Categoría: 01 Bereshit

Las primeras palabras que describen la Creación refieren a luz, en lugar de hacer énfasis en el vacío, la oscuridad y la nada.
¿Por qué?
Uno de los motivos,
para que aprendamos a aplicarnos en construir…

  • Bendiciendo tu bienestar

    Va Giohá a casa del vecino, que era funcionario del partido de gobierno, y le pide que le preste su borrico (burro) para ir hasta la ciudad y volver.
    El vecino le dice que lo lamenta, pero que justo ayer se murió el jamorico.
    En eso, el animal se pone a chillar desde el fondo de la casa.
    ¡Cómo me dices que está muerto y ahí lo escucho rebuznar! ¡Me has mentido, pillo!
    Entonces, el vecino le dice muy tranquilo: pero, ¿a quién le vas a creer, a un burro o a mí que soy un honesto político de la nación?

    Estamos en Bereshit, el comienzo de la creación.
    La Torá nos brinda un relato que no tiene un sentido histórico ni científico, sino netamente espiritual.
    Por tanto, no es aquí donde debemos indagar acerca del “cómo del universo”, lo cual es interés de la ciencia.
    Tampoco del “cuándo de los eventos”, lo que corresponde a la historia.
    Más bien, está en la intención de la Torá que nos adentremos en sus enseñanzas para descubrir la Presencia del Creador en TODO, pero más especialmente en nuestra existencia.
    Cuando vamos aprendiendo Torá y viviendo de acuerdo a sus reglas, logramos encaminar nuestros pensamientos, sentimientos y palabras para ponernos en un estado de armonía, de conexión consciente, que nos brinda mucho bienestar.

    En concreto, en el relato que nos atañe de la creación universal, es maravilloso saber que NO somos producto del azar, que NO aparecimos por casualidad en el universo, que NO da lo mismo que estemos aquí o no, puesto que no hay plan, ni intención, ni propósito.
    Muy por el contrario, el mensaje de la Torá es absolutamente claro, hay un único Creador, el cual es amoroso y justo, que por Su voluntad y Poder creó todo lo existente.
    No estamos aquí por error, sino por una expresa intención.
    No vagamos en el vacío del espacio interminable, sino que estamos bajo la atenta mirada del Creador.
    Nuestra vida tiene un valor inmenso, porque para algo estamos aquí.

    El amor del Creador es tan increíble que nos reveló reglas para permitirnos desarrollar al máximo nuestras potencialidades.
    No nos dejó a la deriva, en la ignorancia de nuestra identidad.
    Sino que desde el inicio mismo nos reveló Su Presencia y Sus reglas, para nuestro beneficio.


    Por consiguiente el mensaje principal de Bereshit es que tenemos una relación personal con nuestro Padre celestial, el cual busca nuestro bienestar y nos tiene la suficiente confianza para que tomemos decisiones libremente, porque de esa forma llegaremos a niveles de placer mucho más intensos y valiosos.

    Es por ello que a cada paso del proceso creativo la Torá nos dice: «Y vio Elohim que esto era bueno», pero tras la creación del ser humano no emite esta valoración.
    Un gran silencio al respecto.
    ¿Cómo se explica?
    Pues, Él nos deja en nuestras manos que consigamos que sea bueno o no.
    Depende de nuestras acciones, de nuestras decisiones.
    Si escogemos hacer lo bueno y lo realizamos, entonces desde Arriba se nos dice: “observa Elohim esto que hiciste y declara que es bueno”.
    Pero, si elegimos y hacemos lo malo, desde Arriba el juicio así lo declarará.

    Por tanto, está en nosotros alegrarle el día a Dios, haciendo lo que es bueno, porque de esa manera también nos alegraremos profundamente el día a nosotros mismos.
    Esa es la idea escondida en la frase que dice Elohim: «Hagamos al humano a nuestra imagen, como nuestra semejanza», porque le está hablando a cada humano, que debe aceptar su rol como socio activo de Dios para que lo material sea formado a imagen y semejanza de lo espiritual.

    ¿Cómo se relaciona esta intensa enseñanza con el cuento de Giohá?
    Te dejo a ti el encargo de responder a esa pregunta, y espero tus comentarios aquí debajo.

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  • El modelo del Creador para ser feliz

    Con absoluta claridad la Torá afirma que el universo fue creado por Elohim, el Todopoderoso.
    ¿Cómo, cuándo, por qué, dónde?
    No lo dice.
    De hecho, cuándo y dónde no tienen sentido como pregunta al respecto de la creación, puesto que antes de el inicio no había ni tiempo ni espacio.
    ¿Qué había?
    Adonai, el Eterno, es lo que había.
    Por tanto, el manto del absoluto misterio se extiende alrededor de la creación.

