Categoría: Creencias

  • De la religión y la espiritualidad

    "Una de las lecciones más tristes de la historia es ésta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos. El engaño nos ha engullido. Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño. En cuanto se da poder a un charlatán sobre uno mismo, casi nunca se puede recuperar." – Fragmento de ‘El Mundo y Sus Demonios’ por Carl Sagan.

    Es así como el EGO se perpetúa en su apariencia de poder.
    Deja de interesarte la búsqueda de la verdad, para afiliarte fanáticamente a lo que tu crees.
    Ya no existen más las preguntas, sino las afirmaciones, las repeticiones de lemas, las agresiones, las mentiras, las negaciones, el silencio de la opresión y del miedo.
    Cuando se usan signos de interrogación, es para encubrir afirmaciones, para aseverar disimuladamente, para hacer de cuenta que se está buscando el conocimiento, para bloquear el camino a la iluminación, para agredir, para mantener vigente el encierro en la celdita mental del EGO.

    El esclavo del EGO no pregunta, no critica, no cuestiona, no piensa.
    Pero, repite, memoriza, declama, reclama, protesta contra sus “enemigos” en tanto aclama al EGO y sus representaciones.
    Y sé que interroga inquisitivamente a quien supone un adversario, un hereje, un “libre pensador”, dispara supuestas preguntas, que son afiladas armas (aunque vistas desapasionadamente, no son más que cascotes toscos, brutales, insípidos como quien las origina y dispara). Se ponen en campaña despiadada para colgar a los que pueden traer un poco de luz a las vidas de los oprimidos, a los que con su forma de vivir y/o pensar pueden poner en peligro sus armaduras y murallas de falso poder. Allí sí que son activos, hábiles en lanzar sus dardos venenosos, en inventar cuando no tienen otro argumento, en gritar, en hacerse las víctimas, en cualquiera de los recursos que el EGO les capacita a ostentar.

    Aparece el EGO y sus representaciones, que se exteriorizan en los símbolos del poder, en los charlatanes, en los mercaderes de la fe, en los líderes religiosos, en los patancitos bravucones que vociferan su “elección” y superioridad por sobre el resto.
    Desde el primer creador de religión, que también fue –y no casualmente- el primer asesino de la historia, desde Caín, la cosa es idéntica. La religión ligada a la prepotencia, al orgullo, a la negación de la realidad, a las inquisiciones, a la severidad amarga, a la careta de alegría que esconde la angustia mortal, a la muerte en vida, al celo, a la envidia, a la masacre… siempre se repite, en cada generación.
    Tal como el primer organizador de la religión formal, el rey cazador Nimrod, nacido en un pesebre de una supuesta virgen, muerto y renacido, crucificado para redimir a los que tuvieran fe en él, hijo del dios más poderoso, perseguidor de los que se le oponían, desde aquel antiguo momento hace mucho más de dos mil años atrás, la cosa vuelve una y otra vez por el mismo cauce. Cambian los nombres, varían las caras, las religiones toman más o menos rehenes, pero en la base es el mismo EGO, muy poco cambia de su esencia.
    La religión como negación de la vida, como prisión, como escollo en el abrazo que Dios tiene a Sus hijos.

    Con esto en mente podemos visualizar el gradiente que va desde lo espiritual a lo religioso.
    Como ya hemos enseñado en varias ocasiones previas, espiritual es lo que conecta con el Eterno y con el prójimo, se consigue por medio de las acciones correctas (cumplimiento de los mandamientos pertinentes a cada uno).
    En la otra punta, esta la religión, que es la externalización del EGO, en dioses, santos, pastores, líderes, ritos, lemas, miedos, sentimientos de culpa, esperanzas banales, amenazas, seducción, inmovilidad, adicción, búsqueda de un re-ligarse a esa deidad que se siente lejana, extraña, cambiante, mucha veces terrible y sádica.

    Aquella persona que armoniza su Yo Vivido a su Yo Esencial, que logra reducir al máximo la influencia del EGO, que actúa con bondad, justicia y lealtad, está en el camino espiritual. Si logra concebir al Eterno, su relación será de amor reverencial, de entrega, de confianza, de gratitud, de servicio a Él, de amor al prójimo para cuidar y amar a aquellos que son Sus hijos, de fidelidad, de emociones positivas, desprovisto de manipulaciones o terrores ingratos. Reconoce el valor del arrepentimiento sincero, de la reparación, de asociarse con Dios para perfeccionar al mundo, es un constructor de shalom.

    Aquel que ha logrado una relativa libertad, una rajadura en las cáscaras que rodean a su Yo Esencial, que de a ratos se encuentra sintonizado a su esencia espiritual, probablemente llevara una vida de ambivalencia con su dios. Sentirá apego al tiempo que rechazo. Amor al tiempo que terror y espanto. Sufrirá de sentimientos de culpa por errores o presuntos errores que no sabe (o no quiere saber) cómo reparar. Tendrá pesadillas vívidas con el infierno y a veces solaz con fantasías sobre paraísos. Así estará, en una relación de ambivalencia, como tironeado entre el abrazo sagrado con su Yo Esencial y el aferrarse enfermizo al EGO. Entre el amor y el odio a su dios.

    Aquella persona que está sometida al EGO, es religiosa, fanática, enceguecida por la fe en lo absurdo, incapaz de preguntar, falto de respeto hacia la diversidad saludable, apelando a la violencia o el sometimiento, difundiendo mentiras y exigiendo cada vez mayor ritualismo, severidad, negación del placer. En su enfermedad es capaz de amar más la muerte que la vida, e incluso proclamar que en la matanza de “infieles” está el camino a su bizarro paraíso. También puede ser que ese paraíso del EGO que tanto anhela sea un sitio poblado de sus deseos más prohibidos, menos confesados. Porque el religioso, el esclavo del EGO, probablemente lleve apariencia de virtud ante el público, pero sea una aberración antagónica al shalom en su fuero íntimo o privado.
    Son personas ansiosas, angustiadas, enfermas emocionalmente y con coletazos habitualmente en lo mental, que encuentran en la religión un marco estructurado para contener el desparrame emocional, o también encuentran en ella la maquinaria sanguinaria para someter, dominar, imponer, destruir, abusar, dejarse llevar por el EGO y afectar con ello al prójimo y al ecosistema.
    Sobre esta gente el gran seudocientífico Boris Cyrulnik escribió: “Tenemos tanta necesidad de creer que quien nos haga vacilar se nos presentará como un agresor” (“De cuerpo y alma”).

    Así es. La religión es la cuna de cruzadas, inquisiciones, talibanes, “guerras santas”, terroristas motivados por sus “libros santos”, matanzas, ateísmo militante, noajismo “guerrero”, y todas las otras manifestaciones del EGO arropado de “santidad”. Hay que acallar al Yo Esencial, hay que extirpar la autenticidad, hay que evitar que se desmorone el poder del EGO, a como dé lugar. Se inventan las peores torturas y estados dictatoriales, se difunden las más alocadas mentiras, se persigue a los que denuncian esta cuestión, porque se siente la imperiosa necesidad emocional de apretujarse en la cárcel del EGO.
    Detrás de todo talibán, de todo guerrero santo, de todo misionero, de todo fanático, de todo salvaje instigador de su fe, se encuentra siempre un esclavo del EGO, un emisario del EGO.
    Y por supuesto, no podemos dejar de mencionar a los otros religiosos, aquellos que se presentan con más simpatía, que hacen uso de su carisma, que se visten con elegancia, que son elocuentes, que son hábiles estafadores que venden cintitas contra malos de ojo, jabones sanadores, pócimas mágicas, libritos cabalisteros y otras baratijas supersticiosas vendidas a precio de oro, sanación de Jesús o cualquier otro falso dios/redentor, sectarismos, adulación fervorosa a “maestros” consagrados de cualquier denominación, falsas conversiones al judaísmo, supuesta espiritualidad que no es otra cosa que manipulación emocional y todas las otras mercaderías corruptas y deplorables, pero que sirven para engrosar los bolsillos de los líderes, o darles “poder”, que no deja de ser EGO… solo EGO y más EGO en envase de religión, más o menos fetichista, más o menos ritualista, más o menos marketinera, más o menos idolátrica, pero solo EGO.
    Y sí, también recordemos que hay monoteístas e incluso creyentes en el Uno y Único, y hasta incluso bastante apegados a los mandamientos que les corresponden, pero que no dejan de ser “religiosos” (en el sentido que usamos nosotros la palabra), que comercian con Dios, que Lo quieren manipular con rezos o donativos, que exigen severidades desquiciadas, que niegan la posibilidad de la felicidad auténtica… bueno, de hecho niegan todo lo que sea auténtico, imponen su molde, y todo ello dentro del monoteísmo e incluso del cumplimiento de algunos de los mandamientos que les corresponden.
    Y no, esta religiosidad corrupta (siempre lo es) de los que solo se aferran a su creencia en el Eterno no tiene nada que ver con ser “legalista”, según predican los pastores que son negadores del Eterno y sus mandamientos. El legalismo es parte de la espiritualidad, del camino correcto. La Ley, la Torá (la noájida y la judía), son patrones sanos y necesarios de enriquecimiento y virtud. El problema está en hacer de Dios un ídolo más y de pervertir Su Torá para transformarla del “manual de la buena vida” a un sumario de la manipulación y un cepo para individuos y colectivos.
    Atiende: "Y el Eterno dijo a Moshé [Moisés]: ‘Así dirás a los Hijos de Israel: ‘Vosotros habéis visto que he hablado desde los cielos con vosotros. No os hagáis dioses de plata junto a Mí; tampoco os hagáis para vosotros dioses de oro." (Shemot / Éxodo 20:19-20). Según Rabi Akiva esto debe ser entendido en el sentido de no hacer de Dios un ídolo, de no comportarse con Él como se hace con los dioses falsos. Él es Otro, absolutamente otro. No asociarlo a poderes, no rebajarlo en Su poder. No representarlo, no hacer de Dios un ídolo más.
    Conectarse a Él directamente, tal como ocurrió en la Revelación en Sinaí, sin dobleces, sin falsedades, sin fanatismos, sin religión.

