Categoría: CTerapia

  • Parte del Dios que no tiene partes

    Se le atribuye al fundador del movimiento jasídico, el Baal Shem Tov, la siguiente frase:

    «Amarte a ti mismo, es identificarte como parte de la Shejiná»

    Shejiná, es la creencia que se estableció en el seno del judaísmo acerca de «la Divina Presencia».
    ¿Cómo explicar la misma?
    Difícil, más bien imposible, como todo lo que corresponde a tratar de definir al Eterno y Sus cuestiones.
    Pero, podríamos establecer que es la vivencia de que Él está presente. No es necesario que haya manifestaciones supranaturales, ni hechos maravillosos, ni columnas de nubes o fuego avanzando de manera coherente, ni relámpagos o bolas de energía con evidente inteligencia. Todo ello pudiera revelar la Presencia, pero no son la misma.
    Shejiná es sentir, saber, compenetrarse con Dios aquí y ahora, presente y «vivencial»; no solamente el Creador allá lejano perdido en la oscuridad de los tiempos y misterios insondables; no ese Dios que actúa como el Soberano, desde la distancia y el temor reverente que puede inspirar Su poder sin límites; no como el Dios de los filósofos, que resulta abstracto, incomprensible no por su esencia sino por los adefesios con que Le adornan; sino el Dios cercano, íntimo, como una madre que cobija a Sus hijos, como la amante esposa que se funde en un abrazo tierno e inspirador.
    Los poetas quieren verla como la faceta femenina del Dios que no tiene sexo ni género, en el mundo de la fantasía poética parece que todo pudiera ser posible.
    Igualmente, no es tan traída de los pelos la imagen, pues es como una dulzura próxima, una belleza sin palabras, un sentirse acompañado y valorado sin límites ni quejas.

    ¿Cuál pudiera ser la enseñanza, entonces, contenida en la frase del ilustre Isroel ben Elieizer?

    Mi respuesta, a la espera de la tuya, es vivir de tal modo que podamos ir haciendo de nuestro Yo Vivido un reflejo de nuestro Yo Esencial (Neshamá).

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  • Sof maasé vemajashabá tejilá

    «Sof maasé vemajashabá tejilá», cantamos en el Lejá Dodi.
    El final es la acción, pero antes tenemos que pensar.
    Eso es lo que nos dice.
    Porque solo pensar, no alcanza.
    Hacer sin planificar, estudiar, medir, mediar, etc., puede ser ineficaz, o peor aún, perjudicar.
    Precisamos de ambas conductas, en su justa medida, a su debido tiempo.
    Como nos enseña la colocación tradicional de los tefilín: comenzamos por el corazón, que es la voluntad; seguimos por un arrancar a movemos, pero antes de terminar la tarea, hacemos una parada para permitir a los sentidos obtener información y a la mente cotejar los datos y resolver cómo continuar con una fructífera realización.
    Así sería maravilloso que todos procediéramos, uniendo mente, corazón, acción bajo el amparo de la espiritualidad.

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  • El campeón de las excusas

    El EGO nos hace expertos en excusas.
    Malgastamos millones de recursos en ser creativamente originales para justificar aquello que no es correcto, pero que nos mantiene en nuestra cajita feliz.
    Hacemos malabares para que lo inapropiado no cambie, porque nos haría salir de nuestra celdita mental, y el EGO nos dice que eso es terrible, aterrorizante.
    Triste es que, cuanto más información suele poseer la persona, más elaborados y complejos son los pretextos. Porque tienen caudal de datos, mucha habilidad para manejar la información, pero si la base emocional está dañada, el edificio también lo está.
    ¿Se entendió?

    Entonces, surge los campeones de las excusas, para no cambiar y seguir mal, como se está.
    Ah, pero no se está mal, dicen, sino que es una sensación térmica. O no es verdad, estamos bien y vamos bien.
    Expertos en malabarismo.
    Sofisticadas verborragias, trucos de mago, tan complejas como lo sea la inteligencia de la persona.
    Pero, repito y recordemos, si el cimiento emocional anda trastocado, el edificio completo lo está.

