No es por casualidad que estamos en este mundo.
Ni tampoco es una especie de prueba terrible que alguna deidad sádica disfruta de ponernos.
Ni tampoco es un valle de lágrimas que debemos recorrer sufriendo y aguantando.
Es un lugar espectacular y hermoso que sirve como campo de entrenamiento y centro fantástico de estudios.
Porque, cuando existimos en este mundo, por medio de nuestro cuerpo y experiencias estamos dando a la NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina, Yo Esencial) una infinidad de sensaciones, recuerdos, placeres que no tendría de otra manera.
Estamos aquí para sentir hambre y entonces comer.
Para disfrutar con el paladar y el olfato, recrearnos con la textura del alimento, deleitarnos con sus colores y composición estética.
Y también para agradecer antes de alimentarnos y después de satisfacernos.
Para sentir la energía que se desprende de los nutrientes y las sustancias que fortalecen nuestro bienestar.
Para darnos cuenta de lo terrible de pasar hambre y el lujo de llenar el estómago.
Maravillarnos con los complejos e inimaginables procesos que se producen para que estemos ante ese plato de comida.
Y seguir disfrutando multidimensionalmente.
Todo ello porque sentimos hambre ya que pasaron tres horas desde la última comida.
Y toda esta experiencia se transforma en recuerdos de vida que son retenidos por la NESHAMÁ, la cual ahora alcanza una vivencia diferente, en un plano mucho más profundo y completo de la creación.
Así como con el ejemplo de la comida, con todo lo que se va acumulando y organizando como recuerdos en la infinita NESHAMÁ.
Por ello es tan sustancial cuidarnos de las memorias que grabaremos en ella. Todo lo que sea en armonía con nuestro código ético/espiritual (noajismo para gentiles, judaísmo para judíos) estará siendo recordado desde el placer, desde el baño radiante con la energía positiva del Creador. Todo lo que entre en conflicto con el código ético/espiritual, produce memorias oscuras, amargas, de sufrimiento… lo que los poetas llaman “fuegos del averno”.
Es por ello que debemos conocer, cuidar, respetar nuestro cuerpo.
Que nos permite desplegar el potencial espiritual, con las experiencias que recaudamos y con las buenas acciones que vamos destilando en nuestro entorno.
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Muchas gracias.
Dios es absolutamente diferente a todo.
No hay palabra, imaginación, sueño, idea, sentimiento, silencio, luz, símbolo, creencia, anhelo o lo que fuera que tenga siquiera la posibilidad de aproximarse a describir algo de Él.
Por tanto, cuanto menos se habla DE Él, más sano es para todos.
Desde hace milenios los profetas nos enseñaron a hablar CON Él, en lo que acostumbramos llamar TEFILÁ (rezo, plegaria). En verdad, en su origen y durante mucho tiempo la TEFILÁ era una tarea restringida exclusivamente para los profetas, y buenos motivos había para ello (los cuales ni siquiera mencionaremos aquí). Pero, ellos nos legaron oraciones (frases), técnicas, tiempos, principios generales todo lo cual fue recogido por los Maestros, quienes se encargaron de armonizar el material, dictar plegarias, legislar en tiempos y formas, dar sentido a eso tan inexplicable e imposible como que el finito se vincule tan profundamente con el Infinito.
Nació así la TEFILÁ codificada, la que acompaña, conduce, corrige, se nutre, de la TEFILÁ personal.
En modo alguno informamos al Creador de nada con ella, pero sí nos sirve para conocernos más a nosotros mismos, reconocer las bondades, darse cuenta de las potencialidades, corregir lo desviado, pedir con humildad por la Mano Poderosa que nos brinde ayuda.
Con la TEFILÁ bien realizada se labora en el crecimiento como persona, como miembro de la sociedad, como elemento del ecosistema cósmico.
