Categoría: Creencias

  • Tu tefilá diaria

    Dijo el inspirado salmista:

    "Para Ti el silencio es alabanza, oh Elokim, en Tzión [Sion]; a Ti serán pagados los votos.
    Tú oyes la tefilá –oración-; a Ti acudirá todo ser."
    (Tehilim / Salmos 65:2-3)

    Sí querido amigo, el silencio es alabanza para el Eterno, porque el que mucho abunda en referirse a Él, termina blasfemando (expresa Rashi in situ, apoyado en fuentes más antiguas).

    Silencia tu jerga, concéntrate en hallar ese delicado hilo sagrado que te une permanentemente con Él.
    No rebusques en palabrería, no trates de inventar rituales, no demandes entre clamores aberrantes, sino simple y sinceramente conéctate con Él.
    Cada día, no solamente cuando estés en problemas o quieras un favor.
    Conversa, desde lo más íntimo de tu ser.
    Conéctate con Él, porque también así te conectas contigo.

    Hasta el silencio más callado Él escucha y comprende.
    Él atiene a todo ser, no solamente a los que se hacen llamar consagrados o líderes.

    Él no precisa de ceremonias, ni de rituales, ni de fanfarrias, ni de que te aprendas palabras oscuras en idiomas extraños.
    Con sencillez, con el corazón despojado de soberbia, conversa con Él.

    Es cierto, los judíos tienen un manual de rezos que está codificado y es mandado orar tres veces diarias, en días regulares.
    Pero eso no es lo único, ni todo lo que es el rezo o plegaria.
    Es solamente una parte, quizás la menos sustancial.

    Todos, judíos o gentiles, mujeres u hombres, grandes o pequeños, ricos o pobres, sabios o menos sabios, enfermos o sanos, todos estamos cada día en condiciones de establecer ese vínculo sagrado, de reforzar nuestra identidad espiritual a través del silencio profundo, de las palabras suaves, del clamor que sale del corazón y no golpea los oídos.

    Enfócate en Sión, el centro de tu ser, el lugar donde reposa la divinidad, la Shejiná, el Templo interior, tu espíritu puro.
    Que el silencio retumbe y llene los espacios, que ahuyente las sombras, que espante al EGO, que someta a los temores, que te eleve, que te unifique, que te sintonice con el universo.

    Haz tu plegaria, tu oración, tu rezo, hazlo con sinceridad, eso es lo que cuenta.
    Y no dejes de dar caridad, de ayudar al prójimo necesitado, de colaborar con los que fomentan la construcción de Shalom: paga tus votos a tiempo. Porque así estarás haciendo una parte de tu tarea, de tu sociedad con Dios.

    Pruébalo, saboréalo, luego me cuentas.

  • El consejo diario 372

    Conocer tus limitaciones y admitirlas te hace más fuerte.

    Vamos, descubre,  acepta, integra, crece.

    No luches contra lo imposible, no pretendas controlar lo que está fuera de tu control.

  • No tendrás dioses ajenos delante de Mí

    "No tendrás dioses ajenos delante de Mí."
    (Shemot / Éxodo 20:3)

    Este es uno de los famosos mandamientos que componen el Decálogo, al que erróneamente se menciona como “Diez Mandamientos”, cuando en realidad son “Diez Frases”, con catorce mandamientos (para los judíos) en ellas.
    Éste es uno de los 613 mandamientos para los judíos, uno bastante peculiar puesto que no requiere de acción o abstención de una, sino que remite al mundo de las creencias, de lo intangible.
    Si bien no es mandamiento para los noájidas, es una regla a tener en cuenta, como derivado del mandamiento universal de “no adorar dioses que no son Dios”.

    A primera vista es una norma fácilmente comprensible, pero cuando somos delicados en el análisis descubrimos la hondura.
    Prestemos atención.

    Ante todo, donde dice “dioses” en el original se lee “Elohim”, que es “dioses”, pero también EL Dios (Uno y Único), también poderosos, también gobernantes.
    Ya con este conocimiento comprendemos que el mandamiento se complejiza.
    ¿De qué se está hablando?
    De falsos dioses, de Dios pero que está “ajeno”, de dioses ajenos, de dioses que ajenos creen en ellos, de poderosos… ¿de qué?

    El EGO toma el control en las situaciones de impotencia real, cuando no quedan otros recursos para implementar.
    Esa es su función natural.
    Sin embargo, en la mayoría de las personas continúa gobernando, usando y abusando de las otras herramientas y potencias con que cuenta la persona: intelecto, imaginación, emociones, relaciones, posesiones, etc.

    Resulta necesario que la persona se vea sometida a la sensación de impotencia, sea real o fantaseada, para que el EGO siga al mando.
    Por ello, casi a cada rato nos vemos involucrados en situaciones en las que sentimos no poder, en las que no tenemos recursos propios para resolver, en los que dependemos de auxilio externo, en los que se evidencia nuestra inoperancia, nuestra falla, nuestra debilidad, nuestra culpa, nuestra falta de sentido, entonces recurrimos a hundirnos en el EGO: huimos de la realidad, lloramos, gritamos, pataleamos (y todos los posibles derivados de estas herramientas básicas del EGO).

    Que te quede claro, cuando dices “todo me sale mal”, “soy un inútil”, “nadie me quiere”, “soy un fracasado”, “no sirvo para nada”, “no puedo”, “tengo mala suerte”, “es mi destino”, “es el pecado original”, “solo un milagro me puede salvar”, “solo cristo salva”, “clamemos para sanación, trabajo, prosperidad, marido, etc.”, “recemos para que se cure”, o similares, estás expresando tu impotencia (seguramente fantaseada), estás bajo el yugo del EGO.
    Entonces, te aferras al EGO, que es tu dios.
    Sí, es tu dios.
    Aunque digas creer en Dios (el Uno y Único), o en cualquier dios o diosito, sin embargo es el EGO tu dios, puesto que es al único que adoras, sirves y esperas en él tu salvación.
    Sí, aunque digas que eres ateo, y estés plenamente convencido del poder de tu razonamiento y lógica, absolutamente firme en que no adoras ninguna deidad y te opones a ella, igualmente estás adorando a tu EGO, aunque no lo admitas ni siquiera se te cruce por la mente la posibilidad de ser “religioso”.

    Para que lo entiendas, las religiones son la manifestación externa, visible, socializada, cultural, del EGO en su lugar de deidad salvadora.
    Todos los dioses son reflejos externos de ese EGO interno.
    Todos, incluso Dios (tristemente) es puesto (en la mente y creencias) como títere manipulado por el EGO.
    De allí que la frase diga: "No tendrás dioses ajenos delante de Mí." (Shemot / Éxodo 20:3).
    Que se puede entender de la siguiente forma: aunque creas en Mí, aunque digas reverenciarMe, no pongas entre Mí y tú dioses ajenos, aquello que la gente adora como una deidad.
    Nada que se interponga entre tu Padre y tú, porque entonces ya no estás en comunión con Él, sino con un “artefacto”, un intermediario, algo que interrumpe el flujo santo.