    Lo encuentro habitualmente en rabinos, maestros y otros líderes, que se escudan en sus palabras altisonantes, en sus posturas de poder, en sus esfuerzos desmedidos para que no se derroche su debilidad emocional.
    Por supuesto que también en otras personas, con otras profesiones, pero de estos es destacado e impactante.

    Quien esto escribe, por supuesto que tampoco está libre, porque nadie es libre del EGO por completo.
    Es cuestión de con humildad trabajar para crecer lo máximo posible.
    Para lograrlo, basta de excusas y afrontar los hechos con confianza, construyendo SHALOM en pensamiento, palabra y acción.
    Y a quien no le guste, pues que haga su propio camino lleno de excusas…

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  • El quitarse la venda

    La gente que realmente piensa, y le interesa un poco divagar filosóficamente, a veces se cuestiona acerca de qué es verdad y cómo se puede intentar comprobarla.

    Hay otra gente que está afiliada de manera servil a sus creencias, esclavizada a su Sistema de Creencias, por tanto, no pregunta acerca de la verdad porque consideran que ellos ya están en posesión de la misma.
    En el judaísmo clásico es sabido que la Verdad es inaccesible, porque es el sello de Dios, signo de Su «identidad». Por tanto, imposible de alcanzar, como todo lo que es Dios. Él es incomprensible, inimaginable, inentendible; todo lo que decimos de Él son pobres palabras que ni siquiera rozan una infinitésima parte de Su realidad. No hay palabras, ni imaginación, ni fantasía que nos permita conocer algo de la Divina esencia. Solo tenemos aquello que Él se encargó de revelarnos a través de Sus profetas, a cuya cabeza está Moshé. Luego, los verdaderos Sabios nos explicaron aquellas profecías, las pusieron en un idioma comprensible, pero ni ellos, ni nosotros, tenemos la capacidad de acercar nuestro finito intelecto a su infinito Ser (aunque Dios no es un ser, ni existe, pero de alguna forma tenemos que hablar para tratar de al menos comprendernos entre nosotros).

    La sugerencia es que tomemos que en nuestra psique operan instrumentos, que por lo general no son visibles para nosotros.
    Nuestros conocimientos previos, opiniones, creencias, fabulaciones y perspectivas nos hacen creer en cosas sin cuestionarlas. Como si en determinado momento nos fuimos armando ciertas ideas que pasan a dictar como interpretamos lo que pasa, o incluso de cierta forma determina lo que está pasando. Como si la verdad fuera relativa, no porque ella cambie, sino porque somos incapaces de alcanzar a conocerla. Por tanto, nos vamos atando a ideas, a formas de ver el mundo, de sentirnos y después nos cuesta ir haciendo cambios, ya que hay que enfrentarse y revisar aspectos que están bien profundo en nuestra mente.

    A veces podemos cambiar ese mundo interno que nos hace ver el mundo general de determinada manera, pero precisamos trabajar muy profundamente en nuestras creencias y aceptar que no tenemos la verdad y que podemos cambiar y está bien hacerlo.

    Entonces: ¿cómo podemos hacerlo?
    Con humildad, aceptando el diálogo, no haciéndonos fanáticos de ninguna cosa, preguntando para conocer, no tener miedo a estar equivocados, cambiar cuando sea necesario hacerlo, no tomar nada como verdad porque otros lo digan o lo acepten como tal, ni siquiera aceptar que algo es verdad porque le dice una figura de autoridad. Hay que ejercitar le pregunta crítica, que es la que trata de conocer para saber, en la medida de lo posible, en vez de ser cómodos y quedarnos en nuestra cajita.
    Otra cosa que me parece muy corrientemente afecta la visión que tenemos de las cosas, y por lo tanto de lo que creemos, son los sentimientos y las emociones. Es evidente que así sea, pues no están separados de la mente, son una parte primitiva y abisal de la misma.
    Tenemos trabajo por delante.

