Categoría: CTerapia

  • El disco rayado

    Repites lo que crees y crees que es sabiduría, esa creencia que repites.
    Vuelves a repetirlo.
    Y otra vez más.
    Varias un poco, pero no cambias el discurso.
    El lema permanece inalterado.
    Sigues mascullando la misma creencia.

    De tanto repetir se hace conocido, evidente.
    Parece verdad, aunque por ahí está en el polo opuesto.
    Pero te suena verdadero, lo sientes certero.
    Se hace parte de ti, como si fuera un órgano vital.

    No hay avances, sino parálisis.
    Dentro de la celdita mental.
    Atrapado atrás de esos barrotes de aire pero que tienen tanta fuerza como para dejarte encerrado.
    Pudiendo mover la puertita y salir, aunque sea un pasito.
    Porque… la cerradura no está echada y la puerta ni siquiera está trancada.

    Pero no te animas.
    El miedo es más fuerte que el anhelo de vivir.
    El apego a la programación que te han introducido.

    No criticas, te aterras cuando te salta alguna pequeña duda.
    Solamente sufrir en silencio, admitir tu impotencia, ser servil con tu amo.

    Repetir el lema para hacerte fuerte.
    Agredir al que se atreve a denunciar el error.
    Silenciar a los que osan decir algo que altera esa mentirosa paz que te protege con muerte.

    Obligar a otros a repetir contigo el lema.
    Amedrentar y atacar con violencia, para que nadie se interponga entre tu creencia y tu esclavitud.
    Presionar y amenazar, estafar y engañar, gritar y victimizarse, todo vale con tal de preservar tu estado de prisionero en tu celdita mental.

    Como un viejo disco de vinilo rayado, que una y otra vez salta para volver al mismo surco, tocar la misma música, repetir sin parar las mismas letras, no cambiar con la esperanza de sufrir menos.

    Defensor de quien te maltrata.
    Difusor del mensaje que te asesina.
    Sostén de látigo que te castiga.
    Cómplice del ministro religioso que te viola.
    Ayudante del perverso que te tortura.
    Todo ello mientras eliges permanecer encerrado en tu discurso muerto y de muerte.

    Es necesario dar un paseo fuera de la celdita.
    Respirar un nuevo aire, de vida.
    Encontrar pensamientos y no recreación de creencias.
    Romper las cadenas.
    Preguntar, pero de verdad preguntando.
    Elaborar ideas alternativas, opciones que no condicionen a una respuesta ya preconcebida.

    Es necesario darnos cuenta de nuestra esclavitud al Sistema de Creencias.
    Es hora de dar un paso hacia la libertad.

    Por ello estamos en estudios del código Espiritual, para abrir las inteligencias orientados por la Conciencia Espiritual.



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  • Preferible cien muertes a un celo

    El Midrash (Devarim Raba 9:5) nos cuenta lo siguiente que Moshé a cómo dé lugar quería entrar a la tierra de Israel. Estaba dispuesto a dejar el liderazgo, que fuera Iehoshúa, su discípulo y asistente, el líder. Mientras él estaría a un lado, jubilado de toda actividad comunitaria, apartado de las decisiones, remiso a ser tomado como dirigente. Simplemente sería uno más del pueblo, con tal de alcanzar su sueño e ingresar a la Tierra de Promisión, y allí morar hasta el fin de sus días.
    El Eterno le dijo que estaría bien, que por Su parte podía admitir que eso sucediera, siempre y cuando realmente Moshé pudiera asumir el papel del alumno de su alumno; por lo cual le dijo que así hiciera, que durante toda una jornada se comportara como el asistente de Josué, y si pasaba esa prueba, entonces sería posible que entrara a la Tierra de Israel.
    Moshé fue donde Josué y éste se asustó, pues no comprendía qué pasaba. ¿Por qué su maestro había venido ahora a su casa?
    Moshé le dijo a Josué: “Maestro, le sigo», y caminó a la izquierda de Josué, porque así era la costumbre. El alumno a la izquierda, el maestro a la derecha.
    Caminaron hasta el tabernáculo, ingresaron hasta donde reposaba el Arca de la Alianza, sobre la cual destellaba la Divina Presencia.
    Ahí era el lugar donde frecuentemente el Eterno revelaba Su mensaje al profeta, a Moshé.
    Entonces una nube que descendió los separó, y la profecía vino hacia Josué y no a Moshé.
    Al elevarse la nube Moshé preguntó a Josué qué le había revelado el Creador.
    Iehoshúa dijo: «¿Acaso alguna vez yo te pregunté qué te había revelado Dios a ti? Fue a mí la revelación, no a ti».
    Entonces Moshé gritó: “Mea mitot veló kiná ajat – prefiero morir cien veces a sentir celos una sola vez«.
    Tácitamente había admitido Moshé la imposibilidad de asumirse en el rol del alumno, no ser capaz de cambiar su lugar con su discípulo; por tanto, había fracaso en esa prueba y no entraría a la Tierra de Israel.

    Moshé, según dictamen de la Torá (Bemidbar 12:3), era el más humilde entre los seres humanos.
    Esto significa, la persona con mejor autoestima.
    Que sabía valorarse sin añadir pero tampoco sin restar a su valor.
    Que era capaz de admitir sus fracasos sin atormentarse, y disfrutar sus éxitos sin agobiarse.
    Un hombre pleno, equilibrado, armonioso.
    Lo que le habilitó para ser el único en mantener diálogos directos con la Divinidad, en lugar de caer en sopor o profetizar entre convulsiones.
    Un hombre de estatura psicológica elevadísima, por tanto sincronizado con su Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu, chispa de Dios).
    Ese era Moshé, dispuesto a ser sumiso y segundón de su alumno, con tal de poder ingresar a la Tierra de Santidad y completar así su ciclo de vida.

