ayuda por favor.
Alex salas 35 años pastor Merida Venezuela.
… no solamente el Eterno atendió a los gemidos del Pueblo, sino que cada uno de los israelitas escuchaba y prestaba atención al sufrimiento de su prójimo. Cuando uno atiende al prójimo desamparado, incluso en medio del propio desamparo, es un momento oportuno para que el Eterno actúe de modo prodigioso…
Alguien me preguntó el otro día de por qué si el patriarca Iaacov y el líder Moshé habían dicho cosas parecidas, el apoyo dado por el Eterno había sido rotundamente diferente.
Para tratar de entender la consulta, veamos los dichos de uno y otro:
“Y Iaacov [Jacob] respondió al faraón: –Los años de mi peregrinación son 130 años. Pocos y malos son los años de mi vida, y no alcanzan al número de los años de la vida de mis padres en su peregrinación.” (Bereshit/Génesis 47:9) (https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/palabra-mortal).
“Y Moshé [Moisés] respondió al Eterno diciendo: –Si los Hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo, pues, me escuchará el faraón, siendo yo falto de elocuencia?” (Shemot/Éxodo 6:12) (https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/de-labios-torpes).
El resultado fue que al patriarca se la acortaron los años de vida, como puedes ver en el texto que puse el link; en tanto que Moshé recibió el apoyo del Eterno para cumplir con su tarea.
Entonces, el buen señor que me hizo la consulta no entendía a qué se debía que uno fuera considerado un fracasado (Iaacov) en tanto que al otro (Moshé) se le aupaba rumbo al éxito.
Bien, es una interesante observación, para la cual tenemos muy simple y clara respuesta.
De hecho, más de una…
1- Iaacov estaba hablando con amargura, desde la queja, de su pasado, del sufrimiento y angustia que le habían carcomido y llevado a perder su vitalidad, su conexión, su voluntad de emprender nuevos retos incluso en la vejez.
Moshé estaba temeroso por el futuro, por las dudas naturales y las otras no tanto, que se le presentaban a causa de una tarea inmensa que se le estaba encomendado y que él no quería. Por tanto, no estaba en la posición del derrotado que se queja, sino del vacilante que no se ve con capacidad para triunfar.
2- Iaacov estaba evaluando su vida, sus penurias, sus logros y fracasos; era una visión que él había elaborado, que con razón o sin ella, así diagnosticaba lo que vivió.
Moshé estaba considerando todas las dificultades que se le podrían presentar en una misión titánica, realmente inhumana que se le estaba cargando sin su deseo. Veía que el trabajo no era para nada fácil, de hecho, resultaba razonablemente imposible para él completarlo, Veamos: debía ir a hablar con Hitler y exigirle detener la Solución Final, también parar la Segunda Guerra Mundial, romper toda la maquinaria productiva del Imperio, llevar al remanente judío a Eretz Israel y cambiar la mente y cuerpo de los israelitas para que se hagan responsables de su Estado Judío. ¡Todo eso y solamente hecho por un hombre! Sí, resulta que tiene todo nuestro apoyo Moshé si sentía que estaba muy lejos de conseguir siquiera el 1% de la cuestión.
3- Iaacov ya se había retirado de la vida, aunque siguiera viviendo.
Moshé tenía su vida tranquila, cómoda, agradable, organizada, seguramente con un sentido de plenitud, llena de buenas acciones cuando de repente “algo” le exige, le demanda, le ordena, dejar TODO, pero TODO, para salvar a un pueblo que el no sentía suyo, para dedicar su vida a una tarea que él no quería, para llenarse de responsabilidades y dramas que él no se merecía, entre otras cosas ingratas que le esperaban lógicamente adelante… ¿cómo subirse al carro entonces?
4- Iaacov estaba centrado en sí mismo, en sus cosas, en sus amarguras. No lo juzgamos, cada uno hace con su vida lo que puede, y él es uno de los pilares de la nación. Pero su tarea como patriarca ya estaba, básicamente, terminada.
Moshé tenía que ponerse al hombro a toda una nación y a una muchedumbre allegada y llevarlos por un camino sumamente difícil, no solamente por donde habrían de caminar sino especialmente el que lleva de la esclavitud más tremenda a la libertad, responsabilidad, compromiso, espiritualidad, etc. Sin dudas que el Eterno tenía mucho para hacer aquí.
