Categoría: Torá

  • El llamado a la santidad: Un desafío y una oportunidad

    Introducción:

    La parashá Tetzavé nos presenta un llamado a la santidad, tanto en el ámbito físico como espiritual. Se describen las vestimentas sacerdotales, símbolo de la pureza y la separación del ámbito profano, y se establece un proceso de consagración para Aarón y sus hijos.

    La santidad como desafío y oportunidad:

    El Rabino Abraham Joshua Heschel, en su obra «Los Profetas», escribe:

    «La santidad no es una cualidad que se posee, sino una tarea que se realiza. No es un estado de ser, sino un proceso de transformación. La santidad es el desafío de vivir una vida en la que cada acto es una expresión de la voluntad divina.»

    La santidad no es un concepto estático, sino un desafío constante que nos invita a crecer y transformarnos. No se trata de alcanzar un estado perfecto, sino de vivir una vida en constante búsqueda de la bondad, la justicia y la compasión.

    Reflexiones:

    ¿Cómo podemos convertir el desafío de la santidad en una oportunidad para crecer como personas?
    ¿Qué acciones podemos tomar en nuestro día a día para vivir una vida más santa?
    ¿De qué manera podemos contribuir a crear un mundo más santo?

    Conclusión:

    La parashá Tetzavé nos invita a embarcarnos en un viaje de transformación personal y colectiva. Que el llamado a la santidad nos inspire a vivir una vida con propósito, iluminando el mundo con nuestra luz y nuestra bondad.

     

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  • La luz de la Menorá: Un símbolo de esperanza y guía

    Introducción:

    En la parashá Tetzavé, Dios instruye a Moisés sobre la construcción de la Menorá, un candelabro de siete brazos que debía ser encendido diariamente en el Mishkan (Tabernáculo). La luz de la Menorá tenía un significado profundo, representando la presencia de Dios entre su pueblo y la luz de la Torá que ilumina el camino de la humanidad.

    Simbolismo de la luz:

    La Menorá simboliza la luz divina que ilumina la oscuridad del mundo.
    Sus siete llamas representan las siete ramas del conocimiento y la sabiduría, así como toda la realidad de este universo limitado por la materialidad.
    La luz constante de la Menorá recuerda la eterna presencia de Dios y su cuidado por el pueblo.

    La luz de la Torá en nuestras vidas:

    El Rabino Moshá Jaim Luzzato, en su obra «Mesilat Yesharim» (La Senda de los Rectos), escribe:

    «La luz de la Menorá representa la luz de la Torá, que ilumina el camino del hombre y lo guía hacia la verdad y la justicia. Así como la Menorá iluminaba el Mishkan, la Torá ilumina el mundo entero.»

    La Torá es una fuente de luz y guía para nuestras vidas. Nos enseña cómo vivir una vida moral y ética, y nos conduce hacia la felicidad y la realización personal.

    Reflexiones:

    ¿Cómo podemos permitir que la luz de la Torá ilumine nuestras vidas?
    ¿Qué podemos hacer para que la luz de la Menorá brille con más fuerza en el mundo?
    ¿De qué manera podemos ser portadores de luz para los demás?

    Conclusión:

    La luz de la Menorá es un símbolo de esperanza y guía. Que su mensaje nos inspire a vivir una vida iluminada por la Torá, y a ser portadores de luz para el mundo entero.

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  • Tetzavé: Un llamado a la santidad y al servicio

    Introducción:
    La parashá Tetzavé continúa con las instrucciones divinas para la construcción del Mishkán (Tabernáculo), centrándose en dos aspectos fundamentales: la santidad y el servicio.

    La luz que ilumina:
    Dios ordena a Moisés la recolección de aceite puro de oliva para la Menorá, símbolo de la luz divina que ilumina el camino del pueblo.
    Se instruye sobre el encendido continuo de la Menorá, representando la presencia eterna de Dios.

