Categoría: Torá

  • Reseña de la Parashá Vaiejí: Un Legado de Dualidades y Promesas

    Reseña de la Parashá Vaiejí: Un Legado de Dualidades y Promesas

    ¡Shalom, buscador de sabiduría! Es un placer sumergirnos juntos en las profundidades de la Parashá Vaiejí, la última porción del libro de Bereshit (Génesis), una parashá cargada de enseñanzas sobre el legado, la bendición, el perdón y la fragilidad humana.

    Vaiejí, que significa «Y vivió», nos narra los últimos 17 años de la vida de Yaakov (Jacobo, nuestro tercer patriarca) en Egipto, un periodo que, a pesar de la bonanza material, está impregnado de melancolía y reflexión sobre su propio pasado y el futuro de su descendencia. La parashá se despliega ante nosotros como un tapiz complejo, tejido con hilos de:

    1. La Transición y la Memoria: Yaakov, anciano y próximo a la muerte, exige a Yosef (José) un juramento solemne de que será sepultado en la tierra de sus padres, la entonces conocida como tierra de Canaán. Este acto revela una profunda conexión con sus raíces y una lucha contra la asimilación en la cultura egipcia. La muerte, lejos de ser un final, se convierte en un puente hacia el pasado y una afirmación de la identidad. Psicológicamente, vemos la necesidad humana de trascender la finitud a través del recuerdo y la herencia. Espiritualmente, Yaacov entiende que debe convertirse en un nexo con la tierra de la promisión, para que sus descendientes nunca olviden ese sagrado nexo y eventualmente retornen a la tierra que les pertenece y les engrandece.
      Además, conociendo la tendencia a idolatrar judíos, no quiere ser convertido en una falsa deidad para los egipcios, por lo cual, es mucho más noble y espléndido, un retazo de humilde tierra con santidad, que la mayor de las glorias que provienen del lado oscuro.

    2. Bendiciones y Desafíos: La famosa bendición que Yaakov otorga a sus hijos no es una simple enumeración de virtudes, sino un examen profundo de sus potenciales y limitaciones. Algunas tribus reciben augurios de grandeza, mientras que otras son confrontadas con sus defectos. Aquí vemos la complejidad de la naturaleza humana: nadie es perfecto, y cada uno tiene un camino único que recorrer. Desde una perspectiva social, esto plantea la importancia de reconocer la diversidad dentro de un grupo y cómo cada individuo contribuye de manera particular. Hacernos fuertes tanto con nuestras partes sanas como con aquellas que tienen potencial de ser sanadas. Es un desafío constante, crecer y dejar de inventar millones de excusas para sumergirnos en la esclavitud del EGO.

    3. El Poder del Encuentro: En este momento, Yaakov reconoce a los hijos de Yosef como suyos propios, demostrando un acto de aceptación del papel crucial que tiene su familia en el destino de la humanidad completa. Aunque su relación con Yosef se vio marcada por la separación, el dolor que lo consumía a diario, la angustia de la pérdida sin final; ahora, con el reencuentro y la vivencia mutua culminan en una unidad familiar. Este aspecto de la parashá nos habla del poder reparador del encuentro sincero, de la importancia de superar las heridas del pasado para construir relaciones saludables.

    4. El Legado de la Esperanza: La parashá concluye con la muerte de Yaakov y el juramento que las otras tribus hicieran a Yosef de llevar, eventualmente, sus huesos a Canaán. A pesar de la partida física, su espíritu y sus enseñanzas siguen vivos en sus descendientes. Esta idea de la continuidad y la esperanza se proyecta hacia el futuro, incluso en momentos de duelo y pérdida.

    Reflexión para el Bienestar Emocional: El Legado de la Resiliencia

    Vaiejí, en su complejidad, nos ofrece un valioso espejo para nuestra propia vida. Nos enseña que:

    • Aceptar la dualidad es clave: La vida no es un camino lineal de felicidad y éxito. Hay momentos de alegría y otros de tristeza, de crecimiento y de retroceso. Aceptar esta realidad nos permite desarrollar resiliencia y adaptabilidad. Yaakov, con su vida marcada por luchas y logros, es un ejemplo de esta capacidad humana para superar la adversidad. Tuvo cercado y marcado por el sufrimiento, por las contrariedades; pero tal como su ilustre descendiente, el rey David, quien también tuvo una vida de principio a final repleta de injurias y heridas, descubrió que todo momento es el indicado para crecer.

    • El pasado no nos define: Si bien la memoria y el pasado son importantes, no estamos condenados a repetir los errores de nuestros antepasados. Podemos aprender de ellos, perdonar y seguir adelante. El acto de reconciliación de la familia hebrea nos muestra el camino hacia la sanación emocional.

    • Nuestra herencia es también nuestra responsabilidad: Así como Yaakov transmite una herencia a sus hijos, nosotros también somos responsables del legado que dejamos a las futuras generaciones. Esto implica vivir con integridad, buscar la justicia y cultivar valores que nos permitan construir un mundo mejor. Hacemos hoy el mañana.

    • La esperanza es un motor vital: Incluso en los momentos más oscuros, podemos encontrar la fuerza para seguir adelante. La visión de Yaakov de un futuro mejor para sus descendientes, a pesar de la incertidumbre del presente, nos inspira a mantener viva la llama de la esperanza.