Sabemos que ninguna TEFILÁ queda sin atender por el Rey que también es Padre. Él recoge cada letra, suspiro, lágrima, sonrisa, gesto, intención que le estamos comunicando y la atesora, la sopesa, la guarda… pero no te olvides que también la juzga y evalúa tomando como referencia toda tu existencia y Su Plan.
Toda plegaria es atendida, y toda es respondida sin excepción; aunque tú no escuches la respuesta, o no la entiendas, o no te agrade, o sea un simple y claro y rotundo NO de su parte.
Esto es desde la perspectiva espiritual.
Pero, cuando la religión agarra el rezo, lo mancilla como hace con todas las cosas santas. No hay aspecto que la religión no pudra, hasta lo sagrado queda recubierto de los velos perturbadores y el hedor de muerte.
Por tanto, ten mucho cuidado de prestar atención si vas a rezar, para que sea una real experiencia de plenitud multidimensional y no una cáscara vacía que es gobernada por el EGO y la terrorífica impotencia de ser limitados.
¡Cuídate mucho de los religiosos y de la religión!
Pero encuentra agua espiritual, guía, consejo, enseñanza, instrumentos, instrucción con los maestros de espiritualidad que te sabrán acompañar en tu sendero de LUZ.
El camino espiritual es el que ha diseñado exclusivamente el Creador.
Es parte esencial de la NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial, chispa Divina) que es cada ser humano.
Es su código ético, de actuación, que viene incorporado en cada uno de nosotros, sin necesidad de que tengamos que aprenderlo, ni que nos lo impongan, o nos sumerjamos en fe para conocerlo interiormente.
Ese código ético es el que el Eterno luego lo expresó como Siete Mandamientos para los Gentiles; y más tarde como la Torá con sus 613 mandamientos para la familia judía.
El camino espiritual no traer rituales, tampoco dogmas, ni manipula emocionalmente, ni esclaviza de forma alguna.
La espiritualidad libera, da sentida, conecta con la trascendencia, marca la senda de actuación en este mundo, llena de dicha, entrelaza a cada ser vivo en una Unidad Suprema.
Por su parte la religión es un producto socializado del EGO.
No tiene un origen sagrado, ni parte de la LUZ.
Por el contrario, su origen está en la oscuridad, en la impotencia, en el terror, en el desespero por sobrevivir, en el materialismo.
Si bien cuenta con algún que otro rasgo que pudiera evaluarse como positivo, es lamentable que lo negativo excede en mucho lo que se pueda rescatar de ella.
La religión medra con el miedo, con la manipulación emocional; precisa con desespero de mantener en ignorancia a la gente (que tal vez podría ser muy inteligente e instruida, pero ser ignorante a la instrucción espiritual).
No en vano multitud de guerras y tragedias nacieron de la religión, cualquiera de ellas. (Recuerda que el noajismo y el judaísmo NO SON, ni deben ser tomadas como religión; aunque tristemente algunos las vivan de esa manera).
Pero también la religión precisa con desespero de la mentira, la confusión, el engaño, para que la LUZ no destelle y libere; para que las cadenas de la opresión se mantengan apresando a las víctimas.
Entre sus mentiras más frecuentes se encuentra la de disfrazarse de santidad; porque… ¿Qué sentido tendría si no tuviera vínculo con ella? Por eso se apropian de símbolos, palabras, gestos, ideas, fechas, lugares, y todo lo que pueden de la espiritualidad para usarlos como máscaras que oculten su feo rostro. Si vas entendiendo y no prejuzgando, ni juzgando desde tu Sistema de Creencias, puedes darte cuenta de la verdad de cada una de estas afirmaciones que estoy compartiendo contigo. Tómate tu tiempo, evalúa, sé sincero, investiga, pregunta, analiza…
No permitas que confusión siga reinando en tu vida.
Apártate de esos que se hacen llamar maestros y son líderes religiosos, o lobos en piel de ovejas.
Especialmente de los que son guías “espirituales” del mundo de la idolatría.
Ellos suelen ser mercaderes de la espiritualidad, traficantes de la “fe” que corrompen la santidad de la espiritualidad con la oscuridad de la religión.