    Vestimentas sacerdotales:
    Se describen en detalle las vestimentas sagradas del Sumo Sacerdote y los sacerdotes, simbolizando la pureza y la santidad requeridas para el servicio a Dios.
    Cada prenda tiene un significado especial, desde el efod y el pectoral hasta la túnica y el cinturón.

    Consagración sacerdotal:
     Se establece un proceso de siete días para consagrar a Aarón y sus hijos como sacerdotes.
    Este ritual incluye lavados, unciones y ofrendas, simbolizando la separación del ámbito profano y la dedicación al servicio divino.

    Ofrendas diarias:
    Se instituye la ofrenda diaria de dos corderos, uno por la mañana y otro por la tarde, en nombre de toda la comunidad.
    Esta práctica representa la expiación de los pecados y la constante necesidad de reavivar la conexión con Dios.

    Otras mitzvot:
    Se dan instrucciones para la construcción del altar del incienso y la elaboración del aceite de la unción.
    Se prohíbe la elaboración de aceite y perfume con la misma fórmula que el usado para el Mishkán, enfatizando la distinción entre lo sagrado y lo profano.

    Temas principales:
    Santidad: La parashá Tetzavé hace hincapié en la necesidad de santidad tanto en el ámbito físico como espiritual.
    Servicio: Se destaca la importancia del sacerdocio como mediador entre Dios y el pueblo.
    Expiación: Las ofrendas diarias simbolizan la necesidad constante de perdón y purificación.
    Luz y oscuridad: La Menorá representa la luz divina que ilumina la oscuridad del mundo.

    Reflexiones:
    Tetzavé nos invita a reflexionar sobre nuestro propio camino de santidad y servicio.
    ¿Cómo podemos ser una «luz» que ilumina el mundo para los demás?
    ¿De qué manera podemos vestirnos de santidad en nuestras acciones y decisiones?
    ¿Cómo podemos contribuir a la comunidad a través del servicio?

    Conclusión:
    La parashá Tetzavé es un llamado a la acción, un desafío a vivir una vida dedicada a la santidad y al servicio. Que la luz de la Torá nos guíe en este camino, permitiéndonos construir un mundo más iluminado y conectado con la Divinidad.

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  • ¿Qué Recibimos Cuando Damos?

    En la Parashá Terumá, Dios instruye a los israelitas, no sobre qué recibir, sino qué ofrecer: su contribución a la construcción del Mishkán, un santuario portátil. ¡Esto, es un cambio profundo en la naturaleza egoísta humana!

    Si bien habían sido receptores de la gracia de Dios, desde la liberación hasta la provisión, permanecían dependientes y pasivos. Quejarse se convirtió en su mecanismo de afrontamiento, reforzando su sentido de derecho.

    Sin embargo, el llamado a dar no se trataba de necesidades materiales; se trataba de crecimiento psicológico, moral y espiritual. Como un niño que desea desesperadamente expresar gratitud pero que no tiene los medios, a los israelitas se les ofreció la dignidad de ser contribuyentes.

    Este principio se extiende a la ley, aparentemente paradójica: incluso aquellos que dependen de la caridad están obligados a dar. Recibir pasivamente y sin acción, es inherentemente humillante.
    La Tzedaká, por consiguiente, debe ser no solo en un apoyo material, sino una herramienta para restaurar la dignidad. La forma más elevada, según Maimónides, no es simplemente dar limosnas, sino empoderar a alguien para que sea autosuficiente.

    El Mishkán, aparentemente insignificante en comparación con la grandeza del universo, se convierte en una metáfora de esta generosidad divina. Al aceptar nuestras ofrendas, por pequeñas que sean, Dios reconoce nuestro valor inherente. No somos receptores pasivos de la gracia; somos socios, capaces de dar.

    La palabra «Terumá», traducida como ofrenda, literalmente significa «algo que levantamos».
    Esa precisamente es la idea que hay detrás del arte de dar.
    Aquel que da, generosamente, sin ánimo de recibir absolutamente nada a cambio, se está levantando y ayuda a elevar a otros.
    La verdadera elevación en la vida no proviene de lo que recibimos, sino de lo que damos. Cuanto más contribuimos, más se enriquecen nuestras propias vidas.

