Lo Bueno y el Bien segun el Racionalismo

Le he llegado a perder credibilidad a las corrientes conductistas, y a las explicaciones sobre el comportamiento humano que dan sus “especialistas”.

Su método para explicar las conductas se basa en el análisis experimental. Concluyen que si una determinada acción produce cierta reacción, necesariamente esa misma reacción se verá en cualquiera en que se aplique la misma acción.

En el campo humano, podría entonces suponerse que cualquier reacción del hombre ante una acción, va a ser la misma de cualquier otro hombre si se repite el experimento.

Si el humano dirigiera su existencia de acuerdo a los (casi superados) instintos básicos, como cualquier otro animal, el conductismo potenciaría el desarrollo humano hacia toda su dimensión; que sería la dimensión animal, y no la dimensión humana.

Esa corriente es la que actualmente siguen la mayoría de profesionales en ciencias de comportamiento humano, y la que la mayoría de nosotros creemos como la más acertada explicación a lo que nos pasa como individuos y como sociedad.

Careciendo de profundidad sus explicaciones (pues no considera al humano como ser ecológico, multidimensional, polifacético, multi-constitutivo, con consciencia e inconsciencia) las aceptamos cual chimpancé  acepta una banana alegremente.

Ejemplos sobran, pero no quiero abundar en ellos, solo mencionar algunos: la explicación de que el delincuente delinque por su pasado tormentoso, el del depresivo cuyo sentimiento se debe a su pérdida y al mes de diciembre, el del comprador compulsivo que se endeuda para tener más porque en su pasado tuvo poco o nada, etc.

Pero, debo de aclarar que no soy ni filósofo ni psicólogo, así que mi opinión no deja de ser muy limitada; los conductistas tendrán sus puntos a favor con sus aportes sociales.

Personalmente prefiero las corriente humanista, que analiza al humano como individuo y como ser social; cuya estructura de carácter individual es la misma estructura de carácter que esta impuesta su sociedad; haciendo dinámica su existencia.

Así, por ejemplo, nuestra estructura de carácter actual es consumista porque la estructura de nuestra sociedad es de la misma forma: producir sin ningún objetivo más que el de consumir. La racionalización de producir para el consumo y mantener la subsistencia no es válida en nuestro tiempo: el producto del que se consume no necesariamente es para subsistir sino para el placer o el poder.

Según los estudiosos, dicha estructura de carácter no siempre fue así, sino que han variado. Por ejemplo, señalan que la estructura de carácter social (y por ende el individual) medieval era el ahorrativo-acumulativo, el de la era de la industrialización era el acumulativo-productor, entre los que recuerdo.

Y esta estructura de carácter social reflejada en el individual, dinamiza también lo moral. Es decir, lo que va a ser bueno o malo para la sociedad (y por ende para el individuo) dependerá siempre de la estructura de carácter a que se tienda.

Si, por ejemplo, hoy es buena la producción para el consumo, es bueno estar ocupado, aunque no se evidencie un para que, ni un objetivo claro. También sería bueno el consumo de lo último o novedoso, aunque no se necesite realmente como un elemento vital.

Sobre esas ideas, sería malo, entonces, la desocupación; aunque fuese en periodo de vacaciones hay que hacer algo, aunque sea pasear para comprar algo en el mall. Es malo no comprar para consumir, por ende, para hacerlo hay que estudiar las profesiones y los idiomas que demande el mercado (y no la habilidad personal), porque individualmente también hay que mercadearse para poder emplearse.

Todo se produce, todo se vende, todo se compra, todo se consume, pues hasta el hombre mismo es una cosa mercadeable, y eso es lo bueno y sinónimo de lo exitoso.

Pero como la estructura de carácter individual y social no son estáticas, sino que con el tiempo cambian, así también lo bueno y lo malo será variable. Lo que para la sociedad victoriana era malo, hoy no lo es, por ejemplo en el campo sexual. Lo que ayer era censurado por la Tradición, hoy es aprobado por el Derecho.

Así, lo que nos hace actualmente hombres buenos o malos es nuestro acondicionamiento a la estructura de carácter social que esté privando en la sociedad en que existimos. De esa forma, juzgar las acciones como buenas o malas dependerá mucho del tipo de sociedad en que ocurran; pero dichas acciones no serán buenas o malas por los siglos de los siglos.

Lo bueno o malo es un relativo.

Pero el pensamiento humanista racional no solamente aventaja al conductismo por la profundidad de su análisis al demostrar que lo bueno y lo malo son relativismos temporales, sino que además lo aventaja por mucho al demostrar, también, que el Bien es un Absoluto que ha superado las eras, y que se ha mantenido incólume en la historia humana.

Es decir, que la Ética no depende de la estructura individual o social, y por ende, ni de la moral que impera en la era en que se existe. La ética no varía ni se adecúa a la modernidad, sino que es atemporal o eterna.

Lo ideal, entonces, sería que la moral (y por ende la estructura de carácter social e individual) se formara según la norma Ética.

Sobre ese pensamiento, y siendo que la Ética es atemporal o eterna, su fuente lo es también; y por lo tanto, el humano nunca agotará la norma ética plenamente, sino que tendrá con su vida que irla re-descubriendo, haciendo de ese modo su existencia aún más dinámica, y no estática como propone el conductismo.

Sin embargo, el racionalismo humanista señala que conocer la normativa Ética no necesariamente signifique que se logre estructurar el carácter hacia ella; sino que el conocimiento debe implicar la acción y la voluntad.

Si la Ética es el Bien Absoluto, la estructuración del carácter individual y social de acuerdo a sus normas, produciría hombres del Bien Absoluto. Pero por no ser así siempre, no quiere decir que existen hombres del mal, sino hombres distanciados del Bien.

Siguiendo ese pensamiento, se podría concluir que si los hombres siguieran la normativa Ética, estructurarían un carácter individual y social en el Bien; y no simplemente lo que se conoce como buenos.

Ahí estaría la diferencia entre un hombre bueno y un hombre de Bien.

Seguir creyendo que con el amaestramiento del hombre éste encotrará las respuestas a sus problemas es un caro error a que nos está llevando el pensamiento conductista. Apostar por el pensamiento analítico del racionalismo humanista es una invitación abierta a descubrir, un poquito más, nuestra propia esencia.

Y ese es el fin del presente, una incitación a leer, comentar, preguntar y repasar las lecturas de este sitio, con la única finalidad de derribar los hábitos y las creencias que nos limitan impidiendo descubrir un poco más la esencia que todos compartimos.

(En merito de la señora Luz Montiel, que a dos años de su muerte la sigo recordando.)

Luis D. Perez Ch.[1]

[1] El autor del artículo no es judío. Las ideas cuenta con autorización y revisión previa de Serjudio.com

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