Categoría: 07 Teruma

El Arca de la Alianza no estaba hecho completamente de oro, para que fuera lo suficientemente liviano como para ser portado por los Levitas, que eran los que debían transportarlo.
Esto nos recuerda que está…

  • Parashá Terumá resumida 5782

    La parashá Terumá comienza con el mandato del Eterno:

    «Di a los Hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda.»
    (Shemot/Éxodo 25:2).

    ¿Te diste cuenta de que el Todopoderoso, el Creador, el Amo del universo, el Señor de señores, está pidiendo que la gente done para él objetos materiales y que esa contribución sea hecha de corazón, es decir, de manera genuina y sin esperar nada a cambio?

    Tomando en consideración esta pregunta, dejo expuestos tres aspectos que son muy llamativos, y que pudiera haber más en este primer versículo:

    1. Dios pide de los humanos donaciones materiales, en lugar de proveer Él milagrosamente, de manera sobrenatural, o de forma natural, pero sin intervención humana.
    2. Él pide la donación de objetos materiales, o sea, no cánticos, plegarias, buena onda, fe, estudio, repetición de lemas y cosas inmateriales por el estilo; Él pide objetos materiales, que de paso te cuento, eran muchos de ellos bastante costosos, por no decir carísimos.
    3. La donación debe ser hecha de manera desinteresada, o sea, sin esperar nada a cambio de parte de Dios ni de la sociedad.

    ¿No te da para pensar muchas cosas estas reflexiones tan poderosas?
    A mí si, pero, como es solamente un resumen de la parashá, lo dejo por acá para seguir exponiendo el contenido de la misma de manera sucinta.

    Las donaciones solicitadas incluyen los materiales más costosos:

    «oro, plata, bronce, material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice y piedras de engaste…»
    (Shemot/Éxodo 25:3-7)

    ¿Y para qué deberían los hijos de Israel mostrar tanta generosidad?

    Pues, Dios se encarga de decirlo:

    «Que Me hagan un santuario, y Yo habitaré dentro de ellos.»
    (Shemot/Éxodo 25:8)

    Te pido que prestes atención que no dice Dios que morará dentro del santuario, sino dentro de ellos, es decir, de los israelitas.
    Otra vez, algo excesivamente llamativo en pocas líneas, que se traduce en un poderoso mensaje que atraviesa las generaciones, pero que, tristemente, los piratas de la fe han borroneado hasta que no se tiene clara consciencia de lo que pide Dios y cómo es nuestra relación con Él.
    A tomar en cuenta, pero sigamos con el resumen.

    Todas las materias primas preciosas se utilizarán para la construcción de un templo portátil, que se puede plegar y erigir durante los paseos que harán por el desierto.
    Recuerda que el plan original era que los israelitas entraran pocos meses después de la salida de Egipto.
    Lo que se retrasó a causa del becerro de oro hasta dos años; pero luego, por el pecado de los exploradores, la travesía se extendió hasta 40 años.
    Durante ese tiempo Dios «habitaba», por decirlo de alguna manera, en ese santuario, en medio de los israelitas.
    Es por ello que aquel santuario en hebreo se llama en hebreo ‘Mishkán’, que hace alusión a la Shejiná, a morar, a presencia. De allí que Shejiná sea la Divina Presencia.
    ¿Qué es y cómo ha de entenderse?
    Pues, son ideas inconcebibles para quien no las ha vivido, podemos imaginar cosas, pero ciertamente no coincidirán con experimentar la Shejiná. Por tanto, lo mejor que podemos hacer es no tratar de describir, ni de teorizar, para que la fantasía no nos lleve hacia caminos erróneos, de idolatría y superstición; como tristemente pasa con tanta gente incluso hoy en día.

    Dios le da a Moshé instrucciones precisas para la construcción, incluso le muestra en imágenes proféticas cómo deben ser los elementos, la disposición, la estructura, etc.
    No queda librado al azar ni a la imaginación, sino al plan diseñado por Dios hasta en sus detalles.

    Luego la parashá nos describe algunos de los elementos que constituirán el mobiliario sagrado del templo, los describe y presenta; así como también a diferentes estructuras de la edificación plegable que están dispuestos a construir.



    https://serjudio.com/apoyo

    VISITA nuestro canal en YouTube

    https://youtube.com/yehudaribco

  • Edificar un santuario para el Dios

    Desde siempre se ha dicho en la tradición judía que la construcción del santuario en el desierto (cinco parshiot a partir desde Terumá) tiene una correlación con la creación del universo (parashat Bereshit).

    Resulta altamente llamativo que para la creación del universo el relato de la Torá emplea aproximadamente 30 versículos, en tanto que para en lo concerniente la edificación de una pequeña tienda, de reducidas dimensiones en mitad del desierto, usa más de diez veces esa cantidad de versículos.

    Entonces surge la pregunta obvia: ¿por qué esta gran diferencia?

    ¿Por qué para una pequeña casita perdida en un puntito del universo se precisan tantos detalles, tantos elementos, tantas descripciones y sin embargo se es tan resumido con la creación de todo el universo?

    Una de las respuestas es que el relato en Bereshit es oportuno para que tengamos en cuenta que hay un Creador, que el universo no es producto del azar, que no estamos perdidos en mitad de la infinita nada cósmica. El relato del inicio nos revela la santidad de todo lo creado, su conexión con el Eterno, nuestro lugar en la creación. Sin dudas que es algo valioso y fundamental, y sin embargo hay algo mucho más necesario y poderoso.

    Porque es mucho más importante que tengamos en cuenta qué se precisa para llevar adelante una vida de santidad de manera cotidiana, de manifestar a Dios en nuestra vida en este mundo.

    Porque, precisamente para eso es que estaba el santuario en el desierto.

    Para enseñarnos a edificar una casa que simbólicamente sería residencia del creador en este mundo.