Nuestro Creador no ha dejado nuestra vida espiritual lanzada al caos y al abismo.
Desde el inicio mismo de la humanidad nos dictó un código de ética, de actuación, que es fundamentalmente espiritual.
Fueron los mandamientos que recibió Adam y con él todos los seres humanos que somos sus descendientes.
Dios le reveló, le manifestó Su Voluntad en lo que fue aquella primera y original Torá para toda la humanidad. Evidentemente no es la misma Torá que desde hace 33 siglos tiene la familia judía, porque ésta contiene historias que corresponden a la identidad nacional judía, y además su sistema legal es mucho más intrincado, complejo y lleno de otros mandamientos (todos los cuales son ramificaciones de los mandamientos Adámicos, actualmente conocidos como Noájicos).
Así pues, el Señor ha dado Su Torá fundamental a las personas del mundo, y una particular para los hijos de la familia judía.
Cada uno tiene su Torá para conocer, aprender, reconocer, integrar la Sabiduría del Creador en nuestra vida cotidiana.
Es la Palabra del Dios Vivo y que da vida.
Es el legado de profetas, quienes fueron el canal de esta sagrada transmisión que llega hasta nosotros para nuestro beneficio y bendición, y con ello poder beneficiar y bendecir al Cosmos.
Para que nos llene completamente con su Luz, es indispensable abrir la mente, dedicar tiempo y paciencia, analizar, razonar, pensar, meditar, reflexionar, conquistar el terreno mental. No basta con sentir o creer, ni con ser imaginativo o dar opiniones. No basta con abrazarse y llorar, o girar cantando en danzas sagradas. Es indispensable sentarse y estudiar, penetrando con el poder mental (cada uno de acuerdo a su capacidad y potencialidad) para exprimir al máximo el jugo sagrado del fruto sabroso de la eternidad.
La contraparte al estudio es el rezo.
Es lo que nace en el corazón de la persona, su cariño, su deseo, su anhelo, su reconocimiento, su gratitud, su temor, su duda, su necesidad de expresarse y relacionarse con el Infinito.
La emoción nos mueve a rezar, porque es conectarse, abrazarse, fundirse en el seno maternal de Dios.
Es sentir nuestra indefensión, percibir nuestra limitación, imaginar nuestras posibilidades, estremecernos y clamar al Padre Celestial.
Es hablar CON Él, y NO hacer disertaciones DE Él.
Por supuesto que para preservarnos de errores y para encaminarnos en la ignorancia es que se han elaborado libros de rezos, así como existen maestros que enseñan a rezar correctamente.
Pero, el rezo nunca jamás debe perder su calidez, su calidad, su espontaneidad, su individualidad (por más que se haga en grupo).
Espiritualmente, ¿qué es AMOR?
¿Y qué significa NESHAMÁ?
Vamos a dar respuestas concretas, simples, breves que nos permitan comprender mucho mejor esta gran enseñanza espiritual.
NESHAMÁ se suele traducir como espíritu.
¿Qué es?
Es un átomo de la Divinidad, una chispa de la sagrada LUZ eterna.
Es lo que somos por la Voluntad del Padre.
Es nuestra esencia, la que no cambia con nada, ni se mancha por el pecado, ni se fortalece con las buenas acciones.
Es nuestro Yo Esencial, eso que fuimos antes de nacer, que seguimos siendo en esta vida y que en la posteridad continuamos siendo.
Es lo que nos conecta con el Padre, por eso mismo es la conexión con TODO.
Cuidado, NO confundir con alma.
Tampoco suponer que es algo que tenemos.
Ni que habita en nuestro cuerpo y tiene alguna cualidad física o temporal.
Ni que se perjudica de alguna manera.
Ni que depende de nuestro deseo o voluntad.
Pero sí recordar que es la mejor versión posible de cada uno y que sirvió como canal para que todo lo que sucedió en nuestra vida terrenal quede registrado y memorizado en el Gran Disco Duro al que solemos llamar Mundo Venidero, Edén o Paraíso.
