Categoría: CTerapia

  • Plan para ser feliz

    Algo te molesta.
    Estás disconforme.
    Sientes como que algo no encaja.
    Te das cuenta que estás perturbado por alguna cuestión, pero no puedes identificarla. Quizás señales varios factores, e incluso crees que estás absolutamente en lo cierto, pero si analizas no lo tienes tan claro.
    En resumen, es un algo difuso, confuso, desdibujado y que sin embargo tiene un poder sobre ti, como para dejarte en un estado de impotencia.

    ¿Cómo podemos mejorar?
    Atiende estas ideas.

    Situación.
    Toma conciencia del instante en el cual te sientes fastidiado.
    No lo dejes pasar.
    Apunta qué estabas haciendo momentos antes, qué te decían, qué pensaste, que estaba sucediendo alrededor.
    Trata de ser preciso en los detalles, porque muchas veces en ellos están las pistas para las respuestas.
    Luego, como estarás llevando un registro por escrito, podrás reconocer si hay algún patrón que se esté repitiendo y que pudiera explicar la aparición de tu sensación desagradable. Tal vez no lo haya, podría ser un evento único o primerizo, lo sabremos al tener una memoria anotada para estudiarla.

    Reacción.
    ¿Cómo respondes?
    ¿Cuáles son tus reacciones?
    ¿Es efectivo lo que haces?
    ¿Tienes un patrón habitual?
    ¿Puedes darte cuenta qué pretendes con tales conductas?
    ¿Remedia o mitiga tu malestar?
    ¿Tienes un repertorio de respuestas alternativas?
    ¿Intentaste otra cosa?
    ¿Empeora tu desagrado?
    ¿Qué efectos tiene en la gente que te rodea?
    ¿Son reacciones emocionales, físicas, mentales?
    ¿Cuáles resultan ser más efectivas?
    ¿Alguna de ellas es temprana, es decir, que impide una mayor potencia en el malestar antes de que suceda?
    Necesitarás también llevar anotaciones sobre esto, vinculadas a las situaciones que apuntaste anteriormente.

    Deseo.
    Al haber analizado cuidadosamente los apuntes de las dos anteriores, seguramente tendrás una mayor claridad y entendimiento de lo que está sucediendo, aunque tal vez no puedas especificar cual es el gatillo que dispara tu malestar.
    Es hora de desear una experiencia mejor, más placentera, que te refuerce.
    ¿Cuál preferirías que fuera tu conducta en lugar de la frecuente?
    ¿Qué podrías hacer para alcanzar lo que deseas?
    ¿Puedes visualizarte en esa situación diferente a la habitual?
    ¿Puedes sentir lo que sentirías viviendo tu deseo?
    ¿Cómo lo podrías describir con detalles?
    ¿Cómo sería la foto de ese momento?
    Escríbelo también. Se cuidadoso en los pormenores.

    Prepara.
    Llega el momento en el cual debes elegir una opción más provechosa para ti, que te mueva para alcanzar tu deseo y superar así las situaciones de malestar.
    ¿Qué paso estás dispuesto a dar y lo darás?
    ¿Cuál es el paso alternativo, si éste parece no funcionar?
    ¿Cómo seguirás adelante, luego de encontrarte en una nueva situación?
    ¿Cuáles podrían ser los elementos que te favorezcan a estar más relajado, confiado, calmado, seguro?
    ¿Estás aprovisionado de lo que precisas para tu aventura?
    ¿Tomaste en cuenta los consejos y lecciones de los que estuvieron antes en situaciones similares, o tienen conocimientos al respecto?
    ¿Quitaste peso a las excusas para enfocar tu mente en alcanzar tu meta?
    ¿Incluiste el rezo en tu plan, pero no para hacerlo la única herramienta a la espera de algún milagro, sino como un aporte más en tu colección de instrumentos?
    ¿Estás dispuesto a arriesgar, con precaución, para salir de tu zona de confort que termina siendo tan fastidiosa?
    ¿Adviertes los probables bloqueos y retrasos que pudieran amargar tu avance? ¿Tienes un plan para eludirlos, o mejor aún, para convertir los obstáculos en trampolines y alcanzar mayores logros?
    Sí, también es buena idea que escribas la lista de elementos que te ayudarán a actuar, y que repases si estás listo.
    Pero, no te quedes en evaluaciones y propuestas, tómate un tiempo limitado para luego obligatoriamente pasar a la acción novedosa. El dejar para luego es una excusa tan corriente que hasta da pena que la sigas usando. Si esperas a que todo esté orquestado como supones debe estar para actuar, seguramente te quedarás en tu celdita o pasarás a una peor.

    Acción.
    No permitas que las excusas y justificaciones te mantengan encerrado en tu celdita mental.
    Haz lo que tengas que hacer, sin dedicarte a juzgarte severamente, pero tampoco te exoneres con facilidad.
    Que tus obras sean de construcción de SHALOM, es decir, basadas en la bondad y la justicia.
    Seguramente habrá errores, fracasos, logros a medias, retrasos, retrocesos, es decir cualquier cosa que te pone en estado de impotencia, o sentirte así. Lo sabes y por ello no te hundirás en auto reproches, ni en huidas a la celdita que tanto conoces. Tampoco estarás presuroso a señalar culpables ni a abandonar tu tarea. Tomarás los contratiempos como algo obvio, natural, parte de nuestra condición humana y no por ello justificarás vivir en derrota y pereza. Es decir, te caerás de la bici para volver a subirte y seguir pedaleando por la vida. Si te quedes desparramado en el piso, avergonzado por la mirada de otros, por lo que supones que ellos piensan de ti, apenado por tu debilidad, seguirás siendo impotente, inepto, sufridor compulsivo. Ríete, quiérete, respétate, vuelve a reír de ti, levántate y pedalea.

    Evaluación.
    ¿Cómo te sientes con tu nueva estrategia y puesta en práctica?
    ¿Qué obtienes?
    ¿Qué evitas?
    ¿Es lo que imaginaste?
    ¿Quieres algo diferente también a esto?
    ¿Estás mejor?
    ¿Qué harás a continuación?
    ¿Cómo lo harás?
    ¿Qué cambiarás de tu planificación?
    ¿Sientes el poder que dispones?
    ¿Ya puedes identificar aquello que te mantenía preso en tus estados de malestar?
    ¿Puedes ayudar a otros, para de esa manera ayudarte poderosamente a ti mismo?
    Escribe y analiza.

    Comparte y agradece.

