Categoría: Patriarcas

  • Cinco claves para mejorar tu realidad

    En la parashá de esta semana, Vaierá, nos encontramos con el mayordomo de la casa de Avraham yendo a cumplir una misión fundamental para el destino del pueblo judío.
    Iba a buscar una novia para el hijo del patrón, quien fuera nuestro segundo patriarca Itzjac.
    Muchas dudas surgen de este hecho, sería interesante estudiarlo y profundizar en ello, pero quisiera mencionar un aspecto solamente, que me parece relevante para nuestra vida cotidiana.
    El mayordomo estuvo muchas décadas cercano al patriarca, a su lado en las buenas y en las malas, por lo cual, algo podemos aprender de nuestro patriarca a través del relato de la conducta del siervo.
    Veamos 5 aspectos, que te repito, me parecen muy útiles para mejorar nuestra vida diaria, pues nos permiten impactar la realidad y transformarla para nuestro bien y el de quien nos rodea.

    1. Hablaba con Dios y de esa forma ponía en orden sus ideas y sentimientos, para poder realizar conductas mucho más eficientes.
      Su rezo no se quedaba en una experiencia religiosa, en el cumplimiento de algún ritual de estilo mágico, ni era un mecanismo sobrenatural para intentar controlar los acontecimientos. Muy por el contrario, era un tiempo de reflexión, de auto percepción, de auto conocimiento, de tomar conciencia de su entorno, de descubrir potencialidades y conflictos.
    2. Empleaba un lenguaje corporal que le empoderaba y servía para influir en su relación con el entorno. Si bien la palabra es importante, lo que la acompaña es aún mucho más. Por tanto, había aprendido posturas, gestos, movimientos que le daban sensación de control, de equilibrio, de paz interior y por tanto conseguía transmitir a los demás desde una posición de superioridad no ofensiva.
      Cuando se tenía que prosternar agradeciendo a Dios, lo hacía. Cuando tenía que estar parado firme, para demostrar que era un emisario de un señor poderoso, lo hacía. Cuando tenía que abrazar, lo hacía.
    3. No reaccionaba a los acontecimientos, sino que respondía desde la creatividad. Se daba su tiempo para concebir pensamientos, desarrollar alternativas, evaluar a su interlocutor, impregnarse del aquí y ahora, formarse una idea sólida y así promover sus planes, dar cumplimiento a sus iniciativas. Por tanto, tomaba decisiones y no meramente se dejaba llevar por los acontecimientos.
      Así, por ejemplo, pudo darse cuenta de los valores de la familia de Rivcá, que era gente consumida por la avidez, codiciosos, poco dados a los actos de generosidad, hipócritas y al saber esto pudo comunicarse en un idioma que ellos pudieran entender y aceptar.
    4. Era humilde, que significa conocer su poder y su limitación, tener noción de sus posibles debilidades así como de sus fortalezas y por tanto no asumirse ni como más ni como menos poderoso. Por ello podía estimular a los demás, promoviendo valores de respeto y confianza mutua en sus relaciones humanas. Así conseguía sacar lo mejor de sí y probablemente del otro. No se dejaba engañar por el EGO, cayendo en imposturas de ser menos o de ser más de lo que era. Cuando tuvo que alimentar personalmente a sus camellos, lo hizo; cuando tuvo que decir que era un siervo y no el amo, lo hizo; cuando tuvo que representar los intereses de su patrón con firmeza, como si fueran los suyos propios, lo hizo.
    5. Agradecimiento, porque reconocía aquello que había recibido y lo agradecía con sinceridad. Alguien que no es agradecido, suele ser una persona amarga, desconforme con la vida, insatisfecha y sin miras de encontrar el verdadero placer.

    Espero que estas claves te ayuden a encontrar una mejor forma de construir tu realidad.
    Le sirvieron a Eliezer, tal como a su maestro y patrón, nuestro patriarca Avraham.

    https://serjudio.com/apoyo

    https://youtube.com/yehudaribco

  • La bondad que se extiende y supera todo infierno

    Esta historia es parcialmente real, pero lo que importa es su mensaje.
    Es la leyenda acerca del Dr. Howard Kelly, uno de los fundadores del famoso hospital Johns Hopkins, en EUA.

    Allá, hacia fines del siglo XIX y principios del XX, él era un niño pobre que estaba vendiendo productos de puerta en puerta para pagar la escuela, la cual estaba con ganas de dejar, porque le era muy difícil continuar con sus estudios y trabajar para sostenerse con tantas penurias.
    Una tarde solo le quedaba una pequeña moneda de diez centavos y tenía hambre, ese día aún no había probado bocado. Decidió que pediría comida en la casa de al lado.
    Abrió la puerta una hermosa joven, y a él le dio mucha vergüenza, por ello pidió un vasito de agua. Ella lo vio hambriento y comprendió que sentía humillación de pedir, así que le trajo un gran vaso de leche y galletas. Ella le dijo que en su casa no se tomaba agua, sino leche, y con ella siempre se come unas galletas.
    Él estaba confundido pero se lo bebió muy despacio y luego preguntó: ¿Cuánto te debo?

    No me debes nada, -respondió- mi madre nos ha enseñado a no aceptar nunca un pago por una buena acción.

    Él dijo: Entonces te agradezco de todo corazón.
    Se alejó de allí sintiendo que estaba más fuerte físicamente, pero especialmente agradecido a Dios y con más confianza en que el ser humano puede ser bueno. Por ello estaba dispuesto a no darse por vencido ni a renunciar a sus estudios.

    Muchos años después, esa joven, ya madura enfermó de gravedad. Los médicos locales estaban desconcertados. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad.

    El Dr. Howard Kelly fue llamado para la consulta. Cuando escuchó el nombre del pueblo de donde venía, una luz extraña llenó sus ojos.
    Inmediatamente se levantó y fue por el pasillo del hospital a su habitación.
    Vestido con su bata de médico, entró a verla. Los años habían pasado para todos, y la enfermedad había marcado ese bello rostro, pero él tenía bien grabada esa cara en su memoria y la reconoció de inmediato.
    Se hizo cargo del caso y después de una larga batalla, ella logró recuperarse.

    El Dr. Kelly solicitó a la oficina comercial que le pasara la factura final para su aprobación. Él lo miró, luego escribió algo en el borde y la factura fue enviada a su habitación.
    Ella temía abrirlo, porque estaba segura de que le llevaría el resto de su vida pagarlo todo. Finalmente miró y algo llamó su atención en el costado del billete. Ella leyó estas palabras: ‘Pagado en su totalidad con un vaso de leche y unas galletas’.

    (Firmado) Dr. Howard Kelly.

    Lágrimas de alegría inundaron sus ojos mientras su corazón feliz oraba: ‘Gracias, Dios, que tu amor se ha extendido por los corazones y las manos de los humanos’.

