Categoría: Patriarcas

  • Abraham, el rebelde

    Nos cuenta el MIDRASH que, cuando faltaban muchas décadas para que Avram hijo de Téraj fuera Abraham, se dio cuenta de que ninguna mansión se construye por sí misma, ni por casualidad.
    Alguien tiene que encargarse de soñarla, idearla, planificarla, diseñarla, administrar los recursos, poner manos a la obra, edificarla, embellecerla para que finalmente pueda estar lista para ser habitada y ser realmente una mansión.
    Por tanto, el joven Avram se rebeló en contra de los dioses y otras creencias e imposiciones de su sociedad, negando el orden establecido para afirmar que esta mansión tiene un dueño, un amo, pero que ninguno es capaz de reconocerlo o señalarlo.
    Con ello, Avram se convirtió en el primer agnóstico de la historia, porque a diferencia de todos los humanos anteriores no adjudicaba divinidad a nada/nadie, ni tampoco aún conocía al Creador y Señor. Sin embargo, no era ateo, porque muy en su interior intuía, sentía, que existe un Arquitecto y Señor. Por tanto, era un agnóstico, porque no era ni ateo ni creyente, y aún tampoco sabedor del Eterno.

    Sus antepasados Noaj/Noé, Shem y Eber le confirman que es como el había teorizado, que en verdad existe un único Dios y que los dioses son inventos de los hombres. Noaj hasta le cuenta de aquellas viejas historias que lo tuvieron como héroe y desdichado, en las cuales Dios se dirigió personalmente a él.
    Pero nada en estas anécdotas le daban certeza y seguridad a Avram, pues podían ser desvaríos de esas viejas mentes cansadas, o tal vez otras imaginaciones fraudulentas del EGO poblando el mundo de dioses imaginarios.
    Por tanto, Avram no sabía y por ello andaba con su método de la duda para todas partes, por todos sus exilios.

    A la edad de 75 años recibe finalmente la revelación profética, cuando el Eterno se comunica con él para decirle que estaba en lo correcto, que no era un loco, que no era un rebelde sin sentido, que no era un banal filósofo lleno de aire en el cerebro, sino que efectivamente todo lo que el mundo llamaba dioses eran vanidades, sombras de reflejos de Él.
    Dios le afirmaba que era una presencia en este mundo y que intervenía o se ocultaba, pero nunca era indiferente a los aconteceres de la minúscula de nada cósmica que parece somos los humanos.

    Con la revelación también vienen las promesas, bendiciones y compromisos de difíciles tareas.
    Debía confrontar a los poderosos, a los amos del mundo.
    Debía caminar por la senda de la espiritualidad.
    Debía aprender a dominar el egoísmo y todas las otras incitaciones del EGO.
    Debía afincarse en la tierra de su antepasado Eber, ahora usurpada por los cananeos y otros arribistas.
    Debía formar una familia que se entrenara en la santidad y compatibilizar este mundo con la espiritualidad.
    Debía dar a conocer al Eterno.
    Debía luchar contra sus propios hábitos y tendencias, rearmar su personalidad para que estuviera más sintonizada con su Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu, chispa Divina).
    Debía difundir los Siete Mandamientos para las Naciones, el noajismo, para que la humanidad se encaminara hacia la meta correcta y no anduviera a los tumbos en la oscuridad.
    Debía y debía de hacer muchas otras cosas, todas formaban parte de su código de conducta basado en lo espiritual, porque era la manera de realizar su misión en esta vida.

     

    La vida que le esperaba era la de no estar satisfecho en ningún momento, porque ahora no solo intuía el infinito, sino que se sabía absolutamente parte de él.
    Ciertamente que sabía estar alegre con su porción material, pero nunca satisfecho.
    Por ello rompía límites, seguía quebrando los marcos establecidos, desatando las cadenas que nos retienen amargados y en penurias. No iba a permitir que el EGO siguiera gobernando nuestras vidas, pudiendo ser el Señor de señores quien lo hiciera.

    Es un modelo para que tomemos en cuenta.
    ¿Qué es lo que más te atrae de Abraham?

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  • Ser socio del Socio

    El árbol se encuentra potencialmente en la semilla, sin embargo, la semilla debe de morir como tal para que pueda surgir el árbol.
    Pero no es una ecuación automática, puesto que solamente ocurrirá cuando se den las condiciones mínimas y necesarias para que suceda.

    Al final de la parashá anterior (Noaj) encontramos que en la familia humana había nacido Avram hijo de Téraj, décima generación desde Noaj.
    Ya de pequeño fue un disruptor, un rebelde, un generador de cambio.
    No permitió que la insufrible y cómoda zona creada por el Sistema de Creencias lo dominara, sino que con firmeza y persistencia iba quebrando una tras otras las restricciones mentales que le imponían.
    No se ataba a dioses ni a gobernantes. Criticaba hasta desmenuzar cada una de las creencias y lemas. Confrontaba las “verdades” y hábitos de los demás para que pudieran liberarse también y hacerse un poco más humanos y menos autómatas, primero lo hizo de forma belicosa y cuando maduró con mucha flexibilidad y compasión.
    Se puso a la cabeza de un movimiento renovador, o más bien: restaurador; pues, él había redescubierto el monoteísmo y a viva voz lo proclamaba y ofrecía a quien estuviera al alcance de su influencia.

