Categoría: Creencias

  • El pecado de Sodoma y Gomorra

    El pecado principal de Sodoma y Gomorra no fue la actividad sexual ilícita, de hecho, no consta que haya sido lo prioritario o típicamente corriente en la conducta de sus habitantes.
    Si bien los intérpretes cristianos de las escrituras judías suelen incurrir en este error, no por ello debemos asumir que sea cierto. Más bien, tomemos los comentarios cristianos (incluidos por supuesto los falsos judíos mesiánicos, netzaritas y todos los otros cristianos similares) como lo que son: opiniones de personas completamente ajenas a la Torá, carentes de Tradición o espíritu de sabiduría correcto, desconectados del mensaje de la Torá, incapaces de sobresalir en explicar la Torá o sus ideas y fundamentos. De hecho, ellos ni siquiera son sus depositarios o legales poseedores, solamente extranjeros advenedizos que se apropiaron de lo que no les es propio y asumieron roles e identidades perjudiciales para ellos y para quienes les siguen en sus derroteros. Pueden opinar, pero su opinión en lo histórico o espiritual vale tanto como sus derechos al respecto… (a buen entendedor).

    Los habitantes de Sodoma y Gomorra tampoco eran especialmente peculiares en su idolatría, ni más ni menos que el resto del común de las personas de su tiempo y lugar.
    Así pues, por ello no fueron devastados ni aniquilados por el furor divino. De haber sido el motivo, el mundo hubiera sido evaporado a cada instante desde hace milenios hasta ahora.

    Entonces, ¿qué fue lo terrible que aconteció allí?

    Veamos una pista muy clara que nos brinda el profeta Iejezquel:

    "He aquí, ésta fue la iniquidad de tu hermana Sodoma: Orgullo, abundancia de pan y despreocupada tranquilidad tuvieron ella y sus hijas.
    Pero ella no dio la mano al pobre y al necesitado.
    Ellas se enaltecieron e hicieron abominación delante de mí; de modo que cuando las vi, las eliminé."
    (Iejezkel / Ezequiel 16:49-50)

    Abundancia material acompañada por cero de solidaridad.
    Orgullo regado con falta de misericordia.
    Egoísmo en vez de altruismo.
    Todo lo bueno y grandes oportunidades para hacer el bien, pero regocijarse en el sufrimiento ajeno, en la falta del otro, en la necesidad no colmada del pobre.
    Sí, vemos que la gran malicia de Sodoma y sus compañeras está más ligada a la típica conducta EGO, contraria al AMOR, que a cuestiones referentes a preferencias o actividades sexuales.

    Fueron “abominables” por enorgullecerse, por creerse más de lo que eran, por faltarles autoestima y presumir de lo que no eran, por dejarse llevar por el EGO que les infló la imagen de sí mismos. Eran violentos, prepotentes, maliciosos, faltos de consideración, apegados a lo material.
    Eran esclavos del EGO, modelos de aquello que debemos evitar.

    Eran la contrapartida al primero de los patriarca judíos, pues Abraham es el modelo de la bondad, de la entrega desinteresada, del servicio al prójimo, de la dedicación a la propagación del bien, del mensaje puro y eterno del noajismo. Del otro lado estaban sus vecinos, los residentes de las ciudades avivadas por el EGO, por la religión, por el materialismo impúdico y carente de espiritualidad.

    Los describe con elocuencia Josefo:

    “Los somoditas, extremadamente orgullosos de su número y el alcance de su riqueza, se mostraron insolentes a los hombres e impíos a la Divinidad, al grado de que olvidaron los beneficios que habían recibido de Él, odiaban a los extranjeros y se negó toda relación con los demás. Indignado por esta conducta, en consecuencia Dios decidió castigarlos por su arrogancia…”
    (Antigüedades I, 194-5)

    Xenofobia, malicia, violencia, negación de la realidad, falta de agradecimiento, inmisericordia, desapego… EGO.

    Y el Talmud, en el tratado de Sanhedrin (109a) los retrata en su completa avaricia, violencia, engaños para obtener beneficios materiales, falsa caridad, rudeza en el trato con los pobres y extranjeros.
    Sí, un retrato muy lamentable de la bajeza del ser humano cuando es esclavo del EGO, que llora, se queja, agrede y se desconecta de la realidad. Manipula para hacer de cuenta que tiene poder. Trata de controlar aquello que no está bajo su dominio. Anhela alcanzar lo imposible, pero es incapaz de hacer lo posible.
    En fin, lo que ya conocemos acerca del EGO, de la vida carente de bondad y justicia, sumida en religión, en falsa libertad, en reglas rígidas e inhumanas pero que se declaran como “humanismo progresista”, lo de siempre…

    Lo mismo encontramos en los relatos y comentarios en el Bereshit Raba (49:6, 50:7) y en los Pirkei deRebi Eliezer, la completa carencia de bondad, el legalismo frío que pervierte la justicia, la abundancia desprovista de conciencia, la extorsión para que los disidentes no actuaran con nobleza sino bajo el reinado del terror.

    Una y otra vez, siempre que revisamos las fuentes volvemos a la misma patética imagen, el ser humano envilecido por su EGO, prepotente pero impotente.

    Dejemos que el resumen lo brinde el profeta Ieshaiá:

    "Escuchad la palabra del Eterno, oh gobernantes de Sodoma. Escucha la instrucción de nuestro Elokim, oh pueblo de Gomorra.
    Dice el Eterno: ‘¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del sebo de animales engordados. No deseo la sangre de toros, de corderos y de machos cabríos.
    Cuando venís a ver mi rostro, ¿quién pide esto de vuestras manos, para que pisoteéis mis atrios?
    No traigáis más ofrendas vanas. El incienso me es una abominación; también las lunas nuevas, los días festivos y el convocar asambleas. ¡No puedo soportar iniquidad con asamblea festiva!
    Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras festividades. Me son una carga; estoy cansado de soportarlas.
    Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, yo no escucharé. ¡Vuestras manos están llenas de sangre!
    Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos. Dejad de hacer el mal.
    Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda.
    Venid, pues, dice el Eterno; y razonemos juntos: Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
    Si queréis y obedecéis, comeréis de lo mejor de la tierra.
    Pero si rehusáis y os rebeláis, seréis consumidos por la espada; porque la boca del Eterno ha hablado.’"
    (Ieshaiá / Isaías 1:10-20)

    Resulta obvio que el Eterno no quiere religión, ni rituales vacíos, ni festividades carentes de sentido, ni sangre de sacrificios, ni repetición de lemas supuestamente espirituales. Él está hastiado de todo eso, simplemente quiere algo de ti: bondad y justicia en tus actos cotidianos.
    Que seas más como Abraham y menos como los de Sodoma y Gomorra.

    ¿Estás dispuesto a seguir a Dios?
    ¿O seguirás lo de siempre, al EGO y sus pastores religiosos (de la religión que sea)?

  • Tú eres Noé

    Las noticias nos han mostrado imágenes de la devastación ocurrida en New York, New Jersey y otras áreas de los EUA. El mismo vendaval causó estragos en diversos sitios del Caribe, especialmente las derruidas Cuba y Haití.
    Han habido muertos, heridos, desaparecidos, pérdidas materiales multimillonarias, un desastre enorme.
    Pero no es lo único terrible por estos días, aunque tenga mucho peso en las noticias difundidas por los medios populares. Tuvimos cientos de cohetes lanzados desde el bastión imperialista de Gaza en contra de inocentes civiles en el Estado de Israel. Horribles dramas a causa del clima en la región del Río de la Plata. Fuertes temblores en Filipinas y Perú. Otros en la zona de California y México. Y tiroteos, masacres, agresiones, violaciones, muertes, injusticias, esclavitud, tráfico de drogas (químicas o religiosas), violencia doméstica, robo, secuestros, atentados, enfermedades, privación de libertad de inocentes, vejación de derechos humanos, imposición del terror por parte de sectas o gobiernos totalitarios, fraudes electores, una mortal crisis económica que atrapa a muchos países, mucho, mucho daño que causa el hombre al hombre, además del que ocurre por eventos de la naturaleza.
    A veces tenemos amigos o conocidos involucrados, afectados directa o indirectamente. Que padecen por obra de la naturaleza o por la mano del hombre.
    ¿Dónde estamos nosotros cuando ellos nos precisan?