    Aplicación Moderna:

    • Reflexiona sobre tu vida. ¿Estás más centrado en adquirir o contribuir? ¿Cómo puedes cambiar tu enfoque para experimentar una mayor satisfacción?
    • Considera las oportunidades para empoderar a otros: voluntariado, tutoría o incluso pequeños actos de amabilidad.
    • Recuerda que dar no siempre es material. Compartir tu tiempo, tus habilidades o simplemente un oído atento puede marcar una gran diferencia.

    ¡Shabat Shalom!

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  • De pantallas a presencia: Construyendo santuarios del corazón

    En un mundo repleto de pantallas y tecnología, ¿estamos realmente viviendo o solo documentando la vida? Esta es la pregunta que emerge del relato de un abuelo que presencia un recital escolar donde padres filman a sus hijos en lugar de disfrutar el espectáculo.

    Su experiencia se convierte en una poderosa analogía de nuestra época: vivimos obsesionados con capturar recuerdos que olvidamos experimentar el presente.
    Nos convertimos en espectadores pasivos, filtrando la realidad a través de lentes tecnológicos.

    La Torá nos ofrece una alternativa. En la Parashá Terumá, Dios llama al pueblo de Israel a construir un Mishkán, un santuario portátil. Pero no busca ofrendas materiales, sino ofrendas del corazón: generosidad, devoción y autenticidad.
    El verdadero Mishkán, la verdadera morada de Dios, es el interior de cada ser humano.

    Del mismo modo, la construcción de una vida plena requiere cultivar nuestro interior.
    Necesitamos cultivar corazones compasivos, llenos de amor y una humanidad genuina. Las apariencias externas importan poco; lo que verdaderamente importa es la riqueza de nuestros pensamientos y emociones.

    Esta semana te invito a reflexionar:

    • ¿Cuántas veces captaste momentos en lugar de vivirlos?
    •  ¿Te permites la quietud y la presencia en tu vida diaria?
    • ¿Qué acciones puedes tomar para cultivar tu «santuario interior»?

    Te invito a que seamos protagonistas de nuestra historia, no meros espectadores. Dejemos las pantallas a un lado y abracemos la riqueza de la experiencia presente.

    Y a los padres del frente con sus dispositivos, por favor, siéntense y disfruten el espectáculo. Dejen que todos podamos hacerlo. Un fotógrafo profesional capturará los recuerdos al final.

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  • Sembrando semillas para el futuro judío: Reflexiones sobre la Parashá Teruma

    En esta semana de Parashá Terumá, me emociona compartir con ustedes un poderoso mensaje que nos invita a reflexionar sobre nuestro rol en la construcción de la vida judía, tanto a nivel personal como comunitario.

    La parashá nos cuenta sobre la construcción del Mishkán, el Tabernáculo portátil que albergó la presencia divina durante el éxodo del pueblo de Israel de Egipto. La lista de materiales necesarios es larga y diversa, desde oro y plata hasta telas y maderas. Pero, ¿qué hay detrás de estas ofrendas?

    Un Midrash citado por Rashi relata la historia de Iaacob, quien al llegar a Egipto, plantó árboles de acacia con la visión de que sus descendientes, generaciones más tarde, los utilizarían para construir el Mishkán. Efectivamente, la Torá nos dice que la madera de acacia fue la elegida para construir las paredes del Tabernáculo (Éxodo 26:15), cumpliendo la previsión de Iaacob.

    Esta historia nos enseña una lección valiosa: nuestro presente tiene el poder de impactar el futuro. Las semillas que plantamos hoy, ya sean acciones concretas o valores transmitidos, darán frutos en la vida de las generaciones venideras.

    ¿Cómo podemos aplicar esta enseñanza a nuestra realidad?

