Categoría: 01 Bereshit

Las primeras palabras que describen la Creación refieren a luz, en lugar de hacer énfasis en el vacío, la oscuridad y la nada.
¿Por qué?
Uno de los motivos,
para que aprendamos a aplicarnos en construir…

  • Revisitando el Huerto del Edén

    En épocas antiguas conocían recipientes de metal, de arcilla, de cuero y de vidrio.
    Éstos fueron usados para cuestiones prácticas, para decoración, como objetos simbólicos y también para representar ideas.

    El recipiente, aquel que está hueco y recibe de fuera, de una fuente de entrega.
    El contenido, aquello que no forma parte de la vasija, pero la ocupa, adopta su forma y le da sentido de existencia.
    ¿Se entiende?

    Cada manifestando su realidad de diferente forma, dando una presencia diversa al contenido también.
    De metal es duro, frío, opaco, resistente a golpes, elaborado con gran esfuerzo y fuerte fuego.
    De arcilla que es duro, pero no tan resistente, opaco también, elaborado con artesana dedicación, que al quebrarse ya no puede rehacerse sino terminar de romperse.
    De vidrio,  con más o menos transparencia, delicadeza, fina belleza, que si se parte podría repararse o reutilizar sus componentes en elaborar un nuevo receptáculo.
    De cuero, para el cual algún ser vivo cedió su vida y materia, generalmente flexible, también opaco, capaz de ser emparchado.

    Con ellos podemos simbolizar algunas de las dimensiones del ser humano, así como darnos cuenta del grado de conciencia en el cual nos encontramos desde cada uno de esos planos.
    Prestemos atención a parte de la narrativa de los humanos en el Huerto del Edén y aprendamos de nuestro ser y estar.

    «Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.»
    (Bereshit / Génesis 2:25)

    Ellos estaban en un estado de realidad, en una conciencia, que les permitía enfocarse en la NESHAMÁ.
    Cual si fueran vasijas de cristal a través del cual se vislumbra el contenido.
    Percibían la LUZ, conscientes de la unidad de la creación con el Creador.
    Para ellos el Bien era una certeza y sin embargo no eran humillados por ser receptores de la Bondad, ya que cumplían su parte, aquella para la que fueron destinados en el Huerto.
    En sintonía con el mandato divino que explicitó:

    «Tomó, pues, el Eterno Elohim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.»
    (Bereshit / Génesis 2:15)

    En eso pasaba su vida el Hombre, a sabiendas de la Presencia, en coherencia consigo mismo, el cosmos y el Creador.
    Una vida de contemplación activa.
    Desnudo, como el cristal desnuda la esencia de lo que contiene.

    Pero, el mal es una necesidad en el perfeccionamiento de la creación, así como en la adquisición de mayor placer.
    Por tanto, el Hombre debía confrontar con la otra perspectiva, la que ofuscaba la LUZ.
    Así a la entidad femenina del Hombre le nació el deseo egoísta, narrado como la tentación del serpiente:

    «Es que Elohim sabe que el día que comáis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Elohim, conocedores del bien y mal.»
    (Bereshit / Génesis 3:5)

    ¿Qué estaba ofreciendo en última instancia el serpiente?
    ¡Mayor placer!
    Era una promesa de poder, en parte por adquirir una experiencia placentera a partir de conocer el mal y diferenciarlo del bien.
    El Hombre podría escoger y por tanto ser meritorio del gozo que recibía, ya no solamente obtenerlo por merced divina.
    Ya no solamente por hacer lo que debía, sino por realizarlo a pesar de no querer hacerlo, o de dudar en su efectividad, o lo que fuera que propusiera el EGO para apartarlo del Bien.
    Serían como Elohim, aquel que todo da y no depende y no se subyaga para recibir. Al menos esa era la fantasía.
    Al comer de lo que tenían prohibido, del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, su vasija ya no sería trasparente sino opaca.
    La realidad de la NESHAMÁ se ofuscaría, ahora podrían dudar del Bien, de la Presencia.
    Habría una distancia y una interrupción que estorbaría la percepción de la unidad esencial.
    Estarían morando dentro de un envase de barro, duro, rugoso, frágil a pesar de su fortaleza. Uno que se quiebra y enferma, o fallece.
    Es así que se cumpliría:

    «del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.’»
    (Bereshit / Génesis 2:17)

    Así sería realmente.
    Una muerte a su estado de vasija de cristal, la cual quedaría oculta en su interior, enturbiada por otras voces, sombres, reflejos, creencias, instintos, etc.
    Una muerte a la contemplación extática del Bien.
    Una muerte a su vivencia del Huerto de Edén, para pasar a una realidad más trabajosa, bochornosa, riesgosa, dura, la de este mundo.
    La muerte que posibilitaría una vida para luego elevarse a un mayor nivel de perfeccionamiento en el gozo del placer.
    Y sí, eventualmente la muerte de la vasija.

    Entonces, comieron:

    «Y fueron abiertos los ojos de ambos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron ceñidores.»
    (Bereshit / Génesis 3:7)

    No es la misma desnudez que antes, aquella que era propia de la vasija de cristal y dejaba ver la NESHAMÁ; ahora era la desnudez del cuerpo, de lo limitado que somos, de nuestra infinita debilidad, de nuestra impotencia. Ahora estaban expuestos, no por estar sus genitales al aire, sino por estar ello a la intemperie y sin mucho para alzarse con poder. La desnudez de la vasija pobretona, que contiene el rico contenido pero que está oculto y es ignorado.
    La desnudez que avergüenza, porque ahora el mal es una presencia sentida. Se personifica en la falta, en la impotencia.
    Ahora hay que competir, luchar, ser mejor, doblegar, recurrir a todo tipo de recursos para obtener el gozo. Al final, si el camino es noble el beneficio obtenido multiplica el placer pasivo de ser solamente receptor, una mera vasija de cristal. Pero mientras tanto, la vasija de barro es golpeada, y sufre.
    Por ello debían encontrar cosas que les taparan, que les dieran seguridad, que les dieran sentido de pertenencia y poder.
    Y sin embargo:

    «Él respondió: -Oí Tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo. Por eso me escondí.»
    (Bereshit / Génesis 3:10)

    Toda obra del hombre finalmente no logra cambiar la realidad, está desnudo, es impotente. En su momento la impotencia se manifestará.
    Lo cual hace que el hombre se esconda, huya, prefiera cambiar de sintonía en lugar de hacerse cargo de la realidad y superarla por medio de acciones de Bien y Justicia, es decir, construyendo SHALOM.
    Porque, si el hombre hubiese optado en aquel momento por la construcción de SHALOM, obrado con Bien y Justicia… ¿hubiese recibido la justa retribución que obtuvo por su pecado?

