Categoría: 02 Vaerá

… no solamente el Eterno atendió a los gemidos del Pueblo, sino que cada uno de los israelitas escuchaba y prestaba atención al sufrimiento de su prójimo. Cuando uno atiende al prójimo desamparado, incluso en medio del propio desamparo, es un momento oportuno para que el Eterno actúe de modo prodigioso…

  • Parashat Vaerá, 5783

    Vaerá («Aparecí»), es la sidrá 14ª de la Torá; 2ª del sefer Shemot. Entre 6:2 y 9:35. Se acostumbra acompañar por la lectura del profeta Iejezkel (28:25 – 29:21).
    Continúa narrando la historia de Moisés y su misión de liberar al pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto.

    Veamos su contenido.

    Se nos dice que Dios recuerda el pacto realizado con los patriarcas, y presta atención al sufrimiento de los israelitas. Por supuesto que es un lenguaje metafórico, usado para que podamos entender que recién en este momento Dios ha manifestado Su plan de redención de los israelitas.
    Es evidente que Él sabe todo, conoce todo, atiende todo, y en especial las penurias de los israelitas; sin embargo, desde el punto de vista de los israelitas, Dios había desaparecido del mapa. Solo en esta oportunidad, con el comienzo del trabajo de Moshé, se enteran de que Dios está trabajando para darles libertad y llevarlos a la tierra de los patriarcas.
    Así pues, Dios envía a Moshé para que comunique a los Hijos de Israel que Él los sacará de Mitzraim y se transformará en su Dios.
    Sin embargo, ellos no escuchan.
    ¿Será que no confiaban en el ex príncipe egipcio, devenido ahora en salvador de judíos?
    ¿Tal vez están embrutecidos por la angustia y la ignorancia, y no creen que es posible que Dios los venga a rescatar?
    ¿Quizás quieren hechos concretos, mensurables, y no solamente lindas promesas que nunca se han cumplido?

    Cualquiera sea la razón de su falta de escucha, Dios ordena a Moshé que se presente ante Faraón para pedirle la libertad de los Hijos de Israel. Moshé se resiste, pretendiendo ser torpe para hablar, pero la orden de Dios es inamovible, y es reiterada.
    Además, Dios le dice a Moshé que ahora podrán ver actuar a la faceta de Él, a la que nosotros conocemos como «Adonai», la que se escribe con la yud he la vav y la he.

    Moisés se presenta ante los líderes de Israel y les cuenta lo que Dios le ha dicho, pero ellos no le creen. Moisés se presenta ante el faraón y le ordena que deje salir al pueblo de Israel, pero el faraón se niega.

    En el capítulo 7,  encontramos que Aarón (de ochenta y tres años) es el encargado de hablar frente a Faraón, por orden del Eterno, y va junto a su hermano (Moshé, de ochenta años de edad)) sabiendo que sus ruegos frente al dignatario serán desatendidos, y que pronto H’ demostrará su inmenso poder sobre Mitzraim. Tal como fuera advertido, a pesar de que frente a Faraón hacen maravillas (el bastón se convierte en serpiente y viceversa), los magos de Faraón duplican la señal, de esa forma pretenden demostrar el poco poder del Dios de los israelitas. La serpiente – vara de Aarón devora a la de los brujos, demostrando que el poder de los enviados de H’ es real y no simples estratagemas o magia de salón.

    Ante la negativa de faraón, Dios comienza a enviar las primeras plagas sobre Egipto como aliciente para que el ánimo de faraón y su pueblo quede abatido, entonces quiera dejar salir al pueblo de Israel.
    Pero, el faraón se niega a cambiar su decisión, a pesar de que las aguas de Mitzraim para los que no eran hebreos se transformaron en sangre, inútil para beber, lavar, etc. Dios ya había anunciado la renuencia de faraón, la dureza de su corazón, por lo que continuará enviando más plagas sobre Egipto.

    Llegados al capítulo 8, encontramos que sobrevino la plaga de la rana.
    Los magos pudieron imitar ambas plagas, haciendo con sus trucos e ilusiones, que nuevamente faraón haga oídos sordos a los requerimientos de Moshé.

    Sin embargo, con la llegada de la tercera plaga, la de los piojos, los brujos egipcios tuvieron que conceder que un poder muy superior al de ellos era el único que podía hacer esto. Pero, el corazón de Faraón estaba endurecido y no se percataba de los males que estaba atrayendo sobre sí y su pueblo.

    En el noveno capítulo encontramos que, las plagas no afectan a los israelitas en Goshen, en tanto el resto de la población cada vez sufre más.
    Dios envía luego las plagas de animales salvajes, peste y granizo. Antes de cada una, Moshé exhorta a Faraón a tomar consciencia de lo que está sucediendo, y que acepte dejar salir a los israelitas, pues no quiere el sufrimiento de los egipcios. Sin embargo, el Faraón no escucha y persiste en su posición negativa.

    Luego de cada plaga, Moshé regresa a solicitar la libertad para su pueblo, y así detener el sufrimiento de Mitzraim, pero el Faraón sigue siendo intransigente.

    Preguntas:

    1. ¿Qué plagas son mencionadas en esta sidrá?

    2. ¿Cuándo los brujos egipcios reconocieron su impotencia y el poder de H’?

    3. ¿Quién no sufre de las plagas?

    4. ¿Quién tenía su corazón endurecido? ¿Por qué es así?

    5. ¿Dónde vivían los israelitas?

    6. ¿Por qué los israelitas no escucharon a Moshé con sus promesas de Libertad?

    7. ¿Por qué no lo escuchó el Faraón?

    8. ¿Quién era el encargado de «Relaciones Públicas» de Moshé?

    9. ¿Qué pedía Moshé siempre?

    10. ¿Cómo vemos la bondad de H’ a pesar de las plagas que envía?

     

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  • Mente perturbada por Dios

    Este es un estudio dedicado para la elevación del espíritu de la señora Ocotlán bat Candelaria, ofrecido por su amorosa hija Sandra merced a su Tzedaká que nos hizo llegar amablemente.
    Que el espíritu de la dama esté en el Gan Eden junto a los justos. Que todos sus descendientes sean benditos en su nombre y por sus acciones.

    Si quieres puedes hacernos una donación para que escribamos estudios de Torá y recemos por salud, bienestar, prosperidad tuya y de personas que tu amas. También por la ilui nishmat de seres queridos.
    Compartes de tu mundo material para que compartamos de nuestro mundo espiritual.
    Gracias: https://serjudio.com/apoyo

    Pasemos al estudio.

    «Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto.»
    (Shemot / Éxodo 7:3)

    Ante todo sepamos que en el idioma de la Torá, y de acuerdo al contexto, la palabra “corazón” se debe entender aquí como el órgano dedicado a los procesos mentales, en particular el pensamiento.
    Si se hubiera entregado la Torá en la actualidad estaría escrito “cerebro”.
    En tanto que “endurecer” hoy sería “entorpecer”, “enlentecer”, “limitar”.
    Por lo cual, el versículo nos está diciendo que faraón tendría alteradas sus funciones mentales, más propiamente su capacidad de razonar.