    Pero más allá de esto, era el lugar para unificar a las personas entre sí y con el Creador.

    El punto de encuentro, el sitio para revelar la Divina Presencia cuando nos faltaba la conciencia de ella en nuestras vidas.

    Pero incluso mucho más importante que esto, es que la edificación de santuario nos entrenaría para edificar nuestro propio edificio interior y lograr que nuestra personalidad sea un reflejo de nuestro espíritu. Porque se nos pide desprendimiento, dedicación, solidaridad, entrega, responsabilidad, compromiso, esfuerzo, trabajo y un sinnúmero de otras conductas que fortalecen los mejores aspectos de la persona y con ello se fortalece también a la sociedad.

    Los actos de edificación del santuario sobrepasan en mucho el mero trabajo del arquitecto, diseñador, constructor, ingeniero, etc. Porque apuntan a la tarea interminable de perfeccionar a cada persona, de acuerdo a cuánto esté dispuesta a mejorarse.

    Es por eso que abunda tanto el relato de la edificación del santuario, para que encontremos las herramientas prácticas para mejorar nuestra vida individual y colectiva.
    Así se entiende perfectamente este versículo casi al comienzo de la parashá Terumá:

    «Que Me hagan un santuario y Yo habitaré dentro de ellos.»
    (Shemot/Éxodo 25:8)

    El santuario no era el lugar para que el infinito estuviera contenido, sino la excusa para que el infinito se manifestara en nuestra interioridad.

    Si este texto te ha resultado de bendición, compártelo y ayúdanos a seguir difundiendo la Luz espiritual: https://serjudio.com/apoyo

    Recemos por el pronto y total restablecimiento de la hija de nuestro querido amigo Edgar JT, Darinka, que está pasando un momento difícil en su salud.

  • ¿Estamos dando o recibiendo?

    «El Eterno habló a Moshé diciendo: ‘Di a los Hijos de Israel que tomen para Mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis Mi ofrenda.»
    (Shemot/Éxodo 25:1-2)

    Así comienza esta semana la parashá Terumá.
    Es evidente que salta a la vista que hay un problema en el pedido de Dios, porque lo correcto hubiera sido que dijera: “que DEN para Mí una ofrenda”; sin embargo explícitamente está diciendo: “que tomen para Mí”.
    Si las personas del pueblo judío tenían que dar su ofrenda, entonces, ¿por qué el Todopoderoso dice que la tomen?
    ¡A lo menos es bastante extraño!

    Una de las respuestas habituales es la que nos explica que cuando hacemos obras espirituales nunca estamos perdiendo nada, ni tiempo, ni dinero, nada; NO estamos DANDO; por el contrario estamos recibiendo.
    Cuando sacamos plata de nuestro bolsillo para hacer tzedaká, o colaborar con la difusión de valores de la Torá, o para el templo, o cualquier otra tarea de índole espiritual, ciertamente por un rato tendremos menos dinero disponible, pero el efecto positivo en nuestra vida será tanto en lo material como en lo espiritual.
    Esa es una promesa de Dios.
    Por ello cuando Él pide que la gente contribuya para edificar un santuario en Su honor, nos está enseñando que finalmente no estamos dando, sino recibiendo.
    Aquí pues un tremendo secreto para enriquecernos y crecer espiritualmente: ser nobles y generosos.

    Sin embargo, la entrega tiene que ser realmente desinteresada, sin esperar nada a cambio.
    Porque si lo hacemos con otra intención que no sea estrictamente la de realizar una obra de carácter espiritual, la estamos transformando en una comercialización, en un intercambio, en una manera de pretender manipular al Eterno y por lo tanto ya no corre el efecto beneficioso automático.
    Esto es, si uno quiere ser recompensado por el Todopoderoso tiene que abstenerse de estar pendiente de ser recompensado.
    ¡Paradójico!

    Sin embargo, así se entiende la famosa Mishná:

    “Antígonos ciudadano de Sojo, que recibió la tradición de Shimon el Justo, decía:  No seáis como servidores que sirven a su amo pensando en su recompensa; más bien, sed como servidores que sirven a su amo sin pensar en la recompensa y el temor del cielo sea sobre vosotros.”
    (Avot 1:3)

    ¡Está clarísimo!
    Nuestras acciones espirituales deben ser completamente desinteresadas, sin esperar ninguna recompensa por ellas.
    Cuando actuamos con esa sinceridad el resultado será obtener grandes recompensas.

    Volviendo al versículo del principio, Dios quiere que entendamos y usemos la clave para prosperar y ser bendecidos materialmente.
    Que aprendamos a desprendernos de los afanes materiales, que no continuemos siendo esclavos de las apetencias del EGO, porque es solamente así que uno logra disfrutar de todo tipo de bendiciones, entre las que se encuentran también las materiales.
    Sin olvidar que tampoco está en la cantidad de bienes materiales la fuente de nuestra riqueza y alegría, sino en cómo disfrutamos sinceramente de aquello que poseemos en este momento.
    Es decir, una persona puede ser inmensamente rica en dinero, pero grandemente triste y amargada en su experiencia. En tanto que puede haber otra persona que cuente con poca disponibilidad monetaria, pero sea inmensamente agradecido, esté satisfecho sin por ello estar resignado a no aumentar su prosperidad.

    En síntesis, ninguna persona pierde cuando realiza un mandamiento, siempre y cuando sea haga con las intenciones correctas.
    Aprendamos a ser generosos, a ser solidarios, a ser agradecidos, a ayudar a aquellos que nos enseñan los caminos de la espiritualidad, porque entonces seremos mucho más ricos y dichosos.

    Siendo así, colabora con nuestra causa de difusión de valores espirituales: https://serjudio.com/apoyo

  • Tu aceite mantiene la LUZ

    Nos encontramos con una gran sorpresa… ¿o no tanto?
    Veremos.