    Pero, el hombre siguió por el recién iniciado camino del EGO, se escondió, y así:

    «Luego el Eterno Elohim hizo vestidos de piel para Adán y para su mujer, y los vistió.»
    (Bereshit / Génesis 3:21)

    El Creador bondadoso incluso dentro de la justicia les da coberturas de piel, para que deje el hombre de exponerse al sufrimiento, para que no siga soportando el escarnio de la impotencia en llaga viva.
    Él les dio ropa y les vistió, los arropó esperando que finalmente el Hombre retorne a la buena senda, por medio de la TESHUVÁ, para así pudiera disfrutar plenamente del placer que le sería meritorio a causa de sus acciones y no solamente por la Merced que humilla.

    En su tremendo Amor y Sabiduría ocurrió algo que la mente pequeña supone un castigo, y ciertamente parece serlo, pero en verdad es una dádiva generosa y que permite los mayores placeres:

    «Y el Eterno Elohim dijo: -He aquí que el hombre ha llegado a ser único entre nosotros, para conocer el bien y el mal. Ahora pues, que no extienda su mano, tome también del árbol de las vidas, y coma y viva para siempre.
    Y el Eterno Elohim lo arrojó del jardín de Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado.
    Expulsó, pues, al hombre y puso querubines al oriente del jardín de Edén, y una espada incandescente que se movía en toda dirección, para guardar el camino al árbol de las vidas.»
    (Bereshit / Génesis 3:22-24)

    Es decir, que el hombre pueda morir a esta vida, dejar las vasijas opacas, e incluso traspasar la realidad de la vasija inicial de cristal para alzarse a una realidad de unidad con el Creador.
    El hombre se afanará en sus obras en esta tierra, para luego dejarla.
    En sus acciones estará la siembra del bienestar para la posteridad, una de mucho más gozo que aquel que se recibe por sola misericordia Divina.

    Si has entendido el mensaje, compártelo.
    Si tienes dudas, coméntalas.
    Siempre agradece.
    Y ayúdanos, si quieres y puedes, económicamente para continuar nuestra sagrada tarea de maestros en el sagrado camino de la construcción de SHALOM.

  • El fruto que no estaba prohibido

    Ella dijo que él dijo y entonces él dijo pero ella dijo y por eso todos estamos como estamos.
    Veamos.

    El NAJASH quería provocar confusión, turbación, sufrimiento, impotencia a Adam y de paso a la mujer.
    NAJASH era astuto, muy hábil. El no tener NESHAMÁ (espíritu) no obstaculizaba su capacidad intelectual, similar a la del hombre, o tal vez incluso superior en algunos aspectos.
    Por lo cual, llevó a una charla tramposa a la mujer.

    Le comentó, así como al pasar: «¿De veras Elohim os ha dicho: ‘No comáis de ningún árbol del jardín’?» (Bereshit / Génesis 2:1).
    La respuesta hubiera tenido que ser: No, eso no es lo que Elohim dijo.
    Pero, ella dijo: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Pero del fruto del árbol que está en el medio del jardín ha dicho Elohim: ‘No comáis de él, ni lo toquéis, no sea que muráis.’» (Bereshit / Génesis 3:2-3).
    Y con ello ella solita se preparó la trampa y metió un pie en ella, porque cambió lo que el Eterno había indicado con precisión: «Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.’» (Bereshit / Génesis 2:16-17).

    Analicemos juntos:

      Dios dijo Ella dijo Análisis
    ¿Qué estaba permitido? puedes comer de todos los árboles del jardín Podemos comer del fruto de los árboles del jardín Los árboles eran permitidos, ella dijo el fruto de los árboles.
    ¿Qué objeto estaba prohibido? del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás fruto del árbol que está en el medio del jardín El árbol del conocimiento del bien y del mal era el prohibido, pero ella dijo que el fruto del árbol situado en el medio del huerto era el prohibido. Allí también se encontraba el árbol de las vidas.
    ¿Qué acción estaba prohibida? no comerás No comáis de él, ni lo toquéis Dios dijo no comer, ella añadió no tocar.
    ¿Cómo reconocer el árbol prohibido? árbol del conocimiento del bien y del mal está en el medio del jardín Estaba señalado por su nombre, seguramente conocido por el hombre; ella indica su ubicación topográfica que pudiera generar confusiones.
    ¿Consecuencia? el día que comas de él, ciertamente morirás no sea que muráis El resultado sería la introducción de la muerte, o la brevedad de la vida; ella manifestó que sería una abrupta muerte en el momento de incurrir en falta.

    La charla resbaladiza continuó y Najash ya tenía bien en claro que iba a tener éxito, provocando el descalabro del hombre. Las cartas habían sido jugadas, pésimamente por parte de la mujer.
    Él la hizo tropezar, ella tocó el árbol. Nada le sucedió, aunque ella había mencionado que de tocarlo ocurriría una muerte espantosa. La muralla estaba resquebrajándose.
    Luego él probó del fruto, nada ocurrió. Todo seguía como si nada.
    Entonces ella inventó alguna excusa y medio se dejo convencer por el Najash, por lo cual comió del fruto (que NO era manzana, ¡que no!). Y nadie sucedió tampoco.
    Pero ella creyó que había pecado, cuando no lo había hecho. Pues, no era pecado tocar el árbol, ni tampoco comer del fruto… ¡tampoco comer del fruto! El pecado era comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.
    Sin embargo, la confusión ya había mortificado su entendimiento, el cual se nubló. Por lo cual, intentó convencer y luego provocó que Adam comiera de lo que realmente tenía prohibido.