    En cuanto al cómo de la creación, tampoco nos da pautas, pues no brinda un relato histórico ni una referencia científica.
    No es la idea de la Torá el aclarar lo que es incomprensible, sino darnos la sucinta información que nos confirme al Creador y su actividad sin pausa en el mundo.
    Que no estamos solos, que no somos resultado de eventos fortuitos, que no hay una pandilla de diositos chapuceando en la realidad.
    El relato de la creación no es historia ni ciencia, pero sí nos brinda la idea de que fue un hecho inédito, irrepetible, una “explosión” de creatividad.
    De acuerdo al midrash todo fue creado en el momento inicial, en el instante cero del nacimiento de tiempo y espacio. Desde la perspectiva del Creador, todo fue creado en ese momento, el universo en su extensión material y temporal. Por supuesto que esa perspectiva es inaccesible a nuestra limitada mente, porque no podemos entender todo el tiempo comprimido en un infinitésimo instante ni todo el universo en un ridículamente pequeño punto energético.
    Desde la visión humana lo comprendemos como un proceso de desarrollo, de irse manifestando paulatinamente todo aquello que potencialmente estuvo en el momento de génesis. ¿Evolución? ¡Por qué no!

    En cuanto al motivo de la creación, la Tradición cabalística nos dice que fue para que el infinito Amor del Todopoderoso tuviera receptores, porque el amor necesariamente precisa de un otro (u otros) que son el destino de las acciones de bondad desinteresada.

    El universo, y en particular el ser humano, hemos sido creador por amor y para un propósito.
    Para que las criaturas, en especial los humanos, disfrutemos de la bondad del Creador.

    En caso del humano, el máximo de bondad lo recibimos cuando preparamos nuestro receptáculo, a través de perfeccionarnos con el cumplimiento de los mandamientos que el Eterno nos ha comandado. Siete para los hijos de las naciones, y el conjunto de 613 para el pueblo de Israel.

    Al perfeccionar nuestro receptáculo nos abrimos a cumplir nuestro destino, de ser beneficiarios del mayor bienestar, como individuos y colectivo.

    ¡Esto es lo que te deseo, que puedas disfrutar de las bendiciones de Dios para ti!
    ¡Haz tu parte para que eso sea en su mayor grado posible!

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  • ¿El árbol prohibido del conocimiento?

    Comenzamos, una vez más, desde el principio, con Bereshit/Génesis.
    Es un poco extraño decir que “comenzamos una vez más”, porque se supone que comenzar es iniciar algo nuevo. En todo caso, empezar lo que no es nuevo, sería reinaugurar, reiniciar, recomenzar.
    Sin embargo, con el ciclo de lecturas de Torá sucede este hecho paradójico, porque realmente estamos principiando una nueva lectura, aunque el texto sea el mismo que venimos manteniendo desde hace más de 33 siglos. Mismas palabras y frases así como la entonación tradicional con que es leída la Torá  públicamente, pero cada año la interpretación debe (o debería) ser novedosa, que brinde más conocimiento, que nos aporte renovadas perspectivas del viejo y repetido texto. Esperamos que no sean invenciones traídas de los pelos, sino nutritivos añadidos que se van desarrollando a partir de mezclar el antiguo saber con lo que nos aporta la actualidad. Por eso, Bereshit es es un eterno comienzo sin final.

    Nos encontramos en la parashá con la narración desde un punto de vista espiritual de la creación del universo, el nacimiento de la especie humana, la desobediencia al mandamiento del Eterno,  la lucha entre Caín y Abel, la expansión de la humanidad hasta finalizar la parashá en el segundo gran fracaso colectivo, aquel que provocó el Diluvio del cual fue salvado Noaj, su familia y los animales que llevaron consigo. Muchos temas, muy importantes y muy complejos. Por eso te pido que en esta oportunidad nos enfoquemos en el pecado de haber comido del árbol del bien y del mal.
    Adam y Javá tenían a disposición la inmensa cantidad de bondades que Dios les proveía en el Huerto del Edén, sin embargo, algo les inquietaba y no les permitía estar gozando en paz: aquel dichoso árbol que les estaba prohibido para comer, el del conocimiento del bien y del mal.

    Según nos cuenta la Torá, el efecto inmediato de consumir de aquel árbol fue que en verdad adquirieron conocimiento, de cierta forma maduraron.
    Entonces, ¿por qué estaba prohibido? ¿Acaso es malo el conocimiento?

