Categoría: 03 Lej Leja

Avraham llevaba una vida materialmente cómoda, sin grandes sobresaltos.
Tomar sus cosas y mudarse a un nuevo país, fue, al menos, dificultoso.
Sin embargo, su voluntad por hacer esto,
fue más allá de las quejas y obstáculos…

  • Leja Lejá 5782

    En esta parashá nos encontramos por primera vez con Abram, él es Abraham nuestro padre; el gran filósofo; el líder espiritual y social; el que se posicionaba frente a las ideologías con su presencia destacada: el que sabía desprenderse de personas, lugares y cosas; aquel que podemos llamar fundador de la nación hebrea.
    La Torá escrita no nos dice quién es Abraham y por qué Dios se le revela, aunque la Torá oral abunda en detalles y llena las lagunas que pudieran quedar.
    Como suele ocurrir, la faceta escrita de la Torá es como la parte visible del témpano de hielo, que puede parecer enorme y descomunal; pero realmente empequeñece si nos animamos a mirar bajo la línea de visión, pues en la profundidad descubrimos la magnitud inmensa que es parte inequívoca del témpano.
    Decenas, sino centenas, de relatos y observaciones nos trae la Torá oral, pero en sí, la parte escrita es breve, no dedica más que dos parshiot a este impresionante personaje.

    En el mismo comienzo de la parashá leemos:

    “Y el Eterno dijo a Abram: Ve, sal de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo mostraré.»

    Es con este mandato de Dios a Abraham que nos encontramos por primera vez con él.
    Este perfecto desconocido para el lector desprevenido de la Torá, recibe de improviso la orden de levantarse y comenzar de nuevo.
    Debe ser valiente para atreverse a embarcar en un viaje a una tierra desconocida, porque la voz que resonaba en su mente no le había dicho cuál era su destino.
    Abram debía estar dispuesto a dejar todo para seguir el imperativo de esa voz que tronaba en su mente, pero era inaudible para el oído.
    La voz que le decía que se fuera y dejara todo, para afincarse en un lugar misterioso, que nosotros sabemos se llamaba en aquel entonces como tierra de Canaán, aunque en verdad era la tierra de Eber, su antiguo antepasado, del cual provienen precisamente los hebreos.
    Eber había partido de esa tierra con la esperanza de volver pronto, pero las inclemencias de la historia lo llevaron a afincarse en tierras extrañas, a procrear allí, a armar su familia y descendencia en este nuevo lugar de residencia, al que él no consideraba hogar, sino refugio temporal. Eber murió, con el anhelo de retornar a su tierra, agradecido con la nueva tierra, que sin embargo no era su patria. De a poco algunos de sus descendientes fueron olvidando su lugar de origen, su intención de retornar allí. Pero hubo alguno que se mantuvo leal a esa esperanza, uno de ellos fue Teraj, padre de Abram.
    Cuando las circunstancias lo permitieron, o lo motivaron, partió Teraj con su familia hacia la tierra de los anhelos, pero nuevas vicisitudes le impidieron continuar su camino.
    Hasta que, de la nada, la voz instruyó a Abram a continuar el legado familiar.
    Esta historia se repitió a lo largo de los siglos, en varias ocasiones, con diferentes personajes. Pero todos ellos descendientes de Eber y de Abram, los hebreos y más tarde judíos que fueron esparcidos por el mundo pero no perdieron su cariño por la tierra de Israel, por Sión.

    Sin embargo, volvamos a Abram, aquel que cree en un solo Dios, cuando casi por completo la humanidad Lo había olvidado.
    No fue el primer monoteísta, porque sin dudas que Adam y Javá lo eran, Shet lo fue, Noaj, Shem, Eber, entre otros.
    Por eso, no es correcto proclamar a Abram como el padre del monoteísmo, su inventor, ya que no corresponde con la historia ni con el relato del Tanaj.
    Lo cierto es que Abram reencuentra a Dios, pero antes pasó por un período de dudas, de conflictos, de quebrar su Sistema de Creencias, de ser agnóstico, hasta que finalmente Dios se revela con ese pedido, esa exhortación de dejar todo su mundo y trasladarse hacia la nueva/vieja tierra.

    Dios promete su bendición a Abraham y sus descendientes.
    Le dice que hará de su familia una gran nación y de ninguna manera habla de «religión», ni nada que se la parezca.
    Todo el tiempo es acerca de una gran familia que traerá bendición a quien la bendiga, y que estará vinculada a determinada tierra.
    Pero no se menciona religión, ni creencias, ni rituales, no cosas por el estilo.

    Luego la parashá continúa con Abram, que se caracteriza por sus muchos vagabundeos en el camino hacia y dentro de la Tierra de Israel. Durante la hambruna en la Tierra de Israel, Abraham y su familia emigraron a Egipto. Allí tiene lugar un «incidente diplomático» entre Abraham y el faraón, rey de Egipto, debido a la belleza de Sara. Abraham no es el único que viaja a menudo, Lot (su sobrino) también se aleja de la familia y se vuelve hacia Sodoma. La decisión de mudarse a Sodoma se toma después de que los pastores de Abraham se pelean con los pastores de Lot. Abraham mediando para que haya paz, ofrece a que sea Lot quien escoja el lugar que prefiere para afuncarse, y Lot elige Sodoma, pues en aquella época era un zona maravillosamente rica, abundante en prados, muy fértil y buena para la crianza del ganado.
    Así que se separaron, pero siguieron siendo buenos amigos.

    La parashá  también habla de una guerra de los cuatro reyes contra otros cinco reyes. Durante la guerra, Lot cae cautivo y Abraham se propone liberarlo. Después de la guerra, Dios hace un pacto con Abrahamel famoso «brit bein habetarim», y promete la tierra de Israel a la simiente de Abraham, el pueblo de Israel.

    Más adelante nos cuenta la parashá que Sarai, como se llamaba Sará, nuestra madre, la esposa de Abram, no puede dar a luz. Ella sugiere que la esclava Agar esté con Abraham y dé a luz un hijo en su lugar. Agar queda embarazada y la menosprecia por no poder concebir. Sará se reclama a Abram quien le dice: ¡esta es tu sierva! Tiene derecho a decidir cómo la trata. Sará trata a Agar con dureza y Agar huye de casa, entonces, un enviado de Dios se le apareció, le indicó que regresara a su casa y le aseguró que su hijo, Ismael, también tendría muchos descendientes. Agar regresa a casa y da a luz a Ismael, el hijo mayor de Abraham.