5- Iaacov se había autolimitado, no alcanzando a desarrollar al máximo su potencial. Quedó en Iaacov, con una promesa de ser Israel, lejos, muy lejos de ser Ieshurún.
Moshé conocía sus límites así como los enormes retos que se le venían encima. Sabía que tenía ciertas conocimientos y capacidades, pero no eran lo suficientes para cumplir con la imposible misión que le estaban exigiendo. Ser realista no es lo mismo que negativo, aunque la realidad que uno encuentre sea muy negativa.
En conclusión, uno está muy cómodo aquí a miles de años de distancia, con el diario de ayer en la mano y muy lejos de la realidad de aquellas inmensas y notables personas.
Por ello, más que juicios acerca de ellas o de sus acciones, lo que podemos encontrar son enseñanzas para mejorar nuestra propia vida y llevarla al máximo de su potencial, así como estar dispuesto a ayudar al prójimo para que también lo haga.
Hay infinidad de interpretaciones, enseñanzas, teorías y mucho más al respecto de las diez plagas que la Torá menciona que Dios envió a Egipto para manifestar Su poder, hacer padecer a Faraón y los egipcios, así como apurar la salida de la esclavitud de los hebreos.
Hoy veremos rápidamente una que nos explica que cada una de ellas tenía la intención de corregir algún defecto en los valores y conducta de los egipcios, es decir, no solamente atacar la economía del país en su momento y llevar la inestabilidad al imperio, sino también que fungiera como breve manual de crecimiento personal.
Es por ello que esta enseñanza puede servirnos para perfeccionarnos al reconocernos en algunas de estas cuestiones negativas y no precisar de “castigos divinos” para alejarnos de lo perjudicial y acercarnos a lo beneficioso.
Dice la historia que el Rav Tzvi Hirsch Kalischer (uno de los padres fundadores del sionismo espiritual moderno, además de realizador del mismo y no meramente un teórico) fue a pedir fondos al Barón Rothschild, allá por el 1835, para la compra de Eretz Israel.
Por su parte, la leyenda dice que para conseguir su propósito le hizo una pregunta de Torá, que corresponde a la parashá de esta semana:
¿Por qué Dios eligió a Moshé para que hablara con el Faraón, siendo que era un hombre no muy elocuente ni hábil para la dialéctica, según leemos: “Y Moshé [Moisés] respondió al Eterno diciendo: –Si los Hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo, pues, me escuchará el faraón, siendo yo falto de elocuencia?” (Shemot/Éxodo 6:12)?
El banquero y filántropo confesó que no tenía idea, por lo que el rabino le dijo algo así como: “Para que todos entendieran que el logró de Moshé no se basaba en su genialidad para el discurso, ni en su capacidad para envolver a sus oyentes con sus palabras logrando así manipularlos con exquisito arte y malabarismos de experto demagogo. Sino que sus palabras serían dichas con integridad, con sinceridad, orientado por la NESHAMÁ, sin buscar manipular, ni seducir, ni engañar, simplemente expresar la Voluntad Divina y obtener un progreso para el mundo”.
El millonario agradeció la enseñanza de Torá y comprendió con inteligencia cuál era el motivo de la misma.
Por lo que generosamente extendió un jugoso cheque para que el maestro pudiera redimir la Tierra de Santidad, sin angustiarlo con cuestiones financieras, ni preguntas políticas y otras cuestiones para las que el maestro era falto de elocuencia.
Una bella historia, que pudiera ser cierta o no, pero como sea nos entrega una muy bonita enseñanza para la vida cotidiana.
Que es…
Hay que conocer las propias fuerzas y limitaciones, el potencial a desarrollar y aquello que cuesta más para esforzarse en ello.
Hay que saber donde uno es hábil y cómo aprovechar todos los recursos, inclusos las debilidades para obtener el éxito.
Sin embargo, por más que creas saber todo de ti, no te atrevas a apocarte y por ello quedarte encerrado en tu celdita mental.
