Las mitzvot y el mundo: de magia, cabalistería, astrología o racional apego a Dios

De acuerdo al punto de vista es como vivimos.
En esta ocasión te presento dos puntos de vista acerca del mundo y por consiguiente acerca del valor de las mitzvot (los preceptos).
Espero que con estos datos que te aportaré podamos vislumbrar nuestra propia forma de vislumbrar y actuar en la realidad.

Para Rambán (Rabí Moshé bar Najman, o Najmánides) nuestro mundo no es de materia finamente ordenada y coordinada por leyes “naturales”, leyes que son producto de la Mano de Dios y condicionan la realidad. No hay lugar para la ciencia, ni el estudio de la realidad por medio del intelecto, puesto que no hay leyes físicas invariables, no hay un orden establecido desde lo Alto y mantenido rigurosamente por el Creador.
El mundo está sujeto a un directo control de entidades espirituales que gobiernan los diferentes aspectos de la realidad.
Tales entidades rectoras tienen la potestad de variar lo que es en apariencia el orden habitual de las cosas, de modificar el mundo según normas místicas ocultas.
Así pues, el orden habitual de las cosas es solamente aparente, lo natural es contingente a la voluntad de las fuerzas rectoras de los elementos, quienes a su vez son subordinados del Eterno.
Lo natural no trabaja de acuerdo a reglas naturales definidas a priori por el Creador, sino que la creación se mantiene en un orden aparente, en un estado de constante milagro oculto.
Que el mundo gire, que haya gravedad, que el agua moje, que el corazón lata, que respiremos, etc. todo es parte de redes infinitas de milagros ocultos.
Entendamos bien este aspecto. Rambán es de la creencia de que nuestro mundo está plagado de espíritus, algunos de los cuales gobiernan directamente sobre los elementos de la naturaleza (vivos e inanimados), también considera pertinente la creencia que existe efectivamente la magia,  y que estos factores (espíritus y magia) deben ser manipulados y aprovechados para que el hombre no sea sacudido por eventos más allá de su control.
¿Cómo se lograría esto?
Él es de la idea de que la Torá enseña al hombre a alejarse del vano deseo de controlar a la naturaleza caprichosa y mágica, para arrojarse a la misericordia de Dios.
Las Mitzvot tienen un significado intrínseco, místico, y por lo tanto interfieren con el designio mágico de las cosas, pues tienen el poder para desviar la influencia nefasta de las fuerzas sobrenaturales.
Al centrarse la persona en el Eterno y anular la propia voluntad para servir la Divina Voluntad, al aceptar de todo corazón que todo viene de Él, al arrojarse en brazos del Eterno, se queda a la espera de Su misericordia.
Entonces, como respuesta a esa sumisión completa, a ese cumplimiento de los preceptos por parte de la persona, es que el Eterno dicta que las huestes espirituales que dominan a la naturaleza protejan a esa persona en particular.
Si hay sequía, aquel que se entrega por completo al cumplimiento de los preceptos recibe lluvia.
Si hay hambruna, el siervo del Eterno recibe provisión milagrosamente.
Si el terror recorre las sendas, el ensalmo del hombre de fe borra a los perseguidores y espectros malignos.
Todo es posible por medio de la fe, del dejarse abrazar por Dios y esperar que Él opere el milagro salvador.
Dentro de esta economía espiritual, algunos actos están prohibidos por mandamientos debido a que interfieren con el buen funcionamiento de estas fuerzas espirituales rectoras de los elementos.
Así pues, cumplir preceptos para obtener control sobre los seres espirituales que dominan el mundo, y abstenerse de ciertos actos para no perjudicar el poder de tales entidades.

Debemos consignar que en su contexto histórico no resultaba una voz discordante la del Rambán, pues en la Edad Media era ampliamente aceptada la existencia de la magia, los actos que por efectos de simpatías procuraban el control de los elementos, etc..
De hecho, aún en la actualidad existen individuos y colectivos que conscientemente o no, abiertamente o no, siguen viviendo a partir de un punto de vista similar. Los hay también entre aquellos que se identifican plenamente con el judaísmo y con la ortodoxia (específicamente entre los jaredim), sin encontrar motivos para reformularse sus creencias o su estilo de captar la realidad. Siguen apartados del racionalismo, incómodos por la ciencia, fervientes devotos de las palabras de sus líderes religiosos, quienes dictan lo apto de lo inapto, lo que está bien y lo que no lo está. Dentro de ese marco de pensamiento/acción, es notorio que no todas las personas tienen idéntico derecho y factibilidad de contactarse con el Eterno, pues dependiendo del grado de altura espiritual es el poder para el apego con Él. Por lo cual, las personas menos meritorias dependen de los de mayor jerarquía para obtener bendiciones, recibir consejos, ser escuchados por Dios, decidir acerca de las cuestiones prácticas de la vida diaria, tomar decisiones fundamentales, recibir el perdón por pecados, ser absuelto de crímenes, condenar personas y objetos, excluir tajantemente lecturas o exponentes, etc..
Se afianza entonces un sistema en el cual los de la cúspide de la pirámide se convierten en representantes de Dios, en personas con plena autoridad, en personas a las que se considera infalibles, en canales entre este mundo y el venidero, en redentores, etc..
Se despliegan lazos para sostener este sistema, se incentiva el uso de uniformes, se refuerzan las propias doctrinas en tanto se condenan a los ajenos, se vilipendia a los que salen de la norma establecida por el líder, etc..

