119:153).

      • De acuerdo a esta enseñanza, ¿dónde se encuentra la salvación del hombre?

      • ¿Qué ha de hacer la persona para poner en marcha dicha salvación?

      • ¿Cuál es la única manera en la cual la Torá no es olvidada?

    • No apague el despertador
      Maimónides nos esclarece: "Aunque el sonar del Shofar en Rosh HaShaná es un decreto de la Torá, hay en ello un indicio, como si dijera: ‘Dormidos despierten, despierten de su sueño, y sacudan la modorra los amodorrados; revisen en sus actos y arrepiéntanse sinceramente, y recuerden a su Creador. Aquellos que olvidan la verdad a causa de las vanidades temporales, y desperdician todo el año en tonterías y cosas vacías que no les favorece ni salva; miren por sus vidas, y mejoren sus caminos y conductas; y cada uno de ustedes abandone su camino perverso y su pensamiento negativo"
      (Mishné Torá, Sefer HaMadá, Hiljot Teshuvá 3).

      • ¿Qué es lo que siente cuando escucha el sonido tradicional del Shofar?

      • ¿Por qué es tan importante no malgastar el tiempo en cosas ociosas y vanas?

      • ¿Qué ha hecho usted últimamente para despertar de su modorra espiritual/moral?

  • Entre Cielos y Tierra

    (Esta semana corresponde leer la parashá llamada Haazinu ("Oigan") que es la décima, del quinto tomo de la Torá, el sefer Devarim, conocido en español como "Deuteronomio").

    Moshé, a modo de despedida de su amado pueblo, entona un cántico, mediante el cual quiere dejar en claro ciertos aspectos que son fundamentales para llevar una vida de bendición.
    El canto comienza con la invocación:

    "Prestad atención, oh cielos, y hablaré;
    escuche la tierra los dichos de mi boca.
    "
    (Devarim / Deuteronomio 32:1)

    Este sencillo preludio, nos afirma una enseñanza básica del judaísmo, que es de impresionante utilidad para todos los que desean ser fieles a Dios, respetuosos del prójimo, y que se estiman correctamente a sí mismos.
    La enseñanza es:
    no separes el cielo de la tierra,
    lo espiritual de lo material,
    ya que la finalidad de la persona es
    unirlos
    para vivir y gozar con ambos aspectos.

    Es difícil integrar ambas dimensiones a la vida cotidiana.
    Es muy trabajoso poder dirigirse al mismo tiempo a los cielos y a la tierra,
    atender con dedicación e integridad tanto a lo trascendente como a lo mundano.
    Sin embargo,
    la dificultad no es excusa para no hacerlo.
    El gran esfuerzo para alcanzar la meta, no es pretexto para dejar de esforzarse por alcanzarla.
    ¡Justamente lo contrario!
    Lo fatigoso debiera ser el motivo por lo cual se acepta redoblar con sabiduría el esfuerzo…

    Tenemos entonces que,
    tanto los que renuncian arbitrariamente a los bienes del mundo (ascetas por ejemplo),
    así como los que desechan el rigor propio de lo espiritual (hedonistas, o idólatras por ejemplo),
    están desperdiciando la oportunidad que tienen para llegar a ser aquella mejor persona que podrían llegar a ser.

    Hablar a/de los Cielos, en tanto se habla a/de la Tierra,
    tal como constantemente hace la Torá y los que son sus seguidores…
    ¡ese es el camino hacia la Verdad, la Paz y la Vida!

    ¡Les deseo Shabbat Shalom UMevoraj!
    ¡Jatimá Tová!

    Moré Yehuda Ribco

    Relato

    R. Eliahu Jaim Meisel acostumbraba dar una gran cantidad de dinero para tzedaká. Sus conocidos lo amonestaban por esto, ya que los Sabios con precisión estipularon que para caridad no debe darse más de un quinto de los ingresos.
    R. Eliahu Jaim entonces respondía: ‘Tienen razón, y estoy en un gran predicamento del cual no encuentro salida. En una ocasión violé el mandato de no sobrepasar el quinto de los ingresos para tzedaká. Para arrepentirme, obviamente que di tzedaká, pues es lo más recomendable para enmendar la conducta y apartarse del pecado. Pero. al hacerlo, pequé nuevamente, pues me sobrepasé otra vez del quinto de mis ingresos que pueden ser destinados para tzedaká. Y entonces, para arrepentirme di dinero para caridad. Y desde entonces estoy atrapado en un círculo vicioso del cual no encuentro la salida…’


    Preguntas y datos para meditar y profundizar:

    • ¿Cómo se puede relacionar este relato con el comentario que brindamos de la parashá?

