Categoría: Opiniones e ideas

  • «Ojalá pudiéramos bloquear a la gente en la vida real»

    «Ojalá pudiéramos bloquear a la gente en la vida real», así dijo la señora a su amiga en la micro.

    Y es que actualmente somos una sociedad que con solo hacer clic podemos bloquear, eliminar, restringir, dejar en visto o silenciar a otras personas, al menos en el mundo virtual.

    Las redes sociales pasaron de ser plataformas cuyo fin era mostrar algunos aspectos de nuestra vida a nuestros conocidos, a ser lugares desde los cuales podemos ejercer un falso poder de control sobre la vida de otros y sobre la propia. Y es que muchos de nosotros hemos hecho uso del botón «bloquear o borrar amigos» en nuestras redes sociales. A veces es necesario y saludable. Pero deja de serlo cuando el «unfriend» o «unfollow» se convierte en el último paso para terminar una relación afectiva o una amistad.

    Cada quien está en su derecho de elegir a quién acepta o rechaza en sus redes sociales, nadie cuestiona eso. Pero pensemos en quien luego de un mal entendido con un compañero de trabajo, elige bloquear o borrar a esas personas de sus redes sociales.

    En un nivel más afectivo otros, hacen igual con sus amigos. Forma parte del fenómeno conocido como ghosting y se trata de una práctica donde en la vida real alguien deja a su pareja sentimental sin previo aviso o explicación, asumiendo falsamente que así desaparecerá esa otra persona de su vida.

    Por otro lado, ni la tecnología ni Zuckerberg tienen la culpa. Este fenómeno lo que hace es reflejar una vez más la dificultad de la comunicación auténtica según nos ha enseñado el Moré Yehuda.

    Sí, es más fácil, rápido e inocuo bloquear alguien con un solo clic en lugar de comunicarle que ya no queremos su amistad por equis razón. Lo cierto es que no importa cuántas veces bloqueemos a alguien, los conflictos personales no se van a solucionar así.

    Recordemos la enseñanza de antaño:

    Se debe borrar del corazón el recuerdo del mal que uno ha experimentado y no se le debe mantener, pues mientras más se le mantenga, se arriesga más de actuar en venganza. También la Torah ha precisado que se debe borrar el recuerdo de los malos procedimientos hasta que haya desaparecido de la memoria. No es sino con esta condición que la vida en sociedad y las relaciones normales entre los hombres se hace posible. [ Maimonides De´ot. VII:8]

    Sé feliz, sé noájida.

    Licenciado Jonathan Ortiz

  • Te libero de tus deudas

    ¿Te ha pasado de repente de encontrarte endeudado?
    Gracias a Dios si te has dado cuenta y has llegado aquí, porque quizás encuentres alguna idea que te ayude ahora y en adelante.

    Comencemos por el comienzo, ¿qué es estar endeudado?
    El diccionario nos trae una rápida respuesta: “contraer deudas”.
    Ok, genial.
    Ahora está clarísimo, ¿no?

    Veamos qué sería una deuda:

    • Obligación que una persona tiene de pagar o reintegrar el dinero que debe
    • Cantidad que se debe
    • Obligación moral contraída con alguien

    Ah, ok.
    Entonces tiene que ver con deber algo a alguien.
    Parece que por una parte es una cantidad de dinero, o algo que tenga similar valor simbólico para la gente; y por otra parte hay deudas morales, obligaciones de determinadas conductas hacia ciertas personas.

    Quedémonos por ahora con la cuestión de estar obligado a pagar algún dinero que se debe.
    Alguien endeudado es alguien que, por algún motivo legal y permitido, ha entrado en algún gasto que no pudo abonar a su determinado tiempo.

    Si estamos de acuerdo, entonces ya a futuro tenemos una clara idea de cómo no estar adeudados: no adquiriendo cosas/servicios que no se pueden pagar.
    Apoderarse de manera consciente, teniendo noción de los límites y no traspasándolos.
    Es decir, si no tienes plata, no gastes la plata que no tienes. Es la mejor manera de evitar adeudar alguna suma, que sea legal y permitida.
    ¿Estamos de acuerdo?

    Sobre las deudas ya contraídas, hablaremos en un rato, quizás, porque ahora quiero dar otra idea para estar libre de deudas en tu futuro.
    Porque ya te estoy escuchando argumentar que a veces no tienes más remedio que ponerte en gastos NECESARIOS y para los cuales no tienes cobertura monetaria.
    Por ejemplo, si no tienes para comer, no te vas a morir de hambre si tampoco tienes para pagar contado.
    Ni vivirás de prestado o mendigando.
    Ni pedirás bonos o planes sociales, haciendo de la mendicidad tu forma de supervivencia.
    ¿Estamos de acuerdo?
    Así como con la alimentación, seguramente hay otros importantes motivos para romper los límites de lo que tienes actualmente.
    Por ejemplo, conseguir fondos para invertir en un avance laboral, empresarial, etc. ¡Qué sería del mundo moderno sin préstamos!

    Entonces puede resultar necesario a veces ponerse en gastos y pasar a ser deudor.
    Supongo, todo esto es suposición porque no soy economista, ni pretendo serlo; ni conozco de historia de la moneda tampoco… decía que supongo que esto explica uno de los motivos del surgimiento del crédito y del préstamo (y con ellos los intereses, la usura y las prohibiciones de la Torá a lucrar indebidamente jugando con las necesitados de los necesitados).

    Siendo así, tendríamos que separar entonces entre al menos dos tipos de deudores (supongo que habrá más, como por ejemplo el que haciendo todo de forma coherente, inteligente, prudente, de repente sufrió un revés inesperado de salud, o una crisis financiera, o una guerra, o vaya uno a saber que lo descolocó de sus previsiones, transformándolo de un rato al siguiente en un deudor; y sigo suponiendo que debe de haber otros tipos de deudores):

    • los que se extralimitan y no hay una necesidad real detrás,
    • los que no tienen más remedio, a la vista, para lograr subsistir, desarrollarse, promoverse, etc.

    Llegados hasta aquí tendremos que decidir con cual de los dos tipos seguiremos, y propongo con el primero, si te parece.