    Más adelante Él ordena: "No recurráis a los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición. Yo soy el Eterno, vuestro Elokim." (Vaikrá / Levítico 19:4).
    Donde dice “dioses de fundición”, en el original expresa: “masejá”, que puede entenderse también como “máscara”.
    El versículo diría entonces: "No recurráis a los ídolos, (a esos que evidentemente son falsedades, vanidades, ilusiones, pobreza) ni os hagáis dioses – máscara (que se presentan como si fueran Yo), porque solo Yo soy el Eterno, vuestro Elokim”.
    Ni EGO, ni Jesús, ni cualquier otro que se ponga entre tú y tu Hacedor y Sostenedor.
    Pero, eres tú aquel que debe despojarse de máscaras, de cáscaras, de interferencias, para que fluya la Luz santa en todo su esplendor.

    Entonces, el camino a la integridad, a la felicidad, al gozo, a la dicha, al disfrute de la bendición no pasa por ser religioso, ni someterse a rituales innecesarios, ni sumergirse en plegarias sin fin.
    El camino está en apartar al EGO, encontrar la armonía interna y externa, equilibrar nuestros planos para estar en paz, conectados, siendo uno.

    Fácil de decirlo, pero muy difícil de tomar conciencia y más aún de perseverar para no volver a la celdita mental que nos tiene preparado el EGO.

  • Yendo por la ruta

    El otro día me tocó estar por las rutas de mi país.
    No es algo habitual en mí, en parte porque no me agrada andar en auto (mi vehículo habitual es la bicicleta), en parte porque me muevo en una zona restringida de mi pequeña ciudad.

    Me resultó sumamente tedioso, incomodo, una pérdida de tiempo. Si bien hicimos algunas paradas, disfrutamos paisajes, conversamos, igualmente… no es lo mío…

    Sin embargo, entre una y otra cosa me di cuenta de un par de hechos, que quiero ahora compartir contigo.

    El primero: no siempre el que va apurado y parece seguro de lo que hace sabe donde está yendo y que está haciendo.
    El asunto es así. Estábamos intentando cruzar por una ruta panorámica y alternativa, desde una ciudad balneario hacia otras que nos llamaban la atención. La ruta marcada en los mapas se desvía varios kilómetros y se aleja de la costa. Podíamos tomarla, pero escogimos la otra, la que a duras penas aparece en los mapas, la que carece de asfalto. Pero un par de personas nos habían mencionado que era hermosa, pintoresca y que había un rústico puente para pasar por encima de una bella laguna, hecho lo cual alcanzaríamos nuevamente una ruta principal rumbo hacia las ciudades de destino.
    Igualmente, nos fijamos en el Google Maps, hicimos un par de averiguaciones por internet, blogs por aquí, sitios turísticos online por allá, algunas cosas más y sí… vimos el viejo puente sobre una laguna y sobre otra un cruce en balsas. ¡Maravilloso! Sería algo para recordar, no solo en fotitos, sino como experiencia casi única en nuestras vidas.
    Y hacia allí nos fuimos.
    Dimos vueltas, porque no había señalización, otras vueltas más. Consultamos el mapa, revisamos algún cartelito al costado del camino, preguntamos a un buen vecino y seguimos recorriendo.
    Muy hermosas vistas, aromas a bosques, sonidos de vientos vírgenes sobre dunas, un océano rumoreando al fondo, solo –mucho sol- y kilómetros por una empolvada ruta, llena de baches, de recovecos, de luces y pocas sombras.
    Tras una media hora la laguna no aparecía, el puente tampoco, pero el paisaje era cada vez más agreste, menos transitado y transitable.
    Entonces se revolearon mapas, se revieron opciones, se proponían retrocesos, porque, en definitiva se estaba en la incertidumbre.
    En eso, pasa a nuestro lado como bólido un auto, comiendo metros y metros a gran velocidad, con una seguridad y firmeza envidiables.
    El polvo se levantaba tras sus ruedas traseras con gran vigor.
    Rápidamente llegamos a la conclusión de que el conductor tenía claro el camino, sabía los secretos de la ruta “mística”, ¿cómo podía ser de otra manera dada su solvencia en este camino tan incierto?
    Decidimos seguirlo, a paso lento, más parsimoniosos, es que no somos baqueanos ni tampoco ases del camino como para andar volando a ras de suelo.
    Igualmente, lo teníamos como guía, ya que el rastro de polvo se mantenía por sobre la senda sinuosa a transitar.
    Nos serenamos un poco, ya que conseguimos quien nos mostrará, fuera nuestro “maestro”.
    Y lo seguimos.
    ¿Cómo seguir dudando o cotejando la información, si el tipo aquel tenía una firmeza y una certeza sin temblores?
    Pero, unos minutos más tarde vimos que la mujer acompañante se había bajado y estaba revisando un mapa al costado del paisaje.
    Nosotros pensamos que tal vez había bajado para hacer alguna “necesidad”, no necesariamente relacionada con el mapa.
    ¿Para qué precisaría un mapa alguien tan experto, según titulamos al otro conductor?
    Veloces volvieron a partir rumbo hacia “allá”, el sitio ese que estábamos nosotros queriendo ir. 
    Así que continuamos la marcha, pero le pedí a quien conducía que se detuviera también junto al mapa del camino, yo quería verlo, comprobar. Otro de los acompañantes descendió conmigo. Analizamos los datos confusos, el “usted esta aquí”, el mapa, las fotitos de referencia, etc.
    Sí, según nuestros cálculos nuestro guía improvisado estaba en la senda correcta, era un buen líder el que por gracia del “destino” nos habíamos escogido.
    Volvimos al auto y arrancamos detrás de la estela que dejaba nuestro líder.
    Pero las dunas estaban ganando la vista, cada vez menos caminito y cada vez más arenas profundas y salvajes.
    Allá, a lo lejos venía otro auto. En dirección contraria. De regreso.
    Calculamos o que no había camino, o que venía de las ciudades a las que nosotros queríamos ir, o que venía de un punto intermedio.
    Como no sabíamos le hicimos luces, sacamos la mano por la ventanilla pidiendo que se detenga, y el buen señor turista argentino (demasiado confiado para hacerlo) paró su auto a nuestro lado.
    Muy amablemente nos dijo que el camino era “una porquería en mal estado”, refrendado por su coqueta señora y nos aseguraron que no había camino, que la cosa se ponía peor, que ellos ya habían estado por allí el año anterior y era intransitable.
    Agradecidos a la pareja simpática debíamos nosotros decidir qué hacer.
    Les hacíamos caso a ellos, ancianitos amables pero extranjeros que estaban volviendo, o a nuestro improvisado líder y cabecilla que con tanta firmeza siguió a gran velocidad por esa zona ignota de la realidad.
    Votamos por seguir adelante y seguimos.
    Ya parecía una expedición al Sahara, pero igualmente nos confiamos en que si el líder podía con un auto similar, nosotros también podríamos.
    Pero entonces, la duna se hizo imposible.
    Bajé del auto a explorar junto con otro de los pasajeros.
    Escalamos unos cuantos metros por la arena hirviente y pesada. La experiencia valía el esfuerzo, aunque estábamos un poco perdidos… “un poco”… digo con optimismo.
    Allí arriba tuvimos otra visión, parcial y escasa, pero un poco más amplia.
    El desierto continuaba hacia adelante. Nuestro auto y pericia no daban para adentrarse, y no sé si no había alguna ley que prohibiera transitar con vehículos por allí.
    En eso, nuestro osado y seguro líder volvía, iba para atrás, tan veloz y seguro como había ido hacia adelante.
    Y allí marchaba, como un rayo, comiendo metros y metros por segundo, hacia atrás, de vuelta hacia la civilización.
    Pero nosotros decidimos seguir adelante un poco más, había un pequeño sendero que pasaba cerca de una casas de pescadores artesanales.
    Nos metimos por allí, lentamente, entre baches, desconcertados.
    En eso vemos un niño, vestía harapos, cara de hambre, pero del lugar.
    Lo saludamos y le preguntamos amablemente si sabía del estado de la ruta hacia el otro lado, de las posibilidades de atravesarlo con auto.
    El niño con escasas palabras, con cierta rusticidad amable nos informa que no hay camino. Que pocos metros más allá está cortado todo pasaje.
    Agradecemos, giramos y volvemos.