    Era una semilla que estaba tratando de convertirse en un fuerte y espléndido árbol.
    Quería que su sombra cubriera a los chamuscados por el sol y refugiara a los asfixiados por el calor. Que sus frutos alimentaran a los necesitados. Que su presencia guiara a los confundidos. Que su descendencia se multiplicara y con ellos la bendición que derramaba generosamente para los demás.
    Pero para eso debía morir Avram y nacer Abraham, el que sería padre de muchas naciones: las futuras 13 tribus de Israel, herederos de su legado sagrado y material así como algunas otras naciones emparentadas con ellos, tales como los descendientes de Ishmael entre otros descendientes de segundo orden.

    Avram fue la pequeña vasija que daba paso a la grande.
    Un limitado contenedor de la bendición Celestial que a través de su esfuerzo, de su dedicación, de su entrega, aprendió a superar las fronteras impuestas por el EGO y secundadas por la sociedad, para ser la mejor versión de sí mismo.
    Este pasaje no es gratis, la semilla debe morir para que nazca el árbol.

    Pero en ese trabajo la persona se va transformando y desbloqueando aquello que reduce su capacidad de comprensión, de captación de bendición, de placer. Con el cambio crece en todo lo bueno y actúa como un imán para que la bendición espiritual atraiga otros beneficios, tales como el sustento, salud, buenas relaciones, etc.
    Todo esto le estaba sucediendo a nuestro patriarca Abraham, que en su crecimiento espiritual también fue acarreando bienestar material.

    Podemos hacer algo similar, cada uno a su nivel.
    Podemos ir trabajando para quitarnos las cáscaras y máscaras que fueron formando nuestro Yo Vivido, podemos hacer la limpieza de hábitos y creencias que nos aprisionan, para modificar nuestra personalidad y llevarnos a estar en sincronía con nuestro Yo Esencial, también llamado NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina).
    Entonces dejaremos de lado excusas, miedos, sentimientos negativos, relaciones tóxicas, conductas perjudiciales, reacciones disfuncionales y nos iremos transformando en una personalidad más luminosa, saludable, consciente, alegre, conectada con la vida y el bienestar. Destrabamos el canal de la bendición Celestial y estaremos siendo dignos receptores de ella.

    Para ello es tomar conocimiento de que somos chispas de la Divinidad en tránsito por este mundo. Somos hijos del Creador y estamos aquí para experimentar todo lo que nos trae la vida, pero en especial de lo bueno.
    Darnos cuenta de lo que nos une, que es lo espiritual.
    Pero también ser conscientes de lo que nos separa, que es el EGO, las pequeñas torpezas del materialismo. Con esto en mente, aprender a manejarnos para desempolvar la bendición y favorecernos de ella.
    Al hacer cada uno su parte, que solamente cada uno de nosotros puede hacerla, estamos aceptando nuestro rol como socios de Dios y eso lo “obliga” a Él a colaborar como nuestro Socio. ¿Habrá un poder más poderoso que éste?

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  • Resp. 6182 – Mentira necesaria

    Shalom Moré
    Tengo una interrogante, ¿ se puede mentir en una situación de peligro? por ejemplo cuando la persecución de los judíos que se les perseguía por motivos de discriminación para llevarlos a campos de exterminio. Hago referencia a esto para dar un ejemplo, pero claro son muchas las situaciones de peligro de las que pudiéramos librarnos con una mentira. Gracias
    Saludos

    (más…)

  • Aprendemos del patriarca Abraham

    Te mencionaré algunas de las muchas cosas que podemos aprender del patriarca de los judíos, Abraham, en la parashá Lej Lejá y en los comentarios tradicionales acerca de ella:

    • Supo romper con las ideologías sin dar excusas para continuar siendo servil a ninguna de ellas.
    • No tenía miedo de ser diferente, cuando era necesario serlo.
    • Sabía que no hay nada permanente en este mundo, por tanto, soltaba, dejaba ir, fluía sin aferrarse inútilmente.
    • Sin embargo, se tomó el tiempo para diseñar al menos un objetivo trascendente para su vida, y se dedicó a conseguirlo.
    • Cambiaba, cuando era necesario hacerlo.
    • Tenía claro que, cuando las cosas terminaron, terminaron. No hay ventaja en pretender lo contrario, o en atar aquello que tiene que permanecer desatado.
    • Se mantenía calmado, en paz, a pesar de que el mundo alrededor pareciera estar cayendo a pedazos.
    • Dejaba que la gente comentara, opinara, se enojara, divergiera; porque él no era el dueño de las creencias de nadie.
    • Amaba al prójimo, por tanto quería su bien y evitaba en lo posible su mal.
    • Sabía que él era un eslabón y no toda la cadena; sin embargo, sin él, la cadena no existiría.
    • Tenía paciencia y ánimo para sostenerla.
    • Su mente era inquieta, pero su corazón permanecía en paz.
    • No se dejaba doblegar por los pendencieros, aunque fueran fuertes y dispuestos a hacérselo notar.
    • Tenía claro que en el mundo hay un Amo, aunque no lo hubiera aún conocido.
    • Era generoso, porque entendía que lo único que nos queda al final del día, es aquello que hemos compartido sin esperar nada a cambio.
    • Cuando la situación ameritaba el uso de la fuerza, no tenía inconveniente en usarla.
    • Era amable, pero firme.
    • Era firme, pero no rígido.
    • Era aventurero, pero no por aburrimiento o por las ganas de demostrar que era mejor que otros.
    • Sabía que perder es parte de la fórmula del éxito.
    • No le hacía asco al esfuerzo, porque poco se consigue que valga la pena sin esfuerzo.
    • Tenía en cuenta que todo es un aprendizaje, aunque algunos son más duros de soportar que otros.
    • Su vida era un viaje, lleno de idas y pocas llegadas.
    • No pretendía fundar religión alguna, pero sí que los de su entorno y su familia tomaran conciencia de que somos seres espirituales en un tránsito terrenal.
    • Aquello que no se consigue hoy, quizás se consiga mañana o tal vez quede para algún otro tiempo, lugar y persona.

