Categoría: Creencias

  • El átomo de Amalek

    Amalek es el pueblo que en la Torá se denuncia como el que odia a los judíos por excelencia. Tal es su meta en este mundo, odiar a los judíos, pretender destruirlos, organizar el genocidio final en contra de Israel.
    Amalek como pueblo ha desaparecido hace milenios, pero su estilo permanece vivo.
    Es lo que inspiró a Hitler, a Arafat, al innombrable presidente corrupto de Irán, al susodicho de Venezuela, entre otros infames y miserables negadores de Dios y asesinos del hombre.
    Poseen el átomo de Amalek en sus seres.
    El modo en que opera sus EGOs es tan pernicioso que los lleva a las peores salvajadas, a las cosas más descabellas, a lo inverosímil, con tal de odiar y realizar su odio en contra de los judíos.

    Hemos podido advertir que el átomo de Amalek se encuentra sumamente activo en otros, menos poderosos que los mencionados, menos conocidos, pero que abundan.
    Por supuesto que nos referimos a los confesos antisemitas, a todos los que abiertamente o con indirectas muy claras manifiestan su rechazo y desprecio por los judíos.
    Esta gente enferma es visible en sus manifestaciones, en sus acciones, allí ponen en claro y sin pruritos su deseo pervertido en contra de Israel y los judíos.
    A veces se hacen pasar por anti Estado o gobierno de Israel, a veces por sofisticados progresistas que defienden derechos inexistentes de un pueblo inexistente tal como es el “palestino árabe”.
    También están los que abanderados en sus religiones persiguen a los judíos, tales como el macanudo de Mel Gibson y otros extremistas de la violencia religiosa.
    Pero están los antisemitas agazapados, aquellos que tienen el átomo terrible pero lo esconden, no lo expresan con apertura, sino que lo mantienen oculto.

    Estos últimos suelen encontrarse en los que se hacen pasar por judíos sin serlo, o los que no se hacen pasar por judíos pero rechazan su propia identidad espiritual noájica y corren a disfrazarse de lo que ellos consideran que es algo judío (sombreros o gorras negras, pelos en las sienes, barbas, trajes negros, cabello cubierto en las mujeres, rituales y objetos judíos, etc.).
    A simple vista parecen que aman lo judío, si no, ¿por qué se disfrazarían de tales?
    Pero, cuando rascamos un poco la superficie, entonces vemos brotar un monstruo espantoso, lleno de ira, odio, malicia, desvergüenza, infamia. Sí, ahí está agazapado ese engendro terrible, sediento de sangre, ansioso por devorar a sus víctimas. Es doblemente nefasto, porque en apariencia es dulce, es amistoso, viene con abrazos y palabras amables, no tiene actitud amenazante, se vende muy bien como amigo y guía confiable. Pero es solo la apariencia, el disfraz. El súcubo está ahí.
    Para estos hombre larva la cuestión es aparentar, estar disfrazados, hacerse pasar por lo que no son, tomar el aspecto y modos de lo que más desprecian y odian, que son sus víctimas, las presas que desea cazar y depredar.
    Así se comporta Amalek por lo general. Al principio dudosamente se aparece con armas y gritos de guerra, sino con invitaciones cordiales, ofertas pacíficas, insinuaciones placenteras. Al estar desprevenida la víctima, saltan a desgarrarla, a desmembrarla, a desangrarla, con toda pericia asesina. Así actúa Amalek por lo general, encubierto, con astucia, con trampas. Viene como amigo para ocultar el sórdido deseo de aniquilación.

    Por supuesto que Amalek es un esbirro del EGO, actúan por EGO, sus estrategias son las del EGO, sus intenciones son las del EGO.
    Amalek es una representación palpable del EGO.
    Allí donde hay EGO abocado a destruir a los judíos y a la conexión del hombre con Dios, allí está el átomo de Amalek.

    Entonces, cuando veo gente gentil que se hace pasar por judía, y se le advierte del error pero sigue con su disfraz, de manera premeditada, obstinada en la negación de su identidad espiritual, aferrados a lo que no son, y que de paso siembran el caos, la confusión, la falacia, el engaño, el desorden, el descontrol, entonces no veo otra cosa que EGO y el átomo de Amalek.
    Cuando veo seudo judíos mesiánicos, noájUdas (los que se profesan noájidas pero se invisten como judíos), gentiles que hacen falaces conversiones la judaísmo, “judíos nuevos”, “judíos completos”, “judíos de la senda antigua”, judíos en Jesús, supuestos noájidas que hacen todo por parecer judíos, entonces yo veo EGO, mucho pero mucho EGO saturado por el átomo de Amalek.

    Aquellos que reniegan de su identidad, especialmente de su identidad espiritual (judía para judíos, noájida para gentiles) son pobre gente, tan pobres que no tienen nada real aunque estén llenos de dinero, fama, aplausos, bienes materiales o “amigos”. No son nada, porque están desconectados de su ser. Son máscaras sin rostro. Actores sin más existencia que la del escenario de sus vidas. Ausentes aunque con el cuerpo presente.
    Los que son rehenes del EGO, ajenos a su propia identidad, apartados de su ser, ¿cómo podrían estar habilitados para amar?
    En su impotente ignorancia, se odian a sí mismos. ¿Cómo habría ser de otra forma si no se conocen y por tanto están incapacitados para amarse y para cuidarse?
    Éste, el auto odio, es un sentimiento absolutamente espantoso, tanto que difícilmente puedan llegar a admitirlo.
    Entonces, recurren a diversos métodos para falsificar lo que sienten.
    Desplazan su odio hacia otros y hacia objetos o instituciones.
    También se escabullen, tanto por estrategia maligna como para huir de su espantoso auto odio, y se disfrazan de aquello que temen y odian por fuera de ellos. En el caso que estamos tratando, Amalek se disfraza de judío, o mejor debería expresarlo como: de lo que suponen es el disfraz que asemeja ser un judío.
    Miren la diferencia para comprender esto que puede ser complejo. Hitler odiaba abiertamente a los judíos, no tenía empacho en compartir sus disparatadas ideas y de llevarlas a cabo. Su odio era su pan habitual, lo ofrecía a quien deseara comerlo junto con él. Este odio “honesto” (igualmente detestable y maldito) no eludía el espejo, era vertido sin disfraces de ningún tipo. Al analizar conscientemente a Hitler y sus secuaces encontramos que también se odiaban a sí mismos, pero no precisaban hacerse pasar por otros, porque eran expresivos en su odio hacia fuera, coherentes con su odio hacia aquellos que odiaban. Ese odio hacia lo otro tapaba su auto odio, pero al menos les dejaba sostener su Yo Vivido odiador a vista de todos.
    Pero el que se auto odia y rechaza ese sentimiento, al tiempo que se abstiene de expresar su odio hacia el otro, termina (muchas veces) disfrazado para aparentar ser aquel al que odia. Entonces su auto odio tapado se esconde en aparente amor hacia el que en secreto odia. Sin embargo, ni bien se rasga un poco el velo, como hemos mencionado más arriba, la fiera temible se abalanza para aniquilar a quien odia, de forma de preservarse de tomar consciencia de su odio a sí mismo.
    Me parece que este mecanismo macabro es bastante complicado de comprender, por lo que sería bueno releerlo tranquilamente y evaluar si tomaste real conciencia del mismo.
    En un brevísimo resumen.
    1- se odian intensamente a sí mismos.
    2- rechazan el tomar conciencia con ese nefasto sentimiento.
    3- también odian a aquellos que pueden denunciar su auto odia.
    4- se hacen pasar por uno de esos a los que odian.
    5- aparente respeto y veneración por aquellos a los que odia y por los cuales quiere hacerse pasar.
    6- al menor atisbo de rasgadura de la máscara aparece el odio exacerbado hacia aquellos con los cuales quería asimilarse.
    7- su odio y sus acciones perversas son intensas, es un esfuerzo enorme para preservarse de reconocer su auto odio.

    Te pudo que los mires,  verás que detrás de tanta adoración a lo judío, realmente están llenos de antisemitismo… ni bien pueden lo dejan salir con toda violencia.
    Así pasa también con las otras personas y objetos que odian… míralos, observa, no juzgues, solo míralos actuar…
    Reconoce al EGO operando en ellos.
    Advierte el átomo de Amalek trabajando corrosivamente.
    Comprende.
    Comprende el espantoso odio, la pesadillesca sensación de impotencia masiva, su pobreza emocional, su odio, su odio…

    Te pido que leas y releas este texto, especialmente ante manifestaciones de odio. También ante esos que se disfrazan para no ser quien son. También cuando del aparente amor y veneración se pasa al rechazo abrumador. Analiza estas palabras, encuentra su hay algún error en mi planteo, o lo puedes corroborar. Te agradeceré tu aporte constructivo para seguir creciendo en la construcción de Shalom.
    Recuerda, la construcción de shalom siempre debe comenzar de dentro hacia fuera, del círculo íntimo hacia el universal.
    Que el AMOR derrote al EGO, que los leales a Dios extirpen el átomo de Amalek en toda generación.

  • El consejo diario 379

    Todos tenemos a un criticón en nosotros. 
    Es parte del funcionamiento del EGO, en su tarea oscura de hacer sentir la impotencia pero hacerte creer todopoderoso (o nada poderoso).
    En la impotencia, uno se queja, reclama, aburre con sus gemidos y descontentas protestas. Todo esto es un derivado del llanto inicial, una herramienta del impotente para procurar manipular a otros y sobrevivir. Y funciona, claro que funciona.
    Como siempre para nuestro trato con el EGO, la cuestión es no dejarlo tomar el control. Porque cuando eso pasa, se pierde el norte, se vive en desgracia, se trata de desgraciar a otros.

    Trabaja sobre ti mismo, conócete, ámate, cuídate, así podrás conocer, amar, cuidar a otros. Así podrás servir realmente a Dios y no a los dioses de las religiones.
    Trabaja en ti, porque ahí empieza el trabajo de construcción de shalom.

  • Ser noájida y compartirlo

    Ser noájida es ser persona, uno que integra el 99.98% de la población mundial, es decir de los humanos que no son judíos.
    En sí es un sinónimo de gentil, o miembro de las naciones del mundo.
    No hay una clasificación particular para los “noájidas ortodoxos”, o “noájidas renacidos” o cosas por el estilo.
    Ser gentil es ser noájida.
    Sin embargo, por cuestiones que no me quedan muy en claro, se suele usar “noájida” para referir a aquel que es consciente de su identidad espiritual, así también como aquel que es leal al Eterno por medio del cumplimiento de los Siete Mandamientos para las Naciones.
    Es como si “noájida” se aplicara a un pequeño grupo, a aquel que está en sintonía con su esencia espiritual, cuando lo cierto es que toda persona no judía es por derecho de nacimiento “noájida”.
    Pero bueno, de acuerdo al uso un noájida es aquel consciente y coherente en su conducta con su identidad espiritual.