    Sin embargo, el celo no quedó totalmente eliminado.
    Aunque fuera una chispa de celo positivo, la kinat sofrim, era una presencia perturbadora y problemática.
    Antes de continuar, expliquemos muy brevemente qué la kinat sofrim.
    Cuando vemos a una persona que se conduce de acuerdo al código ético/espiritual y despierta en nosotros el deseo de parecernos a ella, eso es el celo positivo.
    Cuando nos damos cuenta de que la persona cada día hace su trabajo para seguir creciendo, que no se deja estar, que no se excusa en su zonita de confort, que se propone cambiar para bien y para mejor; y nosotros queremos copiar su conducta, aprender su estilo sagrado de vida, eso mismo es el celo positivo.
    No queremos la posesión del otro, ni nos enojamos por su éxito, ni deseamos su fracaso para de alguna manera sentirnos superiores.
    No nos enfermamos deseando lo del otro, no corrompemos nuestra alma detrás de la pasión oscura.
    Sino que nos sentimos atraídos por su luz y queremos también experimentar esa conexión, eso es kinat sofrim.
    A todas luces es un elemento favorecedor, porque funciona como un banderín de llegada en una carrera de mejoramiento, de crecimiento.

    Y sin embargo, Moshé se sintió devastado por sentir este anhelo en su interior.
    No pudo tolerar que estuviera en retroceso, ya que hasta ayer era él quien recibía el mensaje del Altísimo, y ahora sería su alumno quien lo haría.
    Eso implicaba que por el resto de su vida estaría celando a Josué y Moshé sabía que ese celo podía transformarse en negativo y llevarlo a desbarrancarse.
    Entonces, haciendo gala de su magnífica humildad, es que exclamó lo que leímos unas líneas más arriba.

    Era la constatación de que había llegado al tope de su capacidad, al límite máximo que cualquier ser humano puede llegar.
    Y él sabía que estamos en este mundo para crecer, para perfeccionar y que cuando nos parece que llegamos a una meseta y no subimos ni bajamos, en realidad hemos comenzado el declive.
    Y eso era inaceptable para Moshé.

    Prefería la muerte a la zonita de confort, porque aprisionarse a ella ya es una muerte en vida.
    Escogía partir de este mundo a andar justificando su no crecimiento.
    Porque en principio no le molestaba el hecho de ser segundón de su asistente, pero quizás pasado mañana sí aparecería algún resquemor que se iría agrandando y con ello degradando su existencia y las relaciones con su entorno.

    Lejos estamos nosotros de llegar al máximo de nuestro potencial de crecimiento, pero estamos en riesgo a diario de sentir que ya no podemos crecer más y con ello comenzar el deterioro.
    Quizás la lección que nos da este midrash es que no nos quedemos en nuestra celdita mental, sino que cada día demos un pasito fuera de ella. Ampliemos nuestra conciencia, agrandemos nuestra área de influencia, no nos demos por satisfechos aunque sí hemos de estar felices con la porción de hoy y agradecerla.

    No hay edad ni condición que impida que cada día mejoremos un poco.
    Nunca seremos demasiado viejos para crecer, para aprender algo.

    En la parashá Vaielej encontramos el siguiente pasaje:

    «Pero si tu corazón se aparta y no obedeces; si te dejas arrastrar a inclinarte ante dioses ajenos y les rindes culto, yo os declaro hoy que de cierto pereceréis. No prolongaréis vuestros días en la tierra a la cual, cruzando el Jordán, entraréis para tomarla en posesión.»
    (Devarim/Deuteronomio 30:17-18)

    Todos los dioses ajenos son invención del EGO, también conocido como Ietzer haRá.
    Están los dioses de la idolatría, tales como el sol, las estrellas, el fuego, y el resto de las deidades que adoraban los antiguos.
    Pero también están esos dioses que anidan en nuestro corazón y nos llevan por caminos erróneos, tales como pasiones negativas, orgullo, ira, envidia y también el celo.
    Tengamos entonces mucho cuidado para que nuestro corazón no se aparte y se derrumbe detrás de esas falsas deidades.

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  • Ser victorioso a pesar de los fracasos

    Iosef fue echado al pozo por sus hermanos.
    Su destino era morir allí, abandonado, despreciado, desaparecido.
    Sin embargo, uno de los hermanos se apiadó por su vida y convenció a los otros para que lo vendieran como esclavo. Era mejor que fuera esclavo en el extranjero, por siempre desconectado de su familia a perecer de manera ignominiosa. Entonces, hicieron los arreglos con unos traficantes de personas que estaban pasando por ahí, así se librarían del molesto hermano que sentían más como un enemigo.
    Al final, fueron otros los esclavistas los que encontraron a Iosef lastimado en el pozo, lo izaron y aprisionaron para llevarlo y comerciarlo en el pozo profundo que era Egipto.
    Los hermanos no supieron a ciencia cierta que había sido del engreído Iosef, fue un misterio que le había ocurrido.

    Muchos años estuvo Iosef esclavizado y luego también encarcelado, por un crimen que no cometió.
    Más tarde también fue traicionado por alguien a quien había favorecido, permaneciendo así dos años más en prisión y sombras.
    Gente que le había maltratado, no faltaba.
    Vivencias horrorosas, eran habituales.
    Tuvo mucho tiempo para mascar el dolor, soñar con la venganza, echar culpas, perderse en ríos de llantos y quejas.
    Pero algo luminoso en él iba creciendo cuanto más lo oprimían. Por tanto, en vez de hacerse socio de la oscuridad moral se estaba transformando en un TZADIK, un justo. Porque no usaba los problemas como excusas para corromperse y tramar el mal contra los otros, sino que encontraba en las dificultades un motivo para fortalecerse, mejor, superar las trabas y a sí mismo convirtiéndose cada vez en una mejor versión de él.

    Usaba sus vivencias, la mayoría de ellas terribles, para impulsarse hacia delante y arriba.
    Crecía allí donde otros solamente se hundían.
    Estaba aprendiendo a ver la enseñanza allí donde otros solo veían motivos para lamentarse y sufrir y echar culpas.