    ¿Cuáles de estas enseñanzas las quieres incorporar a tu vida?

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  • Romper las ideologías es romper la idolatría

    « Avram se fue, como el Eterno le había dicho, y Lot fue con él. Avram tenía 75 años cuando salió de Jarán.»
    (Bereshit/Génesis 12:2-4)

    Desde que nacemos vamos armando nuestro Sistema de Creencias, que se compone de montón de elementos, muchos de ellos inaccesibles para nuestra mente consciente.
    Van ahí mandatos de los padres, la moral de la sociedad, los imperativos de los grupos a los que uno se afilia, los resultados de la lucha contra el EGO, el llamado tenue de la voz de la NESHAMÁ que somos, propaganda, fragmentos de creencias que vamos recogiendo sin darnos cuenta y algunas cosas más.
    Es a través de este SC que vamos interpretando nuestra existencia, haciendo de cuenta que le damos sentido a lo que pasa, nos pasa, queremos, nos duele, nos alegra, perdemos, etc.
    Es decir, miramos el mundo a través de los lentes del SC, al mismo tiempo que vamos rearmando ese SC con los acontecimientos que vivenciamos.
    Llegamos a un punto en nuestro crecimiento que el SC se va anquilosando, volviendo más pesado, rígido, petrificado. Ya no es un sistema vivo, que se modifica, muta, cambia (para mejor o peor); sino que se va repitiendo a sí mismo, se queda cada vez más quieto, repetitivo, aniquilador. Por ello también se esfuerza en preservarse a sí mismo, negándose a cambiar, porque el cambio implica angustia, esfuerzo, moverse, aprender, desaprender, dejar de estar seguro.
    Entonces, pasamos por la vida aferrados a un SC que quizás no sea el más saludable, equilibrado, positivo, bueno, para nosotros y quienes nos rodean.
    Pero, es el SC que pudimos armar, y que sentimos, creemos, que nos pertenece, que nos representa, que no podemos vivir sin él.

    El patriarca de los judíos, Abraham, desde muy, pero muy pequeño aprendió a romper con los ídolos, con las ideologías.
    No dejaba que su SC se convirtiera en un rey viejo y descarado, que lo hiciera esclavo y lo momificara en una existencia hueca y pesada.
    Abraham cada día comenzaba su reestructura, abierto al cambio, dispuesto a cambiar y a ayudar a quien quisiera a hacerlo.
    Lo cual le creaba innumerables conflictos con el mundo servil en el cual vivía.
    Abraham tuvo que aprender a soltar, de dejar ir, a no aferrarse a nada; hasta que a los 75 años de edad, el propio Dios le confirmó que su camino era el camino correcto.
    NO porque estuviera haciendo una vida religiosa, o buscando inventar alguna religión; sino porque estaba expresando la verdadera espiritualidad, aquello que Dios espera de cada uno de nosotros.

    Se lo confirmó varios años más tarde:

    «Avram tenía 99 años cuando el Eterno se le reveló y le dijo: –Yo soy El Shadai [Dios Todopoderoso]; camina delante de Mí y sé íntegro.»
    (Bereshit/Génesis 17:1)

    Era lo que el patriarca venía haciendo sin pausa, pero ahora con el beneplácito expreso del Creador.
    Quizás es una invitación para cada uno de nosotros, para ser íntegros delante de Dios y caminar así con satisfacción por este mundo hacia un espléndido futuro.

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  • El ánimo del que es bendito

    «וַיֵּ֣לֶךְ אַבְרָ֗ם כַּֽאֲשֶׁ֨ר דִּבֶּ֤ר אֵלָיו֙ יְהוָ֔ה וַיֵּ֥לֶךְ אִתּ֖וֹ ל֑וֹט וְאַבְרָ֗ם בֶּן־חָמֵ֤שׁ שָׁנִים֙ וְשִׁבְעִ֣ים שָׁנָ֔ה בְּצֵאת֖וֹ מֵֽחָרָֽן :
    Avram se fue, como el Eterno le había dicho, y Lot fue con él. Avram tenía 75 años cuando salió de Jarán.»
    (Bereshit/Génesis 12:4)

    Abraham tenía setenta y cinco años cuando Dios por primera vez habló con él y le ordenó dejar todo lo que había construido a lo largo de su vida, sus relaciones, sus conocidos, sus vínculos, sus posesiones terrenales, para comenzar una nueva vida en un lugar misterioso.
    No tenía certeza de que la voz que le ordenó esa cosa tan descabellada fuera verdadera, que no existiera solamente en su imaginación.
    No había una Torá que le indicara que había recibido una invocación profética, ni contaba con maestros a mano para que le explicaran aquellos conocimientos que del mundo espiritual se conocen.
    Era meramente una voz resonando en su mente, que le ordenaba hacer algo inconcebible, que podía resultar en una enorme pérdida para él.