    Por lo que supongo, que es lo que estoy haciendo todo el tiempo, esta persona de alguna manera también supuso, imaginó, fantaseó, sintió, creyó que adquiriendo producto o servicio a costa de ponerse fuera de su límite era un factor que le reportaría felicidad, placer, confort.
    Si tengo el nuevo smartphone mi vida será mejor, aunque el de él funciona perfecto y tiene una capacidad inmensa aún inexplorada.
    Entonces el buen tipo se deja seducir por algún marketing o fuente de deseo oculta y termina comprando ese celular que no precisa, que no sabe usar, que no le brinda mucho en realidad. ¿Y cómo lo compra? En 24 cuotas, pagando finalmente unas 8 veces más caro que si hubiera comprado contado. O unas 100% de veces más caro que si se quedaba con su antiguo celular, tan moderno y útil como el recién adquirido.
    Como sea, pasó a ser deudor pudiendo haber sido feliz.
    Porque, seamos honestos solo un rato, ¿realmente tener sobresaliendo de su bolsillo trasero de pantalón ese ladrillo de cristal fácilmente rompible, es el factor clave para su felicidad?
    ¡Qué sé yo!
    ¡Lo que sé es que el capital debe movilizarse, para que los engranajes del mundo moderno sigan girando y proveyendo de ¿bienestar? por doquier!

    Pero ahí anda el infeliz, ahogándose en sus deudas.
    Porque como el nuevo celu no fue suficiente, también tuvo que ampliar su deuda para la nueva tele llegado el mundial, y un par de tatuajes, y ropa de marca que puede usar una o dos veces nada más, y el viajecito a X para sacarse la selfie y subirla a su Red, etc.
    Y podría seguir haciendo una lista de los gastos, a mi parecer innecesarios, de este pobre tipo que se aleja cada vez más de la felicidad corriendo detrás de ella y siendo perseguido por sus tarjetas de crédito, bancos, prestamistas, padres, ex-amigos… todos ellos queriendo cobrar lo que les debe, más intereses, moras, recargos, comisiones y qué sé yo…

    Por lo visto para arrepentirse, hacia el pasado, ya es tarde.
    Hay que afrontar con responsabilidad y hacerse cargo de la deuda, o ver cómo se maneja en la justicia.
    O escapar del país, o pedir un amable préstamo al hampa.
    ¡Qué sé yo!

    Pero sí puede hacer un mejor planteo hacia el futuro, que es el fundamento principal de la TESHUVÁ, el proceso de retorno a la buena senda.
    Porque las deudas hay que pagarlas, pero lo más importante es evitar caer en los viejos errores.
    Hacer un cambio profundo de conducta, eliminar viejos hábitos negativos para implantar en su lugar nuevos constructivos.

    Por tanto, dejar de ser esclavo de la pasión necia y de la mentira hábilmente justificada y ponerse en serio a conocer sus límites, darse cuenta de sus necesidades, delinear sus posibilidades y aprender a fabricar los chispazos de felicidad con lo que realmente los produce y no con la magia tonta del gasto descarado.
    ¿Se entendió?

    Probablemente no será sencillo, y menos teniendo montones de plata que pagar para ponerse al día.
    Lo cual, muy probable, genere una calesita de préstamos sucesivos, el siguiente que viene a tapar el agujero del anterior, en un ciclo que parece interminable.
    Y esto que te puede estar pasando a ti, le pasa a tu país, casi seguro.

    Volver a una vida sencilla, metódica, saludable, sustentable, y que no ahogue a las economías de producción, ¡qué sé yo de eso!
    Mi hijo es el futuro experto en economía, si Dios quiere y él también, yo solo soy un maestro de espiritualidad.

    Ahora bien, asumir tu responsabilidad en este tipo de deuda es absolutamente indispensable.
    No fue Dios, o dioses, ni astros, ni tu pareja, ni tu educación, la sociedad, el sionismo internacional, los masones, ni tu mala suerte.
    Fuiste tú y tus decisiones.
    ¿Quedó claro?

    Ni echar culpas, ni rencores, ni autocompadecencia, ni angustia, ni escapes, ni…
    Lo que tenga que ser resuelto en tribunales, que lo sea.
    Pero lo que tiene que ser resuelto en tu interior, eres tú el que tiene que hacerse cargo.

    Aprender a quererte más, a respetarte, a trabajar por estar bien de verdad y no comprando una falsa alegría.
    Y no esperes que Dios te lo solucione, por favor, ¡no lo hagas!
    Está bien que confíes en Él, que le pidas que te de una mano, que te facilite las cosas, que te dé fuerzas para perfeccionar tu personalidad, está bien eso y más.
    Pero eres tú el que tiene que aprender a ser diferente y serlo.
    Dios no quiere marionetas en la especie humana, quiere socios que hagan cada uno su parte.
    ¿Te quedó clara esa verdad espiritual?
    Espero que sí.
    No dejes de hacer TEFILÁ, pero no hagas solo TEFILÁ.

    Lo que sí te va a dar una enorme ayuda de Arriba es si, sin ponerte en gastos, comienzas a dar TZEDAKÁ, es decir, plata a pobres o a personas –como yo- que enseñamos gratuitamente Torá y espiritualidad.
    Cuando colaboras con dinero para favorecer a quien lo merece, eres bendito y de bendición.
    Recibes tu paga de Arriba pero además estás entrenando cabalmente tu personalidad para ser exitoso y próspero, ésta es una verdad espiritual inamovible.

    Pero no des un centavo a pastores, ni “rabinos” mesiánicos, ni “rabinos” payasos, ni hampones de la fe y otros por el estilo.
    Nada para ellos, ni los buenos días.

    Ya comenzaste ahora el camino para ser dichoso, para vivir libre de deudas fabricadas por tus elecciones.
    De nada, ha sido todo un placer para ti que puedes manifestar donando aquí generosamente: http://serjudio.com/apoyo

    Para concluir, espero que también hayas captado la intensa relación de este estudio con el mes de Elul que estamos promediando ya y los próximos días reverenciales que están tocando a nuestra puerta.
    Pues éste es un texto que tiene enormes vínculos con ROSH HASHANÁ… ¿te animas a comentar cuáles encuentras?

  • El religioso que se olvida de Dios

    «Harás lo recto y bueno ante los ojos del Eterno, a fin de que te vaya bien, y entres y tomes posesión de la buena tierra que el Eterno juró a tus padres»
    (Devarim/Deuteronomio 6:18)

    ¿Por qué será que en ninguna parte encontramos en la Torá que Dios pida fe?
    ¿Por qué será que, en cambio, no una, ni dos, sino varias Él nos pone bien en claro que lo que demanda es una conducta que combine la bondad con la justicia?