    Claro que no fue un proceso sencillo ni veloz.
    No fue magia, ni milagro.
    Mucho dolor y tragar bilis.
    Mucho esfuerzo.
    Mucha energía dedicada a la voluntad de superarse.
    Pero finalmente dio resultado.

    Así él pudo comprender que si nos quedamos en la “chiquita”, nunca llegaremos a la grande.
    Supo percibir la Presencia del Creador en todo, también en la oscuridad, lo que lo alentaba a descorrer los velos que tapaban la LUZ.
    Su visión espiritual no era un justificativo para que los malvados no recibieran su justo merecido, porque la justicia es un elemento indispensable en la creación; sino que alcanzaba a percibir aquello que está más allá de lo obvio. Veía la mano de Dios allí donde otros solamente veían miseria, caos y sinsentido.

    Parece una muy provechosa moraleja para que tomemos en cuenta, más que anécdotas del folclore judío un ejemplo de cómo mejorar nuestra vida.

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  • Negociar y volver a hacerlo

    Cuando nos vinculamos con otras personas, de cierta forma estamos negociando.
    Esto no significa que vayamos a comprar o vender alguna cosa, o que estemos comerciando bienes o servicios; sino que tenemos que llegar a acuerdos para obtener algunos beneficios.
    La idea base debiera ser que ninguno salga perjudicado, sino que todos obtengamos alguna ventaja.

    Pongamos algunas situaciones como ejemplo:
    – El hijo que va a conversar con sus padres porque quiere salir con sus amigos, pero aún no ha completado la tarea.
    – La pareja que tiene ganas de irse de vacaciones pero a lugares diametralmente diferentes.
    – La alumna que siente que el profesor ha sido injusto con la calificación de la prueba semestral.
    – Las amigas que están decidiendo qué regalar de forma colectiva a la cumpleañera.
    – Qué vamos a comer hoy en casa.
    – El empleado que trabaja a media máquina.

    Éstas son algunas de las situaciones donde es necesario poner el arte de la negociación en práctica.
    Pero en verdad, no se me ocurre una interacción humana en donde no se deba negociar. Lo que ocurre es que muchas veces se pasa por encima del arte y se recurre a técnicas no favorables, tales como manipular, arrasar, humillar, imponer, amedrentar, engañar, entre otras. Probablemente con esas técnicas alguno encuentre una ventaja temporal, o mantenga un beneficio provocando un desequilibrio que afecta el funcionamiento del sistema.
    Por lo cual, las conductas abusivas, directas o indirectas, deben ser en un todo evitadas.

    Pensemos entonces cómo hacer para negociar.
    Hemos publicado otros textos que te pueden dar una mano en la construcción o reafirmación de tus modos negociadores, ¡aprovéchalos!
    Aquí uno de ellos: https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/mtodo-abrahmico-de-negociacin-con-orientacin-espiritual-creacin-del-mor-lic-yehuda-ribco

    Te recuerdo que cuando realmente negociamos, estamos logrando establecer un vínculo más allá de lo estrictamente material, que trasciende las limitaciones de este mundo. Por tanto, estamos poniendo en juego nuestra faceta espiritual, trabajando en lo que es su identidad y meta: la unidad en armonía.
    Si te queda clara la idea, compartirás que negociar es un arte con un fuertísimo fundamento espiritual, que tiende a traer paz y bienestar al universo.
    Tenlo bien presente y no permitas que te confundan haciéndote creer que la negociación se limita al mercantilismo.

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  • La verdadera satisfacción de ser rico en todo

    Cuando Iaacov se encuentra con Esav, entre otras cosas que hace para congraciarse, le ofrece regalos caros y variados.
    Esav, al principio se niega cortésmente y le dice:

    «Yo tengo mucho»
    (Bereshit/Génesis 33:9)

    Pareciera ser una buena cualidad del hermano del patriarca, rehusar los obsequios, siendo que se sentía poseedor de lo suficiente.
    Sin embargo, los Sabios hacen notar con su aguda fineza un importante detalle, al comparar con lo que pocos segundos después dice Iaacov:

    «Elohim me ha favorecido, porque tengo todo.»
    (Bereshit/Génesis 33:11)

    Uno dice tener mucho, en tanto que el otro dice tener todo, porque es el Señor quien así ha querido.
    A primera vista, como que no hay mucha diferencia.
    Pero, la hay y es importante.

    El que considera que nada le falta, que con lo que posee está bien y es todo lo que le corresponde hoy, entonces no se angustia con sentimientos de carencia, no se amarga con su porción actual, no envidia, no se asfixia con la resignación. En lugar de ello acepta y se conforma, que no es significa que no quiera más y mejor, pero no le quita el sueño aquella porción que hoy no le ha tocado.

    Cuando Iaacov considera que tiene todo, no se debe a que actualmente poseía un considerable grado de riqueza.
    Sino que reflejaba su visión de la vida que era consistente independientemente de su situación personal.
    Ese «todo» está hablando de su perspectiva acerca de las posesiones y del disfrute, más que de un conteo de sus propiedades.

    Como en el viejo ejemplo que suelo usar del arroz.
    Hoy tengo solo arroz para comer, pero me gustaría tener pollo con arroz.
    ¿Acaso por ello voy a estar de malhumor y despreciar al pobre arroz blanco?
    ¡No! Lo agradeceré, bendeciré sinceramente por él, lo disfrutaré, estaré feliz y sintiendo que esto (poco o mucho) que hoy tengo es el todo para mí en este momento y circunstancia.
    ¿Negaré con está aceptación y conformismo mi deseo de progresar y gozar de otras cosas?
    ¡No! Trabajaré para alcanzar las otras cosas, pero no me desviviré por ellas, no despreciaré lo que tengo, no me sentiré miserable ni enojado con mi situación.
    Estaré sintiendo que todo lo que tengo hoy es para que sea feliz, y seré feliz con lo que tengo.
    Seré rico, aunque mi fortuna sea solamente un paquete de arroz.