    El Eterno NO está diciendo que Él tomaría las decisiones en lugar del faraón, sino que intervendría para encaminar de cierta forma al faraón en sus elecciones.
    Limitando su capacidad de razonamiento, obligándolo de cierta forma a mantenerse dentro de la celdita mental (que cada uno de nosotros también padece), sin atreverse (o sin poder) dar pasitos fuera de su zonita de confort (falsa comodidad, porque en verdad es angustia y miseria pero que se elige en vez de aventurarse allá donde el miedo nos espanta).

    Esto NO es quitarle a aquel rey su libertad de elegir entre hacer lo bueno y hacer lo malo, ni hacer de él una marioneta que no pesa sobre ella ni culpa ni responsabilidad.
    El hombre sigue tomando sus decisiones, como puede, dentro de sus limitaciones… ¡precisamente allí es donde estaría la intervención Divina! Abultando el peso de las limitaciones, reduciendo las posibilidades para el faraón, pero sin por ello quitarle su potestad a ser quien elige entre lo bueno y lo malo.

    Queda bien en claro quién está decidiendo un accionar duro:

    «Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Hashem había dicho.»
    (Shemot / Éxodo 7:13)

    Es el propio faraón el que escoge su senda brutal.
    Es él quien con crueldad maltrató a los judíos, asesinó niños, persiguió indefensos, postergó lo inevitable, llevó a gran sufrimiento a su pueblo.
    Fue el faraón, y eventualmente el resto de los egipcios, quienes paralizaron su voluntad, restringieron su mente, se aferraron violentamente a sus celditas mentales.
    Porque precisamente esto es lo que está contado en esta parte de la Torá: la fiera esclavitud del hombre a su celdita mental, su derrota ante el Sistema de Creencias, su decantarse por lo que es malo por no atreverse a ser mejores.
    Lo que pasaba al faraón y su gente, no es algo ajeno a lo que nos pasa a cada uno de nosotros.
    Solamente que en el caso del rey, Dios estaba interviniendo directamente para limitar lo ya de por sí limitado que era el espectro de alternativas para el faraón.

    Tal como enseñan los Sabios: “por donde el hombre quiere ir, Dios le acompaña”; en este caso, el faraón decidió andar por caminos de horror y oscuridad, entonces Dios le ayudó a ahogarse más profundamente en eso.
    Esto es endurecer el corazón, cuando se le acompaña en sus malas decisiones, porque Dios nos autorizó a tomar malas decisiones. Él no quiere que lo hagamos, nos prohibió hacer daño, pero si optamos por lo malo… estamos en nuestro derecho.
    Pero después se pagan las consecuencias, siempre. Sea en este mundo o en el venidero, todo pasa por caja… para bien, para mal.

    Con este acompañamiento de Dios a que faraón transitara lo más putrefacto de su ser, Dios estaba permitiendo que faraón se enredara cada vez más con las partes más oscuras y sádicas de su Sistema de Creencias, lo que haría en un primer momento que esas creencias terribles se vieran reforzadas, endurecidas, sobredimensionadas (para después desmoronarse).
    Y estamos hablando de faraón, el hombre más poderoso de su época. Como sabemos, cuanto más poder se tiene, más graves son las consecuencias de las acciones o de las omisiones.
    Por lo cual, cada mala decisión del faraón, cada paso en falso, cada puerta que se cerraba, estaba generando un caos mayor, un disturbio más violento.

    Debe quedar bien claro lo que estamos enseñando.
    Fueron las decisiones de faraón y de sus seguidores las que fueron fortaleciendo los barrotes de su celdita mental. Ellos se adentraban más y más en esa prisión, por propia voluntad.
    Con cada elección que hacían, menos libertad se estaban permitiendo.
    Cada vez más eran más presos de ellos mismos, cortando los lazos con la creatividad, con el pensamiento flexible, con la generación de alternativas.
    Se estaba endureciendo el corazón del faraón y Dios lo permitía, Él decía “¡amén!».

    Pero, por si fuera poco, el Creador organizó un contexto en el cual el proceso mental del faraón estaría reducido, endurecido mucho más que lo habitual.
    ¿Cómo?
    Quitando opciones a su alcance.
    Dios no tocó una pizca de la libertad de pensamiento y elección del egipcio, pero sustrajo de su entorno senderos alternativos. Le fue cerrando puertas y tapiando ventanas.
    Es como si faraón se hubiera lanzado dentro de un embudo que llevaba a una picadora de carne, y hasta hiciera fuerza para ayudar a la gravedad a ser molido él con su pueblo.
    Y pudiendo Dios haber abierto algún sendero que lo sacara del problema, Él no lo hizo.
    Bueno, en realidad sí le dio muchas opciones para que faraón optara por salir del embudo, por hacer TESHUVÁ, por cambiar el horrible “destino” que le estaba cayendo encima. Pero tercamente faraón se negó una y otra vez, (al menos cinco veces destaca la Torá, pero creo que pueden ser encontradas muchas más). Entonces, si el faraón se negó a todas las alternativas que le había regalado Dios… ¿quién era Dios para decirle otra cosa?

    De cierta forma el hábito fabricado por las frecuentes conductas repetidas del faraón se habían adueñado de él.
    Su Yo Vivido estaba profundamente atascado en esa segunda naturaleza artificial (el hábito), lo cual lo mantenía en constante disonancia con su Yo Esencial (NESHAMÁ, Chispa Divina).
    El Creador hizo maravillas y portentos, manifestó Su Presencia y Poder, y sin embargo parece que no fue lo que precisaba Egipto para salvarse de sí mismo.
    ¿Entendiste?

    Recuerda, esto pasó con faraón y su gente, pero estamos describiendo mecanismos emocionales/mentales/sociales que padecemos nosotros a diario.
    La celdita mental, la zona de confort, el Sistema de Creencias, el EGO no son mitos ni fantasías, son realidades de cada día (lo sepamos o no, lo creamos o no, los confrontemos o no).

    Trataré de aclarar con unos ejemplos, que es mucho más fácil de comprender y de explicar.

    Tienes el dinero que corresponde para los necesitados en tu mano, pero, por una de esas cosas de la vida, justamente hoy no se te cruza ningún mendigo.
    No están los pibes en la esquina limpiando vidrios.
    Ni la dama anciana y sin familia en la puerta del súper.
    Nada, como si estuvieras en Dubái y cero pobres a la vista.
    Vas a la sinagoga para depositar la platita en la alcancía destinada a los necesitados, pero está cerrada.
    Dentro de una hora sale tu bus y luego será Shabat, y no tienes opciones a la vista para cumplimentar con tu tzedaká ese día.
    Realmente tenías alternativas entre hacer lo bueno y no hacerlo, entre hacer lo malo y no hacerlo.
    Pero estabas tan limitado que no se te ocurrió qué hacer.
    (De paso te cuento, exactamente esto le pasó hace unos años a un conocido).

