Categoría: Creencias

  • TESHUVÁ: la salvación MESIÁNICA

    Cuando has pecado, te has apartado de la senda que debes andar, esa es la definición de pecado.
    Como muchos quizás sientes y crees que estás perdido para siempre.
    Así también te lo han inculcado en tu hogar, en tu iglesia, en tu “sinagoga”, en infinidad de sitios que pregonan doctrinas religiosas en las cuales el hombre ES pecador y sin remedio, alguien destinado a la muerte eterna, al sufrimiento, al “infierno”.
    Cuando te quieren manipular, que es en el 99% de los casos, te ofrecen falsas esperanzas, salidas milagrosas, maravillosos remedios para enfermedades que no tienes. Te venden, a precio carísimo, salvadores, redentores, sangres derramadas para purificarte, y te hacen sentir y creer que esa es la única manera de escapar del destino espantoso que te espera por ser pecador. Si no acatas, si no te sometes, si no te esclavizas, entonces estás condenado, solamente “tu padre” Satanás está aguardando por ti, para freírte en aceite hirviente y azufre en el infierno. Te desean las peores maldiciones, te auguran un futuro de pesadilla eterna. O acatas sus dogmas y te dejas abusar por los amos y reniegas de todo derecho a ser libre, o lo peor está preparado para ti. No hay otra solución, solamente infierno o sus dogmas.
    Atención, esto es evidente cuando se trata del mito de Jesús, Yehua, o el nombre que le quieran poner, en donde es textual esto mismo que te dicen. Te hablan del pecado original, de tu imposibilidad de ser salvo sin la sangre del cordero, de como su dios te odia y por ello te impone mandatos imposibles, para que tropieces y te vayas directo con tu padre el demonio. Es textual, así te amenazan y manipulan para que acates, te sometas, cierres los ojos, canceles el pensamiento y creas por fe ciega, o te vas al infierno, o te vas al infierno… o te hacen vivir el infierno con sus amenazas, presiones, agresiones, hostigamiento, desprecio, abandono, etc.
    Pero, no solamente los seguidores del falso dios colgado actúan así. De todas las tiendas religiosas se levantan los “iluminados” que te atemorizan con castigos y sufrimiento, aquí o en la eternidad, si es que no avienes a ser manipulado por ellos. Cambiarán los nombres de los dioses, serán otras las propuestas doctrinales, pero al final es lo mismo: EGO. Manipulación, falsas creencias, soluciones mentirosas, hacerte vivenciar la impotencia para romper tu autoestima, esclavizarte, echarte culpas, fomentarte miedos, obligaciones estrafalarias, repetición de lemas, conductas absurdas que se convierten en reglamentarias, no comunicar, ser dócil ante el clérigo, llevarte a un estado de pobreza multidimensional desde la cual no tengas más respuesta que el abandonarte a sus exigencias.
    Repito, desde todas las tiendas religiosas y sectarias se procede así, más o menos encubierto, con mayor delicadeza o brutalidad, pero allí en el fondo y en la finalidad encontramos siempre lo mismo. Mucho EGO, manipulación, distorsión de la realidad, desbalance, falta de Shalom (verdadero) aunque se repita mucho la palabra “shalom”, agresión, quejas, hacer sentir culpable, amenazas, promesas imposibles de verificar, esperanzas huecas… EGO… mucho EGO…

    Entonces, ¿qué hacer?
    Es un hecho que el pecado existe, porque pecar es desviarse de la senda que uno debe transitar y no hay nadie que no se aparte de ella.
    Sea por rebeldía, o comodidad, o ignorancia o error, todos tenemos en nuestro haber muchos ladeos y bifurcaciones.

    Lo cierto es que Dios, el Uno y Único, ha creado un mecanismo insuperable para ajustar tu vida, equilibrarte, hallar la armonía con el prójimo y el cosmos.
    Es posible recuperarse, volver a la ruta sagrada.
    No te desesperes.
    Porque, Dios ha preparado para ti el camino de la TESHUVÁ, del arrepentimiento, del retorno, de la respuesta efectiva y positiva.
    En palabras del profeta Isaías (1:16-18): “ Lávense, purifíquense, aparten de Mi vista sus malas acciones. Cesen de obrar mal, aprendan a obrar bien; busquen el derecho, socorran al oprimido; defiendan al huérfano, protejan a la viuda. Entonces, vengan, y discutamos –dice el Eterno–. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, se volverán blancos como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.”.

    No está en rituales, tampoco en la fe.
    No son necesarios sacrificios, ni derramamiento de sangre.
    Son se precisan intermediarios entre Dios y el hombre, redentores milagrosos que limpien de los pecados.
    Nada de eso pide Dios.
    Él está declarando exactamente qué es lo que indica para rectificar al humano, para quitar el peso del pecado de sobre sus espaldas y de su conciencia.
    Es Dios el que habla en boca del profeta, y no un payaso disfrazado de religioso, o un emisario del EGO.

    Entonces, podemos enumerar los pasos oportunos y necesarios para el proceso de TESHUVÁ.

    1. Saber que X acción está mal.
    2. Saber que uno ha hecho tal acción mala.
    3. Reconocer que uno la ha realizado, sin dar excusas, sin justificarse, admitiendo el hecho, la seriedad del mismo, la responsabilidad por lo efectuado y sus consecuencias.
    4. Querer enmendar la situación provocada por el pecado.
    5. Hacer lo posible para corregir, mejorar, reparar, restaurar lo que se ha dañado con la acción negativa.
    6. Admitir la acción y pedir sinceramente perdón a la persona que ha sido agraviada y luego a Dios. En caso de ser un pecado contra Dios, pedir de Él el perdón. De nada sirve pedir perdón a Dios si no se ha pedido primero de la persona ofendida (de ser posible) y si no se ha tratado de corregir lo roto por nuestra acción.
    7. Aceptar las consecuencias legales o materiales de los hechos que hemos desencadenado.
    8. Comprometerse a no volver a incurrir en esa acción en el futuro.
    9. Perdonarse, no torturarse con sentimientos de culpa, negaciones, remordimientos. Dejar libre, fluir, no esclavizarse.

    Llegados a este punto, se ha podido tomar conciencia de lo realizado y procedido a apartarse del mal, para enmendar luego lo destruido, a la par de moverse en dirección al bien.
    No es un procedimiento mágico, ni se obtiene una limpieza espiritual milagrosa, sino que se retoma la senda de la que uno se ha desviado, pues eso es pecar: apartarse de la buena senda.
    Dios es bueno y justo, por lo cual la posibilidad del retorno es factible, sin esperar a que vengan del espacio fuerzas místicas a rescatarnos, sin necesidad de rituales complejos, ni siquiera de sacrificios o rezos purgatorios.
    Todo está allí, en las acciones.
    En el bien hacer, en el proceder con bien, con justicia, en lealtad al Eterno, con amor sincero hacia el prójimo.

    Para avanzar por el sendero de la TESHUVÁ requerimos de autoestima adecuada, porque si no conseguimos evaluarnos justamente, si no sabemos dónde estamos parados, qué tan lejos de la meta estamos, difícilmente notemos lo perdido de nuestro transitar por la vida.
    Aunque, no basta con saber que uno está desviado del camino, también es imprescindible admitir que se ha fallado, en poco o mucho, y tener la fortaleza para emprender la vuelta, y mucha más aún para pedir perdón con sinceridad. No es fácil reconocer la impotencia, pero cuando se hace, se está en verdadero control de aquello que se puede controlar.
    Si somos más profundos en nuestro análisis, llegamos a descubrir que de hecho nuestra autoestima, nuestra propia valoración, se fortalece cuando ponemos vigor para volver a la senda correcta.
    Los errores pueden hundirnos, pero también fortalecernos. Está en nuestra decisión, en la forma que encaremos las cosas, qué obtendremos.
    Así pues, cuando el EGO nos quita de la ruta, nos debilitamos, sentimos la impotencia que nos corroe y nos trastornamos en nuestro correcta evaluación de nuestro verdadero alcance y poder.
    Pero si no dejamos al EGO que comande nuestra vida, si no hacemos caso a esas voces que nos demuelen por dentro, si no nos derrumbamos detrás de nuestros apetitos y miedos, estamos en condiciones de retornar al camino bueno y crecer en él.

    Cuidado, el EGO está listo para que tropecemos en cada uno de los 9 pasos del proceso de TESHUVÁ que te he explicado más arriba.
    Cada uno puede ser motivo para la derrota, para volver a la celdita ridícula que nos impone el EGO.

    Ya lo dijo el Eterno a Caín (Bereshit / Génesis 4:6-7):  “–¿Por qué estás resentido y con la cabeza baja?
    Si obras bien, andarás con la cabeza levantada. Pero si obras mal, el pecado acecha a la puerta de tu casa para someterte, sin embargo tú puedes dominarlo.”
    .