    No sabemos hasta dónde alcanza cualquiera de nuestras acciones, por tanto, la tarea es tratar de elegir siempre realizar buenas obras.
    En nuestra parashá lo demuestra Abraham Avinu.
    Estaba ardiendo de fiebre, porque era el tercer día desde que él mismo se circuncidó, siguiendo la orden de Dios.
    Ya tenía 99 años de edad y para colmo el calor era insoportable.
    Nadie se atrevía a andar por esa zona, cercana a lo que es el Mar Muerto, porque fue el día más caluroso de la historia.
    Sin embargo, ahí estaba nuestro patriarca, a la puerta de su carpa a la espera de algún viajero para recibirlo y convidarlo con agua y comida, sombra y descanso, y lo mejor con la presencia, alguien con quien conversar y ser escuchado.
    Porque para nuestro patriarca eso era mucho más importante que quedarse en la cama sufriendo y quejándose, encontrando excusas y no haciendo lo poco o mucho que podía hacer.
    Para él recibir huéspedes, atenderlos como si fueran príncipes y acompañarlos un rato tanto en la casa como por el camino para despedirlos, era maravilloso. Porque con ello hacía su parte para mejorar al mundo.
    Y realmente, hizo la gran diferencia para bien.

    Es un excelente modelo para todos nosotros.
    Como enseñó Maimónides: «Debemos considerarnos que el mundo está equilibrado entre el bien y el mal, será nuestra próxima acción la que determinará hacia que lado se moverá la balanza».

  • El modelo a seguir para ser bendito y de bendición

    Nuestra Tradición nos cuenta que Abraham atravesó por diez terribles pruebas.
    Se las enumero según las enseñanzas de Maimónides, quien toma en cuenta los relatos de la Torá, y no los de los midrashim como hacen otros grandes maestros:

    1. Dios le dice que deje su hogar y comodidad para ser un extraño en la tierra de Canaan, siendo ya de 75 años de edad.
    2. Inmediatamente después de su llegada a la Tierra Prometida, se encuentra con una hambruna que lo obliga a emigrar.
    3. Los egipcios secuestran a su amada esposa, Sara, y se la llevan al faraón.
    4.  Enfrenta dificultades increíbles en la batalla para rescatar a su sobrino Lot, que había sido tomado como cautivo de guerra.
    5. Se casa con Agar después de no poder tener hijos con Sara.
    6. Dios le dice que se circuncide cuando ya tenía 99 años de edad.
    7. El rey de Gerar captura a Sara, con la intención de desposarla.
    8. Dios le dice que despida a Agar después de tener un hijo con ella.
    9. Su hijo, Ishmael, se distancia.
    10. Dios le dice que sacrifique a su amado hijo Isaac sobre un altar.

    Cada una de estas pruebas servía para que él aprendiera cosas, que hasta entonces no sabía de sí mismo.
    También nos sirven a nosotros como enseñanzas, en varios aspectos de la vida.
    Lo cual me hace recordar que el Rab Simcha Zissel Brodie contaba lo siguiente: «Alguien vio llorar a Napoleón una vez y le preguntó por qué lloraba. Napoleón dijo: ‘Yo tomaba a Alejandro Magno como mi modelo a seguir. Ahora la gente me considerará un modelo a seguir. Dado que no soy tan bueno como Alejandro Magno, habrá una disminución de los estándares de lo que un gobernante puede lograr’».

    Como padres, educadores, amigos, o en el rol que estemos cumpliendo, probablemente haya gente que nos esté tomando como guías en sus vidas. Que aprenden de cómo afrontamos las adversidades que atravesamos, que nos ven cómo reaccionamos ante los éxitos, y así en un montón de situaciones de las que ni siquiera nos damos cuenta que estamos sirviendo como modelos para otros.
    Por ello tenemos que tener presente de no bajar el listón de los estándares de lo que se puede lograr en la vida.

    Tendremos cada uno nuestras pruebas, nuestros tropiezos, los momentos amargos, y por ello es necesario tomar conciencia de los buenos modelos y tratar de seguirlos, mientras estamos siendo los ejemplos para aquellos que nos rodean.

    Esa es una de las formas de interpretar el mensaje bíblico que llama a los judíos a ser «or lagoim», es decir, «luz para las naciones». Cuando las naciones del mundo ven al pueblo judío, y a los judíos como individuos, y pueden descubrir el mensaje espiritual que es necesario rescatar para dar un sentido trascendente a nuestras vidas.

    https://serjudio.com/apoyo

    https://youtube.com/yehudaribco

  • Aprender por las buenas: método práctico

    Hay una conocida frase de los sabios: «maasé abot simán labanim» – «el comportamiento de nuestros antepasados ​​son los signos del futuro para sus descendientes».

    Entendamos bien, no quiere decir que estamos en una especie de ciclo perverso en el cual el destino está marcado y siempre estaremos viviendo algo que será una repetición de lo que sucedió en el pasado.
    El verdadero sentido es que, mientras no aprendas la lección, ésta seguirá apareciendo en tu vida.

    Entonces, por ejemplo, si en la parashá Abraham y su familia tuvieron que emigrar por causa del hambre que asolaba a su país, eso no significa que en cada generación estamos condenados a padecer una hambruna que nos obligará a emigrar buscando sobrevivir. Ciertamente, sabemos que la miseria ha llevado a individuos y colectivos a encontrar otros hogares en tierras lejanas, pero no es una penalidad que tendrá que vivir cada una de las generaciones, gracias a Dios.
    Pero la lección está ahí, siempre presente para que tengamos en cuenta la enseñanza y la apliquemos.
    En este caso en particular podría ser, por ejemplo, aprender a no estar apegados a lo material y mantener una actitud positiva hasta en los momentos oscuros que nos tocará experimentar a lo largo de nuestras vidas.

    En este mundo el Maestro nos da a elegir cómo queremos aprender: si por las buenas o por las malas.
    Sea cual fuera nuestra elección, la lección está para ser aprendida e incorporada a nuestra vida.
    Por tanto, es de sabio escoger hacerlo por las buenas.

    Por tanto, cuando conocemos y profundizamos en las historias de los antepasados del pueblo judío, especialmente las historias que nos cuenta la Torá y los comentaristas de los patriarcas y matriarcas, entonces estaremos en el camino del buen aprender.
    Pero que quede claro, siempre y cuando esas historias nos hagan despertar porciones de nuestra conciencia y con ello hagamos las mejoras necesarias en nuestra conducta cotidiana.

    Son muchísimas las historias en todo el libro Bereshit, tenemos cientos y hasta miles de detalles que buscan perfeccionar nuestra personalidad y ayudarnos a despertar la conciencia espiritual.
    Esto se hace mucho más poderoso cuando nos enfrascamos en las narraciones de nuestros patriarcas y matriarcas, por tanto la invitación es a conocer, estudiar, permitir que nuestra mente y corazón salgan de la caja que nos condiciona las ideas y sentimientos para así poder aprovechar el estupendo mensaje que nos ofrece la Torá cada día.

    Ahora te propongo un método para ir saliendo del ciclo negativo del no aprendizaje, o de las lecciones por las malas.
    El primer paso es darse cuenta de que estamos repitiendo conductas, reeditando historias nuestras o de otros, como si estuviéramos en un disco rayado, que se repite, que se repite, que se repite…
    Darse cuenta, esperemos que lo hagamos antes de que nos duela.

    Luego está reconocer los elementos que están en juego, para lo cual no es suficiente con quedarnos solamente en la queja, en echar culpas, en contar una y otra vez lo mal que la pasamos, en reclamar a Dios que haga algo.
    Sino que precisamos encontrar aquello que está operando para que las cosas sucedan como lo hacen, por ejemplo, lo que nos da miedo, lo que rechazamos admitir, lo que no nos animamos a confrontar, etc.
    Es indispensable que al primer paso de darse cuenta le sumemos éste, de encontrar lo que motiva el ciclo que nos lastima. Tomar conciencia de lo qué sucede y porque sucede.

