Código para accionar

Cuando nos encontramos en la Torá con preceptos que, por ejemplo, prohíben asesinar, secuestrar, robar, mentir, maltratar al desvalido, entre otros, sin dudas estamos de acuerdo.
Igualmente nos identificamos cuando ordena amar al prójimo, también amar al converso, cuidar del menos favorecido, honrar a los padres, entre muchos más.

Pero, llegan algunos preceptos que nos chocan grandemente.
No van de acuerdo a la moral que nos circunda, nos perturban en nuestra cultura.
Los vemos con horror o perplejidad; o nos burlamos o tal vez escondemos por vergüenza.
De estos no te daré ejemplos, pero puedes encontrar varios en la parashá de la semana que es Mishpatim.

Sí, ciertamente códigos que están reñidos con lo que nos parece aceptable, bondadoso, justo, piadoso, etc.
Porque, nuestra sociedad es en muchos aspectos diferente a la que fuera hace 3300 y pico de años, cuando esta Torá fuera revelada al pueblo judío.

Sin embargo, los Sabios insisten en hacernos comprender que el valor de la Torá es eterno.
Tienen razón, obviamente, aunque algunos de los preceptos sean actualmente impracticables su esencia es eterna.
Por otra parte, nosotros no cumplimos realmente los mandamientos, sino que realizamos las halajot, es decir, las normas legales que se derivan de dichos mandamientos.

En otro asunto, estos reglamentos que a nosotros nos pudieran resultar tremendamente injustos, inmorales, dudosos, faltos de integridad; realmente para el contexto de su entrega –repito, hace 3300 y pico de años atrás- eran leyes de avanzada que demostraban una adelantadísima visión que permitió a la sociedad judía, y luego a gran parte de la humanidad, superarse en el camino de la espiritualidad.

No olvidemos que la ética, el buen hacer, antecede a la Torá.
Esto quiere decir que tarde o temprano la humanidad hubiera alcanzado un estadio más elevado, más próximo a la NESHAMÁ que al EGO.
Pero, con la Torá esa evolución natural recibió un empuje, una ayuda de Arriba.
Y, además, para aquellos que la conducta ética quedó codificada como obligatoria se aumentó su valor; pues ya no radicaba solamente en la buena voluntad del sujeto, ni en el desarrollo moral de la sociedad, sino ahora partía directamente de la Voluntad del Creador.

En síntesis, la NESHAMÁ con su código –la ética- encuentra su expresión en la Torá.
Depende de nosotros materializarla en nuestra conducta.

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