    A veces podemos enviar dinero, alimentos, vestimenta, abrigo, agua, medicinas, otros aportes. Presentarnos personalmente para dar una mano. Acompañar al que está dolido o necesitado. En ocasiones solamente tenemos a mano la palabra misericordiosa, la pregunta apropiada, el silencio respetuoso. ¿Dónde estamos nosotros, como individuos y sociedad?
    Sí, es cierto, todos tenemos muchas ocupaciones y obligaciones, no siempre estamos disponibles para dar una mano, una sonrisa, un abrazo, un silencio comprensivo, un consejo necesario, un dólar, lo que fuera. Pero igualmente, podemos al menos preguntarnos ¿dónde estamos nosotros cuando nos precisan? ¿Qué podemos hacer por el que padece? ¿Qué haremos?
    No está en ti dar respuesta a todos los sufrimientos ni hacerte cargo de lo que ocurre, pero sí hay algo que puedes hacer no tardes en hacerlo.
    En New Jersey vive el amigo Uriel Cháves y familia, ¿sabemos cómo se encuentran y si precisan algo de nuestra parte? En Cuba están Teresita y Jorge Airam, ¿qué hicimos por ellos ahora y en el pasado? Estos son ejemplos de tantas decenas o centenas de conocidos y amigos (reales o virtuales) que están en sitios y tiempos de padecimiento. Tú seguramente conoces a personas gravemente enfermas, que están consumiendo sus últimas fuerzas. Familias pobres que no alcanzan a cubrir para sus alimentos. Gente desempleada que ansía volver a la actividad, no solo por el ingreso sino por lo que representa estar en el grupo de trabajadores. Los que viven en soledad. Los que están siendo maltratados en el colegio. Los que…

    Podemos hacer algo, preguntar por ellos, y si no tenemos el tiempo, la confianza en el trato, o la oportunidad, al menos nos queda rezar, no para pretender manipular a Dios, pero sí para crear un efecto positivo, restaurador, de comunión espiritual que trasciende el espacio y el tiempo. Podemos participar de colectas que sean organizadas, no sé, cada uno puede ser creativo o atento y ver en qué puede estar disponible para construir Shalom.
    No siempre podemos, no siempre estamos atentos a las noticias de TODO el mundo, ni nos percatamos de quién está allí o no. Por lo cual, no tenemos que sentirnos culpables si no respondimos de acuerdo a las expectativas, pero tampoco tenemos que vivir eludiendo lo que es nuestra tarea. Si podemos hacer algo, hagamos. Si realmente no pudimos, por el motivo real que fuera, tampoco es para sentirnos culpable y negarnos a hacer lo correcto ni bien podamos.

    ¿Qué puedes hacer para construir Shalom?
    Con los cercanos y con los lejanos.
    Esa es tu tarea sagrada, tu misión en el mundo, tu camino a la felicidad.
    ¡Recórrelo!

  • Fuera de control

    Lo importante no es vencer, sino el vivir a diario con la conciencia tranquila de hacer el máximo posible.
    Como expresara uno de los grandes Sabios de antaño, Rabí Tarfón: “No te corresponde a ti terminar la obra, mas no eres libre de eximirte de ella.” (Avot 2:16).
    Es imposible terminar “la obra”, porque no depende solo de ti, ni tú solo puedes realizarla. Pero tu parte, esa que te corresponde, solamente tú la puedes (y debes) hacer.
    ¿Que no sabes cuál es tu parte?
    ¡Y quién sí!
    Por ello, no te tortures pretendiendo vivir la vida que otros te mandaten, ni quieras actuar las escenas que a otros dejen contento, sino que analiza lo que haces y trata de hacer lo mejor posible. No te preocupes, nunca van a faltar los que, con razón o sin ella, estarán descontentos. No dejarás a todos contentos, a veces a nadie, pero no es por ello que debes hacer lo que te corresponde, sino simplemente porque te corresponde.
    A veces quedarán cosas de lado, incluso de las importantes. Ok, yo te comprendo, eres humano, estás limitado, tienes un día acotado, muchas actividades, no siempre sabes priorizar las tareas (o puedes hacerlo), no te funciona la memoria tal cual quisieras, no tienes las energías para desarrollar todas las actividades que te propusiste… ok, yo te comprendo. Pero, siempre y cuando realmente estés haciendo el esfuerzo por cumplir tu parte, no uses excusas ni des pretextos. Mejor haz lo que puedes hacer, al máximo, lo mejor y luego, del resto, de eso que queda por fuera de tu control, eso déjaselo a otros, o a nadie, o a Dios.
    Sí, hay cosas que quisiste hacer, pero no pudiste. Amigos a los cuales saludar, pero por esto o aquello se te pasó. Tías ancianas a las que visitar, las que quedaron sin verte. Tareas con tus hijos que te propusiste llevar a cabo, pero por un motivo u otro se canceló o pospuso. Bueno, eres humano, no tienes el control de muchas cosas… más bien, de muy poquitas. Entonces, haz tu parte, pero no te quedes sin hacerla. En cuanto a aquello que con sinceridad y lealtad no pudiste, o tal vez no quisiste, ok, yo te comprendo. Quizás alguna vez no comparta tu decisión o tu “olvido”, pero lo bueno es que no te angusties por aquello que no puedes resolver, que no te presiones a cumplir con lo que no entra en tu mochila, que no cargues con las culpas que otros te quieren hacer cargar –con razón, o casi siempre sin ella-.
    Tienes un camino para recorrer, a veces uno para construir con tu pisada, es eso lo que tienes por delante. Si llegas o no a cruzar la meta que otros te impusieron, eso que el EGO te hace creer que es lo único valioso, debes saber que no importa tanto realmente.  No es el “éxito” el premio, sino el haber hecho tu parte, todo lo mejor de ti, y haber logrado lo que lograste.
    Sí, debe ser lindo estar en los zapatos de Usain Bolt, ser un “ganador”, un imbatible, un marcador de nuevos registros mundiales en tu área. Pero tú no eres él, a no ser que seas Usain por supuesto. No tienes por qué ser él. No estás obligado a ser el hombre más veloz del mundo, ni a batir ningún récord mundial. Tan solo debes competir contigo mismo, para sacar a flote a tu Yo Auténtico, que tu Luz eterna resplandezca en la oscuridad de los Yoes Vividos.
    Esa es tu tarea, no otra.
    Conectarte.
    Contigo, con tu esencia real, con tu Yo Auténtico, con aquellos de tus Yoes Vividos que te representan apropiadamente, con el prójimo, con el lejano, con la cultura, con el pasado, con el presente, con el futuro, con Dios.
    Conectarte y alcanzar la autenticidad.
    Que no puedes me dirás.
    Que haces lo que puedes y no ves muchos avances.
    Ok, yo te comprendo y para nada te recrimino. Eres tú quien va a evaluarte y considerar si realmente hiciste tu parte, si alcanzaste algún grado de conexión o no.
    Solamente tú puedes hacerlo.
    Pero, si quieres controlar todo, si quieres dejar contento a los demás, si actúas para llenar el ojo a otro, entonces te estás labrando tu sufrimiento.
    No puedes cambiar el pasado, ni esculpir el futuro a tu gusto. Ni tan siquiera eres el amo del presente, sino un simple pasajero, una sombra, una nube, pero en aquello que tienes poder es en lo que debes ser poderoso.
    Si pretendes cambiar a otro a tu imagen y semejanza, si no aceptas al otro que es otro, entonces estás condenado a fracasar y sufrir.
    Si no te aceptas, si no te encuentras, si no te conoces, si no te respetas, si no te amas, si solamente quieres dejar contento a otros, o que otros te dejen contento a ti, tienes una vida de dolores para “gozar”. Pretendes controlar lo que no puedes, te esfuerzas en vano, te rompes la espalda inútilmente cargando la mochila que no es tuya, siendo muerto en vida. Eterno demandante, con la queja a flor de piel, con el sufrimiento como compañero inseparable. Porque no aceptas tu impotencia, porque no dejas fluir lo que no puedes retener, porque te crees el que tiene derechos y poderes de los cuales careces.
    Y no te gusta, entonces te inventas vidas, mientes, das excusas, te engañas o lo haces con otros, siempre y cuando puedas aparentar tener algo de control.
    Te aferrarás a eso que te hace ilusionar con que tienes cierto poder. Por ejemplo, una religión, una secta, una pareja, una promesa, un trabajo, un familiar, un vicio, algo, cualquier cosa o persona que tú pretendes dominar, pero que por lo general es lo que –o quien- te domina.
    Eres esclavo de tu impotencia, a la que disfrazas de poder, a la que tiñes de dorado de gloria pero que en el fondo no es más que miseria.
    Cuando en verdad eres una luz impresionante, brillante, en los hechos vives en sombras, a oscuras, con miedo, encerrado en tu celdita mental. Quizás porque te supones que allí sufrirás menos, porque te supones que allí eres el amo y todopoderoso, cuando en verdad vives como un pordiosero siendo que pudieras ser el rey de tu pequeño reino.
    En tu infantil prepotencia llegas a delirar que tus rezos controlan a Dios, y que éste controlará por ti al cosmos.

    La verdad es que vivimos como si Dios fuera un padre vengativo o una entidad sádica a la que le gusta hacer padecer a sus criaturas o directamente no hubiera ninguna divinidad.  Es como si nos tiraran de una patada a este planeta y cayéramos como seres sin recursos ni elecciones, pobrecitos de todo.  Nadie se plantea esto racionalmente; sin embargo, existimos como si así fuera.  La complejidad y la velocidad del mundo de hoy amplifican esta percepción, haciéndonos sentir como hojas en una tormenta. Que tus rezos deben ser respondidos y Dios correrá a satisfacer tus caprichos. Sí, eso es lo que está en ti cuando rezas. Sea al dios que fuera.
    Y cuando te pones en el papel de víctima y reclamas que te atiendan, no eres otra cosa que un bebé en un cuerpo viejo. Reclamando atención de tu mamita, para que te dé un poco de calorcito, porque te sientes impotente. Ah, pero con tus llantos, gritos, pataleos pretendes controlar, manipular. Sí, el EGO que te hace creer que tienes un tosco poder, cuando estás decadente y encerrado en tu impotencia.
    Fuera de control, por querer dominar en vez de aceptar, dejar fluir, no retener, no padecer por lo que no tiene solución.