    Los posibles pozos que te ponga el EGO podrían ser:

    1. Saber que X acción está mal.
      1. X no es un acto malo, en realidad es una buena acción.
      2. Todo es cuestión de opiniones.
      3. No dijo Einstein que todo es relativo.
      4. Hay diferentes puntos de vista al respecto.
      5. Mi religión no lo toma como malo.
      6. En la física cuántica se dice que algo es y no es al mismo tiempo.
    2. Saber que uno ha hecho tal acción mala.
      1. Yo no fui.
      2. Yo no lo hice.
      3. Me obligaron.
      4. Está escrito que pasara.
      5. Fue su culpa, ¿quien le mandó estar ahí cuando pasó?
      6. Los caminos de dios son misteriosos.
    3. Reconocer que uno la ha realizado, sin dar excusas, sin justificarse, admitiendo el hecho, la seriedad del mismo, la responsabilidad por lo efectuado y sus consecuencias.
      1. Eso está justificado porque esa persona merecía que le pasara eso.
      2. Puede que sea algo malo, pero no en esta oportunidad.
      3. Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón.
      4. Yo soy pobre y tenía necesidad de hacerlo.
      5. Fue sin querer, otra cosa hubiera sido queriendo.
      6. No fue nada en realidad, protestó y reclamó más de la cuenta.
    4. Querer enmendar la situación provocada por el pecado.
      1. Ok, estuve mal, lo admito. ¿Lo dejamos así?
      2. Ya te pedí perdón, ¿qué más quieres que haga?
      3. Bueno, al pasado pisado.
      4. Listo, no podemos arreglar lo que ya está roto.
    5. Hacer lo posible para corregir, mejorar, reparar, restaurar lo que se ha dañado con la acción negativa.
      1. Me siento mal por lo que te hice, me encantaría ayudarte, pero ahora no puedo.
      2. Ya pasó mucho tiempo, esto no tiene arreglo.
      3. Hice lo que pude por repararlo, pero quedo así como está ahora, espero que te sirva.
      4. Otro día arreglamos, ¿está bien, no?
    6. Admitir la acción y pedir sinceramente perdón a la persona que ha sido agraviada y luego a Dios. En caso de ser un pecado contra Dios, pedir de Él el perdón. De nada sirve pedir perdón a Dios si no se ha pedido primero de la persona ofendida (de ser posible) y si no se ha tratado de corregir lo roto por nuestra acción.
      1. Dios juzga, no el hombre.
      2. Yo ya me confesé con mi clérigo, no tengo nada que hablar contigo.
      3. Eres rencoroso y vengativo, ¿cómo esperas que te pida perdón?
      4. ¿Acaso no te ordeno dios dar la otra mejilla?
      5. ¡Si ya te pagué por lo que rompí! ¿Qué más pretendes de mí?
      6. Tu que eres mi dios, lávame de todos los pecados, hazme renacer en ti, porque tu sangre limpia todos los pecados.
    7. Aceptar las consecuencias legales o materiales de los hechos que hemos desencadenado.
      1. Te pagué, te pedí perdón, ¿qué más quieres?
      2. ¡Esto es injusto!
      3. ¡Ya me disculpé!
      4. Mi dios lava mis pecados, no tengo nada que agregar.
      5. Mi redentor se hace cargo de mis pecados, ¡arréglate con él!
      6. Pero si me perdonaste, ¿cómo te atreves a pedirme que te devuelva lo que te extravié?
    8. Comprometerse a no volver a incurrir en esa acción en el futuro.
      1. Fue solo un error, no volverá a pasar.
      2. Todos cometemos errores.
      3. Errar es humano.
      4. Bueno, por ahora me portaré bien, pero si se presenta la ocasión…
      5. Ah, quien sabe el futuro… no me pidas que adivine que voy a hacer entonces.
      6. Está en manos de dios.
    9. Perdonarse, no torturarse con sentimientos de culpa, negaciones, remordimientos. Dejar libre, fluir, no esclavizarse.
      1. Soy un pecador y ya no tengo salvación.
      2. Solo la sangre del cordero redime y no creo en él.
      3. Soy malo.
      4. Soy impotente, nada de lo que haga vale.
      5. Satanás me ha esclavizado.
      6. Es el EGO, yo no tengo fuerza sobre él.

    Estos son solo algunos ejemplos, quizás no todos muy brillantes o creativos, pero espero que sirvan para que se entienda mejor el punto que quiero establecer.

    El proceso de TESHUVÁ es esencial, porque realmente no estamos libres de errores, voluntarios o involuntarios.
    Por ello, es bueno hacer el ejercicio diario de evaluar nuestras acciones, no para mortificarnos inútilmente, sino para descubrir tanto las cosas positivas que reforzar, como aquellas en las que hemos tropezado y poder mejorarnos en ellas.
    Pedir perdón sinceramente es para valientes, para gente con poder y fortaleza. Es posible para TODOS, sin excepción, la cuestión es aprender a no caer en las trampas del EGO, a no ser un pupilo del Yo Vivido en sus múltiples antifaces, sino una persona que vive en busca de la armonía entre su Yo Auténtico y su Yo Vivido.
    Romper el yugo del EGO para aceptar la Ley del AMOR.

    Y perdonar al que se arrepiente… ah perdonar… leamos lo que codificó Maimónides (Hiljot Teshuvá 2:10): “Está prohibido ser cruel y no aceptar la conciliación, debe ser suave para conciliar y duro para enojarse. Cuando el que ha pecado le pide que le perdone, debe perdonar de todo corazón y con ánimo dispuesto. Incluso si le ha angustiado mucho con su pecado, la Torá ordena que no se vengue ni guarde rencor, y así debe proceder la simiente de Israel con su corazón correcto.”.
    El perdonar no implica dejar de lado la justicia, pero sí la amargura, el resentimiento, el remordimiento, el deseo de venganza, la impotencia.
    Al perdonar te liberas del peso horrible, sin por ello dejar de pretender que se imponga la justicia con su determinación.

    Esto es en esencia la ERA MESIÁNICA.
    Una en la cual se termina el exilio, se acaba el imperio de las pasiones, se quiebra el imperio del EGO.
    Es la Era en la cual se gobierna con paz, amor, justicia y lealtad. Se toman decisiones, buenas o malas, correctas o no, pero siempre basadas en el análisis, en el conocimiento, en la buena intención nutrida con sabiduría. Se establece un reino interno de shalom, de armonía multidimensional y ya no más de guerra, de pecado.

    Te propongo que seas parte de los que construyen shalom, asientan el reinado mesiánico.

  • Des-Aprender

    La Real Academia indica que aprender es:

    • Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia.
    • Concebir algo por meras apariencias, o con poco fundamento.
    • Tomar algo en la memoria.

    Es una actividad que vamos haciendo desde el comienzo de nuestra vida, se supone que se continúa hasta el momento de la muerte.
    Pero, esa suposición no suele confirmarse en los hechos.
    Más temprano que tarde dejamos de aprender.
    Nos quedamos aferrados a aquello que creemos, conocemos hemos experimentado, recordamos o nos parece recordar.
    Nos dicen quien somos, que somos, como debemos comportarnos, que creer, que pensar, que no pensar, que sentir, como vivir, a que aspirar, recibimos mandatos a los que convertimos en mandamientos, en patrones de conducta inmutables. Luego damos vuelta en torno a los mismos ejes, una y otra vez repitiendo, volviendo a situaciones que ya hemos experimentado o que son muy similares. Sostenemos nuestros disfraces, los variamos apenas, y con mucha suerte. Seguimos por la ruta que nos han trazado, incluso cuando nos suponemos rebeldes que rompemos los esquemas.
    Seguimos presos de los aprendizajes, de esas ideas, creencias, deseos, temores, sentimientos, mascaradas, personas, aprendizajes.

    Dejamos de aprender y damos todo por sentado.
    Ya no hay más preguntas, sino solamente respuestas prefabricadas, las que encajamos a como dé lugar.
    Cuando se nos presenta algo que quiebra nuestro esquemas, lo tratamos de acomodar rápidamente, hacerlo comprensible de acuerdo a lo que sabemos, manipularlo hasta que se comporte según nuestra “imagen y semejanza”. Es intolerable lo que está realmente por fuera de ese marco estrecho de nuestro aprendizaje adquirido. Es peligroso, porque nos muestra inoperantes, en impotencia.
    Se lo acomoda o se lo desaparece de la conciencia, sea por olvidarlo, apartarlo, negarlo, lo que fuera con tal de que no perturbe.
    Preferimos la oscura celdita mental, con nuestros aprendizajes encajonados, sin novedades, sin sorpresas, sin preguntas, nada que altere la falsa calma, la falsa seguridad, la falsa estabilidad.
    Porque estamos presos, enfermos, en una existencia vacía, sin embargo nuestro sentimiento de impotencia es terrible por lo que nos creemos poderosos para no hacer caso de razones, o absolutamente incapaces por lo que no valen de nada las razones. Como sea, prevalece el sentimiento de impotencia, la nulidad de nuestro ser.

