Superar el miedo es poner en su lugar al EGO

En numerosas ocasiones hemos trabajo el tema del miedo.
Hemos llegado a la conclusión de que TODO miedo es en su origen el terror a la impotencia, aquella que se padeció como catastrófica al momento del nacimiento.
Esta raíz de terror a la impotencia, de no regresar a sufrir la pesadilla aquella, se ramifica según las dimensiones de la persona (física, emocional, social, mental, espiritual), encontrando un núcleo fundamental de miedo en cada plano, el cual a su vez se ramifica en otros miedos terciarios.

Podríamos diagramarlo, en un simple bosquejo para nada completo de la siguiente manera:

Todos padecemos, en mayor o menor medida, cada uno de estos miedos.
Para algunos serán más constantes los miedos sociales, o los físicos, o los mentales, etc.
Para otros habrá un carrusel de miedos, o un licuado de varios sabores, o una creencia mágica de haber superado todos los miedos y ser imbatible.
Pero siempre, allí agazapados están los miedos.
A cuya cabeza, en su raíz, el intenso, oscuro, profundo terror a la impotencia que ya se sufrió al comienzo de la vida en este mundo, desde momentos antes del nacimiento hasta meses o semanas después.
Esa impotencia que carcome, que corroe, que paraliza, que alienta a la desconexión con la realidad que se siente como tormentosa, o que impulsa al surgimiento del EGO con sus herramientas primitivas de manipulación del entorno, tales como gritos, llanto o golpes.

Tú también eres así.
Si te contemplas con sinceridad encontrarás que cada uno de estos miedos, con sus múltiples derivados, operan en ti.

Ahora, ¿tú tienes consciencia de cuál es tu mayor miedo? O, más correctamente expresado, ¿cuál es el miedo que mayor presencia tiene en tu vida?

¿A la locura?
¿A la falta de control?
¿Al no saber?
¿Al no poder?
¿A fracasar?
¿A que te señalen como fracasado?
¿Al rechazo?
¿Al anonimato social?
¿A no tener la razón?
¿A que otro te venza?
¿A que nadie te quiera?
¿A amar y no ser correspondido?
¿A querer sin alcanzarlo?
¿A decidir?
¿A equivocarte?
¿A cambiar?
¿A la confrontación?
¿A lo desconocido?
¿A lo que ignoras?
¿A lo que hay más allá?
¿A lo que esconde la oscuridad?
¿A ser exitoso?
¿A quedar paralítico?
¿A tener cáncer?
¿A la muerte?
¿A la muerte de un familiar?
¿A la pobreza?
¿A la miseria?
¿A la vida?
¿A ser feliz?
¿A casarte?
¿A tener hijos?
¿A que nadie te quiera?
¿A que tu pareja te sea infiel?
¿A que te engañen?
¿A ser falso?
¿Al desempleo?
¿A la soledad?
¿Al dolor?
¿A que te rapten?
¿A que a un hijo le pase algo malo?
¿A que te violen?
¿A tomar riesgos?
¿A…?

Vamos, tómate un tiempo, el que consideres necesario, piensa, toma consciencia, conócete, escribe cada miedo que te atraviesa, cada miedo que te atrapa.
No es fácil, pero es necesario.

Ya te adelanto que encontrarás que cualquiera sea el miedo, en el fondo, en su base, está el terror a la impotencia. Pero, no hablaremos sobre esto ahora.
Más bien quiero que te concentres y delimites el contorno de cada uno de esos miedos, pero en particular aquel que más te angustia y atormenta.
Vamos, hazlo.
Cuando lo tengas definido y escrito en una hoja ante ti, continúa con la lectura.

Ahora tienes que hacerte otra pregunta y responderla con similar sinceridad.
Pon tu respuesta por escrito.

¿Qué has perdido a causa de este miedo?
Piénsalo con serenidad.
Yo no espero ninguna respuesta, cualquiera que des sinceramente está bien.
Vamos, medita con calma.
Piensa en la gente que se fue de tu lado, los que desaparecieron, los que no quieren volver a verte, los que ya no están. Las oportunidades laborales, de estudios, de tener una mejor calidad de vida. Los viajes, hazañas, aventuras, amistades, cargos, rangos, títulos, etc. El dinero perdido o mal invertido o gastado. Los objetos rotos o desaparecidos. Los dolores y dolencias. El tiempo malgastado. Los años de psicoterapia estériles. Los miles de comprimidos psiquiátricos que consumiste. Las drogas –legales o no- con las que pretendiste tapar tu miedo. No sé con exactitud, tienes que ser tú quien se toma el trabajo de verse en el espejo del alma y reconocer aquello que has perdido a causa de este miedo que has señalado como el más persistente.
Cuando lo tengas escrito en la hoja ante ti, continúa con la lectura.

