Dos formas de andar por la vida

"Escuchen, cielos, y hablaré; Y oiga la tierra los dichos de mi boca.
Goteará como la lluvia mi doctrina; Destilará como el rocío mi razonamiento; Como la llovizna sobre la grama, Y como rocío sobre la hierba:" (Devarim 32:1,2)

De esta manera comienza la parashá, y ya desde el inicio es llamativa la duplicidad de términos: "escuchen – oiga"; "hablaré –dichos de mi boca"; "como llovizna – como rocío", seguramente alguna razón deberíamos reconocer en esta reiteración aparente de la Torá.

En la Torá cuando se utiliza el verbo ledaber (hablar) significa que el hablante dirá cosas severas y muchas veces difíciles de soportar por parte del que escucha; en cambio el verbo lehemor (decir) es expresarse con términos más, digamos, simpáticos para el que oye. Así pues, conociendo del uso del lenguaje en épocas bíblicas resolvemos rápidamente que la aparente primera repetición no es tal, la primera parte del pasuk habla (medaber) en forma tajante, dura; en tanto que su segunda parte se aproxima más plácidamente al oyente.

De acuerdo a dos tipos de personas se expresa en este momento la Torá, para aquellos que deben recibir palabras austeras y a la vez inquebrantables, como lo es en aspecto el cielo; y para aquellos que son recios y al mismo tiempo quebradizos, como tierra, que deben ser hablados de manera clara y cálida.

Y para reconocer que esta interpretación no es descabellada, es que nos encontramos con las otras aparentes repeticiones. Sabemos que hay plantas que son perjudicadas por las lluvias, en tanto que otras crecen mejor con ellas. Y están aquellas que sobreviven gracias al tenue rocío, mientras que para otras éste es casi inútil.

Lo mismo que las personas que mencionamos, a algunos les alcanza con que les hablen cordialmente, pues así comprenden; mientras que con otros hay que fortificar el tono del mensaje, para que les baste, o al menos les roce sus oídos, y quizás sus entendimientos.

Y como última prueba tenemos el uso de lehaazin (escuchar) y el de lishmoa (oír), que, en este caso al igual que en español, en hebreo son bastante distintos.

Escuchar es el acto, generalmente pasivo, de la percepción sonora. Es la acción del órgano físico.

En tanto que oír, es prestar atención, hacerse cargo de lo que se escucha, entender y actuar en consecuencia.

Por ejemplo, si uno pasa frente a un indigente que pide ayuda, se lo escucha, pero si la consciencia no reacciona, si la mano no se extiende para ayudar, entonces, sólo (quizás) se escuchó el llamado de auxilio; pero, si en similar situación uno se esmera en la mitzvá de tzedaká, entonces oyó el llamado.

Dos formas de andar por la vida, dos formas de reaccionar ante lo mismo.

Uno, (el que oye) es tratado por Moshé en la Torá con suavidad y con apreció; mientras que, el que escucha, escucha reprensiones, advertencias o elogios empañados por la rigidez de la voz.

El grito de afirmación nacional durante generaciones fue: "Shemá Israel…", "Oye Israel…", parece que es muy claro cuál es el ideal de la Torá…

 

Preguntas:

  1. Por qué son castigados los hebreos?
  2. ¿Por qué H’ permite que las naciones enemigas maltraten a Israel?
  3. ¿Cuáles son los grandes pecados de Israel?
  4. ¿En qué se diferencia esta parashá al resto de la Torá?
  5. ¿Quiénes son las herramientas de H’ para ajusticiar a los israelitas?
  6. ¿Cuándo H’ perdona a los hebreos?
  7. ¿Quiénes son puestos como testigos por Moshé?
  8. ¿Por qué ellos?
  9. De acuerdo a este resumen, ¿a que lleva el orgullo de la persona?
  10. ¿Por qué a veces el castigo de H’ parece que no llega?

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