Categoría: Patriarcas

  • Parashá Lej Lejá

    Parashá Lej Lejá

    ¡Shalom, queridos lectores!

    La Parashá Lej Lejá, cuyo nombre significa ‘Vete’, comienza con la llamada de Dios a Abram, un momento crucial en la historia del Tanaj y del mundo. Dios le ordena abandonar su tierra en la que tan cómodo estaba y dejar de lado todo lo que había conseguido en sus relaciones sociales, para emprender el viaje a una tierra que era añorada en su familia, la tierra del patriarca Eber (el padre de los hebreos). Este paraje, la sagrada tierra de Israel, es prometido por el Eterno a Abram para que sea de su familia por siempre.

    Abram sale convencido de su misión divinamente pautada, acompañado por su esposa Sarai y su sobrino Lot, quienes vienen acompañados por muchas personas que encontraban en Abram y Sarai sus maestros de vida. Finalizan su travesía, pero no sus aventuras, pues enfrentan desafíos como la hambruna que los lleva a Egipto. Allí, para proteger a Sarai de la codicia del Faraón, se presentan como hermano y hermana. El rey de Egipto rapta a Sarai, la quiere para su harén. Sin embargo, una plaga enviada por Dios impide que el Faraón se acerque a Sarai, lo que lleva a su liberación y a que se le entregue una recompensa a Abram.

    La familia de vuelta en Canaán, no encuentro reposo, ya que, por causa de conflictos entre sus pastores, Lot se separa de Abram y se establece en Sodoma. Cuando esta ciudad es atacada por reyes poderosos venidos de lejos, Lot es secuestrado, junto a otros habitantes de la región. Al enterarse, Abram organiza una campaña militar para rescatar a su sobrino y a los otros secuestrados. Tras una exitosa batalla, es bendecido por Malki-Tzedek, rey de Salem (Jerusalén).

    Luego, Dios establece un pacto con Abram, el brit ben habetarim, prometiéndole una descendencia numerosa y la tierra de Israel como herencia eterna. Como parte de este pacto, Dios cambia el nombre de Abram a Abraham (‘padre de multitudes’) y el de Sarai a Sara (‘princesa’). A pesar de los años de espera, Abraham y Sara no tienen hijos. Siguiendo el consejo de Sara, Abraham tiene un hijo con su criada Hagar, llamado Ishmael. (Por ser un resumen, estoy omitiendo varias partes muy interesantes del texto, que invito a leer y profundizar).

    Finalmente, Dios promete a Abraham que tendrá un hijo con Sara, cuyo nombre será Itzjac. Este hijo será el heredero del pacto divino y el fundador del pueblo judío. Como señal de este pacto, Dios ordena a Abraham circuncidarse a sí mismo y a todos los varones de su casa.

    Reflexión

    La historia de Abraham en Lej Lejá resalta el poder de dejar atrás el pasado para avanzar hacia un futuro incierto pero prometedor. Dios le pide a Abraham salir de su zona de confort y lanzarse hacia lo desconocido. En nuestra vida cotidiana, empoderarnos emocionalmente implica a menudo soltar creencias limitantes o zonas de seguridad que nos impiden crecer. Al igual que Abraham, a veces necesitamos coraje y determinación para avanzar y crear una nueva vida que refleje nuestro verdadero potencial.

    El quedarnos encerrados en nuestra zona de confort puede resultar cómodo, asegurador, cálido, pero sencillamente, es una gran oportunidad para vivir limitando nuestro potencial. Si nos atrevemos a salir, aunque sea un solo paso, fuera de los límites conocidos; si tenemos el valor de arriesgarnos, aunque tengamos miedo de los resultados, probablemente descubramos que había un mundo más grande y más bello a nuestro alcance.

    Es muy fácil inventar justificaciones y excusas, es muy agradable acomodarnos en el «no puedo», «no es para mí», «no vale la pena», «mejor malo conocido que bueno por conocer», pero detrás de esto, se esconde el fracaso que se disfraza de «mejor poco que nada».

    Abraham fue invitado a quebrar sus limitaciones y atreverse a mirar que puede construirse como una nueva personalidad, a pesar de estar comenzado su carrera a los 75 años de edad. Es un mensaje necesario para que tengamos en cuenta.

    ¡Shabat Shalom!

    Comparte este mensaje con tus allegados y anímalos a reflexionar sobre estos importantes temas. Involúcrate en iniciativas que promuevan la construcción de Shalom.

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  • Tumbas de Yaacov y Yosef: Un Vínculo sagrado

    Una persona puso este comentario en uno de los videos de nuestro canal:

    No queda muy claro qué motivo a padre e hijo para no querer que sus cuerpos se quedaran en Egipto. Seguramente hoy en día sus cuerpos aún se mantendrían si no hubieran salido den Egipto

    Ante todo es importante recalcar lo valioso del diálogo respetuoso, como así también de no emitir opiniones ligeras, sin sentido ni valor.
    Porque, las opiniones valen tanto como el conocimiento que las forma, la integridad moral, el poderío emocional, etc.
    Si una opinión está sustentada en la ignorancia, en el prejuicio (otra forma indigna de la ignorancia), entonces… como que no tiene mucho sentido esa opinión.
    Por ello, vayamos a los hechos concretos y ciertos, no a las especulaciones que carecen de sustancia y trascendencia.

    Es importante aclarar que el motivo por el cual Yaacov y Yosef expresaron su deseo de no ser enterrados en Egipto no está relacionado con la posibilidad de que sus cuerpos se hubieran conservado hasta la actualidad si no hubieran salido de allí. En realidad, su deseo de ser enterrados en la Tierra Prometida estaba arraigado en su conexión con la promesa que Dios les había hecho a ellos y a sus antepasados.