  • Vacío existencial

    Sentirse vacío, es algo tan frecuente.
    Una de las razones, si no es LA razón, es la desconexión que sentimos con nuestro Yo Esencial, que es nuestra identidad, la cual podemos denominar NESHAMÁ.

    Mucha atención, a no confundirse.
    Somos perpetuamente esa NESHAMÁ, y por tanto es imposible estar desconectados de ella; pero, al haber barreras que nos interrumpen advertirla, reconocerla, ser consiente de ella, entonces es como si no hubiera desconexión.

    Dicho de otra forma, la LUZ de la NESHAMÁ no se apaga, no se reduce, no se afecta en lo más mínimo por nuestra conducta; pero, si no abrimos los ojos, o ponemos cortinas que impidan su paso, entonces no la percibiremos, sentiremos como que no está, y hasta llegaremos a creer que ni siquiera existe.

    Es extraño, ¿no?
    Aquello que “más” somos, suele ser lo que más velado y oculto permanece.

    Nos aferramos a máscaras, a retazos de información, a construcciones sociales, a derivados del EGO, a los fragmentos que arman ese puzle que llamamos Yo Vivido.
    Sí, por supuesto que también somos Yo Vivido, pero no es todo lo que somos. De hecho, es lo más superficial y pasajero de nuestra identidad.
    Y sin embargo, es lo que tomamos como valioso, lo que defendemos como si fuera irremplazable; cuando en verdad, suele ser una distorsión de la real personalidad, un pálido reflejo, un personaje que recubre a la persona.
    Pero bueno, eso es lo que estamos siendo en esta vida, eso es lo que conocemos de nosotros mismos.
    Porque, no llegamos a conocer, ni a entender, ni a ser conscientes de ese Yo mucho más intenso, trascendente, unificado, saludable,  integrador, perpetuo, que nos conecta con el prójimo, con todo lo creado y con el Eterno.

    Entonces, de alguna manera sentimos que estamos vacíos, que algo nos está faltando aunque tal vez tengamos todo lo material e incluso por demás.
    Pero, percibimos la falta, la incompletud, el estar siendo alguien que probablemente no somos.
    Lo sospechamos con algún órgano intelectual que no alcanza a poner en evidencia nuestra desconexión sentida con el Yo Esencial.

    Así, caemos en consumismo, materialismo, dependencias, adicciones, religión, superstición, manipulación, angustia, relaciones tóxicas todo lo que de alguna forma brinde algún tipo de respuesta o de anestesia a ese preguntar constante: ¿quién soy, qué soy, para qué soy, adónde pertenezco, cómo hacer para estar en paz?

    Buscamos con desespero, conscientemente o no, sentido, pertenencia, reposo, seguridad, amor, ser alguien para alguien.
    Y la respuesta no está afuera.
    Tampoco adentro.
    Está en un lugar sin espacio, en un tiempo sin medida, en una realidad sin comprensión, esto es la NESHAMÁ. En esa supra racionalidad, en ese estado de existencia del cual provenimos, somos y seguiremos formando.

    Pero, la gente no entiende, no entendemos.
    Es más fácil el dolor de lo conocido, de lo que está a nuestro alcance aunque nunca lo lleguemos a alcanzar.
    Entonces, nos conformamos con pan y circo. A veces más circo que pan.
    Circo religioso, político, cultural, ritual, intelectualoide, sentimental, deportivo, el circo que sea, mientras entre-tenga, mientras haga olvidar por un rato nuestra sensación de soledad, de vacío, de falta de propósito, de impotencia.

    Esto encamina a la sociedad al derrumbe.
    Pareciera que la reflexión es imposible, y aunque se intelectualizara y pobláramos de lemas filosofales las mentes, tampoco es esa la respuesta.

    El camino es el AMOR, la vida unificada de nuestras dimensiones, el orientarnos con la guía ética que proviene de la NESHAMÁ, y solo de ella. Lo que nos lleva, necesariamente, a la construcción del SHALOM a cada instante, con obras concretas de bondad y justicia.
    Así habrá sentido, bienestar, armonía, felicidad, prosperidad.

    (Gracias Luis Diego por inspirar este texto).

  • Irhat Hashem–temor/reverencia del Eterno

    Tienes a un hombre destacado como el rey David, con muchísima experiencia de vida, con estudios acumulados en varias áreas, con inspiración divina fluyendo por él, que te dice:

    «Venid, oh hijos, escuchadme; la reverencia al Eterno os enseñaré
    (Tehilim / Salmos 34:12)

    ¿Cuál te imaginas que será su enseñanza?

    Te propongo que hagas ahora una pequeña lista con lo que tú supones, escríbela, por favor.
    No vale buscar el salmo y copiarlo, ni leer unas líneas más abajo este post, ni recurrir a la memoria si es que te lo sabes.
    Vamos, ahora haz por favor el ejercicio que te propuse.
    Gracias.

    Antes de continuar con la respuesta, veamos brevemente que podemos entender por “irhat Hashem”, la reverencia/temor al Eterno.
    Con tu permiso, cito un viejo texto de mi autoría:

    “…irhat Shamaim no significa paralizarse por el miedo, ni vivir petrificado sin disfrutar de lo bueno que la vida provee.
    Todo lo contrario, el que es verdaderamente un irhe Shamaim (temeroso de Dios), goza de cada ocasión para el gozo, y aprovecha la vida hasta su última gota, en tanto se aparta de todo lo erróneo, perverso, extraviado y falso.
    Para resumir, irhat Shamaim sería mejor traducido como «reverencia a Dios», que significa ser fieles a Dios, y estar conscientes de que cada acto (público o privado) tiene consecuencias. “
    http://serjudio.com/rap1501_1550/rap1515.htm

    Creo que con este párrafo ya vamos encaminados a saber cual podría haber sido la continuación de la lección que ofreció el rey David unos renglones más arriba. ¿No?
    ¿Te vas haciendo una idea?
    ¿Se parece a lo que anotaste unos minutos atrás?
    Quizás una lección del rey Salomón, hijo de David, te oriente aún más:

    «La conclusión de todo el discurso oído es ésta: Teme a Elokim y guarda Sus mandamientos, pues esto es el todo del hombre.
    Porque Elokim traerá a juicio toda acción junto con todo lo escondido, sea bueno o sea malo.
    »
    (Kohelet / Predicador 12:13-14).

    Leyendo y captando la esencia de las frases de Salomón, encuentro que es algo que se vincula con el cumplir Sus mandamientos, aquellos que te corresponde cumplir.
    Es algo que te hace persona, que te distingue del resto de los seres vivos.