    Y sin embargo, los mercaderes de la fe proclaman que el camino mágico para el creyente es el de la fe.
    Te hacen todo tipo de maniobras y malabarismos para que te despojes de la conciencia, dejes de lado el compromiso con la Verdad, y te sumerjas en el fango de la fe.
    ¿Por qué será que tal es el proceder de los piratas religiosos?

    ¿Será que dichos clérigos, entre los que se incluyen muchos que usan lo que se supone es un disfraz de judío, se benefician por mantener a la gente en el bloqueo espiritual, desprovistos de buena enseñanza y esclavizados al Sistema de Creencias que endiosa al EGO?
    ¿Será que los comerciantes de la fe obtienen beneficios de todo tipo, entre los que indudablemente están también el dinero, la fama, el control de sus seguidores?

    Te lo dejo para que pienses y si te animas, a que dejes a esos “rabinos”, a esos cabalisteros y por supuesto a todos los ministros de dioses que no son Dios.
    Con menos fe y más espiritualidad te aseguro que estarás mejor, aunque no lo creas.

  • Enamoramiento versus Amor

    El enamoramiento confunde la mente, turba la emoción; funciona como un alucinógeno. Se produce por procesos bioquímicos, que controlan las bases de nuestra conducta, nos lleva a acciones que no suelen estar fundamentadas en el razonamiento y la búsqueda del bien común. Está en el mundo de lo irracional, de lo primitivo, casi diríamos que instintivo.
    Por supuesto que cuando se puede y quiere hacerlo, se elaboran excusas y justificaciones, por lo que se pueden armar bellos relatos que dan coherencia y apariencia de algún sentido. Hasta se lo puede disfrazar al enamoramiento de amor, y hacerlo pasar por un movimiento trascendente y superador.
    Pero en verdad, no deja de ser mecanismos automáticos, disparadores bioquímicos que se ligan de algún modo al Sistema de Creencias para así desencadenar conductas ausentes de meditación, llenas de confusión mental, porque el pensamiento ha quedado secuestrado por la emoción.
    El resultado de actuar empujado por el impulso es variable, pero obviamente que no depende de la persona sino de una infinidad de factores que se entrecruzan. Pero la meta no deja de ser egoísta, autocomplaciente, a corto plazo, ciega, alucinada.

    Por otra parte, el amor ve, comprende, realiza, une, da vida y eternidad.
    El amor necesariamente está inspirado en la NESHAMÁ, el espíritu, la Chispa Divina, el Yo Esencial.
    El amor se sostiene con razonamiento. ¡Eso no implica filosofar ni llenarse de frases edulcoradas! Sino que significa que la persona pone un freno a su Sistema de Creencias, trata de elaborar alternativas, no cae ante la seducción emocional aunque sin dudas requiere del combustible de la emotividad para que el amor cuaje en la realidad y no quede como una mera fantasía.
    El amor busca beneficiar al amado y con su bienestar el amador se siente satisfecho. Por supuesto que puede haber amor que incluya el contacto físico, y hasta el íntimo; pero por su mismo naturaleza el amor trasciende lo corporal y no se cierra exclusivamente a relaciones de pareja o de autosatisfacción.

    En la Tradición nos han indicado un ejemplo clásico de enamoramiento y otro de amor.
    Amnón por Tamar, eso era enamoramiento.
    David y Ionatan, eso era amor.

    Si te has beneficiado en algo con este estudio, compártelo y ayúdanos con tu apoyo económico: http://serjudio.com/apoyo

  • El Eterno es protector del sol y de la luna

    El salmista nos viene enseñando que Dios nos protege, siempre y cuando seamos leales a Él a través del cumplimiento de los mandamientos que nos corresponde cumplir.
    Entonces Él nos guarece de los males, para que la cobertura de Su Misericordia sobrepase al estricto equilibrio de la Justicia.
    Igualmente, nuestra mente no puede calcular con precisión los métodos del Eterno para administrar Su creación, por lo tanto, confiemos en que Él hace misericordia más allá de todo entendimiento. Pero, no olvidemos que la acción del hombre es ejecutada con su libre albedrío, por tanto allá donde la persona actúa el Eterno se limita para no interrumpir la decisión del hombre. Por tanto, lo que Él hace es justo y misericordioso, pero lo que el humano hace puede ser malo y provocar sufrimientos injustos en inocentes.

    Volviendo al salmista, podemos encontrar un ejemplo de la protección Divina en este verso:

    «יוֹמָ֗ם הַשֶּׁ֥מֶשׁ לֹֽא־יַכֶּ֗כָּה וְיָרֵ֥חַ בַּלָּֽיְלָה:
    El sol no te herirá de día, ni la luna de noche.»
    (Tehilim/Salmos 121:6)

    Que cuando lo analizamos con atención, nos salta de pronto una pregunta.
    Ya que, se entiende perfectamente que haya necesidad de ser protegidos del sol, porque no son pocos los daños que recibimos a nuestra salud a causa de la exposición no controlada al mismo.
    Pero, ¿cómo entender que nos proteja de la luna de noche?

    Una respuesta, muy interesante y práctica, es la siguiente.
    La noche aclarada por la luna permite reconocer algunas formas, identificar ciertos movimientos, pero lleve a confundir y a imaginar cosas que no están allí.
    Es decir, la poca información que revela la luz lunar suele provocar distorsiones que alimentan los miedos, que perturban la mente, que aumentan la ansiedad. En lugar de servir para discernir y obtener comprensión, muchísimas veces genera lo contrario. Entonces, es necesario que recibamos también protección de los efectos que genera en nuestra mente la luz de la luna en la oscuridad. Para que no reaccionamos automáticamente con pánico, ni que montemos un problema allí en donde no está, que no nos consuma el pavor provocado por la ignorancia que fomenta la imaginación.

    Así pues, por un lado ser guardados del sol, para que no se queme nuestra piel; ser resguardados de la luna, para que la mente no se atormente por imaginaciones terribles.
    Ambas son peticiones muy válidas para asegurarnos una mejor vida.

    ¿Qué opinas tú?

    Si este estudio te ha sido de provecho, acuérdate de hacernos llegar tu tzedaká porque es a través de ti que Dios quiere bendecir materialmente nuestra obra sagrada. Cada centavo que aportas a la obra del Eterno, te vuelve multiplicada con creces.
    Así pues: http://serjudio.com/apoyo

  • No todo es bueno ni tienes que conformarte

    Una persona me comentó lo siguiente:

    “El conformismo es bueno.
    Porque lo único que Dios dijo que no era bueno es que el hombre esté solo.
    Todo lo demás es bueno.
    Por eso, cada uno debe saber y creer con total convicción que lo que tiene es bueno y es suficiente para él y lo que no tiene no le conviene ni es para él; y entonces va a vivir feliz y contento.
    Porque todo lo creó Dios bueno, menos que el hombre estuviera solo”.