No digas:
«וַיְדַבֵּ֣ר מֹשֶׁ֔ה לִפְנֵ֥י ה לֵאמֹ֑ר הֵ֤ן בְּנֵֽי־יִשְׂרָאֵל֙ לֹֽא־שָֽׁמְע֣וּ אֵלַ֔י וְאֵיךְ֙ יִשְׁמָעֵ֣נִי פַרְעֹ֔ה וַֽאֲנִ֖י עֲרַ֥ל שְׂפָתָֽיִם : פ
Y Moshé [Moisés] respondió al Eterno diciendo: –Si los Hijos de Israel no me escuchan, ¿cómo, pues, me escuchará el faraón, siendo yo falto de elocuencia?»
(Shemot/Éxodo 6:12)
Mejor haz lo que tienes que hacer, da hasta la último gota de energía para conseguir la meta, y permite que sean los hechos los que te confirmen en tu impotencia y que no sean tus creencias las que te imposibiliten antes del hecho.
¿Entendiste?
Audio de la parashá Vaerá: https://youtu.be/kxBt2QP5VEM
Texto en hebreo, fonética y español: https://serjudio.com/tanaj
Explicaciones, enseñanzas, resúmenes, etc.: https://serjudio.com/category/tora/shemot/02vaera
Colaborar con nuestra tarea: https://serjudio.com/apoyo
«וַיַּכְבֵּ֤ד פַּרְעֹה֙ אֶת־לִבּ֔וֹ גַּ֖ם בַּפַּ֣עַם הַזֹּ֑את וְלֹ֥א שִׁלַּ֖ח אֶת־הָעָֽם: פ
Pero el faraón endureció también esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.»
(Shemot/Éxodo 8:28)
Y
a te aburrí tantas veces explicándote acerca de la celdita mental, de las trampas del EGO, de la LUZ de la NESHAMÁ que queda atrapada entre máscaras y cáscaras que forman el Yo Vivido, que realmente ahora me da muchísima pena volver a lo mismo.
Pareciera como que no tengo otra cosa de qué hablar contigo y enseñar de Torá/Cabalá.
Quizás sea cierto, o tal vez es una importante lección que hasta que no se transforma en estilo de vida redentor, que te lleva a una existencia de plenitud aún dentro de la limitación, es bueno y útil volver a ella una y otra vez. De diferente manera, explicando otros aspectos, reformulando la explicación para que sea comprensible, permitiendo que la puerta sin llave de la celdita mental sea abierta para que respires con libertad sin temor a ser libre.
Como sea, ¡voy a aburrite nuevamente!
Pero antes de que cierres esta pestaña en el navegador, o des vuelta a la hoja del libro (o lo cierres definitivamente)… ¡un gracioso chiste corto!
Le pregunta la preocupada mamá a su hijito:
– Esteban, mi chiquito, ¿tú sabes lo que es un egoísta?
– Sí, claro mami. Un egoísta es alguien que piensa en él y no en mí.
Clarísimo el mensaje, ¿no?
Ahora vendría la pesada teoría de Cabalaterapia (Inteligencia Espiritual) que debe ser trasladada a la conducta de cada día, pero he decidido no hacerlo.
Por lo tanto, queda en ti explicar el versículo que he citado al comienzo de este texto y encontrar qué te está queriendo enseñar la Torá para que seas un constructor de SHALOM, que disfruta de su porción con bienestar, bendito y de bendición.
El problema
Es el capítulo 6 de Shemot/Éxodo.
Encontramos que el Eterno le indica a Moshé que hable con el Faraón, es parte del proceso de la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto.
El anciano hebreo no se siente capacitado para tan tremenda tarea.
Se excusa.
El Eterno igualmente le ordena ir.
Entonces, de manera abrupta el diálogo termina, o ese parece, pues la Torá trae lo que aparenta ser otro tema:
«Éstos son los jefes de sus casas paternas…»
(Shemot / Éxodo 6:14)
Hasta que llega a:
«Éste es aquel Aarón y aquel Moshé [Moisés], a quienes el Eterno dijo: ‘Sacad a los Hijos de Israel de la tierra de Egipto, según sus ejércitos.’
