Mes: octubre 2022

  • Parashat Lej Lejá, 5783

    Hemos llegado a la tercera sidrá de la Torá, que se encuentre en el sefer Bereshit, entre los versos 12:1 y 17:27.
    Es tradicional acompañar la lectura pública de esta porción con el texto del profeta Isaías/Ieshaiá, entre los versos 40:27 al 41:16.

    Veamos un brevísimo resumen del contenido de nuestra parashá siguiendo cada capítulo, e iremos intercalando midrashim, enseñanzas, sugerencias, comentarios para enriquecer nuestro encuentro con la parashá.

    Capítulo 12: Sin preámbulos, sin diálogos ni narración de acciones previas, el Eterno ordena a Avram que abandone su país, su medio ambiente familiar y su familia originaria, para marchar hacia un país extraño, que le será indicado por el Eterno. Nosotros sabemos que el destino es la que entonces era conocida como tierra de Canaan, pero que los antiguos la recordaban por su nombre original: la tierra de Heber.
    Aquella era la parcela que correspondía por derecho de herencia a la familia de Avram, pues ellos eran los descendientes de Heber. De hecho, el padre de Avram había emprendido muchos años atrás el retorno hacia aquella tierra que les pertenecía, habiendo abandonado las provincias caldeas en las que estaban habitando. Distintos eventos en el camino retrasaron y luego impidieron que Teraj alcanzara su destino, sin embargo, ahora Dios era quien ponía nuevamente en marcha el proceso de restauración.
    Sin embargo, no había esclarecido Dios hacia dónde debía dirigirse Avram, sino que solamente le indicó que se fuera y dejara todo, incluso a su familia, y especialmente la cultura en la cual se había criado.
    Avram, de 75 años en ese entonces, hizo caso a la voz que desde ninguna parte le hablaba, emprendiendo en soledad el camino hacia lo desconocido. Pero, al rato, regresó para llevar consigo a su esposa Sarai, a su sobrino Lot, y a las personas que le tenían como su líder, pues él, desde hacía muchos años, había roto con las creencias idolátricas para retornar hacia un monoteísmo agnóstico, pues había entendido que los dioses eran fantasías de los hombres, pero que el universo tenía un dios que lo controlaba todo. Ese Dios es el que se comunicó con él en esta oportunidad, dando por valioso el esfuerzo de este hombre por reencontrar la comunicación con su Creador. Recordemos que NO fue Avram el primer monoteísta, ¡la humanidad nación siéndolo! Pero Avram sí fue el primero que quiso retornar al dios único, sin tener la guía y el conocimiento de sus ancestros, sin embargo, consiguió salir por su propio esfuerzo de la cárcel de la idolatría y con ello encontrarse en su camino con el Creador.
    Ahora, no solamente el Dios se había comunicado con él, sino que también le había dado sentido a su vida, y la promesa de ser bendición para todas las naciones de la Tierra, y de ser el iniciador, el padre de una gran nación. Esta bendición para las otras naciones implicaba que la gente podría recuperar la pureza de pensamiento, gracias a la influencia de Avram y su familia, quienes estarían abocados a vivir con fidelidad hacia el uno y único Dios y de esa forma servirían de ejemplo para las otras familias de la tierra. No había magia, ni mística, ni promesas de que se convertiría en el origen de una religión, sino en el padre de una enorme familia, el patriarca de una nación. Una nación compuesta por sus descendientes, los cuales vivirían en su tierra, aquella a la que estaba yendo. Es así que, al arribar a la tierra de Canaan, El Eterno revela a Avram que esta será la tierra heredad de sus descendientes. Tras lo cual, Avram se radica allí, para establecerla como su patria, sin embargo, las circunstancias lo obligaran a emigrar temporalmente.

    Capítulo 13: Una feroz hambruna castiga la tierra de Canaan, por lo cual Avram y sus allegados viajan hacia la siempre abundante tierra de Mitzraim (Egipto).
    Ya llegando, se percata de la extrema belleza de su esposa, y conociendo la violencia de los egipcios, le pide que se presente como su hermana, para salvar de ese modo su vida.
    Muchas han sido las críticas a esta acción, tildarlo de machista y cobarde suele ser lo menos agraviante que he escuchado al respecto. Desde el mismo instante del suceso tenemos explicaciones y aclaraciones, que quitan de cierta forma el dedo acusador sobre el patriarca; como, por ejemplo, que es cierto que probablemente lo hubieran asesinado de inmediato para que alguno de los egipcios tome a Sarai como mujer, pero, al presentarse como hermano, le daban la oportunidad de negociar, de salvar su vida y hasta de proteger la integridad moral de Sarai. Invito a estudiar y profundizar, con la sabia guía de un maestro de Torá, que pueda prevenir de creencias extrañas y conclusiones erróneas.
    Retornando al relato, el faraón queda absorto por la belleza de Sarai, por lo cual, la lleva a su palacio. Pero, Dios hostiga al Faraón y a su corte con terribles tormentos, forzando de ese modo a que Sarai sea respetada y se le permitiera volver junto a su familia, además le fueron dadas inmensas riquezas como compensación.
    Pasadas las penurias en Canaan, Avram y los suyos retornan.
    Al ingresar a la tierra prometida, surge un conflicto inesperado. Resulta que tenía mucho ganado, al igual que su sobrino Lot. Ambos también tenían empleados, encargados de cuidar dichos rebaños. La cercanía y la competencia por los recursos, y vaya a saber qué otros conflictos secretos, llevan a que sus pastores y los de su sobrino Lot peleen de continuo.
    La cuestión se va agravando, por lo que, para preservar la paz, Avram propone que se separen, y le da a su sobrino la preferencia para que escoja dónde elige ir a vivir. Lot prefiere la zona fértil, ideal para la cría de animales, dejando para Avram la parte más árida y con menos posibilidad para el desarrollo. Sin embargo, esa rica zona elegida por Lot, también estaba poblada por personas en extremo corruptas, siendo los más famosos los ciudadanos de Sodoma, en valle del Jordán, que hoy conocemos como Mar Muerto. Parece increíble, pero hace más de 3600 años atrás, lo que hoy es un sitio desértico, en aquel entonces era asemejado al jardín del Edén.

    Capítulo 14: Lot es llevado prisionero, tras una guerra entre los reyes de la zona y otros venidos desde muy lejos. Avram se entera del asunto, y a pesar de ser un hombre de paz, se dirige de inmediato a una misión de rescate, acompañado por alguno de sus empleados y allegados. Ese puñado de valientes logra vencer a los poderosos reyes, rescatan a Lot y liberan a los que habían sido tomados cautivos.
    De camino de regreso, se encuentra con su ancestro Shem, el cual a pesar de su centenaria edad, seguía en funciones como rey de la ciudad de Shalem, además de servir como sacerdote para el Dios Altísimo. Podríamos estar horas explicando este encuentro, el motivo por el cual Shem y Noaj no se atrevían a enfrentar la idolatría imperante, y otros asuntos muy interesantes, pero tratamos de exponer un resumen y convidar a quien quiera, profundice, junto a maestros de Torá que tengan la clave correcta de su interpretación.
    En este capítulo Avram deja bien en claro que su lucha no fue por fama, dinero o poder, ya que afirma que para sí no toma del botín ni siquiera el cordón de un zapato.

    Capítulo 15: Los años pasaban y Avram estaba preocupado por saber cómo se cumplirían las promesas de Dios hacia él, pues no tenía ni siquiera un hijo, y, por tanto, no habría una numerosa descendencia, ni ella sería la legítima propietaria de la tierra de Heber.
    Luego de un misterioso ritual, Dios sella el pacto de «Bein HaBetarim», por el medio del cual reafirma las promesas que hiciera a Avram acerca de su numerosa descendencia, y de la posesión de esta tierra. Sin embargo, también le anuncia Dios que sus descendientes serán esclavos en tierra extranjera durante 400 años, tras lo cual serán liberados con grandes riquezas, para retornar a la Tierra Prometida, que es la eterna herencia de los legítimos descendientes del patriarca.

    Capítulo 16: Sarai es estéril, por lo cual le ofrece a Avram que tome a su sierva egipcia Hagar como concubina, luego ella adoptará al hijo nacido de esa relación como propio. Pero, la sierva, quien era la hija del faraón de Egipto, quiere ocupar el lugar de Sarai. Por ello, ni bien quedó encinta, le comenzó a hacer la vida imposible a Sarai. La relación se tensa por demás, lo que provoca que Hagar huya, pero luego, a instancias de un ángel que la encuentra en el camino, retorna y se tranquiliza, respetando a su patrona. Llegado el tiempo, pare al primer hijo de Avram, quien fue llamado Ishmael, tal como le dijera el ángel que hiciera.