    La segunda: no todo lo que aparece en internet y tiene aspecto de valioso y valedero, lo es.
    Si relees la anécdota anterior encontrarás mi fuente de inspiración.

    La tercera: no por mucho apretar el acelerador llegarás antes a donde quieres llegar.
    En la ruta, en la que está en los mapas, las que tienen estaciones de servicio, peajes carísimos, la ruta en fin… varios autos nos pasaron, obviamente.
    Nosotros íbamos un poquito menos que el límite de velocidad, a unos 100km/h, y a nuestro lado pasaban autos volando sin alas. Calculamos que subían de los 150km/h en donde lo permitido es 110 en algunos tramos.
    Nosotros podíamos ir a esa velocidad o mayor, el auto lo permite, pero la ley y la prudencia dicen otra cosa.
    Sí, quizás los pilotos-aviadores terrestres llegarían antes al baño, a un sillón, al no-estrés de estar en la ruta, a sus tareas, a sus líos, a sus problemas familiares, a sus trabajos, a sus deleites, a rescatar una vida… yo que sé… llegarían antes… nosotros no…
    Entonces vimos que no siempre el que acelera más llega antes.
    Uno había volcado, ya estaba la policía caminera, una ambulancia… pobre gente… esperemos que sea solo pérdida de plata por arreglar la chatarra y no otros males.
    Otro estaba siendo multado por otra patrulla de la caminera. No sabemos si por exceso de velocidad (ese quería ganar algún premio de F1, estoy seguro de ello), ir sin cinturón de seguridad, sin luces, o vaya uno a saber. Lo cierto es que el que nos había pasado como si estuviéramos quietos, ahora estaba demorado a un lado de la ruta y llevándose un “regalito”.
    Otros más estaban allí, en fila india, en un trencito, detrás de un camioncito pesado y lento que estaba obstaculizando a todos los que veníamos detrás. Estuvimos así, uno detrás del otro a paso de ancianita durante varios kilómetros.

    En resumen, creo que he aprendido algunas cosas necesarias para la vida en este breve paseo por las rutas nacionales.
    ¿Qué aprendiste tú?
    ¿Cómo lo relacionas con el pasaje por esta vida y el vínculo con la espiritualidad?

  • Camino al Paraíso

    Uno puede saber mucho, pero sin la acción acorde de poco vale.
    Tal como indican los Sabios de antaño:

    “No es el estudio lo fundamental, sino la puesta en obra”
    (Talmud, Abot 1:17)

    Esta dirección es reiterada en la sagrada Tradición en numerosas ocasiones.
    De hecho, el Santo bendito Sea, la primera ordenanza que históricamente impone al ser humano es actuar como preservador y corrector de mundo, según quedó declarado:

    “Tomó, pues, el Eterno Elokim Dios al humano, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.”
    (Bereshit/Génesis 2:15)

    Sí querido amigo, el Eterno ordena cuidar al mundo, trabajarlo, perfeccionarlo, hacer de este lugar un paraíso terrenal.
    Y luego, una y otra vez, lo mismo y lo mismo.

    No, no pide fe. Tampoco rituales.
    Él no los precisa.
    Quizás tú sí, y por ello están bien, dentro del marco adecuado.
    Pero no te creas más “espiritual” por llenarte de rituales, palabras, signos, símbolos, idiomas, o cosas similares.

    Mejor, llénate de lo que Él quiere: tus acciones como constructor de Shalom.

    Por supuesto que nada de “sangre de salvadores”, “parlotear en lenguas”, “caerse al piso en un estado similar a la epilepsia”, “levantar la mano y clamar contra el Enemigo”… no… nada de eso… esos son cuentos de religosos, gente que carece de la llave para abrir las puertas de sus celditas mentales/emocionales.

    Pero tú, tú que estás vivo y quieres seguir estándolo (vivo en tu multidimensionalidad), sabrás hacer tu parte en la tarea de construir Shalom.

    Recuerda, el estudio no es lo fundamental, aunque sea necesario, pero solamente para actuar conforme a la Voluntad del Padre Celestial.
    ¿Queda clara la idea?
    Espero que sí, porque es sumamente importante que la comprendas y te alinees con ella, puesto que es la clave para llevar una vida de plenitud, bendición, prosperidad, felicidad, espiritualidad.

    Ahora que estamos de acuerdo, quiero añadirte un fundamento más.
    Si la acción no está encuadrada por la ética espiritual, la de los buenos valores que se desprenden de los Siete Mandamientos Universales… se pierde todo…
    Porque las buenas obras estarán, probablemente motivadas, por el EGO y no por el deseo de actuar conforme a la Voluntad del Eterno.
    ¿Comprendes?
    Valores: ser bueno, ser justo, ser leal y todo lo que se deriva de esto, tal como honestidad, responsabilidad, fidelidad, trabajo, solidaridad, misericordia, etc.

    Nuevamente te refiero la palabra de los Sabios de la Cabalá Verdadera y sagrada:

    “Tres son los pilares del mundo: la justicia, la verdad y el shalom”
    (Talmud, Abot 1:18)

    Justicia, ser justo.
    La verdad, ser fiel.
    El Shalom, que podría ser el resultado, o también la bondad que pacifica.

    Nuevamente, te repito la idea.
    Estudia solo lo necesario para saber cómo actuar conforme a TUS mandamientos, y trata de que todas tus acciones sean éticas.

    Te aseguro que Dios te dará mucho deleite por tus obras.
    Eso es lo que Él mismo promete…

  • Ahora, ¿cómo contarás lo que te sucede?

    Como cuentas las cosas, tiene su importancia en los resultados.