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  • No alcanza con saberlo

    Quizás te pasa que una y otra vez choca contra una misma pared, te aparecen problemas muy parecidos, casi idénticos.
    Puede ser que pasen los años, te hayas mudado, vivas con gente totalmente diferente, y sin embargo ahí están los inconvenientes que se repiten.
    O puede ser que sea con la misma, o mismas, personas; en idéntico lugar; volviendo a los mismos dimes y diretes.
    El tema que no cambia aquello que te está amargando.
    Puede ser con tus vínculos cercanos, con los de tu trabajo, en la manera que encaras la toma de decisiones, con el dinero, en la salud… lo que sea que esté volviendo igual o parecido y te atormenta.
    ¿Te ves reflejado en alguna de estas palabras?

    Por ahí llegaste a darte cuenta de que estos ciclos negativos están sucediendo.
    Hasta incluso pediste consejería profesional, atención psicológica o vaya uno a saber que asistencia para aclarar el enigma que te apresa.
    Espero que no haya sido nada supersticioso, ni divagues religiosos o místicos que solamente sirven para ahogarte más en conflictos y tormentos, en lugar de abrirte la puerta a la libertad.
    Cualquier haya sido el mecanismo, por ahí pudiste darte cuenta de este círculo vicioso que no se aparta de tu vida.

    Quizás hasta hiciste algún esfuerzo para comprender qué lo motiva, cómo opera, cuándo se dispara, qué consecuencias tiene y etcéteras que quieras.
    Pusiste tu mente a trabajar, a recolectar recuerdos para que solo o con ayuda los pudieras transformar en datos, y luego analizar el panorama.
    Te tomaste muy seriamente, espero, la tarea de conocer lo que te afecta, e incluso ver cómo eres responsable en aquello en que lo eres, en lugar de vivir en negación o en el papel de la víctima.

    Pero te aviso algo, que quizás no sabías ni te dijeron.
    Si hiciste todo el esfuerzo, igualmente con saberlo no alcanza.
    Por más detalles intelectuales, racionalizaciones y teorías estuvieran puestas en funcionamiento, no alcanza para darte un respiro de libertad.
    Porque lo hay que sanar es la dimensión emocional, transformar la energía negativa en ondas de luz.
    Con ello estás más cerca de la tranquilidad dinámica.

    Pero igualmente, hace falta también la conciencia espiritual y sincronizar pensamientos, palabras y accionar con lo que eres realmente, que es NESHAMÁ, es decir, espíritu, el Yo Esencial.
    Porque, puedes tener el conocimiento de causas y herramientas intelectuales para resolverlo; puedes haber entrenado tu organismo emocional para responder saludablemente; pero, si la conciencia espiritual sigue estando obnubilada, entones todavía no se puede disfrutar de la verdadera paz.

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  • El fracaso de una idea atrayente

    Dentro del resumen de la parashá Koraj, al que se conoce como «Koré» en la traducción al español de la Biblia, vamos a descubrir cómo una idea atrayente, sugerente, simpática, que recibe aprobación, puede determinar un fracaso rotundo en sus seguidores.
    Para ello, comencemos recordando que estamos en la sidrá 38ª de la Torá; que es la 5ª del sefer Bemidbar.