    El resto de la anécdota, más o menos la sabemos.

    ¿Cuáles son las enseñanzas fundamentales y prácticas para nuestra vida cotidiana de esta breve estudio?

  • Los Elohim y el Elohim

    El hombre fue olvidando su NESHAMÁ así como la época en la cual estaba conscientes del Eterno.
    Fue sumergiéndose en oscuridad, embruteciéndose; y sin embargo, la LUZ no se extinguía y seguía llamándoles a recuperar su identidad espiritual.
    En eso era diferente a sus antepasados, similares en casi todo a nosotros, pero carentes de NESHAMÁ; y sin embargo, su descenso de la conciencia lo estaba haciendo parecerse a ellos.
    No era como ellos, pero estaba viviendo como si lo fuera.

    El hombre sintió su indefensión y advirtió que estaba rodeado por elementos poderosos, en el idioma antiguo esto se decía “ELOHIM”.
    Elohim también lo podemos traducir como dioses, porque eso es un dios, un “algo” con poder superior al hombre; pero en principio no los imaginaba necesariamente como fuerzas místicas o personas invisibles, sino que los encontraba concretamente en la naturaleza. Eran la tierra, el agua, el viento, la tormenta, el sol, la luna, el volcán, el fuego, algunos animales; en resumen, todo aquello que manifestaba un poder superior al hombre y que era incontrolable.
    ¿Incontrolables?
    El hombre imaginó procedimientos para congraciarse con ellos, para apaciguarlos, para intentar dominarlos; en pocas palabras, manipularlos en espera de ser él quien los controlara, o al menos recibir atenciones y evitar padecimientos. Si el Elohim está contento, satisfecho, divertido, entonces será compasivo, o por lo menos no actuará abusivamente.
    ¿Cómo manipularlos?
    Supuso que aunque fueran poderosos, igualmente deberían padecer necesidades, similares a los hombres: alimento, sexo, servicio y a veces cobijo.
    Entonces, inventó ofrendas y rituales, sospechando cuáles oblaciones contentarían al Elohim de turno.
    Pero, los dioses (una de las maneras de traducir Elohim) eran caprichosos, sino directamente abusivos. En ocasiones aceptaban los homenajes y respondían con tranquilidad, buenas cosechas, agüita mansa, lluvia en su tiempo, fertilidad en los ganados, victorias militares, matrimonios dichosos, clima apacible, etc.; pero a veces, se enfurecían y parecía que el hombre estaba en falta y escaso en recursos para apaciguar al poderoso. Por lo cual, fue imprescindible tomar nota de lo que se hacía, cuándo, cómo, dónde, quién, por qué, para qué, organizando y estructurando ceremoniales, rituales, sacrificios, templos, sacerdocios, etc.
    Esto tampoco aseguraba ningún resultado, pero al menos daba una sensación de poder de parte del hombre; se tenían claves para dominar a los dioses, o tal vez tranquilizarlos. Ya no se estaba a la intemperie, ignorante, desconcertado; había respuestas y poseedores de los conocimientos a los que llamaron sagrados.

    También comenzaron a hablar de “religión”, aunque no tuvieran palabra exacta para ello hasta multitud de siglos más tarde. El concepto era cerrar la brecha que separaba al hombre el dios, volver a ligarse al Elohim, atarse a ellos por medio de los actos sagrados, palabras consagradas, actitudes señaladas como obligatorias o esperadas. Ya que los dioses eran de una realidad diferente, había que vincularse a ellos y no vivir en separación.

    La estructuración religiosa acompañaba a la social, porque se fue diferenciando un sector de la sociedad encargado de poseer el conocimiento sagrado y de administrarlo, los sacerdotes, de otro, el de los laicos, las ovejas necesitadas de los pastores que conducían el rebaño de las deidades. Al mismo tiempo, cada deidad fue recibiendo su propia codificación, sus rituales, sus templos, sus tiempos, sus reglas, etc.; los cuales eran representados y ministrados por sus respectivos sacerdotes.

    En ciertas épocas y lugares al conjunto de Elohim se sumó al rey o gobernante; el cual era sentido como uno más entre los poderosos, con rasgos que lo separaban del resto del pueblo. A su vez, el rey deificaba a su familia, y podía incluir a la gente escogida, dotándolos de divinidad, es decir, poderes por sobre el resto de los hombres.
    También se sirvió religiosamente a estos reyes, adorándolos como a sus pares de la naturaleza.

    Luego, se comenzó a sentir la necesidad de dioses invisibles, que no estuviesen directamente vinculados a fenómenos naturales, ni a objetos o lugares concretos. Eran Elohim sin sustancia material, pero con presencia. Algunos de ellos surgían para explicar ciertas cuestiones que no se respondían con respuestas sencillas. Por ejemplo, los dioses encargados del mundo de los muertos, o los propios espíritus de los antepasados, o el tiempo, o los dioses del origen (aquellos que fueron los creadores de los dioses), entre otros.
    También para ellos hubo necesidad de códigos, ritos, ofrendas, sacerdocios, etc.
    Y se reprodujeron las estatuas, imágenes, lápidas, mojones, piedras sagradas en conmemoración de los dioses, o representándolos. Para de alguna forma hacer tangible lo que no podían sentir de otra manera. Esto tal vez ya se usaba antes, en la era de los dioses naturales; el hecho es que en esta nueva era se popularizó y difundió su uso.

    Con algunos de estos dioses podría resultar más sencillo encontrar cómo hacerles llegar los mensajes, qué obsequiarles, etc. Pero con otros, la cosa se complicaba. Tal como pasó hacía mucho tiempo con la adoración hacia el sol.
    Porque, al mar podían echar sus regalos, lo mismo con bestias poderosas, también al volcán o al fuego; pero, ¿cómo contactar con el sol? ¿Con la luna? ¿Con los dioses invisibles, de los cuales algunos (suponían) moraban en sus tronos celestiales, en las esferas por detrás del sol, e incluso detrás del cortinado de las estrellas?