    • Seamos sembradores de semillas en nuestra comunidad:
      Participemos en actividades que fortalezcan los lazos comunitarios, apoyemos a las instituciones judías y hagamos espacio para la educación y la transmisión de valores.
    • Inspiremos a los jóvenes a preguntarse y buscar respuestas:
      No pretendamos darles respuestas predefinidas, sinolo que  fomente el diálogo, el pensamiento crítico y la exploración de su propia identidad judía.
    • Plantemos semillas en nuestra propia vida judía:
      Sea a través del estudio, la práctica de rituales, la participación en actividades culturales o el simple hecho de compartir con otros nuestra herencia, construimos un futuro judío más fuerte y significativo.

    Tal como los árboles de acacia plantados por nuestro patriarca, nuestras acciones e intenciones de hoy tienen el potencial de florecer y brindar refugio espiritual a las generaciones venideras. Seamos conscientes de nuestro rol y contribuyamos a construir un futuro judío vibrante, diverso y lleno de sentido.

    ¡Shabat shalom! Espero seguir aprendiendo con ustedes.

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  • Juntos hacemos comunidad

    En la parashá Terumá, vemos cómo la comunidad de los hijos de Israel se une en un esfuerzo colectivo para construir el Mishkán, el santuario portátil. Cada persona aporta sus donaciones y habilidades, y juntos crean un lugar sagrado donde la presencia divina puede habitar.
    Pero, explicita la Torá que, la Presencia no estaría en el santuario, sino resplandeciendo en el interior de cada uno de los integrantes de esa activa y unida comunidad.

    Esta historia nos enseña la importancia del trabajo comunitario y la colaboración. En nuestras propias vidas, también podemos lograr grandes cosas cuando nos unimos como comunidad. Cuando trabajamos juntos, nuestras fortalezas se multiplican y nuestras debilidades se compensan.

    El trabajo comunitario nos brinda la oportunidad de generar un impacto positivo en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Al unir fuerzas, podemos superar desafíos, construir cosas hermosas y promover el bienestar general.

    Cada uno de nosotros tiene algo valioso para ofrecer, ya sea tiempo, habilidades, conocimientos o recursos. Cuando nos comprometemos con el trabajo comunitario, nos conectamos con algo más grande que nosotros mismos y encontramos un propósito significativo.

    Así que, hoy te animo a buscar oportunidades para involucrarte en el trabajo comunitario. Puedes unirte a proyectos locales, participar en eventos de voluntariado o simplemente ofrecer una mano amiga a alguien que lo necesite. Recuerda que tu contribución, por pequeña que parezca, puede marcar una gran diferencia en la vida de los demás.
    Te invito a conocer la Comunidad Israelita Sefaradí del Uruguay, integrarla y hacer juntos que la divina presencia resplandezca en nuestras vidas.

    Cuando nos unimos como comunidad, desplegamos un poderoso espíritu de solidaridad y generosidad. Juntos, podemos construir un mundo mejor y crear un impacto duradero. ¡Inspírate en la parashá Terumá y sé parte activa del trabajo comunitario hoy!

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  • Parashá Terumá resumida

    La parashá Terumá se encuentra en el libro del Éxodo (Shemot) capítulos 25 al 27. Esta parashá presenta instrucciones detalladas sobre la construcción del Mishkán, el santuario portátil que los hijos de Israel debían erigir en el desierto durante su travesía hacia la Tierra Prometida.

    En Terumá, Dios le ordena a Moisés que recoja ofrendas voluntarias de la comunidad para construir el Mishkán. Estas ofrendas debían ser de corazón generoso y podían incluir materiales como oro, plata, bronce, telas preciosas, pieles de animales, madera, aceite, especias y piedras preciosas. Todos los que deseaban participar tenían la libertad de hacerlo, pero no se les obligaba a hacerlo.

    El Mishkán debía ser construido con gran detalle y precisión. Se describe la construcción del Arca del Pacto, una caja de madera de acacia cubierta de oro, que contenía las Tablas de la Ley. También se mencionan el candelabro de oro, la mesa de los panes de la proposición y el altar de incienso.

    Además, se detallan las instrucciones para la construcción del Tabernáculo, una tienda que albergaría el Arca y otros objetos sagrados. Se mencionan los materiales, las dimensiones y los accesorios necesarios para su construcción, así como la forma en que los objetos sagrados debían ser colocados y transportados.