    Al inicio encontramos que los ambiciosos y codiciosos Koraj (que era primo de Moshé y Aarón), Datan y Aviram, además de doscientos cincuenta líderes de Israel se rebelaron en contra de la autoridad de Moshé y Aarón, aduciendo que Aarón no tiene más derecho que cualquier otro del pueblo a ejercer las funciones del Cohen Hagadol (Sumo Sacerdote).
    El mensaje que se ofrecía al pueblo era interesante, dulce a la vez que fervoroso, pues afirmaba que todos los israelitas son parte del pueblo santo, cada uno de los israelitas es parte de la santidad y por consiguiente, ni Moshé, ni Aarón tienen algún derecho superior a los demás para estar en el poder.
    Evidentemente, (decía el astuto Koraj y repetían con alevosía sus seguidores, y hacían eco con torpeza los torpes), Moshé había tenido su momento de fama, pero ahora se estaba aprovechando de viejas glorias. Aunque no saben precisar los sabios exactamente cuando ocurrieron estos hechos, si poco tiempo después de la salida de Egipto, si casi finalizando la estadía de 40 años en el desierto, lo cierto es que el mensaje era denigratorio de Moshé, haciéndolo pasar por usurpador, por aprovechador y corrupto. ¿De qué otra forma explicar que él sea el líder político del pueblo, su hermano el máximo dirigente sacerdotal, en tanto que su hermana sea la encargada del ministerio de la mujer? Por si fuera poco, algunos de los parientes de Moshé ocupaban otros importantes cargos en la gobernación del pueblo; pero Koraj, que era su primo, fue relegado a una posición secundaria, infame a sus ojos. Él decía, ahora repitiendo a su esposa, que se estaban burlando de él, porque le envidiaban y no querían permitirle crecer. Por tanto, era necesario hacer un golpe de Estado, quitar a los corruptos y permitir que el pueblo fuera dirigido por quien era uno de ellos y contemplaba su perspectiva.
    Siendo sinceros, esto no era más que demagogia, vender fantasías al pueblo. Hacerles creer en promesas de bienestar, prosperidad, éxito a cambio de otorgarle el poder a Koraj y su camarilla.
    Moshé no permitió que la sublevación creciera de tono, pues de inmediato la confrontó. No anduvo ocultando la cabeza bajo tierra para no ver los problemas, ni daba excusas para no enfrentar la cuestión. Derecho fue a solucionar el asunto y puso a Dios como Juez del asunto.
    Como es un resumen, decimos simplemente que por Su Voluntad, los subversivos murieron. Algunos fueron quemados al ofrecer ofrendas ígneas desagradables para Dios, otros fueron tragados vivos por la tierra que se abrió a sus pies, en tanto que el tercer grupo sufrió ambos finales.
    Pareciera que el conflicto quedó resuelto, pero no… pues algunos integrantes del pueblo que se disgustan por el destino de los sublevados, no reconocen el terrible crimen cometido por estos, atribuyendo toda la responsabilidad a Moshé. Por lo cual, la furia de Hashem se manifiesta a través de una plaga que amenaza al pueblo, causando el deceso de miles de personas.
    A pesar de haber sido inculpado injustamente, nuevamente Moshé ruega a favor del pueblo, e indica a Aarón que realice un ritual público que sirva para expiar el pecado del pueblo, merced a lo cual la plaga finaliza.
    Tras lo cual, Hashem ordena a Moshé que en el Tabernáculo sean colocadas las varas de mando de los jefes de las tribus, cada una con su nombre tribal tallado. A la mañana siguiente, la vara de Leví, que lleva inscrito el nombre de Aarón, brota, florece y da almendras. Esto sirve como demostración pública de que es el Eterno quien ha escogido a la tribu de Leví para el ejercicio del sacerdocio, y también corrobora el rango de Aarón de Cohen Gadol, y no a otra tribu, ni a otra familia en Israel.

    Luego, la parashá contnía con la orden de preservar el honor y santidad del Tabernáculo.

    Más adelante se especifican las funciones de los leviim y los cohanim, que no pueden intercambiarse.
    Así mismo se establecen algunas de las características particulares de la tribu. Por ejemplo, los cohanim no tendrán propiedad personal de terrenos en la Tierra de Israel, por lo cual no tendrán forma de mantenerse. Entonces es que se dictamina que su sustento provendrá de tributos (diezmos y regalos) que les ofrezca el pueblo. Esto es así, ya que los cohanim deben servir exclusivamente al Eterno, y no trabajar la tierra. Así como ninguno que no sea de la tribu de Leví es apto para las actividades consagradas en el Santuario.