    Eran dioses altos, y estaban los altísimos.
    Por tanto, había que trepar a las alturas.
    Así los montañas se transformaron en santuarios (a veces también eran dioses en sí mismas).
    En sus cimas, o cerca de ellas, surgieron como hongos altares, estelas, apilamientos de piedras, torres, minaretes y finalmente templos y majestuosas catedrales. (¿Te diste cuenta cómo por todo el mundo hubo y hay santuarios y “retiros espirituales” en cerros, montañas o en construcciones que las aparentan, tales como pirámides y torres?).
    Desde allí estaban más cercanos, físicamente, a los dioses lejanos que reposaban en los cielos.
    Sin embargo, no era suficiente para hacerse atender por los dioses, indiferentes en sus residencias celestiales.
    Había que alcanzarlos, ¿pero cómo?
    Sobre las montañas, encima de plataformas, en la azotea de monumentales templos, todavía era inaccesible el cielo; por lo cual, imaginaron un sistema de mensajería: el humo.
    En sus altares (parrillas en lugares altos) quemaban maderas para que el humo se elevara y llegara a los tronos divinos.
    Pero no era suficiente, el humo debía ser portador de aromas agradables.
    Por tanto, quemaban buenas maderas fragantes, y luego sobre las brasas asaron vegetales y animales. Que el aroma del asadito sagrado colmara a los dioses e hiciera sus delicias, entonces éstos favorecerían a los adoradores minúsculos, allá abajo, en esa tierra sufrida.
    Pero tampoco fue suficiente, algún genio (o un grupo vaya uno saber) determinó que era el hombre el sacrifico requerido. Por lo cual, se ofrendaban personas en esos altares, haciéndolos arder y provocando que sus cenizas fueran hasta los dioses del cielo. Y no satisfechos aún, imaginaron que si cremaban a sus propios hijitos, y si eran bebes y primogénitos mejor, entonces la ofrenda sería más perfecta.
    Todo esto sigue ocurriendo, de manera idéntica o camuflada en símbolos; pero la religión sigue viva con todos sus trucos. Todo ello producto del EGO.

    En la historia, el quiebre se produjo cuando llegó un hombre que promovió el retorno a la NESHAMÁ, a vivir de acuerdo a la LUZ y no al EGO, a reconocer la presencia del Uno y Único.
    No fue el primer monoteísta, pero fue el primero que se atrevió a cuestionar públicamente el estado de las cosas demostrando que religión es lo contrario a espiritualidad, que el poder no es un dios, y que el rey no está por encima de nadie.
    Ese hombre es el primer patriarca de los judíos, Abraham.
    Curiosamente, o no tanto, experimentó lo siguiente:

    «Aconteció después de estas cosas que Elohim probó [elevó] a Avraham [Abraham], diciéndole: -Avraham [Abraham], y dijo: -Aquí estoy.
    (2) Y dijo: -Toma, por favor, a tu hijo, a tu único, a Itzjac [Isaac] a quien amaste y vete [para ti] a la tierra de la Moriá; y elévalo allí en holocausto sobre uno de los montes, que Yo te diré.
    (3) Avraham [Abraham] se levantó muy temprano en la mañana. Aparejó su asno, tomó consigo a dos de sus siervos, y a Itzjac [Isaac] su hijo; partió leña para el holocausto, y levantándose, fue al lugar que Elohim le dijo.
    (4) Al tercer día Avraham [Abraham] alzó sus ojos y divisó el lugar de lejos.
    (5) Entonces Avraham [Abraham] dijo a sus siervos: -Esperad aquí con el asno, en tanto yo y el muchacho iremos hasta allá; nos arrodillaremos y volveremos a vosotros.
    (6) Avraham [Abraham] tomó la leña del holocausto y la puso sobre Itzjac [Isaac] su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y caminaron los dos juntos.
    (7) Entonces Itzjac [Isaac] dijo a Avraham [Abraham] su padre: -Padre mío… Y respondió: -Aquí estoy, hijo mío. Y dijo: -He aquí el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?
    (8) Avraham [Abraham] respondió: -Elohim se proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío. Y caminaron los dos juntos.
    (9) Cuando llegaron al lugar que Elohim le había dicho, Avraham [Abraham] edificó allí un altar, arregló la leña; y ató a Itzjac [Isaac] su hijo y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
    (10) Avraham [Abraham] extendió su mano, y tomó el cuchillo; para degollar a su hijo.
    (11) Entonces lo llamó el enviado del Eterno desde el Cielo diciendo: -¡Avraham [Abraham]! ¡Avraham [Abraham]! Él respondió: -Aquí estoy.
    (12) Y dijo: -No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora conozco que veneras a Elohim, ya que no Me has rehusado tu hijo, tu único.
    (13) Entonces Avraham [Abraham] alzó la vista y miró, y he aquí un carnero [otro] [luego] está trabado por sus cuernos en un matorral; Avraham [Abraham] fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
    (14) Avraham [Abraham] llamó el nombre de aquel lugar el Eterno-Irhé; por eso se dirá perpetuamente: ‘En el monte del Eterno se manifestará.’
    (15) El enviado del Eterno llamó a Avraham [Abraham]; por segunda vez desde el Cielo,
    (16) y dijo: -He jurado por Mí mismo, dice el Eterno, que porque has hecho esto, y no Me has rehusado tu hijo, tu único,
    (17) de cierto te bendeciré y en gran manera multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y como la arena que está en la orilla del mar; tu descendencia poseerá los portones de sus enemigos.
    (18) En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra; por cuanto obedeciste mi voz.
    (19) Avraham [Abraham] regresó a sus siervos, y levantándose caminaron juntos a BeerSheva [Beer Sheva]; y Avraham [Abraham] se asentó en BeerSheva [Beer Sheva].»
    (Bereshit / Génesis 22:19)

    A la luz de lo que aprendimos en este estudio, ¿puedes analizar el texto y proveernos de las claves necesarias para una buena, digna, santa y dichosa vida en la senda de la NESHAMÁ y no en la celdita del EGO?