    Según reporta la “Journal of Psychological Science”, un estudio de la Universidad de Columbia, del año 2005, indica que las personas que cuentan sus malas experiencias pasadas en tercera persona, como si le hubiera ocurrido a otro, presentan mayor confianza y optimismo, en contraste con aquellos que las contaron como recuerdos personales.

    Es un dato interesante.
    Pareciera contradecir a ciertas corrientes de psicología que demandan que se cuente todo en primera persona, como forma de apropiarse de sus conductas, sentimientos, recuerdos, deseos, etc.

    Creo que ambas opciones son acertadas, de acuerdo al uso que hagamos.

    Veamos un poco lo que quiero enseñarte.
    (Es oportuno que leas antes esto: http://fulvida.com/fortalecimiento/feliz-septimo/yo-soy-el-que-soy)

    Tú haces, no hay relatos, sino acciones.
    Pueden ser acciones internas, de las que ni tienes conciencia (funcionamiento de los órganos, fluir sanguíneo, etc.), o de las que sí tomas conocimiento.
    Acciones externas, conscientes (un acto voluntario, por ejemplo) o no (tamborileo de los dedos como tic, movimiento de las piernas al caminar, etc.).
    Es el mundo del hacer, sin más.
    No hay cuento.

    Luego, sientes, percibes y te comunicas.
    Allí cuentas TU historia. Eres el personaje. A ti le suceden, a ti te hicieron, tú fuiste y volviste.
    Estás envuelto en la narrativa, eres la narrativa, eres el mundo.
    Te afectas por tu relato, tu relato te afecta.
    Tu cerebro no distingue entre relato y realidad, entre recuerdo y suceso. Se entreveran tus hilos narrativos, te emocionas, actúas el pesar, ya no sabes si estás contando o siendo contado.
    Estás en un tobogán, ¡no! Es una montaña rusa.
    Todo gira en torno a “yo”, mí, mío. Sí, allí están los demás, pero son títeres, no tienen consistencia real, no son personas.
    Hay expresión, hay relato, hay manipulación, pero siempre centrado en el yo.
    Hay un cuento en primerísima persona.

    Pero entonces subes un peldaño.
    Te separas un poco de ti mismo y te duplicas (sin saberlo estás viajando el denso viaje hacia la unificación, hacia la unidad).
    Ahora distingues los personajes, ya no eres el único intérprete de la obra. Estás tú, está el otro, estamos nosotros, y ellos.
    Está el dar, el recibir, el compartir, el negar, el mendigar, el reclamar, el demandar, el exigir… la relación es lo que prevalece.
    Juzgas, perdonas. Eres generoso, retienes. Te relacionas y te ubicas al relacionarte.
    Entonces el relato ya no se hace midiendo lo que sientes, lo que haces, sino lo que estás siendo en tu relación con otros.
    Hay un cuento ambivalente, en primera persona con participaciones estelares de los invitados a la fiesta.

    Y allí subes otro peldaño en la integración de tu personalidad multidimensional, aunque aún está en el mundo de las dualidades, de las polaridades, de la confusión.
    En este grado logramos hablar en tercera persona, aún de los sucesos personales.
    Porque la mente permite tomar distancia, a la vez que acerca lo lejano.
    En este plano analizamos, encasillamos, encuadramos, relacionamos con mayor perspectiva.
    Vemos las causas y consecuencias… tomamos distancia, aunque no sé si tomamos conciencia.
    Es una herramienta poderosa, porque se involucra la fantasías, la imaginación, la creatividad. Pero al mismo tiempo se inventan excusas, se rebuscan justificativos, se amparan errores, se somete al frío y la lógica aquello que debiera ser cálido y tierno.
    Aquí hay un cuento aséptico, impersonal, en tercera persona.

    Por último, se alcanza el peldaño de la unificación, de la unidad.
    Uno es uno, pero es todo.
    Se está en conexión permanente.
    Se es consciente, más allá de los pensamientos y las razones.
    Se deja de lado el juicio, la manipulación es intolerable, las mentiras son derretidas, las máscaras pierden sustancia.
    Es el plano de la verdad absoluta, de la autenticidad plena.
    El dolor y el gozo se encuentran, pero no afectan.
    Aquí el relato existe como total aceptación.

    Con esta breve descripción que proviene de lo más profundo de las enseñanzas cabalísticas, estarías en condiciones para comprender el resultado de la investigación que te mencioné al comienzo, así como los dictados de las corrientes de psicología también señaladas.

    De paso, esta enseñanza te podría habilitar a conocerte un poco mejor, por tanto a amarte un poco más, y así acercarte a la meta sagrada de la persona: ser feliz por llevar una vida de servicio al Eterno, por medio del amor a sí mismo y al prójimo.

    Ahora, ¿cómo contarás lo que te sucede?

    Te propongo que hagas el experimento. Cuenta un suceso “dramático” en primera persona. Luego cuenta el mismo pero como si le hubiera pasado a otro. Observa las diferencias en tus reacciones emocionales.
    ¿Lo harás y nos contarás?

    De paso, recuerdo otra técnica que te he brindado hace un tiempo atrás, la de contar lo dramático pero en tono de humor. Como en un “stand-up”. Pruébalo, te resultará de sanidad.

    Gracias por acompañarme en la lectura hasta aquí.

  • Soy exitoso… si quiero

    Perdonen mi candor por lo que compartiré a continuación.

    En mi diccionario (basado en la sagrada Tradición), por "éxito" se entiende la medida de cuanto bien y justicia se ha hecho (en el día, el período, la vida, etc.).

    El “triunfo” es la lealtad a su esencia eterna (su espíritu), que se alcanza al sintonizar y armonizar todas las dimensiones de nuestra vida con ella.

    Lo demás, son LOGROS, cuestiones pasajeras, y muchas veces trofeos del EGO.
    La marca del carro, las habitaciones de tu casa, los parajes recorridos, las vacaciones costosas, la esposa modelo publicitaria, el marido musculoso y galante, el dinero en tu cuenta de banco, los adversarios vencidos, las disputas en las que tuviste la última palabra… logros, que te pueden dar un paladeo del placer, pero nunca la alegría.

    Pero claro, en este mundo que el éxito se mide por lo económico, por el aplauso social, por el poder sobre otras personas, ¿vale de algo mi inocente idea?

    ¿A ti q te parece?
    ¿Cómo definen los “pastores” al éxito, según tu experiencia personal?
    Esos que son muy religiosos porque reciben “dones y milagros”, porque su dios muere para salvarlos a ellos de sus propios pecados, ¿qué creen que es ser exitoso?


    Real Academia de la Lengua:

    éxito.

    (Del lat. exĭtus, salida).

    1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.

    2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.

    3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.

     

    triunfar.

    (Del lat. triumphāre).

    1. intr. Quedar victorioso.

    2. intr. Tener éxito.

    3. intr. En ciertos juegos de naipes, jugar del palo del triunfo.

    4. intr. Gastar mucho y aparatosamente.