    Nosotros, los judíos que somos sus descendientes y contamos con el relato de la Torá y las explicaciones de los maestros, sabemos que estuvo acertada su decisión y que no estaba siendo movido por algún delirio religioso, sino por el llamado profético.
    Era en verdad el Creador que le estaba convocando a hacer una evolución en la humanidad, porque Abram había tomado la iniciativa por voluntad propia.

    Podríamos hacer algunas preguntas muy obvias, pero que no dejan de ser necesarias.
    ¿Por qué había dejado pasar Dios hasta entonces para entablar comunicación?
    ¿Qué botón espiritual había pulsado Abram para que Dios se revelara así en su vida?
    ¿Qué hizo que Dios se volviera hacia él y no hacia nadie más?
    ¿Qué estaba sucediendo en su entorno para que todo esto pudiera darse?
    ¿Habrá conductas que podamos introducir a nuestras vidas para que sigamos el ejemplo de nuestro patriarca?
    ¿Qué clase de persona hay que ser para animarse a dejar todo y comenzar desde cero siendo tan mayor?
    ¿Cómo se hace para ser el canal de la bendición divina, aquella que afecta positivamente «A ti y a tu descendencia»?
    ¿Por qué Dios es tan incisivo declarando la importante de aquella tierra para la familia de Abram?
    ¿Por qué Dios en modo alguno menciona que pretende crear una religión o fomentar alguna creencia religiosa, sino que insiste en que está llamando a Abram a que sea padre de una gran familia, de una enorme nación y del lugar para esta?
    ¿Cómo se animó Abram a desafiar al Sistema de Creencias ideológico establecido como verdad, para vivir de acuerdo a la Voluntad de Dios, incluso antes de que Éste se le revelara?
    ¿Qué predispone a la persona a ser bendita y de bendición, en lugar de ser un repetidor de ideologías y por tanto de idolatrías?

    Podríamos continuar con las preguntas, pero me parece que con estas tenemos bastante para interiorizarnos.
    Debes saber que las respuestas que puedas dar son todas respetables, pero no por ello aceptables, ya que cualquiera pueda inventar lo que se le ocurra, absolutamente cualquier delirio, hasta el más demencial. Como te dije, la opinión es libre en el mundo occidental, por tanto, las respuestas podrán ser tan originales y descabelladas, acertadas y correctas, como personas haya, y situaciones atraviesen a esas personas.
    Pero, no por respetar la manía de opinar de la gente acerca de cualquier cosa, debemos admitir que están dando respuestas válidas, ciertas, valiosas.
    De hecho, las religiones (que son antítesis de la espiritualidad) manejan las suyas propias y suelen ser tan disparatadas que ni siquiera vale la pena perder el tiempo atendiéndolas.
    Lo necesario es buscar verdadera enseñanza, aquella que nace en fuentes originales, que no buscan imponer ideologías, sino destacar la verdad por sobre la preferencia personal.
    Así pues, estás invitado a divagar y a tratar de inventar tus relatos; pero es una invitación mucho más interesante a que con humildad bebas de las fuentes de agua de vida, que llena de conocimiento y nutrientes.
    Es que, ya no tenemos necesidad de estar andando a oscuras, como hizo el patriarca de los judíos, pues tenemos casi 4.000 años de historia, de enseñanzas, de maestros que enseñan a los maestros de las generaciones siguientes.

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  • Parashat Vaietzé, paso a paso

    1ª Aliá: Iaacov ha partido de Beersheva rumbo a Jarán y en el camino experimenta la famosa profecía de la escalera que conecta tierra con cielo y por la cual ángeles suben y bajan. En el sueño Dios le habla informándole que siguen firmes las promesas dadas a sus padres, de abundante descendencia y la posesión de esa tierra, así mismo que la bendición llega al mundo a través de la familia de Israel. También le confirma que estará a su lado, sin abandonarlo y lo regresará con bienestar a su hogar.
    Iaacov se compromete a ser leal a Hashem y a dar un diezmo de todo lo que obtuviera.

    2ª Aliá: Iaacov llega a Jarán, se encuentra casualmente con Rajel de la cual queda enamorado de inmediato. Dándose a conocer descubre que es su prima por lo cual es invitado a su casa, allí vive por un tiempo hasta que cierra un trato con su tío Laván, Iaacov trabajará durante siete años para desposarse con Rajel.

    3ª Aliá: En la boda, Laván engañosamente cambia a Rajel por su hermana mayor Leá, lo que obliga a Iaacov a negociar otros 7 años de servicio para Rajel. Leá da a luz a Reuvén, Shimón, Leví y Yehudá. Rajel casa a Bilhá con Iaacov, quien da a luz a Dan y Naftalí. Leá casa a Zilpá con Iaacov  y ella da a luz a Gad y Asher.