    Toma el control de lo que puedes controlar, haz tu parte, y deja el resto en manos de quien corresponda.
    Reza, pero no pretendas que Dios corra a solucionarte tus dramas o darte tus peticiones como un “rey mago”.
    Confía en Dios, pero haz tu parte, da el 100% de lo que puedes dar.
    No te concentres en ti y tus problemas. Sí, son tuyos y los ves importantes, como si fueran el centro del universo. Pero son tuyos y no del universo, y en verdad, hasta quizás ni siquiera sean problemas realmente sino solamente ilusiones, evaluaciones incorrectas, momentáneos contratiempos, falta de esfuerzo de tu parte, querer controlar lo que no puedes ni debes controlar. Ah, pero tú los ves como si el mundo te debiera algo, como si la vida fuera injusta, como si los demás no te dieran la atención que te mereces. Y sufres. Cuando puedes estar bien, incluso en el peor momento material.
    Hemos oído numerosas historias VERÍDICAS, (no esos cuentitos chapuceros de “santos” (de cualquier credo) que hacen maravillas, pero nunca en la vida real) de gente que hasta en el último momento, de gran tortura física o de otra índole, tuvieron la entereza de llevar una vida de plenitud y trasmitir un legado de nobleza. No suelen ser los quejosos, los que viven en tono de EGO, los que viven de esta manera plena incluso en la antesala de la muerte. Suelen ser los que controlan lo que pueden y el resto deja que fluya. Se acomodan, construyen, elaboran sentido de vida con lo que tienen en su dominio, que suele ser bien poquito, porque somos humanos, limitados, inmensamente impotentes aunque con un enorme potencial.
    Te dejo un ejemplo para que comprendas de lo que te estoy hablando: http://es.wikipedia.org/wiki/Randy_Pausch, mira también los videos, son imperdibles.

    Ama, que es conocer y conectarte. Ama, aunque conozcas poco, pero conectado.
    No creas que amar es estar 100% pendiente, ni diciendo cosas bellas todo el tiempo, ni hacer lo que el otro quiere que hagas.
    Conéctate, dentro de lo que puedes. Haz tu parte, y deja fluir el resto.

    Es como un cambio de enfoque, pero sobre ti mismo.
    No para obligar a que los demás vivan de acuerdo a tus expectativas, sino que tú a las tuyas, a las de tu Yo Auténtico.
    Despojándote de las máscaras, aunque preservando aquellas que son apropiadas para representar las diferentes facetas saludables de tu Yo Auténtico.
    Conéctate, haz tu parte, no permitas que el deseo de control de deje fuera de control.

    Dedicado con cariño a “Roberto”, Belén y Felipe S.

  • La “cosa”

    La persona ignorante e insegura por lo general busca aferrarse a cosas que le brinden seguridad. Creencias, doctrinas, ideas, lemas, partidos, sectas, rituales, prácticas, objetos, personas, lo que fuera que esté a mano y pueda ser usado como tosco madero flotante en medio de un naufragio. Una precaria tabla salvadora. Un improvisado salvavidas. Una cadena que retenga y asegure ante los embates de la tormenta.
    Por sentirlo como su “decisión”, por adoptarlo como su brújula, por considerarlo como su única opción, por tenerlo como aquello que le permite seguir con una vida y dotarla de sentido, aprisiona con mucha fuerza su “cosa”, se niega a razonar, argumenta para seguir atrapado, idealiza, proclama la santidad de su “cosa” y no admite contradicciones. Levanta muros para no ver, para no sentir, para no admitir. Niega la realidad, hace complicados malabarismos para sostener la fantasía, es que muy dentro realmente siente que si la “cosa” el mundo se le acaba, nada tiene sentido, la vida se le termina, caería en un pozo de inseguridad e impotencia.
    Sí, en verdad no puede retroceder ni un paso, aflojar un poco, soltarse apenitas, nada de eso puede hacer, porque siente que su mundo se quiebra, su realidad se raja, todo se desequilibra. Urgente corre a abrazarse a su “cosa”, aunque la mirada objetiva confirme que le dañe, que es un vicio, que está fracasando, que no tiene sentido, que es una vida hueca, que es una existencia oscura, nada de eso tiene valor porque solamente su “cosa”, su objeto asegurador, es lo que le fortalece (fantasiosamente). La “cosa” es sagrada, lo más santo, lo que debe ser defendido sin miramientos. Los que cuestionan son herejes, desleales, traidores, desertores, enemigos, aquellos que hay que destruir. Porque son los que denuncian la fragilidad del que adora a la “cosa”. Señalan la inseguridad, muestran la impotencia. Con su presencia y oposición, activa o pasiva, ponen en riesgo la falsa tranquilidad, la disfrazada salud del que está encadenado a la “cosa”.
    Entre los adoradores de la «cosa» entonces les sucede que a la mayor inseguridad la suele acompañar el mayor fanatismo, necedad y violencia.

    Los hijos y seguidores de estas personas pueden tomar la “cosa” también como central, como verdad, como algo bueno para aferrarse. Tal vez los continuadores no sean tan inseguros ni ignorantes, pero nacieron y se criaron en un entorno en el cual la “cosa” era un pilar, una herencia cultural que mantener con vigencia. Quizás los descendientes más esclarecidos puedan reconocer la endeble validez de la “cosa”, pero ya están insertos en un programa, dentro de un sistema, mandatados por sus antecesores, por lo cual con dudas y timidez no rechazan la “cosa”, sino que la mantienen en vigencia. La adoptan y la transmiten a sus continuadores. Sí gente brillante y bastante segura, también siguen encerrados en la celdita mental determinada por la “cosa” consagrada. Porque ellos también tiene su debilidad, sus puntos ciegos, su ignorancia. Quizás en otros aspectos, diferentes a los de los creadores del mito de la “cosa”, pero se apoyan en esa “cosa” o en otra igualmente falsa e igualmente esclavizadora.
    Tu familia hace tal o cual cosa, ¿por qué habrías de hacer, sentir, pensar, creer algo diferente?
    ¿Por qué no?

    Las costumbres se inventan por alguna causa insospechada y luego se inventan las interpretaciones, significados que le den algún sentido. Probablemente los motivos verdaderos no son ni siquiera rozados, escondidos detrás de mitos, leyendas, historias fantásticas, absurdos que se presentan como verdad sagrada.
    La costumbres se reciben, se viven, no se cuestionan, se continúan, se transmiten. Si se las deja de lado se siente como si todo se viniera encima, si se estuviera en una fisura llena de mal, en lugar de aceptar las costumbres que tienen sentido, que promueven los valores de vida, que llevan a la construcción de Shalom. Dejar a los faraones en Egipto, no llevarlos con nosotros en nuestro viaje a la Tierra Prometida y mucho menos adorarlos como deidades estando ya alojados en la Tierra. Dejar a los faraones allí en donde han de estar. Tomar lo bueno, evaluarlo, compartirlo y dejar lo negativo.
    Pero, la gente insegura e ignorante se fortalece en la unión, formando grupos de presión, expandiendo por la fuera y la amenaza sus “cosas”, santificando lo que ellos adoran y acusando/destruyendo lo que puede quitar la máscara a su debilidad. En su impotencia manipulan, ejercen la violencia, presionan, mienten, estafan , engañan , gritan, predican, repiten lemas, pelean sucio, lastiman, en su impotencia masacran en vez de romper con su adoración a ídolos y servilismo a sus “cosas”.

    Puede que te parezca que estoy hablando de cosas lejanas, o sin sentido; quizás me estoy refiriendo a antiguos primitivos, a gente burda. Pero esto nos pasa a nosotros, en mayor o menor medida.
    No te diré qué haces tú, cuál es tu “cosa”, cuáles tus debilidades que escondes detrás del ídolo “cosa”, porque eres tú el que debe hacer el recorrido de la libertad personal, quien debe reconocer su impotencia, admitir su falta de control en esto y aquello, denunciar a su ídolo, despojarlo del poder que se le ha otorgado. Hay gente que puede hacerlo, otros que aún no. Es necesario trabajar en uno mismo, ir conociendo las propias debilidades, admitiendo los propios errores, dejar de pretender manipular, fluir sin querer controlar todo, cuestionar con respeto. Es un trabajo necesario y difícil. Pero es la libertad.
    Ah, pero el miedo… mejor volver a la esclavitud, encerrarse en la celdita, adorar a la “cosa” y quemar a los herejes que levantan una vocecita de saludable crítica.
    El enemigo está dentro, hay que conocerlo para dejar de abrazarlo. Mejor es abrazar la vida, construir shalom, aunque eso no parezca provechoso, ni algo sagrado, ni esté lleno de costumbres y rituales. No precisamos de la “cosa”.