    En el otro extremo, el espíritu es la fuente de la comprensión, bondad, justicia, construcción de shalom, apego al Eterno (cuando se ha podido desbloquear el acceso a Él causado por los mandatos familiares o sociales).

    En el medio, los que navegan en la ambivalencia.

    Como puedes comprender, no todos los que tienen el conocimiento de estas cuestiones son libres y no vuelven a incurrir en errores y pecados.
    Porque la inteligencia y el manejo de conceptos no es la llave para romper con el predominio del EGO, aunque es bastante útil.
    Uno puede repetir con acierto frases e ideas liberadoras, pero ser esclavo.
    Uno puede entender como funciona el imperio del EGO, y estar encerrado dentro de sus trampas.

    Está en ti evaluar en dónde te encuentras, si en la religión o en la senda espiritual, o en un intermedio.
    Si te hace feliz, realmente feliz, pleno, dichoso, en paz tu estado religioso, si eso no te impide conectarte contigo, con el prójimo, con Dios (el verdadero), bueno… no sé cómo le haces, pero sigue en esa existencia. Pero que sea auténtica, y no la santidad de apariencias, para llenar el ojo, para calmar a tus amos… que seas realmente una persona íntegra e integrada.

    Si te encuentras en el vaivén, en esa ambivalencia con Dios, el Uno y Único, y no sales lesionado de esto, ni lesionas a nadie, ni fracturas tu conexión con el Padre Celestial, si gozas de shalom… no sé cómo le haces, pero sigue así. Pero que sea una existencia auténtica, no colmada de impotencia, de orgullo, de esperanzas huecas, de rencores silenciados.

    Si estás frecuentemente andando por la senda espiritual, realmente estás en conexión, unificado, en armonía, avísame porque quisiera tu guía y consejo.

    Como sea, espero que estés muy bien y puedas gozar de la plenitud de la bendición que espera por ti a cada instante.
    Hasta luego y gracias por permitirme acompañarte en este texto.

  • Un regalo para ser feliz

    Estás a pocos renglones de recibir un gran regalo de mi parte, que espero te sirva para mejorar todas las dimensiones de tu existencia.

    Cuando enriqueces –realmente- tu vida, cuando gozas la plenitud, cuando disfrutas del bienestar, comienzas a “vibrar” en una cadencia de armonía muy diferente a la existencia marcada por la esclavitud al EGO.

    La cadencia del EGO es pesada, tóxica, perturbadora, estridente hasta el dolor o plagada de silencios represivos, confusa, caótica, enfermiza, limitante hasta la angustia, falsamente liberadora hasta el punto de la falta de límites saludables (que conlleva agresiones, crímenes, delitos, faltas, adicciones, etc.).
    Es como un ritmo de marcha militar, rígido, inflexible, severo, en donde cada detalle debe estar inspeccionado y compilado; es como un canto religioso medieval, monocorde, monotemático, extraño a lo bello del mundo, oscuro, frío, tedioso, carente de vitalidad; es como un jolgorio sin gracia, una feria de rarezas sin alegría, risotadas que esconden tristeza, el caos de la impotencia.
    Es como esto:

    (Recomiendo ver el video que se abre haciendo clic aquí, brinda una secuencia de audio e imagen que es brillante en su dura poesía).

    Lo queramos o no, lo sepamos o no, generalmente marchamos según ese ritmo terrible, de miedo, dolor, sentimiento de culpa, enojo, ira, gritos, llantos, golpes, manipulación, creernos impotentes o todopoderosos, perdernos en ilusiones o mentiras. Es la marcha del EGO.

    Pero es posible dar pasos alternativos, edificantes, liberadores, refrescantes, gozosos, plenos, con sentido, vitales, eternos.
    Está a nuestro alcance danzar, movernos, avanzar de acuerdo a una cadencia diferente.
    Uno que armonice nuestros diferentes planos, que nos unifique internamente y con el otro.
    Este vibrar armonioso, este cambio interno que retumba y se refleja en lo externo, se puede convertir fácilmente en un generador de una nueva sincronía, que no sea más la del EGO (individual y que se amplifica en lo colectivo), sino la sincronía del AMOR.
    Somos nosotros los iniciadores indirectos de un movimiento de sincronización positiva, que es una manera excelente de difundir la construcción del shalom.

    En otras ocasiones te he provisto de herramientas y saludables consejos para evaporar el falso poder del EGO sobre ti, que no repetiré ahora, pues hoy tengo un regalo más para sumar a los ya dados gratuitamente.

    Este regalo se llama: la risa.

    Reír.
    Que no es lo mismo que burlarse, ni reírse de cosas desagradables o contrarias a los mandamientos, ni ser sádico ignorando el tiempo del sufrimiento real, ni actuar como tonto (aunque el rabí Najman de Breslov alguna vez aconsejó comportarse tontamente, justamente para encontrar el poder sanador de la risa), ni dejar de ser responsable y comprometido.
    Reír, es reír.

    Aunque al principio uno lo haga forzadamente, por compromiso, bien pronto se sueltan las restricciones sociales, las prohibiciones familiares, las vergüenzas y sentimientos de falta de adecuación todas ellas probablemente pautadas por el EGO, y surge la risa espontánea, fresca, sincera, sin otro motivo más que el reír.
    Se aflojan los músculos, se oxigena el organismo, se llenan los pulmones, la sangre llega con más riqueza nutricia a cada rincón del cuerpo. Se expulsan sustancias tóxicas acumuladas, se relaja la postura, se siente bien.

    La risa provee de beneficios multidimensionales, desde la liberación de endorfinas (hormonas del placer y bienestar), reducción de epinefrina y cortisol (hormonas que se vinculan al malestar y estrés), mejorar el sistema cardiovascular y el respiratorio, fortalecimiento del sistema inmune, crear/reforzar lazos afectivos, oxigenar la sangre y mejorar el rendimiento global del organismo, sensibilizar a la presencia del otro, entre varios efectos positivos más.

    Pero además, le restamos a su poder (aparente) al EGO, lo que nos da mayor sensación de potencia, vitaliza nuestra auto percepción.
    El tema puede ser extenso y esta vez no quiero serlo, por lo que te daré un brevísimo ejemplo para facilitar la comprensión.

    Vas a salir a andar en bicicleta con tu hijo el domingo. Ya se vistieron ambos, planificaron el recorrido, comprobaron que el clima era propicio, desayunaron apropiadamente, anunciaron a los otros miembros de la familia que los “hombres” de la casa se irían solos de excursión matinal. Todo listo. Pero, no, todo no estaba listo. Sacaste tu bici a la calle, sacaste la de tu pequeño hijo, luego, y como fueron precavidos y llevaste el inflador, te pones a dar aire a las llantas… es que hace tanto que no usan las bicis.
    Las dos del nene se llenan pronto. La tuya delantera tarda un poco más, es un rodado grande, pero lo consigues. Pero la trasera no quiere inflarse, bombeas y bombeas, estás sudando litros, te cansaste ya antes del paseo, y la rueda sigue fláccida. Pruebas ponerte así, de la otra forma, tomar la boquilla de este lado, te agachas, te incorporas, te enojas, pateas el piso, pateas la bici, te doblas el dedito del pie, insultas, tu hijo se ríe, te enojas con él, pateas con el otro pie y te lastimas el otro dedito, tu hijo se ríe pero se reprime para que no le grites, pero tú viste sus ojitos tentados a la risa y le dices cualquier barbaridad, tu boca es lo contrario a una fuente de aguas puras, el corazón late agitado, te duele el pecho, también los dos deditos, tomas la bici entre tus manos y la lanzas contra el piso, con fuerza, con odio, con bravuconería, en tanto insultas y jadeas, la bici se hace pedazos, uno de ellos te atraviesa el ojo, otro corta el brazo de tu hijo, sangras mucho, el niño también, tu esposa viene a auxiliarte pero resbala con unos de los perdigones que se escapó del eje del pedal, se cae y fractura la cadera, tu hija al ver el espectáculo horrendo queda traumatizada emocionalmente de por vida, tu hijo pierde el brazo y la confianza en ti y en él mismo, tu esposa se divorcia, el perro se suicida, tomas para olvidar, como ahora eres tuerto y tu trabajo requería visión de ambos ojos pierdes también el trabajo, entonces robas para conseguir dinero para tu vicio… todo por… ¿todo por?

    Mira un pequeño cambio, que hará un enorme cambio.
    La llanta trasera no se infla, te das cuenta de que está probablemente pinchada, tú no tienes idea de cómo se arregla, y si la tienes te sientes incompetente para ello, sonríes, te tomas la cabeza en un gesto simpático y le dices a tu hijo: “Campeón, una fuga de aire de medio milímetro es más fuerte que tu papá… jajaja… ¿vamos a invitar a las chicas a tomar un helado? Jajaja… mira que me creía súper fuerte después de las dos tazas de cereales que me desayuné, pero un poquito de airecito tiene más fuerza… jajajaja… Veo en la semana de pasar por la bicicletería, ¿ok? Y de paso, me fijo en internet un curso para reparar pinchazos… jajaja… y si no hay, abrimos uno y nos hacemos ricos con los padres ciclistas de fin de semana… jajaja”.

    Pequeña diferencia…
    Allí estaba una impotencia, real o sentida, que pudo manejarse desde el humor, desde la honestidad, desde el AMOR, desde otro lugar que no es el EGO.
    Y estuvo la risa, sí también ella sirvió para doblegar al EGO.