    4ª Aliá: Rajel permite que Leá cohabite con el marido esa noche, a cambio de las mandrágoras que había traído su hijo Reuvén, después de lo cual Leá da a luz a Isajar y Zevulún. También dio a luz a su hija Diná. Rajel finalmente da a luz a Iosef, y Iaacov se acerca a Laván para negociar un salario adecuado por el servicio continuo, aunque su intención ya era regresar a la tierra de Canaán. Sin embargo, acuerdan y el arreglo resulta en teoría muy perjudicial para Iaacov, pues Laván no pierde oportunidad de estafarlo y aprovecharse de él. Sin embargo, están las cosas por cambiar…

    5ª Aliá: Iaacov  usa su vasto conocimiento de la naturaleza y consigue evitar las trampas de Laván, logrando así amasar una fortuna enorme fortuna al hacerse poseedor de grandes cantidad de ovejas y ganado. Laván y sus hijos comienzan a ver de mal modo a Iaacov, envidiosos del éxito material del hebreo. Dios le dice que vuelva a su hogar, por ello le comunica a sus esposas la intención de irse, tras 6 años de estar trabajando para obtener una buena fortuna en bienes.
    En esta sección también encontramos el sueño que tuvo Iaacov con un ángel, en el cual le menciona los animales que posee y que ha llegado el tiempo de volver a la tierra de Canaán y a cumplir lo que él había prometido.

    6ª Aliá: Huye con toda su familia y posesiones, aprovechando que Laván se había ido a trabajar lejos. Pero éste se entera y los sale a perseguir para capturarlos, sin embargo, Dios interviene y en sueños previene a Laván de no hacer ningún daño a Iaacov. Laván igualmente los alcanza, pero no les lastima en modo alguno, sin embargo dice que se siente abrumado porque se fueron a escondidas y le robaron a sus dioses familiares. Quiere recuperarlos y Iaacov sin saberlo maldice a Rajel, pues fue ella quien los había robado.

    7ª Aliá: Iaacov y Lavan se separan, haciendo antes una alianza entre ellos. Iaacov y su familia llegan a la frontera de Canaán, en donde Iaacov ve una extraña escena: campamentos de ángeles que han salido a su encuentro.

  • Parashá Toledot, paso a paso

    Vamos a conocer los temas de la parashá Toledot, de acuerdo a sus aliot laTorá:

    1ª Aliá: Itzjak tiene 40 años cuando se casa con Rivká. Tras 20 años, nacen Esav y Iaakov. La parashá nos dice de las dificultades que tuvieron para procrear y las tensiones que esto generó, así mismo de la consulta que realizaron al Eterno y la profecía recibida de que el mayor serviría al más joven.
    Luego la parashá nos ubica en el día que murió Avraham, nuestro patriarca, cuando los jóvenes ya tenían 15 años de edad. Ese día Esav volvía del campo, había salido a cazar, pero sin éxito, por tanto estaba hambriento. Su gemelo estaba cocinando un guiso de lentejas, comida tradicional de duelo. Esav quiere comer y estuvo dispuesto a cambiar sus derechos de primogénito a cambio de un plato de guiso.
    Finaliza esta porción con la reiterada promesa del Eterno al patriarca de que sus descendientes serán dueños de esas tierras y habrá una abundante cantidad de descendientes. Esto a causa de la promesa anterior dada a Avraham, así como por el apego de él y su familia a los mandamientos dados por el Eterno.

    2ª Aliá: Finalizando la aliá anterior teníamos que Itzjak y Rivká fueron obligados por la hambruna a emigrar a la tierra de los Plishtim. Avimelej, el rey del lugar, quería raptar a Rivcá para poseerla como concubina, tal como había ocurrido con Sará cuando tuvieron que exilarse tiempo atrás allí (ver Bereshit/Génesis 20), sin embargo esta vez no ocurre. Quizás porque la otra vez la habían pasado mal cuando pretendieron abusar de la matriarca, o quizás por el pacto de paz que había entre Avimelej y Avraham. El hecho es que, ahora Avimelej comprueba que son marido y mujer y ordena a su gente que respeten a esta familia.
    Se nos relata que los campos del patriarca son excepcionalmente prolíficos y económicamente exitosos.

    3ª Aliá: El éxito financiero de Itzjak genera celos en sus vecinos Plishtim. Avimelej lo expulsa de esa tierra. Se asienta Itzjac en la zona del arroyo Guerar y vuelve a cavar los pozos de agua que había perforado Avraham, lo que resulta en una confrontación con los Plishtim por los derechos de agua. Entonces prospecta nuevas, también encuentra agua, pero nuevamente vienen los filisteos a reclamar por la propiedad. Harto de la persecución, con su familia vuelven a Beer Sheva.

    4ª Aliá: Hashem en un sueño de Itzjak  le confirma que Él permanece a su lado y sigue brindándole bendiciones y que las promesas de los patriarcas serán cumplidas.
    Avimelej, el rey de los Plishtim, y su general, Fijol, se acercan a Itzjak para firmar un tratado de paz además de reconocerlo como un «bendito de Hashem».

