Moshé fue elegido por el Eterno para fungir como líder en la salida de Egipto y la travesía por el desierto.
Uno de los motivos principales, tal como nos lo hace ver Ibn Ezra (entre otros) se puede encontrar en su crianza y lugar de crecimiento, puesto que era uno de los israelitas que no había sido adoctrinado para vivir como esclavo. Por el contrario, tenía una perfecta y elaborada educación, la que correspondía a las altas esferas del gobierno de su poderoso imperio natal. Estaba entrenado para el manejo de personas, el liderazgo, la política, etc., en resumen, era el único hebreo capaz de cumplir con esa misión.
Sin embargo, hay otros aspectos que debieran ser tomados en consideración.
Encontramos tres breves relatos acerca del Moshé adulto:
- Defiende a un hebreo que estaba siendo molido a palos por un capataz egipcio.
- Interviene en una sórdida discusión entre dos hebreos, que llegaban a las manos en sus agresiones.
- Ayuda a las hijas de Itró en el pozo de agua para que no sean violentadas por los pastores del lugar.
Tenemos un hilo conductor que nos habla de un importante rasgo de personalidad de Moshé.
En los tres episodios Moshé se muestra al «cuidado» del indefenso, en procura de que se establezca la justicia y la equidad.
Era capaz de despegarse de su EGO, incluso de arriesgar a perder muchísimo, con tal de procurar restituir el orden y la corrección.
No era un hombre “perseguidor de la paz”, como es conocido su hermano Aarón, pero sin dudas que era un hombre dedicado a la justicia y el orden, que son elementos sustanciales –junto al Shalom- para asegurar la buena vida del individuo y de la sociedad.
Moshé estaba dispuesto a intervenir en luchas que no le eran propias, de las cuales no obtendría ningún rédito y quizás perdiera mucho, pero con el deseo de ayudar al débil y que alumbre la justicia y el orden.
Así pues, su esencia tal como su educación y posición social lo hicieron el “elegido” para ser conductor del destino del pueblo judío en ese momento trascendental, y ser luego generador de efectos positivos para todas las generaciones.
Pero, parece contradictorio que a la hora de ser anunciado por Dios cuál sería su rol en la historia, Moshé se rehusara a aceptarlo y su negativa se repitió hasta cinco veces.
¿Cómo puede ser?
El hombre de la justicia, el defensor del caído, ¿cómo no aceptar tamaña responsabilidad que le estaba adjudicando el Eterno?
Te daré dos respuestas posibles, y te pido que si tu tienes alguna otra la compartas con nosotros en la sección de los comentarios, aquí debajo de este artículo.
- Moshé ya estaba establecido en Midián, ya tenía su vida de pastor, ya tenía su familia, ya había dejado el oropel del pasado palaciego, ahora era un pastor de ovejas. Estaba dedicado a ayudar a la gente de su entorno y a ser un pastor cuidadoso con su rebaño. No se veía en un rol de liderazgo de masas, confrontando al más poderoso emperador de la época, haciéndose cargo de la vida y destino de millones de personas.
Había “madurado” y su meta no era ser un “mesías”, un redentor, un salvador, sino que se resumía a su vida, a su gente, y no a su gente de origen, a aquellos lejanos parientes esclavizados en Egipto.
Muy normal, ¿no lo crees así? - Moshé ayudaba aún a costa de arriesgarse él mismo, sin esperar nada a cambio.
La suya era una tarea altruista, realmente generosa, carente de avidez o ambición personal.
Moshé intuyó que de aceptar el importante cargo que le ofrecía el Eterno desde la zarza, ya no podría ser el ejecutor de la justicia y del orden por el simple amor a hacerlo.
Intuyó que su papel le traería renombre, dominio, posesiones, beneficios que él no quería ni pretendía.
Él no trabajaba como líder para llenar su cuenta bancaria y someter a los de su rebaño; el trabajaba por amor a la gente, por consideración al prójimo, por férrea adhesión a la justicia y el orden.
No quería el honor, no quería el beneficio, tal como los verdaderos líderes debieran hacer.
Pero estamos rodeados de todo tipo de “preeminentes” que actúan por sus propios intereses, sin ningún dilema ética abusan de sus seguidores, se aprovechan de sus posiciones, adquieren posesiones, someten y se aprovechan. Esos no son líderes, no son pastores, no son cabezas, sino usurpadores que con un poco de habilidad y otro de astucia ocupan cargos que debieran dejar para los que son en esencia y educación competentes.
Ayudar a la gente, sin segundas intenciones, sin interés propio.
Moshé era un líder natural, el que ayuda al crecimiento integral de quienes le siguen sin querer nada para sí mismo a cambio.
Ésta es la calidad de líder, esto es exactamente lo que los leales del Eterno precisan, lo que nos sirve para liberarnos cada uno de nuestro propio Egipto.
Hoy por hoy los “líderes” son habitualmente como los que representamos en la imagen que acompaña al texto.
Gente sometida a su EGO y que someten a otros a sus dictados infantiles pero muy bien envueltos en palabras, caricias, ordenanzas, amenazas, etc..
Ten cuidado con esos líderes, que ni siquiera saben gobernar sus propios vidas.
Busca al verdadero líder, a uno que siga la línea de Moshé, entonces tendrás un verdadero socio en tu crecimiento integral.
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n el midrash, obra de pensamiento fundamental en el judaísmo (fuente y canal de transmisión para jurisprudencia, legislación, tradiciones y creencias), más precisamente en el “Kohelet Rabba” (cap. 7), encontramos:
Cuando Iaacov llegó a morar en las cercanías de la ciudad de Shejem, contribuyó generosamente con el bienestar general de sus pobladores, aunque nada les debía.
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