    Recuerda, un noájida "completo" es consciente de su identidad espiritual y activo en ella, pero todos los gentiles son por derecho noájidas. Quizás no lo sepan, no lo crean, no se comporten de acuerdo, opinen diferente, pero noájida es lo que eres cuando no eres judío.

    La voz noájida es la forma castellana de decir “ben Noaj” (bat Noaj para mujer, benei Noaj en plural), que en hebreo significa “hijo de Noé”, tal la manera tradicional judía para mencionar a los gentiles leales al Eterno.
    Así pues, noájida no es un palabra moderna, sino una castellanización de un término tan antiguo que se pierde en los orígenes de la civilización.
    Moderno es el concepto de constructor de Shalom, aunque tiene sus raíces en lo más profundo y sagrado de la Tradición.
    Porque la persona espiritual, la persona equilibrada, necesariamente debe ser un constructor de Shalom en todo momento, d dentro hacia fuera.

    Pareciera ser que también en el pasado surgía dificultades para indicar a aquellos noájidas conscientes y coherentes, por ello se les solía señalar a éstos como “gentiles piadosos”, “gentiles justos”, gentiles reverentes del Eterno”, entre otras denominaciones que apuntaban a lo mismo: la consciencia y lealtad del gentil a su destino sagrado, de servir al Eterno de acuerdo al camino noájico, el de los Siete Mandamientos Universales.

    Como paralelo para comprender lo de los nombres te comento que a los judíos en su origen se los llamó “benei Israel”, “hijos de Israel”, porque eran todos descendientes de un señor cuyo nombre era Iaacov/Israel.
    Todo judío, creyente o no, observante de los preceptos o no, leal o no, coherente con su esencia espiritual o no, es un “ben Israel”. A los que se comportan en sintonía con su esencia espiritual se les puede decir “judío piadoso”, “judío justo”, judío reverente del Eterno”, y con el craso y absurdo nombre de “religioso” o también errado de “ortodoxo”.
    Recuerda, la religión siempre es EGO, que es lo contrario al AMOR, que es lo no espiritual.

    En cuanto a la actitud que un noájida ha de tomar con respecto a difundir su identidad, es un tema largo para exponer, pero permíteme darte mi idea sintetizada en pocas líneas.
    Por ser breve, seguramente dejaré cosas de lado, tampoco pretendo que sea la verdad revelada, sino mi idea basada en años de trabajo y experiencia sobre el asunto. Pero a la hora de la hora, hay dos hechos que no puedo modificar:
    1- Nunca fui de ninguna religión ni tengo familia en religiones, así que no sé qué es eso, como se siente, qué se sufre.
    2- Cada uno puede hacer lo que puede hacer, sin aspirar a la vida de otro, pero tampoco a satisfacerse con lo mínimo o escaso. Cada cosa en su tiempo y lugar.

    Ahora te cuento que mi idea es que el noájida debiera (si puede) conversar de noajismo, compartir, difundirlo, hacer proselitismo (en el exacto sentido de la palabra, según la Real Academia), pero no ejercer presión, ni amenazas, ni violencia, ni engaños, ni astucias, ni… toda “alma que se consiga” por medios oscuros, es otro siervo del EGO que sigue esclavo de la mentira. Por más que por fuera acepte la postura, seguirá siendo el mismo por dentro. Habrá mucho más dolor, excusas, magufadas, pero poco de lo que es bueno y de bendición.
    El compartir que sea con respeto siempre, respeto por uno y respeto por el otro. Llegar hasta donde se puede llegar, admitir que el otro piensa, cree, siente, opina tal como lo hace y no por ello debemos demandarle que cambie, que vea como nosotros vemos. Todo a su tiempo. Con paciencia, con verdadero amor. Unir, amar, y no ser un cómplice del EGO.

    Mira lo que te digo ahora. Con el pastor, con el clérigo religioso que difunde el error, también  hay que tratar de ser respetuoso, no todos los pastores son malandrines o mala gente e incluso hay muchos de ellos que precisan de esa mano amiga para salir del estiércol del EGO. Siguen siendo clérigos del mal porque no saben, no pueden, hacer otra cosa; porque tienen miedo; porque están tan aprisionados que también precisan de comprensión y ayuda amorosa y no del rigor y la severidad del fanático.
    Una palabra dulce, una palabra de aliento, un palabra bondadosa seguramente te gana más amigos y abre más puertas que la queja, la amargura, el rencor, la avaricia, el encono, la desvergüenza, la ofensa, etc.

    Pero con el enemigo, con el traficante de la fe, con el terrorista, con aquel que a sabiendas actúa maliciosamente, o que se entrega al mal y provoca daños (consciente o no) no se puede ni debe ser blando, pero tampoco injusto. La justicia ha de primar siempre, porque ESA es LA bondad real para con el que no se puede ser bondadoso.
    Todo tiene su tiempo, también la dureza, también el imponer la autoridad por medio de la fuerza, siempre y cuando sea la opción necesaria.

    Eso creo, tú lo evalúas y actúas según tu parecer.

  • Magia, misterio, autoritarismo y destrucción

    Para destruir tan solo hace falta una piedra. Nada más. A veces hasta menos, tal vez con una palabra perversa ya es suficiente.
    Para construir, es necesario esfuerzo, ingenio, trabajo, compromiso, responsabilidad, energía, planificación, estudio, tiempo…
    El constructor incluso puede tomar esa misma roca lanzada por el emisario del caos, pero para hacer la tarea de ordenar, de mejorar, de cuidar, de desarrollar el mundo. El mundo interno, de pensamientos, sentimientos, emociones, creencias, anhelos; como también el mundo externo, de la relación humana, del ambiente.

    Sí, es fácil destruir, cualquiera puede hacerlo.
    Pero construir, construir en verdad, para eso es necesario ponerse uno mismo en obra.

    Así, vemos que abundan los criticones, los que (realmente o en apariencia) demuelen las posiciones de otros, pero arduamente son capaces de defender con integridad algo de su propia posición.
    Son muy hábiles para mentir, difamar, traicionar, enlodar, fastidiar (etcéteras negativos ad infinitum), pero sumamente incapaces de hacer algo positivo, coherente, provechoso, constructivo, a favor de lo que piensan o creen.
    El grito, el golpe, la queja, la falsedad, recursos del EGO desde el inicio, allí está pronto, servido, al instante, como respuesta, como reacción. Es lo que se tiene a mano, lo que se aprendió, lo que se hace. Así se manipula, así se es manipulado.
    Se busca sobrevivir, en vez de vivir, en base a la destrucción.
    En términos ecológicos, se usa sin conciencia de la sustentabilidad ni compromiso con ella.
    En palabras de Héctor Schmucler (referido a la tecnología pero aplicado a nuestro tema): “Para la tecnología moderna no hay otro futuro que el de su propia multiplicación dominadora”.
    Se vive el aquí y ahora de manera falaz, errónea, porque en verdad se está en permanente huida, se está fuera de línea, descentrado, sin armonía, en caos.
    Oh sí, en el caos primordial, aquel que se fue ordenando y edificando para llenar de vida y sentido el cosmos.
    El EGO es retorno al caos, en tanto que el AMOR es la creación en su plenitud.
    El EGO es una máquina de supervivencia, en ello labora constantemente, pero al perder su sitial, su sentido, lleva a una existencia vacía, a la muerte en vida, a la extinción.

    En palabras de una de las dos parshiot de la semana: "Pero si no me escucháis y no ponéis por obra todos estos mandamientos… serán sometidos al castigo de sus iniquidades, porque menospreciaron Mis decretos y porque su alma detestó Mis estatutos" (Vaikrá / Levítico 26:14, 43).

    Tenemos el otro camino, el verdadero camino.
    Porque, reconozcamos que es fácil arrojar una piedra, atine en el blanco o no, el daño ya fue hecho.
    Pero, cuan duro es hacer lo que es bueno y justo, con lealtad, incluso consigo mismo.
    Sobran los mentecatos, los mercachifles, los mercaderes de vidrios de colores, los piratas, sobran… porque no requiere de mucho el ser cómplice o activo destructor.
    Pero, son tan pocos los que hacen el cambio positivo, los que alumbran, los que dan vida.

    El EGO se vale de la ignorancia, sin dudas.
    Aunque la persona abunda en conocimiento, en tanto no sea consciente de su ser, en tanto no logre unificar su Yo Vivido con su Yo Auténtico, estará en ignorancia.
    La ignorancia también incluye a los falsos saberes, tan habituales entre los “creyentes” de cualquier especie y modelo.
    En base a la ignorancia, procede el EGO a secuestrar el pensamiento, para hacer de las suyas. Entonces se inventan excusas, se elaboran teorías disparatadas, se cree en ridículos, la magia y superstición son adoradas, todo puede ser creído porque todo da lo mismo, en tanto se mantenga al hombre sumiso, impotente, pero con fantasías de súper poder.
    Tomemos un ejemplo, que confieso no sé si es completamente verídico, pero me parece muy instructivo.
    En la edad media, lo”normal” y hasta considerado “sano” era tener piojos. ¿Cómo llegaron a tal conclusión? Porque todas las personas sanas tenían piojos. Eso era lo “normal”. reyes, caballeros, damas, curas, obispos, pobres, ricos, mendigos, campesinos, burgueses, artesanos, rateros y “santos”, todo llenos de piojos. Pero había un grupo que ocasionalmente se libraba de tal plaga. Eran los enfermos con fiebre, pues parece que a estos parásitos no les agrada la alta temperatura y abandonan a su huésped en busca de otro cuerpo en el cual habitar.
    Entonces, la “inteligente” conclusión era: los sanos tienen piojos, los enfermos no. Por lo cual, tener piojos es signo de salud.
    ¿Suena descabellado?
    Sí, para nosotros que entendemos un poco más cómo funcionan las cosas, que tenemos un orden más racional y claro. Pero, para aquellos medievales, su pensamiento era el correcto. Pobre desgraciado del que se atreviera a opinar o siquiera suponer otra cosa. No tardaba en perder a todos sus piojos, por ser quemado vivo en las “santas” hogueras de los extremistas defensores de la fe y las “sanas” doctrinas.
    Pero, no miremos con desprecio a aquellos bárbaros ignorantes de estas cosas. ¿Acaso hoy en día es diferente?
    ¿Acaso el amplio acceso a la información, los mayores conocimientos de los asuntos del mundo, nos ha llevado a ser mejores como individuos y como sociedad?
    ¿O seguimos siendo la misma bestia atada, esclavizada por el EGO, incapaces de desarrollar a pleno nuestra multidimensionalidad humana, nuestra esencia sagrada?
    Piénsalo, mira al mundo, mira a tu alrededor, mírate al espejo y confiesa si somos en algo mejores que aquellos fanáticos oscurantistas de mil años atrás…

