Nos cuenta el MIDRASH que, cuando faltaban muchas décadas para que Avram hijo de Téraj fuera Abraham, se dio cuenta de que ninguna mansión se construye por sí misma, ni por casualidad.
Alguien tiene que encargarse de soñarla, idearla, planificarla, diseñarla, administrar los recursos, poner manos a la obra, edificarla, embellecerla para que finalmente pueda estar lista para ser habitada y ser realmente una mansión.
Por tanto, el joven Avram se rebeló en contra de los dioses y otras creencias e imposiciones de su sociedad, negando el orden establecido para afirmar que esta mansión tiene un dueño, un amo, pero que ninguno es capaz de reconocerlo o señalarlo.
Con ello, Avram se convirtió en el primer agnóstico de la historia, porque a diferencia de todos los humanos anteriores no adjudicaba divinidad a nada/nadie, ni tampoco aún conocía al Creador y Señor. Sin embargo, no era ateo, porque muy en su interior intuía, sentía, que existe un Arquitecto y Señor. Por tanto, era un agnóstico, porque no era ni ateo ni creyente, y aún tampoco sabedor del Eterno.
Sus antepasados Noaj/Noé, Shem y Eber le confirman que es como el había teorizado, que en verdad existe un único Dios y que los dioses son inventos de los hombres. Noaj hasta le cuenta de aquellas viejas historias que lo tuvieron como héroe y desdichado, en las cuales Dios se dirigió personalmente a él.
Pero nada en estas anécdotas le daban certeza y seguridad a Avram, pues podían ser desvaríos de esas viejas mentes cansadas, o tal vez otras imaginaciones fraudulentas del EGO poblando el mundo de dioses imaginarios.
Por tanto, Avram no sabía y por ello andaba con su método de la duda para todas partes, por todos sus exilios.
A la edad de 75 años recibe finalmente la revelación profética, cuando el Eterno se comunica con él para decirle que estaba en lo correcto, que no era un loco, que no era un rebelde sin sentido, que no era un banal filósofo lleno de aire en el cerebro, sino que efectivamente todo lo que el mundo llamaba dioses eran vanidades, sombras de reflejos de Él.
Dios le afirmaba que era una presencia en este mundo y que intervenía o se ocultaba, pero nunca era indiferente a los aconteceres de la minúscula de nada cósmica que parece somos los humanos.
Con la revelación también vienen las promesas, bendiciones y compromisos de difíciles tareas.
Debía confrontar a los poderosos, a los amos del mundo.
Debía caminar por la senda de la espiritualidad.
Debía aprender a dominar el egoísmo y todas las otras incitaciones del EGO.
Debía afincarse en la tierra de su antepasado Eber, ahora usurpada por los cananeos y otros arribistas.
Debía formar una familia que se entrenara en la santidad y compatibilizar este mundo con la espiritualidad.
Debía dar a conocer al Eterno.
Debía luchar contra sus propios hábitos y tendencias, rearmar su personalidad para que estuviera más sintonizada con su Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu, chispa Divina).
Debía difundir los Siete Mandamientos para las Naciones, el noajismo, para que la humanidad se encaminara hacia la meta correcta y no anduviera a los tumbos en la oscuridad.
Debía y debía de hacer muchas otras cosas, todas formaban parte de su código de conducta basado en lo espiritual, porque era la manera de realizar su misión en esta vida.
La vida que le esperaba era la de no estar satisfecho en ningún momento, porque ahora no solo intuía el infinito, sino que se sabía absolutamente parte de él.
Ciertamente que sabía estar alegre con su porción material, pero nunca satisfecho.
Por ello rompía límites, seguía quebrando los marcos establecidos, desatando las cadenas que nos retienen amargados y en penurias. No iba a permitir que el EGO siguiera gobernando nuestras vidas, pudiendo ser el Señor de señores quien lo hiciera.
Es un modelo para que tomemos en cuenta.
¿Qué es lo que más te atrae de Abraham?

El árbol se encuentra potencialmente en la semilla, sin embargo, la semilla debe de morir como tal para que pueda surgir el árbol.
Te mencionaré algunas de las muchas cosas que podemos aprender del patriarca de los judíos, Abraham, en la parashá Lej Lejá y en los comentarios tradicionales acerca de ella:
Desde que nacemos vamos armando nuestro Sistema de Creencias, que se compone de montón de elementos, muchos de ellos inaccesibles para nuestra mente consciente.
Abraham tenía setenta y cinco años cuando Dios por primera vez habló con él y le ordenó dejar todo lo que había construido a lo largo de su vida, sus relaciones, sus conocidos, sus vínculos, sus posesiones terrenales, para comenzar una nueva vida en un lugar misterioso.
1ª Aliá: Iaacov ha partido de Beersheva rumbo a Jarán y en el camino experimenta la famosa profecía de la escalera que conecta tierra con cielo y por la cual ángeles suben y bajan. En el sueño Dios le habla informándole que siguen firmes las promesas dadas a sus padres, de abundante descendencia y la posesión de esa tierra, así mismo que la bendición llega al mundo a través de la familia de Israel. También le confirma que estará a su lado, sin abandonarlo y lo regresará con bienestar a su hogar.
Vamos a conocer los temas de la parashá Toledot, de acuerdo a sus aliot laTorá:
Hay una historia que suele perderse de vista, porque se encuentra en medio de otras anécdotas mucho más vistosas y conocidas.
Nos quedamos esperando a que todo se alinee para hacer el cambio, pero eso nunca sucede.
Iaacov, el hijo de la matriarca Rivcá y el patriarca Itzjac, desde muy pequeño tuvo que tomar conciencia de que la «realidad» muchas veces es una ilusión, algo así como un decorado en una obra de teatro. Que la gente te impone creencias, que la presión social te ordena cumplir ciertas pautas, que te estructuran para creer, suponer, sentir, hacer.
«En todo» está escrito como «bakol».