    Por supuesto que esto es aprovechado por todos aquellos que hacen su negocio a partir de nuestra debilidad y consiguiente desesperada búsqueda de salvación. Sean líderes religiosos, políticos, partidarios, grupales, comunales, todos los que se creen con autoridad y nos someten a sus designios. Se encargan de fortalecer nuestra necedad, oscurecernos aún más en nuestra ceguera. Las preguntas son peligrosas, corrompen, porque pueden llevar a la libertad o al menos a un atisbo de conciencia. Entonces, prohíben las dudas, condenan al que piensa por fuera del rebaño, cancelan la opción de la divergencia, se niegan a responder cuando son increpados, son amos de sus sectas con poder “divino”, sin que nadie tenga derecho ni capacidad como para cuestionarlos o siquiera comprenderlos en sus acciones.
    En algunas ocasiones estos amos de la nada son más astutos y procuran que estemos sumergidos en la ignorancia, nos enseñan a ser ignorantes activos. “Aprendemos” lemas, memorizamos párrafos, repetimos con fidelidad solamente aquello que el pastor (el clérigo de la religión, secta, grupo que sea) nos enseña, y a eso llamamos “aprender”.
    Si nos falta el pastor, nos entra la confusión, caemos en el caos, no sabemos qué hacer. Por ahí seguimos andando por la senda marcada, con absoluta falta de integridad, con apego inmoral al que ya no está a la cabeza. O buscamos con desenfreno a otro pastor, otra congregación de fieles, otros lemas, otras banderas, algo para hacernos sentir alguien. No podemos vivir en la duda, en la interrogante, en la soledad del que busca la verdad y construye shalom. Preferimos el abrazo falso, la risa mentirosa, la palabra hueca, la enseñanza podrida con tal de no estar fuera de la celdita mental que llamamos “yo”, “mi vida”.

    Es necesario des-aprender.
    Sacar la mugre de la mochila que pesadamente cargamos a nuestras espaldas.
    Quitar lo inútil, borrar la memoria, hacer lugar, librarnos, tirar por la borda, y lavar y limpiar y hacer brillante nuestra mente.
    Des-aprender es un paso esencial antes de estar en condiciones de aprender realmente.

    Te propongo que me ayudes a formar una lista de cuestiones que debemos ir des-aprendiendo para de a poco irnos constituyendo en personas saludables, en lo que significa en verdad ser un constructor de shalom.
    Nuestro pasado es diferente, cada uno carga su propia mochila, con sus propias cuestiones, sus aprendizajes, las cuestiones que debe hacer desaparecer conscientemente o las que ha de modificar para convertirlas en experiencias provechosas.
    Pero, igualmente tenemos cosas en común, similares, que podemos compartir aquí para irnos dando una mano mutua en nuestro crecimiento.
    Por ejemplo, un amigo de este hogar expuso lo siguiente en otro de nuestros posts:

    • A des-aprender que la Biblia sea indispensable para los noájidas: la religión de la cruz siembra el terror que sin las escrituras ‘sagradas’, el hombre no tiene rumbo -incluso yo, que no pertenecí a sectas o ser prácticamente de la tradición religiosas de mis padres, lo llegué a creer-.
    • Des-aprender que existe una entidad maligna que le hace travesuras al Creador y a las creaciones.
    • Des-aprender que no podemos levantarnos de pie y caminar por sí solos.

    ¿Me ayudas?
    Gracias… por ayudarTE…

  • La ilusión del poder

    Decía Aldous Huxley: “Un fanático es un hombre que conscientemente sobrecompensa una duda secreta”.
    No sé si estoy por completo de acuerdo con este genial pensamiento, me rechina una palabra “conscientemente”. Yo tengo la fuerte impresión que debiera ser “inconscientemente”.
    Según lo entiendo, el fanático es uno que duda, que no sabe, que solamente se basa en una precaria fe ciega, que se sostiene con argumentos oscuros y falaces. No tiene paz interior, no hay luz, no hay claridad ni fortaleza. Solamente debilidad, escaso compromiso, caos interno, un infierno que lo devora desde dentro.
    Duda de sí, seguramente porque no se conoce, está envuelto en disfraces y lemas, bien lejos del espejo que le devuelva la verdadera mirada.
    Duda del prójimo,seguramente porque no SE conoce, entonces, menos puede llegar a conocer a otros.
    Duda de sus dioses, porque no tiene de donde aferrarse que le dé calma.
    Duda de todo, no confía en nada, está desesperado, aterrado, en permanente estado de abandono, con la miseria a flor de piel.
    Aunque nade en dinero y placeres mundanales, abrumado está como para poder ser feliz.
    No, no  hay paz en la vida del fanático.
    Para el fanático la paz puede que sea una palabra del diccionario, pero nada más… ¿o quizás un sueño muy distante que lo llena de dolor? ¿O tal vez una palabra que usa como lema, como mantra, como estandarte, pero detrás no tiene vida, es solo una palabra, hueca, vacía, en agonía constante como quien la pronuncia?
    Con ese sufrimiento encima, sin pausa, anda el fanático.
    Entonces, de manera inconsciente se a los extremos de cualquier línea para actuar su dolor, llega a lo absurdo, allí en donde hay acciones arbitrarias, en donde no hay racionalidad ni explicaciones, solamente acciones que manifiestan poder y fuerza, pero que son solamente ilusión de poder. Solo sombras,vanidad, apariencias, actuación, porque el verdadero poder, ese que surge de la paz interna, ese que es producto del conocimiento y la humildad, ese poder no está a su alcance. Es un guerrero, que defiende la mentira radical que es su vida, aunque de tanto repetirla y sostenerla en alto la hace pasar por verdad, la llega a sentir como LA VERDAD. Pobre desgraciado, pobrecito… si no mancillara lo sagrado, si no violentara al inocente, sería digno de la más tierna compasión…
    Así son todos los fanáticos, quienes de manera inconsciente van sobrecompensando su debilidad con demostraciones de fraudulento poder.
    Terroristas, religiosos, racistas, partidarios, misioneros, xenófobos, charlatanes, traficantes de la fe, proselitistas rabiosos, celotes, celosos, disparatados difusores de sus enconos, neonazis, ovejas de un pastor, discípulos de un maestro “místico”, portadores de estandartes de LA VERDAD… ponle el mote que quieras, el disfraz que se te ocurra, la causa que se te antoje, todos son lo mismo, marionetas del EGO, fracasados, actores que pretenden tener el poder pero están ahogados hasta el gañote en sus sentimientos terribles de total impotencia. Podrán tener el poder temporal, pero son absolutamente impotentes en lo que realmente.

    Ah, la ilusión del poder.

    Dinero, fuerza, dominio, fama, subordinados, conquistas, territorio, bienes materiales, toda una farsa de poder.
    Guerras de destrucción, genocidios, matanzas, violaciones, robos, pillaje, demostraciones de mucha fuerza material, pero la impotencia travestida de poder.

    Se compra la alegría del momento, la sonrisa fácil, el placer que vibra y desaparece y a eso se llama erróneamente felicidad.
    Pero no está en lo pasajero la felicidad.
    Tampoco en la fortaleza el poder.

    Se aplasta la disidencia, se acalla con griteríos las voces discordantes, se silencia al que se opone, se asesina al diferente, se lleva al extremo, todo al extremo… porque en secreto se duda, se teme, se siente impotente, se sabe que uno está parado en terreno resbaladizo, se percibe que uno no es real.

    Ya lo sabes, el EGO te manipula, porque te hace sentir impotente (lo seas o no, lo seas en gran o pequeña medida), pero te hace creer poderoso (o incompetente para salir del pozo).
    Tú puedes aferrarte a esa celdita y sufrir y hacer sufrir. Puedes ser un fanático, un depredador porque temes ser presa. Pero si así pasa, seguirás siendo un muñeco patético, una piltrafa, un impotente con aires de sobrador.

    El camino está en construir shalom, desde dentro y de allí hacia fuera.
    De unificarte, armonizar tus dimensiones, sintonizar tu Yo Vivido a tu Yo Auténtico.
    La clave está en el AMOR, el real y no el de la palabra hueca.
    Conócete para amarte y cuidarte, así podrás ser poderoso y no un mero fanático de la superstición o el líder que te arremolina.

    Ya deja la ilusión de poder y realmente PUEDE.
    En palabras del Rav Kook: “Si olvidas tu grandeza, te olvidas de ti mismo” (Orot).

  • El consejo diario 384

    Todos morimos, pero algunos están muertos en vida, viven muriendo, mueren por no vivir.
    Pobres personas que pasan por la vida sin que la vida pase por ellos.

    Creo que lo importante es vivir a pleno, hacer de cada instante un monumento a la vida, un legado a la posteridad.
    Puedes ser la gota que roza el espejo de aguas y produce un efecto multiplicador de ondas, que se expanden, que se retrasmiten el mensaje, que siguen moviéndose y aplicando la enseñanza aunque la gota inicial (tú) hace rato ya no esté más activa, hace tiempo haya retornado al océano del cual salió.

    Vive ahora, no esperes a un ilusorio porvenir, no te aferres a esperanzas, no idealices nada, rompe con los ídolos sobre pedestales de barro.
    Vive ahora, conócete, ámate, respétate, comparte la vida, como una llama que se extiende en otras mechas sin por ello restar a su propia luz.

  • El MESÍAS de tu vida

    Nacemos sin sentimientos negativos, vengativos o autodestructivos; pero tampoco sin sentimientos de unidad, valoración o construcción.
    No traemos programados sentimientos en el ADN, aunque se comienzan a formar ni bien estamos por entrar al mundo.
    No nacemos con odio, no nacemos para odiar tampoco.
    Por el contrario, nacemos por amor y para el amor, porque nuestra dimensión espiritual, nuestro Yo Esencial, es nexo con Dios y el cosmos, canal de amor, unidad sin fracturas. Tal esencia, que es AMOR, es nuestra existencia.
    Ten en cuenta que cuando nuestro ropaje terrenal (nuestra conducta que son actos, palabras, actitudes, emociones) no se encuentra en armonía con el espíritu, estamos en exilio, experimentamos el fracaso, somos apartados del amor, aunque hablemos de espiritualidad, amor y cosas que suenan bonitas.