    Otro ejemplo, en este caso de otro amigo y también hace un tiempo atrás.
    Tienes un hijo al que la madre, que ahora es tu ex, te dejaba verlo, pero un buen día lo prohíbe.
    Intentas negociar amistosamente para verlo, pero resulta imposible porque chocas con una barrera de incomprensión, mercantilismo, manipulación.
    Entonces, no ves más salida que ir a los juzgados. Contratas a un abogado para que lleves el asunto y te encarece tu causa; presentan las demandas legales para ver al hijo, la madre contrata a otro abogado y el asunto tras de encarecerse, se alarga.
    En medio se meten otros familiares y conocidos a opinar, a provocar, a inventar historias que van perjudicando todo el asunto y pareciera que muchos de los que se involucran pierden de vista lo más importante: el bienestar del chico.
    Toda estas personas pueden optar por buscar un camino de concordia, de equilibrio, pero una decisión acá, un enojo allá, un derecho más allá, el EGO por doquier, y de pronto están metidos en una montaña rusa en donde pareciera que no tienen el control de los sucesos. Van corriendo como si fueran empujados por fuerzas misteriosas, como si tuvieran endurecido el pensamiento y no consiguieran ser dueños de sus vidas.
    ¿Acaso es un perverso dios que juega con ellos a una partida de simulación?

    Y un último ejemplo.
    La jovencita que comienza a fumar y beber alcohol por la presión de sus “amigas”.
    Para no perder su “amistad”, para no ser abochornada, por ilusionarse con parecer mayor, por posar de superada, por lo que sea menos una esclarecida decisión esta chica se introduce en un mundo oscuro de vicios socialmente aceptados pero igualmente de esclavizantes y enfermantes.

    Podríamos proponer multitud de otras anécdotas para hacernos comprender, pero creo que ya está aclarado el aspecto.

    Poniéndolo en el caso del faraón, podemos decir que el sistema de gobierno, la presión de su pueblo, la posición ante el juicio de otros imperios, la imprudencia del egocentrismo, la altanería, su propio relato de poderío para defenderse de sentir impotencia, sus pasadas decisiones que ahora debía seguir apoyando aunque se diera cuenta de lo erróneo del asunto, la disonancia cognitiva, entre otras cuestiones tenían encerrado a faraón en una elección limitada de opciones.
    Igualmente libre para decidir, pero con muchas menos alternativas que consideraba viables.

    Por último, añadamos que también es posible endurecer la toma de decisión de alguien, obstaculizarla, cuando se anestesia su sensibilidad y se entorpece su empatía.
    Es como alguien que no siente que se está quemando y por ello sigue con la mano apoyada sobre el fuego. Hasta que no huele a carne chamuscada, no advierte el daño que se ha estado ocasionando por su incapacidad para sentir.
    Esto perfectamente pudo haber hecho el Creador con el faraón, embotarle su percepción para que siguiere empedernido en sus malas decisiones, las cuales tomaba con absoluta libertad pero en condiciones desfavorables.
    Y también, llenarle de miedos. Hacer que su mente fuera invadida por malos pensamientos, molestas fantasías de impotencia que mantienen a la persona paralizada en una situación dolorosa pero sin respuesta para mejorar. ¿Qué si no estaban causando las terribles plagas, aparte de daños materiales constatables?
    Estaban provocando el derrumbe de la ideología Egipcia, la alteración fundamental de los basamentos del Sistema de Creencias común para ellos.
    Era un revolución profunda y que causaba estragos terribles, limitando a los egipcios en sus opciones.

    En resumen, tenemos como siempre mucho para aprender, otro tanto para desaprender, y necesariamente que aplicar para llevar una mejor vida.
    En especial atendamos el tema de la celdita mental, que tanto daño y sufrimiento nos ocasiona; porque es otra manera de llamar a la “dureza de corazón”.

    Al releer este estudio encuentro que me quedé corto, porque hay mucha información que deje afuera. Al mismo tiempo veo que está demasiado complejo y muchos podrían confundirse o perderse en el hilo.
    Hacemos lo posible…



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  • ¿Cómo se endurece el corazón?

    Este es un estudio dedicado para la elevación del espíritu de la señora Ocotlán bat Candelaria, ofrecido por su amorosa hija Sandra merced a su Tzedaká que nos hizo llegar amablemente.
    Que el espíritu de la dama esté en el Gan Eden junto a los justos. Que todos sus descendientes sean benditos en su nombre y por sus acciones.

    Publicado originalmente en belev.me (Z»L) en el año 2019.

    Si quieres puedes hacernos una donación para que escribamos estudios de Torá y recemos por salud, bienestar, prosperidad tuya y de personas que tu amas. También por la ilui nishmat de seres queridos.
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    Pasemos al estudio.

    «Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto.»
    (Shemot / Éxodo 7:3)

    Ante todo sepamos que en el idioma de la Torá, y de acuerdo al contexto, la palabra “corazón” se debe entender aquí como el órgano dedicado a los procesos mentales, en particular el pensamiento.
    Si se hubiera entregado la Torá en la actualidad estaría escrito “cerebro”.
    En tanto que “endurecer” hoy sería “entorpecer”, “enlentecer”, “limitar”.
    Por lo cual, el versículo nos está diciendo que faraón tendría alteradas sus funciones mentales, más propiamente su capacidad de razonar.

    El Eterno NO está diciendo que Él tomaría las decisiones en lugar del faraón, sino que intervendría para encaminar de cierta forma al faraón en sus elecciones.
    Limitando su capacidad de razonamiento, obligándolo de cierta forma a mantenerse dentro de la celdita mental (que cada uno de nosotros también padece), sin atreverse (o sin poder) dar pasitos fuera de su zonita de confort (falsa comodidad, porque en verdad es angustia y miseria pero que se elige en vez de aventurarse allá donde el miedo nos espanta).

    Esto NO es quitarle a aquel rey su libertad de elegir entre hacer lo bueno y hacer lo malo, ni hacer de él una marioneta que no pesa sobre ella ni culpa ni responsabilidad.
    El hombre sigue tomando sus decisiones, como puede, dentro de sus limitaciones… ¡precisamente allí es donde estaría la intervención Divina! Abultando el peso de las limitaciones, reduciendo las posibilidades para el faraón, pero sin por ello quitarle su potestad a ser quien elige entre lo bueno y lo malo.

    Queda bien en claro quién está decidiendo un accionar duro:

    «Y el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, tal como Hashem había dicho.»
    (Shemot / Éxodo 7:13)

    Es el propio faraón el que escoge su senda brutal.
    Es él quien con crueldad maltrató a los judíos, asesinó niños, persiguió indefensos, postergó lo inevitable, llevó a gran sufrimiento a su pueblo.
    Fue el faraón, y eventualmente el resto de los egipcios, quienes paralizaron su voluntad, restringieron su mente, se aferraron violentamente a sus celditas mentales.
    Porque precisamente esto es lo que está contado en esta parte de la Torá: la fiera esclavitud del hombre a su celdita mental, su derrota ante el Sistema de Creencias, su decantarse por lo que es malo por no atreverse a ser mejores.
    Lo que pasaba al faraón y su gente, no es algo ajeno a lo que nos pasa a cada uno de nosotros.
    Solamente que en el caso del rey, Dios estaba interviniendo directamente para limitar lo ya de por sí limitado que era el espectro de alternativas para el faraón.