    Por supuesto que este ejemplo es solo eso, y las aplicaciones y metodologías con respecto a la risa son mucho más amplias.

    Ahora, tú, recuerda reír.

    » [Salmo de acción de gracias] ¡Cantad alegres al Eterno, habitantes de toda la tierra!
    Servid al Eterno con alegría; venid ante Él con regocijo.
    Reconoced que el Eterno es Elokim; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.
    Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza. Dadle gracias; bendecid su nombre,
    porque el Eterno es bueno. Para siempre es su misericordia, y su fidelidad por todas las generaciones.»
    (Tehilim / Salmos 100:1-5)

  • Poderosa voz del silencio

    "…he aquí que el Eterno pasaba.
    Un grande y poderoso viento destrozaba las montañas y rompía las peñas delante del Eterno, pero el Eterno no estaba en el viento.
    Después del viento hubo un terremoto, pero el Eterno no estaba en el terremoto.
    Después del terremoto hubo un fuego, pero el Eterno no estaba en el fuego.
    Después del fuego hubo un sonido de silencio fino.
    Y sucedió que al oírlo Elías, cubrió su cara con su manto, y salió y estuvo de pie a la entrada de la cueva."
    (1 Melajim / I Reyes 19:11-13)

    ¿Dónde estaba el Eterno?

    De niños se nos enseña a hablar, aunque dudosamente alguien se dedique a instruirnos en la Comunicación Auténtica.
    Los adultos están como ansiosos para que salgan palabras de nuestras bocas, que mencionemos nombres y objetos, que formemos alguna frasecita, aunque solo fuera a media lengua y de dudosa efectividad.
    Se nos enseña a hablar, generalmente para ser  responsivos, esto es, a dar respuestas. Cuanto más rápidas y que alegren al adulto, mejores son las reacciones de nuestros “maestros” sin licencia para enseñar.

    ”¿Cómo se llama la abu? Vamos, repite, aaaabbbuuuu mirrrtttaaaa, aaabbbbuuuu mmmmmmmiiiirrrrtttttaaaa. Vamos… aaa-bbb-uuuu…”.
    Y así está horas la abuelita Mirtha enseñando y premiando con sonrisas y festejos cuando su nietito gorgojea algo que quiere parecerse a “abu mirta”.
    Y también está el “rrrooojjjooo”, “tommaaattteeee”, “uupppaaa”, “popo” y poco a poco todo aquello que la abuela Mirtha, mamá, papá, la señora que cuida, el hermanito, quien sea, sin olvidarnos de la omnipresente tele, le va enseñando.

    Por supuesto que el aprendizaje del idioma materno no requiere, normalmente, del esfuerzo académico de doña Mirtha, sino que se va dando de formal natural, pero bueno, agradezcamos a la abuela por su empeño noble. Ella hace lo que cree es mejor para su nietito, para adaptarlo al mundo, para darle un código compartido de convivencia, para que sea feliz. Que responda según se le demanda, que esté listo para resolver las tareas, que sea eficiente, que sea limpio, que sea educado, que sea un engranaje más en la maquinaria social.

    Se enseña a emitir voces, a formar frases más o menos elocuentes, al mismo tiempo se está enseñando a relacionarse con otros, a responder aquello que deja contento a alguien, a hacer lo que obtiene alguna premiación, a decir pero no a comunicar, a repetir pero no a crear.
    ¿A cuántos se los educa para percibir, reconocer, nombrar y expresar sus emociones?
    ¿En qué familia se instruye para desarrollar la inteligencia en su multidimensionalidad, que incluye lo emocional?
    ¿En cuál colegio o liceo se dicta la asignatura “Emociones y su expresión saludable”?
    No, creo que no hay aún de esas cosas.

    Por el contrario, hay reprimir toscamente, acallar lo que debe ser dicho, negar lo que debiera ser reconocido, esmerarse en obtener créditos sociales merced a la adaptación y al desempeño supuestamente intelectual.
    Sí, se adoctrina en el hablar responsivamente pero no a callar responsablemente.

    Se nos enseña a callar bajo pena de castigo, para censurar, para reprimir, para reprobar, para esconder la personalidad, para no ser rechazado, para atarse al miedo, para hundirse en la angustia, para esclavizarse al EGO.
    No se nos va instruyendo para guardar el silencio que es revelador, que es parte sustancial de la Comunicación Auténtica.
    Por el contrario, el silencio es percibido a veces como amenazante, agresivo, invasivo, manipulador, confesor. Se instila temor y odio hacia el silencio, al tiempo que se demanda el silencio cómplice. Pero no se educa en el silencio reflexivo, que permite escuchar y comprender al otro, reconocer y admitir los propios sentimientos, elaborar pacientemente las propias ideas, elaborar una respuesta auténtica y no meramente resolutiva o “políticamente correcta”.
    Sí, se nos llena de silencios del EGO, para apartarnos de los silencios comunicativos del AMOR.

    Con cada lección que vamos compartiendo podemos ir viendo que es enorme lo que tenemos para desaprender para poder aprender.

    El silencio comunicativo nos refuerza en nuestro poder verdadero, en tanto que el silencio ominoso es parte de la manipulación del EGO para asentarnos en la impotencia.
    Porque, cuando callamos lo que debe ser dicho, cuando debe ser dicho, del modo que ha de ser dicho, estamos conspirando para someternos al EGO, quedarnos en la impotencia, quebrar el lazo que nos une sanamente con el prójimo.
    Ese silencio saludable que es tapado por parloteo ensordecedor, palabrería hueca, plegarias idolátricas, imaginación esquiva, repetición de lemas, vocifero, gritos, insultos, amenazas, burlas, mentiras, engaños, habladurías, corrupción, negocitos, jugarretas, zalamería, silencio enfermo.

    Podemos controlar nuestro silencio, porque luego de emitir la voz, ya no la podemos detener o devolver.
    La palabra algo modifica, sea sustancial o no, nuestra palabra produce cambios. Pueden ser positivos, pueden ser negativos.
    La voz del EGO es casi seguramente negativa, puede que instantáneamente o luego de un tiempo, con efectos que en ocasiones se vislumbran y a veces permanecen ocultos y/o latentes hasta que se manifiestan.
    Esa es la voz, la del EGO, la que hay que silenciar, doblegar, acallar (a no ser en el escasísimo número de situaciones en las que el EGO es la reacción natural necesaria y única, pero son realmente casi inexistentes en la vida adulta).

    La voz del EGO es la que nos lleva a situaciones de impotencia, de fracaso, de falso éxito, de falta de placer.
    En tanto que el silencio reparador, parte esencial de la Comunicación Auténtica, nos fortalece, ahuyenta terrores, reafirma en poder, asegura, acaricia, bendice.

    Te pido que leas nuevamente en silencio este texto, no solo el silencio del que no habla, sino en el silencio de opiniones, de réplicas, de creencias. Silencia tu mente para simplemente leer y permitir que lo que quiero expresar llegue a lo más profundo y auténtico en ti.
    Luego, elabora un comentario que sea provechoso y quieras compartir con nosotros.
    Más tarde, aplica lo aprendido y ejercitado para mejorar tu vida.

    Hasta luego y gracias por regalarme unos minutos de tu preciosa vida al leer estas humildes líneas.

  • De amor y soledad

    ¿Cuántas cosas hacemos para no estar solos o no sentir la soledad?
    ¿Cuántas?
    Muchas, muchísimas, infinidad.
    Algunas son conductas o actitudes voluntarias.
    Pero multitud de inconscientes, de esas que nacen en lo más profundo y oscuro, arraigadas en lo reprimido.
    Acciones y rituales, plegarias y ofrendas, entregas y renuncias, suplicios y alegrías, pactos y engaños, esperanzas y decepciones, hartazgos y gimoteos, desdichas y regalos, así hasta el infinito para apartar el fantasma, a la soledad, que es la presencia de la ausencia, que es la muerte que se hace presente durante la vida.
    Sí, la soledad es la hija, la hermana, la madre de la muerte.
    Muerte que es la máximo expresión de la impotencia, de aquello que nos recibió al llegar al mundo con su espantoso apretón, de aquello que nos espera eternamente (al menos en cuatro de nuestras cinco dimensiones).
    Muerte de la que nadie escapa, por lo menos desde un punto de vista materialista.

    Andamos anhelando ser alguien para alguien.
    En parte para hacer de cuenta que estamos acompañados, que no estamos solos, que alejamos la muerte, que somos eternos.
    Citando al gran Erich Fromm: «Naces solo y mueres solo, y en el paréntesis la soledad es tan grande que necesitas compartir la vida para olvidarlo.»
    Sí, en parte por ello.
    Pero otra parte es menos filosófica y más práctica: para tener a quien manipular, a quien llamar la atención, a quien usar para que nos calme nuestro terror, nos satisfaga, nos de su pecho (simbólicamente), nos arrope, nos arrulle, nos abrace.
    Sí, como el bebe que empleó por primera vez las herramientas básicas del EGO (llanto, grito, pataleo y desconexión de la realidad) y así calmó por un rato sus penurias, su aniquilante sensación de impotencia mortal.
    Y ahora citando nuevamente a Fromm, pero para disentir un poco con él: «La necesidad más profunda del hombre es, entonces, la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad.».
    Humildemente difiero y digo que no, no es la necesidad más profunda superar la separación con otros, eludir la soledad, eso es solo una parte muy intensa y profunda de nuestra mayor necesidad: ahuyentar un poco el espanto de la impotencia. Hacer de cuenta que tenemos algo de dominio y poder. Alcanzar alguna dosis de control que nos haga descansar un poco del dolor de “no poder”.