Como hemos enseñado, y en parte mencionamos en este texto, el EGO es un primitivo mecanismo de supervivencia. Sirve para llamar la atención de los otros sobre uno, para de esa forma “manipularlos” y obtener asistencia, que nos satisfagan, que nos rescaten de la muerte por hambre, que nos quiten el peso de la soledad, etc.
Cuando las cosas se salen de control, cuando la manipulación no tiene resultado, el EGO desconecta a la persona de la realidad circundante, en principio con el dormir, también con el fantasear y finalmente puede llevar al delirio, a la total vida irreal en un mundo real percibido como generador de impotencia.
El EGO, que cumple un notable rol en los primeros momentos de existencia terrena, se mantiene en funcionamiento cuando debiera quedar reducido a una mínima presencia, solamente útil en casos de extrema necesidad y ante la inaccesibilidad de otros recursos para dominar la impotencia sentida o real.
El EGO se impone como una deidad, la que busca luego dioses ajenos para adorar.
El EGO se presenta como un mítico salvador, quien viene al rescate de aquel que pone su vida, su fe, en él.
El EGO es el prototipo interior de todos esos dioses, semidioses, salvadores mágicos que pueblan las mentes y fantasías de las religiones y supersticiones.
El EGO está formado para manipular y para hacer vivir en la irrealidad, con tal de preservar al individuo con vida en la realidad (paradójico, amerita una relectura de tu parte).
El EGO te manipula a través de sus rústicos instrumentos, uno de los cuales es el miedo.
Así pues, cuando tienes miedo (que no es lo mismo que precaución, tampoco que susto), estás ante una imagen interna de impotencia, un someterte al control del EGO, por el terror de volver a experimentar ese espantoso momento inmediatamente previo al nacimiento, durante y luego del mismo.
Es un terror marcado en tus células corporales, ni siquiera en tus neuronas. No es un miedo que se explique con palabras, ni siquiera es racional, pues fue horriblemente vivido mucho antes de que tuvieras capacidad de palabras y de razón.
Por tanto, hablar del miedo es bueno, pero no llega a quitar su veneno que te paraliza, que te momifica, que te idiotiza, que te obliga a someterte al EGO, que no te permite avanzar, cambiar, tomar la decisión que te libere.
El miedo está al servicio del EGO, para que te retuerzas en impotencia y no accedas a la libertad que existe en tu esencia espiritual y te mereces disfrutar.
El EGO te hace creer que el miserable territorio conocido es lo único que te mereces, lo único que te sirve, lo único que puedes controlar.
Por lo cual, la mera idea de cruzar los límites de ese territorio dispara una señal de alerta, nace el sentimiento de miedo a tal o cual circunstancia que te pueda llevar a un cambio.

Mira qué simpático.
La impotencia te genera miedo.
Ese miedo te lleva a la inacción o a la acción pobre y torpe.
Esto te somete a “no poder”.
Lo que es impotencia, y te confirma tu cualidad de impotente (que no puedes).
Lo que fortalece la sensación de miedo.
Lo que obliga a actuar para dejar de actuar o para fracasar.
Lo que demuestra tu impotencia.
Lo que recalca que eres impotente y todo lo que haces está mal.
Lo que te lleva a tener miedo.
Lo que…

Toma tu tiempo y responde por escrito en la hoja ante ti: ¿Puedes recordar al menos una ocasión en que este círculo vicioso haya acontecido en tu vida? ¿Lo podrías describir?
Tienes tiempo, medita con calma.
Enfócate en encontrar la respuesta.

Ahora viene la respuesta más importante que te pediré que escribas.
¿Quieres superar tu miedo?
Piensa bien lo que quieres responder, y luego ponlo por escrito.

Acompáñame ahora a crecer, a superarnos cada vez más, a construir Shalom desde dentro hacia fuera.