    5ª Aliá: Se celebra el tratado entre Itzjak y los Plishtim y Beer Sheva recibe ese nombre, o se explica el motivo de que se llame así. La parashá vuelve a la historia de Iaakov y Esav. El matrimonio de Esav con dos mujeres cananeas a la edad de 40 años trae decepción a Itzjak y Rivká. Cuando Iaakov y Esav tienen 63 son bendecidos por su padre, quien sentía que había llegado el momento de conferir su legado. Se nos relata la puesta en escena orquestada por la matriarca Rivcá para que sea Iaacov quien reciba la bendición que le correspondía por derecho adquirido de primogénito.

    6ª Aliá: Itzjak bendice a Iaakov con éxitos espirituales y materiales, después de lo cual Esav regresa para descubrir la trama de Iaakov. Recibe su propia bendición para obtener ganancias materiales y está decidido a matar a su hermano. La madre, temerosa por la vida de su hijo preferido, convence a su marido para que lo envíe a vivir en lo de su hermano Lavan y así consiga una esposa digna de la familia de los patriarcas. Antes de que el hijo parta a Jarán, Itzjak confirma a Iaacov como el heredero de la bendición de Dios para que sea de él quien surja la nación judía.

    7ª Aliá: Iaacov parte hacia Padan Aram con la bendición de sus padres y con la exhortación de no casarse con mujeres canaanitas. Esav al enterarse de esto, se casa con la hija de Ishmael.

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  • El constante trifunfador

    Hay una historia que suele perderse de vista, porque se encuentra en medio de otras anécdotas mucho más vistosas y conocidas.
    En nuestra parashá, el patriarca Itzjac debió emigrar a la tierra de Guerar, en lo que sería la actual zona de la franja de Gaza, donde años antes también se había radicado su padre.
    En ese peregrinaje volvió a abrir los pozos de agua que su padre había descubierto y que los poco amistosos filisteos cubrieron y pretendieron borrar de la memoria colectiva. Itjac llamó a los pozos con sus antiguos nombres, como forma de respetar y honrar a su padre y su espíritu pionero y emprendedor.
    Pero, nuevamente los celos y el mal ánimo expulsaron al hebreo, quien no se desanimó y buscó un nuevo lugar para perforar un nuevo pozo, dejando los anteriores en manos de sus enemigos.
    El nuevo pozo también fue reclamado por los envidiosos y poco laboriosos, así que lo tuvo que abandonar.
    Entonces fue a un tercer lugar donde abrió un nuevo pozo, el cual también fue secuestrado por los adversarios.
    Finalmente encontró un cuarto lugar, prospectó y abrió un nuevo pozo, el cual, esta vez, no fue boicoteado.
    A ese pozo lo llamó «Rejobot», que se puede traducir como el lugar ancho, pues comprendió que se abría por delante un futuro promisorio y de bendición para él y su familia.
    El famoso ​escritor, coacher y conferencista estadounidense, John C. Maxwell dice:
    «Las pequeñas disciplinas repetidas con consistencia todos los días conducen a grandes logros obtenidos lentamente con el tiempo»

    Que va en consonancia con una frase del conocido escritor francés Gustave Flaubert quien afirmó:

    «El talento no es sino una larga paciencia».

    Y ya lo sabemos del genial inventor, Edison, que entre otras cosas trajo al mundo la primera bombita incandescente funcional, del cual se dice que acuñó la memorable frase:

    «No fracasé 999 veces, sino que descubrí 999 maneras en que las cosas no se hacen».
    Hasta que finalmente en la número 1000, por poner un número redondo, encontró la solución que tanto estaba anhelando.

    Ya lo enseña hace milenios nuestra Tradición y o encontramos claramente en nuestra parashá con el patriarca Itjzac, una clave esencial para el éxito es hacer nuestro trabajo, siendo consistentes y constantes.
    Porque nadie se hizo maestro de nada si no es a través de la constancia.
    En ningún arte o ciencia se llega al conocimiento, a la destreza, sin que se entrene, repita, ejercite, repase, relea, se vuelva a explicar la lección, se interiorice con paciencia y humildad.

    Como conocimos en una famosa anécdota de Akiva, antes de ser el Rabi Akiva, la pequeña, pero empecinada gota es capaz de romper la roca cuando la golpea, una y otra vez.
    Sin embargo, cuando dejamos de intentar, cuando no nos dedicamos con pasión, cuando la derrota nos espanta, entonces finalmente hemos perdido la chance de alcanzar el éxito.

    La gran mayoría de habilidades valiosas suelen ser producto de una larga práctica.
    El triunfo no suele venir de la mano de una inspiración pasajera, ni tampoco de la pereza.

    Por ello, cuando elaboramos una meta, debemos de hacerlo contando con que habrá que comprometerse, dedicarse, esforzarse, aceptar los tropiezos, ante el desánimo llenarse de energías positivas y seguir dando la batalla. Finalmente el resultado final no depende de nosotros, pero en el camino que vayamos recorriendo está el éxito.

    Ser victoriosos es una decisión de cada momento, no una cuestión de suerte.

  • El pequeño gran paso del patriarca y nuestro

    Nos quedamos esperando a que todo se alinee para hacer el cambio, pero eso nunca sucede.
    Porque el momento perfecto, la situación perfecta, no existen.
    Por tanto, es una enorme excusa para quedarnos en la situación que estamos y que reconocemos como «no la mejor», ya que boqueamos diciendo que haremos el cambio… y sin embargo, nos gana la fuerza de la costumbre, nos vence la incomodidad de la zona del falso confort.