    Como puedes comprender fácilmente, en ambas situaciones el otro es un mero objeto, un “ello” y no un “tú”.
    Está para que nos sirva, y si no está, nos conseguimos otro en su lugar.

    Pero hay otra forma de romper el poder del EGO, de no seguir en falsa relación con el otro, de alcanzar un grado de conexión real con una persona completa y significativa.
    Notemos esta idea del gran Alfred Adler, quien solía decir a sus pacientes aquejados de “melancolía”: “Te puedes curar en catorce días si sigues al pie de la letra esta prescripción: Debes pensar cada día en como satisfacer a otra persona”.

    Sí, en estas palabras podemos encontrar un eco de nuestra vieja receta: hacer por el otro algo beneficioso, que no nos perjudique, y sin esperar absolutamente nada a cambio.
    Sí, lo que es dado en llamar en la antigua y santa Tradición como AMOR.

    Claro, dejamos de tratar de imponernos,
    no queremos controlar aquello que está fuera de nuestro control,
    no esperamos nada sino que agradecemos lo que recibimos,
    no usamos al otro, sino que nos conectamos con él,
    no manipulamos pero tampoco admitimos que se nos manipule,
    nos limitamos voluntariamente para dar cabida en nuestras vidas al otro con su individualidad,
    beneficiamos con nuestra acción, y con ello somos felices.

    Sí, seguiremos solos, pero habrá una conexión especial, un lazo espiritual, una energía que se enlaza entre ambos. Los cuerpos seguirán solitarios, el abrazo del alma durará lo que dure, pero ese lapso será sagrado y permanecerá en la memoria de la eternidad.
    Esa es la manera, el gran secreto, la clave más poderosa para tener dominio, para romper el yugo del EGO.

    Mientras no lo rompemos, seguimos solos, empequeñecidos, deseando sin alcanzar la satisfacción, mezclados en jueguitos de falso poder, dolidos, temerosos, muertos.
    Cuando comprendemos esto, podemos dar un nuevo significado a las sabias palabras de un grande entre los más grandes:

    «El que halla esposa halla el bien y alcanza el favor del Eterno.»
    (Mishlei / Proverbios 18:22)

    El mensaje es muy específico y certero. Es la unidad de la pareja conyugal único en su especie, sagrado y especial.
    Pero, a modo de estudio cambiemos la voz esposa por un otro a quien amar, hijo, esposo, padre, amigo, vecino, quien sea, para amar como hemos explicado aquí y entonces el resultado será…

    (Dedicado a la querida amiga Verónica D., hoy colega mía o algo así, por recibirse. Que pronto novia la veamos, bajo la jupá y formando una casa leal de Israel).

  • La posición supersticiosa

    Las personas en el pasado, tal como algunas en la actualidad y los ignorantes activos de todos los tiempos, viven una existencia marcada por la inestabilidad, lo impredecible, la falta absoluta de control y previsión.
    Pensemos en el ejemplo del pasado solamente, luego por extensión nos daremos cuenta de las otras implicancias más actuales.

    Aquellos antiguos no tenían resguardo de sus alimentos, ni capacidad para almacenarlos en cantidades y condiciones de uso. Cualquier hongo, peste, sequía, incendio, inundación, agresión, mala cosecha, provocaba hambrunas de inmensas proporciones. No tenían conocimiento para predecir el clima, ni estudios para responder con efectividad ante las catástrofes naturales. No poseían métodos para prevenir los azotes de los depredadores, de las plagas, sean hormigas, langostas, gusanos, fieras salvajes, mosquitos portadores de virus, etc.. No conocían nada acerca de las noxas, de los agentes que causan enfermedades, ni cómo prevenir, mitigar o rehabilitar de las mismas. Estaban a la deriva, como impotentes trozos de madera que son llevados por las corrientes, por los vientos, incapaces de marcar un rumbo y aventurarse en la inmensidad desoladora. Tampoco comprendían los mecanismos del pensamiento humano, de los sentimientos y emociones, ni habían adquirido instrucción para educar a los individuos y la sociedad en la senda de la rectitud, del bienestar compartido.
    Estos son solo unos pocos ejemplos de la vida de nuestros antepasados, que vivieron así por siglos y más siglos, multitud de generaciones que una tras otra seguían acorralados por la tradicional ignorancia. Los cambios positivos eran escasos, espaciados en milenios unos de otros. Apenas si la mano del hombre iba tomando parcelitas minúsculas de control sobre sus vidas.
    Si viajáramos en el tiempo 5000 años atrás, y luego viniéramos haciendo pausas cada siglo o par de siglos hasta nuestro tiempo, comprobaríamos que los avances en el conocimiento y el dominio fueron realmente mínimos. Se vivía de forma muy similar en la Siria del –3000 que en la España del +1100, con muy poquitos cambios.
    De hace unos 500 años a esta parte, y especialmente desde hace un par de siglos atrás, los portones del conocimiento científico fueron abiertos y entonces se sucedieron multitud de avances, pero no hablemos aún de esto.
    Volvamos al hombre minúsculo, mota de polvo, nada misma sometido a los poderes externos.

    En la misma base de tanta impotencia se encontraba la más completa y oscura ignorancia.
    Como no sabían, ni conocían, ni entendían, difícilmente podían provocar cambios favorables.
    Sus vidas estaban a merced del capricho, en apariencia arrastrados por la ceguera de un destino incierto, sin reglas ni previsibilidad.

    Entonces, recurrieron a un invento “notable”, la superstición, con su hija organizada y dominatriz: la religión ((Recordemos que ni noajismo ni judaísmo son religiones, aunque a veces sean confundidas con ellas)).
    Allí en donde estaban oscurecidos por la ignorancia, pretendían alumbrar con rituales, objetos, palabras mágicas, buenas vibras, dioses, seres supernaturales, amuletos, etc.. Demás está decir que en lugar de correr los velos de la ignorancia, lo que hacían era volverlos más espesos, más pesados, más opresivos.

    Por supuesto que allí estaba el omnipresente EGO, con sus limitadas herramientas, pero muy efectivas para destruir, esclavizar, someter al sentimiento de impotencia.
    Porque la desconexión de la realidad que es toda superstición, suele venir acompañada por una sarta infinita de gritos, llantos y golpes, con todos sus posibles derivados, finamente acuñados por la astucia humana durante generaciones.
    Observemos este relato, que hace patente lo que estamos describiendo:

    "(21) Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: -¿Hasta cuándo estaréis cojeando entre dos opiniones? Si el Eterno es Elohim, ¡seguidle! Y si Baal, ¡seguidle! Pero el pueblo no le respondió nada.
    (22) Entonces Elías volvió a decir al pueblo: -Sólo yo he quedado como profeta del Eterno, pero de los profetas de Baal hay 450 hombres.
    (23) Dennos, pues, dos toros. Escojan ellos un toro para sí, córtenlo en pedazos y pónganlo sobre la leña; pero no pongan fuego. Yo prepararé el otro toro y lo pondré sobre la leña, pero no pondré fuego.
    (24) Luego invocad vosotros el nombre de vuestro dios, y yo invocaré el nombre del Eterno. El Elokim que responda con fuego, ¡ése es Elohim! Todo el pueblo respondió y dijo: -¡Bien dicho!
    (25) Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: -Escogeos el toro y preparadlo vosotros primero, porque vosotros sois la mayoría. Invocad el nombre de vuestro dios, pero no pongáis fuego.
    (26) Ellos tomaron el toro que les fue dado, y lo prepararon. Luego invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: -¡Oh Baal, respóndenos! Pero no hubo voz ni quien respondiese. Mientras tanto ellos danzaban junto al altar que habían hecho.
    (27) Y sucedió que hacia el mediodía, Elías se burlaba de ellos diciendo: -¡Gritad a gran voz, porque es un dios! Quizás está meditando, o está ocupado, o está de viaje. Quizás está dormido, y hay que despertarle.
    (28) Ellos clamaban a gran voz y se sajaban el cuerpo con espadas y con lanzas, conforme a su costumbre, hasta hacer chorrear la sangre sobre ellos.
    (29) Y sucedió que cuando pasó el mediodía, ellos seguían profetizando frenéticamente hasta la hora de ofrecer la ofrenda vegetal, y no había voz ni quien respondiese ni escuchase."
    (1 Melajim / I Reyes 18:21-29)

    Sí, el EGO manifestado en superstición, en religión.  
    Sacerdotes y profetas de dioses, haciendo sus torpes rituales, invocando fueras misteriosas, repitiendo ensalmos mágicos, danzando, demandando de los dioses respuesta, y sacrificios, sangre derramada, mucho sufrimiento, mucho dolor y el deseo de control sobre lo que no se puede controlar. Y mentiras, muchas mentiras. Excusas para tapar la realidad, inventos para esconder los hechos.
    Todo producto de la ignorancia.

    Ellos, los amos de las religiones, los mercaderes de la fe, los vendedores de amuletos, así como sus seguidores, tenían la delirante creencia de que con sus negociados y pactos podían obligar a sus dioses a que controlaran el mundo para ellos.
    Sí, los impotentes humanos, sumergidos hasta la nariz en la ignorancia, se creían con el poder para mandar a los dioses, de modo tal de controlar al mundo.
    Entonces, el dios de la vida para dar vida, el dios de la salud para curar, el dios de la agricultura para la prosperidad, el dios de la lluvia para… y así, multitud de dioses, de mensajeros celestiales, de seres metafísicos con el suficiente poder como para controlar aspectos formidables de la naturaleza, pero tan pobrecitos que estaban al servicio del hombre.
    Sí, como la fantasía de tener un dios que envía a su propio hijo-dios al sacrificio, para que de esa forma el hombre pecador esté libre de la consecuencia del pecado.
    Más de lo mismo.
    Idolatría.