    Para finalizar, se enuncian las leyes relativas a los primeros frutos (bicurim), la redención del primogénito (pidión haben) y otras ofrendas destinadas a ser santificadas.

    Retornando al tema que dio título a este post, ¿cuál crees que fue el error de los que se dejaron involucrar por esa idea atrayente, por esa fantasía demagógica y que resultó en una terrible catástrofe?
    ¿Crees que es un error que se pudo haber evitado, y si es así, cómo?
    ¿Siguen sucediendo cosas similares?

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  • Repetición y repetición

    Nuestro cerebro es una maquinaria prodigiosa.
    Entre sus muchas maravillas se encuentra el diseño para la eficiencia energética, es decir, que trata de ahorrar energía y no malgastarla.
    Para ello recurre a varios trucos, que pueden ser muy interesantes de estudiar y de esa forma no solamente sorprendernos por lo estupendo, sino también aprender a manejarnos mejor.
    Entre esos mecanismos encuentra el de repetir lo ya conocido, no esforzándose por encontrar nuevas soluciones.
    Algo así como: si ya funcionó alguna vez, seguirá funcionando siempre.

    Esto pudiera llevar a actitud de pereza, de lentitud para el cambio, de ineficacia ante los desafíos.
    Y es tal cual.
    El cerebro ya ha trazado su plan, lo ha usado anteriormente, ha creado un patrón de conducta, tiene integrado el hábito la persona usuaria; entonces, ¿para qué gastar energía innovando, creando, aprendiendo cuando lo que se conoce ya no alcanza para explicar y manejarse en la nueva realidad?

    Es así que lo habitual es repetir y seguir repitiendo, aunque las circunstancias y los resultados no sean los del pasado ni sean efectivos.
    Le cuesta mucho cambiar el chip al cerebro, porque no está preparado por lo general para ello.
    Por otra parte, en muchas sociedades se apuntala esta modalidad natural insistiendo con la inamovilidad de los rituales, de las costumbres. Se impone el pasado como si siguiera teniendo sentido y vigencia en la actualidad, sin hacer los análisis pertinentes. Eso sí, se esfuerzan un poco para generar excusas, gastan energía para justificar lo que racionalmente no tiene justificativo.

    Tú ya ves que eliges, si repetir y obtener resultados poco alentadores, o romper con la rutina y automatización y darte permiso para salir de la celdita mental.
    El famoso relato de los exploradores enviados por Moshé para recorrar la tierra prometida, que se narra en la parashá Shelaj Lejá, y lo que aconteció luego es un típico ejemplo de diez de los doce que se encolumnaron detrás del mismo lema, se escondieron en su cueva por miedo al cambio, por incapacidad para ser creativos.

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  • Miedo al vacío

    Hay gente que dice, o que realmente cree, que le tiene miedo al vacío.
    Por ello, no paran de moverse, de hacer cosas, de hablar, de hacer, de rehacer. Están en la máquina constantemente, ni hasta durmiendo parecieran aflojar.
    Es que el silencio, la pausa, el descanso, lo que pudiera parecer haraganería o pereza, los estresa más que el propio estrés de la actividad febril que padecen.
    Le tienen miedo al vacío, o eso creen, entonces, tratan de llenar todos los tiempos y espacios con cosas y ruidos, no sea que la angustia que les acecha se abalance encima y se los coma por dentro.

    Pero también, quizás tengan un miedo mucho más profundo, que como todos los miedos remiten siempre a una sola cosa: la impotencia.
    Pues el miedo, cualquiera que hayas sentido o vayas a sentir, es siempre lo mismo, con diferentes nombres y rostros, pero siempre es: una fantasía de una impotencia (un no poder) a futuro.
    No hay otra cosa que sea el miedo.

    Piénsalo lo más objetivamente que puedas, tratando de no prejuzgar, y entonces verás que absolutamente todo lo que temes no deja de ser una fantasía de una impotencia a futuro.
    Como esto ya lo hemos explicado en profundidad y en reiteradas ocasiones, te lo dejo así, sin más detalles, porque si te interesa puedes bucear en los miles de textos gratuitos que hay para ti en serjudio.com.