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  • Parashá Vaigash (Génesis 44:18 – 47:27)

    Parashá Vaigash (Génesis 44:18 – 47:27)

    La parashá Vaigash comienza con Yehudá acercándose a Yosef , suplicando por la libertad de Binamín, su hermano menor, quien ha sido acusado de robo. Yehudá ofrece quedarse como esclavo en lugar de él, lo que provoca que Yosef , incapaz de contenerse más, revele su identidad a sus hermanos. Se produce una emotiva reconciliación entre Yosef y sus hermanos. Yosef les asegura que todo lo que ha sucedido es parte del plan divino para salvar a su familia del hambre en Canaán. Luego, invita a su padre Iaacov y a toda la familia a trasladarse a Egipto. El patriarca, al enterarse de que Yosef está vivo, viaja con su familia a Egipto, donde son bien recibidos por Yosef y el faraón. La parashá concluye con la descripción de cómo Yosef se encarga de asentar a su familia en la tierra de Goshen y de cómo gestiona los recursos de Egipto durante los años de hambruna, lo que provoca la salvación de todos los habitantes de la región y el encumbramiento de faraón como el líder supremo indiscutido.
    Vaigash nos enseña sobre el poder del perdón y la reconciliación. La historia de Yosef y sus hermanos nos muestra cómo el dolor y el resentimiento pueden transformarse en amor y unidad familiar. Yehudá, quien una vez fue cómplice en la venta de Yosef , ahora se presenta como un líder dispuesto a sacrificarse por su hermano menor, demostrando un cambio profundo en su carácter. Esta parashá nos invita a reflexionar sobre nuestra capacidad de perdonar y reconciliarnos, recordándonos que incluso en las situaciones más adversas, hay un plan más grande en juego, uno que puede conducir a la redención y la paz.
    En nuestras vidas, todos tenemos momentos donde debemos enfrentar nuestro pasado y nuestras acciones. La parashá Vaigash nos enseña que el verdadero liderazgo y la grandeza espiritual no se miden por la ausencia de errores, sino por nuestra capacidad para reconocerlos, aprender de ellos y actuar con valentía y compasión. Como Yehudá, todos tenemos la oportunidad de transformarnos, de ser mejores no solo para nosotros mismos sino para aquellos a nuestro alrededor. Y como Yosef, podemos elegir el perdón como camino hacia la paz interior y la reconciliación.
    Recordemos que cada encuentro, cada desafío, es una puerta hacia nuestra propia redención y crecimiento espiritual. Que este día de Shabat nos inspire a abrazar el cambio, a cultivar la empatía y a buscar la reconciliación en nuestras propias vidas.

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  • Reseña de la Parashá Miketz

    Reseña de la Parashá Miketz

    La parashá Miketz, que se encuentra en el libro de Génesis (Bereshit) 41:1-44:17, narra la continuación de la historia de Yosef (José). En esta porción, Faraón tiene dos sueños perturbadores: uno sobre siete vacas gordas, seguidas por siete vacas flacas, y otro sobre siete espigas sanas y siete espigas marchitas. Ninguno de los sabios de Egipto puede interpretar estos sueños, pero el copero recuerda a Yosef, quien está en prisión. Yosef es traído ante Faraón, interpreta los sueños como siete años de abundancia seguidos por siete años de hambruna, y aconseja sobre cómo prepararse. Faraón, impresionado, nombra a Yosef como su segundo al mando, y durante los años de abundancia, Yosef almacena grano. Cuando llega la hambruna, Egipto se convierte en un refugio para los países vecinos, incluida la familia de Yosef desde Canaán, quienes finalmente llegan a Egipto en busca de alimento sin reconocer a Yosef.
    La historia de Yosef nos enseña sobre la resiliencia, la sabiduría y el perdón. A pesar de las adversidades, Yosef mantiene su confianza en Dios y en sí mismo, así como su integridad, demostrando cómo una persona puede elevarse de la prisión a la prominencia no solo por su habilidad, sino por su carácter y lealtad al camino espiritual. La parashá también nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras acciones y decisiones pueden tener un impacto a largo plazo en la vida de muchos, incluyendo generaciones futuras.
    Esta parashá siempre coincide con Janucá, el festival de las luces, que celebra la victoria de la luz sobre la oscuridad, y la emuná sobre la desesperanza. De manera similar, Yosef trae luz y esperanza a Egipto y a su familia durante los años oscuros de la hambruna. Su ascenso y su capacidad para salvar a muchos de la inanición pueden verse como un símbolo de la luz que Janucá representa. Además, la idea de la «luz oculta» en Janucá, donde una pequeña cantidad de aceite dura milagrosamente ocho días, resuena con la sabiduría oculta de Yosef, que se revela para salvar a muchos. Así, Miketz nos recuerda que incluso en tiempos de oscuridad, la emuná y la sabiduría pueden iluminar el camino hacia la salvación y la reconciliación.

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  • Parashá Vaieshev: Sueños, injusticias y redención

    Parashá Vaieshev: Sueños, injusticias y redención

    En esta semana, la Torá nos introduce a la compleja historia de Iosef (José), el hijo favorito de Iaakov (Jacobo). La narrativa comienza con los sueños proféticos de Iosef que provocan la envidia de sus hermanos, llevándolos a conspirar contra él. Deciden venderlo como esclavo, iniciando una serie de eventos que transformarán su vida y, eventualmente, el destino de toda su familia, del pueblo y de la humanidad completa.

    La parashá también presenta a Yehudá en un episodio aparentemente desconectado, pero crucial para entender su desarrollo moral y liderazgo. La historia de Tamar, quien confronta a Yehudá por su injusticia, muestra cómo el reconocimiento de los errores y la responsabilidad pueden abrir puertas a la redención. Lo cual, luego, se transforma en la simiente de la estirpe mesiánica, del mashiaj.

    Iosef, vendido a Egipto, enfrenta nuevos desafíos, incluyendo la tentación y la injusta acusación de la esposa de Potifar, que lo lleva a la prisión. Sin embargo, incluso en la adversidad, mantiene su integridad y sus dones, interpretando sueños y estableciendo las bases para su eventual ascenso al poder.

