Hay algunas personas que me dicen que tengo una especie de obsesión con el tema del EGO, o que al menos es mi tema preferido.
Sinceramente, no tengo obsesiones. Ninguna.
Tampoco pensamientos compulsivos. No, no los padezco.
Ni tampoco tengo que sufrir a causa de vicios (aunque últimamente el consultar a cada rato el celular se me está haciendo un desagradable hábito).
No me obsesiona el tema del EGO, en lo más mínimo; aunque sí, es evidente que hace tiempo lo vengo trabajando, y me parece que no hay semana que no compartamos alguna enseñanza novedosa, o al menos una faceta diferente para ir comprendiendo más y mejor nuestra existencia.
Si me equivoco, por favor avisarme.
Tampoco me resulta un tema preferido, ¡ni se acerca a mis preferencias!
Pero, sin dudas, ¡es un tema indispensable para todos!
¿Por qué?
Pues, porque es una parte de lo que somos, y cuando está fuera de foco se convierte en un impedimento para nuestro bienestar, para el disfrute, para la plenitud, para alcanzar a percibir la LUZ de la NESHAMÁ y por tanto vivir de acuerdo a ella.
El EGO no es un enemigo exterior, no es una fuerza maligna, no es un demonio, no es un ángel perturbador, no es una entidad mística, no es una metáfora, no es una imaginación religiosa; el EGO es una función humana natural, esencial, necesaria cuando cumple la función específica para la cual Dios la creó en nuestro ser.
Si no sabemos esto, si nos mantenemos en la ignorancia, si confundimos las cosas, si seguimos aferrados a la imaginación infantil/religiosa respecto a estos temas, evidentemente estamos perdiendo el terreno que nos pertenece al ofuscar la conciencia la LUZ de la NESHAMÁ.
Peor si luchamos en contra del conocimiento de las cuestiones del EGO.
Si deploramos que se sepa de él, si consideramos que es innecesario, si argumentamos con lemas religiosas al respecto, si nos aburre.
¿Por qué?
Pues, es una señal de que el EGO tiene el control de nuestra vida.
Entonces, combatimos para ocultarlo, para que siga operando desde las sombras.
Porque así actúa el EGO, llevándonos a sentirnos impotentes para surgir como un salvador milagroso que nos restablece u otorga poder.
Por eso hay que conocerlo, reconocerlo y trabajar para que sea la NESHAMÁ quien oriente nuestras existencias.
Reducir el dominio del EGO, de modo tal de estar en equilibrio, armonizados, caminando a la LUZ de la NESHAMÁ y por tanto de acuerdo a la Voluntad de Dios (revelada en los mandamientos, 7 para cada uno de los gentiles; 613 para el pueblo judío).
Cuando doblegamos al EGO, estamos en condiciones de vivir éticamente, es decir, en consonancia con nuestro espíritu.
Pero, si el EGO es el que sigue gobernando, no somos más que esclavos padeciendo de luchas, impotencias, temores, amarguras, fantasías, religiones, exilio espiritual y todas las otras cosas que derivan del EGO desubicado.
Por ello, tal vez no haya un tema más espiritual y necesario que el del EGO, para tenerlo presente y no darle chances a que siga obstaculizando nuestra existencia. Porque así podremos restarle importancia y entonces dedicarnos a lo que en verdad vale la pena.
En mi humilde propuesta, el foco no es el EGO, ¡todo lo contrario!
El eje es la NESHAMÁ, y por tanto los mandamientos del Eterno.
Y, sin embargo, no podemos dejar de lado aprender acerca del EGO y no dormirnos suponiendo que el trabajo está terminado respecto a él.
¿Se entiende?
¡Excelente! Si así es.
Si no, se oyen las dudas que quizás sean respondidas luego.
«Y tomó Koraj [Coré] hijo de Itzhar [Izjar], hijo de Kehat [Cohat], hijo de Leví; y Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, hijos de Rubén.
Hemos estudiado en varias ocasiones que el miedo es la anticipación emocional de una impotencia. Está en el plano de la fantasía, no es a causa de un hecho que esté aconteciendo actualmente.
«Y tomó Koraj [Coré] hijo de Itzhar [Izjar], hijo de Kehat [Cohat], hijo de Leví; y Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On hijo de Pelet, hijos de Rubén.
La época no se presentaba armoniosa, los desastres estaban a la puerta, si es que ya no habían ingresado al hogar.
Ser breve
Que los niños y mujeres permanecieran hasta completar cuarenta años en el desierto, fuera de Israel, resulta un castigo ilógico.
Ellos vieron a los héroes canaaneos morir, caían como moscas.
Podemos recordar como un ejercicio intelectual-emocional, eso está bien.
La semana pasada en la diáspora leímos la parashá Behaalotejá.