    Dostoievski nos cuenta que El Gran Inquisidor creía que la humanidad quiere “magia, misterio y autoridad”.
    Cierto, muy cierto.
    Si le damos a la gente el buen pan espiritual, la luz de sus propias esencias para que les alumbre, rechazan amargamente, prefieren seguir arrastrados bajo la bota dolorosa del faraón, del EGO.
    Prefieren el circo de la iglesia, con su magia, misterio y aires de autoridad.
    Adoran a un supuesto rabino, más payaso que otra cosa, porque les vende a precio carísimo magia, misterio y seudo autoridad.
    Escapan de FULVIDA, de nuestro mensaje libertario, porque renegamos de ser autoritarios, negamos la magia, negamos el misterio.
    Nosotros tratamos, en la medida de nuestras posibilidades, de manejarnos por la senda del bien y la justicia, no por el modo EGO. Entonces, no recurrimos a artificios, no precisamos de tramoyas, no nos disfrazamos, no clamamos versos grandilocuentes, no nos escondemos detrás de mafias, no alentamos a que se nos siga con fe… por ello no somos “exitosos”, en los términos cotidianos.
    Nosotros no seguimos al EGO, seguimos al AMOR, en la medida de lo posible, cosa que no es sencillo ni constante, por supuesto, pues no somos “santos”, solo personas normales.
    Y eso, precisamente eso que libera, es lo que la gente más repugna.
    La gente quiere farsas, actos circenses, palabras que representen poder sobrenatural, milagritos, truquitos de mago de barrio… ah… eso les encanta. Porque eso es destrucción, demoler la esencia personal, dejar el espíritu embadurnado por el estiércol del la religión y las doctrinas perezosas de la muerte.
    ¿Sabes por qué mesiánicos, netzaritas, noajudas, cabalisteros y otros fantoches tienen tanto “éxito” (en términos terrenales)?
    ¿Sabes por qué la gente dilapida su vida en Facebook, Twiter y otras aldeas de chismosos?
    Relee lo que puso el genial autor ruso y tendrás una de las respuestas.

    Tenemos pues que trabajar en el AMOR, ser AMOR.
    Pero eso NO es de ninguna manera ser sentimentalistas, permisivos, todo vale, necios que no saben pensar ni inquirir por la verdad.
    Vivir en AMOR, ser AMOR, es un acto multidimensional (cuerpo, emociones, lazos sociales, mente y esencia espiritual) y no un trastorno emocional pasajero.
    Para amar en verdad es imprescindible conocer, hasta donde sea posible hacerlo. Porque el que no conoce, difícilmente ama; por ahí siente algo, tiene “buena onda”, lleva buenas intenciones, está enamorado, pero amar no ama…
    Amar implica conocer y hacer aquello que es bueno y justo con quien se ama, al tiempo que no se daña a uno mismo ni a otros.
    No es tarea simple, pero hacerla es la cuestión que no hace humanos, libres del EGO.

    Martín Heidegger en La pregunta por la técnica expresó: “Preguntar es estar construyendo un camino. Por ello es aconsejable fijar la atención en el camino y no estar pendiente de frases y rótulos aislados. El camino es un camino del pensar”.
    (Me desvió por un instante. El lector informado habrá percibido que he citado aquí algunos autores que son, digamos algo así como, controversiales. En este caso tomamos sus expresiones que consideramos provechosas, el resto, lo que no contribuye al Shalom, es lo que no usamos. Tal como hizo el gran Maimónides, quien usaba ideas de pensadores “extranjeros”, mucha veces sin citarlos por sus nombres, porque sabía que eso levantaría críticas nefastas e inútiles, siendo que había mucho que aprender de los aportes de los sabios “extranjeros”.)
    Nuestro camino debe incluir el pensar, el cuestionar con respeto, el analizar, el preguntar, el avanzar y no detenerse en idolatrar a nada ni nadie.
    Toda idolatría es producto del EGO, en tanto que el amor es espiritualidad.
    Y la espiritualidad es multidimensional. Incluye a todo lo de la persona. Unifica, une, hermana y no separa lo que debe estar unido cuando debe estarlo.
    Lo espiritual no agrede, no lleva a “guerras santas”, no daña, a no ser que no haya otro camino posible y sea absolutamente necesario.
    El espíritu indaga, no teme a las preguntas, tampoco a las respuestas, porque está para aprender, para enseñar, para cerrar las brechas que deben cerrarse y separar lo que debe ser separado.
    Eso es AMOR.
    Pero el EGO, el EGO, hace todo al revés. Siente, desea y secuestra el pensamiento. La creatividad es usurpada, se la destina a inventar excusas que justifiquen la maldad, la pereza, el error, la mentira. El cuerpo es adorado o aborrecido, pero siempre sentido como una ropa prestada y no como el sagrado yo terrenal durante nuestra travesías en este mundo. Así marcha el EGO, entre sombras, en ignorancia, en desconexión de los sentidos para perder la ruta espiritual.
    Y por más que lo alimentes, no te da descanso, no te libera de su esclavitud… ¡todo lo contrario!
    Cuanto más lo sirves, más te aprieta el pescuezo y te esclaviza.

    Veamos una cita del salmista: “Él les dio lo que pidieron, pero envió a sus almas debilidad.” (Tehilim / Salmos 106:15).
    En ocasiones la persona obtiene lo que su EGO anhela, pero eso no le da felicidad, de hecho, la llena de mayor pesar.
    Nada le conforma, quiere más, se vuelve más adicto.
    En vez de fortalecerse, se debilita. En lugar de dicha y paz, solo hay resentimiento, quejas, amargura, falta de agradecimiento, muerte en vida.
    Se puebla la mente de religión, de superstición, de magia, de deseos de autoridad.
    Debilidad, impotencia, culpa, arrogancia, menosprecio, odio, gritos, trampas, podredumbre, más y más miseria, aunque se tenga “éxito” terrenal, el alma se vacía, la vida se ahueca, es un hoyo depresivo que ni siquiera la mágica píldora del psiquiatra parece resolver.
    El EGO pide más, demanda, exige, protesta, hace paros y huelgas reclamando más… más… más… para ser menos, menos, menos…

    Para los que construyen shalom (y si empiezan de dentro para fuera, es lo mejor), es bueno que recuerden que no tiene porqué hacer todo, saber todo, conocer todo.
    Cada cosa a su tiempo.
    Primero hay que darse tiempo para des-aprender, para conocerse, para amarse, para respetarse. Si se corre como ciego, cargando la mochila del pasado, lleno de pretextos, de textos corruptos, de idiosincrasias enfermas, difícilmente se deje de lado el sometimiento al EGO, raro que se pueda hacer las cosas con bien y justicia.
    Los q se apuran lo hacen para seguir en huida, no en dedicada construcción de shalom.
    Dele a cada tiempo su pan, SU pan y no otro.

    Creo que es un texto más largo de lo que planifiqué, más complejo, yo quería algo sumamente breve, conciso, concreto, pero me quedó esta obra que tiene ante ti.
    Me gustaría recibir tus comentarios, tus aportes, tu ayuda edificante para seguir avanzando.
    Gracias.

    (Recomiendo la lectura y comprensión de: http://es.wikipedia.org/wiki/Post_hoc_ergo_propter_hoc)

  • Recordando al EGO

    Parece que no es fácil, hay muchas trabas dentro y fuera, es el EGO no permite hacer las cosas de manera sencilla.
    Por dentro carcomen las dudas, los miedos, los rencores, la ira, la angustia, la ansiedad, el sentimiento de culpa, las voces que gritan y llevan a la impotencia. Ay sí, todo parece imposible. Todo es malo. Todo siempre fue y será así. No puedo, no se puede. Surgen las excusas, con una facilidad impresionante se elaboran una tras de otra, con las mentiras, con las justificaciones, con las agresiones verbales, con la agresión pasivo-activa. Ay sí, la enfermedad corroe desde dentro, como un cáncer lento pero seguro en su cometido mortal.
    Por fuera, los enemigos abundan, los contradictores, los ofensores, los opositores, los que triunfan, los que te hacen quedar como idiota, los que te ganan la partida, los que se burlan, el “destino”, los dioses que te lo hacen todo difícil, como si tuvieras que remar en contra la corriente todo el tiempo.
    Dentro y fuera es lo mismo, el EGO.
    Ese EGO que existe para salvarnos, pero que nos hunde en el salvaje abismo del sentimiento de impotencia.
    Que nos hace sentir impotentes, pero nos hace creer todopoderosos.
    Que nos arrastra hacia la manipulación para alcanzar los deseos, que nos hace ser manipulados.
    El EGO que se inventa religiones, partidos políticos, dogmas, lemas, enfermedades y curas.
    El EGO, siempre presente, por ser parte intrínseca del cerebro humano. No se despega de nosotros. No puede ser exorcizado. No hay remedios mágicos. No se inventó el elíxir que lo borre. Porque, borrar al EGO es eliminar la base de nuestro cerebro, de nuestra existencia como personas.
    Pero sí, hay maneras de dominarlo, de ponerlo en el lugar que le corresponde, en su lugar ni más ni menos.
    Que ya no usurpe el sitial de un dios, que no se interponga entre nosotros y Dios, que no secuestre más nuestros pensamientos, que no nos lleve más por la noche oscura habiendo plenitud luminosa al alcance de la mano.
    Cada obstáculo es una ocasión para superarnos a nosotros mismos, o para seguir esclavizados al EGO.
    Recuerda, sus herramientas son básicas, rudimentarias, pero bastante efectivas: gritar, llorar, golpear y desconectar a la persona de sus percepciones reales.
    Si vas a reaccionar con cualquier de estas herramientas, o sus derivados, pon el freno, tómate un respiro, da un paseo, haz otra cosa, silba una melodía, reza, haz lo que sea menos lo que tu impulso pretende acabar en milésimas de segundos.
    Sí, el EGO tiene sus habilidades, pero tu puedes entrenar las partes positivas para fortalecerte y ser el amo de tu ser.
    Controla aquello que está en tu control y deja fluir el resto.

    (Lectura sugerida: http://es.wikipedia.org/wiki/Alegor%C3%ADa_de_la_caverna)

  • El origen de los dioses

    Retomemos un tema que puede resultar escabroso, complicado, incomprensible para muchos.
    Dios existe, queramos o no, creamos o no, sepamos o no, Dios es.
    Por otro lado, los dioses son reales para quienes creen en ello, son sus fantasías, sus creencias, sus deseos, sus ideas, suyos. En tanto tengan creyentes, adoradores, esos dioses existen. En cuanto sus adoradores o creyentes desaparecen, o la creencia en ellos desaparece, los dioses desaparecen. Algunos pueden quedar como viejos recuerdos, cuentitos antiguos, estatuas en olvidados templos, nombres fugaces en ruinas, pero volvieron a la nada de la cual salieron.
    Sí, solo Dios existe, Él es.
    Los dioses son fantasía que dependen de sus adoradores.