El AMOR, NO debe ser confundido con el amor (en minúsculas), ni con la pasión, ni con el deseo sexual, ni con las ganas de estar con alguien, ni con un sentimiento vaporoso, ni con cuestiones románticas, ni con debilidad de alguna especie.
El AMOR es el lenguaje de la NESHAMÁ.
Por tanto, al revisar lo que dijimos es la NESHAMÁ, ¿qué podemos entender espiritualmente por AMOR?
AMOR es lo que conecta en pureza, en simpleza, en verdad, en LUZ.
AMOR es lo que debilita el dominio del EGO y permite romper la cáscara de la ventaja egoísta para actuar en favor del prójimo sin esperar nada a cambio.
AMOR es plenitud, aquí y ahora, sin perder jamás el nexo con la eternidad trascendente.
AMOR es pensar, decir y hacer con bondad y justicia; para con uno mismo, con el otro, con el universo.
El AMOR es un idioma ajeno a este mundo, y sin embargo es lo que le da sentido y certera alegría a la existencia.
Porque con el AMOR es que vamos trabajando nuestro Yo Vivido para transformarlo en Yo Auténtico, un reflejo vivo del Yo Esencial.
Según dejan constancia la verdaderas profecías mesiánicas, el Mashiaj/Mesías (el ungido como rey de la nación judía) surgirá en algún momento.
Es un hecho cierto e ineludible, porque las profecías positivas se cumplen llegado su momento, no son revocables por ningún decreto o suceso.
Así pues, esperar con confianza al Mashiaj es parte sustancial de la creencia judía tradicional.
Pero lo que no está decidido es el entorno para su revelación; porque se nos han dados dos caminos, dos opciones.
Puede aparecer cuando la situación mundial sea absolutamente calamitosa y el pueblo judío en terrible riesgo de existencia; y entonces vendrá a poner orden por la fuerza. Establecerá la armonía que el hombre quebró, para lo cual serán necesarias también acciones destructivas, violentas, estremecedoras. Sí, tal cual lees; porque el Mashiaj NO es una mansa ovejita que da la otra mejilla, sino un rey poderoso, un general valiente, un juez que no tiembla en sentenciar. Como el dentista que extrae un diente podrido, como el cirujano que extirpa un órgano corrompido, como un justiciero que aterroriza a los maleantes.
Porque las cosas estarán tan catastróficamente mal, el sufrimiento que nos habremos provocado será tan tremendamente insoportable, el daño mundial que habremos hecho será tan extremo; que solamente medidas también extremas serán las que permitan corregir el curso de los acontecimientos.
Serán los impulsos para que el péndulo se acomode a un centro de bondad, crecimiento, solidaridad y todo lo bueno que el hombre por sí mismo no pudo lograr.
Obviamente, ésta es la opción que debiéramos evitar a toda costa; pero tristemente es la que parece ser la que andamos y cada vez más convencidos y rápidos.
La otra opción, la que me encantaría que conociéramos y aplicáramos es la siguiente.
La humanidad está dedicada a construir SHALOM, por tanto pensamos, hablamos y actuamos con bondad y justicia. Somos leales al Eterno y Sus Leyes. Cumplimos los mandamientos que nos corresponden con amor y sin esperar recompensas. Colaboramos para que el mundo, el próximo y el lejano, sean un verdadero Paraíso Terrenal. Las sociedades se benefician de individuos centrados y responsables. Los individuos se benefician de sociedades benéficas, en verdad y no paternalistas.
El conocimiento de las cosas sagradas es abundante, las peleas se borraron de la memoria.
Un sueño, muy lejano por lo que pareciera ser.
Entonces, como culminación de este desarrollo de la humanidad aparece el Ungido, que sin esfuerzos, sin grandes modificaciones viene a consolidar la Era Mesiánica.
¡Cómo me gustaría que fuera así!