    Nacemos y nuestro estado es puro; libre de toda mala intención; nadie nace para ser un hombre malo, todos nacemos para actuar con bien y justicia, para ser emisarios del AMOR.
    Esa esencia permanece pura, la neshamá (espíritu) no se altera ni afecta ni por el paso del tiempo, ni por accidentes, ni por enfermedades, ni por experiencias, ni por el entrenamiento.
    El “pecado” no afecta en modo alguno al espíritu ni la santidad intrínseca de la persona.
    Pero, alrededor de la neshamá se forma como una costra endurecida, oscura, que tapa la irradiación espiritual, silencia la voz de la conciencia universal, nos obstruye nuestro encuentro con nuestro verdadero ser. Nos hace vivir en estado de apariencia, como actores en un mal teatro, como payasos amargados, como personajes sin más presencia que la máscara que representa.
    Tal es el “pecado”, que es la desviación de la senda, el andar por caminos alternativos que nada tienen que ver con la majestuosa carretera que está preparada a nuestros pies.
    Sin embargo, por más acciones perversas, por más cáscaras que nos esconden de nuestra identidad esencial, allá en el fondo permanece inalterada la neshamá.
    Es nuestro Yo Esencial que resiste a todo cambio, que no muta, que no se vende al precio de la necesidad ni de la pasión.
    Estamos destinados para el AMOR.
    Entonces, ¿cómo comprender tanto odio, enojo, malestar, enfermedad, destrucción, violencia, acciones despiadadas, sentimientos falsos, sufrimiento? (Inquirimos sobre lo que el hombre provoca con sus acciones y omisiones, no por lo que son avatares de la naturaleza o accidentes reales).
    ¿Dónde está la falla?
    ¿Dónde se origina la ruptura?
    ¿Qué es lo que nos mantiene en el exilio de nuestro ser, alejados de nuestra verdadera identidad y sentido?
    ¿Por qué estamos inmersos en el caos, si estamos destinados al AMOR?
    ¿Por qué seguimos esclavizados, traumatizados, dañando y dañándonos si nuestra esencia nos impulsa a ser buenos y justos?

    Al nacer nos acompañan unas funciones instintivas alojadas en el cerebro primitivo del hombre que sirven para sobrevivir a la indefensión natal.
    Procuran llamar la atención para que el recién nacido reciba satisfacción a sus necesidades.
    Es el grito, el llanto y el pataleo. Que alarman y anuncian la impotencia del infante, su rústico pedido de auxilio, de rescate, de anhelo por supervivir.
    Cuando la atención no es alcanzada, el sistema se desconecta de las percepciones, para no seguir padeciendo y para ahorrar energía (más adelante también para fantasear o delirar con haberse sobrepuesto a la impotencia y haber satisfecho la necesidad).
    Estas funciones básicas e instintivas las podemos denominar Ietzer HaRá, o también EGO.
    El EGO, nuestro primer amigo que está listo para proveernos de salvación, para servir de intermediario en la satisfacción de necesidades, para aparecer como el que resuelve los miedos y aleja la impotencia.
    Qué bueno es contar con el EGO en ese momento, y en los inmediatos subsiguientes (hasta alcanzar cierta maduración neurológica y aprendizajes, como para responder de manera alternativa y asertiva), así como en las ocasiones de impotencia real y cuasi absoluta, cuando estamos impedidos de elaborar alguna respuesta a las crisis o eventos peligrosos que nos ocurren.

    Pero, el EGO se establece como patrón, en lugar de quedar en las sombras como último mecanismo de supervivencia.
    Es oportuno esclarecer el modo por el cual el EGO se hace intruso perenne en la conducta y percepción del hombre.

    Los hábitos se forman por la repetición de conductas.
    Un estímulo se asocia a una determinada acción, y esta asociación se va reforzando a través de la repetición, del entrenamiento.
    Se crea así una nueva entidad neuronal, un patrón de conducta, un hábito, una naturaleza incorporada que se hace propia.
    Del acto se pasa a la actitud, a una forma de percibir, comprender y reaccionar ante la vida.

    El niño con los mecanismos del EGO obtiene atención y con ella satisfacción a sus necesidades.
    El sentimiento, real o imaginario, de impotencia se ve por momentos adormecido gracias a la manipulación que produce el EGO en la conducta de los otros.
    Las herramientas del EGO manipulan a la otra persona, la hacen actuar según el propio deseo.
    El bebe se siente “poderoso” de esta manera, obtiene lo que desea, llama la atención, va formando un hábito.
    Llanto y/o grito y/o pataleo dan como resultado que se la atienda, que se le satisfaga.
    La repetición, una y otra vez, de esto crea el hábito.
    El niño ha aprendido a manipular.
    Aún ni siquiera reconocer que es otro, diferente a los demás; mucho menos identifica quien es el otro, si es mamá, papá o algún dios; pero sí va marcando profundamente la huella de su hábito, forjando su futuro a través del entrenamiento constante en la manipulación.
    Si lloro, pataleo, golpeo y luego también finjo, entonces voy obteniendo un cierto poder, no es realmente mío, pero es como si lo fuera. Manejo las vidas de otros, me siento en control de todo, el mundo se confabula para calmar mis angustias, abrazar mis temores y consolar mis pérdidas. Sí, el EGO me induce a creerme el centro del universo, a que si solamente pienso y pienso con ganas, entonces todo el universo se orquestará para venir a satisfacerme.
    Soy un gran bebe, impedido de todo, pero que se cree en control hasta de los mismos dioses (los padres, mayores, el dios familiar, etc.).

    No lo hace por maldad, es así como se va entrenando, va ejercitando su área de influencia y poder.
    Aprende que a los gritos, con llantos, con golpes, enmascarando la realidad es como se obtiene lo que se desea.
    Así va luego actuando por la vida, movido por su EGO. Ese mismo que le hace sentir impotente, incluso allí en donde no lo es, pero le hace creer que es poderoso.
    ¿Y cómo no creerse poderoso, si desde chiquito ha manejado a los otros para que corran a satisfacerle?

    Nuevamente, el bebe, así como el niño pequeño no lo hace por maldad, tampoco con sentido egoísta, simplemente lo hace.
    Durante un cierto tiempo no tiene otros recursos.
    Solo cuenta con el EGO para llamar la atención.
    Luego, cuando zonas más sofisticadas del cerebro se van desarrollando y nuevas experiencias se van incorporando, igualmente el hábito negativo ya se ha implantado.

    Ya aprendió a jugar con las reglas del EGO, no con finalidad malvada, sino porque es lo que se ha convertido en su naturaleza responsiva.

    A esto sumemos la sensación de impotencia que atraviesa en cada circunstancia de la vida. En las cosas cotidianas y en las extraordinarias, en las relevantes y en las insignificantes. Una tapa de bebida es muchas veces un estorbo a nuestra potencia, el no poder dormir, alguna enfermedad pasajera, el tránsito atascado, el ascensor que paró en algún piso y no viene aunque insistimos en tocar el botón, el vecino que hace ruidos, la alarma del auto que se disparó y suena toda la noche, el mosquito, el huracán, la demora del vuelo, la azafata malhumorada, la esposa antipática, el marido indiferente, la suegra siempre presente, la enfermedad mortal, la sombra perenne de la muerte… todo, a cada rato, hasta en donde no somos consciente, allí está la impotencia, real o fantaseada. Es un compañero del cual no nos podemos despegar, el sentimiento de impotencia.
    La primera reacción ante esto, la que es natural, la que ha sido además incorporada con el entrenamiento del hábito, es la reacción del EGO.
    El enojo, el miedo, el deseo, la manipulación.

    Crecemos y aprendemos a mejorar nuestras estrategias y técnicas de manipulación.
    Nos volvemos más refinados en ese oscuro arte.
    Se vuelve todo un juego de hilos de marioneta, mascaradas, antifaces, un ajedrez mortal y real.
    A las reacciones directas, evidentes, visibles (llantos, golpes, gritos todos ellos con sus derivados), se les suman las que son sutiles: la agresión pasiva, el echar culpas, el pretender que otro se haga cargo, la queja indirecta, la amenaza que no es manifiesta sino velada que llena de miedo e irritación.
    Sí, terrible el poder del hacer lo posible para que el otro siente culpa allí en donde no tiene responsabilidad; tal como dramático es mantener relaciones sostenidas en el miedo (recordemos viejas enseñanzas que ya hemos dado acerca de los cinco miedos básicos).

    Pero… ¿dónde está el mal en todo esto?
    Podemos admitir egoísmo (atender el propio interés sin importarle lo que ocurre con los demás o el entorno), egocentrismo (creerse el centro del mundo y despreciar lo que ocurre a los demás), egolatría (veneración religiosa de uno mismo) quizás, ¿pero maldad?
    Esto no parece maldad, aunque las actitudes y conductas sean chocantes, deplorables, desprovistas de solidaridad.
    En fin, no es lo mismo egoísmo y sus primos a maldad… ¿o sí?