  • Sobre el juzgar

    El juicio, el juzgar, es una parte esencial de la personalidad humana.
    Sin juicio estamos sometidos a las pasiones, a los preconceptos, a las emociones, a las creencias absurdas.
    El juicio es indispensable, es una cualidad muy humana.
    El juzgar no tiene nada de vicioso, pecaminoso, engañoso, malicioso, siempre y cuando sea hecho correctamente, con la finalidad de encontrar la verdad, para establecer la paz, para equilibrar lo que las acciones u omisiones han desequilibrado. La justicia, y por ende el juicio justo, es uno de los pilares del mundo.
    Así nos enseñan los Sabios de la Verdad, por ejemplo cuando expresan: “En virtud de tres principios el mundo perdura; por la justicia, por la verdad y por la paz.“ (Pirkei Avot 1:18).
    De hecho, es el propio Divino Autor quien manda a los hijos de Su nación: “Juzgarás a tu prójimo con justicia." (Vaikrá / Levítico 19:15; mitzvá 235 del sefer HaJinuj).
    Cada uno tiene el derecho y el deber de llevar una vida ajustada a juicio, ¿cómo? Juzgando al prójimo con justicia. Cooperando para que la sociedad sea justa. Aportando lo que sea necesario para que la justicia reine.
    No es rehuyendo el juicio, ni proclamando la falta de competencia para juzgar, o predicando que no se ha de juzgar al prójimo y a uno mismo.
    Pero dentro de los parámetros correctos, sin traspasar los límites.

    Una de las pautas para no caer en error del juicio injusto es: “trata de juzgar a toda persona meritoriamente” (Avot 1:6).
    Luego, como uno no debe erigirse en único juez, mucho menos si es parte del asunto, es que se debe recurrir a las instituciones sociales que funcionan en el establecimiento de la justicia.
    La facultad de juzgar en la sociedad recae sobre sus representantes escogidos para tal finalidad, los jueces. Éstos deben cumplir con varios requisitos que fueron estipulados en los códigos legales, para evitar corrupciones, injusticias, errores, etc. La base está en unos pocos versículos de la Torá: "Pondrás jueces y alguaciles para ti en todas las ciudades que el Eterno tu Elokim te da en tus tribus, para que juzguen al pueblo con justo juicio. No tuerzas el derecho; no hagas distinción de personas ni aceptes soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de los justos. Justicia, justicia perseguirás, para que vivas y poseas la tierra que el Eterno tu Elokim te da." (Devarim / Deuteronomio 16:18-20).
    Los jueces designados son representantes de la sociedad, dependen de ella para cumplir sus tareas. Por tanto, no hay justicia en una sociedad carente de personas justas.

    Pero, el prejuicio, el pre-juicio, el juicio que no se basa en fundamentos, que no busca la verdad, que etiqueta y degrada, que oculta la razón y la luz, que se usa como arma de dominación, no debe confundirse con el juicio justo, con el juzgar con prudencia y sabiduría.
    El prejuicio es la corrupción, el mal uso, el abuso del pilar de la justicia.

    Muchas veces hemos oído a personas confundidas, por lo general adherentes a diversas idolatrías, que tiene como lema “no juzgar”, “no juzgues si no quieres ser juzgado”, o “solo Dios juzga”; sí, muchas veces usan ese recurso cuando no pueden sostener y responder a la mínima visión crítica de sus doctrinas corruptas, de sus acciones extraviadas que se disfrazan de santidad. Entonces se hacen pasar por santos, por divinos mensajeros, por personas que no juzgan, para acto seguido lanzar una sarta de prejuicios, agresiones verbales, falsedades, y provocaciones prejuiciosas.

    Sabemos que todas las agresiones parten del mismo núcleo, del EGO que toma el control de la persona.
    Entonces, cuando desviamos nuestra capacidad de juzgar para convertirlo en un arma de agresión, en un método impuro de dominación, en un mecanismo de extorsión, estamos actuando bajo el manto oscuro del EGO y no a través del manto luminoso del AMOR.

    Suele ocurrir que los que prejuzgan se sienten juzgados, que son amenazados, presionados, tenidos bajo el ojo criticón y poco amable de un amo. También es probable que en su infancia hayan sido sometidos a juicios severos, a amargos castigos, a palabras injuriantes de parte de aquellos que debieran amarlos por encima de cualquier circunstancia.
    Puede ser que hayas sido invisible para tus padres, o que solo te vieran para criticarte o mandarte. A veces, absolutamente invisible.
    Como sea, no recibiste el AMOR que precisabas, mientras crecías crecía en ti el odio, el resentimiento, la violencia, la amargura, la necesidad de ser amado, la duda de no saber por qué no eras querido y cuidado, crecía en ti el EGO.

    ¿A quién lastimas cuando cargas con la mochila del rencor?
    ¿A quién dañas cuando sigues con el resentimiento?
    ¿A quién enfermas cuando te la pasas juzgando sin encontrar méritos favorables?
    ¿Con quién estás enojado cuando te enojas?

    Esperar a que el otro sea perfecto para respetarlo, que sea como queremos para amarlo, que nos brinde lo que queremos para aprobarlo, es propio de la infantilidad del EGO. Es otra forma de rechazar la vida y abrazar la muerte. Es otra manera de ser infeliz, cargado con oscuridad, encerrado en tu celdita mental.

    Recuerda que tú, al igual que el otro, en el interior llevas/eres una luz pura, una esencia divina, un espíritu intachable. El Yo Esencial de cada uno es bello, bueno, noble, amable, digno. El tuyo y el del prójimo. Solo que nos revestimos con disfraces, con antifaces, con caricaturas del Yo Vivido. Eso nos hace actuar con malicia, con pobreza moral, con resentimiento, con rencor, con falta de solidaridad, con EGO.
    Si dejamos de lado el juicio inútil, la excusa para el odio y el alejamiento, entonces podremos llevar una mejor vida.
    Perdonar, sin dejar de lado el recurso de la justicia institucional.
    Pedir perdón, como parte de un proceso de auténtico arrepentimiento.
    Dejar fluir lo que no es posible, ni dable, controlar.
    Dar menos importancia al EGO para que reine el AMOR.

    Suena muy ilusorio, muy romántico y poco práctico y practicable en el mundo.
    Pero es posible, de a poco, paso a paso. Ir soltando el dolor, juzgar  menos y comprender más, perdonar más sin por ello obstaculizar el trabajo de la justicia, reclamar menos, criticar amargamente menos, apreciar más lo bueno (oculto o manifiesto).

  • Bereshit–Génesis 5773

    Es sabido que el relato de Bereshit presenta dos crónicas diferentes al respecto de la creación del ser humano. El primero en el primer capítulo, el segundo en el segundo. Presentan notorias disparidades, absolutamente evidentes y en modo alguno silenciadas u oscurecidas. A la vista están. Han sido comentadas y analizadas a lo largo de las generaciones.
    Ahora te presento unas pocas de ellas, no todas ni de modo exhaustivo, solo un puñado, simplemente como aperitivo, como una invitación para despertarte el deseo de conocer y que tomes el sagrado texto y busques tú más. Para eso están nuestros libros, para conocerlos, aventurarse en ellos, interrogarlos, obtener claridad a través de sus mensajes, quedarse con dudas que no encuentran respuesta, seguir estudiando, mantener la llama encendida a través de la conexión, etc.

    Tema

    Capítulo 1

    Capítulo 2

    Origen Dios dice y Adam es creado Dios hace una figura de arcilla y le infunde la energía de vida a través sus narices
    Género Adam es creado macho y hembra, se los nombra en plural y singular, pues es como un siamés, una persona que son dos personas Adam es varón
    Relación con Dios El Eterno bendice a Adam para que se multiplique, se reproduzca, colme la tierra y la conquiste El Eterno pone al hombre en el huerto del Edén para que lo trabaje y cuide, le permite alimentarse de todo árbol que guste, menos del árbol del conocimiento, del bien y del mal
    Ecosistema La creación va desarrollándose, evolucionando, hasta llegar al Hombre El hombre es puesto en el huerto del Edén y luego brotan
    Relación humana Varón y mujer son una unidad desde el comienzo El varón está solo y busca compañía entre los animales sin hallarla, hasta que Dios le presenta a la mujer, con la cual finalmente se une y empareja
    Nombre de Dios usado Elohim Hashem Elohim

    Aquellos que no aceptan la autoría única y divina del texto sagrado reconocen en estas discrepancias una evidencia de tradiciones provistas por distintas fuentes, que fueron plasmadas con sus divergencias y contradicciones a la hora de concretar el texto de la Torá. Entonces hablan acerca de la línea “elohista”, que es diferente a la “yahvista”; de las variaciones motivadas por la política del momento o las influencias del folclore dominante en la región, u otros factores. Cosas muy interesantes, por cierto, pero en nada acordes a la Tradición y el sentido habitual que se les ha dado durante milenios a los relatos de la Torá.
    Para los que no cuentan con herramientas intelectuales apropiadas ni el conocimiento necesario, estas especulaciones sesudas pudieran parecer verdades catastróficas, que borran de un saque la santidad de la Torá. Por ello muchos se embelesan con estas novedades y pierden la ruta trazada por el judaísmo., pero los adherentes a la divinidad de la Torá encuentran que no es necesario elaborar complejas teorías sobre muchos autores y numerosas fuentes para clarificar la doble exposición acerca del origen del Hombre. El judaísmo tiene varias respuestas apropiadas e idóneas, que brindan claridad al texto, y permiten ver que donde otros ven cuentitos mitológicos, realmente se encuentran enseñanzas sumamente profundas e intensas. Instrucciones para la vida cotidiana, para hacernos mejores personas, no meros malabarismos académicos de salón.