    La historia de Iosef nos invita a reflexionar sobre cómo las circunstancias adversas pueden ser parte de un plan más amplio. Iosef podría haberse dejado consumir por la amargura, pero eligió confiar y actuar con rectitud. A veces, lo que parece una serie de desafíos interminables puede ser el camino hacia una redención mayor.

    Asimismo, el episodio de Yehudá y Tamar nos recuerda que enfrentar nuestros errores, aunque doloroso, nos da la oportunidad de crecer y reparar. En nuestra vida cotidiana, también podemos encontrar momentos en los que elegir la justicia y la verdad nos redime a nosotros y a quienes nos rodean.

    Cuando nos enfrentamos a momentos de oscuridad, recordemos que la luz puede estar justo al final del camino. Como dijo el profeta, «Porque Yo, el Eterno, estoy contigo, para salvarte» (Irmiahu/Jeremías 30:11).

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  • Reseña de la Parashá Vaishlaj (Génesis 32:4 – 36:43)

    Reseña de la Parashá Vaishlaj (Génesis 32:4 – 36:43)

    Vaishlaj, que significa «Y él envió,» narra un momento crucial en la vida de Iaakov, lleno de encuentros transformadores y reconciliaciones tensas. La parashá se divide en varias secciones clave:

    1. El Encuentro con Esav: Dominando la parashá está la anticipación y la preparación de Iaakov para su reencuentro con su hermano Esav, el cual sentía que Iaakov lo había engañado años atrás. Iaakov, temiendo la venganza de Esav, emplea una estrategia triple: envía mensajeros con regalos, se prepara para la guerra y reza con humildad. Además divide a su familia en dos campamentos y, finalmente, lucha con un misterioso ser durante toda la noche. Esta lucha, con el «hombre» (o ángel), resulta en un cambio de nombre para Iaakov, quien pasa a llamarse Israel («el que lucha con Dios», o «la persona recta por Dios»). La lucha simboliza la lucha interna de Iaakov con sus propias debilidades, a las que debe doblegar bajo la voluntad divina.

    2. La Reconciliación: A pesar de los temores de Iaakov, el encuentro con Esav es sorprendentemente pacífico. Esav lo recibe con un abrazo, aparentemente perdonándolo. Sin embargo, la sinceridad de la reconciliación es debatida por los comentaristas, algunos sugiriendo que la aceptación de Esav fue superficial. Independientemente de la verdadera naturaleza del perdón de Esav, el encuentro marca un punto de inflexión para Iaakov, quien comienza a vivir más abiertamente con las consecuencias de sus acciones pasadas.

    3. Dina y Shejem: Tras la reconciliación, la parashá relata la seducción de Dina, la hija de Iaakov, por Shejem, el príncipe de la ciudad de Shejem. Los hijos de Iaakov, Shimón y Leví, toman venganza brutalmente, matando a Shejem y a todos los hombres de la ciudad. Iaakov reprende a sus hijos por su crueldad y la violencia innecesaria, temiendo las represalias de las ciudades vecinas.

    4. El Regreso a Beit El: Dios le ordena a Iaakov que regrese a Beit El, el lugar donde tuvo su primera visión divina. En el camino, Rajel muere dando a luz a Biniamín. Finalmente, Iaakov llega a Beit El y renueva su pacto con Dios.

    5. Las Genealogías de Esav: La parashá concluye con las genealogías de Esav, detallando sus descendientes y los jefes de Edom. Esta sección, aunque aparentemente menos dramática, establece el escenario para las futuras interacciones entre los descendientes de Iaakov y Esav.

    La parashá Vaishlaj nos presenta a Iaakov en un momento crucial de transformación. No es simplemente un cambio de nombre, de Iaakov a Israel, sino un cambio profundo de identidad, forjado en la lucha y la reconciliación. Esta lucha, tanto la física con el ángel como la emocional con la sombra de su pasado, resonancia con la experiencia humana universal de confrontar nuestros propios demonios internos.

    Desde una perspectiva psicológica, la lucha de Iaakov puede interpretarse como un proceso de individuación, un concepto junguiano que describe el camino hacia la integración de las diferentes facetas de la personalidad. Iaakov, el suplantador, el que vivía a la sombra de su hermano, se ve obligado a enfrentarse a sus miedos y sus acciones pasadas. Este encuentro doloroso, simbolizado por la lucha nocturna, es esencial para su crecimiento. No se trata de negar o reprimir las partes oscuras de nosotros mismos, sino de integrarlas, de aceptarlas como parte de quienes somos para poder avanzar hacia la plenitud.

    El judaísmo, con su énfasis en la teshuvá (traducido fácilmente como arrepentimiento, pero que en verdad es construir una mejor versión de nosotros mismos), nos ofrece un marco para este proceso de transformación. La teshuvá no es simplemente un acto de pedir perdón, sino un proceso profundo de introspección, de reconocer nuestros errores y capacidad para ser mejor, y comprometernos a cambiar. Iaakov, al prepararse para el encuentro con Esav, inicia este proceso. Envía regalos, divide a su familia, se prepara para lo peor. Estas acciones, aunque motivadas por el miedo, son un primer paso hacia la responsabilidad. La lucha con el ángel representa la lucha interna por liberarse del peso del pasado y abrazar un futuro diferente.

    La reconciliación con Esav, si bien ambigua, es un paso más en el camino de Iaakov hacia la integridad. El perdón, tanto el que se ofrece como el que se recibe, es un acto liberador. Permite soltar la carga del resentimiento y la culpa, abriendo espacio para la sanación. El encuentro con Esav nos recuerda que la reconciliación no siempre es fácil ni completa, pero es un paso esencial para la paz interior.