    ¿Por dónde comenzar a corregir esta sarta de disparates religiosos y seudo espirituales para lograr poner un poco de orden en esa mente afiebrada por el EGO?
    ¡No lo sé!
    Porque hay tanto para enmendar, que además dudo que logre su efecto en esta persona, que me apabulla antes de empezar.
    Por tanto, haré solamente un breve comentario, basado obviamente en las enseñanzas de los Maestros de Torá y no en especulaciones seudo espirituales, seudo filosóficas, carentes de cualquier valor trascendente.

    Es muy cierto que el Creador calificó de buena y muy buena Su obra de creación, aquello que había creado en los seis días de evolución desde la nada hasta aquel momento del inicio del Shabat universal.
    Es correcto que el Creador etiquetó de no-buena la circunstancia de la soledad del humano.

    Pero nos olvidemos de un pequeño detalle, en el corazón del huerto del Edén se encontraba el árbol prohibido de ser ingerido, el del conocimiento del bien y del mal.
    Es decir, existe el mal y se delinea como algo diferente al bien.

    Por tanto, no podemos decir que todo es bueno, ya que es el mismo Creador que dijo que existía lo malo, sí, también en el Paraíso original.
    Solamente que antes de consumir del árbol prohibido el mal no se mezclaba con el bien, el bien no se mezclaba con el mal. En la realidad paradisíaca estaban claramente delimitados los confines de una cosa y la otra.

    Perder la noción de lo bueno y de lo malo, confundirlos, mezclarlos, romper los límites sanos, sería el resultado de consumir del árbol prohibido.
    Eso fue precisamente lo que le pasó a la humanidad, embarullada su mente con emociones, trastornado su razonamiento con pasiones, alterado su rumbo por el EGO, oculta la NESHAMÁ por las excusas más pueriles.
    Así estamos, fuera del Paraíso, tropezando con nuestra torpeza para identificar lo bueno e identificar lo malo.
    Entonces, llamamos bien al mal, y mal al bien.
    O afirmamos con torpeza religiosa que el mal no existe, solo lo bueno existe.
    O declaramos que el conformismo es la solución para no sufrir por la injusticia o la impotencia que nos corrompe.

    Y no es así, porque Dios ha declarado que hay bien y mal y no depende de nosotros su definición, sino de Su Voluntad.
    Pero sí depende de nosotros aprender a distinguir, en la medida de nuestras limitadas facultades, aquello que es bueno de lo que no lo es. Traer un poco de luz al caos provocado por comer del árbol prohibido, despejar la mente de las imaginaciones torpes que la corroen.

    Entonces, lo que tengo ahora quizás no sea bueno y no tengo porque declararlo como tal.
    Tampoco es obligación que admita que es suficiente, cuando razonablemente no lo es.
    Mi misión, como persona que encarna un espíritu divino, es aceptar con agradecimiento mi porción, disfrutar de ella, gozarla, bendecir por esto. Pero no dejar de trabajar por mejorar mi situación, esforzarme para adquirir más bienes que pueda disfrutar, porque es una tarea sagrada el agradecer y disfrutar aquello positivo que es nuestro y es lícito.

    Mi misión es trabajar en mi Yo Vivido para dejar de lado las excusas, retener las malas inclinaciones, mejorar mi conducta, hacerme cada día más parecido a mi Yo Esencial.
    No definir al cuerpo y lo material como malo, porque eso sería un agravio a Dios, si no directamente una innoble forma de herejía.
    Sino que la persona realmente espiritual sabe que su cuerpo y su materialidad son instrumentos para elevar toda la realidad material, hacer de este mundo nuevamente un paraíso.

    Para lograrlo es imprescindible desterrar la religión, el conformismo, la superstición, las conductas que agreden al otro y su propiedad.
    Entonces, me alegro con mi porción, la disfruto, la agradezco, hago con ella lo necesario para transformar este mundo en un pedacito más de paraíso.
    No permito la injusticia, ni me aferro a lo que es perjudicial.
    Declaro a lo que Dios llamó bueno como bueno, y a lo que Él declaró malo como tal. Y cuando mi mente está confundida, como efecto del árbol prohibido, entonces me abstengo de afirmar lo que no sé.

    No todo es bueno, no todo es malo.
    Todo está mezclado y debo aprender a trabajar para lograr hacer mi parte en que nuevamente haya orden.

    En cuanto al “todo es para bien”, evidentemente NO significa que todo ES bueno; pero tratar de explicar la diferencia evidente a los que están esclavizados por el EGO me resulta ahora una tarea secundaria.

    Por último, no todos los que están con “disfraz de judío y rabino” saben o entienden.
    Hay que tener mucho cuidado con lo que uno recibe como enseñanza, con lo que uno aprende, porque quizás está llenando de veneno su pozo de agua clara.
    Hay que ser precavido para mantener a las emociones en su importante papel, como motor y sensor, pero nunca jamás como decisor y capitán de nuestra vida.
    Pero claro, el efecto del árbol prohibido nos dificulta esta tarea porque seguimos en el caos que revuelve el bien con el mal, y los engañadores siguen teniendo éxito, comerciando con la fe, llenándose los bolsillos con las ovejas que se esclavizan a sus lindos mensajes de alegría barata y una religión infantilizante. El que entiende, entiende.

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  • Creer o saber

    Hay que comprender que tanto el judaísmo como el noajismo, es decir, los modos de vida que explicitan la espiritualidad, NO se basan en creencias sino en sapiencias.