Ellos son los que hablaron al faraón rey de Egipto para sacar de Egipto a los Hijos de Israel. Éstos fueron Moshé [Moisés] y Aarón.»
(Shemot / Éxodo 6:26-27)
Y de inmediato, la Torá continua con la orden ya conocida, que Moshé se presente, junto con Aarón, ante Faraón para gestionar la dificultosa negociación para liberar a los judíos de la esclavitud egipcia.
¿Cómo entender esta interrupción?
Una solución
Uno de los secretos para la fortaleza hebrea, judía, de Israel, es la unidad familiar.
Estar juntos y unidos, incluso aunque haya divergencias importantes en lo externo, en rituales, en creencias, en prácticas, en ideas, igualmente mantenerse en unidad, reconociendo la pertenencia a la misma Familia. Sintiendo, si no se comprende, que se es parte de una gran NESHAMÁ, espíritu, que comprende a todos los miembros de la gran Familia Judía.
Porque, entendamos bien; Aarón era el líder antiguo, el conocido, aquel que estuvo con ellos desde siempre. El que seguía los rituales, quien hablaba su idioma, aquel que recordaba las viejas historias del clan. En tanto que Moshé, el hermano, era un extranjero en toda la medida de la palabra. Criado como egipcio gobernante, embebido de la cultura egipcia, desconectado de toda vivencia o narrativa hebrea. Luego se apartó incluso físicamente, morando durante décadas lejos, en otra región, con otras tradiciones, haciendo una vida diferente a la de los hebreos.
Tanto Aarón como Moshé eran exponentes de extremos netamente diferentes, y sin embargo eran hermanos y así son mencionados y publicitados por el Autor de la Torá.
Porque lo relevante no era adonde sus Yoes Vividos los había llevado, sino que en primera instancia lo valioso era su Yo Auténtico, ser parte cada uno de la gran NESHAMÁ colectiva de Israel.
Uno era el laico, el educado para llevar una vida social de noble gentil.
El otro era el apegado a los rituales, el docto, aquel que conocía los misterios de la tradición.
Y sin embargo, ambos eran parte fundamental en la tarea de redimir a Israel de la esclavitud.
Por ello son mencionados en este punto, recordando su pertenencia a Israel, y que sus diferencias no podían borrar en modo alguno esa realidad trascendente.
Y esta es una historia que la vemos repetirse en cada generación.
La enseñanza
Si queremos una verdadera redención, el fin del exilio, es tiempo de fomentar la unidad de la Familia Judía.
Encontrar los puentes que unen para ser fuertes en la identidad espiritual, más allá de cómo ésta llegue a expresarse luego en el Yo Vivido.
Que sea la unidad la base de la fortaleza, puesto que es el reconocimiento de la identidad esencial que unifica a cada judío, esté en donde esté, sea quien sea, haga que haga.
Amar al prójimo judío sin motivo, en lugar de estar buscando la rencilla, la envidia, la diferencia secundaria.
Porque, si estamos unidos, fortalecidos, difícilmente fracasemos.
Eso es lo que nos está enseñando Dios en esta oportunidad.
Si, sin dudas que tanto Aarón como Moshé tuvieron que limar sus ásperas cubiertas del Yo Vivido, para así sintonizar mejor cada uno con su Yo Auténtico.
Sí, también hubo gente que quedó por fuera de la redención, porque escogieron ahogarse en oscuridad y embotar así toda LUZ de la NESHAMÁ, escogiendo a Egipto en lugar de la VIDA.
Pero, en tanto se pueda, es necesario seguir desarrollándonos y estableciendo mayor unidad en todos los aspectos posibles.
Que a la mesa estén Herzl y Rav Kook, Ben Gurión y I. Leibowitz, Heschel y Frankl, R. Schach y R. Schneerson, Carlebach y Ajad Haam, Einstein y Sagan, Hilel y Shamai, Jabotinsky y Dizengoff, Jazit y Macabi… ¿entiendes la idea?
Unidad, más allá de las divergencias, o incluso gracias a ellas.
Por ello, no sé si notaste que el versículo dice en singular que “ESTE es Aarón y Moshé”, para indicar que siendo unidos, se podrá tardar, habrá dificultades, el mundo seguirá con sus locuras, pero incluso así el éxito real está asegurado.