    Al comienzo de la parashá TETZAVÉ encontramos:

    «וְאַתָּ֞ה תְּצַוֶּ֣ה ׀ אֶת־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֗ל וְיִקְח֨וּ אֵלֶ֜יךָ שֶׁ֣מֶן זַ֥יִת זָ֛ךְ כָּתִ֖ית לַמָּא֑וֹר לְהַֽעֲלֹ֥ת נֵ֖ר תָּמִֽיד:
    ‘Tú mandarás a los Hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro y puro para la iluminación, a fin de hacer arder continuamente las lámparas.»
    (Shemot/Éxodo 27:20)

    En tanto que en la parashá de la semana pasada, TERUMÁ, leemos:

    «דַּבֵּר֙ אֶל־בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֔ל וְיִקְחוּ־לִ֖י תְּרוּמָ֑ה מֵאֵ֤ת כׇּל־אִישׁ֙ אֲשֶׁ֣ר יִדְּבֶ֣נּוּ לִבּ֔וֹ תִּקְח֖וּ אֶת־תְּרֽוּמָתִֽי:
    ‘Di a los Hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda.
    וְזֹאת֙ הַתְּרוּמָ֔ה אֲשֶׁ֥ר תִּקְח֖וּ מֵֽאִתָּ֑ם זָהָ֥ב וָכֶ֖סֶף וּנְחֹֽשֶׁת:
    Ésta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, bronce,
    וּתְכֵ֧לֶת וְאַרְגָּמָ֛ן וְתוֹלַ֥עַת שָׁנִ֖י וְשֵׁ֥שׁ וְעִזִּֽים:
    material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra,
    וְעֹרֹ֨ת אֵילִ֧ם מְאׇדָּמִ֛ים וְעֹרֹ֥ת תְּחָשִׁ֖ים וַֽעֲצֵ֥י שִׁטִּֽים:
    pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia,
    שֶׁ֖מֶן לַמָּאֹ֑ר בְּשָׂמִים֙ לְשֶׁ֣מֶן הַמִּשְׁחָ֔ה וְלִקְטֹ֖רֶת הַסַּמִּֽים:
    aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático,
    אַבְנֵי־שֹׁ֕הַם וְאַבְנֵ֖י מִלֻּאִ֑ים לָֽאֵפֹ֖ד וְלַחֹֽשֶׁן:
    piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.
    וְעָ֥שׂוּ לִ֖י מִקְדָּ֑שׁ וְשָֽׁכַנְתִּ֖י בְּתוֹכָֽם:
    Que Me hagan un santuario, y Yo habitaré dentro de ellos.»
    (Shemot/Éxodo 25:2-8)

    Para los materiales carísimos, tales como oro, plata, púrpura, madera de acacia, etc. Dios le dice a Moshé que hable con los judíos para que voluntariamente los traigan.
    Y os judíos respondieron inundando el tesoro del futuro santuario con todo lo pedido y mucho más, hasta el punto que Moshé tuvo que salir a pedirles que dejen de traer donaciones.
    Bastaba y sobraba con lo que generosamente habían colaborado.

    Pero resulta que para pedir el modesto aceite para la iluminación, Dios le dice que mande a los judíos traerlo.
    ¿Cómo es esto?
    ¿Cómo entender que para requerir materiales finos, suntuarios, de alto costo se pida la colaboración voluntaria y sin embargo para algo tan corriente como el aceite para usar a diario se precisaba de la orden, de la voz autoritaria reclamando la entrega?

    Nuestra Tradición aporta algunas respuestas para esta interesante cuestión, compartiré un par ahora contigo.

    La primera.
    Cuando se pide una donación por única vez para una finalidad importante, la gente puede estar reticente pero finalmente abrirá su bolsillo.
    Podrá dolerles el gasto, inversión o como le quieras decir, pero encontrarán argumentos para auto convencerse para realizarlo.
    Pero cuando se trata de un aporte cotidiano, diario o mensual, para sostener la carísima obra que ayudaron a levantar, entonces no habrá mucha simpatía.
    Por eso se precisa el mandato de parte del líder, que se entienda que acá no corre la bondad sino la justicia.
    Es tu deber aportar a la sagrada tarea y no dar excusas.
    La obra santa se realiza a diario, constantemente, por tanto no vale defenderte diciendo que aportaste una fortuna para levantar el templo, ahora debes seguir contribuyendo.
    De últimas, ¡es para tu beneficio!

    La segunda.
    Cuando hay muchos alrededor para realizar una tarea, uno confía en que le otro la hará y por tanto uno mismo no la hace.
    Es un hecho comprobado por la psicología.
    Por ejemplo, si estás en un camino apartado y escuchas gritos pidiendo auxilio, irás tú o llamarás al 911. Algo harás, porque te sientes directamente comprometido.
    Pero si los gritos son en una calle concurrida, con mucha gente, edificios, etc.; uno cree que otro se encargará, alguien ya llamó. Se diluye la responsabilidad en la creencia de que donde todos están nadie se hace cargo.
    Nos viene a enseñar la Torá que no te dejes descansar en que el otro hará tu parte. Tú haz lo que tienes que hacer sin tomar en cuenta si otro hará lo tuyo.
    A la hora de colaborar con la obra de Dios tampoco des excusas ni te confíes en que otros están haciendo. Es tu DEBER y responsabilidad tomar la tarea y hacer lo que te corresponde.

    Grandes enseñanzas que podemos tomar para nuestra vida.
    También para apoyar nuestra tarea de educación de espiritualidad, de difusión de valores sagrados.
    Porque, ¿tú has contribuido ya con nuestro trabajo?
    ¿Eres socio activo de esta gran obra sagrada o solamente un tomador de beneficios que escudado en el anonimato se llena egoístamente?