    Entonces, aquel que dice temer al vacío, tiene miedo a la impotencia, sin más.
    El vacío como rostro invisible de la constante impotencia.

    Por ello no se permiten quedarse quietos, ni en silencio.
    Tienen que llenar todo de ruidos, colores, cosas y más ruidos.
    Porque el vacío no está bajo su dominio, por tanto no tienen poder, por tanto se desencadenan las reacciones automáticas del EGO ante la sensación de impotencia.

    Aventurarse a disfrutar del reposo, del silencio, del no hacer, del cese de actividad.
    Atreverse a pasar el rato consigo mismo, sin otra compañía ni distracción.
    ¡Qué gran desafío!

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  • Shelaj lejá 5781: Enseñanza: ¡cuánto cuidado tenemos que tener de decretar cosas acerca de nosotros mismos, no sabemos cuando de Arriba dirán Amén a nuestro decreto!

    Vamos a ver rápidamente los temas que encontramos en Shelaj («Envía…»), que es la cuarta del cuarto libro de la Torá.

    Ante la insistencia de Israel, y con la autorización de Hashem, Moshé envía doce representantes, uno por cada tribu, con la misión de explorar la Tierra Prometida. Ellos debían actuar como turistas, para ver la tierra y sus pobladores, aprender de lo que hay allí. No tenían la misión estratégica de actuar como espías, sino servir como reporteros de la realidad del país. Pero, algo ocurrió que les modificó su misión, la mayoría se convirtió en espías, pero no de la realidad, sino de sus propias fantasías y miedos. Al cabo de 40 días regresan y vienen cargados de frutas del lugar: higos, dátiles y racimos de uvas enormes. Cuando diez de los doce exploradores atestiguan que los moradores de Cnaan son de tamaño y fuerzas proporcionales a las frutas, y que ellos consideran como imposible la conquista de la Tierra, se esparce un ánimo de desesperación y descreimiento hacia Dios y el liderazgo de Moshé. Mientras que Calev y Ieoshúa, los dos exploradores creyentes, intentan hacer recordar a las personas que si el Eterno está con ellos, nada hay para temer.

    Pero, los varones adultos del pueblo claman que es preferible morir allí mismo o retornar a Mitzraim, ya no confían en el éxito, sino que presienten la ruina total. Hashem montando en cólera se apresta para eliminarlos, pero ante los ruegos de Moshé no lo hace. Sin embargo, el castigo es terrible: ellos permanecerán todos los días que les restan de vida en el desierto, allí errarán durante cuarenta años. La generación de esclavos psicológicos no estaban en condiciones de hacerse cargo de la tarea de radicarse en la tierra de santidad y trabajarla para disfrutar de sus bendiciones. Por tanto, a causa de su esclavitud e impotencia, de doblegarse ante el EGO en lugar de permitir manifestar su NESHAMÁ, se cumplirá lo que ellos decretaron para sí mismos: morir sin entrar a la tierra de santidad, que el desierto se los trague y los olvide.
    Solamente las mujeres y los menores de edad al momento de este decreto, así como los exploradores que se mantuvieron del lado de la Verdad, serían los que entrarían a la tierra.
    Enseñanza: ¡cuánto cuidado tenemos que tener de decretar cosas acerca de nosotros mismos, no sabemos cuando de Arriba dirán Amén a nuestro decreto!