    Terumá enfatiza la importancia de la belleza y la precisión en la construcción del Mishkán, ya que este sería el lugar donde la presencia divina residiría entre los hijos de Israel durante su travesía en el desierto. También destaca la importancia de la participación voluntaria de la comunidad en el proceso de construcción y la generosidad de corazón al ofrecer sus donaciones.

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  • Quejándonos menos, haciendo más: Un mensaje de la tradición judía

    En la vida, siempre habrá momentos difíciles. Es natural sentir frustración o enojo ante las dificultades. Sin embargo, la tradición judía nos enseña que no podemos quedarnos estancados en la queja o en la culpa.

    Quejarse y culpar a otros solo nos quita energía y nos aleja de la posibilidad de encontrar soluciones. En cambio, el judaísmo nos invita a enfocarnos en la acción, en hacer lo que esté en nuestras manos para mejorar la situación.

    Un ejemplo de esta enseñanza lo encontramos en la historia de Abraham y Sara. A pesar de las dificultades y la avanzada edad de ambos, no se rindieron en su sueño de tener un hijo. Con emuná y determinación, perseveraron hasta que finalmente se les concedió su deseo.

    ¿Cómo podemos aplicar este mensaje a nuestras vidas?

    • En lugar de quejarnos, preguntémonos qué podemos hacer para mejorar la situación.
    • En lugar de culpar a otros, concentrémonos en nuestras propias acciones.
    • No perdamos la esperanza. Sigamos adelante con emuná y confianza en Dios.
    • Hagamos nuestra parte y seamos motivadores para que los otros hagan la que les corresponde.

    ¡Shavua Tov!

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  • La verdadera misericordia: empoderando a la comunidad

    En esta ocasión, quiero hablarles sobre un valor fundamental en el judaísmo: la misericordia. Pero no cualquier tipo de misericordia, sino la auténtica, aquella que no nulifica ni manipula al receptor del bien, sino que realmente lo empodera para convertirlo en gestor de su libertad.

    La verdadera bondad no se trata de dar limosnas o condescender con los menos afortunados. Se trata de comprender las necesidades del otro y brindarle las herramientas para que pueda salir adelante por sí mismo.

    ¿Cómo podemos practicar la verdadera misericordia?

    • Identificando las necesidades reales de nuestra comunidad. No podemos ayudar si no sabemos qué necesitan.
    • Ofreciendo ayuda de forma desinteresada y sin esperar nada a cambio. La verdadera misericordia no busca reconocimiento ni recompensa.
    • Empoderando a las personas para que puedan tomar las riendas de su propia vida. No se trata de darles pescado, sino de enseñarles a pescar.
    • Desaprender todos los falsos valores que se nos han inculcado, para vivir con una perspectiva consciente y espiritual, listos para aprender del camino de la virtud.
    • Quejándonos menos y echando menos culpas, para estar con más energías para hacer más y mejor.

    Un ejemplo de la verdadera misericordia en la Torá

    En la parashá de esta semana, Mishpatim, encontramos un ejemplo de la verdadera misericordia. La Torá ordena que si un animal se cae en un pozo, debemos ayudarlo a salir, incluso si no es nuestro.

    ¿Por qué?

    Porque la vida de cualquier criatura tiene valor. Pero más que eso, porque ayudar a un animal que se encuentra en dificultades es un acto de compasión que nos eleva como seres humanos.

    Te propongo entonces, un llamado a la acción

    Hermanos y hermanas, hagamos de la genuina acción solidaria un pilar de nuestra comunidad. Trabajemos juntos para empoderar a las personas y construir un mundo más justo y equitativo.

    Comencemos hoy mismo.

    ¡Shavua Tov!

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  • La libertad: Un pilar del judaísmo y un mensaje de inspiración para la humanidad

    En esta semana leemos la porción de la Torá Mishpatim, que significa “sentencias”. Y entre todas estas leyes, encontramos un tema central: la libertad.