Ahora, me pregunto: ¿te diste cuenta de que esperar al Mashiaj en las condiciones en las que está la humanidad, no es para estar feliz sino con el ánimo dolorido?
¿No es hora de provocar cambios radicales para que la LUZ alumbre en vez de mantenernos en sombras de muerte?
A pesar de lo que alguna gente religiosa quiere hacer creer, la tristeza NO ES mala, ni debe ser erradicada, ni demuestra poca confianza en el Padre Celestial, ni es pecado, ni es síntoma de debilidad emocional.
La tristeza es una parte normal y en muchas ocasiones indispensable de la vida.
La tristeza surge como una de las respuestas automáticas y naturales ante situaciones de impotencia, sea éstas reales o imaginarias.
Cuando esto sucede, sea por lo real o lo imaginario, es como una alarma que comienza a sonar y tiene una finalidad muy práctica: llamarnos la atención de que está sucediendo algo que nos perturba.
Callar la alarma sin prestar atención; hacer de cuenta que no está sonando; negarla a rajatabla cuando es evidente; dar excusas sin razón para no hacerle caso; todo esto tiene en común que resulta en un aumento del dolor, un crecimiento de la impotencia, un gasto innecesario de energía de vida que se desperdicia en sostener situaciones que no son buenas para uno.
Por lo tanto, hay que tomar a la tristeza como una visita que pasa por tu casa a darte una noticia, una que probablemente no quieras escuchar pero que no deja de ser real y útil que adviertas.
Date cuenta de que ella pasa por tu hogar, respétala, no la maldigas, no la corras con palos para ahuyentarla a los golpes, no la insultes.
Además, muéstrale aprecio, aunque no sea lo que tú quisieras tener en este momento, sin embargo, no deja de ser útil y necesaria. Es una aliada para ayudarte a tomar conciencia de tu situación y hasta te puede servir para impulsarte a lograr cambios favorables.
Pero, es eso y no la dueña de tu vida.
No le permitas que se enseñoreé de tu hogar, de tu existencia.
Al rato le agradeces la visita y le muestras la puerta para que salga.
Te dedicas a ser poderoso allá en donde puedes serlo, admites tu debilidad allá en donde lo eres.
Aceptas y fluyes.
No reniegas ni peleas con imposibles.
Aceptas y vas soltando lo que no debe ser más asido.
Cuando llegue el momento de la calma, llegará.
Así como el de la alegría, y todos los otros que pasan por tu vida.
Por último, a no confundir profunda tristeza con depresión.
La depresión es una enfermedad y se precisa consultar con el especialista en salud para que dé una buena mano profesional.
Repito, a no confundirla con la tristeza.
Silencia por completo el celular, apágalo de ser necesario.
Mejor aun es que lo dejes en otro sitio, no lo tengas contigo, ni cerca. Ni siquiera apagado.
Elimina toda otra fuente de distracción innecesaria y que esté a tu alcance callar.
Ve a un lugar silencioso, puedes estar en compañía de otras personas o tú a solas.
Si no consigues el sitio callado, en cualquier parte que no seas interrumpido estará bien.
Cierra tus ojos.
Inclina un tanto tu cabeza hacia delante, pero sin forzar tus músculos.
Debes estar en estado de calma y reposo de cuerpo, mente y alma.
Deja tus manos colgar a cada lado de tu cuerpo. Algunos sabios aconsejan poner tu mano más hábil cubriendo tu mano más débil y ambas a la altura del pecho. Como te sea más cómodo está bien.
Puedes estar de pie o sentado, prefiero personalmente estar de pie, con las piernas juntas.
Aunque estés parado, no te obligues a estar rígido, por el contrario deja a tu cuerpo que se acomode.
Para algunos es sumamente valioso mecerse, de izquierda a derecha, o delante para atrás. Con el ritmo y cadencia que surja naturalmente, sin obligarse a nada.
No es una competencia, no hay decretos por cumplir.
Simplemente permitir que el cuerpo se sumerja en el ecosistema, sin agobios.