Rambán, y los que leales al Eterno que están dentro de similar perspectiva, son personas de valor, maestros leales, faros de Torá, recursos genuinos para el aprecio al Eterno y Sus mitzvot.Pero, esta perspectiva no es solamente mantenida por gente sincera y de buena fe, gente de corazón amistoso hacia lo sobrenatural; por desgracia está perspectiva es abusada por todo tipo de charlatanes, mercachifles, traficantes de la fe, vendedores de baratijas supersticiosas, cabalisteros, supuestos gurúes jasídicos, “rabinos mesiánicos”, ambiciosos de poder y renombre, gente que hábilmente manipulan las mentes y corazones de los que no están entrenados en el conocimiento y el entendimiento, y que buscan salidas fáciles, soluciones instantáneas, recetas mágicas, fórmulas o plegarias milagrosas, medallas de la suerte, etc., y que con la pátina de “seriedad religiosa” adquieren cualquier esperpento y sufren de continuos timos, siempre excusados por uno u otro argumento falaz pero lleno de palabrería complicada y hueca.
Esos niños en cuerpos de mayores, que añoran mundos de fantasías, en donde el pensamiento propio es mágico, en donde el mundo gira en torno al propio ombligo, buena gente inocentona, que se aferran a los gurúes que venden religión, que se enriquecen con pantomimas enfermizas. que hacen de la superstición y el engaño su lucrativo comercio.
Abundan en el mundo “offline”, pero son innumerables en el mundo “online”.
Estamos rodeados de gente con blogs, twiters, feisbucs, emails, que propagan las creencias simplonas, el sometimiento a los líderes todopoderosos, las recetas sobrenaturales, el letargo de murmurar sin ton ni son los mantrams pergeñados por sus “maestros o rabíes”.
Y a veces, los inescrupulosos, se defienden señalando a grandes como Rambán, o lo que ellos suponen que dice el Zohar, o este o aquel rabino (si es que en verdad es rabino), procurando así dar una cara de respetabilidad a sus mugrientos negocios, a sus oscuras cárceles del alma.
Como siempre, no faltan los malandrines que se disfrazan de santos para obtener dinero, poder, fama, bienes materiales, placeres, etc..