    Pero, todavía quizás no está del todo definido, por lo cual leeremos las palabras del salmista:

    «¿Quién es el hombre que desea vida? ¿Quién anhela años para ver el bien?
    Guarda tu lengua del mal y tus labios de hablar engaño.
    Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela.»

    (Tehilim / Salmos 34:13-15)

    Por lo visto no está mencionando ningún ritual, ningún rezo, ninguna ideología, nada de frases de rabinos para compartir por Facebook, ninguna impostura religiosa, ni celebración congregacional.
    Ni indica tampoco observancia de preceptos dirigidos a adorar al Eterno, ni cosas vinculadas al Templo. Menos aún algo así como “fe”.
    Es extraño, pero está expresado con definitiva claridad.
    La irhat Hashem se compone de cuidar el habla, para no murmurar, ni calumniar, ni agredir, ni engañar, ni ventilar lo que debiera ser oculto. Es decir, el rey David está indirectamente diciendo que la Comunicación Auténtica es un elemento clave para todo aquel que desea ser reverente del Eterno.
    Y además, la irhat Hashem se sustenta en la construcción de SHALOM, con acciones concretas de bondad y justicia. Apartarse del mal para hacer el bien. Construir SHALOM. Buscarla en donde se encuentra, fabricarla cuando falta.

    Pero, además nos dice cual es el resultado de vivir de esta manera: una buena vida, prolongada, agradable.

    ¿Será casualidad que con estos principios trabaja sustancialmente la CABALATERAPIA, esa que con tanta insistencia venimos elaborando y enseñando desde hace unos cuantos años?
    Ten presente al Eterno, vive de acuerdo a Su Voluntad, expresa tu identidad espiritual por medio del camino que Él ha diseñado para ella.
    Toma conciencia de tu presencia en el mundo, del valor de tus acciones y de tus omisiones.
    Guárdate de romper tu pacto, el noájico para los gentiles y el judaico para los judíos.
    Admite tu limitación en tanto te haces una idea superficial de lo insospechado que es el infinito poder del Eterno.
    Entonces, vivirás de verdad.

  • Elegir como asna o como gran profeta, ¿qué escoges tú?

    «Y el asna vio al enviado del Eterno, quien estaba de pie en el camino con su espada desenvainada en la mano.
    (A) El asna se apartó del camino y se fue por un campo.
    Y Balaam azotó al asna para hacerla volver al camino.
    Entonces el enviado del Eterno se puso de pie en un sendero entre las viñas, el cual tenía una cerca a un lado y otra cerca al otro lado.
    (B) El asna vio al enviado del Eterno y se pegó contra la cerca, presionando la pierna de Balaam contra la cerca.
    Y éste volvió a azotarla.
    El enviado del Eterno pasó más adelante, y se puso de pie en un lugar angosto, donde no había espacio para apartarse a la derecha ni a la izquierda.
    (C) El asna, al ver al enviado del Eterno, se recostó debajo de Balaam.
    Y éste se enojó y azotó al asna con un palo.»
    (Bemidbar / Números 22:23-27)

    Te indique con letras mayúsculas entre paréntesis las reacciones de la asna para salvar la vida de su amo ante el peligro del enviado del Eterno delante de él con su espada lista para ensartarlo.
    (A) Se fue hacia un campo abierto.
    (B) Al estar en un camino estrecho, pero que permitía el transito en los dos sentidos, se fue a uno de los lados chocando así con una de las vallas y lastimando a su amo.
    (C) No tenía por donde esquivar al ángel, ni podía volver sobre sus pasos, por tanto se desplomó allí mismo.

    Las reacciones del hombre fueron una y otra vez la misma, azotar al pobre animal.

    Ir hacia el campo abierto, según nos dicen algunos sabios, es metafórico de Abraham Abinu, pues él es el máximo exponente del JESED, que es la bondad ilimitada. Tal como el campo abierto, disponible para todos, sin limitaciones impuestas.
    El camino cercado por ambos lados representa a Itzjac Abinu, quien es el mayor ejemplo en el TANAJ de la cualidad de DIN, juicio, severidad, limitación. Él era un hombre estricto, que se manejaba de acuerdo al código, sin apelar a algo diferente.
    En tanto que la senda única, sumamente estrecha, simboliza a Iaacov Abinu, el hombre del EMET, la verdad, que es una de las resultantes de combinar armoniosamente el JESED con el DIN. La verdad es única. No existe algo así como mi verdad o tu verdad, es sencillamente la verdad o no lo es. Por supuesto que el amo de la Verdad es el Eterno, de hecho, Él ES la Verdad. Por ello, a nosotros, meros mortales, solo nos corresponde un atisbo de la Verdad. Sin embargo, debemos ser cuidadosos para no arruinar esa chispa con insolencia, presunción, falsedad, ignorancia, etc.

    La asna estaría indicando, seguramente sin saberlo y sin conciencia, que Bileam estaba enfrentándose a la familia de esos tres grandes hombres, los patriarcas de la familia judía.
    Y la única reacción del más grande profeta de los gentiles, ¿cuál fue?
    Enojarse, azotar, enceguecerse, atontarse, aferrarse a su odio y desprecio, huir de la realidad, ahogarse en su propia maldad.
    Tenía la oportunidad de corregirse, de ser él quien volviera a la senda correcta, y no pretender corregir al asna en su andar mucho más “espiritual” que el del profeta.
    Pero, no.
    No tuvo la capacidad, la voluntad, el deseo, Bileam para ser mejor que su animal de carga.

    Esto nos deja una enseñanza práctica.
    Al principio tenemos muchas opciones para elegir, como si tuviéramos todo el campo abierto ante nosotros.
    Al optar por una senda, las opciones se van reduciendo.
    Es de sabio y prudente evaluar, analizar, tener una visión crítica de nuestro pasaje. Para ver si es necesario modificar el rumbo, hacer una pequeña corrección, o seguir con decisión firme por allí. Pero no como un necio, no encerrado en celdita mental, sino con la libertad que está a nuestra disposición.
    Luego, las opciones se reducen aún más, hasta que solo tenemos la actual. Incluso allí es imprescindible tener la conciencia y claridad para evaluar y analizar, con racionalidad y honestidad, para entender si es necesario hacer un alto, o retornar o seguir por el mismo camino.

    No actuar como Bileam, terco, necio, embrutecido, corrompido por sus malos deseos.
    Sino ser, un poco, como la asna; quien tuvo la suficiente sagacidad para percibir el peligro y tomar las acciones necesarias para prevenirlo. Quien elegía por lo que fuera perjudicial, hasta cuando ya parecía que no había nada más para elegir.

    Elegir como asna o como gran profeta, ¿qué escoges tú?