    Al final de la parashá, Dios se revela a Abraham y junto con promesas adicionales sobre la multiplicidad de sus descendientes y la herencia de la Tierra de Israel, Dios cambia los nombres de Abram y Sarai a Abraham y Sará y ordena la circuncisión. El mismo Abraham a la edad de 99 se la realiza, así como también a su hijo Ismael, de 13 años.
    Concluye la parashá con la promesa de Dios, de que Abraham y Sará tendrán al hijo tan anhelado: Isaac.

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  • El modelo a seguir para ser bendito y de bendición

    Nuestra Tradición nos cuenta que Abraham atravesó por diez terribles pruebas.
    Se las enumero según las enseñanzas de Maimónides, quien toma en cuenta los relatos de la Torá, y no los de los midrashim como hacen otros grandes maestros:

    1. Dios le dice que deje su hogar y comodidad para ser un extraño en la tierra de Canaan, siendo ya de 75 años de edad.
    2. Inmediatamente después de su llegada a la Tierra Prometida, se encuentra con una hambruna que lo obliga a emigrar.
    3. Los egipcios secuestran a su amada esposa, Sara, y se la llevan al faraón.
    4.  Enfrenta dificultades increíbles en la batalla para rescatar a su sobrino Lot, que había sido tomado como cautivo de guerra.
    5. Se casa con Agar después de no poder tener hijos con Sara.
    6. Dios le dice que se circuncide cuando ya tenía 99 años de edad.
    7. El rey de Gerar captura a Sara, con la intención de desposarla.
    8. Dios le dice que despida a Agar después de tener un hijo con ella.
    9. Su hijo, Ishmael, se distancia.
    10. Dios le dice que sacrifique a su amado hijo Isaac sobre un altar.

    Cada una de estas pruebas servía para que él aprendiera cosas, que hasta entonces no sabía de sí mismo.
    También nos sirven a nosotros como enseñanzas, en varios aspectos de la vida.
    Lo cual me hace recordar que el Rab Simcha Zissel Brodie contaba lo siguiente: «Alguien vio llorar a Napoleón una vez y le preguntó por qué lloraba. Napoleón dijo: ‘Yo tomaba a Alejandro Magno como mi modelo a seguir. Ahora la gente me considerará un modelo a seguir. Dado que no soy tan bueno como Alejandro Magno, habrá una disminución de los estándares de lo que un gobernante puede lograr’».

    Como padres, educadores, amigos, o en el rol que estemos cumpliendo, probablemente haya gente que nos esté tomando como guías en sus vidas. Que aprenden de cómo afrontamos las adversidades que atravesamos, que nos ven cómo reaccionamos ante los éxitos, y así en un montón de situaciones de las que ni siquiera nos damos cuenta que estamos sirviendo como modelos para otros.
    Por ello tenemos que tener presente de no bajar el listón de los estándares de lo que se puede lograr en la vida.

    Tendremos cada uno nuestras pruebas, nuestros tropiezos, los momentos amargos, y por ello es necesario tomar conciencia de los buenos modelos y tratar de seguirlos, mientras estamos siendo los ejemplos para aquellos que nos rodean.

    Esa es una de las formas de interpretar el mensaje bíblico que llama a los judíos a ser «or lagoim», es decir, «luz para las naciones». Cuando las naciones del mundo ven al pueblo judío, y a los judíos como individuos, y pueden descubrir el mensaje espiritual que es necesario rescatar para dar un sentido trascendente a nuestras vidas.

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  • Aprender por las buenas: método práctico

    Hay una conocida frase de los sabios: «maasé abot simán labanim» – «el comportamiento de nuestros antepasados ​​son los signos del futuro para sus descendientes».

    Entendamos bien, no quiere decir que estamos en una especie de ciclo perverso en el cual el destino está marcado y siempre estaremos viviendo algo que será una repetición de lo que sucedió en el pasado.
    El verdadero sentido es que, mientras no aprendas la lección, ésta seguirá apareciendo en tu vida.

    Entonces, por ejemplo, si en la parashá Abraham y su familia tuvieron que emigrar por causa del hambre que asolaba a su país, eso no significa que en cada generación estamos condenados a padecer una hambruna que nos obligará a emigrar buscando sobrevivir. Ciertamente, sabemos que la miseria ha llevado a individuos y colectivos a encontrar otros hogares en tierras lejanas, pero no es una penalidad que tendrá que vivir cada una de las generaciones, gracias a Dios.
    Pero la lección está ahí, siempre presente para que tengamos en cuenta la enseñanza y la apliquemos.
    En este caso en particular podría ser, por ejemplo, aprender a no estar apegados a lo material y mantener una actitud positiva hasta en los momentos oscuros que nos tocará experimentar a lo largo de nuestras vidas.

    En este mundo el Maestro nos da a elegir cómo queremos aprender: si por las buenas o por las malas.
    Sea cual fuera nuestra elección, la lección está para ser aprendida e incorporada a nuestra vida.
    Por tanto, es de sabio escoger hacerlo por las buenas.

    Por tanto, cuando conocemos y profundizamos en las historias de los antepasados del pueblo judío, especialmente las historias que nos cuenta la Torá y los comentaristas de los patriarcas y matriarcas, entonces estaremos en el camino del buen aprender.
    Pero que quede claro, siempre y cuando esas historias nos hagan despertar porciones de nuestra conciencia y con ello hagamos las mejoras necesarias en nuestra conducta cotidiana.

    Son muchísimas las historias en todo el libro Bereshit, tenemos cientos y hasta miles de detalles que buscan perfeccionar nuestra personalidad y ayudarnos a despertar la conciencia espiritual.
    Esto se hace mucho más poderoso cuando nos enfrascamos en las narraciones de nuestros patriarcas y matriarcas, por tanto la invitación es a conocer, estudiar, permitir que nuestra mente y corazón salgan de la caja que nos condiciona las ideas y sentimientos para así poder aprovechar el estupendo mensaje que nos ofrece la Torá cada día.

    Ahora te propongo un método para ir saliendo del ciclo negativo del no aprendizaje, o de las lecciones por las malas.
    El primer paso es darse cuenta de que estamos repitiendo conductas, reeditando historias nuestras o de otros, como si estuviéramos en un disco rayado, que se repite, que se repite, que se repite…
    Darse cuenta, esperemos que lo hagamos antes de que nos duela.

    Luego está reconocer los elementos que están en juego, para lo cual no es suficiente con quedarnos solamente en la queja, en echar culpas, en contar una y otra vez lo mal que la pasamos, en reclamar a Dios que haga algo.
    Sino que precisamos encontrar aquello que está operando para que las cosas sucedan como lo hacen, por ejemplo, lo que nos da miedo, lo que rechazamos admitir, lo que no nos animamos a confrontar, etc.
    Es indispensable que al primer paso de darse cuenta le sumemos éste, de encontrar lo que motiva el ciclo que nos lastima. Tomar conciencia de lo qué sucede y porque sucede.