    Entonces deberá venir el paso de cambiar de respuesta, porque lo que veníamos haciendo evidentemente no era aquello que precisábamos hacer. Ha llegado el momento de pensar en alternativas, de aprender otras formas de enfrentar los sucesos.
    Si bien es cierto que como ya dimos los dos pasos anteriores, de cierta forma comenzamos a cambiar… esperemos que para bien.

    Sin embargo, habrá momento de vacilación, de recaída, de querer dejar las cosas como están, de volver al refugio de la zona del falso confort.
    Es imprescindible saber que el verdadero cambio requiere de trabajo, de mantener despierta la conciencia, tendremos que  ser pacientes, constantes y perdonar los errores sin por ello caer en la displicencia.

    Más tarde, con todo lo anterior se irá consolidando la nueva forma de ver y hacer las cosas, es decir, iremos formando una nueva zona de falso confort y entrando en nuevos ciclos de repeticiones. Es normal que esto ocurra, así está diseñado el ser humano.
    Por tanto, tendremos que ser humildes y aceptarnos en nuestras limitaciones, pero no encerrarnos en una armadura y olvidarnos que el camino se va haciendo todos los días, en cada ocasión con su nuevo reto.

    Así formamos también una nueva mirada de nosotros mismos, de nuestra realidad y seguimos desarrollándonos hasta el máximo de nuestras potencialidades.

    Entonces, realmente habremos tomado las lecciones antiguas como buenas enseñanzas para darnos un mejor presente.

    En palabras del gran maestro de Torá sefaradí, don Abraham ibn Ezra: «Si no soportas el esfuerzo del estudio, mucho más pesado es el peso de la ignorancia» (Shirat Israel 113).

    https://serjudio.com/apoyo

    https://youtube.com/yehudaribco

  • Lej Lejá: paso a paso

    1ª aliá: Avram recibe instrucciones de parte de Dios para que deje Jarán y viaje casi mil kilómetros hacia la tierra que había sido usurpada por los invasores cananeos, la antigua región que correspondía a los hebreos, que es la actual Israel.
    Él ya había iniciado ese viaje de regreso mucho tiempo antes, cuando marchó junto a su padre, quien los dirigió hacia la tierra de Ever; pero, por diversos contratiempos habían quedado varados en Jarán.
    Ahora era cuando se reiniciaba el viaje para el reencuentro del hebreo con la tierra de los hebreos; tal como miles de años más tarde, sus descendientes los judíos retornarían en masa a la tierra de la que fueron echados vilmente por los romanos. Es como si el espíritu del sionismo estuviera vivo desde el mismo comienzo de la nación de Israel, incluso antes del primer patriarca. Porque el sionismo es algo más que un movimiento político del siglo XIX, o una idea nacionalista: el sionismo es el vínculo indestructible entre la nación judía y su tierra.
    Pero, en la historia de la parashá el asentamiento sionista del patriarca Avram se ve obstaculizado por causas adversas, ya que al llegar se ven obligados a dejar Canaán, debido a una hambruna local terrible. Marcharon a Egipto en busca de comida, demostrando que una cosa es ser idealista y realizador, y otra cosa es ser idealista que vive fantaseando sin conectarse con la realidad.

    2ª aliá: Avram se da cuenta de que la moralidad egipcia es diferente a la de su lugar de origen, e incluso peor que la habitual en Canaan. Por tanto, tienen que idear alguna estrategia para preservar su vida y libertad, pues los egipcios no tardarían en dañarlo para quitarle a su esposa Sarai y abusar de ella.
    La intervención de Dios permite que ambos se salven del desenfreno del faraón, para finalmente regresar a Canaan con muchas experiencias y riquezas que proveyó el faraón, a modo de disculpa por su conducta anterior.

    3ª aliá: Ocurre una grave disputa entre los peones de Avram y los de su sobrino / cuñado Lot, quienes viajaban juntos hacía mucho tiempo. Resulta que los peones de Lot no eran cuidadosos de la propiedad ajena, en tanto que los de Avram lo eran y no aceptaban que se estuviera perjudicando a su patrón con conductas negativas. Para evitar una escalada del conflicto, Avram le propone a su sobrino que se separen en buenos términos permitiéndole que escoja en qué parte de la tierra prometida por Dios quiere residir. Lot elige la que, en aquella época, era la más rica y productiva, en lo que actualmente conocemos como árida zona del valle del Mar Muerto.
    Hashem le asegura a Avram que tendrá hijos, tantos ‘como el polvo de la tierra’, que heredarán la tierra de Israel y continuarán con su trabajo de difusión de las enseñanzas espirituales.

    4ª aliá: Hubo una feroz batalla entre 5 reyes contra 4, la causa es que los agresores vinieron de muy lejos para mantener su poder imperial y llevarse riquezas y esclavos. Entre los tomados cautivos se encontraba Lot.
    Al enterarse Avram del infortunio de su sobrino y de la gente de la localidad cercana, decide salir al rescate de las víctimas, interviniendo así en un conflicto entre poderosos, mostrando su lugar entre los príncipes de la región. Porque Avram ya era algo más que un filósofo, comerciante, maestro espiritual, buen vecino y estanciero, era también una personalidad con poder y autoridad y se encargaba de dejarlo bien en claro. Cuando logra vencer a los enemigos y llevar a Cannan al equilibrio, fue reconocido por los otros líderes políticos por su fuerza militar y autoridad moral. Paso a paso estaba abriendo el camino a la realización de las promesas de Dios para él y su familia, pero era una tarea que llevaría mucho tiempo, más que lo que él viviría.
    Se relata en esta sección su encuentro con Malki Tzedek, el rey de Shalem. Pero, ¿quién es este personaje del cual no tenemos más noticias de él en la Torá?
    Resulta que era Shem, el hijo de Noaj, quien regía en esa zona y mantenía allí un sacerdocio dedicado al Dios Altísimo (El Elión), que era su manera de denominar a Hashem. A pesar de ser monoteísta tenía miedo de declararse como tal y de negar públicamente la realidad de los dioses, pues el poderoso emperador Nimrod, el impulsor del primer gobierno mundial y de la primera religión organizada (que era usada como instrumento político), podría castigarlo severamente por ello. Por tanto, de manera reservada adoraba al Altísimo, cuidándose mucho de no enfadar a Nimrod.
    Shem era monoteísta como lo fue su padre, y muchísimos anteriormente a ellos. Avram en modo alguno fue el primer monoteísta, pero sí fue el primero en llegar a darse cuenta por sus propios medios de la futilidad de la idolatría y de que hay un solo Dios. Más tarde sus ideas de la deidad única le fueron confirmadas personalmente, tanto por Shem (que era un antecesor suyo), como por Noaj. Además de que, obviamente, el propio Dios se lo dijo cuando Avram tenía 75 años y experimentó su primer comunicación profética.
    Volviendo a Malki Tzedek, no por casualidad en esa zona de Shalem siglos más tarde estará la ciudad de Ierushalaim, designando en ella el rey David el lugar para el Templo de Hashem. Ya se conocía su energía especial, su vínculo con la espiritualidad, y es por ello que Malki Tzedek había puesto su sitio de adoración allí.