    Según el relato bíblico, Yaacov y Yosef eran descendientes de Abraham, quien recibió la promesa de que su descendencia heredaría la tierra de Canaán (la Tierra Prometida). Esta promesa fue reiterada a Isaac y a Yaacov, y ellos transmitieron esta herencia y promesa a sus hijos. Por lo tanto, era de gran importancia para Yaacov y Yosef que sus cuerpos descansaran en la tierra que Dios había prometido a su familia.
    ¿Por qué habrían de estar en el extranjero, siendo que ellos eran parte de la promesa a ser cumplida?

    No en vano es la Tierra Prometida, es un derecho de la familia de Israel, al mismo tiempo que reiterada como un don divino.

    Además, es relevante mencionar que la salida de Egipto y la travesía hacia la Tierra Prometida fueron eventos significativos en la historia del pueblo de Israel. Estos eventos marcaron la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud y el inicio de su camino hacia la construcción de una nación en la tierra que Dios les había destinado. Por lo tanto, el deseo de Yaacov y Yosef de ser enterrados en la Tierra Prometida también simbolizaba su conexión con esta historia y su identidad como parte del pueblo elegido.
    Ellos no querían que su simiente tuviera un motivo de arraigo en Egipto a causa de sus tumbas allí.

    Por otra parte, tanto el padre como el hijo sabía de la propensión de los egipcios, de la humanidad en general, de hacer de judíos dioses.
    No está de más recordar que hay cerca de dos mil millones de personas que adoran actualmente a un judío (que no existió, pero el mito existe) como su dios, su redentor, su salvación personal eterna.
    Si vamos por el mundo, encontraremos más religiones, creencias e incluso corrientes científicas que tienen en su centro de adoración a algún judío, o alguna obra de un judío.

    Por tanto, Yaacov y Yosef, que abominaban la idolatría, no iban a dar pie a que sus cadáveres momificados se transformaran en becerros de oro para la humanidad.
    ¿No?

    Otro aspecto, muy interesante y que pone de relieve el poco sentido del comentario que estamos amablemente respondiendo.
    Es importante aclarar que, según la tradición bíblica y la historia judía, los cuerpos de Yaacov y Yosef sí están preservados y se conocen las ubicaciones de sus tumbas. Sus tumbas se encuentran en la actualidad en la región de Judea y Samaria (también conocida como Cisjordania, gente con muy mala leche hacen terrorismo verbal al llamarla «territorios palestinos»).

    La tumba de Yaacov, está en la conocida como la Cueva de los Patriarcas y Matriarcas, la mearat hamajpelá: G4F6+V7Q, ponga esa dirección en Google Maps.
    Es considerada un lugar sagrado tanto para judíos como para musulmanes, de hecho, la edificación encima se llama la Mezquita de Abraham. En el sitio se encuentra un edificio que alberga la tumba de Yaacov y también las tumbas de otros patriarcas y matriarcas bíblicos, como Abraham y Sara, a excepción de Rajel, de la cual también conocemos su lugar de supultura y puede ser visitada: P692+GR.

    La tumba de Yosef se encuentra en la ciudad de Shejem (mal llamada Nablus, en la actualidad), en el norte de Cisjordania. Es un lugar de gran importancia para el judaísmo y también es objeto de peregrinación y encuentro por muchos judíos: 677P+72F.

    Es importante destacar que el acceso a estas tumbas y las visitas a ellas han sido objeto de disputas políticas y tensiones en la región. En ocasiones, las condiciones políticas han dificultado el acceso y las visitas a estos sitios sagrados. Sin embargo, en períodos de relativa calma y acuerdo entre las partes involucradas, ha sido posible la visitación de estas tumbas por parte de creyentes y peregrinos.
    Es triste que el invasor árabe-musulmán que aún sigue enloquecido por el fanatismo, no respete ni a los vivos, como tampoco a los muertos. Usurpando lugares sagrados del judaísmo, haciendo apropiación territorial y cultural, provocando un genocidio, llevando a la destrucción al mundo.

    En resumen, las tumbas de Yaacov y Yosef están preservadas y se conocen sus ubicaciones, se pueden visitar si las condiciones lo permiten.
    Más allá de lo cual, ¿cuál sería el inimaginable interés que pudieran tener los personajes del Tanaj para que sus cuerpos estuvieran preservados casi cuatro mil años después de su vida en este mundo?
    Incomprensible…

    Un video profundizando este texto: https://youtu.be/Kcm4zp7ungs

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  • ¡Descubre el valor de la alianza entre Abraham y Abimelej, el rey de Gerar, en la parashá Vaierá y la lección que nos enseña!

    En la parashá Vaierá, encontramos un relato significativo sobre la alianza entre Abraham y Abimelej, el rey de Gerar. Esta historia nos enseña valiosas lecciones sobre la confianza, la cooperación y la importancia de la honestidad en las relaciones interpersonales.

    Abraham y Sara llegan a Gerar, y Abraham teme que Abimelej tome a Sara como su esposa debido a la belleza de ella. Para evitar cualquier conflicto, Abraham le dice a Abimelej que Sara es su hermana, ocultando el hecho de que ella es en realidad su esposa. Sin embargo, Dios interviene y advierte a Abimelej en un sueño, revelándole la verdad.

    La reacción de Abimelej es ejemplar. En lugar de tomar represalias contra Abraham por su engaño, Abimelej muestra una actitud de respeto y honor hacia él. Llama a Abraham y le hace preguntas sobre su conducta, y Abraham confiesa su engaño. A través de esta conversación, se establece una alianza entre ellos, basada en la confianza mutua y el respeto.

    Esta historia nos enseña la importancia de la honestidad y la transparencia en nuestras relaciones. Aunque Abraham intentó ocultar la verdad, la honestidad prevaleció cuando confesó su engaño. La reacción de Abimelej demuestra la importancia de abordar los conflictos y las dificultades con una actitud de apertura y sinceridad.