    Entonces deberá venir el paso de cambiar de respuesta, porque lo que veníamos haciendo evidentemente no era aquello que precisábamos hacer. Ha llegado el momento de pensar en alternativas, de aprender otras formas de enfrentar los sucesos.
    Si bien es cierto que como ya dimos los dos pasos anteriores, de cierta forma comenzamos a cambiar… esperemos que para bien.

    Sin embargo, habrá momento de vacilación, de recaída, de querer dejar las cosas como están, de volver al refugio de la zona del falso confort.
    Es imprescindible saber que el verdadero cambio requiere de trabajo, de mantener despierta la conciencia, tendremos que  ser pacientes, constantes y perdonar los errores sin por ello caer en la displicencia.

    Más tarde, con todo lo anterior se irá consolidando la nueva forma de ver y hacer las cosas, es decir, iremos formando una nueva zona de falso confort y entrando en nuevos ciclos de repeticiones. Es normal que esto ocurra, así está diseñado el ser humano.
    Por tanto, tendremos que ser humildes y aceptarnos en nuestras limitaciones, pero no encerrarnos en una armadura y olvidarnos que el camino se va haciendo todos los días, en cada ocasión con su nuevo reto.

    Así formamos también una nueva mirada de nosotros mismos, de nuestra realidad y seguimos desarrollándonos hasta el máximo de nuestras potencialidades.

    Entonces, realmente habremos tomado las lecciones antiguas como buenas enseñanzas para darnos un mejor presente.

    En palabras del gran maestro de Torá sefaradí, don Abraham ibn Ezra: «Si no soportas el esfuerzo del estudio, mucho más pesado es el peso de la ignorancia» (Shirat Israel 113).

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  • Lej Lejá: paso a paso

    1ª aliá: Avram recibe instrucciones de parte de Dios para que deje Jarán y viaje casi mil kilómetros hacia la tierra que había sido usurpada por los invasores cananeos, la antigua región que correspondía a los hebreos, que es la actual Israel.
    Él ya había iniciado ese viaje de regreso mucho tiempo antes, cuando marchó junto a su padre, quien los dirigió hacia la tierra de Ever; pero, por diversos contratiempos habían quedado varados en Jarán.
    Ahora era cuando se reiniciaba el viaje para el reencuentro del hebreo con la tierra de los hebreos; tal como miles de años más tarde, sus descendientes los judíos retornarían en masa a la tierra de la que fueron echados vilmente por los romanos. Es como si el espíritu del sionismo estuviera vivo desde el mismo comienzo de la nación de Israel, incluso antes del primer patriarca. Porque el sionismo es algo más que un movimiento político del siglo XIX, o una idea nacionalista: el sionismo es el vínculo indestructible entre la nación judía y su tierra.
    Pero, en la historia de la parashá el asentamiento sionista del patriarca Avram se ve obstaculizado por causas adversas, ya que al llegar se ven obligados a dejar Canaán, debido a una hambruna local terrible. Marcharon a Egipto en busca de comida, demostrando que una cosa es ser idealista y realizador, y otra cosa es ser idealista que vive fantaseando sin conectarse con la realidad.

    2ª aliá: Avram se da cuenta de que la moralidad egipcia es diferente a la de su lugar de origen, e incluso peor que la habitual en Canaan. Por tanto, tienen que idear alguna estrategia para preservar su vida y libertad, pues los egipcios no tardarían en dañarlo para quitarle a su esposa Sarai y abusar de ella.
    La intervención de Dios permite que ambos se salven del desenfreno del faraón, para finalmente regresar a Canaan con muchas experiencias y riquezas que proveyó el faraón, a modo de disculpa por su conducta anterior.

    3ª aliá: Ocurre una grave disputa entre los peones de Avram y los de su sobrino / cuñado Lot, quienes viajaban juntos hacía mucho tiempo. Resulta que los peones de Lot no eran cuidadosos de la propiedad ajena, en tanto que los de Avram lo eran y no aceptaban que se estuviera perjudicando a su patrón con conductas negativas. Para evitar una escalada del conflicto, Avram le propone a su sobrino que se separen en buenos términos permitiéndole que escoja en qué parte de la tierra prometida por Dios quiere residir. Lot elige la que, en aquella época, era la más rica y productiva, en lo que actualmente conocemos como árida zona del valle del Mar Muerto.
    Hashem le asegura a Avram que tendrá hijos, tantos ‘como el polvo de la tierra’, que heredarán la tierra de Israel y continuarán con su trabajo de difusión de las enseñanzas espirituales.

    4ª aliá: Hubo una feroz batalla entre 5 reyes contra 4, la causa es que los agresores vinieron de muy lejos para mantener su poder imperial y llevarse riquezas y esclavos. Entre los tomados cautivos se encontraba Lot.
    Al enterarse Avram del infortunio de su sobrino y de la gente de la localidad cercana, decide salir al rescate de las víctimas, interviniendo así en un conflicto entre poderosos, mostrando su lugar entre los príncipes de la región. Porque Avram ya era algo más que un filósofo, comerciante, maestro espiritual, buen vecino y estanciero, era también una personalidad con poder y autoridad y se encargaba de dejarlo bien en claro. Cuando logra vencer a los enemigos y llevar a Cannan al equilibrio, fue reconocido por los otros líderes políticos por su fuerza militar y autoridad moral. Paso a paso estaba abriendo el camino a la realización de las promesas de Dios para él y su familia, pero era una tarea que llevaría mucho tiempo, más que lo que él viviría.
    Se relata en esta sección su encuentro con Malki Tzedek, el rey de Shalem. Pero, ¿quién es este personaje del cual no tenemos más noticias de él en la Torá?
    Resulta que era Shem, el hijo de Noaj, quien regía en esa zona y mantenía allí un sacerdocio dedicado al Dios Altísimo (El Elión), que era su manera de denominar a Hashem. A pesar de ser monoteísta tenía miedo de declararse como tal y de negar públicamente la realidad de los dioses, pues el poderoso emperador Nimrod, el impulsor del primer gobierno mundial y de la primera religión organizada (que era usada como instrumento político), podría castigarlo severamente por ello. Por tanto, de manera reservada adoraba al Altísimo, cuidándose mucho de no enfadar a Nimrod.
    Shem era monoteísta como lo fue su padre, y muchísimos anteriormente a ellos. Avram en modo alguno fue el primer monoteísta, pero sí fue el primero en llegar a darse cuenta por sus propios medios de la futilidad de la idolatría y de que hay un solo Dios. Más tarde sus ideas de la deidad única le fueron confirmadas personalmente, tanto por Shem (que era un antecesor suyo), como por Noaj. Además de que, obviamente, el propio Dios se lo dijo cuando Avram tenía 75 años y experimentó su primer comunicación profética.
    Volviendo a Malki Tzedek, no por casualidad en esa zona de Shalem siglos más tarde estará la ciudad de Ierushalaim, designando en ella el rey David el lugar para el Templo de Hashem. Ya se conocía su energía especial, su vínculo con la espiritualidad, y es por ello que Malki Tzedek había puesto su sitio de adoración allí.