    Debemos entender que todo momento es el indicado para ser el inicio del cambio esperado.
    La Era Mesiánica comienza cuando nosotros declaramos que es así.
    La dieta saludable no debe esperar al lunes, o a después de la comilona del fin de semana; porque esto es sinónimo de que será una más de las dietas del fracaso.
    Aquí y ahora es la ocasión más propicia para romper con el esquema del pasado y comenzar la construcción del plan del futuro espléndido, o al menos mejor.

    El pequeñito primer paso, aunque sea leve y tenue, aunque parezca ser poca cosa, es el cambio necesario para promover el cambio esperado.
    Ese pasito es el que nos está sacando de la zona del falso confort y nos pone en una zona misteriosa, de riesgos, de aventuras, de posibilidades nuevas.
    No es poca cosa, aunque en los hechos sea un avance de pocos milímetros.
    Es un despegue, es una voluntad, es el primero de muchos pasos hacia el objetivo.

    Si seguimos esperando la temporada perfecta, nuestro estado de ánimo maravilloso, la conjunción astral ideal, seguiremos estando encerrados en la misma celdita mental, o quizás en una más oscura y dolorosa.
    Así como estamos siendo ahora, es suficiente para dar el pasito victorioso que nos mueve en la dirección correcta.
    Ten confianza en el Padre Celestial, ten confianza en ti, y da el pasito; si precisarás algo en el camino, ya lo irás adquiriendo.

    Como Iaacov, quien sería nuestro tercer patriarca.
    Así como era salió al camino, despegándose de su familia en Beer Sheva y avanzando hacia lo desconocido en Jarán, su meta.
    Por ello, no es casualidad lo que soñó en su viaje, aquella escalera que apoyada en tierra llegaba su cabecera a los cielos, y por ella ascendían y descendían emisarios celestiales.
    Una de las interpretaciones de la visión es precisamente esta que estamos compartiendo ahora.
    Partía de su suelo, de su zona de falso confort.
    Como los angelitos iba ascendiendo hacia la meta, allá lejos, en un lugar ignoto, pero que se sentía sería mejor.
    Veía angelitos venir, como afirmando que habría retorno, que no era un trayecto sin vuelta, pues, él no pretendía olvidar sus orígenes ni rechazar a sus padres. Tan solo estaba saliendo al mundo, despegando hacia una mejor vida para regresar eventualmente cargado de nuevos tesoros, entre las cuales se hallaría una mejor personalidad, un Yo Vivido que mejor reflejara a su NESHAMÁ (espíritu).

    El sueño también le mostraba a estar conectado, a no olvidar que somos seres de vínculos.
    También le estaba enseñando que no pretendamos solo lo material, ni solo lo espiritual, ya que somos multidimensionales y debemos atender a todas nuestras dimensiones y equilibrarnos.
    También le indicaba el sueño lo importante que es fluir, que es movernos, que es avanzar, porque si no vamos hacia donde pretendemos igualmente la corriente nos lleva hacia donde ella quiere.

    Muchas verdades para nuestra vida, que comienzan por ese pequeño primer paso.

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  • Tremendas enseñanzas del patriarca que nació Iaacov y que es Israel

    Iaacov, el hijo de la matriarca Rivcá y el patriarca Itzjac, desde muy pequeño tuvo que tomar conciencia de que la «realidad» muchas veces es una ilusión, algo así como un decorado en una obra de teatro. Que la gente te impone creencias, que la presión social te ordena cumplir ciertas pautas, que te estructuran para creer, suponer, sentir, hacer.
    Desde chico ya luchaba, como podía contra eso.
    Es que, era descendiente de Abraham y de Rivcá, ambos perpetuos luchadores contra las imposturas sociales, contra los regímenes establecidos, contra la ideología dominante que era la ideo-latría.
    Por tanto, tenía que estar atento a las oportunidades para evolucionar y fluir.
    La vida le mostró que no sería fácil, que tendía que luchar, que habría momentos de bajón y que el éxito es un placer que desaparece muy pronto.
    Pero él sentía ese llamado profundo para ser rebelde, para ser motor del cambio, para ser un luchador empedernido por lo que consideraba era lo mejor.
    Te aviso que no es una imagen idealizada que estoy retratando, sino la visión de lo que la Torá nos cuenta, paso a paso de lo que fue su vida, desde antes de su concepción incluso, al comienzo de la parashá Toledot y hasta el final del libro Bereshit/Génesis.
    Una vida de confrontación, de lucha de victorias.
    No en vano su nombre fue cambiado por orden Divina para convertirse en ISRAEL: aquel que lucha contra Dios, enviados de Dios, y personas y prevalece; según explicara el ángel que le asignó ese nombre.