    Además, la alianza entre Abraham y Abimelej destaca la importancia de la cooperación y la resolución pacífica de los conflictos. A pesar del engaño inicial, ambos líderes reconocieron la necesidad de trabajar juntos y construir una relación basada en la confianza y el respeto mutuo. Esta cooperación fue beneficiosa para ambas partes y sentó las bases para una convivencia pacífica entre ellos.

    La historia también nos enseña que la confianza en la guía divina puede conducir a resultados positivos en nuestras relaciones. Dios intervino para revelar la verdad a Abimelej y evitar cualquier daño mayor. Nos recuerda que debemos confiar en la sabiduría divina y buscar soluciones pacíficas en nuestras relaciones, sabiendo que Dios está presente y puede guiar nuestros pasos hacia la reconciliación y la armonía.

    En resumen, la alianza entre Abraham y Abimelej nos recuerda que la guía divina puede conducirnos hacia relaciones enriquecedoras y armoniosas.

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  • ¡Descubre el valor de la negociación de Abraham con Dios en la parashá Vaierá!

    En la parashá Vaierá, encontramos un relato fascinante sobre la negociación de Abraham con Dios para salvar a las ciudades perversas de Sodoma y Gomorra. Esta historia nos enseña lecciones poderosas sobre la justicia divina, la misericordia y la importancia de la defensa de los valores éticos.

    Abraham, siendo el paradigma del JESED, sin embargo, ocupa un papel de defensor de la justicia, intercede ante Dios para buscar la misericordia y la salvación de las ciudades. Comienza un diálogo valiente y audaz con Dios, expresando su preocupación por el destino de los justos que podrían encontrarse en esas ciudades. Abraham demuestra su compromiso con la justicia y su profunda compasión por la humanidad.

    La negociación de Abraham con Dios nos muestra que incluso en momentos en que la maldad parece dominar, podemos alzar nuestra voz y buscar el bien. Nos enseña que no debemos quedarnos en silencio ante la injusticia, sino que debemos luchar por lo correcto y defender los valores éticos.

    Además, la negociación de Abraham con Dios revela la disposición de Dios a escuchar y considerar el ruego de los justos. A medida que Abraham propone números cada vez más bajos de personas justas para salvar las ciudades, Dios accede a su petición y muestra su misericordia. Esta enseñanza nos muestra que nuestras acciones y oraciones pueden tener un impacto significativo en el mundo y que Dios valora nuestra participación activa en la construcción de un mundo mejor.

    La negociación de Abraham también nos recuerda la importancia de la empatía y el cuidado por los demás. Su preocupación por los justos en Sodoma y Gomorra nos enseña que debemos ser sensibles a las luchas y sufrimientos de quienes nos rodean. Nos insta a actuar con compasión y a buscar justicia incluso en situaciones difíciles. La justicia se establece al dar a cada uno lo que le corresponde, según sus acciones. No podemos perdonar al malvado que se empecina en su camino, ni quitar el castigo a aquel que no ha pagado por su mal proceder. Debemos actuar con justicia para que impere realmente la bondad.

    En resumen, la negociación de Abraham con Dios en la parashá Vaierá nos enseña sobre la importancia de la justicia, la misericordia y la defensa de los valores éticos. Nos inspira a alzar nuestra voz ante la injusticia, a buscar la misericordia y a luchar por un mundo mejor. Nos recuerda que nuestras acciones y oraciones pueden influir en el curso de los acontecimientos y que debemos actuar con compasión y empatía hacia los demás.

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  • ¡Descubre el valor de la visita de los ángeles a Abraham en la parasha Vaiera!

    En la parashá Vaierá, encontramos un fascinante relato sobre la visita de tres ángeles a Abraham. Estos ángeles, parecían hombres, y de humilde condición social, además, con todo el aspecto de adorar idolatría. Quizás eran realmente seres humanos, pues sabemos que los ángeles no tienen necesariamente que ser extraterrestres, sobrenaturales, fuerzas místicas o cosas por el estilo, sino que también las personas pueden actuar como emisarios del Eterno.
    Aunque, atendiendo a las enseñanzas de los Sabios, en este caso parece ser que verdaderamente no eran criaturas terrestres, sino enviados celestales.
    Ellos llegan a la tienda de Abraham en el momento en que él se está recuperando de su circuncisión.

    La visita de los ángeles tiene un significado profundo y nos enseña valiosas lecciones sobre la hospitalidad, la emuná y la conexión con lo divino.

    En primer lugar, la hospitalidad de Abraham es ejemplar. A pesar de estar en proceso de recuperación tras su dolorosa circuncisión, tenía 99 años, y de no conocer a los visitantes, él los recibe con gran amor y generosidad. Abraham demuestra que la hospitalidad es una virtud fundamental en el judaísmo, y nos enseña la importancia de abrir nuestras puertas y corazones a los demás, incluso a aquellos que no conocemos.

    Además, la visita de los ángeles es una manifestación directa de la presencia divina. Abraham reconoce la importancia de su visita y muestra una actitud de reverencia y respeto hacia ellos. Nos enseña que al tratar a los demás con amor y cuidado, podemos encontrarnos con lo sagrado en cada encuentro humano. No se precisa revelaciones esotéricas ni campanitas mágicas resonando para descubrir la chispa divina en el prójimo, incluso si es un idólatra y no podemos esperar nada a cambio.

    La visita de los ángeles también es un momento de revelación y promesa divina. Durante la misma, Abraham y Sara reciben la noticia milagrosa de que tendrán un hijo a pesar de su avanzada edad. Esta promesa marca un punto de inflexión en la historia del pueblo judío, ya que es el comienzo de la línea de descendencia que llevará al nacimiento de Isaac y, finalmente, a la formación de la nación de Israel. Con ello, comienza a concretarse las promesas de Dios para con el patriarca, dando firmeza al origen sagrado del pueblo judío y su derecho incuestionable a vivir en la tierra otorgada por Dios a ellos.