Rambam (Rabí Moshé bar Maimón, o Maimónides) por otra parte entiende el mundo de manera diferente.
El Eterno no necesita intermediarios para ejecutar Su gobierno sobre el mundo.
Él es omnisciente y omnipotente, en Su amor y Su sabiduría perfectos creó un mundo regulado y reglado, marcado por leyes “naturales”, que ordenan y que se ejecuta sin la necesidad de la intervención constante de fuerzas rectoras místicas.
Hay leyes, hay orden, hay regularidad, hay un Amo que creó y sostiene con lealtad Su creación, hay un Rey que gobierna y que no opera modificaciones de acuerdo a los deseos o anhelos del corazón de cada hombre.
Dios es el Rey de un reino ordenado y (a Su vista) perfecto, en tanto que nosotros somos hijos y siervos, que no tenemos la habilidad para que Él cambie según nuestra necesidad del momento. (Por supuesto que Maimónides explicó los milagros y sucesos sobrenaturales, y sus enseñanzas cuadran perfectamente dentro de su perspectiva. No ahondaremos en esta ocasión al respecto.)
El hombre puede manipular la naturaleza, Dios le ha conferido ese enorme poder, pero no a través de la magia o de la pasiva espera del milagro, sino por medio de las acciones concretas, que modelan y varían la realidad.
Si no hay lluvia en un área, debe buscar y acarrear las aguas desde lejos, construir canales y trabajar la tierra de tal forma que sea productiva.
Si hay hambruna, habrá que redistribuir la riqueza, encontrar otros canales de abastecimiento, reformular la tecnología, emigrar, etc..
Si hay terrores, se deberá entrenar para la defensa y la guerra; para el crecimiento personal y el fortalecimiento intelectual y moral.
Ninguna cantidad de mitzvot cumplidas o la oración van a cambiar la realidad física por arte de magia o de favores personalizados de Dios a través de entidades espirituales.
Por supuesto que el rezo tiene efectos positivos, claramente que algo cambia para bien cuando se reza con la profundidad y concentración que son óptimas, de seguro que habrá algo bueno también en este mundo para quien cumple con los preceptos de manera desinteresada (recalco: de manera desinteresada).
Eso no está en la balanza ni en el banquillo de las dudas.
Maimónides nos enseña, junto a otros grandes del conocimiento, que no dependamos de milagros, que no andemos procurando manipular fuerzas (reales o ficticias) místicas, que no seamos niños a la espera de un adulto nos lleve de la mano.
Maimónides nos enseña a ser activos, proactivos, constructores de Shalom a pleno, en cada uno de nuestros planos de existencia.
Cuanto más nos apartemos de fantasías de secretos poderes del pensamiento, más pronto pensaremos con claridad y podremos encaminar nuestros pasos por sendas de luz y verdad.
Cuanto menos ahondemos en supersticiones, poderes mágicos, invocaciones a entidades descarnadas, menos problemas inyectaremos a nuestra existencia.
Cuanto más confiemos en Dios, sin pretender manipularlo, sin ambicionar negociar arteramente con Él, con mayor pureza haremos nuestra parte en la Obra y nos apartaremos del mal.
Sin embargo, no queda el cumplimiento de los mandamientos como una mera obligación decretada por Dios, ni todo a cargo de nuestro accionar sobre el mundo físico.
El hombre también tiene la capacidad de actuar más allá de sus necesidades inmediatas de supervivencia.
También puede tratar de entender cómo sus acciones tienen un efecto a largo plazo, a veces más allá de su propia vida.
Por medio del cumplimiento de los mandamientos que nos corresponden, y con su análisis, se puede tratar de encontrar y descifrar la Voluntad de Dios y participar con Él en la obra constante de la creación.
Aquel que cumple con su parte de manera desinteresada y no se somete a supersticiones o pretensiones autoritarias, tiene abierto el camino para buscar sentido más allá del presente y queda en condiciones para descifrar el significado de su propia existencia.
El hombre en esta búsqueda puede fácilmente perderse en un universo imaginario, fuera de contacto con la realidad, un mundo de fantasía y que puede conducir eventualmente a la idolatría.
Torá y Mitzvot (lo que corresponda a cada cual, sea judío o gentil) es el camino que, si se siguen correctamente, nos impide virar a este mundo de fantasía. También establece las relaciones interpersonales de manera que podamos dedicarnos a crecer en armonía interna y con el prójimo. Nos enseña de la disciplina tanto en las acciones y el pensamiento. Se nos enseña a pensar en Dios en todo momento, primariamente al hacer mitzvot, sin esperar que Él se someta a nuestro deseo.
En resumen, se fortalece el ser, la familia, la sociedad, el apego al Eterno, sin depender de fuerzas externas, sin arrodillarse ante líderes, si dejarse manipular por el EGO enmascarado.

Para finalizar, para emular la grandeza de Maimónides en muchos aspectos, les dejo esta historia.
Si usted va a la Biblioteca Nacional en el campus de Givat Ram en Jerusalén, tal vez coincida con las esporádicas exposiciones de manuscritos de Maimónides.
En uno de ellos, el “Pirush mishnaiot”,  se puede ver, de puño y letra de Rambam, frases tales cosas como: "Pensé que esto era correcto, pero he encontrado un manuscrito más preciso y revisé mi opinión". Otras veces no es que haya encontrado un texto antiguo más preciso que el usado hasta el momento, sino que tras una repetición del análisis, luego de estudiar y repasar y volver a repasar, Rambam no era tímido para decir "me equivoqué", porque su meta era la búsqueda de la verdad, no la gloria, el dinero, el poder sobre el ingenuo o la populachera alabanza.

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Opiniones y respuestas

  1. Netanel Netanel (353) ‍‍16/01/13 - 6 Shevat 5773 {Link}
    Interesante.
    Cual es la cita del Rambán moré? así podemos pronfundizar un poco.

    El Pirush de mishnaiot del Rambam original era en arabe, lo que recibimos hoy en día son traducciones.

    Pero sí es el caso de varias veces en el Mishné Torá que el Rambam mismo volvió y cambió su psak. En el prólogo del libro Sherit Yosef, y también en el libro Shut "Kol Torá" figuran varios casos de grandes eminencias de Israel que cambiaron sus psakim o opiniones. no es ninguna verguenza, al contrario.
    Recuerdo que una vez escuche que el verbo en hebreo de "nimlaj"- procede de la palabra "melej"-rey, es decir que hay poseer la grandeza de un rey para poder arrepentirse y cambiar de opinión.
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