    Capítulo 17: Dios le ordena a Avram que él y todos sus descendientes deben circuncidarse, acto que sirve como señal del pacto eterno que hay entre Dios y la simiente de Avram.
    A partir de ese momento, los nacidos en la familia de Avram deberán ser circuncidados al octavo día de nacidos.
    Más tarde, El Eterno cambia el nombre a Avram y a Sarai, pasándose a llamar Abraham y Sará. Con esto, nuevamente reitera la promesa de que nacerá el tan esperado y anhelado hijo de la pareja, incluso dice Dios que le pondrán por nombre Itzjac. También anuncia el futuro que espera a Ishmael y su descendencia, quienes son de la simiente de Avram, pero no de Abraham y Sará, por lo que no son los destinados a recibir y transmitir la herencia espiritual y material del patriarca.
    Abraham, siendo de 99 años, se circuncida, circuncida a Ishmael de trece años, y a todos hombres los que viven en su casa.

    Preguntas:

    1. ¿Qué mitzvá es ordenada en esta parashá?
    2. ¿Cómo sabemos que Avram era una persona noble, generosa, dispuesta a hacer el bien al prójimo? Al menos dos ejemplos de la parashá.
    3. ¿Quién fue el primer hijo de Abraham? Atención a la pregunta, puede contener alguna trampa.
    4. ¿Quién sería esclavo durante cientos de años? ¿Cómo se cumplió esa profecía?
    5. Buscar cuáles son las diez pruebas con las que Dios examinó a Abraham. ¿Cuáles de ellas se relatan en esta parashá?
    6. ¿Dónde podemos apreciar la fe de Dios en Abraham?
    7. ¿Cómo compensa el Midrash el silencio de la Torá acerca de la infancia de Avram?
    8. ¿Cuál es el significado de los nombres Avram y Abraham?
    9. ¿Qué significa el nombre Ishmael?
    10. ¿Cómo es descrita la descendencia de Ishamel en la parashá?
    11. ¿Cuál fue la entrega de Ishmael, por la cual Dios le dio permiso para gobernar sobre el monte del Templo por un cierto período de tiempo?
    12. ¿Por qué Avraham es denominado Abinu?
    13. ¿Qué prometió Dios a Abraham? ¿Cómo se ha cumplido?
    14. ¿Qué hace ruido del acontecimiento a la llegada a Egipto de Avram y su familia? Pueden ser varias cosas.
    15. ¿Qué podemos aprender de la elección de Lot, por la buena tierra para sus emprendimientos comerciales, pero pésima sociedad para cultivar las cualidades éticas?
    16. ¿Cómo hubieras resuelto tú la disputa entre tus pastores y los de tu sobrino?
    17. ¿Cómo explicar que Avram llegó a la conclusión de ser agnóstico en su juventud, acaso no contradice que era monoteísta y creía en Dios?
    18. ¿Qué harías tú si una voz te habla en tu cabeza, cuando tienes 75 años, y te pide que abandones todo lo que tienes y te vayas a un sitio lejano y desconocido?
    19. ¿Cuáles son los temas centrales que presenta la haftará?
    20. ¿Qué relación tuvo Avram con la torre de Babel?
    21. ¿Qué papel jugó el rey Nimrod en la historia de Avram?
    22. ¿Cómo es el famoso midrash de Avram destruyendo los  ídolos del padre?
    23. ¿Cómo es el famoso midrash de Avram siendo lanzado al horno?
    24. ¿Qué dice Maimónides acerca de creer como realidades materiales en lo que está narrado en los midrashim?
    25. ¿Cómo molesta a los árabes y musulmanes esta parashá?
    26. ¿Cuál es la controversia que se genera con la cantidad de años de esclavitud de los descendientes de Abraham, respecto a lo que Dios le comunica en la parashá y lo que luego está contado en la salida de Egipto?
    27. ¿Cómo se resuelve la controversia anterior?
    28. ¿Cómo reciben bendición las familias de la tierra a través de los descendientes de Abraham?
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  • Diezmo: dar poder y recibir mil veces más

    «וְהָאֶ֣בֶן הַזֹּ֗את אֲשֶׁר־שַׂ֨מְתִּי֙ מַצֵּבָ֔ה יִֽהְיֶ֖ה בֵּ֣ית אֱלֹהִ֑ים וְכֹל֙ אֲשֶׁ֣ר תִּתֶּן־לִ֔י עַשֵּׂ֖ר אֲעַשְּׂרֶ֥נּוּ לָֽךְ :
    Esta piedra que he puesto como memorial será una casa de Elohim, y de todo lo que Me des, el diezmo diezmaré para Ti.»
    (Bereshit/Génesis 28:22)

    Luego vinieron los Sabios (Midrash Tanjuma, Ree 18:1) y dijeron:

    עשר בשביל שתתעשר

    Que significa: “Da el diezmo para que te enriquezcas”.

    Esto se puede entender lícitamente como una fórmula metafísica que implica negociar mágicamente con el Creador, como si dijéramos: “Mire Don Dios, yo di X pesos a los necesitados; esa platita la quite de mis ingresos porque sé que Ud. está ahí arriba, manejando el “First Cielo Bank” y paga buenos dividendos a la gente que “generosamente” da para los pobres. Entonces, no es que quiera importunarlo con interfectos pagarés, pero estaría bueno que me vaya haciendo entrega de mis dinerillos bien ganados y merecidos”.
    Y según dicen los que saben, efectivamente se hace un depósito en los caudales de aquel que entregó con exactitud y detalle su diezmo para las causas sagradas (judaísmo y noajismo) y/o para los necesitados materialmente.

    Pero, acá vienen los dichosos peros… tiene que ser rigurosamente preciso y puntual el diezmo entregado; no sirve evaluar a ojo, ni hacer regateos, ni excusarse para no ser estricto en la suma final abonada para los necesitados. Y también surge la discrepancia entre los maestros notables, porque están los que dicen que el diezmo comentado aquí es el diez por ciento de ingresos brutos; pero otros indican que es el 10 más el 10; otros dicen el 10 más el 10 del 10; y otras combinaciones que ciertamente superan mi limitado conocimiento matemático y financiero, por ello no quiero abusar de palabras en el tema.

    Que el interesado pregunte personalmente a su rabino, certificado como tal en academias destinadas a tal fin, y que el sabio experto le haga la planilla de cálculo refrendada en lo Alto.
    Yo me excuso desde ya de esa tarea titánica para mí, e incompatible con mi conocimiento.

    Hay otra manera de comprender la frase que estamos comentando, es la siguiente.
    El hecho de dar al necesitado (de dar en general, en realidad) es una manifestación de nuestro poder.
    Es una conducta que contrarresta el apestoso marketing negativo con que nos agrede constantemente el EGO; pues él nos vive haciendo sentir que somos impotentes, incapaces, débiles, arrastrados, condenados, pecadores, merecedores de sufrimiento, culpables y muchos etcéteras más que nos tienen prisioneros y esclavizados a nuestra imagen oscura, desconectada de la vida y el Creador.

    En resumen, el EGO hace que resuene el eco en nuestro cerebro de que somos impotentes y que si no nos aferramos a él, estamos perdidos.

    Esto se convierte en adicciones a drogas, dependencia de personas tóxicas, fanatismos varios, religiosidad, superstición, dogmatismo, lo que sea que el EGO imponga en la mente de su esclavo para hacerle sentir que está salvándose de la catástrofe, de la perdición.

    Así andamos por la vida, cargando esa pesada mochila que nos incapacita, que nos limita allí en donde no hay límites reales.
    Es la triste realidad de cada día.

    Pero, cuando ponemos a funcionar nuestra capacidad de dar, cuando nos quitamos los prejuicios de impotencia, dejamos de quejarnos, no inventamos más excusas, no nos congelamos miedosos, no nos escondemos dentro de nuestra zonita de confort, nos atrevemos a dar un pasito fuera de la celdita mental: entonces los engranajes del poder se ponen en funcionamiento y nos empoderan.

    Por ello, al dar no solamente estamos favoreciendo al necesitado, sino que estamos sintiendo poder, sorbiendo energía positiva, usando la fuerza del universo para beneficiarnos indirectamente.

    Al despreocuparnos por nuestros miedos, al no pretender controlar más lo incontrolable, al vivir el aquí y ahora plenamente, al estar en sintonía con el código ético/espiritual, al construir activamente SHALOM con pensamientos/palabras/acciones de bondad y justicia; entonces estamos usando la energía y nos sentimos poderosos.