    Muchos comentaristas formularon respuestas, veamos una de ellas.
    La Cabalá nos informa que en verdad la prohibición de consumir de ese árbol era temporaria, ya que se levantaría al finalizar aquel día.
    ¿Cuál sería el motivo para este veto provisional?
    Tres respuestas. Una, la joven humanidad aún no estaba preparada para asimilar los efectos que provocaba la ingesta de ese árbol. Debían madurar en ese corto período para que sus cuerpos/mentes toleraran el impacto. Algo así como sucede con la alimentación de los bebés, los cuales paulatinamente van incorporando otros alimentos a su dieta, porque su organismo tiene que ir madurando para ser receptivo a ellos. Es decir, la prohibición no buscaba otra cosa que protegernos de un peligro, que realmente se desencadenó cuando aquellos humanos no hicieron caso y probaron lo que no les era admisible. ¡No estaban aún preparados para ese conocimiento!
    La segunda, cuando  todo es permitido, todo está al alcance sin esfuerzo, no hay límites, no hay privaciones, entonces rápidamente se pierde el sentido, no se valora correctamente, y se pasa del placer a la angustia. Por esto, cuando no recibimos todo “de arriba”, sino que tenemos que esforzarnos para superar limitaciones, nos damos cuenta que disfrutamos mucho más del resultado. Así pues, el fruto del conocimiento sería mucho más intensamente aprovechado y apreciado tras el breve período de restricción al cual estaban obligados. Lo mismo con el resto de los manjares disponibles, ya que no todo era permitido, se creaba la necesidad que aumenta el disfrute al satisfacerla.
    La tercera, el Creador quería que esta prohibición nos entrenara en esa poderosa cualidad que es el autocontrol. Imagínate cuán fuerte es aquel que sabe restringir sus pasiones y no se deja seducir por incitaciones inapropiadas. Los primeros humanos tenían que aprender el arte del dominio de sus instintos, no a través de un adiestramiento al estilo que se hace con los animales, sino por medio de su voluntad.

    Tomando en cuenta todo esto podemos entender de qué se trataba ese conocimiento del bien y del mal, y porque es bueno obtener el conocimiento.
    Conocer que no todo es permitido, no todo es saludable, no todo lo que se puede disfrutar hace bien. Conocer que hay tiempos y condiciones adecuadas y otras que no lo son. Conocer el valor del esfuerzo para conseguir lo que anhelamos. Conocer que poderoso es aquel que domina sus pasiones, tal como nos enseña el Pirkei Abot.
    ¿Qué más te permite conocer esta historia y su interpretación?
                                  ¡Shabbat Shalom umboraj para ustedes y familias!

  • El traje que fue invitado a la fiesta

    Yoha llegó a su casa ya entrada la noche, comenzó a dar vueltas hasta que se topó con la invitación para el casamiento del hijo del hombre más influyente y poderoso de la ciudad.
    Se palmeó la frente porque ya era tarde y salió corriendo rumbo al salón de fiestas.
    Al llegar los porteros lo detuvieron para pedirle la invitación.
    Yoha se palmeó nuevamente la cabeza, pues la había dejado sobre la mesa del comedor.
    Se los explicó a los guardias, pero estos no le daban paso si no entregaba la tarjeta.
    El pobre Yoha no tuvo otro remedio que regresar a su casa para recoger el papel.
    Ya de nuevo ante los porteros estiró la invitación, los guardianes la recibieron pero no se movieron para darle paso. Solamente señalaron el último párrafo que claramente indicaba que la fiesta era de estricta vestimenta formal y de gala.
    Yoha estaba vestido con sus ropas de trabajo, tal como había salido muy temprano de su casa para las tareas cotidianas. Trató de explicarles que ya era tarde, que la fiesta estaba bastante avanzada, que le permitieran el acceso. Pero no hubo forma, los dos enormes cancerberos eran inapelables: o estaba vestido de gala o no entraría.
    Ni modo, Yoha regresó a su casa.
    Luego de un rato largo finalmente fue habilitado para entrar al salón de la lujosa fiesta.
    Saludando a los que encontraba en su camino fue conducido a su lugar, en una de las mesas apartadas de la sala. Por fin tomó asiento, cuando ya estaban por servir el plato principal.
    Ni bien fue servido, tomó el plato y vertió todo el contenido encima de su traje, enchastrando su engalanada vestimenta así como el asiento, el suelo y a su alrededor.
    Los otros comensales lo vieron y entre gritos y exclamaciones le preguntaron por tan extraña acción.
    Yoha, entre iluminado y zopenco les dijo: Yoha no estaba invitado en realidad, sino solamente su ropa. Así que sea la ropa la que disfrute del festín, Yoha solo es quien se encarga de moverla de un lado a otro.

    Yoha es un personaje tradicional de la cultura sefaradí.
    Es una mezcla de tonto y oculto sabio.
    Sus cuentos con humor nos hacen reír, a veces llorar, pero siempre están para que aprendamos alguna cosa.

    En esta ocasión, me parece que el mensaje es muy apropiado para esta noche, en la que comenzamos Rosh haShaná y el año 5780.

    Según la Torá este día se llama realmente Iom haDin, que es el día del juicio. También es llamado Iom haZicarón, que significa el día del recuerdo o la memoria.
    Cada uno de nosotros, judíos o no, creyentes o no, seremos evaluados por el Creador trabajando como Rey y Juez.
    Nuestras acciones son puestas en evidencia, las públicas tanto como las privadas, por el Juez y con ello elabora un veredicto que se nos entrega a la hora de la Neilá, cuando estará finalizando el próximo Iom Kipur.
    Él no se deja impresionar por títulos y trajes, no se lo puede corromper con dinero o promesas de cargos. Es un Juez incorruptible. Todos estamos invitados a este evento, a todos nos llegó la invitación y no hay manera de excusarse de ir.