Inspira lenta y profundamente, a través de la nariz, lo máximo que puedas pero sin forzarte.
Retén el aire en tu interior, unos siete segundos, pero no te obsesiones con el detalle.
Luego exhala lentamente, hasta sentir tus pulmones que se vacían y con ello se va escapando tus sentimientos oscuros.
Imagina como cada bocanada de aire te trae frescura, liberación, conexión con el Todo.
Ve con tu imaginación como el aire expulsado arrastra aquello que te ahoga y mortifica.
No te obligues a pensar en nada, no digas nada, no busques nada.
Simplemente sé.
Cuando aparezca una imagen en tu mente, mírala, pero no te aferres a ella, déjala correr.
Permite que tu cuerpo se acostumbre a esta relajación, que tus pensamientos se aflojen.
No estás para controlar nada, solo estás para conectarte con tu ser y con el Cosmos.
Cuando sea, sentirás que ha llegado el momento de hablar.
Lo harás en voz bien baja, apenas que tú puedas oírte.
Para muchos es maravilloso canturrear y no meramente hablar secamente. Con un canto que brote de tu inconsciente, sin seguir notaciones, solamente liberarse para que la expresión sea plena.
Si no sientes que es tiempo de hablar, no lo hagas.
Solamente quédate aspirando y expirando, dejando a la mente divagar siendo consciente de cada pensamiento y sensación, pero sin aferrarte a ninguna.
Si hablas, dirígete directamente al Padre celestial.
Puedes llamarlo Padre, Hashem, Padre Celestial, mi Dios, mi Señor, Creador, Tátele Zis, Eterno, Rey, Abí, Elohai, Elohim.
Salúdalo, como saludas a un allegado muy próximo, pero al mismo con el respeto que se le debe a una gran autoridad.
Y luego, pídele cosas colectivas, o generales: paz en Cercano Oriente, salud para tal o cual persona, bendiciones para tu familia, prosperidad para tu comunidad, en fin, lo que tú quieras, con la única condición que NO sea nada para ti.
Tampoco exageres en tus solicitudes, ni decretes previamente que algo está vedado para Él.
Luego, haz una pausa.
Mantén el silencio mientras te sientes ante Su Presencia.
Es el Rey de reyes, una realidad por completo incomprensible pero presente.
No trates de imaginarLo, ni de describirLo, ni de filosofar o pretender limitarlo.
Simplemente sé consciente de que estás ante Él constantemente y que ahora te das cuenta cabalmente.
Advierte su infinito Poder que domina el Universo y lo que hay más allá de él.
Entonces, agradece por todo lo que tienes: salud, dinero, amor, trabajo, éxito, tal o cual cosa. También por aquello que no sientes tan agradable, o que objetivamente es juzgado como negativo.
Por todo, agradece con sinceridad. Y no apabulles, no es necesario ser extremista ni llegar a la falsedad montado en las buenas intenciones.
Si honestamente no encuentras coherente agradecer por lo malo, no lo hagas.
Lo relevante aquí es la sencillez de la sinceridad.
Y darse cuenta de lo que sabías antes de esta instancia así como lo que estuvo siempre allí pero tu mente no lo llegaba a entender.
Percibe la Sabiduría del Padre Celestial que te abraza y rectifica.
Luego, haz silencio.
Inspira profundamente.
Y entonces, pide dos o tres cosas para ti, sin exigir, sin ordenar, sin pretensiones absurdas (recuerda que tú eres el siervo, Dios es el Rey), pide lo que te salga del corazón y que sea modulado por el pensamiento.
Es el momento de ser positivamente egoísta, sin cohibirse por ello, sin privarse de la posibilidad del goce de lo permitido y correcto.
Pide, confiando.
Pide, pero sabiendo que tú eres limitado y vives en un mundo enorme pero que es la nada misma ante Él.
Experimenta el Juicio del Padre Celestial que te rodea.
Haz una pausa, recuerda pedir perdón honestamente por lo que quieras arrepentirte.