    Espero tu colaboración a través de http://serjudio.com/apoyo porque no hay excusas para no contribuir con el aceite que mantiene encendida la llama sagrada de este templo.
    Shabat Shalom

  • Tu terumá para elevarte

    Una amable y atenta señora que concurre y participa activamente en cuestiones de mi comunidad (Sefaradita del Uruguay) me dijo esta semana:

    “… cada uno de nosotros somos importantes, únicos e irrepetibles y cuando estamos en el templo (beit kneset, sinagoga) buscamos estar más cerca de Hashem (Dios) y encontrar la paz espiritual que todos necesitamos…”

    Podría hacer una análisis detenido de la hermosa frase, pero no es intención, sino simplemente leerla en su literalidad, contemplarla, compartirla y también encontrarle una relación directa con la parashá que leemos esta semana “Terumá”.

    Porque, en la parashá el Eterno solicita que la gente done generosamente los materiales para la construcción del Templo portátil, el Tabernáculo, el Mishcán, que acompañó a los judíos en el desierto y fue centro de la vida ritual/espiritual hasta la construcción del Templo en Ierushalaim por parte del rey Shelomó.
    Se enumeran los elementos necesarios y entonces hay una frase famosa, pero al mismo tiempo enigmática, pues dice el Eterno: “me harán un santuario y reposaré en ELLOS”.
    No dice que Su Presencia estará en el templo.
    Claramente dice dos cosas muy diferentes:

    1. Él será quien more y no Su Presencia.
    2. Morará en ELLOS, es decir, en las personas que participan activamente (directa o indirectamente) de la construcción y mantenimiento del Templo.

    Dios no precisa del templo, somos nosotros.
    Dios se encuentra en todas partes, aunque no Lo sintamos. Por ello, somos nosotros los que debemos abrir nuestro corazón para darnos cuenta de que Él está con nosotros.
    La forma de estar dispuestos a percibirLo es cuando dejamos de actuar de forma egoísta, para dedicarnos de lleno a construir shalom, por medio de bondad Y justicia.
    Entonces, con nuestras buenas acciones no solamente elevamos el nivel de vida de los receptores de nuestro beneficio, sino también el nuestro. De esa forma, estamos convirtiéndonos en lo que somos desde el nacimiento: templos para el Eterno.

    ¿No es exactamente lo que ha dicho la amable señora?

    Algunos encuentren que trabajar por el bien de la comunidad es su forma de elevarse y elevar a otros.
    Otros puede ser que lo hagan con actividades de beneficencia.
    Otros estudiando Torá.
    Otros respetando normas rituales.
    Otros salpicando con unas cosas y otras.
    Otros de otras formas, que todas ellas terminan siendo en su base lo mismo: construcción de Shalom.

    Pongámonos a trabajar en ello.

  • Falsas lealtades

    Hay mandatos familiares que se pasan de una generación a la siguiente.

    Están los explícitos, aquellos que son marcados y codificados, decretados y grabados a fuego. Esto es lo que debes, esto es lo que no debes. Esas son las reglas de esta familia. Cual barrotes de una prisión, determinan, limitan, marcan la pertenencia.

    Y están los mandatos que no son explícitos. Son transmitidos por gestos, insinuaciones, tonos, silencios, rituales sin explicación, repeticiones sin contexto ni sentido, palabras que encubren significados, secretos de familia.
    Entonces, los miembros del grupo se encuentran enredados, en esa tela pegajosa que los tiene atrapados, inmovilizados, ahuecados, inmóviles pero al mismo tiempo golpeando al vacío para destruir fantasmas enemigos.

    Así podemos descubrir diversos personajes que viven y reviven similares situaciones, como si estuvieran detenidos en un espejo que congela el tiempo.

    Gente que vive sus propias circunstancias, pero de acuerdo a los reglamentos que les inscribieron y ellos adoptaron como verdad; sin resolver las cuestiones, puesto que no las enfrentan en verdad, sino solamente como referencias a esos asuntos familiares que les dan forma. Con finalidades que les son ajenas, aunque pudieran sentir el éxito y la victoria como propios.

    Sin saberlo, sin reconocerlo, lo habitual es continuar repitiendo esas tradiciones familiares, al pensar, sentir, hablar, criar, actuar, responder, huir, etc.
    Sin preguntas, sin cuestiones, sin evaluaciones, solamente cumpliendo el programa armado con los mandatos, más las reacciones que se producen de manera natural desde el EGO.
    Quien se queja, sufre el destierro.
    Quien pregunta, es un enfermo.
    Quien cambia, un rebelde.
    Quien rompe el mandato, alguien merecedor del peor destino.

    Así, los lemas que mantienen la manipulación se fortalecen.
    Uno es parte del sistema de sometimiento, sometiendo a otros, sometiéndose a otros, sometiendo la propia conciencia al mandato.

    Hay maneras de crear una realidad alternativa.
    Una de ellas la provee este pasaje (parte de la Haftará de esta semana, parashá Terumá):

    «Entonces vino la palabra del Eterno a Shelomó [Salomón], diciendo:
    ‘Respecto a este templo que tú edificas, si caminas en Mis estatutos, y pones por obra Mis decretos, y guardas todos Mis mandamientos andando de acuerdo con ellos, Yo cumpliré contigo Mi palabra que hablé a tu padre David: Habitaré en medio de los Hijos de Israel, y no abandonaré a Mi pueblo Israel.’»
    (1 Melajim / I Reyes 6:11-13)

    Supongo que lo que he explicado en estas pocas líneas debe ser bastante denso, de dificultosa captación, por lo cual te pediré que comentes aquí debajo qué es lo que has podido entender hasta ahora de esta temática. Gracias.