1>
Conoces a tu miedo.
Ya has visto el rostro del miedo.
Ya viste cómo opera en ti.
Te explique qué lo genera.
Le quitamos todo rastro de “enfermedad”, “maldición”, “hechizo”, “poder oculto”, “demonio”, puesto que descubrimos juntos que es un emergente del sentimiento primario de impotencia.
Reconocimos que el miedo es algo “normal”, inherente a la persona humana.
Descubrimos que el miedo es usado por tu EGO para convertirte en un títere, manipulado, prisionero, imposibilitado de cambiar y crecer.
Entonces, el miedo está ahí porque en verdad tú quieres el cambio positivo, tú quieres crecer, tú quieres ser más independiente, tú quieres y puedes, pero el EGO no te deja.
El miedo está ahí para ponerte un palo a tu rueda, bloquearte el camino, frenarte en tu crecimiento.
El miedo no es real.
Es una fantasía que promueve tu EGO para confirmarte que eres impotente, pero en verdad ¡eres poderoso!

Este primer nivel es confirmarte en tu salud, en tu armonía.
Tener miedo es normal.

2>
Cada vez que te surja un miedo, te sientas y respondes a estas preguntas:
a) ¿Qué has perdido a causa de este miedo en otras oportunidades?
b) ¿Cómo sería tu vida sin este miedo?
c) ¿Qué sería lo peor que pasaría si hicieras las cosas a pesar de este miedo?
d) ¿Qué sería lo mejor que pasaría si hicieras las cosas a pesar de este miedo?

Sería bueno que tuvieras una libreta o cuaderno en donde anotarás cada miedo en una página, con la fecha correspondiente, estas preguntas con sus respuestas y fueras viendo tu manejo de las situaciones a lo largo del tiempo.

Luego de consignado en la libreta, ahí se queda el miedo.
Ya no tienes más que pensar en él.
Le has prestado atención, lo has atendido, le diste importancia.

Ahora, cierras la libreta,la guardas y pasas al siguiente nivel.

3>
No le lleves el apunte al miedo.
Haz como te parezca, dentro de lo legal, dentro de lo permitido, dentro de lo precavido, ¡HAZ!
Si estás ponderando al miedo, no dejarás de estar sometido a él.
Avanza a pesar de él.
Romperás el círculo vicioso que te mencioné más arriba.
Te darás autoridad, dominio, poder, valor, dicha, te sentirás potente, porque no te quedarás encerrado en tu celdita mental, sino que darás un paso hacia la dirección correcta.

4>
Si a pesar de lo anterior aún te retienes, escucha este consejo.
Dibuja en tu mente una imagen hermosa, sea un paisaje, una residencia, una habitación, un cuadro, una persona, lo que tú consideras que te brinda belleza, armonía, placidez, paz.
Dibuja en tu mente esa imagen con precisión.
Ponte en algún lugar en esa imagen. Que estés cómodo, que te sientas a gusto, que seas el centro de atención, que seas el protagonista, disfrutando de todo lo bueno que hay para ti.
Ponle un título que te suene agradable, que retengas, que sea melodioso a tus oídos.
Saborea esa imagen de gozo.
Mientras lo haces te tocas el lóbulo de tu oreja derecha. Presiona con suavidad pero con insistencia. En tanto visualizas la imagen de placidez, lees su título armonioso, disfrutas sus melodías y sonidos agradables.
Sigue pulsando tu lóbulo y respira por la nariz profundamente y con calma.
Repite en voz apenas audible el título de tu imagen, a la que atesorarás en tu mente y a la cual recurrirás cada vez que te gane el desanimo, la angustia, la ansiedad.

Sumérgete en tu imagen ideal, tócate el lóbulo de la oreja, respira.
Cuando estés así, acomete la acción que te da miedo.
No pienses, solamente hazlo.
(Siempre tomando en cuenta que sea legal, permitido, precavido).
Hazlo sin pensar en otra cosa, solamente sonriendo tu corazón a la acción.

Luego, pasa al siguiente nivel.

5>
Reconoce tus méritos.
Lleva una lista de tus éxitos, de tus victorias, de tus pasos adelante.
Puede ser una lista que tengas a la vista en tu habitación, o como fondo de pantalla en tu computadora, o en algún lugar que tengas acceso fácilmente y a menudo.

Hasta aquí este sistema para superar tu miedo, al poner a tu EGO en su lugar.
Te pido que me recompenses, si te sirve lo que te he regalado hoy, de alguna de estas dos maneras (o de las dos):

1- Agradeciendo y compartiendo los resultados en la zona de comentarios aquí debajo.

2- Enviando tu apoyo económico para permitirnos continuar brindando de nuestro tesoro para tu bienestar.

Gracias por todo, hasta luego.

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conyconchita

este consejo me ha cervidomucho. gracias:)

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