  • El profeta poderoso, ¿no?

    Bileam era un gran profeta, de un altísimo nivel profético.
    No hubo, y dudo de que haya, algún otro gentil que le alcance en su grado de recepción de la LUZ celestial. Equiparado con Moshé Rabeinu, el máximo profeta de la nación judía, e incluso dicen algunos que lo superaba como profeta.
    Por si no bastara con ese don supremo, también era muy ingenioso y estudiado, tenía gran renombre, era acaudalado, su poder se extendía mucho más allá de las fronteras de su país.
    Tenía todo y sin embargo, tampoco supo vivir con nobleza.
    ¿Sabes por qué?
    Porque estaba hundido en odio, envidia y le faltaba compromiso para con el bienestar del prójimo.
    Había estado ilusionado con ser el intermediario en la recepción de la Torá, en ser el gurú de una nación dedicada a adorar al Eterno; pero de repente, la historia se construyó de otra manera. Fueron los descendientes de Abraham e Itzjac e Iaacov los que se revelaron como nación de Dios.
    Fue el ignoto Moshé quien escaló hasta el máximo grado en servicio al Padre.
    Esto descompuso al profeta gentil, lo amargó, lo encerró en su celdita mental fabricada y custodiada por su EGO.

    Allí estaba encarcelado y no reaccionó para iluminar con la LUZ de la NESHAMÁ su vida, sino que se mantuvo a la sombra del mal.
    Sin dudas era extremadamente religioso, no cesaba de decir “amén”, “aleluya”, “gloria a Dios”, “alabanzas”, “adorar al Altísimo” y cosas por el estilo.
    Y sí, era honesto en su religiosidad. No la usaba como máscara para esconder a un ateo, o a un politeísta olvidadizo del Eterno, ni como muletilla para no sentirse abrumado.
    Era religioso al 100%.
    Pero, recordemos que la religión es el travestismo de la espiritualidad. Es decir, a mayor religión menor espíritu.
    Porque, la religión es una creación del EGO, que está destinada a mantener a los “fieles” esclavizados y no en el camino de la NESHAMÁ; ya que no hay peor mentira que aquella que se hace pasar por verdad.
    Así estaba quien pudiera haber sido el buen Bileam, enroscado al EGO, o el EGO enroscado a él.
    Lleno de religión pero vacío de espíritu, lleno de rituales y habladurías acerca de Dios pero con muy poco amor (que es la práctica de hechos favorables de manera desinteresada) hacia el prójimo.

    Su envidia, su rencor, su escaso agradecimiento, terminó venciéndolo.
    Hoy no se lo recuerda por sus notables contribuciones al despertar de la conciencia de la humanidad, sino por ser el sabio brujo que hasta su asna era más perspicaz que él.

    ¿Cuál hubiera sido su reparación?
    Sin dudas, eliminar la religión de su vida.
    Dedicarse al Eterno con amor, con lealtad, con verdad, con virtud, y no por medio de servilismo al EGO disfrazado de piedad.
    Y, particularmente, modificando su conducta y actitud hacia el prójimo, para construir SHALOM por medio de acciones de bondad y justicia.
    Una gotita de amargo sabor arruinó su cáliz rebosante de buen vino.
    Que nos sirva de enseñanza.

  • Los doble vida

    Probablemente te hayas topado con esos sujetos de doble vida, mansos afuera y fieros adentro.
    En el trabajo, con los extraños, es un corderito, sumiso, súper respetuoso al punto del infarto, agradable hasta el empalago, o tal vez silencioso y como una sombra pero en constante servicio de los otros.
    Ni bien cruza el umbral de su casa, se transfigura y emerge un ogro, violento, despiadado, demandante, quejoso, atroz, que puede aporrear como un mazo, o herir con la apenas visible mortalidad de una espada samurái.
    Sí, puedes habértelo encontrado más de una vez, incluso puedes ser uno de ellos, o tal vez conviviste con él. Podría ser tu padre, o madre, un hermano, tu esposo, o esposa, un hijo, o hija, hasta tu mejor amigo y tú ni te enteras.

    Te dirá que así es él, que en su casa era igual, que el sufrió de chico, o que en alguna parte tiene que desahogarse de la malasangre de la vida y qué mejor que en casa para hacerlo.
    Te dirá que porque te castiga te ama, que lo que no te mata te fortalece, que el celo violento es una señal clara de amor, que sufre más que tú cada vez que te agrede, que tú eres el culpable de que el sea así, de que tú te comportas de tal manera que te mereces lo que te pasa.
    O sencillamente te dará tanto, pero tanto miedo, que ya ni te disparará con sus justificaciones y excusas, simplemente tú las inventarás por él, o hasta ya te hayas entregado y no pienses ni sientas más.
    Como sea, el terror está instalado y se repite, y se amplifica, y se multiplica en los que aprenden eso y lo continúan.

    Al crecer muchos de los que fueron víctimas, ahora ocupan el lugar del victimario. Es que tienen la enseñanza y la oportunidad, además, ahora son ellos los grandes y los que pueden vengarse del mundo, de la vida, maltratando a víctimas inocentes.

    Otros cuando crecen se convierten en eternos luchadores por los derechos de los débiles, dedicados a defender a otros, como posiblemente nadie les defendió a ellos.

    Otros más, escapan a toda velocidad a la menor manifestación de estar al lado de un sujeto como aquel que les martirizó.

    Otros se encuentran en un estado de insatisfacción permanente, enojados, confrontativos, inseguros, malhumorados, rebeldes, sin encontrarse jamás a gusto, ni dentro ni fuera del hogar.

    Y hay otros que se transforman en sus cómplices, sea callando lo que pudieran parar y testimoniar, sea incentivando la violencia, sea ayudando al maltrato, como fuera que sea.

    Y también están los que sin saberlo, de manera inconsciente, buscan a estos personajes de doble vida, como si fuera un destino marcado, como si fuera una misión sagrada, para corregirlos, para hacerlos cambiar para bien, para conseguir lo que de niños no pudieron hacer con sus mayores. Pero, como están embarcados en un juego involuntario, que no se conecta con la realidad sino con un deseo totalmente irracional e infantil, difícilmente puedan escapar al lazo de sufrimiento al cual se enroscan cada vez más fuertemente. Son como esas “mujeres que ‘aman’ demasiado”; aunque no es amor, sino adicción.