  • El Mishkán personal

    En el desierto el Eterno ordenó la construcción de lo que en español se conoce como Tabernáculo.
    En hebreo se denomina Mishkán.
    Proviene de la voz “lishkon”, que es asentarse, morar.
    De esta misma voz proviene “shejuná”, que es vecindario; así como “shajén”, que es vecino.
    También “Shejiná”, que es la Divina Presencia.
    Así pues, Mishkán sería comprensible como el sitio para la morada de Dios.
    Por supuesto que morada no ha de entenderse en el sentido literal, finito, idolátrico, sino más bien como un lugar de encuentro particularmente designado, allí en donde Dios aguarda al hombre. Ese sitio puede ser cualquiera, porque no hay lugar fuera de la supervisión constante de Dios. Pero, es el hombre el que precisa de un lugar particular, algo que lo defina, algo que lo enfoque.
    Así como todos los días son de Teshuvá –arrepentimiento-, pero se hace hincapié al respecto alrededor de Rosh HaShaná. Todos los días son para ser felices, pero se remarca esto durante el mes de Adar –que estamos iniciando ahora justamente-.
    Todos los tiempos y lugares son para el crecimiento, para el encuentro con Dios, para descubrir nuestra multidimensionalidad y unificarnos, pero precisamos de recordatorios, mojones, instituciones que nos lo tengan a la vista.
    Tal sería este Mishkan, el lugar de encuentro con Dios, no por ser el único, sino por ser el señalado para tal fin.
    Al respecto dice el Eterno:

    וְעָשׂוּ לִי, מִקְדָּשׁ; וְשָׁכַנְתִּי, בְּתוֹכָם

    "Que Me hagan un santuario, y Yo habitaré dentro de ellos."
    (Shemot / Éxodo 25:8)

    Un santuario, un Mikdash, para reposar entre los judíos. (Dice realmente dentro de los judíos, pero no me extenderé en este tema que ya lo he tratado en otras oportunidades. Es muy interesante y te recomiendo que uses el buscador aquí arriba para encontrar más al respecto).

    Un santuario al que se le acostumbró a  llamar Mishkán, el lugar para que la Presencia habite (por así decirlo) en comunión con la nación judía.
    Esto podría parecer como una exigencia terrible para el pueblo, pues implicaría la imperiosa necesidad de estar en estado de “consagración” y “pureza” constantes, sin margen para cometer el mínimo error. Tal como fuera mencionado:

    "El Eterno dijo a Moshé [Moisés]: -Desciende y advierte al pueblo, no sea que traspasen el límite para ver al Eterno y mueran muchos de ellos.
    Santifíquense también los sacerdotes que se acercan al Eterno, no sea que el Eterno acometa contra ellos."
    (Shemot / Éxodo 19:21-22)

    Evidentemente estar ante la Divina Presencia no parece cosa de todos los días, sería indispensable un estado de lucidez, de pureza, de santificación, de apartamiento de las cosas “mundanas”, so pena de morir, de ser “acometidos” por las poderosas fuerzas de la santidad que no toleran la manchas de la oscuridad.

    PERO, ¡oh sorpresa!
    Tenemos evidencia de otra cosa:

    לְאֹהֶל מוֹעֵד, הַשֹּׁכֵן אִתָּם, בְּתוֹךְ טֻמְאֹתָם

    "… el tabernáculo de reunión, el cual habita con ellos en medio de sus impurezas."
    (Vaikrá / Levítico 16:16)

    Dios está con nosotros, en medio de nuestros errores.
    Él no nos abandona nunca.
    No hay un pecado original, o repetido, que quiebre el sagrado lazo con Él.
    Nosotros podemos alejarnos con nuestra conducta, confundirnos con nuestras creencias, embotarnos con nuestros pensamientos, sentirnos sin Dios o absolutamente lejos de Él; pero, Él está aquí, ahora, conectado contigo, con su Luz en ti, Su espíritu morando en tu interior.
    Tus actos negativos te perjudican, y a tu prójimo.
    Tu estilo de vida no acorde con los mandamientos te hacen vibrar negativamente, en estado de impureza, de desconexión.
    Pero allí, sin pausa está Su Presencia, morando, a la espera, pacientemente aguardando a que despierte tu conciencia espiritual y comiences el proceso de crecimiento, de reencuentro con tu identidad, de unificación.

    Para esto están los mandamientos de la Torá para la nación judía, así como los Siete Mandamientos Fundamentales para los gentiles.
    Para que el hombre encuentre el modo de encontrarse consigo mismo y de ese modo con Dios.
    En nuestro ser está el sagrado Mishkán, nuestro espíritu, sin importar que tanto “pecamos”. 
    Es por nuestro beneficio si lo sabemos y nos preparamos para adentrarnos en este santuario interior, si armonizamos nuestra existencia para estar acordes con el Eterno.

    Esa “tienda de reunión”, ese lugar sagrado te habla:

    " tabernáculo de reunión, donde Me encontraré contigo para hablarte allí.
    También Me encontraré allí con los Hijos de Israel, y el lugar será santificado por Mi gloria."
    (Shemot / Éxodo 29:42-43)

    Esa vocecita de la conciencia espiritual, de Dios, que nos habla en silencio, desde lo más profundo. No precisa de clamores, ni de rituales, ni de preciadores vociferantes, ni de palabras extrañas, sino que desde tu interior te llama, te encamina, te abraza, te insta a que te encuentres con tu verdadero ser. Que seas noájida si eres gentil, que cumplas lo que te corresponde de los 613 si eres judío.
    Sí, esa suave voz que contiene santidad e impulsa a la vida (1 Melajim / I Reyes 19:12).

    Por supuesto que el EGO tiene sus voces. algunas pueden disfrazarse de santidad. Es parte del truco de manipularte. Te confundirán con susurros que a toda vista parecen coherentes, llenos de religiosa importancia. Pero, no deja de ser la seducción del EGO. El falso profeta que te habla de “paz, paz” pero te lleva al desastre.