    La parashá nos invita a reflexionar sobre nuestras propias luchas internas. ¿Qué aspectos de nosotros mismos nos resistimos a confrontar? ¿Qué heridas del pasado nos impiden avanzar? El ejemplo de Iaakov nos enseña que el camino hacia la integridad requiere valentía, honestidad y la disposición a luchar con nuestros propios demonios. Es un proceso continuo, a veces doloroso, pero esencial para alcanzar nuestro pleno potencial y vivir una vida más auténtica y significativa.

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  • Los pozos de Abraham, Itzjac y las acciones de los malvados

    En el libro de Bereshit (Génesis 26), encontramos una historia fascinante que habla no solo de pozos y agua, sino también de persistencia, conflicto y la naturaleza de los malvados. Itzjac, el hijo de Abraham, reabre los pozos que su padre había cavado, pozos que los filisteos habían tapado tras la muerte de Abraham. Pero eso no es todo: cuando Itzjac cava nuevos pozos, los pastores filisteos pelean con él por ellos. Sin embargo, Itzjac no se rinde, sigue cavando hasta que finalmente encuentra un lugar al que llamó Rejovot, donde puede asentarse en paz.

    ¿Qué nos dice esta historia sobre los malvados?

    Los filisteos no querían los pozos para ellos. No los necesitaban. Simplemente querían taparlos. Esto nos enseña algo profundo sobre el comportamiento de los malvados: no buscan construir, solo destruir. Actúan por envidia, resentimiento o el simple deseo de impedir el éxito del otro.

    Este patrón lo vemos a menudo en la vida. Hay quienes, en lugar de crear algo propio, dedican su tiempo y energía a sabotear el esfuerzo de los demás. No porque ganen algo concreto, sino porque no soportan ver prosperar a otros.
    ¿Palestinos y pro-palestinos, te suena?

    La respuesta de Itzjac: la perseverancia frente a la mezquindad

    Lo admirable en Itzjac es que no cae en su juego. No se queda peleando por cada pozo que le quitan ni responde con violencia. Simplemente se mueve y cava otro. Itzjac nos enseña una lección de vida: cuando enfrentes oposición irracional, no pierdas tu energía en confrontaciones inútiles. Sigue adelante, porque el éxito viene con la constancia y no con la venganza.

    El momento culminante llega cuando finalmente cava un pozo y no hay disputa. Llama al lugar Rejovot, que significa “amplitud” o “espacio abierto”, diciendo: “Porque ahora el Eterno nos ha dado espacio y prosperaremos en la tierra” (Génesis 26:22). Esto refleja una verdad espiritual: la recompensa llega a quienes perseveran con integridad.

    Los pozos como metáfora espiritual

    En el judaísmo, los pozos a menudo simbolizan la conexión con la fuente de vida, con Dios. Cavarlos requiere esfuerzo, compromiso y valentía. Los filisteos que tapan los pozos representan a quienes intentan cortar esa conexión, quienes buscan obstruir el acceso a la espiritualidad y a las bendiciones divinas.

    Itzjac nos muestra que, aunque enfrentemos desafíos y oposición, no debemos abandonar nuestro esfuerzo por conectar con lo Divino. Incluso si otros intentan impedirlo, nuestra misión es seguir cavando hasta encontrar nuestro propio “Rejovot”, ese espacio donde podemos prosperar en paz.

    Reflexión final

    Los malvados tapan pozos porque no soportan la luz y la vida que traen. Pero los justos, como Itzjac, no se detienen. Siguen cavando, siguen buscando, siguen construyendo. Y al final, encuentran un lugar de amplitud y bendición.

    ¿Estás enfrentando oposiciones o conflictos que parecen irracionales? Recuerda a Itzjac. No gastes tu energía en pelear por cada pozo. Sigue adelante, cava otro, y confía en que Dios abrirá para ti un Rejovot, un espacio donde puedas prosperar.

    Como dice el Midrash: “Los pozos pueden ser tapados, pero la emuná siempre encuentra una nueva fuente de agua”.

    ¿Qué opinas de esta interpretación? ¿Te ha pasado algo similar? Déjalo en los comentarios y comparte con quienes están cavando sus propios pozos. 😊

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  • La Mujer de Lot y las «Constelaciones Familiares»

    En la historia de la mujer de Lot (Bereshit/Génesis 19:15-26), encontramos un poderoso mensaje sobre el pasado, las dinámicas familiares y cómo estas pueden influir en nuestras decisiones y bienestar. Aunque en el judaísmo no hablamos de «constelaciones familiares» como terapia, la idea de que las conexiones familiares pueden afectar nuestra vida está profundamente arraigada en nuestra tradición.

    La mujer de Lot miró hacia atrás mientras huían de Sodoma, a pesar de la advertencia divina de no hacerlo. ¿Por qué? ¿Qué la llevó a ese acto que terminó sellando su destino? La Cábala nos sugiere que ella no pudo desprenderse del apego emocional a Sodoma, un lugar cargado de corrupción, pero también de lazos y recuerdos.

    Esto no es tan diferente de lo que las «constelaciones familiares» intentan explorar: cómo las dinámicas no resueltas de generaciones pasadas pueden atrapar a una persona, afectando su capacidad de avanzar. En el judaísmo, reconocemos esta influencia en frases como «Avot ajlu boser v’shinei banim tik’hena» (los padres comieron uvas agrias y los dientes de los hijos se embotaron) de Ezequiel 18:2. Sin embargo, también enseñamos que cada persona tiene la capacidad de romper con patrones dañinos y construir su propio camino.
    Por ello, el versículo del profeta perfectamente puede estar entre signos de interrogación, pues no existe un destino familiar, no hay un castigo intergeneracional, no es el hijo el responsable por los pecados del padre (ni el padre por los del hijo adulto), y sin embargo, hay una red (una constelación) sumamente compleja que hace que tengamos que profundizar acerca de las relaciones, los vínculos, los aprendizajes, los mandatos inconscientes, entre otros interesantes factores asociados.