  • Cuerpo soñado

    Tú eres también tu cuerpo, no es algo accesorio y despreciable; aunque infinidad de religiones (TODAS producto del EGO) afirmen lo contrario y estigmaticen al cuerpo y sus necesidades.

    Es cierto que tu esencia es la NESHAMÁ, el espíritu, que es lo que permanece de ti cuando abandonas este mundo, que es tu identidad sin manchas ni dobleces; pero, en tanto estemos en este plano es nuestra obligación y derecho conocer, respetar, amar nuestro organismo.
    Rechazarlo es rechazarnos.

    Por supuesto que tampoco estamos para vivir solamente centrados en lo físico, con las cosas materiales como eje fundamental, porque es negar esa otra dimensión que somos.

    Lo importante es alcanzar el equilibrio dinámico, saludable, por medio del cual estamos conectando tierra-cielo y la fluencia energética se produce sin sobresaltos. ¿Recuerdas el sueño del joven patriarca Iaacov, aquel el de la escalera (Bereshit/Génesis 28:10-19)? Pues bien, aquí tienes una interpretación cabalística del mismo que te brinda la oportunidad de perfeccionar tu existencia.

    El cuerpo no es repulsivo, ni sucio, ni detestable; el cuerpo es maravilloso en su divinidad limitada.
    Es una manifestación del Amor/Sabiduría del Creador, el cual plasmó en nosotros Su sello, tanto a través de la NESHAMÁ como del cuerpo.
    Tal como el Mishcán y el Mikdash, Santuarios del Eterno eran sagrados, con sus elementos y partes, hasta las ínfimas; y sin embargo era la Divina Presencia el sentido de sus existencias.

    Por tanto, ni aborrecerlo ni endiosarlo.
    No es un espanto para ser ocultado con odio, ni un trofeo para ser exhibido con impudicia.
    Es una reverberación de la Santidad, en una gradación de existencia diferente que la del espíritu, pero en la misma paleta de colores de santidad.

    Cuando la Tradición requiere ocultar partes del cuerpo, no lo hace por asco, sino para quitar de la vista aquello que es sublime; para protegerlo, no para ofenderlo.
    Esa es la idea que se oculta en la vergüenza sentida a causa de la desnudez, luego de que los primeros humanos comieran del fruto del árbol prohibido. No había nada ofensivo ni vergonzante en su estado natural, sus cuerpos desnudos; el sentimiento perturbador surgió como consecuencia de descubrir que habían profanado su santidad, desmerecido su belleza corporal/espiritual.
    Pero, es otro interesante tema y no al que nos invita este estudio.

    El punto es que debemos sentirnos a gusto con nuestro cuerpo, no desvalorizarlo, como enseñan muchas religiones sobre él.
    Y tampoco adorarlo, esmerarse exclusivamente en cultivarlo, como enseñan otras tantas religiones.
    En el equilibrio saludable está la sabiduría.

    Si por algún motivo encontramos disgusto en este cuerpo que estamos siendo, es bueno tenerlo en cuenta y no negarlo. Luego, con esta idea consultarlo con personas especialistas que nos ayuden a descubrir qué podemos hacer que nos conduzca por la senda del bienestar. Sea tratando el tema con psicólogos, o con médicos, o haciendo deporte adecuado, o respetando una dieta nutritiva y sana; todo esto, o algunas de las cosas, que nos lleven a sentirnos a gusto con quien somos, aceptarnos, conocernos, respetarnos, amarnos.

    Y, recordemos que el cuerpo también se expresa, a su manera habla. Sea en su forma de funcionar, en sus dificultades, en lo que sobresale, todo sirve para que lo podamos leer y así llegar a conocernos un poco mejor. En esto también hay gente experta, que puede ayudarte. Tú eres tu cuerpo, ¿cómo ser ignorante de él?

    Es a través del cuerpo que la NESHAMÁ adquiere la “información” de la cual gozará en su existencia descarnada en el Gan Eden.
    Porque mientras la NESHAMÁ no experimenta sensaciones a través del cuerpo, todo el conocimiento es meramente teórico. Se puede conocer hasta el último átomo del Cosmos, pero no sentir nada. Sin embargo, luego del pasaje en este mundo, el cuerpo sirvió para recolectar esa información experiencial, dotando así de gozo y “materialidad” a todo lo que la NESHAMÁ conoce. Por lo cual, la NESHAMÁ goza en el Paraíso, de aquello que gozo lícitamente en este mundo. Ese es un modo de comprender el placer de la vida más allá de esta vida. Es por ello que los Sabios reprobaban al que se negaba a disfrutar de lo que tenía permitido, porque el ascetismo niega la experiencia deleitosa a la NESHAMÁ.

    Así pues, disfruta de lo permitido; porque con ello estás haciendo tu tarea espiritual.
    En tanto te apartas de lo prohibido, porque te cuidas de llenar de información experiencial incorrecta el tesoro de recuerdos para tu NESHAMÁ.

    Cuida tu cuerpo, desarróllalo, disfruta a través de él.
    Cuando el cuerpo envejezca, o enferme, o pierda capacidades; tendrás otras ocasiones para disfrutar, para experimentar, para sacar el jugo espiritual a tu estancia en esta vida.

    El cuerpo puede ir perdiendo funciones o partes, pero hay algo que permanece, que es tu NESHAMÁ así como la conciencia de ser quien eres en esta vida.
    Haz tu parte en todo momento.