    Que no nos pase como a los primeros humanos, Adam y Eva, que justamente este día nacieron pero también este día pecaron comiendo del árbol que estaba prohibido.
    En el huerto del Edén, donde todas sus necesidades estaban satisfechas, igualmente encontraron una excusa para pecar, para ir en contra de su propia esencia sagrada.
    ¿Saben qué los llevó a pecar?
    Dejarse seducir por promesas superficiales, olvidarse de lo importante para quedarse prendados por lo que aparecía como placentero y bueno. ¡Pero no lo era!
    Así comieron lo que no debían y perdieron todo lo maravilloso que tenían.
    Es una triste moraleja para que tengamos en cuenta.

    Por eso, ésta es la ocasión para que recordemos quién somos en realidad, que podamos ver más allá de la superficie.
    No creamos que somos el traje, ni que nuestro prójimo lo es.
    Somos algo mucho más importante y valioso que lo que estamos representando.
    Es esa personalidad sagrada la que está invitada a participar de la celebración de este día.

    Por eso, la invitación es a descubrir las mejores partes de uno mismo y del prójimo, ver más allá del traje, para poder conectarnos y estar mejor.
    Descubrir lo que no está tan bien, para mejorarlo.

    Así podremos pasar con tranquilidad y alegría durante este día de juicio, confiados en que estamos haciendo las cosas bien y que el veredicto nos será favorable.

    Si este estudio te ha sido de bendición, agradece colaborando con nuestra tarea sagrada donando generosamente a nuestra causa: http://serjudio.com/apoyo

    Shaná tová umetucá

  • El divino poder del placer

    «Tomó el Eterno Elohim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.
    Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todo árbol del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás de él, porque desde el día que comas de él serás mortal.’»
    (Bereshit/Génesis 2:15-17)

    De este párrafo surgen centenas de enseñanzas, algunas de las cuales hemos compartido a lo largo de las décadas que estamos instruyendo Torá por internet. Está el material publicado en serjudio.com, puedes usar el buscador si lo deseas.

    Ahora estudiaremos un aspecto en particular, que espero tenga efectos directos en el mejoramiento de tu vida cotidiana.

    En el Huerto del Edén la humanidad trabajaba, no era una vida de inutilidad e impotencia, aunque tuvieran todos los placeres materiales al alcance.
    Porque el Creador nos puso para disfrutar de verdad de los bienes de este mundo y si lo obtenemos todo regalado, sin esfuerzo, se convierte (por varios motivos) en un veneno para el alma.
    Así pues, es saludable y de sabio disfrutar de lo permitido, pero mucho mejor aún conseguir el placer a través de algún esfuerzo, poniendo en juego el poder que tenemos.

    Sin embargo, no todo lo que es disfrutable es lícito o saludable.
    En el huerto de Edén era un árbol el que en determinado momento quedó por fuera de lo legal.
    No importa ahora las razones, sino simplemente el hecho de que de ese árbol no se debía comer porque Dios así o ordenó.
    Lo mismo ocurre con montón de cosas que sin dudas pueden darte placer en esta vida, pero que no son legales, o no son permitidos por el código ético/espiritual, o que sencillamente te pueden dañar la salud en algún otro aspecto.
    No valen las excusas entonces para dejar de disfrutar de lo permitido, así como tampoco vale inventarlas para hacerse con lo que no es permitido.

    Cuando rompemos el límite, es que entreveramos el bien con el mal, borrando la definición de uno y otro y convirtiendo nuestra vida y entorno en un caos.
    Esa es una de las maneras de entender el extraño nombre del árbol prohibido en el huerto de Edén: “del conocimiento del bien y del mal”. Porque nos lleva a conocer ambas cosas, pero mezcladas, sin distinción, haciendo que lo no es bueno lo llamemos como bueno.
    A Dios no le interesó que adrede nos metiéramos en complicaciones, ni que provocáramos en nosotros sufrimientos, con la excusa que fuera. ¡Ni siquiera con justificaciones piadosas!
    El sufrimiento está, es un hecho de nuestra existencia en este mundo de limitaciones materiales.
    Es muchas veces inevitable.
    En ocasiones no le encontramos ninguna enseñanza o ventaja práctica o teórica.
    En otras nos sirve para algún beneficio secundario, que se obtiene a través de pasar por esa experiencia dolorosa.
    Pero, la Voluntad del Eterno NO ES que seamos muñecos de trapo zarandeados de un lado para otro, sino que estemos en paz, con bienestar y disfrutando. Somos SUS HIJOS, por tanto solamente quiere lo mejor para nosotros.
    Entonces, si puedes no enfocarte en lo miserable de la existencia sino en lo disfrutable, cuánto mejor para ti.
    Esto no quiere decir actuar como un tonto que niega el mal del mundo, ni no quejarse cuando algo te duele, ni buscar la justicia allí en donde el desequilibrio es provocado por el hombre. Quiere decir llevar una vida con un enfoque en lo que da bienestar, pensar para construir, aunque sea sobre los escombros de lo destruido.
    Importante que quede claro.