    Te presentaré brevemente ahora dos de las maneras de comprender el valor e importancia de estos dos relatos, en apariencia, diferentes del origen del Hombre.
    El Rav Josef Soloveitchik ztz»l, en su “La Soledad del Hombre Creyente”, armoniza la narrativa duplicada y divergente equiparándola a la identidad duplicada y divergente del ser humano. Somos al mismos tiempo espirituales y materiales; conectados al infinito, pero restringidos a un determinado espacio y tiempo; capaces de las mayores hazañas y novedades, como también de las ruindades y catástrofes; somos seres creados a imagen y semejanza del Eterno, pero moldeados con barro y perecederos. Sí, somos seres complejos, multidimensionales, uno pero múltiples. Tal como el relato de Bereshit nos representa. En el primer capítulo como obras celestiales, príncipes del Reino; en el segundo como insertos en el mundo, marcados por las vicisitudes de la existencia, por las necesidades.
    Otro sabio actual de poderosa impronta, el Rav Mordechai Breuer ztz”l, también nos muestra con múltiple facetas, no meramente sometidos a instintos, o a influjo del entorno, o a lo genético, o a mandatos sociales, o a una ética espiritual innata, sino como una combinación de todos estos factores y muchos más. Somos uno pero muchos, además de diferentes individuos pero siendo partes de una unidad sistémica y metafísica.
    En esta complejidad, atribuye la descripción del primer capítulo al nacimiento de la especia humana como tal y no de algún individuo en particular. No era Adam macho y hembra, sino que la especie humana sexuada fue creada. El Eterno no bendice a un hombre para que se reproduzca y conquiste la tierra, sino que brinda ese poder a la especie humana. En tanto que el segundo capítulo aterriza la reseña sobre el hombre en particular, Adam el primero de nuestra especie.
    Como notamos, evidentemente hay maneras de explicar satisfactoriamente la aparente dualidad de criterios o de historias narradas en la creación del Hombre.
    Proponemos una más. La primera aparición en la Torá es la que toma al hombre de manera natural, por lo que es, tal cual es, en su plenitud. La segunda es la que expresa el esfuerzo por superar sus limitaciones, por aprovechar sus potenciales. En el primer capítulo el hombre ya está completo, es como un ideal en un mundo controlado por la Voluntad de Dios; en tanto que en el segundo tiene que desarrollarse, cambiar, probar, equivocarse, corregirse, asumir compromisos, trabajar para perfeccionar, ser atento con el medio y mejorarlo, dialogar, negociar, fracasar, ser victorioso, en resumen, ser una persona real en un mundo real. No son dos relatos diferentes, son el mismo para un hombre que es complejo.

    Un pequeño y conocido relato para concluir.

    En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán, dueño de una inmensa fortuna.
    El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso. Una noche soñó que había perdido todos los dientes. Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño.
    – ¡Qué desgracia mi Señor! – exclamó el sabio – Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
    – ¡Qué insolencia! – gritó el Sultán enfurecido – ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
    Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro de mal agüero. Más tarde, ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
    – ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida y sobrevivirá a todos sus parientes.
    Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado:
    – ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que la del primer sabio. No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes, mientras que a vos os premia con cien monedas de oro.
    – Recuerda bien amigo mío –respondió el segundo sabio– que todo depende de la forma en que se dicen las cosas… La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado…
    – No olvides mi querido amigo –continuó el sabio– que puedes comunicar una misma verdad de dos formas: la pesimista que sólo recalcará el lado negativo de esa verdad; o la optimista, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a la misma verdad».
    Dice el libro de los Mishlei/Proverbios (cap. 18) del sabio rey Shlomó/Salomón: «Las palabras del hombre son aguas profundas, río que corre, pozo de sabiduría… Con sus labios, el necio se mete en líos; con sus palabras precipitadas se busca buenos azotes… Cada uno comerá hasta el cansancio del fruto de sus palabras. La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias«.

    Uno de los grandes desafíos de cada hombre y de toda la humanidad es aprender a comunicarse auténticamente.

  • Poder religioso

    Se ha enseñado en más de una ocasión que una vida adquiere significado de acuerdo al esfuerzo que se realiza por alcanzar una meta valiosa.
    No en alcanzar la meta, sino en el esfuerzo por andar o hacer el camino hasta ella.

    Sucede que el día que llegas, pierdes el interés.
    Se acaba el esfuerzo y ya no hay esa pujanza, esa ansia.
    Como si nada ya tuviera sentido.
    Como si la meta no fuera la que satisface, sino el caminar hacia ella.

    Luego quedara el dulzón sabor del recuerdo, de lo hecho y ya no.
    El beneficio de lo que actualmente se tiene.
    Pero falta ese ingrediente especial, el esfuerzo.

    Por supuesto que a  cada cima le puede suceder otra, más alta, más difícil, más comprometida. No es necesario caer en valles de oscuridad y olvido, sino mantenerse en la meseta un rato y luego seguir escalando hacia otras metas.
    ¿Cuál es el límite?
    ¿Dónde está la línea que establece lo sano de lo que no lo es?

    El esfuerzo es necesario, el camino es maravilloso, pero también tomarse el tiempo para meditar, observar sin presión, evaluar, hacer modificaciones necesarias, tener el momento consagrado para dejar de creerse el centro del cosmos y que si uno se detiene todo se termina.
    Oh sí, el esfuerzo dentro de un sistema saludable, tal es lo bueno.

    En lo “religioso” se nota este fenómeno del esfuerzo también, llevado al extremo nocivo.
    Antes de continuar, recordemos que la religión es el disfraz para ocultar lo espiritual. La religión es un invento de hombres, usado por hombres, para dominar a hombres.
    Lo espiritual es totalmente otra cosa.
    Religión es un concepto arbitrario y relativo; espiritual es eterno como Su Creador.
    A veces, por ignorancia o costumbre del hablar, decimos que el judaísmo o el noajismo son religión, cuando ciertamente NO lo son. Pueden compartir algunos pequeños rasgos con religiones, a ojos inexpertos pueden ser religiones, pero judaísmo y noajismo son formas de vida que apelan a la espiritualidad, en tanto que la religión es cárcel que manipula para conquistar y dominar.
    (Por supuesto hay mucha gente que vive el judaísmo y el noajismo como religiones, dejan de lado lo espiritual para concentrarse en lo ritual desprovisto de sentido espiritual, en las instituciones fabricadas para el dominio. Sí, esas personas son realmente “religiosas”, aunque profesen cosas surgidas o emparentadas con el judaísmo o el noajismo).

    Una congregación religiosa florece cuando encuentra algo/alguien contra lo qué luchar.
    Un enemigo externo o interno.
    Un ser demoníaco u otra secta.
    El “traidor” que hasta ayer era el “hermano”, pero luego tuvo la “desfachatez” de preguntar, cuestionar, indagar más allá de los libritos sagrados y autorizados, negarse a servir como títere y payaso de un pastor vividor.
    La ciencia o el que trae un mensaje diferente, que puede alentar el despertar de la conciencia espiritual y quebrar el yugo de la religión sobre sus esclavos.
    Tales o cuales actos que son considerados pecados y nefastos (por esa religión y no por el Creador), que deben ser desterrados, al igual que aquellos que los cometen.
    Lo que queda por fuera de imposiciones cada vez duras y extrañas, porque cada día más y más pesadas cargas se añaden, junto a rituales nuevos que se presentan como sagrados y de antigua data. Lo que obliga a redoblar el esfuerzo, para cumplir esto nuevo, para no ser detectado como “pecador”, para estar alerta a las novedosas advocaciones al ritual. No sea cosa que si uno se deja estar un ratito se convierta en el enemigo de la congregación.
    El que no se congrega tanto y con tanta pasión como el líder de la comunidad demanda.
    El que está “frío”. El “infiel”. El de fuera.
    No importa, lo que sea, todo vale en tanto se someta a la congregación al estrés, al esfuerzo, a la presión, a la obligación, a la necesidad de estar en lucha, en “guerra espiritual”, en constante movimiento para alcanzar la ilusoria meta que promete la religión como deseable.
    Y esto ocurre en congregaciones judías de toda cepa (particularmente en las que se han dado en llamar ultra-ortodoxas), en incipientes comunidades noájicas (que siguen un modelo parroquial o de rasgos misioneros), y por supuesto en la variadísima gama de las religiones del mundo, y con especial énfasis en la de los cristianos que se hacen pasar por judíos (mesiánicos, netzaritas, ebionitas, efraimitas y todos los otros inventos que van haciendo a diario). Cada una con sus peculiaridades, con sus símbolos, con sus modos, pero en el fondo el mismo recurso del ejercicio del autoritarismo, del exceso, de la falta de apego a lo espiritual, de la exigencia, en una palabra… del EGO.