    El judaísmo considera la libertad como un derecho fundamental del ser humano. Desde la creación del hombre a imagen de Dios, la Torá nos enseña que somos seres libres, capaces de tomar nuestras propias decisiones y responsables de nuestros actos.

    La libertad no es solo un concepto abstracto, sino que tiene implicaciones concretas en la vida diaria. La Torá establece una serie de leyes que protegen la libertad individual, como la limitación de la esclavitud, el derecho a un juicio justo y la libertad de expresión.

    Pero la libertad no se limita a la esfera individual. La Torá también nos enseña que la libertad es crucial para el bienestar de la sociedad en su conjunto. Una sociedad libre es una sociedad donde todos pueden participar en la vida pública, donde se respetan las diferentes opiniones y donde se puede trabajar por un futuro mejor.

    ¿Qué mensaje nos ofrece la libertad en el contexto actual?

    En un mundo donde la libertad se ve amenazada por el autoritarismo, la intolerancia y la discriminación, el mensaje del judaísmo es más importante que nunca.

    Debemos defender la libertad individual y luchar por una sociedad donde todos sean libres. La libertad no es un regalo, sino una conquista que debemos defender cada día.

    ¿Cómo podemos defender la libertad?

    • Educándonos sobre la importancia de la libertad y los derechos humanos.
    • Alzando la voz contra las injusticias y la opresión.
    • Participando en la vida pública y trabajando por un futuro mejor.
    • Profundizndo en las fuentes sagradas, de la mano de expertos sabios entendidos en Torá y en la actualidad.
    • Promoviendo la misericordia, la auténtica que no nulifica ni manipula al receptor del bien, sino que realmente lo empodera para convertirlo en gestor de su libertad.

    La libertad es un pilar del judaísmo y un mensaje de inspiración para la humanidad. En un mundo que necesita más libertad, debemos ser los guardianes de este valor fundamental.

    ¡Shavua Tov!

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  • Inspirándonos en Mishpatim: Construyendo un mundo mejor

    En esta semana leemos la porción de la Torá Mishpatim, que significa «leyes». En ella encontramos una gran cantidad de normas y principios que rigen la vida social y moral del pueblo judío. Pero más allá de ser un conjunto de reglas, Mishpatim nos ofrece una profunda enseñanza sobre cómo construir un mundo mejor.

    Un mundo donde la justicia sea la base de la sociedad. La justicia no se trata solo de castigar a los malhechores, sino de crear un sistema que proteja a los más vulnerables y garantice la igualdad de oportunidades para todos. Mishpatim nos invita a reflexionar sobre nuestro rol en la construcción de una sociedad justa y equitativa.

    Un mundo donde la compasión y la empatía sean valores fundamentales. La Torá nos enseña que no podemos vivir en una sociedad donde solo importa el éxito individual. Debemos preocuparnos por el bienestar de nuestro prójimo, especialmente de aquellos que están en una situación de dificultad.

    Un mundo donde la responsabilidad individual sea parte de nuestro ADN. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de contribuir al bienestar de la comunidad. No podemos ser indiferentes a lo que sucede a nuestro alrededor.

    ¿Cómo podemos poner en práctica estos principios?

    • Involucrándonos en nuestra comunidad. Hay muchas maneras de ayudar a los demás, desde ofrecer nuestro tiempo como voluntarios hasta donar a organizaciones benéficas.
    • Denunciando las injusticias. Si vemos algo que no está bien, no podemos quedarnos callados. Debemos alzar la voz y luchar por lo que es correcto.
    • Educándonos a nosotros mismos y a nuestros hijos sobre la importancia de la justicia social. La educación es la clave para crear un futuro mejor.
    • Realizando acciones de bondad, de verdadera y generosa bondad, sin esperar nada a cambio.

    Mishpatim nos recuerda que todos tenemos la capacidad de hacer del mundo un lugar mejor. Trabajemos juntos para construir una sociedad más justa, compasiva y responsable.

    ¡Shavua Tov!

     

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