    5ª aliá: Avram demuestra nuevamente su grandeza al no querer tomar nada de lo capturado en batalla, aunque tenía todo el derecho. Pero sí permite que aquellos que le acompañaron lo hagan.
    Los años pasan y Sarai sigue sin quedar embarazada de Avram. Entonces, Hashem vuelve a tranquilizar a Avram diciéndole que tendrá hijos (no solo estudiantes) que ‘serán tan numerosos como las estrellas en el cielo’.

    6ª aliá: Ocurre el trascendental «Brit Bein haBetarim» (‘Pacto entre las mitades’), durante el cual se revela proféticamente a Avram los próximos 430 años de su familia, se le anuncia el destierro y esclavitud de sus descendientes, sus tomentos y posterior liberación y retorno a la tierra prometida cargando grandes riquezas.
    Luego se nos cuenta que Sarai le pide a Avram que tenga un hijo con Agar, la joven esclava egipcia que habían traído de Egipto. Ella era la hija del faraón y ahora se convertiría en la madre del primer hijo de Avram. La intención de Sarai era que al nacer el niño ella lo criaría, ya que sentía que biológicamente no tendría un hijo con su marido. Pero, Agar bien pronto entró en conflicto con su patrona Sarai, a la que menospreciaba y maltrataba, olvidando su verdadero lugar dentro de la familia de Avram. Finalmente la sierva huye, está en riesgo de vida, pero se encuentra con un ángel que la rescata y le dice que vuelva a casa de Sarai y acepte su autoridad, porque ella sigue siendo la esposa de Avram y la que será la madre de la descendencia elegida por Dios para ser maestros de la espiritualidad para todas las naciones. El ángel también le da noticias de cómo será el futuro de su hijo, a quien deberá llamar Ishmael.
    Después del nacimiento, Dios ordena que el nombre de Avram se cambie por Avraham (Abraham, en su grafía castellana).

    7ª aliá: Avraham recibe la mitzvá de la Circuncisión, para él y todos los varones de su casa, siendo a partir de ese momento regla que se circuncide a los varones al octavo día del nacimiento.
    El nombre de Sarai se cambia a Sará, y Hashem le asegura a Abraham que él y Sará tendrán un hijo llamado Itzjak. Es el año 2047 y Avraham se circuncida a sí mismo, a Ishmael de 13 años y a todo varón de su casa.

    https://serjudio.com/apoyo

    https://youtube.com/yehudaribco

  • La conexión sagrada en la parashá Lej Lejá

    Esta semana leeremos la parashá Lejá, la famosa sección que nos presenta el despertar de la conciencia espiritual de Abraham y la posterior peregrinación hacia la tierra de sus patriarcas, la tierra de Ever, que nosotros conocemos como Israel.
    La travesía, iniciada desde muy temprana edad, no solamente la realizó transportándose desde Ur de los Caldeos (en una zona entre las actuales Turquía y Siria), sino también reconstruyendo muchísimo de lo que creía, conocía, sentía, sus vínculos sociales, etc.
    Para este viaje de autoconocimiento y de mejor comprensión de la realidad, no llevaba un mapa que le mostrara la ruta, ni siquiera tenía una brújula para orientarse, sino tan solo intuiciones y convicciones de que el mundo no podía ser realmente tal como el Sistema de Creencias de su sociedad lo presentaba. Por ello confrontó desde pequeño la ideología imperante, aquella que adoraba ídolos y permitía que el emperador, Nimrod, gobernara con puño de fierro y discurso seductor por sobre regiones y personas.

    Su determinación y valentía para cumplir sus sueños, para perseguir sus convicciones formadas a través de filosóficas corazonadas, finalmente fueron coronadas cuando al comienzo de la parashá recibe el mensaje de Dios que le confirmaba buena parte de sus descubrimientos anteriores: el mundo no era como lo pintaba la ideología dominante; los dioses son irrelevantes; hay un Dios que es por completo diferente a todo lo conocido; Dios está interesado en Sus criaturas; para Abraham y su familia es necesario reconectarse con la tierra original de sus ancestros; entre otras cosas que le fueron confirmadas o reveladas cuando Dios se comunicó con él proféticamente.

    Este es solamente un vistazo de una de las temáticas de la parashá, por lo cual, te invito a conocer el resto buscando en nuestro sitio https://serjudio.com y en los videos que tenemos publicados en https://youtube.com/yehudaribco.

    Y recuerda que tu apoyo económico es fundamental para que continuemos realizando la obra de difusión de las enseñanzas del Padre Celestial: https://serjudio.com/apoyo

  • La escalera de Jacob

    La vida es una escalera, tal como la percibiera en su sueño profético el joven Iaacov.
    Con sus pies apoyados sobre la tierra y su cabeza en los cielos.
    Puede ser larga o corta, según el tiempo destinado a cada uno. No está en la extensión su secreto, sino en cómo la vivimos.
    Por ella a veces bajamos, otras ascendemos.
    Pero es imposible estar en un mismo peldaño más que un instante que vuela veloz.
    Cada escalón es un desafío, hasta aquel que parece ser tranquilo y sin complicaciones. Su reto está precisamente en superar la pereza, la comodidad, el hábito. También en la riqueza está el desafío, no solamente en la pobreza. En la salud, tal como en la enfermedad. Cada momento trae su lucha.
    Podemos reaccionar, dejándonos llevar por automatismos e irracionalidad. O podemos responder, asumiendo con inteligencia y moderación las cuestiones.
    Podemos aumentar la oscuridad que rodea a nuestra NESHAMÁ, y por tanto obstruirnos más la irradiación de su permanente LUZ. O podemos doblegar al EGO, domesticarlo, ubicarlo en el rol para el cual fue creado, y entonces comportarnos de acuerdo al código ético/espiritual que se encuentra en el ADN de nuestra existencia.
    Aceptemos el desafío, mantengamos el equilibrio, avancemos en conocimiento y conciencia, construyamos SHALOM con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.
    Tendamos puentes solidarios, de AMOR, con el prójimo, para de esa manera manifestar la unidad esencial espiritual también en este mundo.

    Si este estudio te ha llegado al alma, compártelo y colabora con nuestro trabajo: https://belev.me/apoyo

  • Crear lo bueno con el habla y la mente

    Uno de los relatos más famosos de la humanidad lo encontramos en la parashá de esta semana, Vaishlaj, cuando el patriarca Iaacov pelea con un ángel. Como resultado de esa contienda el patriarca es bendecido y recibe un nuevo nombre, que refleja con más claridad su nueva personalidad: ISRAEL.
    Pasó de ser una persona con tendencias muy dominadas por el EGO a una persona con predominancia espiritual.
    No fue un trabajo sencillo, no ocurrió por milagro, ni tenía el patriarca una predisposición mágica que le ayudó a conseguir su transformación personal; lo cual convierte a este hecho en un impresionante logro, uno que merece todo el elogio y mérito y que además nos sirve a nosotros para tomarlo como ejemplo. Ya que, si el patriarca hubiera alcanzado su metamorfosis de esclavo del EGO a poderoso espiritual por obra divina, sin ningún esfuerzo, entonces no tendría ningún valor ni mérito. Sería no más que la “gracias divina”, un regalo por el cual no se ha sacrificado nada ni se ha desarrollado ninguna cualidad. Pero, como el patriarca debió luchar con todas sus fuerzas, realmente dar una batalla dolorosa e impresionante, entonces el positivo resultado solamente destaca su poder y lo realza.
    Es por tanto este pasaje de la Torá muy significativo para todos aquellos que queremos despegarnos de nuestro Yo Vivido acostumbrado al EGO y modificarlo para que esté en perfecta sintonía con nuestro Yo Esencial. Es decir, que nuestra personalidad refleje a nuestra espiritualidad, que nuestra espiritualidad se vea reflejada en nuestra forma de estar en el mundo.