    Siendo así, no dejemos de dar al necesitado, de ayudar a serjudio.com, para que en el acto de dar obtengamos una bendición quintuplicada, centuplicada.
    Porque el que da con exactitud de sus diezmos monetarios, a quien deben de darse, se enriquece.
    Puede que por un mecanismo metafísico o puede por la maquinaria natural de sentir el poder, actuar con poder, multiplicar el poder.

    Piénsalo y hazlo…

    De nada por estos consejos de vida aquí y en la eternidad y si quieres de verdad agradecerlos, puedes hacerlo diciendo gracias pero también colaborando con dinero para que continuemos trabajando en ayudarte.

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  • De conversos y conversiones: lo que es odioso al otro, no se lo hagas

    ”מה דעלך סני לחברך לא תעביד“

    Esta famosa frase de Hilel haZakén (en TB Shabat 31a) se suele traducir como: “lo que te es odioso, no se lo hagas al amigo”.

    Pero al estudiar con detenimiento comprendemos que es otro el sentido: “lo que sabes que es odioso al amigo, no se lo hagas”.

    Éste sentido es el verdadero y original, pero, sin embargo, fue el otro, el erróneo, el que cobró fama y se presenta como la frase del sabio Hilel.

    Los motivos para que haya ocurrido esta troca de valuación popular, no vienen al caso (ahora); lo que sí importa es que nos quede claro tanto el pensamiento del notable maestro como su aplicación actual y cotidiana:

    • hay cosas que molestan al prójimo, tengamos conciencia de ello y no le hagamos daño queriendo o sin querer;
    • es nuestro deber andar por la vida haciendo lo posible para ser constructores de SHALOM, pensando, hablando y haciendo lo que es bueno y justo.

    Ahora, veamos la frase en su contexto más cercano, para llegar a la enseñanza principal de este estudio.

    Pero antes tengamos en cuenta que el contexto mayor es una serie de relatos de gentiles que venían con pretensiones diversas (y bastante alocadas) que ponían como condición para convertirse al judaísmo.

    Pasemos al relato que contiene la frase:

    “שוב מעשה בנכרי אחד שבא לפני שמאי א»ל גיירני ע»מ שתלמדני כל התורה כולה כשאני עומד על רגל אחת דחפו באמת הבנין שבידו בא לפני הלל גייריה אמר לו דעלך סני לחברך לא תעביד זו היא כל התורה כולה ואידך פירושה הוא זיל גמור.”

    Otro suceso en el cual un extranjero llegó ante Shamai y le dijo: “Conviérteme, con la condición de que me enseñes toda la Torá completa mientras me sostengo en una pierna”. De inmediato lo expulsó con la vara de medida para construcción que tenía en su mano.
    Fue ante Hilel (con el mismo planteo) quien lo convirtió porque le dijo: «’lo que sabes que es odioso al amigo, no se lo hagas, esa es toda la Torá completa, el resto es su interpretación. Ahora ve y termina de estudiarla en su totalidad.”

    Hilel el Sabio tenía muchísimas cualidades extraordinarias, entre las cuales la perspicacia del “inteligente emocional”.

    Por ello, él sabía que la conversión al judaísmo implica estudiar y memorizar párrafos de textos sagrados, conocer con fluidez normas legales y rituales, saberse códigos de conducta e historias, adherirse voluntaria y racionalmente a una nación y seguir lealmente sus principios, tener el compromiso firme para servir a Dios como deben hacerlo los judíos (sin condiciones o cuestionamientos) sin segundas intenciones.

    PERO, muy especialmente él tenía claro que para lograr una conexión sagrada había que hacer un trabajo intenso y remover profundamente el Sistema de Creencias del prosélito, ese que cada uno de nosotros nos vamos formando desde el minuto cero de vida en esta tierra.

    Porque, cada converso viene condicionado por la memoria de sus experiencias, por la historia que se cuenta a sí mismo de su existencia. Esto ocurre en el plano de lo consciente, por tanto, se puede trabajar sobre ello con relativa facilidad.
    Sin embargo, ese mundo oscuro y terriblemente influyente del Sistema de Creencias, queda velado, escondido, sin ser trabajado ni reconocido; por lo cual, continúa ejerciendo sus manipulaciones y condicionamientos a pesar de que uno se haya convertido leal y legalmente al judaísmo.

    ¿Entiendes lo que sucede si no se neutraliza el efecto perturbador del Sistema de Creencias?
    Para ponerlo en claro, daré algunas ideas.

    Ejemplo 1: Si la mente del que quiere convertirse está cautiva de la idea mágica de la religión (que siempre es un producto social del EGO), entonces rápidamente transformará la belleza de la espiritualidad (que siempre es producto del Creador exclusivamente) en una mala copia de la idolatría que externamente ha dejado atrás. Por tanto, él entiende y siente al Eterno como un dios mágico, hacedor de mandados para el demandante, servidor del que Le pide cosas, un ser poderoso al que se lo puede comprar o presionar para que haga favores al solicitante. Tal cual ocurre en las culturas mágicas ajenas a la esencia del judaísmo/noajismo, se pretende reproducir el mismo patrón en el judaísmo al convertirse (o pretender estar en la senda espiritual).

    Ejemplo 2: Si en el Sistema de Creencias patrocinado por la idolatría los dioses son fantasías que cubren necesidades emocionales de los fieles; entonces se tratará al Creador de la misma forma, convirtiéndolo en una excusa para todo tipo de enfermedades, disfunciones, desbarajustes. Dios será una droga para calmar la ansiedad, angustia, miedo y cualquier otra emoción perturbadora.
    Y por supuesto, se hará cualquier malabarismo mental para explicar esto, para darle tintes de coherencia, para no sentir la contradicción.

    Ejemplo 3: Si en el Sistema de Creencias formado por la religión se explican las causas y consecuencias con una determinada fórmula, esa misma fórmula (o su similar) se aplicará a los asuntos del judaísmo y de la senda espiritual.
    Se encontrará al “rabino” o maestro que mejor encaje en esa ideología, de a poco se irá subvirtiendo su mensaje, se irán sumando más personas con trasfondo religioso a esta idea ajena, apoyándola, difundiéndola, blanqueándola, hasta que finalmente la creencia nefasta y extraña se meterá dentro del Sistema de Creencias general del judaísmo, obtendrá validez y hasta quizás se transforme en “mainstream”.

    Estos fueron solamente tres ejemplos, bastante frecuentes incluso actualmente, de lo que sucede cuando no se trabaja sobre el Sistema de Creencias del que quiere convertirse al judaísmo y los consecuentes daños para él, su familia, medio social y hasta el propio judaísmo.

    Por supuesto que el converso que ha atravesado el proceso leal y legalmente es valioso, una joya en la corona de nuestra familia. Pero, que la conversión sea completa, incluyendo al máximo posible en el Sistema de Creencias, es un hito indispensable.

    Con esto en su mente brillante Shamai echaba a los burlones, a quienes de inmediato detectaba como gente con potencial perjudicial para los judíos y el judaísmo.

    Con esto en su mente brillante Hilel encontraba la forma de neutralizar el peligro del Sistema de Creencias, provocando un cambio sustancial en la persona, una conversión profunda y verdadera.

    Hasta aquí la enseñanza que nació de la frase con la que comenzamos y se continuó con el asunto de la conversión al judaísmo.

    Pero podemos tener en mente esta misma enseñanza para otros aspectos de nuestra vida, como por ejemplo cuando nos encontramos con gente que ha dejado (conscientemente) su adhesión a tal o cual religión y ahora se dicen gentiles leales del Eterno, seguidores de tal o cual “rabino”.

    Quienes ven y entienden la espiritualidad (al judaísmo/noajismo) con los lentes de su Sistema de Creencias, y no desde el punto de vista de la espiritualidad en su más bella pureza.
    Pueden repetir como loros frases del Talmud, del Midrash, de Maimónides, de Ovadia Yosef, de quien sea; pero lo hacen convencidos de que quiere decir lo que ellos entienden, y eso que entienden es producto de su Sistema de Creencias, ajeno a la senda espiritual que ahora dicen transitar.

    Así seguirán confundiéndose y llevando a confusión a otros, mientras no limpien sus Sistemas de Creencias, mientras la religión, el EGO, lo que aprendieron y se convirtió en su corazón emocional, mientras sigan en la mentalidad secuestrada por la vieja emocionalidad.
    Para colmo, no faltan los mercaderes de “la fe” que se aprovecharán de ellos y los usarán como sus peones en la campaña por obtener dinero, fama, poder, superioridad, lustres de santidad y etc.