    Obviamente no es una cualidad que nazca naturalmente, ni se domina con escaso entrenamiento.
    Hay que ir desarrollando paso a paso el atributo de la aceptación consciente y positiva, la conformidad saludable, rechazando el conformismo que revienta la salud y la estabilidad.

    Esav está demostrando el comportamiento natural y animal de los seres humanos. Los placeres físicos y la riqueza material no proporcionan felicidad permanente, solo unos instantes a instancias de la dopamina que estremece al cerebro. Pero de a poco la excitación por el determinado placer, se extingue. La reiteración forma el hábito, también en la secreción de esta hormona. Por tanto, el beneficio material que hasta hace un rato te alteraba alegremente, ya no te perturba más. Precisas más y más estímulos. Por eso cambias de celular, aunque el tuyo sea terrible máquina; compras una tele con una pulgada más y un botoncito extra en el remoto; compras el auto 0km aunque el tuyo corra como una seda; buscas amantes (imaginarios o reales) para reemplazar a tu pareja y el lazo sagrado que les une; etc.
    La dopamina secretada con el estímulo de ayer ya no se dispara con el mismo estímulo hoy.
    Por tanto, se precisa un cambio de pensamiento profundo, una reforma de nuestro Sistema de Creencias, para lograr el estar contento sinceramente sin depender de lo material.

    Podemos y deberíamos elevarnos por sobre nuestra naturaleza terrenal, para sintonizarla con la espiritualidad y alcanzar así una plenitud permanente.
    La verdadera satisfacción de ser rico en todo.

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    G
    racias



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  • Dos desastres que puedes evitar en tu vida

    En la perashá de esta semana nos encontramos con dos relatos de terribles cataclismos que sacudieron a la humanidad: el Diluvio y la Torre de Babel.
    El primero se gestó porque la gente actuaba de manera inmoral, ingrata, dolosa, causando sufrimiento y pérdidas al prójimo, destruyendo el ecosistema, negando al Creador y Su Presencia. La continua e incesante degradación del hombre estaba provocando también un deterioro de su entorno, tanto en seres vivos como en el medio físico. Paulatinamente, el hombre estaba fabricando su destrucción. Era la bondad suprema del Todopoderoso que retenía la catástrofe, aguardando para que hicieran TESHUVÁ, es decir, rectificaran su conducta y la pusieran en sincronía con el código espiritual. Sin embargo, la tozuda malicia no menguaba, sino que, por el contrario, iba acrecentándose. Finalmente, ocurrió lo que ocurrió, el desastre se abalanzó sobre el mundo, causando destrucción inimaginable.
    En el segundo desastre, el que se gestó con la Torre de Babel, las personas estaban unidos bajo una misma bandera ideológica, estaban organizados para alcanzar una meta, que era establecer el reino del hombre en el mundo, desterrando así al Todopoderoso de la existencia. Entre ellos no había rencillas, no estaban cometiendo todo tipo de vejaciones y rapiñas, sino que se habían puesto a los pies de la doctrina que adoraban, unificados y envalentonados. Este aparente amor por la humanidad y desprecio/temor por el Divino, bien pronto degeneró en una cruel insensibilidad hacia el prójimo, porque valía más la finalidad ideológica que la vida o bienestar de la persona individual. Finalmente, ocurrió el “apocalipsis”, separándose las naciones entre sí, detestándose las familias, rompiendo la unidad fundamentada sobre bases podridas.

    En la primera situación, el Todopoderoso destruyó lo terrenal, dejó que la materia descontrolada se encargará de arrasar con el caos moral.
    Porque la gente había endiosado su deseo por sobre toda otra consideración. Su afán por gozo material, sin límites, sin respeto, sin ley, sin atender al código ético/espiritual, era una inmersión compulsiva en la materialidad. Por tanto, el resultado fue que la materia quebró a la materia, para que surgiera de entre los escombros la conciencia.
    Fueron sumergidos en la materialidad destructora y con ello reparadora.
    El exceso de terrenidad los ahogó, tal es el diluvio que demolió al mundo anterior y dio paso al nuevo mundo, el que derivó de Noaj/Noé.

    A nosotros nos puede pasar algo parecido, cuando perdemos la orientación espiritual y nos manejamos exclusivamente por valoraciones materialistas.
    Lo estamos comprobando en las crisis que vienen afectando a la humanidad, y las provocadas por ésta en el ambiente.
    De tanto cosificarnos, terminamos hundiéndonos en destrucción.
    El resultado final será la hecatombe, para qué pueda resurgir una mejor versión de la humanidad.
    O, tomar conciencia ahora y comenzar un camino diferente, que integre lo espiritual con lo material. Que eleve cada partícula de materia hacia la espiritualidad.
    Para lograrlo debemos conocer el código ético/espiritual y respetarlo.

    En tanto que la segunda catástrofe, también la contemplamos actualmente.
    Cuando las masas se dejan seducir por ideologías que prometen ventajas a sus seguidores, o mágicamente redimir a la humanidad por mecanismos reñidos con lo dictado por la Torá.
    Entonces, no tarda la ideología en gestar todo tipo de atrocidades, basta pensar en los millones de víctimas del nacionalsocialismo, del fascismo, del comunismo, del yihadismo, entre otras. Cuando se levantan banderas que adoctrinan y dan esperanzas mágicas, para finalmente resultar en atropellos, torturas, terror.
    Todo en nombre de una noble causa.
    También para esto se encuentra la cura en el apego al código ético/espiritual, muy lejos de religiones, politiquería, manipulación emocional, adoctrinamiento, y otras truculencias,

    La perashá Noaj es un excelente manual para despertar y darnos cuenta de nuestra realidad y no permitir que el ciclo de los errores repetidos del pasado nuevamente ocurra.