    A diferencias de las religiones, que se sostienen por alimentar el motor del Sistema de Creencias con el combustible de la imaginación, del delirio, de los miedos, de las promesas vacías, de las amenazas de terribles castigos, de presiones sociales.
    Las religiones, que TODAS son productos socializados del EGO, necesariamente precisan mantener en funcionamiento Sistemas de Creencias oscuros, esclavizantes, porque de no hacerlo la persona puede comenzar a preguntar, a pensar, a criticar, a romper cadenas, a liberarse de la opresión.
    Hasta las religiones más “amables” guardan en su corazón este veneno mortal, que pone una muralla en la mente de la persona, acalambra la emoción y estorba la plenitud espiritual.
    Luego, cuando alguien por ahí despierta un poco a su conciencia espiritual, suele costarle horrores poder descargar todo el fango de las creencias religiosas, que le arrastran al abismo de la angustia. Es por ello que la mayoría de los que han podido darse cuenta de la terrible mentira de la religión, de cualquiera de ellas, bien rápido regresa al letargo, retorna a la zonita tétrica del aparente confort, porque el Sistema de Creencias no es fácil de modificar, no se lo puede analizar y desmembrar en poco tiempo y sin esfuerzos.
    Es así que he visto multitudes de gentiles darse cuenta de la mentira de su religión, correr a abrazar el noajismo, para bien bien rápido inventarse una nueva religión. Podría ser el noajudaismo, o una versión pantomímica de judaísmo, o un cristianismo diluido, o vaya uno a saber. Pero que no es noajismo, no lo es.
    Son esos mismos que uno los encuentra en corredores de redes sociales online haciendo todo tipo de payasadas, disfrazados de lo que ellos creen que son judíos, bailoteando al son de marchitas atontantes religiosas pero que se venden como espiritualidad. Triste, pero cierto.
    Es el poder del EGO, amo y señor de los rincones más oscuros del Sistema de Creencias.

    Pero, los modos de vida espirituales, es decir el judaísmo y el noajismo, al contrario de las religiones se fundan en dos pilares:

    a. el saber, que se nutre en la confianza de recibir-experimentar-transmitir el mensaje que fuera recibido y vivido por los antepasados, quienes a su vez fueron bendecidos con la Revelación original de la Palabra. Fue Noaj/Noé cuando recibió por directamente los Mandamientos Universales de parte de Dios; fueron los judíos cuando a los pies del monte Sinaí comenzaron a recibir la Torá y los 613 mandamientos, cuando la Revelación del Decálogo manifiestamente por parte del Señor. Y

    b. el apego a vivir éticamente, pues la ética es el código implícito de la identidad espiritual; no depende de votos populares, ni de legislaciones humanas, ni del parecer de agrupaciones; sino que deriva directamente de la existencia espiritual, sin mediadores. ¿Se entiende?

    En síntesis, y retomando lo ya dicho, la persona espiritual no anda detrás de creencias y de volátiles pasiones de fe; porque sabe y cumple su deber.
    ¿Queda claro?

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  • La traición de la traducción

    Un atento lector me hizo una consulta a partir de este texto reciente de mi autoría: https://serjudio.com/tora/talmud/el-segundo-da-del-becerro-de-oro
    Y la cuestión era: “¿por que el hecho de la traducción de la Torá fue un día nefasto también?”.

    Una muy interesante pregunta que nos sirve para aprender y profundizar.
    Una respuesta es la que sigue.

    Cuando en el mismo idioma usamos sinónimos, 100% de las veces estamos cambiando el texto.
    ¿Por qué?
    Porque una palabra tal vez tenga otros sentidos que no contemple su sinónimo, y entonces al cambiar una palabra por otra estamos necesariamente inventando un nuevo texto.
    ¡Por una sola palabra diferente y en el mismo idioma!
    Ejemplo: depresión es un sinónimo válido para pozo, pero no da lo mismo decir “cayó en un pozo” que “cayó en una depresión”.

    Un sinónimo necesariamente está compuesto por otras palabras, y por ello suena diferente.
    Quizás no lo parezca, pero el sonido de las palabras y cómo se anudan en la frase tienen un gran poder emocional.
    Ejemplo: “pasar a través del revés” no impacta igual que “pasar a través del hundimiento”.
    ¿No?

    Cada palabra guarda un valor simbólico, estético, particular, además de una especial relación con su contexto histórico y social.
    No es lo mismo decir “esa mujer obesa” que “esa tipa gorda”.
    No dudo que no te da lo mismo una frase que la otra, aunque el sentido general pudiera ser igual, o al menos parecido.

    Ahora escala toda esta información para  la tarea de traducir un texto a otro idioma, en otra época, en otra cultura, con otros referentes y te darás cuenta de que toda traducción termina siendo una absoluta invención.
    Es una nueva obra, que probablemente esté basada en el texto anterior, que guarde algunas similitudes, que con mucho esfuerzo y estudio además de la estricta instrucción de maestros que dominen ambos idiomas y culturas se podría llegar a comprender más o menos cabalmente.
    ¿Entendiste?
    Traducción es traición, porque se hace pasar por el original pero no sabemos qué tanto dista del mismo.

    Ahora, aplica toda esta información a la traducción de la Palabra Revelada, del infinito que se limitó para poder caber en unas 600.000 letras en hebreo de hace 33 siglos.
    Sin dudas que hasta el más fiel, inteligente, aplicado, inspirado, dedicado traductor cometerá traiciones al texto, lo cual termina provocando quiebres en la pureza del mismo.

    Por tanto, con gran sabiduría nuestros Sabios nos enseñaron que el día en que la Torá fue traducida, fue tan trágico como el del becerro de oro.
    Cuando se interpuso una estatua entre las criaturas y su Creador, una invención pretendiendo reemplazar al original.

    ¿Ha quedado claro?
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  • ¿Saramago te enseña espiritualidad?

    Todo lo que está mal con algo que tiene toda la pinta de estar muy bien:

    «Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos»
    José Saramago

    No sé exactamente de qué habla el señor Saramago, pero me supongo (lo cual es un error mío de comunicación) que está refiriéndose a algo “espiritual”, o la conciencia, o algo del estilo.
    Entonces, acá vienen los evidentes errores de tan magna frase catastrófica, pero aplaudida por las masas ignorantes.

    Primero, el autor.
    Es sabido del odio de este sujeto despreciable hacia los judíos y hacia el Estado de Israel.
    Su maldad es tan grave que no duda en proteger criminales mientras se burla de verdaderas víctimas.
    No abundaré en el asunto, simplemente que un ser tan oscuro como éste, sumergido en el estiércol de su Sistema de Creencias corrupto y perturbado, difícilmente tenga alguna aproximación válida para enseñar verdades de la dimensión espiritual.
    Sí, hasta el pozo más hediondo quizás albergue un rescoldo de luz, pero no le podemos dar la autoridad como para moralizar o predicar acerca de lo que no sabe y que activamente repudia.
    O sea, nada que escuchar de este sujeto al respecto de verdades espirituales.