    Tal como enseñan los Sabios: “por donde el hombre quiere ir, Dios le acompaña”; en este caso, el faraón decidió andar por caminos de horror y oscuridad, entonces Dios le ayudó a ahogarse más profundamente en eso.
    Esto es endurecer el corazón, cuando se le acompaña en sus malas decisiones, porque Dios nos autorizó a tomar malas decisiones. Él no quiere que lo hagamos, nos prohibió hacer daño, pero si optamos por lo malo… estamos en nuestro derecho.
    Pero después se pagan las consecuencias, siempre. Sea en este mundo o en el venidero, todo pasa por caja… para bien, para mal.

    Con este acompañamiento de Dios a que faraón transitara lo más putrefacto de su ser, Dios estaba permitiendo que faraón se enredara cada vez más con las partes más oscuras y sádicas de su Sistema de Creencias, lo que haría en un primer momento que esas creencias terribles se vieran reforzadas, endurecidas, sobredimensionadas (para después desmoronarse).
    Y estamos hablando de faraón, el hombre más poderoso de su época. Como sabemos, cuanto más poder se tiene, más graves son las consecuencias de las acciones o de las omisiones.
    Por lo cual, cada mala decisión del faraón, cada paso en falso, cada puerta que se cerraba, estaba generando un caos mayor, un disturbio más violento.

    Debe quedar bien claro lo que estamos enseñando.
    Fueron las decisiones de faraón y de sus seguidores las que fueron fortaleciendo los barrotes de su celdita mental. Ellos se adentraban más y más en esa prisión, por propia voluntad.
    Con cada elección que hacían, menos libertad se estaban permitiendo.
    Cada vez más eran más presos de ellos mismos, cortando los lazos con la creatividad, con el pensamiento flexible, con la generación de alternativas.
    Se estaba endureciendo el corazón del faraón y Dios lo permitía, Él decía “¡amén!».

    Pero, por si fuera poco, el Creador organizó un contexto en el cual el proceso mental del faraón estaría reducido, endurecido mucho más que lo habitual.
    ¿Cómo?
    Quitando opciones a su alcance.
    Dios no tocó una pizca de la libertad de pensamiento y elección del egipcio, pero sustrajo de su entorno senderos alternativos. Le fue cerrando puertas y tapiando ventanas.
    Es como si faraón se hubiera lanzado dentro de un embudo que llevaba a una picadora de carne, y hasta hiciera fuerza para ayudar a la gravedad a ser molido él con su pueblo.
    Y pudiendo Dios haber abierto algún sendero que lo sacara del problema, Él no lo hizo.
    Bueno, en realidad sí le dio muchas opciones para que faraón optara por salir del embudo, por hacer TESHUVÁ, por cambiar el horrible “destino” que le estaba cayendo encima. Pero tercamente faraón se negó una y otra vez, (al menos cinco veces destaca la Torá, pero creo que pueden ser encontradas muchas más). Entonces, si el faraón se negó a todas las alternativas que le había regalado Dios… ¿quién era Dios para decirle otra cosa?

    De cierta forma el hábito fabricado por las frecuentes conductas repetidas del faraón se habían adueñado de él.
    Su Yo Vivido estaba profundamente atascado en esa segunda naturaleza artificial (el hábito), lo cual lo mantenía en constante disonancia con su Yo Esencial (NESHAMÁ, Chispa Divina).
    El Creador hizo maravillas y portentos, manifestó Su Presencia y Poder, y sin embargo parece que no fue lo que precisaba Egipto para salvarse de sí mismo.
    ¿Entendiste?

    Recuerda, esto pasó con faraón y su gente, pero estamos describiendo mecanismos emocionales/mentales/sociales que padecemos nosotros a diario.
    La celdita mental, la zona de confort, el Sistema de Creencias, el EGO no son mitos ni fantasías, son realidades de cada día (lo sepamos o no, lo creamos o no, los confrontemos o no).

    Trataré de aclarar con unos ejemplos, que es mucho más fácil de comprender y de explicar.

    Tienes el dinero que corresponde para los necesitados en tu mano, pero, por una de esas cosas de la vida, justamente hoy no se te cruza ningún mendigo.
    No están los pibes en la esquina limpiando vidrios.
    Ni la dama anciana y sin familia en la puerta del súper.
    Nada, como si estuvieras en Dubái y cero pobres a la vista.
    Vas a la sinagoga para depositar la platita en la alcancía destinada a los necesitados, pero está cerrada.
    Dentro de una hora sale tu bus y luego será Shabat, y no tienes opciones a la vista para cumplimentar con tu tzedaká ese día.
    Realmente tenías alternativas entre hacer lo bueno y no hacerlo, entre hacer lo malo y no hacerlo.
    Pero estabas tan limitado que no se te ocurrió qué hacer.
    (De paso te cuento, exactamente esto le pasó hace unos años a un conocido).

    Otro ejemplo, en este caso de otro amigo y también hace un tiempo atrás.
    Tienes un hijo al que la madre, que ahora es tu ex, te dejaba verlo, pero un buen día lo prohíbe.
    Intentas negociar amistosamente para verlo, pero resulta imposible porque chocas con una barrera de incomprensión, mercantilismo, manipulación.
    Entonces, no ves más salida que ir a los juzgados. Contratas a un abogado para que lleves el asunto y te encarece tu causa; presentan las demandas legales para ver al hijo, la madre contrata a otro abogado y el asunto tras de encarecerse, se alarga.
    En medio se meten otros familiares y conocidos a opinar, a provocar, a inventar historias que van perjudicando todo el asunto y pareciera que muchos de los que se involucran pierden de vista lo más importante: el bienestar del chico.
    Toda estas personas pueden optar por buscar un camino de concordia, de equilibrio, pero una decisión acá, un enojo allá, un derecho más allá, el EGO por doquier, y de pronto están metidos en una montaña rusa en donde pareciera que no tienen el control de los sucesos. Van corriendo como si fueran empujados por fuerzas misteriosas, como si tuvieran endurecido el pensamiento y no consiguieran ser dueños de sus vidas.
    ¿Acaso es un perverso dios que juega con ellos a una partida de simulación?

    Y un último ejemplo.
    La jovencita que comienza a fumar y beber alcohol por la presión de sus “amigas”.
    Para no perder su “amistad”, para no ser abochornada, por ilusionarse con parecer mayor, por posar de superada, por lo que sea menos una esclarecida decisión esta chica se introduce en un mundo oscuro de vicios socialmente aceptados pero igualmente de esclavizantes y enfermantes.

    Podríamos proponer multitud de otras anécdotas para hacernos comprender, pero creo que ya está aclarado el aspecto.