    Además, la visita de los ángeles nos recuerda que, a veces, las bendiciones divinas pueden llegar en momentos inesperados y en formas que no imaginamos. Abraham y Sara habían perdido la esperanza de tener un hijo, pero la visita de los ángeles les trae una nueva perspectiva y la promesa de un futuro lleno de bendiciones.

    En resumen, la visita de los ángeles a Abraham en la parashá Vaierá nos enseña la importancia de la hospitalidad, la conexión con lo divino y la apertura a las bendiciones inesperadas. Nos invita a reflexionar sobre cómo podemos recibir a los demás con amor y generosidad, y cómo podemos estar abiertos a las manifestaciones de lo sagrado en nuestras vidas.

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  • La creación del patriarca Abraham

    Me complace compartir un breve mensaje de inspiración basado en la parashá Lej Leja.

    Esta parashá nos presenta el llamado de Dios a Abraham para que deje su tierra y se dirija hacia una tierra desconocida que Dios le mostrará. A través de este llamado, podemos extraer valiosas lecciones y reflexiones para nuestras vidas.

    1. La importancia de la confianza en Dios: Abraham demostró una gran confianza en Dios al obedecer su llamado y dejar todo lo familiar para embarcarse en un viaje incierto. Esta confianza nos enseña la importancia de confiar en Dios en nuestras propias vidas, incluso cuando enfrentamos situaciones desconocidas o desafiantes.

    2. El valor de la autenticidad: El mensaje de «Lej Leja» también nos invita a ser auténticos y a conectarnos con nuestro verdadero yo. Abraham tuvo que dejar atrás su tierra, su lugar donde estaba arraigado y la casa de su padre para encontrar su verdadera identidad y propósito. Del mismo modo, debemos buscar nuestro verdadero yo interior y vivir de acuerdo con nuestros valores y creencias más profundos, aquellos que son auténticos por provenir directamente de lo espiritual y no de la manipulación del EGO.

    3. El poder de la transformación personal: El viaje de Abraham hacia una tierra desconocida también representa un viaje de transformación personal. Al dejar atrás lo conocido, Abraham tuvo la oportunidad de crecer, aprender y convertirse en la persona más parecida a la que Dios quería que fuera. Nos recuerda que siempre tenemos la capacidad de cambiar y crecer, incluso cuando enfrentamos desafíos o momentos de incertidumbre, o especialmente gracias a ellos.

    4. La importancia de ser un faro de luz: Abraham fue elegido por Dios para ser el padre de una gran nación y ser una bendición para todas las familias de la tierra. Esto nos enseña la importancia de ser un faro de luz en el mundo, compartiendo nuestras bendiciones y ayudando a los demás. Podemos inspirar a otros a través de nuestras acciones y palabras, y marcar una diferencia positiva en la vida de quienes nos rodean.

    Que podamos encontrar inspiración en esta parashá y aplicar estas enseñanzas en nuestras vidas diarias.

    Tenga un excelente día con la Luz del Eterno brillando sobre su vida, shalom y bendición.

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  • ¡Descubre tu potencial divino en la Parasha Lej Leja!

    ¡Descubre tu potencial divino en la Parasha Lej Leja!

    En esta porción semanal de la Torá, se relata cómo Dios llama a Abram para que deje su tierra y su familia y emprenda un viaje hacia una tierra desconocida que Dios le mostrará. Abram obedece sin cuestionar y se convierte en el padre de la nación judía.

    La Parasha Lej Leja nos enseña valiosas lecciones sobre la confianza en el camino desconocido y el poder transformador de seguir la voluntad divina. Abram muestra una valentía excepcional al dejar su zona de confort y confiar en que Dios lo guiará hacia una tierra prometida. A través de su obediencia, se convierte en un faro de inspiración para generaciones futuras.

    El mensaje inspirador que podemos extraer de esta parasha es que, aunque enfrentemos situaciones inciertas y desafiantes, podemos encontrar nuestro propósito y cumplir nuestro potencial divino. Así como Abram confió en Dios y se aventuró en lo desconocido, nosotros también podemos abrazar la incertidumbre y seguir adelante con coraje y fe.

    El viaje de Abram nos enseña que cuando confiamos en la guía divina y nos atrevemos a dar pasos audaces, podemos descubrir un destino más grande de lo que podríamos imaginar. No tengas miedo de dejar atrás lo conocido y explorar nuevas oportunidades. Enfrenta tus miedos, confía en ti mismo y en la dirección divina, y despliega todo tu potencial para lograr cosas extraordinarias.

    ¡No te limites, abre tus alas y emprende tu propio viaje hacia un futuro brillante!

    Tenga un excelente día con la Luz del Eterno brillando sobre su vida, shalom y bendición.

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  • La escala de Iaacov

    La vida es una escalera, tal como la percibiera en su sueño profético el joven Iaacov.
    Con sus pies apoyados sobre la tierra y su cabeza en los cielos.
    Puede ser larga o corta, según el tiempo destinado a cada uno. No está en la extensión su secreto, sino en cómo la vivimos.
    Por ella a veces bajamos, otras ascendemos.
    Pero es imposible estar en un mismo peldaño más que un instante que vuela veloz.
    Cada escalón es un desafío, hasta aquel que parece ser tranquilo y sin complicaciones. Su reto está precisamente en superar la pereza, la comodidad, el hábito. También en la riqueza está el desafío, no solamente en la pobreza. En la salud, tal como en la enfermedad. Cada momento trae su lucha.
    Podemos reaccionar, dejándonos llevar por automatismos e irracionalidad. O podemos responder, asumiendo con inteligencia y moderación las cuestiones.
    Podemos aumentar la oscuridad que rodea a nuestra NESHAMÁ, y por tanto obstruirnos más la irradiación de su permanente LUZ. O podemos doblegar al EGO, domesticarlo, ubicarlo en el rol para el cual fue creado, y entonces comportarnos de acuerdo al código ético/espiritual que se encuentra en el ADN de nuestra existencia.
    Aceptemos el desafío, mantengamos el equilibrio, avancemos en conocimiento y conciencia, construyamos SHALOM con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.
    Tendamos puentes solidarios, de AMOR, con el prójimo, para de esa manera manifestar la unidad esencial espiritual también en este mundo.