    De hecho, los sabios reconocen que hay un fondo de bien en la existencia del Ietzer HaRá, cuando al respecto dijeron: "En el Génesis (1:31) cuando dice "es bueno" hace referencia a la tendencia buena del ser humano, en tanto que cuando dice que "es muy bueno", hace referencia al Ietzer HaRá, para enseñarnos que si no fuera por esta inclinación, la persona no construiría su casa, no desposaría mujer, ni tendría hijos" (Kohelet Rabá 3:16).
    Así pues, en la mirada de los Sabios no solamente es bueno para el niño pequeño que su cerebro reptiliano (base neurológica del EGO) esté activo, sino que es también necesario en la vida adulta. Tiene su función, si faltara estaríamos incompletos, puesto que nos permite ser completamente humanos, con nuestra lucha interna, con nuestras tendencias opuestas, con nuestro afán por satisfacer nuestras apetencias narcisistas naturales.

    Entonces, ¿de dónde surge el mal en la persona?
    Tal vez un aforismo de Michel de Montaigne nos dé una idea: "Ningún hombre esta exento de decir tonterías; la maldad consiste en decirlas deliberadamente.".

    Es decir, el mal surge cuando escogemos actuar de acuerdo al EGO y/o causando daño injustificado a otro (u otros, o al ambiente).
    Ser egoísta no es malo, tampoco es bueno. Pero cuando la actitud y/o acto egoísta me lleva a causar perjuicio innecesario, entonces es malo.
    Querer mi propiedad, no tiene nada de malo; pero si para conseguirla robo, mato, lastimo, estafo, miento, etc., entonces ya pasa a ser un acto malo.

    De aquí podríamos sacar numerosas conclusiones, algunas que podrían llevarnos muy lejos del camino ético, de construcción de shalom que proponemos para todas las personas sin excepción.
    Por lo cual, debemos considerar un patrón de medición que no se vea alterado por el EGO, ni por el propio ni por el social.
    Este patrón inalterable son los Siete Mandamientos Universales, que son la línea de base, la raíz, el piso indispensable para la vida moral y ética.
    En realidad, son la enunciación divina de la ética espiritual que Él ha implantado en el corazón de cada persona.
    No es un código impuesto desde fuera, no es algo ajeno a la persona, sino que es parte de nuestro “sistema operativo”, venimos de fábrica con la ética que se corresponde a los Siete Mandamientos.
    El EGO, tanto el personal como el social, puede desdibujar la realidad y hacernos sentir al código noájico como “Ley” elaborada por rabinos, como normas de conducta “religiosas” que se nos insta u ordena cumplir, como otra forma más de “nueva espiritualidad”; pero ciertamente no son así.
    Son parte de nuestra esencia espiritual, venimos con ellas en nuestro ser.
    Al vivir de acuerdo a ellos (los gentiles) están encontrando el sendero a su verdadera identidad y no una máscara más que se recoge de fuera y se inyecta al interior y se la fuerza a ocupar el lugar del propio rostro.
    Que se entienda, para el gentil el código noájico es el modo de recuperar su identidad, de evaporar las ataduras del EGO, de encontrar la armonía interna-externa, de sintonizar el Yo Vivido con el Yo Auténtico.

    Tal sería la idea que está detrás de la afirmación legislativa de Maimónides, cuando expresa: "Todo gentil que reciba para sí el cumplimiento de los siete mandamientos y sea cuidadoso con ellos, es uno de los justos de las naciones del mundo, y tiene su porción en el Mundo Venidero. Esto es así siempre y cuando los reciba y los cumpla pues tal ordenó el Eterno en la Torá y manifestó a través de Moshé, nuestro maestro, que desde antiguo los benei Noaj (noájidas) estaban obligados a ellos. Pero, si los hace a causa de que les parece razonables (y no las asume como obligaciones de origen divino), entonces no se le puede considerar como justo de las naciones del mundo, sino un seguidor de sus sabios.” (Mishné Torá, Hiljot Melajim 8:11).
    Si el noájida actúa éticamente, vive conforme al código noájico, pero sin admitir su origen divino, entonces está muy bien, es una gran persona, pero no logra alcanzar la cima de su nivel espiritual a la que podría arribar. No logra desplazar por completo su EGO y permitir que gobierne el AMOR. Porque vive la ética de los sabios, las instrucciones buenas y justas de los hombres que le precedieron y supieron enseñar modos de vida saludables. Sin embargo, para lograr la sintonía de su Yo Vivido con su Yo Auténtico, es menester que admita el origen divino del código noájico y lo viva a pleno. Cuando así hace, es un “justo de las naciones”, alguien que vive a través de su ética natural, originaria, que irradia de su esencia espiritual.
    Entonces, vivir una vida ética sin admisión del origen divino, está bien, es algo meritorio y de inmenso valor.
    Pero vivirlo la vida ética aceptando que es de origen celestial, entonces es dar un paso más, ascender más, perfeccionar su existencia más. Ojalá y fuera lo común para toda la humanidad.

    Pero, lo común es manipular, es vivir a la sombra del EGO, en celditas mentales, temerosos, echando culpas, jugando jueguitos perversos, agrediendo, violentando, usurpando, disfrazándose, huyendo de la realidad (escapando de sí mismo).
    Se tiene al EGO como un dios, como EL dios y como un redentor y salvador, como EL mesías.
    Sobre estos temas ya hemos trabajado anteriormente, son muy importantes, por eso te invito a que busques, encuentres, leas, estudies, critiques, preguntes y lo incorpores a tu vida.

    El EGO queda al mando de tu vida.
    Vives sumergido en sentimiento de impotencia, manipulas, sientes miedo, escapas, disfrazas tu realidad, buscas dioses fuera, o líderes fuertes, cosas a las cuales aferrarte (supersticiones, religiones, partidos políticos, hinchadas deportivas, equipos deportivos, etc.) que te hagan mitigar tus pesadillas y angustias.
    Tristemente nos recuerda el sabio proverbista: "Lo que el impío teme, eso le vendrá; pero a los justos les será dado lo que desean." (Mishlei / Proverbios 10:24).
    Así es querido amigo, lo que el EGO te lleva a temer, suele ser lo que te sobrevendrá. Si te escapas de la soledad, manipulas para no estar solo, te escondes del aislamiento, terminarás tarde o temprano solo, aunque estés rodeado de gente. Aunque hagas cualquier sortilegio y fórmula mágica pretendiendo controlar a tu dios y de ese modo milagrosamente te sentirás controlando al universo, terminarás avasallado por las fuerzas que no puedes controlar… si ni siquiera puedes controlar lo que sientes, cómo te sientes, cómo te sometes al EGO…
    Y así con cada pesadilla que se te cruce, tarde o temprano se hará realidad. A no ser que cambies la pisada, que evapores al EGO, que vivas de acuerdo al AMOR.

    Espero que hayas entendido nuestro planteo de cómo funciona el deseo "religioso" en las personas, lo que los lleva a vincularse tóxicamente con sectas, adherirse a grupejos religiosos, someterse a religiones "oficiales", degradarse en todo tipo de extravíos.
    Con ello, de manera retorcida, buscan el poder, poder para no angustiarse más con el sentimiento de impotencia, poder para controlar el destino, poder sobre la muerte, poder sobre sus dioses, y creen sinceramente (en muchos casos) encontrarlo. Pero es solo ilusoriamente, es mentira que nace de la desconexión con la realidad que produce el EGO. Es falso poder. Similar falso poder de los imperios que dominan por la fuerza de las armas, de las mafias que atormentan con su violencia, de los grupos de influencia que dictaminan orientaciones con manejos económicos, etc.
    Detrás de todas estas máscaras de poder, detrás de todos estos uniformes de dominio, hay hombres débiles, paupérrimos, desgraciados, temerosos, incapaces de vencer a su EGO.
    Gente pendiente de lo que otra gente ve, opina, juzga, critica, proclama, denuncia, reclama, ordena, manipula.
    Un viene y va, jueguito recíproco de manipulaciones, en donde alternativamente podemos ser víctima, agresor o salvador. Y vamos dando tumbos, buscando salvadores, salvando o agrediendo y detrás de estas tres imposturas, siempre el EGO.
    Ya lo dijo el enorme sabio, luz para su nación y las naciones, el Rav Kook: “hay gente libre que tiene alma de esclavo y hay esclavos que están sus almas llenas de libertad; quien confía en sí mismo es libre, en tanto que el que está pendiente de la aprobación y beneplácito de otros, es un esclavo.
    Todos nacimos para ser libres, solamente atados a los mandamientos del Eterno.
    Pero allí, en medio, se interpuso el EGO. Éste nos lleva a buscar a quien manipular y por quien ser manipulado. Si viviéramos con confianza en nuestra misión sagrada, con amor y respeto por nuestra identidad, con aprecio a nuestro legado, entonces no estaríamos en derrota, en exilio, esclavizados. Pero, no confiamos, no amamos, no respetamos, no cuidamos, y por ello nos sometemos. Nos amparamos en dogmas y doctrinas, creencias y religiones, filosofías e idealismos, proponemos dar otras mejillas pero alzamos las armas, clamamos por paz pero estamos manchados de sangre, nos envolvemos con rituales pero carecemos de solidaridad. Es una imagen que se repite, una y otra vez, en cada época, en cada lugar. Desde antaño los profetas la denuncian y profetizan: "Dice el Eterno: ‘¿De qué Me sirve la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del sebo de animales engordados. No deseo la sangre de toros, de corderos y de machos cabríos.
    Cuando venís a ver Mi rostro, ¿quién pide esto de vuestras manos, para que pisoteéis Mis atrios?
    No traigáis más ofrendas vanas. El incienso Me es una abominación; también las lunas nuevas, los shabatot y el convocar asambleas. ¡No puedo soportar iniquidad con asamblea festiva!
    Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras festividades. Me son una carga; estoy cansado de soportarlas.
    Cuando extendáis vuestras manos, Yo esconderé de vosotros Mis ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, Yo no escucharé. ¡Vuestras manos están llenas de sangre!
    Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de Mis ojos. Dejad de hacer el mal.
    Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda.
    " (Ieshaiá / Isaías 1:11-17).