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  • El maestro Hillel te bendice

    “Enseñaron los Maestros: una persona siempre debe ser paciente como Hillel y no impaciente como Shammai…

    תנו רבנן לעולם יהא אדם ענוותן כהלל ואל יהא קפדן כשמאי”

    (Shabat 30b)

    Es sabido que en cuestión de sapiencia, de memorización de contenidos, de amplitud en el saber, Shammai superaba largamente al otro renombrado sabio, su querido colega y amable antagonista Hillel.
    Nadie duda de ello, ni de la gran capacidad de los discípulos de su famosa escuela rabínica, todos ellos aplicados con estricta lealtad a aprender y repetir los párrafos de sabiduría que pasaban por sus vidas.
    Sin embargo, el que logró el puesto de líder de los rabinos en su momento, el que se consolidó como el maestro de las masas, el que era admirado y querido por el público, sin dudas, fue Hillel.
    Sí, aunque era un inmenso sabio, su contrincante era ampliamente superior en saber.
    Sin embargo, el puesto de liderazgo no fue para quien más sabía, sino para el que sabía un poco menos.
    Y este párrafo del Talmud nos ilumina un poco el motivo para ello.

    La gran maestría de Hillel no estaba en la inteligencia clásica, esa que refiere estrictamente a relacionar conocimientos, memorizar datos, desarrollar herramientas mentales, sino en lo que modernamente se ha dado en llamar la inteligencia emocional.
    Él había entrenado su personalidad para ser pacífico y apaciguar, para ser comprensivo, para responder amablemente, para descubrir lo valioso incluso donde todo parecía indicar lo contrario, para hacer sentir calidez a quien interactuara con él, para no apurarse a reaccionar desde el sentirse impotente, para controlar su conducta, para ser respetuoso sin por ello perder de vista su propia perspectiva, para ponerse en el lugar del otro en la medida de lo posible, para conseguir sus objetivos sin por ello menoscabar el interés justo del otro, entre otras valiosas cualidades que forman la inteligencia emocional.

    Con estas herramientas logró escalar desde el anonimato y pobreza hasta la cumbre del poder, del sano poder.
    Por eso fue querido y venerado por sus contemporáneos, elogiado y tomado como modelo para la conducta personal.
    Por supuesto que también su mente tenía multitud de conocimientos, aunque él privilegiaba el proceso cognitivo, la capacidad de razonar y a partir del saber previo revelar nuevas opciones. Es decir, por haber alcanzado maestría en lo emocional no se oponía a lo intelectual, sino que por el contrario potenciaba ambas facetas equilibrándolas. Porque tenía muy en claro que lo emocional es un combustible para el motor, pero el volante siempre debe estar en control de la mente.

    Que nos sirva de ejemplo y que tomemos en cuenta el consejo talmúdico con el que iniciamos este encuentro.

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  • Recoge con regocijo tu cosecha

    Perder independencia para ganar comodidad, o perder comodidad para ganar independencia.
    Entre ambas alternativas se juega a cada rato tu vida.
    ¿Tú que eliges?

    Tomemos en cuenta que, a mayor dependencia le corresponde mayor capacidad de disfrute “fácil”, pero también crece la angustia de perderlo.
    Por tanto, se pasa el rato cómodamente, complaciendo aspectos infantiles de la personalidad, evitando confrontar con dificultades, en posición sumisa ante quien está brindando esas ventajas. PERO, por dentro está corroyendo la emoción negativa, la angustia apretando el pecho, las pesadillas poblando los sueños, porque la vida “fácil se puede acabar de improviso, porque hay un amo que decreta arbitrariamente si nos merecemos los beneficios, porque nos sentimos inoperantes e inútiles, porque aunque no lo digamos estamos apretados por la vergüenza de ser incapaces de soltar las cadenas que nos esclavizan.

    Por lo visto, la zona de confort es un nombre engañoso, porque solamente apunta a una de las aristas de esta vivencia: la del pasar confortable. Sin embargo, deja de lado la terrible realidad que no se comenta, o que incluso uno rechaza hacerse consciente de ella. Que los beneficios de la comodidad son abrumados por sus desventajas, siempre y cuando la tal holgura dependa de estar sumiso y sujetado al temperamento de un amo.

    Debemos reconocer el valor de los que se animan a liberarse del yugo, que combaten su pereza, que quiebran el sometimiento para alzarse sobre sus pies y obtener el justo resultado de sus obras.
    Porque comen lo que cocinan, cocinan lo que cosechan, cosechan lo que siembran, siembran lo que planifican, planifican de acuerdo a lo que aprendieron, aprendieron porque tuvieron la voluntad de salir de la celdita mental y no quedarse empantanados en su Sistema de Creencias.

    Para finalizar, no es casual este verso del libro sagrado:

    El que con lágrimas siembra, con regocijo cosecha.
    (Tehilim/Salmos 126:5)

    Porque está en el recibir por justicia lo que es meritorio, el verdadero placer, y no en la dádiva que conspira para mantenernos en la esclavitud.
    El que comprende, comprende.
    Ahora, hay que escalar la comprensión hacia la acción y también hacia el entrenamiento emocional, para que dejemos de lado las excusas inventadas por el EGO y nos permitamos ser felices en libertad.

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  • Carisma para el éxito

    «Deseche esos libros y casetes sobre liderazgo inspirador. Envía a esos consultores a empacar. Conozca su trabajo, dé un buen ejemplo a las personas que están a su cargo y anteponga los resultados a la política. Ese es todo el carisma que realmente necesitarás para tener éxito.»
    Dyan Machan

    La autora, escritora y productora fílmica, nos aporta una iluminada frase, para despejarnos la mente y abrirnos el corazón hacia caminos de superación personal.
    Vamos viéndolo, paso a paso.