    5. intr. En la Roma antigua, dicho del vencedor de los enemigos de la República: Entrar con gran pompa y acompañamiento.

  • Acepta hoy la bendición

    La gente, nosotros buscamos el camino fácil, y por esto nos complicamos tanto la vida.

    Es paradójico.
    Nos afanamos por alcanzar la comodidad, el placer instantáneo, el no tener que esforzarnos
    PERO es precisamente esta actitud la que nos niega la alegría y nos cierra el paso al bienestar.
    Entonces inventamos excusas en abundancia para negar lo que es evidente.
    Nos llenamos de palabrería y creencias, para seguir sometidos a nuestra complicación en lugar de ser felices.

    No me creas a mí, créele al santo predicador:

    "Considera que solamente he hallado esto: que Elokim (Dios) hizo al hombre recto, pero ellos se han buscado muchas excusas.’"
    (Kohelet / Predicador 7:29)

    Dios hizo al humano y le dio el camino derechito hacia la plenitud, el bienestar, la alegría.
    Estaba todo preparado para que el hombre fuera dichoso por siempre.
    Pero el hombre no quiso andar recto por la senda de Dios, sino que de inmediato empezó con cálculos, conveniencias, jueguitos mentales para obtener el supuesto poder.
    Y fracasó de manera estrepitosa.
    Eso no le pasó solamente a Adam y Java (Adán y Eva), es algo que nos pasa cada día.
    Piénsalo y te darás cuenta de que es así.

    Está todo listo para que seas bendito, pero decidiste dar esa vuelta de más, ese rebusque innecesario, esa cosita que nadie te pidió o te demandó el pastor… y entonces perdiste el rumbo.
    Ya no te diriges más a la bendición, sino a la complicación, a bailotear entre la polaridad del dolor.

    El ejemplo es evidente en el noajismo.
    Dios ha dado Siete Principios básicos, fundamentales, simples de comprender, sencillos de transmitir, fáciles de cumplir, evidentes, naturales.
    Son el camino de la humanidad para ser espirituales.

    Pero, ¿qué hizo la gente, desde el mismo comienzo de la historia humana?
    Se inventó religiones.
    Impusieron creencias, dictaron dogmas, establecieron inquisiciones, encendieron hogueras para quemar herejes, erradicaron a los que pensaran diferente, jugaron a ser dioses, fueron payasescos con los rituales que elaboraron… y así seguimos actualmente.
    La gente se complica innecesariamente.
    Se llenan de rituales y de doctrinas en lugar de aferrarse a su verdadera esencia espiritual y a su camino de Luz.

    Te propongo que seas simple en verdad, de forma auténtica.
    Si eres gentil (no judío) entonces conoce los Siete Principios fundamentales y haz de ellos el parámetro de tu vida.
    Así serás realmente espiritual.
    Entonces, serás bendito y de bendición, serás feliz, tendrás alegría y, lo que para muchos parece indispensable, la promesa de una vida eterna llena de placer.

    Hazlo por ti, sí hazlo de forma egoísta: vive como noájida para ser feliz aquí y en el paraíso.
    No lo hagas porque eso es lo que te manda Dios.
    No lo hagas porque es lo correcto, es la raíz de toda ética.
    No lo hagas para ser auténtico, armonizado en ti mismo.
    No lo hagas para beneficiar al prójimo, a la sociedad.
    No lo hagas por nada trascendente. ((Todo esto ya te lo propuse antes y no lo admitiste ni integraste a tu vida))
    ¡No!
    Hazlo para ser feliz, para ser bendito, para ser salvo, para obtener muchos bienestar.
    ¿Sí?
    ¿Lo harás entonces?
    Vamos, es lo que Dios quiere para ti. Quiere que seas feliz. Ha diseñado todo para que lo seas. Pero tú tienes que abrirte a recibir esa Luz, esa paz, ese shalom.
    ¿Sí?
    ¿Lo harás?

    Vamos, sé simple en verdad.
    No a la manera del EGO, que todo complica pero hace creer que facilita.
    Vamos, la bendición se derrama sobre ti a cada instante, ¿te negarás a recibirla en abundancia?

    Abre tu corazón, deja de pensar en lo que te han enseñado en tus iglesias.
    La salvación ya está lista para ti, con toda la bendición.
    Pero la debes aceptar.

  • Piensa bien y saldrá bien

    Se nos ha dicho de que “si piensas bien, te irá bien”.
    Y no, realmente no es así.
    Es una falsedad evidente.
    Es demostración del pensamiento mágico, típico de la inmadura mente infantil (link).
    (Sí, ya sé, hay grandes personalidades que lo han instruido y sus seguidores lo repiten y otros los defienden. Sí, lo sé).

    Claro, el pensar bien, el verdadero pensamiento positivo es beneficioso.
    ¿Por qué?
    Lo podemos resumir con un verso: “Apártate del mal y haz el bien; busca la paz, y síguela. ” (Tehilim / Salmos 34:15).
    Primero, entendamos al comienzo de las palabras del salmista.
    Apartarse del mal, también de pensamientos, de acciones, de reacciones que sean malas, adversas, negativas, contrarias, conflictivas, falsas. Lo que sea mal.
    En gran medida porque enfocarse en lo negativo, buscar la oscuridad, llenarse de abatimiento, sumirse en desesperación, prohibirse disfrutar, vaticinar calamidades solamente, produce un efecto túnel en nuestra percepción. Estaremos solo pendientes a los signos adversos que parezcan demostrar nuestra pesadez mental, nuestra parálisis emocional, nuestra impotencia.
    Enchufarse a lo oscuro no brinda conexión con lo luminoso.

    Así pues, si fuera solo para esto, para evitar caer en un pozo estimulado por la pesadez de pensamiento, ya estaríamos contentos con el pensamiento positivo.
    Porque nos estaríamos apartando del mal.

    Pero, mira el detalle significativo, el salmista inmediatamente después no te dice que te acerques al bien, tampoco que pienses bien, él te recomienda (con su inspiración divina al mando) a que HAGAS el bien.
    Hacer. No divagar, fantasear, desear, anhelar, añorar, recordar, convocar con pensamientos, agitar con ensalmos… nada de superstición o magia, ni mandar a Dios para que sea Él quien nos haga los mandados.
    Sino HACER el bien.
    HACER el bien.
    ¿Y qué es el bien?
    Aquello que te lleva a unificarte, a sintonizar tus dimensiones, a conectarte contigo y con el otro y con Dios.
    Bien es lo que Dios ha declarado que es bien.

    Así y todo, haciendo el bien, no es suficiente para el salmista.
    Te aconseja que busques la paz, que la sigas, que la conviertas en tu meta, en tu destino.
    La paz, que es la plenitud, la completitud, la armonía, la unificación del ser, la salud multidimensional, la conexión sin máscaras.
    Tú debes buscar el Shalom afanosamente, es tu misión en la vida.
    Construir shalom no es un mero ideal nacido entre nosotros, sino un imperativo sagrado de todos los tiempos.
    Está implícito en el ser humano, en nuestra esencia como especie.
    Construir Shalom, comenzando por dentro y luego con el afuera.
    Unificarnos. Conectarnos. Despojarnos de la mentira. Ser auténticos.