    Así dice el profeta, dice Dios.
    Basta de ritualismo, de religión, de rigidez falta de humanidad.
    Seguir los mandamientos es lo correcto, tanto los que conciernen a la relación del hombre con Dios, como a los que son de relación entre personas.
    No sirve hacer como aquellos dogmáticos, religiosos, que se ponen enfáticos en los mandamientos que vinculan con Dios, en las cosas rituales, que abruman con detalles y menudencias. Pero, a la hora de tratar con el prójimo, son descarados, vergonzantes, agresivos sin necesidad, maltratadores, etc.
    Así no marcha la cosa, pues ambos modos de mandamientos son requeridos.
    Pero el EGO, ah el EGO, ese astuto amigo de la infancia hace ver las cosas a través de su lente distorsionada.
    Hace presumir de poder, hacer creer que se controla a Dios con sacrificios, cánticos e inciensos, como si a Dios se lo comprara con espejitos de colores.
    El EGO que lleva a creerse el centro del universo, el amo de Dios.
    Es el que nos hace despreciar al prójimo, vivir en desarmonía.
    Y no, eso no sirve. Eso lleva al mal.
    Tal como relata el profeta.
    No el mal etiquetado por la sociedad, o el que uno valora como tal, ni el de los filósofos.
    El mal según criterio de Dios y expresado en Su Torá y explicado por los maestros que tienen el conocimiento y la virtud para aprender y enseñar.
    Así pues, hay que arrepentirse, es decir, volver a la senda correcta.
    Dejar el pecado, que quiere decir desvío del camino correcto, cosa que produce el EGO.

    El mismo Rav Kook, que ya mencionamos, instruye: “el primer arrepentimiento (o retorno) es que el hombre se perdone a sí mismo (o también: vuelva a sí mismo).
    Comencemos la construcción de Shalom por nosotros mismos, dejando de lado la identificación con las máscaras del Yo Vivido y encontrando el rumbo hacia nuestro Yo Auténtico.
    Perdonemos, perdonémonos, aprendamos a vivir mirando el aquí y ahora con bondad y justicia, sin olvidar el pasado, sin vilipendiar el futuro, pero aprovechando a pleno este momento y este lugar. El presente es el único tiempo que existe, el único real, el único para disfrutar.

    Gracias a Dios que el Noajismo no es una secta o religión, tampoco una filosofía o un compendio de leyes. Noajismo es la humanidad en su plenitud, en su integralidad.
    (Tal como el judaísmo lo es para esa porción minúscula de la humanidad que se denomina Familia Judía).
    Noajismo es el camino de regreso a casa. Es la herramienta sagrada para hacer de este mundo un paraíso terrenal. Es el modo que Dios ha dado para que cada uno salga del exilio espiritual y alcance su tierra prometida personal, la Era Mesiánica propia, el Mesías en su vida.
    Con acciones concretas, absteniéndose del mal, haciendo el bien.
    Pero también cultivando la interioridad, construyendo shalom desde dentro, dejando la discordia por la empatía.

    Es triste saber que la inmensa mayoría de los humanos (gentiles y judíos) están desconectados de su esencia, en desequilibrio, realmente enfermos en su multidimensionalidad. Están abrumados por el EGO, alicaídos en sus emociones, corrompidos en sus creencias y anhelos, machacados por el miedo y el deseo que nace del EGO.
    Es doloroso saberlo, porque son hermanos, gente cercana, hijos de la misma Familia.
    Mientras estas personas están en el exilio espiritual, desconectados de su esencia, el Exilio se resiste a morir. No hay Era Mesiánica, porque tantos hijos están fuera de la senda, en caos, desafinando en la sinfonía cósmica.
    Si bien nuestro propio EGO nos puede impulsar al enojo, al reclamo amargo, a la disputa inútil, a la agresividad innecesaria, así no se resolvería nada, sino que se acrecentaría el drama.
    Por tanto, comencemos construyendo shalom en nuestro interior, admitiendo sus posturas, que aunque erróneas y lastimosas son las que ellos consideran válidas.
    No respondamos desde el EGO, sino desde el AMOR.
    Para ello debemos cultivarnos, trabajar en nosotros, romper el primado del EGO en nuestra vida, así podremos tender lazo de unificación con nuestros hermanos y con los extranjeros también.
    Es el largo camino de regreso al hogar, de restablecer el paraíso terrenal como antaño, como nunca fue en la realidad.
    En unidad, armonía, resplandor, amor.
    Somos unidad, aunque la manifestación física nos haga separados y diferentes y hasta divergentes.
    Encontrar el nexo que nos une, es el camino del AMOR, aquel que debemos estar dispuestos a andar.
    Sin por ello olvidar que existen leyes, normas, mandamientos que no siempre son suaves, no siempre vienen con caricias, en ocasiones son severos y con penalidades duras. Es parte de la vida en Este Mundo, que hemos de aceptar y así trabajar por construir Shalom, con luz y con sombras. Pero siempre construyendo shalom.

    Texto que aconsejo leer y estudiar con detenimiento: http://serjudio.com/cterapia/cab060808.htm

  • Parashat Nasó נשא – 5772

    Nasó es la segunda parashá del cuarto libro de la Torá, Bemidbar/Números.
    Nos presenta una variada temática que incluye asuntos tales como:

    • Censo de algunas familias de levitas para determinar el número de varones en edad laboral y sus correspondientes labores referidas al Santuario
    • disposiciones para que personas en determinadas situaciones de impureza “ritual” se alojen fuera del campamento y que retornaran al restaurarse su estado “normal”;
    • procedimientos para aquel que erró en su conducta en su relación personal con Dios;
    • algunas instrucciones para el manejo de situaciones de infidelidad matrimonial;
    • reglas para el “nazir”, que es quien se abstiene de gozar de determinadas cosas que son lícitas como forma de perfeccionar su carácter o por considerarlo un paso más en su “religiosidad”;
    • la Birkat Cohanim, fórmula prescrita por Dios para que los cohanim (miembros de la familia sacerdotal) canalicen la bendición del Eterno sobre sus hermanos israelitas;
    • las ofrendas que trajeron los dirigentes tribales durante doce días con motivo de la inauguración del Mishkán (Santuario, templo móvil), cada día correspondía a un líder por tribu.

    La Birkat Cohanim (bendición sacerdotal), hace siglos es parte integral del Sidur (libro de rezos), en ocasiones se pronuncia públicamente al finalizar la Amidá (plegaria central) en el beit hakneset (sinagoga). También es costumbre que los padres honren con ella a sus hijos e hijas en la noche del viernes, antes del kidush (rezo de santificación) del Shabbat, entonces denominada Birkat HaBanim (bendición de los hijos).
    Según refiere Maimónides (Hijot tefilá 14:14), en épocas del Beit HaMikdash (Templo) la pronunciaban los cohanim al término del servicio de ofrendas diario matinal, era el broche de oro. Tal como acontece al finalizar la oración de Neilá, que cierra la intensa jornada de reflexión y restauración que es Iom Kipur. Como si fuera el sello de aprobación, el gesto de confirmación de que nuestras acciones han sido gratas ante Dios.

    Comienza con las palabras: “יְבָרֶכְךָ ה‘ וְיִשְׁמְרֶךָ” – “iebarejejá Hashem beishemereja”, que podemos traducir como: “Te bendiga el Eterno y te guarde (o cuide)”.
    Resulta interesante advertir que no basta con que Dios bendiga, sino que además es necesario que también cuide. Es de suponer que la bendición divina incluye algún tipo de protección, de resguardo, de salvoconducto para no padecer contratiempos. Pero, al estudiar con detenimiento esta sección de la Torá, orientados por los exégetas correspondientes, comprendemos que no es así. La bendición del Eterno es sumamente valiosa, esencial, pero no es un manto mágico que resguarda de los sucesos penosos, de los aconteceres de la vida.
    Es por ello también importante ser precavidos, prudentes, cuidadosos, no derrochar la bendición, no actuar de forma perezosa, ni esperando que desde lo Alto se nos resuelvan todas las necesidades. Dios bendice, pero nosotros somos los que actuamos para cuidar por nuestro Shalom y el del prójimo, tal como explica Ramban (Najmánides) al respecto de este versículo.