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  • Parashat Vaishlaj 5783

    La parashá Vaishlaj, podemos traducirla como «Envió», es la octava sidrá de la Torá; la podemos leer en el sefer Bereshit, entre 32:4 y 36:43. Suele ser acompañada por la lectura de la haftará que se toma del profeta Hoshéa/Oseas, desde 11:7 al 12:12.
    Veamos un breve resumen de la misma.

    Iaacov retorna a Eretz Eber, la tierra del ancestro Eber, la que conocemos nosotros como Eretz Israel, tras más de veinte años de exilio en casa de Labán. Como sabemos, allí formó una familia junto a sus esposas y concubinas. Además, trae abundante rebaño, trabajadores y sus familias. Por tanto, su regreso es bastante más ostentoso que aquella veloz huida, cuando partió solo rumbo a Jarán, para salvarse de la furia de su hermano Esav.
    Ahora, a pesar del tiempo y las aventuras que han transcurrido, igualmente teme enfrentarse con su vengativo hermano, por lo cual se prepara de tres maneras, para evitar que haya derramamiento de sangre:

    1. manda mensajeros con regalos que tienen la intención de apaciguarlo, ellos le dirán palabras amables, pero también observarán el campamento que lo acompaña;
    2. Iaacov reza, para no tener que lastimar, ni que ninguno de los suyos salga lastimado;
    3. se prepara para la batalla, en caso de que sea necesario.

    Los enviados le informan que su hermano está acompañado por un ejército de cuatrocientos hombres, por lo cual, Iaacov su campamento familiar, para que, en caso de que la paz no prospere, el daño a su familia sea menor.
    La víspera de su encuentro, Iaacov lucha contra un misterioso personaje, que no se conoce a ciencia cierta su procedencia o sus características, la Torá lo denomina «Ish», que significa hombre.
    Se han dado muchísimos comentarios y enseñanzas al respecto, como que era el ángel personal de Esav, como que era el Satán, o un espía de carne y hueso, o un mítico personaje al estilo de Drácula, o la conciencia del propio patriarca Iaacov, o su EGO, o todo el episodio fue un sueño, entre otras.
    Pero, lo único que sabemos es que ambos contendientes terminan agotados y empatados tras el fragor de batallar hasta el alba.
    Como el extraño implora por retirarse antes de que el sol se eleve, Iaacov le demanda que le bendiga. El misterioso personaje le informa que Iaacov se ha hecho acreedor de un premio, su nombre ya no será Iaacov (posible significado: el torcido; o también el aferrado al tobillo), sino Israel (posible significado: el que venció al hombre y a poderosos; o también la persona recta).
    Más adelante, este nombre que demuestra un crecimiento espiritual de Iaacov será puesto por el propio Dios.
    Nuestro patriarca no había notado hasta pasado el efecto de la adrenalina que estaba herido en el muslo de la pierna izquierda, por esto, desde épocas antiguas quedó prohibido a sus descendientes ingerir el nervio ciático de un animal kasher.

    Luego, fue el reencuentro, que no estuvo teñido de sangre, sino que los hermanos se reconcilian, se besan, se abrazan, y lloran.
    El texto de la Torá es breve, y parece ser que da una perspectiva amable acerca de Esav, cosa que es justamente lo contrario a lo que encontramos en las explicaciones que emanan de la Torá Oral.
    Luego del emotivo encuentro, se separan, cada uno continúa su vida por su lado.
    El patriarca comienza a desplegarse por el territorio de la Tierra Prometida, y a entrar en contacto con sus habitantes.

    En una de esas aproximaciones a los habitantes de la tierra, Dina, la joven hija de Iaacov, es seducida por Shejem hijo de Jamor, un príncipe cananeo.
    Shimón y Leví, dos de los hijos de Iaacov, no aceptan este suceso, pareciéndoles contrario a lo que debiera ser la conducta de los integrantes de la casa de Iaacov. Por ello, negocian con Jamor para que todos los varones de su poblado se circunciden, entonces podrán tener vínculos familiares entre ambas poblaciones. Pero, Shimón y Leví, aniquilan a todos, como venganza por la conducta indigna hacia su hermana. Fue un episodio cargado de nubarrones, que Iaacov al enterarse reprobó, además de sentir que se habían expuesto a ser ahora atacados por el resto de las poblaciones cananeas, quienes los percibirían como hostiles advenedizos.

    Más adelante, en la parashá, Iaacov recibe la orden del Eterno para ir a Beit El y erigir allí un altar. Luego, Dios le reitera a Iaacov su nuevo nombre: Israel.
    Estando aún de travesía, Rajel, la esposa más amada de Iaacov pare por segunda vez, dando a luz a Binamin, y muere, siendo enterrada en Beit Lejem.
    Iaacov erigió un monumento recordatorio sobre su tumba que perdura hasta nuestros días y puede ser visitado.

    La parashá continúa informándonos que Itzjak muere a la edad de ciento ochenta años, y sus hijos le entierran.
    Finaliza la parashá con la enumeración de líderes entre los descendientes de Esav.

    Preguntas

    1. ¿Cómo se prepara Iaacov para el encuentro con su hermano?

    2. ¿Qué diferencia al nombre Iaacov de Israel?

    3. ¿Qué está prohibido comer a raíz de un suceso de esta sidrá?

