Supongo que por mi condición de maestro y psicólogo, así como extensa y generosa y gratuita tarea online en serjudio.com y fulvida.com, la gente asume que puede pedirme cosas, tales como respuestas a sus preguntas personales o consejos para conflictos emocionales/familiares/laborales/espirituales, entre otros variados requerimientos.
Cualquier día, cualquier hora, sin importar si es de madrugada aquí en donde vivo; o si estoy atareado en otros asuntos; o si estoy interesado en lo que se me propone. Por email, por messenger, por cualquier método que encuentre la buena persona para saciar su apetito a mi costilla.
A todo esto, quizás yo estuviera atravesando en medio de una tragedia o de una emergencia, pero igualmente no se me pregunta primero, sino que se me lanza el pedido y DEBO responderlo favorablemente, a gusto y conveniencia del consultante.
Quizás no fuera nada grave, por ahí estuviera cansado, o falto de fuerzas, o realmente no tuviera interés en responder algo que no me concierne ni me compete. ¿Acaso estoy obligado contractualmente a ser una máquina para extraños, desconocidos y poco respetuosos?
¿O debo ser sombra del Eterno, estando eternamente al servicio desinteresado de los demás?
Si no me respetara un poco a mí mismo, lo que hiciera no sería por AMOR.
También los hubo más conocidos, de mayor frecuencia de contacto y que luego desaparecieron, con deudas de todo tipo.
A veces, hasta haciéndose los ofendidos; otros prometiendo quedar a mano; otros con más justificaciones… está bien… así suele ser la gente (yo también).
O quizás, con razón se ofenden, porque dicen que no soy un tipo fácil… vaya uno a saber…
¡Cuántas veces me insultaron y bloquearon por no haber tenido tiempo de enviar una respuesta! O no querer responderla… ¿por qué no?
Gente que sencillamente no sé quien es, a la cual estoy seguro que nada debo, pero que se atreven a juzgarme, lanzar maldiciones y diatribas, amenazar, difamar y vaya uno a saber qué cosas más.
No es frecuente esta clase de ingrato obsceno, pero que se soportan a veces, se soportan… con toda la paciencia y comprensión que la experiencia me haya podido brindar.
Supongo que alrededor del 99% no preguntó cómo estaba de salud, si precisaba alguna cosa, si padecía alguna necesidad material o de otra especie, el estado de mi economía, el bienestar de mi familia. Sí, ese debe haber sido el porcentaje a lo largo de los años.
¿Se imaginan? Tener que hacerme cargo de las necesidades de decenas, centenas de extraños semanalmente, de sus problemas, dificultades, dudas, alienaciones, deseos, inspiraciones, etc.; y apenas uno en cien es capaz de preguntar: “¿Está usted bien Moré? ¿Tiene lo suficiente para alimentar a su familia? ¿Y la salud como anda? ¿Le puedo ayudar en algo?”.
Pocos, muy pocos, se tomaron la molestia de agradecer, muchos menos de remunerar por el trabajo profesional que se les brinda. Ni que hablar de lealtad o respeto… pero creo que esos son valores poco habituales en esta época.
Excusas podrá haber a montones, son todas muy interesantes.
¿Acaso esta observación de hechos, ya que no es un juicio sino una mera observación, contradice el postulado de construir SHALOM?
A todo esto, ¿qué hacer?
Gracias por haber leído hasta aquí.