    Cuando nos dedicamos a una vida de placer de lo permitido y saludable, estamos corrigiendo el error de los padres originales de la humanidad.
    Por supuesto que hay muchísimo para hacer, no solamente esto, pero si esta sencilla y poderosa tarea está a nuestro alcance: ¿por qué negarnos a realizarla?
    En particular para los judíos está el disfrutar de los placeres en el día de Shabat, porque allí es doble o triple la ganancia para el que lo hace así como para el entorno.

    Mientras tanto, no olvidemos que hasta en aquel huerto paradisíaco había problemas y no todo era impasible. El serpiente existía y actuaba, el deseo de las personas estaba, la posibilidad de romper el límite era un hecho.
    Pero no nos faltan recursos para dominar lo que está a nuestro alcance, y para fluir con aquello que está por fuera de nuestro control. Tarea fundamental para conocer y hacer.

    Entonces, Dios no pide grandes cosas de los seres humanos, básicamente que respetemos Su ley y disfrutemos de Su creación.
    Es hora de hacerlo, ¿no te parece?

    Si esta enseñanza te sirve, te pido que apoyes mi trabajo: https://serjudio.com/apoyo

    Gracias.

  • Vencer la sombra de muerte

    Este es un estudio en mérito a la elevación espiritual de mi querido hermano Efraim Z”L, quien vence a la muerte aunque ya no ande por este mundo.
    Su luz no es manchada por la sombra de muerte.


    Los humanos hicieron lo que no había que hacer, comieron del árbol que no estaba permitido; como consecuencia directa la muerte sería una sombra permanente en sus vidas.
    Para bien o para mal, la muerte tendría desde entonces un rol protagónico.
    Ella no fue inventada en ese momento, pero apareció y se fortaleció su terrible y siniestra presencia permanente.
    Ella y sus asociados y símbolos, tales como enfermedad, incapacidad, miseria, hambre, guerra, disputas, y todo lo que sea impotencia (no poder).

    Hasta ese momento, no era así.

    Para una mayor profundización se puede leer de forma gratuita y sin impedimentos en: https://belev.me/2018/10/04/vencer-la-sombra-de-muerte/

  • PREA, una buena guía celestial

    • Planifica
    • Realiza
    • Evalúa
    • Ajusta

    Ésta puede servir de guía para gran parte de tus asuntos.
    No en vano lo aprendemos del mismísimo Creador en Su Obra:

    «Dijo Elohim: `Sea luz` y fue luz.
    Vio Elohim la luz que es buena y separó Elohim entre la luz y entre las tinieblas.
    Llamó Elohim a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue el atardecer y fue la mañana, día uno.»
    (Bereshit/Génesis 1:3-5)

    Cuando Elohim “dijo” fue el paso de la planificación.
    Como Él estaba originando todo en aquel instante, incluso el tiempo, entonces en Su caso la realización coincidió con planificación.
    De hecho, como Él está por fuera de todo parámetro espacio/tiempo, todos los pasos, todos los lugares, todos los tiempos, todos los eventos son en el mismo punto infinito; pero esto es un tema complejo y profundo que nos desvía de la intención de esta enseñanza que queremos compartir ahora.
    Volviendo, Él planificó y el relato sagrado nos dice que entonces “fue luz”; es decir, se materializó lo que había sido planificado.
    Pero, ahí no quedó la tarea pues el Señor evaluó, pues nos dice el párrafo que “vio” y que apreció las cualidades de aquello que había creado.
    Porque luego avanzó al cuarto paso, el de ajustar, ya que vemos que formalizó la separación entre lo que era luz de aquello que era tinieblas.
    Comprobamos que incluso tras esta nueva tarea de realización procedió a una nueva evaluación, puesto que encontramos que Elohim denominó aquello que había creado, lo cual implica juzgar, discernir, analizar.

    Lo cierto es que tras el paso de ajuste nos encontramos en una realidad diferente que al inicio, lo que implica que se deba planificar una nueva respuesta a la realidad diferente que resulta de nuestra anterior intervención.
    Por tanto, el PREA se continúa dando.

    Supongo que bien pronto puedes aterrizar estos conceptos para la práctica cotidiana, igualmente pensaremos juntos un ejemplo.
    Te pones en mente la idea de escribir un post para publicar en tu sitio de difusión de enseñanzas que alimenten la conciencia espiritual y por tanto la multidimensionalidad del ser.
    Tras lo cual, pones por escrito tus ideas.
    Terminas de hacerlo, o mientras escribes, analizas la sintaxis, ortografía, gramática, contenido, estética, etc.
    Quieres que tu obra sea verídica, bella, comunicativa, etc., por lo que te tomas el trabajo de corregir aquello que descubres mejorable.
    Tienes terminado el post, estás satisfecho en esta nueva evaluación, por lo cual te pones en campaña para publicarlo en tu sitio web.
    Lo haces, entras a la página, compruebas que el link funciona, si encuentras algo que no se acomoda lo ajustas y así podemos seguir hasta cansarnos del ejemplo.