    Cada día debemos dar nosotros esta lucha, imponernos sobre nuestra tendencia oscura y despegarnos del EGO para abrazar más nuestra personalidad infinita.
    Como una gran ayuda al respecto, ten en mente el siguiente pasaje en el relato de la lucha de Iaacov con el ángel, cuando el patriarca le dice:

    «No te dejaré, si no me bendices»
    (Bereshit/Génesis 32:27)

    No alcanzó con los golpes que se estaban dando, trenzarse en pelea física, ni estar ideando estrategias para derrotarlo, sino que tuvo que hablar como forma de lograr el éxito. Pero no cualquier habla, si lo analizas descubres que está reclamando que le bendiga, es decir que “bien diga”.
    El hablar bien es fundamental.
    Esto ni significa ser experto en decir discursos, o tener un gran caudal de vocablos y arte para unirlos en frases vibrantes. Sino usar el habla para el bien, hablar positivamente.

    Atiende la enseñanza en el más profundo y poderoso de los poemas:

    … נַפְשִׁי יָצְאָה בְדַבְּרוֹ …
    «…Se me salía el alma, cuando él hablaba…»
    (Shir HaSHirim/Cantar de los Cantares 5:6)

    Salirse el alma con las palabras.
    Es decir, el poder de la palabra para movilizar la energía emocional y anímica.
    Tener la capacidad para afectar, para bien y para mal, por medio de la expresividad.

    Las palabras irradian energía que manifiestan siempre parte de nuestra personalidad.
    Cuando hablamos desde la negatividad, estamos contagiando oscuridad al entorno y enfocando nuestro mente hacia lo negativo.
    Pero, si nuestras palabras son de luz, el efecto será alumbrar nuestra vecindad y dejar que la mente apunte a descubrir más motivos para estar bien.
    Por tanto, es importantísimo llenar nuestro discurso de cosas positivas, no porque eso obligará al universo a darnos lo que queremos, sino porque nos rodeara de luminosidad, provocará reacciones positivas en el vecindario, fortificará nuestra mente, llenará nuestra alma de calma.

    Imagínate una situación que se presenta problemática y tienes al lado a un quejoso, que solamente se lamenta, echa culpas, justifica la torpeza, insulta, o cosas por el estilo.
    Y al otro lado tienes a la persona que afronta las situaciones con realismo, desde el poder, con aceptación de las dificultades, que apuesta por mejorar y construir.
    ¿Cuál de los dos te genera una energía más dulce y que mueve a la superación?

    Entonces, palabras positivas, en mente positiva, con acciones positivas. El resultado será positivo.
    Y si fuera la negatividad tu sintonía, entonces no esperes positividad.

    Di palabras de bendición, repite párrafos de alabanza sincera, haz del sano positivismo un compañero constante de tu boca. Agradece, elogia, estimula con tu palabra al que anda cabizbajo y con dudas.
    Rechaza de tu lenguaje lo que afea, lo que empobrece la imaginación, lo que altera negativamente, lo que llena de miedo e impotencia.

    Como el inspirado salmista nos enseña:

    «¿Quién es el hombre que desea vida? ¿Quién anhela años para ver el bien?
    Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.
    Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela.»
    (Tehilim/Salmos 34:13-15)

    Por tanto, lucha contra tu parte negativa haciendo lo que es positivo. Hablando lo que es poderoso. Pensando, realmente pensando y no meramente repitiendo creencias, con pensamientos de luz.
    Haciendo de esta manera al poco rato estaremos comprobando que los ángeles enemistados pasan a ser aliados, que los problemas se mitigan, que el dolor se acalla, que la confianza crece.

    Si este estudio te ha sido de bendición, agradécelo y difúndelo, y no olvides de colaborar con nosotros que mucho se agradece: https://belev.me/apoyo

  • Cada patriarca con su senda

    Queda la impresión, cuando no se estudia cabalmente, que el patriarca Itzjac queda a la sombra de su enorme padre Avraham.
    Como que es muy difícil tener su propia luz ante la imponente presencia radiante del primer patriarca.
    De hecho, son escasas las narraciones acerca del patriarca intermedio, generalmente opacado por su padre y su hijo.
    Al respecto, si tomamos un párrafo parecerá confirmarse:

    «Itzjac volvió a abrir los pozos de agua que habían abierto en los días de Avraham su padre y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Avraham. Y él los llamó con los mismos nombres con que su padre los había llamado.»
    (Bereshit/Génesis 26:18)

    Cava en los mismos lugares, encuentra los mismos pozos, los llama de la misma manera.
    Es decir, un calco insulso de lo que ya había sido y dejó de ser.
    Como si no hubiera otra iniciativa que la de ser un repetidor, sin agregar, sin innovar.
    Y ahí se queda la mayoría de los superficiales eruditos bíblicos.

    Sin embargo:

    «Después los siervos de Itzjac cavaron en el valle y descubrieron un pozo de aguas vivas. Y los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Itzjac, diciendo: –El agua es nuestra. Por eso llamó al pozo Esec, porque allí riñeron con él.
    Abrieron otro pozo, y también contendieron por él. Y llamó su nombre Sitna.
    Se alejó de allí y abrió otro pozo, y no contendieron por él. Él llamó su nombre Rejobot diciendo: –Porque ahora el Eterno nos ha hecho ensanchar, y seremos fecundos en la tierra.
    De allí fue a Beer Sheva.  Y aquella noche se le apareció el Eterno y le dijo: –Yo soy el Elohim de tu padre Avraham; no temas, porque Yo estoy contigo. Yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de Mi siervo Avraham.
    Él edificó allí un altar, invocó el nombre del Eterno e instaló allí su tienda. También allí los siervos de Itzjac excavaron un pozo.»
    (Bereshit/Génesis 26:19-25)

    Itzjac siguió su propio camino y en él iba abriendo nuevos pozos que contenían “aguas vivas”.
    Es decir, aguas de vida, aguas nuevas, aguas que no habían sido conocidas anteriormente.
    Usando a su padre como plataforma de lanzamiento el segundo patriarca inauguraba otras maneras de comprender el mundo y de relacionarse con él.

    Avraham era el gran disertante, el conferencista que motivaba con su genialidad, el promotor de ideas y palabras de liberación.
    Cuando falleció la idea se fue marchitando, los allegados devolviéndose a la confusión.
    Por su parte Itzjac estaba más a gusto con el diálogo entre pares y especialmente con la acción concreta, sin tanta doctrina vociferada.
    Su obra iba por ese lado, pasito a paso, haciendo pequeños adelantos que permitirían consolidar un cambio verdadero.

    No luchaba contra la figura poderosa de su antecesor, sino que la superaba siguiendo su propio estilo.
    Por lo pronto, para los eruditos escasos de saber, la presencia de Itzjac es tímida y apocada. Pero para los que han bebido de las fuentes sagradas y ricas de la Tradición, queda bien claro su rol fundamental en la creación de la nación de Israel.