    Segundo, el autor.
    Es sabido que las verdades espirituales NO se obtienen a través de inspirados locos, filósofos onanistas del pensamiento, desequilibrados morales que manipulan con astucia emocional (como el sujeto cuyo alias es Osho).
    La Verdad, esa que sí existe y no podemos alcanzar, nos fue revelada para que la vislumbremos por quien es Verdad. Cuando el Eterno, quien es Verdad, reveló Su Torá a Moshé, cimentó las bases para que dejemos las vacías especulaciones filosóficas, abandonemos el vicio de la “opinosis”, enseñemos de acuerdo al sentimiento del momento, para que nos enfoquemos en recibir la enseñanza de los maestros, quienes a su vez fueron instruidos por sus maestros, y así en una sagrada cadena que une este momento con la revelación en Sinaí.
    Saramago, el cómplice del terrorismo, el enemigo de Dios, el aborrecedor del judío y del judaísmo, dudosamente ha recibido enseñanzas espirituales de maestros aptos. Difícilmente haya sido receptor de partículas de Verdad, y tan solo habla de su hueca “verdad”, llena de confusión, egoísmo, torpeza, inmoralidad.
    Por tanto, quizás suene maravillosa la dichosa frase que estamos comentando, porque de últimas el personaje es escritor y tiene habilidad para manipular las palabras; hasta puede chocar sin querer con alguna molécula de Verdad y resbalar con ella para que otros la reciban sin quererlo; pero sin dudas no debemos ir a buscar apagar nuestra sed con aguas de un pozo envenenado. Por más que tomemos agua, no nos estamos llenando de vida sino ahornándonos en muerte.
    En resumen, el que quiere Verdad que sea discípulo de un maestro discípulo de un maestro que esté conectado con la Revelación en Sinaí.

    Tercero, “algo que no tiene nombre”.
    Si este hombre está hablando de cuestión espiritual, ese algo (que no es un algo en realidad) se suele llamar NESHAMÁ, la cual traducimos como espíritu, Yo Esencial, chispa Divina.

    Cuarto, “dentro de nosotros”.
    La NESHAMÁ NO está dentro de cada uno de nosotros, de hecho, no está en ninguna parte, puesto que no es parte del tiempo/espacio.
    La NESHAMÁ podemos imaginar que la sentimos en nuestro interior, pero no se ubica en lugar alguno en este universo.

    Quinto, “eso es lo que realmente somos”.
    Bueno, aquí el escriba parece que sin querer no se equivocó y profirió un eco de enseñanza verdadera.
    Porque la NESHAMÁ es lo que cada de uno de nosotros es, mientras vivimos en este mundo, antes de habernos encarnado, y cuando abandonamos los lazos terrenales.
    Ese Yo Esencial supera hasta lo inimaginable el modesto Yo Vivido que estamos siendo durante nuestra vida terrenal.
    Sin embargo, y aquí está el error de Saramago, realmente no somos ese espíritu.
    Es muy, pero muy difícil explicar aquello que está por fuera del tiempo y el espacio, de hecho, es incomprensible e incluso inimaginable.
    Por tanto, solo podemos ayudarnos con metáforas, tratando de aprehender lo imposible de atrapar.
    Para ser breves y sencillos, lo que sentimos como un “soy”, como un “Yo”, es solamente una ilusión. Todos formamos parte de una Unidad, la IEJIDÁ. somos esas chispas del Divino, y aunque terrenalmente nos identifiquemos como individuos, no existe la tal individualidad. Somos elementos inseparables de la Unidad inseparable.
    Si no lo entendiste, está bien.

    Sexto, “existe”.
    No me pondré a filosofar, no es lo mío y no me gusta.
    Pero la NESHAMÁ no existe, sino que es.
    ¿No entendiste? Está bien.

    Séptimo, el autor.
    Hace años, gracias a Dios, ese costal de huesos que fuera llamado José Saramago ya no puede seguir inoculando su visceral veneno de serpiente, porque fallecido está.
    Espero que en su último instante haya podido hacer TESHUVÁ, aunque tarde ya fuera para corregir la miseria que desperdigó por doquier.
    Ahora está siendo sin ser, integrado quizás a la eternidad habiendo sufrido su merecido, cosechado su siembra. Pero no sé los cálculos del Eterno, ni cómo Él juzga.
    Lo que importa es ver como construimos SHALOM a partir de estos mensajes tan nefastos, que se hermanan a los otros llenos de miserable odio con los que desparramó maldición por el mundo.
    Y el error que estamos tratando de hacer ver con este punto es que pongamos las cosas en la perspectiva de la eternidad, entonces podremos evaluar, quizás, con un poco más de humildad las cuestiones que nos suceden. No juzgar desde nuestro Sistema de Creencias, no ser esclavos del EGO, sino romper las limitaciones de acuerdo a nuestras posibilidades para aproximarnos a la mejor versión de nosotros mismos.

    Gracias por haber leído hasta aquí, a seguir estudiando para cumplir.
    Shalom y bendición

  • Algunos conceptos espirituales

    La NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) NO está en el cuerpo, ni en parte alguna del mundo material. Es un “algo” que no podemos describir, ni siquiera imaginar correctamente. Tal como el Creador, queda por fuera de toda descripción o imaginación.
    No es materia, tampoco energía, es ese “algo” totalmente diferente a lo que nuestros sentidos pueden percibir, nuestros instrumentos captar, nuestra mente procesar. Cualquier imaginación siempre estará pecando de falsa y engañosa. Cualquier descripción intelectual será carente y tramposa.
    Igualmente nos manejamos con conceptos e ideas, porque somos personas y está en nuestro “ser humano” la necesidad de entender, explicar, dar forma, etiquetar, clasificar, etc.

    Como sea, no tenemos NESHAMÁ, lo somos.
    Es interesante que lo que más esencialmente seamos, es lo que menos podemos conocer y comprender.
    Pero así está planteado el asunto y con esto nos tenemos que manejar.

    Ahora vamos a lo concreto, a lo que sí podemos percibir y manipular: nuestra dimensión física.
    No tenemos cuerpo, también lo somos. La gran diferencia es que el cuerpo es “modificable”, y lo que era parte del mismo puede dejar de serlo, o pasar a ser de otro, o fallecer. Hasta será posible algún día que la ciencia nos permita transferir los recueros a otro cuerpo, sea biológico o cibernético, manteniendo así una especie de continuidad, al menos en la personalidad basada en la memoria.
    No tengo elementos para afirmar o negar que la NESHAMÁ quede vinculada al nuevo cuerpo, o pierda ese lazo. Sin embargo si tomamos en cuenta que la Tradición afirma que con la Era Mesiánica habrá la resurrección de los muertos, y los nuevos cuerpos serán realmente nuevos y mejorados, clones perfeccionados de los fallecidos, entonces no hay ningún inconveniente en pensar que la NESHAMÁ efectivamente no tiene vinculación estricta con un determinado cuerpo, sino que puede tener la habilidad de reconectarse.
    Son cosas muy misteriosas, pero a la gente parece que le encantan estos temas.