    Con cariño, hora de aprender, desaprender, dedicarse con humildad a construir SHALOM.

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  • Dios que sufre

    « En toda la angustia de ellos, Él fue angustiado»
    (Ieshaiá/Isaías 63:9)
    (Leído también como parte de la haftará de Nitzavim).

    Es probable que para el que no cuenta con suficiente conocimiento en los caminos espirituales, pero sí haya sido sumergido en el fango de la religión, que este póster que compartimos pueda parecer de origen pagano, un tanto alejado de la tradición del judaísmo (y  noajismo).

    Porque seguramente sonará chocante la figura del “Dios sufriente”, tan típica de algunas religiones y tan lejana (en apariencia) de la concepción judaica.

    Y, sin embargo, encontramos que por ejemplo el profeta Ieshaiá/Isaías, manifestando la Palabra del Eterno, explícitamente señala que Dios padece por el padecimiento de Sus hijos.

    Difícilmente podamos acusar al venerable profeta de idólatra o de haber consumido el pan podrido de la creencia ajena y enferma.

    Como tampoco está viciado este santo pasaje:

    «Y Él no pudo soportar más la aflicción de Israel.»
    (Shofetim/Jueces 10:16)

    Por tanto, está demostrado que la imagen del Todopoderoso sufriendo por las angustias de Sus hijos, es parte de la sacra Tradición (dejo este link a un sitio web y este otro con decenas de comentarios de sabios explicándolo, está mayormente en hebreo).

    Por supuesto que en la Tradición sagrada, que no es la de la cruz, este concepto de “Dios sufriente” es metafórico, un lenguaje poético, una figuración de lo que es inimaginable.
    Porque en los hechos Dios no sufre, ni se enoja, ni se alegra, ni se complace, ni ama, ni se deleita, ni se altera, ni tiene piedad, ni tiene celo, ni… nada de lo que sucede con las limitadas criaturas. Y, sin embargo, abundan las expresiones simbólicas similares a lo largo de todo el TANAJ.

    Recordemos que la Palabra verdadera de Dios, expresada por medio de Sus profetas, está pronunciada con la intención de que las personas la comprendan, particularmente aquellos que la recibieron de primera mano.
    Por eso es clásico el dicho de los sabios: “la Torá habla el idioma de la gente”; ya que no está interesada en filosofar, ni abundar en metafísica, ni pronunciar discursos místicos, ni confundir con palabrería, ni demostrar una clase superior. ¡No! Sino que el mensaje Divino sea recibido, entendido y llevado sanamente a la práctica.

    Por lo cual, no es extraño encontrar “ojos”, “manos”, “andar”, “hablar”, “oír”, y sentimientos en los pasajes del TANAJ.
    Para que el receptor reciba y pueda comprender.

    En cuanto al mensaje del póster: “Imagina el dolor de Dios al ver que Sus hijos llaman dios a lo que no lo es. Y más dolor cuando eso lleva al hombre a sufrir, porque aunque errados siguen siendo Sus hijos”.

    Evidentemente, es sentido figurado, pero muy poderoso.
    No tiene nada de paganismo, nada de religiones, simplemente realidad espiritual, como es todo lo que compartimos modestamente en este hogar (BELEV.ME) y en serjudio.com y fulvida.com.

    De hecho, está basado completamente en otro profeta de la Verdad, como por ejemplo el capítulo 3 de Irmiá/Jeremías o todo el libro de Hoshea/Oseas.

    Dios sufre porque Sus hijos se esclavizan a la falsedad, que los lleva a todo tipo de angustias.
    Esto es terriblemente malo, pero se multiplica cuando las personas inventando excusas niegan estar en el error y endiosan a sus ídolos. De esta manera quitan la oportunidad de despertar, de hacer TESHUVÁ, porque no tienen manera de darse cuenta de que es malo su andar, ni entienden que sus dioses son no-Dios.
    Sin embargo, siguen siendo hijos de Dios.
    Por más lejanos que estén y adulterada su relación, la chispa Divina continúa encendida en su ser.

    Es por ello que el Eterno sufre y aguarda, por el despertar de Sus hijos y su retorno.

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  • Dar vida al recuerdo vivo

    El pueblo judío ha guardado la memoria del pacto eterno que los gentiles tienen con el Creador.

    Porque Dios selló una alianza perpetua con toda la humanidad, desde Adam en adelante.

    Lo confirmó con Noaj/Noé, haciendo especial hincapié en su importancia como mecanismo para desarrollar un Paraíso en la tierra y obtener méritos de gozo perpetuo en el mundo venidero.

    Lo volvió a certificar cuando en el momento de cerrar el nuevo pacto con el pueblo judío, en el monte Sinaí hace 3334 años (en 2022), declaró que el pacto con el resto de la humanidad permanecía vigente, vital y en todos sus términos y condiciones.
    Que no habría fuerza en el universo que invalidara el pacto que Él tiene con los gentiles.
    Que ningún nuevo testamento usurparía ese documento de vida y eternidad.

    Es una alianza esencial, que parece demasiado sencilla y básica, y, sin embargo, tiene la categoría de Divina, sagrada. Es la herramienta indispensable para conducirse con ética. Es la senda a la vida, la verdad, la trascendencia.

    Se compone de Siete Mandamientos que cada una de las personas gentiles (no judías) debe conocer, aceptar y cumplir:

    1. No servir dioses que no son el Creador.
    2. No blasfemar; es decir, no maldecir al Eterno.
    3. No asesinar; es decir, quitar la vida al humano inocente.
    4. No mantener relaciones sexuales que han sido prohibidas.
    5. No robar, nada, nunca.
    6. No comer parte de un animal mientras esté con vida.
    7. Encargarse de que cada poblado, región, sociedad, cuente con un sistema de justicia que sentencie justamente.

    Este pacto sagrado para todos y cada uno de los gentiles no ha perdido el valor, no ha sido reemplazado, no se cambia por nadie.
    Actualmente, se le conoce como NOAJISMO, es decir: HIJOS DE NOÉ.

    Es hora de que los gentiles se apropien del recuerdo de SU pacto y le den vida: ¡NOAJISMO puro YA!

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  • Noaj 5783, el reinicio de la humanidad

    Noaj, es la segunda sidrá de la Torá, la cual suele ser acompañada por la lectura de la haftará, tomada de Ieshaiá 54:1 a 55:5.

    Es una de las porciones más famosas mundialmente por dos de sus relatos, ambos de catástrofes inmensas: el Diluvio y la torre de Babel.

    Sin embargo, no son sus únicas temáticas, pues, a la confusión de las lenguas se le suma la división de la humanidad de acuerdo a sus familias y lenguas, la conquista de los continentes, el pacto eterno que hizo Dios con la humanidad y que se representa con el arcoíris (símbolo de los siete mandamientos que Él decretó como pan espiritual para los descendientes de Noaj), la aparición de la familia de Heber, de quien provenimos nosotros, los hebreos, entre otros temas. Sin dudas, todas las parshiot son para ser estudiadas y profundizar en ellas, pero esta tiene cualidades que la hacen particularmente interesante.

    Volvamos al comienzo de la parashá, que es una directa continuación del final de parashat Bereshit, cuando la humanidad llegó a un nivel tan bajo de decadencia moral, con una intensa falta de respeto hacia la vida y hacia la propiedad ajena, que hasta la naturaleza fue notablemente perturbada.
    Con cada generación que pasaba, desde Adam a Noaj, la situación empeoraba, generando hechos que desencadenaron que la Tierra fuera arrasada por el Diluvio, lo cual llevó a la casi completa extinción de la vida terrestre y área.

    Los únicos sobrevivientes fueron Noaj y su familia, junto a los animales que fueron asilados en el arca que el Eterno le había ordenado construir como refugio y simiente de restauración de la vida sobre la Tierra.
    Tras un año de devastación, pudieron pisar tierra firme y reiniciar la Creación sobre la tierra, que fue de cierta forma reseteada con este trágico episodio.
    Por supuesto que con este resumen nos perdemos infinidad de relatos y enseñanzas, por lo que repito la invitación a leer e indagar para aprender.