    5ª aliá: Avram demuestra nuevamente su grandeza al no querer tomar nada de lo capturado en batalla, aunque tenía todo el derecho. Pero sí permite que aquellos que le acompañaron lo hagan.
    Los años pasan y Sarai sigue sin quedar embarazada de Avram. Entonces, Hashem vuelve a tranquilizar a Avram diciéndole que tendrá hijos (no solo estudiantes) que ‘serán tan numerosos como las estrellas en el cielo’.

    6ª aliá: Ocurre el trascendental «Brit Bein haBetarim» (‘Pacto entre las mitades’), durante el cual se revela proféticamente a Avram los próximos 430 años de su familia, se le anuncia el destierro y esclavitud de sus descendientes, sus tomentos y posterior liberación y retorno a la tierra prometida cargando grandes riquezas.
    Luego se nos cuenta que Sarai le pide a Avram que tenga un hijo con Agar, la joven esclava egipcia que habían traído de Egipto. Ella era la hija del faraón y ahora se convertiría en la madre del primer hijo de Avram. La intención de Sarai era que al nacer el niño ella lo criaría, ya que sentía que biológicamente no tendría un hijo con su marido. Pero, Agar bien pronto entró en conflicto con su patrona Sarai, a la que menospreciaba y maltrataba, olvidando su verdadero lugar dentro de la familia de Avram. Finalmente la sierva huye, está en riesgo de vida, pero se encuentra con un ángel que la rescata y le dice que vuelva a casa de Sarai y acepte su autoridad, porque ella sigue siendo la esposa de Avram y la que será la madre de la descendencia elegida por Dios para ser maestros de la espiritualidad para todas las naciones. El ángel también le da noticias de cómo será el futuro de su hijo, a quien deberá llamar Ishmael.
    Después del nacimiento, Dios ordena que el nombre de Avram se cambie por Avraham (Abraham, en su grafía castellana).

    7ª aliá: Avraham recibe la mitzvá de la Circuncisión, para él y todos los varones de su casa, siendo a partir de ese momento regla que se circuncide a los varones al octavo día del nacimiento.
    El nombre de Sarai se cambia a Sará, y Hashem le asegura a Abraham que él y Sará tendrán un hijo llamado Itzjak. Es el año 2047 y Avraham se circuncida a sí mismo, a Ishmael de 13 años y a todo varón de su casa.

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  • La conexión sagrada en la parashá Lej Lejá

    Esta semana leeremos la parashá Lejá, la famosa sección que nos presenta el despertar de la conciencia espiritual de Abraham y la posterior peregrinación hacia la tierra de sus patriarcas, la tierra de Ever, que nosotros conocemos como Israel.
    La travesía, iniciada desde muy temprana edad, no solamente la realizó transportándose desde Ur de los Caldeos (en una zona entre las actuales Turquía y Siria), sino también reconstruyendo muchísimo de lo que creía, conocía, sentía, sus vínculos sociales, etc.
    Para este viaje de autoconocimiento y de mejor comprensión de la realidad, no llevaba un mapa que le mostrara la ruta, ni siquiera tenía una brújula para orientarse, sino tan solo intuiciones y convicciones de que el mundo no podía ser realmente tal como el Sistema de Creencias de su sociedad lo presentaba. Por ello confrontó desde pequeño la ideología imperante, aquella que adoraba ídolos y permitía que el emperador, Nimrod, gobernara con puño de fierro y discurso seductor por sobre regiones y personas.

    Su determinación y valentía para cumplir sus sueños, para perseguir sus convicciones formadas a través de filosóficas corazonadas, finalmente fueron coronadas cuando al comienzo de la parashá recibe el mensaje de Dios que le confirmaba buena parte de sus descubrimientos anteriores: el mundo no era como lo pintaba la ideología dominante; los dioses son irrelevantes; hay un Dios que es por completo diferente a todo lo conocido; Dios está interesado en Sus criaturas; para Abraham y su familia es necesario reconectarse con la tierra original de sus ancestros; entre otras cosas que le fueron confirmadas o reveladas cuando Dios se comunicó con él proféticamente.

    Este es solamente un vistazo de una de las temáticas de la parashá, por lo cual, te invito a conocer el resto buscando en nuestro sitio https://serjudio.com y en los videos que tenemos publicados en https://youtube.com/yehudaribco.

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  • El milenario retorno de los judíos a la tierra de los hebreos

    ¿Te diste cuenta de que el primer registro “bíblico” del pueblo judío es el de un pueblo en el exilio y que aspira a regresar a su propia tierra?

    Supongo que lo habrás pasado por alto, entonces te lo comparto ahora aquí:

    «Teraj tomó a su hijo Avram, a su nieto Lot hijo de Harán, a Sarai su nuera, mujer de su hijo Avram, y partió con ellos de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán. Y llegaron hasta Jarán y se asentaron allí»
    (Bereshit/Génesis 11:31)

    Ésta era la familia de los últimos hebreos.
    Porque Abraham era el último de ellos, no el primero como erróneamente se supone.

    Hebreo es un descendiente de Heber, el cual tuvo numerosísimos descendientes.
    Como vemos:

    «Shélaj vivió después que engendró a Heber 403 años, y engendró hijos e hijas. Vivió Heber 34 años y engendró a Peleg. Heber vivió después que engendró a Peleg 430 años, y engendró hijos e hijas.»
    (Bereshit/Génesis 11:15-17)

    Entre ellos, la familia de Teraj.

    Mucho tiempo anterior a Teraj, la tierra habitada por Heber y su familia era la patria de los hebreos, la cual quedaba en el borde del Mar Mediterráneo, entre Egipto y el Líbano.
    Por motivos variados esa población emigró dejando su tierra patria apenas poblada de hebreos, lo cual fue aprovechado por moradores africanos (principalmente) que fueron entrando como intrusos y adueñándose del patrimonio de los hebreos.
    Así paulatinamente la tierra recibió otro nombre, como tierra de Canaán.