    Encontramos en el relato sagrado que tuvo ocasiones para abrir el corazón y obligar a su mente a evaporar tonterías que rondaban en ella, partes pesadas y amargas del Sistema de Creencias que se había formado en su ser.
    Tenía que desaprender y cambiar de sintonía para ponerse en frecuencia constructiva, dejando de hacerse cargo de creencias que lo agobiaban y no eran suyas, quitándose disfraces que le hacían vivir una existencia que no estaba acorde a su NESHAMÁ.
    Es decir, estaba operando en su Yo Vivido para que fuera una mejor representación de su Yo Esencial.
    Iba soltando, despejando el terreno, quitando sombras para permitir que la LUZ le llenase.
    Estaba haciendo que el ominoso control del EGO se fuera desintegrando para que, poco a poco, ir confiando en un Plan mayor, íntimamente atado al Divino.
    Como dije, esto no lo vemos en una sola parashá del libro Bereshit, sino en varias, donde se va reconstruyendo Iaacov para ser Israel.
    No fue una tarea sencilla, ni libre de dolores y angustias.
    Y te confieso que el patriarca no la terminó, la dejó sin concluir, aunque hubiera avanzado quizás mucho más que la mayoría de los humanos que han vivido o lo hacen ahora.

    Tuvo que luchar con montón de enemigos, pero en especial con su EGO, aquel que a todos nos impide avanzar, pues nos confunde con miedos, dudas y expectativas. Nos llena de creencias y sentimientos. Confunde nuestra percepción y nos sumerge en fantasías que atesoramos como realidad. Nos embarulla con su tremendo ruido, que nos impide percibir con claridad la tenue voz de la NESHAMÁ que nos habla sin cesar en nuestro interior.
    Aprendamos a ir adorando menos al EGO y sus representaciones, como lo es la religión por ejemplo, para hacer nuestro camino de santidad y empoderamiento.
    Abandonemos la amargura, lo reproches, la queja, la impotencia, la tragedia para ir construyendo una más vigorosa y bendita personalidad llena de gratitud.

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  • Bendito en todo

    «וְאַבְרָהָ֣ם זָקֵ֔ן בָּ֖א בַּיָּמִ֑ים וַֽיהוָ֛ה בֵּרַ֥ךְ אֶת־אַבְרָהָ֖ם בַּכֹּֽל
    Avraham era anciano y muy venido en días, y el Eterno había bendecido a Avraham en todo. »
    (Bereshit/Génesis 24:1)

    «En todo» está escrito como «bakol».
    Muchas interpretaciones se han dado al respecto de esta palabra, pero quiero enfocarme en una en particular, que creo tiene un poderoso mensaje para que tengas una realidad mucho más radiante y de bendición.

    Si bien es cierto que el patriarca Avraham tenía muchas ventajas materiales, también es cierto que en su vida padeció de muchas contrariedades y ocasiones que a otra persona causarían angustias y tormentos.
    Para darte una idea, te contaré algunas de sus pruebas antes de llegar a la adolescencia.
    Fue perseguido por el rey cuando era pequeño.
    Sufría de la incomprensión de su familia.
    Lo intentaron asesinar a edad temprana.
    La gente lo veía raro y peligroso.
    Se sentía fuera de lugar, en donde fuera que estuviese y con quien estuviese.
    Asesinaron a un hermano y lo acusaban de ser el responsable, indirecto, de esa muerte.
    Sus familiares tuvieron que exiliarse a causa de sus ideas.

    De grande las cosas no fueron mucho mejor, pues tuvo que enfrentar hambrunas, emigraciones, disputas familiares, conflictos con sus esposas, echar a un hijo del hogar, estuvo a punto de sacrificar a su hijo más valioso, participó de guerras, le molestaban los envidiosos, se circuncidó a los 99 años de edad, y la lista podría continuar.

    Y sin embargo, la Torá afirma que su vida fue toda buena, por eso dice que era venido en días, lo cual se interpreta precisamente como que cada día, cada instante era valioso y fue atesorado.
    Y es por ello, también, que se nos dice que fue bendito en todo.
    Porque ya desde su más tierna infancia, que de tierna tuvo poco, ya que fue muy dura en realidad, él comprendió que todo es un aprendizaje para cosechar luego experiencias poderosas. Así, cuando llega el momento en el cual nos enfrentamos desnudos a la verdad, sin capacidad para engañarnos ni ocultar nada, es decir, cuando pasamos a residir en el Gan Edén como espíritus, entonces todo se ubica en su preciso lugar y podemos contemplar las cuestiones de una manera diferente. Aquello que nos hizo sufrir es reencuadrado y comprendemos su valor en la construcción de un bienestar mucho mayor.
    Esto no quiere decir que tenemos que usar el lema «todo es bueno», y tampoco el «todo es para bien»; si es que lo usamos como una muleta para no enfrentar los horrores de esta vida, para no hacernos cargo de mejorar la realidad. En este mundo hay muchas cosas que no son buenas y que deben ser denunciadas, combatidas, eliminadas, modificadas, o transformadas en aportes para el bien. Por eso, mentirnos y mentir diciendo que «todo es para bien», no es hacer lo que Dios quiere que hagamos, porque Él nos ordena que vivamos haciendo bondad y justicia.
    Sin embargo, cuando ya no dependemos de este cuerpo ni de las cosas materiales, cuando somos solamente espíritu, cada pieza encaja en el puzzle cósmico y nos damos cuenta de que aquello que nos hizo sufrir, y que era malo, tuvo algún aporte a forjar un bien mucho mayor, probablemente no personal sino colectivo.

    Intentemos vivir agradeciendo, aprovechando nuestros recursos, e incluso usando lo negativo para atraer más bendición a nuestra vida y la de nuestro prójimo.

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