    La lección de la mujer de Lot es clara: si nos quedamos atrapados en el pasado, ya sea por lealtades malentendidas o heridas no resueltas, podemos inmovilizarnos, como ella se convirtió en una estatua de sal. Pero si seguimos adelante con valentía y acción consciente, podemos liberarnos y hacer parte de nuestro Tikún (corrección), aquel que nos corresponde y podemos llegar a realizar.

    En vez de mirar hacia atrás, como ella lo hizo, debemos aprender a reconocer lo que nos ancla y trabajar para soltarlo. En el judaísmo, el Tikún personal comienza al asumir responsabilidad por nuestras elecciones, en lugar de culpar al pasado.
    Es decir, no nos quedamos pegados al pasado, no nos convertimos en estatuas de sal, que se solidifica y seca, no permitimos que el pasado se convierta en un estigma inamovile; pero, usamos las enseñanzas del pasado como un manual, un trampolín, enseñanzas para trazar un mejor presente.

    ¿Y tú? ¿Estás avanzando hacia tu Tikún o mirando hacia atrás como la mujer de Lot? La respuesta está en tus manos, en tus pies, en tu mirada, en tu relato… está en ti.

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  • Cómo hacer de tu vida algo mucho más valioso: Vaietzé 5785

    La parashá Vaietzé relata la salida de Yaakov (Jacobo) de Beer Sheva hacia Jarán, donde encuentra el lugar conocido como Bet-El, y tiene el famoso sueño de la escalera que conecta el cielo y la tierra. Dios le promete protección, descendencia y la tierra de Israel. Inspirado, Yaakov consagra el lugar y hace un voto a Dios.

    En Jarán, Yaakov trabaja para Labán, su tío, quien lo engaña para que se case primero con Lea y luego con Rajel, a cambio de 14 años de servicio. Durante este tiempo, nacen sus hijos, que formarán las 12 tribus de Israel. Además, Yaakov prospera en riquezas a pesar de los intentos de Labán de aprovecharse de él. Al final de la parashá, Yaakov decide regresar a su tierra, enfrentando desafíos y con la certeza de cumplir con la misión que Dios le encomendó.

    Reflexión

    A través de la travesía de Yaakov, aprendemos que la vida puede estar llena de obstáculos y desafíos, pero cada paso que damos nos acerca a nuestra misión divina. Como Yaakov, estamos aquí no solo para existir, sino para transformar el lugar donde estamos, elevándolo con actos/palabras/pensamientos de bondad y justicia. La escalera del sueño de Yaakov no es solo un puente entre el cielo y la tierra, sino también un recordatorio de que cada instante cuenta para conectar lo terrenal con lo divino.

    En palabras simples, quizás el viaje sea largo y complejo, pero cada parada, así como cada paso, es una oportunidad de traer luz y sentido a donde nos encontramos, cumpliendo con nuestro propósito único en este mundo.

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  • El amor apasionado y la disciplina: una lección desde los pozos de Abraham e Isaac

     Si alguna vez has visitado el Muro de los Lamentos un viernes por la noche, habrás sentido la atmósfera de amor y santidad que rodea ese espacio. Sin embargo, detrás de ese momento de éxtasis espiritual, hay una profunda lección que encontramos en las vidas de Abraham e Isaac.

    En las parshiot Vaierá y Toldot, ambos patriarcas se dedicaron a cavar pozos, símbolo de la búsqueda de la bondad y la vida oculta bajo la superficie. Sin embargo, mientras que los pozos de Abraham fueron cerrados por los filisteos, los de Isaac permanecieron abiertos y funcionales. ¿Por qué?

    Abraham representa el amor expansivo y desbordante (jesed), mientras que Isaac encarna la disciplina y la restricción (guevurá). Aunque el amor de Abraham atraía a multitudes, carecía de la estructura necesaria para resistir la adversidad. Isaac, con su enfoque introspectivo y deliberado, aportó sostenibilidad a los ideales de su padre.

    Esto nos enseña que el amor, aunque sea poderoso y emocionante, necesita límites, disciplina y compromiso para perdurar. Un amor sin parámetros puede perderse en la superficialidad; uno trabajado con cuidado y respeto se convierte en una fuerza duradera y auténtica.

    La combinación de jesed y guevurá no solo es esencial en nuestra relación con Dios, sino también en nuestras relaciones personales. Amar con generosidad, pero establecer límites, es lo que da profundidad y permanencia a nuestras conexiones. En un mundo que celebra lo instantáneo, Isaac nos recuerda que lo valioso necesita esfuerzo y cuidado.

    De la confluencia de bondad y justicia es que emerge resplandeciente el SHALOM.

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  • Shiló: La promesa de Iaacov y su conexión con el Mashiaj

    Shiló: La promesa de Iaacov y su conexión con el Mashiaj

    En las bendiciones que Iaacov entrega a sus hijos en el lecho de muerte, encontramos un pasaje enigmático y profundamente significativo relacionado con la tribu de Yehudá:

    לֹֽא־יָס֥וּר שֵׁ֙בֶט֙ מִֽיהוּדָ֔ה וּמְחֹקֵ֖ק מִבֵּ֣ין רַגְלָ֑יו עַ֚ד כִּֽי־יָבֹ֣א שִׁילֹ֔ה וְל֖וֹ יִקְּהַ֥ת עַמִּֽים׃

    El cetro no será quitado de Judá, ni el bastón de mando de entre sus pies; hasta que llegue Shiló, y el homenaje de los pueblos sea suyo.