    Todos ellos estarían precisando conocer, entender, comprender, aceptar, dejar fluir, perdonar y conseguir justicia cuando fuera necesario y posible, enmendar.
    Construir SHALOM en su interior, para alcanzar a hacerlo también fuera.
    Porque la experiencia que han padecido les ha marcado profundamente, andan con su pesada mochila a cuestas y en cierta forma no son dueños de sus vidas, sino simplemente unos viajeros en un tren que no lleva al reino de la felicidad.

    Se consumirán en luchas estériles, en maltratos recibidos y otorgados, en sufrimiento, en reproches, en represalias, en venganza, en ira, en confusión, en dobleces de vida, en todo lo que mata aunque se continúe respirando.

    Sin embargo, ahí está su NESHAMÁ con su LUZ, lista para alumbrar cada uno de sus rincones, para curar y alegrar, para llenar de satisfacción y aprobación.
    Es cuestión de querer romper el ciclo vicioso, dar un paso para ser uno, unificado, en paz.

  • ¿Qué es el hombre para que le recuerdes?

    Tu cuerpo es limitado, apenas si algunos centímetros para allí, otros para allá, con una fuerza y resistencia minúsculos.
    ¿Sabes cuánto tiempo vivirías si te faltaran los nutrientes esenciales que posibilitan el trabajo de las funciones vitales?
    Hasta un pequeño elemento faltante o sobrante, tiene un poder enorme, por ejemplo un gen o un virus, comparado con nuestra supuesta supremacía como humanos.
    Entonces, tenlo presente, estás enormemente limitado por ser cuerpo y depende de lo material.

    Tus emociones, que tienen arraigo en el cuerpo vale recordar, te limitan de manera abrumadora.
    Un momento rebosas de alegría, al punto de no distinguir  amigo de estorbo, para pasar al instante siguiente a un amargura oscura que todo equipara hacia abajo.
    ¿Dónde está tu grandeza, oh humano que te ves más que un ángel, a la hora del derrumbe emocional?
    Hasta una brisa tiene la capacidad de hacer variar tu humor, ¡cuánto más las palabras que te atraviesan como alfileres!
    Entonces, no te olvides de lo limitado que eres, dependiendo de unas hormonas y neurotransmisores, del trabajo ordenado y prolijo de tu organismo, de tus hábitos correctamente educados.

    Tus lazos sociales pueden ser herramientas muy eficientes y provechosas, pero al mismo tiempo la sociedad que formas y eres te limitan abismalmente.
    Lo que te brindan de esperanza, te lo quitan de un golpe.
    Cuando vas de un lado a otro sin reconocimiento, sin aprecio, sin aprobación, sin ser parte; entonces sufres cruelmente el no poder cambiar tu situación. Aunque tengas el estómago lleno, aunque de alguna forma engañes a tus emociones, al estar solo, como una sombra anónima que pasa sin ser percibida, te das cuenta de que poco vale y cuanto vale.
    Al reflexionar en tu situación, pueden recorrerte escalofríos si te das cuenta lo precaria que es nuestra existencia, como parecemos arañitas pendiendo de un hilito invisible que nos sostiene agarrados vaya uno a saber dónde.

    Tu mente es un poderoso instrumento de superación, de avance, de logros. Mundos y universos pueden ser accedidos y creados con la potencia de la mente. Pero, es tan sensible, tan impredecible. Al menor contratiempo puede trastornarse, marearse, confundirse, ser atrapada por las maquinaciones emocionales, dejarse subyugar por los licores sociales, arrodillarse exánime ante los requerimientos del cuerpo. Y secuestrada, la mente se puede convertir en un enemigo terrible, pues dedica tus energías a mantenerte atorado, encerrado en celditas mentales.
    Tan impotente somos, que parece mentira que tengamos tantos avances en tantas áreas; éxitos y triunfos imposibles para el resto de nuestros hermanos creados en el mundo. Y sin embargo, seguimos siendo delicadamente débiles, incluso incapaces de asegurar al 100% si ahora estamos despiertos y conscientes de la realidad, o si solo somos espejismos de algún sueño o partícipes en un delirio esquizofrénico.

    Ilimitado es el espíritu, conectado con todo, en todo lugar, en todo tiempo.
    De un poder increíble.
    Lo que digamos de él no deja de ser mera especulación y metáfora, tan diferente a lo que el resto de nuestras dimensiones conoce, entiende y experimenta.
    Allí está nuestra esencia, nuestra identidad más fiel y auténtica; y al mismo tiempo la más ignorada e imposible de descifrar. Tenemos la capacidad de disfrutar y estar en shalom, pero no lo hacemos mientras estamos en este mundo. Nos limitamos y vivimos limitados, en impotencia, reaccionando, atemorizados, rehuyendo a vernos en el espejo real.
    Si tan solo pudiéramos dar un vistazo a nuestro ser y al del prójimo, encontraríamos la forma para hacer de nuestra existencia un sorbo de felicidad y construir SHALOM de manera veraz, con acciones de bondad y justicia.

    Pero no, seguimos en la celdita mental, siendo religiosos, fanatizados, automatizados, víctimas y victimarios de nuestras impotencias, en lugar de victoriosos a causa de nuestra esencia.

  • Amar a Dios

    Dijo Hilel el sabio, en su lección del mandamiento judío en la Torá “ama a tu prójimo como a ti mismo, yo soy el Eterno”: “Lo que te resulte odioso a ti, no se lo hagas a tu prójimo”.
    Y añadió que esa era la médula de la Torá, su esencia, que el resto es un comentario, el cual el judío debe estudiar y cuando sea adecuado realizar.

    Humildemente yo me planteo: Quizás la mejor manera para expresar nuestro amor pasional por Dios sea amar al prójimo plenamente, lo que significa construir shalom con acciones concretas de bondad Y justicia, en lugar de preocuparse por cuestiones teológicas o de inferencias e imaginaciones “bíblicas”.

    Amar a Dios al amar a Sus criaturas, cuidándolas, ayudándolas a alcanzar su máximo nivel.
    AmarLo por ser leal a Su Voluntad, conociendo y cumpliendo con lo que Él quiere de cada uno.
    Amar a Dios, más allá de los balbuceos egoístas de cualquier religión, carente de pretensiones y exigencias, simplemente amarLo tal como Él exactamente ha dicho que lo hiciéramos.

  • La vara o la palabra

    «Y habló el Eterno a Moshé [Moisés] diciendo:
    -Toma la vara, y tú y Aarón tu hermano reunid a la congregación y hablad a la roca ante los ojos de ellos. Ella dará agua. Sacarás agua de la roca para ellos, y darás de beber a la congregación y a su ganado.
    (Bemidbar / Números 20:7-8)

    Innumerables son las preguntas y comentarios que podemos trabajar en este breve párrafo, pero solo nos detendremos en un pequeño punto.