    • ¿Está pecando realmente R. Eliahu en esta anécdota de su vida?

    • ¿Cómo se puede vincular la bendición, por ejemplo: "Bendito eres Tú Eterno, Rey del universo, creador del fruto del árbol", con la enseñanza que nos da el comentario de la parashá?

    • Shem MiShemuel en la parashá Ekev se planteó: "¿Por qué está dicho: "Comerás, y te saciarás y bendecirás al Eterno tu Dios" (Devarim/Deuteronomio 8:10) ¿Acaso no es suficiente que hayamos comido, para entonces bendecir a Dios? (¿Por qué añade: "te saciarás")  Y la respuesta es: como un niño, si el cuerpo no está contento, entonces el espíritu no puede permanecer centrada en el cumplimiento de su misión, que es la de servir a Dios…"
      Vincular esta reflexión al comentario de la parashá.
      (El Rebbe Sokatchover (Rabí Avraham Borenstein, 1830-1910, es el autor de " Shem MiShmuel", un comentario de la Torá impregnado de jasidismo y Cabalá).

  • Dos formas de andar por la vida

    "Escuchen, cielos, y hablaré; Y oiga la tierra los dichos de mi boca.
    Goteará como la lluvia mi doctrina; Destilará como el rocío mi razonamiento; Como la llovizna sobre la grama, Y como rocío sobre la hierba:" (Devarim 32:1,2)

    De esta manera comienza la parashá, y ya desde el inicio es llamativa la duplicidad de términos: "escuchen – oiga"; "hablaré –dichos de mi boca"; "como llovizna – como rocío", seguramente alguna razón deberíamos reconocer en esta reiteración aparente de la Torá.

    En la Torá cuando se utiliza el verbo ledaber (hablar) significa que el hablante dirá cosas severas y muchas veces difíciles de soportar por parte del que escucha; en cambio el verbo lehemor (decir) es expresarse con términos más, digamos, simpáticos para el que oye. Así pues, conociendo del uso del lenguaje en épocas bíblicas resolvemos rápidamente que la aparente primera repetición no es tal, la primera parte del pasuk habla (medaber) en forma tajante, dura; en tanto que su segunda parte se aproxima más plácidamente al oyente.

    De acuerdo a dos tipos de personas se expresa en este momento la Torá, para aquellos que deben recibir palabras austeras y a la vez inquebrantables, como lo es en aspecto el cielo; y para aquellos que son recios y al mismo tiempo quebradizos, como tierra, que deben ser hablados de manera clara y cálida.

    Y para reconocer que esta interpretación no es descabellada, es que nos encontramos con las otras aparentes repeticiones. Sabemos que hay plantas que son perjudicadas por las lluvias, en tanto que otras crecen mejor con ellas. Y están aquellas que sobreviven gracias al tenue rocío, mientras que para otras éste es casi inútil.

    Lo mismo que las personas que mencionamos, a algunos les alcanza con que les hablen cordialmente, pues así comprenden; mientras que con otros hay que fortificar el tono del mensaje, para que les baste, o al menos les roce sus oídos, y quizás sus entendimientos.

    Y como última prueba tenemos el uso de lehaazin (escuchar) y el de lishmoa (oír), que, en este caso al igual que en español, en hebreo son bastante distintos.

    Escuchar es el acto, generalmente pasivo, de la percepción sonora. Es la acción del órgano físico.

    En tanto que oír, es prestar atención, hacerse cargo de lo que se escucha, entender y actuar en consecuencia.

    Por ejemplo, si uno pasa frente a un indigente que pide ayuda, se lo escucha, pero si la consciencia no reacciona, si la mano no se extiende para ayudar, entonces, sólo (quizás) se escuchó el llamado de auxilio; pero, si en similar situación uno se esmera en la mitzvá de tzedaká, entonces oyó el llamado.