Que sea un pedido que viene acompañado de la verdadera intención de recomponer lo que fue dañado por tu conducta.
Que sea un compromiso para mejorar al terminar este intenso momento de contacto con la Divinidad.
Y si es de algo que causaste a otra persona, deberás ir hacia ella y hacer lo necesario para recomponer la situación.
Siente el Amor del Padre Celestial que te cubre y nutre.
Inspira profundamente.
Mantén el silencio.
Y despídete con sencillez.
No hagas alardes ni filosofes, no rebusques, ni proclames consignas.
Con humildad despídete, sabiendo que en ningún momento dejamos de estar ante su Presencia.
Texto publicado originalmente en nuestro sitio belev.me, de bendita memoria.
El sábado a la noche pasado (11/8/2018) comenzó el mes universal de ELUL (del año 5778, según cuenta habitual).
De acuerdo a la sagrada Tradición también dio inicio a un período de 40 días que están signados para el crecimiento, para el reencuentro, para el mejoramiento, para abandonar aquellas conductas y creencias que nos mantienen en celditas mentales y en hábitos de sufrimiento.
Para ayudarnos a dar esos pasos hacia la mejor versión que podemos ser, se suele recurrir a estos tres elementos:
TESHUVÁ: andar por el camino de la LUZ; despojarnos de caretas que ocultan el verdadero rostro; arrepentirnos; acercarnos a vivir de acuerdo al código ético/espiritual que nos corresponde.
TEFILÁ: rezar; hablar con el Padre Celestial; reflexionar; meditar; hacer las paces con el Creador; tomar conciencia de nuestra situación actual y de las metas que esperamos alcanzar; despertar del letargo del egoísmo negativo y pensar ecológicamente.
TZEDAKÁ: ayudar materialmente al prójimo; actuar solidariamente y no solo tener buenas intenciones; dejar de dar excusas y comenzar a dar sin esperar ningún premio o reconocimiento.
Acabamos de ver una síntesis súper condensada y veloz de cada uno de estos instrumentos de transformación milagrosa de personas y sociedades.
Cuando las empleamos correctamente (y no solamente para complacer a nuestro EGO, o por el “que dirán”, o esperando algún beneficio mágico) y de manera persistente vamos armonizando nuestra vida interior, la vida de relación con el prójimo y la conciencia de conexión con el Creador.
Vale la pena adentrarnos en este camino de superación multidimensional, y aprovechar esta época especial de gracia celestial.
Ponte en campaña, ya que solamente hay magia de la verdadera por delante.
El religioso gira en torno a sus emociones, a sus deseos y
mucho alrededor de la opinión de «los demás».
Sus pensamientos suelen estar al servicio de lo intrascendente,
de lo que perece cuando fallece el hombre.
Para el religioso, Dios es una palabra,
una excusa para no cambiar favorablemente,
algo lejano y carente de real presencia.
Probablemente esté muy a menudo en su boca,
pero no así en su mente, corazón y manos.
Otra manera de vivir es la de la persona espiritual,
que hace su vida en torno al código ético/espiritual.
Puede que sepa que ese es el camino que fue revelado por Dios,
como los mandamientos que nos dictó a los humanos.
O puede que los viva de manera intuitiva,
por estar conectado a su Divina Esencia.
Con esta conducta construye su personalidad y edifica a su comunidad,
porque es un verdadero socio del Creador en todos sus momentos.
Para el espiritual, Dios es Padre y Rey, nunca está ausente,
nunca se aleja realmente.
Él es una Presencia aquí y ahora,
hasta la eternidad gozosa.
(Recordemos que ni el judaísmo ni el noajismo son religiones, aunque haya gente que así cree y lo viva como tal).
Uno de los más terribles problemas que padecemos es que confundimos la máscara y la tomamos como rostro.
Lo que nos lleva a vivir una vida equivocada, sosteniendo en el tiempo a personajes ficticios que tienen la intención de parecer reales.