  • Resp. 6030-Benei haElohim

    ¿Quienes son los hijos de Dios?
    En Bereshit (Génesis 6: 1-4) Se expone que los hijos de Dios tomaron para sí a las hijas del hombre. En muchos estudios se llega a concluir que los hijos de Dios son la descendencia de Set y las hijas del hombre son las descendencia de Caín. Cuyo fruto fueron hijos apartados de la fe, los Nefilim. Más también se expone que los hijos de Dios son los ángeles puesto a que en (Job 1:6¸21; 38:7) se usa este termino mayormente para mencionar a los ángeles.
    Agradezco desde ya su opinión al respecto e
    Rocío Sierra, Buenos Aires-Argentina

    (más…)

  • Apuros que matan

    Si la mujer (Eva) hubiese esperado un poquito, la humanidad hubiera obtenido el derecho a comer del árbol del conocimiento, del bien y del mal.
    Pero la mujer se dejó llevar por buenas intenciones, se apuró, provocó que el otro tropezara y listo… para afuera del huerto del Edén y a soportar todo tipo de dramas.
    Sin tan solo hubiese tenido paciencia y acatado el orden, pero no…

    Sarai y Avram tenían la promesa directa de parte de Dios de que serían padres y muchos descendientes provendrían de su estirpe.
    Pero, Sarai se apuró y ofreció a su marido que tuviera hijos con su criada, la egipcia.
    Da esa relación surgió Ishmael, del cual proviene la rama revoltosa e incordiosa que agrede, manipula, extorsiona, asesina, decapita, esclaviza, abruma, humilla, compra fidelidades con sus petrodólares, atenta contra la paz, se hace pasar por víctima, demanda respeto sin hacerlo con otros, viola, atormenta, exige que los “infieles” sean eliminados o los fuerza a su religión, conquista, patotea con su imperio…
    ¡Sarai, sin tan solo hubieses esperado a que se cumpliera la promesa Divina en lugar de inventar trucos para lograrla!
    Cuán diferente sería nuestro mundo, ¡cuánto!

  • Resp. 5986-TESHUVÁ de vida

    Deseo peguntar sobre el pasaje de Bereishis 3:22 Continua el tema del arbol de la vida. Parece que Adam es unico en poder obtener la inmortalidad a pesar de que comio del arbol del bien y del mal. Entiendo que por eso Hashem manda a protéger el arbol de vida . Favor de ampliar un poco sobre el primer ser humano y su capacidad de alcanzar la inmortalidad. Shalom Ubrajot !!!!!!!
    Eduardo T.

    (más…)

  • Salidos del paraíso

    «Tomó, pues, el Eterno Elohim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.
    Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.’
    Dijo además el Eterno Elohim: ‘No es bueno que el humano esté solo; le haré una ayuda idónea.’
    El Eterno Elohim, pues, formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Lo que el humano llamó a los animales, ése es su nombre.
    El humano puso nombres a todo el ganado, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Pero para Adam / Adán no halló ayuda que le fuera idónea.
    Entonces el Eterno Elohim hizo que sobre el humano cayera un sueño profundo; y mientras dormía, tomó uno de sus costados y cerró la carne en su lugar.
    Y del costado que el Eterno Elohim tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre.»
    (Bereshit / Génesis 2:15-22)

    Dios dio los árboles del huerto del Edén para alimentación del humano, aunque le prohibió comer del árbol del conocimiento, del bien y del mal.
    Había comida “kosher”, apta, permitida, lícita para el humano y otra que no lo era. Lo prohibido para él, quizás serviría para alimento de otro ser vivo, pero para el hombre no era admisible servirse de ese producto no kosher, porque esa era Voluntad de Dios.
    ¿Por qué?
    Porque esa era la Voluntad del Eterno.

    Dios anunció que no es bueno que el humano esté solo, sino que precisa vivir acompañado por la persona que es idónea, que es aquella que funge como contraparte efectiva.
    Había a su alrededor multitud de otros seres vivos, de variadas formas y colores, atractivos o repulsivos, amistosos o lo contrario; ninguno de ellos era el adecuado para ser su pareja.
    Estaban por fuera de su límite permitido, en lo que a relación “romántica” (en todo su amplio espectro) se refiere. El humano podía estudiar las especies vivas, hacer uso de ellas, darles finalidades que le fueran provechosas y no lastimaran innecesariamente el ecosistema, pero… no, esos seres vivos no eran kosher para ser su pareja.
    Había una que era la adecuada, aquella que lo completaba como persona, esa que podía ser vivida como “mi media naranja”. No como una cuestión mística o mágica, sin rocambolescos cuentos cabalísticos o cabalisteros, sino simplemente porque hacía surgir en cada uno de los dos lazos de unión con el otro, les brotaban ideas y sentimientos únicos que los vinculaban con ese otro especial.

    Sí, al menos estas dos funciones vitales de toda especie estaban contemplados por el Eterno en este párrafo.
    Al rato, cuando comieron lo que no debían (¿seguro que fue asi?), huyeron de su responsabilidad, inventaron excusas, faltaron a la verdad, fueron indolentes en sus obligaciones, no comunicaron auténticamente con el Eterno Elohim, y otras cositas más, debieron hacerse cargo de las consecuencias de sus actos:

    «A la mujer dijo: -Muchísimo sufrirás en el embarazo; con dolor parirás hijos. A tu hombre será tu deseo y por esto él te dominará.
    Y al hombre dijo: -Porque obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del que te mandé diciendo: ‘No comas de él’, sea maldita la tierra por tu causa. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.
    Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volverás.»
    (Bereshit / Génesis 3:16-19)

    Aquello que era idílico, propio del paraíso, se corrompió.
    Ya la relación especial con la pareja estaba teñida por otras cuestiones, donde entraban a jugar pulseadas de poder, jugarretas manipulativas, dolor, angustia, soledad, dudas, indecisión, pérdidas, entre otras cosas no tan maravillosas.
    Y el comer ya tampoco sería sencillo, armonioso, saludable, agradable y otro montón de cosas negativas en torno a la satisfacción de esta necesidad básica.

    Entonces, ¿qué aprendes para tu vida cotidiana de esa lección?

  • La fruta no cae lejos del árbol, ¿o sí?