    Ambos patriarcas, así como el tercero del cual Dios mediante ya hablaremos, son excelentes modelos de vida para quien quiera atender.
    Si este estudio te ha parecido nutritivo, te agradezco nos des una mano con tu aporte monetario que nos permite continuar solventando esta obra sagrada: https://belev.me/apoyo
    Gracias

  • Modos de amar

    Las parejas de nuestros patriarcas/matriarcas presentaban diferentes modalidades del amar.

    1- Abraham y Sará: ellos no se dedicaban a los discursos relativos al amor. Tampoco se sumergían en fantasías románticas, ni vivían como si la existencia fuera para entregarse a la pasión. Su amor era racional pero por sobre todas las cosas práctico, porque estaban dedicados a realizar actos de bondad desinteresada para con el prójimo. A eso dedicaban buena parte de sus vidas, como unos socios bien balanceados, como ingredientes de una receta sabrosa y nutritiva. Poniendo la tarea sagrada por delante mantenían encendido el amor, el interés, el respeto.
    Probablemente no sean buenos personajes de novelas románticas o peliculones hollywoodenses, pero la nobleza de su vínculo es mucho más poderoso que cualquier pasión desatada, que cualquier efusividad producto de las hormonas.

    2- Itzjac y Rivcá: su relación fue arreglada por terceros, no se conocían ni tenían interés el uno por la otra y viceversa. Hasta el momento en el cual se encontraron para de inmediato adentrarse en el contrato matrimonial. Al comenzar la vida en conjunto fueron conociéndose, aprendiendo del otro mutuamente, haciendo posible un verdadero encuentro y descubrimiento. Por mucho tiempo siguieron sorprendiéndose, cultivando la relación al punto de que ese esfuerzo para la convivencia se convirtió en amor.
    Uno que involucraba sentimientos, pero no la emotividad arrebatada.
    Si bien a menudo se producían desencuentros, porque son inevitables en la relación humana, ellos se dieron cuenta que el compromiso por sostener el matrimonio era mucho más poderoso que vencer al otro en el terreno de la discusión empujada por el EGO.
    De esta manera fortalecían el amor en lugar de apagarlo con disputas y competencias por el dominio.

    3- Iaacov y Rajel: en este caso el comienzo fue como una explosión espontánea, ya que Iaacov vio a su prima y quedó prendado de inmediato. La pasión roía sus huesos, el anhelo por estar con ella era voraz. Sin embargo, tuvo que avenirse a cumplir las normas sociales que le impusieron un alejamiento físico por siete años. Esto no causó que la llama se extinguiera, sino que avivó el deseo, fortaleció el cometido de poder estar juntos y formar una familia.
    A diferencia de esos arrebatos vehementes e impulsivos, que conocemos como enamoramiento, en este caso pudieron convertir el entusiasmo en un motor para transformar la emoción en poder de unión.
    Cuando finalmente pudieron estar juntos y contraer nupcias, el amor ferviente siguió moviendo sus motores, para buscarse y quererse.

    Vemos cuán diferentes son los modos de amar en estas tres parejas fundacionales, sin embargo tienen algunas características en común, de las cuales te mencionaré solamente tres:

    a- sabían que el amor es una construcción en constante desarrollo.

    b- el amor supera con creces los sentimientos, pues su base fundamental es el accionar bondadoso y desinteresado en beneficio del otro. (A veces la pasividad es también una forma de acción).

    c- entendían que el amor no es ver todo color de rosas y estar siempre de acuerdo, sino que se produce a partir de las diferencias y los mecanismos que ponemos en juego para que las mismas nos unan y no nos separen.

    Estas tres cualidades aplican a todos los amores, no solamente a los que se forman con la pareja sexual.

    Si este estudio te ha sido de bendición, recuerda que precisamos tu ayuda económica para mantener nuestra sagrada tarea gratuita: https:/belev.me/apoyo

  • Negociando espiritualmente

    Expusimos hace unos días el Método abrahámico de negociación, que puedes releer haciendo clic aquí.
    Ahora vamos a verlo funcionar en la práctica.
    Para lo cual, copiaremos el pasaje correspondiente de la Torá:

    «Avraham se levantó de delante de su difunta y habló con los hijos de Jet, diciendo: –Yo soy forastero pero resido entre vosotros. Dadme entre vosotros una propiedad para sepultura, y que sepulte allí a mi difunta.
    Los hijos de Jet respondieron a Avraham diciéndole: –Escúchanos, mi señor: Tú eres un príncipe de Elohim entre nosotros, en el mejor de nuestros sepulcros sepulta a tu difunta. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro para que sepultes a tu difunta.
    Avraham se levantó y se inclinó ante la gente de la tierra, los hijos de Jet y habló con ellos diciendo: –Si tenéis a bien que yo sepulte allí a mi difunta, escuchadme e interceded por mí ante Efrón hijo de Tzojar,  para que me dé la cueva de Majpelá que está en el extremo de su campo. Que por el valor total me la dé como propiedad para sepultura en medio de vosotros.
    Efrón estaba sentado entre los hijos de Jet.
    Y Efrón el heteo respondió a Avraham en presencia de los hijos de Jet y de todos cuantos entraban por las puertas de la ciudad, diciendo:  –No, señor mío. Escúchame: Yo te doy el campo y te doy la cueva que hay en él. En presencia de los hijos de mi pueblo te lo doy; sepulta a tu difunta.
    Avraham se inclinó ante la gente de la tierra.
    Y habló a Efrón en presencia de la gente de la tierra, diciendo: –Pero, te pido que me escuches: Yo te daré dinero por el campo. Tómalo de mí para que yo sepulte allí a mi difunta.
    Efrón respondió a Avraham diciéndole: –Señor mío, escúchame: La tierra vale 400 siclos de plata. Entre tú y yo, ¿qué es esto? Sepulta, pues, a tu difunta.
    Escuchó Avraham a Efrón, y pesó para Efrón la plata que éste le dijo, a sabiendas de los hijos de Jet, 400 siclos de plata de curso mercantil.
    El campo de Efrón que estaba en Majpelá, frente a Mamré, tanto el campo, la cueva que había en él y todos los árboles que había dentro del límite del campo, pasó a ser propiedad de Avraham, teniendo como testigos a los hijos de Jet, de todos los que entraban por las puertas de su ciudad.»
    (Bereshit/Génesis 23:18)

    Los principios de la negociación abrahámica son:

    1. Enfocarse en el poder y no en la impotencia: separen a las personas del problema
    2. Fomentar el poder-potencial de los participantes: céntrense en los intereses, no en las posiciones
    3. Hacer uso práctico del poder sin caer en la fuerza: Propongan alternativas para beneficio mutuo
    4. Definir puntos de encuentro: usen criterios “objetivos”

    Desglosemos ahora.
    ¿Cuál serían los problemas que podría enfrentar Avraham con su solicitud?
    a. que los hijos de Jet no quisieran vender la tierra a uno que consideraran extranjero.
    b. que hubiera algún impedimento religioso o tradicional para la transacción
    c. que el dueño no estuviera interesado en la venta
    d. que lo estafaran
    e. que le pidieran un precio imposible de pagar

    Podría haber anticipado otros inconvenientes y obstáculos el patriarca, sin embargo el procedió a dialogar con los potenciales vendedores.
    Se expresó con amabilidad y cortesía, siendo atento y llenando de honor a su contraparte.
    No lastimaba la imagen que tenían los otros de sí mismos, sino que elogiaba con palabras y gestos, dando a entender la importancia y poder de sus interlocutores.
    Porque cuando hacemos sentir bien al otro, realmente y no con mentiras, lo más probable es que tengamos un buen retorno. Quizás no alcancemos nuestro objetivo comercial, pero dejaremos tendidos puentes que posibilitarán futuros intercambios o se aprovechará de alguna otra manera la buena relación construida. Es decir, se está invirtiendo para beneficio actual o futuro, no siendo en modo alguno un gasto o pérdida.