    Para amargar aún más ese día fatídico del primer 9 de Av trágico, un grupo de hebreos, desoye la orden divina de permanecer en el desierto y emprenden la conquista de la Tierra, sin la aprobación de Dios. Son advertidos por Moshé, para que así no hagan, pero no lo oyen, y son rápidamente exterminados por los enemigos que esperaban en la frontera.
    Realmente el pueblo hebreo tenía al alcance de la mano su solaz y tranquilidad, pero al dejarse llevar por la confusión del EGO, los planes del Eterno se trastocaron y lo que hubiera sido una radicación pacífica, auspiciosa y próspera, se transformó en siglos de penurias, exilio y confrontación.
    ¡Ah, qué triste polo de negatividad quedó impregnado en el entorno de la fecha 9 de Av!
    Sin embargo, el día oscuro eventualmente será transformado en temporada de jolgorio y fraternidad. En la Era Mesiánica ya no habrá más llantos y quejidos en el 9 de Av, los cuales serán reemplazados por los cantos y bailes de alegría.

    Luego la parashá pasa a un tema que pareciera fuera de lugar, pues se alecciona acerca de las ofrendas que elevarán los israelitas cuando, a su tiempo, ingresen a la tierra.
    ¿Qué hace esto acá, inmediatamente después de la orden de que permanezcan cuatro décadas en destierro y la muerte de miles de hebreos?
    Explican los sabios que evidentemente no es casualidad, que esto está aquí como una señal de esperanza, pues se le informa a los israelitas que será un hecho el establecimiento en la tierra de santidad, habrá un tiempo para estar aposentados y en paz en la tierra prometida y podrán ejercer plenamente su identidad judía en ella. Hoy no pueden, ya que pesa la condena del destierro, pero el mismo que los condenó es el que ahora les asegura que llegarán a vivir en paz en la tierra de Israel.

    Se estipula la separación de la jala de la masa, para ser entregada como donativo a los sacerdotes. Se enuncian las leyes de las ofrendas relativas a los pecados cometidos sin intención previa, tanto los individuales como los comunitarios.
    Se decreta que quien blasfema en contra de Hashem sin arrepentirse, es separado del pueblo.

    Se nos cuenta que un hombre recogía leña en Shabbat, y tras su debido proceso judicial es condenado a muerte.
    Finaliza la parashá con las leyes de los Tzitzit, que sirven como recuerdo de las mitzvot y de que Dios nos rescató de Egipto.

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  • El motivo de tu buen hacer

    El Talmud, en masejet Sotá, nos enseña una gran verdad:

    Mayor es aquel que actúa movido por el amor,
    que aquel que lo hace por temor al castigo.

    Sin dudas que si ambos proceden con justicia y/o bondad, están haciendo una gran tarea, aquella que Dios espera de la persona.
    El acto en sí se está realizando, por tanto, en el hecho de la acción misma no hay nada para objetar.
    Pero, cuando se valora la motivación (y Dios conoce la de todos, hasta incluso cuando nosotros mismos no tenemos idea de lo que nos impulsa actuar), Dios concede mayor mérito a la persona que tuvo una intención generosa, sin egoísmo, desinteresada. No es que la otra persona, aquel que actuó por miedo al castigo, no reciba su justa y positiva retribución, solo que ésta no es tan valiosa como la de aquel que lo hizo sin esperar ningún beneficio, es decir, por genuino amor.

    En medio de ambas actitudes está la de aquel que actúa esperando recibir un premio, cualquiera que éste sea, en esta vida o en la eternidad.
    Tampoco está mal, pero es deficiente en comparación con el que actúa por amor.

    Así pues, la idea es ir entrenándonos para que sean movidas por el AMOR todas nuestras acciones, no solamente las «religiosas» (adrede entre comillas, porque lo religiosos es antitético a lo espiritual, pero la uso aquí por facilidad del lenguaje), sino en TODAS nuestras acciones. En privado y en público. Con gente conocida y desconocida. Con un mandamiento que estemos cumpliendo, o simplemente siendo éticos.