    Pero, los verdaderos dueños de ese lugar no habían olvidado su lazo ni su intención de retorno.
    Sin embargo, las cuestiones del entorno no se lo habían posibilitado.
    Es por ello que la última familia de los hebreos estaba radicada en la ciudad de Ur de los Caldeos.
    Evidentemente, eran extranjero aquellos hebreos en medio de una población que los había acogido pero no completamente asimilado.

    Los últimos hebreos trataron diferentes métodos para resolver “la cuestión hebrea”:

    • asimilarse hasta desaparecer como identidad,
    • integrarse pero manteniendo ciertos rasgos propios,
    • ser la voz ética en medio de una sociedad corrupta, y por ello ser sacrificados en el altar de la inmoralidad,
    • el anhelo por retornar a la tierra patria para vivir a pleno su identidad.

    Como te podrás dar cuenta, aquel antiquísimo relato de los antepasados del pueblo judío tienen un eco muy profundo en los sucesos que acompañaron a los judíos durante siglos y siglos.
    El ser exiliados de nuestra tierra.
    El no perder nuestra identidad a pesar del entorno, tanto benévolo como hostil.
    El querer regresar al hogar nacional.
    Las diferentes alternativas que se plantearon en el seno de la familia para terminar con la tensión existente.
    El pleno retorno a la tierra, aunque fuera interrumpido por mucho tiempo.

    Es mucho lo que se aprende de este estudio, pero no avanzo más por hoy.
    Si te ha sido de provecho, compártelo, agradécelo y no te olvides de darme una mano para que pueda continuar mi sagrada tarea de difundir enseñanzas espirituales de poder: https://serjudio.com/apoyo

  • De palabra circuncisión

    En el hebreo moderno palabra se dice “milá”, no era así en el hebreo original, en la época del TANAJ.
    De hecho, aparece una sola vez esta palabra en todo la sacra compilación:

    «כִּ֤י אֵ֣ין מִ֭לָּה בִּלְשׁוֹנִ֑י הֵ֥ן יְ֝הוָ֗ה יָדַ֥עְתָּ כֻלָּֽהּ :
    Pues aún no está la palabra en mi lengua, y tú, oh Eterno, ya la sabes toda.»
    (Tehilim/Salmos 139:4)

    En el salmo 19 aparece como “mileihem”, y en un par de lugares aparece el verbo “lemalel”. No es sorprendente que ese verbo sea usado por personas oriundas de tierras lejanas (Iyov y Sará), que probablemente hablaban arameo o una lengua familiar de ella.

    No es extraño que en el hebreo clásico “palabra” sea “devar”, es la que está cientos de veces usada en el TANAJ; porque ésta es hebrea, en tanto que “milá” tiene un origen en “miltah” (http://www.daf-yomi.com/AramicDictionary.aspx?wordID=11567&source=1), de “lemalnel” o “lemalel”, del arameo, y por tanto introducida posteriormente en el acervo lingüístico del pueblo judío:

    «מִשְׂתַּכַּ֨ל הֲוֵ֜ית בְּקַרְנַיָּ֗א וַֽ֠אֲלוּ קֶ֣רֶן אָֽחֳרִ֤י זְעֵירָה֙ סִלְקָ֣ת ביניהון (בֵּֽינֵיהֵ֔ן) וּתְלָ֗ת מִן־קַרְנַיָּא֙ קַדְמָ֣יָתָ֔א אתעקרו (אֶתְעֲקַ֖רָה) מִן־קדמיה (קֳדָמַ֑הּ) וַֽאֲל֨וּ עַיְנִ֜ין כְּעַיְנֵ֤י אֲנָשָׁא֙ בְּקַרְנָא־דָ֔א וּפֻ֖ם מְמַלִּ֥ל רַבְרְבָֽן:
    Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno, uno pequeño, crecía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres de los cuernos anteriores. Y he aquí que en este cuerno había ojos, como ojos de hombre, y una boca que hablaba arrogancias.»
    (Daniel/Daniel 7:8)

    Así pues, no confundamos el origen de la voz “milá”, porque esto podría llevarnos a gravísimos errores. Como por ejemplo asociar “palabra” con “brit milá”, que es el “pacto de circuncisión”. Porque aquí sí, la palabra “milá” como circuncisión tiene su origen hebreo. Del verbo “linmol” o “limol”, del cual también proviene la profesión del experto llamado “mohel”.
    Veamos su uso en la Torá:

    «זֹ֣את בְּרִיתִ֞י אֲשֶׁ֣ר תִּשְׁמְר֗וּ בֵּינִי֙ וּבֵ֣ינֵיכֶ֔ם וּבֵ֥ין זַרְעֲךָ֖ אַֽחֲרֶ֑יךָ הִמּ֥וֹל לָכֶ֖ם כׇּל־זָכָֽר:
    Éste será Mi pacto que cuidaréis, es entre Yo y vosotros y con tu descendencia tras de ti: que sea circuncidado todo varón entre vosotros.
    וּנְמַלְתֶּ֕ם אֵ֖ת בְּשַׂ֣ר עׇרְלַתְכֶ֑ם וְהָיָה֙ לְא֣וֹת בְּרִ֔ית בֵּינִ֖י וּבֵֽינֵיכֶֽם:
    Circuncidaréis la carne de vuestros prepucios, y esto será como señal del pacto entre Yo y vosotros.
    וּבֶן־שְׁמֹנַ֣ת יָמִ֗ים יִמּ֥וֹל לָכֶ֛ם כׇּל־זָכָ֖ר לְדֹרֹֽתֵיכֶ֑ם יְלִ֣יד בָּ֔יִת וּמִקְנַת־כֶּ֨סֶף֙ מִכֹּ֣ל בֶּן־נֵכָ֔ר אֲשֶׁ֛ר לֹ֥א מִֽזַּרְעֲךָ֖ הֽוּא:
    A los ocho días de nacido será circuncidado todo varón de entre vosotros, a través de vuestras generaciones; tanto el nacido en casa como el comprado con dinero a cualquier hijo de extraño que no sea de tu descendencia.
    הִמּ֧וֹל ׀ יִמּ֛וֹל יְלִ֥יד בֵּֽיתְךָ֖ וּמִקְנַ֣ת כַּסְפֶּ֑ךָ וְהָֽיְתָ֧ה בְרִיתִ֛י בִּבְשַׂרְכֶ֖ם לִבְרִ֥ית עוֹלָֽם :
    Deberá ser circuncidado el nacido en tu casa y el comprado con tu dinero. Así estará Mi pacto en vuestra carne como pacto eterno.»
    (Bereshit/Génesis 17:9-13)

    Tenemos que, aunque las palabras sean fonéticamente similares, y desde hace unos años se escriben igual, su origen es diferente y por tanto sería traído de los pelos vincular ambos conceptos: “palabra” y “circuncisión”.
    Mucho más extraño resulta pretender simbolismos espirituales decisivos, allí en donde solo hay en su origen similitud fonética.