    (Bereshit/Génesis 49:10).

    Este versículo ha sido objeto de múltiples interpretaciones a lo largo de los siglos por parte de exegetas clásicos, y su mención de «Shiló» está estrechamente vinculada con la figura del Mashiaj (Mesías) y con la historia sagrada del pueblo judío.

    Objetos de Mando

    Pero antes de avanzar con el Mashiaj, expliquemos muy rápidamente que es eso del cetro y del bastón.
    Como puedes apreciar en la foto aquí mismo, los antiguos gobernantes de las naciones solían usar diversos símbolos de su poder. No solo coronas, tiaras y a veces barbas falsas, entre otros accesorios de la monarquía. Sino también cetros y bastones, múltiples, más de uno al mismo tiempo.
    Algunos presidentes actuales siguen usando cosas parecidas, ¿te animas a poner en los comentarios cómo es en tu país?

    Entonces, el comienzo de la berajá del patriarca, es muy clara, está tratando de los símbolos de realeza, de gobierno, por sobre el futuro pueblo de Israel.
    El shevet y el mejokek, portados por el líder supremo, aquel que es bendecido por Dios para ese cargo, y aceptado por su pueblo.
    Como puedes ver en la foto del monarca persa, tenía un bastón en su mano izquierda, y otro que reposaba entre sus pies. Como él, encontrarás en multitud de culturas y sociedades.

    Su probable origen se encuentra en las herramientas del pastor de ovejas, de aquel que usaba realmente su bastón y báculo para sostenerse en el camino y acarrear a su rebaño. Metafóricamente, el trabajo del líder, del gobernante, quien toma el rol de pastor de su pueblo.

    ¿Esto significa que necesariamente deber tener dos objetos de madera, o similar, en sus manos para dirigir al pueblo?
    Pues, no. Como vimos, representan el poder, la autoridad, la sapiencia, el liderazgo, la autenticidad, el beneplácito de Dios y del pueblo que es gobernado.

    Otra interpretación para la palabra mejokek, es que tendría a los escribas a sus pies, es decir, a los secretarios del reino, quienes estaban todo el tiempo en presencia del rey en funciones, para poner por escrito los jukim, los estatutos, del rey.

    Como sea, ambas ideas, tanto del báculo como del escriba, comparten la visión de un rey que está dirigiendo el gobierno, que tiene autoridad política, que no es una mera figura retórica, un héroe místico, o un maestro piadoso. Es el líder supremo de la nación, el que marca las reglas, el que dirige las visas de sus súbditos.
    Esto debe quedar claro.

    En la berajá establece que el reino será firme y notable, proclamado por los pueblos, con el arribo de Shiló.
    Sepamos que en hebreo no hay letras mayúsculas, por tanto, no sabemos si es en verdad Shiló o shiló.

    ¿Qué significa «Shiló»?

    El término «Shiló» se interpreta de diversas maneras en la tradición judía:

    1. El Mashiaj:
      Según el Targum Onkelos y el Targum Yonatán, «Shiló» es un nombre que se refiere directamente al Mashiaj. Este término simboliza la llegada de un líder mesiánico de la tribu de Yehudá, quien establecerá la paz (shalom) y reunirá a las naciones bajo su liderazgo espiritual.

      • Rashi explica que «Shiló» significa «aquel a quien pertenece» o «para quien es designado», refiriéndose al rey legítimo cuya autoridad será aceptada por todas las naciones.
      • El Midrash Bereshit Rabbá lo asocia con el tiempo mesiánico en el que Yehudá será el canal para el gobierno divino en el mundo.Recordemos que la palabra «mashiaj», NO es un ser mágico, ni un líder espiritual, ni algo metafísico, sino que quiere decir literalmente «ungido», es decir, alguien que fue declarado legalmente como rey de Israel, siguiendo los procedimientos acordes para ello.
    2. Un lugar de descanso y paz:
      El nombre también está relacionado con la palabra hebrea «shalva» (tranquilidad), aludiendo a un tiempo de paz y estabilidad que el Mashiaj traerá al mundo.
    3. Shiló es otra forma de Sheló:
      Como sabemos, el hebreo no tiene letras para las vocales, por tanto, puede leerse como la palabra confusa «shiló» o puede leerse como «sheló», que significa » de él».
      Entonces, el verso debe entenderse que el reino estará zozobrando, en dudas, hasta que venga alguien que demuestre su autoridad monárquica, su mando sobre la nación, lo cual llevará a ser proclamado por los «‘amim», los pueblos, que también se traduce en ocasiones como las tribus de Israel.

    ¿Por qué la ciudad del Tabernáculo se llamó Shiló?

    Muchos siglos después de Iaacov, el Tabernáculo (Mishkán) se estableció en una ciudad llamada Shiló, situada en el territorio de Efraim. Este lugar fue el centro espiritual del pueblo judío durante casi 400 años, antes de que el Templo fuese construido en Jerusalén.

    La elección del nombre «Shiló» para esta ciudad puede estar conectada con las promesas de Bereshit 49:10:

    • Un lugar de paz espiritual: Shiló representaba un tiempo en el que el pueblo judío estaba relativamente unido bajo el liderazgo divino.
    • Un anticipo del Mashiaj: La ciudad de Shiló, al ser el hogar del Tabernáculo, prefiguraba el ideal mesiánico: un lugar central donde el pueblo se conectaba con la Shejiná (Presencia Divina).

    El Malbim destaca que Shiló simbolizaba la tranquilidad y unidad necesarias para que la presencia divina pudiera manifestarse entre el pueblo.