    "(14) Todo hombre se embrutece por falta de conocimiento. Todo platero es avergonzado a causa de su ídolo. Porque sus ídolos de fundición son un engaño, y no hay espíritu en ellos.
    (15) Son insignificancia, obra ridícula; en el tiempo de su castigo perecerán.
    (16) No es como ellos la Porción de Iaacov [Jacob]; porque Él es el Hacedor de todo, e Israel es la tribu de su heredad. ¡el Eterno de los Ejércitos es su nombre!"
    (Irmiá / Jeremías 10:14-16)

    Y no, los que son monoteístas no se libran tampoco por esto de la superstición, de la delirante creencia de que su único dios está a su servicio, que ellos dominan a su dios.
    Y no, ni siquiera los que se dicen leales al Eterno están a salvo de caer en esta idolatría, porque existen infinidad de ocasiones en que el hombre que cree solamente en el Eterno también se cree con poder como para dominar al Todopoderoso.
    Veamos uno de tantos ejemplos:

    "(10) Escuchad la palabra del Eterno, oh gobernantes de Sodoma. Escucha la Torá de nuestro Elokim, oh pueblo de Gomorra.
    (11) Dice el Eterno: ‘¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del sebo de animales engordados. No deseo la sangre de toros, de corderos y de machos cabríos.
    (12) Cuando venís a ver mi rostro, ¿quién pide esto de vuestras manos, para que pisoteéis mis atrios?
    (13) No traigáis más ofrendas vanas. El incienso me es una abominación; también las lunas nuevas, los shabatot y el convocar asambleas. ¡No puedo soportar iniquidad con asamblea festiva!
    (14) Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras festividades. Me son una carga; estoy cansado de soportarlas.
    (15) Cuando extendáis vuestras manos, Yo esconderé de vosotros mis ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, Yo no escucharé. ¡Vuestras manos están llenas de sangre!
    (16) ‘Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos. Dejad de hacer el mal.
    (17) Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda.
    (18) ‘Venid, pues, dice el Eterno; y razonemos juntos: Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
    (19) Si queréis y obedecéis, comeréis de lo mejor de la tierra.
    (20) Pero si rehusáis y os rebeláis, seréis consumidos por la espada; porque la boca del Eterno ha hablado.’"
    (Ieshaiá / Isaías 1:10-20)

    Sí, es triste pero cierto. La superstición gana terreno allí en donde reina la ignorancia.
    Por ello, al EGO y a sus embajadores, les resulta insufrible el conocimiento real, la crítica saludable, la indagación científica, el honesto intento por penetrar en mecanismos de las cosas.
    Demandan y exigen obediencia ciega, fe en lo absurdo, sumisión, repetición de los lemas impuestos, desaparición de las divergencias, solamente esclavitud regada con mucha confusión y falta de entendimiento. Usan la mentira, la amenaza, la charlatanería, la presión, la manipulación, el fraude, la violencia, el destierro, lo que sea, siempre y cuando sea útil a sus fines de imposición. Venden pócimas mágicas, amuletos, “segulot”, plegarias milagrosas, adulación de reverendos personajes, peregrinaciones a tumbas, negación del estudio científico, prohibición de indagar en los mecanismos de la realidad física, asco al goce de lo sensual que legalmente es permisible, entre otros mecanismos para dominar y doblegar a sus seguidores. Inventarán sacrificios, restricciones obsesivas, más y más imposiciones y rituales, supuestas negociaciones metafísicas con Dios y Sus emisarios, para seguir sometiendo a sus fieles en el horno aborrecible de la ceguera.

    A los esclavos del EGO les aterra el conocimiento, tratan por todos los medios de impedir el avance científico, detener los movimientos de iluminación, porque eso implica la demolición de la superstición, la destrucción del imperio del mal.
    Ese era el problema con el fruto del árbol del conocimiento, del bien y del mal. Cuando se probaba de ese fruto se permitía al EGO confundir las cosas, y llamar justo a lo injusto, y declarar puro a lo impuro. Era el conocimiento falso, en donde lo bueno y lo malo se mezclan y surgen las confusiones. Es el falso conocimiento, el de la opinión sustentada en las propias creencias, en la suposición de que por tener boca se sabe lo qué decir. El falso saber que hunde en la ignorancia. La causa de apartar al hombre de Dios para hundirlo en la superstición, en la religión.
    Según compara el profeta, por orden de Dios:

    "(6) Porque misericordia quiero Yo, y no sacrificios; y conocimiento de Elokim, más que holocaustos.
    (7) ‘Pero ellos violaron el pacto, cual Adán…"
    (Hoshea / Oseas 6:6-7)

    Ciertamente que es el conocimiento verdadero el que trae luz, el que resta fuerza al impotente EGO en su sojuzgamiento.
    Conocimiento con actos de bondad y justicia, con la misericordia que desea el Eterno. Porque no se compra a Dios con sacrificios, ni con negocitos, ni pactando cositas para obtener Su favor.
    Uno puede hacer como Adán, que teniendo todo, perdió todo.
    O puede hacer como el hombre realmente libre, que opta por cultivarse, por conocer, por aprender, por desechar la superstición, por construir shalom, por hacer actos de bondad y justicia.

    Conocer, tanto el conocimiento científico junto al de la Torá (la judía para judíos, la noájica para noájidas) que restan fuerzas al EGO, detienen el avance del mal.
    Tal como inmensos sabios han declarado, Maimónides, Soloveitchik, Kook, Hirsch, Lamm, entre otros rabinos ilustres de gran renombre.
    (Leer: http://en.wikipedia.org/wiki/Torah_Umadda).

    Porque las reglas de la naturaleza son también leyes dictadas por el Creador.
    Tal como nos dictó mandamientos a nosotros, 613 para el pueblo judío y siete para cada gentil, así también ordenó y legisló las leyes naturales.
    Conocer el funcionamiento del mundo, nos puede ayudar a fortalecer en el esfuerzo por mejorar la existencia propia y del prójimo.

    Claro, el conocimiento puede ser trastornado por el EGO, lo que lo vuelve un arma en contra del hombre.
    Tal como enseña la neurociencia, el lóbulo frontal es un excelente filtro y mediador de los impulsos, pero su actividad ocurre instantes después de las acciones de la vía corta, aquella que aloja al EGO. Por lo cual, la razón no es el amo indiscutido, sino que antes, durante y después las emociones están ejerciendo su impulso, su seducción.
    Recordemos nuevamente a Adán, como su introducción al conocimiento contaminado por el EGO lo llevó a la catástrofe y no a la elevación multidimensional.
    Así pues, la ciencia con conciencia.
    Apartar la superstición, desechar la ignorancia, encender la luz del conocimiento al tiempo que se equilibra con la ética espiritual.
    Para que se haga realidad la visión mesiánica:

    "Porque la tierra estará llena del conocimiento de la gloria del Eterno, como las aguas cubren el mar."
    (Jabakuk / Habacuc 2:14)

    Dice el salmista:

    “¡Cuán admirables son tus obras! Por tu gran poder se someterán a ti tus enemigos.”
    (Tehilim/Salmos 66:3)

    El verso también puede leerse como:

    “¡Cuán admirables son tus obras! Por tu gran poder te negarán tus enemigos.”
    (Tehilim/Salmos 66:3)

    En esta segunda forma de comprender el verso, la cuestión radica en que es tan fuera de lo normal el poder del Eterno, que parece imposible que exista.
    De hecho, su propia esencia escapa a todo entendimiento y razonamiento, no hay modo posible para que la mente humana siquiera roce a comprender lo que el Eterno es. Por lo cual, la persona perpleja bien puede carecer de convicción en Su existencia, pasar a ser agnóstico o ateo. Así vive exiliado de su Yo Esencial, hundido en fantasías de maníaco control o de depresiva impotencia.

    En resumen, el camino no se encuentra en la superstición, tampoco en la negación del Eterno.
    No está en la ignorancia, tampoco en la presunción de que el poseer algún conocimiento libra del error o el mal.
    Realmente las acciones solidarias, el altruismo, la bondad, la justicia, el estudio de lo que es accesible, la investigación científica y la divulgación de su conocimiento, la meditación introspectiva, la comunicación sincera con el Eterno, la comunicación auténtica con el prójimo, el agradecimiento, tales son claves indispensables para permitir que emerja la Luz, lo que posibilita el bienestar, la plenitud, la felicidad, el shalom.

  • Neshamá: del Yo Esencial

    Una joven amiga, próxima a titularse como psicóloga, me comentó lo siguiente al respecto de el texto que se abre haciendo clic aquí:

    Me hizo pensar bastante, y no se si estoy errada (seguramente) pero sobre el final me sobrevino una idea, yo siento que entre el ego y el goce que genera felicidad, libertad digamos, hay otra cosa que nos es propia ya desde el vamos que según tus palabras esta en nuestra conciencia y que busca la armonía multimodal, pese a tener un gran ego nos permite una línea de fuga (por llamarlo de una manera) visualizando que hay algo que esta mal, que hace notar que estamos ante una falsa felicidad si es que se tienen eso, porque creo que hay personas que ni siquiera acceden a la sensación de falsa felicidad y solo se quedan con el amargo sabor ver que otros tienen algo que ellos no saben que es pero que lo desean y creen que haciendo crecer su ego lo van a obtener.
    Y hay otras que pese a no saber nada logran tener acceso a la felicidad verdadera aunque sea por momentos controlando su Ego sin digamos entrenarse en el arte de hacerlo.
    Me pregunto que será ese algo que estas personas tienen que nace con nosotros al igual que el Ego es acaso nuestra pequeña neshamá?? o porción de D`s o lo que sea?? No se si fui clara…

    A lo que humildemente respondí:

    Al comienzo del texto se menciona al Yo Esencial, esa es la neshamá, el espíritu, nuestro ser eterno, nuestra conexión inquebrantable con Dios, esa es la fuente de la ética innata.
    Es lo que somos, aquí y ahora, pero también en la eternidad. Es nexo, pero también información. Es base de nuestro Yo Auténtico, pero no somos nosotros. Sé que puede sonar enigmático, contradictorio o confuso, prometo (bli neder) que algún día lo explicaré mejor. Por ahora quedémonos con esta noción: el Yo Esencial es nuestra parte más intensamente individual, que no se la debemos a nadie, no viene de papá y mamá, ni de la sociedad, ni de lo que nos nutre, sino que es “regalo” de Dios directamente; pero no nos pertenece, no es una fracción, no es “parte de Dios”, sino que es otra cosa. Aquí lo dejo, por ahora.