Al hacer esto, estamos actuando como si el mundo fuera un enorme escenario, con un elaborado escenario, guiones para memorizar y representar, un público al cual cautivar en busca del aplauso y el precio de la entrada, siguiendo los dictados escritos y dirigidos por otros.
Una existencia dedicada a la actuación, sin un verdadero contenido; porque, al apagarse las luces y retirarse el púbico, el actor no se quita la careta, sino que permanece en las sombras y la perplejidad de no saber qué hacer con la oscuridad que lo ahoga.
No toma contacto con la otra realidad, la que se encuentra fuera del papel representado.
Terrible angustia, espantoso vacío.
Nunca aprendimos, o nos olvidamos, o preferimos no saber que ninguna de nuestras caretas es realmente nuestra cara.
Entonces, nos quedamos atrapados por esta ilusión de ser quien estamos siendo, dejando en las sombras al ser que realmente somos.
El actor es devorado por el personaje.
El guion borra la toma de decisión.
El absurdo dramático reemplaza al sentido de la vida.
Así vamos desperdiciando nuestra existencia, en papeles de obritas teatrales.
Escondiéndonos detrás de personajes y caretas.
Malgastando la energía de vida, no sembrando verdadero placer para el gozo en la eternidad.
Porque, más allá de cualquier disfraz que usamos durante nuestra vida terrenal, eternamente somos una chispa de la Divinidad.
Un espíritu que clama silenciosamente para que tus acciones lo representen.
Porque esa es tu identidad, no las etiquetas que te colgaron ni los antifaces que te pusiste.
Lo que llamamos “nuestra personalidad” no es más que el Yo Vivido que es un licuado formado por recuerdos, deseos, expectativas, mandatos sociales, excusas, intenciones, máscaras, mentiras, engaños, medio verdades, acciones y los mil y un detalles con que estamos armados.
Por regla general cada Yo Vivido está ocultando esa esencia Divina (Yo Esencial, espíritu, NESHAMÁ), ofuscando nuestra plenitud.
Cuando lo ideal sería tomar conciencia, educarse, liberarse de las trampas del EGO y con ello conseguir que cada máscara sea un reflejo sincero de la cara.
Para que el Yo Vivido esté en sincronía con el Yo Esencial.
Recuerda, detrás de cada máscara se esconde esa chispa Divina que eres, esa NESHAMÁ.
Que tus pensamientos, palabras y actos sean un mecanismo para liberar esa LUZ y no un motivo para rodearla de oscuridad.
¿Te das cuenta del infinito valor de saberse una NESHAMÁ pasando una temporada de aprendizaje en este mundo?
¿Entiendes el poder de ser una chispa sagrada de la LUZ DIVINA?
Por supuesto que las palabras de los padres son muy importantes, extremadamente poderosas, tanto para construir como para destruir.
Las palabras usadas como herramientas de confección ayudan al hijo a ir construyendo una personalidad saludable, integrada, armoniosa; en tanto que las palabras que son como flechas venenosas, tienen el nefasto poder para seguir lastimando mucho después de que la mente consciente quizás las ha olvidado.
Sin embargo, es la conducta de los padres lo que se constituye en la piedra fundamental sobre la que se basa la edificación personal del hijo. Sobre ese fundamento se va erigiendo el sistema complejo que es la persona.
Cuando el hijo es testigo de las contradicciones de sus mayores, porque lo verbalizado choca de frente con lo actuado: ¿cuál te parece que influirá con mayor contundencia?
Si, por ejemplo el padre le dice al hijo que es malo mentir, y acto seguido le dice que si llaman a la puerta diga que él no está… ¿cómo crees que será procesada esa divergencia en la mente en formación del niño?
Entonces, es excelente aprender a usar palabras de edificación.
Es maravilloso rebosar de buenas intenciones, que estén necesariamente acompañadas por conocimiento y conciencia.
Pero de insustituible prioridad es la conducta, lo que estamos siendo ante los ojos de nuestros hijos.