    4. ¿Por qué lloró Iaacov en el reencuentro con su hermano?

    5. ¿Cómo se vengaron los hermanos por la seducción de su hermana?

    6. ¿Quién muere en esta parashá?

    7. ¿Convivieron Esav y Iaacov luego del reencuentro?

    8. ¿Quién fue el último hijo de Iaacov?

    9. ¿Por qué supones que ocurrió esa misteriosa lucha la noche anterior al reencuentro de los hermanos?

    10. ¿A quién venció Iaacov?

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  • Para ser bendito en todo

    Dice la parashá Jaié Sará:

    «Avraham era anciano y muy venido en días, y el Eterno había bendecido a Avraham en todo.»
    (Bereshit/Génesis 24:1)

    ¿Qué es ser bendecido en todo?

    Veamos una de las formas de responder a esta pregunta.
    Es trabajar nuestra mente y emoción para que de a poco vayamos alcanzando un estado de conciencia tal que comprendamos que todo trabajaba para reportarnos bendición.
    Todo, incluso los momentos amargos, las desgracias, todo aquello que no se percibe como bendición en verdad sí es una bendición. Es una dádiva del Cielo para que estemos bien.
    Pero, ojo: ¡no quiere decir que todo sea bueno!
    Porque hasta el propio Creador ha dejado asentado para que lo tengamos bien en claro que hay cosas que definitivamente no son buenas.
    Pero sí que podemos desarrollar una visión espiritual de las cosas, por medio de la cual relativizamos todo lo que sucede en este mundo para de esa manera hallar la ganancia incluso en la pérdida.
    Entiéndelo: puede que haya una pérdida, la cuestión está en sobreponerse a ella y descubrir o elaborar una ganancia a pesar, o gracias a, la pérdida.
    No es fácil, no siempre es comprensible de buenas a primeras, por ello decimos que es necesario alcanzar ese estado de conciencia, trabajar para ir creciendo por sobre lo obvio, despegarnos del razonamiento materialista y avanzar en la sincronización de nuestra vida material con nuestra esencia espiritual.
    Entonces, cuando a través de lo que nos pasa vamos revelando la Luz espiritual, hacemos conexiones, aprendemos algo, nos fortalecemos en cierto aspecto, logramos reconocer la bendición en todo, también en lo que materialmente es un fracaso.
    Sería maravilloso pasar por esta vida sin sufrir, y así decir que la bendición, el bienestar está en todo de manera simple y evidente. Pero eso es imposible. El mundo fue diseñado y elaborado por el Todopoderoso para que estemos sometidos a frecuentes, sino constantes, situaciones de impotencia. El Creador ha puesto en este mundo imperfecciones, limitaciones, todo tipo de contrariedades, y hasta incluso nos dio un EGO que nos provoca abundante malestar. Sin embargo, también esas pesadas cargas sirven para que revelemos la Luz espiritual, para que sean usadas en encontrar la bendición en todo.

    El inspirado rey salmista lo plantea en pocas palabras:

    «Bueno me es haber sido afligido, para que aprendiera Tus decretos.»
    (Tehilim/Salmos 119:71)

    La pasaban cosas terribles al rey David, sentía miedo, dolor, impotencia, todo tipo de maltratos.
    Pero aprendió a no hundirse en la oscuridad, no se esclavizó a la desesperación, no sumó el rencor al fracaso.
    Por el contrarío, de los frutos secos y quebrados encontraba la forma de extraer un rico sumo vivificante.
    Revelaba la chispa del Divino, incluso en lo más aterrador que le acontecía.
    ¡Y mira que no pocas amarguras tuvo que sufrir David desde incluso antes de nacer y hasta el último momento de su vida!

    Te daré un ejemplo de la vida real.
    Un amigo sufría tremendos dolores en su vientre, al punto que un día quedó paralizado.
    En la urgencia del sanatorio le dijeron que podía ser algo muy grave.
    Luego de los inmediatos estudios se confirmó que no era un mero dolor de panza, había que ir ya a cirugía.
    Finalmente fue operado y a su debido tiempo recobró la salud.
    Todo esto le sirvió como enseñanza, en varios aspectos.
    Así tomó conciencia de que debía cambiar su dieta, volver a ejercitar, no dar nada por seguro y muy especialmente a valorar cada minuto con su familia y a no descuidarla por asuntos que pudieran parecer importantes pero en verdad no son más que vanidades.
    ¿La pasó fácil?
    ¡Seguro que no!
    ¿Hubiera querido evitarlo a toda costa?
    ¡Seguramente que sí!
    Supo aprovechar la situación para que la limitación no se convirtiera en una fosa insalvable, sino en una escalera para trepar a una nueva perspectiva.
    Además, nos sirve de ejemplo a nosotros… ¿quién sabe cuánto se gana cuando parece que tanto se pierde?
    Cada situación de impotencia es una oportunidad para aprender y crecer, por sobre lo que pueda haberse perdido.
    Cada momento de triunfo, donde resplandece nuestro poder, es también una chance que nos da la vida para demostrar qué tanto podemos agradecer al Creador, ser humildes, tomar en consideración a los demás, etc.

    Pero, por lo general todo se pierde cuando uno se victimiza, solamente se queja, llora, patalea, insulta, echa culpas, se resiste a lo que no puede ser cambiado.
    Mejor es aceptar cuando se ha perdido, si es que realmente se ha perdido, y desde allí crecer con la certeza de que solamente queda crecer de ahora en más.

    No es casualidad que la parashá sea acompañada por la haftará correspondiente, en la cual encontramos este pasaje:

    «¡Vive el Eterno que rescató mi alma de toda adversidad!»
    (1 Melajim/I Reyes 1:29)

    Estaba confirmando el viejo David, ya en sus últimos días, que tuvo adversidades en su vida. No se mentía diciendo que todo fue bueno, que su existencia fue maravillosa y color de rosa.
    Y también exclamaba que no dejó que el fracaso material le llevara al fracaso en revelar chispas de la Divinidad en todo.
    Por el contrario, usaba los malos tragos para crecer gracias a ellos.