    Finalicemos con una frase del gran Bashevis Singer: “Si te pasas diciendo que las cosas irán mal, tienes altas probabilidades de acertar”.

    ¡Shabbat Shalom UMevoraj! Moré Yehuda Ribco

  • El poder destructivo

    El poder destructivo es también parte del hombre, tiene su función positiva, suele ser sustancial en la tarea de construir shalom.
    Es bueno saber para qué, cuándo y cómo usarlo.
    Te lo ejemplifico para que se comprenda más fácilmente.
    El cirujano tiene necesidad de cortar la piel y la carne de su paciente, debe someterlo a dolores y toda clase de incomodidades, incluso a veces hasta amputar miembros enteros. Por supuesto que es un acto sumamente agresivo, hay destrucción, pero el cuándo, el cómo, el para qué es evidente que conlleva una finalidad superior, positiva, necesaria.
    El soldado tendrá que disparar y herir o hasta matar al enemigo, a aquel que está dispuesto a asesinarlo o arrasar con su familia y compatriotas. Supongo que la mayoría de los soldados no obtienen satisfacción al jalar el gatillo, al ver morir a su adversario, a otro ser humano. Sin embargo, tal como está planteado el mundo, es el último recurso con que cuenta la población para no perecer. Triste, caótico, espantoso pero (por ahora) lamentablemente necesario.
    El fin NO justifica los medios, pero en ocasiones los medios no tan suaves, no tan placenteros, son los únicos accesibles para alcanzar el fin indefectible y mayor.
    No vivimos en un mundo que es solo rosas, también hay espinas y otras cosillas más… ah, si fuera solo de rosas… no sería el mundo, sería una fantasía…
    Sepamos que construir shalom no es ser uno que da la otra mejilla ante el agresor, porque quien hace eso se convierte en cómplice del mal.
    Tenemos el derecho, a veces hasta el deber, de ser severos, estrictos e incluso usar la fuerza para prevenir que el mal impere.

    Lo dice el sabio Salomón:

    «Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:
    Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado;
    tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir;
    tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de estar de duelo y tiempo de bailar;
    tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar y tiempo de dejar de abrazar;
    tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de arrojar;
    tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar;
    tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz.»
    (Kohelet / Predicador 3:1-8)

    Es por esto, en parte, esencial tener presente las enseñanzas acerca del Ietzer Hará, el EGO, para que sepamos reconocer las reacciones provenientes del EGO de aquellas que realmente están en el camino del Shalom.
    El tema del EGO no es secundario, no es absurdo, no es falto de sentido espiritualidad.
    Muy por el contrario, al trabajar con constancia y sabiduría sobre esta temática, al ir aprendiendo a conocernos, a amarnos, a respetarnos, estamos andando por el camino del justo, aquel que Dios ha dictado para cada humano sobre la tierra.

    El inmenso sabio Rav Kook enseñó: «Hay santidad constructora y hay santidad destructora. La constructora es bondad evidente. La destructora es bondad oculta, porque destruye para que se pueda erigir una obra superior a la anterior… de la santidad destructora salen los grandes luchadores que proveen de bendición al mundo».

    Entiéndase muy bien: el construir Shalom no es iniciar o sostener guerras santas,¡todo lo contrario! La guerra debiera ser el ultimísimo recurso cuando todo lo anterior ya ha sido intentado y no produjo el resultado pacífico, ganancial para todos, o el menos perjudicial al menos. No hay santidad en la guerra, solamente dolor, pero cuando es necesaria, cuando tiene sus razones válidas (cotejadas con los Fundamentos Universales y no con la pasión, la norma social o la ventaja de alguno).
    No es de hombres de Luz imponer «la verdad» por la fuerza, ni promover el Caos. El dictamen cruel es propio de los emisarios del EGO, de los corsarios de las causas innobles.
    Pero, no solamente se es cruel cuando se empuña el arma agresora, sino también cuando se propone el falso pacifismo de la inacción, de la pasividad cómplice, del suicidio por no defender la vida propia y del inocente.
    El dar la otra mejilla, el sentarse a esperar que el malvado haga de las suyas, no es construir Shalom, ni siquiera es estar en la acera de la paz, sino que es lisa y llanamente asociarse con el mal para difundir el caos y atraer pesar al mundo.
    Es aquí donde se impone la necesidad del uso del poder destructivo, y hallar en ello la santidad que permita desde las ruinas construir una nueva y mejor realidad.

    Reitero, esto no es llamado a guerras santas ni a promover gobiernos asesinos o esclavizadores, más bien todo lo contrario. Es admitir que existe el mal y permitir que los valientes y valerosos se pongan en pie para defenderse y defender a los que ama, no para beneficio personal, no para derrocar al justo, no para obtener ventajas innobles, sino para detener al malhechor, para promover la vida.

    ¿Y cómo sabemos que estamos haciendo lo correcto y no somos uno más de los que vienen en nombre de dioses, doctrinas e ideologías mesiánicas y con esas excusas imponen sus credos y doctrinas con sangre y fuego?
    Ah… qué buena pregunta… creo que al hacerla sinceramente ya se está un paso distanciado de los megalomaníacos, de los sectarios, de los facinerosos, de los déspotas, de los siervos del EGO.
    Luego, está en cultivar el arte del análisis, de la construcción interna de Shalom, de no dejarse seducir por ideas bonitas pero faltas de razón y espiritualidad.
    Tarea para nada sencilla, ¿pero quién dijo que vivir fuera sencillo para el que quiere ser socio de Dios en la construcción de Shalom?

    Así pues, te invito a conocer tu poder destructivo, está en ti, lo posees, lo usas. Conócelo para no ser víctima de él, para que no sea un instrumento del EGO, sino que sea una herramienta en tu crecimiento y en la del prójimo.

    Construir Shalom lo hemos ideado nosotros, otros lo usan porque lo entienden, otros porque lo usurpan, y otros nos disparan con él para atacarnos… nosotros respondamos con la construcción real de Shalom, en los hechos, en cada instante, no como eslogan sino como motivo de vida.
    Para lograrlo precisamos conocer nuestro poder en todas sus variantes y ramificaciones, también en el destructivo, así lo sabremos canalizar, usar para la construcción y no como excusa para adorar al EGO en cualquiera de sus disfraces. Sea en la mascarada pacifista o belicista, sea en la religiosa o en la atea. Nosotros no nos arrodillemos antes nada de eso, sino que levantémonos y seamos leales a nuestra esencia, la de constructor de Shalom, pacifistas en serio y no de palabras…

  • Religioso-espiritual

    El religioso da "diezmo" para recibir doble, triple, por mil… boleto de ingreso al paraíso.
    El que sigue el camino espiritual da caridad por amor al prójimo, por empatía, porque es algo bueno y noble.

    El religioso reza para obtener poder, cree que así controla y manipula a su dios, a la naturaleza, a los otros.
    Quien anda por el sendero espiritual reza para estar en armonía interna y externa, consigo, con el prójimo, con Dios.

    El religioso espera convertir a todos a su fe, los de fuera son herejes, son malignos, hijos de algún demonio.
    El que construye shalom aprende, aunque cueste, que hay que tener paciencia, ser compasivo, comprensivo, educar con la propia conducta, que la verdad no es algo para imponer sino para encontrar. Todos portamos el EGO y debemos lidiar con él, no por ello somos enfermos, malvados o pecadores sin “salvación”.

    El religioso ama los disfraces, los ritos, la parafernalia, el ruido, el creer que controla y que posee el dominio, la violencia activa o pasiva.
    Quien vive conectando su multidimensionalidad trata de unificar sus instancias, perfeccionar su carácter, ayudar al prójimo, controlar lo que puede y lo que no lo deja fluir, entrar en contacto profundo con el Eterno, sin volteretas, sin malabares porque no los precisa.

    Ah, dos mundos por completo diferentes.
    Yo prefiero el de la multidimensionalidad, aunque no sea el más fácil en apariencia, aunque no convenza ni sea “exitoso”.
    ¿Tú que escoges?

  • DIOS presente

    El ser espiritual necesariamente es ser agradecido con quien corresponda.
    El agradecimiento es básico para una vida de belleza mutidimensional.

    El ritualista quiere y se empalaga con ritos.
    El religioso meter a su dios en todo, como un mecanismo mágico de controlar todo.

    Pero el que vive de modo espiritual hace con su conducta que Dios (el Uno y Único) sea una presencia constante.
    Cuando está solo, cuando está con el prójimo, con el extraño, en las ocasiones prescritas por la tradición, en lo cotidiano, la presencia de Dios está ahí, porque el hombre está por completo ahí.