    Moshé podía conseguir el agua golpeando la roca con el bastón, y en ese caso la congregación bebería como ganado (sus animales).
    O podía hacer brotar el líquido hablando con la roca, para que ella la diera sin acción violenta de parte del líder, y así la congregación sería “santificada”, crecería en conexión con el Eterno.

    Ambas opciones estaban a disposición de Moshé, pues con las dos la terrible sed sería calmada.
    Pero, una de ellas solamente apagaría la necesidad del cuerpo, en tanto que la otra serviría para ello y para perfeccionamiento pentadimiensional.

    Los motivos para que Moshé haya hecho lo que hizo, no es cuestión de este texto.
    Prefiero que veamos rápidamente una enseñanza práctica, que espero ayude a beneficiarte en la vida cotidiana.

    Ante una dificultad, cuando estamos frustrados, nos topamos con una impotencia, nosotros también podemos reaccionar automáticamente, dejándonos llevar por la ira, el prejuicio, el hastío, la amargura, el egoísmo, la inconsciencia, el cerrarnos y tragar el mal con la excusa de no generar problemas, lo que sea que explique/justifique el uso de la violencia en cualquiera de sus formas.

    O, aunque parezca que cuesta un poco más, podemos respirar, contener la reacción automática, admitir nuestros sentimientos, y entonces decidir con la mejor conciencia aquello que consideramos que es más beneficioso y favorable para uno y los otros. Por ejemplo, usar la Comunicación Auténtica, tal cual se le pidió a Moshé que hiciera. ¡Hablar con una piedra! Si eso resultaba, ¿cómo no va a hacerlo con el prójimo?

    EGO o NESHAMÁ,
    amargura o LUZ,
    conflicto o AMOR,
    ¿está en tus manos?

  • Enfocarse y elegir

    El cerebro funciona como filtro, porque no todo lo que ingresa por nuestros órganos sensoriales es finalmente percibido y llevado a la conciencia.
    De no ser así, estaríamos saturados de información, imposibilitándonos la existencia. Imagínate la cantidad impresionante de datos que te están atravesando en este mismo instante, que si tú no contarás con la capacidad de filtrarlos, estarías saltando de uno a otro de manera ininterrumpida.

    Lo mismo ocurre con aquellos pequeños fragmentos de información que provienen de nuestra NESHAMÁ, en nuestro cerebro se encuentra el receptor de la LUZ de la NESHAMÁ, pero también su bloqueo.
    Igualmente, la información que recibimos por la vía espiritual ya está sumamente limitada por bloqueos impuestos desde Arriba.
    Apenas si algunas inspiraciones, ínfimas intuiciones, retazos de claridad arropados en sueños; por ahora no mucho más, hasta que se abra nuevamente el canal profético, cerrado ya hace unos 2500 años.
    ¿Cómo sobrevivir a la saturación de información (¿casi?) infinita sin el debido entrenamiento, fortaleza, pureza, conciencia, etc.? Por ello, el cerebro primero es un gran deflector, para luego sí permitir cierto grado de receptividad.

    El cerebro también opera en un modo economizador de energía.
    Se enfoca en aquello que le llama la atención, no desperdicia habitualmente energía en analizar o decodificar información accesoria o redundante.
    Toma apenas algunos datos y con ello completa paisajes mentales complejos. En base a la experiencia puede diseñar paisajes que coincidan más plenamente con la realidad externa. Pero, obviamente no hay una certeza absoluta.

    Así vamos construyendo nuestro mundo interno y comprendiendo o dando sentido al mundo externo.
    Dejando de lado infinidad de cosas, para dejarnos atrapar por unas poquitas que se transforman en el centro de nuestra atención, y que codifican nuestras creencias, y nos hacen percibirnos de determinada forma y actuar en consecuencia.
    Es como si las oportunidades para elegir se esfumaran, se redujeran, para quedar unas poquitas, aquellas que pasan el filtro en forma de embudo de nuestro cerebro.

    Aquello que nos atrae está programado en nuestra naturaleza primitiva, la genética y la espiritual.
    También vamos aprendiendo de otras personas a orientar la atención. Son fundamentales los primeros años de vida para la formación de esas tendencias, creencias, hábitos que se adquieren y complementan (a veces contradicen) la naturaleza innata.
    La gran tarea que tenemos por delante es tomar esto que se nos ha dado y transformarlo en un espejo de nuestro Yo Auténtico.
    Así, cuando nuestro Yo Vivido representa a nuestro Yo Auténtico, hemos logrado establecer la armonía interna, y probablemente la externa.

    Cualquiera puede vivir dejándose llevar por sus instintos o tendencias, o seguir como necio los mandatos que se nos han introducido de fuera.
    No tiene mucha grandeza el seguir como autómata los hábitos, el echar culpas a los adultos que nos criaron, o excusarse en que es a causa de la sociedad, o un destino perverso, o lo que fuera.
    La belleza del ser está en lograr enfocarse, encontrar lo que es relevante, y decidir para optar por lo que da vida, que es lo que construye SHALOM.
    Ampliar la conciencia, encontrar otras opciones, darse cuenta de lo que es permitido y evaluarlo, en tanto se aparta de aquello que ha sido prohibido.

    Cada instante es una clase, y cada lugar una aula de estudios. Cada persona con la que nos cruzamos un maestro.
    De lo simple, de lo corriente, de lo rutinario, también tenemos lecciones para aprender.
    Todo sirve como oportunidad y desafío, por lo que deberíamos estar consientes, enfocados, atentos y escoger lo que construye SHALOM.

    Al tener claro esto, no estaremos más a la espera del aplauso de otros para sentirnos a gusto con nosotros mismos.

  • Respirar y ser

    Por ahí oíste como en el Oriente Lejano se suelen usar técnicas de respiración para meditar, fortalecerse, calmarse, enfocarse, etc. ¡Si hasta conectamos el arte del respirar con la India o por ahí! Como si fueran ellos los dueños e inventores del asunto.

    También entre los muchachos New Age se encuentran rituales o recomendaciones que atienden al uso de la respiración como mecanismo de armonía emocional e incluso mental. No es extraño esta ocurrencia, pues mucho de lo New Age tiene raíces orientales, aunque no todo.

    Aunque ellos consideren que son instrumentos espirituales, realmente no lo son.
    Recordemos que espiritual no es algo agradable a los sentidos, que te hace sentir emocionado positivamente, ni que te llena el alma de alegría. Menos que menos lo espiritual es algo religioso, puesto que religión es la corrupción, la distorsión, la burla de lo espiritual.
    Espiritual es cumplir con los mandamientos que te corresponden específicamente a ti cumplir, de acuerdo a tu identidad espiritual (7 si eres gentil, los que te toquen de los 613 de la Torá si eres judío) y a tu lugar en el mundo.