    Es lo que dice el salmista, al menos así lo vemos nosotros.
    No se nos dice de pensar bien, ni de esperar milagros, ni de dejar que Dios haga todo.
    Somos nosotros que tenemos el imperativo triple de accionar así:

    • alejarnos del mal
    • hacer el bien
    • construir Shalom.

    No cuenta pensar bien como si fuera todo lo anterior.
    Pensar bien es bueno, es saludable, en tanto no sea una excusa para dejar de hacer lo que nos toca hacer, lo que es deber hacer.

    Andar por la vida con un ánimo optimista, confiando en Dios y en las propias potencias y en el prójimo, suele tener buenos resultados, mejores que andar esperando desastres, penurias, maldiciones, etc. Es cierto, el pensar bien es muy saludable. Yo no me atrevo a negarlo.
    Pero si tenemos la certeza de que haremos “milagros” a través del mero pensar, de que la vida cambiará radicalmente solo por esperar que nuestro pensamiento controle al universo… estamos lejos de haber madurado y andar por la senda de la cordura.
    Estamos más próximos a los niños, a los supersticiosos, a los que creen que una cintita roja los protege de algo llamado “mal de ojo”, los que creen que si dan caridad recibirán automáticamente un tanto por ciento, los que pretenden manipular a Dios con oraciones o creencias.
    No, ese no es el camino indicado para el leal a Dios.

    Entonces, adelante, llena tus pensamientos de Luz, pero no te creas el que controla todo, el que decide todo, el que a través del pensamiento adquirirás aquello que deseas.
    También habrás de esforzarte, de trabajar, de comprometerte, de levantarte y seguir luego de tropezar… sí, deberás hacer tu parte y no aguardar milagritos ni magia.
    ¡Qué pena si no te gusta!
    Pero no soy yo quien lo dice, solo lo repito para ti.

    Y por si no fuera claro, el salmista reitera y amplía: “Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre.”  (Tehilim / Salmos 37:27).
    Ciertamente no es una promesa tonta de vida eterna en este mundo limitado, en el cual la muerte es una realidad constante, en la cual las desgracias ocurren, en la cual las fallas y deterioros acontecen sin por ello ser “castigos divinos”.
    El “vivir para siempre” es una promesa de superación, de dejar de estar limitado por nuestra condición material, de unificar nuestro ser y gozar en el más allá de los placeres que cosechan los que actúan en sintonía con los dictados de Dios.
    Sí, la promesa del “paraíso”, de la “salvación”, que no se adquiere por creer en dioses crucificados, ni por peregrinar a tumbas, ni por cosechar reliquias, ni por venerar líderes religiosos.
    Se adquiere muy fácilmente, apartándote del mal y haciendo lo que Dios te ha dicho que es bueno.
    Encontrando la unificación. Siendo uno. Conectándote, contigo, con el otro, con Dios. Dejando libre el dolor. Dejando de imponer tus miedos. Asumiendo tu impotencia y no adorar al EGO a causa de ella.

    Y, presta atención, el salmista, inspirado por Dios, no te dice que si haces el mal eres un demonio, o un fracaso espiritual.
    El salmista, por ser un hombre de Dios, sabe que tienes que luchar contra tu EGO, que no la tienes fácil, que en la vida del hombre es natural la tendencia al mal y que muchas veces caemos, nos resbalamos hacia la mala acción.
    El salmista, un hombre de Dios, lo sabe, él también tuvo que luchar esa batalla diaria contra sus tendencias, contra las presiones sociales nocivas, contra la pereza, etc.
    No te condena por haber errado algún paso. No eres un demonio por equivocarte. No eres “condenado” por pecar.
    Sino que el salmista, en su sagrada sabiduría te recomienda que te apartes del mal, que hagas el esfuerzo necesario para no caer.
    Eres humano, así que eso es lo que debes hacer.
    Luego, cuando te has fortalecido, o mientras lo estás haciendo, es que debes hacer lo posible para construir Shalom, por supuesto.

    ¡Cuánta diferencia con el mundo plagado de infierno y maldición de la idolatría que se hace pasar por santidad!
    Mira el enorme contraste: “Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; el que hace lo malo no ha visto a Dios.” (Libro idolátrico tercero de Juan 1:11).
    ¡Mira que malicia, petulancia, ignorancia, falsa santidad!
    Este señor te dice que si haces lo que él te dice, entonces eres “de Dios”, sea lo que ellos signifique en su doctrina oscura.
    Pero, pobrecito de ti, si haces lo malo eres alguien sin Dios, desconectado, en falta eterna, en pecado original, carente de salvación, un hijo de Satanás.
    No te reconoce en tu dimensión humana. No se identifica contigo. No admite que todos tenemos que esforzarnos para alejarnos del mal.
    Este santulón te exige que seas perfecto, que no metas la pata, ni un poquito, porque si haces algo malo entonces es demostración que eres de Satanás y te vas al infierno, con tu padre…

    ¡Es TERRIBLE!
    Es inadmisible, pero a pesar de esto sigue siendo predicado por todos lados, sigue siendo considerado un libro santo, sigue siendo adorado como único modo para alcanzar “la salvación”.

    El profeta de la Verdad ha declarado firmemente la cuestión:

    "(11) Dice el Eterno: ‘¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y del sebo de animales engordados. No deseo la sangre de toros, de corderos y de machos cabríos.
    (12) Cuando venís a ver mi rostro, ¿quién pide esto de vuestras manos, para que pisoteéis mis atrios?
    (13) No traigáis más ofrendas vanas. El incienso me es una abominación; también las lunas nuevas, los shabatot y el convocar asambleas. ¡No puedo soportar iniquidad con asamblea festiva!
    (14) Mi alma aborrece vuestras lunas nuevas y vuestras festividades. Me son una carga; estoy cansado de soportarlas.
    (15) Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, yo no escucharé. ¡Vuestras manos están llenas de sangre!
    (16) ‘Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos. Dejad de hacer el mal.
    (17) Aprended a hacer el bien, buscad el derecho, reprended al opresor, defended al huérfano, amparad a la viuda.
    (18) ‘Venid, pues, dice el Eterno; y razonemos juntos: Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
    (19) Si queréis y obedecéis, comeréis de lo mejor de la tierra.
    (20) Pero si rehusáis y os rebeláis, seréis consumidos por la espada; porque la boca del Eterno ha hablado.’"
    (Ieshaiá / Isaías 1:11-20)

    Lee lentamente el párrafo del profeta.
    De a poco, entiende cada palabra, cada una en su contexto.
    Des-aprende lo que te hayan introducido como dogma religioso (específicamente cristiano, recordemos que los mesiánicos o netzaritas son cristianos también), para permitir que el sentido espiritual te sea claro.

    Te lo resumo, si quieres me lo agradeces luego: apártate del mal, haz el bien, construye shalom y vivirás por siempre.