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  • La oportunidad de ser rico y feliz

    Un hombre rico entra a una zapatería lujosa y empieza a preguntar por precios de los diversos zapatos que le llaman la atención. Parece disfrutar de su tarde de compras, o al menos de revolver la mercadería para encontrar lo que gusta y acomoda.
    Pero su placer se ve interrumpido de a ratos, cuando un molesto “tic tac tic tac” lo desconcentra.
    Mira para un lado, mira para otro, y no encuentra qué está haciendo ese ruido tan perturbador.
    No se da cuenta si es un reloj, o una maquina, quizás algunas termitas, en verdad, no lo sabe, solo entiende que se está molestando con ese golpeteo.
    De pronto, de la trastienda aparece un empleado y en él descubre la causa del ruido, ya que uno de sus zapatos está roto y es esa pieza suelta la que golpea el piso produciendo el “tiki taka tiki taka”.
    Esto es insólito, piensa el rico comprador, añadiendo con astucia en su mente: “en casa de herrero cuchillo de palo”. Entonces, se acerca al mozo y le pregunta: “¿No te da vergüenza que estás en una zapatería fina tú con esas chanclas que dan pena, armando un ruido tremendo por si fuera poco?”.
    El dependiente con mucha humildad le responde que su sueldo es escaso y los zapatos muy onerosos, no teniendo la capacidad para adquirir unos nuevos y tan siquiera de enviar al arreglo este par dañado que usa. 
    De inmediato el rico saca un enorme fajo de billetes que está empaquetada por una banda elástica, para evitar que la multitud de billetes se disperse o estropee.
    Al ver eso, el pobre empleado se relame y supone que va a recibir una donación, una generosa y abultada suma para comprar nuevos zapatos o al menos arreglar los actuales.
    Con mucha emoción espera mientras el rico comprador saca la banda elástica del enorme fajo de billetes, ya está ansiando contar junto a él cada uno de los billetes que recibirá. Cuando el rico le estira la gomita e ingeniosamente le dice que se la ponga en el zapato, así sostendrá la pieza floja y dejará de hacer ruido.

    ¡Tantas cosas para comentar, opinar y aprender de este chiste!
    Pero permíteme enfocarme en un solo aspecto, el cual está directamente vinculado con la parashá LEJ LEJÁ, que es leída esta semana.

    Hay muchas personas que están a la espera de que algo o alguien le solucione sus problemas.
    En lugar de hacer su parte, se dejan estar, consumiéndose en la esperanza de la solución mágica.
    No aprenden, no rompen esquemas, no se esfuerzan, no se preparan, ni siquiera le buscan la vuelta ingeniosa, sino que simplemente esperan y esperan, como si las cosas se resolvieran por sí mismas, como si el tiempo en verdad todo lo curase, como si tuviera el universo la responsabilidad de hacerle los mandados. O quizás el Creador, (o los diversos dioses que son inventados por la imaginación humana), tuviera la obligación de responder a sus cretinas interrupciones.

    En el caso del cuento, el empleado se dejaba estar y la solución no aparecía espontáneamente, de hecho la situación iba empeorando, porque es una ley natural que si un sistema no es sostenido a través del trabajo, de la inversión de recursos en él, decae, se vuelve caótico, se va destruyendo.
    Tal como los zapatos rotos, cada vez más deshechos.

    Entonces, el dependiente creyó ser merecedor de un milagro, en la presencia del rico portador de un gordo montón de billetes. Supuso que con la lástima conseguiría lo que no alcanzó con esfuerzo o preparación.
    Se imaginó merecedor de un premio, enviado por los dioses mágicos que usarían como intermediario al rico.

    Pero éste no estaba para dar caridad, ni una limosna.
    Más bien dio un instrumento para que fuera el empleado el amo del destino de sus zapatos.
    Ya que no quería o podía comprar otros zapatos, ya que no quería o podía remendarlos, entonces el rico le mostró cómo con ingenio y unos pocos recursos había un paliativo a mano.

    Seguramente el empleado se sintió defraudado, engañado, estafado.
    Es muy probable que al llegar a su casa esa noche le contara a su esposa de aquel rico desgraciado que en vez de comprarle unos zapatos le había entregado una miserable gomita.
    Dudoso es que agradeciera lo más mínimo.

    Y en verdad, el rico le estaba dando una riquísima enseñanza, pero no en dinero contante y sonante.
    Una moraleja mucho más valiosa y duradera, que suponemos el pobre zapatero desaprovechó.

    En nuestra parashá Avram, que todavía no era Abraham, recibió el llamado de aquella voz misteriosa y desconocida, la de Dios, que le ordenó irse de su marco social, abandonar lo conocido, rechazar su “destino”, salir de la incómoda zona de confort, para embarcarse en una aventura. Debía salir a la ruta para aprender a conocerse y en esa interminable tarea  llegar a la Tierra de Promisión y asentarse en ella.
    Sería el inicio de un viaje inmenso, que abarcaría montón de generaciones, muchísimas anécdotas, interminables horas de aventuras y desventuras. Pero siempre con la meta por delante, finalmente llegar a la Tierra de Promisión, afincarse en ella, disfrutar de sus bendiciones junto a los descendientes.

    Dios le estaba dando algo mucho más valioso y trascendente que una banda elástica a quien sería el primer patriarca de los judíos, pero no le estaba solucionando sus problemas, ni haciendo magia para evitarle contratiempos, sufrimientos, experiencias.
    Le estaba obligando a salir de su zona de confort y ponerse a trabajar con mucho más empeño, aprender con mucha más destreza, aunque eran cosas que Avram ya venía haciendo hacía tiempo.

    Sería bueno que tomemos el ejemplo, de dejar de esperar magia y comenzar a hacerla con nuestros aprendizajes, con dejar de lado conductas perjudiciales, con hacer lo que es justo y bueno.
    A cada rato Dios nos envía “ricos” que nos brindan herramientas para conseguir superarnos.

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    (Gracias profesor Luis Girona por los aportes conceptuales).