    Por su parte, el EGO, se aloja en la parte primitiva de nuestro cerebro, es netamente material y temporal, se mueve en base a instintos naturales y en principio normales.
    Podemos suponer, con bastante acierto, que comienza su accionar desde el momento del trauma del nacimiento, quizás en algún momento de la etapa uterina, pero no tenemos cómo demostrarlo (que yo sepa).

    Es nuestro Yo Esencial el encargado de sopesar la autenticidad de nuestra vida, de calificar dentro del plan de Dios lo que hacemos o dejamos de hacer.
    No es un Superego malvado freudiano, que es una criatura formada por la interacción del niño con sus mayores, su padre especialmente. Ese Superego, desde nuestra perspectiva, no deja de ser una forma de funcionamiento del EGO, tal cual lo concebimos nosotros. En sí, poco y nada relacionado con la anatomía y fisiología del Yo Esencial.

    Podría llegar a imaginarse que el Yo Esencial es rodeado por máscaras o cáscaras que son generadas y sustentadas por el EGO, tal como el rostro es ocultado por las máscaras, así el Yo Auténtico queda tapado por el Yo Vivido.
    Esas cáscaras hacen que la Luz, la influencia benefactora y directriz del Yo Esencial sea, en cierta medida, inaccesible a la conciencia, al pensamiento lúcido. La información permea desde la experiencia en el mundo material hacia el registro resguardado por la conciencia espiritual, pero los mensajes desde allá no acceden a la conciencia, acá.
    El accionar del Yo Esencial queda relegado en el inconsciente, como una vocecita amable y firme apenas audible entre la vorágine de pensamientos y sentimientos, pasiones y deseos. Como si fuera ese angelito de los dibujitos animados, que te habla bajito, con sabiduría, con bondad, con ánimo noble, como un susurro agradable sin pausa. Pero, no lo escuchamos, o no le atendemos. Estamos agitados, excitados, anhelantes, angustiados, sometidos a los vaivenes del EGO, llenos de información que nos deforma y hace esquivos a nuestra identidad espiritual.

    Sin embargo, en los sueños puede que se manifiesta con mayor fuerza. Pero queda sometida a la imprecisión, a la vaguedad, a mezclarse con lo otro que está sumergido en el inconsciente y que no es precisamente parte del Yo Esencial.
    Entonces, algunos sueños tienen algún grado de “inspiración divina”, de mensajes de nuestro Yo Esencial, nuestro pero que no nos pertenece, individual pero unificado en el colectivo de la Fuente (por ahora, no abundaré en esto, tal como he dicho más arriba).
    Pero otros sueños, son criaturas de otras cuestiones que están reprimidas, silenciadas. Y además, la mescolanza. Así pues, es necesario mucho estudio, dedicación, y algo de arte para interpretar sueños.

    Existen también algunas técnicas de relajación y/o meditación, para acallar el griterío del EGO y del mundo, para alcanzar a percibir el murmullo del Yo Esencial. Pero esto, aún no es tiempo de que lo comparta públicamente.

    Bien, espero que esta aclaración sirva y dé pie a más profundizaciones, interrogantes, crecimiento, liberación, felicidad, construcción de Shalom.

    Hasta luego, y gracias por compartir este estudio conmigo.

  • ¿Dios limpiando tu pasado?

    «Cuando comienzas tu jornada espiritual, puedes hallar que tus problemas se incrementan – ¡No te preocupes! – es el Creador limpiándote de tu pasado…».
    Con esta frase un “amigo” del FaceBook engalanó hace un rato su muro, añadiendo que está basado en una enseñanza de Rabí Najman de Breslev.

    Humildemente me gustaría añadir algunas ideas, para no quedarnos petrificados con una única perspectiva, correcta o no, sino que podamos ampliarnos y entender la complejidad del universo.
    Quizás, tal vez, por ahí nos demos cuenta de que nosotros podemos hacer nuestra parte, nuestra misión sagrada, como constructores de Shalom.
    Porque, puede sonar muy bonito que el Eterno se está encargando como una madre sobreprotectora de limpiarnos de nuestro pasado por medio de aumento de complicaciones, pero, ¿es eso lo que debemos esperar del Rey de reyes, del Creador y Sostén de todo el universo?
    Por otra parte, ¿es aumentando el pesar, los conflictos, las dudas, las trabas, los obstáculos, la esclavitud, la miseria, el dolor, es esa la forma de limpiarse del pasado?
    ¿No sería esperable que si fuera Dios el que está ayudándonos a corregir (más que limpiar) nuestro pasado, fuera minimizando el mal para que el bien rompa la cáscara que lo rodea y resplandezca?

    Además, ¿dónde queda el libre albedrío del prójimo? ¿No será que algunos de los problemas se incrementan porque otros hacen daño a causa de las decisiones que toman?
    ¿O es que los que perjudican con sus acciones son meras herramientas, carentes de voluntad, títeres en manos de un dios que juega a divertirse con la vida de sus criaturas?

    O tal vez, hemos preferido mirar a otro lado, no encarar nuestras dificultas, escogimos negar nuestros problemas, y por ello no los resolvemos, por lo cual crecen y se multiplican.
    Porque, los problemas que no solucionamos, no desaparecen por milagro, ni se esfuman con magia, tampoco al negarnos a reconocerlos dejan de existir.
    Más bien, cuando no nos hacemos cargo, cuando no realizamos los pasos necesarios para controlar aquello que está en nuestro control, terminamos hundidos en mayores dificultades, alejándonos de las soluciones, multiplicando nuestros dolores.
    Los problemas no se van con rezos, ni tampoco con magia, ni cerrando los ojos, ni esperando sentados a que algún dios venga a nuestro socorro, cuando la solución depende de nuestras acciones.

    No dejemos que el EGO nos haga sentir impotentes, pero tampoco todopoderosos, cuando los problemas nos rodeen. No permitamos que el EGO siga dominando, con fantasías de solucionar las cosas con buenos deseos y poco de acción positiva.

    La “limpieza” de nuestro pasado, más bien dicho la corrección de nuestras acciones, no se debe fundar en la espera pasiva e irresponsable de soluciones milagrosas. No es eso lo que la sagrada y milenaria Tradición enseña. Más bien, se nos informa que está en nuestro deber y derecho el andar por el camino de la TESHUVÁ, el proceso del arrepentimiento total y sincero. Está en trabajar por quitarnos las piedras de nuestra mochila, en reparar lo que está a nuestro alcance arreglar, en pedir perdón, en hacer nuestra parte de la tarea.

    Sí, seguramente que la confianza en el Eterno ayuda muchísimo, así como el rezar, también el estudiar del ejemplo que nos provee la Tradición, como el recibir de Su parte la ayuda en aquello que no podemos hacer ni controlar.
    Pero, pretender que el incremento de los problemas es un favor de Dios, que Dios es el encargado de “limpiarnos” de nuestro pasado, en ser sujetos irresponsables y pasivos… no, no creo que sea el mensaje más provechoso y de bendición.

    Hay problemas, entonces no achaquemos a Dios los mismos.
    Veamos qué hay de nuestra parte en ellos, qué hacemos, hicimos o dejamos de hacer, para que los problemas estén o aumenten.
    Reconozcamos lo que hacen o dejan de hacer las personas que nos rodean, no para echar culpas o quitarnos de encima la responsabilidad, sino para comprender la situación, para encarar las cosas con eficiencia y capacidad resolutoria.

    Esperemos menos milagros mientras aprendemos más y hacemos mejor lo que es nuestra tarea.
    Son mis humildes reflexiones.
    Gracias por permitirme compartirlas contigo hoy.