    La Torá continúa con su relato, el nacimiento de nuevas generaciones que llevaron a repoblar la tierra, con la particularidad de que aquella humanidad compartía una misma lengua y un mismo pensamiento. Es decir, se habían aferrado a la ideología que le transmitieron sus mayores, y a partir de ella interpretaban su realidad, creando con ello su propia versión de lo que sucedía.
    Esta ideología llevó a generar una profunda crisis existencial, pues estaban absolutamente seguros de que una nueva tragedia mundial sobrevendría, acabando de manera cruel con sus vidas.
    Sin embargo, habían aprendido una importante lección de los motivos del Diluvio, pues cundía la tolerancia entre ellos, ya no vivían en conflicto constante con el prójimo y la naturaleza; pero sí estaban seriamente afectados por el miedo y repudio hacia Dios.
    Esta combinación de ideas, creencias, sentimientos, idiosincrasia, presunción, altanería, conflictos emocionales y capacidad tecnológica los llevó a una determinación: elevar una inmensa torre -la que se haría luego famosa como “de Babel”-, con la cual pretendían salvarse de cualquier desastre ambiental, a la par de alcanzar los cielos para destronar a Dios del mando del mundo.
    Sus acciones ocasionaron la catástrofe, que esta vez afecta a la humanidad, no al ambiente y la vida animal, pues los humanos pierden su unidad, surgen diversos idiomas que se tornan barreras para comprensión, se bifurcan en ideologías, nace la competencia entre familias por el dominio social, crean tendencias antagónicas, lo cual termina provocando que se separen y muchas veces se detesten profundamente.

    Sin embargo, la parashá finaliza con el amanecer de una esperanza para las personas, con una semilla de un futuro de paz y armonía: el nacimiento de Abraham, nuestro patriarca.

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  • Según te veas

    De acuerdo a cómo interpretamos, suele ser nuestra conducta y muchos de los resultados.
    Si estamos acostumbrados a victimizarnos, entonces nos enfocamos en nuestras debilidades, aquello que nos hace padecer, para que sea con lo que nos identificamos.
    Entonces, somos los agredidos, insultados, discriminados, rechazados, cancelados, enfermos, adictos, traumados desde la infancia, etc.
    Es el sufrimiento, la etiqueta que elegimos colgarnos para que nos represente.
    En cambio, si escogemos asumirnos como poderosos, capaces, resilientes, capacitados, útiles, falibles pero perfectibles, en camino de superación, valiosos, valorados, etc.; evidentemente que no será el papel de la víctima el que nos sienta mejor.
    No quiere decir que no tengamos padecimientos, ni que haya puntos oscuros en nuestro presente o pasado, o que estemos sometidos a algún tipo de discriminación; sino que significa que no es a través de la debilidad, de la queja, del llanto, de la impotencia que pretendemos construir nuestra realidad.

    Por ello resulta interesante que aprendamos, y enseñemos a nuestros hijos a apreciar nuestras reales fortalezas, a descubrir nuestros dones, a desarrollar nuestras potencialidades, a dejar de esconder nuestras cualidades, a aprovechar los recursos que tenemos a nuestro alcance, para que sea a través del poder legítimo que logremos pararnos sobre nuestros pies y nos contemplemos con una luz de vida, de esperanza cierta.
    Tengamos en cuenta lo que tenemos a disposición para posibilitar las transformaciones positivas, aprendamos de los errores, usemos los eventos como experiencias para alcanzar una mejor vida.
    Porque, si optamos por vivir a la sombra de nuestro potencial, si nos escondemos de nuestra mejor versión de nosotros mismos, si corremos a llorar y ocultarnos ante las dificultades, si nos paramos siempre en el lugar del pobrecito… ¡difícilmente llevemos una vida de shalom!

    Sí, es cierto, el papel de la víctima tiene sus ventajas, se obtienen ganancias a través de la manipulación emocional, o directamente de la piedad de los bien intencionados.
    Es posible ir surfeando sobre olas de llantos y quejas, siendo la eterna víctima, y así surcar todo el océano de la vida.
    Pero, esa no es la identidad que Dios quiere para ninguno de nosotros.

    Entonces, ¿qué tal si hacemos una lista de nuestras virtudes?
    Así podemos darnos cuenta de las herramientas que sabemos que están a nuestra disposición.
    Además, se puede también confeccionar una lista de aquello que valoramos como limitaciones; con ella podremos evaluar si realmente existen las tales debilidades, o son solamente barrotes de nuestra celdita mental. De estar presente en la realidad, podemos ver de trabajar para erradicarlas o minimizarlas, para que sea menos lo que nos empantane y más lo que nos impulse.

    Por supuesto que hay ocasiones en la que en verdad estamos en el lugar de víctimas, no podemos negar que suceden injusticias, actos malvados, perversiones, etc.
    Será necesario aceptar cuando esto sucede y hacer lo que esté a nuestro alcance para que no continuemos sufriendo lo que no es justo que suframos.
    Señalar las relaciones tóxicas de fuerza y desbaratar los planes de los inmorales, es algo que no podemos soslayar.
    Porque, aunque estemos realmente sufriendo y seamos víctimas, no tenemos que eternizarnos en ese rol, ni aceptar que lo injusto se continúe.

    Obviamente que predicarlo, como lo estoy haciendo aquí, resulta cómodo y fácil, la cuestión es animarse a dejar de estar sometidos al EGO e impulsarnos hacia una mejor versión de nosotros mismos, aquella que mejor representa a la neshamá que somos.
    Es bueno que nos permitamos vernos con los ojos espirituales, que trascienden las limitaciones de la materia para integrarla en una realidad compleja y rica.

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  • El paraíso perdido

    ¿Qué podemos aprender de los primeros párrafos de la Torá, donde leemos acerca de la creación del universo, de la aparición de la especie humana y de nuestro tosco primer pecado?

    En breve: que nuestra vida tiene sentido, que hemos sido creados con intención, que cada uno de nosotros es valioso y que no estamos jamás abandonados de la Presencia de Dios.
    Si estamos acá, es porque Dios quiere y para hacer que este tiempo valga la pena ser vivido.

    Se cuenta la historia de una persona extraordinariamente rica, el Sr. Wunderbar. Quería irse de vacaciones exóticas, así que envió a un empleado en una misión para preparar el camino. Éste descubrió una isla ideal con un hotel de lujo. Al llegar, el empleado quedó impresionado con el espléndido vestíbulo donde fue recibido por el gerente del hotel. El emisario sugirió, ya que al Sr. Wunderbar le gusta muchísimo el color dorado, si pudieran decorar pomposamente el vestíbulo de acuerdo a esa predilección. El gerente estuvo de acuerdo: “Claro, ¿para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!’ Luego, el gerente abrió la suite real para mostrarla al empleado. El hombre quedó favorablemente impresionado, pero propuso al gerente que al Sr. Wunderbar le gustan bastante las cascadas interiores. “Si pudieran arreglar que hubiera una, el Sr. V. quedaría muy emocionado”. El gerente alegremente asintió y dijo: “¿Para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!». Luego fueron a inspeccionar la playa. La arena fina y las aguas azules estaban a la vista. El empleado del Sr. Wunderbar le informó nuevamente que a su jefe le gusta la arena fina y suave al tacto. Preguntó si podrían ocuparse para que eso fuera posible. El gerente respondió: “¿Para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!». Dirigiendo su atención al cielo azul claro y las condiciones climáticas ideales, el gerente se jactó: ‘¡Siempre es así!’»: “Al Sr. Wunderbar le gusta alguna nube en el cielo. ¿Hay algo que se pueda hacer?” Con todo el profesionalismo que pudo reunir, el gerente le aseguró: “¿Para el Sr. Wunderbar? ¡Lo que pida!».

    Dos semanas después llega el Sr. Wunderbar. Al entrar al vestíbulo, está deslumbrado por el dorado por doquier. En la suite de lujo, contempla con deleite la pura elegancia de la cascada interior. Caminando hacia la playa, sus pies se complacen con excelsa arena delicada. Se recuesta en la cómoda poltrona y contempla el profundo cielo azul, donde un avión acaba de fabricar una suave nube blanca. El Sr. Wunderbar exhala un profundo suspiro expresando su más sublime deleite y luego declara en voz alta: “Este lugar es tan exquisitamente hermoso. ¿Quién necesita dinero para ser feliz?”.