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  • Límites sanos para la generación de cristal

    Me parece que un padre/madre con equilibrio emocional y mental no permite que sus niños hagan lo que quieran en la casa o fuera de ella, al punto de romper cosas que debieran permanecer indemnes, molestar a quien no debe ser importunado, o lastimar a cualquiera (incluso a ellos mismos).
    Los padres equilibrados ponen límites, en lo posible también equilibrados.
    Porque saben que son esos límites los que cuidan a sus hijos, los protegen, además de cuidar y proteger a otras personas y objetos.
    Pero también, me supongo tienen la noción de que no le hacen un favor al niño si lo dejan sin aprender las reglas de convivencia, consigo mismo y con los demás.
    Por ello, impondrán las reglas sociales en la vida del niño, por beneficio del propio niño y el de otros.

    Para que esos límites sean también saludables, es necesario que no sean abusivos, irreflexivos, carentes de perspectiva. Deben ser acordes a la edad del niño, a las normas sociales y especialmente a la realidad espiritual que es la única realidad a fin de cuentas.
    También serían útiles los consejos de personas sabias, siempre  y cuando sean requeridos por los padres.
    Además, no olvidemos que el límite no ha de ser severo, sino lleno de amor y compasión. Que sean de provecho y contención para el niño. Como un abrazo firme que lo acompañe por donde vaya y le dé confianza y seguridad en sí mismo. Porque la función del límite sano NO ES someter al niño, a la persona en general, sino dotarla de canalización para que su energía sea bien empleada y puede dedicarse a construir SHALOM interna y externa, con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.

    También a nuestro niño interior debemos marcarle los límites, porque los hemos olvidado, los rechazamos y los cambiamos. Porque preferimos seguir los dictados caprichosos del EGO, en lugar de asumir nuestro rol de ser reflejos de nuestra NESHAMÁ.
    Por tanto, educarnos nosotros también para no ser caprichosos, iracundos, rebeldes, ingratos, perezosos, abusivos, egoístas y todos los etcéteras que suelen manifestar los niños que no han sido enseñados en los límites, niños de cualquier edad.

    Es hora de dejar de ser tan complacientes y autocomplacientes, abandonar la torpe conducta del dejar hacer, del hacer germinar generaciones de cristal que no soportan el peso de la vida y menos el de la eternidad.

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  • Corriendo de un lado para el otro

    No paro de ver a muchas personas que van corriendo de un lado a otro, como si estuvieran involucradas en grandes cosas.
    Se la ve afanosas y ocupadas, literalmente corriendo, agitadas, sin pausar para reflexionar.
    Incluso cuando se toman un rato para ver videos tontos de Tiktok o las propagandas abusivamente progresistas en formas de series o películas de Netflix, no dejan de estar corriendo.
    Hasta cuando hacen running, o sea corren «por salud», están corriendo sin sentido trascendente.
    Van estresadas por la vida, o la vida se les pasa mientras ellas se estresan.
    Puede que hayan hecho mil y una cosa durante el día, porque corren y corren; o que de tanto correr, empezar cosas y dejarlas por la mitad, en realidad no hayan hecho nada. Pero lo cierto es que difícilmente hayan estado vinculados con la eternidad en algún rato de esas corridas interminables.
    Hasta en aquellos que oran veo gente que anda a las corridas y no usan ese rato sagrado para lo que fue diseñado por los Maestros. Simplemente cumplen con el ritual, ponen el tic de realizado en su lista del día, pero sin llenar de contenido ese tiempo especial. Cosa similar cuando se interrelacionan con su familia, o hasta cuando hacen el amor con sus parejas, todo el tiempo en otro lado, corriendo, escapando del momento, desconectando la conciencia de la eternidad espiritual.
    Malgastan su energía, como aquellos perros de pequeños apartamentos, que en un momento del día se ponen ansiosos y ladran por cualquier cosa, o se lanzan a correr sin sentido, o a perseguir su propia cola. Será que están aburridos, o necesitados de gastar su energía de alguna forma. Porque la energía está, pero queda acumulada y por tanto necesita ser canalizada de alguna manera. Pero, en vez de usarla para construir SHALOM en pensamiento, palabra y acción, con su interioridad y con el mundo externo al sí mismo; pues no, prefieren estar corriendo de un lado al otro y estresados, sin lograr sus cometidos sagrados.

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