Lo material nos limita.
Así como el resto de nuestras dimensiones terrenales: emocional, social y mental.
Pero la dimensión espiritual nos libera.
Algunas limitaciones son concretas, ineludibles.
Por ejemplo, el paso del tiempo, de acuerdo a como lo vivimos en este mundo.
O cuando se requieren ciertos requisitos para un trabajo y no calificamos para ellos.
O si no somos ciudadanos de una nación, carecemos de ciertos derechos inherentes a ellos.
O el no poder controlar ni siquiera las cosas más ínfimas y banales de nuestro entorno, y de nuestro ser; siendo sometidos a todo tipo de avatares.
O la muerte, que en su faceta terrenal es la máxima impotencia posible.
Y así en decenas, miles, de circunstancias y situaciones.
La impotencia forma parte constante de nuestro ser, y forma una gran parte de nuestro Yo Vivido.
Y existen limitaciones que se generan en nuestro sistema de creencias.
El EGO jugando con nosotros nos impone falacias como realidades, encerrándonos en una celdita mental que nos niega la felicidad.
Por ejemplo, aquel que pudiera ser un excelente vendedor, pero se cree incapaz, inepto, infradotado y en base a esa realidad fabricada ni siquiera toca timbre a quien pudiera ser su comprador.
La chica a la cual le mandaron creer que como mujer no puede intervenir en ciertas áreas profesionales, y por ello se queda rezagada, amargada, con una falsa sonrisa atendiendo los quehaceres del hogar.
O la persona sumamente capacitada intelectualmente, pero a quien el EGO secuestro el pensamiento, llevándole a verse como un tonto, ignorante, merecedor de hostigamientos por su tara mental.
Y así podríamos sumar infinidad de ejemplos que probablemente te suenen conocidos muchos de ellos.
Conocer nuestras limitaciones reales nos permite emprender soluciones alternativas, o admitir la impotencia y dejar fluir aquello que no puede ser controlado.
Conocer nuestras limitaciones creídas y dar los pasos necesarios para quitarnos el yugo del EGO, nos alienta a avanzar en una aventura de mayor conciencia y felicidad.
Conocer la diferencia entre ambas, nos permite ser menos esclavos.
Para seguir meditando y creciendo:
«(5) Asimismo, yo he escuchado el gemido de los Hijos de Israel, a quienes los egipcios esclavizan, y me he acordado de mi pacto.
(6) Por tanto, di a los Hijos de Israel: ‘Yo soy el Eterno. Yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto y os salvaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos justicieros.
(7) Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Elohim. Vosotros sabréis que yo soy el Eterno vuestro Elokim, que os libra de las cargas de Egipto.
(8) Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Avraham [Abraham], a Itzjac [Isaac] y a Iaacov [Jacob]. Yo os la daré en posesión. Yo el Eterno.’
(9) De esta manera habló Moshé [Moisés] a los Hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moshé [Moisés], a causa de la angustia de ánimo y del duro trabajo.»
(Shemot / Éxodo 6:5-9)
El patriarca Iaacov/Israel se sabe próximo a su deceso, entonces se encarga de lo trascendente:
«(28) Todos éstos llegaron a ser las doce tribus de Israel, y esto fue lo que su padre les dijo al bendecirlos; a cada uno lo bendijo con su respectiva bendición.
(29) Luego les mandó diciendo: ‘Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo;
(30) en la cueva que está en el campo de Macpela, frente a Mamre, en la tierra de Canaán, la cual compró Avraham [Abraham] a Efrón el heteo, junto con el campo, para posesión de sepultura.
(31) Allí sepultaron a Avraham [Abraham] y a Sara su mujer, allí sepultaron a Itzjac [Isaac] y a Rebeca su mujer, y allí sepulté yo a Lea.
(32) El campo y la cueva que está en él fueron adquiridos de los hijos de Het.’
(33) Cuando acabó de dar instrucciones a sus hijos, recogió sus pies en la cama y expiró. Y fue reunido con sus padres.»
(Bereshit / Génesis 49:28-33)
Bendice a sus hijos, a cada uno de acuerdo a sus cualidades, a cómo se iría desarrollando en tribus.