    La Presencia de Dios la sentimos porque nuestro Yo Auténtico está formado por nuestra esencia espiritual, nuestra neshamá, esa chispa indefinida que nos hace partes de la eternidad, canales de trascendencia, unidos a Dios.
    Sentimos a Dios cuando el haz de Luz sagrado incide en nuestra percepción, con mayor o menor fuerza, pero allí está el sentimiento de sentir a Dios.

    Tristemente, la mayoría de la veces creemos sentir a Dios en nuestra vida, pero en realidad estamos percibiendo los dictados de nuestro EGO, que nos confunde, que nos hace creer que es Dios, pero no es más que una parte rústica y arcaica de nuestro sistema cerebral que se entroniza y acomoda como dios y señor.

    Así es, el EGO se presenta como un dios, como un salvador, como el que nos sostiene con vida, como el único que está con nosotros para salvarnos en la hora de la tribulación.
    Desde el momento del nacimiento, cuando la avalancha terrible de sentirse impotente nos asfixió, allí estuvo el EGO, con sus primitivas y toscas herramientas, provocando que pudiéramos sobrevivir, o eso es lo que creemos.
    A partir de entonces, como normal, como programado en nuestro ser, el EGO ocupa un sitial de honor, de poder, de adoración.
    Se posiciona como un dios interno, como EL dios.
    Se interpone en nuestro nexo con el verdadero Dios.
    Así, rechazamos a Dios, lo obviamos, ponemos dioses ajenos delante de Él, ubicamos al EGO en lugar de Dios.
    Y así vamos por la vida, adorando al EGO, al que llamamos “Dios” y hasta pretendemos hacerlo pasar por el Verdadero, Uno y Único.
    No un dios más en el Olimpo de dioses, sino como EL Dios.
    No solo como un dios asociado a Dios, un emisario de Él, sino como Él mismo.

    Todas las idolatrías se manejan de esa manera, no de forma consciente, no por voluntad de sus adoradores, sino porque así es el mecanismo natural, el origen natural de la idolatría.
    Viéndolo de esta forma comprendemos la terrible enfermedad que representa, puesto que no es un atentado consciente contra Dios y el hombre, sino una falla interna, un desequilibrio, una enfermedad. Al decir de los Sabios de la Sagrada Tradición: “Nadie transgrede a no ser que le entre un ánimo de idiotez” (TB Sota 3a). ¿Cuál es ese estado anímico enfermizo, idiota? No otro que el emanado desde el EGO.
    Por supuesto que aquellos vivarachos que usan la idolatría, la religión, las creencias seudo espirituales, para dominar, adquirir bienes materiales, obtener renombre, sustentar sus vidas, por supuesto que esta gente está enferma, pero además voluntariamente se hacen compinches del EGO para estafar, engañar, seducir, mentir, violar, violentar, esclavizar a sus seguidores.
    Algo similar se podría decir de aquellos a los que se les advirtió de las falsedades de sus creencias, de la mentira de su fe, del engaño de su disfraz religioso, pero con tal o cual excusa retornaron al rebaño de los perdidos, de los adoradores de la vanidad, de los sumisos al EGO. Sin importar la excusa que inventen, del plano que fuera (físico-material, emocional, social o mental), al haber tomado conocimiento del mal camino y escogerlo, ya son parte del problema y no víctimas ilusionadas y sin brújula. Optaron por la esclavitud al EGO y no por DIOS. No pueden escudarse en el no saber, ni en un ánimo idiotizado, sino lisa y llanamente en su estrechez multidimensional, en su apego al mal, en su deseo por lo voluptuoso en lugar del placer permitido y saludable.

    Cuando la gente salta de una religión a otra (recordemos que noajismo y judaísmo NO SON religiones, aunque hay gente que las viva como tales), cuando un día adoran a un dios, al otro a otro, al tercer día suman un dios más a la fiesta, o sencillamente se quedan en la religión de sus mayores, ausentes de espiritualidad verdadera, ajenos a Dios, no están cambiando de dios realmente, porque siguen con el mismo apego a su dios interno, al EGO.
    Así que rezarle a Jesús, a Yeshuah, a Yemanjá, a San algo, a los maestros ascendidos, a Dios convertido en un dios, al Ipad, a jugador de fútbol, al éxito, al dinero, etc., no deja de ser la misma idolatría, la misma adoración embobada del EGO.
    Cambia el nombre y rostro del dios externo, los ritos pueden variar, los idiomas suenan diferentes, pareciera ser otra cosa, pero no… sigue siendo lo mismo, el EGO adorado.

    El EGO, detrás de todo dios, de cada iglesia, de cada religioso, incluso de los que hacen de Dios un dios, el EGO sigue siendo el mismo.
    El EGO personificado por actores externos, sean personas, animales, potencias etéreas, elementos naturales, instituciones, iglesias lo que fuera que sea usado como un dios, como un referente religioso, como un apego que suplante a lo espiritual, eso es el EGO endiosado.

    Una de las primeras personificaciones del EGO, sino es la primera, es la madre o quien cumple sus funciones.
    Ella, sin saberlo, quizás sin quererlo, se convierte en el primer dios externo para el niño.
    Es la madre que nutre, que cuida, que abraza, que sostiene, que da vida, que calma, que acompaña, que consuela, que alegra, que promete, que está ahí. Sí, mira bien, ¿no es la imagen del Dios amoroso que todos queremos?
    Sí, es que realmente Dios es eso (e infinitamente más).
    Pero, no es a Dios a quien “recordamos” cuando pensamos en nuestros dioses, sino a alguna de las huellas muy fuertes que la madre nutricia ha dejado en la mayoría de las personas. ¿Y qué pasa cuando la madre falla en su función? ¿Cuando hay desapego (en el sentido terrible del término)? ¿Qué pasa cuando no hubo caricias, ni alimento, ni calor, ni cariño, ni tranquilidad, ni compañía, ni aseguramiento, ni…? ¿Qué pasa con la imagen del dios todopoderoso, del EGO externalizado?
    ¿Será ese el origen de la idea del dios terrible, miserable, vengativo, sediento de sacrificios, demandante, espantoso, severo hasta la maldad?
    De una y otra imagen se sirve el EGO en su plan de conquista y dominio, para hacerte sentir impotente pero hacerte creer todopoderoso. Como sea, el EGO usará lo que se presenta para mantenerte esclavizado. Sea porque temes a un dios de pesadillas, que te hace sentir pavor a cada instante; sea porque amas a un dios todo bondad, que te hace sentir arrullado en su abrazo tierno. De una y otra forma el EGO se las ingenia para que tú estés anestesiado a tu verdadera identidad, ajeno a tu Yo Auténtico, abotonado a tus máscaras del Yo Vivido.

    Con la madre, o la persona que cumple su función, vamos aprendiendo el “arte” de manipular, de ser manipulados, etc.
    Los jueguitos de dominio e impotencia nacen allí, en la relación con la madre. Jueguitos enfermizos, del Yo Vivido a pleno acaparando la atención y oscureciendo al Yo Auténtico.
    Aprendemos a que berreando obtenemos lo que queremos, aprendemos que una sonrisa falsa nos compra un dulce, aprendemos que guardando silencio nadie nos pega, aprendemos a… manipular y ser manipulados.
    Y luego nos entrenamos en eso.
    Y pretendemos que nuestro dios se maneje del mismo modo.
    Le prometemos cosas inútiles, infantiles, a cambio de que él nos haga los mandados.
    Ante nuestra impotencia buscamos manipular a nuestro dios, para que él nos resuelva nuestro asuntos, cuando nosotros no somos capaces de hacerlo por nuestra cuenta.
    Raro, ¿no? Somos impotentes, pero nos creemos con el poder como para negociar con el dios y que éste haga por nosotros aquello que nosotros no podemos hacer.
    ¿Se entiende lo ridículo de la creencia del hombre?

    Así anda el sujeto religioso, que es el 99% de la humanidad. Sea que adhieran a alguna religión oficializada o no, sea que se llamen religiosos o no, sea que se crean ateos o no. Todos andan adorando a su EGO, arropado en la imagen que ellos fueron formando con sus vivencias de los primeros momentos de vida. Allí domina el EGO, el dios interno que se personifica en lo externo.
    En tanto Dios, el que existe, el que es, el que no depende de nada ni nadie, nos aguarda.
    Nos espera, nos dio el camino para alcanzarLo.
    Pero debemos sortear las trampas del EGO para llegar a Su abrazo genuino, aquel que dio imagen y semejanza al abrazo de la madre…

  • Espiritual, te lo repito

    Es un tema simple, pero que la cultura humana ha tergiversado y oscurecido.
    Es un tema fundamental, pero se hace equívoco y difuso a causa de las pésimas definiciones.
    Es un asunto esencial, pero que se la pasa disfrazado de otra cosa.
    Espiritual.
    ¿Qué es en realidad?

    Espiritual es aquello que nos conecta (positivamente) con Dios, con el prójimo y con nuestra esencia (Yo Auténtico).

    Dar plata a un pobre, espiritual.
    Pagar al trabajador como corresponde en tiempo y forma, espiritual.
    Educar a los hijos para ser personas de bien y justos, espiritual.
    Pasar un tiempo de valor con la familia, espiritual.
    Rezar, sí, también lo es.
    Cuidar de la salud, espiritual.
    Hacer ejercicio, de manera moderada, espiritual.
    Estudiar lo que nos sirve para mejorar como personas y comunidad, espiritual.
    Cumplir los mandamientos, aquellos que Dios nos ha dado a cada cual, espiritual.
    Lo que es parte del estilo de vida judío para los judíos, el judaísmo, es espiritual para el judío.
    Lo que es idiosincrasia nacional, que no contradice los mandamientos del Eterno, es espiritual para todos.
    Hacer terapia, o tomar consejería para asuntos emocionales, espiritual.
    Trabajar con corrección, espiritual.
    En resumen, espiritual, el camino a casa. El camino a la unidad. Al ser.
    Tan simple, tan entreverado por creencias ajenas, dogmas, doctrinas, religiones, ideología, deseos… tan oscurecido y entorpecido por el EGO.

    ¿Se comprende la idea?
    Y si no, ¿qué es lo que no se comprende?