    Ahora te pediré que pienses en tus propios ejemplos y especialmente en cómo llevar a la práctica esta enseñanza.
    Te agradezco que me ayudes a compartir y a difundir, así como también a colaborar materialmente para que podamos continuar nuestra obra.
    Gracias

  • Resp. 6135 – ¿Anac ó Anak?

    Dapic nos consulta:

    Es lo mismo Anac que Anak y ¿tiene relación con Enoch?, necesito saber más sobre Anac.
    Dapic

    (más…)

  • Behar-Bejucotai: el espíritu en la materia

    Temas que son tratados en las parshiot:

    • Cada séptimo año la tierra de Israel tendrá su Shenat Shemitá, año sabático, en el cual se abstendrán los judíos de trabajarla. No sembrarán, no podarán, no cosecharán, a pesar de lo cual Dios promete que la población no padecerá de hambre, sino que, por el contrario, habrá abundancia de bendición (25: 1-7).

    • Cada cuarenta y nueve años se celebrará un año jubilar, un tiempo de redención. Toda parcela de la tierra de Israel que se vendió en el período anterior será regresada a sus dueños originales, además se condonarán las deudas y se liberará a los esclavos (25: 8-55).

    • Dios instruye a Moshé para que le insista a los israelitas en la importancia de no hacer ídolos, guardar el Shabat y respetar el Santuario del Eterno (26: 1-2).

    • Dios anuncia bendiciones a los Hijos de Israel si siguen la instrucción de la Torá y advierte sobre los múltiples contratiempos que padecerán si no lo hacen (26: 1-46).

    • Se discuten los regalos hechos al Santuario ya sea por votos condicionales o por actos incondicionales de gratitud (27: 1-34).

    Es habitual considerar que Dios “descansó” en el séptimo período (día) de la Creación. Pero, ¿es eso lo que dice realmente la Torá?
    Veamos:

    « וַיְכַ֤ל אֱלֹהִים֙ בַּיּ֣וֹם הַשְּׁבִיעִ֔י מְלַאכְתּ֖וֹ אֲשֶׁ֣ר עָשָׂ֑ה וַיִּשְׁבֹּת֙ בַּיּ֣וֹם הַשְּׁבִיעִ֔י מִכׇּל־מְלַאכְתּ֖וֹ אֲשֶׁ֥ר עָשָֽׂה :
    Finalizó Elohim en el séptimo día la obra que había estado haciendo, y cesó (vaishbot) en el séptimo día de toda la obra que había hecho.»
    (Bereshit/Génesis 2:2).

    Leemos que Elohim “shabbat”, es decir, paró de crear, que no es lo mismo que descansar. Él está en Su Shabat, absteniéndose de intervenir directamente en Su creación (a no ser en casos extremos), por lo cual somos los humanos los encargados de desarrollar el mundo de acuerdo a Su Voluntad. Por ello dice la Torá: “asher bará Elohim laasot – que creó Elohim para que fuera hecho”. Él asentó las bases y mantiene la existencia universal, ahora nos toca a nosotros hacer nuestra parte para perfeccionar lo creado.
    Por tanto, cada vez que actuamos para promover la unidad, el bienestar, construir shalom, mejorar el entorno, etc., estamos siendo verdaderos socios del Creador.

    Él nos dijo que lo hagamos durante seis días, en los cuales podemos trabajar creativamente sobre el mundo. Pero, al caer el sol del viernes es el momento para cesar en nuestra tarea de obreros y pasar a un estado diferente, de contemplación, de sencillez, de disfrute. Abandonamos la pretensión de control y nos relajamos para sentirnos parte del universo y no en frenética lucha por dominarlo.
    Dejamos la actividad para darnos cuenta de que el mundo sigue girando, aunque no estemos a cargo.  Aprendemos que podemos liberar la tensión, disfrutar, complacernos en el Shabat y descubrir la dimensión espiritual que se esconde en el mundo material.
    Así como Dios está en Su Shabat, con una duración indeterminada; los judíos seguimos Su ejemplo y tenemos el nuestro de 25 horas cada seis días.
    Pero Él quiso que también la tierra de Israel tuviera su propio tiempo de cesar la actividad creativa para permitir que se desplieguen los procesos naturales. Es el Shenat Shemitá, el año sabático, cuando hay que dejar el suelo de Israel sin laborar. Cuando vivimos en ciudades puede ser que nos olvidemos del fundamental lugar que ocupan las tareas agrícolas, pero para nuestros antepasados era evidente su importancia. Ellos vivían los ritmos de la naturaleza con mayor cercanía y comprendían que nuestro lazo con la tierra de Israel es algo más que la realización de promesas proféticas, o vínculos políticos. Para ellos era una tarea sagrada la que realizaban para producir prosperidad a partir del suelo prometido. El Eterno y nos recuerda que nuestro trabajo es valiosísimo, que las faenas del campo son sustanciales, que convertir el desierto en un jardín es maravilloso, pero hay algo más allá de todo esto. Comprender que estamos para trabajar en el mundo material para que sea reflejo sagrado del mundo espiritual.
    Por eso, Él quiere que lo tengamos presente en todo momento para no perdernos detrás del materialismo, porque Él pretende que nuestra vida en este mundo sea una combinación saludable de materia y espíritu sin que descartemos ninguno de los dos.
    Amplía aún más esta perspectiva el precepto del Shenat haIobel, el año del Jubileo, con las libertades que se concedían al inicio del año cincuenta del ciclo.
    Conocer los diferentes shabatot nos permite conocernos un poco más.