    No fe, no pensamientos mágicos, no rituales, no repetir lemas, no memorizar párrafos, no llenarse de mitología, no ahondar en cabalistería, no servir líderes religiosos, no ser fanático irracional… no, nada de eso…
    Es lo que dijo el profeta, lo que sintetizo el salmista, lo que permea la Sacra Tradición desde el mismo comienzo de la humanidad.

    Ahora, un dato de la investigación de psicología científica.
    En un serio estudio reciente (link) se ha arribado a un inesperado resultado.
    La visualización positiva NO ES efectiva para alcanzar éxitos, y además muchas veces es contraproducente.
    Básicamente se explica de la siguiente manera.
    El cerebro no tiene cómo reconocer si lo que percibe es un pensamiento, una actuación, una broma, un hecho real y verídico, un delirio. El cerebro recibe la información primaria y la procesa como original y dispara las reacciones automáticas oportunas.
    Ejemplo, estás viendo una película de terror y aquella escena te paralizó, realmente te llenaste de pavor. Pero oye, dime, estabas en el cine o en tu sala, sabías que no era real, que era una película, entonces, ¿por qué sentiste miedo? Porque tu cerebro no discierne si es cuento o fáctico, simplemente lo toma y reacciona para preservar su existencia como mejor pueda.

    Cuando la persona por medio de la técnica de la visualización positiva induce a su cerebro a creer que ha alcanzado la meta buscada, entonces se dispara una respuesta de relajación, tal y como si hubiéramos conseguido lo anhelado.
    Se pierde fuerza, concentración, intención. Se fracasa por haber “pensado bien”.

    Claro, el EGO está detrás de esto.
    Usa cualquier recurso para someterte, para hacerte sentir impotente.
    Sí. también el pensamiento positivo. Sea en su versión mágica, para que te quedes quieto y no cambies tu mundo. Sea en su versión “visualiza exitoso”, para que tu cerebro se lo crea y te desarmes. Para que en la realidad nada mejore y entonces la realidad sea la que te denuncie como impotente.
    Como sea el EGO es astuto.
    El EGO juega con la mente, se crean excusas a una velocidad impresionante. Todo suena plausible, hasta lo ridículo, en tanto sigas sometido al EGO.

    Me he extendido muchísimo más de lo que era mi intención inicial.
    He tocado muchos puntos, demasiado importantes e intensos.
    Creo que de tan largo y complejo podría resultar confuso o perder poder, así que te pido me hagas el favor de releerlo, de estudiarlo y de compartirlo para poder conversar con otros al respecto y ver si estás de acuerdo, si encuentras algún error, si deseas expresar tu opinión, etc.

    Quedo de ti, hasta luego.

  • Bienaventurados los…

    No se trata de saber,
    sino de ser.
    Ser uno. Unificado. En armonía.

    No se trata de haber leído muchos libros, ni de repetir frases,
    sino de hacer carne el conocimiento 
    para que esto te lleve a la unidad del ser.

    No se trata de ser sumiso a un líder y a una doctrina, sino de ser tu propio amo, en bondad, en justicia, en autenticidad.
    Atiende a tus maestros, respeta a tus guías, encuentra la enseñanza que proviene de toda criatura.
    Que tu conciencia se amplíe y siempre agradece.

    No se trata de meditar sobre espiritualidad,
    sino de hacer que lo material reluzca en su propia espiritualidad.
    Ser uno. En armonía. Ser uno mismo.

    No es en la religión que se encuentra Dios,
    sino en vivir de acuerdo a Su Voluntad, tal como Él la manifestó para ti.

    Se trata de amarte a ti mismo.
    Sí de amarte, a ti, a quien eres en esencia, a quien estás siendo.

    Así,
    solamente así puedes amar al prójimo y amar a Dios.

    El resultado será tu dicha, alegría sincera.

  • Resp. 4520 – Como interpretar los hechos de la historia?

    perseval7 nos consulta:

    como interpretar los hechos de la historia?, pues cada interpretacion pasa por el filtro de la subojetividad del individuo? gracias

    (más…)

  • Cabalá noájida: ese tesoro oculto

    Alguien, un nuevo amigo del hogar FULVIDA, me preguntó hace un rato si existe la “Cabala noájida”, tal como existe la “Cabala judía”.

    La respuesta no tardó en llegar: no, la Cabalá noájida no existe.
    (Cabalá con acento y tilde en la última “a”.
    Cábala, es otra cosa.
    Y Cabala, no existe, al menos en hebreo o español).

    Y luego vino la breve pero concisa explicación.

    Primero, aprendamos el significado de la voz Cabalá.
    Cabalá proviene del verbo hebreo lekabel, que es recibir.
    Por lo tanto, significa “recepción”, “acogida”.
    Ver en el Traductor de Google : http://translate.google.com/#iw|es|%D7%A7%D7%91%D7%9C%D7%94

    Es también sinónimo de Tradición, en el sentido del mensaje que se transmite de una generación y se recibe por la siguiente.
    Ver en el Wikimilon: http://he.wiktionary.org/wiki/%D7%A7%D7%91%D7%9C%D7%94

    Pero, ¿qué es tradición?

    Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:

    tradición
    1. f. Comunicación de hechos históricos y elementos socioculturales de generación en generación:
    2. Conjunto de lo que se transmite de este modo:

    Pues, exactamente lo que habíamos dicho recién que es Cabalá, ni más ni menos.

    En sí misma la voz Cabalá no hace referencia a nada “místico”, ni misterioso, ni oculto, ni “teológico”, ni filosófico, ni reservado, sino a lo que es propio de una determinada tradición.
    Téngalo siempre presente: Cabalá = Tradición.

    Por algún motivo no muy claro para mí, en algún punto de la historia judía reciente se ha identificado la voz Cabalá con el conocimiento místico judío, como si solamente se aplicara a éste y no a todo el conocimiento y práctica que se comunica de una generación a la siguiente.
    Esta deformación, o tal vez debiera decir estrechamiento del sentido, es lo que suele provocar confusiones en el público general, confusión que supongo fue la que motivó la consulta del amigo que dio origen a este breve artículo.

    Pero, entonces, ¿por qué dije tan enfáticamente al principio que no existe una cabalá noájida, tal como sí existe una judía?
    Es lo que paso a explicar ahora.