    Ya la trabajamos, te paso el link: http://fulvida.com/varios/temas-frecuentes/espiritual

  • Emor, ser salvos

    Ni arriba ni abajo, en tu lugar
    Al EGO no le sirve que crezcamos.
    Le conviene hacernos sentir impotentes y que nos creamos todopoderosos o absolutamente incapaces, para que de esa forma soportemos constantes tropiezos, contrariedades, sufrimientos.
    Es que, si la persona se siente capaz, libre, responsable, apta, con el sano orgullo de poder lo que puede, bien pronto se quita de encima la bota tiránica del EGO.
    Entonces, el EGO lo somete a la tortura de sentirse ignorando, poca cosa, fracasado, imposibilitado, destinado al dolor y sin mecanismos para sobresalir. O le hace fantasear con tener poderes que realmente no tiene, dominios que le son ajenos, y por consiguiente chocará tarde o temprano con la realidad que le dice: “no, tú no puedes”. En esa circunstancia ya no es solamente un sentimiento de impotencia, sino la impotencia concreta, materializada, el límite de nuestras capacidades reales.
    Entonces, se suma el sentimiento, la creencia fantástica y la realidad, se hace un combo amargo que degustar.
    La soberbia, el creerse más de lo que uno realmente es y puede llegar a ser; tal como la falsa modestia, el rebajar el propio estatus a un nivel inaceptable, incongruente con la real capacidad y potencial; son caras de la misma terrible moneda del EGO.
    Imaginar y hasta delirar con estar a un nivel que no se está, ni se puede llegar, sea alto o bajo, son formas del EGO para mantenerte en impotencia, sometido, esclavizado, ajeno a tu verdadera identidad, aferrado a máscaras del Yo Vivido en lugar de abrazado y en paz a tu Yo Auténtico.
    Es triste, pero es la regla casi general de la humanidad. Pocos son los que saben y pueden zafar de la esclavitud del EGO y potenciar su vida al máximo.
    Al conocimiento de su real valor y lugar, a la autoestima adecuada, en la Tradición se le suele nombrar como “humildad”.

    El origen de la religión
    Nuestras primeras reacciones ante la impotencia inicial, en el traumático momento del nacimiento, son instintivas.
    Son las herramientas básicas del EGO: grito, llanto, pataleo y desconexión de la realidad.
    Con ellas procura mantenernos con vida, sortear el amargo trago de la impotencia y sobrevivir.
    Desde ese instante nos vamos  programando, a partir de estas herramientas, a través de las relaciones con el medio y las otras personas.
    Vamos usando ciertos instrumentos, los vamos conociendo, perfeccionando, cambiando, desechando, mejorando. Pero la raíz permanece la misma: llanto, grito, golpe, inconsciencia.
    Vamos sumando los mandatos de la sociedad, a reaccionar de acuerdo a lo que nuestros padres nos entrenan.
    Vamos formando creencias, decodificando al mundo de acuerdo a lo que estamos conocimiento y entendiendo, se tejen redes neuronales, nos vamos haciendo como personas.
    Allí en el fondo está nuestro primer salvador, el EGO, con sus demandas, con sus exigencias, sus manipulaciones. Es un “dios” que se interpone a nuestra conciencia de Dios, son las múltiples cáscaras que recubren nuestra neshamá (esencia espiritual), para que no tomemos contacto, para que no nos conectemos, para que no seamos uno y unificados.
    Allí fuera están los primeros “dioses” que vamos adorando, por lo general la madre (o más bien debiera decirse la o las personas que cumplen la función materna de proteger, alimentar, higienizar, etc.).
    El dios interno, el EGO, se presenta como el dios externo, las personas de nuestro entorno en nuestras edades más tiernas.
    En esos momentos aprendemos a manejarnos con los dioses, a manipularlos, a ser manipulados. A conseguir las cosas que deseamos con rabietas, con enojos, con estafas emocionales. Esos dioses están a nuestro servicio, pero dependemos por completo de ellos. Es como una relación bastante enfermiza, sin ellos morimos, ellos sin nosotros es como que no tienen sentido de ser.
    Así es como, en general, vamos fabricando el sentimiento religioso en nuestro ser.
    Por ello decimos que la religión, la fe ciega, es derivado del EGO. Porque no se asienta en la espiritualidad, en la conexión, en la unidad, en el ser en plenitud, sino en el toma y daca, en el negociado, en las necesidades de ambas partes, en jueguitos de poder y dominio. Eso es la religión, nada sagrada, nada trascendente, puro EGO.
    Así comprendemos cómo en el nombre de las religiones se hacen las peores barbaridades, se excusan la peores miserias humanas. En este siglo y en todos los anteriores.
    Porque, si la religión fuera del reino espiritual, nunca estarían a la defensa de la corrupción, de los “poderosos”, de la amenaza como mecanismo, etc.

    El eterno volver
    Si pudieras ver tu vida desde fuera, desapasionadamente, con frialdad, con desapego, encontrarías que una y otra vez repites conductas.
    Como si estuvieras programado a volver a repetir lo que ya viviste con apenas variaciones.
    Pueden ser las mismas u otras caras, pero en el fondo las situaciones se repiten, apenas si con cambios.
    La tonada es la misma, aunque sean otros los instrumentos que la ejecutan.
    Y vuelven, o quizás nunca se van, los mismos sentimientos de desamor, de impotencia, de limitación, de desamparo, de apego, de desconexión de no poder ni valer, de fracaso.
    Parece que decides, pero no.
    Haces de cuenta que eres libre, pero estás esclavizado al EGO, y sigues mandatos externos, creencias infantiles, programas que te hacen ejecutar automáticamente las cosas.
    En las pequeñas y en las grandes cosas, allí saltan los programas a los que nos hemos acostumbrado, que son nuestra “segunda naturaleza”.
    Observa, pero con desapego, desde fuera, sin reaccionar, sin responder, sin querer tener el control, observa… ¿qué ves?

    Observa y registra
    Observa cómo actúas, como un personaje de obra teatral, como siguiendo un libreto escrito por ajenos.
    Obsérvate en tu multidimensionalidad:

    • qué sientes en tu cuerpo, en qué parte precisamente;
    • cómo te sientes emocionalmente; cómo te valoras; cuáles personas, cosas, situaciones, ideas te hacen sentir esas cosas;
    • de quién te ocultas o a quién quieres vencer; qué posesión quieres obtener para sentirte apreciado; qué trofeo quieres demostrar;
    • cuáles son tus pensamientos; qué afirmas acerca de ti mismo y de las cosas; qué recuerdas, qué esperas; qué inventaste para excusarte;
    • cómo actúas, qué dices, qué callas, con qué lo asocias.

    Observa con calma, sin pasiones, sin justificar, sin excusas, sin negar, sin rechazar.
    Observa y admite lo qué estás viendo. Regístralo, no confíes en tu memoria, te hará trampas el EGO.
    Por el mero hecho de hacer esto, de tomar distancia, de no apegarte, de aceptar lo que sucede, de fluir, ya estarás aprovechando mejor tus energías vitales.
    Aún no habrás hecho nada, activamente, pero estás en la onda del cambio positivo.
    Tomar conciencia, despertar, saber lo qué sucede es uno de los primeros pasos para tu liberación.
    Antes está el admitir que uno está mal, en desbalance, fuera de foco, no sincronizado con la existencia, sufriendo. Porque si estamos anestesiados al punto de ni siquiera reconocer nuestro malestar, difícilmente emprendamos un camino hacia la redención personal.

    Entrénate
    Puedes ir descubriendo los patrones de conducta que se repiten, que son cadenas que te atrapan en la esclavitud al EGO.
    Revelar los pensamientos negativos, las creencias falsas, las infantiles fantasías de poder, el egoísmo, la falta de solidaridad, el perpetuo jueguito por alcanzar el poder y ser sumiso, entre otras cosas.
    Ir despertando, es un paso esencial.
    Te da más energía, te abre la cabeza, de limpia el pecho de opresiones.
    Pero, aún está lejano el mar Rojo para que se abra y te deje pasar fuera de la celdita mental del EGO y aún más lejana la Tierra Prometida, de paz y placer.
    Es necesario entrenarse y no dejarse arrastrar por el hábito, no someterse al guión, salir del esquemita mental repetitivo.

    Es evidente que no podrás hacer esto de buenas a primeras, a fuerza de buena voluntad o pensamientos positivos.
    No existe la magia.
    Tienes años enroscado a una cadena, no esperes quitártela de encima de un momento al otro.
    Te advierto que muchos han tomado conciencia para luego volver a dormir, aún más pesadamente que antes.
    Es que, el EGO atenaza con fuerza, a pesar de que es intrínsecamente débil.
    Precisarás esfuerzo, constancia, trabajo, alegría, optimismo, agradecimiento, valor, paciencia, amor, respeto entre otras cosas para seguir adelante, para ser libre, para obtener paz, para gozar, para estar unificado y en armonía interna y externa.
    Sí, muchos quedan por el camino, la mayoría quizás, pero eso no es excusa para que tú no seas de los que alcanzan la Tierra Prometida y disfrutan de ella.
    Todo lo que crees que te cuesta, lo que te pierdes, lo que te esfuerzas igualmente será poco, barato, comparado con lo que gastas manteniéndote en la celdita mental del EGO, con lo que malgastas y derrochas para tapar agujeros, con lo que desperdicias al pasar por la vida sin vivirla realmente.

    Entrénate en valorar al prójimo, en hacerlo sentir bien sin esperar nada a cambio, en ser justo, en no responder automáticamente sino desde un punto de vista que beneficie a ti y al prójimo.
    No quieras ser el que tiene la última palabra, no pretendas ser el que domina, no pidas la cabeza del otro, no trabajes para el EGO.
    Disfruta de aquello que está a tu alcance y propón al otro que haga lo mismo.
    Deja fluir aquello que no puedes ni debes controlar.
    Repara lo que está bajo tu dominio para que funcione correctamente.
    Relájate, no quieras comandar todo y a todos.
    Entrénate para ser bueno y justo, gozar de lo permitido y apartarte de lo nocivo.
    Haz esto, entonces estarás en camino a la Salvación, a la Redención, a la Era Mesiánica, a la Tierra Prometida.

    Emor
    Para los judíos, en la lectura semanal que corresponde a este Shabbat (parashat Emor) encontramos:

    "Guardad, pues, Mis mandamientos y ponedlos por obra. Yo soy el Eterno.
    No profanéis Mi santo nombre, pues Yo he de ser santificado en medio de los Hijos de Israel.
    Yo soy el Eterno, el que os santifico, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Elokim.
    Yo soy el Eterno.’"
    (Vaikrá / Levítico 22:31-33)

    Se nos muestra la puerta para salir de nuestra celdita mental, de la tiranía del EGO.
    Es Dios el que quiere nuestra salvación.
    Pero somos nosotros los que debemos levantarnos, abrir la puerta –que está sin llave-, y pasar a la libertad.
    No seremos arrancados de la prisión, nadie vendrá a sacarnos. Debemos salir por nuestros medios.
    Tenemos la ayuda de Arriba, contamos con la fuerza interna, se nos brindan hermosos consejos, se nos dio la oportunidad.
    Ahora, a avanzar.
    Si no llegas a la Tierra Prometida pero hiciste tu parte, santificaste tu vida por medio de la bondad y la justicia, entonces ten por seguro que desde lo Alto serás buenamente recompensado. Será completada tu travesía, no en esta vida, pero si en la eterna.
    Cada paso que des, cada obra que realices, cada instante que saborees la libertad de forma comprometida, estarás sembrando gozo eterno.
    Ahora, levántate y avanza.
    Actúa, sé solidario, haz el bien, ¿a qué esperas? ¿A que tu EGO te dé permiso?
    A construir Shalom.