  • Abraham el rebelde

    Nos cuenta el MIDRASH que, cuando faltaban muchas décadas para que Avram hijo de Téraj fuera Abraham , se dio cuenta de que ninguna mansión se construye por sí misma, ni por casualidad.
    Alguien tiene que encargarse de soñarla, idearla, planificarla, diseñarla, administrar los recursos, poner manos a la obra, edificarla, embellecerla para que finalmente pueda estar lista para ser habitada y ser realmente una mansión.
    Por tanto, el joven Avram se rebeló en contra de los dioses y otras creencias e imposiciones de su sociedad, negando el orden establecido para afirmar que esta mansión tiene un dueño, un amo, pero que ninguno es capaz de reconocerlo o señalarlo.
    Con ello Avram se convirtió en el primer agnóstico de la historia, porque a diferencia de todos los humanos anteriores no adjudicaba divinidad a nada/nadie, ni tampoco aún conocía al Creador y Señor. Sin embargo, no era ateo, porque muy en su interior intuía, sentía, que existe un Arquitecto y Señor. Por tanto, era un agnóstico, porque no era ni ateo ni creyente, y aún tampoco sabedor del Eterno.

    Sus antepasados Noaj/Noé, Shem y Eber le confirman que es como el había teorizado, que en verdad existe un único Dios y que los dioses son inventos de los hombres. Noaj hasta le cuenta de aquellas viejas historias que lo tuvieron como héroe y desdichado, en las cuales Dios se dirigió personalmente a él.
    Pero nada en estas anécdotas le daban certeza y seguridad a Avram, pues podían ser desvaríos de esas viejas mentes cansadas, o tal vez otras imaginaciones fraudulentas del EGO poblando el mundo de dioses imaginarios.
    Por tanto, Avram no sabía y por ello andaba con su método de la duda para todas partes, por todos sus exilios.

    A la edad de 75 años recibe finalmente la revelación profética, cuando el Eterno se comunica con él para decirle que estaba en lo correcto, que no era un loco, que no era un rebelde sin sentido, que no era un banal filósofo lleno de aire en el cerebro, sino que efectivamente todo lo que el mundo llamaba dioses eran vanidades, sombras de sombras de reflejos de Él.
    Dios le afirmaba que era una presencia en este mundo y que intervenía o se ocultaba, pero nunca era indiferente a los aconteceres de la minúscula de nada cósmica que parece somos los humanos.

    Con la revelación también vienen las promesas, bendiciones y compromisos de difíciles tareas.
    Debía confrontar a los poderosos, a los amos del mundo.
    Debía caminar por la senda de la espiritualidad.
    Debía aprender a dominar el egoísmo y todas las otras incitaciones del EGO.
    Debía afincarse en la tierra de su antepasado Eber, ahora usurpada por los cananeos y otros arribistas.
    Debía formar una familia que se entrenara en la santidad y compatibilizar este mundo con la espiritualidad.
    Debía dar a conocer al Eterno.
    Debía luchar contra sus propios hábitos y tendencias, rearmar su personalidad para que estuviera más sintonizada con su Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu, chispa Divina).
    Debía difundir los Siete Mandamientos para las Naciones, el noajismo, para que la humanidad se encaminara hacia la meta correcta y no anduviera a los tumbos en la oscuridad.
    Debía y debía de hacer muchas otras cosas, todas formaban parte de su código de conducta basado en lo espiritual, porque era la manera de realizar su misión en esta vida.

    La vida que le esperaba era la de no estar satisfecho en ningún momento, porque ahora no solo intuía el infinito, sino que se sabía absolutamente parte de él.
    Ciertamente que sabía estar alegre con su porción material, pero nunca satisfecho.
    Por ello rompía límites, seguía quebrando los marcos establecidos, desatando las cadenas que nos retienen amargados y en penurias. No iba a permitir que el EGO siguiera gobernando nuestras vidas, pudiendo ser el Señor de señores quien lo hiciera.

    Es un modelo para que tomemos en cuenta.
    ¿Qué es lo que más te atrae de Abraham?

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  • Ser socio del Socio

    El árbol se encuentra potencialmente en la semilla, sin embargo, la semilla debe de morir como tal para que pueda surgir el árbol.
    Pero no es una ecuación automática, puesto que solamente ocurrirá cuando se den las condiciones mínimas y necesarias para que suceda.

    Al final de la parashá anterior (Noaj) encontramos que en la familia humana había nacido Avram hijo de Téraj, décima generación desde Noaj.
    Ya de pequeño fue un disruptor, un rebelde, un generador de cambio.
    No permitió que la insufrible y cómoda zona creada por el Sistema de Creencias lo dominara, sino que con firmeza y persistencia iba quebrando una tras otras las restricciones mentales que le imponían.
    No se ataba a dioses ni a gobernantes. Criticaba hasta desmenuzar cada una de las creencias y lemas. Confrontaba las “verdades” y hábitos de los demás para que pudieran liberarse también y hacerse un poco más humanos y menos autómatas, primero lo hizo de forma belicosa y cuando maduró con mucha flexibilidad y compasión.
    Se puso a la cabeza de un movimiento renovador, o más bien: restaurador; pues, él había redescubierto el monoteísmo y a viva voz lo proclamaba y ofrecía a quien estuviera al alcance de su influencia.

    Era una semilla que estaba tratando de convertirse en un fuerte y espléndido árbol.
    Quería que su sombra cubriera a los chamuscados por el sol y refugiara a los asfixiados por el calor. Que sus frutos alimentaran a los necesitados. Que su presencia guiara a los confundidos. Que su descendencia se multiplicara y con ellos la bendición que derramaba generosamente para los demás.
    Pero para eso debía morir Avram y nacer Abraham, el que sería padre de muchas naciones: las futuras 13 tribus de Israel, herederos de su legado sagrado y material así como algunas otras naciones emparentadas con ellos, tales como los descendientes de Ishmael entre otros descendientes de segundo orden.

    Avram fue la pequeña vasija que daba paso a la grande.
    Un limitado contenedor de la bendición Celestial que a través de su esfuerzo, de su dedicación, de su entrega, aprendió a superar las fronteras impuestas por el EGO y secundadas por la sociedad, para ser la mejor versión de sí mismo.
    Este pasaje no es gratis, la semilla debe morir para que nazca el árbol.

    Pero en ese trabajo la persona se va transformando y desbloqueando aquello que reduce su capacidad de comprensión, de captación de bendición, de placer. Con el cambio crece en todo lo bueno y actúa como un imán para que la bendición espiritual atraiga otros beneficios, tales como el sustento, salud, buenas relaciones, etc.
    Todo esto le estaba sucediendo a nuestro patriarca Abraham, que en su crecimiento espiritual también fue acarreando bienestar material.