    Deseche esos libros y casetes sobre liderazgo inspirador.
    Muchos ponen su fe en súbitas iluminaciones, en palabras mágicas, en gurús que les marquen la senda milagrosa hacia lo imposible.
    Muchos quieren creer que el universo está atento a sus deseos y estará en movimiento para consolarlo de sus desgracias.
    Esta ingenua expectativa, esta esperanza sin sentido, es la que aprovechan los vendedores de humo, pastores, clérigos y otros mercaderes de la fe, para hacer sus negocios y enriquecerse. Cuando dicen no buscar plata, estarán en busca de fama y/o poder. Así como habrá algunos otros que no querrán, supuestamente, nada material a cambio de sus consejitos irrelevantes, pero que se venden como infalibles verdades; sin embargo, estarán aguardando el sobrenatural premio de una vida de «salvación», de paraísos y prosperidad inmaterial.
    La autora de la frase nos pide que quitemos toda esa idolatría, superstición, tontería de nuestras vidas.

    Envía a esos consultores a empacar.
    Tal vez ya no solamente se tenga el ensalmo mágico a través de internet, de libros, o de Zoom, quizás el predicador de moda, el experto en fama y éxito, esté en nuestra casa, en nuestro negocio, en donde le hemos dado acceso.
    Por ahí está decidiendo qué haremos nosotros con nuestra vida, como si él tuviera la llave de la verdad y la superación.
    La autora, con clara dignidad, nos explica que los echemos, que se vayan, no los precisamos.
    Pero, sí precisaremos tener atención en lo que viene a continuación.

    Conozca su trabajo,
    Para tener éxito, una de las claves reales es tomar conocimiento de lo que es nuestra tarea.
    Cuando nos compenetremos en la misma, profundizamos para aprender más detalles y procedimientos, cuando se hace de forma constante y aplicada.
    No a través de pases mágicos o invocaciones a deidades que cumplen deseos infantiles, sino con trabajo y dedicación.
    Por supuesto que no alcanza con estos, se precisa otras cosas; pero sin ser conocedor de lo que nos corresponde hacer, en todos los planos de nuestra vida, difícilmente saldremos de una reducida área de supuesto confort.
    Luego, continúa doña Dyan con una excelente visión.

    dé un buen ejemplo a las personas que están a su cargo
    Cuando nuestro buen hacer es quien habla, en lugar de nuestras palabras, seguramente estamos andando por la senda correcta.
    El ejemplo que damos con lo que hacemos, es la prédica más efectiva.
    Si tenemos personas a cargo, sean empleados, alumnos, hijos o quien sea, ellos podrán sintonizar con nuestra conducta y actitud, y aprender de esta forma de manera más eficiente y efectiva.
    Y, lo que viene ahora es impactante, muy actual y necesario.

    y anteponga los resultados a la política.
    Estamos en una época infectada de ideología, de sistemas de creencias que nos trastornan y hacen perder el sentido de existencia.
    Se nos imponen pseudo verdades que están marcadas por agendas políticas.
    Estamos bombardeados por una desenfrenada propagada y un control abominable que nos demanda para que seamos políticamente correctos.
    Estamos rodeados de ofendiditos que lloran y gritan por cualquier cosa que ellos dicen, les ofende, sin parar un instante de ofender y agredir a quienes no comparten con ellos su trastornada manera de percibir el mundo e interpretarlo.
    Esa gente está sumergida en barro ideológico, que no les permite contemplar la vida con claridad, que les cierra la mente y el corazón.
    Y no es así como debemos vivir nosotros, si buscamos el shalom y por ello el éxito.
    Tenemos que tener foco en el resultado, y lograrlo siempre construyendo shalom: palabras, gestos, acciones, pensamientos de bondad y justicia.

    Ese es todo el carisma que realmente necesitarás para tener éxito.
    No se precisa de magia, por más que la gente se desespera por tenerla lo antes posible y son capaces de pagar lo que no tienen para sentir que acceden a ella.
    Pero no existe esa magia, ni las palabras que cambiarán espontáneamente la realidad.
    Sin embargo, tenemos este post para ayudarnos.



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  • Los fabricantes de la Shoá

    Para comprender este texto estaría bueno leer los dos anteriores que hemos publicado:

    https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/bienaventurada-la-persona

    y

    https://serjudio.com/exclusivo/cterapia/lo-haba-visto-ana-frank

    Con relación a la Shoá (que imperfectamente se traduce como Holocausto) se pudieron/pueden encontrar tres tipos de actitudes perversas, siguiendo la enseñanza que ya compartimos.

    Estaban los RESHAIM, los malvados y rebeldes, aquellos que no obtenían ventajas materiales por sus actos crueles y sanguinarios. Su violencia no estaba motivada en conseguir beneficios, más que demostrar su fuerza, dar visibilidad a su odio e ira, poner en actos la desquiciada podredumbre de sus creencias/ideología. El desprecio por Dios y Sus cosas, por tanto el asco hacia los judíos y el judaísmo está en la base de esta forma desequilibrada de presentarse ante el mundo. Cuando rascamos para encontrar alguna explicación, solo nos topamos con miseria, egoísmo, una enorme impotencia existencial que al encontrar un poco de fuerza la prostituye para doblegar a los que son física/materialmente más débiles; como si esa superioridad material fuera de alguna manera un rescate de su inmensa falta de poder real.
    Malvados impulsados por su impotencia.
    Gente peligrosa en donde estén porque han armado su sistema de valores para operar desde su Sistema de Creencias turbio.
    Gente con la cual es imposible el diálogo, entienden mejor cuando se les pega a palo limpio, cuando se les tiene cortitos por la fuerza y manifestando poder.
    Es extremadamente difícil que acometan el proceso de TESHUVÁ (arrepentimiento, retorno a la senda del Bien), porque en su mundo imaginario ellos son portadores de la verdad, de la luz, del esclarecimiento. Por supuesto que no se presentan como “el lado oscuro”, sino como caballeros de lo que es bueno.