    Otro asunto es la conciencia.
    No de estar consciente o sea despierto, atento, alerta con conocimiento de lo que está haciendo u ocurriendo.
    Sino de aquella que nos permite evaluar la conducta (propia o ajena) comparándola con el código ético/espiritual.
    Desde el punto de vista de la Tradición la conciencia forma parte de una intrincada red entre funciones mentales superiores y la NESHAMÁ. Sin NESHAMÁ, o sin conexión mental con ella no hay posibilidad de conciencia.
    Es por ello que entre los seres vivos que conocemos solamente el ser humano es capaz de ser consciente, de preguntarse por su existencia, de cuestionar sus motivos, de valorar sus decisiones, de perdonar y pedir perdón, de arrepentirse.

    Finalmente notemos que la toma de decisiones siempre depende del plano mental, es otra de las funciones privilegiadas en el ser humano. El problema radica cuando la mente es secuestrada por el EGO, se llena de emociones, se ofusca, se esclaviza a lemas, se niega a salir de su celdita mental, se llena de creencias negativas, se entorpece y por tanto la toma de decisiones va quedando reducida, empobrecida y muchas veces inexistente.
    Cuanto más desarrollada esté la conciencia, por estudiar lo que corresponde espiritualidad, por dedicarse a perfeccionar la propia conducta a la LUZ del código ético/espiritual; y además mayor conocimiento REAL de las cosas se tiene, por limpiarse de supersticiones, desprenderse de religiosidad, borrar lo que se puede de los mandatos sociales dentro del Sistema de Creencias; entonces mejor es la toma de decisiones, aunque no siempre esto conlleva un mejor resultado en la práctica.

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  • La Falsa Conciencia de “Amor A Dios” Del Creyente. El Odio Latente a Dios

    La Falsa Conciencia de “Amor A Dios” Del Creyente. El Odio Latente a Dios

    Se me ha pedido que, desde la perspectiva del ateo convencido (o bien, desde el agnóstico dudoso), publique abreviadamente algunas ideas y conclusiones a las que he llegado por la interacción en la red social “BELEV es Inteligencia Espiritual” que he tenido desde que se inició. Con gusto he aceptado, y quisiera empezar con breves aclaraciones:

    Como ateo declarado, la palabra “dios” sea como concepto o como idea, resulta interesantísima para el estudio de la experiencia humana, por ser una parte inseparable e innegable de la dimensión humana.

    Como  han sostenidos miles de pensadores, el ser humano es una contradicción, o mejor, es un ser contradictorio, pues pertenece al reino de lo biológico pero a la misma vez lo trasciende con su capacidad de raciocinio, no pudiéndose el humano ubicar enteramente en lo natural o enteramente en lo trascendental. 

    Esta contradicción lo hace una rareza de la naturaleza: un ser que sale de ella pero que no pertenece por completo a ella. Con la capacidad de raciocinio, no solamente descubre leyes y principios de los fenómenos que observa, sino que también intenta resolver la CRISIS EXISTENCIAL de su contradicción existencial. Intuye entonces mediante el raciocinio a un ser supremo, pero le resulta imposible estar seguro de su intuición.

    El concepto o la idea “dios” le resulta al hombre la solución a su problema existencial, pero a la misma vez le genera aun más problemas existenciales en razón de que no puede llegar a la completa seguridad de la existencia de este ser o de su reino; y por ende, de la propia trascendencia humana.

    Así, los que profesamos ser ateos, nos resulta este fenómeno interesantísimo, y podemos observarlo funcionando pues al estar separados de la fe y de las creencias, resulta sencillo ver como se intenta resolver el conflicto del ser; es decir, como el ser humano lucha para resolver su conflicto.

    Por otro lado, desde  inicios del siglo XX y a lo largo de todo el siglo, los estudiosos de la psiquis humana hicieron descubrimientos importantísimos, que si bien han evolucionado con las décadas, han sido insuperables. Parte de sus hallazgos los descubrieron al escarbar el inconsciente humano, dándose cuenta que las ideas, actos, deseos conscientes son apariencias enmascaradas de verdaderos deseos, que son enteramente opuestos a los que se observan en estado consciente.

    Es decir, es en el inconsciente del hombre donde se puede hallar lo más real y verdadero de él; pero el propio hombre lo desconoce, pues se mantiene OCULTO.

    Un mecanismo de la consciencia descubierto para tapar los verdaderos motivos inconscientes del hombre se le llamó “Racionalización”, que sería, en términos simples, la justificación de los actos para evitar la vergüenza, el juicio o el castigo. El hombre justifica sus acciones, sus actos o sus emociones, y esas justificaciones las piensa como verdades; pero en realidad son eso, simples justificaciones de verdaderas motivaciones, muchas veces maliciosas. La observación completa del hombre, el análisis de sus actitudes y acciones, el escarbo de sus inconsciente por medio de los sueños, entre otros métodos, resultan de vital importancia para saber los verdaderos motivos de sus actos conscientes.

    ¿Y lo anterior que tiene que ver con “BELEV es Inteligencia Espiritual”?

    La gran masa de comentaristas tiene elementos comunes bien identificables: noajidas ex cristianos, quienes han participado en páginas iguales de noajismo y otras de judaísmo. Han aprendido palabras en hebreo y han tomado para sí mismos simbología judía. Dicen haber aprendido de kabala, de Torá, de los sabios judíos, de la tradición judía, y han asumido para sí mismos festividades judaicas.

    Escriben la palabra “dios” con algunas variantes, generalmente suprimiendo alguna de sus vocales, o bien, con motes como “hashem”, “creador”,  o con el tetragramatón “yhwh”.

    Actúan, piensan y comentan como si tuvieran la seguridad de estar en la “creencia verdadera de dios”, pero en realidad lo que hicieron fue una mezcla de conceptos e ideas antiguas con las hebraicas aprendidas.

    Hasta aquí podría decirse que se evidencia el deseo infantil de superar la contradicción que presupone la existencia humana y su lucha por superarla, sino fuera porque al sondear los motivos de tal judaización de creencias se revela una verdad aterradora: su odio a dios.