    Podemos hacer algo similar, cada uno a su nivel.
    Podemos ir trabajando para quitarnos las cáscaras y máscaras que fueron formando nuestro Yo Vivido, podemos hacer la limpieza de hábitos y creencias que nos aprisionan, para modificar nuestra personalidad y llevarnos a estar en sincronía con nuestro Yo Esencial, también llamado NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina).
    Entonces dejaremos de lado excusas, miedos, sentimientos negativos, relaciones tóxicas, conductas perjudiciales, reacciones disfuncionales y nos iremos transformando en una personalidad más luminosa, saludable, consciente, alegre, conectada con la vida y el bienestar. Destrabamos el canal de la bendición Celestial y estaremos siendo dignos receptores de ella.

    Para ello es tomar conocimiento de que somos chispas de la Divinidad en tránsito por este mundo. Somos hijos del Creador y estamos aquí para experimentar todo lo que nos trae la vida, pero en especial de lo bueno.
    Darnos cuenta de lo que nos une, que es lo espiritual.
    Pero también ser conscientes de lo que nos separa, que es el EGO, las pequeñas torpezas del materialismo. Con esto en mente, aprender a manejarnos para desempolvar la bendición y favorecernos de ella.
    Al hacer cada uno su parte, que solamente cada uno de nosotros puede hacerla, estamos aceptando nuestro rol como socios de Dios y eso lo “obliga” a Él a colaborar como nuestro Socio. ¿Habrá un poder más poderoso que éste?

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  • Coaching Espiritual

    «Dijo el Eterno a Avram: `Vete para ti de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.»
    (Bereshit/Génesis 12:1)

    La orden divina en apariencia está desordenada, porque uno primero se va de la casa, luego de la ciudad/patria y más tarde de la tierra/país; y sin embargo Dios le dice a Abraham que haga exactamente lo contrario.

    Será que no está hablando Dios del viaje físico que debía emprender el iniciado Abraham, sino un camino para avanzar en la senda espiritual.

    Le está indicando que vaya saliendo paulatinamente de …

    Si quieres profundizar en este importante tema, te recomiendo que sigas este link: https://belev.me/2018/10/16/coaching-espiritual/
    Es GRATIS y no precisas inscribirte, ni nungún compromiso.
    Disfruta.

  • Lej Lejá 5778–unas cuentas enseñanzas para la vida cotidiana

    El Eterno se comunica proféticamente con Abram, tras muchos años que el hombre había estado en soledad a causa de su tarea de demostrar la falacia de las creencias de su entorno, firme en su convicción de que la idolatría no tiene realidad. Anteriormente había analizado el asunto con los monoteístas que le precedieron, entre ellos sus antepasados Noaj, Shem y Eber, igualmente sentía que sus ideas y obra se basaban en creencias y relatos pero no en la certeza. Es decir, no tenía algo que demostrara con seguridad lo que él creía. Pero ahora, por primera vez, sabía sin dudas que Dios existe y está en relación directa con Su creación. Por tanto, no había necesidad de recurrir a la fe o a malabarismos mentales que lo justificaran. Por éste y otros motivos aquel fue un día trascendental para la historia de la humanidad.
    De una u otra forma, Abram venía activando desde mucho antes en la difusión de las Siete Leyes Universales (las que nosotros llamamos actualmente Mandamientos Noájicos), por lo que había un grupo de personas que le consideraban su guía espiritual y consejero para la vida.

    Ahora, Abram se enfrentaba a un nuevo reto, el dado directamente por Dios, que era dejar TODO lo conocido, salir de su extensa zona de confort, para dirigirse a una misteriosa tierra, la que por derecho le pertenecía a él y a sus descendientes. Allí debería reiniciar la historia de la humanidad, en una nueva etapa que superaría la comenzada por Noaj.
    Emprende así el retorno a la tierra propiedad de su ancestro Eber, la que conocemos como Eretz Israel, que en aquella época había sido usurpada por el extranjero canaanita. Lo hace por un deseo personal, así como por un compromiso familiar, pero también porque es la Divina Voluntad, ya que esa tierra guarda una permanente y especial relación con los hebreos, de todas las épocas. Si bien tenía que ir solo y sin bienes materiales, finalmente parte acompañado por su esposa Sarai, el sobrino Lot, los empleados que cuidaban el ganado, éste, otras posesiones y la gente que había abandonado la religión para seguirle a él y sus enseñanzas espirituales.
    Así llegan a la Tierra de Promisión y se comienzan a relacionar con los habitantes en ella. Abram va y viene a lo largo y ancho de la tierra, sin asentarse en ningún sitio, conociendo y haciéndose conocer, manifestando con su conducta que no es un extranjero, ni un extraño que viene a usurpar el lugar, sino el propietario que está tomando posesión de su patrimonio. Aunque esto efectivamente se concretaría en el futuro.
    Luego de un tiempo, el hambre azota la región por lo que deben emigrar temporalmente a Egipto, donde pasan algunas circunstancias angustiosas, que finalmente sortean para regresar a Israel con mayores riquezas y renombre.
    El estar lleno de fortuna no siempre es sinónimo de bienestar, en este caso provocó que se pelearan sus empleados y los de su sobrino Lot, porque cada uno tenía tantos animales que encontraban dificultades para compartir el terreno de pastoreo. Esto llevó a que Lot se separe y se vaya a vivir a la zona más fértil que corresponde a lo que hoy conocemos como el mar Muerto.
    Más adelante se relata una gran guerra entre varios reyes, en la cual Lot es capturado y llevado como cautivo, lo que motiva que Abram entre a la guerra y establezca pronto la paz.
    Vemos que no era solamente un filósofo, un líder espiritual, un comerciante, un empresario, un visionario, un sionista, sino también alguien con la capacidad de enfrentar a los enemigos para luchar por establecer la paz y el orden.
    El tiempo pasa y Abram no tiene hijos con Sarai, por lo cual a instancias de ella tiene un hijo con su sirvienta egipcia, Agar. Así es como nace Ishmael, el que es considerado habitualmente como el patriarca de los árabes.
    A los 99 años de edad, Dios le cambia el nombre a Abram, pasándose a llamar ahora Abraham. En tanto Sarai será conocida como Sará.
    Ahí mismo Dios establece un pacto con Abraham el cual queda signado por la circuncisión del prepucio, lo cual hará en ese momento Abraham y los varones de su casa. Además queda como mandato que al octavo día después del nacimiento de un varón de la casa de Israel se realice este acto que manifiesta el pacto perpetuo entre Dios e Israel.