  • El pan del conocimiento

    «וַיֹּ֤אמֶר ה֙ אֶל־מֹשֶׁ֔ה הִנְנִ֨י מַמְטִ֥יר לָכֶ֛ם לֶ֖חֶם מִן־הַשָּׁמָ֑יִם וְיָצָ֨א הָעָ֤ם וְלָֽקְטוּ֙ דְּבַר־י֣וֹם בְּיוֹמ֔וֹ לְמַ֧עַן אֲנַסֶּ֛נּוּ הֲיֵלֵ֥ךְ בְּתֽוֹרָתִ֖י אִם־לֹֽא :
    Entonces el Eterno dijo a Moshé [Moisés]: –He aquí, yo haré llover para vosotros pan del cielo. El pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día; así lo pondré a prueba, si anda en mi Torá o no.»
    (Shemot/Éxodo 16:4)

    Para entender este texto es necesario que estudies este otro anterior, es breve pero poderoso: http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/el-rbol-del-conocimiento.
    Te espero en un rato de vuelta aquí.

    Así como enseñamos en el texto enlazado que el conocimiento del bien y del mal en el árbol que fuera prohibido de comer por Dios a Adam se encontraba en respetar el mandato divino de no comer de él, podemos encontrar aquí exactamente lo mismo planteado como uno de los primeros mandamientos circunstanciales que el Eterno ordenó a los judíos tras la salida de Egipto.
    El pueblo tenía la comida maravillosa, regalo del Eterno, que fue llamada “man”, o maná en español.
    La cual se podía recoger exclusivamente una porción por persona por día.
    Pero, el viernes había que recoger doble, para que hubiese comida lista para el día de Shabat, donde no habría maná.
    Los judíos tenían entonces este sencillo mandato que respetar:

    • recoge solamente una porción por persona diaria
    • recoge doble porción el viernes
    • no salgas a recoger en Shabat.

    Esto para ellos representaba exactamente lo mismo, era su “árbol del conocimiento del bien y del mal”.
    Si como individuos y grupo respetaban este dictamen dado por Dios, entonces estaban demostrando tener el conocimiento ético y aplicarlo correctamente.
    Eso era “andar en la Torá del Eterno”.
    Algo tan mundanal, simple, cotidiano, carente de complicaciones, falto de todo ritual, pero con toda la elegancia de la trascendencia sagrada.
    Esto era lo que Dios pretendía del hombre, que respetara Su Voluntad.
    Porque, al actuar de acuerdo a la Divina Voluntad hacemos que nuestra voluntad este sincronizada con el Creador y por tanto conectada con todo.
    Pero, si por algún motivo la persona se desconecta, realizando actos que transgreden el mandato divino, entonces su voluntad choca con Su Voluntad, lo cual provoca tensiones varias, desgaste, impotencia.
    Esto significa que, aquel que se cree muy listo y por tanto realiza actos contrarios a la Divina Voluntad, de vivo no tiene mucho, porque pierde en lugar de ganar, aunque el éxito material no le falte, ni la buena fama se le escape. Pero lo que importa, eso no lo tiene.

    Ahora, como sabemos Adam recibió aquel mandamiento temporal, el de la prohibición del árbol, pero además tenía siete mandamientos atemporales (uno estaba inactivo, por circunstancias, pero estaba ya codificado), que eran para él y todos sus descendientes.
    Más tarde, tras el descenso de Noaj del arca se activó el séptimo mandamiento, quedando marcado para siempre y para todos los humanos los Siete Mandamientos Universales.
    Sea que la persona sea conocedora del bien y del mal, o no.
    Los mandamientos son eso, órdenes expresadas por el Señor de señores y Rey de reyes para que sean cumplidas.
    Siguen en total vigencia para toda la humanidad.
    Reitero, sea que la persona lo quiera o no, sea que lo sepa o no, sea que sea ética o no: los Siete Mandamientos para las Naciones ahí están.

    Los judíos fueron encomendados con la tarea de servir como maestros para el resto de sus hermanos humanos, por ser los hermanos mayores, los primogénitos del Eterno Padre.
    Por ello tienen 606 mandamientos más para cumplir, en total 613 para toda la Familia Judía.
    Sea que lo quieran o no, lo sepan o no, sean ético o no.
    Los mandamientos están ahí para que cada judío y judía los aprenda y cumpla, de acuerdo a sus capacidades.

    Entonces, resumiendo, Dios da la oportunidad de comer del pan del conocimiento ético, sin necesidad de grandes discursos y ampulosas acciones.
    Ahora, depende de ti comerlo.