    Nosotros, la humanidad, somos el Sr. Wunderbar, a quien llamaremos ahora Adam, el primer humano.
    El gerente del hotel, que se ha encargado de que tengamos un mundo hermoso y agradable, es Dios.
    Él hizo todo para nuestro bienestar, para que no tuviéramos que angustiarnos ni buscar el sustento.
    Por supuesto que Dios lo hizo sin esfuerzo, con infinita sabiduría y bondad planificó y ejecutó la obra, nos la dio y solamente nos pidió que viviéramos en armonía, que cuidáramos nuestro ambiente, que hiciéramos lo posible para no destruir innecesariamente, y que disfrutemos de todo lo permitido.
    Nos puso en este paraíso para que la neshamá que somos, el espíritu inimaginable que somos, pudiera aprender y experimentar lo que en estado de espíritu descarnado es imposible.
    Como instrumento para este aprendizaje nos prohibió comer del árbol del conocimiento, del bien y del mal, porque a través de la limitación, ejerciendo el sano control, imponiéndonos por sobre nuestros deseos desbocados, es que conseguimos fortalecernos y empoderarnos.
    Nos dejó todo maravillosamente preparado, pero no supimos aprovechar el regalo y lo echamos muy pronto a perder.
    Adam comió del árbol prohibido, luego quiso esconder su error, más tarde echó la culpa a Dios de lo que había ocurrido y por si fuera poco, mostró una espantosa falta de agradecimiento.

    Como consecuencia, el Sr. Adam Wunderbar de pronto perdió toda su riqueza, fue despojado de sus bienes, se le invitó a retirarse de la espléndida isla que estaba diseñada para su beneplácito y debió afrontar el camino del sufrimiento para adquirir el conocimiento y crecimiento espiritual.

    Sin embargo, quedaba un tesoro que Dios mantuvo al alcance de su mano, que es la teshuvá, el arrepentimiento, el retorno al buen camino, el desarrollo de la mejor versión de uno mismo.
    A través de la teshuvá se llega a descubrir que nuestra vida no es casualidad, que hay un Creador detrás de todo, que el universo tiene sentido y es nuestro deber, y recompensa, elaborar la conexión hacia ese sentido trascendente.

    El rabino Ierujim Levovitz  enseñó: “Tan pronto como comienzas a estudiar la Torá, desde el primer verso, te das cuenta de que hay un Creador y Gobernante del universo. Esta primera toma de conciencia ya hace un gran cambio en ti para el resto de tu vida. Te das cuenta de que hay una verdadera razón para todo. El mundo tiene significado y propósito”.

    Ahora, es nuestra tarea saberlo y vivirlo a pleno, para que ese buen comienzo tenga una maravillosa continuidad.
    Es posible recrear el paraíso en la tierra, así como está a nuestro alcance disfrutar de deleites sin igual en el paraíso celestial.

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  • Haciéndonos cargo del mundo: Bereshit 5783

    Bereshit («En el comienzo») es la primera parashá del primer tomo de la Torá, el sefer Bereshit, conocido en español como «Génesis».

    Es una porción riquísima y variada, que ha dado motivo para miles de libros, millones de artículos, infinidad de enseñanzas, ya que relata la visión espiritual del comienzo de nuestro universo, y en especial los inicios de la humanidad.
    Para facilitar este encuentro, vamos a señalar las siguientes temáticas en ella:

    1. Creación
      La Torá comienza con el relato del Creador creando todo lo existente, tanto en lo material como espiritual. De acuerdo a Su Voluntad fue una obra paulatina, originando el caos, introduciendo la energía y la materia, dando forma y orden, estableciendo leyes y dejando que la maquinaria infinitamente compleja continuara laborando y desarrollándose.
      A esto lo conocemos como los seis días de la creación, que en realidad hace alusión a seis etapas de este proceso, que luego se continuó en un período especial al cual conocemos como «shabat», es decir, de cese de la actividad creativa del Creador.
    2. Creación del ser humano y el árbol del Conocimiento del Bien y del mal
      Durante el sexto período/día, la Divina Voluntad forma al primer ser humano, que era al mismo tiempo varón y hembra en un solo ser, que es conocido como Adam.
      Este ser, difícil de concebir por nuestra mente, en determinado momento reconoció su soledad, por ello buscó denodadamente compañía entre las otras criaturas vivientes, pero no la halló. Entonces, el Eterno continuó su trabajo de formación, ya que separó a Adam para transformarlo en dos individuos, el varón y la hembra, que al encontrarse se reconocieron como complementarios, y así formaron la primera pareja humana.
      Ambos vivían en el Gan Eden, donde libremente comían de toda la inmensa abundancia vegetal que había, en armonía con todo lo creado. Sin embargo, el Eterno había establecido que el ser humano no comiera del árbol del Conocimiento, del bien y del mal, pues aún no era el momento para hacerlo. En un confuso incidente, la mujer, comió del fruto y luego dio de comer al varón. Como consecuencia de este acto, vieron afectada su estatura espiritual, por lo cual no pudieron morar más en el Paraíso. Hay mucho más que pudiéramos contar y comentar, pero nos extenderíamos demasiado. Invito a que estudien con ánimo y profundidad toda esta sección de la Torá.
    3. Caín y Abel
      Adam y Java tuvieron muchos hijos e hijas. Los dos primeros varones fueron Caín y Abel. El primero se dedicó a la agricultura, el segundo al pastoreo. Caín sintió la necesidad de relacionarse con el Creador, aquel que había sido muy cercano a la experiencia de sus padres, pero que para él aparecía lejano, por lo cual, tuvo la idea de relacionarse con Él por medio de elevar aromas de alimentos quemados. Es el origen de lo que conocemos como korbanot, ofrendas o sacrificio. Así pues, fue el primero que se dedicó a lo que podríamos llamar «religión». Abel copió su idea, y la desarrolló hasta mejorarla, pues ofrendó un animalito sabroso en lugar de vegetales ya pasados, de acuerdo a lo que narra nuestra tradición. La ofrenda de Abel fue aceptada por el Creador, lo que vino a agravar rivalidades mutuas, que iban aumentando el enfado, que devino en agresiones físicas, hasta que finalmente Caín asesinó a Abel. El Eterno castigó a Caín por su acto sanguinario y por su indolencia para no sobreponerse a sus malos deseos, haciéndolo errante sobre la tierra.
    4. Generaciones siguientes, la época ante-diluviana
      Los hijos e hijas de la primer pareja procrearon y la tierra se fue llenando de personas. Diez generaciones pasaron desde Adam hasta Noaj/Noé, en ellas ocurrieron muchas cosas, hubo avances en la cultura y la civilización, que son someramente contadas en breves líneas de la Tora.
      Entre tantas personas, solamente hubo dos justos, Janoj/Enoc y Metushelaj/Matusalén. Con cada generación la humanidad iba perdiendo cada vez más el Norte espiritual, lo que aparejaba una degradación moral y física. Tanto era la corrupción que los hijos de la décima generación, desde Adam, llegaron a no vivir totalmente de acuerdo a las facultades inherentes a humanos. Sus actos plagados de maldad fueron llevando a la humanidad al desastre y al mundo a la corrupción, lo que provocó un descalabro ambiental que trajo como consecuencia el diluvio.
      Sin embargo, Noaj/Noé se comportaba de tal modo que pudo obtener un juicio favorable por parte de Dios, lo cual continuaremos estudiando, si Dios quiere, en la parashá siguiente.
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  • De ti depende, para Rosh haShaná 5783

    Rosh Hashaná, es mejor conocido en la tradición como Iom haDin, el Día del Juicio, la jornada en la cual el Creador valora la conducta de cada persona, no importa quién sea y en qué crea.
    ¿Por qué es esto?
    De acuerdo a la opinión mayoritaria de nuestros sabios, como indica el Talmud, porque es aniversario del sexto y último día de la Creación, es decir, en este día Adán y Eva, los primeros humanos, fueron traídos al mundo.
    Como indica el texto de la Torá, originalmente Adán fue creado como un solo individuo, por lo cual, era literalmente el único ser humano en la tierra.

    Dice la Mishná (Sanedrín 4:5) que, una de las razones por las cuales la humanidad comenzó a partir de un solo individuo, es que al mirar a las personas que nos rodean, podamos comprender la grandeza del Creador. Él pudo haber usado un molde para que seamos todos copias, pero decidió darnos a cada uno rasgos de originalidad, por lo que cada uno de nosotros es único. Miles de millones en el mundo, y no hay uno que sea exactamente igual al otro. Esta grandiosidad de nuestro Padre, Creador, también nos sirve para vernos valiosos, cada uno vale infinitamente, porque somos creados especialmente por el Todopoderoso, porque nos dio herramientas únicas, porque si no hacemos nuestra parte de la tarea… ¡nadie la hará!
    Por ello, el Talmud se encarga de enseñarnos que toda persona debe decir: ‘por mí fue creado el mundo’.
    Este es un mensaje al mismo tiempo alentador y agobiante.
    Nos alienta, porque nos reconoce como sagrados, especiales, irrepetibles.
    Nos agobia, porque nos hace dar cuenta de la tremenda responsabilidad que Dios carga sobre nuestros hombros individuales.
    Como enseñó nuestro maestro, el Rambam, Maimónides: cada uno debe verse a sí mismo como el que hará el cambio en el balance universal, nuestra decisión es la que inclinará la balanza hacia el lado de la luz, o hacia su contrario.