Una bendición específica, la adecuada, que contemplaba desde la inspiración divina las necesidades y realidades del hijo y descendencia.
Una perspectiva positiva y realista, de vida.
Es comprensible esta despedida, este legado sagrado.
Sin embargo, sus últimas palabras parecen un poco extrañas.
No se dirigen a reforzar el ritualismo, ni prácticas “religiosas”, ni una identidad tribal en particular.
Ni es un pomposo estudio acerca de la divinidad y cuestiones teológicas.
Ni una prédica moralista cargada de imperativos religiosos.
Ni un quebrado corazón recurriendo a los últimos ardides del EGO para obtener compasión.
Ni un lastimero adiós a esta vida.
Miremos bien sus palabras.
Es un extenso recordatorio, lleno de detalles que parecen realmente innecesarios para estar rememorando precisamente en este preciso momento.
Vamos, relee el párrafo y admite junto conmigo que parece un tanto raro que el patriarca moribundo gaste su último aliento en lo que está contando.
Pero entonces, recordamos que Dios había prometido dos cosas a Avraham: descendencia y la tierra de Israel.
Y hacemos rápidamente el enlace mental con lo que está sucediendo en este momento.
Iaacov se encargó de guiar con sus bendiciones a sus hijos, la descendencia del pacto sagrado.
Y tenía que conducir las mentes y corazones a afianzar la idea de que la alianza eterna también incluye la tierra para que moren en paz y plenitud.
Por ello se enfoca en mencionar tanto detalle, en recordar historias antiguas conocidas, en ser exacto en las descripciones; por amor a su tierra, para que esa sana pasión se preserve y fortalezca en sus continuadores.
El Eterno no había prometido una Torá a los patriarcas, ni mandamientos, ni rituales, ni un templo sagrado, ni un plan para ser “salvos” de pecados, ni la vida luego de la vida.
Él prometió y pactó la descendencia y la propiedad de la tierra de Israel.
Lo cual reiteró cabalmente cuando los israelitas salían de Egipto:
«(8) Yo he descendido para librarlos de la mano de los egipcios y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y amplia, una tierra que fluye leche y miel, al lugar de los cananeos, heteos, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos.»
(Shemot / Éxodo 3:8)«(6) Por tanto, di a los Hijos de Israel: ‘Yo soy el Eterno. Yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto y os salvaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos justicieros.
(7) Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Elohim. Vosotros sabréis que yo soy el Eterno vuestro Elokim, que os libra de las cargas de Egipto.
(8) Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Avraham [Abraham], a Itzjac [Isaac] y a Iaacov [Jacob]. Yo os la daré en posesión. Yo el Eterno.’»
(Shemot / Éxodo 6:6-8)
Y no son las únicas ocasiones en que encontramos similar mensaje: la redención de Israel se completa con ellos viviendo en la tierra de Israel redimida.
Siendo así, ¿cómo y dónde entra la Torá y los mandamientos?
(Publicado originalmente en SERJUDIO.com, compartido aquí por contar con interesantes enseñanzas para los noájidas. ¿Sabes cuáles?).
«di a los Hijos de Israel: ‘Yo soy el Eterno. Yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto y os salvaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos justicieros.
Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Elohim. Vosotros sabréis que yo soy el Eterno vuestro Elokim, que os libra de las cargas de Egipto.
Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Avraham [Abraham], a Itzjac [Isaac] y a Iaacov [Jacob]. Yo os la daré en posesión. Yo el Eterno.’«
(Shemot / Éxodo 6:6-8)
No alcanza con dejar de sufrir, pero nos bastaría.
No alcanza con salir de la esclavitud, pero nos bastaría.
No alcanza con ser testigos de hechos grandiosos y maravillosos, pero nos bastaría.
No alcanza con vincularse de manera especial e íntima con Dios y Éste con uno, pero nos bastaría.
No alcanza con saber que es Dios quien nos conduce, pero nos bastaría.
No alcanza con ir a la Tierra de la Promisión, pero nos bastaría.
Sino que son parte de un camino que conduce a una meta: poseer la tierra que nos pertenece, entonces se cumple a pleno el “Yo soy el Eterno”.