    Entonces, está en ti conocerte, definirte, diferenciar lo que es deseo del EGO de la voluntad sagrada.
    Está en ti reconocer la santidad de tu vida y procurar fortalecerte para ser digno de lla.
    Está en ti vivir como constructor de Shalom, con sentido, sabiendo "para qué” haces las cosas, entonces serás una mejor residencia para el Eterno.

  • Oro, plata, cobre

    Oro, plata y cobre

    (Esta semana corresponde leer la parashá llamada Terumá ("Ofrenda") que es la séptima del segundo tomo de la Torá, el sefer Shemot, conocido en español como "Éxodo").

    Entre los quince elementos que la Torá indica como ofrendas destinadas a servir en la obra de construcción del Santuario, hallamos los siguientes:

    "Ésta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, bronce…"
    (Shemot / Éxodo 25:3)

    Cada uno de estos metales está en representación de un nivel diferente de tzedaká (justicia social, o caridad), y de paso sirve para ilustrar tres estilos de vida:

    Oro: éste representa a la caridad que la persona da cuando ella y todo lo suyo están sanos y las cosas van bien. Es una dádiva generosa, sin el ánimo visible de reclamar por necesidades reales y urgentes. En su grado máximo es la generosidad que da, por amor al que recibe.
    Si bien, a veces, en el fondo del alma del donante, suele subyacer un interés personal, egoísta; al respecto, tomemos el ejemplo que nos ilustra acerca de esto en la actitud inicial de Iyov/Job:

    "Levantándose muy de mañana, ofrecía holocaustos conforme al número de todos sus hijos.
    Pues decía Job: ‘Quizás mis hijos habrán pecado y habrán maldicho a Elokim en sus corazones.’
    De esta manera hacía continuamente.
    "
    (Iyov / Job 1:5)

    Plata: ésta caracteriza un nivel inferior de caridad, que es dada cuando la persona (o alguno de sus allegados) ha caído enferma o en desgracia.
    Es una donación interesada, pues se está como negociando la sanación o salvación por medio de una concesión.
    En el alma del donante suele cruzarse un pensamiento similar a éste: ‘yo entrego intencionadamente (pero sin voluntad) esto que me pertenece, a cambio de que no me sea quitado aquello otro que también me pertenece y a lo cual tengo mayor afecto o apego’. Un pensamiento de este estilo, está en la línea del que vive de acuerdo a la(enfermante) idea que el auto-castigo es preferible al castigo que proviene de otro (cuando se piensa de esta manera inconscientemente, es una agobiante carga para el espíritu de la persona. Pero, cuando el pensamiento es consciente, es uno de los grados del arrepentimiento sincero).
    Un ejemplo que ilustra esto lo hallamos en la siguiente reacción del rey Shaúl/Saúl:

    "Entonces Shaúl [Saúl] dijo a Shemuel [Samuel]: -Yo he pecado; porque he quebrantado el mandamiento del Eterno y tus palabras, temiendo al pueblo y accediendo a su voz. Perdona, por favor, mi pecado, y vuelve conmigo para que yo adore al Eterno."
    (1 Shemuel / I Samuel 15:24-25)

    Cobre: con éste llegamos al nivel más bajo de dar (dar-se), que es cuando la persona (o algo de su cercanía) está en una situación altamente dramática, peligrosa en grado sumo, y entonces la persona movida por su miedo abre su mano no-generosa como un medio casi mágico para detener aquello que tanto teme.
    Es como el manotazo del que se está ahogando, que hace lo que puede en su desespero para no fallecer en la oscuridad.
    Su corazón no está en la vía del arrepentimiento sincero, ni del retorno a la senda del Bien, sino que está acelerado por el temor o el voraz sentimiento de culpa.
    El ejemplo que lo ilustra es:

    "Cuando extendáis vuestras manos, Yo esconderé de vosotros mis ojos. Aunque multipliquéis las oraciones, Yo no escucharé. ¡Vuestras manos están llenas de sangre!
    Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras acciones de delante de mis ojos. Dejad de hacer el mal.
    "
    (Ieshaiá / Isaías 1:15-16)

    Sea cual fuera el motivo para cumplir con la tzedaká, nunca es tarde para hacerla.

    Si usted está siendo generoso como el oro, como la plata o como el cobre, mi consejo es que se mantenga en la senda del que abre su mano al prójimo, pues haciendo así sigue avanzando por el camino del crecer integralmente. Si aún su corazón no es de oro, no se apene que si sigue actuando bondadosamente ya llegará su tiempo para ser de oro.

    Y si usted reconoce que no está actuando como ninguno de los tres anteriores, ¿no le parece momento para reflexionar y comenzar a hacer las reparaciones imprescindibles en su vida?

    Con gusto le ayudaré.

    ¡Les deseo Shabbat Shalom UMevoraj!

    Moré Yehuda Ribco


    Notas:

    Otras interpretaciones de este pasaje de la Torá, y más estudios los hallan HACIENDO CLIC AQUÍ y AQUÍ.

    Relato

    El distraído barón de Münchaussen sin notarlo se adentró en las sinuosas arenas movedizas.
    Recién se percató de su espantosa situación cuando sus pies patalearon por un largo rato para tan sólo hundirse más y más.
    Sorprendido y acorralado, manoteó el aire inútilmente, nada ni nadie estaba allí para rescatarlo del pozo en el cual él mismo se había adentrado.
    El tiempo impávido pasaba, y con cada instante muerto, un pedacito del barón se iba a las entrañas de las arenas.
    Hasta que, en un genial arrebato, el barón supo cuál sería su salvación.
    Llenó de esperanza y vanidad, el barón con ambas manos asió fuertemente los cabellos de su cabeza, y comenzó a tirar de ellos para arriba, y tiraba y tiraba y tiraba… mientras se iba y se iba y se iba al fondo…

    Preguntas y datos para meditar y profundizar:

    • ¿Cómo se puede relacionar este relato con el comentario que brindamos de la parashá?