    Esto podría parecer suficiente para declarar la insania de tales congregaciones y que de inmediato fueran abandonadas.
    Sin embargo, resulta paradójico pero es lo que les dota de poder para manipular, conquistar y dominar. No es el poder real, aquel que se genera en la bondad y la justicia, no es el poder del altruismo, no es el poder de la espiritualidad. Sin embargo es el poder que permite obtener dividendos materiales, llenar catedrales, organizar mega eventos, hacerse oír por todos lados. La habilidad del EGO para hacer de la impotencia una forma enferma del poder. El poder del grito, de la violencia, de la manipulación emocional. De las demandas irracionales, de la presión social, del abuso, del crimen, de todo lo que vivimos lamentando pero en cierta forma somos cómplices.

    Muchos se han quejado al conocer el noajismo de que es “poco”, o “muy simple”. Que les falta sentir aquello que sentían en sus iglesias, en sus religiones. Quieren imágenes que impongan temor, quieren sentir miedo, quieren sentir incertidumbre, se quieren sentir pecadores, quieren que desde el púlpito les maltraten, quieren que les esquilmen y les saquen el dinero, quieren alimentar a gordos pastores mientras ellos viven en la miseria y el hambre. Quieren más mandamientos, quieren parecer judíos con sus innumerables preceptos y reglas para cumplir. Quieren someterse a más y más sacrificios y esfuerzos. Quieren que les hagan sentir culpables, quieren que les manipulen abiertamente o en secreto pero al mismo tiempo quieren que les mientan con esperanzas de salvación, de amor incondicional, de dioses que son capaces de dar la vida por ellos, de paraísos perdidos, de identidades superiores.

    No se conforman con el sano y santo pan espiritual del noajismo, no les agrada el camino que el propio Eterno ha diseñado con Amor y Sabiduría.
    Les parece poco, superfluo, demasiado mundano, poco esforzado, sin rituales, sin exigencias alocadas, sin dogmas entreverados, sin malabarismos para tapar mentiras. Quieren seguir viviendo bajo el EGO, en religión.

    Quieren llegar a la meta y no aprendieron a disfrutar del camino, porque el camino es lo único que realmente tienen…

  • El poder de la palabra

    Puede ser que algún día despiertes tu conciencia espiritual y reconozcas cómo has estado sometido a esclavitud del EGO.

    Hay gente que tiene un fugaz despertar, por uno o dos segundos un rayo de claridad atraviesa su mente y corazón, se ve por primera vez en el espejo, y al rato regresa a la celdita mental, pequeñita, oscura, maloliente, plagada de fantasmas y fantasías.

    Otros amenazan con despertar, dan todos los indicios externos, hacen todos los gestos y muecas, repiten las palabras que suenan a las dichas por alguien que ha adquirido conciencia, pero no es más que otro disfraz, otra impostura más del Yo Vivido que se hace pasar por el Yo Auténtico.

    Están los que ciertamente van despertando de a poco, en un proceso paulatino, como un lento amanecer que va corriendo los velos de la noche para dejar paso al esplendor perdurable de la iluminación. Hay momentos de confusión, de caos, de dudas, de retrocesos –aparentes-. Está con un pie aquí y el otro allí. Por ahí tropieza y se le viene de pronto la noche sin haber podido gozar del esplendor del mediodía, a pleno de su identidad espiritual. Por ahí logra despojarse de los harapos que le impiden consubstanciar su neshamá con su nefesh y su guf.

    Los hay que despiertan de un día para el otro, como por milagro, algo se quiebra, un suceso maravilloso rompe las cadenas, entonces se incorpora el esclavo y goza de su libertad. No precisa de atavíos ni ropajes ajenos, no anda husmeando lo que no le corresponde, es feliz con su porción y goza a pleno de lo permitido. Pero, por ser tan inesperado el evento, como sin preparación previa, están en riesgo de que de un instante al otro se nuble su cielo espléndido y la tormenta afee su virtud.

    Están los que se aferran como náufragos desesperados al maderito que les hace sentir a salvo, se quedan atrapados a su EGO, sin darse cuenta de que no existe tal catástrofe, que es todo delirio inventado por su temor, manipulado por su EGO.

    Todos cargamos con el EGO, con nuestras virtudes y defectos.

    Aquel que despierta se va dando cuenta, más pronto o más tarde, de los insultos, maldiciones, palabras soeces, términos denigrantes, quejas absurdas, ofensas ridículas, agresiones gratuitas, violencia, gritos, intentos de manipulación, echar culpas, lloriqueos, hacer sentir la impotencia a otro, pensamientos de adversidad expresados en alta voz, orgullo viciado de egocentrismo, falsa modestia, entre otras trampas del EGO  que verbalizaba/expresaba a diario, quizás con demasiada frecuencia.
    Como una armadura que parece proteger del peligro externo, pero que inmoviliza por dentro.
    Como una muralla en torno a la ciudad, que hace sentir seguridad, pero prohíbe la expansión positiva y la comunicación auténtica.
    El que grita, insulta, rebaja a alguno, comparte chismes innecesarios, emplea la palabra como un arma agresora, no es fuerte, sino todo lo contrario. Ciertamente que puede ser peligroso y dañino, pero no poderoso.

    Si tú estás despierto, o en proceso de despertar, o quieres hacerlo, o tal vez lo hiciste pero regresaste a la mazmorra, o te interesa esta propuesta, te propongo que lleves un pequeño estudio, de unos días, a lo sumo una semana, de las palabras, gestos, tonos de voz, que usas. Quizás te sorprendas al ver tu grado de esclavitud al EGO que expresas con lo que dices y lo que callas.
    Y si quieres cambiar, o aportar al cambio, o fortalecer tu cambio, entonces escucha lo que dices, mejor aún escucha lo que estás a punto de expresar. Y si por una de esas cosas vas a emitir algo propio del EGO, di otra cosa. Tal vez su contrario. O tal vez algo positivo, que te vivifique, que dé ánimos a tu prójimo, que dignifique en lugar de violente.
    Por supuesto que no habrás de faltar a la verdad, pero tampoco estás obligado a decir todo lo que se te ocurra y no sea de construcción de Shalom.
    Recuerda: Comunicación Auténtica.

    Si haces el análisis de tus expresiones y quieres compartirlo con nosotros, muchas gracias.
    Si haces algún cambio en tu expresividad y quieres contarnos, muchas gracias.

    Lo importante es que te sirva para llevar una vida mejor, de bendición y bendita.

  • Shabat y Sucot 5773

    A cada uno de los siete días de la festividad de Sucot le corresponde una pequeña lectura de la Torá en particular. 
    Fueron escogidas del capítulo 29 de Bemidbar/Números y describen las ofrendas diarias prescritas por el Eterno para consagrar esta festividad. 
    En Shabat, además se añade la porción en Shemot/Éxodo 33:12 a 34:26, en la que se tratan diversos temas, de los cuales se destaca la mención a las tres fiestas de la peregrinación (Shalosh Regalim: Pesaj, Shavuot y Sucot).

    Asomando entre la descripción de estas festividades encontramos el siguiente pasaje relativo al Shabat:

    "Seis días trabajarás, pero en el séptimo día te abstendrás (de labor). Aún en el tiempo de la siembra y de la siega te abstendrás (de labor)."
    (Shemot / Éxodo 34:21)

    ¿Para qué son mencionadas especialmente las tareas de siembra y siega?
    ¿No era suficiente con decir “seis días trabajarás y al séptimo no lo harás”? ¿Qué necesidad de especificar el no realizar labor de la siega y de la cosecha? ¿Acaso las tareas agrícolas no son también trabajo y/o labor creativa como las otras prohibidas de realizarse en el día de Shabat?
    ¿Hay algo en especial en estas actividades que precisan ser resaltadas por sobre el resto de las posibles?
    Como no hay casualidades ni palabras superfluas en la Torá, podemos captar que existen motivos de peso, enseñanzas valiosas que trataremos de descubrir ahora. Ésta es una de las virtudes de la Torá y del judaísmo, ambas nos impelen a estudiar, a analizar, a no tomar las cosas por fe y sin cuestionamientos, sino que nos invitan a que descubramos lo que está oculto en aquello que está a la vista.

    Explica el sabio Najmánides (RaMBaN) que siembra y siega son labores esenciales para la vida humana, sin ellas es impensable obtener organizadamente el sustento de la tierra, y sin embargo tampoco han de hacerse en Shabat. No valen las excusas y justificaciones del hombre cuando el mandato del Eterno es explícito y claro. Seis días son para trabajar, para hacer toda la obra que es necesaria, para conquistar, para crear, para modificar, para creernos tan poderosos como para ser los amos del mundo que habitamos; pero llegado el día séptimo, cuando es Shabat, el hombre (judío) debe reposar de todo intento por demostrar su dominio sobre la naturaleza. Debe aprender a convivir en armonía con el entorno, en contemplación y aprecio, en respeto y humildad, y no en actitud de posesión, de supuesta propiedad. Porque Dios es el Señor del Shabat, tal como es el Señor de todo el universo, y Él ha establecido que cesemos (los judíos) de laborar en ese día santo. Tengamos en cuenta que de las labores agrícolas el sembrar y cosechar son el principio y el fin, lo que da sentido primero y último a toda el duro trabajo en el campo. Pero tampoco esta importancia es excusa admisible para cancelar el Shabat. Que las nobles e importantes tareas se realicen antes o después, pero no en Shabat. Solamente el riesgo de vida es justificativo para quebrar este mandato, asegura la ley judía.