  • Método creativo

    «En principio creó Elohim los cielos con la tierra.
    Y la tierra estaba informe y desordenada, y había tinieblas sobre la faz del abismo, y el soplo de Elohim se deslizaba sobre la faz de las aguas.
    Dijo Elohim: ‘Sea luz’ y fue luz.
    Vio Elohim la luz que es buena y separó Elohim entre la luz y entre las tinieblas.
    Elohim llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y fue la mañana, día uno.»
    (Bereshit/Génesis 1:1-5)

    Estos cinco primeros versículos de la Torá, incluso en su literalidad y sin recurrir a profundizaciones, nos informan de muchísimos aspectos sumamente importantes.
    Tratemos de enfocamos en algún contenido que nos ayude a crecer, a mejorar, a descubrir y desarrollar potencialidades que nos otorguen mayor poder.
    Así podremos ser émulos del Creador a escala humana.

    En esto de la creación encontramos varias fases o estados:

    1. Ruptura de límites.
    2. Volatilidad imaginativa.
    3. Aterrizar una idea.
    4. Llevarla a la práctica.
    5. Admirar la novedad.
    6. Evaluar el resultado.
    7. Ajustarlo.
    8. Declaración.
    9. Formación de un nuevo límite.

    Si tomamos esto como un modelo de conducta para todas las áreas de nuestra existencia, no solamente para aquello que se considera del rango de lo creativo (arte, humanidades, publicidad, innovación tecnológica), podremos llevar una vida mucho más rica, poderosa, feliz, de satisfacción.

    Te pido que ahora me ayudes dando un ejemplo frecuente, cotidiano, banal, en el cual pudieras aplicar este método creativo.
    Usa la sección de comentarios, por favor, para ello.
    Gracias

  • El árbol del conocimiento

    «Tomó, pues, el Eterno Elohim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.
    Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque desde el día que comas de él serás mortal.’»
    (Bereshit/Génesis 2:15-17)

    «Y el serpiente dijo a la mujer: –Ciertamente no moriréis. Es que Elohim sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Elohim, conocedores del bien y mal.
    Entonces la mujer vio que el árbol era bueno para comer, que era atractivo a la vista y que era árbol codiciable para alcanzar sabiduría. Tomó, pues, de su fruto y comió. Y también dio a su marido que estaba con ella, y él comió. Y fueron abiertos los ojos de ambos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron ceñidores.»
    (Bereshit/Génesis 3:4-7)

    Hay gente que puede considerar el árbol prohibido como algo de “otro mundo”, con algunas cualidades metafísicas que producirían cambios radicales en la mente/emotividad/conciencia de quien lo probara, y por tanto le confiriera en ese momento una capacidad hasta entonces ignorada o inexistente, la de poder determinar entre el bien y el mal.

    Hay gente que puede considerar la historia del árbol del conocimiento como una profunda y misteriosa enseñanza, una moraleja, pero sin ser un relato ocurrido exactamente así en la realidad.

    Hay gente que entiende que el conocimiento estuvo desde que Adam recibió la orden divina de no ingerirlo y respeto ese mandamiento porque tal era la Divina Voluntad. Podría haber filosofado el hombre acerca del mismo, o haber sido una persona ingenua que simplemente acata sin mortificarse buscando más allá de lo evidente. En ello radicaba el conocimiento de Adam en lo que refería al bien y al mal: bueno es lo que Dios dice que es bueno, malo es lo que Dios dice que es malo. Por tanto, una vida de plenitud ética, que es el código de conducta que nace en el espíritu y a diferencia de la moral no radica en las costumbres o dictados de la sociedad.
    Siendo así, Adam era un conocedor del bien y del mal al respetar el mandato del Eterno Elohim.
    En el momento que Adam comió, algo fue roto, algo murió.
    Desde entonces prevalece la moral a la ética, en una mezcolanza entre el bien y el mal.
    Es el mundo del EGO ocultando la LUZ de la NESHAMÁ
    Donde la religión se hace pasar por espiritualidad y la corrupción dirige los destinos de los individuos y colectivos.
    Ciertamente el día que comieron del árbol la muerte entro a la humanidad, al mundo.
    Empezamos a vivir de fantasías y de excusas, para justificar nuestra impotencia y creernos en posesión de poderes supremos.

    Es hora de tomar conciencia y volver a la senda del conocimiento, que para nosotros se consigue a través del otro árbol, el de las Vidas.
    Que para el judío es la Torá y en tanto para el gentil son los Siete Mandamientos Universales.
    Y en la práctica es la construcción de SHALOM, acciones de bondad y justicia en todo tiempo y lugar, en pensamiento, palabra y  actos.

    Ten en cuenta la verdad revelada por el profeta del Eterno:

    «Así ha dicho el Eterno: ‘Guardad el justicia y practicad la misericordia ; porque Mi salvación está próxima a venir, y Mi misericordia pronta a ser revelada.»
    (Ieshaiá/Isaías 56:1)

    Nos acercamos al Eterno cuando guardamos la justicia y practicamos la bondad, es decir, construimos SHALOM.
    Ahora, ¿qué pensaremos, diremos, haremos?