  • Vaishlaj 5773-El secreto de la paz

    Iaacov está retornando a su patria luego de haber estado muchos años fuera, en tierra y cultura de los arameos.
    Había huido a causa del miedo que le inspiraba su bravo hermano Esav, temía por su integridad y vida, así como por la tragedia que le pudiera ocurrir a sus padres o hermano por su causa.
    Escapó solo con lo que tenía puesto, que al poco tiempo le fuera robado.
    A simple vista era un pobre inmigrante recién llegado a tierras extrañas, apenas poseedor de unas prendas para vestir, pero rico en su convicción interior de que algún día alcanzaría a disfrutar de la promesa de riqueza y poder. Sin embargo, no era fácil, es la experiencia del expatriado solitario, desamparado, falto de contactos, sin cuentas bancarias, sin posibilidad de retorno. Nuestros antepasados supieron atravesar por situaciones similares en varias ocasiones, algunas no tan lejanas en el tiempo. Así estaba nuestro tercer patriarca en su juventud, con una gran pobreza material, lleno de incertidumbres, cuando llegó a la que sería su nueva casa y nuevo inicio.
    Conoció en Aram a la que sería su esposa amada, Rajel; también a su esposa constante y valiente, Lea. Aprendió a valorar personas y cosas, tiempo y esfuerzo. Mucho fue adquiriendo en el transcurso de su destierro. Formó una numerosa familia, cosechó dinero y poder, fue creciendo lentamente en cada área de su existencia. Pero, aún tenía tres cuentas pendientes: regresar a vivir en su tierra patria; reconciliarse con su hermano y vivir sin culpas ni remordimientos; reconciliarse consigo mismo, para vivir en completa paz y gozo de la bendición de todo lo bueno.
    Son estas cuentas las que irá resolviendo en nuestra parashá.
    En particular veremos que para el reencuentro con su hermano se preparó de diversas maneras.
    Sabía que el agresivo Esav venía armado para la guerra, acompañado por una banda centenaria de hombres de armas tomar. Recordaba las rencillas del pasado, la violencia, el hostigamiento, las amenazas y, por supuesto, no olvidaba que estaba en la mira de su hermano. Sí, era un momento de gran angustia, porque ahora no solamente podría ser dañado él, sino también sus esposas e hijos. Poco le importaba si Esav se llevaba ovejas de su rebaño, o las aniquilaba todas; si le quitaba alhajas o títulos nobiliarios, nada de eso ameritaba angustiarse, sin embargo, debía resguardar a su familia, protegerlos, procurar que ningún percance les sucediera. No sabía muy bien cómo reaccionaría actualmente su hermano, puesto que había perdido el contacto hacía décadas, pero mejor prevenir que curar. Sí sabía que era muy astuto para atacar, no era tonto en el ejercicio de su violencia; aunque primitivo y básico en ciertos aspectos, por completo sometido a sus pasiones, pero hábil en astucias, ingenioso para el engaño, experto en el arte de la guerra siglos antes de Sun Tzu.

    Clásicamente se reconoce que Iaacov se preparó en tres aspectos: 1) envío numerosos y valiosos regalos acompañados por dulces elogios para apaciguar a su hermano; 2) rezó al Eterno; 3) organizó el campamento familiar para resguardarlo de un ataque militar, además de acondicionarse para responder activamente a las agresiones en caso de necesidad.
    Estos preparativos nos enseñan también a nosotros un estilo para responder ante los embates de la angustia así como ante los ataques externos.

    Encontrar mecanismos para la conciliación, negociar, pacificar, dialogar, evitar la confrontación, dar un paso al costado, dar en lugar de recibir. Cuando se maneja la relación interpersonal desde el altruismo, desde el genuino interés por beneficiar al prójimo, sin perjudicarse a uno mismo, entonces es factible resolver situaciones complejas de modo mucho más eficiente y saludable. Se evita caer en las trampas del egoísmo, para actuar desde el código de la bondad y la justicia. Así pues, lo que puede parecer como lisonja o compra de voluntades, al hacerse de manera honesta y sin dobleces, en realidad es una llave al compromiso mutuo, al entendimiento, a la comunicación auténtica que espabila oscuridades para llenar de luz y armonía. Uno puede perdonar al que sinceramente se disculpa, pero no olvidemos también pedir perdón, porque probablemente hemos incurrido en errores, faltas y omisiones, a sabiendas o no.

    Está también el orar. A través de una concentración profunda, de una intencionalidad positiva, se puede fortalecer el ánimo con rezos, tal vez encontrar en ello también el favor desde lo Alto, proveer de energías renovadas a uno y al prójimo con el cual se está en conflicto. Recordemos que el plano espiritual es el de la unidad, en donde no existen bipolaridades ni conflictos, sino tan solo unidad, armonía. Cuando se reza en verdad, no se está solicitando la servidumbre de Dios, ni que Él nos haga los mandados, sino que uno se introduce a una visión de la realidad más auténtica, en donde todos somos uno.

    Tristemente en ocasiones el EGO se impone y consigue dominar, desde su escasa potencia reduce a nulos o infértiles los esfuerzos por llevar una vida de creatividad y plenitud.
    Entonces, a veces, no queda otro camino que el de esgrimir alguna arma física para la defensa, para detener la violencia, para responder a los ataques del agresor de modo tal que cesen y se pueda establecer un período de tirantez pero que permita geminar la paz. Seguramente que para aquel vive bajo el objetivo de construir Shalom este paso es sumamente doloroso, hasta pareciera que adverso a su intención, pero es necesario comprender que hay situaciones en las cuales las concesiones bondadosas no apoyan la causa de la paz, que los rezos no influyen en el espíritu del asaltante para amansarlo y disponerlo a la negociación, por lo cual el principio de la justicia establece que sea necesario el uso de la fuerza medida, apropiada, restringida al esfuerzo del shalom.

    En estos días, comienzos de Kislev 5773 (noviembre 2012), pudimos testimoniar y ser parte de una repetición de la historia ancestral.
    Israel desea vivir en paz en su propia tierra, al volver a ella luego del exilio forzado y torturador, que fuera provocado por los conquistadores sanguinarios y despiadados. Ahora Israel se yergue y comienza a retornar al hogar, a su destino, a su herencia, a su ambiente normal. Como hiciera el patriarca Iaacov/Israel.
    Israel anhela reconciliarse con su hermano, con sus vecinos, aquellos que en el pasado le agredieron sin motivo y ferozmente. Es Israel quien hace los esfuerzos para establecer puentes, mesas de diálogo, el que concede, el que halaga, el que regala con tal de obtener el abrazo fraternal de la convivencia. Pero se le responde con hostigamiento, con saña, con burla, con maliciosas mentiras, con falsas promesas de paz y respeto. Sin embargo, Israel se mantiene leal y firme a conceder, a dar de lo propio con tal de alegrar al bravucón para que deje su pendencia y admita el derecho de Israel a su propio hogar, a su existencia, a vivir en calma y paz. Para compartir así bienestar entre todos, la bendición de todo.
    Israel también encuentra quienes elevan plegarias, piden al Padre Celestial por Shalom, no para que mueran o sean aniquilados los enemigos acérrimos, esos cegados por el odio y la avaricia, sino para que dejen de lado la guerra, abandonen sus planes de aniquilación expuestos abiertamente para quienes entienden el árabe. Israel pide a Dios para que haga la paz, para todos. Aunque del otro lado solo se oyen invectivas, salvajes llamados a la “guerra santa”, como si la guerra pudiera serlo. Del otro lado se insiste en pretender extirpar a Israel del mapa y eliminar a los judíos del mundo, y para colmo los cómplices del silencio o de la mentira disparan misiles de palabras venenosas, para enquistar aún más el mal en contra de Israel. Pero Israel sigue siendo leal, y también reza.
    Pero, cuando llega el momento de defenderse, Israel no esquiva su sagrada obligación de proteger a los indefensos, de hacer lo mínimo necesario para que al menos haya justicia. Aunque luego se le acuse injustamente, se le hostigue con falsedades y mentirosos rumores, también es necesario dar el doloroso paso de la defensa armada cuando no hay otra manera de permanecer con vida. Aunque los falsos pacifistas insulten y proclamen infamias, Israel debe defenderse y lo hace con nobleza, no con terrorismo ni bravuconería, sino con la confianza del que se sabe con el poder suficiente para responder y dar una chance a la paz.

    Así pues, el patriarca volvía y quería reconciliarse con su hermano, con aquel que le había agredido, pero también quería encontrar la paz consigo mismo.
    Una gran parte de esta última tarea se alcanza consagrándose a obtener las dos anteriores. No es el único modo, pero sirve de gran auxilio.
    Comprendamos, la paz interior siempre repercute en paz con el exterior; al contrario también es cierto: aquel que no está en paz consigo mismo, que no se valora correctamente, que no se respeta, que no se cuida, que no se ama, es improbable que pueda llevar una armoniosa relación con los demás y el entorno.

    Si prestamos atención, los tres preparativos de Iaacov para el encuentro con su hermano tiene mucho que ver con lo que la Tradición indica para entrar a pleno en cada nuevo año: teshuvá, tefilá y tzedaká. No es casualidad, más bien es la reafirmación que desde antaño conocemos el código para desarrollar una existencia de bendición, solamente debemos recordarlo y vivir en consecuencia.

    Tenemos tantas cosas para aprender de la Torá, tantas que pueden iluminar nuestra vida personal y colectiva. Es bueno darnos la oportunidad para hacerlo. Solamente podemos salir beneficiados de esto.
    Para concluir, recordemos las palabras del profeta en la haftará que corresponde a esta parashá: "Como tú hiciste, se hará contigo; tu retribución volverá sobre tu cabeza." (Ovadia / Abdías 1:15).
    Tratemos de hacer siempre lo que es bueno y justo, para que la consecuencia sea bondad y justicia.

    Shabat Shalom.

  • La senda del santo

    1. Por santo podemos entender aquello que conecta (o está conectado) con el Eterno.
    2. Es común confundir severidad extrema (pesadas imposiciones, mayores restricciones, innecesarios cercos, enjuiciamientos continuos) y el repudio del pecador con una mayor santidad, pero esto es falso.
    3. Cuanto más nos rectificamos en el camino del Eterno, más unificados estamos, con nosotros mismos, con el prójimo, con el cosmos y con el Eterno.
    4. La rectificación permite la estabilidad multidimensional, en cada uno de nuestros planos de existencia, vigoriza nuestra salud, amplía nuestro gozo, abre canales de comprensión y sensación.
    5. Estar en unidad es experimentar la armonía interna/externa.
    6. Al diluir las falsas separaciones y preservar los correctos límites, nos elevamos en nuestra percepción de la realidad, creamos una renovada visión de la misma que hasta podría considerase una re-creación de la realidad.
    7. A mayor elevación, nos hacemos más comprensivos de las situaciones que, realmente o en apariencia, contradicen la santidad.
    8. La comprensión, unida al conocimiento y a la sanación emocional implica que se critica con menos acritud, no se difama, no se insulta, no se reprocha egoístamente, no se demanda con ánimo infantil, no se declara que todo es pecado y pecaminoso. Se encuentran más puntos para la cooperación que para el rechazo.
    9. A mayor rectificación corresponde más flexibilidad, menos exigencia desmedida, mayor bondad y justicia.
    10. Quien se va elevando en el camino del Eterno, quien va construyendo Shalom, menos juzga con severidad y más méritos encuentra.
    11. Con bondad y justicia, comprensión y aceptación, con unificación responsable, con flexibilidad sin dobleces, así se ayuda el prójimo a encaminarse él también por el camino de la rectificación.
    12. No a través de la actitud presumida, ni pusilánime, ni agresiva, ni coercitiva, ni separatista, ni de misionero, ni abusiva, ni agresiva, ni engañosa.
    13. Es la construcción de Shalom LA senda de la santidad.
  • El consejo diario 385

    Si tu gritas, insultas, faltas el respeto, te burlas, engañas, te victimizas, ofendes
    cuando debates con alguno,
    no estás demostrando que tienes la razón,
    ni asentando algún dato interesante para favorecer tu punto,
    sino simplemente dejas ver que tu EGO te esclaviza muy bien.