    Así podemos comprender las palabras del inspirado salmista:

    "(TEH. 16:1) [Mictam de David] Guárdame, oh Elokim, porque en Ti me he refugiado.
    (2) Oh alma mía, dijiste al Eterno: ‘¡Tú eres el Señor! Para mí no hay bien aparte de Ti.
    (3) Para con los santos que están en la tierra, y para con los íntegros, es toda mi complacencia.’
    (4) Se multiplicarán los dolores de quienes se apresuran tras otro dios. Yo no ofreceré sangre (de sacrificio), ni con mis labios mencionaré sus nombres.
    (5) Oh Eterno, porción de mi herencia, y mi copa, ¡Tú sustentas mi destino!
    (6) Los linderos me han tocado en lugar placentero; es hermosa la heredad que me ha tocado.
    (7) Bendeciré al Eterno, que me aconseja; aun en las noches me corrige mi conciencia.
    (8) Al Eterno he puesto siempre delante de mí; porque está a mi mano derecha, no seré movido.
    (9) Por tanto, se alegró mi corazón, y se gozó mi lengua. También mi cuerpo descansará en seguridad.
    (10) Pues no dejarás mi alma en el sepulcro, ni permitirás que tu justo sea corrompido.
    (11) Me mostrarás la senda de la vida. En Tu presencia hay plenitud de gozo, delicias en Tu diestra para siempre."
    Tanaj: Tehilim / Salmos 16 (Español)

    Analiza el salmo teniendo en cuenta lo que te expresé recién, más todas las instrucciones que hemos ido formulando al respecto del EGO, y podrás comprender, vivir.

    Para continuar estudiando: http://serjudio.com/rap1851_1900/rap1867.htm

  • El consejo diario 381

    Si no pasas debajo de la escalera porque algo malo puede pasar: eres supersticioso.
    Si pasas adrede por debajo de la escalera para burlarte de los que temen pasar por debajo a causa de sus creencias: eres igualmente, o doblemente fetichista.

    Si te da lo mismo, si no te detienes ni un instante en hallar esas falsas conexiones, si solamente ves cual sería el mejor camino para caminar, entonces estás libre (al menos de esa superstición).

    Recuerda, el EGO emplea muchas trampas para desconectar tu percepción de la realidad, procura llenar de conocimiento tu existencia y armonizar tus emociones.
    Cualquier rayo de superstición puede afectarte, es el poder de la sugestión. Rompe el yugo de la oscuridad, armoniza tus dimensiones interiores con tu exterior, equilibra tu Yo Vivido al ritmo del Yo Auténtico, así encontrarás la felicidad.

  • El consejo diario 380

    Por la fuerza o la manipulación puedes doblegar, obligar, adoctrinar pero jamás educar ni convencer.
    El convencimiento, el aprendizaje, el buen apego, la comprensión, a comunicación se logran por medio del amor, la paciencia, el respeto, el conocimiento.

  • Inventando sentidos

    Entre las funciones maravillosas de nuestro cerebro está la de establecer asociaciones entre elementos diversos.
    Es un mecanismo de adaptación muy provechoso a la hora de manejarse en el mundo, para encontrar alimento, percibir depredadores, acechar presas, en resumen, para sobrevivir.
    El individuo que no está atento a los indicios y no asocia con fuentes de alimento, con peligros, con ataques, etc., dudosamente puede subsistir en condiciones “naturales”.
    Si olemos el humo y no lo asociamos con el incendio, si vimos la huella del tigre y no le dimos importancia, si escuchamos el crepitar de la hojarasca y desconocemos lo que puede estar escondido entre los ramajes, sin dudas que estaremos en riesgo. Lo mismo si salimos de caza y no percibimos o decodificamos las señales e indicios, o si estamos necesitando de abrigo o refugio y somos incapaces de clasificar objetos y lugares.
    Recuerda la imagen de los suricatos, en donde se turnan para protegerse, para descubrir peligros, para dar la voz de alarma, etc. Ahí los tienes, atentos, activos, despiertos, en constante vigilancia alternada, recabando información y cotejándola en instantes para formar una impresión del mundo que les dé seguridad.

    Pero, encontramos también un mecanismo muy similar, quizás una exageración del anterior, que a veces puede ser también de extremo provecho, tal como es el de inventar nexos allí en donde no existen, suponer que todo es causal sin opción de casualidad, asegurar que todo tiene un sentido oculto a la espera de ser revelado
    Es típico del hombre.
    Se le ha dado nombre: apofenia. Tiene hermanitos, tales como el sesgo de confirmación y la pareidolia, entre otros.
    Puede ser útil cuando se emplea creativamente, elaborando novedosas estrategias, ideando métodos para desarrollar viejas actividades, para explorar lo ignorando, entre otras ventajas.
    Pero, es más frecuentemente fuente inagotable de errores, de equívocos, de dramas.
    De hecho, comparte mucho terreno con patologías siquiátricas.
    Y sí, es el mecanismo que da origen a la superstición.

    Queremos encontrar sentido al mundo, si no lo tiene, si estamos limitado para percibirlo, si perdimos el rastro real, entonces nos apañamos para inventarlo.
    Ese sería el resumen.

    Por supuesto que el EGO emplea estos maravillosos mecanismos para sus fines, recuerda que el EGO tiene base neurológica, no es un ente espacial o espiritual revoloteando en el mundo etéreo.
    Al desconectar a la persona de la percepción de la realidad, como uno de sus instrumentos básicos, o para lograr esa desconexión, es corriente que se valga de las explicaciones supersticiosas, muchas veces reverenciadas como dogmas sagrados, verdades reveladas, doctrinas aceptadas por la religión, creencia refrendada en el número de seguidores, el propio convencimiento, etc.

    Entonces, se fabrican mil y una interpretación, se delira realmente con explicaciones que tratan de llenar el hueco de sentido de alguna conducta, creencia, costumbre, sentir, etc.
    Te podría mencionar decenas de tales que he escuchado muchas veces en boca de personas judías ortodoxas, o que son “tradicionalistas”. Verdaderos inventos basados en humo, sin apoyo histórico, sin validez lógica, sin ningún sustento más que “lo dijo tal rabino”, “lo leí en cual libro”, “eso es lo que hacemos aquí”, “Dios quiere y no comprendes”, entre otras “explicaciones”.
    Un ejemplo, el no cortar el cabello de los hijos hasta los tres años de nacido. Sabido es que es una costumbre de origen pagano que se ha introducido modernamente en algunas facciones judaicas. Rápidamente se elaboran referencias, se anulan críticas, se agrede al que cuestiona, se entroniza como “mandamiento” casi que a la par de los dados por Dios. Sí, uno pasa a ser un “hereje” si no actúa según la moda supersticiosa.  Como este, sobran los ejemplos. Al caso, en algunas festividades judías, o previo a ellas, algunos comen Kreplaj. Según se puede constatar es una costumbre originada en Europa, a semejanza de las costumbres locales. Pero no tardaron los que elaboraron barrocas teorías sobre la santidad de tales alimentos, sobre los signos favorables de comerlos, sobre los significados cabalísticos-jasídicos de ingerirlos… siendo no más que costumbres copiadas a los vecinos gentiles… pero bueno, al tiempo aparecen los fedayines que para defender sus creencias, a sus maestros, su estilo de vida supersticioso, también inventan que fueron los vecinos los que copiaron a los judíos en sus alimentos.
    ¿O qué decir de la costumbre de disfrazarse en Purim? Ésta fue tomada de los carnavales italianos, pero al rato aparecieron los que asociaron con la reina Ester ocultando su origen, o a Dios oculto en el relato del Tanaj, o que es símbolo de… cuando fue originada en la tradición pagana de los vecinos de los judíos muchos siglos, un par de milenios después de los acontecimientos narrados.
    Por saber, o sospechar, su origen real, ¿dejaré tal o cual costumbre? No lo sé, depende. Pero sin dudas no asumiré que es algo “sagrado”, irrenunciable, mandato divino, o seguiré como necio vocaciones supersticiosas cuando el hombre debe trabajar para librarse de toda superstición, de toda. 
    En fin, sobran los ejemplos, tanto de costumbres judías, como familiares, como locales, como de todas las provincias, religiones, culturas, estamentos, etc. 
    Si esto pasa entre gente que trata de mantenerse apegada a una vida virtuosa, ¿cuánto más cuando se permite que el EGO haga estragos en la mente, en las emociones, en las valoraciones morales, etc.?

    Es normal pretender encontrar sentido a las cosas, buscar asociaciones, tratar de correr el velo del misterio.
    Pero cuando esto se hace para satisfacer al EGO, en cualquiera de sus modalidades, entonces se pasa al lado de lo enfermizo, a lo que esclaviza y no a lo que brinda de plenitud a la persona.

    Entonces, lo mejor es estudiar con calma, con paciencia, con humildad. No dar por sentada las cosas, aunque las diga X persona, aunque te parezca razonable, aunque 1.000.000.000 de seres lo crean, aunque tú tienes fe en ello. Estudia, recapacita, analiza, coteja, vuelve a analizar. Mientras vivas de forma buena y justa, siendo leal a lo que te corresponde por derecho, entonces no tienes porqué correr detrás de las modas, de las banalidades, aunque sean ofrecidas con explicaciones rabínicas o sortilegios cabalísticos.

    Da para mucho más este tema, pero con el deseo de hacerlo comprensible para el amplio público, lo dejo por aquí.
    Si conoces otros ejemplos, del mundillo judaico o general, por favor compártelos en la zona para los comentarios, aquí debajo. Si tienes algo útil que aportar, coméntalo.

    Para construir shalom es necesario des-aprender infinidad de cosas, así estaremos capacitados para aprender realmente y actuar en unidad, en armonía, en salud y bienestar.