    La conexión entre Shiló y el Mashiaj

    La conexión entre la ciudad y la figura mesiánica es tanto simbólica como literal. Aunque el Tabernáculo dejó de estar en Shiló tras la destrucción de la ciudad, la promesa de un reinado mesiánico, centralizado en la tribu de Yehudá, permaneció vigente. La profecía de Iaacov asegura que la autoridad espiritual y política será restaurada de manera perfecta con la llegada del Mashiaj.

    Los comentaristas también vinculan «Shiló» con el concepto de liderazgo legítimo y divinamente designado:

    • Rambán (Najmánides) menciona que «Shiló» representa la culminación del liderazgo de Yehudá, comenzando con David HaMelej y alcanzando su plenitud en la era mesiánica.
    • Ibn Ezra señala que el cetro de Yehudá es una señal de continuidad, y Shiló marca un momento en el que esa continuidad se cumplirá plenamente.

    Otra Traducción de la Bendición

    Es posible entender de otra manera la bendición, porque se puede traducir correctamente también como:

    לֹֽא־יָס֥וּר שֵׁ֙בֶט֙ מִֽיהוּדָ֔ה וּמְחֹקֵ֖ק מִבֵּ֣ין רַגְלָ֑יו עַ֚ד כִּֽי־יָבֹ֣א שִׁילֹ֔ה וְל֖וֹ יִקְּהַ֥ת עַמִּֽים׃

    El cetro no será quitado de Judá, ni el bastón de mando de entre sus pies; hasta que llegue Shiló, y sea separado en pueblos.

    (Bereshit/Génesis 49:10).

    Esto es, hasta que llegó Ajiá haShiloní, el profeta de Shiló, y separó el reino unido que poseía Salomón en los dos reinos: Yehudá e Israel.
    Es decir, el reino iba a estar en manos de la tribu de Yehudá hasta que alguien de Shiló vniera a anunciar su corte, su división, y la consiguiente aparición de dos pueblos hermanados pero separados: los del reino del sur y aquellos de las tribus del norte.

    Conclusión

    «Shiló» en las bendiciones de Iaacov no es solo una referencia a un lugar o a un líder específico; es un concepto que abarca la esperanza mesiánica, la promesa de un reinado justo y la paz duradera. La elección del nombre para la ciudad donde el Tabernáculo estuvo establecido refuerza esta conexión, recordándonos que la presencia divina siempre ha sido el centro de nuestra historia.

    El versículo de Bereshit 49:10 nos invita a reflexionar sobre el liderazgo, la paz y el propósito divino, elementos esenciales en nuestra visión del mundo y de nuestra misión como pueblo. Shiló no es simplemente un lugar o un tiempo, sino una promesa eterna de redención y unidad bajo la guía divina.

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  • Shamor veZajor – Guardar y Recordar al mismo tiempo

    Shamor veZajor – Guardar y Recordar al mismo tiempo

    «Shamor» y «Zajor» son dos conceptos centrales en la comprensión del Shabat dentro de la tradición judía, mencionados en el Decálogo (los mal llamados Diez Mandamientos) en dos pasajes distintos de la Torá:

    • En Éxodo 20:8, se nos ordena: «Zajor et iom haShabat le’kadshó» (Recuerda el día de Shabat para santificarlo).
    • En Deuteronomio 5:12, se nos dice: «Shamor et iom haShabat le’kadshó» (Guarda el día de Shabat para santificarlo).

    Por más que se le quiera buscar semejanzas, son absoluta y evidentemente dos verbos diferentes, que implican cosas diferentes, y nos remiten a acciones por completo diversas.

    Comencemos pensando que fueron dichos en contextos diferentes, uno por Dios a los pocos días de que sacara a los israelitas de la esclavitud de Egipto, donde no venían aún equipados, de ninguna manera, para comprometerse a vivir plenamente los mandamientos en su realización práctica. La segunda, fue la recapitulación hecha por Moshé, 40 años más tarde, a una nueva generación, aquella que estaba a punto de entrar a tomar posesión de la tierra nacional tan anhelada.
    Para los primeros, el núcleo era recordar el Shabat, cosa que veremos un poco más adelante que implica.
    Para los segundos, lo central estaba en el guardar el día designado para ser santo, en la tierra santa, por el pueblo santo.

    Sin embargo, la tradición rabínica enseña que estas dos palabras fueron dichas por Dios simultáneamente durante la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, algo imposible de replicar en el habla humana. Dios, para lo cual nada es imposible, pero no todo es realizable, decidió hablar al mismo tiempo en estéreo, por ello, en un canal de emisión se escuchaba «zajor», en el otro «shamor».
    Esto se menciona en el Talmud Babli, Shevuot 20b, destacando la unicidad del momento:

    מידי איריא הא כדאיתא והא כדאיתא ומאי דבר אחד הן דבדיבור אחד נאמרו כדתניא (שמות כ, ח) זכור (דברים ה, יא) ושמור בדיבור אחד נאמרו מה שאין יכול הפה לדבר ומה שאין האוזן יכול לשמוע בשלמא התם בדיבור אחד נאמרו כדרב אדא בר אהבה דאמר רב אדא בר אהבה נשים חייבות בקידוש היום דבר תורה דאמר קרא זכור ושמור כל שישנו בשמירה ישנו בזכירה והני נשי הואיל ואיתנהו בשמירה איתנהו נמי בזכירה אלא הכא למאי הלכתא מיבעי ליה

    No hay persona que pueda hacer esto de hablar dos cosas al mismo tiempo, pero el Creador sí. Pudimos escucharlo al unísono, porque ambas son facetas de una misma realidad que se complemente conociendo y cumpliendo con ambos verbos.