    Luego está la masa de los JATAIM, aquellos que se revuelcan en el estiércol para obtener alguna ventajita y por lo tanto deben inventar alguna excusa para hacer aquellos que saben que no está bien, que de alguna manera los hace sentir culpables. Apoyaban al régimen, cumplían sus leyes, aplaudían al líder, delataban judíos escondidos, lo que fuera que les resultará para evitar daños o para alcanzar algún beneficio. Si se les diera la oportunidad de hablar con seguridad de no ser perseguidos luego, tal vez confesarían el asco por sus acciones, detestarían haber sido tan débiles, se sentirían un pedazo de porquería y pedirían disculpas. Es probable que así pasara, porque en el fondo no es mala gente, no quieren hacer daño, no están en contra de Dios ni Sus cosas. No tenían ningún motivo en general para perseguir judíos ni querer destruir al judaísmo, más que lo que la corrupción de las religiones hayan insertado en sus Sistemas de Creencias.
    Creían que el nazismo sería la solución para sus necesidades, querían creer en los discursos, tenían fe en poder ser poderosos, lo que fuera que tuvieran como esperanza y nada importaba más que alejarse del sufrimiento y apropiarse del placer. Repito, no llevados por el odio ni por la maldad en sí misma, sino por su debilidad que alentaba y hacía prosperar a los malvados.
    En resumen, tontos útiles, aprovechadores, gente que usurpa y violenta para evitar el castigo o para tener alguna ganancia.
    Con esto no se justifican sus actos malvados, porque sin ellos los malvados no tendrían chance de prosperar sembrando el horror.

    Por último los LEITZIM, esos burladores que se oponen a los valores, que detestan la vida como principio fundamental.
    Podrían ser aquellos que no queriendo hacer el mal ni tampoco buscando alguna ventaja, simplemente decían “no te metas”.
    Los que se lavan las manos, aunque quizás algunos de estos sean JATAIM, porque al no involucrarse soslayan inconvenientes.
    Los que sin dudas entran acá son los negadores de la Shoá, esos criminales de reciente invención. No los que están movidos por el odio y las intenciones oscuras, ni los que lo niegan por idiotas y perezosos, sino los que son negadores porque dicen que el genocidio armenio fue anterior, o que murieron muchos más millones que solo los seis de judíos, o que hay otras matanzas en el mundo, o que pobres los palestinos asesinados por los israelíes, o lo que fuera que esgriman para vomitar el asco de sus creencias podridas.
    Justifican el mal, envilecen el bien, aumentan el caos y no sacan nada de ello.
    Acusan a las víctimas, o ridiculizan el sufrimiento, o justifican lo que no tiene justificación verdadera. Lo único importante para el burlador es propagar la destrucción del nexo con la eternidad, el orden que lleva al progreso. ¿Por qué?
    Simplemente por maldad, pero sin poner en actos su odio hacia la vida y lo vital.
    Por ser esclavos del EGO y haber sido educados de esta manera, ¿quién sabe exactamente cada caso en particular?
    Aquí podemos agregar a todos los opinólogos que escupen sus pareceres como si tuvieran valor y no tienen idea de nada, ni les importa aprender, ni quieren que haya verdad, justicia, shalom. Solo defecan palabras que son burlonas, insensibles, pero muchas veces disfrazadas de corrección política, de progresismo.

    Luego están los verdaderamente ignorantes, aquellos que no fueron enseñados y no han podido salir de su estado de ignorancia.

    Por supuesto que este modelo de conductas se aplican a todas las situaciones, no solamente a aquellas tan extremas como la Shoá.
    Por ejemplo los que apoyan a los árabes que se hacen pasar por “palestinos” en su plan contra Dios y los judíos.
    Pero no hablaremos de eso ahora.

    Hay tanto por trabajar para vivir en un mundo de SHALOM.
    ¿Estás haciendo tu parte?
    ¿Seguro?



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  • Lo había visto Ana Frank

    La jovencita mártir Ana Frank, que cumpliría este año 90, escribió: “…me parece muy curioso que los adultos se peleen tan fácilmente y a raíz de toda clase de cosas tan pequeñas. Hasta ahora siempre había pensado que reñir era cosa de niños y que con los años se pasaba…” (28 de septiembre de 1942).
    Tenía solamente 13 años de edad y no sabía que estaba a menos de dos años de su terrible muerte en la Shoá.

    La atenta mirada de la pequeña escritora identificó claramente cómo las personas explotan por cosas irrelevantes, como si la reacción no fuera acorde con el estímulo que lo provocó.
    Con mucha intuición asoció esa conducta inestable a cuestiones propias de niños, como si el descontrol fuera más acorde al escaso desarrollo neurológico así como a la falta de educación y entrenamiento para responder de manera asertiva y constructiva. Ella esperaba, en su inocente esperanza, que una persona adulta no se dejara llevar por reacciones tormentosas provocadas por cosas pequeñas. Sin embargo, otra de sus esperanzas fue quebrada por la realidad que golpeaba a su puerta. También acá descubrió que los adultos pueden haber crecido en estatura, ganado kilos, desarrollado músculos, aprendido más trucos, recolectado más datos e informaciones, pero que básicamente seguimos manteniendo patrones de conducta primarios, poco evolucionados, carentes de efectividad, irracionales.
    Es decir, seguimos siendo niños cuando alguna impotencia, por más pequeñita que sea, nos atropella.

    Esto ya lo hemos estudiado y explicado en centenas de estudios aquí publicados, por lo que no aburriremos repitiendo.
    Simplemente recordaremos que tenemos de forma natural un sistema que reacciona ante la impotencia, es decir, cuando sentimos la falta de poder. Es necesario y útil, en tanto sirve como paliativo a verdaderas situaciones de impotencia. El problema es que bien pronto nos entrenamos para usarlo en situaciones de impotencia imaginada, por lo cual, no tiene sentido su uso ya que no está para resolver dificultades fantaseadas sino paliar efectos concretos.
    Y el problema se acrecienta cuando empleamos las mismas reacciones teniendo la capacidad de responder de maneras más sofisticadas, cuando la reacción automática no aporta a la solución sino que alimenta el conflicto.