    ¡Que no sea el triunfo del miedo y la angustia!
    ¡Que no sea el EGO el que controle tu existencia!
    Sino que puedas hacer consciente tu esencia espiritual, que entiendas que estamos de paso por este mundo y que no es lo más importante lo que pasa acá, ni lo bueno ni lo malo, aunque sea muy importante.
    Simplemente son motivos para experimentar, para entrenarnos en fortalecernos en conectarnos con nuestra espiritualidad.

    Igualmente, hay que pedir al Eterno para que no nos haga aprender de esta manera.
    Que no tengamos que estar sufriendo para revelar la Luz.
    Sino desarrollar la visión espiritual desde la paz, desde el reposo, sin tener que atravesar tormentos para crecer.
    Es decir, estar preparados para hacernos más poderosos en el fracaso, pero no esperar al traspié para conectarnos con la espiritualidad.
    Sino que en todo momento saber que estamos siendo benditos en todo.
    De esa forma podemos cantar junto al rey:

    «¡Alabad al Eterno, porque es bueno; porque para siempre es Su misericordia!»
    (Tehilim/Salmos 118:29)

    Encontrar las bondades del Eterno a cada rato, no a través del dolor sino del gozo.

    Como hizo Avraham, que estuvo gestionando su vida para descubrir al Creador y servirLo.
    Que las innumerables tragedias no lo achicaron.
    Que no se dejó corromper, ni angustiar por las incesantes contrariedades que se cruzaban en su camino.
    Más bien, revelaba la Luz en todo.
    Es una cuestión de actitud, mirar desde la perspectiva espiritual y no desde el ojo de la limitación.
    Sobrepasar nuestra impotencia y revelar nuestra esencia eterna.

    Que todo lo negativo sea tomado como un desafío que está ahí para fortalecernos, y encontrar la bendición a pesar del golpe.
    Que todo lo positivo llegue, sin necesidades ni padecimientos.

    Entonces, ¿podemos cada uno de nosotros llegar a ese nivel de bendición celestial?

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  • Vaietzé 5783, resumen

     

     

    Vaietzé («Salió…»), es la séptima sidrá de la Torá; está en el sefer Bereshit, entre los versos 28:10 al 32:3. Se acostumbra a acompañar su lectura público con la porción del profeta Hoshéa/Oseas, versos 12:13 al 14:10.

    Comienza la parashá con la salida de Iaacov de Beer Sheva para ir a Jarán, huye de la furia de su hermano Esav, por lo que va a buscar refugio con su familia materna en la lejana tierra aramea. Probablemente, tiene intención de encontrar esposa allí, siguiendo el pedido de sus padres, y formar su propia familia, para eventualmente regresar a la patria, en la tierra de Heber, aquella que nosotros llamamos de Israel.
    Por ahora, el futuro es incierto, y el presente se siente complejo.
    Por delante está el camino, lleno de incertidumbres.

    Nos cuenta la Torá que Iaacov es sorprendido por el ocaso en el «lugar», así es llamado ese sitio. Según la tradición, sería el monte Moriá, el paraje donde Abraham Abinu amarró a Itzjak, dispuesto a sacrificarlo en respuesta al pedido de Dios. Es el mismo punto donde en el futuro sería construido el Beit haMikdash.
    Todo esto lo sabemos nosotros, pero no estaba en la mente de Iaacov, quien solamente preparó una tosca cama y se acostó a dormir, por lo que soñó. Entonces, en sueños, vio ángeles que ascendían y descendían una escalera que unía el cielo a la tierra. Percibió la presencia de Dios en la cabeza de la escala, y escuchó proféticamente que Él le prometió darle la tierra de Israel y también que sus descendientes serían una gran nación. Como los anteriores patriarcas, él también estaba recibiendo tales promesas. Ahora, además, le aseguró Dios, que le acompañaría Su protección.
    Iaacov despierta y promete ser creyente en el Eterno, en tanto reciba de Él socorro en su travesía, y que al volver sano y pudiente, ofrendaría al Eterno un décimo de sus riquezas.
    Sabiendo que había encontrado un portal al cielo, llamó a aquel sitio Bet-El, casa de Dios.