    Explicación clara y concisa:

    1. «Zajor» (Recuerda):
      • Enfoque positivo: Este mandato implica acciones activas que dan significado y santidad al Shabat.
      • Santificación verbal: Se refiere a la mitzvá de recitar el Kiddush al inicio del Shabat, recordando la creación del mundo (mencionada en Shemot) y la liberación de Egipto (recordada en Devarim).
      • Memoria continua: Rashi explica que implica recordarlo todos los días, como al preparar cosas especiales para el Shabat desde el principio de la semana.
      • Dimensión espiritual: «Zajor» conecta con el aspecto metafísico del Shabat, recordando nuestra conexión con Dios como Creador y Redentor.
    2. «Shamor» (Guarda):
      • Enfoque negativo: Este mandato requiere abstenerse de ciertas acciones, es decir, cumplir las 39 categorías de melajot (trabajos prohibidos) y sus derivados.
      • Protección del Shabat: Se refiere a establecer límites que preserven la santidad del día, evitando distraernos y profanar (hacer no santo) este día.
      • Aspecto físico: «Shamor» protege el espacio sagrado del Shabat, asegurando que nuestras acciones reflejen el abstenernos de pretender dominar el mundo y la dedicación al Creador.

    Complementariedad de Shamor y Zajor:

    • Dualidad esencial: «Zajor» representa lo que hacemos para santificar el Shabat, mientras que «Shamor» se centra en lo que no hacemos para preservar su carácter único.
    • Unión de cuerpo y alma: «Shamor» guarda el aspecto físico del Shabat (cesar de melajá, dejar de lado aquellas tareas o pensamientos que quiten sacralidad al día), mientras que «Zajor» eleva el espíritu (recordando y celebrando su significado).
    • Modelo de vida balanceada: Estos principios enseñan la necesidad de integrar acción y restricción, santidad y límites, para vivir con intención y conexión con lo Divino. Siguiendo el paradigma de «bondad y justicia», expansión y limitación, que son los canales para que se forme la armonía que lleva al SHALOM.

    Ilustración práctica:

    • Imagina el Shabat como un hermoso jardín:
      • «Zajor» sería plantar flores, añadir colores y belleza al jardín, asegurándonos de que brille con santidad.
      • «Shamor» sería construir una cerca, protegiendo el jardín de daños externos.

    Este equilibrio entre lo que hacemos y lo que evitamos es la esencia del Shabat, reflejando no solo un día de descanso sino también un tiempo para reconectar con la trascendencia.

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  • Parashá Toldot: Generaciones que marcan el camino

    Parashá Toldot: Generaciones que marcan el camino

    La Parashá de esta semana, Toldot (Génesis 25:19-28:9), cuyo nombre significa «Generaciones», nos invita a sumergirnos en la historia de Itzjac y Rivcá. Una pareja que, tras veinte años de espera y fervientes plegarias, finalmente recibe el regalo de la vida: Rivcá queda embarazada. Sin embargo, su embarazo está lejos de ser tranquilo, ya que siente una lucha constante en su vientre. Dios le revela entonces un mensaje profundo: «Dos naciones hay en tu interior, y el menor prevalecerá sobre el mayor.»

    Cuando llega el momento del nacimiento, el primogénito, Esav, sale primero, rojizo y cubierto de vello, seguido por Iaacov, quien agarra el talón de su hermano, reflejando su nombre, derivado de la palabra «akev», talón. Los hermanos no solo nacen diferentes, sino que crecen marcando sus propios caminos: Esav, un cazador apasionado y hombre de campo; Iaacov, un joven sereno, dedicado al estudio y a la vida en tiendas. Itzjac siente una afinidad especial por Esav, mientras que Rivcá encuentra en Iaacov su favorito.

    Una escena icónica ocurre cuando Esav, exhausto tras una jornada de caza, vende su primogenitura a Iaacov por un simple plato de lentejas rojas y un pedazo de pan, revelando quizás su despreocupación por el peso de lo espiritual en contraste con lo inmediato y mundano.

    La parashá continúa con la historia de Itzjac en Guerar, que nos muestra a un hombre que enfrenta desafíos al presentarse como hermano de Rivcá por temor a los filisteos, pero también vemos su perseverancia al reabrir los pozos de su padre, Abraham, y cavar nuevos. Esos pozos representan más que agua; son símbolos de esfuerzo, herencia y persistencia, como las disputas iniciales que finalmente conducen a la paz en el tercer pozo.

    En un giro dramático, cuando Itzjac, anciano y ciego, decide bendecir a Esav, Rivcá y Iaacov actúan rápidamente para asegurar que esas bendiciones caigan sobre el hijo menor. Este momento, cargado de tensión y engaño, marca un punto de quiebre en la relación de los hermanos y define el destino de Iaacov como líder espiritual y patriarca del pueblo.

    Finalmente, Iaacov debe abandonar su hogar, huyendo de la ira de Esav y emprendiendo un viaje hacia Jarán, donde comenzará una nueva etapa en su vida. Esav, por su parte, toma decisiones que refuerzan su desconexión del legado espiritual de su familia.

    Reflexión: Trazando tu propio camino

    La travesía de Itzjac nos recuerda que la vida está llena de decisiones y momentos que definen quiénes somos y hacia dónde vamos. Al igual que él, todos enfrentamos etapas de incertidumbre, desafíos y crecimiento. Las vacaciones, por ejemplo, son más que un respiro académico; son una oportunidad para explorar, descubrir y avanzar hacia nuestro propósito.

    Así como Itzjac usó su viaje para forjar un legado, aprovecha este tiempo para sembrar ideas, sueños y metas que construyan tu futuro. Porque al final, lo que realmente importa no es solo el destino, sino cómo decides recorrer el camino.

    ¡Shabat Shalom!

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