    Aprendemos así que el hombre tiene permiso para tomarse con calma el tiempo de relax del Shabat. Que el hombre abandone la pretensión de dominar, de obligarse a estar a cargo de todo, que cese su ilusión de poder total. Tal es uno de los motivos que sostiene esta idea de no laborar en Shabat. Podemos comprender que no tiene porque controlar todo, estar atento a todo, pretender manejar todo. Cuando aprende a controlar solamente aquello que puede controlar, a hacer lo que está en su capacidad y posibilidad hacer, es que está en real posesión de dominio y fortaleza. Pero muchas veces el hombre se pone en situaciones extremas, se agita, se angustia, se desespera por ejercer el control allí en donde no lo tiene, y por ello fracasa, y se duele y se esfuerza inútilmente aún más.
    El comprender nuestro lugar, nuestro real poder y nuestros límites, es importante para mantener un estado de salud integral, de bienestar. Es una enseñanza que emana directamente de las prohibiciones de ejercer actos creativos, acciones de posesión artificial sobre la naturaleza, en el santo día del Shabat y en los iamim tovim (días sagrados). Cuando el hombre aprende que el mundo sigue girando aunque él no esté a cargo, que no tiene la obligación de estar pendiente de cada detalles y de todo al mismo tiempo, es que comienza a tomar conciencia de su verdadero poder, que es inmenso, pero limitado.

    Además, esta prohibición ordenada por el Eterno, sirve para incorporar la idea de que la obtención de trofeos y logros materiales no lo es todo, ya que por encima de esto se encuentra el valor espiritual de las cosas. Si para alcanzar el éxito se recurre a acciones negativas, a actos prohibidos por la ley, a cuestiones contrarias a la ética, de poco y nada vale el éxito, ya que es un trofeo falso, una apariencia de triunfo. En el judaísmo sabemos que el fin NO justifica los medios, y que NO vale todo para alcanzar las metas propias o grupales. Más bien, la meta es el camino que se va transitando, los pasos que se van dando, lo que contribuye a la construcción de un mundo de mayor bienestar compartido con el prójimo. Si llegamos a obtener la medalla de oro, qué bueno, si es merecida y ha sido con honor y salud. Pero si no la alcanzamos, pero hicimos nuestra tarea con dignidad y honestidad, dando lo mejor, igualmente hemos salido victoriosos. Quizás no en la evaluación materialista y parcial, pero sí en la perspectiva espiritual.

    Estas sencillas ideas que surgen de la interpretación de este versículo sin dudas ponen de manifiesto la frecuente enseñanza de la Sucá: “Las endebles chozas, de precaria construcción, jamás hubieran proporcionado protección el desierto salvaje, a menos de que los judíos contaran con el brazo protector del Eterno” (Sefer HaJinuj 286; TB Sucá 11b).
    Siendo así, hasta la más humilde Sucá vale más que la más impresionante mansión.

    ¿Comprendes como esta frase acerca de la Sucá se vincula con la enseñanza que mencionamos del Shabat?
    ¿Puedes dar ejemplos en tu vida cotidiana de cómo a veces quieres controlar lo que está fuera de tu alcance?
    ¿Cuál suponías que era el motivo por el cual Dios prohibió realizar labores creativas en Shabat?

    Quiera el Eterno que sepamos tomarnos el tiempo para la contemplación, para así hacer posible el tiempo de la construcción de un mundo de mayor bienestar para todos.

    Shabat Shalom y Jag Sameaj.

    Moré Yehuda Ribco

  • La espiritualidad diaria

    Leo en la publicación “Kesher” de este mes (pag. 19) el siguiente pasaje del rabino Naftali Silberberg, quien integra el equipo editorial de chabad.org:

    “Dios está más interesado en nuestros rutinarios días de trabajo que en nuestras piruetas extra-curriculares de los días festivos.
    Podemos ser la imagen misma de la devoción cuando vestimos un ‘kittel’ (túnica larga de color blanco) y, meciéndonos mientras pronunciamos las oraciones en los Iamim Noraim o, desafiando a los elementos, comemos en la sucá o bailamos en estado de éxtasis durante Simjat Torá; pero, ¿es esto tu verdadero yo?
    Es nuestra rutina diaria la que realmente refleja quienes somos, no nuestros aislados arrebatos de devoción durante los días festivos.”

    Quise compartirlo contigo, porque refleja con sencilla claridad nuestra postura constante en lo que refiere a espiritualidad, tanto la judía como la noájica.
    ¿Quisieras tú darnos a saber tu comentario al respecto?

  • El sentido de la vida

    A los cuarenta días de la fecundación el Eterno impregna la “neshamá” (espíritu) en el feto humano.
    Ese es el Yo Esencial de cada uno, nuestro núcleo constante, intransferible, auténtico, inmutable, que es propiamente “YO”.
    Es nuestro YO real, aquí y en la eternidad, puesto que no proviene de nuestros padres, no se obtiene por transferencias de otras fuentes, no se forma a partir de elementos provistos de fuera, sino que es lo que directamente el Eterno ha decretado que sea nuestra esencia personal.
    Como el profeta Ieshaiá anuncia en nombre del Eterno: ki-ruach milfanay ya’atof uneshamot ani asiti” – "el alma delante de mí lo envuelve (al cuerpo), y los espíritus (de los hombres) Yo los he creado" (Ieshaiá / Isaías 57:16).

    La neshamá es nuestra persona eterna, es nuestra identidad sagrada.
    Ese espíritu encarna para darnos la maravillosa oportunidad de experimentar de todo aquello que es lícito gozar en este mundo y que podemos obtener durante el transcurso de nuestra existencia terrena. A través de nuestro cuerpo, de nuestros sentidos, de nuestras vivencias obtenemos disfrute, gozo, experiencias, un tipo de conocimiento que solamente es posibles de alcanzar encarnados y en relación ecosistémica, puesto que el espíritu en su naturaleza no es pasible de modificaciones ni de sensaciones.
    Es decir, estando encarnados es como podemos dotar al espíritu de una mayor perfección, aquella que solamente le llega por intermedio de su encarnación en este Yo Vivido que estamos siendo en el mundo.
    El conocimiento que proviene de la experiencia permite a la neshamá saber lo que siendo solo espíritu le es imposible saber.

    Esto que te explico ahora es de fundamental importancia, puesto que nos permite ver la vida desde la óptica correcta, la espiritual, la celestial.
    Vinimos al mundo a aprender de aquello que nos ocurre, a disfrutar, a sentir placer, a pasarla bien, a obtener el beneficio de cada momento y de todo aquello que es permitido para nosotros.
    No estamos aquí para atormentarnos, ni para pagar deudas pendientes, ni para divertir a algunos dioses aburridos, ni para encarcelar al espíritu en un espantoso cuerpo. Tampoco estamos aquí por accidente, producto de algún virtuoso azar que nos coloca en la vida de manera aleatoria y sin sentido último.
    Por el contrario, el mundo ha sido creado por Bondad y Amor, para que lo usemos en nuestro provecho, sin abusar de él. Estamos para comer de cada fruto permitido, en tanto nos abstenemos de lo que nos ha sido prohibido. Incluso el hecho de tener límites y esforzarnos por mantenerlos y no traspasarlos es parte de la educación de la neshamá, para que en la eternidad también experimente el gozo del resultado del propio esfuerzo, de comer de la cosecha de lo que uno mismo ha sembrado.

    Vinimos al mundo por Amor, para disfrutar, para aprender, para que nuestra neshamá se lleve un tesoro de experiencias sensoriales, de construcción de sentido, de obtención de logros positivos, que en su existencia etérea no puede obtener.

    Seguramente que muy raramente pensamos en ello.
    En parte porque no nos educan con esta enseñanza profunda y verdadera, sino que nos introducen en ideologías y creencias oscuras, nefastas, de dolor, de incertidumbre, de fanatismo, de amenazas, de manipulación de EGO.
    En parte porque las cuestiones diarias nos sumergen en cuestiones del momento, que se hace necesario resolver ya, y que parece necesario que así sea, pero al mismo tiempo nos alejan de preguntas estremecedoras, de pensamientos que se introduzcan un poco más allá de lo obvio, urgente o mandatado por otros.