    Mencionó alguna de las probables dificultades, como por ejemplo “soy forastero”, pero de inmediato planteó la solución “pero resido entre ustedes”.
    Otro ejemplo de su habilidad negociadora es cuando les expresa directamente que ellos son los que tienen el poder, que intercedan por él, haciéndoles sentir en control y que no estaban siendo amenazados ni puestos en desventaja de ninguna manera.
    Porque su intención era adquirir el terreno lo antes posible para enterrar a su difunta esposa, en principio no estaba escondiendo ninguna otra intención.
    Por lo cual, no enfocarse en los problemas sino atender a las personas, centrarse en su interés y no en las peticiones en sí mismas.

    Miremos el extraño planteo de Efrón de darle gratis el terreno.
    Y repitió el asunto públicamente, asegurando que sería un traspaso sin costo.
    Esa fue su posición, lo que ventilaba explícitamente, ¿pero cuál era su interés?
    Pongámonos en la situación de Avraham: ¿acaso esa “generosa” propuesta realmente sería una adquisición o solamente un usufructo para él y su familia?
    Si la recibía gratuitamente: ¿a que riesgos futuros se podrían exponer él y su familia? Por ejemplo, que la tuvieran que devolver, que fueran acusados de intrusos, que tuvieran que pagar un precio aún más exorbitante que el que efectivamente pagó… los resultados podrían ser inimaginables.
    E incluso hay algo más, porque si leemos con atención Avraham estaba solicitando una cueva en específico, en tanto que le propietario quería venderle la tierra alrededor, la cual tendría un elevado precio.
    Efrón no quiere vender realmente una pequeña cueva al borde de su campo, por lo que expande la solicitud de Avraham de una cueva a todo el campo. Esto ahora es demasiado grande para aceptarlo como un regalo, un campo entero con árboles y una cueva es una parcela importante. Avraham sabe que Efrón lo está preparando para pagar más de lo que esperaba. porque estaría adquiriendo más de lo que inicialmente quería.

    Avraham quiere pagar el precio completo porque quiere ser un propietario legal entre ellos, una entidad políticamente reconocida, no un extranjero que pide prestado espacio para sus cementerios privados.
    Por tanto la alternativa resulta contra intuitiva: pagar el precio completo en lugar de recibir graciosamente la tierra.
    Aceptar la manipulación de Efrón sin contraofertas, sin regateos.

    Llegados a este punto, ¿por qué Avraham no siguió negociando para conseguir un mejor precio?
    Que él fuera rico no es una excusa para pagar más de lo objetivamente acertado.
    Que tuviera urgencia en enterrar a su difunta, tampoco resulta una justificación.
    ¿Por qué se detuvo allí?

    Una muy buena respuesta es que, los 400 siclos de plata, que resulta sumamente caro para la tierra, árboles y cueva; en este caso era un precio bajísimo. Porque en esa cueva estaban sepultados Adam y Javá (Adán y Eva), siendo un sitio muy especial, que irradiaba una energía sumamente poderosa.
    Viéndolo de esa forma, era una ganga que no había que perder por 10 siclos más o menos.

    Otra respuesta es que, Avraham había detectado la falsedad en la propuesta amable de Efrón, se dio cuenta de que ofrecerla de gratis tres veces en realidad era una estrategia oculta para conseguir ventajas a futuro.
    Así pues, Avraham no iba a dejarse atrapar por la falsa generosidad ni tampoco enemistarse con la gente del lugar por codicia.
    Por tanto, si 400 siclos era lo que se precisaba para obtener el título legal de posesión y además la paz con el sátrapa, ¡que así fuera!

    Otra respuesta es que, Avraham no quería que la gente desprestigiara a Sará, porque sabía que dirían que como él no la quería y no tenía valor es que la enterró en una cueva que recibió gratuitamente… ¡pudiendo pagarla!
    El qué dirán no es para tomar en consideración, pero evitar las murmuraciones llevando una determinada conducta socialmente aceptable y que no quebranta la ética es de persona prudente.

    Por último, uno de los criterios objetivos en esta negociación es que el pago fue realizado en siclos de plata de curso mercantil, usando una medida de valor estipulada socialmente.
    Hoy quizás nos puede parecer una obviedad, pero no en aquella época en la cual la moneda de curso legal aún no estaba extendida entre los pueblos y era escasamente conocida y empleada.

    Otro criterio objetivo fue llevar a cabo la negociación ante testigos, cumpliendo con los requerimientos legales del lugar.
    Que no quedara nada librado a la memoria, a la buena voluntad, a las buenas intenciones, a lo que puede cambiar antojadizamente. Que fuera todo certificado, legalizado, aprobado, refrendado para de esa manera evitar conflictos que pueden ser fácilmente evitados.

    Si este estudio te ha sido relevante, te agradecería me ayudarás a sostener nuestra tarea con tu aporte económico: https://belev.me/apoyo


  • Convertirte en lo que haces

    El Séfer haJinuj (mitzvá 16) trae esta poderosa enseñanza: Una persona se convierte en lo que hace.
    Vamos a comprender bien este enunciado que es esencial en el judaísmo.

    Si una persona está llena de buenos deseos, de pensamientos positivos, de una onda genial, pero no actúa: ¿cuánto bienestar trae al mundo en general y a su vida en particular?
    Todo se reduce a su mente, a su imaginación, a su deseo y se queda en eso, nada más.
    No mueve siquiera un dedo para concretar algo de su deseo. No da ni un pasito en dirección a la meta. No comunica ni una letra a sus colegas o colaboradores para encaminar la tarea práctica. ¡Nada! Solamente remolinos en su mente, fuerza en su corazón.

    Imagínate que cada buena intención, cada deseo positivo, es una semilla. Si no preparamos el terreno, ni hacemos la tarea que requiere para la siembra, luego el trabajo de cuidar la planta y finalmente el esfuerzo de la cosecha: ¿cuánto será lo que recogeremos finalmente? ¿De qué podremos disfrutar, más allá de buenas intenciones en la mente?
    Es por esto indispensable que no nos quedemos solamente con el pensamiento positivo, sino que actuemos positivamente.

    Según anuncia con claridad nuestra Tradición: “אחרי המעשים נמשכים הלבבות” – “ajarei hamaasim nimshajim halebabot” – las acciones son las que forman el pensamiento y el sentimiento. Es decir, una persona se convierte en lo que hace.
    Para lo bueno, para lo malo también.

    Pero además, si tan solo nos quedáramos con el pensamiento, bien pronto se iría diluyendo, o se mezclaría con otras ideas, o se convertiría en una obsesión que impediría otras alternativas.
    Cual fuera el resultado, el pensamiento por sí mismo no impulsa cambios, ni evoluciones, ni revoluciones.
    Al menos debe ser expresado, compartido, comunicado; porque hablar ya representa una acción que modifica el mundo material. Cosa que no sucede con el pensamiento sin más.