    Poniéndolo en el caso del faraón, podemos decir que el sistema de gobierno, la presión de su pueblo, la posición ante el juicio de otros imperios, la imprudencia del egocentrismo, la altanería, su propio relato de poderío para defenderse de sentir impotencia, sus pasadas decisiones que ahora debía seguir apoyando aunque se diera cuenta de lo erróneo del asunto, la disonancia cognitiva, entre otras cuestiones tenían encerrado a faraón en una elección limitada de opciones.
    Igualmente libre para decidir, pero con muchas menos alternativas que consideraba viables.

    Por último, añadamos que también es posible endurecer la toma de decisión de alguien, obstaculizarla, cuando se anestesia su sensibilidad y se entorpece su empatía.
    Es como alguien que no siente que se está quemando y por ello sigue con la mano apoyada sobre el fuego. Hasta que no huele a carne chamuscada, no advierte el daño que se ha estado ocasionando por su incapacidad para sentir.
    Esto perfectamente pudo haber hecho el Creador con el faraón, embotarle su percepción para que siguiere empedernido en sus malas decisiones, las cuales tomaba con absoluta libertad pero en condiciones desfavorables.
    Y también, llenarle de miedos. Hacer que su mente fuera invadida por malos pensamientos, molestas fantasías de impotencia que mantienen a la persona paralizada en una situación dolorosa pero sin respuesta para mejorar. ¿Qué si no estaban causando las terribles plagas, aparte de daños materiales constatables?
    Estaban provocando el derrumbe de la ideología Egipcia, la alteración fundamental de los basamentos del Sistema de Creencias común para ellos.
    Era un revolución profunda y que causaba estragos terribles, limitando a los egipcios en sus opciones.

    En resumen, tenemos como siempre mucho para aprender, otro tanto para desaprender, y necesariamente que aplicar para llevar una mejor vida.
    En especial atendamos el tema de la celdita mental, que tanto daño y sufrimiento nos ocasiona; porque es otra manera de llamar a la “dureza de corazón”.

    Al releer este estudio encuentro que me quedé corto, porque hay mucha información que deje afuera. Al mismo tiempo veo que está demasiado complejo y muchos podrían confundirse o perderse en el hilo.
    Hacemos lo posible…

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  • Maquillar los hechos

    « Iremos a tres días de camino por el desierto y ofreceremos sacrificios al Eterno, según Él nos diga.»
    (Shemot/Éxodo 8:23-10:1)

    Mentir no está permitido.
    Sin embargo, cuando está en juego la vida, la integridad física, o algún valor fundamental, entonces es lícito modificar un poco el relato de los hechos para prevenir daños mayores.
    Pero, a no usar esta puerta lateral para eludir responsabilidades, conseguir lo secundario que no se obtendría de otra manera, o tener una excusa para soltar mentiras.

    Hay varios sitios en el Tanaj donde hemos visto el engaño permisible, y este versículo que estamos citando es uno de ellos.
    Moshé no podía plantearle al faraón que dejara salir a los israelitas indefinidamente, porque dejaba al faraón en una posición de debilidad que le era indefendible. Quedaba debilitado ante su pueblo, ante otros pueblos que tenía sometido, ante otros reyes que verían esto como una flaqueza del imperio egipcio, ante las costumbres egipcias y también ante su auto-valoración. Pedir la libertad de esos esclavos era absolutamente inaceptable, al menos en ese momento, por tanto era irracional e inútil pedirlo.
    ¿Qué tenía que hacer Moshé entonces?
    Ayudarle a faraón a encontrar una forma de dejar libre al pueblo judío sin que ello menoscabara su autoridad, su imagen de poder, su dignidad.
    Es decir, Moshé tenía que negociar para que todos fueran ganadores y eso lo percibiera faraón desde el primer momento.

    Entonces, le oferta para que diera una licencia de algunos días a los israelitas, para que fueran a un lugar apartado que no fuera molesto para los egipcios, así ellos podrían hacer los rituales que agradaban al Dios de ellos.
    Una propuesta rebelde también, pero que era manejable tanto en la práctica como en la idiosincrasia egipcia.
    Luego, cuando siguieran camino a la libertad, ya el faraón haría demostraciones de su poder, dejaría contentos a los de dentro y fuera, finalmente todos quedarían contentos.
    Pero, sabemos que faraón no aceptó y se perdió tremenda oportunidad de ser socio de Dios en la liberación de los israelitas ¡y qué bueno que fue de esta manera!

    Con este estudio la gran enseñanza NO es que mintamos para tener ventajitas o salvarnos de dar la cara cuando metimos la pata.
    Sino que tengamos sana astucia para negociar, aunque tengamos que retocar un poco la verdad, para que todos podamos ganar lealmente y sin provocar daños innecesarios.

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  • Los mares y suelos que se emocionan por ti

    Dios había enviado a Moshé para ser Su emisario en la liberación de los hebreos de la opresión.
    Ahora, llegado el momento de que comenzaran las plagas a azotar a Egipto, nos encontramos con una sorpresa:

    «El Eterno dijo también a Moshé : –Di a Aarón: ‘Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus estanques y sobre todos sus depósitos de agua; y ellas se convertirán en sangre.»
    (Shemot/Éxodo 7:19)

    Y otra sorpresa:

    «Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto.»
    (Shemot/Éxodo 8:2)

    Y una tercera sorpresa, que ya se convierte en una mega sorpresa:

    « Aarón extendió su mano con su vara y golpeó el polvo de la tierra, el cual se convirtió en piojos, tanto sobre los hombres como sobre los animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos, en toda la tierra de Egipto.»
    (Shemot/Éxodo 8:13)

    En las tres primeras plagas fue Aarón el encargado de realizar el gesto que disparó el azote celestial, en lugar de Moshé.
    ¿Cómo se entiende esto?

    El gran comentarista Rashi, citando al Midrash Rabba, nos dice:

    “Debido a que el río había protegido a Moisés cuando fue arrojado a él, por lo tanto, no fue herido por él ni por la plaga de sangre ni por la de las ranas (ni por el de piojos), sino por Aaron.”

    Es decir, el río que ayudó a salvar a Moshé cuando era bebé, no sería castigado por el Moshé adulto.
    La tierra que le ayudó a esconder el cadáver del malvado egipcio, no sería ahora mortificada por Moshé, ¡ni siquiera para cumplir con un mandato de Dios!

    Al final, parece que la respuesta de la Tradición nos deja más dudas que respuestas, porque… ¡qué le cambia al río o al suelo si Moshé provoca que de ellos salgan pestilencias y tormentos!
    ¿Acaso el río y el suelo sienten, piensan, se van a acordar del favorcito que le hicieron tantas décadas atrás a este hombre y quejarse por lo malagradecido que estaba siendo ahora?