    Dos formas de andar por la vida, dos formas de reaccionar ante lo mismo.

    Uno, (el que oye) es tratado por Moshé en la Torá con suavidad y con apreció; mientras que, el que escucha, escucha reprensiones, advertencias o elogios empañados por la rigidez de la voz.

    El grito de afirmación nacional durante generaciones fue: "Shemá Israel…", "Oye Israel…", parece que es muy claro cuál es el ideal de la Torá…

     

    Preguntas:

    1. Por qué son castigados los hebreos?
    2. ¿Por qué H’ permite que las naciones enemigas maltraten a Israel?
    3. ¿Cuáles son los grandes pecados de Israel?
    4. ¿En qué se diferencia esta parashá al resto de la Torá?
    5. ¿Quiénes son las herramientas de H’ para ajusticiar a los israelitas?
    6. ¿Cuándo H’ perdona a los hebreos?
    7. ¿Quiénes son puestos como testigos por Moshé?
    8. ¿Por qué ellos?
    9. De acuerdo a este resumen, ¿a que lleva el orgullo de la persona?
    10. ¿Por qué a veces el castigo de H’ parece que no llega?
  • Ya está aquí

    Está escrito en la parashá: “Porque no son palabras vanas (las de la Torá); pues son vuestra vida, y a causa de estas palabras prolongaréis vuestros días en la tierra que para tomarla en posesión cruzáis el Jordán." (Devarim / Deuteronomio  32:47)

    “El ciclista desprevenido no advirtió el enorme bache frente a sí, tropezó, y aparatosamente cayó, enredándose luego con lo que quedaba de su bicicleta.
    Pronto alguien lo liberó de los fierros, pero estaba bastante maltrecho.
    Presurosa una pequeña y joven mujer se aproximó a auxiliarlo, mientras los curiosos se arremolinaban en torno.
    En eso, llega un muchacho enorme y forzudo, que grita: ‘Deje paso al experto, yo sé primeros auxilios’ -mientras la aparta bruscamente-.
    Ella mira junto a los otros espectadores unos minutos las técnicas del "socorrista", hasta que dice en voz alta y llena de aplomo: ‘Cuando crean que sea el momento de llamar al médico, ahórrense el teléfono… ¡ya estoy aquí!’”

    En ocasiones ponemos de lado lo importante y necesario, por considerar que lo más vistoso y llamativo es lo que mejor sirve, o es a lo que hay que prestarle atención.
    ¿Será éste un correcto proceder?

    Shabbat Shalom – Guemar Jatimá Tová les desea Yehuda Ribco

    Destellos de la parashá

    Sidrá 53ª de la Torá; 10ª del sefer Devarim.
    Entre pesukim 31:1 y 32:52.
    Haftará en Shemuel II 22:1-51.

    Moshé continúa despidiéndose de su pueblo.
    En esta ocasión con un cántico.
    En él se recuerda la relación especial que el Eterno mantiene con Israel.
    Un vínculo como de Padre con sus hijos.
    Pero, es una relación con altibajos. Pues, el Pueblo es a menudo infiel, abandona al Eterno para irse detrás de las vanidades que le llama la atención.
    Y eso provoca un distanciamiento doloroso para ambas partes del Pacto Eterno.
    Pero, cuando Israel retorna a la senda de la corrección, Dios apresura Su Misericordia y Su Perdón, brindando a la "niña de Sus ojos" (Devarim / Deuteronomio 32:10), a los hijos de Iaacov, una nueva oportunidad para el crecimiento, para el mejoramiento.

  • ¡Regresa!