    ¿No es cierto que Adam, más precisamente el primer varón de la especie humana, pecó porque ingirió del fruto prohibido que el Eterno le había ordenado de él no comer?
    Seguro que afirmaremos rápidamente que sí, y está bien, de acuerdo a lo que generalmente conocemos y compartimos.
    Pero hoy, hagamos una excepción a la repetición automática de lemas que hemos incorporado, y dediquémonos a leer con atención una pequeña partecita.
    ¿Me acompañas?
    Vamos pues:

    «Y el Eterno Elohim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.»
    (Bereshit / Génesis 2:16-17)

    Pues, tal parece que no es “el Eterno” quien ordena algo aquí, sino “el Eterno Elohim”.
    Claro, es el mismo Uno y Único Dios, aquel que se manifestó en Sinaí, liberó a Israel de la esclavitud, etc. Aquel que es Uno y Único, indivisible, sin partes, sin cuerpo, que no nace ni muere, por completo inimaginable y al mismo tiempo cercano a más no poder.
    Pero, su actuación en este párrafo está cargo de su faceta “el Eterno Elohim”.
    No me extiendo más, quien comprende no precisa extra información; quien no comprende, no será alumbrado ahora.
    Igualmente, si usamos el Eterno, ok… sabemos de Quien estamos hablando.

    Tal parece que Dios no prohibió ningún fruto aquí, sino que literalmente indica que lo prohibido es ese árbol en particular. Relee por favor. ¿Tú vez que diga algo de no comer del fruto del árbol, o dice exactamente que no se coma del árbol? Vamos, se exacto y preciso en tu lectura.
    Entonces, corrijamos la idea de que era el “fruto prohibido”, pues no es del todo correcto, ya que el prohibido era el árbol del conocimiento, del bien y del mal.
    Claro, igualmente seguiremos usando la conocida fórmula “el fruto prohibido”, pero ahora tendremos quizás un poquito de consciencia de que no estamos siendo del todo exactos y precisos con el texto en su literalidad.
    (De paso, probablemente seguiremos imaginando erróneamente que era una manzana, tal como el mito cristiano se introdujo en nuestro relato… bueno… no, no era una manzana…).

    Pero, ¿entonces, pecó el hombre al comer del fruto?
    ¡Qué buena pregunta!
    A la que no responderé ahora, sino que simplemente te pediré que veamos si el hombre fue castigado por esta acción:

    «Y al hombre dijo: -Porque obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del que te mandé diciendo: ‘No comas de él’, sea maldita la tierra por tu causa. Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste tomado. Porque polvo eres y al polvo volverás.»
    (Bereshit / Génesis 3:17-19)

    La maldición no la recibió el hombre, sino la tierra.
    Como consecuencia de esta maldición (que fue breve, por un determinado lapso de tiempo y no una condena eterna), Adam tuvo dificultades para obtener su alimento de ella.
    Pero, no fue el hombre castigado por su acción.
    Aunque, prestemos nuevamente atención a lo escrito… ¿dice que fue por comer del fruto o por hacer caso a la voz de su mujer cuando lo incitó a comer del árbol?

    Ahora, ¿podrías decirme qué pudimos aprender para nuestra vida cotidiana de esta pequeña clase (en gran parte basada en las lecciones del Or haJaim)?

  • Rey y Madre

    Elohim creó el universo, TODO lo que existe, existió y existirá.

    Es sencillo decirlo, hasta podemos imaginarlo; pero, cuando nos ponemos realmente a reflexionar en la frase y medir su enormidad sin límites, porque conocemos de ciencia y estamos conscientes de que es impresionante sin palabras; más y más podemos caer en la incredulidad o en la absoluta fascinación en el Eterno.

    La Torá nos brinda en pocas líneas una descripción (no histórica ni científica) del proceso de creación, ¡vaya uno a saber el motivo para esta narración!
    El hecho es que nos incluye en esta majestuosa realidad que nos estremece por sus detalles, sus gigantes proporciones, su infinita capacidad de maravillarnos. Y cuanto más estudiamos, más sorpresas encontramos.

    Pero, de repente en el segundo capítulo del libro Bereshit/Génesis la cosa cambia.
    Vemos al Eterno Elohim ocupándose de que el ser humano no se angustie por la soledad, por lo cual le procura una pareja acorde. Y además, se ocupa el Eterno Elohim en la adecuada alimentación del humano, permitiéndole lo permitido y prohibiéndole lo prohibido.
    ¿Cómo comprenderlo, el Rey majestuoso en poder pasa de un capítulo al siguiente a ser una Madre atenta al bienestar de Sus hijos?
    Hay varias respuestas posibles, una podría ser la tuya que con gusto leeré y quizás comentaré si la compartes en la zona de comentarios aquí debajo.

  • 21 cosas que he aprendido de Bereshit 1

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    19 cosas que he aprendido de Bereshit 1

    Por Shaúl Ben Abraham

    ¿Cuántas cosas no se pueden aprender del Sefer Bereshit (“Libro del Génesis”)? Cientos de rabinos, eruditos, jajamim, tzadikim y muchas personas propias o ajenas al judaísmo han internado a querer comprender sus arcanos y han escrito muchas grandes obras al respecto. Yo, a mi manera, creo que también lo he intentado. En este corto escrito solo quiero enumerar 21 cosas que he aprendido al leer tan solo su primer capítulo. Invito al hipotético lector o lectora que busque en que versículos me baso para establecer estas afirmaciones que son en parte directrices éticas y filosóficas que, al menos para mí, me han servido, como un modelo educativo para inculcar el gran valor de la creatividad, que es, según capto, el mensaje de este hermoso capítulo de la Toráh.

    1) El primer deber mental es considerar en orden lo Divino, luego lo celestial y por ultimo lo terrenal.

    2) En términos de la acción hay que privilegiar lo terrenal después lo celestial y por ultimo lo Divino, ya que por Dios nada se puede hacer, salvo conocer como Él se conduce con el mundo.

    3) Lo que se dice que se va a hacer hay que buscar en todo lo posible llevarlo a cabo.

    4) Cuando algo bueno sea percibido y encontrado hay que diferenciarlo y separarlo.