    Al venir de esos lares podríamos suponer que es mejor evitar estas ideas del uso de la respiración como instrumento provechoso, pues seguramente están contaminadas con influencias idolátricas o supersticiosas, que nos pueden desviar del buen camino espiritual.
    ¡Cuántos queriendo hacer bien las cosas, pero solamente usando la buena voluntad pero no el conocimiento, terminan empantanados y lejos del hogar!

    En realidad, el origen del uso de la respiración como mecanismo positivo se encuentra en el propio nacimiento del hombre, del ser humano.
    Al respecto podemos usar el sagrado texto de la Torá para comprobarlo:  «formó el Eterno Elohim al humano, polvo de la tierra. Y sopló en sus narices aliento de vida, y el humano llegó a ser un ser viviente.» (Bereshit / Génesis 2:7).

    Ya sabemos que somos pentadimensionales, y este texto habla de varias de nuestras dimensiones.
    Lo material, cuando nos informa que somos un cuerpo terrenal, que por tanto compartimos con el resto de lo terrestre nuestro humilde origen. No somos de una sustancia diferente, más noble, única. No señor, somos idénticos a los animales en lo que a físico se refiere.
    Y somos seres vivos, como una bacteria, un hongo, una planta. Tampoco en eso misterioso llamado vida nos diferenciamos notablemente de nuestros hermanos vivos.
    Sin embargo, cuando la Torá relata nuestra creación como especie, hace especial énfasis en que el Eterno Elohim sopló en nuestro cuerpo el aliento de vida, al que denomina NISHMAT JAIM, para que de esa manera fuéramos NEFESH JAIA.
    NEFESH, que traducimos como alma, es la energía vital, lo que nos permite estar con vida. Es lo mismo que poseen todos los otros seres vivos.
    Pero la NESHAMÁ, el espíritu, es algo único de la especie humana, lo que realmente nos distingue del resto de las criaturas terrestres. Porque, si pusiéramos un Homo Sapiens y un Ben Adam uno junto al otro, no notaríamos diferencias. Si los viéramos interactuar, veríamos las mismas cosas. Si se aparearan, habría descendientes. Hasta incluso el Homo Sapiens tenga “religión”, tal como muchos Ben Adam la tienen. Y sin embargo, hay algo que los diferencia y es una brecha que no se puede cerrar, el Homo Sapiens carece de NESHAMÁ, en tanto que el Ben Adam ES NESHAMÁ encarnada que forma junto a las otras cuatro dimensiones a cada ser humano en este mundo.
    ¿Entiendes el asunto?
    ¿Te complica mucho en tus esquemas acerca de la creación, la evolución, el origen de las especies, la distinción del hombre de las otras criaturas, etc.?

    El relato de la Torá nos informa que al introducir su hálito de vida el hombre fue hombre, antes era un ser terrenal solamente.
    Entonces, podemos aprender técnicas de respiración que se abstengan de toda creencia o alusión idolátrica y/o supersticiosa, pero que nos ayuden a manejar armoniosamente los flujos aéreos para calmarnos, fortalecernos, enfocarnos, aflojar tensiones, ser receptivos, e incluso también prepararnos para actuar espiritualmente (con mayor decisión y fidelidad cumplir los mandamientos que nos corresponden).

    Vamos a ver un ejercicio que podrías practicar al menos una vez al día.

    Toma aire, siguiendo la técnica que desees y sea practicada por gente que sepa del asunto, para así ayudarte reconocer que estás haciéndolo para despojarte de barreras, quitar obstáculos, y así permitir que la LUZ del Eterno que brilla constantemente en tu NESHAMÁ te alumbre y conduzca por la senda del bien.
    Y al expirar imaginar como se desprenden pedazos de las manchas que obstaculizan la LUZ y se van de tu vida, dando espacio a que la LUZ alcance cada rincón. Entonces estarás anímicamente más pacífico, más dispuesto a realizar la TESHUVÁ necesaria, para de esa forma vivir espiritualmente y ya no más en penumbras.
    Te vivificas físicamente, emocionalmente, mentalmente, lo que repercutirá socialmente y espiritualmente.
    Recuerda, el respirar en sí no es una tarea espiritual, sirve solamente como ayuda para actuar espiritualmente.

    Inhalas, se expande tu abdomen, tu tórax, te cargas con energía vital.
    Exhalas y te contraes, te relajas, te rindes del deseo de controlar todo y todo el tiempo. Aceptas con humildad, re relajas y fluyes. Admites tus limitaciones, sabes tus fuerzas, y entonces ya no malgastas energía, tiempo, vida en cosas inútiles o perjudiciales, sino que las guardas para lo que realmente es provechoso y bendito.

    Relajas tu cuerpo, aflojas tus emociones, descargas tus pensamientos. Liberas la tensión del cuerpo, dejas las mochilas pesadas que no tienes porque estar cargando. No estás a la defensiva, ni preparado para el ataque, ni huyendo. Estás cómodo, te sientes confortable, respiras en paz.
    Estás, nada más que eso.
    No controlas tus pensamientos, los dejas ir y venir.
    No te pegas a nada, no peleas, no quieres controlar, solamente ser estando.
    Pero te concentras en respirar como aprendiste a hacerlo para obtener buenos resultados. Y si no te sale, tampoco te perturba, fluyes, haces lo que mejor puedes. Respiras, te llenas de poder por no pretender ser un dios que todo lo puede.

    No precisas demostrar nada a nadie, ni hacer nada que aplaudan y te califiquen.
    Solo respira, déjate estar, déjate ser.
    Tú eres NESHAMÁ en viaje por este mundo, siendo pentadimensional, con sus defectos y ventajas.
    Respira y atiende a todo, sin dejarte atrapar por nada.
    Date cuenta de lo que te está perturbando, lo que no te deja ser tú, lo que te hace usar disfraces que te alejan de tu Yo Esencial.
    Identifica lo que puedes mejorar de tu vida cotidiana, así como aquello que debe ser reparado por medio de la TESHUVÁ. Pero no te quedes atrapado por ello, simplemente apúntalo en tu memoria y sigue sin controlar nada, sin detenerte, simplemente respirando y siendo.