    "Ciertamente Hashem juzgará a su pueblo y tendrá misericordia de sus siervos, cuando vea que se agota su fuerza y que no queda nadie, ni preso ni abandonado." (Devarim / Deuteronomio 32:36)

    "Llega el hombre al Olam HaBá (Más Allá) e indignado pide hablar con Dios.
    — ¿Qué ocurre? -le preguntan.
    — Me han mentido, me habían dicho que Dios iba a estar siempre conmigo, ¡y miren!, ¡compruébenlo por ustedes mismos! Vean hacia atrás en mi vida, y verán que en efecto hay dos pares de huellas, un par son mías, el otro par de seguro son las de Dios…  
    – Es así, es verdad, entonces, ¿cuál es tu queja?, ¿acaso Dios no estaba contigo?
    — ¡No!, miren bien. Vean como en los momentos de crisis hay un sólo par de huellas… Dios cuando yo estaba mal me dejaba solo… ¿eso es compañía?
    — Lo que ocurre es que, ese único par de huellas en tus épocas de crisis son la marca de Dios, que te llevaba cargando cuando tú ya no podías dar un paso por ti mismo…"

    "¡Vuelve, oh Israel, a Hashem tu Elokim; porque por tu pecado has caído!" (Hoshea / Oseas 14:2) con estas palabras comienza la haftará para este Shabbat entre Rosh HaShaná y Iom Kipur, y es muy sugerente.
    Dios siempre está con nosotros, incluso cuando (por nuestra decisión) ha des-aparecido de nuestras vidas; incluso cuando creemos que estamos solos y sin fuerzas abandonados… en lo peor, Él es fiel… aunque nosotros no lo seamos…
    Pero, ¿qué es lo que Dios quiere? Pues, que nosotros regresemos a lo que nos hace crecer, mejorar, superarnos… que retornemos a Él, de este modo estaremos imprimiendo nuestras huellas junto a las Suyas en el camino de la Vida…

    ¿Queremos regresar al que nos acompaña siempre?
    ¿Somos capaces de emular al Eterno en su paciencia, amor y misericordioso juicio?
    ¿Tenemos el valor de reconocer que son sus huellas las que quedan impresas en épocas funestas, porque sólo Él está con nosotros en el tormento?
    ¿Queremos crecer?
    ¿Queremos reconocer que sólo nos sirve la compañía de aquel que con su inquisitivo amor nos obliga a buscar nuestra superación, o preferimos la modorra de las ilusiones (ídolos vacíos que sólo sirven para llenar nuestro vacío solitario) que finalmente acaban en inmenso vacío y alejamiento… en miserable NADA?

    Al contrario de los ídolos, de lo que nos deslumbra momentáneamente, el que nos ama realmente nos confiesa: "Yo los sanaré de su infidelidad. Los amaré generosamente, porque mi furor se habrá apartado de ellos." (Hoshea / Oseas 14:5)
    ¿Estamos preparados para asumir semejante amor, que incluso cura la infidelidad, el furor?

    Este es el tiempo de la reflexión… Kippur nos aguarda. El día del Veredicto está ya aquí, pero, recordemos… instantes después comienza Jag (Sucot), se inicia el summum de la dicha y alegría… el reencuentro bajo el "palio" de los novios eternos… ¿estamos preparados para esto? ¿Somos capaces de despertar y regresar a nosotros mismos?

    "¿Quién es sabio para entender estas cosas, y prudente para que las conozca? Ciertamente los caminos de Hashem son rectos, y los justos andarán por ellos. Pero los rebeldes tropezarán en ellos." (Hoshea / Oseas 14:10)

    Ojalá dejemos de tropezar y comencemos realmente a andar por el camino del retorno… de la plenitud junto a quien debemos estar…

    Amén

     

    Profundizando esta semana:

    1. ¿Quiénes con puestos como testigos por Moshé?

    2. ¿Por qué este es el Shabbat "Shuva"?

    Respuestas para la semana anterior:

    1. A elegir entre actuar de forma correcta o no.
    2. Porque no hay nadie que tenga supremacía sobre otro, todos somos miembros fundamentales e indispensables.