    Te pondré ejemplo de cada una de las mencionadas.
    Situación real de impotencia: el bebé siente apetito, grita y patalea para que de alguna forma su impotencia se resuelva. Él no lo sabe, pero está llamando la atención a su madre para que le dé pecho, o el padre el biberón, o quien sea que esté a cargo de su cuidado y responsa de manera eficiente al reclamo natural surgido como reacción al malestar sentido.

    Situación imaginaria de impotencia: un trabajador está cansado de su ocupación y sueña con ser independiente, juega en su mente con las opciones, visualiza algunas oportunidades que podría aprovechar, planifica un discurso para renunciar a su trabajo y cómo emprenderá su nuevo camino; al rato comienza a rumiar todo lo que podría salir mal, los inconvenientes, las dificultades, el fracaso. Se apoderá la creencia negativa de su mente y enojado consigo mismo y odiando su vida sigue atrapado por un trabajo que no quiere, que no le alcanza, pero es lo que tiene a mano.

    Situación real de impotencia que debiera manejarse de manera racional: la compañera de trabajo fue brusca e irrespetuosa con su colega, ésta se ofusca y explota gritando e insultado. Es real que la otra la maltrató, y no es la primera vez. Sintió que le brotaba el impulso iracundo y en pocos segundos reaccionó con conductas primarias, automáticas, irracionales, poco eficientes para resolver un conflicto que precisa de otros canales y estrategia para su resolución.

    Te dejo planteada la tarea de cómo responderías con mayor eficiencia y efectividad en los dos últimos ejemplos.
    Que nos sirva para aprender y aplicar.
    Y con ello un homenaje agradecido a la tierna alma de Ana Frank.




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  • El secreto de la alegría

    «וַיִּשְׂמְח֤וּ הָעָם֙ עַל־הִֽתְנַדְּבָ֔ם כִּ֚י בְּלֵ֣ב שָׁלֵ֔ם הִֽתְנַדְּב֖וּ לַֽיהוָ֑ה וְגַם֙ דָּוִ֣יד הַמֶּ֔לֶךְ שָׂמַ֖ח שִׂמְחָ֥ה גְדוֹלָֽה : פ
    Y el pueblo se regocijó por haber contribuido con ofrendas voluntarias, porque con un corazón íntegro habían hecho al Eterno ofrendas voluntarias. Y el rey David se alegró muchísimo.»
    (1 Divrei Haiamim/I Crónicas 29:9)

    Hemos estado enseñando el secreto de la alegría.
    Resumido es: ejercer el poder que tienes de manera benéfica, favorable.
    Es satisfacerte con tu porción actual, sin culpas, reproches, ansiedades, ánimo oscuro alguno.

    Como enseñamos también, la alegría se multiplica cuando el disfrute no se reduce a uno mismo, sino que rompe la frontera egoísta para extenderse al necesitado, al cercano, al que puede alegrarse con nosotros.
    Con una acción en verdad bondadosa, que no oprima al receptor, que no le avergüence, que no se imponga sobre él. Que nuestro acto de compartir esté inspirado en la generosidad, es decir, sin esperar absolutamente nada a cambio del bien que entregamos. Ni premios en este mundo, ni en el de la eternidad. Solamente actuar como Dios hace, dando sin esperar nada a cambio.
    Cuando lo hacemos voluntariamente, sinceramente, sanamente, entonces el pecho salta de alegría.

    Así pues, no te olvides de ayudarnos económicamente, darnos una mano abundante y generosa, porque tiene un efecto inmediato de que sentirás alegría. Pero recuerda, no esperes NADA a cambio, ya que entonces de Arriba se encargarán de que tengas MUCHO para reemplazar lo que diste.
    Tennos en tu mente, corazón y mano generosa: http://serjudio.com/apoyo

    Mira el versículo que he citado al comienzo.
    Nos está hablando precisamente de todo esto.
    De la tremenda alegría que embargó a los judíos, quienes voluntariamente entregaron donaciones para la obra del Eterno. Trajeron lo que podían en abundancia para que el rey pudiera construir un Templo a Su Nombre. Eran ofrendas que provenían del amor y de la conciencia que eran ellos los responsables de contribuir con la obra sagrada.
    Es cierto que el Creador podría haber dado todos los materiales para el Templo de forma milagrosa, o hasta hacerlo bajar construido y funcionando desde los Cielos.
    Pero Él quiere que tú seas Su socio, que hagas TU parte en SU obra.
    Tal como aquellos judíos bendecidos que colaboraron económicamente con la obra del Eterno.
    Porque cada uno dio de lo que podía en abundancia y sin esperar nada a cambio.
    Como efecto inmediato fueron inmensamente alegres, hasta sentirse en las nubes del placer como nunca antes.
    Porque de acuerdo a la bondad de la entrega, el efecto reparador y poderoso.

    ¡Y cuánta alegría tuvo el rey!
    Porque fue el que lideró esa tarea maravillosa, el que los motivó a traer su ofrenda.
    Entonces él también ejerció con bondad su poder, influyó positivamente en otros, manifestó la conexión Divina.
    El resultado es la alegría.

    Lo dice la ciencia del espíritu, lo confirma la ciencia de la academia.
    Está en tus manos disfrutar de la alegría y nosotros queremos ayudarte a que consigas el máximo posible en cada momento.

    Gracias por colaborar con nosotros, por hacernos llegar tu dinero tan necesario para la obra sagrada, por compartir nuestras enseñanzas para que otros puedan beneficiarse.
    La Divina Palabra te está demostrando ahora el secreto de la alegría.
    ¿Dejarás de seguirlo para adorar a tu EGO?

    ¡Vamos! ¡Sé nuestro socio en la obra sagrada del Creador!



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