    En vez de emplear las herramientas del EGO,
    gritar, llorar, insultar y desconectar de la realidad, más todos sus derivados,
    procura fortalecer tu autoestima,
    conectarte con tu Yo Auténtico,
    usar la Comunicación Auténtica,
    establecer un marco de intercambio favorable,
    acercarte a la verdad,
    porque así, finalmente tengas la razón o no,
    habrás ganado.

  • De la retribución Divina

    1- No sabemos quién es bueno y quien no lo es.

    2- No sabemos quién es justo y quien no lo es.

    3- No sabemos el grado de mezcla entre luz y sombras de cada persona.

    4- Podemos suponer que tal persona es tanto de buena o no, o de justa o no, pero solo podemos suponer, nunca saber.

    5- Tampoco de nosotros mismos.

    6- Las cosas suceden, a los que suponemos buenos como a los que suponemos que no lo son.

    7- Cosas que nos parecen malas y cosas que nos parecen buenas, de ambas suceden.

    8- Lo que suponemos bueno no necesariamente le pasa siempre al que suponemos bueno.

    9- Lo que suponemos malo muchas veces parece que le pasa al que suponemos bueno.

    10- La “retribución” Divina no se valora de acuerdo al grado de bien que nosotros suponemos le corresponde al que suponemos bueno.

    11- Es imposible para nosotros comprender el mecanismo de la retribución Divina.

    12- Por consiguiente, lo mejor que nos queda es hacer lo que es bueno y lo que es justo, no de acuerdo a nuestra suposición, sino de acuerdo a lo que el Eterno ha consignado como tales.

    13- Seguramente que no actuaremos siempre de acuerdo a lo que es bueno, tampoco a lo que es justo. Esto es parte de la naturaleza humana. Igualmente nuestro compromiso debe ser con lo bueno y justo.

    14- Que nuestras acciones buenas y justas sean sin esperar ninguna retribución, absolutamente ninguna.

    15- No esperar nada a cambio de lo que hemos hecho como bien y justicia, ni en el próximo mundo, ni en este mundo.

    16- Si hacemos esperando algo a cambio, lo que obtendremos finalmente será amargura y decepción.

    17- Cuando la acción es generosa en sí misma, sin espera de retribución, es cuando se alcanza la mayor grandeza y beneficio reales.

    18- Ejemplo. El Job del capítulo primero hacía lo que hacía esperando obtener el favor del Eterno. No lo obtuvo.
    El Job del capítulo 42 dejó de esperar recibir dones a cambio de sus actos “buenos” y/o “justos”, simplemente hacía el bien al prójimo, era también justo en sus apreciaciones; fue allí cuando finalmente estuvo lleno de todo bien. Mientras pactaba negocitos con Dios, con el destino, era víctima de su EGO, se perjudicaba aunque se creyera santo y de renombre. Pero cuando el AMOR ocupó el lugar que le correspondía, entonces ya dejó de pretender pactos con Dios, ya no buscó más manipular la realidad según su antojo, estaba a merced de lo que sucediera, y le sucedió lo bueno.

    19- Pretender ejercer el control “metafísico” de la realidad a través de actos de supuesta bondad y justicia, es una estrategia del EGO.

    20- Controlar lo que está al alcance y dejar fluir el resto, es abrir la puerta al bienestar.

  • Coherentes en verdad

    Cuando algo es verdadero tiene coherencia.
    Sus partes encajan unas con otras, no hay nada que rasgue la armonía. La comunicación fluye, porque hay conexión. Cada elemento, incluso los que son opuestos, sirven para construirse en relación a los otros y al sistema en su conjunto.
    Eso es lo que consigue la verdad, un estado de Shalom, de paz, de integridad, de completitud.

    Precisamente para establecer conexiones firmes y a multinivel es que el Creador estableció los preceptos.
    En el idioma hebreo precepto se dice “mitzvá”, cuya raíz lingüística puede asociarse a “tzavta”, que es agruparse, unirse, atarse, amigarse, conectarse firmemente.
    Así leemos:

    "וְזֶה לְשׁוֹן מִצְוָה שֶׁהוּא לְשׁוֹן הִתְחַבְּרוּת, מִלְּשׁוֹן צַוְתָא וְחִבּוּר, כִּי עַל – יְדֵי כָּל מִצְוָה וּמִצְוָה מִמִּצְוֹת הַתּוֹרָה מְצַוְּתִין וּמְקַשְּׁרִין וּמְחַבְּרִין…שֶׁעַל – יְדֵי זֶה מְקֻשָּׁרִין בּוֹ יִתְבָּרַךְ"

    (ליקוטי הלכות, הלכות נט"י, רות ד).

    Cuando uno se guía por ellos encuentra que es más sencillo estar conectado con uno mismo, con el prójimo, con el ajeno, con el mundo y por supuesto que con Dios.
    Recordemos que es muy difícil encontrar la real conexión con el afuera, si uno primero no ha establecido el puente que une al Yo Auténtico con las facetas rescatables del Yo Vivido. Por lo cual, aprender y aplicar técnicas de armonización interna resultan imprescindibles para lograr crecer en todos los niveles de la existencia.

    Pero, cuando la mentira, el engaño, la ignorancia, la falta de sinceridad, la incomunicación, la oscuridad van ganando terreno, entonces la conexión se daña, las relaciones tambalean, la infidelidad, la falta de misericordia, la injusticia, el mal se expande. Es el EGO que actúa para mantener a la persona sujetada y en impotencia (real o sentida).

    Es preciso rescatar la verdad, hacerla carne en nuestra existencia.
    Que los mensajes que demos sean coherentes, tal como tratamos de hacer en este hogar. (Es por ello que nuestros artículos por lo general no se contradicen, no vamos tomando ideas alocadas para conseguir fans ni decimos lo que la gente quiere oír para ganar dinero. Sino que andamos a la Luz de lo que consideramos y sopesamos como la verdad).
    Que no vayamos poniendo parches para tapar errores o malicias. Que no vayamos inventando excusas y haciendo malabarismos mentales según la ocasión o el público.
    Sino que el interior concuerde con el exterior.
    Que la palabra sea como la acción.
    Que el pensamiento se revista en el cuerpo.
    Que digamos a través de la Comunicación Auténtica aquello que hemos encontrado como verdadero, porque es coherente, porque no necesita de excusas, porque no hay necesidad de engañar para cubrir falencias o errores, porque no depende de la ceguera de la fe sino que depende en sí misma.

    Por supuesto que tenemos permiso para equivocarnos, y hasta podemos ser ignorantes, porque es obvio que no sabemos todo (de hecho, sabemos poco) y como personas estamos expuestos al error.
    La Verdad última pertenece a Dios, o según la Tradición ES la firma personal de Dios.
    Por lo cual, es una realidad inalcanzable, pero no por ello ajena a nuestra actitud cotidiana.
    Lo importante es ser coherentes, vivir en armonía y no ejerciendo a través de las herramientas del EGO.

    Con gran sabiduría enseña el predicador:

    "si el hombre vive muchos años, que se alegre en todos ellos; pero que recuerde los días de oscuridad, que serán muchos… y que todo lo que vendrá es pasajero.
    Alégrate, joven, en tu adolescencia, y tenga placer tu corazón en los días de tu juventud. Anda según los caminos de tu corazón y según la vista de tus ojos, pero ten presente que por todas estas cosas Elokim te traerá a juicio.
    Quita, pues, de tu corazón la ira, y aleja de tu cuerpo el mal; porque la adolescencia y la juventud son pasajeras."
    (Kohelet / Predicador 11:8-10)

    Todo es pasajero, por ello quedarse aferrado a lo que no se puede cambiar o controlar, es pretender petrificar lo que pasa.
    La angustia existe cuando se quiere controlar lo que no se puede controlar.
    El tiempo pasa, nosotros pasamos en el tiempo. Cada tiempo tiene sus cosas apropiadas, falsificar alguna de ellas lleva a vivir una vida de engaño, falta de conexión, incoherente.
    Negar el disfrute permitido, es negar la verdad.
    Amenazar con castigos al que disfruta de lo permitido, es corromper la verdad.

    Entonces, el buen consejo que recibimos es apartar la mano del EGO de delante de nuestra visión para que podamos apreciar la belleza que nos rodea, para que disfrutemos sin dramas de lo que tenemos permitido. Alejemos el mal de nuestra vida, apartándonos de lo prohibido, dejando de lado las actitudes mentirosas pero que creemos como santas.
    Disfrutemos el momento, sin caer en cuestiones negativas, sin excesos, sin llevarnos a extremos dolorosos.

    Seamos coherentes.