    Está la respuesta mística, que nos afirma que sí, que los elementos naturales también tienen su sustrato emocional. Lo dejamos por aquí…
    Y está la respuesta racional, que nos enseña algo muy valioso.
    Aquí no se trata de si los elementos físicos sienten o recuerdan favores hechos en el pasado, sino que lo que está en juego es la integridad moral de Moshé.
    ¿Es lo suficientemente evolucionado espiritualmente como para respetar los elementos físicos?
    ¿Tiene compasión hasta de aquello inanimado?
    ¿Puede comprender el sufrimiento del otro y ponerse en su lugar?
    ¿Sabe ser agradecido?
    Y otras cuestiones por el estilo que nos sirven para identificar a una persona realmente espiritual de una meramente religiosa.

    Con esto en mente, podemos comprender también aquello de que las jalot sobre la mesa de Shabat se avergüenzan porque hacemos el kidush bendiciendo el vino antes que bendiciéndolas a ellas, por tanto las cubrimos para que no pasen mal.
    No, los panes no sienten, los que sentimos somos nosotros, o al menos eso espera Dios que hagamos.

    Recuerda que las emociones son el combustible para el motor, no podemos manejarnos con la frialdad de la mente exclusivamente, como tampoco permitir que la calentura de la emoción nos gobierne. Hemos de contar con el sano equilibrio para alcanzar mayores niveles de plenitud.

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  • La conciencia del hombre de la Divinidad

    «–Además, Elohim dijo a Moshé –: Yo soy I-H-V-H (el Eterno).
    Yo me aparecí a Avraham, a Itzjac y a Iaacov como Elohim Todopoderoso; pero Mi nombre I-H-V-H no fue captado por ellos.»
    (Shemot/Éxodo 6:2-3)

    El Creador recibe numerosos nombres, los dos más habituales son Elohim y Adonai (que se escribe por lo general con I-H-V-H y se suele mentar como haShem).
    Cuando en la literatura sagrada se emplea Elohim, se está haciendo referencia a Dios como un poder que se manifiesta en la creación, que opera entre otras cosas a través de la naturaleza. Es por esto que en la mente estrecha y abarrotada de EGO se llega a percibir que Elohim son numerosos poderes, es decir, dioses. Pero en verdad es solamente Uno, que impone su majestad en la creación, es el rey justiciera y atemorizante.
    Por su parte, Adonai refiere a Dios de forma ambivalente, pues es ese Dios eterno, absolutamente lejano, incomprensible, inimaginable; pero que está cerca de cada uno de nosotros. Es el Dios amoroso, que aplica la misericordia en lugar de la vara de la justicia.

    Los patriarcas de Israel conocían el nombre Adonai, pero en su mente imperaba el concepto Elohim. Vivían en una realidad social e histórica para la cual era aún mucho más complejo hacerse una remota idea de un Dios absolutamente diferente a absolutamente todo; era imposible para ellos captar a una deidad que no estuviera manifiesta a través de acciones de poder. Si bien eran monoteístas, en un mundo totalmente politeísta, ellos seguían atrapados por la creencia del Dios que se presenta en los elementos poderosos. ¿Cómo penetraría en sus mentes el concepto de una deidad totalmente trascendente y sin embargo absolutamente presente?

    Llegó la época de la liberación de Israel de Egipto, y es entonces cuando Dios decide que ha llegado el momento para que sea su manifestación como Adonai la que tome preponderancia.
    Moshé, y tal vez los israelitas, estaban en condiciones para empezar a entender que el Eterno “es” más allá de Su presencia como Elohim.

    Han pasado más de 3.300 años de aquel momento y el mundo en su inmensa mayoría, digamos que más de un 99% de la humanidad, siguen prisioneros de creencias torpes, materialistas, limitadas, propias del EGO.
    Todavía la humanidad no vive de acuerdo a su NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial, chispa de Dios), sino a los dictados del salvaje EGO.
    Pero, cuando lleguemos a esa era de la redención espiritual, cuando el EGO no domine sino que estemos orientados por la NESHAMÁ, ¿será que “veremos” a Dios? ¿Captaremos la esencia de la Divinidad? ¿Sabremos acerca de Su “identidad”? Y la respuesta es que, no. La conciencia ampliada, la comprensión clarificada, el derribo de los velos, el control del EGO, no nos hace dioses, ni nos quita nuestras limitaciones humanas. Seguiremos siendo humanos, en una versión mejorada, la mejor que podamos ser, pero sin dejar de ser humanos con nuestros límites. Lo que es terriblemente limitado está incapacitado para comprender lo absolutamente ilimitado. Por tanto, solo Dios capta a Dios, así fue, es, será. Y es genial que así sea.

    Pero lo que si evoluciona es nuestra comprensión de lo importante pero pasajero de lo material, de como está en función de lo espiritual.
    Por ello pierde rigor el concepto de Elohim en nuestra vida para ser más preponderante el Adonai.
    Sin embargo, como ya mencionamos, muchísima gente está todavía en esa prisión ideológica, llenos de religión, superstición, engaños, aparentar santidad.

    Igualmente el proceso de la redención ya ha comenzado, la Era Mesiánica ya ha amanecido.

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  • Dios recuerda

    «Me he acordado de Mi pacto.»
    (Shemot/Éxodo 6:5)

    En varias oportunidades el Eterno se menciona a Sí Mismo como “aquel que recuerda”.
    Es una cuestión bastante evidente, cuando tomamos en consideración que Él es omnisapiente, es decir, que todo lo sabe. Un “Alguien” que todo lo sabe, todo absolutamente todo, pasado, presente y futuro, por supuesto que recuerda también completamente todo.
    Entonces, ¿con qué intención el Creador se anuncia como memorioso de Sus pactos?

    Vamos a dar algunas posibles respuestas ahora, que no se contradicen sino que se complementan.
    La primera.
    Dios está anunciando que es ahora el tiempo indicado para que ponga en funcionamiento aquello que acordó en Su pacto; es decir, no está hablando de si tiene memoria o no, sino de que ha llegado el momento que tenía que llegar para que lo pactado sea relevante.
    Pongamos un ejemplo simplón. Un papá le dice a su hijo que cuando éste cumpla 18 años, él le dirá un importante secreto familiar.
    Cuando llego el decimoctavo cumpleaños del crío, el papá le revela el tal secreto, por tanto cumplió lo prometido, por tanto “recordó el pacto” que había sellado tiempo atrás.
    En el caso que nos convoca, el de Dios diciendo que recuerda Su pacto con los israelitas, está indicando que llegó la época del cumplimiento, que ya no se debe esperar más.

    La segunda.
    Dios declara que Él ahora recuerda para obligar a la persona a que recuerde, a que el humano se ponga al tanto de lo que el Eterno quiere que sepa.
    Es como una hábil maestra que estimula positivamente a su alumna, que lo incentiva para que sea el niño quien vaya descubriendo y revelando el conocimiento y que no lo viva como una imposición, una cosa ajena que se le ordena a que tome para sí.
    Entonces, el Eterno dice recordar lo que lleva al receptor del mensaje a que tome conciencia de algún punto de interés actual.