    Si hasta el Creador nos deja constancia de esto cuando pudiendo haber creado el universo con su sola Voluntad y en un acto inmediato, instantáneo, sin embargo eligió hacerlo con la palabra y en etapas.
    ”Dijo Elohim haya luz y fue luz”, y le siguieron otros nueve enunciados creativos.
    Una de las razones es que cuando nosotros recibiéramos la Torá y la estudiáramos pudiéramos comprender que no basta con el pensamiento, sino que éste debe hacerse acción. También nos enseña que en el mundo material los cambios no suelen ser espontáneos, repentinos, carentes de pasos previos. Por el contrario, todo lleva un proceso previo, camino para recorrer y que van conduciendo hacia el resultado. Tanto para lo bueno como para lo malo.

    Pero además, el corazón de la persona se ata con aquello que se compromete.
    A mayor dedicación, cuanto más trabajo ponemos en algo, más importante nos resulta.
    Es por ello que el amor no es un mero sentimiento, sino la acción bondadosa y desinteresada en favor del otro. Si fuera solamente sentimiento, buena onda sin ninguna actividad práctica (acción/palabra), no habría ningún beneficio hacia el otro, sería solamente un pasatiempo egoísta de quien cree que ama, pero no lo está haciendo.

    Entonces, es muy lindo el buen pensamiento, el buen sentimiento, pero está en la acción el poder.
    Uno puede querer dejar de fumar, por ejemplo, y decirse que el lunes deja el cigarrillo. Pero es en el acto de negarse a fumar cuando uno comienza el proceso para liberarse de esa esclavitud. Eventualmente su mente se irá acomodando a la nueva realidad, siempre y cuando las acciones lo conduzcan a ello y no se haga un auto-boicot llenándose de excusas que le llevan a actuar contrario a su bienestar.
    ¿Se comprende?

    Como un bebe que va conociendo el mundo, interactuando con él.
    Como cuando va aprendiendo a caminar, que lo hace primero arrastrándose, luego gateando, más tarde ayudado por algún mayor, después solo y tropezando para levantarse y continuar su camino, hasta que finalmente se convierte en un caminante y hasta en un corredor. Porque no se queda esperando que el universo le haga los mandados, ni alguna deidad mágica camine en su lugar. Sino que hace lo que tiene que hacer, a los ponchazos, seguramente que no sabiendo muy bien que es lo que está haciendo o cómo lograrlo, pero comprometiéndose cada vez más con su tarea.
    Si lo único que hace es permanecer en el cochecito o en brazos de un adulto, ¿cuándo caminará? ¿Cuándo fortalecerá sus músculos y las conexiones nerviosas que se emplean en el acto de caminar? ¿Cómo se hará independiente si sus papis nunca le sueltan de la mano para que camine solo y eventualmente decida el camino por el cuál querrá ir?
    La acción va formando a la persona.

    Así mismo cada vez que logramos transformaciones en nuestra vida.
    Para bien, también para mal.

    Entonces, cuando nos surja una buena idea, no nos quedemos solamente en ella.
    Hablémosla, y no solamente con Dios, aunque eso también es importante.
    Escuchemos lo que tenemos para decir, escuchemos también al otro.
    Pero tampoco nos quedemos en el discurso, por más bonito que sea, sino que pongámonos en campaña.
    Aunque la meta sea lejana o parezca inalcanzable, seguramente que un paso más cerca es estar más cerca que meramente quedarse sentado en la queja, o soñando con maravillas que no nos atrevemos a conquistar.
    ¿Se comprende?

    Abraham fue el gigante, padre de la difusión del monoteísmo porque tuvo que atravesar diez duras pruebas que la vida le puso, que Dios encomendó.
    Porque cada una de esas titánicas tareas le confrontaba con su zona de confort, le obligaba a avanzar y no quedarse acurrucado en sus miedos o en su Sistema de Creencias.
    Y Abraham hacía, actuaba, y con ello iba perfeccionando su mente y corazón.
    Ya que, si meramente se hubiera quedado filosofando encima de alguna piedra en la frontera de las actuales Turquía e Irak, no tendríamos recuerdo de él, ni existiría el pueblo judío.
    Él pensaba, pero más que eso, él actuaba y con su accionar modificaba su existencia y la de su entorno.

    Por supuesto que no eran acciones incoherentes, caóticas, fruto de una mente enferma. Eran acciones inteligentes, pensadas, sentidas, pero que no le daban permiso para esconderse en su zona de confort, sino que le impulsaban a seguir creciendo.
    Y con cada accionar, mejoraba su intelecto y su emotividad.
    Así fue él cincelando su roca para transformarla en una obra estupenda.
    Como símbolo de esto, leímos al final de la parashá pasada que fue el primero que se hizo la circuncisión del prepucio, a la edad de 99 años, siguiendo la directa instrucción del Eterno.
    Él realizó sobre su cuerpo esta dolorosa operación, porque es con la acción que modificamos la realidad y con ella cambiamos lo que pensamos y sentimos.

    Así pues, meditar es genial. Rezar es estupendo. Pensar es indispensable. Sentir es maravilloso. Estudiar es digno de elogio.
    Pero si nos quedamos en la dimensión mental solamente, perdemos la batalla.
    Comuniquemos, hablemos, compartamos, expresemos.
    Pero es indispensable que hagamos, accionemos, seamos prácticos.
    Aunque tengamos vacilaciones, aunque tengamos miedo, aunque podríamos cometer errores, aunque sea mucho y difícil, aunque no vemos cercana la meta. ¡Hagamos!
    Obviamente que siendo cautelosos y prudentes, respetuosos de la ley y de la salud.

    Mira lo que dice el inspirado salmista:

    «Consideré mis caminos y volví mis pies a Tus testimonios.»
    (Tehilim/Salmos 119:59)

    No basta con considerar, analizar, darse cuenta con el pensamiento.
    Sino que hay que moverse, actuar.
    Y no está dicho que volvió su mente o sus ojos a los testimonios de Dios (mandamientos y Torá), sino que volvió sus pies. Es decir, su accionar. Cuando se puso en marcha hacia el lado correcto, la mente también se sincronizó, también el sentimiento.

    Esto aplica también para la gente que tiene malos pensamientos, está atada al egoísmo, se desvía en conductas nocivas.
    La solución no es mágica, sino que requiere el compromiso y la constancia de la acción.
    Hacer y hacer, aunque parezca que no sirve, aunque no se disfrute al principio.
    Porque eventualmente la mente será modificada y estará sincronizada con lo bueno.
    Desde hace milenios lo enseña la sagrada Tradición, y funciona.

    Mira y comprende:

    “רצה הקדוש ברוך הוא לזכות את ישראל, לפיכך הרבה להם תורה ומצות” – “ratzá haKadosh baruj Hu lezakot et Israel, lefijaj irbá lahem Torá umitzvot” – “quiso el Creador dar méritos a Israel, por ello les dio abundancia de Torá y obligaciones que cumplir”
    (Mishná Macot 3:16)

    Nos dio una infinita Torá para estudiar, para esforzarnos en avanzar sin parar en el estudio. Pero junto a ella nos dio 613 mandamientos, que tienen miles y miles de reglas para convertirlos en práctica.
    Por tanto, no nos dijo que nos quedáramos meditando en cuevas, ni que contempláramos luces místicas en reuniones de cabalistas, sino que nos encomendó la inmensa tarea de traer el mundo espiritual a esta realidad material. ¿Cómo? A través del estudio y del trabajo.
    Con ello modificamos nuestra existencia terrenal así como nuestro entorno material.