  • Ajarei mot y Kedoshim-אחרי מות וקדושים

    Este texto es largo y en algunas secciones complejo.
    Para ayudarte en su lectura, para no aburrirte, le pondré títulos que diferencian secciones.
    Espero que encuentres algo que te sea de provecho, que lo vivas, que lo compartas y si quieres nos dejas un comentario aquí debajo, porque tener retorno de los lectores es agradable y necesario.
    Que pases un excelente día, el mejor de tu vida.

    Parshiot de la semana.
    Esta semana en el pueblo judío (fuera de Israel) se leen dos parshiot juntas, Ajarei mot junto con Kedoshim (אחרי מות קדושים).
    De Kedoshim es un clásico de los comentaristas la sección del versículo tan mentado y manoseado que expresa: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Vaikrá / Levítico 19:18).
    Sabemos de su trascendencia, de su centralidad, de su importancia por lo cual lo hemos trabajado en numerosas ocasiones previas. Es bueno recordarlo, releerlo, revisar lo ya enseñado porque es maravilloso encontrar nuevas ideas, mejores acciones incluso en aquello que uno ya creía conocer y asumía como aprendido. Así pues, te invito a que hagas clic aquí, para que se abra una lista de textos que sería bueno repasar.
    Mientras tanto, vamos a continuar con una nueva lección, fresca, renovada, que se añada a las ya ofrecidas por nosotros en todos estos numerosos años que trabajamos gratuitamente para difundir la “Luz de Vidas” a quien quiera recibirla de nuestras parte.

    Relaciones humanas y con Dios.
    Al comienzo mismo de Kedoshim encontramos lo siguiente:

    «El Eterno habló a Moshé [Moisés] diciendo:
    ‘Habla a toda la congregación de los Hijos de Israel y diles: Sean santos, porque Yo, el Eterno vuestro Elokim, soy santo.
    Cada uno de vosotros respete a su madre y a su padre.
    Guardad mis shabatot.
    Yo soy el Eterno, vuestro Elokim.»
    (Vaikrá / Levítico 19:1-3)

    Respetar a los padres, guardar los shabatot (los días consagrados por Dios para ser celebrados por los hijos de Israel), son mandamientos que el Eterno ha dado al pueblo judío, parte de los 613.
    Uno de ellos corresponde a los preceptos que regulan las relaciones entre las personas, los que se denominan בין אדם לחברו.
    En tanto que la que concierne a las fechas consagradas está dentro del grupo de las relaciones del hombre con Dios, que son denominadas בין אדם למקום.
    Apreciemos que ambos grupos son relevantes, fundamentales.
    Ambas selecciones son de similar peso y valor, con la consigna de hacer santa la vida del judío, porque tal es la orden emitida por la Divina Voluntad.
    No debemos proceder como aquellos que solamente ven la porción ética de la Torá y desechan o disminuyen el valor de las reglas que conectan con Dios sin pasar por el prójimo.
    Pero tampoco es correcta la posición de los que pretenden imponer un reinado monopólico de mandamientos de relación con Dios, despreciando lo que refiere a la ética, al buen comportamiento, a desplegar el potencial humano a su máxima capacidad, lo que conocemos como דרך ארץ.
    Unos y otros son pilares del judaísmo, fortalezas de nuestra identidad, valores irrenunciables, que nos conectan con nuestra esencia, con el prójimo y con Dios.
    Los dos conjuntos de mandamientos valiosos, aunque son desde siempre considerados los que nos relacionan correctamente con el prójimo los prioritarios. Dios puede vivir sin nuestra alabanzas, sin nuestras oraciones, sin nuestros ruegos, sin nuestra dependencia en Él; pero el prójimo que nos necesita, nos necesita…
    Igualmente recordemos, los que ganamos SIEMPRE somos nosotros al cumplir con los mandamientos que nos competen, aunque no es por la ganancia que debemos proceder.

    Notemos otros aspectos muy interesantes.

    Ser santos: el motivo central de la parashá Kedoshim, de toda la Torá en realidad.
    Primero, hay una orden directa por parte de Dios hacia los judíos, deben ser santos.
    Y expone un claro motivo, porque Dios es santo. Sabemos el porqué, porque Dios así quiere de Su hijo primogénito, de Israel. Es la Divina Voluntad que los judíos alcancen un grado santidad, de distinción, de actitud especial.
    Porque eso es ser santo, diferente de lo corriente, que sobresale positivamente de la norma.
    Tal como Dios, que es Uno y Único, por completo diferente a todo lo que conocemos o creemos conocer. Así como el es santo, debemos ser nosotros.
    Que nuestros actos, nuestra postura en la vida demuestre nuestra grandiosa interioridad, nuestra conexión con Él.
    Recordemos que todos somos Sus hijos, hechos a Su imagen y semejanza. No una material, pues Él no es material, no con una forma física, pues no hay forma o materia que lo represente. Pero ciertamente, ese lazo espiritual, esa potencia creadora, es lo que nos identifica como hijos de Dios, aptos para la santidad.
    A mayor cercanía con Dios, mayor el grado de santidad.
    Y esta cercanía no se produce por un movimiento en el espacio, no es por estar en tal o cual lugar. La cercanía a Dios se manifiesta acorde a nuestra conducta. Si estamos actuando en sintonía con Él, si emulamos –en lo humanamente posible- Sus acciones, estamos elevando nuestro grado de santidad.
    Porque, podemos hacer como Él hace, dentro de nuestro limitado marco de acción.
    Tal como está dicho:

    “Hacer como hace el Eterno.
    Así como Él viste a los que no tienen ropa, uno debe vestir a los que no tienen ropa…
    Así como Él visita a los enfermos, uno debe visitar a los enfermos…
    Así como Él consuela al que está de luto, uno debe consolar al que está de luto…
    Así como Él entierra a los muertos, uno debe enterrar a los muertos…
    El comienzo de la Torá es actos de bondad desinteresada y su finalidad son los actos de bondad desinteresada…”
    (Sota 14a).

    Por más información al respecto de esta interesante temática, recomiendo seguir el texto que se abre haciendo clic aquí.

    La santidad, una cuestión de la vida cotidiana.
    Entonces, llegamos a la santidad. Que, repito, no es un estado de éxtasis, no es apartarse de la sociedad, no es vivir en negación de lo material, no es mortificación del cuerpo, no es palabrería santurrona en idiomas incomprensibles, no es solitario encierro de meditación, no es vestirse de modo simpático, no es hacerse adicto a una religión o líder religión, no es cambiar de país o costumbres nacionales, sino, tal y como expresan con total limpieza y claridad los Sabios de la Verdad: actos de bondad desinteresada, ayudar al necesitado, consolar al sufriente, dar una mano al que precisa de nuestro auxilio, sonreír al amargado, dar un hombro al que llora, en fin… toda buena obra para con el prójimo que puede parecer poca cosa, poco espiritual, poco santo, pero realmente es el camino dorado hacia la verdadera santidad. No lo declara este humilde maestro, sino los grandes Sabios de la Verdad. Es posible hallar infinidad de citas que vuelven al mismo punto, a la cúspide espiritual que es el servicio hacia el prójimo de manera desinteresada, el altruismo, el verdadero amor.
    ¿Entiendes cómo se relaciona todo?
    El amar al prójimo como a ti mismo es la clave para la santidad.
    El altruismo es la manera correcta de vivir.
    Por lo tanto, aquello que niega al prójimo, que lo desmerece, que lo lastima, no es el camino sino el abismo.
    El EGO, ese que nos hace sentir impotentes pero creer todopoderosos, es la perdición.

    Tristemente el corazón del hombre lo lleva hacia la religión en lugar de hacia el espíritu.
    Se erigen ídolos para usurpar el trono de Dios.
    No solamente los dioses de las religiones, sino todo aquello que el EGO impone como objeto de adoración, lo que esclaviza al hombre, lo que lo narcotiza y desconecta de sí mismo, del prójimo y por ende de Dios.
    Hasta lo que puede ser en su origen sagrado, termina siendo profanado por el afán del EGO.
    Entonces, y tal como ya enseñamos (y es bueno repasar y volver a analizar): “Lo que libera es lo que suele ser repudiado.”
    Sí, liberan las buenas acciones desinteresadas que hacemos para con el prójimo.
    Libera el verdadero amor, el de las acciones generosas.
    Libera el actuar como Dios, con bondad y justicia.
    Pero… eso es despreciado.
    Pronto se izan banderas de fanatismo ideológico, de religiosidad, de sectarismo. Entonces se infama, se injuria, se maldice, se profana, todo en el nombre de algún dios, e incluso de Dios.
    Se deja de lado el amor, el verdadero y no el de las revistas o novelas, para esgrimir armas, para vociferar consignas, para preparar trampas, para acarrear el mal.
    Es una historia que se repite, una y otra vez, desde Caín, o incluso desde Adam y Java, hasta aquí.
    Porque el EGO, siempre el EGO, sigue dominando, controlando, manipulando y nosotros como esclavos trabajando tristemente para él.
    Aunque la Torá (noájica y judía) nos dan las claves para ser libres, para retornar del exilio del espíritu, para evidenciar la Era Mesiánica personal y colectiva, sí podemos hacerlo, tenemos las claves, pero siempre derivamos hacia donde el Ego nos comanda.
    Entonces, rechazamos lo que nos puede liberar, nos anclamos a lo malo, lo hacemos nuestro destino, nuestro dios.

    Y por ello, sufrimos.
    Estamos en celditas mentales, pequeñitas, sucias, malolientes, con la puerta cerrada pero sin llave. Si quisiéramos podríamos ser libres, ser “salvos”, vivir nuestra Era Mesiánica, estar conectados, ser uno.
    Pero no, se nos antoja seguir en el Egipto interior, en desprecio, en malhumor, en enojo, en amargura, en quejas, en dolor, en exilio.

    Pudiendo ser santos, nos lanzamos de lleno al fango del odio y la miseria. Parece que nos gusta olvidar que somos hijos de Dios para actuar como necios siervos del EGO, nuestro dios.