    La tercera.
    El ser humano olvida, ¡gracias a Dios por ello!
    Bien sea porque la persona no fue refrescando el recuerdo y por tanto fue perdiendo el registro, o por alguna enfermedad orgánica que causa olvido, o por algún bloqueo emocional, es propio del humano no recordar.
    Pero con el Eterno eso no ocurre, Él recuerda sin olvido.
    Él tampoco está sometido a esa limitación, por tanto todo queda registrado “en el libro”, el cual es leído a su debido tiempo.
    Nos recuerda en este párrafo el Creador otra de las infinitas diferencias entre Él y nosotros.

    La cuarta.
    Nuestra memoria no es pura y objetiva, es decir, no recordamos realmente hechos, sino que armamos un relato de fragmentos de recuerdo, los cuales a su vez registramos como parte de un relato que nos hicimos (o hicieron) de “la realidad”.
    Para la persona el recuerdo es un trabajo de reconstrucción y recreación, más que de reproducción fidedigna de acontecimientos.
    No así con el Eterno, para el cual el recuerdo es fiel, sin cambios, sin errores, sin relatos que reinventan lo sucedido.
    Él recuerda, y eso es objetivo y en gran medida cuando nos ponemos a pensar en ello… ¡es terrible para nosotros!

    La quinta.
    Él nos dice que recuerda para que no pretendamos engañarlo con nuestras excusas y mentiras.
    Es tan típico del hombre tratar de escapar de su sentimiento de impotencia por medio de la desconexión con la realidad. Nos inventamos realidades alternativas, que no tienen razón ni sentido, pero que de alguna manera nos parece útil para no sentirnos impotentes. Ante Dios todas esas patrañas caen como un velo descosido para dejar paso a la verdad al desnudo.
    Por tanto, recordemos que Él recuerda, así nos comportamos más dignamente, acorde a nuestra calidad de hijos del Creador.

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    Dios también eso recordará…

  • Vaerá: Dios es tu Salvador fiel

    Nos habíamos quedado en la parashá pasada en un punto de intenso conflicto, recordemos. La llegada de Moshé a Egipto no trajo de inmediato ninguna redención, ni tan siquiera un poquito de alivianar las penurias para los hebreos. Por el contrario, Faraón endureció las cargas y mortificaciones de los israelitas. Lo cual los llevó a quejarse duramente en contra de Moshé y Aarón. Moshé, no tenía respuestas para consolar al pueblo, ni menos para darle ánimo y fortaleza, para que confiaran en que estaban en el camino de la liberación, aunque pareciera todo lo contrario.
    De hecho, Moshé había estado absolutamente renuente a cumplir este rol de “salvador” ordenado por el Todopoderoso, solamente estaba aquí porque recibió un reiterado e imperativo mandato de Dios, del cual finalmente no pudo excusarse.
    Ahora eleva su queja ante Quien lo envió:

    «Señor, ¿por qué maltratas a este pueblo? ¿Para qué me enviaste?
    Porque desde que fui al faraón para hablarle en Tu nombre, él ha maltratado a este pueblo, y Tú no has librado a Tu pueblo.»
    (Shemot/Éxodo 5:22-23)

    Dios responde, a Moshé y al pueblo a través suyo:

    «Ahora verás lo que Yo haré al faraón, porque sólo a causa de una poderosa mano los dejará ir. A causa de una poderosa mano los ha de echar de su tierra.
    –Además, Elohim dijo a Moshé –: Yo soy el Eterno. Yo me aparecí a Avraham, a Itzjac y a Iaacov como Elohim Todopoderoso; pero Mi nombre I-H-V-H no fue captado por ellos. Yo también establecí Mi pacto con ellos, prometiendo darles la tierra de Canaán, la tierra en la cual peregrinaron y habitaron como forasteros.
    Asimismo, Yo he escuchado el gemido de los Hijos de Israel, a quienes los egipcios esclavizan, y Me he acordado de Mi pacto. Por tanto, di a los Hijos de Israel: ‘Yo soy el Eterno. Yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto y os salvaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos justicieros. Os tomaré como pueblo Mío, y Yo seré vuestro Elohim. Vosotros sabréis que Yo soy el Eterno vuestro Elohim, que os libra de las cargas de Egipto. Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé Mi mano jurando que la daría a Avraham, a Itzjac y a Iaacov. Yo os la daré en posesión. Yo el Eterno.’»
    (Shemot/Éxodo 6:1-8)

    En síntesis le está informando que la liberación no se da de forma repentina, no es un arrebato milagroso que saca a una persona de una condición nefasta e inmediatamente la deja en un estado de “nirvana”. Dios no hace magia. Y, si la magia existe, no es buena medicina cuando lo que se requiere es un proceso reparador.

    El pueblo esclavizado debería transitar un paulatino proceso de quitar cadenas físicas, emocionales, sociales y mentales (y no necesariamente en este orden). Además tendría que aprender nuevas conductas y actitudes, en tanto desaprendía los viejos hábitos arraigados en su alma. Además debería modificar, en la medida de lo posible, su Sistema de Creencias, erradicando o limitando lo negativo, corrigiendo lo ambiguo, rellenando con Luz allí donde anidaba la oscuridad. Tendrían que hacerse cargo de sus vidas, aprender a tomar decisiones y respetarlas y a hacerse cargo responsablemente de sus consecuencias. Deberían ser personas completas, íntegras e integradas socialmente, no tan solo engranajes fallados de una maquinaria corrupta que los somete a la vejación y esclavitud.

    En síntesis, de la síntesis, había por delante un trabajo monumental, complicado, doloroso, que requería mucho tiempo para que diera frutos.

    Sin los sacrificios que tendrían que hacer, no habría libertad alguna.
    Acomodados en la zona de confort, que nunca es confortable, no tendrían posibilidad alguna para estar mejor.
    ¿Sufrirían? Seguramente.
    ¿Tendrían dudas y querrían volver al pozo? Probablemente.
    ¿Se quejarían? Y sí… como lo estaban haciendo.
    Pero la Luz estaba delante, pasando por todos los obstáculos y no estaba atrás, en las celdas oscuras que habitaban (física, mental, social, mentalmente).

    Estaba muy malogrado el pueblo, hundido en lo más oscuro de la prisión emocional/mental, bloqueando la Luz del Eterno que no llegaban a percibir, aunque ahí siempre estaba.
    Esa inmersión en el lado oscuro era una de las facetas de ser esclavo en Egipto, de la que todo aquel que está sometido al EGO sufre.