    • ¿Sabe usted cuál es la arena movediza en la cual usted quizás se ha introducido?

    • El inspirado salmista confesó que: "¿Acaso no aborrezco, oh Eterno, a los que Te aborrecen y contiendo contra los que se levantan contra Ti?"(Tehilim / Salmos 139:21).
      ¿Cuál debiera ser la conducta y actitud del fiel al Eterno respecto a los que Lo desprecian?

    • El proverbista, con respecto al que sufre de dependencia al alcohol proclamó: "Pesada es la piedra; también la arena pesa. Pero el enojo del insensato es más pesado que ambas. Cruel es la ira e impetuoso el furor; pero, ¿quién podrá mantenerse en pie delante de los celos?"(Mishlei / Proverbios 27:3-4).
      De acuerdo a esta enseñanza verdadera, ¿en qué se asemeja una persona que no canaliza positivamente su energía, con uno que se hunde en arenas movedizas?
      ¿Conoce usted persona que están ilustradas por estas palabras del proverbista?

  • Ofrendar es elevarse

    Ofrendar es elevarse
    El tema general de nuestra parashá es el Mishkán, el Tabernáculo, que era la tienda y sus entornos que servía como santuario para los hebreos antes de la construcción del Bet HaMikdash -Templo en Ierushalaim/Jerusalén-.
    Se nos brindan instrucciones acerca de la construcción, de los materiales para la misma, y de los recintos y utensilios que lo componían.

    Para construir todo esto era imprescindible la conjunción de tres elementos básicos:

    1. La orden y el diseño de parte del Eterno.

    2. El aporte material de parte del Pueblo de Israel.

    3. El trabajo de los expertos para transformar la materia ofrendada en los elementos que el Eterno ordenó.

    Los tres eran imprescindibles para erigir el Santuario, eran como las patas del trípode que soportan en conjunto el peso que recae sobre ellas.
    Así, si faltaba la primer pata se podría tener muy bonitos candelabros de oro, pero no la Menorá. Si faltaba la tercer pata, podría haber mucho oro y el de tener una Menorá de acuerdo al plano divino, pero no habría una Menorá. Y, si faltaba la pata central, todo quedaba en idealismo, en buenas intenciones sin concretar.

    Aplicando el modelo del Mishkán a nuestras vidas, podemos reconocer que el mismo trípode es lo que convierte los días de la persona en baluartes de lo eterno y santo.
    Así pues, éstos son los elementos básicos para la trascendencia de la persona y la sociedad:

    1. Torá y mandamientos.

    2. Todo lo que la persona tiene.

    3. El esfuerzo y la dedicación constante para transformar ese todo de la persona en un todo coherente con lo que Dios demanda.

    ¿Quiere usted construir SU Santuario personal que se adecue al Deseo divino?
    Entonces: esfuércese en el estudio sistemático y vital de la Torá y cumpla con lasmitzvot; haga de cada minuto un motivo de regocijo, de cada lugar un santuario, de cada acto un paso que lo aproxima al Eterno. Trabaje con constante dedicación y ánimo confiado en el Eterno, pues así está usted construyendo el mundo que Él quiere.
    Así estamos dando vida a Sus palabras: "Que Me hagan un santuario, y Yo habitaré dentro de ellos" (Shemot / Éxodo 25:8).
    Hagamos con nuestra vida un santuario digno de Él, para que Él more dentro nuestro.

    Todo esto se resume en la palabra que designa a nuestra parashá: Terumá.
    Terumá se suele traducir correctamente como ofrenda, contribución, donación.
    Sin embargo, si buscamos su raíz etimológica comprobamos que se asocia íntimamente con "elevar" – leromem.
    Lo material, lo pasajero, lo perecedero, lo banal; es elevado por medio del esfuerzo dedicado y coherente con la Torá; en procura de alcanzar los mayores grados de trascendencia.

    Ahora es el momento de SU TERUMÁ, de su ofrenda, de su elevación.
    ¿A qué está esperando?

    ¡Shalom iekarim! ¡Les deseo Shabbat Shalom!
    Moré Yehuda Ribco

    Otras interpretaciones de este pasaje de la Torá, y más estudios los podrá hallarHACIENDO CLIC AQUÍ.
    Éste es uno de esos estudios: Si Dios no precisa… ¿quién precisa?

  • Dar

    Dar

    "Di a los hijos de Israel que tomen para Mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis Mi ofrenda."
    (Shemot / Éxodo 25
    :2)

    De Dios está dicho: "De Hashem es la tierra y su plenitud, el mundo y los que lo habitan" (Tehilim / Salmos 24:1), y también: "…para que sepas que la tierra es de Hashem" (Shemot / Éxodo 9:29).
    Entonces, ¿cómo podríamos entender que Él pida que sean las personas las que traigan los elementos necesarios para la construcción de Su santuario? ¿Acaso Él no las puede proveer sin necesidad de depender de la generosidad (o del impuesto) de los humanos?
    Una de las formas de entenderlo, es para que el que concurre al Templo sienta que es realmente parte del mismo, que tiene una comunión particular con ese lugar escogido, pues, es en parte obra de su accionar.
    Pero, quizás hay una moraleja mucho más profunda, más judía.
    Si el Dueño de Todo pide que generosamente entreguemos para Sí, ¿cómo no abrir nuestros corazones (y bolsillos) ante aquel que desposeído realmente requiere de nuestro auxilio? Si obramos en pos de Aquel que nada precisa de nosotros, ¿no tendremos un pequeño aliento, una simple moneda, un amable gesto para el que quizás todo precisa de nosotros?
    Dios nos está enseñando a dar… como el Padre que nos educa en los senderos del gozo verdadero…

    Recuerda: Toda bendición Divina, será materializada en el mundo físico a través de una acción.
    Haz tu parte, serás tú quien obtendrá bendición…

    Shabbat Shalom les desea Yehuda Ribco

    barra11.gif (1466 bytes)


    Destellos de la parashá

    El Eterno comienza a detallar los elementos materiales que constituirán Su santuario y sus utensilios.
    Un lugar físico para hacer reposar Su Nombre, como punto de encuentro entre Él y el hombre, en miramiento a las necesidades sensoriales humanas.