    Por su parte, Rabí Moshé Jaim Luzzato, en su famoso Mesilat Yesharim, nos enseña que el mundo fue creado para el servicio del ser humano, de cada uno de nosotros.
    Dios quiso que todo lo creado sirva para brindarnos un conjunto de experiencias y elecciones completamente personalizadas, para que cada uno de nosotros haga su propio camino de crecimiento.
    Así, por ejemplo, en 5782 hemos vivido una gran crisis económica a nivel mundial, en parte desatada por la agresión de Rusia sobre Ucrania. Esta, como todas las crisis, nos imponen que debamos tomar elecciones para superarlas, dentro de nuestras capacidades y posibilidades. Luego que ejercimos nuestra elección, habremos de elegir nuevamente por cuál camino continuar.
    De manera similar sucede con cada circunstancia, personal o colectiva, que se nos presenta día a día. Sean las grandes crisis, aquellas imprevistas o previsibles; como las cotidianas, y que no parecieran afectar grandemente el cosmos.
    Siempre, en toda ocasión, la vida nos pone a prueba.
    Incluso cuando optamos por no optar, cuando pretendemos que sea la rutina la que se haga cargo de lo que sucede, estamos eligiendo y debiendo ser responsables de sus consecuencias.
    Alguno quizás se diga así mismo: “Yo no quisiera saber nada de juicios divinos, ni de consecuencias por mis actos, ni de responsabilidades que mis acciones me endosaron”; lo cierto es que: No por negarlas desaparecerán.

    A pesar de los miles de millones de otras personas en la tierra hoy, Él pone sus circunstancias ante cada uno de nosotros, tal como lo hizo con Adán.
    Por ello, ¡cuán valiosa es cada una de las personas, porque nadie ha tenido, ni tendrá, tu vida!

    Esto es a la vez empoderador y aterrador.
    Empoderador, porque claramente somos de importancia crítica para Dios, porque Él está orquestando el universo para brindarte, como individuo, un conjunto personalizado de opciones que, en su totalidad, nadie más tendrá jamás.
    ¡Y aterrador, porque es como si todo el universo dependiera de mí!

    Cuando lo vemos desde esta perspectiva, Rosh haShaná es una oportunidad para juzgarnos a nosotros mismos.
    ¿Estamos cumpliendo nuestro propósito?
    Hashem colocó pruebas grandes y pequeñas durante el año que hemos terminado.
    ¿Cómo respondimos? Y, lo que es más importante, ¿qué aprendimos para responder mejor en el próximo año?
    Algunos se hacen estas preguntas a diario, por ejemplo, momentos antes de retirarse a dormir.

    Pero, todos tenemos esta oportunidad que nos da hoy Dios.
    Así que, ojalá podamos aprovechar al máximo este regalo del Creador, un día de 48 horas que nos sirve como espejo del alma, para mirar dentro de nosotros mismos y establecer un camino más espléndido para el próximo año de éxito y bendición.
    Que podamos tomar con valentía, serenidad y paz la sentencia que desde lo alto pronto se nos impondrá.

    Deseándoles éxito, bendición y crecimiento espiritual, shaná tová umetucá, añada buena y clara.

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  • Perdonar a Dios en Iom Kipur

    El patriarca Iaacov se quedó a solas una noche, entonces un ángel lo confrontó y estuvieron luchando hasta el amanecer.
    De esa batalla surgió una nueva versión del patriarca, más aguerrida, más confiada y confiable, e incluso adquirió un nuevo y eterno nombre: Israel.
    Nombre que le adjudicó el ángel, explicándole que significa: luchaste contra ángeles y contra hombres, y has logrado prevalecer, a pesar de estar en desventaja.
    De la pelea quedaron también heridas físicas, pues Israel tuvo desde entonces problemas para caminar, lo cual no le impidió continuar avanzando y creciendo como persona y comunidad.

    Acerca de heridas que nos marcan e igualmente triunfar nos enseñan Iom Kipur.

    Iom Kipur es conocido como el día del perdón.
    Se nos ha dicho en infinidad de ocasiones que tenemos la oportunidad para arrepentirnos, para mejorar, para pedir perdón, para perdonar.
    Está dicho en nuestra tradición milenaria que Dios está ejerciendo su rol de juez en estos días, sometiéndonos a su sentencia para el año que ha comenzado.
    Sin embargo, raras veces escuchamos de aquello que nosotros tenemos para reclamarle a Dios.
    Por ejemplo, aquella persona que se siente dolida porque considera que Dios no la ha protegido mientras era niña, o en realidad, en cualquier momento de la vida.
    Cuando contemplamos sucesos que nos arrebataron la salud, la vida de seres queridos, la integridad material, la paz, el respeto por nuestra persona, en fin, todas esas tragedias colectivas y personales que nos aquejan desde incluso antes de nacer.
    Podemos, probablemente, hacer una lista de los dramas que, sin haber hecho nada para merecerlos, nos han envuelto y agobiado.
    Tal vez, lo siguen haciendo. Dramas reales, tragedias que suceden y no solamente sentirnos víctimas y hacernos los ofendidos.
    Es entonces cuando, con todo derecho, podemos mirar al cielo y preguntar: ¿por qué a mí?
    Y, ya que del día del perdón se trata: ¿cómo puedo perdonar a Dios por eso?
    Sí, nosotros perdonar a Dios, si es que eso fuera posible.

    Aquellos que han padecido angustias, en particular si ocurrieron cuando eran pequeños y sin experiencia, tal vez llevan soportando sobre sus hombros pesadas cargas, ¿cómo hacer para perdonar a Dios?

    Suele ocurrir que algún evento traumático que no hemos podido procesar correctamente, funciona como un ancla y no nos habilita para que emprendamos el viaje del crecimiento.
    Las aflicciones funcionan entonces como una trampa para aquel que no se ha librado de ellas. Nos atrapan y no conducen a obtener beneficios, y al mismo tiempo nos imponen restricciones y otras calamidades.
    Por tanto, el aflojar esas cadenas y perdonar es un acto terapéutico, de sanación, más que un deber moral o algún ritual religioso.

    Ante todo, es necesario aceptar que el hecho doloroso nos ha impactado y tenemos derecho a nuestro sufrimiento.
    No hay necesidad de esconder el dolor, ni de camuflarlo, o negarlo.
    Aquello que nos duele, nos duele.
    No debemos agregar culpas o vergüenzas a lo que ya padecimos

    Como segundo punto, es importante poder permitirse hacer el duelo, en el momento que sea. Porque, tal vez no lo hicimos cuando ocurrió el evento, o poco tiempo después; por ello, cuando tengamos la oportunidad, hagamos el trabajo de duelo y experimentar realmente todos los procesos del duelo, porque son altamente reparadores.
    Quizás han oído que se hicieron estudios acerca del duelo, el más famoso es el de Kübler-Ross y se han identificado cinco etapas para el mismo, sea en caso de muerte de un familiar, o cualquier otro acontecimiento que nos afecta y perturba poniéndonos en situación de pérdida e indefensión.
    Así pues, transitemos esas etapas: la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación.
    Por tanto, démonos permiso para sufrir, para rebelarnos ante lo que sentimos como injusticia, negociemos para encontrar una nueva estabilidad luego del impacto sufrido.

    Hay que darse el permiso para llorar, si nuestro cuerpo siente que eso es lo que precisa. No importa el tiempo pasado desde el evento traumático, ni los parches que hemos ido poniendo, lo que afecta positivamente es transitar el camino de la reconciliación y el perdón.

    Puede ser que nos sirva tener apoyo de alguien, podría ser un amigo, una figura protectora, o lisa y llanamente un profesional de la salud emocional.
    Sepamos que no es debilidad reconocer que se precisa ayuda, buscarla y obtenerla.
    Hay expertos que se dedican a estudiar y trabajar para acompañar a las personas en sus procesos de crecimiento, para lo cual es necesario levantar las anclas de los recuerdos que nos marcan y no nos permiten avanzar.