    Destellos de la parashá


    Con un canto Moshé pone a los cielos y a la tierra como testigos objetivos sobre la conducta de Israel.
    Es necesario este distanciamiento, porque a veces la separación y la distancia permiten atender y reconocer situaciones, conductas y actitudes que en la monotonía de la rutina pueden estar ocultas a la comprensión, o incluso a la percepción.
    Por eso también nos aconseja que seamos aténtenos en nuestro proceder, pues en última instancia, somos (en enorme medida) los responsables de lo que vivimos. A veces los hechos nos superan, somos víctimas de fenómenos de la naturaleza, o de la maldad o indolencia de otras personas. Pero, en numerosas oportunidades sólo sufrimos lo que hemos sembrado… y es a eso que apunta la enseñanza de Nuestro Maestro Moshé, a que sepamos plantar las semillas de Bien… pues, si plantamos de éstas, lo más probable es que cosechemos beneficios; pero, si plantamos semillas erróneas (voluntariamente o no), ¿qué podremos obtener finalmente?
    El Eterno es un misericordioso juez de plena Justicia, por lo que, el que anda por los caminos del Bien, necesariamente obtendrá Bien… aunque a veces nos cueste darnos cuenta de este hecho básico y sostenido con firmeza por la Torá.
    Y, cuando comprendemos que hemos estado actuando de manera equivocada, e iniciamos el camino del "retorno", de la Teshuvá, hay un Dios que nos espera anhelantes.

  • Viendo lo que está

    La semana pasada leímos el primer día de Rosh HaShaná lo siguiente en la Torá:

    "(14) Entonces Avraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella partió, y andaba errante por el desierto de BeerSheva.

    (15) Y faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un árbol;

    (16) Y se fue y tomó asiento enfrente, alejándose como un tiro de arco; porque decía; No veré cuando el muchacho morirá; y tomó asiento enfrente, y alzó su voz y lloró.

    (17) Y oyó Elokim la voz del muchacho; y el ángel de Elokim llamó a Agar desde el cielo, y le dijo; ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Elokim ha oído la voz del muchacho en donde está.

    (18) Levántate, alza al muchacho, y ásele de tu mano, porque en gran gente lo tengo de poner.

    (19) Entonces abrió Elokim sus ojos, y vio una fuente de agua; y fue, y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho." (Bereshit 21)

    Es muy común hablar de que cada cual tiene su verdad, y que todas son respetables y verdaderas… pero, tanto con sentido común, como para el judaísmo hay una única verdad, y esta es Hashem. Es más, incluso un nombre de Él es EMET, VERDAD.

    Tal como está expresado esta semana en la parashá: "…Porque todos Sus caminos son rectitud; Elokim de verdad, y ninguna falta hay en Él; Es justo y recto. La corrupción no es suya…" (Devarim 32:4,5)

    Cuando llegan estos días de Tefilá, Teshuvá y Tzedaká, es importante no buscar excusas, ni mentirnos (queriendo o sin querer) sobre nuestra conducta. Pues suele suceder lo que advierte Moshé esta semana: "De la Roca que te crió te olvidaste; Te has olvidado del Elokim tu creador." (Devarim 32:18), es decir, nos habituamos a olvidarnos de la Verdad (H’), y de los bienes que Ésta nos ofrece.

    Cuando, lo imprescindible es intentar encontrar el EMET.

    Porque muchas veces nos dejamos impresionar por lo que creemos que es la verdad, y que es lo que nuestros ojos ven, o dejan de ver, olvidando que la Verdad existe independiente de que nosotros la creamos o no, de que la conozcamos o no.

    Y, nuevamente la parashá Haazinu reafirma este mensaje de Iamim Noraim: "Vean ahora que Yo, Yo Soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y Yo hago vivir; Yo hiero, y Yo curo; Y no hay quien pueda librar de mi mano." (Devarim 32:39) – "no hay dioses conmigo", es decir, la única Verdad es Él.

    Tal como le ocurrió a Agar en el relato de la Torá, que tenía el agua para salvar a su hijo y salvarse ella, frente a sus propios ojos. Pero, éstos estaban cerrados, no podían o no querían ver el agua.

    Recién cuando H’ descubrió la inocencia de estas personas, hizo para ellos un "milagro".

    ¿Y cuál fue este milagro?

    Pues, que los ojos que no veían, fueran abiertos y reconocieran que todo el tiempo frente a sí estaba la salvación.

    Roguemos en estos días para que no ocurra más lo que sufrió Moshé: " Verás por tanto delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel." (Devarim 32:52).

    Que H’ nos permite contemplar todo lo bueno que hay frente a nosotros, y que lo podamos disfrutar con paz y crecimiento junto a nuestros seres queridos.

    Preguntas para esta semana:

    1. ¿Cuántas verdades existen, y por qué esta cantidad?
    2. ¿Cómo llegar a la Verdad?