    Perls y Horney nos definen a los neuróticos.
    Miren la interesante definición que el Dr. Friedrich Salomon Perls nos regala:

    “Neurótico es todo hombre que usa su potencial para manipular a los demás en vez de crecer él mismo. Usurpa el control, se enloquece de poder y moviliza a amigos y parientes en lugares donde él es impotente para usar sus propios recursos”.

    Interesante, ¿sí?
    Cuando nosotros vamos viendo cómo actúa el EGO, tenemos bien en claro lo que el Dr. Perls está describiendo.
    Tal cual, es el EGO en funciones, que controla a la persona, la que está maniatada por su sentimiento de impotencia, para lo cual recurre a lo que sea para delirar que es poderoso, que tiene el control, cuando realmente nada controla.
    Pobre diablo, manipulador, tejedor de tramas, infamador, acusador desde las sombras, resentido, impotente, que cree manejar los hilos de las historias, que hasta cree venir en nombre de su dios, cuando en los hechos ni siquiera en su propia casa es el amo.
    Pobre diablo. Pero, tristemente así parece que somos la mayoría de los humanos. Desde Adam hasta aquí. En exilio.

    Por su parte, Karen Horney nos brinda esta explicación:

    “Uno de los rasgos predominantes de los neuróticos de nuestro tiempo es la excesiva dependencia de la aprobación o del cariño del prójimo… Además existe una notable contradicción entre su deseo de recibir cariño y su propia capacidad de sentirlo o de ofrecerlo…”.

    Oh sí, el hombre que se siente impotente pero pretende controlar el universo.
    Control, control, control… eso desea, para sentirse en poder, pero no puede ni siquiera consigo mismo… pobre diablo… en celo, en venganza, en revancha, mascando odio, inventando estafas inexistentes, quejándose, haciéndose el pobrecito… pobre diablo, impotente… esclavo por gusto de su EGO…

    Hombres larva.
    Ciertas personas que se la pasan pidiendo, sin reconocer lo que se les da, y hasta se enojan cuando no reciben en tiempo o forma lo que creen merecer.  Gente ingrata, amargada, desconectada de su esencia. Se quejan amargamente, porque sienten que se les debe algo, a lo cual nunca se hicieron merecedores. Piden, reclaman, exigen, se quejan, echan culpas, están en desequilibrio, no son funcionales al ecosistema. No aportan, pero igual, se quejan.
    Insufriblemente se quejan.
    Y algunos pasan la raya limítrofe, y entonces de quejosos llegan a actuar con mucha malicia y descontrol que aparenta ser un control sobredimensionado (te recomiendo que releas la frase, porque es complicada de comprender si no se tiene clara la noción del EGO y cómo opera).
    Algunos intentan demostrar su poder ejerciendo el control sobrepasado, todo es impostura, lleno de falsedad, muy falso.
    Son larvas, que en su origen significa espectro, enmascarado, fantasma. Pues esconden su esencia sagrada detrás de numerosas máscaras, rostros falsos. Algunos de ellos pueden parecer sonrientes, otros espantosos, otros indiferentes, como sea, todos ellos ocultando al verdadero ser, el Yo Auténtico, ese que es puro e intocado, su esencia espiritual. Sin embargo, su conducta es terrible, molesta, perjudicial, enfermiza. Eso es lo que manifiestan, eso es lo que hay.
    Algunos llevan su intento de conquista y manipulación aún más lejos, puesto que entran en un jueguito terrible, en donde se dice o se hace entender que: “yo no soy nada, no tengo nada, no puedo nada”, así que el mundo les debe dar, sostener, tolerar todas las insolencias, mantener, etc.
    Es como un estado de infantilidad sin fin, en donde se admite la propia impotencia para dejarse caer en brazos de otro, uno que se hará cargo, que cargará con las vicisitudes del impotente.
    De esa manera se crea un enfermizo lazo de dependencia, de sentimientos de culpa, de manipulación, de malicia inyectada una y otra vez.
    Si por alguna de esas casualidades aquel que se ha hecho cargo de llevar aupado al otro no quiere o no puede responder a las abusivas quejas, entonces se producen pataleos, berrinches, llantos, gritos, acusaciones, accidentes, enfermedades, depresión, en fin, todo lo que esté dentro del abanico de opciones de los que viven parasitando a otros.

    En este estado, esas personas se pueden transformar en auténticas déspotas, pequeños sátrapas, faraones en pañales, pretenden manejar como marionetas a los demás usando los hilos de la lástima, la vulnerabilidad, la discapacidad, la ineptitud, la victimización. Andan “pobreteándose” continuamente, murmuran o susurran, o tal vez proclaman: “pobrecito yo, el mundo me hizo mal”. Hay quienes tienen la actitud contraria, “yo puedo todo” y secretamente buscan que le devuelvan, que la reconozcan, que le digan lo fuerte y buena que es (este papel lo suelen jugar los que ayudan a los que abiertamente no pueden).

    El peligro de esta conducta es que, muchas veces, termina provocando una ira interna, lo que en el lengua de la Cabalá se llama “pan de la humillación”. Comemos gratis, pero no satisface, sino que perturba, porque estamos actuando negativamente, desde la impotencia, reconociendo nuestra ineptitud, poniendo nuestra vida en manos de otro.
    Esto genera ese movimiento oscuro interno que es profundo malestar con uno mismo, pero que se expulsa como reacción agresiva en contra del dador.
    Porque el que recibe se siente doblemente impotente, más que al principio, mucho peor porque a su impotencia primera le suma el reconocerla, el deberle a otro, el no haber hecho nada más que manipular para obtener ventajas.
    Entonces, este hombre larva se venga haciendo daño al que tanto le dio.
    Nosotros lo hemos vivido en carne propio innumerables veces, desde hace años venimos alimentando con buen pan espiritual,  mucho de los que se hicieron pasar por amigos llegado un momento se fueron enojados, insultando, maldiciendo, agrediendo injustamente, difamando, creando discordias… pero agradecer, reconocer, valorar, pagar… no, eso no…
    Su EGO es demasiado grande como para que puedan abrir los ojos, despertar, tomar conciencia, crecer, vivir, ser libres.
    Prefieren la muerte en vida, ejercer el falso control, dañar, odiar, vengarse, ser ridículos… EGO… EGO…
    En el caso contrario, el del que da indiscriminadamente, también puede suceder un cansancio en su cruzada solidaria y terminar enojado con los que ayudó porque no lo reconocen o no lo ayudan.
    Se agota, llega al límite, no recibe, explota… Sí, también es EGO dar y dar y dar y dar y dar hasta explotar… ¿entiendes por qué?

    Resumiendo.
    El mismo Dr. Perls, que citamos antes, nos enseña:

    “El hombre se trasciende a sí mismo únicamente por la vía de su verdadera naturaleza, jamás por medio de la ambición ni metas artificiales. El darse cuenta de y la responsabilidad por el campo total por el sí mismo y por el otro le dan significado y configuración a la vida del hombre.”

    Tarea.
    Nos extendimos demasiado, por ello voy a terminar aquí nuestro encuentro, pero te quiero dejar una tarea.
    Sabemos que el destino de muchas personas mayores es el abandono, la soledad.
    ¿Qué tienes para hacer al respecto tú?
    Para el prójimo, para tus padres, e incluso para prepararte para tu vejez…
    ¿Qué tienes hoy mismo para hacer?
    Y, ¿te das cuenta como la respuesta está tejida con numerosas fibras de esta parashá?
    Y… ¿encuentras la conexión con la parashá Ajarei mot, que no es tan evidente pero es firme?

  • Amor materno religioso

    Hace un rato veo el siguiente mensaje en el chat de FULVIDA.com:

    Invitado_4580 : Por favor me puede decir por qué razón cuando le participé a mi madre esta nueva forma de acercarme a Dios como lo es el noajismo, me mandó mucho al infierno? Sinceramente me dolieron sus palabras porque es mi madre.

    Hacía más de siete horas que estaba publicado, la persona ya no estaba en línea para recibir respuesta, igualmente respondí como sigue:

    Yehuda Ribco : hola invitado, que triste que una madre mande al infierno a un hijo porque éste desea servir a Dios con amor y respeto… que triste… oremos por su mama, para que esté libre pronto de las garras de la religión que la tiene esclavizada y enferma… ¡shalom!

    Sí, ciertamente es una situación sumamente triste, lamentable, terrible, que no debiera suceder.
    Pero…. sucede… ¡y cuánto!

    Tenemos dos opciones a cada momento para escoger, y debemos hacerlo.

    “Mira, Yo he puesto hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal;  pues te ordeno hoy amar al Eterno tu Dios, andar en Sus caminos y guardar Sus mandamientos, Sus estatutos y Sus decretos, para que vivas y te multipliques…”
    (Devarim/Deuteronomio 30:15-16)

    Por un lado está el EGO, con el sentimiento de impotencia por detrás, por lo tanto la desesperación, la angustia, el malestar, el miedo, el deseo de poder, la manipulación, la mentira, el engaño, la opresión, el ataque sin motivo trascendente, la destrucción, el afán por sentirse en control, la negación del prójimo, el pensamiento positivo falaz, la imposición de dioses en lugar de Dios, la veneración al EGO en cualquiera de sus formas y modos, la muerte en vida, el vacío, la perversión, la burla, la religión… la total esclavitud.

    En el otro lado está el AMOR, con el sentimiento de valía, respeto, autonomía, sensibilidad, ética, pensamiento positivo del verdadero, la comunicación auténtica, responsabilidad, compromiso, altruismo, solidaridad, servicio a Dios, espiritualidad, construcción de shalom, conocimiento, plenitud de vida, hacer del mundo un paraíso, sembrar para el deleite eterno, equilibrio… la libertad multidimensional.

    Lo más frecuente es escoger el EGO.
    Sí, resulta extraño cuando uno se pone a ver las cosas desde una perspectiva amplia.
    ¿Cómo puede ser que la gente, tú y yo, andemos por la senda de la oscuridad, del dolor, del malestar, cuando tenemos al alcance la senda de la Luz?
    Realmente cómo puede ser, no interesa tanto ahora responderlo, sino constatar que es así.
    Vamos por la vida estrechos, apocados, empobrecidos, disfrazados, sufrientes, esclavos, bajo el imperio del EGO, siendo que tenemos al AMOR al alcance de la mano.

    Como una madre, capaz de maldecir con el peor de las maldiciones a su hijo por el simple “pecado” de que este escoge a Dios y no a un ídolo, prefiere ser libre y no esclavo, declara su deseo de ser pleno y no una sombra muerta en vida.
    La madre esclava del EGO no tolera siquiera el amago del hijo para ser liberado por el AMOR.
    Lo retiene, le corta las alas, le coarta el alma, le impide la plenitud, lo manipula, le inyecta terrores hacia lo inexistente, lo infecta de religión, le mata… le mata…

    Este es uno de los tantos resultados de pasar la vida encerrados en celditas mentales, adorando al EGO, siendo religiosos.