    Cabalá no quiere decir otra cosa que "tradición", ya lo aprendimos, y la única tradición ESPIRITUAL que se ha preservado hasta hoy, desde su origen en el momento en que Dios la manifestó a la humanidad, es la tradición judía.
    Dios expresó Su Voluntad con respecto a las naciones a Noaj/Noé, éste se la trasmitió a sus hijos. Ellos eran los encargados de respetarla y trasmitirla a su vez. Pero bien pronto dejaron de cumplirla y de encomendarla a sus descendientes. Lo que debía ser la Cabalá/Tradición espiritual de los noájidas se perdió. A causa del EGO. De ir detrás de la comodidad, de los placeres, de la inoperancia, del invento de las religiones, de la adoración de los poderosos, de la sumisión a amos y reyes. Las naciones se inventaron sus propias “espiritualidades”, todas falsas, desconectadas en mayor o menor medida de la Fuente original. Esas tradiciones falsificadas en su faceta espiritual fueron las que trasmitieron, ordenaron cumplir, adoctrinaron a sus hijos. Tradiciones religiosas corruptas, llenas de idolatría, de engaño, de EGO. Infinidad de esas tradiciones religiosas se han perdido también, junto a las naciones y culturas que las crearon o adoptaron. Algunas otras lograron subsistir más tiempo. Se adaptan, cambian, mutan, como astutos parásitos se hacen inmunes a la medicación (verdadera espiritualidad) que las puede erradicar. Todas ellas tradiciones religiosas corruptas, ninguna conectada a la Fuente, ninguna sincronizada con la Voluntad del Padre, todas producto del EGO.
    Así pues, no existe una Cabalá noájida, porque la tradición noájida la esfumaron los propios gentiles hace milenios, la taparon con escoria religiosa, la disfrazaron de religiones, la silenciaron para perder el contacto con el Padre y con Sus Mandamientos para las naciones.

    Es triste pero cierto, los gentiles no tuvieron el amor y respeto necesario para preservar su memoria espiritual, su apego al modo de vida espiritual que Dios les comandó.
    se inventaron religiones, supersticiones, sectarismos, ateísmos, adoraciones a humanos y numerosos etcéteras.
    En su vanidad, en su esclavitud al EGO perdieron la senda a su propia tradición espiritual.

    Pero, no todo se perdió de su tesoro sagrado para los gentiles.
    El tesoro permanece oculto. Los piratas (de la fe) lo robaron, se lo llevaron y lo enterraron lejos, muy lejos, para que nadie se acordara de su existencia. Así ellos podían seguir con sus imperios, con sus tráficos de la fe, con sus iglesias y denominaciones.
    Pero, gracias a Dios el mapa que lleva a ese tesoro oculto quedó resguardado en las bibliotecas sagradas del judaísmo.
    Entre sus propios tomos de sabiduría, allí resguardado se encuentra el mapa del tesoro de los noájidas.
    No porque lo hayan escondido los judíos, o hayan robado el mapa.
    Sino que al guardar su propio tesoro, al mantener con vida su propia Cabalá/Tradición, mantuvieron con vida el recuerdo, el mapa, y el modo de llegar al tesoro de los gentiles.
    No para los judíos, sino para restituirlo a sus verdaderos dueños: los gentiles

    Tal como algún Indiana Jones, así debe actuar el noájida que despierta y se hace consciente de su verdadera identidad.
    Debe pedir a los guardianes una copia del mapa al tesoro sagrado de los noájidas.
    Con el mapa en mano es su obligación aventurarse hacia el descubrimiento de su propia identidad espiritual.
    Retomar el nexo con Dios de la manera que Él ordenó.
    Por supuesto que los enemigos de Dios pondrán obstáculos de todo tipo. Mentirán, engañarán, complicarán, desviarán, cansarán, presionarán, seguirán queriendo tener escondido y lejos el tesoro espiritual. Pero el Indiana Jones noájida correrá mil aventuras, subirá y bajará, pero seguirá en su afán de desenterrar el sagrado tesoro y devolverlo a su belleza original.
    No por fama, ni por dinero, ni por alcanzar poder, sino porque eso es lo que siente que debe hacer para sintonizar su espíritu con su existencia.

    Los judíos cultos en este asunto le pueden dar una mano, mostrar dónde está el mapa, pero recorrido lo debe hacer el noájida. La aventura de auto descubrirse es del noájida. La liberación está en manos del propio noájida, no del judío ni del judaísmo.

    Tristemente algunos Indianas se pierden también, porque confunden a los guardianes del mapa con los poseedores del tesoro. Se quedan en las bibliotecas, se empiezan a apropiar del tesoro que no les pertenece, se escapan de despertar y crecer en su propia identidad para volver a perderse, ahora no detrás de religiones, pero sí detrás de una tradición que no le pertenece, que no le corresponde, que no le identifica: la judía. Se hacen religiosos nuevamente, pero ahora noajUdas, noájidas que perdieron la senda para travestirse de judíos. Siguen tan perdidos como antes, tan carentes de conexión como antes, tan religiosos como antes, tan esclavos del EGO como antes, pero se defienden diciendo que saben y aplican tal y cosa del judaísmo, como si eso les fuera propio o Dios se los hubiera entregado a ellos… pobre gente…

    El tesoro noájida, ese que es parte de esa Cabalá noájida perdida y ocultada por los piratas de la fe, no tiene NADA de místico, de complejos espirituales, o similar. No trata de sefirot, ni de explicaciones oscuras acerca de energías vitales, o sobre qué ocurre después de la muerte o antes del nacimiento.
    El tesoro noájida es historias del origen humano, de la entrega de los Siete Mandamientos por parte de Dios a las naciones.
    Son los Siete Mandamientos para las naciones.

    Así pues, las Cabalá noájida no existe, porque nadie se ha encargado de cuidarla, de amarla, de vivirla, de transmitirla.
    Hoy que hay un despertar de la conciencia espiritual, hoy cuando cada vez son más los que descubren el noajismo, es el tiempo de desenterrar el tesoro, de retomarlo y lo más importante, de volver a hacerlo tradición, porque se le enseña a los hijos, para que la vivan, la amen, la respeten y a su vez la trasmitan a sus hijos, por todas las generaciones.
    Así renace la Cabalá noájida, si es que usted, querido amigo noájida, lo acepta y lo hace realidad.

    Por otra parte, cada cual tiene a mano otro tipo de tradición, muy valiosa aunque no sea la original y espiritual.
    Usted tiene la tradición de su país, de su región, de su etnia, etc. que no es la Cabalá en su sentido espiritual, pero es otro tipo de tradición que vale la pena igualmente vivirla con amor y respeto a pleno, en tanto no sean costumbres contrarias a los Siete Mandamientos universales.
    Las costumbres de alimentación, vestimenta, fiestas, idiosincrasia, etc. que cada uno ha recibido de sus mayores y que es parte de la identidad propia y comunal.
    Reitero, son para recibir y vivir también, siempre y cuando no impliquen o lleven a la idolatría.

    ¡Amar SU tradición, es amarse!
    Así pues, ámese.
    Conozca acerca de las costumbres propias, las familiares, las culturales y… ahora que lo sabe, redescubra el tesoro espiritual de los noájidas: los Siete Mandamientos Universales.
    No vuelva a cometer los errores espantosos del pasado.
    No vuelva a perder el contacto con Dios, tal y como Él quiere que sea.

    Excusas habrá siempre.
    Negación y retorno a la idolatría, no faltarán.
    Escupir lemas religiosos, frases del Nuevo Testamento, lealtad a ídolos, seguirán perturbando el despertar de la conciencia noájica.
    Pero no tiene derecho a echar culpas a los otros por no aventurarse a ser usted mismo.