    Percibe, disfruta, viaja mientras respiras y llenas tu organismo de buen aire mientras exhalas lo que no te sirve, que arrastra consigo las imágenes de las manchas que han estado bloqueando la LUZ de tu NESHAMÁ.
    Acéptate, pero no transes con lo que está mal o es injusto. Eso lo corregirás, porque te comprometes a hacerlo. Pero no en este momento, ahora solo estás siendo, en paz, calmadamente, respirando.

    Entrénate en estas habilidades, así podrás entrar en un estado de atención flotante de manera instantánea, cuando lo precises, para que no te derrumbes ante la impotencia, para que no reacciones de manera automáticamente negativa.
    Estás trabajando para ser mejor, eso es espiritual.

  • A tus ojos

    Llegaron los exploradores enviados a recorrer durante cuarenta días la tierra que Dios había prometido para los judíos.
    Traían frutos de allí, informes, así como también sus preconceptos y angustias: «Y le contaron diciendo: -Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la cual ciertamente fluye leche y miel. Éste es el fruto de ella.» (Bemidbar / Números 13:27).

    Al principio así la describían, como una tierra maravillosa, productiva, estupenda. Sin embargo, había personas muy poderosas viviendo allí, con ciudades fortificadas, lo cual les hacía temer y ellos pronosticaban el fracaso.

    Cuando uno de los exploradores dijo que no hay nada para temer, pues el Eterno había prometido que ellos tomarían la tierra, esto es lo que los exploradores amargados dijeron: «-No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. Y comenzaron a desacreditar la tierra que habían explorado, diciendo ante los Hijos de Israel: -La tierra que fuimos a explorar es tierra que traga a sus habitantes. Todo el pueblo que vimos en ella son hombres de [grandes] medidas.» (Bemidbar / Números 13:31-32).

    ¿Cómo es esto?
    En una primera versión mencionaron una tierra fértil y de vida; pero ahora, ahogados en sus propios miedos, la desacreditaban y hacían resaltar aspectos negativos, que eran reales o solamente imaginados por ellos.
    Es lo que pasa, los datos se cuelan a través de nuestro sistema de creencias, entonces no percibimos la “realidad como es”, sino la realidad que creemos que es.
    Si en nuestro sistema de creencias la tierra es buena, encontraremos detalles que lo confirmen; pero si creemos que es mala, también habrá evidencias para demostrarlo.

    Tal como creemos, percibimos.
    Entonces, no es “ver para creer”; sino “como creo, veo”.

    Por supuesto que podemos dejar de depender de la imaginación y de los preconceptos, para dedicar esfuerzo, trabajo, paciencia, tiempo a analizar con relativa objetividad y de esa manera dibujar una realidad menos contaminada por nuestra creencias y más acorde a lo que es en sí mismo. Pero claro, ¿quién va a querer dejar de vivir en su propia versión del mundo para animarse a descubrir otra realidad?

    En palabras simples, si crees que no puedes, lo más probable es que no puedas. Y si crees que puedes, entonces harás lo necesario para convertirlo en un hecho.

    Tenemos más datos en la misma sección de la Torá, cuando los exploradores desanimados afirman: «También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de gigantes. Nosotros, a nuestros propios ojos, parecíamos langostas; y así parecíamos a sus ojos.» (Bemidbar / Números 13:33).
    Ellos suponían que los habitantes del lugar los despreciaban, porque ellos mismos se creían despreciables. Como no se querían, creían que los demás tampoco los querían. Y lo confirmaron porque aquellos moradores no les dirigían la palabra, ni siquiera parecían interesados en saber qué hacían esos extraños merodeando entre ellos. Eso, “obviamente” significaba que no tenían ningún valor, que ni siquiera ameritaban ser sospechosos de estar espiando o algo parecido.
    Si se hubieran animado a salir un poquito de su cajita, de la celdita mental, quizás hubieran preguntado algo, comenzado un diálogo, algo… pero no, ¿para qué? Si ellos creían algo y encontraron como demostrarlo con supuestas evidencias.

    Pero, una de las tantas explicaciones de los sabios nos informan del motivo por el cual los locatarios no les hablaron, ni le apresaron para acusarles de alguna cosa sospechosa.
    Es que ellos pensaban que los extranjeros eran ángeles o hijos de emisarios celestiales, gente totalmente diferente, inalcanzable, a los cuales no se les podía dirigir la palabra.
    Si esta explicación es la acertada entre todas las otras, ¡mira que simpático el panorama!
    Unos se creían menos que humanos, como langostas, y por ello suponían que aquellos no les hablaban.
    Los otros se creían menos que ángeles, como simples humanos mortales, y por ello suponían que no tenían derecho a hablarles.

    ¡Cuán diferente hubiera sido la cosa si ellos salían de sus creencias por medio de la sana crítica!
    Pero no, no fue así.
    Se quedaron en las sombras conocidas, temidas pero habituales compañeras.

    ¡Qué difícil resulta obtener un poco de confianza cuando parece que obtenemos seguridad agobiados por nuestros problemas y dificultades!

    Con otra paciente, embarazada, comentábamos lo difícil que nos resulta hacer esto y confiar.  En cierta forma, encontramos seguridad en los problemas y dificultades. 

    Si por un ratito dejáramos la celdita y nos aventuráramos a desafiar al miedo, ¿qué pasaría?
    Si dejáremos el sofá de los preconceptos, por ahí sentiríamos más energía, determinación, creatividad, amor, conexión con el Eterno; pero, como nos quedamos hundidos entre los incómodos cojines de nuestra zonita de confort, no experimentamos mucho de ello.
    Hasta nos defendemos con el absurdo dicho: ”más vale malo conocido que bueno por conocer”.

    Respira, párate, mira con determinación y da ese paso positivo que el miedo detiene.
    Por ahí descubres un poder dormido en ti.
    Tal vez te das cuenta de que era mayor el miedo que lo que en efecto ocurrió.
    Quizás aprendas que tus creencias no son sagradas, y que muy por el contrario probablemente sean tóxicas.
    Pero, no lo sabemos si no das ese paso positivo que crees que no puedes dar.

    Acéptate, con tus limitaciones y glorias.
    No eres una langosta, sino que eres persona. Y si fueras langosta en verdad, ¡feliz de ti que por fin te diste cuenta y vives de acuerdo a tu identidad esencial!

    Ayuda a otros con bondad y justicia, sin esperar nada a cambio, pero tampoco sin perjudicarte con tus acciones.
    Rompe los esquemas, abre tus ojos a una realidad diferente a la que te enrosca y susurra.

    Entrégate a Dios, no como un acto de tonta fe, o como una pasión religiosa, sino como la aceptación de tu identidad espiritual, de tu herencia, de tu responsabilidad para cumplir la misión que tienes.