    Tú puedes mantenerte en el mismo rumbo de oscuridad, es tu elección.
    O puedes salir del rebaño, no ser más una de las ovejas que ciegas siguen la mentira.
    Te traerá enemigos, gente que murmurará, tu propia familia te rechazará porque para ellos es más valioso el castigo del EGO que la caricia del AMOR.
    Puedes volver al rebaño, llenarte de drogas, perderte, esconderte, puedes volver a tu celdita… tantos lo hacen a diario… apenas si unos pocos son los que despiertan y se mantienen conscientes.

    Al final de cuentas, cuando toda la payasada terrenal culmine, cuando sea hora de presentar facturas ante el Creador, ¿qué excusas tendrás si has pasado tu vida bajo el EGO en lugar de llevado por el AMOR?

  • Vivir en el tiempo de DIOS


    Hace un rato le dije a un querido amigo: “no siempre lo que queremos es lo mejor para nosotros”.

    Quise compartir contigo también esta enseñanza, creo que es importante tenerla en cuenta.
    Nos evitará amarguras innecesarias, quejas sin motivo, fantasías pueriles dolorosas, rupturas dramáticas, esclavizarnos aun más al EGO.
    Nos ayudará a valorar lo que tenemos, los que somos, lo que en verdad está a nuestro lado y nos hace bien.
    Tú sabes que he escrito en otras ocasiones acerca del valor único del presente, de vivir el aquí y ahora a pleno.
    Porque acostumbramos a sentir culpa por el pasado, o a angustiarnos por el futuro, y en eso perdemos de vivir el presente.
    Escapamos de fantasmas idos y evitamos sombras que aún no están, y en esos juegos turbulentos desperdiciamos y despreciamos nuestro único tesoro: el tiempo presente.
    En el escape es común repetir el pasado, fracasar una y otra vez en lo mismo o tan parecido, haciendo del hoy una copia borrosa e infame del ayer. Esto nos lleva a mortificarnos más, a temer más, a hundiros en la impotencia más, a prefabricar un mañana de angustias y horrores.
    EGO, todo EGO…

    Recuerda, el deseo es deseo de poder. Ese afán, ese desespero, esa esperanza vana nace en el sentido de impotencia, porque todo miedo, es miedo a no poder.
    Y entre estas puntas se maneja el EGO.
    Que te zarandea, de un lado para el otro.
    Te mantiene preso, esclavo, sometido, embrutecido.
    Quizás tienes una mente brillante, pero asfixiada por las emociones y pensamientos perturbadores que surgen del EGO.
    Tal vez tu destino fuera de grandeza, pero estás aplastado por la bota ridícula del EGO, que te hace sentir miserable, que te arrastra en el cieno de la impotencia, que te lleva a desear y fantasear imposibles, para inflarte de nada y estar alterado por todo.

    La mayoría de las personas no toma conciencia de este pasaje por la vida sin vivir.
    Muchos tienen la excusa de estar atareados en sus corridas cotidianas.
    Otros se distraen con las ocupaciones importantes de la nada misma. En el Río de la Plata esto tiene nombre y apellido, Marcelo Tinelli y el mundillo que gira a su alrededor. Es el famoso circo de antaño, para mantener adormecida a la gente, adoctrinada, quieta, en la ilusión de compartir la grandeza de otros que son enanos pero vendidos como gigantes. En todos lados están estos amos del circo, payasos en realidad, muy poderosos en términos mediáticos pero absolutamente esclavos en términos espirituales.
    No hay tiempo para detenerse y pensar en uno mismo, en conectarse consigo, en hacer cinco minutos diarios algún ejercicio de armonización de sus múltiples dimensiones.
    No, para eso no hay tiempo, porque el tiempo vale oro, aunque se lo desperdicia en lo superficial, en lo que no vale realmente.
    Las agendas se sobre escriben, se apilan las actividades, el frenesí y la carrera se convierte en sinónimo de plenitud… ¿será así?
    ¿O esa actividad que satura cada minuto, que no da pausa, que aliena es solamente un modo de escapar de sí mismo?
    ¿No será que tanto jueguito y distracción, tanto partido importante de fútbol, tanta charada son solamente escapes de la realidad para postergar el inevitable encuentro consigo mismo?
    Porque verse da miedo, porque nos desconocemos.
    Somos nuestro vecino más cercano, y el más olvidado.
    Difícilmente nos reconocemos en el espejo del alma.
    Detrás de tantas máscaras, dudo que puedas saber cuál es tu rostro.
    Nos escondemos detrás de los arbolitos, para que nuestra conciencia no nos alcance.
    Porque de hacerlo, ¿cómo justificar lo injustificable?
    ¿Cómo rendir cuentas del tiempo perdido, de la vida gastada en nada?

    El tiempo de Dios es un eterno presente. (Hablar del tiempo de Dios es una manera de decir las cosas, Él está por fuera de todo tiempo, de todo espacio, Él es contenedor del universo y nada lo contiene a Él).
    Hoy para Él es el Big Bang, el momento inicial del Bereshit.
    Hoy es el momento del final, si es que existe, no lo sé.
    Hoy está un dinosaurio paseando por ahí.
    Hoy Adam conoce a Java.
    Hoy Noaj es ordenado en el pacto eterno de las naciones con Dios.
    Hoy está Avraham circuncidándose.
    Hoy Avraham está circuncidando a su hijo Itzjac.
    Hoy están los judíos saliendo de Egipto.
    Hoy ellos reciben la Torá para ser posesión judía por siempre.
    Hoy los hijos de Israel están tomando posesión de su tierra.
    Hoy David es coronado rey.
    Hoy Salomón es coronado rey.
    Hoy los judíos son exiliados en Babilonia y hoy retornan desde Persia.
    Hoy luchan la independencia de Judea para expulsar a los romanos.
    Hoy Colón llega a América y comienza el desastre para los habitantes de por aquí.
    Hoy Neil Armstrong dice su discurso famoso y pisa la luna.
    Hoy es hoy, nuestro pequeño hoy.
    Hoy es el año siguiente y el siguiente.
    Todo tiempo es presente para Dios.
    Todo tiempo presente, es nuestro único real y existente tiempo para nosotros.

    Dejar pasar este instante es perder tu única oportunidad.
    Es derrochar un tesoro, es gastar un recurso limitado e irrecuperable.
    Pero, cuando lo vives a plenitud, cuando haces actos de bien generosamente, cuando eres altruista, cuando eres solidario, cuando eres una sinfonía perfecta de tus multidimensiones, cuando encuentras la conexión entre tus planos y por ello con el prójimo y con Dios, entonces estás haciendo la mejor inversión de todas.
    Estás consiguiendo aprovechar tu vida.

    Muchos viven pendientes de un promisorio futuro, el de la Era Mesiánica.
    Está bien que así sea.
    El ideal mesiánico apunta a que en aquella Era el hombre será más hombre, a causa de lo cual se dará cuenta de que es también “divino”. No por ser como dioses, o parte de dioses, o como Dios, o que Dios mora en nosotros, sino porque existimos por Él, estamos en permanente conexión con Él, nos vivifica Él.
    En esa Era añorada, el hombre no será más divino, porque ya ahora lo es. Lo que pasa que tenemos tan escondido nuestro Yo Esencial, tan tapado por caretas del Yo Vivido que ni siquiera nos reconocemos en nuestra humanidad.
    Somos semejantes a animales, que viven en inconsciencia, sin alzar su mirada, sin resplandor del espíritu. Es una pena por nosotros, siendo que tenemos la capacidad de unificarnos y conectarnos con la eternidad.

    Comencé este breve encuentro con las palabras “no siempre lo que queremos es lo mejor para nosotros”.
    ¿Qué aprendiste ahora a querer, que realmente sea mejor para ti?

  • El árbol del MESÍAS

    Ah, ¡cuánta gente anda con la idea de que la Era Mesiánica es una de milagros y maravillas!
    Un mundo dado vuelta, sin sufrimiento, sin hambre, sin molestias, todo paz y tranquilidad, como un retorno mágico al útero materno.
    Todo lo bueno nos lloverá desde los Cielos.
    El EGO estará sometido sin esfuerzo.
    El alimento será recogido y nos nutrirá sin inconvenientes.
    Los buenos y justos andarán por la tierra en tanto ya no habrá gente de alma oscura.
    ¡Ah, que bello parque de diversiones metafísico nos pintan!

    Pero, presta atención a lo que Rabí Iojanán ben Zakai expresó:

    “Si estuvieses a punto de plantar un árbol y te dijesen: ‘El Mesías está llegando aquí, ven, vamos a recibirlo.’; primero termina de plantar el árbol y luego sal a recibirlo”
    (Avot de Rabí Natán, Nusaj B,31).

    ¿Cuál es la idea que nos brinda el sabio maestro?

    Pues, plantar un árbol, trabajar la tierra, ocuparse de cuidar el ecosistema, prever para el futuro, esforzarse para cumplir el proceso completo que culmina en cosechar, estará ANTES que salir a recibir al Mesías.
    Sí, es importante el Mesías, habrá buenas nuevas, cosas agradables impactarán para bien al mundo, pero el mundo seguirá siendo mundo.
    Con claridad lo sintetizó Maimónides en su Código Legal, a su vez tomado de la sabiduría del Talmud:

    “Nuestros sabios enseñaron: (Talmud Berajot 34B) no habrá ninguna diferencia entre el mundo actual y la era de Mashiaj excepto (nuestra emancipación de) la subyugación a las naciones”
    (Leyes de Reyes, Cap. 12, Ley 2)

    Sí, así es como lo ven las mentes preclaras. Una época en la cual la nación judía no estará sometida a los vaivenes del humor de las naciones. Ya no temerán pogromos, ni nuevos holocaustos, ni expulsiones, ni matanzas, ni propaganda basura pro-árabe, ni asesinos en la presidencia de países ardientes en fanatismo, ni el odio enfermo del antisemita.
    Será una época de paz para Israel y los judíos, porque las naciones habrán desechado la infamia de la idolatría, la maldad de las religiones y habrán adoptado el código espiritual sagrado que pertenece a las naciones: el noajismo.

    Será valorado plantar árboles, porque de algún lado tiene que salir nuestro alimento, nuestro refugio, nuestro sustento, nuestra permanencia en la tierra.
    Dios no hará cambios radicales en las leyes de la naturaleza, no despertaremos en un mundo diferente a causa de milagros.
    Probablemente, y tal como viene el ritmo de las cosas, tendremos mucho bienestar gracias a la ciencia y la tecnología.
    Cuando a esto se le suma la bondad y justicia de la conciencia ética espiritual, entonces estamos casi en un paraíso terrenal.

    Todo esta preparado, pero falta que tú hagas tu parte, esa que Dios te ha codificado para que realices.
    Queremos NOAJISMO puro ya para las naciones.