    5) Se deben dar buenos nombres a cosas buenas y nombres adecuados a sus contrarios, a fin de traer claridad al mundo.

    6) Hay que establecer lugares amplios, tener miras amplias.

    7) Hay que separar a fin de identificar.

    8) Todo aquello que sea inmenso hay que tenerlo como lo superior a fin de dirigirse hacia él.

    9) Hay que saber reunir en un lugar aquello que debe ser formado.

    10) Hay que hacer cosas que a su vez hagan para los demás y de ese modo enseñarles a generar, a su vez, para otros.

    11) Es importante crear señales, es decir signos para que otros se relacionen con el tiempo en el que estuvimos e hicimos actos altruistas.

    12) Hay que hacer cosas que a los demás les clarifiquen su condición en el tiempo y los ilumine.

    13) Hay que dividir el poder en partes adecuadas, según sea la capacidad de cada cual.

    14) Quien dirija debe hacerlo desde un lugar alto e importante, a fin de que sea respetado.

    15) Quien dirija debe dominar los temas diurnos y nocturnos a fin de que sea experto en separar la luz de la oscuridad.

    16) Hay que hacer que lo que está abajo sepa que puede llegar a lo que está arriba.

    17) Hay que hacer cosas grandes y móviles.

    18) Hay que hacer cosas que por sí mismas se multipliquen.

    19) Hay que hacer cosas diferentes.

    20) Hay que saber que se puede y que no se puede agrupar

    21) Hay que hacer semejantes, lo que no implica hacer seres idénticos.

  • Bereshit 5776–ETZ JAIM

    Comienza con esta parashá la lectura anual de la Torá, por tanto veamos un poquito acerca de este libro sagrado para los judíos, así como para miles de millones de seres humanos. En el acierto o en el error, muchos que no son los herederos ni sostenedores de la Torá, tienen una poderosa afición a ella. Incluso, tanto los cristianos como los musulmanes se presentan a sí mismos como los continuadores oficiales de los judíos, como los poseedores de un pacto renovado. Esto, evidentemente, no es correcto sino una alteración profunda de la realidad; y sin embargo, apunta a una realidad trascendente muy cierta. Ellos en su tremendo error igualmente están anhelantes por encontrar el sendero a la NESHAMÁ, el espíritu, y por tanto a Dios. Pero, en lugar de hacerlo de la manera correcta, caminando con paz y armonía por la senda del noajismo, han inventado cada uno su propio camino grotesco, con la intención de encontrar a Dios, pero perdiéndolo por no acatar Su Voluntad, por no vivir en paz como noájidas.

    Pero, ¿qué es la Torá?
    Muchos confunden la Torá con un libro de historia, que ciertamente no lo es, aunque contenga algunas narraciones antiguas y particularmente de la milenaria nación de Israel.
    Tampoco está para aprender ciencia, aunque haya personas que afirman descubrir revelaciones científicas entre sus líneas (con acierto o error).

    Lo que sí podemos afirmar es que la Torá es el mensaje que Dios reveló directamente al pueblo judío a través de Moshé, para que sirva como un manual de vida, según leímos hace pocas semanas: “Ki hi jaieja veorej iameja” – “porque ella es tu vida y la extensión de tus días” (Devarim/Deuteronomio 30:20).
    Es así porque contiene reglas que nos encaminan hacia el bien y la justicia. También porque encontramos narraciones que nos sirven como ejemplo de lo que es mejor evitar y aquello que sería inteligente emular.
    Cumpliendo con sus normas y aprendiendo de sus moralejas podemos conectarnos con el Eterno y con nuestra propia esencia sagrada, la NESHAMÁ (espíritu), lo cual llena de LUZ nuestra vida.

    Entonces, cuando nos encontramos con una MITZVÁ (precepto, orden) no está para proceder como un robot en su cumplimiento, sino también y especialmente para que descubramos como ella nos conecta con nuestra mejor identidad, nos solidariza con el prójimo, nos reúne en un abrazo con el Eterno. Porque el acatar la orden tiene valor en sí mismo, pero el manifestar nuestro mejor potencial cumpliéndola es extraordinario.
    Esto ocurre tanto con la TORÁ NOÁJICA con sus Siete Mandamientos para cada uno de los Hijos de las Naciones, como los 613 mandamientos de la Torá que corresponden a la nación judía.

    De manera similar cuando estudiamos alguna narración de la Torá, no es para pasar el rato con un cuento, ni para memorizar algún dato, sino para encontrar algún mensaje que nos permita ser más libres, felices, creativos, bondadosos, conectados, promotores de SHALOM.

    Por ello, el sabio e inspirado rey afirmó acerca de la Torá: Etz Jaim Hi Lamajazikim Ba” “un árbol de vida es para los que se aferran a ella”. Y agregó Vetomjea Meushar” – “y los que la sostienen son felices” (Mishlei/Proverbios 3:18).
    Para los judíos es relativamente sencillo comprender este concepto, pero, ¿cómo se aplica a los noájidas, quienes no son destinatarios de la Torá de Israel, sino poseedores de su propio código sagrado, el de los Siete Mandamientos? Si tienes ideas que sirvan para responder, publícalas en la zona para los comentarios aquí debajo. Gracias.

    Entonces, cuando sostenemos la Torá, ella nos sostiene a nosotros, y nos permite encontrar el camino a la felicidad, aquella que se perpetúa y no se degrada en el tiempo.

    Ahora que sabemos esto, te propongo que releas algunos de los relatos que están en esta parashá y veas cómo te pueden ayudar para traer luz a tu vida y a la de quienes te rodean. Puede ser la creación, el nacimiento de ADAM (hay dos versiones del mismo hecho), cuando el fruto prohibido fue comido, la pelea de Caín y Ebel, el desarrollo de la familia humana, o cualquier otro del variado contenido. ¡Adelante! Y comparte luego tus aprendizajes, si gustas.

    Te deseo Shabbat Shalom umevoraj, con todo lo bueno para ti y tu familia.