    Continúa su viaje y alcanza la ciudad de Jarán, como de costumbre en aquellas culturas, se dirige al pozo de agua, para sociabilizar. Al poco rato, aparece su prima Rajel, de la cual queda enamorado de inmediato. Saluda a su prima y es invitado a la casa familiar. Tras unos días, Iaacov solicita a su tío, Lavan, permiso para desposar a Rajel. Como era habitual, la familia recibía alguna retribución del marido, como Iaacov no tenía nada material que ofrecer, trabajó arduamente siete años para Laván.
    Tras los prometidos siete años, Laván lo engaña y le entrega a su hija mayor, Lea, en lugar de la querida por Iaacov, Rajel.
    Luego de reclamar a su tío y suegro, se compromete a trabajar otros siete años por Rajel, lo cual hace fielmente.
    Nos sigue contando la parashá que Iaacov y Lea tienen cuatro hijos: Reuven, Shimon, Leví y Yehudá. En tanto que, Rajel, la esposa más amada, es estéril y cela a su hermana abundante en hijos, por lo cual le entrega a su marido como concubina a su sierva Zilpá, la cual concibe a Gad y a Asher.
    Tras esto, Lea vuelve a parir, naciendo ahora: Issajar, Zevulun y una hija, Dina.
    Entonces, Dios quita la imposibilidad de engendrar a Rajel, por lo que junto a su marido tienen a Iosef.
    En el ínterin, han pasado otros seis años más con Lavan, para hacerse con alguna estabilidad económica, de cierta riqueza.
    Hace tiempo sabe que las relaciones con su tío/ suegro no son cordiales, y que se han venido agraviando cada vez más, por lo que, decide regresar a su hogar, luego de sortear un nuevo engaño (esta vez económico) que Laván intentó en su contra. En un interesante episodio, la Torá nos relata las estrategias de Iaacov para no caer en las trampas del tío, y lograr enriquecerse en lugar de lo contrario.
    Sumándose a esta tirantez, un nuevo sueño profético le insta a retornar a la tierra de los antepasados, a continuar su camino allá. Por lo cual, Iaacov aprovecha una ausencia de Laván para marcharse de la casa, yéndose con toda su familia y los bienes que ganó en su prolongada estadía en Jaran. Al huir, Rajel roba los ídolos de su padre, escondiéndolos entre sus pertenencias que acarrea hacia su nuevo hogar.
    Al enterarse de lo sucedido, pero en particular de la sustracción de sus terafim, Laván los persigue, pero Dios le advierte que los deje en paz. Laván los alcanza y acusa a Iaacov de haberse escapado con todo lo que le pertenecía a él, pero en especial por llevarse sus dioses. A lo cual Iaacov jura que no los tiene, y que nadie de los suyos puede tenerlos, y maldice con la muerte a quien los tenga, sin estar consciente que es su amada esposa quien los robó. Laván busca entre las pertenencias de todos, también de Rajel, pero no los encuentra, ya que ella aprovechó a que estaba embarazada para ocultarlos y no moverse del sitio del escondite.

    Laván y su yerno firman un pacto de paz, tras lo cual el primero regresa a su casa.
    Iaacov continua su viaje, hallando un campamento de ángeles en el límite, entrando en la tierra prometida.

    Preguntas:

    1. ¿Quién huye en esta parashá?
    2. ¿Cuáles son los sueños en la parashá?
    3. ¿Quién tenía celos de su hermana y el motivo para ellos?
    4. ¿Cuáles fraudes son mencionados?
    5. ¿Qué relacionaba a Lavan con Iaacov?
    6. ¿Por qué Iaacov desposó a quien no amaba?
    7. ¿Cuántos años trabajó Iaacov por amor?
    8. ¿Quién robó ídolos y que castigo recaería sobre esa persona?
    9. ¿Qué prometió Dios a Iaacov? ¿Y viceversa?
    10. ¿Dónde se relatan hechos con ángeles?

     

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  • Cada patriarca con su tema

    Queda la impresión, cuando no se estudia cabalmente, que el patriarca Itzjac queda a la sombra de su enorme padre Avraham.
    Como que es muy difícil tener su propia luz ante la imponente presencia radiante del primer patriarca.
    De hecho, son escasas las narraciones acerca del patriarca intermedio, generalmente opacado por su padre y su hijo.
    Al respecto, si tomamos un párrafo parecerá confirmarse:

    «Itzjac volvió a abrir los pozos de agua que habían abierto en los días de Avraham su padre y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Avraham. Y él los llamó con los mismos nombres con que su padre los había llamado.»
    (Bereshit/Génesis 26:18)

    Cava en los mismos lugares, encuentra los mismos pozos, los llama de la misma manera.
    Es decir, un calco insulso de lo que ya había sido y dejó de ser.
    Como si no hubiera otra iniciativa que la de ser un repetidor, sin agregar, sin innovar.
    Y ahí se queda la mayoría de los superficiales eruditos bíblicos.

    Sin embargo:

    «Después los siervos de Itzjac cavaron en el valle y descubrieron un pozo de aguas vivas. Y los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Itzjac, diciendo: –El agua es nuestra. Por eso llamó al pozo Esec, porque allí riñeron con él.
    Abrieron otro pozo, y también contendieron por él. Y llamó su nombre Sitna.
    Se alejó de allí y abrió otro pozo, y no contendieron por él. Él llamó su nombre Rejobot diciendo: –Porque ahora el Eterno nos ha hecho ensanchar, y seremos fecundos en la tierra.
    De allí fue a Beer Sheva.  Y aquella noche se le apareció el Eterno y le dijo: –Yo soy el Elohim de tu padre Avraham; no temas, porque Yo estoy contigo. Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de Mi siervo Avraham.
    Él edificó allí un altar, invocó el nombre del Eterno e instaló allí su tienda. También allí los siervos de Itzjac excavaron un pozo.»
    (Bereshit/Génesis 26:19-25)

    Itzjac siguió su propio camino y en él iba abriendo nuevos pozos que contenían “aguas vivas”.
    Es decir, aguas de vida, aguas nuevas, aguas que no habían sido conocidas anteriormente.
    Usando a su padre como plataforma de lanzamiento el segundo patriarca inauguraba otras maneras de comprender el mundo y de relacionarse con él.

    Avraham era el gran disertante, el conferencista que motivaba con su genialidad, el promotor de ideas y palabras de liberación.
    Cuando falleció la idea se fue marchitando, los allegados devolviéndose a la confusión.
    Por su parte Itzjac estaba más a gusto con el diálogo entre pares y especialmente con la acción concreta, sin tanta doctrina vociferada.
    Su obra iba por ese lado, pasito a paso, haciendo pequeños adelantos que permitirían consolidar un cambio verdadero.

    No luchaba contra la figura poderosa de su antecesor, sino que la superaba siguiendo su propio estilo.
    Por lo pronto, para los eruditos escasos de saber, la presencia de Itzjac es tímida y apocada. Pero para los que han bebido de las fuentes sagradas y ricas de la Tradición, queda bien claro su rol fundamental en la creación de la nación de Israel.

    Ambos patriarcas, así como el tercero del cual Dios mediante ya hablaremos, son excelentes modelos de vida para quien quiera atender.

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