"Esto tendréis por estatuto perpetuo, para hacer expiación por los hijos de Israel por todos sus pecados, una vez al año. Y Moshé [Moisés] hizo como Hashem le mandó." (Vaikrá / LevÃtico 16:34)
¿No es contradictorio que la Torá diga que en Iom HaKipurim se expÃan (todos) nuestros pecados, y que luego prescriba que hay que hacer todos los años (a perpetuidad) Iom Kipur?
O se expÃan todos los pecados, o no se expÃan.
En verdad, si pensamos que las personas son como estatuas o tÃteres serÃa una contradicción, pues, ¿qué cambio voluntario hay en estos artilugios?
Una vez que "consiguen el perdón", ya está hecho todo el trabajo, no hay necesidad de continuar el esfuerzo de superación, de trascender.
Pero lo que la Torá quiere enseñarnos es que estamos en constante cambio, no existe la quietud en lo que a humanidad se refiere. O progresamos (y somos mejores moralmente, culturalmente, socialmente, etc.), o regresamos a etapas más primitivas o menos evolucionadas.
Cada año tenemos la oportunidad de enfrentarnos a nosotros mismos y de compararnos con lo que son nuestros ideales (y nuestras pesadillas) y poder concluir: avancé o retrocedÃ.
La Torá nos brinda el regalo de que en cada año podemos girar para ver a nuestras espaldas y luego continuar avanzando, o, ¿acaso preferimos el estancamiento de la idolatrÃa (de los Ãdolos quietos, inútiles)?