    La Tierra Prometida, a la que serían llevados para realizarse, es una porción de suelo en el Medio Oriente, pero es algo mucho más profundo. Es también la metáfora de la persona que quiebra el yugo del EGO y se transforma en un reflejo terrenal de su NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina, Yo Esencial).
    Cuando Dios promete: “Vosotros sabréis que Yo soy el Eterno vuestro Elohim, que os libra de las cargas de Egipto”; nos está hablando a nosotros también, no solamente a nuestros antepasados en Egipto.
    No está diciendo que nuestras penurias no son la finalidad de nuestra vida, ni tampoco seguir presos en la celdita mental, ni sentirnos en exilio emocional. Nos dice que tenemos una mejor vida que vivir, con la conciencia de estar conectados a Él, de ser Sus hijos e hijas.
    Nos promete que merecemos lo bueno y podemos alcanzarlo.
    Por lo cual, tenemos que ampliar nuestra conciencia espiritual y comprender que estamos conectados, que somos parte de Él. Que los sufrimientos son temporales, que hay una Tierra Prometida a la cual llegaremos, cueste lo que cueste, siempre y cuando avancemos en dirección a ella.
    Las eventualidades de la vida terrenal no cambiarán, seguirá habiendo dolor, pérdidas, miseria, contratiempos, amarguras y otras cosas que nos harán sufrir; pero si desarrollamos la confianza en el Creador y la conciencia en nuestra conexión indestructible, entonces sabremos pasar por los mares agitados y encontrar la calma beneficiosa.

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  • Dios en tu angustia

    «Imó Anojí betzará…con él Yo estaré en la angustia.»
    (Tehilim/Salmos 91:15)

    La angustia existe, no es una sensación térmica.
    El mal acecha y lanza sus dardos causando daños, también la bueno e inocente.
    NO TODO es bueno, aunque eventualmente todo pudiera ser para bien.
    Y esta verdad es la que deja bien en claro la Torá desde la más remota antigüedad.
    Por ejemplo, cuando los israelitas estaban padeciendo la cruda maldad de la esclavitud en Egipto, en ningún momento nuestra Tradición (la verdaderamente espiritual y judía) enseña que aquello era no-malo.
    Así cuando el Creador participa a Moshé de que ha llegado el tiempo del rescate, lo hace desde la zarza ardiente que no se consumía. Para simbolizar el sufrimiento del pueblo judío, las espinas que lo atormentaban, el fuego que laceraba su cuerpo, la angustia que le corroía el alma… y sin embargo el espíritu se mantenía luminoso y claro, por ello el arbusto no se consumía, no se extinguía.
    El Talmud, así com el Midrash, analizando ese pasaje de la Torá es que usa el verso de los Salmos con el cual comenzamos esta enseñanza.
    Dios está con nosotros en el momento de la angustia, y es esta la afirmación contundente de que el mal existe y nos agrede, sea que lo merezcamos o no.

    Lo que hacemos con esa angustia es lo que transforma nuestra realidad.
    Podemos quejarnos, amargarnos más, sumar dolor al sufrimiento, rebelarnos contra el Creador, hundirnos en deseos negativos, abjurar de lo bueno, rechazar la justicia, y todo un montón de otras reacciones perjudiciales.
    O podemos estar bien seguros de que Él está con nosotros, aunque estemos en el último aliento en una cámara de gas en un campo de exterminio. Porque también allí Él estaba con nosotros.
    Su constante Presencia no significa que cambiará mágicamente los acontecimientos, porque no debemos vivir dependiendo de milagros. Él permite que las cosas sucedan, también las que nos dañan aunque no las tengamos merecidas.
    Pero finalmente, es Él quien juzga y pone las cosas en orden.
    Tal vez para nosotros no haya una respuesta benéfica en este mundo, quizás la angustia nos acompañe hasta el hartazgo, pero si confiamos en que Él es Justo y Misericordioso, y si tenemos la plena convicción de que este mundo es solo un breve instante de nuestra existencia en la eternidad, entonces, sabremos que nada queda sin ser resuelto para bien.
    Quizás el fruto de ese bien no sea para nosotros en esta vida, pero sin dudas hay un Juez y hay Justicia, así como es infinita también Su Misericordia.

    Por tanto, lejos de la filosofía que enajena la mente y pudre el corazón; apartados de la idolatría que infecta hasta la podredumbre mortal; debemos confiar en el Eterno y hacer nuestra mejor parte.
    Él está con nosotros, mientras le dejemos hacerlo.

    En los últimos ataques antisemitas allí, un skinhead apuñala e intenta matar a algunos judíos moscovitas cuyo único pecado es el deseo de orar. A pesar de la notable relación que el principal rabino de Rusia disfruta con el presidente del país, la comunidad judía se siente impulsada a crear su propio aparato de autodefensa. Ya no pueden confiar en la protección del estado.



  • ¿Cómo se endurece el corazón?

    «Yo endureceré el corazón del faraón y multiplicaré Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto.»
    (Shemot / Éxodo 7:3)

    Ante todo sepamos que en el idioma de la Torá, y de acuerdo al contexto, la palabra “corazón” se debe entender aquí como el órgano dedicado a los procesos mentales, en particular el pensamiento.
    Si se hubiera entregado la Torá en la actualidad estaría escrito “cerebro”.
    En tanto que “endurecer” hoy sería “entorpecer”, “enlentecer”, “limitar”.
    Por lo cual, el versículo nos está diciendo que faraón tendría alteradas sus funciones mentales, más propiamente su capacidad de razonar.

    El Eterno …

    Aprovecha a estudiar el resto de este importante texto: https://wp.me/p3cYr1-4sF

    que te ayudará a entender varias cosas, como por ejemplo lo que le pasó al faraón que soportó las diez plagas.

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  • Tres señales de lo alto

    Las tres señales que da el Eterno a Moshé para presentarse ante Faraón son:

    • el bastón que se convierte en serpiente y vuelve a ser vara al ser recogido,

    • la mano que enferma de “lepra” y luego vuelva a su estado previo,

    • el agua que derramada se transforma en sangre.

    Por supuesto que los sabios de todas las épocas han compartido enseñanzas respecto a la elección de estos tres portentos por parte del Creador.
    Grandes enseñanzas se obtienen de ellas.
    Pero no nos dedicaremos a esto ahora, sino a hacer una simple pregunta que tratemos de responder para alcanzar instrucción para poner en práctica.

    Si lo que se pretendía era …

    Vale mucho la pena estudiar el tema aquí: https://belev.me/2019/01/08/tres-seales-de-lo-alto/

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    ¿Te lo perderás?

  • Dios te libera de la maquinaria de la esclavitud

    Cuando tu creencia no te deja atender el Divino llamado a ser libre y pleno… ¿a quién habrás de hacer caso?
    ¿A Dios o a tu siniestro Sistema de Creencias?

    Estudiemos juntos.

    Moshé portaba el mensaje de redención, la promesa cercana a cumplirse de libertad y bendición.
    No eran palabras vanas, porque provenían directamente del Creador.
    Entonces:

    «De esta manera habló Moshé a los Hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moshé, a causa de la angustia de ánimo y del duro trabajo.»
    (Shemot/Éxodo 6:9)

    Así como describe la Torá es lo que suele pasarnos, aunque no estemos en esas circunstancias tan penosas y terribles en las que se encontraban los israelitas.
    Por causa de nuestros Sistemas de Creencias con sus oscuras emociones nos aferramos al sufrimiento.
    Sí, es paradójico, pero muy real.

    Te recomiendo profundizar en este importante tema: https://belev.me/2019/01/07/dios-te-libera-de-la-maquinaria-de-la-esclavitud/

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    Salud y bendición