Así también en cada una de las cuestiones de nuestra vida.
Avanzar entre las dificultades, pasar por los momentos de gozo, aceptar las alturas así como las llanuras, en tanto se tiene en mente la meta y se anda hacia ella.
Dejar de lado lo que no aporta a la causa, no encerrarse en celditas mentales, no guardar rencor, no quedarse anclado al pasado o a ilusiones que desvían de la ruta.
Tener conciencia de la meta, hacer lo bueno y justo para llegar a ella.
Las cosas no marchan como quieres, puedes amargarte, abandonar, quejarte, recluirte, luchar con palos contra las sombras, gritar, llorar, hacer de cuenta que no pasa nada… o puedes probar con lo que realmente puede servirte.
La cuestión es dejar la fantasía, transformarla en creatividad. Ésta en aliciente para un proyecto, el cual se traduce en una planificación. Ésta se lleva a la práctica, se evalúa, se modifica en lo necesario. Se continúa ejerciendo nuestro poder con la vista puesta en la meta, sin aflojar.
Habrá momentos de flaqueza, son esperables.
Habrá períodos para sentir que nada vale la pena, que la meta es inalcanzable, que es un error seguir en la senda hacia ella.
Es tiempo para reconsiderar, con la mente creativa pero con los pies bien plantados en la tierra.
Habrá ocasiones de tanta algarabía que parecerá innecesario seguir el esfuerzo hasta la meta.
El secreto está en darse cuenta que la meta a veces puede ser el sentido con el cual vivimos nuestra vida, no un punto al que llegaremos materialmente.
A veces, la meta es concreta tras la cual descubrimos una nueva meta para alcanzar.
Siempre, cada pasito es una meta en sí misma.
¿Qué es lo importante?
Llenar de sentido trascendente nuestra existencia.
Hacer realidad la Presencia en cada momento, construir shalom.
El faraón y Egipto comienzan a padecer severamente las plagas que el Eterno está enviando, ya está claro que hay algo sobrenatural, poderoso, inalcanzable para la ciencia (alias magia en aquella época/lugar), imposible de realizar por parte de los dioses inexistentes y sus astutos sacerdotes.
Entonces:
"…el faraón llamó a Moshé [Moisés] y a Aarón, y les dijo: -Id, ofreced sacrificios a vuestro Elokim, dentro del país.
Moshé [Moisés] respondió: -No conviene que lo hagamos así, porque ofreceríamos como sacrificio al Eterno lo que es una abominación a los egipcios. Si sacrificáramos en presencia de los egipcios lo que para ellos es una abominación, ¿no nos apedrearían?"
(Shemot / Éxodo 8:21-22)
Nos percatamos fácilmente de lo que suenan a palabras insolentes de Moshé hacia el faraón y sus creencias.
¿O no lo son?
Está hablando de un dios de los egipcios (el chivo), al rey de los egipcios, y lo trata como la “abominación”.
Esto puede entenderse de muchas maneras.
Algunos comentaristas explican que el versículo no es textual en su cita de lo que expresó Moshé, quien fue mucho más diplomático en su discurso ante el rey egipcio, aunque en mente tuviera claro lo desagradable que es la idolatría (Ibn Ezra citando a Rabbi Iehoshua).
Pero luego, el mismo Ibn Ezra nos recuerda que para los egipcios era abominación aquellos que trabajan con ganado, que lo comen, etc. (ver Bereshit / Génesis 43:32).
Entonces, no estaría Moshé despreciando al dios egipcio, sino diciendo que para los egipcios es despreciable que los hebreos realicen un sacrificio con ese animal.
Por ello lo mejor sería alejarse de la mirada egipcia, como para no despertar el descontento y el rechazo de la población.
Por otra parte, están los otros comentaristas que indican que Moshé se aprovechó de la circunstancia para dejar bien en claro el lugar de los dioses de Egipto, de los dioses en general (Baal haTurim, por ejemplo).
Como sea, ¿encuentras en el pasaje que te cité de la Torá una increíble enseñanza que se puede aplicar a tu vida cotidiana?
Si te das cuenta, si la descubres, si la imaginas, ¿quisieras compartirla con nosotros?
Gracias, hasta luego.