    El creyente judaizado odia a dios, lo detesta para ser exacto. Dicho odio no es manifiesto, sino que latente. Le es imposible concientizar dicho odio porque lo tienen racionalizado con, y por, las cosas judías que ha tomado para sí. Si se le confrontara con su propio odio lo negaría y diría que ama a dios. Pero desconoce que ese sentimiento de amor que manifiesta es falso y tristemente superficial.

    ¿Donde es evidente el odio a dios del creyente? Precisamente en la judaización que asume. El creyente judaizado toma para sí mismo elementos pertenecientes de la tradición judía (nombres, libros, objetos, palabras, etc), suponiendo que esos elementos representan su fe o su creencia, y que dicha creencia es la misma que la judía. ¿Pero por qué pasa esto precisamente con la cultura judía y no con elementos de otra cultura? Por la sospecha e intuición de que los judíos evidencian la divinidad en el mundo.

    Al tomar para sí mismo elementos de los judíos, se apropia de la evidencia divina en el mundo, y una vez apropiada se puede destruir. Y la destrucción es simple: al no eliminarse las creencias antiguas, éstas se mezclan con las nuevas creencias judaizadas, dando como resultado una creencia amorfa que borra la judaica. El judío es sustituido por el creyente judaizado.

    Como se dijo al inicio, el hombre con su raciocinio puede intuir a dios, pero le resulta imposible estar seguro si su intuición es verdadera o no. Y como se afirmó, el creyente encuentra evidencias de esa intuición únicamente en la cultura y en la persona del judío, y no en ninguna otra. Al tomar para sí elementos propios de los judíos, inconscientemente está tomando para sí mismo la evidencia de dios que su raciocinio intuye,  posicionándose el mismo como judío; es decir, como si él mismo fuera la evidencia de dios.

    Este acto es perverso, pues la evidencia nunca se manipula para no distorsionar la realidad de los hechos que de ella puede saberse; se deja tan pura como se encontró para poder analizarla con el mayor de los objetivismos. Sin embargo al tomarse para sí mismo la evidencia, y asumirla para sí mismo, se contamina y se impurifica. Inconscientemente el hombre sabe que si asume para sí mismo elementos judíos con actitud amorosa, borraría la evidencia que apunta la existencia del judío, y por ende, el punto medular de la crisis sobre su trascendencia, y que su raciocinio intuye: borraría a dios.

    Es decir, destruyendo a dios se destruye al motivo de la crisis existencial que le produce contradicción humana (la de ser biológico y no serlo a la misma vez). Y acá se da otro fenómeno claramente identificable también: como una abstracción no puede destruirse (dios en este caso) por carecer de materialidad, se destruye lo que le representa. Y como se dijo, si se intuye que los judíos evidencian la divinidad, los judíos son el objeto de ese odio a dios.

    Los creyentes judaizados odian a dios y a los judíos. Los envidian por ser ellos quienes representan a un dios. Racionalizan su odio con el amor sentimental o emocional, pero el odio resulta evidente por la acción de judaizar las propias ideas y pensamientos, pues de eliminar lo judío mediante la asimilación, se eliminaría la crisis existencial de la existencia humana.

    Este fenómeno descrito no solamente es teórico, sino que fácilmente puede ponerse a prueba. Si se le llegara a contrariar algún comentario del creyente judaizado, su reacción sería de resistencia y defensa; y justificaría su comentario a ultranza.

    Contrario sucede con el ateo o el agnóstico, pues  al reconocer la idea o el concepto “dios” como parte de los fenómenos humanos, la más remota evidencia que se encuentre en el hombre para superar su crisis existencial que produce su estado contradictorio, le resultará una maravilla; y replanteará sus ideas y sus conceptos al toparse con nuevos descubrimientos.

    Esto me deja pensando, a manera de conclusión, que los rabinos, morés, y demás personas capacitadas en la enseñanza noajida, cometen el error de no ayudar primeramente a la persona a borrar de su sistema de creencias todo el concepto y la idea que de dios se tenga, para que luego de haberlo purgado de su mente, iniciar con una enseñanza completamente secularizada y de alto contenido humanista.

    Al desconocer los mecanismos que están operando en la psiquis humana para superar la contradicción de la existencia del hombre, están pasando por alto el odio enconado en el corazón del creyente; y éste, tomando para sí mismo los elementos judíos que está aprendiendo de sus rabinos y maestros, esta suplantando la evidencia que intuye como prueba de lo divino en el mundo para destruirla, como mecanismo inconsciente para superar la propia contradicción existencial.

    Si los rabinos y mores que enseñan de noajismo a los creyentes que se les están acercando, pretendieran revertir el odio a dios y a los judíos que inconscientemente están latentes en estos creyentes judaizados, deberían primeramente hacer un fuerte hincapié en el antropocentrismo antes que en el monoteísmo.  

    Espero que estas breves líneas compartidas ayuden a la discusión sincera y objetiva.

    Luis Diego Pérez Chacón.

  • Una esperanza concreta

    Una esperanza concreta

    La Esperanza es un valor que los noajidas rápidamente devaluamos debido a factores bien identificables: al egoísmo (mi salvación, mi solución, mi ayuda, etc), al propio sistema de creencias (dios me auxilia, me liberta, me sostiene y me soluciona), y a nuestro idioma religioso (amén, hashem, B’H, Toda Raba, Haleluyah, EMET, Hitbodedut, emuna, etc)

    La Esperanza (reducida, alterada y contaminada por esos factores) nos es imposible concretarla en nuestra vida; sacarla de concepto abstracto para hacerla real con actos y acciones concretas. Sea que otros nos ocupen para que ambos la expresen corpóreamente, o se materialice con palabras de aliento o alguna ayuda, o con la simple presencia de una persona se sienta fortaleza en el ambiente.

    Esa es una diferencia clara entre una Esperanza abstracta y una concreta. La primera no sale del mundo de las ideas y tiene un objetivo (dios por ejemplo); la segunda se concreta entre personas no aisladas y tiene valor por sí misma. El noajida  que Construye Shalom – porque sabe que el mundo le necesita (y no dios), que la existencia le pide a gritos su auxilio para que no deje sin sentido la existencia – fraternizará con todos y todo, y sentirá el poder esperanzador y lo verá concretizarse.

    Comprométete. Ya no tengas esperanza, se tú mismo la semilla de la esperanza y siémbrate a ti mismo en las circunstancias y en las personas con ayudas, con aportes, con tu presencia, y contempla como ese ÁRBOL nace y se robustece.

    (En merito de mi amigo Efraim, de Bendita Memoria. Que su recuerdo y su nombre lo evoquemos también sus amigos. Sean llegados los debidos respetos a toda la familia Ribco.)