    Asumimos que somos la máscara o máscaras que estamos siendo.
    Asumimos que somos el nombre que nos dieron, el título o ocupación que desarrollamos, los lazos que formamos o nos encomendaron, los roles que acordamos cumplir (hijo, hermano, padre, esposo, amante, amigo, jefe, empleado, rebelde, santo, crápula, curioso, inteligente, el mejor, el peor, el loco, troll, etc.), asumimos cosas y las hacemos sin cuestionarnos mucho. Y cuando cuestionamos, rápidamente nos dejamos convencer por fanatismos, creencias, religiones, dogmas, cientificismos, negociantes de la fe, el EGO.
    Nos aferramos a las máscaras del Yo Vivido, nos olvidamos de nuestro Yo Auténtico, nos hundimos en lemas y frases repetidas, en mandatos que son de otros, en actuar el papel del personaje que hemos tomado en el gran teatro de la vida. Queremos cosas y nos desesperamos por ellas. Hacemos del tener EL objetivo de la vida, y del no tener la miseria más grande. Pretendemos que el último celular nos dará la felicidad, la tablet más rápida nos dará el acceso al conocimiento, el auto más lujoso el placer, el sexo desenfrenado la placidez, el viaje lejano la aventura deslumbrante, el campeonato de fútbol, la camiseta del jugador goleador, el juguete más llamativo, el cuerpo más esbelto, la dieta para rebajar de peso menos calórica… tener, tener, trofeos, fama, títulos, dinero, posesiones, objetos, amigos en Facebook, seguidores en Twitter, tener, tener, no importa realmente qué mientras sea más, mejor que otros, que me haga creer que tengo y tengo poder… eso parece ser el objetivo de la vida…
    Y damos excusas cuando aparece la duda por lo que estamos olvidando, nuestro Yo Auténtico. Queremos escapar de nuestra realidad, de nuestra miseria, de nuestra vida malgasta en falsedades.
    Pareciera como si tantas justificaciones y mentiras al solitario vinieran a alivianarnos la carga, ¿para qué esforzarnos en descubrir nuestra verdadera identidad? ¿Para qué el estrés de tratar de adivinar qué quiere nuestra neshamá? ¿Para qué el trabajo de hacer lo correcto, de apartarnos de lo prohibido, si es más sencillo ser una oveja más que sigue al pastor-lobo-loco?
    Dejamos al EGO tomar el control, porque es la fantasía de que estamos mejor así.
    Encerraditos en la celdita mental, ajenos a la vocecita que desde los profundo nos llama para llevar una vida mejor, así, en las penumbras de nuestra celdita es como pasamos los días, con la impotencia sofocándonos, pero creyéndonos todopoderoso (o absolutamente impedidos de cualquier cambio positivo).

    Es el EGO, con las máscaras y cáscaras producidas por el Yo Vivido.
    Recordemos que tanto el EGO como sus manifestaciones del Yo Vivido son amigos del Yo Auténtico, siempre y cuando estén en sintonía con él, que sirvan a sus propósitos, que cumplan el rol que les corresponde y no se conviertan en amos cuando su lugar es ser servidores.
    Porque, es cierto, queremos sobrevivir, y para ello está el EGO.
    Somos padre, amigo, esposo, empleado, estudiante, maestro, hijo, inteligente, torpe, y las mil facetas que componen nuestra vida diaria, somos todo ello pero ninguno de ello en exclusiva.
    Somos un mecanismo complejo, que cuando se reduce a una vida de fantasía, monolítica, concreta, estamos endurecidos por fuera y vacíos por dentro.
    Y eso nos hace sentir la impotencia, el sufrimiento, la angustia existencial.
    Por lo cual trataremos de demostrar que podemos, que somos, que valemos, que tenemos, que no sufrimos, que valemos, pero es todo juego de espejismos, puro EGO.
    Esto es el círculo vicioso del EGO.

    Sentirse impotente, creerse todopoderoso, hacer para demostrarlo, fracasar porque no eres todopoderoso, reforzar la sensación de impotencia, creerse todopoderoso, hacer para demostrarlo, fracasar, sufrir la verificación de la impotencia, creerse todopoderoso… y así una y otra vez.
    (Similar ciclo perverso es el que se creer absolutamente inútil, y no solamente se siente impotente sino que también se lo cree, entonces no hace o mal-hace, con eso demuestra que es un fracasado, lo que verifica su impotencia, lo que le refuerza su creencia de inutilidad, lo que…).
    EGO, puro EGO.

    Esas vivencias innobles no son las que debiera quedar en la memoria perpetua de la neshamá.
    No vinimos al mundo a sufrir, ni a arreglar entuertos de supuestas vidas previas, ni a pasarla mal, ni a ser fastidiados por una deidad aburrida, ni a prepararnos para el infierno… para nada de eso fuimos creados con Amor y Bondad por el Eterno.
    Vinimos a disfrutar de lo permitido, para que de eso modo el espíritu obtenga la experiencia de placer que solamente con experiencias de gozo terrenal puede conseguir.
    Entonces, cuando permitimos que sea el EGO el que está al control, no solamente arruinamos nuestra permanencia en este mundo sino que estamos llenado de recuerdos negativos la memoria espiritual.
    (Estos recuerdos negativos son los que efectivamente podrían considerarse “infierno”).

    El poder rectificador de la teshubá, el arrepentimiento sincero, es el que permite armonizar los planos del ser, encuadrar el Yo Vivido al ritmo del Yo Esencial, derrocar al EGO para someterlo.
    Porque la teshubá no es para el tiempo del error o pecado, sino para todo momento.
    ”Lashub”, el regreso, el retorno, la vuelta, el  volver a lo más sagrado y auténtico de cada uno, para perfeccionarnos, para disfrutar de la vida y gozar de los frutos en la eternidad.

    Pero no solo el retorno a lo individual, sino también a la unidad del ser.
    La unidad de los diversos planos propios, pero al mismo tiempo a la unidad primordial de todo lo creado.
    Retornar a la Fuente, unificarnos, dejar la separatividad para ser uno en el Uno.

    Así traemos el Cielo a la Tierra, elevamos la materia a la espiritualidad.
    Dejamos de lado los enconos, las fatigas, los quebrantos, el EGO para ser solidarios, altruistas, bondadosos, justos, nobles.
    Tal es el secreto de la felicidad, de la bendición, de la eternidad.

    Cuando Rosh Hashaná se acerca, cuando un nuevo aniversario del reconocimiento de Dios como Rey de reyes, podemos seguir en la senda de la ignorancia, penando en la oscuridad de la celdita mental, llenarnos de miedos y deseos vacíos. O podemos comenzar a vivir como Dios quiere de cada uno.

  • Tiempo de fe

    Pongamos nada en una habitación al vacío y démosle solamente mucho tiempo.
    Mantengamos el vacío como tal, que no entre nada de luz, ni cualquier otra onda electromagnética. Que no penetren esporas ni semillas, ni alguna bacteria o virus decida colonizar el lugar. Incluso hemos tomado el resguardo de quitar todo aire, todo gas para dejar el cuarto vacío perfectamente vacío, pero eso sí, démosle tiempo, mucho tiempo. Permitamos que pasen años, décadas, incluso siglos.
    De paso, también si queremos tengamos mucha fe en que algo crecerá con plena vida y sentido dentro de esa habitación perfectamente aislada de todo elemento externo, sellada a toda contaminación de afuera.
    Solo tiempo, mucho tiempo para que las cosas sucedan, y mucha fe, para que algún dios (o Dios) decida hacer algún milagro sorprendente allí.

    Si pasaron mil años, diez mil, un millón, seguramente que dentro del cuarto seguirá habiendo la misma nada que anteriormente.
    ¿Cómo lo sabemos?

    Bueno, en principio porque nuestros sentidos y razón así lo atestigua.
    Desde que el hombre es consciente, desde que la ciencia ha tomado el control sobre el pensamiento, hemos descubierto que no existe “generación espontánea”, nada nace del vacío, ni se producen “saltos cuánticos” que generen algo a partir de la nada.
    Sí, los antiguos filósofos a veces compartían la creencia con el pueblo y los brujos de que piojos, moscas, gusanos, ratas y otros bellos animalitos surgían de la nada, pero hace un tiempo bastante largo se demostró que no es así (aunque sigue habiendo gente aferrada a la ceguera que aún insisten en creer que es posible).

    Por otra parte, desde el lado de las Fuentes notamos que el Eterno no ha creado nada nuevo a partir de la nada sino solamente al comienzo de la Creación.
    Luego todo fue desarrollándose de lo que Él ya había creado.
    Sí, hay ciertos escasos hechos milagrosos narrados en el Tanaj que parecen contradecir las leyes de la física, de la conservación de la masa y energía por ejemplo, y sinceramente no lo sé explicar ni encuentro quien lo haga. Tampoco me perturba mucho ser ignorante al respecto.
    Lo cierto es que ni siquiera el Eterno hace que surja algo de la nada desde que creó el todo de la nada.

    Así pues, ni el infinito tiempo ni la infinita fe lograrán algo por sí mismos.
    ¿Qué se precisa para que en el cuarto vacío aparezca, por ejemplo, una plantita?

    Pues, veamos: una semilla o un retoño, tierra, bacterias (descomponedores que les dicen), gases (oxígeno, dióxido de carbono, nitrógeno, entre otros), materia que abone la tierra, agua, luz y sí también tiempo… y sí, también al Eterno que provea la “vida”.
    ¿Qué significa esto?

    Que ni el tiempo, por sí solo, ni la fe vacía de acción “mueven montañas” ni producen modificaciones en la realidad.

    Se escuchan comentarios constructivos.