  • La sombra del cabello

    La sombra del cabello

    Está escrito en la parashá: "Conforme a todo lo que Yo te mostraré, el diseño del tabernáculo y el diseño de todos sus utensilios; así harán."
    (Shemot / Éxodo 25:9)

    En más de una oportunidad algún ignorante, haciendo uso de su vanidad, despotricó contra la Torá, con este argumento: "¡Gran cosa es su Dios que se preocupa por dar los planos detallados de un santuario! ¡Eso sí que es perder tiempo! ¿No es más lógico para un verdadero libro espiritual que hable de espíritu, contemplación, luchas contra las fuerzas del mal, y esas cosas?"
    A simple vista pareciera que en realidad el argumento banal tiene su peso, su fundamento… a simple vista…

    Permítanme que les explique muy brevemente.
    El otro día me deleite viendo (Discovery Channel) una historia de los inicios de la carrera espacial.
    Entre numerosos datos e informaciones, me sobresalté al descubrir una similitud impresionante con nuestra parashá: ¡los detalles, la pequeñas y olvidadas partecitas, son todo!
    ¿Cómo es esto?
    Más de un cohete, (incluso al costo de vidas humanas), fracasó en su despegue, y explotó por… cablecitos de 1mm mal conectados, o partículas de nieve, o motas de arena en el delicado motor…
    Es obvio, las más grandes empresas deben considerar los minúsculos fragmentos que la conforman.
    El santuario dedicado al Eterno también, pues más allá de lo que visiblemente es ritual, servía como modelo para educar a las personas, comenzando por valorizar los detalles.
    Sin dudas, cada cabello hace su sombra si está bien iluminado, y hay un ojo que lo reconozca…

    Por último, hay algo más que me recordó la trayectoria hacia la conquista del espacio, y es que si queremos alcanzar las más altas cumbres, habrá fracasos, caídas, pérdidas, errores, pero también, una nueva oportunidad para mejorar, para reparar, para enmendar, para perfeccionar, para crecer, para ir hacia lo alto… y podremos fallar mil veces, o más, pero quizás la siguiente sea la que nos encamine hacia la Meta…

    Shabbat Shalom les desea Yehuda Ribco

    Destellos de la parashá

    Sidrá 19ª de la Torá; 7ª del sefer Shemot.
    Entre pesukim 25:1 y 27:19.
    Haftará en I Melajim 5:26-6:13.

    Se detallan, enumeran y describen los elementos y estructura general del Santuario destinado a servir como lugar de encuentro con Dios.
    Éste Santuario sirve como una representación simbólica del espíritu y accionar de la persona que quiere dedicar su vida al servicio del Eterno.

  • El elemento esencial

    El elemento esencial

    (SHE. 25:1) Hashem habló a Moshé (Moisés) diciendo:

    (2) »Di a los hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda.

    (3) Ésta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, bronce,

    (4) material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra,

    (5) pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia,

    (6) aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático,

    (7) piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y el pectoral.

    Tanto para el Mishkán (Tabernáculo) que acompañó a los Hijos de Israel en el desierto y hasta la edificación del Primer Beit HaMikdash, como para éste, todos los elementos básicos de la Creación debían estar representados.

    Así pues tenemos elementos de los tres reinos: mineral, vegetal y animal, como partes para la elaboración de la edificación.
    Asimismo estos se incluían en el momento de las ofrendas, pues había ofrendas animales y vegetal, acompañadas por sal, quemadas en el fuego…

    Sin embargo, nada de esto obtenía un valor especial, o era adorado per-se.
    No se adoraban maderos, ni piedras, ni animales, ni imágenes, ni árboles, ni personas.
    La adoración era para el único merecedor de la misma: Dios.

    Pero, si advertimos con precisión, ninguno de estos elementos servía para mucho si faltaba algo.
    Observemos con atención los siete psukim transcriptos…¿qué es lo que hacía de minerales, animales y vegetales un santuario?

    ………………………………………………………..

    El segundo pasuk lo indica con claridad: corazón que mueve a la acción generosa.

    El Templo de nada valía si el corazón estaba endurecido.

    El Templo para nada aproximaba al hombre a su Dios, si el humano buscaba en el Santuario un paliativo a sus malas acciones y no un camino para el perfeccionamiento.

    El Templo era un precioso lugar, lleno de utensilios, aromas gratos, piedras preciosas, lleno de actividad; pero VACÍO si faltaba el corazón generoso, la bondad y honestidad.

    Por esta razón la haftará concluye con las siguiente admoniciones divinas:

    (I Melajim 6:11) Entonces vino la palabra de Hashem a Shelomó (Salomón), diciendo:

    (12) »Respecto a este templo que tú edificas, si caminas en mis estatutos, y pones por obra mis decretos, y guardas todos mis mandamientos andando de acuerdo con ellos, yo cumpliré contigo mi palabra que hablé a tu padre David:

    (13) Habitaré en medio de los hijos de Israel, y no abandonaré a mi pueblo Israel.»

    A H’ poco le interesa el magnifico palacio construido en Su honor.

    Según podemos entender, Él prefiere habitar en medio de Su Pueblo Israel, verdadero Templo y Palacio para el Eterno (en tanto sean merecedores por sus acciones, y si no lo somos, pues es momento de comenzar la refacción de éste templo personal para H’).