    Este mismo trabajo lo podemos hacer con respecto a nuestra relación con Dios.
    Se nos ha dicho que Dios nos ama y confía en nosotros, que Él quiere lo mejor para nosotros, y que debemos confiar en Él.
    Sin embargo, las cosas malas pasan también a los que son buenos.
    Tal como si Dios fuera injusto, o impotente, o incompetente, o hasta malvado.
    Así nos nacen preguntas tales como: ¿por qué permitiste que esto sucediera? ¿Por qué te llevaste a mi padre tan joven? ¿Por qué ha sufrido mi hermano? Y todas las otras preguntas que nos surgen ante la impotencia y el sentido de injusticia. Visualicemos nuestra existencia, tal vez encontremos esas amarguras que endilgamos al cielo y que no hemos podido perdonar, ni resolver. Quizás retumban en nuestra mente y corazón las dagas de dudas y resquemores contra el Creador.

    Con todas las interrogantes y emociones, es muy valioso que nos brote la compasión por nuestro sufrimiento y que nos permitamos hacernos una pregunta muy profunda: ¿cómo puedo salir de esto más bendecido? ¿Cómo puedo salir de esto con más claridad? ¿Qué puedo ganar, dentro de la pérdida, en lugar de continuar padeciendo?

    Solamente desde el abismo del sufrimiento más genuino, podemos alumbrar con compasión sincera y aprovechar la amargura para crear dulzura y salud.

    Permanecer presente sin huir, sin tratar de evitar, sin tratar de minimizar, sin tratar de ser cínico, sin adormecer nuestra conciencia.
    Sino, estar presente, ser consciente, admitir y comenzar a valorar las cosas desde una perspectiva diferente.

    Salir del papel de víctima, real o imaginaria, para poder preguntar: ¿Qué puedo aprender de esto? ¿Cómo puedo crecer a partir de esto?

    Cuando la vida te ataca, y te hieren, no te escapes, sino que lucha con las herramientas que tienes a tu alcance para obtener bendición.
    Mira de frente a tu adversario, encuentra sus puntos débiles y trabaja para que el encuentro resulte en bendición, aunque haya amarguras de por medio.

    Llegados a este punto, es necesario admitir que no hubo, ni hay, persona que sepa realmente por qué y cómo funcionan los planes de Dios.
    Nos queda aceptar el hecho de que nuestra limitada mente humana no puede comprender al creador ni Sus decisiones.
    Probablemente, querríamos cosas que Él no considera que son las buenas para nosotros. Como las cosas que nos amargan y nos hacen sentir endebles, frágiles, víctimas de injusticias.

    Entonces, finalmente: ¿cómo hacemos para perdonar a Dios?

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  • Amor más grande de todos, para Neilá de Kipur 5783

    Corría el año 1985 cuando Whitney Houston encabezó las listas de éxitos musicales con su famosa grabación: ‘Amor más grande de todos’.
    Ella decía: “Creo que los niños son nuestro futuro / Enséñales bien y déjalos liderar el camino / Muéstrales toda la belleza que poseen en su interior / Dales un sentido de orgullo para hacerlo más fácil / Que la risa de los niños nos recuerde cómo éramos”.

    Antes de que Whitney escribiera esta canción en nuestros corazones, ya el famoso George Benson la convirtió en un hit en 1977.
    Pero ninguno de ellos fue su autor, ya que Linda Creed, fue principal responsable de las letras.
    Linda Creed, era judía norteamericana, en su momento afamada escritora de música. Tenía unos 28 años cuando trabajó en la canción y ya estaba en medio de una lucha propia, pues estaba muy enferma, combatiendo contra un cruel cáncer. Con integridad y firmeza, ella agitaba letras y palabras para crear este poema de vida, con descripciones de cómo enfrentar a los grandes desafíos que asoman a nuestra vida. Estaba escribiendo desde el alma, con sus experiencias en mente. Su desigual pelea no la postraría, mientras tuviera energía para aferrarse a una vida digna.
    Ella nos estaba enseñanza que el modo en que encaramos los retos, pone de manifiesto nuestra real fortaleza, más allá de si tenemos éxito o fracasamos.
    Tal vez algún evento nos pueda aplastar materialmente, pero si tuvimos la entereza de enfrentarlo con todo nuestro ser, con la mente clara y el corazón puro, la victoria ha sido nuestra.
    La vida nos demuestra que las limitaciones nos acompañan continuamente, y ser vencidos materialmente es una de las posibilidades ciertas.

    Linda tenía dos hijas, Roni y Dana, las que tendrían que afrontar desde muy temprano la ausencia física de su madre, fallecida en abril de 1986, con 37 años, y solo unas pocas semanas antes del éxito artístico de Whitney.

    Cada vez que las pequeñas escuchaban la canción sonando en la radio, recordaban las lecciones importantes que les dejó su mamá: que eran hermosas por dentro y por fuera; que nunca debían caminar a la sombra de otra persona; que debían vivir con integridad, conociendo su identidad y respetándola.
    Tenían en sus corazones el valeroso ejemplo de su madre, quien fue vencida por la muerte, pero dejó sembradas semillas de luminosa vida para miles y millones de los que comprendieron sus letras y conocieron su batalla.

    Esto me recuerda una famosa enseñanza del Talmud, la cual nosotros mencionamos varias veces en nuestros rezos habituales: “…los estudiantes de Torá aumentan la paz en el mundo. Como dice el profeta Isaías: bejol banaij limudei Adonai, verav shlom banaij; al tikrei banaij, ela bonaij”; que significa “cuando todos tus hijos sean estudiantes de Dios; grande será la paz para tus hijos; no leas tus hijos (banaij), sino tus constructores (bonaij)…”.

    Los sabios hacen un juego de palabras, pues en lugar de leer banaij, que significa tus hijos, pronuncian bonaij, que significa tus constructores.

    Nos quieren decir que tenemos que enseñar a nuestros hijos a que sean constructores, personas instruidas y activas que toman las riendas de los acontecimientos, pues es la manera de modificar su realidad y hacer que haya shalom en sus vidas.
    Si podemos enseñar a nuestros jóvenes las lecciones correctas, podemos ayudarlos a construir un mundo de shalom, un mundo de plenitud. En cierto sentido, criar jóvenes conscientes, afectuosos e impulsados ​​por los valores espirituales, los de Torá, es el mayor acto de reparar el quebrantamiento del mundo.
    Como comunidad judía, es una misión que se nos ha legado desde hace milenios y que sería bueno que asumamos. Acercarnos a nuestros jóvenes para transmitirles los valores del judaísmo, mantener viva la llama espiritual que hemos heredado y que no se apague con nosotros.
    Para lo cual, es necesario emplear todas las herramientas a nuestra disposición, en los momentos comunitarios y familiares, para que sepamos implantar el amor por el judaísmo y el deseo por vivirlo a diario.
    No esperar a que las tragedias, las crisis, la angustia nos impulse a querer el cambio, sino que tenemos que aprovechar cada día, en las luces y en las sombras, para entregarnos a la tarea de mejorar nuestra realidad.

    Cada uno de nosotros somos los hijos y a la vez constructores de shalom, de un mundo mejor.
    En esta hora especial del año que nos convoca, en este fundamental momento de la Neilá, del cierre de Kippur, podemos tomar inspiración para que cada día, en cada ocasión posible, seamos quienes marcan la diferencia positiva.
    No es un compromiso religioso, sino la responsabilidad de generar shalom para todos, en especial para los más jóvenes, quienes a su vez tienen que ponerse en marcha para continuar esta tarea.

    Cada uno de nosotros debiera asumir su parte en la tarea, y no esperar al próximo año, o a que algún acontecimiento infunda miedo y caos para ponernos a trabajar.
    Cada uno puede comenzar desde ahora a decir: Sepan que estoy aquí para ustedes, en especial decírselo a los hijos, a los jóvenes. Para que cada niño sepa que, con la ayuda de sus adultos, y de Dios, tiene el poder de construir el mundo que quiere ver. En todo momento, sea de revés o de éxito, estaremos para guiarnos a la construcción de shalom.
    Crecer como personas, mientras hacemos crecer a nuestra comunidad.
    Preguntarnos: ¿qué puedo hacer por mi comunidad, en lugar de preguntar qué hace la comunidad por mí?
    Ser cada uno de nosotros gestores del impulso comunitario, que a su vez representa el avance en el shalom para todos nosotros.

    Hace más de diez días que el nuevo año ha comenzado, creo que debiéramos darnos la oportunidad de aprender que somos hermosos por dentro y fuera; que nunca debemos caminar a la sombra de otra persona; que debemos vivir con integridad, respetando nuestra identidad espiritual.
    Ha iniciado el año en que construiremos shalom, quiera Dios que sea con salud, bienestar, buenas noticias y bendiciones.
    Que tengamos la entereza para enfrentar a los contendientes, y que nuestra fortaleza se imponga a los resultados.

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